viernes, 3 de febrero de 2023

Disonancia cognitiva

Es interesante observar la distancia que separa nuestras creencias y sentimientos de nuestros comportamientos. Bien lo saben las personas religiosas: de eso se alimenta la sensación de estar pecando (y también el estamento clerical). Personas que reniegan de la sociedad de consumo son al mismo tiempo consumidores compulsivos. Hay un momento, poco comprometido, para razonar y otro, mecánicamente instalado en la conducta, para obrar.

No hay que confundir esta forma de actuar (o de no actuar) con la actitud cínica del que defiende una conducta que sabe perniciosa, ni la con la hipocresía del que finge compartir ideas moralizantes que no le importan nada. En ambos casos el individuo es coherente, aunque pueda ser calificado de imbécil moral.

Disonancia cognitiva (¡y conflictiva!) es otra cosa. Una especie de conmutador separa el tiempo de raciocinio y el de acción, pero en algún momento lúcido el sujeto se da cuenta de su situación; aparece el sentimiento de culpa. Salvo en algún caso de catarsis galopante no suele pasa nada y el comportamiento apenas varía.

Así se describe el concepto en Wikipedia:

El término disonancia cognitiva hace referencia a la tensión o desarmonía interna del sistema de ideas, creencias y emociones (cogniciones) que percibe una persona que tiene al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto, o por un comportamiento que entra en conflicto con sus creencias. Es decir, el término se refiere a la percepción de incompatibilidad de dos cogniciones simultáneas, todo lo cual puede impactar sobre sus actitudes.

Desgraciadamente, la disonancia cognitiva es una experiencia muy común. Cada vez que dices cosas que realmente no crees, que tomas una decisión difícil o descubres que algo que has comprado no es tan bueno como esperabas, puedes experimentar disonancia. En todas estas situaciones, hay un salto entre nuestras acciones y nuestras actitudes que tiende a hacernos sentir bastante incómodos
Los problemas que (¡nos!) está causando nuestro modo de vida son evidentes. Jorge Riechmann advierte que la única vía se escape es un ecosocialismo descalzo basado en una simbioética. La rueda arrolladora de la inercia sistémica nos aplasta y sigue su camino a la perdición. Nos sentimos impotentes, pero como termina su meditación:

¿Tirar la toalla? Nada de eso: nos toca seguir peleando, aun con incertidumbre sobre el desenlace, aun sin esperanza de vencer.

Incertidumbre, que no certidumbre, desde luego. Inevitabilidad, no, porque el fatalismo mata.

Vall Ferrera


 

Jorge Riechmann

1.- Con el despliegue del capitalismo industrial, hemos construido nuestros modos de vida (en las zonas centrales del sistema-mundo que hoy llamamos el Norte global), así como las mentalidades y formas de subjetividad dominante, sobre la base de una casi inimaginable abundancia energética que sin embargo ya se está acabando (cénit o “pico” del petróleo, de los combustibles fósiles, de las energías no renovables, de diversos materiales básicos para las sociedades industriales, peak everything). Las nociones clave aquí serían las de capitalismo fosilista y modos de vida imperiales.

Por otra parte, el empuje sistémico que en términos marxianos llamamos valorización del valor (la dinámica autoexpansiva del capitalismo), más el intento por continuar manteniendo aquellos modos de vida imperiales cuando su base energética nos abandona, ahonda en la extralimitación ecológica (overshoot) en la que nuestras sociedades se hallan desde hace decenios. Los vanos intentos de prolongar la trayectoria del capitalismo industrial conducen a una casi inimaginable devastación de la biosfera (y he empleado de forma consciente el adjetivo inimaginable dos veces en pocas líneas). El concepto de extralimitación ecológica resulta fundamental.

Los procesos destructivos globales (el “cambio global”, decimos de manera eufemística) son de tal magnitud, y tienen por desgracia tanta inercia, que lo que hagamos a partir de ahora probablemente ya no podrá evitar un planeta Tierra convertido en infierno (para los seres humanos y para muchos seres no humanos: la perspectiva cambia mucho no sólo cuando salimos del cortoplacismo, sino sobre todo cuando cuestionamos el marco antropocéntrico). Estamos hablando del calentamiento global, la acidificación de los océanos, el desmoronamiento de los ecosistemas, la Sexta Gran Extinción…


2.- Por otra parte, tras varios decenios sufriendo la Madre de Todas las Guerras Culturales, el trabajo ordinario del neoliberalismo, hoy nos encontramos (en los países centrales del sistema) siendo una sociedad no ya invertebrada sino incluso deshuesada, cada vez más amorfa. Hay algo tremendo en los dos momentos recientes de agudización de la crisis (esta crisis que no acabará nunca, como suele decir Antonio Turiel, y que por tanto es algo diferente de lo que otras veces hemos llamado crisis), 2008 y 2020. En ambas ocasiones se han puesto de manifiesto dos graves asuntos: primero, la extrema debilidad de las fuerzas de cambio emancipatorio; y en segundo lugar la incapacidad de nuestras sociedades para un aprendizaje significativo. Ante conmociones ecosociales de tan enorme magnitud se opta de forma mayoritaria no por el cuestionamiento sino por tratar de volver a la “normalidad” y reforzar la huida hacia adelante…

Germán Cano sugería en un gorjeo de Twitter (el 25 de septiembre de 2022) que si el elemento fascista del siglo XX era la banalidad del mal, el del XXI parece la propia banalización del fascismo (que es, sin embargo, una cosa nueva). Si “en el fondo nada importa de verdad”, ¿qué más da conceder una oportunidad a cualquier cosa? Y Xan López comentaba entonces que “esto es clave. Se diría que hoy en día ese descreimiento hace que mucha gente elija opciones políticas extremadamente reaccionarias como quien elige una película en Netflix: el fascismo pasado por el colador posmoderno”.

Como sociedad, apenas somos otra cosa que papilla entre las muelas de la televisión y las mal llamadas “redes sociales” (en realidad, megaempresas del capitalismo digital embarcadas en un proyecto de control totalitario que deja en mantillas todo lo que pudieron soñar los autoritarismos del pasado). Según el barómetro del CIS en marzo de 2022, un 51% de la población española consideraba que la OTAN debía intervenir en la guerra si Rusia no se retiraba de Ucrania; y casi ocho de cada diez opinaban que Ucrania debe poder entrar en la OTAN “si así lo decide democráticamente su población”. (Y en todo el espectro político ibérico, sólo las bases de las CUP, en Cataluña, se mostraban muy mayoritariamente en contra de una guerra con participación de la OTAN.) Esto es: según esas demoscopias, habría una mayoría social a favor de una Tercera Guerra Mundial con armas nucleares.

Pura papilla como sociedad: nos mastican y regurgitan. Nuestra sociedad parece vivir, cada vez más, dentro de una grandiosa fantasía audiovisual. En el final del verano de 2022 dimos bastantes vueltas a una encuesta de IPSOS según la cual los españoles estaríamos preocupadísimos por la tragedia climática: el 71% de los consultados en el sondeo consideran grave o muy grave el efecto que está teniendo en España el calentamiento global. Sólo los húngaros, con una tasa del 74%, expresan una mayor inquietud, mientras que los italianos (70%) se sitúan prácticamente a la par que los españoles. Y lo más llamativo: “La hipótesis casi apocalíptica de que el cambio climático obligue a los consultados a desplazar su residencia en los próximos 25 años es vista como poco probable por tres de cada cuatro europeos, mientras que solo la mitad de los españoles descarta esa posibilidad. En el caso de España, un 46% juzga probable o muy probable verse desplazado de su hogar como resultado del cambio climático (frente a menos del 30% en el conjunto de la UE)” (Carles Castro en La Vanguardia, 18 de septiembre de 2022).

¿La mitad del país piensa que va a tener que emigrar por el calentamiento global? Si la gente creyese eso de verdad, estaría en la calle quemando coches y comisarías de policía… Pero es hablar por hablar: como si viviéramos -en gran medida- en las pantallas de un gran videojuego colectivo. El metaverso antes del metaverso; formas de autoficción en una sociedad nihilista. La desconexión entre las -supuestas- creencias y la acción resulta alucinante. ¿La demoscopia como casino de juego? ¡No nos creemos lo que sabemos!

Esta clase de deshuesamiento social reciente, que confluye con el tipo de individualismo anómico que la cultura capitalista viene propiciando desde hace mucho más tiempo, constituye (no hace falta subrayarlo) un obstáculo de primera magnitud para cualquier clase de cambio inspirado en criterios de racionalidad ecosocial que deseemos impulsar. Hay que empezar desde muy abajo, desde muy dentro de lo prepolítico, para crear tejido social y articulaciones emancipatorias. Y entonces nos asalta la pregunta más trágica: ¿tenemos aún tiempo para ello?

3.- Necesitaríamos un cambio de rumbo radical: transformar no sólo nuestras relaciones de producción, nuestra forma de organizar la economía, sino también nuestras mentes y nuestros corazones. Pero, por la inercia de los sistemas naturales y los sistemas sociales, quizá ya no tenemos tiempo para ello: estamos viviendo un tiempo de descuento.

Barruntamos que en algún momento de finales del siglo XX perdimos esta suerte de carrera contra el tiempo. Cabe formular así nuestro dilema trágico: dejando de usar combustibles fósiles, nuestras sociedades se empobrecen (en lo material); si los seguimos usando, nuestras sociedades se autodestruyen (y devastan de paso la biosfera terrestre).

No se trata del fin del mundo -no es la muerte de Gaia, no es el final de la vida en el planeta Tierra- pero sí el fin de nuestro mundo: las condiciones del Holoceno que posibilitaron viviese y prosperase la humanidad que conocemos han sido ya fatalmente desequilibradas, y el planeta se dirige hacia otros regímenes climáticos (quizá incompatibles con la supervivencia humana). Para quien es consciente de esto, la idea de llamar Antropoceno al tiempo que viene le parece más un conjuro de simio asustado que una sabia decisión geológica. Antropoceno: ¿la era de la extinción humana?.

La “hoja de ruta” de los poderes dominantes es algo así: iremos dejando morir de hambre a la gente, primero por millones y luego por cientos de millones; y la asesinaremos en guerras y represión militarizada (la digitalización será de gran ayuda en eso). Pero los (pocos) elegidos disfrutarán de SUV eléctricos “para un estilo de vida flexible y tecnológicamente avanzado con cero emisiones”, (según reza la propaganda del sistema) (tres páginas enteras en La prensa de la comarca -periódico gratuito mensual de Colmenar Viejo, El Boalo, Cerceda, Mataelpino, Manzanares el Real y Soto del Real- número 142, abril de 2022). Y como clave de bóveda ideológica seguiremos alimentando fantasías sobre la colonización de Marte.

Necesitamos, de forma casi desesperada, niveles inéditos de racionalidad ecosocial para hacer frente a desafíos inéditos no ya en la historia humana reciente, sino en la historia de la especie. Al mismo tiempo las condiciones para esa racionalidad de conjunto (a la que los movimientos ecologistas hemos aludido desde los años 1970 con la noción de conciencia de especie) parecen muy lejos de nosotros.

¿Podemos pensar respuestas sociopolíticas adecuadas? Sin duda (yo he formulado mi propuesta, desde hace algunos años, en términos de ecosocialismo descalzo basado en una simbioética). ¿Estás esas respuestas a nuestro alcance? Eso ya es harina de otro costal… ¿Tirar la toalla? Nada de eso: nos toca seguir peleando, aun con incertidumbre sobre el desenlace, aun sin esperanza de vencer.

Vall de la Coma de Burg

martes, 31 de enero de 2023

Una barrera invisible

El pasado sábado 28, el PSOE de Pontevedra presentaba su candidatura a la alcaldía, inaugurando así la (¿pre?)campaña para las elecciones municipales, a cuatro meses del evento. Invitado por una buena amiga, asistí.

A Praza da Ferrería era el lugar elegido para la presentación. El día era frío y ventoso. Un sol radiante ayudaba a calentar el ambiente, pero desde el norte avanzaban nubes, y si se cubría el cielo nos íbamos a helar. Sin embargo, aquellas nubes que parecían arrolladoras nunca llegaron a tapar el sol.

Allí estaba la plana mayor del partido, con alguna ausencia más o menos previsible. La multitud de personalidades repetía el inevitable guion protocolario, tan parecido al de otros mítines electorales que podrían incrustarse en una película de Berlanga. Antes de que hablaran sabías lo que iban a decir, pero ¿qué otra cosa iban a hacer, sino someterse a la liturgia democrática?

Más preocupado por el frío que por la consabida retórica de tantos alcaldes y otros cargos públicos, atendía al avance inmóvil de las nubes. Cuando una oleada amenazante se desgajaba de la masa compacta que la seguía, de forma casi imperceptible se iba disolviendo en el azul impoluto hasta desaparecer. Una barrera invisible, en realidad una ligera pérdida de altura y el consiguiente ascenso térmico sobre el punto de rocío frenaban el en apariencia incontenible avance.

Por fin tocó el turno al alcaldable que debía cerrar el acto. Para mi gusto fue un buen discurso. Dejó claro que el actual alcalde y su partido se apropiaban del protagonismo que en sus correspondientes parcelas ejercían los concelleiros socialistas, muchos allí presentes. Eclipse parecido al que los mismos socialistas practican en el gobierno central, cuando muchas de las políticas de que alardean les vienen impuestas por la presión de sus socios de coalición, y bastantes las desarrollan asesores y cargos de esos otros partidos.

Dedicó la parte más interesante y mejor trabada a denunciar la actual gestión económica, carente de intervenciones públicas que vayan más allá del embellecimiento urbano, privatizadora de servicios y con muy pobres políticas sociales. Se ha hecho del modelo de ciudad el principal argumento electoral, pero ese modelo, un acierto que nos hace tan cómoda la vida a los habitantes del centro, es ya compartido por muchas otras urbes, y cada vez es menos distintivo. No se puede fiar el avance de la comarca a un turismo que llega, admira y pasa. Que probablemente tiene los días contados. La ola innovadora que presuntamente salvaría a una ciudad sin otro atractivo que su belleza y comodidad se va frenando sin remedio, y hacen falta otras políticas, como la atracción de industrias innovadoras, compitiendo en esto, hay que recordarlo, con todas las demás ciudades.

Si la ola urbanística está agotada (aunque yo veo muchas grúas levantando nuevos edificios como si no pasara nada), ¿qué podemos esperar de esta otra ola "digital-verde-sostenible-innovadora" con que los aspirantes a gobernarnos dan esperanzas y siembran ilusión? Como ocurre con los frentes nubosos que avanzan oleada tras oleada para disolverse sin que casi nos demos cuenta de lo que ha ocurrido, una barrera, no tan invisible, se alza frente a las proyecciones de futuro que elección tras elección nos proponen prácticamente todos los partidos. Porque el que diga otra cosa, quien se salga del modelo, "no sale en la foto", como decía con su habitual descaro aquel mordaz vicepresidente socialista.

No es solamente "el modelo de ciudad" la única nube que se disuelve en el aire. Las inconcretas nubes alternativas que se lanzan para sustituirlas también serán disueltas por esa barrera que fingimos invisible porque casi nadie la quiere ver.

El escritor Sergio Andrés Cabello ha escrito el libro La España en la que nunca pasa nada, ese país intermedio entre la «España vaciada» y la «España metropolitana». Nuestra ciudad entra de lleno en esta categoría de ciudades medias, y sería bueno que sus futuros munícipes tomaran nota de lo que José Manuel Mariscal Cifuentes escribe en la reseña del libro publicada en el número 257 de Nuestra Bandera:

EcoExploratorio












"Entre las postales bucólicas del rural y las oficinas cristalinas de los barrios financieros de Madrid o Barcelona está la realidad. Ciudades medias y pequeñas que son las que han articulado en buena medida el territorio de nuestro país. Ciudades que absorbieron una parte importante del éxodo rural al calor de una industria que, aunque débil, constituía una oportunidad de trabajo y futuro para las gentes de sus comarcas y que hoy ha desaparecido. Estas ciudades, tal y como señala Esteban Hernández en el magnífico texto que prologa el libro, se han venido sumando al curso de los acontecimientos mucho antes de intervenir en ellos para modificarlos. Todas estas ciudades, en una especie de pensamiento mágico, han aplicado las mismas recetas (sálvese quien pueda) para tratar de incorporarse a la modernidad: poner guapo su casco histórico para los turistas; buscar un arquitecto de renombre para construir un centro de arte contemporáneo o una ciudad  de la justicia o un palacio de congresos o un aeropuerto, aunque sea de avionetas; organizar el enésimo festival de música indie; colocar con letras bien grandes el nombre de la ciudad en alguna de las rotondas de su entrada; construir un polígono industrial con suelo gratis o instalar un co-working o un «nido de empresas»; en fin, todo sea por generar un «entorno atractivo para el emprendimiento». Pero la industria se fue y los sueños de grandeza de muchas de estas ciudades se han frustrado por el camino. A las ciudades medias les ha sucedido, y esta es una tesis fuerte de Sergio Andrés, algo parecido a lo que ha pasado con las capas medias aspiracionales. Para lograr-el-éxito-en-un-entorno-competitivo recurrieron a las mismas recetas que pasaban por hacer de la ciudad una marca, construir un signo de distinción con respecto a las demás: da igual que la distinción pase por poner más bombillas que nadie en Navidad o por tener el estadio de fútbol más molón. El caso es que, al final, esas ciudades se parecen mucho entre ellas. Las calles de la ciudad en la que vives están repletas de locales cerrados con el cartel de «se vende» frente a las mismas tiendas de las mismas franquicias de las mismas marcas. En la ciudad en la que vives tienes que coger el coche para ir al cine, o al pediatra, o al colegio. En la ciudad en la que vives hay una élite local en franca decadencia que se siente amenazada por la globalización y que confunde sus intereses con los del conjunto de la ciudad."

sábado, 28 de enero de 2023

El decrecimiento es imparable

El Gran Descenso: presente y futuro de la crisis energética, se titulaba la conferencia que Antonio Turiel y Antonio Aretxabala compartieron el pasado día seis de este mes. Turiel piensa que el decrecimiento es imparable y conduce a una época de gran inestabilidad económica, al competir por los recursos las grandes potencias. “La escasez de energía y falta de materias primas nos aboca a una época como el fin del Imperio Romano”, dice. Denuncia la política de Transición Energética que prefieren y conducen las élites económicas, técnicamente incapaz de mantener nuestro actual nivel de vida. Sobre las "soluciones verdes" propuestas es muy crítico: "Los parques eólicos son polígonos industriales en montañas, los parques solares el infierno en el campo en verano".

Una puntualización me parece pertinente: cuando afirma que "el comunismo no es la solución, porque es un sistema fracasado", utiliza el significado que sobre el término se ha impuesto, con toda la intención, para que sirva de barrera ideológica. Ya lo habían observado los redactores del Manifiesto Comunista. Habrá que decir que el comunismo no es lo que existe o ha existido nunca en los así llamados "estados comunistas". Ni siquiera se han acercado remotamente tales sistemas políticos a esa situación ideal, que al fin y al cabo es a la que, sin llamarla así, aspira el entrevistado. Nunca esos países se han autodenominado con este término.

Tiene sin embargo toda la razón cuando, aceptada la definición impuesta desde fuera, recuerda que se trató de sistemas productivistas, émulos del capitalismo al que han pretendido alcanzar y "superar". Y su fracaso es paralelo, por ello, al del capitalismo propiamente dicho.

Otra puntualización: es bienintencionado decir que "no es un problema de izquierdas o derechas", pero no olvidemos que los grandes defensores de no hacer cambios radicales que perjudiquen los intereses inmediatos del gran capital son los partidos de derechas. Y quiero recordar que si cuando presentó Sánchez la Agenda España 2050 fue muy criticado porque decía muchas 'barbaridades' en plan de que no podremos comer tanta carne, viajar tanto, cambiar de móvil, ni tanta ropa y no podremos consumir de todo... se trataba de un "tiro por elevación", porque los "tímidos expertos" que lo pidieron estaban en el "ala izquierda" de la coalición, en el Ministerio de Consumo, y él tuvo que improvisar por peteneras hablando de las delicias de un "chuletón insuperable".

Que las fronteras de la lucha de clases estén desdibujadas no significa que ésta desaparezca, porque nunca ha dejado de estar presente a lo largo de la Historia, por lo menos desde el Neolítico.

Entrevista conducida por Jesús María López de Uribe

Antonio Turiel, físico leonés del Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona.

Antonio Turiel Martínez (León, 1970) es físico y trabaja en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC en Barcelona. Autor del libro Petrocalipsis: Crisis energética global y cómo (no) la vamos a solucionar, mantiene el blog The Oil Crash desde hace más de diez años y es uno de los mayores expertos en decrecimiento de España. Justo a finales de año acaba de publicar otros dos libros: uno sobre los problemas energéticos que estamos padeciendo, Sin Energía. Pequeña guía para el gran descenso; y otro, junto a Juan Bordera, titulado El otoño de la civilización: textos para una revolución inevitable. Este viernes 6 de enero dará una charla en el auditorio de la sede leonesa de la Fundación Sierra Pambley, a las 19 horas, sobre 'El Gran Descenso', que se podrá seguir por internet. 
Sus previsiones sobre el futuro de los combustibles sólidos y sus críticas a la política planteada para la Transición Energética son cada vez más escuchadas y es requerido en todo tipo de entrevistas para explicar cómo va a ser el futuro de la humanidad, recomendando dirigir nuestros esfuerzos a una economía local y sostenible y advirtiendo que el Turismo se acaba. “Estamos en un momento muy similar a la caída del Imperio Romano y es muy probable que vivamos guerras crepusculares que Europa no tiene posibilidad alguna de ganar”, vaticina, para asegurar a continuación: “Si nos preparamos bien, podremos pilotar mejor lo que viene; pero no lo estamos haciendo”.

 

En tu blog 'The Oil Crash' hablas desde hace más de diez años del Decrecimiento. ¿Qué es este concepto?

Es, digamos, la disminución del metabolismo de la Sociedad; es decir, que hay un descenso del consumo de energía y materiales, de la producción en general y en última instancia se puede interpretar como un descenso económico tal y como se mide la Economía hoy en día, que es por el valor monetario de todos los bienes y servicios que se producen. Es inevitable. Va a haber una escasez, sí o sí, de la disponibilidad de energía y materiales que viene marcada por procesos geológicos y termodinámicos. No podemos escogerlo, pero sí pilotar el proceso causando el menor mal posible y mantener una sociedad en equilibrio, estacionaria, que pueda ser funcional. Eso o no hacer nada y dejar proceso desorganizado, caótico, que acaba generando mucho más mal y que incluso puede llegar al colapso de la civilización y de las poblaciones humanas en determinados lugares del planeta; esperemos que no en todos.

¿Y por qué titulaste el blog así, qué es lo que cuentas en él, aparte de que hay que trabajar en una economía del decrecimiento?

The Oil Crash, la traducción más acertada es justo el título de mi primer libro, que es Petrocalipsis. ¿Qué pasa cuando tú no haces una adaptación y dejas que las cosas evolucionen a su libre albedrío como está pasando ahora? Pues que te encuentras con un desastre, una situación en la que problemas que tienen su origen en la escasez creciente de petróleo, que es la principal fuente de energía del mundo, hacen que cada vez sea todo más disfuncional y en última esencia la Sociedad acaba colapsando. De lo que va mi blog es de los problemas que causa la disminución de la disponibilidad de energía. Es un manual de por qué colapsaremos si no hacemos nada, también con las renovables tal y como se conciben, y por qué es necesario hacer un cambio de rumbo para llegar a la Estación de Decrecimiento pilotado. Ahora estamos en la fase en la que empieza a ser notoria la escasez de petróleo, sobre todo del diésel que es bastante fuerte ahora mismo. Esto produce un efecto de retroalimentación en cascada que hace que haya escasez de productos que al final repercute en la propia extracción de las materias primas y aumentará la falta de gas, carbón, uranio. Estamos ahora mismo en la fase del nudo.

¿Y qué fase es esa?

Ya ha sido la fase de presentación, ahora estamos en el nudo de la Historia. La 'Gran Escasez', que es como denominamos a este fenómeno, empieza a ser evidente. Y también es un proceso, va a haber vaivenes: momentos en que se va a aliviar un poco, y otros en los que se va a volver a agravar. Y será curioso, porque cuando haya mejoras será porque algunos países hayan colapsado o algunas industrias hayan cerrado y entonces habrá caído la demanda y para los que sobrevivan habrá más, teniendo en cuenta que en el conjunto cada vez habrá menos. Y esto los economistas empezarán a decir que “mira, no había ningún problema, estos se resuelve y tal”, cuando tú verás que la producción simplemente va bajando, va bajando y lo que pasa es que hay menos gente sentada a la mesa y por eso tocan a más. En cuanto a la evolución futura, si no se hace nada, esto mejor no va a ir. El proceso de descenso energético no tiene por qué ser rápido, si se pilota correctamente se puede alargar durante muchas décadas: no nos quedaremos de repente sin petróleo sino que irá decreciendo. Lo comparo con la situación de una persona a la que le están bajando el sueldo: te van quitando un 5% cada año y no es que no cobres, pero cada vez te va costando más llegar a final de mes. Tenemos décadas por delante para adaptarnos a una situación que no a a ser de abundancia, pero lo que sí está claro es que tenemos que empezar a ponernos las pilas ya. No hay tiempo para relajarnos porque cada año vamos a disponer de menos.

¿Si cada vez hay menos, vamos a un nivel de inestabilidad enorme? Acabas de decir que que hay países que van a colapsar. ¿Vamos a una época de guerras otra vez?

Sí, no hay ninguna duda y además me consta de primera mano que a nivel de la Comisión Europea se ha discutido la posibilidad de utilizar la Guerra como una manera de asegurarse el suministro de recursos hacia Europa y, fundamentalmente están pensando en el Norte de África y el África Central. Sí.

Precisamente el Magreb es donde tenemos el problema del gas ahora...

Sí, Argelia está en el punto de mira. Eso está claro. También está Nigeria, Malí, Níger... o sea, Francia tiene una gran tradición de meterse en estas historias y Europa contempla seriamente la posibilidad de utilizar la Manu Militari para asegurar sus recursos.

Pero eso es colonialismo como en el siglo XIX ¿Otra vez nos vamos a meter los españoles en el Rif justo ahora que acabamos de celebrar el centenario del Desastre de Annual?

Sí. Sí. Sí y sí. Este es un riesgo real y sí, además, te puedo decir que una parte de los psicópatas que nos gobiernan piensan realmente en esto.

¿Entonces en cuánto tiempo podría volver España a meterse en una guerra abierta?

No lo sé. Depende de lo desesperados que estemos. A ver. Si ahora se desencadenara un conflicto bélico entre Marruecos y Argelia, pues Europa puede tener la tentación de meter las narices. Ojo, Argelia tiene un ejército potente. Entonces tampoco pueden hacerse las cosas de cualquier manera; pero en un momento determinado por ejemplo, si después de unos años de inestabilidad estallara una guerra allí pues yo estoy seguro de que Francia, España e Italia apoyarían a uno de los bandos “para restaurar la democracia” y, de paso el flujo de gas hacia nuestros países. Yo no sé cuánto puede tardar una guerra porque va a depender mucho del grado de desesperación en el que estemos inmersos, pero lo que sí te puedo decir es que no se descarta. De aquí al 2030, como habrá un descenso muy importante de energía y materias primas, es fácil que caigamos a la mitad de lo que tenemos ahora en Europa y yo creo que antes de llegar a esto se va a plantear ya intentar hacerse con recursos naturales por vía de la fuerza. Lo veo casi inevitable, de no ser que comprendamos que no tiene ningún sentido porque es dar una patada al balón para conseguir que avance dos o tres metros. Aquí la actitud de la población, de la ciudadanía es muy importante, que comprendan que no pueden apoyar este tipo de veleidades y este tipo de aventurismo que en el fondo es peor que el colonialismo del siglo XIX, ya que entonces era el momento en el que ascendíamos. Éste es el de la desesperada, el ir a rebañar las migajas que quedan y además con escasez de materias y energía cada vez más grande. Realmente serían guerras crepusculares cada vez más patéticas y con mucha pérdida de vidas humanas. No serán al estilo conocido y no tendremos ninguna posibilidad de ganar... pero eso no quiere decir que no las vayamos a librar.

O sea, que con esta falta de suministro energético y la competición por las materias primas en base a guerras que no podemos ganar nos podemos ver como en una especie de ‘Caída del Imperio Romano’ otra vez...

¡Claro! Es que nuestra situación se parece mucho a la decadencia y caída del Imperio Romano. Nos creemos que tenemos una capacidad y una fuerza militar y un vigor que no tenemos. Somos senescentes. Pero lo vamos a intentar con nuestros ejércitos confiando mucho en la tecnología y demás, pero que al final no va a funcionar. Y puede pasar, si las campañas militares van mal, que se planteen hacer levas forzosas y entonces que la Sociedad acabe reaccionando y pueda haber colapsos de los Estados europeos. Es que vamos a un panorama realmente terrible. Todo por no darse cuenta de que esto no va a ningún lado. Incluso si tú consigues llevar a cabo una campaña militar exitosa, alargaría la situación tres, cuatro o cinco años más. No vas a ganar mucho, y lo que puedes perder es muchísimo más. Pero por desgracia este es el tipo de ideas que se están planteando. Y además hay que tener en cuenta que no somos el único actor del tablero. ¡Ni siquiera el más importante! Mira lo que ha hecho Rusia en Ucrania y hay que ver qué van a hacer China, los Estados Unidos, India... y algunas potencias emergentes en otros lugares del mundo. Vamos a ver qué pasa.

¿La guerra de Ucrania es parte de esta decadencia energética? Porque lo que ha pasado con los combustibles y la factura de la electricidad y el gas parece tener relación directa...

Europa está en este momento en una situación crítica. Es mucho peor de lo que mucha gente se imagina. El corte de suministro del gas proveniente de Rusia, que antes de la guerra en Ucrania representaba el 40% de lo que se consumía en la Unión Europea, no puede ser cubierto de forma completa con cualquier posible combinación de otros proveedores. Y eso incluye el propio gas ruso que China nos reexporta por buques metaneros. El anuncio el pasado mes de julio de un recorte de un 15% del consumo de gas por los países de la UE (reducido al 7% en el caso de España) no es ni de lejos suficiente para cubrir 'necesidades' del Viejo Continente. Pongo entre comillas necesidades porque éstas implican el consumo de la potente industria europea, que en la actual situación lo más probable es que acabe colapsando de manera más o menos completa, y en ese caso la demanda de gas de la UE caerá en picado, al mismo ritmo que aumenta el desempleo y la miseria.

¿Y cómo vamos a salir los europeos del conflicto iniciado por Putin? Se prevé un invierno de restricciones. ¿Racionamiento?

La escasez de diésel ya está empezando a hacer mella en Europa. En la actualidad, falta casi el 25% del consumo de diésel de Europa, el cual se está cubriendo con las reservas estratégicas de algunos estados: Austria, Croacia, Suiza, Alemania y Francia por culpa de las huelgas en las refinerías de Total. Pero las reservas estratégicas están ahí, se supone, para cubrir las necesidades delante de problemas puntuales, limitados en el tiempo. Las autoridades de todos esos países asumen que sus problemas son pasajeros, coyunturales, por la guerra de Ucrania. Lamentablemente, no lo son del todo, hay una fuerte componente estructural. Y vaciar las reservas estatales no es la mejor manera de comenzar el inevitable racionamiento que acecha en el horizonte, y que ya se ha producido con el gas en países como Austria y Croacia, el cual solo puede retrasar una crisis tan fuerte que haga bajar temporalmente el consumo.

¿Esa competencia por los recursos está aumentando los precios? ¿La inflación que sufrimos es puntual como dicen los políticos o se va a quedar muchos años?

El problema de la inflación está asociado a los precios y el problema del precio cuando empieza la carestía es que es una variable que no tiene un comportamiento lineal. Esto lo explico desde el principio del blog. Tienes un momento en que no hay suficiente oferta para la demanda, en que hay empresas, incluso países, que entran en proceso de bancarrota, dejan de consumir, cae la demanda, y al final el precio baja. Pero como la oferta va a seguir cayendo porque estamos en un proceso de declive inevitable, el precio se va a volver a disparar. El comportamiento del precio en estos primeros momentos de la escasez va a ser muy volátil, con subidas y bajadas muy fuertes. Y además, de hecho, seguramente se va a pasar más tiempo en precios bajos que en altos, porque los procesos de recuperación de la demanda destruida son mucho más lentos que la destrucción, que suele ser rápida. Es mucho más fácil destruir que construir. Lo que vamos a tener en general son picos de inflación, pero lo más importante y significativo no va a ser tanto cuál va ser la inflación de los bienes como cuál es el poder adquisitivo de las familias. Estos procesos de destrucción económica, generan más paro y disminuyen la renta disponible.

¿Y cómo puede afrontar España esta situación? ¿Nos vamos a una estanflación crónica o qué va a pasar aquí?

Nos vamos a una estanflación crónica, sí. Es que esto es inevitable. Mientras no abandonemos este sistema económico será crónica y, además, agravándose. Habrá momentos en los que estaremos muy jodidos, en los que habrá interrupción total en el suministro de algunas cosas. Y claro, si te interrumpen el gas no puedes mantener la red eléctrica en marcha. Así de simple. Si es el suministro del petróleo, imagínate. Al final es que tienes un problema de que tienes que empezar a racionar y en última instancia prohibir el movimiento de vehículos porque llega un momento en que no los puedes mantener en marcha. Si lo que te falta es el acero, esto afecta a la construcción y a lo que sea. Si no hay un cambio de paradigma, si no hay una comprensión de que es un tema profundo, estructural, lo que vamos a hacer es sufrir ciclos. Pero lo peor de todo es que, como habrá momentos de mejora relativa, yo estoy seguro de que van a ser saludados por los economistas de guardia como “mira, ya está, ya hemos solucionado el problema. Vamos a mejor y vamos a ir a tres trimestres seguidos de crecimiento”... y a lo mejor es verdad, igual mejora... para luego venir otro hostión. Esto no tiene ningún remedio, es estructural: la escasez de materias primas va a ser creciente en los próximos años. Progresivo en principio, habrá algunos momentos en que acelerará, otros en que parece que calmará, pero no va a ir a mejor.

¿Qué opinas entonces de la estrategia de España con la Transición Ecológica?

No es para empezar propiamente una estrategia española. Es sobre todo europea y en menor sentido mundial. El modelo de Transición que se está planteando está centrado en el gran proyecto de producción de energía renovable porque la idea es intentar mantener grandes centros de producción y distribución con la idea de mantener un modelo de consumo centralizado en unos pocos sitios donde se fabrica todo básicamente, y mantener todo el tejido industrial que se basa en combustibles fósiles de la misma manera. El problema que tiene este modelo es que depende de la extracción de muchos materiales que no están aquí, es muy intensivo energéticamente, requiere de combustibles fósiles para su despliegue, instalación y mantenimiento, y en última instancia produce un tipo de energía que no es tan fácil de aprovechar que es la eléctrica. O sea, que en general, mal.

¿Pero es un camino que no tiene vuelta atrás, no?

No queda más remedio que hacer la Transición Energética, pero la cuestión es que este no es el modelo adecuado, es inviable. Lo que pasa es que es el modelo que prefieren las élites económicas porque en principio les permite mantener el sistema actual. O eso es lo que ellos piensan, porque en el fondo se equivocan. Técnicamente no funciona y esto es lo peor de todo: se están tomando decisiones muy mal guiadas. Un ejemplo es lo que tiene que ver lo que se está planteando y la pregunta que me hacen sin parar desde hace semanas del Gran Apagón, que tiene una conexión: este modelo de energías renovables a gran escala genera inestabilidades en la red. Y este es el problema final que hay detrás del riesgo de un gran apagón. Es un modelo en el que no sabemos cómo aprovechar la energía por una parte, porque está basado en la electricidad que no es tan fácil de aprovechar y por más que se quiera vender que es fácil hacerlo usando baterías o hidrógeno no es verdad ya que son tecnologías que tienen sus limitaciones y están muy lejos de poder hacer lo mismo que se hacía antes. Además la instalación masiva de sistemas renovables a una escala grande genera inestabilidades que te pueden destruir la red eléctrica. Este modelo tiene los pies de barro. Es intentar forzar un tipo de energía, que se podría aprovechar de otra manera más local y sostenible generando riqueza local, para convertirlo en lo que no es. Y es aquí donde vienen los problemas: nos puede llevar a colapsar, no funciona. Lo peor de todo es que con mucha prepotencia y grandilocuencia se defiende y no se admite ninguna crítica cuando técnicamente este modelo es una filfa. Se miente muchísimo con el tema dando a entender que son medioambientalmente respetuosos cuando son instalaciones de carácter industrial: se tienen que hacer vías de acceso y de evacuación de la electricidad haciendo un gran destrozo. Además uno de los problemas curiosos que tendremos los próximos años es que nos podemos encontrar que van a instalar los materiales más sencillos, las bases de hormigón y el acero, y cuando quieran acabar de montar el aerogenerador no van a poder porque faltarán por la escasez los otros materiales que se requieren y van a quebrar antes, dejando las montañas destrozadas, pero sin poder producir energía. Con lo cual generas un enorme daño ecológico y ambiental sin tener ni siquiera el retorno de la electricidad que decían que iban a producir. Es justo lo contrario de lo que se dice. Toda esta gente que se llena la boca diciendo que esto es lo que hay que hacer son unos mentirosos y lo saben.

En España no tenemos independencia energética. ¿Debería plantearse el gobierno una moratoria para las centrales nucleares o incluso una moratoria, o planificar la construcción de alguna?

¿Para qué? Las centrales nucleares, primero, no sirven para estabilizar la producción eléctrica porque ellas funcionan con un régimen de base, fijo; no son 'regulables' que se dice. Para empezar no sirven para garantizar la estabilidad de la red con la potencia de base, que no es el problema principal que tenemos. El segundo punto evidentemente son muy caras y lleva mucho tiempo su construcción. El tercer punto, que es el fundamental, es que no hay uranio. Hemos tocado máximo de uranio y la definición es muy marcada, se tocó en 2016 y la producción ha caído un 20%, ahora las centrales nucleares del mundo consumen un veinte por ciento de cabezas atómicas desmanteladas y las minas no dan ni siquiera el total de todo lo que consumen y hasta la propia asociación nuclear internacional nos muestra que la previsión es que la producción de uranio caiga hasta el 2040 y entonces sea la cuarta parte de lo que es ahora mismo. El uranio no tiene ningún futuro. La fusión nuclear lo mismo. Además también hay un detalle que es importante también para entender. Le damos un montón de importancia a la energía nuclear y hoy representa el 4,4% de toda la energía primaria que se consume en el mundo. No puede ser que a una fuente tan absolutamente marginal se le dé tanta importancia. Esto no va a ningún lado.

¿Entonces la fusión nuclear que estamos esperando todos no es la salvación?

Olvídate. No tiene ningún sentido. Piensa que incluso con los planes de la oficina internacional Fusion for Energy que está construyendo el ITER, el primero de tres reactores. Éste es el proto-demo y son cincuenta años a partir de ahora. Es un proyecto que, como tal, es muy interesante... pero no se puede dar por hecho que va a tener éxito. Y eso no son unos plazos verdes, el problema es que la crisis energética ya está aquí y no tenemos tiempo. Y además, todo esto se orienta a la producción de electricidad y, aunque la electricidad está muy bien es solamente el 20% de todo lo que consumimos. Necesitamos saber qué hacemos con el otro 80% y eso es lo que no es fácil; y es donde se quieren meter los coches eléctricos y las baterías, pero no tenemos litio suficiente, y luego el hidrógeno con todas las pérdidas que tiene y el neocolonialismo que plantea que tendrá consecuencias poco agradables en el futuro.

¿Entonces cuál es el futuro cercano en lo económico con las consecuencias de este decrecimiento?

Pues una recesión económica de la hostia. Sin salir del paradigma económico actual, a lo que vamos es a una recesión económica de grandes magnitudes y a un problema de inestabilidad social creciente. No hay ninguna duda. Es muy triste pero es lo que hay. Hasta que no entendamos que hay que hacer cambios mucho más profundos, lo que está claro es que lo que vamos a una gran crisis económica con muchos problemas sociales añadidos.

¿Y cuál es la solución, qué libros e intelectuales recomiendas que tendríamos que estudiar para prepararnos y acostumbrarnos al Decrecimiento?

A ver. Referentes a nivel intelectual tiene bastante fama dentro de España Carlos Taibo, que lo que pasa es que tiene una orientación anarquista y esto no es evidentemente del gusto de todo el mundo y tal. A mí me interesa más los referentes que son de las escuelas económicas de alternativa como la Economía Ecológica como Joan Martínez Alier y todo el grupo que tienen en Barcelona. Hay dos autores que trabajaron con él que son Mario Giampietro y Giorgos Tsallis, extranjeros pero que trabajan en España y son referentes a nivel de la teoría política-económica del decrecimiento en nuestro país. Luego hay más gente como Xuan Ramón Roldán en Galicia y gente más interesante desde el punto de vista político, aunque no coincido al cien por cien con sus planteamientos, Emilio Santiago Muiño, que es un buen amigo y una persona siempre interesante de leer, que está en Madrid que discute mucho las posibilidades de transición y demás.

¿Qué tiene que hacer un ciudadano normal para acostumbrarse a este decrecimiento, a una economía de este tipo, cómo sería esa economía?

Yo creo que el problema más grave no es tanto la propia Economía, una vez se llega a un estado estacionario, como el propio proceso de descenso, que puede ser muy destructivo. La primera cosa clave que puede hacer la gente es no endeudarse, porque va a tener problemas en un mundo en decrecimiento y contracción económica en el que cada vez genera menos riqueza con lo que será mucho más difícil devolver las deudas. La segunda, es tener una cierta flexibilidad teniendo en cuenta en que a mucha gente le va a costar mucho mantener su empleo o lo va a tener en unas condiciones muy precarias y que en un momento dado puede ser importante decidir que se debe cambiar de actividad y hacer otra cosa diferente. En general, en el largo plazo lo que va a ser necesario es recuperar ocupación de proximidad, básicamente se tiene que hacer todo mucho más local, más resiliente utilizando materiales y fuentes de energía lo más cercanas posible y no pensar en grandes desplazamientos sino vivir más en el territorio donde se habita y con el producto local incidiendo fundamentalmente al principio, que será lo más complicado, en alimentos de proximidad y en la calidad del suministro del agua que es el otro gran problema que vamos a tener. En general prepararse para lo que viene, y adaptarse a las expectativas: tenemos que comprender que no vamos a tener dos coches ni una segunda residencia ni vamos a poder veranear a Cancún, sino que más bien tendremos una vida más sencilla y frugal, encontrando algún tipo de ocupación más o menos necesaria, útil e importante a nivel de su comunidad en la que hay que basarse más. No nos olvidemos que con el descenso energético y el descalabro económico generalizado el otro problema que tendremos es que habrá un clima cambiante en el que cada vez será más difícil hacer las cosas, con lo cual también contar con la comunidad, no ser tan individualistas, también es importante.

¿Lo que estás diciendo es que España tiene un problemón porque el Turismo se va a acabar?

Eso está claro. El turismo tiene los días contados. Pero además la digitalización y la globalización están sentenciadas. Esa es la otra, todo este proceso está condenado a sufrir un retroceso del copón. Y efectivamente, hay una serie de sectores que son tremendamente vulnerables y que van a ir poco a poco, o no tan poco a poco desapareciendo; y el Turismo es uno de ellos, claro. No deja de ser un gasto discreccional que tienen las familias si tienen renta disponible, y como justamente lo que va a pasar es que ésta va a disminuir puede llegar a desaparecer de manera muy rápida. Y esto es tremendamente problemático sobre todo para sitios como Cataluña o Baleares, donde será mortal. Lo que hay que hacer es aprovechar estos años para realizar un proceso de adaptación a una situación futura en la que no vas a tenerlo. Y ya sé que es el 14% del PIB, y el 11% de la ocupación, pero... es lo que hay.

¿Vale, muy bien, hablas con las administraciones... pero los políticos que tenemos en este país, en Europa, el mundo, te escuchan algo y dicen que sí y luego qué narices están haciendo? ¿Cuál es su planteamiento real?

Te diré que escuchan más de lo que parece. Nosotros tuvimos un proyecto Europeo, que se llama Medeas, para diseñar un modelo de transición energética que integraba todos estos problemas. A ese nivel lo entienden y comprenden muy bien, y me consta de primera mano. El problema es que no se le puede dar una respuesta dentro del sistema económico convencional y todo el mundo lo que ha hecho es “vamos a esperar a ver si se produce un milagro”, a ver si llega una revolución tecnológica que nos saque de este atolladero que evite que se hagan cambios más estructurales, que es lo que nadie quiere hacer. Y todas estas huidas hacia adelante, que si el coche eléctrico, que si el hidrógeno y todas estas historias en el fondo lo que representan son intentos de no cambiar el paradigma. A nivel de España hay una cierta comprensión del problema, no al nivel de la Comisión Europea, pero hay figuras relevantes en la política española que lo entienden muy bien. La cuestión acaba siendo siempre la misma: no se le puede dar una respuesta políticamente aceptable a esto. Si mañana sale Pedro Sánchez y dice que la única solución que tiene España es el decrecimiento, eso es su suicidio político. Por ese motivo, una de las cosas que creo que se debería hacer es un gran pacto de Estado, que se hablase a nivel de los distintos partidos políticos, al menos los dos grandes PP y PSOE, que se discutiese con seriedad, sin alharacas, de una manera razonable y que se comprendiese que es un problema que no tiene orientación de izquierdas y derechas, y que se entienda que hay que preparar una serie de estrategias para adaptarse a una situación que es sobrevenida y que es inevitable. Estamos muy lejos de eso, y eso me preocupa. Hay que hacer cambios muy rápidos y no los vamos a hacer. Fíjate que cuando presentó Sánchez la Agenda España 2050 fue muy criticado porque decía muchas 'barbaridades' en plan de que no podremos comer tanta carne, viajar tanto, cambiar de móvil, ni tanta ropa y no podremos consumir de todo... y yo tengo que decir que se lo pidieron a unos expertos que fueron bastante tímidos. Para mí ese escenario es España 2030. Y ya se les tiraron al cuello por presentar eso... imagínate que te dicen que es dentro de diez años y peor de lo que ponía ahí. Es muy difícil políticamente de manejar. Por eso es necesario un pacto de Estado.

¿Entonces, vamos a un populismo, fascismo o comunismo por narices porque la gente va a tener complicado trabajar con la tecnología y va a haber un paro tremendo y habrá que darles de comer?

Comunismo no. Es un sistema fracasado, que al final también es productivista: se basa en el extractivismo y al final tampoco funciona. Y además el fracaso de la Unión Soviética en particular, que es el paradigma del hundimiento del comunismo en buena medida es porque ellos tuvieron problemas para su propio abastecimiento de petróleo. Allí se vio cómo chocaron con los límites. No es la solución y en particular además yo tengo una repugnancia natural hacia todos los sistemas políticos en los que no se respete la libertad de opinión y la democracia. Desde luego no es una vía que queramos transitar, pero es que además está demostrado que no es la solución en tanto que no se abandone la idea del productivismo. También te puedo decir que el capitalismo puede evolucionar hacia otra cosa en el que ya no necesite el crecimiento y eso podría ser viable. No se pone en cuestión la propiedad privada y el libre mercado, estas cosas pueden existir, lo que no puede es un crecimiento económico ilimitado en un planeta finito. En cualquier caso lo que hace falta no es tanto un sistema comunista pero sí uno en que la satisfacción de las necesidades más básicas se consiga a través de medios locales. Respecto al tema del ascenso de los populismos y los fascismos, del signo que sean, esto es uno de los grandes riesgos. Es algo que ya se ha discutido a nivel académico, que una posible solución al tema que se nos plantea es el 'ecofascismo', que implanta una serie de medidas que nos obligan a adaptarnos a estos límites, que restringe el acceso a los bienes materiales, en el que solamente una élite puede disfrutar de una cantidad mayor y lo que se hace al final es imponerlo por la fuerza, represiva. Esto es muy fácil y probable, porque es lo que pasa siempre: ante problemas complicados, la gente tiende a aceptar respuestas simples.

jueves, 26 de enero de 2023

La naturaleza contra el capital

Como otras muchas reseñas, la tomo del blog arrezafe.

De forma recurrente, y creo que sobran razones, me vengo ocupando de este tema. La única objeción, si queréis, la encuentro en aquella frase de Platero y yo: "el canto del grillo, de tanto sonar, se ha perdido".

En enero de 2013 fue una reivindicación del Marx ecologista, y nuevamente, en marzo de 2015, Marx y la fractura en el metabolismo universal de la naturaleza. Si entonces comentaba al hilo de la obra de John Bellamy Foster, ahora el motivo es la publicación de un libro de Kohei Saito.

Es característico del pensamiento religioso sacralizar los textos canónicos, convertidos en artículos de fe. Del primer al último párrafo de la Biblia o el Corán, todo entra en el paquete que debe ser creído como un todo inamovible. Sin embargo, un espíritu crítico observará que esos textos tienen una cronología y una historia, que registran una evolución, a veces de siglos, y que pueden interpretarse y reinterpretarse una y otra vez. Quien lo haga libremente, sin temores y prejuicios, observará en ellos tremendas contradicciones, aunque precisamente ellas sirven a los exégetas para acomodar el mensaje al momento y el auditorio justos.

Trasladar esta dinámica (mejor, esta "extática") a una corriente de pensamiento que se pretenda crítica es un profundo error. Que sin embargo se comete a menudo, acomodándola a los intereses del momento y del lugar.

El pensamiento de un filósofo o un científico vive más que él, no queda cristalizado y encerrado en unos textos sagrados; se despliega y desarrolla, si sobrevive a su desaparición física. Pero no solo es un desarrollo post mortem: a lo largo de su vida estuvo sujeto a evolución. Solo los textos inspirados por la deidad carecen de temporalidad y surgen como un todo construido de una vez desde la cabeza de Zeus.

Los escritos de Marx siempre se ajustaron a lo que fue conociendo a lo largo de su estudiosa vida, e igual que los exégetas religiosos eligen a su gusto y conveniencia los textos que le sirven para ensalzar (o denostar) una religión, los "religiosos" marxistas o antimarxistas tienen un vasto espacio en su inmensa obra para la manipulación interesada.

Así, es una repetida idea la de considerar a este autor como un apóstol del productivismo a ultranza. Profundo error. En primer lugar, porque analizar una realidad no significa aplaudirla con entusiasmo. Por otra parte, se ignora de forma interesada la evolución de un pensador que, sin renunciar nunca a sus principios y metas, los enriqueció continuamente con las aportaciones de la ciencia de su tiempo, que a su vez seguía desarrollándose a lo largo de su vida. Como esta tuvo su inexorable final, también hay una tendencia a no ir más allá, porque el santo de nuestra devoción no vivió para continuar la labor.

La trayectoria intelectual de Marx es un sólido punto de apoyo para el ecologismo. La idea de aplicar el concepto ecológico de "metabolismo" a la naturaleza entera y a la sociedad le debe mucho.

Os dejo con esta reseña:



Salvador López Arnal

Una reseña ajustada a la importancia de este libro deslumbrante e imprescindible (el título en castellano traduce el de la original edición alemana; el subtítulo, en cambio, es el título original de la edición inglesa en la Monthly Review Press) necesitaría una revista entera. Lo esencial en este espacio del que disponemos: estamos ante uno de los grandes ensayos de la tradición marxista de estas últimas décadas. Para leer, anotar, releer, comentar y estudiar en seminarios. No hay muchos marxistas en el mundo que conozcan la obra de Marx (y de Engels) con la profundidad y registros que muestra Saito desde la primera página del libro, una obra que tiene su origen en la tesis doctoral escrita en alemán que presentó en la Universidad Humboldt de Berlín y que contiene ideas tan destacadas como la siguiente: «A diferencia de la difundida crítica de que Marx es un partidario ciego de la dominación absoluta de la naturaleza, su visión de la sociedad futura exige una interacción cuidadosa y sostenible con la naturaleza basada en un claro reconocimiento de sus límites».

Un apunte sobre el autor, injustamente poco conocido en nuestro país: Kohei Saito (nació en 1987, no hay error en la fecha) es doctor en Filosofía por la citada universidad berlinesa y actualmente es profesor asociado de economía política en la Universidad de la ciudad de Osaka. Está trabajando en la edición de las obras completas de Marx y Engels, Marx-Engels-Gesamtausgabe (MEGA) volumen IV/18, que incluye la serie de cuadernos científicos naturales de Marx.

Recientemente ha publicado en Japón (se está traduciendo al inglés) un libro sobre el «comunismo del decrecimiento» democrático. Un auténtico bestseller. La editorial ha vendido medio millón de ejemplares (Muy recientemente se ha publicado en castellano y en catalán).

La naturaleza contra el capital consta de una Introducción, dos partes -

1. Ecología y economía. 

2. La ecología de Marx y la Marx-Engels-Gesamtausgabe, con tres capítulos cada una: 

1. La enajenación de la naturaleza como el surgimiento de lo moderno. 

2. El metabolismo de la economía política. 

3. El capital como una teoría del metabolismo. 

4. Liebig y El capital. 

5. ¿Los fertilizantes contra la agricultura del robo? 

6. La ecología de Marx después de 1868, y una conclusión. 

No se ha incluido, lamentablemente, un índice nominal, la única pega de una edición perfecta.

Saito ha tenido la gentileza de escribir un prefacio para la edición en castellano. Con sus palabras: «Esta traducción al castellano es uno de esos maravillosos ejemplos que se suman a otras traducciones en coreano, portugués y francés, y agradezco profundamente la decisión de Bellaterra Edicions de publicarlo, así como el ahínco y la dedicación de la traductora, Javiera Mondaca».

Sin avanzar apenas nada, sin destripar nada, recojo algunas ideas para abrir el apetito del lector:

1. Saito apunta que, inicialmente, Marx no fue necesariamente «ecológico» y que a veces parecía más bien un pensador productivista. Ciertamente «solo después de un largo y arduo proceso de desarrollar la sofisticación de su propia economía política, durante el cual estudió con seriedad diversos campos de las ciencias naturales, Marx se volvió totalmente consciente de la necesidad de abordar el problema del desastre ambiental como una limitación impuesta al proceso de valoración del capital.» Según Saito y en expresión mejorable, Marx corrigió gradualmente su visión optimista de la dominación humana de la naturaleza «después de su ruptura con la filosofía en 1845». 

2. Los cuadernos marxianos, que Saito conoce y ha trabajado en profundidad, son esenciales para entender su crítica ecológica al capitalismo. «El examen cuidadoso de los cuadernos de extractos de Marx no es un trabajo “filológico” menor y ese análisis nos llevará a dimensiones desconocidas de su crítica. Es demasiado pronto para “olvidar a Marx” como declaró provocativamente Immler. Al final de este estudio, suena más convincente el imperativo opuesto: “¡Marx vive!”». Los cuadernos de ciencias naturales que serán publicados por primera vez en MEGA2 «permitirán que los estudiosos tracen el surgimiento y desarrollo de la crítica ecológica de Marx al capitalismo de una manera más precisa y vívida, desentrañando diversos aspectos desconocidos de su proyecto asombrosamente abarcador de El capital.» 

3. La naturaleza contra el capital aspira a una reconstrucción más sistemática y completa de la crítica ecológica de Marx al capitalismo que la realizada anteriormente con el objetivo de refutar los persistentes malentendidos de la ecología de Marx y demostrar su gran importancia teórica. En contra de otras interpretaciones, marxistas o no, Saito sostiene que Marx no trató los asuntos ecológicos de manera esporádica y marginal. 

4. El autor muestra y enfatiza que las posiciones de Marx en el ámbito ecológico mantienen una clara continuidad con su crítica de la economía política. 

5. En su proceso de estudio y profundización, «Marx se alejó conscientemente de cualquier forma de prometeísmo ingenuo y llegó a considerar las crisis ecológicas como la contradicción fundamental del modo de producción capitalista». 

6. Desde el punto de vista de Saito, el concepto clave en este contexto es metabolismo (Stoffwechsel) que le permite una interpretación sistemática de la ecología de Marx. 

7. Para Saito no es solo que un motivo ecológico ya sea central en los cuadernos de Marx de 1844 (los Manuscritos económico y filosóficos), su tesis es más penetrante: «no es posible comprender al alcance total de su crítica de la economía política si se ignora su dimensión ecológica». 

8. De este modo, la ecología de Marx, señala Saito, no solo constituye un elemento inmanente de su sistema económico y de su visión emancipadora del socialismo «sino que también nos entrega uno de los andamiajes metodológicos más útiles para investigar las crisis ecológicas como la contradicción central del actual sistema histórico de producción y reproducción social. Esta “preciada herencia” de la teoría de Marx solo puede entenderse completamente con su ecología».

Aunque el estudio está centrado en la obra de Marx, Saito no se olvida de señalar su coincidencia con Engels también este punto.

Un pequeño matiz: Saito usa en ocasiones expresiones como la siguiente «tras la ruptura de Marx con la filosofía en 1845», para referirse al inicio de sus estudios económicos. Quizás hubiera sido más ajustado hablar de ruptura con tal o cual corriente filosófica, no con la filosofía. El autor de El capital nunca dejó de ser un filósofo.

En 2018, Natur gegen Kapital, La naturaleza contra el capital, ganó el Deutscher Memorial Prize, el premio alemán más importante de estudios marxistas. Con todo merecimiento.

Los «mercados de futuro», la prospectiva de Saito: «la crisis ecológica no podrá fin al régimen del capital. Es probable que el capital continúe acumulando incluso si la crisis se profundiza al punto de destruir todo el planeta y producir globalmente una masa de refugiados ambientales y un supuesto “proletariado ambiental” cuya condición existencia –y no simplemente sus condiciones de trabajo– será severamente degradada a causa de la acumulación capitalista». La gente rica sobrevivirá, prosigue Saito, y «el capitalismo de desastre continuará acumulando riqueza a través de la doctrina del shock, mientras que las pobres y futuras generaciones se volverán mucho más vulnerables al desastre ambiental, aunque son muchos menos responsables de la crisis». Esta es la razón, señala, por la que «la justicia ambiental claramente incluye un componente de lucha de clases y el proletariado ambiental necesita surgir como un sujeto revolucionario para proteger su salud, comunidad y ambiente contra el empeoramiento de la crisis económica y ecológica.»

 

martes, 24 de enero de 2023

Improductividad

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Pero esa obsesión por mantenerse ocupados, y superarse, y no perder tiempo, es lo que más entiendo, y más igual me da...

Entiendo el afán por ser productivos, y por aprovechar el tiempo, y por no hacer el tonto. En realidad, lo entiendo todo. Viene cualquiera, me cuenta algo absurdo, o ridículo, o imposible, y yo lo entiendo. Después me da igual, que es lo importante. El otro día, en un cóctel, alguien me dijo que a lo mejor escribía la tercera parte del Quijote, pero sin don Quijote, y también lo entendí. Pero esa obsesión por mantenerse ocupados, y superarse, y no perder tiempo, es lo que más entiendo, y más igual me da. Hace diez años, acudí a una exposición sobre Juan Carlos Onetti, de cuya muerte pronto se cumplirán 30 años, y entre los objetos personales del escritor expuestos había una tarjeta de visita. Al distinguir en la parte inferior su teléfono fijo, no me resistí a anotarlo. ¿Para qué? Para nada, lógicamente. Pero hace cuatro años, con ganas de hacer realmente algo improductivo, decidí marcar el número, y esperar. No sabía qué pretendía; tal vez confirmar que la línea había sido dada de baja. Pero de pronto, dio tono. Me puse nerviosísimo. Qué iba a decir si descolgaban: «¿Hola, ¿está Onetti?». No cogió nadie. Una vez al año vuelvo a llamar. Nunca responden. La improductividad es máxima. Pero, ¿y la belleza?