martes, 24 de noviembre de 2020

Verde, que té quiero verde...

El químico alemán sigue haciendo de las suyas (recordemos: macarrones con las piedras...). La intermitencia e inestabilidad de las energías renovables obliga a seguir dependiendo de las fósiles:



La Fiebre del Hidrógeno 2.0 (II)

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(...)

Una cuarta razón es más propagandista. El concepto este permite justificar ante el público que se está avanzando en la ‘transición energética’ a la vez que esconden que en realidad se ha llegado a un límite de penetración de las renovables que no permite continuar introduciéndolas si no es empezando a parchear la situación. Precisamente esta fiebre por el hidrógeno es un parche.

Un parche que sirve para tapar varios hechos importantes que públicamente no se reconocerán, incluso se negarán:

  • Que se ha llegado un punto en que el aumento de la potencia renovable no se puede aumentar sin acometer cambios muy sustanciales en la red eléctrica, algunos de los cuales son muy difíciles de justificar.
  • Que la intermitencia y la inestabilidad que producen las renovables se ha convertido en un problema de facto de muy difícil solución.
  • Que tenemos cada vez más dependencia energética de los combustibles fósiles  y sus proveedores (el cuento del hidrógeno es está usando como presunta vía para la independencia energética, o, más concretamente, gasista).
  • Que no tenemos maneras viables de soslayar el problema de la intermitencia que no pasen por una prolongación del uso de combustibles fósiles.
  • Que la electrificación es mucho más costosa que lo públicamente aceptado.
  • Que la electrificación es mucho más difícil de lo públicamente aceptado, y que por tanto hay procesos que no queda otro remedio que adaptar. Concretamente ciertos usos industriales del calor de muy altas temperaturas, como el reciclado del vidrio. No se puede electrificar.
  • Que la electrificación del transporte no lleva el ritmo esperado y que será más complicado de lo previsto, especialmente del transporte de mercancías a largas distancias. Vamos, los camiones (ojo, que en Alemania el Deustche Bahn - DB transporta una gran cantidad de mercancías por tren electrificado, pero esto tampoco está dentro del ‘menú verde’ que se nos ha servido, a pesar de cuadrar con muchas cosas). Por eso lo del transporte alimentado por hidrógeno.
  • Que las baterías tienen ciertos límites que a medio plazo hacen inviable su uso para ciertas cosas como almacenar energía en cantidades suficientes como para aguantar la intermitencia diaria, menos aún la eólica estacional, así como su uso para camiones de gran tonelaje y largas distancias.
  • En suma, que la transición energética es un fracaso incluso ahora que aporta menos del 10% de la energía mundial… si contamos la hidroeléctrica (que apenas es intermitente, amén de ser muy controlable), porque si nos ceñimos a la eólica y la fotovoltaica, estamos hablando del orden del 2%... y sin embargo ya están en los límites máximos de penetración en estos países del norte.
  • Que Europa, que ya perdió la batalla industrial de la fotovoltaica (apenas quedan fabricantes de fotovoltaica fuera de China), ahora no piensa perder el de las renovables (eólica, léase Siemens, Gamesa y compañía, ninguna de ellas hermanitas de la caridad) eólicas, ni de las turbinas de Gas (otra vez Siemens, con los ‘peakers’) ni de la industria del hidrógeno (que, en realidad, poco futuro tiene).
  • Que todo esto va de negocios de grandes empresas. Por mucho que digan, las renovables no tienen nada de democráticas. Los mayores aportadores son la hidroeléctrica y la eólica, todas en manos de grandes empresas, al igual que la gran producción fotovoltaica, donde el ocasional panelillo privado en el tejado es meramente anecdótico en cuando a contribución energética. Y en todo caso, el que más contribuye de forma privada, no es el obrero de barrio, sino el ricachón con un chalé enorme donde poner los panelillos visibles junto al Tesla, para que luzcan y demuestren su virtud divina, su superioridad moral (y status).

Sin embargo, la pintura está lejos de ser completa.

Ampliaremos el panorama en la próxima entrega.

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jueves, 19 de noviembre de 2020

Economía circular

Un químico alemán en Torres Vedras
hacía macarrones con las piedras;
luego, invirtiendo la operaciones
extraía piedras de los macarrones.
De este modo, el químico alemán
deja las cosas como están.
Esto prueba que, el niño y el anciano,
deberán acostarse muy temprano.

(Del blog de José Fariña, pasando por Victor d'Ors y Sinesio Delgado)





La Fiebre del Hidrógeno 2.0 (I)

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Resumiendo:

  • Un vehículo a celda de combustible no elimina la batería, sólo la reduce.
  • Con ello, acorta la vida útil de dicha batería, aunque se puede utilizar una de LiFePO que dura más, con mayor peso, precio por KWh, volumen, y menor rendimiento al necesitar un 20% más de litio que las utilizadas comúnmente, y que no tienen margen de mejora apenas pues están ya a un 98% del rendimiento teórico máximo.
  • El peso y volumen del depósito de hidrógeno apenas compensa la diferencia de peso.
  • Las soluciones actuales utilizan materiales escasos y caros, y tienen sus inconvenientes para este tipo de aplicación.
  • El bajo rendimiento implica que hace falta mucha más generación eléctrica. Y más capacidad debido a que no puede regenerar energía en tantos casos como las baterías.
  • La infraestructura de recarga, aunque en apariencia sencilla de transformar, no lo es tanto, y la logística de reparto es otro problema añadido que implica utilizar muchísima más energía que se pierde en comparación con otras opciones.
  • El precio está por ver, pero todo apunta a que no será más competitivo que las caras baterías.
  • Con estos datos, no parece para nada viable esta opción, especialmente para vehículos ligeros y coches. Y quién lo dice esta vez, es alguien con interés en el tema de vender vehículos: VW.

martes, 17 de noviembre de 2020

Día Internacional del Flamenco

Ayer fue el Día Internacional del Flamenco. El 16 de noviembre de 2011, la UNESCO reconoció a la cultura andaluza como Patrimonio de la Humanidad. Significativamente, también coinciden en esta fecha el Día Internacional para la Tolerancia  y el mismísimo Día Internacional del Patrimonio Mundial.

Con tal motivo quiero dejar aquí algunas muestras de este arte, a un tiempo singular y plural.

Alegría y tristeza, dulzura, dolor o amargura, están presentes de forma muy diversa en sus muchos estilos. Lo que nunca falta es el sentimiento. En el folklore de todos los países y de todos los tiempos se expresa lo humano de muchas formas, pero aquí es difícil de encontrar lo bufo.

De los palos del flamenco elijo hoy los tientos. Si en la seguiriya hay un grito desesperado, aquí el sentir es mucho más contenido. 

Las letras de estos cantes, en particular las más tradicionales, están llenas de lirismo:

¿Qué pájaro será aquel
que canta en la verde oliva?
Corre y dile que se calle
que su canto me lastima.

De pasión, muchas veces posesiva y destructiva:

Te viá mete en un convento
que tenga rejas de bronce,
pa que tú pases fatigas
y de mi cuerpo no goces.

De evocación y desengaño:

La casita donde yo habitaba
como era de polvito y arena
el vientecito se la llevaba.

Juan Martín, El Cabogatero, fue un cantaor almeriense del siglo XIX. Aquí evoca su cante Rafael Romero, El Gallina:

Un cantaor algo olvidado, Roque Montoya, Jarrito, por tientos:

Y otros del mismo cantaor:


lunes, 16 de noviembre de 2020

La última lección del maestro

Han pasado seis meses desde la desaparición física de Julio Anguita. Tan solo doce días antes había sido entrevistado en la Cadena SER. Esta fue seguramente su última intervención pública; mostraba en ella la energía, el poder de convicción y la capacidad de análisis que siempre tuvo. Quienes luchan toda la vida son los imprescindibles a los que se refería el nunca prescindible Bertolt Brecht. Ni Marx ha muerto, ni Manuel Sacristán. No prescindiremos del imprescindible Anguita.

Por eso, aunque haya desaparecido físicamente, sus ideas seguirán vivas en las mentes que aprendieron de su verbo, más aún cuando otros querrán cubrirlas con un velo de silencio. En las ciencias naturales nadie pone en duda la necesidad de ampliar el conocimiento apoyándose en quienes nos precedieron: “vemos más lejos porque nos elevamos a hombros de gigantes”. También por eso progresan las ciencias sociales, pero si en las primeras hay un afán compartido de saber, en estas existe un afán dividido de dominar. Para eso es muy conveniente borrar la memoria de los enemigos.

Se accede al audio de la entrevista en estos enlaces:





¿Algo de lo que dijo no está ahora tan vigente como entonces?

Dos semanas después de ella se publicaba el obituario que sigue a continuación:




José Sarrión Andaluz
Rebelión
La sensación de orfandad colectiva hoy es inmensa.

Se nos va el maestro calmado, el revolucionario, el líder en el sentido pleno de la palabra.

Practicó la política como una labor educativa. Nunca entendió la arena política como una pugna por privilegios o fama, sino como una tribuna desde donde poder ofrecer una voz distinta a la que machaconamente nos imponen todos los días. Alguna vez definió sus mítines como clases encendidas. Se diría que nunca dejó de ser un maestro, la profesión de la que vino y a la que volvió después de la política, dejándonos esa eterna lección de dignidad, renunciando a su pensión vitalicia y jubilándose conforme a su oficio.

No soportaba la admiración acrítica. Cuando le pedían una foto, respondía: ¿se ha creído usted que soy un futbolista? Su hacer político fue siempre un hacer intelectual y moral. Predicaba con su ejemplo personal, con su propia coherencia en la austeridad. Hilaba ideas complejas con palabras sencillas, y le entendía tanto el agricultor como el erudito.

Sufrió el momento histórico más difícil para ser comunista. Tomó el liderazgo de un PCE al borde de la desaparición, en pleno auge del neoliberalismo más duro y el PSOE más derechista y corrupto, y dejó a Izquierda Unida en sus mejores resultados históricos. Mientras la izquierda mundial se hundía durante la caída del bloque socialista, en España la izquierda anguitista se fortalecía.

Fue un radical, siempre. Un buen radical, en el sentido hondo del término. Su inteligencia política le permitía comunicar desde el sentido común, contra el sentido común imperante. Hilvanó con cuidado el feminismo y la ecología junto al movimiento obrero. Supo plantar cara a los grandes poderes financieros y políticos. Combatió Maastricht casi en solitario. En el momento de mayor histeria europeísta advirtió que un país sin soberanía económica estaba desprotegido ante las crisis. Recuperó el republicanismo como eje central de la izquierda. No tuvo ningún miedo a denunciar la corrupción de Felipe González, y advirtió contra la «casa común» con su teoría de las dos orillas. La izquierda no es una palabra hueca, sino un programa, decía. Denunció un capitalismo insostenible social y ecológicamente, aprendiendo las mejores lecciones de Berlinguer sobre la Austeridad. Advirtió que el único modo de que todos tuviéramos un empleo digno era trabajando menos, porque aumentar la productividad es un absurdo que el planeta no puede soportar, y encabezó un movimiento por la reducción de la jornada laboral a las 35 horasEn 2020 vemos estas lecciones con mucha más claridad que cuando las formuló hace 30 años, y aún así seguimos sin aprenderlas. Julio nos enseñaba a pensar con sus palabras. De sus discursos salíamos mejores personas, más capaces, con más sabiduría.

Pero, por encima de todo, fue un hombre valiente. No temía a nada. Por eso, por su honestidad y por su brillantez, le admirábamos hasta el exceso, a veces hasta la adulación que él odiaba. Quería militantes críticos y cultos (que no tiene nada que ver con licenciados, como apostilló más de una vez).

Su temprana muerte tiene que ver con la dureza que vivió en sus años de política. Su corazón quedó tocado desde aquellos años en que le atacaron desde todas las trincheras. Su cuerpo era más frágil que su voluntad invencible. “Loco”, le decían, “Quijote”, porque no podían encontrar ni un solo clavo al que aferrarse para poder llamarle mentiroso o corrupto. Fue tan recto que al final los poderes solo podían tacharle de utópico. Bendito insulto.

Para mí, como para toda mi generación, ha sido la figura de referencia. Muchos entramos en su proyecto político en buena medida cautivados por él. Los españoles, como nuestros hermanos latinoamericanos, tenemos algo de caudillistas: no nos sirven las palabras, queremos seguir a mujeres y hombres honestos, por los que merezca la pena sacrificarse. Esto puede parecer irracional, pero en el país de la mentira no lo es tanto. “Las palabras dan igual” decía un spot del PCE de los 80. “Por sus hechos los conoceréis”, dice el evangelio. De nada sirven los discursos si no se acompañan de prácticas honestas y coherentes. Esto también nos lo enseñó Julio.

Muchos le seguimos más allá de Izquierda Unida: Unidad Cívica por la República, el Frente Cívico “Somos Mayoría”, la Disyuntiva, los diferentes manifiestos que fue lanzando en los últimos años… En el último de ellos, titulado “El hoy y el mañana: razones para nuestro compromiso” tuve el honor de figurar entre los primeros firmantes. Cuando Juan Rivera me explicó la idea, le respondí: no necesito leerlo, si lo va a escribir Julio, contad con mi firma. Ni que decir tiene que esto no lo he hecho absolutamente con nadie más. Muchos esperábamos cada día una nueva reflexión, un manifiesto, unas declaraciones que nos ayudaran a comprender nuestro presente.

Su muerte nos ha golpeado con terrible dureza. Guardaba la esperanza de que se recuperara, de que volviera a la lucha, de que algún día, dentro de muchos meses, recibiría una llamada de Juan Rivera diciéndome que Julio nos convocaba a una reunión en Córdoba en su departamento de su instituto, junto a los compañeros del Colectivo Prometeo, para lanzar una nueva acción colectiva.

Siento la terrible sensación de fin de etapa. Nadie como él era capaz de formular un proyecto alternativo al dominante. Manuel Sacristán en una ocasión dijo que «el asunto real que anda por detrás de tanta lectura es la cuestión política de si la naturaleza del socialismo es hacer lo mismo que el capitalismo, aunque mejor, o consiste en vivir otra cosa”. Julio Anguita supo ponerle palabras y hechos a esa «otra cosa».

Se ha ido el mejor de los nuestros.

Gracias por todo, Julio.

Trataremos de seguir tu ejemplo.

No será fácil.

domingo, 15 de noviembre de 2020

Descifrar a China (III) Proyectos en disputa

Tercer artículo de Claudio Katz. El primero lo comenté en este enlace, el segundo quedó desglosado en en este otro. El de ahora, último de la serie, lo presento también como una sucesión de tesis, enfatizadas con mis subrayados habituales.

Espero que ayude a desmontar la estereotipada imagen de un país monolíticamente gobernado, en el que no cabe forma alguna de discrepancia y donde, por añadidura, el gobierno está ahora en manos de la clase capitalista. Muy al contrario, las empresas privadas no ejercen el control de la economía, lo que evita la dinámica que en otros lugares convierte automáticamente el crecimiento de la desigualdad en incremento de la miseria.

No es una democracia en el sentido de las occidentales. Gobierna allí un partido con más de noventa millones de miembros, en que para ingresar no se han exigido nunca títulos de propiedad ni la declaración de la renta. Sería muy raro que no reprodujese en su interior las discrepancias existentes en toda la sociedad. Es una sociedad muy dinámica. Los gobiernos a los distintos niveles se tientan la ropa antes de desoír las demandas de los asalariados, y las mejoras que estos consiguen reflejan que la lucha de clases sigue viva.

Desde luego, dentro y fuera del partido hay diferentes corrientes políticas en pugna, que un análisis citado al final resume en seis.

No podía ser de otro modo: la quinta parte de la humanidad no es muy diferente del resto. El escaso cine que nos va llegando enseña una sociedad con desigualdades y conflictos, ambiciones y protestas, en continua evolución. Las situaciones no son muy diferentes de las que las que vemos aquí todos los días.

Pero hay una cuestión muy importante: aquella sociedad está más preparada que la nuestra para enfrentar el neoliberalismo. Porque allí el avance desbocado del capital puede ser refrenado. La propiedad privada de los medios de producción no hegemoniza el control de la administración. Por eso es inadecuado hablar de que allí existe un capitalismo de estado.

Siguen los principales puntos del artículo:

¿SOCIALISMO DE MERCADO?

  • China atravesó períodos de transición al socialismo y ahora de restauración al capitalismo, sin madurar ninguna de esas opciones.
  • No afronta todas las contradicciones de capitalismo, pero ha incorporado muchas tensiones de este sistema y comienza a exportarlas al resto del mundo. 
  • No es una economía financiarizada, ni neoliberal, pero debe lidiar con la sobre-inversión, la superproducción y la búsqueda de mercados, para los excedentes generados en su actividad industrial.
  • La identificación actual de China con el socialismo de mercado observa continuidades donde hubo rupturas.
  • Se concibe a la expansión mercantil de los 80 y a las privatizaciones de los 90 como dos momentos de un mismo curso pos-capitalista. En esa presentación se omite la diferencia cualitativa que separa la ampliación del mercado dentro de la planificación con la preeminencia del beneficio, la competencia y la explotación.
  • La denominación “socialismo de mercado” podría quizás aplicarse al primer momento de esa secuencia, pero no al segundo. En este último período se forjó una clase propietaria de grandes empresas, que choca abiertamente con las metas igualitarias del socialismo.
  • No es lo mismo la existencia de múltiples formas de propiedad (pública, provincial, comunal, cooperativa, privada) que la vigencia de normas de privatización. Los millonarios chinos ubicados en el ranking de Fortune no son partícipes de ningún conglomerado socialista.
  • El desconocimiento de esos datos impide evaluar el sentido de las luchas políticas que se libran en el país.
  • Esas tensiones no expresan sólo las habituales disputas entre fracciones por el manejo poder, que describe la prensa occidental. Tampoco responden a meras oleadas de limpieza de corruptos. En esos conflictos subyace la confrontación por acelerar o contener la restauración capitalista. Con la óptica del “socialismo de mercado” resulta difícil comprender el sentido de esos choques.
  • No hay un sólo camino para el desarrollo. Tasas elevadas de crecimiento pueden lograrse expandiendo el mercado interno o la Ruta de la Seda, apuntalando o restringiendo la tasa de ganancia, favoreciendo o contrarrestando la desigualdad social.
  • Algunos pensadores suponen con cierta crudeza o ingenuidad que cierto desarrollo capitalista permitirá retomar luego la vía al socialismo, como si esos giros pudieran implementarse con la sencillez de una disposición ministerial. La historia brinda abrumadoras pruebas de la feroz defensa que despliegan los capitalistas para defender sus privilegios. Si afianzan estructuralmente sus beneficios de clase, no renunciarán a esas conveniencias cuando el timbre del socialismo suene en sus portones.

¿CAPITALISMO CONSUMADO?

  • El principal argumento económico para evaluar esa consolidación es la vigencia de todos los mecanismos del capitalismo.
  • En China prevalecen las normas de la explotación, la ganancia y la concurrencia.
  • Impera el mercado de trabajo, la propiedad privada de los medios de producción y la competencia entre las empresas.
  • Pero la ausencia de financiarización y neoliberalismo obstruye el funcionamiento pleno de esas normas.
  • La alta regulación estatal, las restricciones al movimiento de capitales, la propiedad pública de la tierra, el control oficial de los bancos y las empresas estratégicas influyen sobre el curso de la acumulación.
  • En otro tiempo y otros lugares, la privatización, la desregulación financiera, la apertura comercial y la flexibilización laboral fueron introducidas para oxigenar al capitalismo de los obstáculos al beneficio que interponía el modelo keynesiano previo. En China no se concretó ese giro.
  • Quienes rechazan en forma indiscriminada todas las políticas económicas de últimas décadas, implícitamente objetan la reintroducción del mercado. Esa gestión fue compatible con la Nueva Política Económica (NEP) de Lenin en los años 20 y resulta insoslayable para cualquier proyecto postcapitalista en los países subdesarrollados.
  • ¿Era mejor el esquema opuesto de planificación compulsiva y centralizada de la URSS en 1950-60?

BURGUESÍA Y FUNCIONARIOS SIN FUSIÓN

  • La nueva clase burguesa y la burocracia que controla el estado permanecen como dos sectores diferenciados. El primero no capturó el poder y el segundo no se transformó en un mero grupo de propietarios enriquecidos.
  • La continuidad de esta distinción no invalida que varios millonarios ocupen altos cargos oficiales o que las familias de muchos jerarcas exhiban un nivel de vida ultra-acomodado. Lo que interesa conceptualmente no ese cómputo de riquezas, sino el papel objetivo que cumple cada sector en una formación económico-social.
  • Lo que distingue a China de Rusia o Europa de Este es la continuada diferencia entre la estructura de la sociedad y el estado, que mantiene a la clase capitalista alejada del control del poder político. Esa brecha podría disiparse con el tiempo, pero aún no se ha disuelto.
  • No es muy lógico remarcar la asfixia objetiva que afronta el capitalismo occidental y describir sin ningún asombro, cómo ese mismo sistema florece en la principal nación asiática.
  • La presentación del crecimiento chino como un resultado del empalme funcional con el capitalismo global ilustra tan sólo una cara de la moneda.
  • El país logró su extraordinario desarrollo como un efecto combinado de pilares socialistas, regulaciones estatales y restricciones a la financiarización.
  • La creciente afluencia del capitalismo no frenó esa expansión, pero introdujo grandes desequilibrios de sobreinversión, sobreproducción y desigualdad.
  • No parece muy sensato considerar que los textos de Marx, Lenin o Mao sean utilizados para implantar el sistema que esos escritos repudian. Más lógico es lo ocurrido en Rusia y Europa del Este, dónde se alaba al capitalismo incinerando esos libros.
  • La permanencia del marxismo como literatura oficial en China ilustra lo obvio: la restauración no ha concluido y afronta resistencias.

LUCHA, REPRESIÓN Y LEGADO

  • La tesis del capitalismo completado atribuye ese resultado a una derrota histórica de la clase obrera. Considera que esa regresión se afianzó a fines de los 80 con Tiananmén, se consolidó con los grandes despidos en empresas estatales durante los 90 y se reforzó definitivamente con un sistema político dictatorial.
  • Esa visión es coherente con el presupuesto que el capitalismo avanza con tasas crecientes de explotación y pérdidas de conquistas sociales.
  • Ese diagnóstico choca con incontables evidencias de mejora del salario, reducción de la pobreza y expansión del consumo. El enorme crecimiento económico ha sido acompañado de un incremento mayúsculo de la desigualdad, pero sin la tragedia social imperante en los países bajo gestión neoliberal. Las condiciones generales de vida en el país han seguido un rumbo muy contrapuesto, por ejemplo, al observado en América Latina.
  • Estos avances no retratan los méritos del retorno capitalista. Ilustran la fuerza social de los trabajadores y el impacto de sus demandas efectivas o potenciales.
  • En las últimas dos décadas emergió un nuevo proletariado, con expresiones de resistencia y alta capacidad para hacer valer sus exigencias.
  • Los propios teóricos de la restauración culminada describen esas protestas como la “peor pesadilla” de la burocracia. Recogen registros de la significativa capacidad exhibida por los operarios para imponer sus derechos.
  • Esos informes indican que los gerentes de las empresas y los altos funcionarios actúan con cautela, frente al revulsivo potencial de la clase obrera. Esa conducta añade otro argumento a favor de la tesis de un modelo capitalista no concluido.
  • La misma evaluación se extiende a la caracterización del régimen político. Es evidente que en China no rige una democracia socialista. Esa meta se encuentra muy lejos de su implantación y son numerosas las evidencias de inadmisibles restricciones a los derechos democráticos.
  • Pero los teóricos de la restauración plena no se limitan a constatar o criticar este hecho. Postulan la vigencia de una descarnada dictadura que funciona con normas cuartelarias y consecuencias sanguinarias. Estiman que ese sistema es análogo a la tiranía derrotada por la revolución socialista (el Kuomintang) o a la terrorífica junta militar coreana de 1961-1987.
  • China no sólo padecería un retorno del capitalismo, sino también una regresión a la tragedia política de la primera mitad del siglo XX. El país estaría bajo el control de una clase dominante despiadada, que sojuzgaría a los desposeídos mediante un sistema político análogo a las formas pre-modernas que utilizaban los emperadores y mandarines.
  • Resulta muy difícil congeniar estas descripciones con la modernización que ha protagonizado el país y la consiguiente complejidad de su estructura político-social.
  • Si la imagen de un capitalismo meramente destructor contrasta con los avances en el nivel de vida, la presentación de un tirano al comando de 1500 millones de personas, no condice con la variedad de tendencias políticas actuantes en China. Ese contexto es imperceptible con miradas atadas a un razonamiento convencional de contraposición de totalitarismos con democracias.
  • La presentación de China como una simple dictadura capitalista también presupone que el legado socialista ha sido completamente demolido. Se estima que esa tradición ha quedado profundamente desacreditada, en un marco de viraje nacionalista de la intelectualidad y apatía política de la juventud.
  • Pero ese retrato no coincide con la aparición de nuevas vertientes de izquierda, ni con la continuada gravitación del marxismo. Esa corriente de pensamiento mantiene actualmente mayor vivacidad en China que en sus tradicionales centros de Europa. Ese dato no es irrelevante e indica un escenario mucho más promisorio que el expuesto por los diagnósticos pesimistas.

¿UN TRANSITORIO CAPITALISMO DE ESTADO?

  • La actual formación intermedia china con sus clases adineradas, su regulación estatal y su retórica oficial marxista redefinirá su perfil en el escenario que se avecina.
  • El status transitorio de esa formación económico-social es destacado por muchos pensadores. A falta de una denominación más adecuada, algunos utilizan el término de “capitalismo de estado” para tipificar el status transitorio de esa formación económico-social. Resaltan el papel del estado como un gran timonel de la economía, en la fijación de todos los parámetros y las restricciones de la acumulación.
  • Justamente por ese motivo el término es inadecuado. El capitalismo de estado obviamente presupone que el capitalismo ya impera con plenitud en la sociedad y en el aparato estatal. Opera a través de ese organismo para forzar el cumplimiento de las metas de inversión, acumulación o desarrollo que ambiciona la clase dominante. Fue la dinámica que imperó por ejemplo en Japón.
  • Lo que distingue a China de ese antecedente ha sido la preexistencia de una revolución socialista, que cortó una trayectoria inicial del capitalismo. Ese componente socialista estuvo ausente en todas las versiones que adoptó el capitalismo de estado a lo largo del siglo XX.
  • Esa singularidad es registrada por otro enfoque, que utiliza el mismo concepto para destacar que China retomará un desemboque en el socialismo. Sugiere que el capitalismo de estado constituye un eslabón hacia ese objetivo.
  • Da a entender que formas de capitalismo regulado son indispensables para la paulatina gestación de una sociedad igualitaria.
  • Resulta muy difícil imaginar cómo el socialismo emergería de una secuencia de capitalismos de distinto molde. La tesis de un status intermedio evita estos inconvenientes.

CONFRONTACIÓN DE INTERESES Y PROGRAMAS

  • China no es una sociedad uniforme, acallada y sometida. En el propio Partido Comunista coexisten millones de personas, que confrontan propuestas y posturas a través de distintos canales.
  • Las discrepancias que salieron a la superficie durante la pandemia constituyen un indicador de esos contrapuntos. En esa emergencia actuaron junto al oficialismo distintas asociaciones que no pertenecen al partido hegemónico. Es importante conocer esas actividades para superar los estereotipos que difunden los medios de comunicación, en su presentación de una sociedad simplemente esclavizada a los mandatos de una autocracia.
  • Esa imagen no evalúa a Estados Unidos con la misma vara. Omite que en ese país impera en los hechos una dictadura bipartidista de la misma elite, que intercambian periódicamente el timón presidencial entre exponentes Demócratas y Republicanos. Esa manipulación no impide la existencia de un escenario multifacético de tendencias políticas de variado tipo. La misma (o mayor) diversidad impera en China.
  • La tesis del monolitismo asiático choca con el simple registro de las corrientes políticas del país. Una analista distingue seis vertientes significativas:

Los neoliberales proponen expandir las privatizaciones, reducir el estado de bienestar y anular las leyes de salario mínimo
Los socialistas democráticos propician una economía mixta gestionada con formas políticas multipartidarias
La Nueva Izquierda defiende las empresas públicas, cuestiona la inserción en la globalización y rechaza desigualdad. 
Los milenaristas retoman los ideales de Confucio, para postular una reorganización del país con parámetros éticos. 
Los marxistas singulares exigen combinar normas de eficiencia con ideales altruistas. 
Sus colegas tradicionalistas retoman ideas de Mao, para priorizar la defensa del país y la continuidad de las empresas estatales.

 




Proyectos en disputa

LO QUE DISTINGUE A CHINA ES LA PREEXISTENCIA DE UNA REVOLUCIÓN SOCIALISTA

Claudio Katz



Existen sólidos fundamentos para caracterizar que en China no impera un régimen capitalista, ni tampoco socialista. Al cabo de varias décadas prevalece una formación intermedia con signo indefinido y desenlaces pendientes. La nueva clase capitalista no ha logrado el control del estado, que permanece en manos de una capa política autónoma de la burguesía.

Ese status singular de una formación burocrática puede desembocar en varios resultados. Un curso futuro estaría signado por la consolidación definitiva del capitalismo y otro contrapuesto por una recreación de la transición socialista. Ambos caminos dependerán de circunstancias externas, luchas políticas y acciones del movimiento popular. Esta mirada es compartida por varios enfoques, inspirados en evaluaciones convergentes.

Una tesis afín a nuestra visión destaca que la economía china no está sujeta al regulador pleno de la ganancia, mantiene sectores estratégicos en manos del estado, garantiza el control de los capitales y procesa una irresuelta disputa entre sectores pro- capitalistas y críticos de ese devenir. Remarca el continuado predominio del Partido Comunista sobre los centros neurálgicos de la economía y explica las altas tasas de crecimiento por la preeminencia de activos del sector público (...).

Este retrato resalta los distintos rasgos de un régimen no capitalista, sin proveer una denominación específica para ese sistema. Las categorías actuales no ofrecen un término satisfactorio para dar cuenta del modelo chino. Algunos estudiosos utilizan el término de “managerialismo” para destacar la primacía del funcionariado en la gestión de la economía. Ilustran cómo los administradores comandan ese desenvolvimiento, mediante supervisiones y asociaciones con el segmento capitalista (...).

Otros pensadores proponen combinar los componentes capitalistas y socialistas del esquema chino en la sintética noción de “social-capitalismo” (...). La dificultad para encontrar un nombre adecuado deriva del carácter inédito del contexto actual. Las categorías utilizadas por los marxistas entre 1917 y 1989 -socialismo, comunismo, estado obrero burocratizado, colectivismo burocrático- se contrastaron con el capitalismo liberal o keynesiano de la época, con la mira puesta en el objetivo pos-capitalista. Ese contrapunto ya no presenta la nitidez del pasado.

Pero lo importante no es la denominación, sino la caracterización del régimen chino. Allí prevalece una sociedad con clases capitalistas ya constituidas que no ejercen el poder del estado. Como destacan otros analistas esa combinación retrata una restauración no concluida (...). Ese escenario sitúa al país en un área de tránsito variable entre el capitalismo y el socialismo. Prescindiendo de estos dos conceptos básicos, la localización histórica de China carece de guías para evaluar su devenir.

Los enfoques que adoptan estas brújulas ubican el debate en coordenadas reconocibles. Habitualmente se discute si la reintroducción del capitalismo en China altera, cancela o facilita el avance hacia el socialismo. Las miradas intermedias no avalan, ni justifican esa regresión y destacan tanto los límites como la potencial reversión de ese proceso.


RESUMEN

El status capitalista o socialista de China quedará definido por luchas políticas y batallas populares. Esa disyuntiva se procesa en una formación intermedia, con clases dominantes que no controlan el poder del estado. Los virajes económicos del país han expresado intereses contrapuestos y no continuidades socialistas. La coexistencia inicial con el mercado difirió del proceso posterior de restauración.

Los intérpretes de una regresión capitalista concluida omiten que la fusión entre burguesía y funcionarios no se ha consumado. El legado socialista es un gran escollo a esa integración, en un régimen muy distinto a cualquier variedad de capitalismo de estado.

Hay varias corrientes en pugna y despunta la renovación socialista que propicia la Nueva Izquierda.

sábado, 14 de noviembre de 2020

Descifrar a China (II) ¿Capitalismo o Socialismo?

Segundo artículo de Claudio Katz. La referencia al primero, en este enlace.

El interrogante es ahora si el sistema social y económico de China responde a lo que entendemos por socialismo o al capitalismo. Pero ninguno de estos sistemas, como los que los antecedieron, se ha dado nunca en estado puro. Siendo la Historia un proceso en continua evolución, cuyo motor es la pugna de las clases presentes en cada lugar y en cada momento, es siempre una abstracción (abstracción necesaria y útil, desde luego) identificar los conceptos con las realidades.

Los cambios revolucionarios están sujetos, como las mareas (¡recordemos nuestras recientes "Mareas"!) al flujo y el reflujo. Las contradicciones nunca se resuelven definitivamente, y las fuerzas en presencia rara vez desaparecen sin dejar rastro. Por eso el futuro no está escrito, Un error frecuente es caer en determinismos de uno u otro signo.

El nacimiento temprano del capitalismo en el seno de monarquías feudales fue un proceso largo y lento. Durante siglos, la nobleza mantuvo las riendas del estado, y solamente tras el triunfo de las revoluciones burguesas la clase que ostentaba ya un gran poder económico pasó también a tener el control político.

Poder económico y control político pueden coincidir... o no tanto. Esa no siempre exacta coincidencia hace diferente a China de los otros países que formaron parte del "socialismo real". En Europa oriental fue el espejismo del bienestar occidental el que desmontó por completo el poder político, en un rápido proceso "de fuera adentro". En la Unión Soviética se realizó la transformación capitalista "de arriba abajo", y fueron las mismas élites anteriores las que abrazaron el sistema, conservando el poder político.

En China, el proceso ha sido mucho más pausado e incompleto, en cierto modo "de abajo arriba", porque el poder político sigue en manos del Partido Comunista, en el que las élites económicas, aunque también representadas, no son hegemónicas, al menos de momento.

En eso, el sistema es peculiar. Conserva una capacidad de planificación mucho mayor que la del resto del mundo, y con ello una capacidad de respuesta a los retos del futuro (que ya es presente) de la que carecen otras economías.

Falta les va a hacer, como a todos los demás, cuando la acumulación de capitales, que hasta ahora ha posibilitado una exitosa expansión, se vea interrumpida por el imparable decrecimiento. Es imposible que no lo vean venir, y su poder de maniobra ante situaciones "imprevisibles" parece muy superior a la del mecanismo ciego del capitalismo financiero del mercado instantáneo.

Intentaré resumir algunas de las tesis del artículo:

PILARES, ETAPAS Y SINGULARIDADES

  • La expansión china fue posible por la existencia de un pilar socialista previo, que permitió articular los modelos planificados y mercantiles en una sorprendente dinámica de crecimiento.
  • Ese cimiento facilitó el salto productivo desde un piso muy bajo de subdesarrollo.
  • El principal secreto de la altísima expansión china ha sido la retención local del excedente.
  • Esa captura explica la ininterrumpida continuidad del proceso de acumulación. Una economía con niveles de apertura externa muy bajos forjó sólidos mecanismos para asegurar la reinversión local de las ganancias.
  • La intensa acumulación local quedó enlazada con la mundialización, en circuitos de reinversión facilitados por el gran control a la salida de capitales.
  • Los sucesivos modelos de transición socialista, expansión mercantil y parámetros capitalistas mantuvieron una elevada tasa de crecimiento.
  • La diáspora brindó el puntapié inicial a un modelo productivo posteriormente enlazado con la globalización.

DESEQUILIBRIOS SIN NEOLIBERALISMO, NI FINANCIARIZACIÓN

  • China introdujo un modelo con regulaciones estatales muy alejadas del patrón neoliberal.
  • Se integró a la globalización con una elevada presencia del sector público y con gran incidencia gubernamental en las normas de inversión.
  • Impuso limitaciones al nivel de las ganancias, a la distribución de los dividendos y a la transferencia de los beneficios al exterior.
  • La nueva potencia se asoció al capitalismo mundializado con reglas muy distintas a las imperantes en ese sistema.
  • La gravitación de las empresas estatales es ilustrativa de esa estrategia. Luego de un intenso proceso de privatizaciones, las compañías del sector público conforman un núcleo minoritario, pero con dimensiones 14 veces mayores al promedio de la economía.
  • Están localizadas, además, en las ramas estratégicas del petróleo, el gas, el acero, los seguros, las telecomunicaciones y la banca.
  • Es importante registrar, además, el elevado grado de centralización de esas compañías, que operan bajo la supervisión directa del Partido Comunista. Esas empresas garantizan el suministro de insumos baratos a toda la estructura productiva.

NEOLIBERALES Y HETERODOXOS

  • La impresionante irrupción de China suscita admiración, temor e incomprensión.
  • La élite occidental no logra hilvanar una interpretación coherente de lo ocurrido. Oscila entre el reproche a la continuidad del comunismo y la alegría por el giro pro-capitalista.
  • Algunos sospechan que la nueva potencia mantiene con disfraces su viejo régimen y otros celebran su conversión al ideario de mercado.
  • El desarrollo chino refuta todos los mitos del capitalismo desregulado. Ese modelo no prevaleció en ninguna de las tres fases del desenvolvimiento económico del país
  • El impulso inicial se consumó bajo estrictas reglas de planificación centralizada, el período siguiente incorporó mecanismos de gestión mercantil y el curso actual contiene formas capitalistas acotadas por la regulación estatal.
  • La simplificada creencia de que las reglas del beneficio rescataron a esa economía de su “estancamiento socialista” es una fantasía de los derechistas, que no logran digerir la extraordinaria expansión de un modelo ajeno a sus recetas.

JUSTIFICACIONES MILENARISTAS

  • Otra explicación de la expansión del país relativiza los determinantes económicos y subraya la preeminencia de condicionamientos histórico-sociológicos. Observa el despegue como un retorno al antiguo equilibrio destruido por la primacía de Occidente.
  • Esa nación no es portadora de ningún destino (a la dominación o a la subordinación) por la simple inexistencia de ese atributo.
  • China no encarna ningún devenir superior al resto de la humanidad, por la misma razón Estados Unidos carece de un “destino manifiesto” como custodio de la seguridad mundial.
  • Ese mismo faltante se extiende a Europa, que no es transmisora de ninguna “civilización” de excelencia a los pueblos de la periferia.
  • Las justificaciones milenaristas retoman las mitologías de la excepcionalidad nacional, como una virtud de ciertas poblaciones frente a otras. En el caso de China, las tesis sinocéntricas han irrumpido como reacción al eurocentrismo previo.
  • La incorporación de potentados al Partido Comunista es presentada con ese fundamento como una expresión de ponderables comportamientos nacionales.
  • Pero en los hechos ocurre todo lo contrario. Los sectores adinerados de la nueva élite china son afines a Occidente, propician el estrechamiento de la asociación transnacional y propagan el credo neoliberal.

CAPITALISMO, SOCIALISMO, FORMAS INTERMEDIAS

  • La vigencia de capitalismo está dada en el terreno económico por la propiedad privada de los medios de producción y la preeminencia de normas de beneficio, competencia y explotación, junto al desequilibrio de la sobreproducción.
  • Ninguna variedad de capitalismo se desenvuelve sin la presencia de estas condiciones.
  • Esos tres pilares no sólo distinguen al capitalismo de su antónimo socialista. También lo diferencian de formas incompletas o primitivas de gestión mercantil.
  • El mercado precedió y sucederá al capitalismo. Es un dispositivo complementario de distintos sistemas y su presencia no define la naturaleza social de un país
  • El pasaje de normas mercantiles acotadas y compatibles con la planificación a los tres pilares de la economía capitalista, marcó el debut potencial en China de ese sistema a principios de los años 90.
  • La pequeña y mediana propiedad privada en el agro dio paso a grandes empresas industriales pertenecientes a la nueva burguesía.
  • A diferencia de otras experiencias -como el neo-desarrollismo o el distribucionismo latinoamericano de la última década- el distanciamiento chino de neoliberalismo y la financiarización no ha sido un episodio de pocos años. Impera en un país, que forjó su economía contemporánea con pilares de socialismo.
  • El carácter acotado del predominio capitalista en China se verifica más nítidamente en el plano político.
  • Esa esfera es decisiva puesto que la preeminencia de ese sistema no se define exclusivamente en el ámbito de la economía o la sociedad. Presupone también el manejo del estado por parte de la gran burguesía.
  • La simple existencia de este sector o su elevada gravitación en el control de los recursos no determina el status capitalista de un país. Los principales resortes del poder estatal deben quedar sometidos al manejo directo o delegado de los apropiadores. Y ese control no se verifica en la actualidad en China.
  • El estado funciona con las normas e instituciones forjadas a partir de la revolución socialista de 1949. La continuada preeminencia del Partido Comunista -y de toda la estructura de organismos nacionales y regionales conectados a esa primacía- ilustra una modalidad de gobierno muy distinta a las formas habituales del poder político burgués.
  • Durante las primeras décadas que sucedieron a la revolución rigió una transición al socialismo asentada en dos principios de esa evolución: la expansión de la propiedad pública y la intervención popular en la transformación de la sociedad.
  • Posteriormente se incluyeron en la misma plataforma numerosos mecanismos comerciales para renovar el crecimiento. Esa etapa quedó cerrada con la conformación de una nueva clase propietaria de grandes empresas.
  • El avance inicial al socialismo se transformó en un proceso opuesto de involución hacia el capitalismo. Esa regresión no se ha consumado, pero revirtió la tendencia precedente.
  • En China no rige el capitalismo, ni el socialismo. Prevalece una modalidad histórica intermedia e irresuelta de sociedad, junto a una formación burocrática en el manejo del estado.
  • El funcionariado que controla el poder estatal no actúa por simple delegación de la nueva clase propietaria. Busca sostener -mediante un elevado ritmo de crecimiento- un equilibrio de todos los sectores sociales del país.

ANTECEDENTES, MODELOS Y AFINIDADES

  • La restauración capitalista no ha concluido: persiste hasta la actualidad. 
  • La historia de la China actual abarca tres periodos diferenciados: debut socialista, gestión mercantil e introducción del capitalismo.
  • Los parámetros que miden los “procesos post-comunistas” de Europa Oriental son: el alcance de la propiedad privada, las normas de funcionamiento de la economía y el modelo político imperante.
  • China avanzó hacia el capitalismo en el primer terreno, no definió un perfil definitivo en el segundo y afrontó un severo dique en el tercero. Su estadio intermedio es muy visible en comparación a lo ocurrido en Rusia o Europa Oriental.
  • El análisis de la nueva izquierda de China distingue el período de las reformas mercantiles (1978) de la etapa de las privatizaciones (1992).
  • Lejos de constituir dos momentos de una misma trayectoria, involucraron rumbos contrapuestos de compatibilidad con el socialismo y alineamiento con el capitalismo.
  • El proceso de restauración parcial del capitalismo puede ser revertido en la lucha por igualdad, en una sociedad con principios muy arraigados de justicia. La recuperación de la trayectoria socialista dependerá de una acción emprendida por los sujetos populares.

TRES VARIANTES DE RESTAURACIÓN

  • La conformación del capitalismo en Europa del Este se procesó con gran antelación y monitoreo externo, mediante un intenso estrechamiento de lazos entre los grupos dominantes locales y sus socios de Occidente.
  • La intelectualidad asimiló con gran fanatismo el credo neoliberal y cumplió un rol determinante en la creación del clima de entusiasmo que rodeo a la recepción del capitalismo.
  • Las privatizaciones quedaron en manos de los sectores que ya habían acumulado en las sombras los acervos requeridos para capturar el botín.
  • Las clases dominantes ya prefiguradas en la etapa previa se consolidaron con la misma velocidad, que se desmoronó la vieja conducción de los regímenes precedentes. La preeminencia de consejeros externos y la instalación de formas brutales de neoliberalismo fueron los datos más significativos de esa transformación.
  • En China no se ha verificado ninguno de esos procesos.
  • La acumulación de capital comenzó en el campo y se desenvolvió con gran lentitud hasta el inicio de las privatizaciones en las ciudades. Ese proceso se mantuvo a lo largo de varias décadas, sin extenderse a las actividades estratégicas que permanecen en manos del estado.
  • Tampoco hubo dirección externa de la reconversión. Las empresas transnacionales fueron asociadas a un programa de crecimiento elaborado localmente y los gobiernos occidentales tuvieron poca influencia en el rumbo seguido.
  • Las propias elites seleccionaron a la diáspora china como su contraparte privilegiada y establecieron severas limitaciones al papel del capital foráneo.
  • La ideología neoliberal penetró en el país, pero en permanente disputa con otras concepciones y nunca logró primacía. El viejo sistema político estructurado en torno al Partido Comunista persistió y afianzó su predominio de la gestión económica. 
  • En Rusia la restauración fue un fenómeno fulminante y alejado de las ambigüedades que se verifican en el escenario asiático. La introducción del capitalismo se consumó a la misma velocidad que en Europa del Este por medio de virulentas privatizaciones. Yeltsin decidió construir el nuevo sistema en 500 días y repartió el grueso de propiedad pública entre sus allegados.
  • La nueva burguesía se gestó de la noche a la mañana. Cinco años después del colapso de la URSS, los siete mayores empresarios rusos poseían la mitad de los activos del país. Los desequilibrios precipitados por la codicia se hicieron tan presentes como las turbulencias financieras.
  • En esa reconversión fue visible la enorme influencia occidental, pero a diferencia de Europa Oriental el comando final quedó en manos de la nueva plutocracia moscovita. El capitalismo no reingresó desde afuera, sino desde arriba.
  • Los protagonistas del viraje fueron los mismos actores de la cúpula política precedente. La alta burocracia de la URSS se transformó en la nueva oligarquía de Rusia.
  • China no atravesó por esos senderos. La reimplantación del capitalismo ha sido es un proceso tortuoso e inacabado, ante la ausencia de un mandatario dispuesto a emular a Yeltsin.
  • El desmoronamiento de la URSS acentuó el conservadurismo de los dirigentes chinos. En lugar de sepultar la estructura política del Partido Comunista decidieron consolidarla y en vez de fusionar a la nueva clase capitalista con el poder político, sólo aceptaron su existencia como una fuerza paralela a su propia dirección.
  • También en China hay tensiones de gran porte y el férreo comando que ejerce Xi Jinping apunta a impedir el desmadre de esas disputas.
  • Pero incluso con esas modalidades de gestión, el poder político mantiene las denominaciones, estatutos e ideologías del proceso inaugurado en 1949. Aquí radica la gran diferencia con Rusia que sepultó todos los vínculos con la revolución de 1917. La disímil penetración del capitalismo en ambos países está muy conectada con esa divergencia de actitudes hacia el pasado.

COMPARACIONES CON EL ORIGEN DEL CAPITALISMO

  • Una revisión de los debates sobre el origen del capitalismo contribuye a clarificar la naturaleza actual de China. Al indagar cómo nació ese sistema se puede discernir de qué forma ha resurgido dónde había sido erradicado.
  • La primera visión atribuía la transición a la erosión en Europa de las estructuras feudales, como consecuencia de las rebeliones campesinas
  • La segunda resaltaba el auge urbano que deterioró a la nobleza, acentuó la huida de los siervos y transformó la renta de productos en dinero.
  • Esa discusión buscaba dirimir si el capitalismo emergió en un largo proceso de acumulación primitiva en el agro y generalización del trabajo asalariado en las ciudades, o si por el contrario despuntó cuando se afianzaron las relaciones comerciales.
  • La ventaja del primer enfoque radicó en su acertada identificación del capitalismo con un sistema de competencia por beneficios surgidos de la explotación. Esa generación de ganancias requiere propiedad privada de los medios de producción y normas de lucro asentadas en la extracción de plusvalía. El simple predominio de los parámetros mercantiles no consagra el predominio del capitalismo.
  • China debería reunir actualmente las condiciones señaladas por la tesis del origen agrario para presentar un status capitalista. No alcanza con la universalización de las reglas comerciales para constatar esa vigencia.
  • En la trayectoria contemporánea del país, la etapa de expansión del mercado sin privatizaciones no implicó el inicio del capitalismo. Sólo en el periodo posterior emergió la restauración. La acumulación por abajo en el agro constituyó, a lo sumo, un presupuesto de ese cambio y no un indicio de su consumación.
  • La expansión mundial del capitalismo que sucedió al fin de la guerra fría, no implicó la implantación del mismo sistema en todos los rincones del planeta. China (o Cuba y Vietnam) ha seguido un rumbo distinto en un contexto común.
  • Por las mismas razones que la existencia de un sistema-mundo no equivalía a la automática adscripción de la URSS a esa totalidad, la preeminencia actual de la globalización no presupone el capitalismo en China.
  • Hay que evitar los equívocos inversos, que asignan a la nueva potencia asiática una misión civilizatoria mundial. Si la globalización no define el status capitalista de China, la expansión internacional de ese país tampoco alumbra otro funcionamiento del resto del mundo.

REVOLUCIÓN Y CONTRARREVOLUCIÓN BURGUESA

  • El capitalismo se gestó en una larga transición de varios siglos, con diversas modalidades de coexistencia de clases dominantes. Esta misma conclusión podría aplicarse en la actualidad a China. 
  • Su eventual pasaje al capitalismo, no debería necesariamente presentar el abrupto desenlace que imperó en Rusia o Europa del Este. Podría completarse a la largo de varias décadas.
  • La noción de formación económico-social conceptualiza la existencia de variadas articulaciones entre modos de producción, con predominio desigual del capitalismo.
  • Las mixturas imperantes en América Latina entre los siglos XV y XIX combinaban el capitalismo con el esclavismo (plantaciones) o con el feudalismo (haciendas). La misma mirada podría aplicarse en la actualidad a China, para considerar su formación económico-social en términos de un eventual “social-capitalismo”.
  • En las mixturas de la transición la burguesía conquistó su dominio de la sociedad, pero sólo ejerció efectivamente esa primacía cuando capturó el poder del estado.
  • El imperio de la competencia, la ganancia y la explotación no consagró el status capitalista, mientras el estado permaneció en manos de otros grupos dominantes. Fue lo ocurrido por ejemplo con el estado absolutista durante la era feudal. Sólo cuando la burguesía controló ese resorte quedaron despejados todos los escollos para la acumulación.
  • Esta conclusión del debate historiográfico tiene especial aplicación para el escenario actual de China. Tal como ocurrió en el pasado, una nueva clase dominante ya monitorea gran parte de la economía sin manejar el poder político, lo que a su vez impide el pleno despegue del capitalismo.
  • El punto de giro en el pasado fue clarificado en la evaluación de las revoluciones burguesas, que constituyeron la modalidad clásica de conquista del poder por parte de la clase capitalista. La caída de monarquía (Francia) o la guerra de secesión (Estados Unidos) fueron ejemplos típicos de ese viraje.
  • Estas contundentes mutaciones no fueron el único curso de la historia y esa indefinición reaparece en la actualidad. Las fechas exactas del cambio de régimen que se observaron en Rusia, Polonia, Alemania del Este o Hungría, no se han extendido a China.
  • Las revoluciones burguesas del pasado no constituyeron el simple antecedente de las contrarrevoluciones del presente. Un monumental abismo separa al surgimiento del capitalismo de su retorno. La principal diferencia estriba en la total carencia de complementos progresistas en el plano democrático, nacional o agrario.
  • El resurgimiento actual más bien profundiza los ingredientes regresivos de la instauración del capitalismo que predominó en los países centrales desde la segunda mitad del siglo XIX. Esa misma tónica ha prevalecido en la restauración del sistema al cabo de una centuria en Rusia y Europa del Este.
  • Conviene recordar también que en numerosos lugares del mundo el capitalismo emergió sin revolución burguesa, mediante transformaciones pasivas o auto-conversiones de los estados.
  • El paulatino aburguesamiento de la antigua nobleza en Japón y Alemania fueron los típicos modelos de esa gestación por arriba. Se podría argumentar que China está transitando por una reconversión semejante, mediante el pausado padrinazgo del capitalismo por los mismos sectores que dominaron el sistema precedente.
  • Esa transición de largo plazo sería muy distinta a los precedentes del siglo XIX. Implicaría en China el triunfo del proyecto neoliberal y el estrechamiento de lazos con los socios occidentales. Esa eventualidad constituye por ahora sólo una de las opciones en juego.










Descifrar a China ¿Capitalismo o Socialismo? (II)

EN CHINA NO RIGE EL CAPITALISMO, NI EL SOCIALISMO. PERO EL ESTADO FUNCIONA CON LAS NORMAS E INSTITUCIONES FORJADAS A PARTIR DE LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA DE 1949

Claudio Katz

 

La gigantesca expansión de China es el mayor ejemplo contemporáneo del desarrollo desigual y combinado. Una economía retrasada convenientemente enlazada con el mercado mundial escaló en el ranking global, dejando atrás su status subdesarrollado.

Capturó tecnologías e inversiones de las potencias más avanzadas y utilizó la baratura de sus recursos, para motorizar un inédito crecimiento con rentabilidades superiores al promedio global.

Con ese asombroso despegue se ubicó en el podio de las economías centrales, luego de aunar transformaciones internas con ventajosas inserciones en la globalización. Copió innovaciones, lucró con los costos inferiores que imperan en los países relegados y consumó una expansión sin parangón. Otras economías asiáticas también crecieron, pero sin esa intensidad y con poblaciones o territorios incomparablemente menores.

El principio del desarrollo desigual y combinado operó en un nuevo contexto de globalización. Ningún precedente histórico de la expansión china actual -Estados Unidos, Japón, Alemania o la Unión Soviética- presentó una conexión tan peculiar con el capitalismo mundial.

China retomó el lugar preeminente que ya tuvo en su milenaria trayectoria. Pero los vínculos de ese remoto pasado con el renacimiento actual no son nítidos. El despunte de la nueva potencia asiática obedece a varias especificidades contemporáneas.


RESUMEN

La irrupción de China ilustra la dinámica contemporánea del desarrollo desigual y combinado. El cimiento socialista, el complemento mercantil y los parámetros capitalistas apuntalaron un modelo enlazado a la globalización, pero centrado en la retención local del excedente. La ausencia de neoliberalismo y financiarización ahorraron al país los desequilibrios afrontados por sus competidores. Pero la penetración del capitalismo genera sobreinversión y excedentes a descargar en el exterior.

La ortodoxia explica la expansión china por un imaginario predominio de la desregulación y la heterodoxia por la simple aplicación de controles que han fallado en otros lugares. Ambos omiten el cimiento socialista. La óptica milenarista enaltece un destino imaginario y supone raíces remotas para procesos muy recientes.

El capitalismo está presente pero no domina aún en la economía. La nueva clase burguesa tampoco logró el control del estado, pero la transición socialista se revirtió y prevalece un status intermedio. La acotada restauración contrasta con las trayectorias de Europa Oriental y Rusia. Una comparación con el origen del capitalismo sugiere la posibilidad de largas transiciones y mixturas de sistemas.