sábado, 26 de agosto de 2017

Futborragia

Desde la terraza del bar playero veo pasar a los veraneantes. A mis espaldas una gran pantalla de alta definición muestra su gran superficie verde por la que se mueven unas figurillas que hipnotizan a los viandantes. Ante mí el desfile ocioso de humanidad variopinta, en atuendo claramente guiri, aunque en su mayoría son del país.

Pasa un padre con unos niños de unos siete años. Camisetas del Barça, creo que Messi y Neymar, el apóstata. Se detienen todos un instante ante la pantalla verde. Con gran sabiduría comentan la jugada (los niños, no el padre).

Todos los días, y a casi todas horas, y en casi todos los bares, la misma pantalla verde. Me vienen a la memoria estos versos de Javier Krahe:

"Pero es fantástico, martes y miércoles,
jueves y sábados, lunes y vísperas,
dan espectáculo con el esférico,
y allí, al unísono, arman escándalo
y es como un bálsamo para sus ánimas.
En las antípodas todo es idéntico,
idéntico a lo autóctono."  

La mente de estos alevines (¿de genios del balón? ¿de simples mortales?) se está formando en una cultura de barbería.

En la barbería en que me cortan el pelo casi todos los trimestres no se habla de política, ni de ningún tema conflictivo. Inteligentemente, estos profesionales de la tijera sólo hablan de fútbol, lo que desata unas pasiones de cartón piedra, sea a nivel local, autonómico, estatal, o más allá (Pontevedra-Arousa, Celta-Dépor, Madrid- Barça...)

Hay diferentes niveles en esta dialéctica cultural, desde las lesiones a las jugadas, los árbitros, los entrenadores, los comentaristas deportivos... Los peluqueros discuten acaloradamente, a veces parece que casi en serio. No es fútbol, es metafútbol.

Los parroquianos también se encienden, pero es una pasión fundamentalmente escenográfica, una representación que no compromete, una diversión, en el sentido más militar del término. La prueba de que los límites establecidos funcionan es que en la faena nunca se corta la oreja.

      

Antípodas

En las antípodas todo es idéntico,
tienen teléfonos, tienen semáforos
con automóviles con sancristóbales,
muchos estómagos están a régimen.
Tienes políticos más bien estúpidos
pero son súbditos muy pusilánimes.
En las antípodas todo es idéntico,
idéntico a lo autóctono.

La problemática es económica
y en lo teórico no son unánimes,
lo hay escépticos, los hay fanáticos,
pero en la práctica no ves apóstatas
sino en los márgenes o con prismáticos.
Y unos on míseros, otros son prósperos,
en las antípodas todo es idéntico,
idéntico a lo autóctono.

Hay mundo artístico con gente excéntrica,
mundo científico con catedráticos
y cuerpo médico y casos clínicos.
La gente rústica puebla las fábricas
y los hipódromos los aristócratas.
Ciertos filósofos sienten escrúpulos.
En las antípodas todo es idéntico,
idéntico a lo autóctono.

Algunos fármacos son ilegítimos
pero hay gran tráfico, lo cual es lógico
porque los réditos son astronómicos
y hay muchas víctimas, hay muchas cárceles.
Voces hipócritas piden, coléricas
medidas drásticas, sillas eléctricas.
En las antípodas todo es idéntico,
idéntico a lo autóctono.

Los eclesiásticos desde sus púlpitos
causan catástrofes, y los omnímodos
poderes fácticos hazañas bélicas
y actos vandálicos los energúmenos,
y los pacíficos, actos inútiles.
Entre los lúcidos cunde el desánimo.
En las antípodas todo es idéntico,
idéntico a lo autóctono.

Se dan fenómenos de rara índole:
idéntico a lo autóctono,
madres estériles con partos múltiples,
idéntico a lo autóctono,
problemas étnicos con los indígenas,
idéntico a lo autóctono,
falsas polémicas con los satélites,
idéntico a lo autóctono,
grandes espíritus viven recónditos,
idéntico a lo autóctono,
y hay lodos tóxicos abundantísimos...

En otros términos que están incómodos.
Pero es fantástico, martes y miércoles,
jueves y sábados, lunes y vísperas,
dan espectáculo con el esférico,
y allí, al unísono, arman escándalo
y es como un bálsamo para sus ánimas.
En las antípodas todo es idéntico,
idéntico a lo autóctono.

jueves, 24 de agosto de 2017

La transición hacia las energías renovables

Se actúe o no se actúe, la energía fósil se agotará más pronto que tarde. Entonces se dispondrá únicamente de las energías renovables, es decir, las que se consumen en un tiempo equivalente al de su producción. Su lenta tasa de renovación hará imposible un nivel de consumo remotamente parecido al actual, y mucho menos una economía en crecimiento constante. Pero eso no quiere decir que con las posibilidades actuales de la tecnología esa vida mucho más austera tenga que ser insoportable.

Hace unos años, la transición hacia otro uso de la energía (y otra sociedad) hubiera sido menos traumática. Dentro de poco será imposible una transición mínimamente suave. Pero de todos modos pasaremos a usar, queramos o no, solamente energías renovables. El tiempo corre en contra nuestra, pero siempre será mejor una dura frenada que un choque brutal.

Es una falsa esperanza confiar en que las energías renovables van a progresar tanto que podrán sustituir a los combustibles fósiles manteniendo al tiempo nuestro nivel de consumo. Mucho menos el crecimiento perpetuo, motor del capitalismo.

El más grave error del sistema soviético (¿pero pudo ser de otra manera, dado el contexto?) fue tratar de emular, y aún superar, el crecimiento capitalista. Con ello llegaron a los límites antes que el sistema rival, pero ahora llega la desastrosa ola al Occidente triunfante. Trata este de sobrevivir exprimiendo lo que queda a toda costa, aunque tenga que destruir progresivamente el mundo entero

A muchos, seguramente a la mayoría, les resulta inadmisible la sola idea de una sociedad sin crecimiento y no competitiva. No se plantean la posibilidad de un mundo mejor que el actual, que consideran insuperable. Si con la cabeza bien asentada sobre los hombros vemos que la disyuntiva es o un cambio radical o el colapso, y que cuanto más tarde reaccionemos peor será, tal vez nos replanteemos muchas cosas.

Cuando se piensa que una situación no tiene salida, hay varias posibilidades para hacerla soportable. Una es la negación: "esto no puede estar pasando". Otra es la distracción: "puesto que no hay solución, pensemos en otra cosa". Una tercera es pasar el problema a otros: "ya inventarán algo". Y así toda una variedad de tácticas de distracción, tranquilizadoras, o no tanto.

A lo que no se suele estar muy dispuesto es al afrontamiento, sobre todo si uno se ve impotente para hallar una solución. 

Los que denunciamos estas cosas no somos unos desesperados. Si lo fuéramos nos dedicaríamos a pasarlo bien y esperar el fin entre distracciones y placeres. Debe ser lo que hacen los locos que gobiernan a los que nos gobiernan.

El camino imposible hacia la transición renovable


Cada vez que discuto sobre el problema de la crisis energética con especialistas del sector de las renovables, me encuentro, siempre, con los mismos planteamientos y con la misma discusión. Suele comenzar mi interlocutor, quien me comenta de los avances que se están haciendo en tal o cual tecnología para el mejor aprovechamiento renovable o para incrementar su penetración en la generación eléctrica. A esto vuelvo yo recordando que la electricidad representa poco más del 20% de la energía final consumida en un país avanzado como España, y que el 70 y muchos por ciento no eléctrico no es fácil de electrificar, y que se requiere mucho esfuerzo y planificación para llevar tal tarea a cabo, sabiendo que ciertos usos de la energía probablemente nunca se electrificarán. En añadidura, hacer toda esa transformación en el contexto que supone el desafío del peak oil, momento probablemente ya superado, en conjunción con los probablemente ya pasados picos del carbón y del uranio, y el no demasiado lejano pico del gas, implica que en relativamente poco tiempo vamos a necesitar mucha energía que ya no tendremos. Y que quizá el foco se debería poner en ver cómo se tienen que diseñar los escenarios para que la transición renovable sea estable, pues sin planificación podríamos acabar siguiendo un callejón sin salida (como los primeros resultados del proyecto MEDEAS parecen indicar - serán presentados el próximo septiembre, por cierto). En ese momento, mi interlocutor suele responder que todo lo que sea ir incrementando el potencial de generación renovable nos hace avanzar en la necesaria transición energética. Esa respuesta (la de que ir añadiendo sistemas de generación renovable es siempre avanzar en la buena dirección) demuestra, entre otras cosas, que mi interlocutor no ha entendido lo que le acabo de decir. Pues justamente uno de los problemas que tenemos es que, para que la transición renovable llegue a buen puerto y no nos conduzca más rápidamente al colapso, se requiere un alto grado de planificación. 

Que la transición renovable, para que sea efectiva, requiere un alto grado de planificación, es algo que choca con las expectativas de la mayoría de los expertos, y no hablo aquí sólo de los despistados de los que me suelo mofar. Incluso a aquellos expertos con posiciones más aperturistas, que comprenden que lo que llamamos (sin serlo) libre mercado no lo puede regular todo, les resulta incomprensible que se tenga que tomar una medida tan drástica como inhibir la autoregulación y marcar férreamente desde una autoridad central qué se debe hacer y cómo se debe hacer. Sin embargo, tenemos ya muchos indicios de que tal planificación es absolutamente necesaria. Por ejemplo, en el trabajo que publicamos en 2012 (en el que asumíamos muchas simplificaciones pero como mínimo introducíamos planteamientos realistas sobre la capacidad tecnológica de los sistemas a utilizar y sobre el uso de materiales requeridos) llegábamos a la conclusión de que la meta del 100% renovable podría ser alcanzada pero  
1) se tenía que implantar, a escala mundial, una economía de guerra inmediatamente y durante los siguientes 30 años
2) se necesitaría un grado de cooperación internacional a una escala nunca vista; y 
3) una vez llegado al 100% renovable se tendría que abandonar para siempre el objetivo del crecimiento, pues el abastecimiento energético ya no podría crecer sobre el nivel conseguido, y todo lo más que se podría hacer sería repartir lo que hubiese.
Existe entre los especialistas una gran (y alarmante) disparidad de opiniones sobre el potencial renovable y muchas discrepancias en cómo se podría construir un mix 100% renovable a escala global - conviene aclarar primero que por tal cosa queremos decir uno capaz de producir una cantidad de energía que mantuviera una parte substancial de la actual sociedad industrial; obviamente, si colapsaramos por completo las sociedades humanas sobrevivientes serían 100% renovables a la fuerza, pero lógicamente a un nivel energético muchísimo menor que el actual. Y las diferencias de opinión son tan grandes que algunos expertos afirman que se podría mantener el objetivo del crecimiento durante muchas décadas aún, mientras que otros indican que es imposible de conseguir el 100% renovable, si lo que se pretende es mantener el nivel de consumo similar al actual. Pero, a pesar de esas diferencias, los estudios medianamente serios suelen llegar a una conclusión no demasiado diferente de la de nuestro trabajo de 2012, es decir, que es necesario tomar medidas muy drásticas de planificación en el uso de recursos y en las políticas energéticas e industriales para poder conseguir el objetivo 100% renovable, y que tales políticas tendrían que ser vigentes durante muchos años. En algunos casos, análogamente a nuestras conclusiones, se explicita la imposibilidad de seguir creciendo; en todos ellos, queda claro que hay que poner coto a los sistemas de libre mercado e imponer una planificación obligatoria a escala mundial.

Éste es uno de los grandes problemas de la transición a un modelo de producción de energía 100% renovable (se sobreentiende siempre, manteniendo la sociedad industrial). Y es que, con esos planteamientos, el mix energético 100% renovable es incompatible con la economía de mercado. El problema es muy profundo, pues no afecta solamente a la producción y distribución de energía: dentro de un paradigma capitalista se podría llegar a aceptar que la energía fuera un servicio nacionalizado, con tal de que se permitiera que el resto de actividades fuera completamente liberalizado; sin embargo, dado que la energía es la precursora de la actividad económica (la energía es la capacidad de hacer trabajo, y porque somos grandes consumidores de energía podemos incrementar enormemente el PIB - recordemos que el incremento de consumo de energía es responsable del 60% del incremento del PIB), si uno limita el uso de la energía (y la planificación energética no se limita a la producción, sino que abarca también quién usa y cómo usa la energía) toda la actividad económica acaba sometida a planificación. 

Éste es el gran problema de la transición energética. No es sólo que se consiga una rentabilidad a la altura de las expectativas de los inversores, sino que, en cuanto se habla de un cambio radical y a gran escala de la matriz energética, se hace necesario cambiar todo el sistema productivo y, por ende, el sistema económico. Yendo más lejos aún, no queda más remedio que abandonar dos pilares del capitalismo: la liberalización económica de los sectores productivos y el crecimiento perpetuo. Debido a eso, es completamente natural que los grandes capitalistas sientan una profunda aversión por la transición energética, a la que ven como poco menos que un neocomunismo disfrazado de ecologismo (aunque, como ya vimos, el comunismo tiene el mismo problema de insostenibilidad energética que el capitalismo). No deja de ser curioso que la bastante manifiesta aversión de los máximos exponentes del capitalismo a la transición renovable sea interpretada por los grupos pro transición como un miedo a la posibilidad de "democratizar el acceso a la energía", ya que -interpretan estos grupos- la producción de energía renovable sería de manera natural descentralizada (o sea, que cada hijo de vecino podría "producir su propia energía", como suelen decir). Dejando al margen si los sistemas renovables podrían producir tanta energía como se piensan (cosa en sí misma discutible, habida cuenta de los límites de los sistemas renovables), resulta obvio que la liberalización real y absoluta de la producción de energía no es realmente lo que preocupa a los capitalistas, como tristemente muestra el caso de España (pues si es preciso se usa el poder político, completamente cooptado por el económico, para introducir barreras de acceso al mercado al productor minorista). 

En realidad, el problema de los sistemas renovables, además de sus límites, es que la producción de energía de origen renovable (dejando de lado la hidráulica) tiene una baja densidad energética y baja exergía. En todas las transiciones energéticas que ha vivido la Humanidad desde el principio de la Primera Revolución Industrial, siempre se ha pasado de fuentes de energía menos densas energéticamente a otras más densas energéticamente, y además las fuentes antiguas no eran abandonadas, sino que todo se iba acumulando. En este caso, se requiere no sólo sustituir una energía densa y versátil, como la que nos proporcionan los combustibles fósiles, por una menos densa y menos versátil, y encima al tiempo ir eliminando el uso de los combustibles fósiles por la doble necesidad de su producción decreciente y por la lucha contra el cambio climático. Como digo, la restricción es doble: por un lado, es necesario reducir nuestras emisiones de CO2 a un ritmo muy rápido para evitar desestabilizar aún más el clima de nuestro planeta; pero, por el otro, aún cuando quisiéramos alargar la época de los combustibles fósiles todo lo posible, el progresivo y termodinámicamente inevitable descenso de la producción de energía fósil minará la viabilidad de nuestro sistema económico, condenándonos a una crisis que no acabará nunca. Bajo tales restricciones, nuestro sistema económico está tocado de muerte y es inevitable buscar un sistema de planificación energética y económica, como comentábamos más arriba, pero no por cuestiones ideológicas, sino meramente lógicas. Parafraseando a Bill Clinton, podríamos decir: ¡Es la Termodinámica, estúpido! Sin embargo, la mayoría de los grupos ecologistas y concienciados con el medio ambiente insisten en las vías evolutivas y posibilistas, como el ejemplo que explicaba al principio de este post. Estas personas creen de buena fe que el ir incorporando sistemas renovables va contribuyendo, aunque sea poco a poco, a disminuir las emisiones de CO2 y nos lleva por la buena dirección. Una buena dirección sobre la que siempre he dudado, y que por las razones expuestas en este post es más bien un malgasto de recursos, puesto que con ella no se consigue una disminución del consumo de combustibles fósiles y no se va a la raíz del problema. En suma, alentar las vías evolutivas dentro del mecanismo de un (presunto) libre mercado no es más que una distracción inútil, cuando lo que ya es inaplazable es un cambio del sistema económico y productivo. Sin embargo, todos somos conscientes de que el discurso de la mayoría de las organizaciones pro transición energética sigue encerrado en el posibilismo de una evolución del sistema, en vez de plantear abiertamente una revolución del sistema. 

Por supuesto mi posición no sólo es minoritaria, sino  también bastante impopular. Por todo ello, viendo la falta de avances reales hacia una transición energética que merezca tal nombre mientras que en la prensa se jalean como si fueran grandes logros cambios verdaderamente anecdóticos, y viendo cómo proliferan los análisis que anuncian décadas de precios bajos del petróleo cuando claramente nos dirigimos hacia una caída abrupta de la producción que generará un nuevo shock de precios (que la Agencia Internacional de la Energía espera para antes del final del 2018), lamentablemente sólo puedo ser pesimista en lo que a nuestro futuro inmediato se refiere. Tal y como lo veo, un cierto grado de colapso es ya inevitable, porque sólo cuando haya graves disfuncionalidades a gran escala se comprenderá que hace falta algo más que un cambio cosmético y posibilista. Es una manera necia de obrar, pues para cuando los problemas tengan tal magnitud tendremos menos recursos y menos margen de maniobra para actuar de manera eficiente, pero aún quiero creer que en ese momento podremos implementar los cambios que todos necesitamos y que a todos nos benefician.

sábado, 12 de agosto de 2017

La expresión gráfica en la ingeniería (6-e)

Para continuar y finalizar la parte dedicada en esta serie a las superficies de revolución, echaré una mirada al toro (suena a metáfora taurina, que la prudencia aconseja practicar sistemáticamente). De su análisis se deduce con gran sencillez un interesante teorema... ¡sobre la elipse!

La imagen que sigue la he tomado de una página interactiva que me ha gustado.

Orlando Camargo

La figura que sigue representa la sección por su eje de un cono de revolución. Dentro de él hemos encajado una esfera tangente, y por fuera un toro, tangente en la misma circunferencia de contacto. Vamos a cortar el conjunto por un plano perpendicular al del corte actual que pase por el centro de la esfera y sea tangente a la circunferencia axial del toro.  


El tal plano corta al cono en una elipse, a la esfera en una circunferencia máxima y al toro en una curva en forma de riñón. Las tres tienen una tangencia común, y en ese punto tienen la misma curvatura, siendo la circunferencia la osculatriz de las otras dos curvas.


En la figura que sigue, las circunferencias osculatrices de los puntos de máxima y mínima curvatura, los extremos de los ejes. El caso de la figura que antecede es el de curvatura máxima y mínimo radio.


El toro, en la posición en que le hemos dado el corte:


Hemos inscrito dos esferas tangentes al cono, ambas tangentes también al plano que corta al cono en una elipse, y vamos a demostrar que los puntos de tangencia son los focos de la elipse.

Los segmentos PF y PM son iguales, por ser ambos tangentes a la esfera mayor desde el mismo punto, y lo mismo ocurre sobre la esfera menor con PG y PL. De estas igualdades resulta que PM + PL = PF + PG. El primer miembro de la igualdad representa la distancia ML entre las circunferencias tangentes al cono, medida sobre una generatriz. El segundo la suma de distancias entre P y los puntos F y G. Para cualquier punto P de la elipse ML es constante, luego también lo es PF + PG. Entonces F y G cumplen la definición de los focos de la elipse de que la suma de distancias a todos sus puntos es constante e igual al eje mayor.

Esta es la demostración más sencilla del Teorema de Dandelin.


Y con esto finiquita este capítulo del libro de marras.


jueves, 10 de agosto de 2017

Construcción y deconstrucción de Dulcinea del Toboso

Lecturas recientes y otras remotas me han traído a la memoria un interesante trabajo, de hace más de una década, realizado por una estudiante de Arquitectura dentro de una asignatura optativa, "Cervantes y el Quijote", que dirigía el profesor Santiago López Navia. Años después lo publicó en su blog, y porque recomiendo su lectura dejo este enlace.


Bajo la etiqueta "teoría de la literatura" he publicado anteriormente otros comentarios sobre Cervantes y su obra. Los libros que motivan mi reflexión siguen una cadena que va de Homero al texto cervantino, pasando por los libros de caballerías. Mi vuelta alrededor del mundo de la épica desemboca en la obra con la que comienza a perder su brillo. No creo exagerado afirmar que Cervantes inicia el pensamiento crítico moderno, porque su distanciamiento comprensivo y de gran humanidad es muy diferente del sentido entre satírico y demasiado obviamente moralizador de críticos anteriores.

Han pasado más de sesenta años (yo aún no tenía diez) desde que leí el Quijote por primera vez. En aquel tiempo leí también la Iliada, prestada por un vecino. Un gitano, herrero de profesión (pero esta historia merece un capítulo aparte).

El libro de Cervantes, en aquel tiempo, me divirtió mucho. Pese a mis pocos años percibí vagamente los mundos superpuestos en la narración, aunque lo que más me gustaba era la comicidad de muchas situaciones y el amable sentido del humor.

La Iliada, en cambio, me decepcionó entonces. Creí que la edición era incompleta porque esperaba leer toda la guerra de Troya y la narración se interrumpía en los funerales de Héctor. Pasó el tiempo y hasta este año, salvo fragmentos en antologías, no había leído la Odisea.

Esta lectura, y la sucesiva del Amadís de Gaula, me recondujeron de la épica a la ética (y a la óptica con el que en cada época se formulan ambas).

Es evidente que los conceptos éticos de tiempos pasados no se corresponden a los actuales (de los comportamientos reales mejor no hablar). En la Odisea impera la brutalidad de un modo que se diría inocente. No me refiero al comportamiento atroz del cíclope ni al caprichoso y parcial de los dioses. Los malos de las aventuras actuales siguen siendo así. Me refiero al de los buenos, sometidos hoy convencionalmente a ciertas reglas morales: nunca ellos inician un conflicto ni matan a traición.

Pero Ulises y sus compañeros no son mejores que sus enemigos. En su viaje de vuelta no tienen ningún problema en destruir y saquear una ciudad y matar a sus habitantes. La misma venganza sobre los pretendientes de Penélope es traidora y desproporcionada, lo cual no juzga el poeta, que no le dedica un comentario crítico. La astucia y el arrojo son los únicos valores que merecen su admiración.

(La naturaleza depredadora de los personajes se manifiesta a cada paso, como también cierta mezquindad. Motivo importante para que Telémaco busque a su padre es que los pretendientes, instalados en su casa, están arruinando sus propiedades. Estos aspirantes advenedizos y gorrones no ansían tanto a Penélope como su hacienda y el poder).

Más de dos mil años después, Amadís de Gaula sigue el mismo esquema, con algunos matices. La lucha se somete ya a ciertas reglas, las de la caballería. Los caballeros, sin mucho motivo, apenas se tropiezan se enfrentan como gallos de pelea, y el vencedor es dueño de la vida del vencido. Si este cuadro hubiese sido real no habría quedado un caballero para contarlo.

En las dos sociedades la propiedad se adquiere por conquista, en definitiva por rapiña.

Pero un factor es nuevo, y es el amor fiel. No es ya la espera sumisa de Penélope ni el instinto posesivo de Ulises, sino un sentimiento mutuo y excluyente entre iguales. La fidelidad aquí es otra cosa.

Según Borges, "cuatro son las Historias", cuatro ciclos narrativos que se repiten en un eterno retorno, todas relacionadas con las pulsiones básicas, las tres heridas de Miguel Hernández. Habrá que matizar la idea de Borges, añadir que este eterno retorno nunca se produce de la misma manera, porque en cada sociedad y en cada tiempo son diferentes las formas de entender el mundo.

Dos cosas quiero anotar antes de pasar a Cervantes, que adquirirán su plena importancia en el Quijote, referidas al  tiempo y el espacio de la narración.

En cuanto al tiempo, tiene gran importancia en ambos libros. La Odisea no es una narración plana de principio a fin. El recurso a lo que cuentan los personajes permite al poeta cerrar un círculo en que el tiempo inicial y el final están cercanos, y el orden cronológico de los sucesos no es el de la obra. Solamente se va rellenando el pasado con los distintos relatos. En el Amadís, sucesos simultáneos aparecen necesariamente separados, y tiene mucha importancia el desconocimiento por los personajes de lo que ocurre a otros y en otros lugares. El narrador omnisciente lo sabe y lo va contando, y así el lector lo va averiguando antes que los implicados. Aunque ciertamente estos trucos no son ajenos a la literatura de todos los tiempos, ambos ciclos son ejemplos magistrales.

En cuanto al espacio, el lector siente que no debe relacionar, sin sentirse defraudado, los lugares fantásticos del cuento con cualquier geografía real. Admitir ese espacio imaginario, como demanda un elemental principio de complicidad del lector con el autor, sin el cual no es posible una lectura sabrosa, es incompatible con cualquier intento de localizarlo en un mapa. Mejor soñemos esos mundos ficticios si queremos disfrutarlos.

Si la fuerza y la valentía son las prendas más valiosas para los autores, y la hermosura va unida a ellas, el amor evoluciona de modo radical, y en los libros de caballerías ya son inseparables estos dos valores. En el mundo feudal idealizado, a la laltad al señor va unida la fidelidad a la amada.

El lector de estos libros, como el de las películas galácticas, acepta ese mundo ideal que le permite evadir el mundo real.

Y en esto llegó Miguel.


La obra de Cervantes es una compleja contraposición entre ambos mundos. El de la mente de Don Quijote choca continuamente con la realidad, pero él siempre se las compone para reconstruirlo cuando se le va desmoronando. Aunque se diga que la idea cervantina era demoler el mundo de la caballería, resulta un mundo maravilloso cuando lo contemplamos a través de la mente del hidalgo. No querríamos en modo alguno destruir su sueño, que amplifica noblemente el menguado horizonte bienhechor de sus modelos, que al fin y al cabo no eran tan amantes del bien y la justicia como nuestro candoroso héroe.

Esta dialéctica complejísima, en que a ratos descubrimos lo que le cuesta al desventurado remendar los acontecimientos para que encajen en los deseos de su mente, va unida a la complejidad estructural del libro.

No es casual que el ideal quijotesco haya alumbrado el camino a muchos generosos empeños para cambiar el mundo. Lo único que faltaba para ello era aspirar, como Don Quijote, a llevar sus sueños a la realidad. Aunque fracase, se trata de un héroe universal.

Cervantes, sin embargo, nos devuelve siempre a un mundo mucho menos noble que acaba derrotando al héroe. El fracaso devuelve al loco la razón, pero recuperarla le cuesta la vida, porque la razón de su vida era su ideal, soporte de su empeño redentor.

Es muy difícil conocer el pensamiento de Cervantes a través de su obra. Mostrar a las claras las ideas propias podía llegar entonces, como aún hoy en algunas circunstancias, a costar la vida. Pero una y otra vez deja claros indicios de su espíritu libre, su sentido crítico y una percepción dialéctica del mundo. 

Dejo aquí algunos párrafos del artículo de Marta, representativos de su analisis. El texto completo, que merece la pena leer, se apoya en numerosas citas literales del libro.



La génesis de Dulcinea es la invención de don Quijote. A partir de un modelo basado en las novelas de caballerías andantes, que le han hecho perder el juicio, don Quijote construye un personaje necesario, que es la dama. La experiencia de los libros, pero sobre todo la imaginación de don Quijote, forman parte del invento. Cada vez que don Quijote se encomiende a Dulcinea, su dama, adoptará un estilo retórico y antiguo. Dulcinea no será nunca un amor real, sino un amor literario; de la misma forma que no será en ningún caso un personaje que actúe, sino un personaje referido. Nunca hablará ella, siempre nos la cuentan los demás, y la transformación es parte de la conciencia de don Quijote, que le irá atribuyendo títulos (princesa, reina, emperatriz de la Mancha…) y del resto de los personajes que rodean al caballero, que le irán atribuyendo cualidades, modificando y destruyendo el ideal.
(...) 
El mérito está en no haberla visto. La propia definición convierte al personaje en necesario. Como Dios, que al nombrarlo existe. Es como el mecanismo del Ser de Parménides, el Ser absoluto, que es o no es. Por fuerza tiene que existir, porque el atributo de la perfección no deja lugar al “no ser”. Dulcinea, que es perfecta a los ojos de don Quijote, tampoco puede carecer de la perfección de existir, y todos los que le rodean tienen la obligación de acatarla, a ella y a su perfección. 
(...) 
Si algo caracteriza el modo de actuar de don Quijote, es la vida que aparece en la Literatura, si algo se ha hecho en los libros, es válido. El género de las novelas de caballeros andantes, es la verdad, y en ese escenario don Quijote ha creado un ser que prácticamente es Divino, en tanto que Dulcinea encarna el ideal de dama, la dama que debe ser. A mi modo de ver, don Quijote hace algo similar a lo que hace la Iglesia, en el sentido de que todo lo que los demás hagan contra su modo de entender la vida, es herético. Casi un “como vayas contra mí, te machaco. E ir contra mí no es otra cosa que ir contra mis ideas, porque mis ideas son mi absoluto”. 
(...) 
Don Quijote sabe quién es Aldonza, pero destruye a Aldonza en favor de Dulcinea. De este modo, Aldonza es solamente un referente, en ningún caso un modelo. Más que una circunstancia, el hecho de ser Aldonza Lorenzo, es un reflejo de la racionalidad profunda del personaje de don Quijote, y yo lectora, lo tomo como una anécdota. Bien, Alonso Quijano estuvo enamorado en una época de Aldonza, y ahora don Quijote se vale de esa vivencia para enamorarse intencionadamente de Dulcinea. El caso es que el amor no es un acto de voluntad, por lo tanto no puedo tomar ese amor como real, sino como amor inventado. 

(...) 
Según se encuentra aventuras, don Quijote las lleva a su terreno, las acoge en su construcción. Todo elemento que le viene bien, es rescatado y transformado para una nueva vivencia, que es en primera instancia un nuevo capítulo de su propia  novela de Caballerías. El caballero don Quijote se convierte así de alguna forma en autor de su propia historia, o en cualquier caso da pistas al narrador de lo que ha de escribir o contar, ahí empieza a estar el libro dentro del libro, y la confusión que crea un personaje que, sujeto a un Destino, se empeña en autodirigir sus actos y en dirigir los de los demás para la consecución de sus deseos. Don Quijote se empeña en vivir literariamente, en un mundo que de entrada no le es favorable, pero todo lo que le rodea acaba siendo un embudo que absorbe los escenarios y los sucesos, y los reconduce en aventuras verosímiles. He sentido en muchos momentos que los campos de Montiel pudieran ser esos no lugares de la época dorada de los caballeros andantes, porque me ha sido difícil extraer el sentido paródico pretendido de las historias de algunos capítulos, y he llegado a creer en el caballero. 

(...) 
Ocurre en este tiempo de Cervantes, que no se podía decir todo lo que uno pensaba, por lo tanto nunca acabaremos de conocer las verdaderas ideas de éste, pero sí tenemos indicios (los que él nos da a entender) mediante el recurso de lo que dicen otros, lo que otros hablan; que hacen que lo distanciemos del pensamiento oficial. 
Don Quijote es una especie de religión distinta, que se contrapone a la religión oficial. Es imposible que no se meta en líos, de ahí que se interpongan mensajeros y haya fuentes (los Anales de la Mancha por ejemplo, antes de que aparezca Cide Hamete) que nos cuenten las cosas. No olvidemos que en un momento determinado, Cide Hamete se queda sin material y después descubre unos documentos (parece que casi le caen del cielo) que tiene que traducir un “morisco aljamiado”, que no se acaba de saber si es quien escribe en el margen (con la consiguiente subjetividad del que entiende la historia desde un punto de vista que no es el ortodoxo). De este modo se enmaraña la historia, de tal forma que el autor no se hace responsable de nada. Siento nombrar al autor, que nada debería pintar en esta historia, pero me ha sido muy difícil separarlo de su creación –aunque creo haberlo conseguido en la última parte-. Por otra parte me parece apasionante la carga subversiva del libro, la muestra de que las críticas podrían ser suyas, sin la libertad de hacerlas él, o con la libertad de que sean otros los que las hacen. 

(...)  
Don Quijote le atribuye poder a Dulcinea, que es el poder de su creación, y le otorga la escala de valores que le introduce ésta en sí mismo. En este sentido, debe ser algo parecido lo que les ocurre a los creyentes. El creyente pone a su Dios por encima de sí, para que le dé fuerzas y para tener un referente moral. De esta forma se desase de la responsabilidad de los propios actos y después siempre podrá confesarse. Sé que esto es discutible, y no es mi pretensión juzgar al creyente, sólo explicar cómo he entendido el amor ideal de don Quijote por Dulcinea. 
En cierto modo, Dulcinea es alguien o algo que crea unas normas (mentira, las normas las crea don Quijote para personificarlas –o “personajeficarlas”- en ella, y a su vez mentira porque las normas están tomadas en buena medida de las normas preestablecidas en los libros de Caballerías), pero a donde quiero llegar es a que Dulcinea es una construcción del propio ser que le despoja y al que traspasa la responsabilidad de sus actos. Don Quijote adquiere la fuerza de su construcción, que es Dulcinea. 
En un sentido similar, en Arquitectura, existen dos escalas, que son la humana y la monumental. Así, una puerta a escala humana tendrá las dimensiones necesarias para pasar y asomarse, mientras que la puerta de una Catedral tiene unas dimensiones gigantes, porque está referida a Dios. Los actos de don Quijote están en el plano de la escala literaria, que es la escala monumental, en tanto que se refieren a un orden superior; mientras que los de Sancho son actos de escala humana, que tienen que ver con lo cotidiano. Don Quijote discrimina la vida real y vive la literaria, y los actos que lleva a cabo para mayor gloria y por su dama –o para mayor gloria de su dama-, no son los propios del mundo que le rodea. Espacialmente, imaginaba a veces mientras leía el Quijote, a Sancho recorriendo los campos o los caminos (que están a escala humana porque son los que ha creado el hombre) sobre su Rucio, y a don Quijote paralelamente al lomo de un Rocinante con facultades de Pegaso, volando  en un camino aéreo imaginario. 
Al dirigirse a un discreto lector, se le infunde a éste la capacidad de analizar, quizás por eso es tan difícil saber lo que dice Cervantes. Es difícil que el lector separe lo que hacen o dicen los personajes de lo que piensa el autor, y más cuando en nuestra formación hemos imaginado a Cervantes tan vivamente, escribiendo en ese espacio en penumbra las páginas del Quijote. 

(...) 
A cada respuesta, se va construyendo una Dialéctica, que Sancho lleva a lo terreno, y don Quijote se empeña en elevar. Sancho está inventando también, porque lo que contrapone a las tesis de su amo no son verdades. Me da la sensación de que la historia que crean, es un castillo de naipes, susceptible de desmoronarse en cualquier momento, el de Sancho Panza, es igual de fantástico pero a la medida de los ideales posibles de su cultura. Los bienes son otros, pero Sancho sigue creyendo en las quimeras. Sancho se quijotiza, pero según su manera de ser. Villano e hidalgo, aportan sus puntos de vista. 
En el ideal de la fama de don Quijote, encuentro paralelismo con la honra de los samuráis, que es la propia de aquél que tiene una única forma de vida, y que guía la conducta de clase. La supervivencia del samurai radica en ese “no salirse de su clase”. 
La Honra de Dulcinea es también tener pretendientes, que la adoran por ser ella quien es. Esto tiene que ver con el ideal de que las cosas se hacen porque se tienen que hacer. Los desdenes de ella hacia los otros caballeros, no dejan de ensalzarla. 

(...) 
Don Quijote no puede ya mantener su ideal lejos, a él mismo ya le va costando mantener al personaje, por eso tiene que aceptar la tragedia del encantamiento. La misión ahora es intentar reconstruir a su personaje, “Tengo que desencantarla”, tengo que RECREARLA. Los atributos nuevos los tiene que aceptar con la sola idea de restituir los originales, porque éstos no son los que él gestó para ella. Nuevas características que tiene que destruir. Don Quijote ya no lucha por el ideal, sino por la reconstrucción del ideal, que se le desmorona. 

(...)
Tras fracasar como caballero andante, decide ser literariamente otra cosa. Lo que hay en ese momento en don Quijote es la reconversión de una crisis existencial. Hay una herida abierta, y se trata de que cicatrice. Después de la decepción, llega la recreación. Cualquiera, tras un conflicto o crisis, recompone su manera de pensar. Y el modo de pensar de don Quijote es literario, por lo tanto el mecanismo de defensa psicológico también lo es. 

(...) 
Pero tras esta señal de mal agüero, don Quijote empieza a perder definitivamente la esperanza. Es interesante intentar colarse uno en los pensamientos de don Quijote, ¿cuáles serán? Algo así como “esto que está sucediendo, tiene el significado que yo le tengo que dar”. En parte es él mismo quien mata a Dulcinea, y a toda costa debe ser una muerte literaria, porque la previa transformación de la dama en pastora, la conduce irremediablemente a su destrucción final. 

(...) 
Don Quijote mismo ha destruido completamente al personaje. Perdón, Alonso Quijano acaba de destruir a don Quijote. Y ahora se hace presente la absoluta quijotización de Sancho Panza, que rescata a Dulcinea. El tema que queda abierto es el de la vida por un ideal. 

(...) 
La realidad llega a través de una señal, quizás esto sea algo propio de las novelas de caballeros andantes. En el momento en que recibe esa señal, don Quijote pierde la fe y la razón de vivir. Dulcinea nació como mecanismo necesario, y se convirtió en una razón. En toda la construcción de don Quijote, esa dama ideal fue alguien por quien hacer las cosas. En ese mecanismo de creación de una divinidad, Dulcinea fue creada para ser adorada. 
Cuando se construye la persona, se separa el Yo del Mundo. El mundo de un niño no está diferenciado, el niño percibe las cosas que le pasan, que son sencillamente sentidas y aprovechadas. Con la evolución, con el tiempo, el mundo deja de obedecer siempre lo que se quiere. Lo que sea que yo quiero, se va interiorizando en lo que supone una especie de censor que modela mi conducta, que es una de las cosas que me habitan. Cuando vivo las cosas, es como si creara un personaje, y el arquetipo es la divinidad, que no es algo diferente de mi propia historia. 
Dulcinea juzgó sus obras, y el objetivo era la admiración hacia don Quijote. Pero sin Dulcinea no hay don Quijote. El último intento de revivirla fue convertirla en pastora, una vida que en cualquier caso no es la vida aventurera que él soñó.

viernes, 4 de agosto de 2017

Capitalismo y salud

Ángeles Maestro estuvo también en la Semana de Filosofía que cada año organiza en Pontevedra el Aula Castelao. Este año se desarrolló bajo el lema Filosofía y Salud.

Este es el resumen que hace la propia Aula de su conferencia (los subrayados, como es habitual, son míos):
  • El capitalismo, por sí mismo, con independencia de sus formas de existencia concretas ("Estado del bienestar", neoliberalismo, etc.) no sólo se apropia de la riqueza producida por la clase obrera; la imposición lógica de la obtención de beneficios por arriba de cualquiera otro objetivo -como la salud o la vida misma de la población- explica fenómenos tan crueles como el expolio de otros pueblos mediante las guerras u otros menos visibles como las desigualdades sociales.
  • El coste pagado por la clase obrera es el menoscabo de su vida, expresado  -en lo que al estricto ámbito de la salud se refiere- en una mayor mortalidad prematura, el impacto de enfermedades evitables o lo que se conoce como enfermedad mental, permite definir más que nunca el capitalismo del siglo XXI como la barbarie o como la prehistoria de la humanidad.
  • La crisis general del capitalismo, de la que el último episodio fue la explosión de las burbujas financiera e inmobiliaria, determina la intensificación de formas de acumulación de capital basadas en drásticos incrementos de la tasa de explotación y en la privatización de empresas y servicios públicos, especialmente en los países del llamado primer mundo.
  • Ambos aspectos son impuestos a los diversos gobiernos de la Unión Europea -con independencia de su color político- por medio de las formas de dominación hegemónicas que son el Banco Central Europeo, el FMI y la propia Zona Euro.
  • Las diferentes formas de gestión privada, financiadas con dinero público, van invadiendo progresivamente los servicios sanitarios. Los recortes en recursos de la sanidad pública responden al objetivo de permitir el avance del capital privado y, por tanto, a la necesidad de reducir la calidad asistencial en la sanidad pública. La consecuencia, unida a un aumento del gasto público destinado a asegurar los beneficios empresariales, es un empeoramiento global (público y privado) de los resultados medidos en impacto sobre la salud.
  • Concluimos con la afirmación de la necesidad apremiante de desarrollar formas de organización y poder popular construidas sobre la independencia de formaciones políticas institucionales que, como la experiencia ha demostrado, terminan por someterse -mediante chantajes o sobornos- a las exigencias del capital.




Situación límite y pasividad

Uno de los males que causa la lepra es el daño neurológico que ocasiona, y que se traduce en insensibilidad de la piel. Al perder la capacidad de percibir sensaciones como el dolor, el frío o el calor, los enfermos pueden herirse o quemarse sin darse cuenta.

Cuando tenemos un problema serio y de difícil solución, la natural búsqueda de felicidad, o al menos de ataraxia, nos induce instintivamente a "mirar para otro lado", como tanto se dice ahora, y por algo será: la propia reincidencia en la frase debería preocuparnos.

El aumento del CO2 atmosférico tiene consecuencias alarmantes. He aquí una que no se me había ocurrido hasta hoy: el anhídrido carbónico penetra lentamente, año tras año, en el hormigón armado, produciendo una carbonatación que cambia su carácter alcalino, el que protege al hierro de la oxidación. La corrosión de las armaduras, de no tratarse a tiempo, arruina la estructura.

Así que además del calentamiento global hay otro inconveniente que tal vez perciba mejor el propietario para el que la duración de su casa es más importante que la de su civilización.

No querría ponerme fúnebre, pero tal vez las próximas generaciones, esas a cuyas espaldas echamos un futuro a crédito, no sean demasiadas.

























Las probabilidades de que las temperaturas suban tanto a finales de siglo debido al calentamiento global es del 90%

El escenario es mucho peor de lo que nos imaginábamos. Según los pronósticos establecidos en el Acuerdo de París de 2016, la temperatura de la Tierra no subiría más de 2 ºC a finales de siglo. Un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Washington (EE. UU.) y otras instituciones nos abre los ojos ante la realidad: el calentamiento global provocará que en 2100 la temperatura media de la Tierra sea entre 3-5 ºC más alta.

Lejos de la meta de limitar el incremento de la temperatura de la Tierra en 2 ºC con respecto a los niveles preindustriales, el ser humano se enfrentará a unas temperaturas medias mucho mayores.

El estudio estadístico muestra apenas un 5% de posibilidades de que la Tierra se caliente 2 grados o menos a finales de este siglo. Limitar el aumento en 1,5 °C se reduce a un 1% de probabilidades en el escenario más realista. Y es que, según los resultados publicados en la revista Nature Climate Change, el ser humano se enfrentará a un aumento de entre 2 y 4,9 º C, por encima de lo establecido en el citado Acuerdo de París.

"Nuestro análisis es compatible con estimaciones anteriores, pero muestra que es improbable que se cumplan las predicciones más optimistas. En general, los objetivos expresados en el Acuerdo de París son ambiciosos pero realistas, pero las malas noticias son que es improbable que sean suficientes para lograr mantener el calentamiento en o por debajo de 1,5 ºC", comenta Adrian Raftery, líder del trabajo.

Llegar al escenario de un aumento de solo 2 ºC "es factible, pero sólo con un esfuerzo importante y sostenido en todos los frentes durante los próximos 80 años", según Raftery.

Las cifras no mienten. Las nuevas proyecciones muestran un 90% de probabilidades de que las temperaturas aumenten este siglo entre 2 y 4,9 ºC.

Variables del estudio

Los investigadores han analizado de qué forma aumentarían las emisiones de cara a 2100 en función de tres variables clave: el producto interior bruto per cápita, la población mundial total y la cantidad de emisiones de carbono emitido por cada actividad económica.

Usando proyecciones estadísticas para cada una de estas tres cantidades basadas en 50 años de datos anteriores de países de todo el mundo, el estudio encuentra un valor medio de 3,2 ºC de calentamiento en 2100.

"Los países abogaron por la meta de 1,5 C debido a los graves impactos medioambientales que resultarían de superar ese umbral. En caso de que se sobrepase, los daños por calor extremo, las inundaciones por el aumento del nivel del mar serán mucho más graves”, explica Dargan Fierson, coautor del estudio.

“Nuestros resultados muestran que para conseguir los objetivos del Acuerdo de París hacen falta cambios drásticos”, sentencia Fierson.

Raftery trabajó previamente en las proyecciones de las Naciones Unidas para la futura población mundial. Su estudio de 2014 utilizó estadísticas bayesianas para demostrar que es poco probable que la población mundial se estabilice en este siglo. El planeta probablemente llegará a 11.000 millones de personas hacia el año 2100. Sin embargo, el crecimiento demográfico no es el factor determinante que provoca esta situación de aumento de calor, puesto que la mayor parte del aumento de la población se dará en África, que utiliza pocos combustibles fósiles.

Lo que más importa es la cantidad de emisiones de carbono producidas por cada dólar de actividad económica. Ese valor ha disminuido en las últimas décadas a medida que los países aumentan la eficiencia y promulgan normas para reducir las emisiones de carbono, pero a rapidez con la que este valor disminuya en las próximas décadas será crucial para determinar el futuro calentamiento de nuestro planeta.
Referencia: Adrian Raftery, et al. Less Than 2ºC Warming by 2100 Unlikely, Nature Climate Change (2017). DOI: 10.1038/nclimate3352