domingo, 11 de enero de 2015

Democracia en Cuba

Fernando Martínez Heredia fue entrevistado por Eric Toussaint en Santiago de Cuba y en La Habana en Julio de 1998. Aquella conversación ha sido publicada ahora en francés, el 24 diciembre, en http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article33911. En castellano aparece en Rebelion, bajo el título Cuba de 1959 a 1999 desde una perspectiva histórica.

Ya han transcurrido muchos años pero conserva todo su valor. Responde muy bien a una pregunta, que cualquier mente no oscurecida por la niebla ideológica que nos rodea debería plantearse: ¿Por qué el "régimen" cubano no cayó, como el castillo de naipes de la Europa Oriental, cuando desapareció la Unión Sovíética? ¿Qué aglutinaba a su sociedad? 

Los países europeos del "socialismo real" fueron conducidos por sus propios dirigentes al capitalismo (ahora ya no hace falta añadir el adjetivo "salvaje"), Las poblaciones no movieron un dedo para evitarlo. Ni siquiera cuando afectó a conquistas sociales y los arrojó a la incertidumbre. Algo había separado al pueblo trabajador de esos dirigentes, y con ello del ideal socialista. Las manipuladas revoluciones de colorines los llevaron, de una situación que sentían como mala, a otra objetivamente peor. Pero no han reaccionado, porque por el camino perdieron la fe en la posibilidad de otra sociedad más justa.

Nos presentan a Cuba como un sistema dictatorial y opresivo, que aterroriza a la población, incapaz de alzarse contra sus gobernantes tiranos. Esto no se sostiene. Estados que reprimen con sangre la menor protesta no pueden evitar rebeliones, a veces triunfantes. Nada de eso ocurre en Cuba. Si se diera el caso, la invasión norteamericana estaría servida. Los "disidentes" son absolutamente minoritarios, y en muchos casos sospechosos, cuando no convictos, de estar financiados desde el exterior.

Seguramente la ola revolucionaria de Cuba puede romper contra las rocas del sistema-mundo. Alguna degradación de la moral colectiva puede producirse. Mucho se habría perdido si el nivel económico llegara a traducirse en consideración social.

Pero la experiencia está sembrada. las grandes aspiraciones a una sociedad mucho mejor, con una sólida ética social, dejan su poso. Y la situación global, con una crisis que no puede dejar de crecer, llevará a situaciones en que los ejemplos de la revolución cubana deben perdurar. No perdamos (no pierdan) la memoria.

El diálogo es demasiado largo para traerlo aquí completo, pero no me puedo resistir a una importante selección de párrafos. Como toda selección, con seguridad omite cuestiones importantes

(...)

Para nosotros, los que éramos muy jóvenes entonces o jovencitos, pero para todo el pueblo de Cuba, la vida cambió, se produjo en vez de una insurrección nacional que motivó el cambio de régimen, una profundísima revolución social, se rompieron además los lazos neocoloniales que ataban al país con los Estados Unidos. 

Dos impactos formidables, y los impactos vinieron juntos, en mi opinión no podían venir separados:
Una revolución capitalista antiimperialista en Cuba me parece absurda
Sólo triunfó el antiimperialismo en Cuba de la mano del anticapitalismo 
Sólo fue posible realizar la justicia social al interior de Cuba independizando al país de la relación con Estados Unidos, eso ha marcado el proceso de inicio. ¿Cómo se vive por la gente, cómo lo vivimos? La revolución que triunfa parece ser una fiesta interminable. En realidad desató potencialidades insospechadas en las personas. Sostengo que toda revolución es un triunfo sobre los límites de lo posible —no me voy a meter aquí en cuestiones de teoría política—, pero, la idea de qué era posible hacer en Cuba hasta el 59, con Cuba, con las cosas de los cubanos, con las relaciones de Cuba, fue trastornada a fondo. Los límites del posible estallaron.

Es muy difícil narrar algo de ese tamaño, solamente aludirlo: 
1) La idea de que un político es una persona habilidosa y ladrona fue sustituida por la idea de que un político es una persona honesta que representa los intereses del pueblo

2) Es sustituida masivamente, la idea de que Cuba no puede vivir como país civilizado si no es atado a sus relaciones con Estados Unidos, que mucha gente culta y destacada incluso lo pensó así durante un siglo, desapareció brutalmente, a tal punto que se le atribuyeron a los Estados Unidos además, y esto no nació ahí, pero tiene importancia para bien y a veces para mal, y quiero también insistir en lo segundo, se le atribuyeron a Estados Unidos todos los males del mundo, entonces se compone un nuevo cuadro que sólo se puede explicar después, no se explica cuando uno lo está viviendo, y que, el país se siente liberado

3) Hay un gran impacto libertario en las gentes, en la mayoría de la gente, que es una característica de toda revolución profunda

4) Otra característica es la existencia de un poder revolucionario. Claro, tiene que organizarse como un poder, entonces, en Cuba marcharon juntos durante mucho tiempo, un tiempo muy prolongado, el impacto libertario y el impacto del poder revolucionario.
Si bien es cierto que el poder revolucionario terminó absorbiendo lo libertario, residuos de él, marcan incluso formas de expresión de pensamiento, de sentimiento y de la vida de muchos cubanos hasta hoy”
 
En muchos procesos estos dos impactos pueden ser el libertario menor, mayor, pero, el del poder revolucionario se hace fuerte muy rápidamente, recorta los aspectos libertarios más o menos brutalmente o no y después se queda con los símbolos de la revolución, simplemente exhibe los símbolos de la revolución como legitimación del nuevo poder, el caso cubano, el proceso fue, repito, una prolongada coexistencia de ambos y yo creo que esto marcó a la revolución en cuanto a la política, a la ideología, e incluso a una palabra clave tan mal entendida como la democracia y, si bien es cierto que el poder revolucionario terminó absorbiendo lo libertario, residuos de él, marcan incluso formas de expresión de pensamiento, de sentimiento y de la vida de muchos cubanos hasta hoy. Las formas políticas precedentes desaparecieron, no sólo la dictadura, el sistema democrático burgués precedente desapareció también, a esto hay que darle importancia.

E. T.— Que forma de democracia revolucionaria hubo después de la revolución?

El problema es que yo no puedo concebir que alguien entienda a Cuba sin saber que Cuba no se inventó la duma ni el sacramento en ningún momento, como en Rusia. Desgraciadamente el eurocentrismo lleva a creer que entonces si el país es socialista entonces hay que ver lo que pasó en la URSS, por allí andarán o no andarán, si el país deja de ser socialista hay que ver cómo fue que Gorbachov y sus amigos y los que vinieron después hicieron las cosas, o sea, los soviéticos descubrieron el parlamento hace pocos años, los cubanos descubrieron el parlamento en el siglo pasado y la república cubana fue parlamentaria, y además, la televisión cubana se dedicó a mostrar esto cuando en Inglaterra todavía había menos televisores que en Cuba, poco después de la segunda guerra mundial, entonces yo tengo que decirlo porque para mí es importante que se entienda que los cubanos teníamos experiencias democrático burguesas y fueron abominadas también, y no lo digo ni para bien ni para mal, lo digo casi como historiador.

E. T.—¿Entonces fue reemplazado con qué? 

Fue reemplazado con un proceso, no con un objeto sino con un proceso, en ese proceso se trató de crear un poder que fuera absolutamente nuevo y naturalmente no fue así. Pero yo creo que fue una ruptura y por eso lo llamo así, porque no se imitó al sistema democrático burgués anterior. Tampoco se imitó al sistema soviético, aunque era la única fórmula que empezó a aparecer en el horizonte sobre todo a partir de 1961. Sin embargo el primer choque interno político cubano dentro de la revolución después que esta se logró fortalecer a un grado que ya era irreversible, quiero decir después que ya no fue la evolución democrática burguesa de un país que tuvo una dictadura sino, la revolución, es el choque con los que querían reducir el proceso cubano a una democracia popular de tipo europeo oriental. Es lo que en Cuba se llamó el “sectarismo” del proceso político entre fines del 60 y el año 1962 y que se caracteriza a través de incluso mencionar a una persona como el “Anibalismo” se decía... 

Ahora, la profundización del régimen revolucionario motivó que se creara un nuevo Estado, que tuvo incluso en alguna medida nuevos ministerios en la práctica. El INRA, Instituto Nacional de la Reforma Agraria es la madre de una parte de los ministerios, el ministerio de la industria azucarera, el ministerio del comercio interior por ejemplo, y de otros. A su vez, la madre del INRA, en una buena medida fue el Ejército Rebelde del 59, del 60, o sea de la institución básica de la revolución. Ahora viene un asunto que es verdaderamente importante incluso para entender algo de las primeras respuestas que es la pos historia, o sea, la revolución como insurrección fue un vivero de cuadros y de futuras estructuras organizativas. De ahí salió en gran parte el modo de ser real de la institución INRA y del INRA una parte del nuevo Estado. Los líderes del nuevo Estado -o sea Fidel Castro, el Che Guevara y otros- tenían en una buena medida, muy decisiva en muchos casos, su ideología rebelde, y las formas organizativas y la idea, los ideales. Pero la ideología de la organización ha estado muy relacionada con esas vivencias, con las experiencias y ahora también con el proyecto. Esta es una etapa en que el presente se convierte en cambios. Están cambiando cosas una y otra vez y el futuro se organiza como proyecto. Entonces ya se piensa ”tenemos que ser” incluso en la calle la gente dice “¿qué somos? Socialistas, ¿qué seremos? Comunistas”. Empieza la idea de que el régimen político se tiene que corresponder con los proyectos del país. En esta primera etapa los logros —y voy a usar un término que ya en la época ya se usaba mucho—, los logros de la revolución son el teatro de las transformaciones más profundas de la gente, de las relaciones sociales y las instituciones. No se pueden detallar ahora, pero significaron cambios muy profundos en la vida material.

E. T.—Como influyeron las bases sobre las decisiones, las orientaciones?

Cuando lo quiero caracterizar digo que las inmensas transformaciones de la sociedad que beneficiaron a las mayorías, tuvieron una participación masiva y sistemática de las mayorías en la ejecución de ellas y en la defensa del nuevo régimen. Me queda claro y puedo hacer claro a todo el que me oiga que yo digo que tuvieron una participación masiva y sistemática en la ejecución de ellas, no en la elaboración, no en la decisión misma. Así además se trató de romper los viejos esquemas. Por eso es que hablé de la democracia anterior representativa, en la cual las elecciones y toda una serie de consultas eran lo habitual en el sistema democrático representativo. Se trató de romper esto e incluso aparecieron las concentraciones de masas en donde se pregunta y se corre el pequeño riesgo de que le digan a uno que no, con una masa enfebrecida que dice que sí. Yo creo que no hay que desdeñar el papel de producir autoconfianza, de producir seguridad en que el poder es nuestro, de que es nuestro poder, no son oraciones de unos burócratas, sino creencias de cientos de miles de personas, eso no es desdeñable.

E. T.—¿Las masas incidieron, por ejemplo al nivel de la reforma agraria?

Si, en realidad el orden en el campo, en Cuba antes de la revolución, era absolutamente rígido, con un sistema de guardias rurales del Estado, de guardias privados de los dueños. Pero también con una legalidad que incluso distinguía entre el hurto de cosas muebles, que era penado con la cárcel o la ley cubana y, el robarle tierra o derechos sobre la tierra a personas que no era penado como con la cárcel con la ley cubana sino que quedaba prácticamente dentro del derecho civil. Con esto quiero decir que desde la represión hasta la estructura legal favorecían una dominación en el campo que se rompió. La ideología de la revolución triunfante decía “La tierra al que la trabaja” como política, y decía “Volver el país hacia el campo”, como restitución de justicia a quienes todo lo han dado con su trabajo a la riqueza del país. “La Habana debe sacrificarse, la gente de La Habana ir a trabajar y hacer las inversiones económicas en el campo”, pero también como justicia a quienes durante generaciones lucharon por la independencia del país. Aquí aparece otra vez la figura del “mambí” insurrecto que está en el campo y que es del campo, con lo cual se empata un poco con la ideología nacionalista campesina de la segunda república burguesa neocolonial, pero ahora mirada de otro modo. De la misma manera que el gobierno revolucionario produce leyes febrilmente, y se empata con la tradición de la república burguesa en cuanto a producción o a discusión acerca de la producción de leyes. En los primeros años de la revolución se produjeron mil leyes, incontables reglamentos y miles de resoluciones. El INRA gobernaba con resoluciones que hacían los líderes regionales. Ahora bien, la gente, le dio su impronta, a través no sólo del cumplimento de la ley, sino del incumplimiento de ella. La gente unas veces esperó pero por lo general presionó y a veces incluso actuó simplemente, por ejemplo, al final del año 59 y en las primeras dos semanas del año 60 se produjo la verdadera gran ocupación de las tierras y transformación de la gestión en el campo, en nombre de la ley de reforma agraria por contingentes de soldados y civiles. Lo que pasa es que la forma organizada de conducir los procesos es fundamental en la revolución cubana, eso ha sido así, esto evitó desde los primeros días que hubiera baños de sangre por parte de multitudes enfurecidas. Eso no existió, sino que fuera a través de tribunales que se deseó la justicia, y acostumbró a que algo que venía de antes de la revolución, se volviera ahora general que era: “Toda cuestión que hagamos debe ser legalizada”. No quiere decir con esto que las actuaciones fueran digamos sólo dependientes de que una ley dice esto. Digo que las actuaciones fueran legalizadas, que así, lo que se llamaba nacionalizar, esto es, apropiarse de la propiedad privada de los burgueses, más o menos grandes, muy grandes o hasta a veces nada grandes, se convirtió en algo natural. Pero la ley lo refrendaba, entonces la expresión por ejemplo “por la libre” desapareció. “Por la libre” era lo que se hacía sin orden, o sea sin un orden, sin una organización, y la idea de que los revolucionarios deben organizarse adquirió una fuerza enorme. La organización de masas más importante en la primera época de la revolución en mi opinión, son las milicias nacionales revolucionarias. Lo viví y lo he estudiado después: a través de esta organización se produce un proceso de proletarización sin industrialización, o sea, un país con una desocupación masiva vista en una perspectiva de lo que en los libros puede aparecer de una rapidísima industrialización, para que entonces los que sólo leen manuales se puedan sentir más tranquilos porque dicen “¡Ah, con un proletariado mayoritario se produjo una revolución socialista!”, o sea, dado que no se puede tener esa satisfacción teórica, sin embargo, en la práctica sucede que las gentes organizadas tienen actitudes anticapitalistas de tipo muy estructurado, en la formación del armamento general del pueblo -como hubiera dicho Carlos Marx-, acá desempeñó un papel básico creo yo. Por otra parte la democratización de los sindicatos, que fue un proceso iniciado a fines de la guerra pero sobre todo durante el año 59, significó la promoción de un nuevo cuadro de dirigentes de base, intermedios e incluso altos sindicales, que procedían de la actividad y del entusiasmo de los trabajadores...

E. T.—Entonces hubo una democratización muy importante. 

Importantísima.
 (...)

En los grandes procesos de cambio social las cosas pasan en poco tiempo. Yo pienso que los sindicatos tuvieron un momento de esplendor importante en la expansión de la ideología revolucionaria e incluso de las instituciones revolucionarias, y después declinaron ante todo porque su cultura venía de la lucha por reformas y demandas inmediatas. El hecho de las transformaciones revolucionarias superó completamente a lo que los sindicatos pensaban. Una demanda del 59 era pasar a cuatro turnos de seis horas en los centros azucareros, de manera que aumentara un tercio el número de trabajadores frente a la desocupación. Eso no sucedió. Sin embargo, en sólo cuatro años, en 1963, ya no había desocupación en Cuba sino empezaba a haber falta de brazos, falta de fuerza de trabajo. La transformación en cuanto al incumplimiento de la legislación laboral, a los pagos por debajo de los salarios mínimos, a la masa enorme de injusticias en el terreno de estas demandas inmediatas, fue sustituida por un triunfo en toda la línea de las demandas por un auge del ingreso de los trabajadores, pero también fue sustituida por una participación del Estado revolucionario que se volvió decisiva en lograr que estas cosas fueran reales. Desde la justicia laboral, que fue reformada y convertida en un procedimiento velocísimo, que le daba la razón siempre a los trabajadores. Incluso era casi una broma decir “El Ministerio del Trabajo juzga, pero el patrono que es el Estado no gana nunca. Sólo gana el trabajador”. Incluso, para producir un despido no había prácticamente ninguna forma. El Estado patrón no podía despedir prácticamente a ningún trabajador a través de nada de la justicia laboral hasta que se creó la ley 32, diez o once años después del triunfo de la revolución o más. Ahora, los sindicatos son rebasados entonces por unas estructuras que están dando más que lo que ellos soñaron en su sistema de sueños y de luchas. Por otra parte, el contenido de la política social del país se ha configurado a través de un enorme pacto social entre la población y el gobierno. O sea, el gobierno es el garante, por eso te decía yo la expresión “el poder es nuestro” es el garante de los cambios que están sucediendo y de que los cambios permanezcan. Es el garante de que la reforma agraria no sea seguida por una capitalización del campo, como en otros países donde ha habido una reforma agraria más o menos profunda. Sino que la reforma agraria sea un vehículo para un nuevo orden de cosas. Por eso en qué se convierta una revolución en el campo, entonces son las mismas fuerzas organizadas de la revolución, su Estado, su ejército, sus milicias, después la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños para este grupo nuevo que se ha creado de propietarios. 

El sindicato no encontró rápidamente una nueva manera de comportarse porque se estructuró a partir de cómo existía antes que era una sola confederación nacional y entonces empezó a tener su liderazgo ya ahora más cercano al poder revolucionario. Hubiera sido algo absurdo pensar que el secretario general de la CTC tuviera una confrontación con este Estado que expresaba la revolución, pero de ahí a convertirse en un funcionario del Estado no había más que un paso: la participación. 

El nuevo Estado que tuvo que multiplicar sus funciones, también comenzó a burocratizarse rápidamente y, yo no creo que los sindicatos tuvieran culpa en esto, lo que pasa es que, los líderes máximos de la confederación no desempeñaron un papel en contra de esto. Eso es lo que tiene que ver con las expresiones del Che Guevara en un momento dado. Cuando el Che Guevara está en una lucha diferente, como ministro de Industrias pero sobre todo como líder político del país, donde él está tratando de producir un experimento de masas con 400 mil trabajadores organizados del Ministerio de Industrias, en la cual la participación del trabajador vaya siendo cada vez mayor. En un sistema que forzosamente ha tenido que ser autoritario, y un sistema que por demás, tiene el autoritarismo de la producción industrial. Entonces, en ese sentido se está refiriendo él, más bien a que los líderes del movimiento sindical pueden convertirse en un adorno del régimen

(...) El 12 Congreso de la CTC en septiembre de 1966 fue el intento por la propia dirección revolucionaria de revivificar el movimiento sindical, pero para que sirviera a una reorganización general del poder que estaba abatiendo las formas del propio Estado revolucionario del 59-60-61, burocratizado, y tenía una actividad en conjunto que marcó la segunda mitad de los años 60, que pretendió profundizar el sistema de transición socialista cubana, con una óptica y unos objetivos comunistas, que involucrados a la vez en el proceso de la revolución mundial, en este caso como el esfuerzo internacionalista en América Latina sobre todo, no sólo en América Latina pero sobre todo. El poder revolucionario pretendía a la vez que la revolución cubana iba a ser sólo la primera revolución socialista de América: el surgimiento de otros poderes permitiría la expansión. Las posibilidades, aquí otra vez el problema de la posibilidad, de la revolución cubana del 59 estuvo dada por el esfuerzo de los cubanos. La posibilidad de la profundización de la revolución cubana a la segunda mitad de los 60, estaba fiado a que ese esfuerzo fuera prolongado por los triunfos de los revolucionarios argentinos, o brasileños, venezolanos o de otros países que permitiera una nueva unión internacional que hiciera viable a la economía y al régimen político-ideológico cubano que resultaba independiente de la corriente llamada socialista de la Unión Soviética, y también se había independizado de la corriente maoísta y entonces... En esa situación, tanto el movimiento sindical como el Estado, como el conjunto de instituciones cubanas, estuvieron en una tensión tremenda. El movimiento sindical no sobrevivió a ella, en la segunda mitad de los 60, fue sustituido por otras formas organizativas. En las unidades de producción sobre todo y en los niveles altos prácticamente perdió toda su importancia, y sólo la recuperó en los primeros años 70, ya de otra manera muy diferente. 

(...)

Ahora, el Partido Unido de la Revolución Socialista, tuvo como otro rasgo y yo creo que es muy importante el intentar, que a diferencia de otros países, el partido no gobernara los asuntos de la administración. Sino que trató de controlarlos con fuerza política y moral. Esa ha sido una de las líneas en las cuales, no sólo la retórica sino la práctica política cubana, estructural, interna del partido ha insistido durante más de 30 años. Cuando se formó el Partido Comunista de Cuba, en octubre del 65, se trató de que esto se convirtiera en ley. En el año 71, en los primeros años 70, cuando hubo una reestructuración fuerte, de la cual yo tengo muchas críticas que hacer, se trató de que esto permaneciera y yo creo que en líneas generales permaneció. El planteo de crítica a que el partido estuviera dirigiendo a las administraciones en la práctica, es un planteo de Fidel Castro, del Che Guevara, de otros desde los inicios. Esto que si ya fue de verdad un partido producido en Cuba de tipo comunista. Ahora, las influencias sobre este partido, de las formas organizativas soviéticas durante los años 60, fueron mínimas.

Fidel Castro sobre el partido 

Cuál es la función del partido? Orientar. Orienta en todos los niveles, no gobierna en todos los niveles. Crea la conciencia revolucionaria de las masas, educa a las masas, es el engranaje con las masas, educa a las masas en las ideas del socialismo y en las ideas del comunismo, exhorta a las masas al trabajo, al esfuerzo, a defender la revolución. Divulga las ideas de la revolución, supervisa, controla, vigila, informa, discute lo que tenga que discutir, pero no tiene las atribuciones de quitar y poner administradores, de quitar y poner funcionarios. (…)
 
Es bueno recordar ciertos hechos, como el hecho de que nosotros hicimos una guerra, la dirigimos, la ganamos y sobre los hombros de ninguno de nosotros hay estrellas de general, ni sobre nuestros pechos cuelgan condecoraciones. Y como gobernantes, la primera ley que propusimos fue prohibir que se levantaran estatuas. Entonces no se discutían tanto como ahora estos problemitas del culto de la personalidad, pero nosotros, por convicción profunda, propusimos que se prohibiera por ley hacer estatuas a personas vivas, que se pusiese a calles, o ciudades, u obras el nombre de personas vivas. Y más todavía: que por ley se prohibiera que los retratos nuestros estuviesen en los despachos oficiales. ¿Por demagogia? No. Por profunda convicción revolucionaria hemos actuado así”. (Extracto de “Versión completa del discurso de Fidel Castro del 26 de Marzo 1962”, in Obra Revolucionaria, n°10, La Habana, 1962).
(...)

Te decía que el Partido Unido y el Partido Comunista tienen una solidísima pretensión de diferenciarse de los partidos de Europa Oriental en cuanto a la separación partido-Estado, que se expresa en que en la cúpula si, en la máxima dirección hay una opinión, quiero decir en Fidel y de ahí para abajo, según la cual tiene que haber una separación desde el buró político al comité central. Además, recuerda que el Partido Cubano tuvo su primer congreso sólo 17 años después del triunfo de la revolución y 10 años después de la formación del comité central. Esto da una idea de que su vocación no era dar congresos a cada rato ni apurarse en dar congresos, no tenía ninguna vocación en ese tema. 

E. T.—Parece evidente, sí. 

Es obvio. Entonces, la idea de que el partido tenía que ser un instrumento fundamental, pero un instrumento de la revolución, que es una idea importante, la idea de que era un avance entre otros de Cuba con relación a la experiencia de Europa Oriental.
(...)

En los años 70, que tienen a mi juicio una segunda etapa de la revolución, se produce una reorganización de todas las instituciones, el Estado volvió a reorganizarse, porque el Estado primero yo te decía que entre 65 y 67 sufrió unos embates absolutos y trató de ser reorganizado de una manera que se suponía que era una profundización comunista del socialismo. Entonces en el 70 se produjo un proceso de críticas masivas y con asambleas públicas que se pasaban por televisión que comenzaron en el Ministerio de Industria Ligera. Comenzaron también con el grito de Fidel en el discurso del 26 de Julio de 1970 que decía: “El poder del pueblo, ese sí es poder” y su expresión días después en las primeras asambleas: “El socialismo no puede escoger. El socialismo tiene que ser de masas. Simplemente el socialismo que no es democrático y de masas se burocratiza y deja de ser socialismo”. O su expresión el 7 de diciembre del propio año, cuando se constituyó el nuevo sindicato del ministerio de la industria ligera, un sindicato que venía de las asambleas de base, y para tratar de hacer un sindicato verdaderamente democrático, fuerte otra vez, porque habían desaparecido, te decía que Fidel dice en voz muy fuerte: “Ahora el ministro si tiene con quien discutir”. Pero ese proyecto no triunfó. Decir, pensar que su existencia no tuvo ningún efecto sería un error grave, sería un grave error para entender el proceso cubano. Por eso yo le he llamado a la segunda etapa en escritos míos una etapa muy contradictoria, en la que predomina la ideología procedente de la adaptación cubana de los soviéticos a puntos, en algunos casos verdaderamente muy lamentables, muy, muy lamentables, y a la vez las características del proceso cubano que decía, autoritario, pero también popular a su manera, pero también con vocación y ansias participativas a su manera.

Una de las cosas que mantuvieron su prestigio moral en la segunda etapa fue el carácter autónomo de las organizaciones de base del partido. Cuando vino la rectificación del 85 era habitual entre los militantes y las organizaciones de base del partido decir: “¡Ah, nosotros por lo menos hemos salvado nuestro honor, porque nosotros nos hemos opuesto, hemos criticado (inútilmente si tu quieres) a los efectos graves de la burocratización, pero no participamos en ella”, e incluso hubo la expresión aquella: “No queremos que el partido sea un conjunto de monjes que exhiba su pureza frente a la situación”.

E. T.—Entonces Fernando, qué ocurrió entre 1970-71 y 1985?

En esta etapa, que a mi juicio es la segunda etapa de la revolución en el poder, el partido fue afectado por los rasgos generales de la etapa, que a mi juicio es también, y de una manera demasiado simplificada, un proceso de inserción de la economía cubana al sistema internacional CAME o COMECON. Se abandonó la pretensión del autoabastecimiento alimentario, se produjo la complementación de las dos economías, soviética con alguna participación interesante alemana, búlgara. Una complementación en la cual Cuba obtuvo por negociaciones en los primeros 70 algunos logros importantes en cuanto a los términos de intercambio y a los créditos, pero no obtuvo nada que sustancialmente sirviera para asegurarle un desarrollo económico autónomo. Sino más bien la permanencia de su carácter de exportador de productos básicos que llegó a ser de 4 millones 300 mil toneladas de azúcar, casi todo crudo, a este mercado en los primeros años 80 a precios mayores pero con arreglos en canal de precios que era complementado por exportaciones sustanciales de níquel a la URSS y alguna ayuda en cuanto al proceso de industrialización cubano que, sin embargo, no pudo ser ni de un máximo o siquiera grande aprovechamiento de sus reservas naturales de hierro y níquel, porque nunca le vendieron a Cuba una siderúrgica. O sea para pasar a tener producciones de un valor agregado notable y estar en una producción mecánica, correspondiente incluso con la formación, la preparación de trabajadores calificados en Cuba que es enorme. No pudo tampoco —decía yo primero el autoabastecimiento alimentario— no pudo tampoco desarrollar su electrónica como un elemento competitivo internacional del tercer mundo, por razones de la oposición activa y sistemática norteamericana, que ha sido a través del bloqueo, un factor determinante en algunos de los límites principales de la economía cubana en su evolución. El plan de desarrollo de la electrónica es un plan viejo en Cuba de los años 60. Entonces la industrialización cubana de los años 70 es muy limitada, es no aprovechadora suficientemente de los recursos naturales, es con no acceso a los mercados que pudiera haber tenido naturalmente por la oposición norteamericana pero tampoco acceso a créditos por la misma oposición norteamericana que le hubieran sido favorables y, sujetada a una relación con el CAME que no estaba interesado —como dije primero—, en favorecer un desarrollo económico autónomo de Cuba. Entonces, en esos términos yo pienso que eso es muy decisivo en esta segunda etapa. Sin embargo, se consiguieron unos niveles de consumo de la población mucho más altos que en la etapa anterior y, como el sistema era de redistribución sistemática de la riqueza social, pues también entonces, la diferenciación del consumo no fue muy grande. Lo que se consideraba en Cuba diferencias sociales es una broma, comparado con las diferencias sociales de otros países y, las expectativas de la población todavía estuvieron muy marcadas por la renuncia de la mayoría a tener modelos consumistas de comportamiento. Ahí aunque sea también todo esto tan simple, los contrapondría con Polonia por ejemplo, sería hasta el motín por problemas de consumo, en Cuba que es un país por lo menos tan occidental como Polonia y quizás más. Polonia es muy occidental, por eso es que yo la puse como referente y no a Bulgaria que es un país campesino. En Cuba la idea del papel del consumo pudo ser educada en gran medida por la acumulación cultural de la revolución, mantenida dentro de unos cauces en los cuales la población sintió que tenía un fuerte bienestar económico en esta etapa, sobre todo después de la mitad de los 70 en adelante, hasta fines de los 80. Entonces a la vez la universalización de la educación comenzó a dar frutos muy notables. En el curso de solo una generación, el peso mayoritario de la enseñanza primaria se cambió para el peso mayoritario de la enseñanza media, en números, y la calidad por tanto de preparación de la población se transformó radicalmente. Es difícil encontrar en un país un cambio tan grande de los niveles de escolaridad y técnico en el curso de una sola generación.

Es también una cobertura de salud verdadera, una cobertura universal, y ambas gratuitas, el sistema de seguridad social, —según un especialista de la universidad de Harvard, tal vez el nombre sea largo— era con mucho, el mejor de América Latina. Había superado al argentino hacía rato que era el mejor y su cobertura también universal. Entonces, en este marco de bienestar por usar el término, el Estado se burocratizó profundamente, el modo correspondiente entonces de resolver los problemas que tenían que ver con él también se burocratizó. La influencia sobre la política en general de esa burocratización fue muy grande. Yo decía, las estructuras de base del partido permanecen bastante separadas de esto, pero esto no quiere decir que no se fuera afectado, claro que si. Ahora, la burocratización estatal, que no se mide sólo en números de burócratas, según la cifra del 86 se había multiplicado en 12 años por 2,5 el número de funcionarios en todas partes.
(...)

Entonces, de 1985 en adelante se puso en movimiento una nueva fase al parecer de la revolución del proceso cubano y, en realidad lo que sucedió primero fue el fin de la fase anterior y comenzó otra que en mi opinión nadie esperaba, por lo menos en sus elementos más esenciales. El proceso de rectificación ocupó la segunda mitad de la década de los 80, obtuvo algunos éxitos principales y tuvo algunos fracasos. En los primeros, en mi opinión, el más importante fue el rechazo tan precoz al rumbo soviético. El rumbo soviético todavía se insinuaba cuando ya la crítica cubana al modo de adecuación que había tenido el país a aquel modelo estaba a todo vapor. Esto fue muy importante para resistir el impacto interno que hubiera tenido una Perestroika triunfante en un país de ideología pro soviética.

En esos años se reafirmó el liderazgo de Fidel Castro, se retornó a algunos de los elementos principales del proyecto original de la revolución, pero obviamente las circunstancias ya eran muy diferentes. Sin embargo, la población en su mayoría respondió con bastante entusiasmo, a la vez se produjo el final victorioso de la guerra en Angola, el cual fue una satisfacción moral para la gente en el país. No sólo el triunfo en Angola sino el establecimiento de Namibia y el fin del Apartheid. El propio Mandela lo ha hablado después. Ahora, en un terreno interno se trataba de un movimiento político que aspiraba a producir cambios muy profundos sin arriesgar demasiado. La participación popular fue requerida pero no fue desatada. La participación controlada rindió algunos triunfos muy importantes pero, los aparatos mismos ya existentes, la existencia de grupos de presión, de grupos de poder, de ideologías cristalizadas, operaron en mi opinión muy desfavorablemente sobre el proceso. En definitiva fue muy exitosa la resistencia a los intentos del tipo soviético, "perestroiko", pero había otra condicionante que resultó también en su resultado muy negativa: la economía cubana debía cambiar de rumbo en un plazo relativamente breve y resultó el plazo real de brevísimo. En cinco años comenzaron a desaparecer y en un año más desaparecieron del todo las relaciones con la URSS y el CAME, pero lo esencial, o sea se desplomaron las relaciones internacionales económicas de Cuba después de una crisis de los últimos años 80 en sólo 18 meses del inicio de los 90. No hubo manera de evitar ese desplome. En realidad se mantuvo el orden económico y político, se desprestigió bastante el socialismo a los ojos de la mayoría de la gente, porque se había dicho que el socialismo por excelencia era el soviético. Y sin embargo, a la vez, se produjo en mi opinión un hecho social fundamental, la mayoría de la población cubana se aferró al modo de vida que había vivido durante tres décadas y al régimen político que la representaba. En esos dos años que van de la caída del Muro de Berlín al fin de la Unión Soviética, que significan para Cuba que se desata también la crisis económica que hace bajar el producto económico y los intercambios internacionales, en cifras que a mi no me gusta darlas por exactas pero que son aterradoras y que marcan el fondo de la crisis económica 1993-1994. Además de la baja del producto y del comercio internacional, un dislocamiento real de las condiciones de reproducción económica. Una caída de las condiciones materiales de vida para la mayor parte de la población, la parte demasiado numerosa de la población. Fue resistido por la mayoría de una manera ejemplar. Yo creo que ahí viene un hecho social que es el principal hecho político de la primera mitad de los 90, el principal hecho político no es político, es social, es que con una extrema cohesión la población resistió la erosión económica, la erosión del prestigio del socialismo, la erosión del régimen mismo cubano, que estaba desgastándose desde unos pocos años.

(...)

Al mismo tiempo había una convicción política que no puede volver el estado de cosas anterior porque, en ese estado de cosas perderemos, piensa la mayoría, el modo de vida espiritual y material. Saldremos perdiendo, porque no hay espacio para nosotros en la economía mundial como es.

Lo que llamábamos la justicia social antiguamente, y después el socialismo, y que ahora es lo que ha sido incluso hábito de vida en los años 70-80, y tiene su legitimidad en la revolución no en otra parte, no es en un movimiento social-demócrata, no es el régimen democrático burgués, es en la revolución y no en otra parte.

Un tercer elemento es, si los Estados Unidos se encuentran en capacidad de hacerlo, aplastarían el modo de vida de los cubanos y la soberanía nacional de Cuba. Los Estados Unidos son, en cuanto régimen político imperialista, un enemigo que está ansioso de cobrar venganza, de eliminar el ejemplo latinoamericano, el ejemplo tercermundista, el ejemplo a las puertas mismas de Estados Unidos y el régimen cubano es obviamente, sigue siendo antiimperialista.

Yo creo que de estas convicciones se nutrió la cohesión social, la disciplina, el acatamiento de un proceso en el cual se pasó por las tormentas del años 89, se pasó por las profundas críticas y autocríticas de ese propio año, que culminan en el documento autocríticamente más importante del Partido Cubano que es el llamamiento al Cuarto Congreso en marzo de 1990, en el cual se pasa revista de una manera feroz a las debilidades y errores, a las insuficiencias del país y se plantea que lo discutan todos los cubanos. Se orienta incluso que las discusiones no sean en el seno del partido y que los militantes sean libres de decir lo que quieran y que todo el mundo hable en asambleas en todo el país, y que sólo se recojan en actas las críticas no los errores. Se recogen un millón de criticas en 70 mil asambleas: un proceso político democrático extraordinario que sucedió después de la caída del Muro de Berlín, en el momento en que se desplomaba todo en Europa oriental en el año 90.

A Cuba, ese proceso político le dio mucho aire también, y sin embargo después no fue continuado, se retrasó el Cuarto Congreso, finalmente se dio en Santiago de Cuba, más bien, aunque hubo debates ideológicos muy interesantes, en él lo que se acordaron fue qué medidas tomar en el sentido de hacer más fuerte a la dirección, medidas digamos como el tiempo de guerra que decía Eduardo Galeano, o sea, están obligando al régimen cubano a endurecerse, ojalá que no nos tenga que suceder de ahí consecuencias negativas, lo cierto es que, en la política cubana sobrevino una etapa en la cual, aunque se acordó que los diputados fueran elegidos directamente, aunque se mantuvo el poder popular municipal y se trató de fortalecer, lo cierto es que, la política, y hasta el día de hoy hemos tenido un congreso del partido incluso después, es un territorio tranquilo, es un territorio sin mayores emociones, la sociedad no, la sociedad en cada uno de los años 90 ha registrado turbulencias extraordinarias. Por esto decía y repito: la capacidad de la población de asumir esa situación y trabajar en ella es muy notable, porque Cuba ha logrado salir poco a poco, de la situación más aguda de crisis económica, incluso de manera un tanto diversificada.

En las regiones, en las localidades, en muchas zonas del país, el país se volvió sobre si mismo, perdida la capacidad de recursos y la capacidad de decisión de los ministerios centrales en muchos lugares y de sus delegados, fueron los grupos regionales y locales los que asumieron el mando de la distribución y redistribución de la vida económica para la sobrevivencia de la gente. En algunos casos se han obtenido resultados muy notables, en cierto número de regiones y ciudades se vive mejor que en La Habana materialmente hablando. El país naturalmente se escindió un poco así, pero sólo un poco, porque culturalmente es un país muy unificado, en el terreno ideológico político siguió funcionando igual. En el terreno económico-social estas actividades han sido un factor muy positivo y han contribuido a que haya menos malestar.

De todos modos las grandes ciudades, las mayores, Santiago de Cuba y La Habana, sobre todo La Habana, han sentido el impacto de la pérdida de sus maneras habituales de consumir. En La Habana que es un teatro fundamental en este sentido, como toda capital, se ha sentido más la aparición de nuevos factores internacionales en juego en el país, o sea el turismo, en un efecto de demostración dirían los sociólogos terrible, es el mundo de la peor manera, gente de clase media y media baja del primer mundo que gasta sus ahorros en un país que debe estar más o menos barato pero, aparecen acá mostrándose como supuestamente serían todo el año, lo cual es una broma de mal gusto, son sus días de vacaciones. El país en el cual ser prostituta parece algo del pasado y se vuelve de pronto algo del presente. El país en el cual tener un familiar en los Estados Unidos no se consideraba un timbre de orgullo, y de pronto resulta un factor por el cual se puede tener un ingreso, porque se hacen remesas de los inmigrantes a sus familiares que son una de las entradas de divisas importantes del país. Esto significa que personas que no se caracterizan necesariamente por la complejidad del trabajo que realicen pueden tener una vida muchísimo más holgada que otros.

Esto sucede de manera menos inocente con personas que han realizado en el mercado negro durante los primeros años 90, actividades que les han reportado enormes ingresos en pesos o en dólares. Es interesante en Cuba incluso cómo una parte inmensa de esta ganancia de pesos, se ha puesto en los bancos. Es como decir “yo soy el mercado negro pero tengo una enorme confianza en el banco del Estado”. Hace cuatro años en un municipio, yo comprobé con los abogados de ahí que había 38 cuentas corrientes en la ciudad de más de un millón de pesos. Estas personas individuales habían puesto ahí sus ganancias, en el banco del Estado. Se va creando de este modo en el país una diferenciación por el ingreso que va resultando muy notable. Quizá para cualquier otro país de América o de otros lugares del mundo esto no sería nada notable. Para Cuba es extraordinariamente notable porque la dispersión con relación al ingreso en el per cápita cubano era al revés que en el resto de América Latina. Esta diferenciación por el ingreso no significa todavía una diferenciación general de clase. En mi opinión, en lo que es la clase social se necesitan otros elementos más. O sea, los que tienen una mejor posición material no tienen ninguna legitimidad delegada a ella, no son considerados legítimos a nivel social. La propiedad privada no ha recuperado su prestigio después de la pérdida total de prestigio que tuvo en Cuba a principios de los 60’s, pero no cabe duda que el dinero sí. El dinero ha avanzado en sus capacidades respecto a las personas en estos años 90 enormemente.

Entonces una sociedad que acepta en la práctica cotidiana o mercantil, ideológicamente se reclama socialista, una sociedad que todavía no aprecia el valor de la propiedad privada entiende que es imprescindible —porque lo es además— que exista una economía que llamamos mixta o que el pueblo corrientemente ha llamado con nombres alusivos como las firmas por ejemplo, o las empresas mixtas, los gerentes, etcétera, entonces significa que Cuba se reinserta en una economía mundial, que claro está dominada por el capitalismo, pero con un régimen que nace y tiene su legitimidad en el anticapitalismo, que sostiene la política social que a la vez es un sostenedor del modo de vida anterior y un vehículo de transición para las formas nuevas de relaciones sociales, que mantienen no sólo el orden, en el sentido pedestre de la palabra, que en muchos países simplemente significa la represión, sino que mantiene la paz social, una paz en el sentido de que la represión no es un elemento importante en la sociedad y que la esperanza de muchos todavía es un elemento muy importante… es una situación complicadísima, que yo no soy capaz de profetizar nada con relación a ella, yo veo que la altísima cultura de la población, la cultura política, no sólo la general sino sobre todo la política, es un factor sumamente positivo al cual he tratado de referirme. Yo veo que las relaciones mercantil dinerarias, la representación es tan negativa que esto tiene para grandes partes de la población, son factores en contra de la permanencia del socialismo en Cuba, de la transición socialista que es como le llamo yo en Cuba.
(...)

E. T.—...Entonces, cuando te refieres al rechazo en la sociedad cubana a la propiedad privada, yo me pregunto si no habría que añadir o completar la idea con el hecho que si se abre la puerta a transformar un enriquecimiento personal, la propiedad privada, en relación social capitalista. Me explico: por ejemplo con un millón de pesos en una cuenta de ahorros seria posible, si hay un cambio legal –o de forma ilegal- con esta suma de dinero de alquilar la fuerza de trabajo y entonces de transformar ese dinero en capital. Es decir en una relación social que permite a su dueño alquilar la fuerza de trabajo de sus compatriotas que ahora, en esa ocasión empiezan a ser sus subordinados explotados por él. Sería un regreso a una relación capitalista entre las personas. Entonces yo me pregunto si hay ese peligro si se abre la puerta y quizás podrías, en segundo lugar, decirme si hay un rechazo a esa forma de contractar el trabajo asalariado por parte de compatriotas.

Si, yo pienso que estoy absolutamente de acuerdo con el sentido de lo que estás diciendo y, me parece muy bueno que lo hayas dicho porque efectivamente no hay en Cuba espacios. No hay espacios en Cuba para esto: esa relación fundamental y social del capitalismo. O sea no se le ocurre como posible a los que tienen esas enormes cuentas, por esto es que yo decía la diferenciación por el ingreso, incluso en algunos ha producido una alta distinción porque tienen un alto ingreso, pero no han subido socialmente mucho, son digamos los aventureros, otros tienen mayor ingreso y tienen un lugar social bastante importante, relativamente importante.

E. T.—Me imagino también que hay gente que de manera ilegal contrata a otros, pero es todavía ilegal.

Si y además hay muchos miles, decenas de miles, muchos, incluso quizás cientos de miles, cuyo nivel económico ha bajado pero su nivel social no. Por ejemplo los médicos, los maestros, muchos trabajadores técnicos, su nivel económico ha bajado y su nivel social no, su prestigio social no. 60 mil médicos, 40 mil ingenieros, 300 mil maestros y profesores en un país pequeño, con montones de trabajadores de áreas no beneficiadas por otro tipo de remuneraciones. Entonces es una situación en la cual los que tienen una posición mejor, por esto yo decía no están legitimados, pero además la idea de una relación social de producción como la contratación de personas resulta todavía inconcebible, yo pienso que eso indica la fuerza todavía de los valores de la sociedad anticapitalista, creo que es imprescindible conservar esa fuerza. 

E. T.— ¡Ojalá que tenga razón! 

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