domingo, 2 de agosto de 2026

Contra el miedo

El actor Alberto San Juan es, como muchos de su gremio, persona comprometida con causas justas como la palestina o la saharaui, y lo viene demostrando en actos públicos como las entregas de los Premios Goya. 

Es hijo de Máximo, el viñetista, dibujante y escritor cuyos lacónicos manifiestos gráficos eran los mejores editoriales del diario El País cuando este periódico aún podía considerarse, hasta cierto punto, "de izquierdas".

El escritor y periodista Aníbal Malvar lo entrevista para Público, interrogándolo a través de aquellas viñetas. La guerra, la emigración, la religión, la pobreza, el individualismo... Preguntas que se hacía el padre y que confirma el hijo.

Hace mucho que no frecuento El País. Del papel pasé a la nube, de la que recogía aquellas viñetas diariamente, hasta que la nube se me nubló. Dejé de recibir los dibujos de Máximo y ni siquiera supe cómo fue miserablemente despedido. Poco debe quedar ahí de la pátina progresista que prestigiaban plumas como las de Vázquez Montalbán o Sánchez Ferlosio.

La propiedad privada de los medios de comunicación manda en ellos y la deriva del grupo Prisa va yendo de malas a peores manos.

La última pregunta, la que ya no puede hacerle su padre, es la única que hace el entrevistador: ¿Cuál fue el gran error de tu vida? Y el entrevistado contesta: Mi gran error ha sido elegir el miedo frente al deseo.

Y sin miedo, al final, luego de explicar la mezquindad de la empresa al despedir a su padre, termina on esta moraleja:

No pongas nunca nada importante de ti al servicio de una empresa capitalista.


 EL GRAN ERROR DE MI VIDA

29/07/2026

Alberto San Juan en la alfombra roja de los Premios Goya 2026. Pedro J Pacheco / Wikipedia

Alberto San Juan (Madrid, 1968) es actor y dramaturgo. Seguro que no se ofende si se le califica más como actor de teatro que de cine o televisión. Cuestión de amores: es más seductora la mirada de un solo espectador de sala que el ojo vítreo de una cámara. Aunque ha actuado en una cincuentena de largometrajes, más de 20 montajes escénicos, otras tantas series de TV y tiene dos Goya, se le recordará más (con otros socios) por haber creado el Teatro del Barrio en el entorno madrileño de Lavapiés, un espacio escénico libertario y popular que sobrevive a la gentrificación y a los especuladores por razones ignotas. Quizá es que Talía, más que una simple musa, es una santa apóstata capaz de obrar milagros.

Como esta sección consiste en poner en apuros a los entrevistados, vamos a dejar que sea el padre de Alberto San Juan quien lo interrogue. Máximo (1932-2014) fue uno de los más grandes viñetistas españoles desde la Transición hasta su muerte. Sus dibujos, cargados de incertidumbres, ternuras y denuncia, se hicieron tan populares que durante 30 años muchos los elevamos a la categoría de editoriales periodísticos. Os dejamos con padre e hijo.

Viñeta de Máximo San Juan. Cedida por Alberto San Juan.


R Mi padre era un pacifista radical. Según me contaron, Herman Tertsch siendo aún periodista de El País quiso agredirle en el vestíbulo del teatro María Guerrero tras publicar mi padre un dibujo en el que elogiaba la deserción como acto heroico. También, su defensa constante del diálogo con ETA le valió más de una carta indignada y aderezada con insultos por parte de Fernando Savater, publicadas en el diario donde en esos años trabajaban ambos. No imaginaban entonces, supongo, que los dos acabarían siendo despedidos. ¿Qué decir? Poco. Es una de las herencias paternas que me enorgullece: el asco por las armas. El día de la fiesta nacional no debería desfilar ninguna persona armada. Nadie. Si acaso, reunirnos en plazas y avenidas para homenajear a maestros, sanitarios y algún que otro oficio.

Viñeta de Máximo San Juan. Cedida por Alberto San Juan.






R Contribuir a visibilizarlos como lo que son: niños robados al paraíso. O al menos, menores expulsados de sus hogares, barrios, pandillas por la violencia extrema que rige la sociedad humana. Una violencia perfectamente planificada y al servicio de la lógica capitalista (todo lo existente es susceptible de convertirse en mercancía de la cual se puede extraer beneficio) para sus beneficiarios (los propietarios de las mayores concentraciones de capital y sus sicarios: gobiernos, consejos editoriales, etc, etc). Y aún mejor: sumarse a algún colectivo de apoyo a estos menores. Existen en todas las localidades en las que hay centros de internamiento para ellos. El apoyo se concreta en acompañar a los chavales para resolver gestiones burocráticas o simplemente para ir al cine o hacer vida en la ciudad donde estén. Para romper, en definitiva, la certeza de no ser queridos en ningún lugar.

Viñeta de Máximo San Juan. Cedida por Alberto San Juan.




R Coincido: el Jesucristo de los Evangelios se sitúa decididamente junto a los oprimidos frente a los opresores. Esa es la buena nueva: el dominio de unos sobre otros no es natural, es una construcción política y, como tal, puede ser demolida para recuperar el edén: una sociedad levantada sobre la idea de la igualdad universal, la idea de una sola alma común a todas las almas individuales. La iglesia (el colectivo que se ha apropiado de la palabra de Jesucristo) es una institución histórica y cómo tal debe ser analizada. Parece claro que su papel ha sido contrario a los evangelios: siempre junto al poder opresor. Me refiero a la cúpula de la jerarquía eclesiástica. Por supuesto, siempre ha habido sacerdotes outsiders que, fieles a la buena nueva, han luchado y luchan contra la opresión. El papel histórico de la Iglesia española es singularmente cruel. Consolida su inmenso poder sobre un proceso de limpieza étnica, la ordenada por Isabel La Católica contra aquellas comunidades hispánicas calificadas como judías, moriscas o gitanas. Y se reafirma en un segundo clímax genocida durante la agresión militar contra la democracia del 36 y la posterior, interminable dictadura.

Viñeta de Máximo San Juan. Cedida por Alberto San Juan.




R Creo que la especie humana no ha experimentado aún lo que pueda ser vivir en democracia. Es decir: un gobierno de todos. Es decir: el autogobierno que supondría una sociedad de iguales, libres y fraternos (es decir: de hermanos en lo político. No de papás e infantes seres sin voz propia). Una sociedad en la que el solo hecho de nacer conlleve garantías de acceso suficiente a los recursos básicos para la vida (comida, techo, salud, cultura, etc). ¿Cómo? Estableciendo, democráticamente, mecanismos directos de control colectivo sobre los recursos generados en un determinado territorio por parte de los habitantes de ese territorio. Eso supone decir no, tanto al totalitarismo de estado como al totalitarismo de mercado. Las pistas para aproximarse al edén parecen encontrarse en lo que se denomina economía social y solidaria (cuyo objetivo primero es el beneficio colectivo, no el privado) y en las formas posibles de propiedad cooperativa en red. Hay experiencias históricas (siempre extinguidas a fuerza de cañones): la revolución española del 36, por ejemplo (El corto verano de la anarquía, según Hans Magnus Enzensberger). ​ ​

Mientras el acceso a la vivienda, la salud y educación, la energía, el transporte, la comunicación, la información, etc, estén en manos privadas motivadas por intereses privados (en España se asocian en esa cosa llamada Ibex 35) la democracia no es posible. Lo dijo hasta la jefa de gabinete de Adolfo Suárez, Carmen Díaz de Rivera, durante la Transición: "Mientras el capital no cambie de manos, todo seguirá igual". En resumen: creo que la democracia sigue siendo una aventura aún por emprender.

Viñeta de Máximo San Juan. Cedida por Alberto San Juan.



R La vida solo es posible con el otro. Si dos no follan, nada puede nacer. En sentido literal y simbólico. Cualquier acto creativo, aunque se realice físicamente en soledad, es con los otros. No existe el monólogo puro. Sólo del diálogo puede nacer algo.

P La pregunta final no la puede ya hacer tu padre, aunque sospecho que le gustaría. ¿Cuál fue el gran error de tu vida?

R El gran error de mi vida (repetido una y otra vez, una y otra vez...) es elegir el miedo frente al deseo. Soy extremadamente miedoso y he dejado de vivir cosas muy importantes para mí por no ser capaz de actuar, aún con miedo. Me identifico mucho con los personajes burgueses descritos por Simenon, aquellos que, no atreviéndose a abandonar sus cárceles vitales, acababan cometiendo un asesinato para que todo reventara. No he llegado a tal acción. De momento. ​ ​

El personaje de Anthony Hopkins en Lo que queda del día (The Remains of the Day, James Ivory, 1993), el mayordomo sometido a la estricta jerarquía clasista inglesa que no se atrevía a amar (vivir tendiendo a la plenitud), es para mí un espejo. Mis madrugadas están pobladas de fantasmas y sigo escondiéndome bajo las sábanas. ​ ​

Una última cosa para acabar: gracias. Gracias por traer estos dibujos de mi padre. Todos ellos publicados por el diario El País, empresa a la que dedicó la parte mayor de las horas de su vida. Empresa que, a través de un director de nombre Javier Moreno (dudo que por sí mismo, sin apoyo de algún Cebrián, incluso de algún González) le despidió con crueldad después de 30 años de trabajo continuado, desde los números cero previos a la salida del periódico en el 76, hasta aquel 2006 de euforia neoliberal previa al reventón del 2008. La crueldad: no le explicaron por qué lo echaban y, además, le hicieron salir por la puerta de atrás, sin explicar nada tampoco a los lectores del diario. Moraleja: no pongas nunca nada importante de ti al servicio de una empresa capitalista.

viernes, 31 de julio de 2026

Cuba no se merece esto

Pocas naciones han mostrado una solidaridad internacionalista como la Cuba revolucionaria. En cambio la solidaridad con Cuba siempre ha tropezado con un límite: las amenazas de Estados Unidos cada vez que lo considera conveniente contra cualquiera que no se someta a sus dictados.

La "prioridad nacional" de la potencia del norte pasa por encima de todo. Antes la URSS, ahora Rusia, no son una excepción, y terminan acatando los límites que impone. En la crisis de los misiles de 1962 fueron prudentes ante la amenaza de una posible guerra nuclear. Estados Unidos, jugador fullero, apoya siempre sobre la mesa su pistola atómica amartillada.

Ahora, para evitar una peligrosa escalada, Rusia deja de enviar petróleo a Cuba. Podría proteger sus mercantes con barcos de guerra. ¿Se llegaría a un enfrentamiento naval directo? Y después, ¿qué más?

¿Dónde está el petróleo ruso?, se pregunta un cubano, y se responde:

Rusia dejó de enviar petróleo porque Estados Unidos se lo prohibió al mundo, y Moscú no está dispuesto a desafiar esa prohibición con hechos, solo con palabras.
¿Son aliados estratégicos? En los discursos, sí. En la práctica, cuando las sanciones aprietan, cada uno se rasca con sus propias uñas.
No escribo esto con rabia. Lo escribo con realismo. Porque la Revolución Cubana aprendió hace mucho tiempo que la solidaridad internacional es importante, pero la única garantía de nuestra supervivencia somos nosotros mismos.
Si el petróleo ruso no llega, nos las arreglaremos sin él. Como nos las arreglamos en los 90, cuando la Unión Soviética desapareció de la noche a la mañana y dijeron que Cuba caería en semanas. No caímos entonces. No caeremos ahora.
Porque nuestra fuerza no está en Moscú. Está en nosotros.
Patria o Muerte. Venceremos
28 de julio de 2026

Cita encontrada en arrezafe.

Cuba resistió el "periodo especial". ¿Aguantará ahora? Si los bandidos del norte secuestran a su presidente, ¿impondrán su ley? El ejemplo de Venezuela puede envalentonar al loco de la colina del (asalto al) Capitolio, aunque el de Irán no parece estarle saliendo muy bien. Pero Cuba tiene a sus posibles apoyos mucho más lejos...

La ejemplaridad de Fidel es puesta a prueba, ahora sin Fidel.

Honrémoslo en el centenario de su nacimiento, que conmemora el último número, 271, de Nuestra Bandera:

...una de las aportaciones más sólidas de Fidel es su concepción del antiimperialismo como principio básico de la política revolucionaria. Para él, la defensa de la soberanía de los pueblos era una condición material indispensable de cualquier proyecto socialista. La resistencia frente a la dominación externa, económica, militar y cultural se convirtió en un eje estratégico que trascendió las fronteras de Cuba y se proyectó hacia toda América Latina, África, y luego hacia el resto de lo que hoy se conoce como Sur Global.

 

Cuba contra el 'apartheid', una historia silenciada

22 jul 2026

22 de enero de 1976: El coronel Samuel Chiwale, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de la UNITA, se ríe con algunos de sus soldados cerca de la línea del frente. Gettyimages.ru









En 1948 se instauró oficialmente en Sudáfrica un sistema de segregación racial mediante el cual los habitantes africanos originarios fueron marginados por las leyes impuestas por una minoría blanca descendiente de colonos europeos.

Gracias a su enorme poder represivo, a sus conexiones más o menos disimuladas con países occidentales —que tardaron décadas en adoptar medidas serias contra aquel régimen racista— y a su estrecha alianza con otro 'apartheid', el israelí, las autoridades sudafricanas consiguieron mantenerse durante décadas en el poder pese a la resistencia de la población negra, que constituía la inmensa mayoría del país.

En la década de 1970, Sudáfrica era además una de las mayores potencias militares de la región. No solo imponía la segregación racial dentro de sus fronteras: ocupaba ilegalmente el territorio de la actual Namibia e intervenía contra los movimientos anticolonialistas y de liberación que surgían por toda África austral.

Los soldados de la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA) vigilan atentamente a tres mercenarios capturados. 1/7/1976-Silva Porto, Angola Gettyimages.ru











"La verdadera contribución de Cuba contra el 'apartheid' fue mucho más allá de las fronteras de Sudáfrica", explica el periodista cubano Hedelberto López Blanch, profundo conocedor de aquellos acontecimientos. Pretoria, recuerda, ejercía entonces una enorme influencia militar y política sobre el conjunto de África del Sur y disponía de numerosos aliados y fuerzas subordinadas en toda la región.

Para comprender el papel cubano en esta historia hablamos con López Blanch, a quien agradecemos especialmente el esfuerzo realizado para enviarnos sus respuestas pese a los numerosos obstáculos técnicos y energéticos que afronta actualmente la isla.

Los primeros vínculos con las luchas africanas

La contribución cubana al derrumbe del 'apartheid' comenzó mucho antes de las grandes batallas libradas en Angola. Durante la década de 1960, en paralelo a los primeros años de la Revolución Cubana, numerosos movimientos de liberación tomaron las armas contra las potencias coloniales europeas. Pronto surgió una simpatía mutua que se tradujo en distintos grados de colaboración política, diplomática y militar.

Uno de esos vínculos fue el establecido entre La Habana y el Movimiento Popular para la Liberación de Angola, el MPLA, que luchaba por poner fin al colonialismo portugués.

López Blanch sitúa un momento decisivo en los contactos mantenidos por Ernesto Che Guevara con los movimientos revolucionarios africanos. Fue entonces cuando el Che conoció al dirigente angoleño Agostinho Neto, quien solicitó a Cuba instructores para formar a sus combatientes. "Cuba empezó a entrenar a algunos guerrilleros angoleños en el Congo", relata el periodista. A partir de aquella cooperación inicial fue desarrollándose una relación cada vez más estrecha entre la Revolución Cubana y el MPLA.

Tropas cubanas y angoleñas, miembros del MPLA, se reúnen para una sesión de prácticas con armas en un centro de entrenamiento de San Vicente, cerca de Cabinda (Angola), en 1976. AP












Una década después, los grupos independentistas angoleños de orientación revolucionaria y antiimperialista se encontraban cerca de hacerse con el poder. Aquella posibilidad encendió las alarmas en el Occidente colectivo, que, cuando no podía impedir la desaparición formal de sus colonias, procuraba sustituirlas por independencias tuteladas y gobiernos subordinados a sus intereses.

La Sudáfrica del 'apartheid', por su parte, temía que el ejemplo anticolonial se extendiera por la región y pusiera en peligro su dominio sobre Namibia y su propia estructura segregacionista. Pretoria decidió entonces intervenir directamente en Angola.

Según explica López Blanch, en 1974 el MPLA era ya la fuerza dominante en buena parte del país y controlaba doce provincias. Para impedir que declarara la independencia y asumiera el Gobierno el 11 de noviembre de 1975, las tropas sudafricanas penetraron desde el sur, mientras desde el norte avanzaban fuerzas procedentes de Zaire bajo el mando de Holden Roberto, dirigente del Frente Nacional de Liberación de Angola y aliado de la CIA y de Pretoria.

La Operación Carlota

Fue en ese contexto, con una Angola recién independizada y varias fuerzas disputándose el poder —unas de orientación antiimperialista y otras respaldadas por Estados Unidos, Sudáfrica o ambos—, cuando Cuba puso en marcha la Operación Carlota.

El nombre homenajeaba a una esclava africana que, en el siglo XIX, había encabezado en Cuba una rebelión contra la esclavitud. La denominación resumía el significado político e histórico que La Habana atribuía a su intervención en África.

Durante los años siguientes, y a petición del Gobierno angoleño, decenas de miles de cubanos viajaron al país. Entre ellos hubo militares, pero también médicos, maestros, ingenieros, técnicos y numerosos cooperantes civiles. Ni Pretoria ni Washington estaban dispuestos a aceptar lo que interpretaban como una "cubanización" de África austral. El triunfo y la consolidación del MPLA amenazaban tanto la posición regional del régimen racista sudafricano como los intereses geopolíticos estadounidenses.

1976: Un puente de carretera destruido sobre el río Luchis, volado por la UNITA (Unión Nacional para la Independencia Total de Angola) para frenar el avance de las fuerzas del MPLA, lideradas por Cuba, durante la guerra civil de Angola. Gettyimages.ru













El conflicto fue escalando. Estados Unidos y Sudáfrica respaldaron a grupos armados como la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola, UNITA, que operaba en territorio angoleño. Al mismo tiempo, las fuerzas regulares sudafricanas realizaron constantes incursiones militares dentro del país.

A mediados de la década de 1980, una gran ofensiva de UNITA y del Ejército sudafricano puso a las tropas gubernamentales angoleñas en una situación crítica. Los combates habían destruido o debilitado seriamente varios de sus batallones y amenazaban con provocar una derrota capaz de hacer tambalear al propio Gobierno.

Ante esa situación, recuerda López Blanch, el presidente José Eduardo dos Santos volvió a solicitar ayuda militar a Cuba. La Habana accedió después de estudiar las circunstancias, pero puso una condición: la dirección de las operaciones debía quedar bajo mando cubano.

Cuito Cuanavale, el punto de inflexión

Aquellos acontecimientos culminaron en la batalla de Cuito Cuanavale, considerada el gran punto de inflexión de la guerra de Angola y, de rebote, del dominio regional ejercido por la Sudáfrica del 'apartheid' y sus fuerzas aliadas.

Durante meses se sucedieron los enfrentamientos entre las tropas cubanas y angoleñas, por un lado, y las fuerzas sudafricanas y de UNITA, por otro. Cuba reforzó considerablemente su presencia militar, desplegó aviación y combinó la defensa de Cuito Cuanavale con una ofensiva hacia el suroeste, en dirección a la frontera de Namibia.

"Se realizaron constantes combates entre tropas cubanas, angoleñas y sudafricanas", explica López Blanch. La entrada en acción de los MiG-23 cubanos resultó especialmente importante: "La aviación comenzó a golpear muy fuerte a los sudafricanos", mientras las fuerzas terrestres avanzaban hacia el sur y amenazaban posiciones estratégicas de Pretoria.

1977: Un soldado angoleño se arrastra por debajo de las trincheras de alambre de púas durante un ejercicio de entrenamiento. Gettyimages.ru











Sudáfrica terminó retirándose y dejó a UNITA debilitada y sin capacidad para alcanzar sus objetivos militares. Aquella derrota no significó únicamente el fracaso de una ofensiva en Angola. Supuso también un golpe decisivo para el prestigio, la capacidad de intimidación y la hegemonía regional del régimen del 'apartheid'.

El precio humano fue enorme. Los cerca de quince años de participación cubana en el conflicto dejaron miles de muertos, entre ellos más de 2.000 cubanos y cubanas fallecidos durante la misión internacionalista.

Sus nombres están inscritos en el memorial de Freedom Park, en Pretoria, donde se reconoce y conmemora la aportación de Cuba a la lucha contra el régimen racista que oprimió durante décadas al país más austral del continente africano.

La independencia de Namibia y el debilitamiento del 'apartheid'

Tras los combates en Angola, Sudáfrica quedó militar y diplomáticamente debilitada. Su política de segregación racial y sus intervenciones en los países vecinos habían generado un creciente aislamiento internacional, pero fueron las derrotas sobre el terreno las que alteraron de manera definitiva la correlación de fuerzas regional.

"Aquellos golpes cambiaron el curso de la historia", sostiene López Blanch. La nueva situación permitió avanzar en la aplicación de la Resolución 435 de Naciones Unidas, que establecía el proceso para la independencia de Namibia, territorio ocupado ilegalmente por Sudáfrica desde hacía décadas.

Los acuerdos posteriores condujeron a la retirada de las tropas cubanas de Angola, pero también a la salida sudafricana de Namibia y a la independencia del país en 1990. Poco después, el propio régimen del 'apartheid' comenzó a desmantelarse dentro de Sudáfrica.

Por supuesto, el sacrificio cubano ha sido sistemáticamente ninguneado, minimizado o borrado del relato difundido por la prensa hegemónica y las jerarquías políticas del Norte Global.

En esas versiones edulcoradas de la historia, el régimen racista parece haberse derrumbado casi mágicamente gracias a la resistencia pacífica, los conciertos benéficos y las declaraciones indignadas de dirigentes occidentales. Cuando se menciona la presencia cubana, suele reducirse a La Habana al papel de simple peón soviético dentro de la Guerra Fría.

López Blanch rechaza esa interpretación. A su juicio, la idea de que la intervención cubana en Angola obedeció a una orden de Moscú se desmorona al estudiar la propia historia de Cuba y su profundo vínculo con África. Durante el periodo colonial, recuerda, más de un millón de africanos fueron trasladados por la fuerza a la isla como esclavos. Muchos de ellos y de sus descendientes combatieron posteriormente junto a los independentistas cubanos contra el dominio español. "Ese es un legado que dejaron los africanos que llegaron a Cuba, lucharon junto a los mambises y contribuyeron a forjar la cultura cubana", señala.

Una deuda histórica con África

La intervención cubana no se presentó, por tanto, como una conquista ni como una operación destinada a obtener territorios, recursos naturales o privilegios económicos. Fue concebida oficialmente como un deber internacionalista y como la devolución de una deuda histórica.

López Blanch recuerda una reflexión realizada por Fidel Castro durante una visita a Panamá en 1998. Cuba, explicó entonces el dirigente revolucionario, estaba pagando la deuda contraída con África: los hijos de aquel continente habían sido llevados por la fuerza a la isla y habían contribuido decisivamente a construir su cultura y conquistar su independencia.

Nelson Mandela nunca olvidó quiénes habían estado junto al pueblo sudafricano cuando las grandes potencias occidentales todavía colaboraban con el 'apartheid'

Por eso, sostiene el periodista, no puede comprenderse la presencia cubana en Angola sin atender a ese vínculo histórico. "Eso explica por qué Cuba fue a África, por qué Cuba fue a Angola y por qué viajaron allí decenas de miles de soldados, además de muchos otros colaboradores de la medicina, la ingeniería y diferentes sectores civiles", afirma.

Fue una historia de solidaridad y sacrificio que, pese a los intentos de distorsionarla o reescribirla, siempre tuvo perfectamente clara el protagonista más reconocido de la lucha contra el 'apartheid'.

Nelson Mandela nunca olvidó quiénes habían estado junto al pueblo sudafricano cuando las grandes potencias occidentales todavía comerciaban, colaboraban o contemporizaban con el régimen racista. Por eso, cuando recuperó la libertad, Cuba fue el primer país que visitó fuera de África. Una historia que no puede ni debe olvidarse jamás.

lunes, 27 de julio de 2026

Glorias balompédicas

El patrioterismo habitual aquí, allá y acullá bautizó una plaza de Barcelona como  "Plaça de les Glòries Catalanes". El gran urbanista Ildefons Cerdà, en su Plan de Ensanche de 1859, la concibió como el gran centro de la ciudad en que confluyen sus tres principales avenidas: la Diagonal, la Gran Vía y la Meridiana. Fue Víctor Balaguer, impulsor de la Renaixença, quien sugirió el nombre, aunque hoy se prefiere llamarla simplemente "Las Glorias".

Las tales Glorias eran las campañas militares de los mercenarios conocidos como almogávares, que en los siglos XIII y XIV sembraron muerte y destrucción por el Mediterráneo.

En los tebeos que me encantaban de niño, editados casi todos en Barcelona, se mencionaba una "Avenida de las Glorias Balompédicas". Mucho después entendí la irónica burla ante el encuentro de tres orgullos, en boga entonces y ahora: el españolismo franquista, el catalanismo visceral y el fanatismo futbolero.

Ahora, ya sin ironía, vuelven las glorias balompédicas y sus interpretaciones políticas.

La corrupción imperante en el fútbol tiene notables implicaciones políticas. Su importancia económica atrae a grandes empresarios que mezclan sus negocios con las hazañas deportivas, aprovechando la pasión deportiva con que el pueblo sustituye simbólicamente sus frustraciones.

Corrupción que ha demostrado sin pudor la FIFA en el pasado campeonato mundial, con vergonzosas sumisiones y peloteo (sin balón) al absurdo presidente de Estados Unidos. Pero no es cosa de ahora.

¿Por qué lucen las camisetas anuncios de países petroleros del Golfo? ¿Por qué se eligió Qatar para celebrar el campeonato anterior? ¿Y qué hay de aquella supercopa en Arabia Saudí?

Sobre esto ha escrito André Abeledo al menos dos artículos.

No sabía de su trayectoria periodística, aunque sí de su militancia política. Miembro del Partido Comunista de Galicia (PCG), ha ejercido como concejal por Esquerda Unida (IU) en el Ayuntamiento de Narón. Desarrolla también actividad sindical en la Confederación Intersindical Galega (CIG).

Como articulista colabora en medios de comunicación de izquierda y alternativos, como Diario Octubre, Rebelión, Kaos en la red, Galicia Press o Mundo Obrero, escribiendo análisis políticos y artículos de opinión sobre derechos laborales y crítica social.

El artículo de ahora mismo rememora algo histórico: la vergonzosa victoria, sancionada por la FILFA sin equipo contrario, en el Chile de 1973, ante la digna incomparecencia del equipo soviético a un campo recién manchado de sangre.

El otro artículo, de 2022, denunciaba el vil mercadeo con se que organizaron el mundial en Qatar y la Supercopa de Arabia Saudí. No olvidemos que la construcción de sus estadios costó muchas vidas de trabajadores.

***

El gol contra nadie: la vergüenza de Pinochet y la complicidad de la FIFA

André Abeledo
19/07/2026




















Hay partidos que se recuerdan por una remontada imposible, por un gol en el último minuto o por la grandeza de sus protagonistas. Y luego está el 21 de noviembre de 1973, el día en que el fútbol dejó de ser deporte para convertirse en propaganda de una dictadura.

Aquella tarde no se disputó un partido.

Se representó una farsa.

Una de las mayores vergüenzas de la historia del fútbol.

Dos meses antes, el 11 de septiembre de 1973, el golpe de Estado encabezado por Augusto Pinochet había derrocado al Gobierno democrático de Salvador Allende. Desde ese momento, el Estadio Nacional de Santiago dejó de ser un recinto deportivo para convertirse en uno de los mayores centros de detención, tortura y represión del régimen.

Miles de hombres y mujeres fueron encerrados entre aquellas gradas. Muchos fueron torturados. Otros nunca regresaron a sus casas.

Ese era el escenario elegido para disputar el partido de vuelta de la repesca entre Chile y la Unión Soviética para clasificarse para el Mundial de 1974.

La Unión Soviética tomó una decisión que honra la historia del deporte.

Se negó a jugar en un estadio convertido en un centro de tortura.

No rechazó enfrentarse a Chile. No renunció a competir. Lo único que pidió fue disputar el encuentro en un campo neutral, lejos de un lugar que se había transformado en símbolo del terror.

Era una petición de puro sentido común.

Porque el fútbol no podía jugarse sobre el sufrimiento de miles de personas.

Porque ningún gol podía celebrarse en un estadio donde todavía resonaban los gritos de los torturados.

Porque hay momentos en los que la dignidad debe estar por encima del resultado deportivo.

Sin embargo, la Junta Militar de Pinochet se negó rotundamente. Necesitaba convertir aquel partido en una demostración de falsa normalidad, como si el mundo pudiera olvidar lo que estaba ocurriendo en Chile simplemente porque rodara un balón sobre el césped.

Y entonces apareció la FIFA.

En lugar de defender los valores que dice representar, eligió ponerse del lado del poder.

Envió una comisión para inspeccionar el estadio. Antes de su llegada, las instalaciones fueron maquilladas, se ocultaron pruebas y se trasladó a numerosos detenidos para ofrecer una imagen de aparente normalidad.

La FIFA aceptó aquella representación.

Prefirió no ver.

Prefirió no preguntar.

Prefirió no incomodar a una dictadura.

Con su decisión, legitimó uno de los episodios más vergonzosos de la historia del deporte.

El 21 de noviembre de 1973, más de diecisiete mil espectadores acudieron al Estadio Nacional.

Solo había un equipo.

El árbitro señaló el inicio.

Chile sacó de centro.

Los jugadores avanzaron sin oposición.

Francisco «Chamaco» Valdés empujó el balón a una portería vacía.

Gol.

Un gol sin rival.

Un gol sin partido.

Un gol contra nadie.

La FIFA registró oficialmente una victoria chilena por 2-0 por incomparecencia de la Unión Soviética.

Pero la verdadera derrota fue la del propio fútbol.

Porque aquel día no venció Chile.

Venció la propaganda de la dictadura.

Y la FIFA colaboró para hacerla posible.

La negativa de la Unión Soviética permanece como uno de esos escasos momentos en los que el deporte fue capaz de anteponer la dignidad a la competición.

Se puede discrepar de muchas decisiones políticas de cualquier Estado. La historia de todos los países está llena de luces y sombras. Pero en aquel episodio concreto, la postura soviética fue la única compatible con el respeto a las víctimas.

No se podía jugar donde se torturaba.

No se podía convertir un centro de detención en el escenario de una fiesta deportiva.

No se podía fingir que no pasaba nada.

La FIFA, sin embargo, decidió hacerlo.

Décadas después sigue hablando de derechos humanos, de respeto y de los valores universales del deporte. Pero cuando la historia la juzga, el Estadio Nacional de Santiago permanece como una prueba irrefutable de que, demasiado a menudo, ha preferido proteger intereses políticos y económicos antes que defender la dignidad humana.

Diego Armando Maradona dijo una vez que «la pelota no se mancha».

Era una hermosa declaración de principios.

Pero el 21 de noviembre de 1973 fueron quienes dirigían el fútbol mundial quienes intentaron mancharla.

No con barro.

Ni con césped.

Sino utilizándola para blanquear una dictadura que seguía encarcelando y torturando a su propio pueblo.

Aquel gol nunca debió existir.

Porque no fue un gol contra una portería vacía.

Fue un gol marcado sobre la memoria de miles de víctimas.

Y esa es una vergüenza que ni el tiempo ni los libros de estadísticas podrán borrar jamás.

***

Fútbol profesional, fútbol podrido

Se han cargado el fútbol, convirtiendo un juego, un deporte, en un simple, vulgar y sucio negocio.

André Abeledo
18/01/2022



El fútbol es el juego de la clase trabajadora y también era el juego de todos, desde el barrio más humilde hasta los pueblos, pasando por los cerros y las favelas, el fútbol es para muchos casi una religión, una forma de vivir y hasta de sentir.

Con la supercopa en Arabia Saudí y el mundial en Qatar, el fútbol profesional da un paso más hacia la vergüenza, deja de ser definitivamente un deporte y también se intenta robar el juego al pueblo para ponerlo al servicio de sátrapas y multimillonarios sin escrúpulos.

Maradona es para mí y para muchos el futbolista más grande de la historia, el mago del balón, la mano de Dios. Dijo que «la pelota no se mancha» y tenía razón: la pelota seguirá siendo de todas y todos.

Maradona era el hijo de un barrio pobre con pocos estudios y a pesar de todo el fútbol lo convirtió en leyenda.

“Un villero con mucha guita pero con conciencia de clase. Un Dios errante, sucio y pecador. El más humano de los dioses.” Así lo describe Eduardo Galeano.

Maradona o Garrincha, dioses caídos, ídolos del pueblo, hijos de barrios pobres, a pesar de los errores que pudieran haber cometido en su vida personal eran fútbol y magia en estado puro.

Maradona ya dijo aquello: «Me arrepiento del 99% de las cosas que hice en la vida. Sin embargo, el otro 1% (que es el fútbol) compensa todo lo demás».

Pero el fútbol profesional se está hundiendo en la mierda con las vergonzosas decisiones de sus impresentables dirigentes.

Jugar la supercopa en una dictadura brutal y genocida como la de Arabia Saudí o el mundial en Qatar, sobre los cadáveres de las trabajadoras y los trabajadores mientras construían los estadios de fútbol en condiciones infrahumanas, es la demostración de la degradación del fútbol profesional y de la degeneración de sus dirigentes.

sábado, 25 de julio de 2026

Esto es lo que les importa

Olas y mareas hacen que una franja de costa permanezca alternativamente sumergida o en seco. Es lo que se conoce como zona marítimo terrestre. La delimita el alcance de la máxima pleamar en las mareas vivas equinocciales, pero también lo alcanzado por las olas en los mayores temporales. Naturalmente, carece de sentido que en ella pueda establecerse cualquier tipo de propiedad privada. Por eso importa mucho deslindar su frontera superior.

A partir de ella el terreno permanentemente seco puede albergar propiedades con usos diversos, entre ellos, el urbanístico. Desde aquí se establece una franja de seis metros, que aunque pueda ser privada está sometida a servidumbre, destinada a salvamento y vigilancia del litoral. Se debe garantizar el acceso público para tales fines.

En la práctica la propiedad deja de ser privada en la superficie de este suelo, pero la jurisprudencia ha determinado, con cierta lógica, que a partir de cierta altura sobre ella la existencia de volúmenes construidos no dificulta los usos que justifican la servidumbre.

Conozco bien el tema, porque en dos edificios de la primera línea costera en cuyo diseño y construcción participé se planteó la cuestión. En el primero de ellos se discutía si unos pilares situados en la zona dificultaban los usos salvíficos que justifican la servidumbre. Aunque se estableció que no estorbaban, en el segundo, donde precisamente vivo ahora mismo, no situamos pilares en ella, sino un vuelo considerable, desde dos plantas más arriba; vuelo que era prohibitivo que llegara a los seis metros ganados en el caso anterior, pero preferimos no meternos en posibles conflictos judiciales...

Valgan estos ejemplos para ver que cada metro cúbico construido es un beneficio cuantificable para la industria de la construcción. Por eso importa la correcta delimitación de la zona, que también afecta a usos industriales diversos.

La evidente alteración del clima, que algunos recalcitrantes se niegan a reconocer, ha producido dramáticas inundaciones fluviales, pero también un paulatino retroceso de la línea de costa y un recrudecimiento de los temporales. Hay edificios costeros muy amenazados, y algunos destruidos, por el socavamiento de sus cimentaciones. Por eso es prudente revisar cómo definir "el alcance de las olas en los mayores temporales". Y es lo que propone ahora el Ministerio de Transición Ecológica.

La Xunta de Galicia, no sé muy bien si para defender el derecho de los propietarios o para atacar al Gobierno, toca a rebato contra la modificación propuesta, agitando a los ayuntamientos e industrias a que pudiera afectar:

Según la Xunta, esta modificación generaría una situación de "inseguridad permanente", ya que futuras actualizaciones de los modelos o de las series de datos podrían justificar revisiones continuas de los deslindes.

¿A qué inseguridad se refiere el gobierno gallego? La inseguridad que obliga a actualizar modelos y bases de datos es una inseguridad física real, a la que habrá que hacer frente. Pues bien, para este gobierno es prioritaria la seguridad administrativa. Se prioriza el derecho privado a la propiedad cuando se enfrenta al derecho universal a la vida.

Construir en zonas peligrosas lleva a desastres como el ya no tan reciente y cada vez más olvidado vivido en Valencia. ¿Qué es entonces lo que más importa?

Este conflicto de intereses no es algo nuevo. Recordemos lo que algunos consideran prioritario, ahora que se antepone la "prioridad nacional" a los derechos humanos. Mucho pesan poderosas prioridades particulares, como la del lema de la monarquía británica:

Dieu et Mon Droit


La Xunta moviliza a concellos y al sector del mar contra el nuevo deslinde de Costas

Oskar Viéitez
23 de julio 2026

Autovía de Marín inundada / EFE/ Sxenick











La Xunta denuncia un nuevo intento del Gobierno de ampliar los deslindes de Costas y alerta del impacto en el litoral gallego

La Xunta de Galicia ha cargado contra la propuesta del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico de modificar los criterios para fijar la línea de deslinde del dominio público marítimo-terrestre (DPMT), al considerar que supondría un cambio encubierto de la legislación de Costas y podría afectar a numerosos núcleos costeros de la comunidad.

El Ejecutivo autonómico sostiene que la reforma, incluida en el proyecto de real decreto sobre la gestión de los riesgos de inundación, introduciría un nuevo sistema para determinar el alcance del mar. 

Frente al criterio actual, que exige que el agua alcance una determinada cota al menos cinco veces en un período de cinco años, el Ministerio plantea tomar como referencia el registro de una única máxima ola en un momento concreto.

Según la Xunta, esta modificación generaría una situación de "inseguridad permanente", ya que futuras actualizaciones de los modelos o de las series de datos podrían justificar revisiones continuas de los deslindes.

En la práctica, advierte de que más terrenos podrían pasar a formar parte del dominio público marítimo-terrestre, con las restricciones que ello implica para usos residenciales, turísticos e industriales.

(...)

viernes, 17 de julio de 2026

Cartas marcadas: los Cuatro Reyes de la Baraja

Si tu padre quiere un Rey
la baraja tiene cuatro:
Rey de Oros, Rey de Copas
Rey de Espadas, Rey de Bastos

La actual Constitución Española establece la muy discutible y discutida inviolabilidad del monarca. De la idea original de que, puesto que no gobierna, no debe ser responsable de actos carentes de validez si no los refrenda el Presidente del Gobierno, se ha pasado a la absoluta impunidad.

Pero no fue solo la institución monárquica la que quedó atada y bien atada.

La alabada Transición dejó intactos los poderes heredados del franquismo, empezando por el económico que medró con Franco, fruto con frecuencia de su corrupta dictadura.

La Ley de Amnistía, pregonada como la reconciliación definitiva entre los españoles, tenía por coartada la libertad de los presos políticos, aunque nunca sirvió para anular sus juicios. Sirvió ante todo para impedir cualquier investigación sobre aquel régimen criminal. Nunca se depuraron los cuerpos de seguridad del Estado, ni las fuerzas armadas, ni la judicatura.

Todas estas instituciones siguieron  en las mismas manos. Su paulatina renovación no supuso cambios de calado, porque los hijos y nietos de franquistas siguieron siendo mayoría. Poco atractivas resultaban para otros que no compartieran la ideología predominante en ellas. Y así hasta hoy.

El bipartidismo consolidó esta situación, con un Partido Socialista convertido en una de las dos hercúleas columnas que flanquean la monarquía. Llegados a este punto, quienes han controlado el país durante mas de ochenta años lo consideran de su propiedad. No ha lugar para advenedizos.

Los que patrimonializan el poder hablan de "okupas" para referirse a la izquierda que administra varios ministerios con mejor o peor fortuna, siempre sometidos a las limitaciones que impone la correlación de fuerzas parlamentarias.

Pero hay cuatro ministerios que, en la situación difícilmente reversible en que nos hallamos, nunca podrán estar en manos de la izquierda.

Son estos los Cuatro Reyes de la Baraja a que me refiero.

El Rey de Oros es el Ministerio del Interior. Policía, Guardia Civli y Servicios de Información mantienen un control férreo para que nadie se mueva más allá de lo conveniente, con los sesgos que proporciona la ideología, llamémosla "conservadora" de sus miembros.

Voy a adjudicar el Rey de Copas al Ministerio de Asuntos Exteriores. Me lo sugiere la facilidad para el copeo que da la diplomacia, con sus saraos y reuniones galantes. Lo someten las instituciones internacionales que nos embridan, como la OTAN y la Unión Europea, y la sombra omnipresente del "amigo americano", hoy más amenazadora que nunca.

El Rey de Espadas es, naturalmente, el Ministerio de Defensa. En última instancia es la Fuerza en estado puro, sometida aquí a la fuerza mayor que impone la inmersión total en la Alianza Atlántica.

¿Y cuál puede ser entonces el Rey  de Bastos?

Entiendo que tal es el Ministerio de Justicia. El mazo inapelable de los jueces es el garrote que reparte leña según y cómo, según a quién, y no hace falta decir nombres ni casos.

No todos los miembros incrustados en estas realezas están cortados por el mismo patrón. Pero en los puestos clave se sitúan los más eficaces para esta estructura de poder, sobre la que flota el Poder Económico, local y global, y su capacidad corruptora.

El juego de la política se juega en este país, como también en otros, con cartas marcadas.

lunes, 6 de julio de 2026

Archivo del Cante Flamenco

Este año habría cumplido cien el escritor José Manuel Caballero Bonald, fallecido hace cinco. A una importante obra literaria, y también dentro de ella, se une su labor por la conservación y dignificación del arte flamenco, no solo en su obra escrita, sino también en la tarea discográfica.

En esta faceta fue clave la edición de su Archivo del Cante Flamenco, publicado en 1968. Es una importantísima antología, una selección de lo que su buen juicio consideró joyas dignas de pasar a la posteridad. Magníficamente clasificados, los diversos cantes, en versiones antológicas, forman un cánon muy difícil de mejorar.

Seleccionando entre lo selecto, Nuestro Flamenco dedicó la pasada semana un programa a este completo archivo. Por su calidad indiscutible, y por pertenecer estas versiones a la que a mi juicio es una época dorada del cante, dejo aquí el enlace a estos cantes, con un minutado para aficionados perezosos o inquietos, aunque recomiendo encarecidamente los comentarios de José María Velázquez-Gaztelu:

04:18, Tomás Torre, seguiriyas de su tío abuelo Manuel Torre

13:38, Manolito de María, soleares de Joaquín el de la Paula

21:12, Fernanda de Utrera, soleares

30:56, Joselero de Morón, tangos

37:22, Manolito de María, bulerías

41:29, Antonio Mairena, seguiriyas

TVE incluyó al escritor jerezano entre sus Imprescindibles.

viernes, 3 de julio de 2026

Los partidos que frenan la acción climática en España

Este verano está siendo el más cálido de los últimos años, pero puede ser el más fresco de los que vendrán. Ante este incómodo presagio preferimos no plantearnos soluciones drásticas, austeras y necesariamente decrecentistas. Son inaceptables para los dueños del capital, pero malamente aceptables para los que no queremos renunciar a un modo de vida insostenible... y crecientemente sofocante.

«Los partidos políticos, conductores ideológicos de la opinión pública que obstaculizan y retrasan la acción climática en España». El título resume las conclusiones de un estudio publicado en la Revista de Estudios y Ciencias Medioambientales.

Hay una correlación interesante entre la adscripción política e ideológica y el negacionismo en cualquiera de sus facetas. Cuanto más a la derecha se sitúa alguien políticamente más fácilmente practica el negacionismo absoluto, que va descendiendo al movernos hacia la izquierda. Pero incluso entre la izquierda radical abundan los que defienden paños calientes (en este caso paños refrescantes) de carácter más o menos "verde" (green washing) para no renunciar a sus comodidades presentes, que no futuras.

Calentamiento global

El comentario que sigue, del experto en ecologismo y cambio climático Fernando Valladares, lo recoge Jorge Riechman en su blog:

Sobre las raíces ideológicas que frenan la acción climática en España

Fernando Valladares:

«Existe cierto pudor a entrar en temas políticos desde el ámbito científico. Sin embargo, corren tiempos urgentes con un cambio climático que en tan sólo cinco días de la última ola de calor ha matado a más de 300 españoles y a más de 1200 franceses.

Un equipo de investigadores [de GHECO] liderado por Carolina Yacamán Ochoa, de la Universidad Autónoma de Madrid, ha puesto al descubierto las raíces ideológicas que frenan la acción climática en España en un trabajo publicado en la revista científica Journal of Environmental Studies and Sciences. Combinó una encuesta nacional a 1003 ciudadanos residentes con derecho a voto con un análisis cualitativo de los programas electorales de 2023.

El diagnóstico es contundente porque demuestra que la polarización política ha convertido la emergencia climática en un campo de batalla donde la ideología pesa más que el consenso científico de más del 99%. Mientras que casi la totalidad de los votantes de Sumar y el PSOE reconocen la gravedad de la crisis, sólo el 31% de los simpatizantes de Vox la considera una emergencia real frente al 58% que cree que el problema ha sido exagerado.

El estudio disecciona cómo Vox despliega una estrategia de obstrucción primaria al rechazar tratados internacionales y presentar la regulación ambiental como una amenaza a la soberanía nacional y al orden social tradicional. Por su parte el Partido Popular opta por un modelo de retardo basado en la gestión administrativa y la innovación tecnológica sin establecer metas de reducción de emisiones vinculantes.

Incluso en el espectro de la izquierda, el PSOE y Sumar se mantienen anclados en un paradigma de crecimiento verde y soluciones tecnocráticas que evitan abordar la necesidad de reducir el consumo de energía y materiales. Los datos revelan una contradicción social explosiva puesto que el 70,5% de los españoles reconoce que será difícil abandonar su actual nivel de vida para proteger el entorno.

Los autores concluyen que el retraso climático no es una simple cuestión de ignorancia sino una característica estructural de la democracia capitalista que prioriza el beneficio individual y el crecimiento perpetuo. Este entramado de intereses se apoya en un optimismo tecnológico ciego que sirve para posponer reformas radicales bajo la promesa de innovaciones futuras que nunca llegan a compensar el impacto ecológico.

La consecuencia directa de esta parálisis política es una degradación institucional que incrementa la vulnerabilidad ante desastres tal como quedó demostrado con la falta de prevención en las inundaciones mortales de la DANA 2024 y como ahora lo muestra la extraordinaria ola de calor. En definitiva, la transición ecológica solo será posible si se neutralizan las acciones políticas obstructivistas o retardistas y se transforman radicalmente las estructuras de poder que hoy sostienen el extractivismo y la dependencia de los combustibles fósiles.»