viernes, 13 de marzo de 2026

El peligro de aliarse según con quién.

(¡Que se lo cuenten ahora a las petromonarquías!)

El menosprecio que tienen los Estados Unidos con sus vasallos aliados ha sido a veces respetuoso con las formas, pero con manifestaciones más o menos sutiles. Acabo de enterarme de que en tiempos enviaron como embajador al diseñador de los interiores de la casa de Michelle Obama, primera dama norteamericana. Para tratar con súbditos no hacían falta grandes dotes diplomáticas.

Corregido y aumentado, ahora Trump manda a su primera dama a las Naciones Unidas. Casi doscientos países despreciados de una tacada.

No tuvieron reparos para deshacerse de Sadam Hussein o Gadafi, y ahora de Maduro, en cuanto les tocaron... los petrodólares. En cambio respetan a Corea del Norte, porque tiene... armas nucleares.

Las armas nucleares son una salvaguarda poderosa. Por eso Francia se las procuró pronto. No hablo ya de Inglaterra, que es su alma gemela. Parece que Carrero Blanco soñó con poseerlas, y el ya retirado De Gaulle le insinuó que no le parecía mal. ¡Cómo se sinceran algunos exmandatarios cuando dejan sus cargos!

Pero llegó la noticia a oídos de Kissinger y se personó en España para disuadir a Carrero. Se cree que la discusión fue acalorada. Al día siguiente, coincidiendo con el Proceso 1001, el alto representante volaba a un largo safari africano, y casi simultáneamente Carrero volaba a la eternidad. Curiosamente a unos metros de la embajada norteamericana, que no se había enterado de nada.

Desde luego, fue ETA. Imposible saber con qué apoyos contó y si EE.UU. colaboró, siquiera por omisión... ¿Podemos pensar que si el vicepresidente hubiera satisfecho los deseos del país amigo la Operación Ogro habría sido abortada?

Ahora un presidente bocachancla no necesita usar un lenguaje diplomático para disimular nada, pero incluso sin la incontinencia trumpiana todos sabemos, como nos recuerda este artículo aparecido en Mundo Obrero, que:

LAS INJERENCIAS EN LA POLÍTICA INTERIOR Y EXTERIOR ESPAÑOLAS FUERON Y SON EVIDENTES

USA impone a España relaciones tóxicas

Washington impone a Madrid una hostilidad obligada en sus relaciones con China y con la Federación Rusa que choca con los intereses mayoritarios del pueblo español.

03/01/2026

Franco recibe al presidente Dwight D. Eisenhower | US National Archives / Dominio público

Las alianzas de la oligarquía americano-anglosajona con las sumisas élites españolas determinaron la penetración del capitalismo estadounidense en España en el primer tercio del siglo XX, inicialmente desde las telecomunicaciones, entonces en auge. Cuando España se propone en 1931, mediante una república democrática, acabar con el atraso secular impuesto históricamente por las derechas y el clero, y emprender una modernización para nivelarse con los Estados de su entorno europeo, las fuerzas reaccionarias locales se plantean descabalgar militarmente la Segunda República desatando la guerra civil.

Durante su atribulado curso, no le faltan en ningún momento a las fuerzas franquistas el petróleo estadounidense, ni la aviación fascista italiana ni la Legión Cóndor de la Luftwaffe nazi, ni los bastimentos y alimentos portugueses, mientras Inglaterra y Francia se lavan las manos y se atienen a una cómoda no Intervención. Solo México y la Unión Soviética ayudarán a la República Española. También, la memoria de los españoles no olvida a los combatientes estadounidenses que participaron heroicamente en las Brigadas Internacionales contra el fascismo, muestra de la sintonía entre sendos pueblos, tan contravenida por las élites de aquel país.

Estados Unidos codicia a toda costa la posición geoestratégica de España. El abrazo de Eisenhower a Franco en 1959, a cambio de bases militares, prorrogaría el régimen fascista 16 años más.

Una apetitosa posición geoestratégica

Inglaterra, a partir entonces, no puede mantener su influencia ni su hegemonía sobre sectores de la economía y la política interior y exterior española. Su designio pasará a ser aplicado por Estados Unidos, que, pese a las sintonías militares e ideológicas probadas de Franco con Adolf Hitler y Benito Mussolini, codicia a toda costa la posición geoestratégica de España en el extremo occidental de Europa; reclama pues a Franco y obtiene de él importantes bases militares estadounidenses en territorio español —Rota, Torrejón de Ardoz y Zaragoza entonces, hoy Morón de la Frontera y Rota— y el presidente estadounidense Dwight Ike Eisenhower no tiene reparo en abrazar al dictador Francisco Franco en la madrileña plaza de Callao en diciembre de 1959. Aquel abrazo prorrogaría su régimen fascista 16 años más.

Se establece un Tratado bilateral considerado ominoso para los intereses de España, con decenas de cláusulas secretas: España se abre a la penetración del capitalismo estadounidense en todos los registros de su política, su economía y su cultura, influjo que no cesará hasta nuestros días. La Casa Blanca consigue integrar al franquismo en la llamada Coalición de la Guerra Fría (1), ideada por Washington como herramienta estratégica anticomunista para enfrentarse en Europa al creciente ascendiente de la Unión Soviética, vencedora en el Viejo Continente de la Segunda Guerra Mundial contra el nazifascismo, señaladamente en su área oriental, con importante influjo ideológico en el área occidental, España incluida.

Para atajar tal influencia, manifiesta en el antifranquismo rampante del movimiento obrero y estudiantil en España, el nivel de injerencia estadounidense en la política española no dejará de incrementarse tóxicamente. El número de individuos en nómina de la CIA en España escalará a partir de entonces hasta cotas de varias decenas de miles de agentes, confidentes e informadores (2). El nexo entre los tecnócratas del Opus Dei, en el poder en Madrid, y las autoridades de Washington será muy estrecho. En el plano castrense, comienzan los programas de adiestramiento de oficiales españoles en Estados Unidos, mientras los servicios de información y cargos del Alto Estado Mayor del régimen franquista reciben sobresueldos por informar a Washington de la situación interior en España. En el reparto de tareas de la Coalición de la Guerra Fría a escala militar, a España solo le corresponderá la cosecha de componentes secundarios para los submarinos nucleares estadounidenses.

Así pues, nada de armas atómicas aquí, si bien Inglaterra y Francia ya cuentan con ellas. Empero, un choque en vuelo durante el aprovisionamiento de un bombardero B-52 norteamericano, por un avión cisterna o nodriza, K-135, también norteamericano, en enero de 1966, arroja cuatro bombas termonucleares B28 sobre la costa mediterránea de la provincia andaluza de Almería.

Luis Carrero Blanco, almirante, vicepresidente del Gobierno y mano derecha de Franco, idea un proyecto, denominado Islero (3), para proporcionar a Franco un arma atómica: utiliza como pantalla para la experimentación una Oficina de Óptica regida por la Marina y cuenta con un polígono de pruebas en un área desértica de la provincia de Soria. En 1969, recibirá de Charles De Gaulle, ex presidente de la República francesa, de visita privada a España, la aquiescencia francesa para que España se dote del arma atómica. “Si la tiene Inglaterra, ¿por qué no podéis tenerla vosotros?” sugiere a Franco en presencia de Carrero.

Pero, al enterarse Henry Kissinger de los planes de Carrero Blanco, ya entonces presidente del Gobierno, el todopoderosos factor de la política exterior de los Estados Unidos de América se presenta en Madrid y mantiene con él una discusión al respecto —al parecer acalorada—: es el 19 de diciembre de 1973. Al día siguiente, 20 de diciembre, juzgarán en el Tribunal de Orden Público de Madrid a Marcelino Camacho, Nicolás Sartorius, Eduardo Saborido, Juan Muñoz Zapico, Paco García Salve, Fernando Soto, Francisco Acosta, Miguel Ángel Zamora, Luis Fernández Costilla y Pedro Santiesteban,… dirigentes sindicales comunistas de las clandestinas Comisiones Obreras, detenidos en 1972 y ya presos, sobre los que pesaban condenas que sumaban 160 años de prisión, hasta los 20 años para Camacho y 19 para Sartorius, entre otras condenas, por su actividad a favor de la libertad sindical y los derechos laborales y de huelga.

Hipótesis fundada sobre el asesinato de Carrero

El régimen franquista percibe su propia consunción. Poco después de iniciarse el juicio aquella mañana, Carrero Blanco sale de misa de 9, en un Dodge Dart negro de 1.800 kilos, en la iglesia de los Jesuitas de Serrano, para dirigirse a ver cómo ha quedado una estatua ecuestre de Francisco Franco que ha encargado al escultor Juan de Ávalos para instalarla en el Palacio Real de Madrid. Al atravesar la calle de Claudio Coello, a la altura de su número 104, recibe el impacto de una potente carga explosiva ubicada en un túnel perforado por un comando de ETA en el subsuelo por donde cruzaban metódicamente el almirante y su escolta cada día. El túnel se hallaba situado a unos 130 pasos en línea recta de la sede de la Embajada estadounidense en Madrid: el vehículo del presidente del Gobierno vuela más de 25 metros con Carrero y sus acompañantes dentro, cae estruendosamente sobre un patio interior del edificio jesuítico y mueren también, aplastados por la explosión y la caída, un policía y su chófer. Henry Kissinger había abandonado España apenas unas horas antes, en dirección hacia un safari en África central, donde permanecerá un mes largo…

¿Qué hipótesis política o geopolítica cabe formular ante este magnicidio? Varias. Una de las más consistentes se expone aquí. Su ejecución material, está fuera de duda, fue obra de un comando de la organización armada vasca ETA, que inicialmente había ideado un secuestro de Carrero y su canje por decenas de presos de ETA. Sin embargo, al conocer la muerte del dirigente independentista vasco Eustaquio Mendizábal, alias Txikia, la organización vasca decide el asesinato magnicida.

Para los poderes fácticos mundiales, lo que está en cuestión, entonces, es el trasunto político y geopolítico del posfranquismo, habida cuenta de la ya muy quebradiza salud de Franco, y su muerte ya en ciernes, pues cuenta entonces con 81 años. Carrero Blanco, franquista fundamentalista, con fuertes vínculos con los tecnócratas del Opus Dei, señaladamente Laureano López Rodó y Gregorio López Bravo, y pretendidamente mentor de Juan Carlos de Borbón, aún Príncipe de Asturias, se configura como titular del futuro franquismo sin Franco. Él va a ser el heredero continuista del franquismo. Pero carece del ascendiente del dictador en las Fuerzas Armadas y de su inexplicable pero cierto carisma.

Ergo, los intereses de la élite y del capital estadounidense y sus terminales europeas perciben el peligro: si Carrero se hace con el Gobierno a la muerte de Franco, su endeblez de imagen y su desprestigio entre la fuerte pulsión democrática que se vive en las calles españolas, escorará la hegemonía política de la futura transición hacia la izquierda comunista, que protagoniza la sed social de cambios y la demuestra con un gran ascendiente movilizador de masas entre trabajadores, estudiantes, ciudadanos, mujeres y sectores de la burguesía nacional hartos, también, de la ausencia de libertades democráticas por las cuales el PCE y otros partidos de izquierda pugnan en primera línea de la lucha antifranquista. Tal lucha ha deslegitimado, ya plenamente, la legitimación manu militari del régimen de Franco durante la sangrienta posguerra.

Un peligro a conjurar

Para los analistas de Washington, la continuidad de Carrero como presidente del Gobierno y potencial hombre fuerte del cambio en ciernes escondía un hipotético peligro que no querían correr, habida cuenta de lo sucedido en Portugal con la entonces reciente Revolución de los Claveles, había derrocado el continuismo de la dictadura salazarista de Marcelo Caetano y había aupado a la dirección política del país vecino a una fracción comunista y progresista de las Fuerzas Armadas lusitanas. Ante el riesgo de que en España se reprodujera una solución portuguesa o semejante, los servicios secretos estadounidenses, presumiblemente al tanto de la preparación del atentado de ETA contra Carrero, miraron presumiblemente para otro lado cuando la organización terrorista lo perpetraba a tan corta distancia de la sede de Embajada de Estados Unidos en Madrid.

Apartado Carrero de la escena, el riesgo de una hegemonía de la izquierda comunista descendía abruptamente, abriendo así una alternativa política teledirigida desde Washington 

Según esta hipótesis, los planes de Washington para España eran, desde luego, muy otros. Apartado Carrero de la escena previa a la transición en ciernes, el riesgo de una hegemonía de la izquierda comunista descendía abruptamente, erosionando sus expectativas, para dar entrada a una opción política distinta; sobre todo, a una alternativa política teledirigida desde Washington, conforme a sus intereses y controlable vía Berlín, entonces en manos socialdemócratas; una nueva situación se abría paso en España sin Carrero al frente.

Y tal fue lo que sucedió. El dinero a través de fundaciones, asesores, agentes de acción encubierta, analistas, medios de comunicación, comenzaron a fluir unos, a bullir los otros y las posibilidades de un cambio antidictatorial profundo en las instituciones y una ruptura completa con el pasado franquista se desvanecieron. La dicotomía ruptura-reforma se decantará por la vía reformista. El pensador marxista Nikos Poulantzas, en conversación con quien esto escribe (4), se preguntaba qué tipo de transición a la democracia se materializaría en España cuando más de un centenar de altos oficiales militares griegos del régimen de la dictadura de los coroneles fueron depurados, mientras aquí no se emprendió depuración alguna entre el generalato, a la sazón alineado estrechamente con el franquismo y en posiciones extendidas de extrema derecha.

En la transición, el dinero invertido a través de fundaciones, asesores, agentes de acción encubierta, analistas y medios de comunicación, logró imponer la vía reformista frente a la rupturista.

Desde el punto de vista geopolítico, la transición democrática en España se produce en un momento en la correlación mundial de fuerzas en el que Estados Unidos no se puede permitir que España, donde el neutralismo de Adolfo Suárez frente al bipartidismo capitalismo-socialismo era una opción sobre la escena, se desalineara de los Estados Unidos de América; y ello, toda vez que Irán, en los albores de la revolución iraní, había abandonado su inserción bajo el paraguas militar y político norteamericano con el derrocamiento de su fiel aliado, el sha Reza Pahlevi. El neutralismo de Suárez provocó, con pocas dudas, su caída en desgracia ante el Rey.

Visita del Secretario de Estado Henry Kissinger a España, en compañía del príncipe D. Juan Carlos y de Laureano López Rodó, 1973 | Universidad de Alcalá de Henares / CC BY-NC-ND 4.0

Comoquiera que tanto entonces como ahora, tiene aún vigencia en España la Ley de Secretos Oficiales, ley que carece de plazos de desclasificación, promulgada por el franquismo en 1968 ante la inminencia de cambios políticos exigidos a pie de calle por el movimiento de masas pilotado por el PCE, esta hipótesis sobre las motivaciones reales del asesinato de Carrero Blanco, con el trasunto geopolítico exterior y el político interior descritos, no deja de ser una teoría; fundada, pero teoría, mientras los archivos policiales y de los servicios secretos no se abran de par en par al acceso público para su estudio, tras su desclasificación como secreto de Estado.

Estados Unidos no se podía permitir que, con el neutralismo de Adolfo Suárez, España se desalineara de Whashington, y el presidente cayó en desgracia.

Un golpe aún oscuro

Algo similar corresponde al intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Pese al voluminoso caudal de informaciones más o menos veraces y contrastadas, pero más bien superficiales, vertido al respecto, muy pocas aciertan a la hora de situar en términos geopolíticos lo que en verdad estaba en juego tras aquel asalto a mano armada y secuestro del Congreso de los Diputados, sede de la soberanía nacional. La mecánica del golpe es más o menos conocida, pero nadie o casi nadie ha insertado el análisis de aquellos hechos en una perspectiva geopolítica ínsita en la última fase de la Guerra Fría vigente aún en la Europa Occidental entonces.

La integración de España en la Coalición de la Guerra Fría exigía su integración en la OTAN. Esa fue la condición impuesta para entrar en la Comunidad Europea.

Sobre la arena, la culminación de la integración de España en la Coalición de la Guerra Fría exigía, a su vez, la integración de España en la OTAN. Pero las prioridades españolas estaban entonces solo en torno a la integración en la Comunidad Europea. “No”, se le dijo a España desde Washington, “si queréis entrar en Europa”, anhelo muy extendido a la sazón entre la población española, “debéis antes entrar en la Alianza Atlántica” (fue el mismo dictado impuesto a Ucrania, 45 años después, cuando Kiev manifestó su deseo de ingresar en la Unión Europea y le fue condicionado a su ingreso previo en la OTAN. De ahí surgiría la guerra con Rusia, que percibió preventivamente la amenaza que ello implicaba). Por consiguiente, la meta socio-económica hacia la integración europea sería inaccesible mientras España no entrara en el redil militar dirigido desde Washington.

Intramuros del país, la inepcia de sector mayoritario de la oposición socialista, que tenía conciencia de la incesante injerencia política del Ejército en la política española —asonadas cuartelazos, golpes de Estado, dos dictaduras militares…— como un flagelo que España arrastraba desde mediados del siglo XIX, vio en la entrada del país en la OTAN el antídoto para atajar aquel intervencionismo.

Craso error: dos Estados pioneros de la Alianza Atlántica, Grecia y Turquía, ya en el seno de la OTAN, sufrieron sendos golpes de Estado militares de extrema derecha en sus países. La OTAN no aseguraba nada. Pero en España, esta coincidencia de propósitos entre lo que deseaba Estados Unidos y lo que anhelaba el PSOE chocaba con un impedimento presuntamente insuperable. Ni la derecha española, todavía recelosa con Estados Unidos por el expolio imperial de Cuba, Puerto Rico y Filipinas de 1898, ni la izquierda, enfrentada a Washington por su abrazo al dictador en Madrid en 1959, estaban por la labor de aceptar la entrada de España en la OTAN.

El golpe de Estado del 23-F consiguió su objetivo: un clima de miedo suficiente para presionar a muchos españoles a aceptar la OTAN, tan rechazada por la izquierda y la derecha española.

El gran miedo

Por consiguiente, había que revertir ese rechazo común antiamericano tan extendido. ¿Cómo hacerlo?: creando un gran miedo, que torciera la voluntad mayoritaria y obligara a los españoles y españolas, de derechas y de izquierdas a votar en referéndum a favor de la entrada de España en la Alianza Atlántica. ¿Cuál fue la ocasión?: la teledirección política del malestar militar, muy enraizado por el terrorismo de ETA y ampliado más aún por el temor de la España más reaccionaria ante la extensión de los derechos democráticos a partir de la Constitución de 1978. Generar una situación de crispación máxima, que mostrara la posibilidad del regreso de una dictadura militar a España; el regreso sería escenificado mediante el secuestro a mano armada del Congreso de los Diputados y resultaría suficiente para amedrentar al pueblo español y lograr el fin previsto. España, tras el supuesto fracaso instrumental del golpe, que no el éxito de su fin último, la entrada en la OTAN, lo haría por la puerta de atrás en 1981, para confirmar su ingreso —vía referéndum— en 1986; eso sí, siempre antes de adentrarse de pleno derecho en la Comunidad Europea.

El referéndum sobre la OTAN, alentado por Felipe González, entonces presidente del Gobierno que dijo que no se haría cargo de las riendas políticas del país de no votarse a favor, registró, por cierto, un apagón informático de hora y media durante el conteo de los votos emitidos, según sociómetras destacados en los nodos electorales centrales. El propósito estadounidense, con tales artes, estaba conseguido.

Como cabe ver, también hoy mismo, la histórica injerencia de la clase dominante estadounidense en la política española, cuando no su indiferencia, ya que registra evidencias que convierten las relaciones mutuas en altamente tóxicas y, en todo caso, dañinas para los intereses mayoritarios de la población española: prueba de ello es el rearme a marchas forzadas de Marruecos, vecino meridional y conflictivo de España, sobre el que Washington se vuelca hoy para allanar los denominados pactos de Abraham acometidos por Israel con determinados Estados árabes.

La OTAN exige a España renunciar a la descolonización del Sahara mediante un referéndum y a duplicar el gasto español en defensa comprando armas a Estados Unidos.

Por otra parte, la OTAN no defendería a España en caso de agresión norafricana. Exige sin embargo a España renunciar al compromiso de Naciones Unidas para culminar la descolonización del Sahara mediante un referéndum entre el pueblo saharaui y obliga, en un gesto de impostura inadmisible, por falaz y antisoberana, a duplicar el gasto español en defensa comprando armas a Estados Unidos, a costa de reducir los presupuestos sociales en pensiones, vivienda, salud y educación.

El apoyo irrestricto de la Casa Blanca a Israel en su operación de exterminio genocida del pueblo palestino, que ha indignado a millones de españoles y españolas por su crueldad infanticida, es un paso más hacia el rechazo generalizado del designio imperial y colonial preconizado por Washington. Rechazo que, sin duda, crece exponencialmente estos días aquí al conocerse las amenazas militares estadounidenses contra el pueblo hermano venezolano, protagonista de una revolución anticapitalista, cívica y solidaria, que tiene derecho a mantener la propiedad de sus recursos energéticos y naturales, así como su autonomía como Estado soberano.

Por otra parte, Washington impone a Madrid una hostilidad obligada en sus relaciones con China y con la Federación Rusa, hostilidad que los españoles detestan, porque choca con los intereses mayoritarios del pueblo español, amante de la paz, de la neutralidad y de los lazos culturales y comerciales con nuestros vecinos de Eurasia.

El desdén estadounidense hacia España encontró expresión en el envío a Madrid, como embajador de los Estados Unidos de América, al diseñador de los interiores de la casa de Michelle Obama, primera dama norteamericana. Dicho sea esto con todo el respeto por la profesión de los decoradores, a los que no se supone provistos profesionalmente de conocimientos sobre la diplomacia a aplicar en un viejo país europeo como el nuestro, que ayudó sobremanera a Estados Unidos a independizarse de Inglaterra, dato oficialmente desconocido en la cultura y las escuelas del gran país transatlántico.

Notas:

1. El término lo emplea Joan Garcés en su libro Soberanos e intervenidos. Siglo XXI. 5ª Edición.

2. Según testimonio de Antonio Romero, dirigente comunista andaluz miembro de la Comisión Parlamentaria de Gastos Reservados, fueron hasta 30.000 las personas en nómina de la CIA durante toda la Transición.

3. Islero fue el nombre del toro que corneó y dio muerte a Manolete en la plaza de toros de Linares.

4. Entrevista con Nikos Poulantzas del autor. El País. 1977.

domingo, 8 de marzo de 2026

La inconsistencia del gasto militar

Drones y misiles hipersónicos están poniendo en jaque la estrategia norteamericana e israelí en su ataque a Irán. Si para destruir un dron necesitas un Patriot sesenta veces más caro es que no haces bien las cuentas. Los que las hacen bien son los fabricantes que se forran con ese tremendo gasto militar.

David Bollero hace las cuentas en su artículo EEUU se estrella con su estrategia de drones:

Sencillamente, estas aeronaves no tripuladas han cambiado las reglas del juego. Fabricarlas no alcanza ni los 50.000 dólares y abatirlas, alrededor de 3 millones. Dicho de otro modo, aunque no alcancen su objetivo, el desgaste que supone para las defensas es una victoria, tal y como está demostrando Irán estrangulando aún más la economía estadounidense. En los casos en los que alcanzan su objetivo, el retorno es aún mayor, como demostró Ucrania en su Operación Telaraña el pasado verano, cuando con drones a los que se atribuye un valor de unos 120.000 dólares destruyó activos rusos por valor de más de 7.000 millones, incluido el 30% de su flota de bombarderos estratégicos.

Es evidente que muchos alcanzan su objetivo, dada la destrucción causada. ¿Contaban realmente con esto los estrategas del Pentágono? Si es así, es en la Casa Blanca donde reside el problema.

El economista norteamericano Richard D. Wolff hace un análisis parecido en el vídeo El imperio americano sangra.

Por primera vez se ha reconocido la muerte de varios marineros del portaaviones Abraham Lincoln. Habrá que relacionar esto con los ataques que Irán dice haber realizado con éxito contra esta ciudad flotante, por mucho que Estados Unidos lo desmienta. Si esto es así se demuestra que los buques no son invulnerables para esos misiles hipersónicos que Irán posee y que los norteamericanos no han logrado aún tener operativos.

En tal caso se desmorona la certeza de su dominio absoluto de los mares, pieza clave en la confianza de los mercados y un torpedo en la línea de flotación de toda la estructura económica mundial.

Sigue el vídeo:

La guerra que sí perderemos todos

Lo peor que se puede hacer ante un avispero es atizarle un garrotazo, pero algunos confían demasiado en que los aguijones no le atravesarán la ropa. Parece que los aguijones de Irán han penetrado más de lo previsto y a un coste menor, en términos de esfuerzo económico.

Quienes esperaban una victoria fulminante menospreciaron las bazas con que contaba el país atacado y sobrevaloraban su debilidad. Confiaban en una guerra relámpago, incluso con una victoria a la venezolana, descabezando la estructura del poder. Pero no siempre el poder reside por completo en la cúpula, y la hidra no tiene una sola cabeza. Hay estrategias de desgaste que pueden funcionar, como a lo largo de la historia han demostrado exitosas guerrillas.

Quien inicia una guerra espera ganarla. Ha analizado las ventajas y debilidades de ambos bandos y cree que su análisis es correcto, pero puede y suele cometer errores en el balance, y además ningún análisis factorial es completo. A falta de una victoria rápida y decisiva, las guerras se prolongan y debilitan a ambos contendientes. En muchos casos, como este, también a los no beligerantes.

Se ha observado que la acción de Estados Unidos, más que su fuerza, muestra sus debilidades, porque un imperio cuya hegemonía está asegurada no necesita recurrir a este tipo de agresión. Israel tampoco es precisamente lugar seguro. En cuanto al país atacado no tiene otra salida que resistir. En esta situación es ilusorio esperar un levantamiento popular favorable al que ataca ferozmente, más que al gobierno, a la población entera.

Como observa Antonio Turiel en el artículo que comento:

Queda claro que ni EE.UU. ni Israel ni Irán parten de una buena situación. Pero ninguno de los tres puede echarse atrás en el escenario actual. Los tres necesitan desesperadamente una victoria en esta guerra. Y la desesperación es la peor de las consejeras, porque lleva a asumir riesgos excesivos que pueden materializarse en auténticas catástrofes.

La catástrofe puede llegarnos a todos sin comerlo ni beberlo. Ese personaje que se dice y desdice continuamente confiaba en una guerra relámpago, luego habló de cuatro o cinco semanas; ahora, del tiempo que haga falta. Cuanto más dure peor para todos, porque en esta guerra por la energía que tanta energía gasta Iran golpea donde más duele.

El éxito de su fechoría en Venezuela debe haberse subido a la cabezota de Trump y los temerosos aduladores que siempre rodean a los tiranos le siguen la corriente. Pero Irán no es Venezuela y la ayuda que puede recibir no está tan lejos.

Con décadas para prepararse, su estrategia imprevista era previsible. Pepe Escobar analiza el complicado entramado petrolero y deduce:

Esto ya no es una maniobra improvisada de un grupo de psicópatas para un cambio de régimen. Es una guerra de desgaste estructurada. Y el guión se escribió en Teherán.

Guerra mundial de desgaste energético, abunda Turiel. 


6 de marzo de 2026

La segunda temporada de Juego de Trumps está llena de sobresaltos











Queridos lectores:

Llevamos ya una semana de guerra en el Golfo Pérsico. Sin duda, Israel y EE.UU. pensaron que si golpeaban de manera certera a Irán, dada su inestabilidad interna, el régimen de los ayatolás caería como fruta madura gracias a una reacción del pueblo iraní que los depondría inmediatamente. Confiaban, seguramente, en una capitulación completa a la venezolana, en la que los EE.UU. en la práctica se han apropiado de todos los recursos petroleros (sin que, por cierto, haya habido un cambio real del régimen político). Lo que increíblemente no se esperaban es la resistencia de la estructura política iraní, quizá porque interpretaban erróneamente que era completamente subsidiaria del liderazgo de Alí Jamenei y que, muerto éste, habría tal vacío de poder que el cambio sería inevitable.

Pero, bien al contrario, el régimen iraní se ha atrincherado y ha contestado con rapidez y mucha contundencia, bombardeando bases militares americanas, refinerías y oleoductos por todos los países del Golfo que están prestando su apoyo tácito o explícito a la coalición agresora, y al mismo tiempo cerrando en la práctica el paso del Estrecho de Ormuz. Irán ha golpeado fuerte, ha golpeado rápido y ha golpeado masivamente. El gobierno iraní sabe que su supervivencia depende de crear un estado de postración económica tal a escala mundial que los EE.UU. se vean obligados a parar por presiones internas y externas.

Y así llegamos al momento presente. Donald Trump tiene muy difícil echarse atrás, porque no podría salvar la cara delante de su pueblo y de los intereses económicos a los que representa. Por su parte, los dirigentes de Israel están completamente alucinados y no contemplan ninguna otra posibilidad que la rendición de su enemigo más importante en la región. En cuanto al gobierno iraní su única salida es seguir golpeando, haciendo daño hasta que Israel y EE.UU. cedan.

Pero, pase lo que pase, nadie va a salir indemne de ésta. Ni estos tres países, ni el resto del mundo en su conjunto. La situación es tan mala ya que lo menos que podemos esperar es una fuerte recesión económica y unos años de mucho sufrimiento. Aunque en realidad lo más probable es que ya nunca salgamos del proceso de descenso que seguramente ya estamos iniciando.

Por el lado de los EE.UU., las ínfulas belicistas de Trump tienen, seguramente, diversos orígenes, desde lo ideológico hasta lo religioso pasando por ese extraño ascendente que tiene Israel sobre la política norteamericana. Pero, al margen de todas esas motivaciones, hay una que también es muy clara: EE.UU. necesita petróleo y lo necesita ya.

Durante los últimos 16 años EE.UU. ha vivido la revolución del fracking, que les ha permitido pasar uno unos lánguidos 5 millones de barriles diarios (Mb/d) que producían en 2010 a los actuales más de 13 Mb/d (4 Mb/d convencional más 9 Mb/d de petróleo ligero de roca compacta extraído con el fracking), lo que le sitúan como el mayor productor del mundo con prácticamente el 13% de la producción (se producen en el mundo 103 Mb/d de todo tipo de líquidos asimilados a petróleo, aunque esto también daría para hablar mucho, ya que hay unos 20 Mb/d de líquidos del gas natural que mayoritariamente no sirven para hacer combustibles, solo plásticos, y se contabilizan igualmente aquí). Sin embargo, los días del fracking de los EE.UU. están contados: los pozos de fracking generalmente llegan al 80% de toda su producción en los dos primeros años, y habitualmente no se explotan más allá de cinco años. En sus últimas actualizaciones, el Departamento de Energía de los EE.UU. apunta por primera vez desde que empezó el fracking a que el máximo de producción de petróleo de los EE.UU posiblemente ya pasó, en octubre de 2025, y que en los próximos años viviremos un proceso de declive que aún contemplan como gradual, aunque todo apunta a que será bastante más rápido.

Imagen de Peak Oil Barrel, https://peakoilbarrel.com/us-december-oil-production-drops-2/








 

EE.UU. necesita desesperadamente petróleo. Su hegemonía de los últimos años se ha basado en el fracking, y si éste empieza a fallar necesitan pasar a controlar los recursos disponibles en el mundo. Están yendo, por supuesto, por los más grandes que aún no controlaban: primero Venezuela (aunque es dudoso que su petróleo extrapesado sea económicamente rentable) y ahora Irán. Realmente, la torpeza y apresuramiento americano, que asalta sin verdadera planificación (como está siendo evidente en el caso iraní) responde a esta urgencia vital.

La situación no es nada buena para el gobierno de Donald Trump. Con una popularidad en caída por los excesos de la policía de inmigración y por haber traicionado el principio MAGA de centrarse en los problemas internos y no meterse en guerras extranjeras, con su sistema de aranceles puesto en cuestión y con las elecciones de noviembre en el horizonte, Donald Trump tenía la necesidad de anotarse algún que otro éxito clamoroso. La escalada de precios del petróleo y las pésimas perspectivas económicas fruto de esta guerra, combinado con el coste exorbitante de la campaña militar, solo le ponen las cosas más difíciles.

Tampoco pinta demasiado bien para el gobierno de Benjamin Netanyahu. Para el actual gobierno de Israel, la desaparición de su mayor enemigo en la región se ha convertido en cuestión existencial, una auténtica obsesión, hasta el punto de que han perdido completamente la perspectiva de su capacidad real y sobre todo de su vulnerabilidad. Los sistemas de intercepción israelíes, bien nutridos de misiles interceptores americanos, se muestran impotentes para evitar el goteo de bombardeos iraníes que ya no se limitan a objetivos militares, sino que alcanzan también a la población civil, particularmente en Tel Aviv. Irán apuesta por enviar enormes cantidades de misiles y de drones, muy baratos, mientras que los interceptores son incomparablemente más caros; y aunque Israel intercepte el 80 o incluso el 90% de los proyectiles, el 10% que llega a su objetivo está causando mucho daño. Israel sufre, y Netanyahu, muy contestado por su gestión en general, sale muy perjudicado de una guerra en la que ilusamente creyó marcarse un tanto.

El gobierno iraní también está en una situación muy precaria. El asesinato de su líder supremo y una buena parte de la cúpula política le ha obligado a rehacerse en tiempo breve, pero ése no es el mayor de sus problemas. El descontento de la población iraní es muy importante desde hace ya varios años, tras 50 años de un régimen autoritario y muy represivo. Las protestas de enero, sangrientamente reprimidas, ejemplificaron la importancia de la contestación interior. Con 90 millones de personas y una población muy joven, Irán necesita mejoras muy importantes a nivel social, aunque está claro que no será precisamente EE.UU. quien se las va a proporcionar. Para terminar de complicar la situación, Irán sufre una grave crisis hídrica que llevó hace pocos meses a plantear la necesidad de evacuar Teherán, con toda la inestabilidad social que eso implica. Crisis hídrica que por cierto también es bastante grave en la vecina Irak. Al mismo tiempo, su vecina Afganistán está ahora mismo en guerra con Pakistán por la disputa de los recursos hídricos de un río compartido. Toda la región está en una situación precaria.

Queda claro que ni EE.UU. ni Israel ni Irán parten de una buena situación. Pero ninguno de los tres puede echarse atrás en el escenario actual. Los tres necesitan desesperadamente una victoria en esta guerra. Y la desesperación es la peor de las consejeras, porque lleva a asumir riesgos excesivos que pueden materializarse en auténticas catástrofes.

El cierre del Estrecho de Ormuz pone al mundo de rodillas. Por ejemplo, por Ormuz pasan 20 Mb/d, el 20% del petróleo que se consume en el mundo. Pero si lo miramos desde la perspectiva del petróleo disponible para comerciar (descontando ese 50% que consumen los propios países productores), resulta que lo que pasa por Ormuz es el 40% de las exportaciones mundiales de petróleo, lo cual es gravísimo para países importadores como es España. Y poco importa que en la actualidad España importe poco petróleo de la región: el mercado del petróleo es muy fungible y los contratos se rescinden o el petróleo se encarece por la mayor demanda. Nadie está cubierto en esta crisis. Mientras esto escribo, el precio del barril de Brent ya ha llegado a los 90$, que es el umbral de dolor para la economía europea. Si esta situación se prolonga e incluso agrava durante las últimas semanas, será inevitable que se produzca una grave recesión económica.

El otro foco de atención está en el gas natural. Por Ormuz pasa el 20% de todo el Gas Natural Licuado (GNL) que se exporta en el mundo, y éste no tiene la opción de pasar por ductos internos (por cierto que de poco van a servir tampoco para el petróleo, en vista de que Irán también los está bombardeando). Europa depende en un 14% de este gas natural. El gas natural se usa en todo tipo de industria, y es fundamental para mantener la estabilidad de la red eléctrica. Europa, además, llega al final del invierno con las reservas de gas natural en mínimos, y encima con unas reservas hídricas también en mínimos después de un invierno relativamente seco no es el caso de España, al que las fuertes tormentas al menos le han servido para llenar pantanos. Sin gas y sin hidroelectricidad, Europa se enfrenta al riesgo cierto de apagones, que incluso se podrían producir en cascada. De momento, el precio de la electricidad se ha disparado en Europa a la par que el precio del gas en España, gracias a la bonanza hidroeléctrica, el precio está más contenido.

Pero es que por el Estrecho de Ormuz circulan muchos otros materiales críticos para el comercio y la industria mundial. Se destaca por su gran importancia el amonio y la urea, base de los fertilizantes, justo cuando está a punto de empezar la estación del crecimiento de los cultivos; y también el ácido sulfúrico, que se usa en infinidad de procesos industriales. Pero obviamente hay muchas más derivadas e interacciones que hacen muy difícil vislumbrar el alcance de todo lo que pasa. Por ejemplo, el petróleo del Golfo es fundamental para garantizar la producción mundial de diésel, ya que es el más apropiado a este fin.

Lo que suceda a continuación va a depender crucialmente de lo que se alargue el actual impasse. Unos pocos días más de bloqueo en Ormuz pueden acabar de provocar un pánico en las bolsas y desencadenar una recesión muy profunda. Teniendo en cuenta las enormes burbujas financieras de las que lleva tiempo alertando Quark (la de la deuda, la de la inteligencia artificial y la de los productos derivados sobre metales preciosos), esta recesión puede provocar el estallido final de estas burbujas y una debacle económica como posiblemente el mundo no haya visto jamás, una de la que ya jamás nos podremos recuperar completamente porque acelerará el declive del petróleo y de otras materias primas al parar la industria clave para su extracción. Hace unas horas, el fondo de inversión Blackrock decidió limitar la cantidad de dinero que permite retirar de uno de sus fondos de deuda, al observar un gran volumen de retiradas una intervención que yo diría que raya lo fraudulento, y que puede provocar un aumento de la desconfianza. La sesión de la bolsa del próximo lunes promete ser muy movida.

Tengo claro que el gran capital y los estados va a poner en marcha todos los mecanismos a su alcance para intentar evitar la debacle; por ejemplo, EE.UU. ha anunciado un fondo de reaseguros por valor de 20.000 millones de dólares para los barcos estadounidenses, después de que hace unos días las 7 mayores aseguradoras decidiesen retirar sus seguros a los buques que operan en la zona por el riesgo de guerra (por cierto, si tienen media hora y paciencia suficiente, lean ese último enlace, merece mucho la pena, y entenderán por qué el daño que se ha hecho es mucho mayor de lo que parece). Durante este tenso fin de semana habrá seguramente muchos más anuncios y movimientos, para intentar evitar un lunes negro en las bolsas. Ahora mismo, el único punto clave es saber cuánto va a durar este bloqueo, y si es total o parcial. Lo que sí que parece claro es que si la cosa se alarga más allá de unos días, vamos a una recesión económica que puede transportarnos al declive terminal. Donald Trump tendrá el mérito de haber adelantado 5-10 años el proceso de declive de nuestra sociedad.

Esto va en serio. La situación pinta mal, muy mal. Crucen los dedos pero, por si acaso, vayan tomando sus precauciones. Sigamos la evolución de los acontecimientos y esperemos.

Salu2.

AMT

viernes, 6 de marzo de 2026

¿Ya no se habla de Nicolás Maduro?

La vorágine informativa tapa continuamente los acontecimientos de cada día con los que los medios van seleccionando para que los desayunemos al día siguiente. Así, se presta atención a lo que cotidianamente nos muestran mientras otros hechos se conservan en la nevera por si hace falta que reaparezcan en el momento oportuno. Otras veces se prohibe directamente su difusión porque cambia el relato oficial.

Así ocurre en las guerras. ¿Cuánta información sobre la de Ucrania nos llega del otro lado? Ahora, por ejemplo, interesa airear el ataque iraní a una base británica en Chipre, mientras el Estado sionista reprime duramente cualquier difusión de daños propios, como los estragos en el aeropuerto de Tel Aviv revelados recientemente por un vídeo mexicano.

El sesgo informativo ha sepultado cualquier noticia sobre Nicolás Maduro, sepultado, también informativamente, en alguna prisión del Imperio. Parece que se lo hubiera tragado la tierra.

Tras su ignominioso secuestro vino el asesinato del ayatolá Jamenei. Los métodos mafiosos se han convertido en procedimientos válidos para amedrentar a cualquier dirigente. No es algo nuevo, viene de lejos, y era costumbre cotidiana de Obama, flamante premio Nobel, lo que aún no ha logrado Trump. Aunque si se esfuerza un poco más...

El 3 de enero secuestraron al presidente venezolano. Ya se temía alguna acción contra su persona tras la calumniosa campaña para presentarlo como narcotraficante. El mismo día, cuando aún no se conocían los hechos, Mundo Obrero defendía su limpia trayectoria, publicando una biografía que desmonta la visión deformada que se hace en los medios de este dirigente obrero, de eficaz trayectoria sindical, que llegó a ser Presidente tras una ardua labor como Ministro de Exteriores de su país.


Nicolás Maduro, una biografía ocultada 

El imperio se propone quitar de en medio a Nicolás Maduro y su Gobierno, para poder arrebatar a los venezolanos gas, hidrocarburos, materias primas, minerales, tierras raras, uranio y oro.

03/01/2026

Nicolás Maduro | facebook.com/NicolasMaduro












Poco antes de morir en 2013, presumiblemente a causa de un cáncer que le fue inducido con plutonio, Chávez recomendó a los venezolanos que adoptaran a Nicolás Maduro como su sucesor natural. Valoraba sobremanera la dote de experiencia sindical, política, parlamentaria y diplomática de Maduro, perfil que el aparato mediático oculta cuidadosamente.

El motivo oculto de la inquina del Imperio y sus secuaces contra Nicolás Maduro (Caracas, 1962), presidente de la República Bolivariana de Venezuela, al que el aparato mediático imperial trata de crucificar cada día con nuevas y escabrosas acusaciones, no es otro que el temor que profesan a su dilatada experiencia política, diplomática y, señaladamente, sindical. Maduro presenta un currículum como activista social, líder laboral y dirigente político y parlamentario sin parangón entre la clase política iberoamericana. Pero eso no se dirá nunca ni en Estados Unidos ni en Europa Occidental, donde sus élites económicas están interesadas, durante demasiado tiempo, en derrocarle, sin conseguirlo. Se intentará ridiculizarlo, degradar su imagen, arrastrarlo por el fango de acusaciones sin fundamento como la fantasmagórica dirección de un cartel de narcotraficantes que no existe. Con ello tratan de erosionarle a él y ensalzar la débil imagen de personajillos titiritescos, marionetas oligárquicas, corruptas y manejables desde Washington y Miami, para auparlos al poder en Caracas y, con su aquiescencia, volver a expoliar Venezuela como sucedía antes de triunfar la revolución nacionalista bolivariana de Hugo Rafael Chávez Frías (1954-2013). Asimismo, las actuales amenazas militares por parte de Estados Unidos, que ha desplegado su flota en el mar Caribe, encubren el propósito reiterado de Washington de pertrecharse de reservas energéticas estratégicas en Iberoamérica, en el preludio de guerras de mayor envergadura, como la que la Casa Blanca perpetra contra China, como ya hiciera antes de intervenir en la Primera y la Segunda Guerras Mundiales.

El imperio se propone quitar de en medio a Nicolás Maduro y su Gobierno, para poder arrebatar a manos llenas a los venezolanos sus riquezas en gas, hidrocarburos, materias primas, minerales, tierras raras, uranio y oro, señaladamente… tesoros de los cuales posee Venezuela una extraordinaria abundancia. El país de Simón Bolívar, con una superficie que dobla casi la de España y cerca de 30 millones de habitantes, cuenta asimismo con una riqueza hidrológica sin par en el surcontinente americano.

Militante precoz

Veamos la biografía de Nicolás Maduro Moros. De origen sefardí, su padre fue militante de la formación socialdemócrata Acción Democrática, luego de una escisión de izquierda, y su madre tenía también formación y militancia políticas. Vivían en un barrio de clase media de la capital venezolana, donde Nicolás había nacido el 23 de noviembre de 1962. Fue educado en la caraqueña Unidad Educativa Nacional Juan Ávalos, recién rehabilitada por las Brigadas Comunitarias Militares, una institución típicamente bolivariana que garantiza la defensa popular en Venezuela.

Como ex alumno de ese centro, Maduro lo definió entonces, cuando en él cursaba sus estudios, como “epicentro de ideas revolucionarias y hervidero de sueños”. Por ello, precozmente, ya a sus 12 años, militaría en un grupo izquierdista denominado Ruptura. Pronto comenzaría a militar en otro grupo político progresista, denominado Liga Socialista, cuyo líder, el dirigente estudiantil Jorge Antonio Rodríguez, de 34 años, murió en julio de 1976 bajo custodia policial, presumiblemente a consecuencia de las torturas recibidas entonces a manos de la policía política, Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención, del régimen bipartidista venezolano ADECO-COPEY, alternativamente socialdemócrata y cristianodemócrata. A Rodríguez la policía le atribuía la responsabilidad del prolongado secuestro de un ejecutivo, supuesto agente de la CIA, que sería liberado tras su captura.

Liderazgo sindical y experiencia clandestina

A través de Liga Socialista, Nicolás Maduro obtendría una beca para formarse políticamente, entre 1986 y 1987, en la escuela de cuadros Ñico López, de la capital cubana, La Habana. A su regreso a Venezuela, decide abandonar los estudios y emplearse como conductor de autobuses en la red caraqueña de transportes urbanos. A partir de entonces, Maduro iniciará una militancia sindical ininterrumpida hasta su paso a la política, que le llevará a fundar y dirigir el Sindicato de Trabajadores del Metro de Caracas, matriz del futuro bloque político denominado Fuerza Bolivariana de Trabajadores, de la cual será fundador y coordinador nacional.

De su paso por el sindicato del metro, obtendría Maduro una experiencia singular para la lucha abierta —y también clandestina—, que le será de gran utilidad para realizar acciones de abastecimiento, protección y seguridad de dirigentes de izquierda a través de la red subterránea del ferrocarril metropolitano, que conocía a la perfección. Fueron estas vías clandestinas las empleadas para asistir al comandante Hugo Chávez, líder militar revolucionario bolivariano, cuando fue detenido y encarcelado dos años tras protagonizar un golpe en el año 1992. Por los túneles del metro, Maduro se encargaría de suministrar apoyo y abastecimiento de armas y bastimentos a militares y civiles revolucionarios nacionalistas, así como los empleó para su propia huida de la policía cuando fue perseguido por su actividad clandestina.

Nicolás Maduro, poco a poco, se fue convirtiendo en el líder sindical y dirigente de la clase trabajadora de Venezuela. Tras sucesivos pasos ideopolíticos y orgánicos, que le van aproximando al Movimiento Bolivariano, conoce en 1993 a Hugo Chávez en la prisión de Yare, donde éste le encomienda tareas clandestinas de enlace con distintos núcleos militares bolivarianos. Su nombre de guerra será Verde.

El presidente Rafael Caldera, del partido socialcristiano COPEY, cuyo segundo mandato presidencial abarcó desde 1994 a 1999, confiesa a este periodista en 1998, que indultó a Hugo Chávez “para evitar una guerra civil en Venezuela”, dado su ascendiente y su carisma entre las Fuerzas Armadas, a las que el líder bolivariano llevó su mensaje nacionalista revolucionario mediante una meticulosa persuasión ideológica entre la oficialidad, la suboficialidad y la clase de tropa. Tal fórmula fue heredada de la propuesta política entrista del guerrillero venezolano Douglas Bravo, futuro dirigente del Movimiento hacia el Socialismo, MAS.

Tras el triunfo revolucionario bolivariano, con un programa de transformaciones cívico-sociales doctrinalmente ceñido a la defensa de los intereses populares, así como a la de la soberanía nacional, política, económica y antiimperialista de Venezuela, Nicolás Maduro aporta su experiencia sindical, como líder de la clase obrera, al partido recién creado por Hugo Chávez. Será diputado a la Asamblea Nacional y presidirá Comisiones Parlamentarias como las de Asuntos Sociales, Medios de Comunicación, Juventud-Deporte y Participación Ciudadana, donde incrementará su desenvoltura como hábil negociador y organizador, signado por un especial pragmatismo, al decir de sus allegados.

El régimen bolivariano da la puntilla al bipartidismo, se despega de la influencia estadounidense, crea mecanismos de control cívico y democrático de la política, despliega una política de vivienda social, educación y valores nacionalistas y lleva al poder a una clase social trabajadora, marginada históricamente por las élites. La revolución triunfa, al igual que prospera una correlación de fuerzas favorable a los sectores populares.

Parlamentario y Ministro de Exteriores

En 1999 Maduro será diputado a la Asamblea Constituyente, donde encabezará la Comisión Parlamentaria de Desarrollo Social, para acceder a la Presidencia de la Asamblea Nacional en 2005 y, un año después, será designado como Ministro de Poder Popular para las Relaciones Exteriores de Venezuela. Desde su cargo, en el que permanece hasta 2012, encabezará la representación venezolana en organismos internacionales de marcado carácter antiimperialista como el CELAC, UNASUR, MERCASUR y ALBA. Promueve Nicolás Maduro el despliegue diplomático de relaciones políticas y económicas con China; rompe relaciones con el Gobierno anticomunista de Taiwan; apoya al régimen libio de Muamar El Gadafi; corta las relaciones de Venezuela con Israel a consecuencia de las matanzas israelíes durante la primera guerra en Gaza en 2008; reconoce los Gobiernos de Abjasia y Osetia del Sur y avala al régimen sirio.

Por otra parte, estimula contactos políticos, económicos y militares con la Federación Rusa y despliega una notable influencia de Venezuela en el seno de la OPEP, la organización de países productores de petróleo, donde su país cuenta y dispone de un gran ascendiente. Llegará a la Presidencia de PDVESA, la empresa estatal venezolana del Petróleo y accederá, en 2012, a la Vicepresidencia ejecutiva del país y en 2013, a la Presidencia del Consejo de Ministros.

Candidato de Chavez a sucederle

Poco antes de morir en 2013, presumiblemente a causa de un cáncer que le fue inducido con plutonio impregnado sobre la montura de su caballo por una organización del espionaje occidental, Hugo Chávez recomendó a los venezolanos que adoptaran a Nicolás Maduro como su sucesor natural. En los cálculos sucesorios del líder bolivariano se incluía, sin duda, la dote de experiencia sindical, política, parlamentaria y diplomática del caraqueño Nicolás Maduro, experiencia que es contemplada por sus enemigos estadounidenses como un verdadero peligro a la hora de poder derribarle. Por todo ello, el aparato mediático denominado occidental, oculta cuidadosamente este currículum, que Hugo Chávez valoraba sobremanera.

Sectores altoburgueses y burgueses locales no admiten la revolución nacionalista y progresista que les ha desplazado del poder y piden la intervención militar de Estados Unidos

Desde el origen mismo de su mandato, la reacción interior, avalada y financiada por los poderes estadounidenses más agresivos, con zancadillas parlamentarias incesantes, sedición organizada, impugnaciones violentas, ha obligado al Gobierno de Venezuela, acosado política, diplomática, económica y militarmente, a vivir en un estado de excepción permanente, que Maduro y su Gobierno han tratado de superar en busca de una normalidad política para su pueblo. Los procesos electorales regionales y municipales han sido convocados regularmente e impugnados furiosamente por una oposición interna muy dependiente de Washington, a la que pide intervenir militarmente en su propio país. Los boicoteos económicos inducidos desde la Casa Blanca y sus onerosas sanciones económicas y comerciales de todo tipo, forzaron a un doloroso exilio a miles de venezolanos que no aceptan la austeridad impuesta a un país tan rico como Venezuela, empobrecido por las presiones del poderoso vecino del Norte.

A su pesar, sectores altoburgueses y burgueses locales no admiten el hecho objetivo que implica una revolución nacionalista y progresista, como la que ha vivido Venezuela y que ha desplazado del poder a una clase elitista, oligárquica y haragana, marioneta imperial, para dar paso a la clase obrera y campesina que pugna secularmente allí por su dignidad y su soberanía. Maduro se ha involucrado en armar y militar a los comités cívicos, así como pertrechar a las Fuerzas Armadas Bolivarianas con armamento moderno adquirido de sus aliados y fortificar cadenas montañosas del occidente del país. Cualquier intento de invasión de Venezuela desde el exterior, dicen los expertos, costará muy caro a quienes lo intenten.

jueves, 5 de marzo de 2026

De la guerra mundial por entregas a la de entrega inmediata

El fin de la Segunda Guerra Mundial fue un momento lleno de buenos propósitos. Las Naciones Unidas se constituyeron para regular tensiones y conflictos entre Estados. Se hacía necesaria una normativa aplicable y tomando como guía la Declaración Universal de los Derechos Humanos se proclamaron principios y valores, y también se establecieron organismos encargados de velar por el cumplimiento del Derecho Internacional.

Fue Francisco de Vitoria quien en el siglo XVI puso sus bases, con una nueva interpretación más humana del viejo derecho de gentes que pretendía superar la arbitrariedad de los reyes, apoyada solamente en el origen divino de su poder. (Todavía Franco se autoproclamaba "Caudillo de España por la Gracia de Dios").

Pero este entramado jurídico nunca tuvo capacidad coercitiva para imponerse a quien con mucho poder se saltara las normas. Casi inmediatamente los Estados Unidos iniciaron guerras localizadas que en su conjunto han constituido una nueva guerra mundial a plazos, invocando sistemáticamente con una interpretación sesgada las mismas normas violadas.

Ahora, el incongruente Trump a veces dice utilizarlas, a veces presume de saltárselas a la torera. Con ello está triturando la poca fiabilidad que les quedaba, siquiera como disfraz. Ahora, "sin complejos", invita a que "el que pueda hacer, que haga" (¿os suena?).

El último desafío a toda normativa se diferencia de los anteriores en que hace volar por los aires la seguridad en el cumplimiento de nada que se acuerde con él. ¿Qué puede significar ya ningún acuerdo? ¿Tendrá algún sentido un tratado de paz?

Rotas ya las débiles cadenas de la confianza mutua y con un continuo cambio de discurso, ya nada de lo que diga tiene valor alguno, ni siquiera provisionalmente. Me temo que con sus improvisaciones sobre la marcha y la confusión que padece entre sus planes a medio plazo y su día a día, este último emperador pase de la guerra en incómodos plazos a una guerra mundial al contado y sin fianza.

Pero lo guía el mismísimo Dios de Israel.


El ataque ilegal de Israel y EEUU contra Irán no tiene que ver con el programa nuclear ni con la libertad

Israel y EEUU buscan más hegemonía regional, control de recursos naturales, rutas para su transporte y un escenario que facilite la anexión ilegal israelí de territorios ajenos y contenga el crecimiento de China

Olga Rodríguez
2 de marzo de 2026

Marineros del USS Abraham Lincoln preparan los misiles estadounidenses antes del ataque aéreo sobre Irán. U.S. Central Command via Getty Images











El ataque de EEUU e Israel contra Irán es ilegal y constituye lo que en derecho internacional se llamacrimen de agresión”. El Gobierno israelí de Netanyahu lo ha denominado “ataque preventivo” y varios medios europeos han usado ese término como definición en sus titulares. No hay nada preventivo en bombardear un país que no se disponía a atacar, y así lo han subrayado varios relatores de Naciones Unidas y otros expertos en derecho internacional: “El cambio de régimen preventivo es un delito internacional”.

Israel y EEUU han lanzado su segunda guerra contra Irán en ocho meses. Con sus bombardeos no solo buscan un cambio de régimen, también pretenden aumentar su hegemonía en la región, en la que solo el Estado israelí cuenta con armamento nuclear. Como era previsible, Irán respondió lanzando ataques contra Israel y contra bases militares y aeropuertos en varios países del Golfo.

Pese a las excusas esgrimidas, parecidas a las fabricadas en 2003 para justificar la invasión ilegal de Irak, las causas reales de esta guerra de agresión contra Irán no tienen que ver ni con el programa nuclear iraní ni con las reivindicaciones de libertad para su pueblo.

El argumento de que Irán podría terminar fabricando armas nucleares es un relato que Netanyahu usa desde 1992. Israel tiene armamento nuclear. Irán, no.

Más hegemonía

El Gobierno de Israel busca reforzar su hegemonía regional y avanzar en su proyecto colonial. A través del genocidio en Gaza ha consolidado su ocupación y anexión ilegal de territorio en la Franja de Gaza, Cisjordania, Jerusalén Este, los Altos del Golán sirios y más allá.

Además, el Ejército israelí continúa presente en el sur de Líbano, controla la frontera de Rafah con Egipto y, en menos de dos años y medio, ha bombardeado Irak, Yemen, Líbano, Siria, Catar, Palestina e Irán. Con ello pretende no solo reforzar el programa sionista de un Estado judío con mayoría judía –con el que impulsó ya hace décadas el robo, la expulsión y la segregación de los palestinos– sino ampliar su control y acceso a recursos naturales y a rutas de transporte en la región.

Cuenta para ello con el respaldo de Estados Unidos, el principal facilitador del genocidio en Gaza. El propio Donald Trump ha dicho en varias ocasiones que millonarios y donantes a su campaña como Sheldon Adelson y su viuda —muy proisraelíes— han sido claves en su política de apoyo a Israel. Además, el Gobierno Trump y el de Netanyahu comparten intereses.

Washington concibe el papel de Israel como el de un gran socio que garantiza sus intereses en la región. No es el único. También Alemania, estrecho aliado de Tel Aviv, lo ve así. Dicho en palabras del canciller Merz, “Israel está haciendo el trabajo sucio por todos nosotros”. Lo afirmó en junio de 2025, cuando el Ejército israelí había asesinado ya a decenas de miles de civiles, entre ellos casi 20.000 niños y niñas.

La UE también se mantiene firme en sus alianzas con EEUU e Israel. La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, pedía este domingo a Irán que frene sus ataques y evitaba mencionar los bombardeos de EEUU e Israel. Y el E3 –Reino Unido, Francia y Alemania– se ha ofrecido a colaborar militarmente con Washington y Tel Aviv.

Irán es proveedor del 13,4 % del petróleo importado por Pekín: son transacciones en las que no se hace uso del dólar.

El petróleo

Hoy en día Irán alberga importantes reservas de gas que comparte con Catar en el mayor yacimiento del mundo, el South Pars-North Dome. Además, forma parte de importantes rutas de transporte de minerales críticos desde Asia —incluida China— hacia Occidente, concentra las terceras mayores reservas de crudo del mundo y controla con Omán el estrecho de Ormuz, paso clave para el transporte marítimo mundial de petróleo y gas natural.

Irán es proveedor del 13,4 % del petróleo importado por Pekín, que Teherán cobra en moneda china o mediante inversiones en infraestructuras. Es decir, son transacciones en las que no se hace uso del dólar. Estados Unidos busca reforzar su moneda en los mercados energéticos y controlar flujos, precios del crudo y rutas de transporte, no solo para aumentar sus beneficios económicos a través de ello, sino para obstaculizar la expansión económica de China.

Con ese fin se inscriben los ataques estadounidenses contra embarcaciones en el Caribe y los bombardeos contra Venezuela. El secuestro de Nicolás Maduro y el crimen de agresión contra el país latinoamericano a principios de año tuvieron varios objetivos, entre ellos, el acceso a las reservas de petróleo venezolano —las mayores del mundo— algo confesado y repetido por el propio Trump.

Esa meta venía acompañada de la idea de un posible ataque posterior a Irán, ante el cual el régimen iraní podría intentar cerrar el paso en el estrecho de Ormuz, como anunció este sábado. Por esa ruta pasa alrededor del 20% del comercio mundial de petróleo. Su cierre puede provocar una subida del precio del crudo en todo el mundo, ante lo cual a Washington le interesaba poder contar antes con acceso a petróleo venezolano.

Como ya señalamos en estas páginas en enero, los bombardeos de EEUU contra Caracas también fueron concebidos por Washington como entrenamiento para un posible ataque posterior contra Irán, como la invasión de Panamá en 1989 lo fue para un ataque posterior contra Irak (1991).

Nicolás Maduro fue secuestrado, mientras que el líder supremo de Irán, Alí Jamenei, ha sido asesinado, como también lo fueron Sadam Hussein en Irak en 2006, Muammar el Gadafi en Libia en 2011 o Ahmed Yassin en Palestina en 2004. Ninguno de esos asesinatos —facilitados por EEUU o por Israel— dio paso a más libertad y seguridad. La violencia suele engendrar más violencia.

Netanyahu no solo busca la caída del régimen iraní, sino desviar la atención mundial de sus crímenes de genocidio y provocar el debilitamiento y la fragmentación de Irán, en un año de elecciones en Israel

Las excusas

En 2002 Netanyahu pidió a EEUU la invasión ilegal de Irak, con la misma estrategia con la que ahora justifica el ataque contra Irán. Ante el Congreso estadounidense intentó convencer a sus señorías de que el régimen iraquí era una amenaza para el mundo.

En 2003 la Administración Bush —y los gobiernos británico y español de Tony Blair y Aznar— aseguraron que el régimen de Sadam Hussein contaba con armas de destrucción masiva. Para ello hicieron uso de un informe falso creado a la medida y jugaron a expandir la sospecha, pese a que inspectores de Naciones Unidas habían supervisado en 1998 la destrucción de ese tipo de armamento, proporcionado en los años ochenta por Washington. “No es fácil probar que no existe lo que no existe”, nos decían algunos inspectores en Bagdad en 2003, durante las semanas previas a los bombardeos estadounidenses.

En esta ocasión el argumento israelí y estadounidense es que Irán podría terminar fabricando armas nucleares. Es un relato que Netanyahu lleva usando desde hace tres décadas. Israel tiene armamento nuclear. Irán, no.

En 2015, EEUU, Reino Unido, Rusia, Francia, Alemania, China y la UE llegaron a un acuerdo con Teherán por el que se comprometían a levantar sus sanciones si Irán eliminaba dos tercios de sus centrifugadoras instaladas, se deshacía del 98% de su uranio y permitía el acceso de inspectores de la ONU. En 2018 Donald Trump rompió ese pacto, dejando al régimen iraní sin incentivos para no seguir enriqueciendo uranio. Aun así, a día de hoy Teherán sigue sin tener armamento nuclear.

Una multitud se reúne en la plaza Enghelab tras el anuncio de la televisión estatal de que el ayatolá Alí Jameneí ha sido asesinado en un ataque









 

Por el estrecho de Ormuz pasa alrededor del 20% del comercio mundial de petróleo. Su cierre puede provocar una subida del precio del crudo en todo el mundo.

De hecho, en junio de 2025, en la Guerra de los Doce Días contra Irán, iniciada por Israel y a la que se sumó EEUU, el Gobierno de Trump aseguró que sus bombardeos contra instalaciones nucleares iraníes habían acabado con la posibilidad de que Irán pudiera reconstruir su programa nuclear en el futuro.

La otra excusa que alegan, la de la libertad para los iraníes, es poco creíble viniendo de un Gobierno israelí que practica crímenes masivos contra la población palestina y de un país, EEUU, que ha facilitado ese genocidio tanto con la Administración actual como con la anterior.

Tanto Washington como Tel Aviv son responsables de la falta de derechos y libertades del pueblo palestino y mantienen excelentes relaciones con otros regímenes de la región que reprimen a su gente. Los ejemplos de lo ocurrido en el pasado en Irak, Libia o Afganistán nos recuerdan que a los pueblos no se los libera con bombardeos, intervenciones militares o invasiones.

Israel cuenta con un candidato favorito para gobernar Irán: Reza Pahlavi, el hijo del último sha, a quien también apoyan algunos políticos derechistas europeos y estadounidenses. Pahlavi vive en EEUU desde 1978 y lleva tiempo haciendo llamamientos “a un levantamiento nacional” contra el régimen de Teherán. Está dispuesto a ser el hombre de Israel en Irán, en 2023 se reunió con Netanyahu en Tel Aviv, mantiene alianzas con su Gobierno y este fin de semana calificó de “intervención humanitaria” los bombardeos contra su país.

El ataque contra Irán no se produjo debido a un estancamiento o retroceso en las negociaciones, sino en un contexto de avance en las mismas.

Las negociaciones

El pasado viernes, horas antes del inicio de los ataques ilegales contra Irán, el ministro de Exteriores de Omán, mediador en las negociaciones entre EEUU y Teherán, aseguró que había importantes avances y que un acuerdo estaba “al alcance si se concede a la diplomacia el espacio que necesita”. El ministro omaní afirmó que el régimen iraní aceptaba inspecciones de equipos de la Organización Internacional de Energía Atómica y que estaba dispuesto a no acumular “nunca jamás” más material para construir armamento nuclear.

Dio igual. El ataque contra Irán no se produjo debido a un estancamiento o retroceso en las negociaciones, sino en un contexto de avance en las mismas. Los precedentes históricos, el propio caso iraquí, así como la acumulación de portaaviones y efectivos militares en la región daban pistas de las intenciones reales, en un momento de mayor debilidad militar iraní, tras los ataques israelíes de los dos últimos años y las sanciones económicas internacionales.

Al igual que en 2003 con Irak, las exigencias y las negociaciones fueron excusas para ganar tiempo e intentar convencer a la opinión pública con propaganda belicista. Pero, a diferencia de 2003, hoy las encuestas indican que la mayoría de los estadounidenses no apoyan esta operación militar ilegal, quizá porque no han olvidado las mentiras y las nefastas consecuencias de aquella agresión militar, quizá porque con el genocidio en Gaza ha cambiado la percepción de Israel en una parte importante de la población de EEUU.

Los riesgos

Los riesgos de esta escalada son enormes. El Gobierno israelí busca en ella no solo la caída del régimen iraní, sino desviar la atención mundial de sus crímenes de genocidio y provocar el debilitamiento y la fragmentación de Irán, en un año en el que habrá elecciones en Israel. Los escenarios de enfrentamientos y caos —como los que se dieron en Irak, Libia o Siria— suelen ser idóneos para el desgaste de un país y para el enquistamiento de los conflictos, con el peligro de que se extiendan en la región.

En este sentido, el iraní Hamid Dabashi, profesor de Estudios iraníes en la Universidad de Columbia, advierte de que con esta agresión militar, Israel busca generar tensiones internas, una guerra civil, la división del país en enclaves étnicos y un gobierno títere sometido a sus intereses. Es decir, un contexto que, en cualquier caso, le facilitaría engullir los territorios ocupados palestinos, sirios, libaneses e incluso más allá. Esta ha sido la estrategia israelí desde hace tiempo: la perpetuación de un escenario de violencia, porque es en la guerra donde puede conseguir lo que el derecho internacional le niega.