martes, 28 de abril de 2026

La bala prodigiosa

Me pasma lo fácilmente que los ilusionistas distraen la atención del espectador y la ofuscan hasta el punto de impedirle ver lo que está delante de sus narices. La no ocultación parece ser una forma diferente de ocultación. En La carta robada el ladrón no la esconde, sino que la deja en un lugar tan visible que a nadie se le ocurre buscarla allí, salvo al astuto detective Dupin.

Ahora que el tercer atentado (por ahora) contra Trump infunde sospechas de extrañas conspiraciones, se me ocurre indagar en el vídeo de aquel atentado en que le arañaron la oreja. El tirador estaba en el plano horizontal. El presidente en una grada inclinada. Tras él, rodeándolo por todas partes, una masa humana compacta.

La bala avanza, llega a la oreja... y se volatiliza.

Nadie resulta herido, salvo la oreja.

Me resulta sorprendente que no haya llegado a mis orejas indemnes (aunque algo sordas) ninguna noticia sobre esa bala. ¿Sería como esos cohetes iraníes que burlan a los interceptores cambiando su trayectoria balística por otra zigzagueante?

¿Seré yo Dupin?

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