jueves, 5 de marzo de 2026

De la guerra mundial por entregas a la de entrega inmediata

El fin de la Segunda Guerra Mundial fue un momento lleno de buenos propósitos. Las Naciones Unidas se constituyeron para regular tensiones y conflictos entre Estados. Se hacía necesaria una normativa aplicable y tomando como guía la Declaración Universal de los Derechos Humanos se proclamaron principios y valores, y también se establecieron organismos encargados de velar por el cumplimiento del Derecho Internacional.

Fue Francisco de Vitoria quien en el siglo XVI puso sus bases, con una nueva interpretación más humana del viejo derecho de gentes que pretendía superar la arbitrariedad de los reyes, apoyada solamente en el origen divino de su poder. (Todavía Franco se autoproclamaba "Caudillo de España por la Gracia de Dios").

Pero este entramado jurídico nunca tuvo capacidad coercitiva para imponerse a quien con mucho poder se saltara las normas. Casi inmediatamente los Estados Unidos iniciaron guerras localizadas que en su conjunto han constituido una nueva guerra mundial a plazos, invocando sistemáticamente con una interpretación sesgada las mismas normas violadas.

Ahora, el incongruente Trump a veces dice utilizarlas, a veces presume de saltárselas a la torera. Con ello está triturando la poca fiabilidad que les quedaba, siquiera como disfraz. Ahora, "sin complejos", invita a que "el que pueda hacer, que haga" (¿os suena?).

El último desafío a toda normativa se diferencia de los anteriores en que hace volar por los aires la seguridad en el cumplimiento de nada que se acuerde con él. ¿Qué puede significar ya ningún acuerdo? ¿Tendrá algún sentido un tratado de paz?

Rotas ya las débiles cadenas de la confianza mutua y con un continuo cambio de discurso, ya nada de lo que diga tiene valor alguno, ni siquiera provisionalmente. Me temo que con sus improvisaciones sobre la marcha y la confusión que padece entre sus planes a medio plazo y su día a día, este último emperador pase de la guerra en incómodos plazos a una guerra mundial al contado y sin fianza.

Pero lo guía el mismísimo Dios de Israel.


El ataque ilegal de Israel y EEUU contra Irán no tiene que ver con el programa nuclear ni con la libertad

Israel y EEUU buscan más hegemonía regional, control de recursos naturales, rutas para su transporte y un escenario que facilite la anexión ilegal israelí de territorios ajenos y contenga el crecimiento de China

Olga Rodríguez
2 de marzo de 2026

Marineros del USS Abraham Lincoln preparan los misiles estadounidenses antes del ataque aéreo sobre Irán. U.S. Central Command via Getty Images











El ataque de EEUU e Israel contra Irán es ilegal y constituye lo que en derecho internacional se llamacrimen de agresión”. El Gobierno israelí de Netanyahu lo ha denominado “ataque preventivo” y varios medios europeos han usado ese término como definición en sus titulares. No hay nada preventivo en bombardear un país que no se disponía a atacar, y así lo han subrayado varios relatores de Naciones Unidas y otros expertos en derecho internacional: “El cambio de régimen preventivo es un delito internacional”.

Israel y EEUU han lanzado su segunda guerra contra Irán en ocho meses. Con sus bombardeos no solo buscan un cambio de régimen, también pretenden aumentar su hegemonía en la región, en la que solo el Estado israelí cuenta con armamento nuclear. Como era previsible, Irán respondió lanzando ataques contra Israel y contra bases militares y aeropuertos en varios países del Golfo.

Pese a las excusas esgrimidas, parecidas a las fabricadas en 2003 para justificar la invasión ilegal de Irak, las causas reales de esta guerra de agresión contra Irán no tienen que ver ni con el programa nuclear iraní ni con las reivindicaciones de libertad para su pueblo.

El argumento de que Irán podría terminar fabricando armas nucleares es un relato que Netanyahu usa desde 1992. Israel tiene armamento nuclear. Irán, no.

Más hegemonía

El Gobierno de Israel busca reforzar su hegemonía regional y avanzar en su proyecto colonial. A través del genocidio en Gaza ha consolidado su ocupación y anexión ilegal de territorio en la Franja de Gaza, Cisjordania, Jerusalén Este, los Altos del Golán sirios y más allá.

Además, el Ejército israelí continúa presente en el sur de Líbano, controla la frontera de Rafah con Egipto y, en menos de dos años y medio, ha bombardeado Irak, Yemen, Líbano, Siria, Catar, Palestina e Irán. Con ello pretende no solo reforzar el programa sionista de un Estado judío con mayoría judía –con el que impulsó ya hace décadas el robo, la expulsión y la segregación de los palestinos– sino ampliar su control y acceso a recursos naturales y a rutas de transporte en la región.

Cuenta para ello con el respaldo de Estados Unidos, el principal facilitador del genocidio en Gaza. El propio Donald Trump ha dicho en varias ocasiones que millonarios y donantes a su campaña como Sheldon Adelson y su viuda —muy proisraelíes— han sido claves en su política de apoyo a Israel. Además, el Gobierno Trump y el de Netanyahu comparten intereses.

Washington concibe el papel de Israel como el de un gran socio que garantiza sus intereses en la región. No es el único. También Alemania, estrecho aliado de Tel Aviv, lo ve así. Dicho en palabras del canciller Merz, “Israel está haciendo el trabajo sucio por todos nosotros”. Lo afirmó en junio de 2025, cuando el Ejército israelí había asesinado ya a decenas de miles de civiles, entre ellos casi 20.000 niños y niñas.

La UE también se mantiene firme en sus alianzas con EEUU e Israel. La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, pedía este domingo a Irán que frene sus ataques y evitaba mencionar los bombardeos de EEUU e Israel. Y el E3 –Reino Unido, Francia y Alemania– se ha ofrecido a colaborar militarmente con Washington y Tel Aviv.

Irán es proveedor del 13,4 % del petróleo importado por Pekín: son transacciones en las que no se hace uso del dólar.

El petróleo

Hoy en día Irán alberga importantes reservas de gas que comparte con Catar en el mayor yacimiento del mundo, el South Pars-North Dome. Además, forma parte de importantes rutas de transporte de minerales críticos desde Asia —incluida China— hacia Occidente, concentra las terceras mayores reservas de crudo del mundo y controla con Omán el estrecho de Ormuz, paso clave para el transporte marítimo mundial de petróleo y gas natural.

Irán es proveedor del 13,4 % del petróleo importado por Pekín, que Teherán cobra en moneda china o mediante inversiones en infraestructuras. Es decir, son transacciones en las que no se hace uso del dólar. Estados Unidos busca reforzar su moneda en los mercados energéticos y controlar flujos, precios del crudo y rutas de transporte, no solo para aumentar sus beneficios económicos a través de ello, sino para obstaculizar la expansión económica de China.

Con ese fin se inscriben los ataques estadounidenses contra embarcaciones en el Caribe y los bombardeos contra Venezuela. El secuestro de Nicolás Maduro y el crimen de agresión contra el país latinoamericano a principios de año tuvieron varios objetivos, entre ellos, el acceso a las reservas de petróleo venezolano —las mayores del mundo— algo confesado y repetido por el propio Trump.

Esa meta venía acompañada de la idea de un posible ataque posterior a Irán, ante el cual el régimen iraní podría intentar cerrar el paso en el estrecho de Ormuz, como anunció este sábado. Por esa ruta pasa alrededor del 20% del comercio mundial de petróleo. Su cierre puede provocar una subida del precio del crudo en todo el mundo, ante lo cual a Washington le interesaba poder contar antes con acceso a petróleo venezolano.

Como ya señalamos en estas páginas en enero, los bombardeos de EEUU contra Caracas también fueron concebidos por Washington como entrenamiento para un posible ataque posterior contra Irán, como la invasión de Panamá en 1989 lo fue para un ataque posterior contra Irak (1991).

Nicolás Maduro fue secuestrado, mientras que el líder supremo de Irán, Alí Jamenei, ha sido asesinado, como también lo fueron Sadam Hussein en Irak en 2006, Muammar el Gadafi en Libia en 2011 o Ahmed Yassin en Palestina en 2004. Ninguno de esos asesinatos —facilitados por EEUU o por Israel— dio paso a más libertad y seguridad. La violencia suele engendrar más violencia.

Netanyahu no solo busca la caída del régimen iraní, sino desviar la atención mundial de sus crímenes de genocidio y provocar el debilitamiento y la fragmentación de Irán, en un año de elecciones en Israel

Las excusas

En 2002 Netanyahu pidió a EEUU la invasión ilegal de Irak, con la misma estrategia con la que ahora justifica el ataque contra Irán. Ante el Congreso estadounidense intentó convencer a sus señorías de que el régimen iraquí era una amenaza para el mundo.

En 2003 la Administración Bush —y los gobiernos británico y español de Tony Blair y Aznar— aseguraron que el régimen de Sadam Hussein contaba con armas de destrucción masiva. Para ello hicieron uso de un informe falso creado a la medida y jugaron a expandir la sospecha, pese a que inspectores de Naciones Unidas habían supervisado en 1998 la destrucción de ese tipo de armamento, proporcionado en los años ochenta por Washington. “No es fácil probar que no existe lo que no existe”, nos decían algunos inspectores en Bagdad en 2003, durante las semanas previas a los bombardeos estadounidenses.

En esta ocasión el argumento israelí y estadounidense es que Irán podría terminar fabricando armas nucleares. Es un relato que Netanyahu lleva usando desde hace tres décadas. Israel tiene armamento nuclear. Irán, no.

En 2015, EEUU, Reino Unido, Rusia, Francia, Alemania, China y la UE llegaron a un acuerdo con Teherán por el que se comprometían a levantar sus sanciones si Irán eliminaba dos tercios de sus centrifugadoras instaladas, se deshacía del 98% de su uranio y permitía el acceso de inspectores de la ONU. En 2018 Donald Trump rompió ese pacto, dejando al régimen iraní sin incentivos para no seguir enriqueciendo uranio. Aun así, a día de hoy Teherán sigue sin tener armamento nuclear.

Una multitud se reúne en la plaza Enghelab tras el anuncio de la televisión estatal de que el ayatolá Alí Jameneí ha sido asesinado en un ataque









 

Por el estrecho de Ormuz pasa alrededor del 20% del comercio mundial de petróleo. Su cierre puede provocar una subida del precio del crudo en todo el mundo.

De hecho, en junio de 2025, en la Guerra de los Doce Días contra Irán, iniciada por Israel y a la que se sumó EEUU, el Gobierno de Trump aseguró que sus bombardeos contra instalaciones nucleares iraníes habían acabado con la posibilidad de que Irán pudiera reconstruir su programa nuclear en el futuro.

La otra excusa que alegan, la de la libertad para los iraníes, es poco creíble viniendo de un Gobierno israelí que practica crímenes masivos contra la población palestina y de un país, EEUU, que ha facilitado ese genocidio tanto con la Administración actual como con la anterior.

Tanto Washington como Tel Aviv son responsables de la falta de derechos y libertades del pueblo palestino y mantienen excelentes relaciones con otros regímenes de la región que reprimen a su gente. Los ejemplos de lo ocurrido en el pasado en Irak, Libia o Afganistán nos recuerdan que a los pueblos no se los libera con bombardeos, intervenciones militares o invasiones.

Israel cuenta con un candidato favorito para gobernar Irán: Reza Pahlavi, el hijo del último sha, a quien también apoyan algunos políticos derechistas europeos y estadounidenses. Pahlavi vive en EEUU desde 1978 y lleva tiempo haciendo llamamientos “a un levantamiento nacional” contra el régimen de Teherán. Está dispuesto a ser el hombre de Israel en Irán, en 2023 se reunió con Netanyahu en Tel Aviv, mantiene alianzas con su Gobierno y este fin de semana calificó de “intervención humanitaria” los bombardeos contra su país.

El ataque contra Irán no se produjo debido a un estancamiento o retroceso en las negociaciones, sino en un contexto de avance en las mismas.

Las negociaciones

El pasado viernes, horas antes del inicio de los ataques ilegales contra Irán, el ministro de Exteriores de Omán, mediador en las negociaciones entre EEUU y Teherán, aseguró que había importantes avances y que un acuerdo estaba “al alcance si se concede a la diplomacia el espacio que necesita”. El ministro omaní afirmó que el régimen iraní aceptaba inspecciones de equipos de la Organización Internacional de Energía Atómica y que estaba dispuesto a no acumular “nunca jamás” más material para construir armamento nuclear.

Dio igual. El ataque contra Irán no se produjo debido a un estancamiento o retroceso en las negociaciones, sino en un contexto de avance en las mismas. Los precedentes históricos, el propio caso iraquí, así como la acumulación de portaaviones y efectivos militares en la región daban pistas de las intenciones reales, en un momento de mayor debilidad militar iraní, tras los ataques israelíes de los dos últimos años y las sanciones económicas internacionales.

Al igual que en 2003 con Irak, las exigencias y las negociaciones fueron excusas para ganar tiempo e intentar convencer a la opinión pública con propaganda belicista. Pero, a diferencia de 2003, hoy las encuestas indican que la mayoría de los estadounidenses no apoyan esta operación militar ilegal, quizá porque no han olvidado las mentiras y las nefastas consecuencias de aquella agresión militar, quizá porque con el genocidio en Gaza ha cambiado la percepción de Israel en una parte importante de la población de EEUU.

Los riesgos

Los riesgos de esta escalada son enormes. El Gobierno israelí busca en ella no solo la caída del régimen iraní, sino desviar la atención mundial de sus crímenes de genocidio y provocar el debilitamiento y la fragmentación de Irán, en un año en el que habrá elecciones en Israel. Los escenarios de enfrentamientos y caos —como los que se dieron en Irak, Libia o Siria— suelen ser idóneos para el desgaste de un país y para el enquistamiento de los conflictos, con el peligro de que se extiendan en la región.

En este sentido, el iraní Hamid Dabashi, profesor de Estudios iraníes en la Universidad de Columbia, advierte de que con esta agresión militar, Israel busca generar tensiones internas, una guerra civil, la división del país en enclaves étnicos y un gobierno títere sometido a sus intereses. Es decir, un contexto que, en cualquier caso, le facilitaría engullir los territorios ocupados palestinos, sirios, libaneses e incluso más allá. Esta ha sido la estrategia israelí desde hace tiempo: la perpetuación de un escenario de violencia, porque es en la guerra donde puede conseguir lo que el derecho internacional le niega.

domingo, 1 de marzo de 2026

El cante de las minas

El 21 de octubre del año pasado, en el programa nuestro flamenco, el profesor José Francisco Ortega Castejón presentaba el libro Coplas y discografía del cante minero-levantino. Su intervención la acompañaron algunos de estos cantes, y antes unas tarantas a la guitarra de Paco Cepero, Carlos Piñana y Pepe Habichuela.

De la malagueña, la granaína y el taranto, palos herederos del fandango, traídos por los mineros andaluces, y su contacto con los fandangos locales, surgieron los denominados Cantes de Levante. Del sufrimiento vivido en las minas de Almería, Jaén y Murcia nacen letras que lo reflejan, inseparablemente ligadas a sentimientos humanos universales.

Las minas de La Unión se cerraron definitivamente en 1991. Treinta años antes comenzaba el Festival Internacional del Cante de las Minas, que ha seguido celebrándose hasta el día de hoy.


































A continuación, el contenido musical del programa minuto a minuto.

A la guitarra:

02:24, Paco Cepero, taranta 'Castillete minero'

07:25, Carlos Piñana, tarantilla minera

12:04, Pepe Habichuela, taranta 'Hondo'

Cantes:

19:32, Antonio Piñana, taranta piñanera y levantina

31:40, Pancho Cros, minera y taranta

41:43, Encarnación Fernández, cartagenera grande y levantina

52:20, Curro Piñana, taranta y murciana

viernes, 27 de febrero de 2026

¿Éxito? ¿Qué éxito?

Asociamos el éxito con la expansión, el desarrollo, el despliegue de potencialidades. El éxito se asocia con el crecimiento. Pero todo tiene límites, y así, en la naturaleza, a periodos expansivos de una población animal sucede inevitablemente una contracción más o menos traumática.

Todas las sociedades humanas, para satisfacer sus necesidades, han desarrollado modos de producción de carácter social, con diferentes formas de asociarse para organizarla. Las fuerzas productivas se ponen en marcha gracias a las relaciones de producción. Claro que estas relaciones pueden tener características muy diferentes, desde la libre asociación a la esclavitud.

Todas las formas sociales han basado su eficacia en el desarrollo de las fuerzas productivas. Mientras estas crecen las relaciones de producción se mantienen, pero cuando se detiene el crecimiento las anteriores relaciones de producción ya no son eficaces, y de modo paulatino o traumático se establecen nuevas relaciones de producción.

Sería un error suponer que este proceso tiene un desarrollo lineal esquemáticamente trazado, porque dentro del abigarrado conjunto que constituye la humanidad persisten entremezcladas distintas estructuras, y se conservan parcialmente formas arcaicas incluso en el seno de las sociedades más evolucionadas. Pero a grandes rasgos se han sucedido varios modos de producción, que en Occidente pasan de la esclavitud a la servidumbre feudal, y sucesivamente al capitalismo, primero mercantil, luego industrial y como último paso, el financiero.

Las fuerzas productivas tienen un elemento pasivo, la naturaleza, y otro activo, el trabajo humano que la transforma. Ambos son la fuente de toda riqueza, y ambos tienen límites. El trabajo encuentra su límite en la jornada laboral, que ni remotamente puede acercarse a las 24 horas del día. Los límites de la naturaleza están claros, dado el carácter finito de la superficie terrestre para cualquier tipo de aprovechamiento.

Hace ya quince años, en la segunda entrada de este blog, reproduje el vídeo aritmética, población y energía. No descubría ningún mediterráneo al señalar la insostenibilidad del crecimiento exponencial, y cualquier crecimiento es exponencial, aunque su tasa se vaya reduciendo hasta el cese total.

A lo largo de años estas ideas han presidido mi blog. De 2019 es el artículo sostenibilidad, suelo y territorio, publicado antes en un destacado número de  Nuestra BanderaDe él es este párrafo:

Esta lógica de reproducción ampliada cristalizó en el concepto de “progreso”, que es hasta ahora mismo el soporte ideológico tanto del capitalismo como del socialismo. Esta metáfora de Campoamor lo define perfectamente:
–¡Alto el tren! 
–Parar no puede. 
–Ese tren ¿a dónde va? 
–Por el mundo caminando, 
en busca del ideal. 
–¿Cómo se llama? 
–Progreso. 
–¿Quién va en él? 
–La Humanidad. 
–¿Quién lo dirige? 
–Dios mismo. 
–¿Cuándo parará? 
–Jamás.

Ese “jamás” es hoy más problemático que nunca.

Los modos de producción que se han sucedido hasta hoy mismo han fomentado invariablemente la acumulación. No entra en las expectativas que cese, y de ahí la ceguera fomentada de los negacionismos. En los experimentos socialistas la competencia con el capitalismo ha impulsado el intento de crecer por encima de él. En el caso de la URSS esa competencia acabó por agotarla. El capitalismo aparentemente victorioso sigue considerando un éxito el crecimiento y continúa su viaje a ninguna parte.

El experimento del socialismo con características chinas merece un análisis detallado que habrá que hacer en otro momento.  En China el gobierno planifica la economía y los objetivos sociales, mientras que el mercado asigna los recursos y el Partido Comunista garantiza que el desarrollo sirva al interés nacional y social y no al capital especulativo. La clave de su éxito está en una planificación a largo plazo que el capitalismo es incapaz de hacer allí donde impone políticas inevitablemente cortoplacistas. 

La incógnita es si China logrará acompasar su propio decrecimiento, que se avista en el horizonte, con el de las potencias capitalistas, para no quedarse atrás como ocurrió a la URSS. Los tiempos son otros y ha llegado el momento de accionar el freno de emergencia. 


¿Dónde está el llamado ‘éxito’ del capitalismo?

24/02/2026

Si el capitalismo es un ‘éxito’, ¿por qué requiere una militarización permanente para reorganizarse periódicamente mediante la devastación?








Hubo una época en que el capitalismo podía presentarse plausiblemente como progreso.

En la era de las grandes revoluciones burguesas —la Revolución Francesa y la Revolución Americana— y durante las convulsiones de 1848, la burguesía en ascenso destruyó los vínculos feudales, disolvió los privilegios hereditarios y desmanteló las jerarquías arcaicas que durante mucho tiempo habían obstaculizado el desarrollo productivo. Frente al particularismo feudal y las relaciones sociales estáticas, el capitalismo fue históricamente revolucionario. Unificó los mercados nacionales, aceleró los descubrimientos científicos, expandió la industria y proclamó la igualdad ante la ley, por limitada y formal que esta resultara ser en última instancia.

Marx y Engels nunca negaron esto. En El Manifiesto Comunista, reconocieron abiertamente el inmenso dinamismo histórico de la burguesía. El materialismo histórico no idealiza el pasado ni condena mecánicamente cada etapa previa del desarrollo. Reconoce que cada modo de producción emerge como una fuerza histórica necesaria, desarrolla las fuerzas productivas y transforma la vida social a gran escala.

Pero el materialismo histórico también insiste en algo mucho más decisivo, y mucho más inquietante para los defensores del orden actual: ningún sistema social fundado en intereses de clase antagónicos permanece progresivo indefinidamente. Cuando las relaciones de producción que una vez impulsaron el desarrollo comienzan a restringirlo, cuando la expansión se transforma en dominación y el dinamismo en monopolio, un sistema entra en su época de decadencia.

La pregunta, por lo tanto, no es si el capitalismo desempeñó alguna vez un papel revolucionario. Lo desempeñó. La pregunta es: ¿qué papel desempeña ahora?

A finales del siglo XIX, el capitalismo ya había experimentado una transformación cualitativa. La competencia dio paso a la concentración. Los pequeños productores fueron absorbidos por trusts y cárteles. El capital industrial se fusionó con el capital bancario. Los mercados dejaron de ser escenarios de intercambio disperso y se convirtieron en territorios dominados por los monopolios y las finanzas. El capital no solo buscaba el lucro; buscaba el control global. La exportación de bienes se vio cada vez más eclipsada por la exportación del propio capital.

Esta transformación no fue teórica, sino histórica. La Primera Guerra Mundial no fue un trágico malentendido entre naciones; fue la violenta redistribución de un mundo ya dividido por las potencias imperialistas. La Segunda Guerra Mundial le siguió, aún más catastrófica, cuando bloques rivales lucharon por reorganizar los mercados y las esferas de influencia. Decenas de millones perecieron no porque la humanidad perdiera repentinamente la razón, sino porque la rivalidad interimperialista está arraigada en un sistema impulsado por la acumulación competitiva.

Después de 1945, esta lógica no desapareció. Se adaptó. Guerras por delegación, operaciones de cambio de régimen, sanciones, intervenciones camufladas en el lenguaje de la democracia y la seguridad: todas se convirtieron en instrumentos para mantener el dominio geopolítico y económico: Corea, Cuba, Vietnam, Irak, Yugoslavia, Afganistán, Libia, Siria, Ucrania y otros lugares. Si el capitalismo es un «éxito», ¿por qué requiere una militarización permanente para reorganizarse periódicamente mediante la devastación?

Las economías capitalistas más grandes del mundo siguen asignando recursos colosales a los presupuestos militares mientras declaran que las necesidades sociales son fiscalmente insostenibles. Esto no es una mala gestión accidental. Refleja prioridades estructurales.

Incapaces de ofrecer una explicación seria y no cínica al cambio de rumbo del sistema bárbaro, los defensores de esta apuntan a la innovación tecnológica, las redes digitales, la inteligencia artificial y una capacidad productiva sin precedentes. Y aquí hay que ser precisos: las fuerzas productivas que la humanidad ha desarrollado bajo el capitalismo son realmente extraordinarias. Pero la capacidad productiva no es sinónimo de una organización social racional.

Vivimos en un mundo que produce alimentos más que suficientes para eliminar el hambre, pero cientos de millones de personas siguen padeciendo inseguridad alimentaria. Vivimos en un mundo con millones de viviendas vacías y una creciente indigencia. El problema no es la escasez técnica, sino la subordinación de la necesidad a la rentabilidad. En el capitalismo, la distribución se basa en el poder adquisitivo, no en la necesidad humana. No se trata de una exageración ideológica. Es una realidad visible.

La crisis financiera de 2008 ofreció un momento de claridad. Las instituciones financieras inflaron burbujas especulativas, colapsaron bajo su propio apalancamiento y fueron rescatadas por una intervención pública sin precedentes. Se movilizaron billones de dólares en cuestión de días para estabilizar los bancos. Mientras tanto, los trabajadores perdieron sus hogares, pensiones y empleos. Las pérdidas se socializaron; las ganancias permanecieron privadas. Un sistema que se desestabiliza repetidamente y luego depende del rescate colectivo no puede afirmar con credibilidad su eficiencia estructural.

La pandemia de COVID-19 expuso fallas similares. Los sistemas de salud, debilitados por décadas de recortes de costos, tuvieron dificultades para responder. Las cadenas de suministro optimizadas para obtener ganancias resultaron frágiles. Las corporaciones farmacéuticas defendieron monopolios de patentes mientras vastas regiones del mundo esperaban el acceso a vacunas vitales. Los medios técnicos existían; la coordinación social, no. La lógica del lucro se impuso al acceso universal. Si esto es racionalidad, solo lo es dentro del estrecho cálculo de la acumulación.

Mientras tanto, la concentración de la riqueza ha alcanzado niveles históricamente sin precedentes en tiempos de paz. Una pequeña fracción de la población mundial controla recursos que superan la riqueza combinada de miles de millones. Esto no es la distorsión de un sistema por lo demás justo. Es el resultado de la acumulación misma. El capital se centraliza. La propiedad se reduce. El poder económico se traduce en influencia política. Los sistemas electorales se vuelven dependientes de los flujos de financiación. Los medios de comunicación se consolidan. La política gravita hacia quienes controlan la inversión y el crédito.

Los procedimientos democráticos formales persisten, pero el control sustancial se alinea cada vez más con el capital concentrado.

Al mismo tiempo, las finanzas se han expandido más allá de su función anterior de facilitar la producción. La especulación, los derivados, la recompra de acciones, los instrumentos de deuda y la extracción de rentas dominan las estrategias de lucro. La vivienda se convierte en un activo; la educación, en un pasivo; los datos, en una mercancía extraída de la vida cotidiana. Esto no es el capitalismo en su vigorosa adolescencia construyendo infraestructura e industria. Es el capitalismo en su madurez extrayendo valor dondequiera que pueda.

La crisis ecológica pone claramente de relieve la contradicción. El capitalismo exige un crecimiento perpetuo. El crecimiento no es una preferencia política, sino una necesidad sistémica. Sin embargo, la acumulación infinita se enfrenta a una biosfera finita. El cambio climático, la degradación ambiental, la pérdida de biodiversidad no son fallos incidentales de la regulación, sino consecuencias estructurales de la producción organizada para obtener beneficios competitivos. Incluso cuando existen alternativas tecnológicas, su despliegue se ve limitado por los cálculos del rendimiento de la inversión. Un sistema que no puede priorizar la estabilidad planetaria sobre las ganancias trimestrales no puede reivindicar su viabilidad histórica.

Nada de esto niega los logros históricos del capitalismo. Industrializó las sociedades y disolvió el estancamiento feudal. Pero el materialismo histórico no otorga mandatos eternos. Cuando las relaciones de producción se convierten en trabas para las fuerzas productivas, cuando la crisis recurre como patrón estructural en lugar de anomalía, cuando la desigualdad se acentúa a pesar de la abundancia, cuando la guerra sigue siendo una posibilidad constante en lugar de un recuerdo lejano, el veredicto se vuelve difícil de evadir.

Si el éxito significa una paz duradera, la historia de los siglos XX y XXI lo refuta.

Si el éxito significa la erradicación de la pobreza en un mundo de abundancia, la realidad vivida lo refuta.

Si el éxito significa el control democrático del destino colectivo, el poder económico concentrado lo refuta.

Si el éxito significa la coexistencia sostenible con la naturaleza, la emergencia climática que se acelera lo refuta.

El capitalismo rompió en su día las cadenas del feudalismo. Hoy preserva las suyas mediante la ideología, la normalización de la desigualdad y la aceptación silenciosa de las crisis recurrentes como inevitables. Los defensores del sistema confunden la capacidad creativa del trabajo humano con las relaciones sociales que se apropian de él. Confunden la brillantez tecnológica con la legitimidad moral.

Pero la contradicción central se hace cada vez más visible: la producción es social; la apropiación es privada. Millones de personas cooperan en todos los continentes para generar riqueza; una minoría la acumula. A medida que las fuerzas productivas se integran y globalizan, la tensión se intensifica.

Entonces, ¿dónde está el supuesto éxito del capitalismo?

Si existe, se refleja en los índices bursátiles y los balances corporativos, no en la seguridad y la dignidad de la mayoría. Es visible en la expansión de los arsenales militares, no en las garantías sociales universales. Se mide en concentración de riqueza, no en igualdad.

El capitalismo cumplió una función histórica. Revolucionó la producción y transformó el mundo. Pero las funciones históricas no son virtudes permanentes. Cuando las contradicciones internas de un sistema dejan de ser perturbaciones temporales y se convierten en rasgos definitorios, cuando la crisis, la desigualdad, la militarización y la tensión ecológica dejan de ser excepciones para convertirse en normas estructurales, la narrativa del «éxito» se vuelve ideológica en lugar de empírica.

A la luz de la realidad material y el sentido común, el mito se disuelve. Lo que queda es un sistema históricamente agotado, sostenido por el poder arraigado en lugar del beneficio universal.

Y ningún sistema en la historia cuyas contradicciones se hagan tan visibles ha demostrado ser inmune a la transformación.

lunes, 23 de febrero de 2026

Niños (explico algunas cosas)

El sufrimiento que la guerra causa a los niños, intencionado a veces, otras despreciándolos como "daño colateral", es la máxima expresión de la infamia. En las últimas entradas de este blog recogí dos poemas, uno sobre la vieja herida mal curada de España, otro sobre la persistente y ya casi tan vieja como aquella de Palestina. Poemas dirigidos a niños que no las han padecido con la intención de educar sus sentimientos, algo que debería importar mucho más que instruir en conocimiento utilitario. Pensad que a una especie solo la salva el amor a sus pequeños.

Pablo Neruda conocía el valor de la palabra, la fuerza que contiene cuando resuena en el cerebro. Sabía bien lo mucho que inmediatamente evoca la palabra 'amapola' o 'los dientes agudos del chacal'. Por eso la fuerza de su poema reside en la palabra 'niños'. Abandona lilas, amapolas, pájaros, lluvia, para que nada distraiga nuestra atención de la atrocidad que denuncia.

Este poema suyo, que comienza lleno del color y la vida del barrio, lo rompe bruscamente el terror de los bombardeos sobre Madrid, y todo su dolor se concentra en estos versos:

...venían por el cielo a matar niños,
y por las calles la sangre de los niños
corría simplemente, como sangre de niños...

...Venid a ver la sangre por las calles...



 «…Hay una estrella más abierta
que la palabra amapola?

Hay dos colmillos más agudos
que las silabas de chacal?»

PN

PREGUNTARÉIS: Y dónde están las lilas?
Y la metafísica cubierta de amapolas?
Y la lluvia que a menudo golpeaba 
sus palabras llenándolas
de agujeros y pájaros?

Os voy a contar todo lo que me pasa.

Yo vivía en un barrio
de Madrid, con campanas,
con relojes, con árboles.

Desde allí se veía
el rostro seco de Castilla
como un océano de cuero.
Mi casa era llamada
la casa de las flores, porque por todas partes
estallaban geranios: era
una bella casa
con perros y chiquillos.
Raúl, te acuerdas?
Te acuerdas, Rafael?
Federico, te acuerdas
debajo de la tierra,
te acuerdas de mi casa con balcones en donde
la luz de junio ahogaba flores en tu boca?
Hermano, hermano!
Todo
eran grandes voces, sal de mercaderías,
aglomeraciones de pan palpitante,
mercados de mi barrio de Argüelles con su estatua
como un tintero pálido entre las merluzas:
el aceite llegaba a las cucharas,
un profundo latido
de pies y manos llenaba las calles,
metros, litros, esencia
aguda de la vida,
pescados hacinados,
contextura de techos con sol frío en el cual
la flecha se fatiga,
delirante marfil fino de las patatas,
tomates repetidos hasta el mar.

Y una mañana todo estaba ardiendo
y una mañana las hogueras
salían de la tierra
devorando seres,
y desde entonces fuego,
pólvora desde entonces,
y desde entonces sangre.
Bandidos con aviones y con moros,
bandidos con sortijas y duquesas,
bandidos con frailes negros bendiciendo
venían por el cielo a matar niños,
y por las calles la sangre de los niños
corría simplemente, como sangre de niños.

Chacales que el chacal rechazaría,
piedras que el cardo seco mordería escupiendo,
víboras que las víboras odiaran!

Frente a vosotros he visto la sangre
de España levantarse
para ahogaros en una sola ola
de orgullo y de cuchillos!

Generales
traidores:
mirad mi casa muerta,
mirad España rota:
pero de cada casa muerta sale metal ardiendo
en vez de flores,
pero de cada hueco de España
sale España,
pero de cada niño muerto sale un fusil con ojos,
pero de cada crimen nacen balas
que os hallarán un día el sitio
del corazón.

Preguntaréis por qué su poesía
no nos habla del sueño, de las hojas,
de los grandes volcanes de su país natal?

Venid a ver la sangre por las calles,
venid a ver
la sangre por las calles,
venid a ver la sangre
por las calles!

Casa de las Flores


sábado, 21 de febrero de 2026

Niños del mundo, si cae Gaza...

El poeta Conrado Santamaría, en su blog Escombros con hoguera, re-publica (¡qué bien suena!) estos versos en los que resuenan los de César Vallejo. Recordarlos ha motivado la anterior entrada de este blog.

Que todos los niños del mundo sepan de los niños que sufren. Niños como ellos, que tampoco están libres de sufrir si la vesania los alcanza, como no lo está nadie; ni tú, ni yo.

Gaza. Los niños, las niñas

lunes, 16 de febrero de 2026

Ahmad Awad. Gaza, 2025












Niños del mundo,

si cae España digo, es un decir

(…)

¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto 

hasta la letra en que nació la pena!

César Vallejo


Niños del mundo

si cae Palestina –digo, es un decir

si cae

quién habitará los sueños imposibles,

quién alzará la voz como un presagio,

quién bañará en el mar el oleaje del desconsuelo.


Ah, sí, los niños,

las niñas,

siempre los niños.

Los que Norman Bethune recoge y lleva en su camión,

carretera de Málaga a Almería, febrero 1937,

niños descalzos, desharrapados, hambrientos,

bajo las bombas –crucero Canarias, Baleares,

aviación italiana, alemana- cientos de niños

Bethune, Hazen Sisey y Thomas Culbert Wosley,

los alzan, cogen en brazos, llevan a Almería,

día y noche, bajo las bombas, 30 o 40 niños

en cada viaje, tres días y tres noches.


Sí, las niñas,

los niños de Gaza,

los operados sin anestesia,

los prematuros sin derecho a incubadora,

los escuálidos niños de Gaza.

Hospitales Al Shifa, Mártires de Al Aqsa, Nasser, Al-Ahili, Kamal Adwan,

y de nuevo bajo las bombas, día y noche, exhaustos

Bethune, Size y Worsley, están. Permanecen.


Ah, los niños, las niñas, de Gaza,

los de Málaga, los hambrientos sin número,

los siempre extraviados –perros perdidos sin collar

en todas las guerras, en todas las huidas.

Ah, los niños de Gaza,

los del Madrid asediado del 37 y el 38 y el 39.


Si cae Gaza,

si cae –digo, es un decir

Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto

hasta la letra en que nació la pena.


Niños del mundo,

niñas del mundo,

si Palestina cae –digo, es un decir-

salid a buscarla.

Antonio Crespo Massieu

Poetry Planetariat. Kathmandu / Medellín. Vol. 11 World Poetry Movement.

Febrero, 2026.

viernes, 20 de febrero de 2026

Niños del mundo, si cae España...

César Vallejo fue uno de los grandes poetas del siglo XX en nuestra lengua. Como otro gigante, Pablo Neruda, estuvo en España en los trágicos años de la guerra que perdimos los españoles (¡no todos!) frente al fascismo. Perdida, aún hoy, hasta por los que nacimos después.

Poetas hispanos que con su presencia y su pluma combatieron a la bestia, como muchos otros intelectuales del mundo; entre los nuestros, Machado, Alberti, Miguel Hernández...

Las guerras las sufren más quienes no las causan, en especial los niños. Nos indigna su indefensión frente a la brutalidad, criaturas inocentes ante cuyo sufrimiento no se puede permanecer indiferente.

Vallejo escribió entonces el poemario España, aparta de mí este cáliz, que su viuda Georgette publicó póstumamente, como un mensaje dirigido a los niños del mundo. Niños a los que debemos enseñar algo más que números y letras.

Consta el poemario de 15 poemas:

  • I.-"Himno a los voluntarios de la República"
  • II.-“Batallas”
  • III.-[“Solía escribir con su dedo grande…”]
  • IV.-[“Los mendigos pelean por España”]
  • V.-"Imagen española de la muerte"
  • VI.-“Cortejo tras la toma de Bilbao”
  • VII.-[“Varios días al aire, compañeros”]
  • VIII.-[“Aquí”]
  • IX.-“Pequeño responso a un héroe de la República"
  • X.-"Invierno en la batalla de Teruel”
  • XI.-[“Miré el cadáver, su raudo orden visible"]
  • XII.-“Masa”
  • XIII.-“Redoble fúnebre a los escombros de Durango"
  • XIV.-“¡Cuídate, España, de tu propia España!”
  • XV.-“España, aparta de mí este cáliz".

España, aparta de mi este cáliz

Niños del mundo,
si cae España -digo, es un decir-
si cae
del cielo abajo su antebrazo que asen,
en cabestro, dos láminas terrestres;
niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas!
¡qué temprano en el sol lo que os decía!
¡qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano!
¡qué viejo vuestro 2 en el cuaderno!

¡Niños del mundo, está
la madre España con su vientre a cuestas;
está nuestra maestra con sus férulas,
está madre y maestra,
cruz y madera, porque os dio la altura,
vértigo y división y suma, niños;
está con ella, padres procesales!

Si cae -digo, es un decir- si cae
España, de la tierra para abajo,
niños, ¡cómo vais a cesar de crecer!
¡cómo va a castigar el año al mes!
¡cómo van a quedarse en diez los dientes,
en palote el diptongo, la medalla en llanto!
¡Cómo va el corderillo a continuar
atado por la pata al gran tintero!
¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto
hasta la letra en que nació la pena!

Niños,
hijos de los guerreros, entre tanto,
bajad la voz, que España está ahora mismo repartiendo
la energía entre el reino animal,
las florecillas, los cometas y los hombres.
¡Bajad la voz, que esta
con su rigor, que es grande, sin saber
qué hacer, y está en su mano
la calavera hablando y habla y habla,
la calavera, aquélla de la trenza,
la calavera, aquélla de la vida!

¡Bajad la voz, os digo;
bajad la voz, el canto de las sílabas, el llanto
de la materia y el rumor menor de las pirámides, y aún
el de las sienes que andan con dos piedras!
¡Bajad el aliento, y si
el antebrazo baja,
si las férulas suenan, si es la noche,
si el cielo cabe en dos limbos terrestres,
si hay ruido en el sonido de las puertas,
si tardo,
si no veis a nadie, si os asustan
los lápices sin punta, si la madre
España cae -digo, es un decir-
salid, niños del mundo; id a buscarla!…