viernes, 21 de enero de 2022

Vivir de otra manera

"No hay economía ecológica sin justicia social. El cambio energético es para vivir de otra manera", nos recuerda Rafael Poch. 

"La burguesía crea las condiciones para su propia destrucción". Durante mucho tiempo se ha puesto en primer plano como factor autodestructivo la existencia, necesaria para el sistema, del proletariado, la clase social que se rebelaría contra la explotación de los trabajadores. Mientras tanto, ha estado en segundo plano el otro pilar que sostiene esta estructura social: la explotación de la naturaleza.

El antídoto para neutralizar el primer factor ha consistido en acentuar el segundo. Aunque sea de modo parcial, la participación de gran parte de la clase explotada en cierto "estado de bienestar" y el fomento de la insolidaridad con el señuelo de que cada uno se labra su propio futuro, junto al mito del progreso indefinido, la "capacidad innovadora" como varita mágica y el supuesto derrame de la riqueza sobre toda la sociedad, han desmovilizado al movimiento obrero, pero a costa de llevar a la naturaleza a un punto en que la realidad nos dice: hasta aquí hemos llegado, y punto.

«En países como China, cuyos gobiernos conservan cierta capacidad de planificación a medio y largo plazo, es imaginable una gobernanza sobre el vector del decrecimiento, pero ¿y en los países más ricos occidentales? Durante décadas, su población ha sido educada en el egoísmo individualista y en el consumo a ultranza, perdiendo por el camino cualquier otra perspectiva. Se dirá, y con razón, que pocas sociedades hay más ávidas consumidoras que la china, pero allí se conserva una capacidad de sacrificio y disciplina colectiva que ha desaparecido en las sociedades occidentales. El sujeto de esas sociedades, el “ciudadano” que ha sido reducido por el neoliberalismo a mero “consumidor-contribuyente”, se parece mucho a un perfecto inútil desde este punto de vista. Las actitudes sociales ante la pandemia han vuelto a mostrar ese contraste entre los masivos botellones y las manifestaciones, por un lado, y los estrictos y disciplinados confinamientos asiáticos, que los miopes reducen a meras diferencias entre “libertad” y “autoritarismo”.»



Geopolítica de las renovables

La transición energética es crucial, pero es imposible concebirla como una mera sustitución de energías fósiles por renovables

Rafael Poch 

Pensar que la transición energética consiste en sustituir energías fósiles por renovables es irreal. Su mera sustitución es imposible, dice Joan Martínez Alier, nuestro más ilustre experto en economía ecológica. En la misma entrevista con Naiz, el investigador de los límites minerales del planeta Antonio Valero pone un claro ejemplo: “Una instalación fotovoltaica utiliza 25 veces más materiales que una central térmica convencional. Un aerogenerador te da como mucho entre dos y cinco megavatios. Para llegar a un gigavatio, que es lo que te da una central térmica de carbón, necesitas un mínimo de 20 generadores. Pero ese aerogenerador trabaja 2.000 horas al año, frente a las 6000/7000 horas de la central. Es decir, necesitas como mínimo 60 torres de más de 100 metros. Y en cada una de esas torres hay neodimio, praseodimio, disprosio, boro, acero, aluminio. Además, si quieres almacenar la energía necesitarás litio, cobalto, manganeso y cobre. Muchos de esos materiales son críticos y además se obtienen mediante combustibles fósiles”. 

A la guerra por el coche eléctrico

Según un informe de la Agencia Internacional de la Energía, si se quieren cumplir los objetivos climáticos, la demanda de minerales para tecnologías energéticas limpias se multiplicará por lo menos por cuatro en 2040 y mucho más aún en el caso de los minerales para el coche eléctrico, que necesita cobalto, grafito, litio, manganeso y tierras raras para sus baterías y motores. Hoy ese coche apenas representa el 1% del parque de automóviles, pero antes de diez años representará el 15% de las ventas de automóviles. La AIE estima que en veinte años la demanda de litio se multiplicará por cincuenta y la de cobalto y grafito por treinta.

Todo el mundo entiende hasta qué punto el control del petróleo ha determinado y determina las relaciones internacionales: las guerras del Golfo Pérsico, el conflicto de Siria, el cambio de régimen en Libia, la intervención en Irak, las presiones y embargos contra Irán y Venezuela, donde ese recurso escapa al control de Estados Unidos, o las sanciones contra Rusia, potencia energética internacionalmente autónoma. El imperialismo de los recursos petroleros es algo bien conocido para la geopolítica desde por lo menos la Primera Guerra Mundial, cuando las potencias europeas pugnaron por el control del Golfo Pérsico. Pero si los yacimientos de gas y petróleo se encuentran un poco por doquier en el mundo, desde América, hasta Eurasia, pasando por África y todos los océanos, la producción de muchos de los minerales vitales para la transición energética hacia las renovables está mucho más concentrada geográficamente. 

La mayor parte del mineral de cobre lo suministran sólo cuatro países: Chile, Argentina, Perú y la República Democrática del Congo. China responde del 70% del suministro de tierras raras. El grueso del litio procede de tres países, Australia, Argentina y Chile, y el 80% de la producción de cobalto procede de la República Democrática del Congo.

“Un simple vistazo a la localización de tales concentraciones sugiere que la transición hacia energías verdes prevista por el presidente Biden y otros líderes mundiales puede toparse con graves problemas geopolíticos, no muy diferentes a los que en el pasado generaron la dependencia del petróleo”, dice Michael Klare, un conocido especialista en geopolítica de los recursos.

Primera potencia militar, los Estados Unidos están bastante escasos de recursos fundamentales –como níquel, zinc o tierras raras– para el nuevo paradigma. China, que tiene mucho de lo último, es vista como adversario y la campeona mundial en cobalto, la República Democrática del Congo, es, seguramente, uno de los países más turbulentos del planeta. Si para solucionar los dilemas prácticos de estos nuevos recursos imprescindibles para un despliegue acelerado de las tres figuras clave de la nueva energética (paneles solares, turbinas eólicas y coches eléctricos) se utilizan los mismos métodos empleados actualmente con el petróleo, el mundo tiene por delante una perspectiva de agudos conflictos que, simplemente, ya no puede permitirse.

Sin decrecimiento no hay futuro

Pero incluso sin ese escenario de conflicto entre potencias por los recursos, su mera extracción exige una intensiva utilización de combustible fósil, ácidos, sustancias tóxicas y agua que causan enormes perjuicios humanos en todo el planeta. Martínez Alier que lleva años confeccionando con un equipo internacional un Atlas de conflictos ambientales, dice que, “hace 20 años no sabíamos ni qué era el litio o el cobalto, y ahora tenemos 150 materiales que generan muchos conflictos”. Todo esto nos devuelve al inicio: la transición energética es crucial, pero es imposible concebirla como una mera sustitución de energías fósiles por renovables. Hace falta un cambio de mentalidad, lo que, desde luego, no es una cuestión de angelismo individual, sino una acción política colectiva, imposible sin iniciativas públicas, planificación, y estricta cooperación internacional. Imposible, quizá también, sin una catástrofe que abra los ojos a ese bicho humano colectivo que solo aprende a batacazos, y a veces ni siquiera. El tiempo dirá...

En cualquier caso, sin decrecimiento, a menos que se empiece a dejar de crecer, sin un relativo empobrecimiento de los más ricos globales que disminuya la demanda de recursos naturales y la generación de residuos, no hay transición energética posible ni salida de la crisis de civilización.

Occidente y Oriente

En países como China, cuyos gobiernos conservan cierta capacidad de planificación a medio y largo plazo, es imaginable una gobernanza sobre el vector del decrecimiento, pero ¿y en los países más ricos occidentales? Durante décadas, su población ha sido educada en el egoísmo individualista y en el consumo a ultranza, perdiendo por el camino cualquier otra perspectiva. Se dirá, y con razón, que pocas sociedades hay más ávidas consumidoras que la china, pero allí se conserva una capacidad de sacrificio y disciplina colectiva que ha desaparecido en las sociedades occidentales. El sujeto de esas sociedades, el “ciudadano” que ha sido reducido por el neoliberalismo a mero “consumidor-contribuyente”, se parece mucho a un perfecto inútil desde este punto de vista. Las actitudes sociales ante la pandemia han vuelto a mostrar ese contraste entre los masivos botellones y las manifestaciones, por un lado, y los estrictos y disciplinados confinamientos asiáticos, que los miopes reducen a meras diferencias entre “libertad” y “autoritarismo”.

No hay economía ecológica sin justicia social. El cambio energético es para vivir de otra manera. De una manera más simple, más tranquila y menos frenética. Como dice el economista ecológico Tim Jackson, en Prosperidad sin crecimiento, “la prosperidad tiene que ver con la calidad de nuestras vidas y relaciones, con la solidez de nuestras comunidades, y con un sentido de propósito individual y colectivo. La prosperidad tiene que ver con la esperanza. Esperanza para el futuro, esperanza para nuestros hijos, esperanza para nosotros mismos”. Nada de todo eso se puede conseguir sin decrecimiento, es decir sin configurar una vida mucho más austera y “pobre” para los criterios actuales.

En Occidente, los gobiernos son esclavos de la dinámica creada por el capitalismo neoliberal: son incapaces de formular un programa de empobrecimiento sin perder rotundamente las siguientes elecciones ante rivales que prometan a los “contribuyentes-consumidores” lo imposible: evitar el desastre manteniendo o incrementando los actuales niveles de metabolismo social. En Asia el panorama quizás esté más abierto a una dinámica realista. No es un problema de “democracia” y “autoritarismo”, sino, me parece, de algo anterior y mucho más básico. De ahí la importancia del relevo de potencia hacia Asia al que acaso estemos asistiendo en el mundo de hoy.

jueves, 20 de enero de 2022

El difícil equilibrio: activar o paralizar

Quizá sea pedir demasiado a una película que denuncia con tal claridad la situación en que nos hallamos que además nos diga cómo podemos organizarnos para cambiarla. La labor de denuncia, la que muchos intentamos desde nuestros pobres medios, necesitaría unos altavoces que no tenemos. La de organizar el contrataque es aún más difícil. 

Las redes sociales, no lo olvidemos, no son nuestras. La capacidad de troleo de los "dueños de todo" supera a la nuestra por goleada. ¿Daremos la batalla por perdida? ¿Nos retiramos del campo? Naturalmente, NO.

El miedo puede movernos a actuar, a defendernos, o puede por el contrario paralizarnos. Ambas respuestas son posibles, Las hemos adquirido evolutivamente como formas de sobrevivir. Si creemos que "no hay tiempo" podemos renunciar a la defensa que juzgamos imposible. O tal vez resistamos... Si creemos que "aún hay tiempo" podremos organizar la defensa. O retrasarla sine die...

El cambio climático es un proceso relativamente rápido, pero, como el movimiento de los astros en el cielo, no se percibe instantáneamente: el del Sol tan solo es evidente en los últimos segundos del ocaso. En la película en cuestión, la catástrofe avanza mucho más rápidamente y no hay defensa posible (ya se encargan de torpedearla, y aún de bombardearla, los que prefieren morir inmensa e ilusoriamente ricos).

El artículo que sigue denuncia el fatalismo de la película, que no deja a lugar a la rebelión contra el sistema suicida. La parodia es realista, pero también es parodia y no panfleto. Exagera y condensa en el tiempo el proceso, que ciertamente no sabemos si será tan lento y todavía controlable como lo vemos ahora mismo. Sigo insistiendo en que, antes incluso de que el clima y la contaminación de todo se vuelva insoportable, el agotamiento de los recursos, la carencia de energía, materiales y espacios naturales explotables, creará para el capitalismo una enorme crisis. El futuro sigue abierto, y de nosotros depende (pero también. y mucho, de los poderosos) que acabe simplemente mal o mucho peor.

No vale el "cuanto peor, mejor", porque no será una fuente de solidaridad, sino de caos. Las luchas populares espontáneas no conducen a nada sin organización. No nos engañemos, organización para alcanzar cotas de poder, difícilmente todo el poder en un proceso rápido, revolucionario, a estas alturas y con la ideología conformista que domina de modo apabullante, y no es por casualidad.

Pero ahí está el problema: la participación política no alcanza las expectativas que dan esperanza para la lucha, y esto desanima a los que desde las bases de la sociedad deben presionar hacia arriba. Los reaccionarios contribuyen al desánimo, y también a una frustración que alimenta los fascismos.

Tener el gobierno sin que lo acompañe la lucha desde la base no cambia nada, porque no es tener el poder. Lucha desde la base sin gobierno, tampoco puede controlar el poder, El Gran Poder. Difícil dialéctica, que debe tener muy en cuenta las condiciones subjetivas, la real correlación de fuerzas y la capacidad para aunar luchas dispersas, que es algo distinto de un radicalismo verbal.

Solo nos queda decir la verdad. La cruda verdad. Esto se acaba, y todos los que viven de su trabajo son YA proletarios, aunque imaginen ser otra cosa. Y ello a escala mundial. Por esta razón sigue siendo válida la advertencia:

¡Proletarios de todos los países, uníos!

(Reconozco por mi parte y por la de todos los "revolucionarios de internet" que esta frase por sí sola no mueve montañas, pero poco más puedo hacer. ¿O sí...?)



BARBIJAPUTA

Se entiende perfectamente la ola hater por parte de la muchachada facha hacia No mires arriba (Don't look up): todos sus ídolos y elegibles en las urnas están retratados en el film de una u otra forma.

La película es una sátira de la sociedad estadounidense (y de cualquier país si nos ponemos, en todos los personajes del lado negacionista podemos ver claramente a dirigentes tanto de USA como de España, y es que no son nada originales, parecen calcos). También es una denuncia a la relación entre el Gobierno y la ciencia, a la injerencia de los empresarios muchimillonarios en cuestiones que nos afectan directamente a las de abajo (sin que aparezcan nunca sus firmas para que podamos ver quiénes son, les vale una simple llamada de teléfono al dirigente de turno). Una crítica certera a la derecha rancia, negacionista, narcisista y obtusa, y también al fanatismo de sus votantes... o feligreses.


No mires arriba no se deja nada en el tintero, incluso se toma su espacio y tiempo para visibilizar una lacra machista histórica: la invisibilización y negación de científicas y descubridoras, y cómo sus méritos acaban en manos de hombres.

Pero sin duda, lo que más me ha gustado de No mires arriba (además del hecho de ser una peli yanki donde se ve como algo negativo que EEUU bombardee una instalación rusa, que eso sí que es novedad) es el realismo de la sátira y la ausencia de venganzas con la que suelen dejarnos la mayoría de películas y series.

Realismo de la sátira

Conforme iba avanzando la película, me daba cuenta de que difícilmente esta historia podría contarse en otro tono, porque la realidad actualmente es demasiado parecida a la burla. No se acerca ningún cometa a la Tierra, pero sí una amenaza real que promete acabar con todo, y lo cierto es que los dirigentes negacionistas piensan y actúan como nos muestra la película: banalización, manipulación, mentiras, intentos constantes de enfrentamientos contra lo que nos dice la ciencia... y por parte de su feligresía, incluso violencia a la hora de defender lo que esos dirigentes dicen o hacen.

Si alguien cree que No mires arriba es una sátira pasada de vuelta (¿tiene sentido siquiera ese concepto?) que escuche las declaraciones de Abascal hace dos días en Intereconomía, en las que acuñó un nuevo término que me dejó con las patas colgando: "tiranía climática". Tocotó.

Pero no solo los dirigentes negacionistas son un lastre, también los que no niegan nada e incluso hacen declaraciones rimbombantes sobre su preocupación por el clima, para luego operar y tomar decisiones que literalmente empeoran la situación. O que aprovechan confusiones y bulos, como Pedro Sánchez, sin ir más lejos, para generar aún más desinformación sobre el tema.

Ausencia de venganzas (spoilers)

Ni los personajes buenos consiguen escarmentar a los malos, ni hay héroes con o sin capa que solucionan todo en los últimos 10 minutos de la cinta, ni la científica consigue el mérito robado por su compañero. Nada épico ocurre, porque de lo contrario tendríamos que haber clasificado la peli como fantasía. Y es que nada bueno podía ocurrir tal y como estaba planteada la película.

Es cierto que esto es un punto positivo, ya que no genera falsas esperanzas con un final edulcorado pegado de mala manera a un problema acuciante, ni tampoco alimenta el optimismo de mucha gente. Esa ilusión donde imaginan (y llegan a creer) que el problema se arreglará solo... o por la mano divina de no saben bien quién. Sin embargo, y aquí es donde pondría el "pero" a la película, "No mires arriba" cae en el catastrofismo. No es que caiga "accidentalmente", es que toda la historia está creada para que solo pueda suceder la catástrofe. Desde el primer momento en el que McKay hace el paralelismo del cambio climático con un cometa a punto de estrellarse contra la Tierra, está metiendo la urgencia, la denuncia, pero también la trampa. El cambio climático no es un cometa que en 6 semanas acabará de forma de violenta con toda forma de vida. El cambio climático no depende de un gobierno estadounidense y de un científico con pocas habilidades sociales. Y aunque lo sabemos, no deja de ser, una vez más, un contenido en el que se trata el cambio climático de forma pesimista. Se une a la larga lista de pelis y series que salen ya como setas, en el que sus creadores quieren que el público se asuste tanto como ellos, para que hagan algo. En mi opinión, esta forma de comunicar y tratar el cambio climático inmoviliza más que moviliza. Paraliza directamente.

No tenemos 6 semanas para solucionar el problema, como en la peli. Y aunque es cierto que no tenemos muchísimo más tiempo, hay margen de maniobra. Y sin embargo, estos contenidos, parecen decirnos que no hay nada que hacer. ¿Qué podríamos hacer nosotras, desde abajo, contra los que toman las decisiones mientras viven en burbujas de privilegios? ¿Qué acciones podríamos tomar para quitarlos de donde están y ponerlos donde se merecen? Acabamos con sensación de impotencia, de soledad, de "¿qué hago yo contra el mundo?". Los contenidos así no muestran la otra realidad: la del activismo, la política en nuestro día a día, la presión que podemos ejercer individual y colectivamente. No muestran la capacidad transformadora que tenemos aquí abajo. No recuerdan que el progreso ha sido siempre un logro de la movilización desde abajo, de la concienciación de muchas cabezas, nunca por una epifanía de un dirigente random.

Todas las personas a lo largo y ancho del mundo tenemos la posibilidad y el tiempo de presionar a los gobiernos que están haciéndose los dormidos, de denunciar, de hacer política, desde qué comemos hasta qué película elegimos en el cine. Tenemos el tiempo y la posibilidad de organizarnos como lo estamos haciendo, de unirnos a las marchas en las calles para presionar de forma contundente. De hacer boicots individuales y colectivos, de hacer activismo online y offline. Somos política desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, pero nada de eso se muestra nunca.

Necesitamos urgentemente contenidos tan brillantes como No mires arriba pero que sean verdaderamente efectivos para luchar contra el problema. Producciones que, lejos de meternos más miedo en el cuerpo, nos recuerden que podemos, que debemos y que, de hecho, no nos queda otra que pelear.

miércoles, 19 de enero de 2022

¡No mires arriba!

En el cuento de Pedro Antonio de Alarcón La buenaventura, el gitano Heredia es apresado por una cuadrilla de bandoleros, cuyo capitán, Parrón, tiene la fea costumbre de matar a todas sus víctimas, porque así nadie podrá reconocerlo. Intenta salvar su vida leyendo la buenaventura al bandido a cambio de su libertad. No voy a resumir aquí la peripecia, sino solo una parte del diálogo entre ambos personajes:

-Parrón, tarde que temprano, ya me quites la vida, ya me la dejes..., ¡morirás ahorcado!
-Eso ya lo sabía yo... -respondió el bandido con entera tranquilidad-. Dime cuándo.
Me puse a cavilar.
Este hombre (pensé) me va a perdonar la vida; mañana llego a Granada y doy el cante; pasado mañana lo cogen... Después empezará la sumaria...
-¿Dices que cuándo? -le respondí en alta voz-. Pues ¡mira! va a ser el mes que entra.
Parrón se estremeció, y yo también, conociendo que el amor propio de adivino me podía salir por la tapa de los sesos.
-Pues mira tú, gitano... -contestó Parrón muy lentamente-. Vas a quedarte en mi poder... ¡Si en todo el mes que entra no me ahorcan, te ahorco yo a ti, tan cierto como ahorcaron a mi padre! Si muero para esa fecha, quedarás libre.

Un futuro sin plazo conocido no es inquietante, pero cuando le ponemos límites la cosa cambia, sobre todo si el plazo es tan corto que incide fuertemente en nuestra cotidianidad o nuestras expectativas.

Cuando además ese tiempo disponible puede ser determinante para encontrar o no remedio al desenlace, podemos hacer tres cosas:

  • activar la búsqueda de soluciones, aun sin la certeza de hallarlas
  • considerar que ya no las hay, resignados al desastre anunciado
  • negar la existencia del problema

¿Cuál es el momento en que se pasa del "todavía sí" al "ya no"?

No hay certeza en la eficacia de las medidas que objetivamente habría que tomar, solo probabilidades de éxito, que además disminuyen con el tiempo. Las razones subjetivas para adoptarlas dependen de la personalidad de cada uno, pero más aún  de un "sentido común", colectivo, creado culturalmente, y en mayor medida por quienes han sido los causantes y beneficiarios.

En la actual pandemia hemos visto y seguimos viendo las tres conductas: los que han buscado soluciones (confinamientos, distancia, vacunas...), los que se han resignado a alcanzar pasivamente la "inmunidad de rebaño" y, sin que ya pueda sorprendernos, los negacionistas.

Como sigue ocurriendo con el cambio climático, o con el más o menos ocultado, aunque cada vez más patente, cénit de los recursos: energía, materiales y... espacios. Espacios para todo: para vivir, para producir alimentos, para preservar ecosistemas.

Al éxito de la película No mires arriba, planteada anteriormente a la actual y no resuelta pandemia, ha contribuido esta plaga bíblica. Porque si el cambio climático que seguramente motivó el rodaje se desarrolla ante nuestros ojos, lo hace en cámara lenta; en cambio, el virus está ya aquí e incide fuertemente en nuestra vida cotidiana.

El título de la película envía dos recomendaciones complementarias: despreocúpate de lo que se nos viene encima (o niégalo directamente), y si buscas soluciones prácticas, no eches la culpa a los que están más arriba, compite a tu nivel o presiona hacia abajo.

El diario, ahora digital, Público edita mensualmente un número en papel para suscriptores. En el 16, correspondiente al pasado diciembre, Santiago Alba, escribe sobre "el derecho a no saber":

Durante dos siglos, mientras existía una esfera pública articulada y una resistencia colectiva poderosa, se asumía que el conocimiento era un factor de cambio. De saber a no saber dependía el curso de los acontecimientos, y ello hasta el punto de que un teórico podía movilizar a un pueblo y un periodista derrocar un Gobierno. Hoy sabemos, en cambio, que nada que sepamos puede detener la destrucción. La prueba es la última cumbre climática de Glasgow. El capitalismo, por así decirlo, ha superado también el 'autoconocimiento'; no necesita ocultar nada; puede declarar de forma transparente sus entrañas. Si eso es así, los alertadores han perdido la partida frente a los delatores; y la democracia frente a la tiranía. Esta es la peor noticia; y la que, por dignidad y supervivencia, deberíamos negarnos a aceptar.

En este artículo y en el que reproduzco más abajo este autor se sitúa en ese punto crítico que va del "todavía se puede hacer algo" al "ya nada se puede hacer". La contradicción es evidente, y la asumimos todos los que seguimos hablando y escribiendo sobre esos futuros "inevitables", precisamente con la intención de evitarlos, o amortiguar por lo menos las peores consecuencias.

En el mismo sentido pesimista se expresa Gonzalo Cordero:

Grita, rebélate, mata, protege, quema bosques, comparte hashtags en redes, vete a África a poner vacunas, dispara bombas nucleares. Hagas lo que hagas, te vas a comer el pedo de Sting. Y él no va a parpadear.

Pero insistimos en nuestro mensaje: no perdemos la esperanza de influir en los demás. Y en medio de ese "pesimismo de la inteligencia" se cuela siempre cierto "optimismo de la voluntad".

Numerosísimos han sido los comentarios suscitados por este estreno televisivo; recomendaré estos, entre otros:






'No mires arriba': el placer del reconocionismo

SANTIAGO ALBA RICO
11/01/2022 

Lo mejor y lo peor que puede decirse de la polémica y aclamada película de Adam McKay, No mires arriba, es que es brillante y entretenida. Es lo mejor porque, en efecto, pasas un buen rato gracias al ingenio de unos guionistas que vuelcan en ella todas las verdades que habitualmente se nos ocultan y todas las denuncias a las que en otros formatos nadie hace ningún caso: el populismo electoralista de los gobernantes, la colusión entre el poder político y el económico, las fantasías de los gurús tecnológicos, el negacionismo interesado de los plebeyos, la frivolidad cómplice de los medios de comunicación. Es lo mejor, pero también lo peor, porque el único efecto que introduce en el mundo es el de confirmar las fronteras impermeables entre la enunciación y la acción. La verdad, por así decirlo, nos divierte tanto como el magufismo, el adefesio y la estupidez.

He hablado de "las verdades que nos ocultan". No es una frase acertada, porque lo cierto es que ya nadie nos oculta nada. Al igual que "The Daily Rip", la famosa emisión televisiva de la película, con sus carismáticos e inescrupulosos presentadores, todos los días, desde hace años, nuestros medios de comunicación, entre la noticia de un divorcio y la de un fichaje futbolístico, nos cuentan la verdad acerca del mundo. Hace años que nada permanece en la oscuridad. Si hubo un período clásico del capitalismo en el que el "sistema" se reproducía sobre la ignorancia inducida de la gente, hoy se reproduce de manera transparente, sin recodos ni secretos, a partir del conocimiento aireado, exhibido y hasta orgulloso de sus bajezas y sus peligros. Es lo que, frente al negacionismo, yo llamaría "reconocionismo", un fenómeno del que No mires arriba es la culminación cinematográfica y, si se quiere, el cierre categorial. Hace setenta años no se hubiera podido hacer esta película o se hubiera perseguido a sus autores, como el FBI y la CIA persiguen al doctor Mindy y a la doctora Dibiasky. Hoy la película reconoce sin ambages lo que nos está ocurriendo y todos, aún más, nos reconocemos en lo que relata sin que se ondule siquiera la superficie del mundo exterior amenazado. Ya lo dijo hace veinte años el siempre sabio Berlusconi, tras la muerte de Nicola Calipari: "la verdad no cambia nada". Conformémonos con que sea "entretenida".

El reconocionismo, en definitiva, es la otra cara del negacionismo en un mundo en el que la ignorancia ha sido sustituida por una impotencia a veces cínica y a veces llorona. Ya no hace falta el engaño ni la manipulación; lo sabemos todo, pero no podemos hacer nada. Es como esos insectos provistos de aguijón que inyectan anestesia a las víctimas de las que se alimentarán sus larvas; mientras son devoradas, estas despensas vivas conservan la vista y la sensibilidad; asisten lúcidas, pero sin poder moverse, a su propia destrucción. Eso es lo que cuenta la película y eso es lo que hace la película. Nos cuenta por qué no podemos movernos, pero sin introducir en nuestras vidas movimiento alguno. Escenifica, mientras contemplamos sedentes la pantalla, el expediente irreversible de nuestra inmovilidad. En definitiva: en términos políticos y antropológicos --en términos, si se quiere, de placer-- entre la película No mires arriba y el programa "The Daily Rip" en ella satirizado no hay ninguna diferencia. Es solo su prolongación.

"Reconocionismo" es, pues, esta permanente enunciación parapolítica de los peligros que se ciernen sobre el planeta. Todos reconocemos, por ejemplo, la catástrofe del cambio climático o la intimidad orgánica entre la pandemia y la explotación capitalista de la naturaleza. Las reconocemos y nos convertimos en sus heraldos supersticiosos. Se trata de un reconocimiento un poco vicioso, pues se formula en paralelo a los peligros así nombrados y cuyo nombre mismo, en la medida en que nos produce placer, parece ponernos a salvo. Los negacionistas se rebelan contra la verdad; son al menos rebeldes. Los reconocionistas proclamamos y aceptamos las dos verdades: la de la destrucción de la especie y la de nuestra impotencia para evitarla. Al proclamarla, porque la proclamamos, nos hacemos la ilusión de estar fuera de peligro. El reconocionismo, como el negacionismo, nos tranquiliza.

El reconocionismo, forma superior de la reproducción capitalista, tiene estos efectos recreativos. Si los pasajeros de tercera del Titanic hubiesen conocido ya la historia del Titanic -arquetipo catastrófico- se habrían sentido aterrorizados al oír música de danza en la cubierta superior: "bailan, luego nos hundimos". Pero también, junto al terror y contra él, podrían haber sentido el impulso de unirse en espíritu a la primera clase: "nos hundimos, luego bailemos". En otra época de crisis global, el poeta Bertolt Brecht escribió: "cuando la rama está a punto de quebrarse, todo el mundo se pone a inventar sierras". No todo el mundo. También podría decirse: cuando la rama está a punto de quebrarse, todos se ponen a inventar pasos de baile. O también: cuando la rama está a punto de quebrarse todos se ponen a contar en voz alta los crujidos.  Cada uno escoge su ansiolítico.

No mires arriba lo resume todo y después se autodestruye limpiamente. Como producto es bueno; como lección impecable; como intervención nula. Salvo porque nos recuerda las razones por las que merecería la pena conservar la humanidad ya condenada: la dignidad, el amor y la risa. Ninguna de los tres desviará el meteorito, entre otras razones porque ya cayó. Somos casi 8000 millones de supervivientes y con la dignidad, el amor y la risa tendremos que hacer algo más que películas como No mires arriba. O artículos como éste.



sábado, 15 de enero de 2022

Franco y los niños (II)

Parece que la dictadura argentina de Videla no inventó nada, en cuanto a la adopción de huérfanos por "familias correctas", que no hubiera practicado antes el fascio español.

En lo referente a la tutela institucional, la infancia en los hogares del Auxilio Social la recuerda el historietista Carlos Giménez en su obra Paracuellos, testimonio en gran parte autobiográfico de lo que más que centros de acogida podemos calificar de prisiones para niños.

Esta organización falangista facilitó el secuestro de niños de las mujeres republicanas encarceladas gracias a un decreto de junio de 1940 que le otorgaba la patria potestad de los niños cuyas familias tuvieran «malos antecedentes» y a otro decreto de 1941 que le permitía cambiar los apellidos de los niños acogidos en sus centros, lo que impedía que pudieran ser reclamados por sus verdaderos padres. Así se recoge en el auto de Baltasar Garzón, que, tras lo ya reseñado aquí, continúa:

NOVENO.- El Boletín Oficial del Estado de 16 de diciembre de 1941 publicó la Ley de 4 de diciembre del mismo año (Jefatura del Estado) sobre inscripción de niños repatriados y abandonados; en su preámbulo decía: «El Nuevo Estado, que con actuación tan tenaz procura por diferentes medios reintegrar física y espiritualmente dichos niños a la patria, debe adicionar las medidas de protección a los mismos con un procedimiento sencillo y rápido que facilite su inscripción en el Registro Civil.

A tan justa finalidad responde la presente ley, en cuyos preceptos se prescinde de ejecutorias y otros requisitos que no se reputan indispensables, exigidos en la Ley de Registro Civil y disposiciones complementarias, los cuales se suplen con la intervención, especialmente justificada en esos casos, de los Jueces de Menores y de los Presidentes de los Tribunales Tutelares de Menores.»

En su artículo primero utilizaba un concepto jurídico indeterminado que dejaba al arbitrio de la autoridad gubernativa cuales debían ser las pautas para imponer este tipo de inscripción extraordinaria: «Si después de las investigaciones necesarias no se pudiera averiguar el Registro Civil en que figuren inscritos los nacimientos de los niños que los rojos obligaron a salir de España y que han sido o sean repatriados, se procederá a inscribir su nacimiento en dicho Registro. Igual inscripción se hará respecto a los niños cuyos padres y demás familiares murieron o desaparecieron durante el Glorioso Movimiento Nacional» (nótese como se reconoce el hecho de la desaparición y como no se aprobaron normas que viabilizaran o posibilitaran la búsqueda o aparición de estas personas, sino otras, como ésta, que consumaron e hicieron desaparecer cualquier rastro de la familia originaria de miles de niños.

«En el caso de que no se sepan los verdaderos nombres y apellidos de los niños, se les impondrán de los usuales, y se expresará que la filiación es desconocida, sin que esto implique presunción de ilegitimidad». Ninguna investigación se inició para averiguar la identidad ni para recuperar los vínculos paterno filialesAntes al contrario, ser propició la desconexión con estos y así se ha mantenido hasta la actualidad en múltiples casos.

Así se había establecido claramente en el Decreto de 23 de Noviembre de 1940 (B.O.E. 1-12-1940) del Ministerio de la Gobernación, sobre Huérfanos, Protección a los de la Revolución y la Guerra.

«… De esta suerte, en defecto de familia propia, serán encomendados a personas dispuestas a mandar en ellos el fuego del afecto familiar y no siendo posible la aplicación de este sistema, se confiarán a la Organización benéfica con la que el Estado y el Movimiento prestigian como órgano militante de la idea de hermandad nacional…».

 «… La protección establecida por el Decreto se determina por una sola razón genérica, cual es la orfandad derivada de la Revolución Nacional y de la Guerra. En ningún caso será ampliada la investigación para esclarecer el motivo concreto desamparo ni el desigual grado de gloria o la simple carga de dolor que hacen necesario el remedio. Como desprovista de sentido hereditario, “la culpa de cualquier proceder antisocial cesa ante el huérfano precisado de ayuda común”, y no cabe, junto a él, otra medida que la abierta generosidad de asegurar, para el mejor servicio de la Nación, la promesa que su juventud encierra». Como se ha puesto de manifiesto tal aserto se compagina mal con la realidad a la que se aplicaba cuando se trataba de hijos de mujeres republicanas o no adictas al régimen.

Así, y previa deliberación del Consejo de Ministros, se dispuso que:

«Artículo 1.- Asume el Estado la protección de los menores de 18 años que, por causa directamente derivada de la “Revolución Nacional y de la Guerra” hayan perdido a sus padres o a las personas a cuyo cargo corría su subsistencia y cuidado, y, carezcan, al propio tiempo, de medios propios de fortuna o de parientes obligados a prestarles alimentos…».

«La guarda y custodia de los huérfanos será cumplida, luego de la madre o parientes, … confiándoles, en iguales circunstancias a personas de reconocida moralidad, adornados de garantías que aseguren la educación de los huérfanos en ambiente familiar irreprochable desde el triple punto de vista religioso, ético y nacional» (artículo 3 b).

«Artículo 4.- Será observada en todos los casos, la prelación que antecede, no debiendo prescindirse, por tanto, del régimen de guarda por la propia familia del menor, en tanto no existan fundadas razones para estimarle nocivo a éste en sus intereses de orden formativo y moral, ni procederá tampoco disponer su internamiento en instituciones de tipo benéfico, cuando existan personas que soliciten hacerse cargo de algún huérfano y garantice el perfecto cumplimiento de dicha misión.»

Es decir, aparentemente, se consumaba así todo un sistema de tutelas o adopciones encubiertas cuya procedencia quedaba en manos de las autoridades del nuevo régimen, lo cual unido a las percepciones y posicionamientos respecto de las mujeres presas republicanas podían dar como resultado inevitable la pérdida del menor.

Se estableció asimismo toda una trama burocrática de organizaciones: Auxilio Social, Entidades benéficas, con delegaciones locales, Delegaciones Locales del Patronato de Nuestra Señora de la Merced, que en el caso de madres reclusas elaboraba una selección sobre los casos más urgentes según las normas de preferencia que el mismo precepto establece, comenzando por los niños sin padre o parientes, miseria material, riesgo de contagio o «casos urgentes de miseria moral, producida por vida irregular de la madre, conducta inmoral o ideas perniciosas de las familias que aviven en los niños» (artículo 18 c) del Reglamento de las Delegaciones Locales del Patronato de Nuestra Señora de la Merced para la Redención de Penas por el trabajo).

Las cifras de niños y niñas, hijos de presas, tutelados por el Estado, según la memoria que el Patronato Central de Nuestra Señora de la Merced para la Redención de Penas elevó al Caudillo de España en 1944 ascendía a 12.042, la mayoría de los cuales, en especial los niños (7.538) estaban en centros religiosos, cifra que en la década 1944-1954, pasó a ser de 30.960 niños cuyo ingreso en centros religiosos y seminarios fue gestionado por el Patronato de San Pablo, dependiente del Ministerio de Justicia. La mayoría de esos niños eran huérfanos de guerra con padres muertos, presos, exiliados, clandestinos o desaparecidos, «o al menos eso se desprende de las listas de muchachos elaborados por el patronato de la Merced para ingresarlos en centros públicos o religiosos. Las largas listas oficiales señalan la situación del padre como fusilado o desaparecido, y en los impresos de solicitud de las Juntas Locales a la Junta Central del Patronato de la Merced aparecen muchos nombres de niños y niñas con una indicación sobre el paradero de sus padres verdaderamente inquietante: “Alemania”, “Auschwitz”, “Mauthausen” y, por supuesto, un abanico de todas las cárceles de España». *

El artículo 5 del Decreto de 23 de noviembre de 1940 establecía que el Auxilio Social y las Instituciones de beneficencia o las personas individuales, aunque no fueran familia, ostentarían, a todos los efectos jurídicos pertinentes el carácter de tutor legal, entendiéndose diferido el título por el “simple hecho de poner los menores bajo su cuidado directo”.

Para conseguir los ingresos, las Juntas Locales debían confeccionar unas listas en las que debían hacer constar una serie de datos personales (artículo 19) quedando los niños bajo la tutela de la Delegación Local del Patronato que los visitaba normalmente para constatar si realizaban «los debidos progresos en su espíritu religioso y en su educación cultural; en una palabra, si se cumplen perfectamente los fines que debe llenar un colegio católico» (artículo 21).

(continuará)

martes, 11 de enero de 2022

Franco y los niños (I)

Recordaba haber leído este emocionante y fervoroso poema en alguno de los libros de mi niñez. No es la única muestra del amor profesado por el Caudillo a los hijos de su idolatrada Patria:

Hallábase Franco un día
en una playa lejana.

Mientras las olas, tranquilas,
muerte en la arena buscaban,
él meditaba proyectos
de incalculable importancia.

Tendía de cuando en cuando
los ojos hacia su Patria.
Una vez se le nublaron
y le nacieron dos lágrimas
al pensar en tantos hijos
de su idolatrada España
que eran inocentes víctimas
de una educación malvada.

¡Pobres niños! –dijo Franco-;
niños hoy, hombres mañana:
¿qué españoles han de ser
si les mancillan el alma
con doctrinas pestilentes
y prácticas depravadas?,
¿si el manantial les cegaron
de divinas enseñanzas
y no hay una Cruz bendita
que dignifique las aulas?,
¿si a una siembra de virtudes
siembra de vicios reemplaza?

Nublan estas ideas
la limpísima mirada
de Franco, mientras las olas
muerte en la arena buscaban…

De súbito alza la frente;
ambos brazos adelanta
como queriendo abrazar
a los niños de su patria
y con acento rotundo
que pone Dios en su alma
dice:-¡No pereceréis,
flores del jardín de España,
lo mejor de su riqueza
su más risueña esperanza
pedazos del corazón
de patria madre abnegada!

Quiere el cielo que yo quiebre
las cadenas con que labran
vuestra eterna desventura
chacales de forma humana
¡Arriba España!, hijos míos,
rosas del jardín de España.

Desde las más altas nubes
una legión de querubes
bajó a llamar la cruzada,
mientras que un ángel guerrero
fulgor quitaba a un lucero
para dárselo a una espada…

En cuando tuvo ocasión, puso en marcha aquel proyecto de incalculable importancia, como  testimonia Baltasar Garzón en el sumario abierto en 2008 para enjuiciar los crímenes contra la humanidad durante la dictadura franquista.

En los razonamientos jurídicos de aquel auto judicial el dictador muestra su celo por arrancar de cuajo aquella educación malvada:



















SEPTIMO.- La Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa en su Declaración de condena de la Dictadura Franquista de fecha 17 de marzo de 2006 (Recomendación 1736) hace referencia a un punto fundamental y que tiene importante trascendencia en la investigación iniciada en esta causa. En sus puntos 72, 73, 74 y 75 afirma, respectivamente: 

«Los “niños perdidos” son también parte de las víctimas del franquismo: se trata de hijos de presos cuyos apellidos fueron modificados para permitir su adopción por familias adictas al régimen.»

«Varios miles de hijos de obreros fueron también enviados a instituciones del Estado porque el régimen consideraba su familia republicana como “inadecuada” para su formación.»

«Niños refugiados fueron también secuestrados en Francia por el servicio exterior de “repatriación” del régimen y situados posteriormente en instituciones franquistas del Estado.»

«El régimen franquista invocaba la “protección de menores” pero la idea que aplicaba de esta protección no se distinguía de un régimen punitivo. Los niños debían expiar activamente “los pecados de su padre” y se les repetía que ellos también eran irrecuperables. Frecuentemente eran separados de las demás categorías de niños internados en las Instituciones del Estado y sometidos a malos tratos físicos y psicológicos.»

Esta declaración nos pone ante hechos verdaderamente graves y que durante más de 60 años no han sido objeto de la más mínima investigación, específicamente tras la entrada en vigor de la Constitución (30 de diciembre de 1979) y después de haber desaparecido los obstáculos que durante toda la dictadura habrían impedido indagar esta peculiar forma española de desaparición “legal” de personas durante la guerra y más especialmente en la posguerra hasta la década de los años cincuenta, a través de una andamiaje pseudo jurídico que, presuntamente, dio cobertura a la sustracción sistemática de niños, hijos de presas republicanas por razones políticas y de republicanos exiliados que fueron a parar a campos de concentración nazis e hijos que legalmente, con amparo de la Cruz Roja y mediante métodos legales y humanitarios habían sido trasladados de España a otros países para evitar los rigores de la guerra, y, que posteriormente fueron repatriados, como se dirá, sin que, en múltiples casos, los hijos quedaran bajo la tutela o custodia de sus padres o familias originarias sino en instituciones públicas y en adopción, sin que el Estado y sus autoridades, en esa época, hicieran algo diferente a ofrecer cobertura legal para que esta sa segregación-desaparición y pérdida de identidad se consumara.

En estos casos, como en ningún otro, se perfila el plan sistemático e ideológico para la formación del nuevo Estado aplicado a quienes se consideraban contaminados o no aptos para asumir el cuidado y educación de los hijos, por sus ideas políticas, inspirado en la filosofía de pureza ideológica que a través de la doctrina pseudo científica mencionada en el Razonamiento Jurídico Tercero, había sido implantada con el auspicio y por orden del Jefe del Estado a partir de agosto de 1938 (telegrama nº 1565) y que tendría su máximo exponente en la ley de 4 de diciembre de 1941 (B.O.E. nº 350, de 16 de diciembre de 1941, pgs. 9819 y 9820) apenas unos días antes (7 de diciembre de 1941) de que el Mariscal Keitel promulgara el decreto Noche y Niebla (Nacht und Nebel Erlass) en Alemania y que inauguró, a nivel internacional, la desaparición forzada de personas como forma de crimen contra la humanidad, pero que, con similares ingredientes se había producido, se estaba produciendo y continuaría produciéndose, con características propias, a lo largo de la década en España.

OCTAVO.- Previamente a aquella ley, la Orden del Ministro de Justicia, Bilbao Eguía, de 30 de marzo de 1940 establecía cuales eran las normas sobre la permanencia en las prisiones de los hijos de las reclusas. En su preámbulo se lee:

«Ilustrísimo Sr. el artículo 81 del vigente Reglamento de prisiones dispone que, cuando las penadas ingresen llevando consigo hijos de pecho, habrán de ser admitidas en los  Establecimientos penitenciarios, norma que, por obedecer a la ley de naturaleza es necesario mantener; pero transcurrido un plazo que puede fijarse en la edad de los tres años, no existe en estos momentos justificación alguna para que en las Prisiones las reclusas tengan a sus hijos, por lo que este Ministerio se ha servido disponer:

Primero (…) las reclusas tendrán derecho a amamantar a sus hijos y a tenerlos en su compañía en las Prisiones hasta que cumplan la edad de tres años.»

En enero de 1940 el Ministerio de Justicia crea el Centro Penitenciario llamado Prisión de Madres Le Madres Lactantes en el número 5 de la Carrera de San Isidro, de Madrid.

Este centro obedecía al desarrollo de las ideas ya expuestas en 1938 y 1939 por el responsable del Gabinete de Investigaciones Psicológicas, en materia de género y segregación y específicamente en relación con mujeres presas, y, que como se indicaba e un informe de 1948 de la Oficina Informativa Española sobre la situación carcelaria española, tenían como intención última lograr su regeneración física y moral para devolverla a la sociedad sana de cuerpo y espíritu y pueda llenar su sagrado cometido: la maternidad.

La realidad de la Prisión de Madres Lactantes, según algunos testimonios, era terrible tanto para las madres como para  los hijos, que tan sólo estaban no más de una hora con sus madres, permaneciendo el resto del día separados y en condiciones muy precarias.

Muchos de aquellos hijos les fueron retirados a las madres y nunca fueron devueltos a sus familiares de origen, ni tampoco se intentó hacerlo.

El artículo segundo de la Orden de 30 de marzo de 1940 –B.O.E. de 6 de abril de 1940, establecía: “Una vez cumplidos los tres años, las Juntas Provinciales de Protección de la Infancia, se harán cargo de los niños para su manutención y asistencia, si los familiares de los mismos no tuvieran medios suficientes para alimentarles y educarles”.

La excarcelación, tras esta norma y otras que vendrían detrás, de niños de mujeres presas por razones políticas fue masiva, identificándose en diferentes operaciones oficiales bajo órdenes del Ministro de Justicia, entre 1940 y 1944, ocasionalmente (ya que la norma general era la invisibilidad oficial de los hijos en las prisiones) en los expedientes penitenciarios de las madres con la expresión. “Destacamento hospicio”.

«Desaparecían sin saber cómo. Desaparecen y tu no sabes, la madre desde la cárcel no puede saber porqué ha desaparecido su hijo, ni cómo, ni dónde. Se lo han llevado y se acabó. ¿Cuántas madres han tenido que estar buscando a sus  a sus hijos tiempo y tiempo y no los han encontrado?

En la prisión de Saturrarán, en 1944, funcionarios y religiosas ordenaron a las presas que entregaran a sus hijos y, tras los forcejeos y resistencias, fueron introducidos, en número indeterminado en un tren con destino desconocido: "Un tren de hierro y madera lleno de niños, que hacía chas, chas"*

Algunos de aquellos niños fueron recuperados pero otros muchos no «porque no tenían familia. La familia estaba toda en la cárcel. Se los llevaban ellos adonde fuera. Han ido de un sitio a otro. Han tenido distintos apellidos.»*

A Carmen Riera, según su propio testimonio, pretendieron sustraerle a su hija en Barcelona con idea de que ante el traslado inminente a la cárcel de Saturrarán (Vizcaya) la niña se quedara en aquella ciudad en la Maternidad. La madre se negó, ante el temor de perderla. Finalmente murió en la prisión vizcaína a donde había llegado procedente de la cárcel Les Corts.

Félix Espejo, antiguo minero asturiano que ha recogido datos de la represión en la zona del Concejo de Lena (Asturias), en sus investigaciones habla de unas vecinas del pueblo, Concepción y Ángeles Vázquez del Río, dos hermanas condenadas a muerte, pena que posteriormente les fue conmutada por la de treinta años de reclusión. Según los datos del Patronato Central de Nuestra Señora de la Merced, la primera permaneció en la prisión de Saturrarán hasta 1945. «… un día cuando las madres salieron al patio con sus hijos, las monjas les dijeron que los niños tenían que quedarse dentro, que iban a pasar un reconocimiento médico. Eran un centenar de niños. Cuando las madres volvieron los niños ya no estaban. Concepción que no tenía hijos quedó impresionada por las escenas de dolor y por los gritos de las madres que reclamaban a sus hijos. “Amenazaron a las madres diciéndoles que callaran si querían conservar la vida. Una mujer de Oviedo que salió poco después de estos hechos encontró a su hija en casa de unos militares en Valencia, pero no sabía si la pudo recuperar o no. Concepción paso toda su vida muerta de miedo, como les pasó a muchas personas que sufrieron la represión en estos pueblos pequeños de Asturias”.»*

(continúa)

lunes, 10 de enero de 2022

Antonio Turiel confirma a Alberto Garzón

Los ataques de la derecha y la prensa sumisa tienen graduado el calibre y el ritmo de su preparación artillera para ablandar las defensas del Gobierno. Un primer nivel es la coalición en bloque, le sigue su ala izquierda; pero los ataques de precisión van contra dos ministros, por su inequívoca pertenencia a la izquierda más organizada.

Sobre Yolanda Díaz, dados los éxitos de un ministerio que tanto trabajo le está dando, lo más que pueden decir es que su reforma laboral no era tal, que se ha plegado a la patronal. En realidad, lanzan un doble mensaje contradictorio: para los suyos, que es un gran peligro, pero lo han conjurado. Para los demás, que es una política fracasada.

En cambio, con Garzón lo tienen más fácil. Su doble mensaje pasa sin pudor alguno de decir que no hace nada a decir que hace mucho daño.

Los ataques comenzaron cuando durante lo peor de la pandemia dijo que había que centrarse en los servicios esenciales y trasformar el modelo productivo. Por ejemplo, dijo que el turismo era un sector de poco valor añadido, un producto que no añade valor material, con empleos precarios y sujeto a caídas desastrosas. Luego se le ocurrió decir que el consumo excesivo de carne es insostenible y dañino para la salud. Ahora, que la ganadería intensiva es un desastre medioambiental y que destruye más empleo del que crea.

Cuando los bulos sobre lo que realmente dice se deshacen como un azucarillo, queda hablar de que lo que dice "no es oportuno". Ahí es cuando la preparación artillera ha ablandado las poco sólidas defensas del ala derecha del gobierno, un partido que además tiene dentro otra ala aún más a la derecha. Léase al respecto este corto artículo: macromentiras en el corral ibérico.

Los irrefutables argumentos que ha empleado el ministro de consumo se centran sobre todo en la salud, la contaminación y el cambio climático. Pero hay otro argumento más convincente aún, del que se habla muy poco, porque no es popular.

Y no es popular por dos razones. En primer lugar porque a nadie le gusta que le agüen la fiesta; pero hay además otra razón muy poderosa: porque, como no crea "oportunidades de negocio", ya se ocupan de que no se hable de ello. Y aún más: en tiempos de elecciones siempre inminentes, los partidos que aspiran a tocar poder huyen de un tema que desmotiva a la mayoría de los electores.

Los negacionistas del cambio climático tienen cada vez menos razones ante lo que está a la vista de todos. Ante la evidencia, lo que hace el capital es moverse, invertir en transformaciones necesarias, siempre a su manera. Los cambios en la producción industrial, agrícola o ganadera mueven capital, y haciendo y deshaciendo se sigue llenando la bolsa.

En cambio, cuando se plantean los límites del crecimiento motivados por el agotamiento de materiales estratégicos y de las fuentes de energía no renovables (y ninguna energía es renovable más allá de su capacidad de renovación) el beneficio se reduce necesariamente. Decrecer es incompatible con el lucro ilimitado. Quedan en el aire soluciones ecofascistas.

De todo esto habló ayer Antonio Turiel. La agricultura y la ganadería intensivas no tienen futuro, porque dependen de unos activos energéticos y territoriales que se agotan.

Y por las mismas razones se agota el turismo masivo.

El físico Antonio Turiel protagoniza este domingo una charla online sobre el futuro de la energía

El experto abordará en su intervención problemas relacionados con los suministros energéticos, la crisis de los chips o la transición energética.

El doctor en Física Teórica, experto en recursos energéticos y matemático leonés Antonio Turiel protagoniza este domingo, a las 19.00 horas, la charla en línea que organiza el colectivo Decrecimiento León-Bierzo bajo el título 'El futuro de la energía. Los años decisivos' y a la que se puede acceder a través de Youtube en el enlace https://www.youtube.com/watch?v=x5Li3gUqveU. 
El ponente, conocido divulgador sobre el agotamiento de los combustibles fósiles, mediante el blog 'The Oil Crash'. hablará sobre la actual situación energética, los graves problemas de suministro de gas este invierno en Europa, los costes de la electricidad y el anuncio de posibles apagones en países europeos, los problemas de la cadena de suministros, la crisis de los chips, plásticos y minerales raros, así como de la caída de la producción de diésel y la crisis de producción de fertilizantes nitrogenados y su relación con la producción de alimentos. 
Los organizadores apuntan que "como no podía ser de otra forma" se abordará también el problema del déficit de materiales y combustibles "para la transición a una idílica economía verde, lo que choca con la realidad que nos aboca indiscutiblemente a un escenario de decrecimiento forzado ante el que deberíamos plantearnos ya la construcción de estructuras descentralizadas para gestionar localmente las necesidades básicas de la población".