miércoles, 11 de julio de 2018

¿Qué cosa es el post-marxismo? (X)

Esta es la última entrega de mi disección del artículo de James Petras sobre el post-marxismo; dejo aquí los enlaces a la primera y la penúltima.

Los cuidados paliativos que se imparten a enfermos terminales buscan aliviar el dolor insoportable. Aplicados a una sociedad buscan más bien aliviar la presión que pueden ejercer los perjudicados por políticas insoportables. Sustituyen la rebeldía por la esperanza puesta en una ayuda que en parte procede de las buenas gentes, pero en gran parte de los causantes de los problemas que de modo hipócrita dicen querer resolver.

Los pueblos en situación de miseria buscan sus propios procedimientos de autoayuda y, en la mejor tradición del emprendimiento, crean sus propias microempresas: venta ambulante, trapicheos varios... y otras como la que se anuncia en esta bella publicidad:

Micro-empresas y auto-ayuda

Este es el criterio empresarial, de ayuda técnica y financiera a proyectos parciales y concretos:

10. Los líderes de las organizaciones populares no deben estar orientados exclusivamente hacia la organización de los pobres y el compartir sus condiciones. La movilización interna debe estar basada en el financiamiento externo. Los profesionales deben diseñar programas y asegurar el financiamiento externo para organizar grupos locales. Sin ayuda externa, los grupos locales y las carreras profesionales colapsarían.
Y esta es la crítica:

Dos perspectivas de transformación social: la Organización de Clase y las ONG

Para avanzar, la lucha contra el imperialismo y sus colaboradores neo-compradores nacionales pasa a través de un debate ideológico y cultural con los post-marxistas dentro y en la periferia de los movimientos populares. El neo-liberalismo opera hoy en dos frentes: el económico y el político-cultural; y en dos niveles: el régimen y las clases populares. En la cima las políticas neo-liberales se formulan y se implementan por los personajes conocidos: el Banco Mundial, el FMI trabajando con Washington, Bonn y Tokio asociados con los regímenes neo-liberales y los exportadores nacionales, y los conglomerados de los grandes negocios y los banqueros.

A principios de los años 1980 los sectores más perceptivos de las clases dominantes neo-liberales se dieron cuenta de que sus políticas estaban polarizando la sociedad y provocando un gran descontento a escala social. Los políticos neo-liberales comenzaron a financiar y a promover una estrategia paralela promoviendo “desde abajo” las organizaciones de base con una ideología “antiestatal” para intervenir entre las clases potencialmente conflictivas, y crear así un “cojín social”. Estas organizaciones eran, financieramente dependientes de fuentes neo-liberales y estaban directamente involucradas en competir con los movimientos socio-políticos por la lealtad de líderes locales y comunidades activistas. En los años 1990 estas organizaciones descritas como “no-gubernamentales” eran miles y estaban recibiendo del mundo entero cerca de 7 billones de dólares.

La confusión relacionada con el carácter político de las ONGs brota desde sus inicios en los años 1970 durante los días de las dictaduras. En aquel período ellas fueron activas en proveer ayuda humanitaria a las víctimas de las dictaduras militares y denunciando las violaciones de los derechos humanos. Las ONGs apoyaron las “sopas familiares” que permitió a las familias víctimas sobrevivir a la primera ola de tratamiento de choque administrados por las dictaduras neo-liberales. Este período creó una imagen favorable de las ONGs incluso en la izquierda, fueron consideradas parte del “terreno progresivo”. Incluso entonces, sin embargo, los límites de las ONGs eran evidentes. Mientras ellas atacaban las violaciones de los derechos humanos de los dictadores locales raramente denunciaron a sus patrones norteamericanos y europeos que los financiaban y asesoraban. Tampoco había un esfuerzo serio para vincular las políticas económicas neo-liberales y las violaciones de los derechos humanos para los que estaban de turno en el sistema imperialista. Obviamente las fuentes externas de financiamiento limitaban la esfera de crítica y la acción de los derechos humanos.

A medida que la oposición al neo-liberalismo crecía en los años 1980, los gobiernos de EE.UU. y Europa y el Banco Mundial incrementaban el financiamiento de las ONGs. Hay una relación directa entre el crecimiento de los movimientos sociales retando al modelo neoliberal y el esfuerzo para subvertirlo creando formas alternativas de acción social a través de las ONGs. El punto básico de convergencia entre las ONGs y el Banco Mundial era su oposición común al “estatismo”. En la superficie las ONGs criticaban el Estado desde una perspectiva de “izquierda” defendiendo la sociedad civil, mientras que la derecha lo hacía en nombre del mercado. En realidad, sin embargo, el Banco Mundial, los regímenes neo-liberales y las fundaciones occidentales coptaron  y animaron a las ONGs para minar el Estado de bienestar nacional brindando servicios sociales para compensar a las víctimas del ajuste. En otras palabras, a medida que los regímenes neo-liberales en la cima desbastaban comunidades inundando el país de importaciones baratas, pagos de la deuda externa y aboliendo la legislación laboral, creando una masa creciente de trabajadores mal pagados y desempleados, las ONGs eran apoyadas económicamente para ejecutar proyectos de “auto-ayuda”, “educación popular”, entrenamientos de trabajo, etc. para absorber temporalmente, pequeños grupos de pobres, para cooptar líderes locales y minar las luchas en contra del sistema.

Las ONGs se convirtieron en la “cara de la comunidad” del neo-liberalismo íntimamente relacionadas con los de la cima y complementando su labor destructiva con proyectos locales. En efecto, los neo-liberales organizaron una operación  “pinza” o una estrategia dual. Desafortunadamente muchos en la izquierda se concentraron sólo en el “neo-liberalismo” visto desde arriba y el exterior del FMI y el Banco Mundial y no en el neo-liberalismo desde abajo (ONGs, micro-empresas). Una razón principal para esta visión general era la conversión de muchos ex-marxistas en la práctica de la fórmula ONG. El post-marxismo fue el boleto de tránsito ideológico de las clases políticas al “desarrollo de la comunidad”, del marxismo a las ONGs.

Mientras que los neo-liberales estaban transfiriendo propiedades estatales lucrativas a la riqueza privada, las ONGs no formaban parte de la resistencia de los sindicatos. Por el contrario, ellas fueron activas en los proyectos privados locales, promoviendo el discurso de la empresa privada (auto-ayuda) en las comunidades locales centrándose en las micro-empresas. Las ONGs construyeron puentes ideológicos entre los pequeños capitalistas y los monopolios que se beneficiaban de la privatización -todos en nombre del “anti-estatismo” y la construcción de la sociedad civil. Mientras que los ricos acumulaban vastos imperios financieros de la privatización, los profesionales de las ONGs de clase media obtuvieron pequeñas sumas de fondos para financiar oficinas, transporte y una actividad económica a pequeña escala. El punto político importante es que las ONGs despolitizaron a sectores de la población, minando su compromiso con los empleados públicos, y cooptando a potenciales líderes para trabajar en pequeños proyectos. Las ONGs se abstuvieron de participar en las luchas de los maestros de escuelas, a medida que los regímenes neo-liberales atacaban la educación pública y a los educadores públicos. Raramente, si alguna vez lo hicieron, las ONGs apoyaron las huelgas y protestas contra los bajos ingresos y los cortes al presupuesto. Como su financiamiento educacional venía de los gobiernos neo-liberales ellos evitaron la solidaridad con los educadores públicos en su lucha. En la práctica, “no-gubernamental” se traduce en actividades de gasto anti-público, liberando la mayoría de los fondos para los neo-liberales para subsidiar a los capitalistas exportadores mientras que pequeñas sumas se escurrían del gobierno a las ONGs.

En realidad las organizaciones no-gubernamentales no son no-gubernamentales. Ellas reciben fondos de gobiernos extranjeros o trabajo como subcontratos privados de gobiernos locales. Frecuentemente, ellos colaboran abiertamente con agencias gubernamentales nacionales o internacionales. Esta “sub-contratación” mina a los profesionales (con contratos fijos) remplazándolos con profesionales de grupos. Las ONGs no pueden ofrecer extensos y comprensibles programas que sí puede ofrecer un Estado de bienestar. En vez de ello, ellos ofrecen unos servicios limitados a pequeños grupos de comunidades. Más importante, sus programas no se pueden contabilizar a personas nacionales sino a donantes internacionales. En ese sentido las ONGs minan la democracia quitando programas sociales de las manos de personas locales y de sus funcionarios elegidos y creando dependencia sobre lo no-elegidos, funcionarios internacionales y sus untados funcionarios locales.

Las ONGs distraen la atención y las luchas del pueblo del presupuesto nacional hacia la auto-explotación para garantizar los servicios sociales locales. Esto permite a los neo-liberales recortar los presupuestos sociales y transferir los fondos del Estado para subsidiar los déficits de bancos privados, préstamos a exportadores, etc. La auto-explotación (auto-ayuda) quiere decir que, además de pagar impuestos al Estado y no obtener nada a cambio, los trabajadores tienen que trabajar horas extra con recursos marginales, gastando las escasas energías para obtener servicios que la burguesía recibe del Estado. Más profundamente, la ideología de las ONGs de “actividad voluntarista privada” mina el sentido de lo público: la idea de que el gobierno tiene la obligación de velar por sus ciudadanos y garantizarles la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que la responsabilidad política del Estado es esencial para el bienestar de los ciudadanos. En contra de esta noción de responsabilidad pública las ONGs incentivan la idea neo-liberal de la responsabilidad privada para los problemas sociales y la importancia de los recursos privados para resolver estos problemas. En efecto, ellos imponen una doble carga sobre los pobres; pagando impuestos para financiar el Estado neo-liberal para servir a los ricos; la autoexplotación privada para satisfacer sus necesidades.

Las ONGs y los Movimientos Político-Sociales


Las ONGs apoyan proyectos, no movimientos; ellas “movilizan” personas para producir marginalmente, no a que luche para controlar los medios básicos de producción y riqueza; ellos se concentran en la asistencia técnico-financiera de proyectos no sobre las condiciones estructurales que conforman la vida diaria de la gente. Las ONGs cooptan el lenguaje de la izquierda: “poder popular”, “otorgar poder”, “igualdad sexual”, “desarrollo sostenible”, “liderazgo de los de abajo”,etc. El problema es que este lenguaje está unido a un marco de colaboración con donantes y agencias gubernamentales que subordinan la actividad práctica a las políticas de no-enfrentamiento. La naturaleza local de la actividad de las ONGs que significa “dar poder” nunca va más allá de la influencia de pequeñas áreas de la vida social con recursos limitados dentro de las condiciones permitidas por el Estado neo-liberal y la macroeconomía.


Las ONGs y su personal profesional post-marxista compiten directamente con los movimientos socio-políticos por la influencia entre los pobres, las mujeres, los excluídos raciales, etc. Su ideología y práctica desvía la atención de las fuentes y soluciones de la pobreza (mirando hacia abajo y hacia adentro en vez de hacerlo hacia arriba y hacia afuera). El hablar de microempresas en lugar de hacerlo de la explotación de los bancos extranjeros como soluciones está basado en la idea de que el problema es de iniciativa individual más que de la transferencia de ingresos extranjeros. La ayuda de las ONGs afectan a pequeños sectores de la población, estableciendo la competencia entre comunidades rivales socavando así la solidaridad de clase. Lo mismo es cierto entre los profesionales: cada uno establece su ONG para solicitar financiamiento extranjero. Ellos compiten presentando propuestas cercanas a los gustos de los donantes extranjeros a precios inferiores, mientras que dicen que hablan por muchos seguidores. El efecto neto es una proliferación de ONGs que fragmenta las comunidades pobres en grupos sectoriales y subsectoriales que no pueden ver el amplio cuadro social que los aflige y son menos hábiles aún para unirse en la lucha contra el sistema. La experiencia reciente también demuestra que los donantes extranjeros financian proyectos durante las “crisis”: retos políticos y sociales al status quo. Una vez que los movimientos han amainado, ellos cambian el financiamiento a las ONGs: “colaboración” con el régimen, adecuando los proyectos de las ONGs dentro de la agenda neo-liberal. El desarrollo económico compatible con el “mercado libre” más que con la organización social para el cambio social se convierte en el artículo dominante de la agenda financista. La estructura y naturaleza de las ONGs  con su postura “apolítica” y su enfoque de auto-ayuda despolitiza y desmoviliza a los pobres. Ellas refuerzan el proceso electoral apoyado por los partidos neo-liberales y los medios de comunicación. Se evita la educación política acerca de la naturaleza del imperialismo, la base clasista del neo-liberalismo y la lucha de clases entre explotadores y trabajadores temporales. En vez de eso, las ONGs discuten “los excluidos”, los “sin poder”, la “extrema pobreza”, la “discriminación racial o de sexo” sin ir más allá de los síntomas superficiales, para comprometerse con el sistema social que produce estas condiciones. Al incorporar a los pobres en la economía neo-liberal a través de una pura “acción privada voluntaria” las ONGs crean un mundo político donde la aparición de la solidaridad y la acción social ampara una conformidad conservadora con las estructuras de poder nacional e internacional.

No es una coincidencia que, como lo han hecho las ONGs, a medida que ellas se vuelven dominantes en ciertas regiones la acción política de la clase independiente va declinando y el neo-liberalismo no tiene contestatario. El límite inferior es que el crecimiento de las ONGs coincide con un incremento del financiamiento del neoliberalismo y la profundización de la pobreza en todas partes. A pesar de sus clamores de muchos éxitos locales, el poder total del neo-liberalismo se mantiene sin reto y las ONGs buscan nichos en forma creciente en los intersticios del poder. El problema de formular alternativas se ha impedido en otra forma. Muchos de los antiguos líderes de la guerrilla y los movimientos sociales, los sindicatos y las organizaciones femeninas populares han sido cooptados por las ONGs. La oferta es tentadora: altos salarios (ocasionalmente en moneda dura), prestigio y reconocimiento por donantes extranjeros, conferencias en el extranjero y redes, personal de oficina y una seguridad relativa contra la represión. En contraste los movimientos socio-políticos ofrecen escaso beneficio material pero mayor respeto e independencia y más importante aún, la libertad para retar al sistema económico y político. Las ONGs y los bancos extranjeros que las financian (Banco Inter Americano, Banco Mundial) publican boletines destacando historias exitosas de microempresas y otros proyectos de autoayuda –sin mencionar las altas tasas de fracasos a medida que el consumo popular disminuye, las importaciones a bajos precios llenan el mercado y aumentan los intereses– como en el caso actual de México.

Hasta los “éxitos” afectan solamente a una pequeña fracción del total de pobres y sólo salen adelante mientras otros no puedan entrar en el mismo mercado. El valor de la propaganda del éxito de la microempresa individual es importante, sin embargo, en incentivar la ilusión de que el neoliberalismo es un fenómeno popular. Las frecuentes y violentas explosiones sociales que tienen lugar en las regiones donde se promueve la microempresa nos sugiere que la ideología no es hegemónica y que las ONGs todavía no han desplazado a los movimientos de clase independientes.

Finalmente, las ONGs incentivan un nuevo tipo de colonialismo cultural y hegemónico y la dependencia. Los proyectos se diseñan o al menos se aprueban dentro de las  “prioridades” de los centros imperiales o en sus instituciones. Ellos son administrados y “vendidos” a las comunidades. Las evaluaciones se hacen por y para las instituciones imperiales. Los cambios en el financiamiento de las prioridades, o una mala evaluación resultan en el dumping de grupos, comunidades, fincas y cooperativas. Esto ayuda a que todo el mundo sea más disciplinado para cumplimentar las demandas de los donantes y sus evaluadores de proyectos. Los nuevos virreyes supervisan y aseguran la conformidad con los objetivos, valores e ideologías del donante como también del uso adecuado de los fondos. Donde hay “éxitos” éstos son altamente dependientes del apoyo extranjero continuado, de otra forma ellos colapsarían.

Mientras que la masa de ONGs se convierte cada vez más en instrumento del neo-liberalismo, hay una pequeña minoría que trata de desarrollar una estrategia alternativa que se apoye en las clases y en la política antimperialista. Ninguna de ellas recibe fondos del Banco Mundial o bancos europeos ni de las agencias gubernamentales norteamericanas. Ellas apoyan los esfuerzos para vincular el poder local a las luchas por el poder estatal. Ellas vinculan proyectos locales a movimientos socio-políticos nacionales que ocupan grandes extensiones de tierra, defendiendo la propiedad pública y la propiedad nacional en contra de las transnacionales. Ellas brindan solidaridad política a los movimientos sociales envueltos en luchas para expropiar la tierra. Ellas apoyan la lucha de las mujeres vinculadas a perspectivas de clase. Ellas reconocen la importancia de la política dominante al definir las luchas locales e inmediatas. Ellas creen que las organizaciones locales deben luchar a nivel nacional y que los líderes nacionales deben ser responsables de activistas locales. En una palabra ellas no son post-marxistas.

2 comentarios:

  1. MARXISMO PARA ANTICAPITALISTAS

    1 ¿Necesitamos toda esta teoría?

    A menudo, cuando se empieza a hablar del marxismo, muchos activistas radicales dicen: “a mí me va la lucha, no la teoría”.

    Así que, para empezar esta nueva serie de columnas sobre las ideas marxistas, vale la pena considerar este argumento.

    La verdad es que muchísima gente, no sólo la gente radical, dice no interesarse por las “complicadas teorías” como el marxismo, sino que prefiere fiarse del sentido común, de su propia experiencia.

    Lo que está diciendo es que prefiere limitarse a la apariencia de las cosas. El problema es que estas apariencias muchas veces engañan.

    Por ejemplo, a juzgar por las apariencias, parece obvio que el sol gira alrededor de la tierra. Difícilmente se puede explicar a alguien lo contrario sin hacer referencia a la teoría; el concepto del sistema solar, compuesto de planetas, incluyendo la tierra, girando alrededor de una estrella, el sol. Ahora casi todo el mundo acepta esta descripción; los que siguen creyendo lo contrario son una pequeña minoría a los que no se toma en serio.

    En lo social, sin embargo, siguen reinando las impresiones superficiales.

    Si hay tantos cientos de miles de parados y tantos cientos de miles de inmigrantes, la reacción “obvia” es culpar a los inmigrantes del desempleo, y parece “obvio” que hace falta una Ley de extranjería más dura.

    Por supuesto, a la persona que expresa este argumento se la puede tachar de racista y dejarlo aquí, pero esto no ayuda a convencer a los que dudan.

    Sólo con un análisis más profundo es posible desentrañar los diferentes elementos que demuestran cuál es la causa real del desempleo y cuál, realmente, es la función de las leyes contra los inmigrantes. Éste es un ejemplo de cómo necesitamos la teoría para contestar a los argumentos de la derecha. Podemos prescindir de ella sólo si no queremos contrarrestar las ideas dominantes.

    Pero hay otro argumento contra esta idea de pasar de la teoría.

    Quieran o no, las personas que rechazan la teoría marxista también tienen teorías, quizá sin darse cuento de ello.

    La idea de que “siempre habrá ricos y pobres”, la idea de que “la gente es naturalmente codiciosa”, y otras parecidas, no simplemente se basan en la experiencia -nadie ha vivido desde “siempre”, para ver estos eternos ricos, por ejemplo- sino que se arraigan en una teoría determinada del mundo.

    Es una teoría que dice que el mundo es como es porque siempre ha sido así y, por lo tanto, siempre lo será; que el capitalismo refleja la naturaleza humana. Esta teoría es obviamente conservadora. También es falsa.

    (...)

    http://enlluita.org/fullet/marxismo-para-anticapitalistas/#.W0k5AtL7RhF

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  2. Si no somos capaces del "esfuerzo" de profundizar en el conocimiento, nos engañamos si nos creemos capaces de esforzarnos en una lucha sin conocimiento

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