jueves, 10 de junio de 2021

¿Qué podemos esperar?

Hacía tiempo que que daba vueltas al tema, cuando en el cineclub de esta ciudad he dado con algunas claves interesantes para volver sobre él. La película Mi noche con Maud, dirigida por Éric Rohmer, es una de aquellas de la nouvelle vague que veíamos en otro tiempo en los cines "de arte y ensayo". Podrían llamarse "de introspección". Aunque algunos de mis acompañantes abandonaban la sala considerándola "un castañazo", me interesó desde el principio por dos razones.

Una de ellas es que presenta situaciones sorprendentemente parecidas a otras vividas por mí, pero eso ahora no hace al caso.

La razón que ha avivado mi interés por continuar un tema que tenía abandonado es la dinámica intelectual entre personajes, católicos unos, otros no creyentes, pero todos conscientes de sus propias contradicciones. En particular me atrajo la aparición en ella de un concepto, la esperanza matemática, que cierra (¿o tal vez lo abre?) el círculo de mis reflexiones.

Para aplicar este concepto a la pregunta que encabeza esta entrada, debo dar un rodeo que pasa por Parménides, Anselmo de Canterbury, Blas Pascal y... Yanis Varoufakis.

El presocrático fue, que sepamos, el gran introductor del "ser" en la filosofía, con una visión del concepto totalizante y absoluta que luego influyó tanto en la teología cristiana, en su intento de acomodar la tradición judaica al pensamiento griego, identificando con Dios ese Ser Total.

La línea divisoria entre las filosofías idealistas y materialistas parte de una afirmación contenida en el poema de Parménides: «es una misma cosa el Pensar con el Ser». Mucho antes del "pienso luego existo", ya estaba aquí planteada, que no resuelta, la relación entre la experiencia interna y el mundo exterior.

Anselmo de Canterbury resolvió alegremente la ecuación de la existencia o no de ese Dios con aquel razonamiento, «Dios es Aquél cuyo mayor no puede ser pensado, el Ser Perfecto e Inmutable al que no puede faltar la perfección de la existencia».

Pascal no estaba tan seguro. Por eso planteó el problema de otro modo, como una apuesta: «aunque no se conoce de modo seguro si Dios existe, lo racional es apostar que sí existe. La razón es que, aun cuando la probabilidad de la existencia de Dios fuera extremadamente pequeña, tal pequeñez sería compensada por la gran ganancia que se obtendría, o sea, la gloria eterna».



Aquí aparece la esperanza matemática, un cálculo que debe decidir nuestra apuesta, tanto en este caso como en cualquier otro en que no podamos tener certezas. En principio es una curiosidad teórica, la probabilidad como cociente entre el número de casos favorables y el de todos los posibles, pero cuando le superponemos la ganancia que se obtendrá si se acierta se convierte en un cómputo objetivo que debe condicionar la decisión.

Pondré un ejemplo sobre la esperanza matemática de las loterías:

Las probabilidades de las loterías por sí mismas son irrelevantes. Lo que realmente importa es si el premio multiplicado por la probabilidad (en escala de 0 a 1) es mayor o menor que el costo del billete. De hecho, ninguna loteria cumple esta logica (y es por eso que dicen que las loterias son un impuesto del gobierno al desconocimiento de las matematicas).

Una definición fácil de entender de lo que aquí llamaremos «Esperanza Matemática» es la relación entre el premio obtenido y probabilidad de acertar.

  • Si la esperanza matemática es 1, el juego es «justo». Por ejemplo, apostar 1 euro a que una moneda sale cara o cruz, si el premio por acertar son 2 euros, y si se pierde, 0 euros. La esperanza del juego es 2 · (1/2) = 1. Entonces, consecuentemente con la teoría de juegos, podría pagar el euro para jugar o rechazar jugar, porque de cualquier manera su expectativa total sería 0. 

  • Si la esperanza matemática es menor que 1, el juego es «desfavorable para el jugador». Un sorteo que pague 500 euros a 1 euro pero en el que la probabilidad de acertar sea de 1 entre 1.000, la esperanza matemática es 500 · (1/1.000) = 0,5. 

  • Si la esperanza matemática es mayor que 1, el juego es «favorable para el jugador», todo un «chollo» para el jugador. Un ejemplo sería un juego en el que se paga 10 euros por 1 euro invertido por acertar el número que va a salir en un dado, en donde hay una probabilidad de acertar es de 1 entre 6. En este ejemplo el valor de la esperanza matemática es 10 · (1/6) = 1,67 y por tanto en esas condiciones es juego «beneficioso» para el jugador.

Pascal especula con que por pequeña que sea la apuesta por la salvación eterna, no es nula, mientras que el premio es infinito. En cambio, la pérdida "por no jugar" será absoluta, aunque cuente con una "casi" certeza, porque el premio es nulo. La cuenta "que le sale" da cero en un caso, e infinito en el otro.

Cuando las alternativas son dos, como al lanzar la moneda, lo importante es calibrar bien la probabilidad y el beneficio para ambas posibilidades. Pero si Pascal no estaba muy seguro del argumento de San Anselmo, tampoco podemos estarlo del calibre de Pascal.

En el mundo metafísico, en el que ser es pensar, la apuesta no deja de ser imaginaria. Cada uno puede arbitrariamente asignar las cifras que quiera. Es lo que hacen habitualmente los creyentes de las religiones de salvación. Están convencidos de que les conviene creer. (Sí, pero, ¿en cuál?)

Continuamente hacemos apuestas semejantes en el mundo físico que habitamos. Calculamos, en la medida de lo posible, la probabilidad del acierto y la ganancia a obtener. Como el futuro no está escrito, la vida es una apuesta continua, y la racionalidad se centra en calcular con la máxima información disponible, lo más científicamente que podamos.

Yanis Varoufakis ha publicado recientemente la novela Otra realidad, en la que plantea la disyuntiva de la apuesta imaginando un universo paralelo y "dándonos a elegir". En ese universo, las empresas son completamente horizontales y propiedad de los empleados, no existen los bancos ni la bolsa y todas las personas tienen al nacer el mismo patrimonio. Los amigos contemplan ese otro mundo con incredulidad: ¿acaso algo así es posible? El autor defiende que el primer paso para que de verdad lo sea es imaginarlo. Aunque sobre el presente, particularmente sobre el papel de la Unión Europea o sobre las herramientas y la actitud de la izquierda, sea menos optimista. Un último apunte: la revolución ciudadana que hizo posible el cambio de esa Otra realidad no está en el futuro, sino que ya sucedió, en los años devastadores que siguieron a la crisis de 2008. En esta realidad, lo sabemos, no fue así. La cuestión es si podría suceder.

Me atrevo a hacer mi apuesta particular, parafraseando a Pascal: seguramente la probabilidad de superar positivamente el capitalismo es baja, pero la ganancia, por baja que fuere, sería la supervivencia, mientras que su altamente probable triunfo absoluto y definitivo sería la distopía y conduciría a la extinción. Un número pequeño multiplicado por algo siempre será mayor que uno grande multiplicado por cero.

La apuesta no es la decisión justa en un momento heroico: es una actitud continuada, porque la disyuntiva es permanente. Por eso, si queremos vivir en una sociedad más justa, o simplemente que nuestros descendientes sobrevivan, tenemos que ponernos manos a la obra para superar el capitalismo ecocida, y en definitiva suicida.

El imperativo categórico de Kant sentencia: «Obra de tal modo que la máxima de tu voluntad siempre pueda valer al mismo tiempo como principio de una legislación universal». El desafío es lograr que la mayoría entienda que el principio de una legislación universal, si apostamos correctamente, no puede ser el dogma capitalista.

miércoles, 9 de junio de 2021

Que se mueran los feos






La chilaba coronada que rige los tristes destinos de Marruecos no tiene compasión con sus gentes. Queda muy atrás la manipulación patriótica que fue la Marcha Verde, pero la nueva Marcha sobre Ceuta de una mezcla de gentes desesperadas y chiquillos futboleros manipulados ha dejado patente el desprecio que siente por su pueblo.

Desprecio mostrado más recientemente aún al suprimir la operación Paso del Estrecho, decisión zafiamente disimulada con torpes pretextos sanitarios. Seguramente piensa hacer daño a las navieras españolas, pero a quien más perjudica es a los muchos miles de trabajadores explotados en los invernaderos del sur de España, que ahora deberán hacer más de mil kilómetros por tierra y otros tantos por mar si quieren ver a sus familias este verano.

Crucemos de nuevo el Estrecho para regresar mentalmente a nuestro país. También aquí importa poco la vida y la salud de nuestras gentes, como muestra el permanente chalaneo con las medidas sanitarias que han hecho y siguen haciendo los partidos para debilitar la dictadura socialcomunista. Parece que han aprendido la fórmula que contra otra dictadura lanzaba Lluis Llach:

Si estirem tots ella caurà
I molt de temps no pot durar,
Segur que tomba, tomba, tomba,
Ben corcada deu ser ja.

Si tu l'estires fort per aquí
I jo l'estiro fort per allà,
Segur que tomba, tomba, tomba
I ens podrem alliberar.

Ahora la falta de consenso dificulta las medidas de lucha contra la pandemia, como muestra, esta noticia y el escalofriante argumento:

Andalucía, por su parte, rechaza el documento publicado por el Gobierno con las medidas restrictivas, ya que en las zonas en nivel de alerta 3 o alto, por ejemplo, el ocio nocturno no podría estar abierto.

Viva el ocio nocturno, y que se mueran los feos.

martes, 8 de junio de 2021

Pon tu voto a trabajar

Este lema fue utilizado en la campaña de las elecciones generales de 1979, las primeras tras la aprobación de la Constitución. Se quería transmitir que los candidatos elegidos trabajarían en defensa de sus electores, como lo habían hecho en condiciones durísimas durante la dictadura.

El riesgo confirmado por la experiencia es que los electores, con frecuencia, consideran que su "trabajo" termina con la elección, se relajan y delegan el esfuerzo en los electos. Pero estos, si se afloja la presión "desde abajo", difícilmente podrán contrapesar la que los poderes fácticos ejercen siempre "desde arriba". Para poder poner a la democracia a "trabajar" hace falta algo más que depositar el voto en la urna.

Es importante entender esto. No basta el trabajo del votado si falta el del votante. Por eso hay que entender a Pablo Iglesias cuando desde su apenas estrenada vicepresidencia en el Gobierno de coalición, animaba la protesta de los agricultores, con estas palabras: "¡apretad, apretad!, porque vuestras reivindicaciones son justas y merecen ser atendidas". 

¿Cómo podía ser que desde el Gobierno se alentasen protestas contra el propio Gobierno? Pues porque para una persona de izquierdas no quedaba otra alternativa más que mostrar su apoyo.

La fuerza de un Gobierno que quiera hacer cambios políticos o económicos de calado tiene que apoyarse necesariamente en la presión popular.

Ayer mismo se publicaba en Pontevedra Viva un artículo que insistía en este punto, y en él se utilizaba un ejemplo tomado de la petición de apoyo que hacía en una ocasión histórica todo un Presidente de los Estados Unidos:

En los años treinta del siglo pasado, en plena aplicación de la segunda fase del New Deal para combatir la crisis económica de entonces, el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt recibía a menudo demandas de sindicatos y organizaciones sociales que buscaban la aplicación de políticas más progresistas, con programas de ayuda y una nueva distribución de los recursos. Cuentan que Roosevelt mostraba su disposición y contestaba diciéndoles: "Ahora salid ahí fuera y obligadme a hacerlo". Y ellos se ponían manos a la obra. En 1937 se declararon en Estados Unidos 4.470 huelgas que duraron un promedio de 20 días. 

Pablo Iglesias, al igual que Roosevelt antes, había experimentado en sus propias carnes, aquella frase del jurista nazi Carl Schmitt: "el poder no lo detenta quien lo ejerce, sino quien puede cesar a quien lo ejerce". 

Y de la fuerza de esos poderes fácticos que pueden mellar las mejores intenciones de un gobierno electo, es buena prueba la limitada capacidad de los votantes para exigir el cumplimiento de reivindicaciones mediante (¡véase, véase!...) la iniciativa legislativa popular.









Res publica: ¡Apretad!

Valentín Tomé

(...)

...lo máximo que garantizan nuestras leyes son las celebraciones de referéndums consultivos, es decir no vinculantes, sobre decisiones políticas de especial trascendencia, convocados por el Rey, mediante propuesta del Presidente del Gobierno, previamente autorizado por el Congreso de los Diputados.

(...)

A pesar de las ya de por sí limitadas competencias sobre las que a la ciudadanía le está permitido hacer propuestas legislativas (así no pueden afectar a materias sujetas a ley orgánica o de carácter internacional, ni reformar ley tributaria alguna, lo que excluye la Ley General Tributaria, la Ley Reguladora de las Haciendas Locales, la Ley sobre el IRPF, la Ley del IVA), se han presentado en el Congreso de los Diputados 66 iniciativas legislativas populares desde 1977 hasta 2016.  De ellas, solo doce superaron la barrera de las 500.000 firmas, y todas fueron rechazadas salvo una que ha pasado a ser ley, con el atractivo título:

  • Proposición de Ley sobre reclamación de deudas comunitarias.

Entre las rechazadas, todas ellas pasando ampliamente del medio millón de firmas:

  • Proposición de Ley marco reguladora de la financiación del sistema educativo,
  • Proposición de Ley reguladora de la jornada laboral,
  • Proposición de Ley reguladora de la subcontratación en el sector de la construcción,
  • Proposición de Ley para la estabilidad y la seguridad en el empleo,
  • Proposición de Ley para el empleo estable y con derechos, o 
  • Proposición de Ley de regulación de la dación en pago, de paralización de los desahucios y de alquiler social.

Como se puede observar, todas las que han sido desestimadas, no hacían otra cosa más que cumplir con los mandatos constitucionales en temas de derechos sociales.

(...)

"Si votar sirviera para algo, estaría prohibido". Esa es una de las frases demoledoras que escuchamos decir a Carmen en el documental Carmen y Jimena: Futuro Imperfecto. La primera vive en Vallecas y está reconstruyendo un instituto abandonado para proporcionar un lugar de ocio a su barrio carente de recursos, y la segunda reside en Moncloa en el seno de una familia con comodidades económicas. A pesar de ser ciudadanas del mismo país, e incluso de la misma ciudad, ambas jóvenes viven en realidades radicalmente opuestas. Carmen siente que la democracia no tiene nada que ofrecerle pues piensa que es realmente impotente para cambiar la realidad de verdad, por ello invita a no votar.

A raíz de todo lo argumentado anteriormente, el lector puede pensar que mi postura es exactamente la misma. Pero no soy tan radical en ese sentido. Sigo pensando que el voto es un instrumento útil para intervenir políticamente en la realidad, pero, a raíz de toda la experiencia histórica y política, no podemos cometer el pecado de la ingenuidad; está claro que no puede ser el único, que además del voto es necesario que existan muchas Carmenes, que aprieten, que pongan a la democracia a trabajar, que construyan, en definitiva, soberanía popular. Y todo ello, esté quien esté en el Gobierno, pues como afirmaba Pablo Iglesias el verdadero poder está en otra parte, lejos de las urnas.

miércoles, 2 de junio de 2021

Homenaje a Julio Anguita en Córdoba

Al cumplirse medio año de su desaparición física, publiqué aquí mismo La última lección del maestro. Fue una entrevista en la cadena SER, pocos días antes de morir. 

Ahora, en el aniversario, se le ha rendido en Córdoba un homenaje, que podéis ver íntegro en este enlace, y una versión casi completa más abajo.

También es interesante volver a escuchar lo que avisó en esta antología de intervenciones televisivas, en las que puede seguirse su análisis certero que el tiempo ha ido confirmando. Aunque ahora muchos prefieran no acordarse.

Pero no pretendo unirme sin más a la ceremonia: prefiero ofrecerla como algo pedagógico. No pido verla de un tirón. Quizá se paladee mejor en pequeños sorbos. Así que recomiendo detener la audición tras cada una de las breves intervenciones y meditar sobre su contenido.

Y que cada uno saque sus propias conclusiones.


Compraventa de pueblos

Cuando escribía esas líneas, las bombas caían sobre Gaza y los niños llegaban agotados a Ceuta. Me movió a escribirlas la coincidencia temporal, pero desde luego no casual, de ambas tragedias. La "amistad" forzada entre países, a costa de los pueblos, pura mercancía en el tablero de apuestas, me recordó unos versos que la indignación dictó hace más de un siglo.

Hoy que la actualidad es puro humo fugaz, más de cien años de cambalache deberían fijarnos en la memoria lo que los telediarios, con su paso rápido de la guerra a los deportes, encienden y apagan con siniestra frivolidad. En pocos días Gaza y Ceuta parecen cosas del pasado, lejanos como aquella primera gran guerra. Pero los hechos son tozudos, persisten y vuelven una y otra vez, y nosotros debemos ser tan tozudos por lo menos como ellos.

(Ejercicio comparativo para el lector: semejanzas y diferencias entre el asalto a Ceuta y la Marcha Verde; monarca y nieto manipulando sin pudor a su pueblo).

Publicado el artículo en su versión gallega la semana pasada en de vella a bella, dejo aquí la traducción al castellano.


VERSOS DE ACERO

Este libro fue publicado en 1915. La primera guerra mundial comenzaba apenas con todo su espanto, sorprendiendo a quienes creían, como muchos ahora mismo, que el temor de todos a su propia destrucción la haría imposible. Como en la segunda, el cálculo insensato de los que esperaban una rápida victoria condujo al desastre. Se prolongó durante años, y aún faltaba lo peor.

El libro se lo regaló su autor a mi padre, durante otra guerra que se prolongaba, otra vez, más de lo que habían previsto quienes la iniciaran. Regalo de un marino viejo a otro más joven. Marinos de guerra que no amaban la guerra.

De este raro librito he publicado en esencial o menos tres poemas, LUZ EN TINIEBLASBENEDICTO XV y LAS ARENGAS. El actual mercadeo con vidas humanas que estamos presenciando ahora mismo me hace recordar este soneto de hace más de un siglo. La realpolitik no es nada nuevo:

LIQUIDACIÓN POR TRASPASO

«En Sofía no han satisfecho las ofertas de Bucarest; pero Bulgaria sigue negociando con ambos bandos beligerantes, para salvaguardar los intereses nacionales…»

«La opinión helena sigue siendo favorable al cuádruple acuerdo; mas en Atenas solo se permite hablar de una neutralidad benévola…»

«Rumanía está en espíritu con los aliados, mas no hay que olvidar que rige sus destinos un Hohenzollern…»

Una neutralidad en muy buen uso
se ofrece, a quien mejor quiera estimarla;
una prenda, que es… ¡sin alabarla!,
más confortable que un capote ruso.

Quien tal ganga no logra es un iluso,
porque ni en la mitad han de pagarla;
pasen pues, los señores a pujarla
sobre la tasa que un perito puso…

─¿Cuánto ha dicho el señor?... ¡Son pocas liras!
¿Usted, diez marcos?... Ya dan más dineros…
¿Trece francos no más?... ¡Qué disparate!;

¡No la pagan ustedes ni hecha tiras!
Pero, en fin: véanla los caballeros
y… después seguiremos el remate…

*****



Veamos estos casos de ahora mismo. Un Trump desahuciado, haciendo suya la frase «para lo que me queda en el convento…», quiso marcharse haciendo todo el daño que aún le era posible.

Su reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel había envalentonado a Netanyahu, dándole barra libre para acentuar su eterna limpieza étnica. Este corrupto personaje, acosado por los tribunales de su país, quiere galvanizar a los “patriotas” a costa de los palestinos, y lanza un ataque genocida contra Gaza, tras insólitas provocaciones que no han merecido mucha atención de nuestros medios.

En la misma línea, una de las últimas decisiones del expresidente norteamericano reconoce, contra todo derecho, la soberanía marroquí sobre el Sahara. La que, en otro chalaneo mercantil y de oportunismo político, el último gobierno de Franco (o el primero del rey emérito, según se mire) regaló al abuelo del actual dictador de Rabat.

Al monarca alauí, como por otras razones a Netanyahu, lo presionan a la vez la desastrosa situación de su país, acentuada por la pandemia, y las nuevas tensiones en el Sahara, y desvía la atención con la criminal acción de Ceuta, a la vez que enardece a sus “patriotas” contra España y Europa.

En ambos casos, la infamia de las conductas no se corresponde con las tibias respuestas de los gobiernos, y el nuestro en particular, atado desde luego por la herencia recibida de los anteriores. Obedecen, más que a razones de ética política, a un mercadeo bochornoso.

*****

Mercadeo que se pierde en la noche de los tiempos, pero para analizar el caso que liga los sucesos de Ceuta con los simultáneos de Gaza, bastará remontarse al momento en que Franco condicionó la soberanía de nuestro país a cambio de su propio reconocimiento internacional. A partir de entonces hay en España, aunque se obvie el término, ocupación militar por parte de los Estados Unidos.

Lo que era un acuerdo bilateral lo remachó el efímero gobierno de Calvo Sotelo con la entrada en la OTAN, organización de la que, que yo sepa, nadie ha podido salir. Luego la consolidó el gobierno de Felipe González, con aquel giro copernicano y rapidísimo que logró dar la vuelta al famoso referéndum.

Atados y bien atados a los intereses de la gran potencia, nuestra política exterior tiene el vuelo corto.

*****

En los inciertos momentos que antecedieron y sucedieron a la muerte de Franco, la oscura maniobra que culminó con la Marcha Verde y regaló el Sahara a Marruecos selló una alianza de intereses comerciales, públicos y privados, entre nuestra renaciente monarquía y la de Marruecos.

Durante nuestra dictadura, la sola existencia de un movimiento independentista y una lucha armada en el Sahara era un secreto de Estado tan bien guardado que solo muerto el dictador supimos que había un Frente Polisario. Para los testamentarios, la venta de aquella “provincia”, con sus ciudadanos españoles, aunque quisieran entonces dejar de serlo, y con sus fosfatos de Bucraa, fue un buen negocio y una buena oportunidad para zafarse de una guerra colonial.

(Para que se entienda la enormidad del caso, pondré un ejemplo imaginario, con todas las diferencias que conlleva, y que es solo un símil absolutamente irreal. Supongamos que Cataluña y Euskadi, tras alcanzar una amplísima mayoría el independentismo, mantienen una guerra por su independencia. Francia codicia saltar los Pirineos, y ofrece quedarse con estos territorios, los más prósperos de la península. Entonces ambos gobiernos llegan a un acuerdo: tú te quedas con el territorio, la población y el problema y a cambio nuestros capitalistas harán buenos negocios…

¿Sería esto del todo imposible? No exactamente así, pero bastaría que, como en el caso yugoslavo, España fuera un “país díscolo” a destruir. Ejemplos secesionistas fomentados por las potencias no faltan en la Historia, antigua o reciente. Los independentistas de aquí deberían hacérselo mirar.)

Aquel asunto tan mal resuelto ha sido siempre un quebradero de cabeza para los sucesivos gobiernos, oscilantes entre un vergonzante acatamiento de la legalidad internacional, un cambalache comercial y una sumisión político-militar.

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Brahim Ghali nació en la “provincia” en 1949, cuando aún era colonia, y desde los siete años hasta los veintiséis fue ciudadano español de pleno derecho. Como tal, sirvió en nuestro ejército, y aprovechó su experiencia militar para iniciar, en 1973, la lucha armada por la independencia de su país.

De la bochornosa situación en que se encuentra atrapado este gobierno (una más, porque es literalmente una plaza sitiada) es muestra el vergonzante modo de atender al ahora presidente saharaui en un hospital español. Por una parte, negarle la asistencia sería, además de una canallada, un desprestigio absoluto para la potencia responsable, todavía, de la siempre irresuelta cuestión de la soberanía. Pero el miedo a la presión marroquí quiso resolver esta atención sanitaria de forma clandestina.

Claro que la mano del espionaje (¿norteamericano, marroquí, israelí…?) y su enorme poder corruptor destapó esta maniobra y no pudo evitar lo que torpemente se quiso evitar. En otro orden de cosas, actitudes tan vasallas me recuerdan el paso por Barajas de la vicepresidenta de Venezuela, o el reconocimiento de Guaidó.

También la judicialización de un caso de hace más de treinta años, de la mano de “disidentes saharauis” que no es fácil saber si fueron víctimas o agentes marroquíes, en una situación de guerra, complica la situación. Así, al anciano luchador lo cita ahora como imputado un tribunal español. Y está literalmente en sus manos.

¿Cómo se resolverá este caso tan enlodado? Los gobiernos, y son casi todos, que sustituyen la valentía por el cálculo político lo tienen difícil.

*****

El jugador de billar busca la carambola. La carambola política, buscada o no, reúne en un mismo punto piezas que, tras seguir trayectorias diferentes, coinciden en el tiempo. La oleada migratoria ceutí y el criminal ataque a Gaza son la carambola de una tacada lanzada por el anterior presidente norteamericano y que me temo que el actual no revierta. Antes al contrario, la mantendrá, aunque se sienta aliviado por no haberla propinado él.

La estrategia de los Estados Unidos tiene, en ambos extremos del Mediterráneo, dos aliados firmes. Ahora los quiere convertir en amigos, y a cambio regala a cada uno soberanías que maneja como si fueran suyas.

Poco importan las vidas. Las personas son mercancías, y como tales tienen un valor de uso y otro de cambio.

viernes, 28 de mayo de 2021

La razón de la sinrazón. Pensamientos de un psicoanalista sobre Don Quijote

Hace pocos días, bajo el título La razón de la sinrazón, comenté un artículo que buscaba las razones determinantes del resultado de las recientes elecciones madrileñas. Encuentro ahora este mismo título en la revista aperturas psicoanalíticas para un artículo de Leon Wurmser de 2005, subtitulado Pensamientos de un psicoanalista sobre Don Quijote

Las conductas irracionales tienen, efectivamente, sus razones de ser. Como el psicoanálisis nace para ayudar a encontrarlas, porque no siempre aparecen tan en la superficie como en las elecciones madrileñas, nuestro psicoanalista investigador profundiza en el Quijote. Y en la biografía de Cervantes, porque sin tener en cuenta su trayectoria de fracasos personales no entenderemos cuánto de autoanalítico hay en muchas de sus obras, y en particular en este libro.

Antonio Fernández Ortiz, en la presentación que ya he comentado de su novela, ponía en cuestión la idea de Hannah Arendt sobre "la banalidad del mal", la que sustituía por "la racionalidad del mal", argumentando que en muchas conductas despiadadas hay una profunda y terrible racionalidad bajo su al parecer inexplicable sinrazón.

Analizaba Antonio las razones subyacentes en los conflictos que se dieron dentro del campo republicano durante la guerra, y explicaba "la racionalidad del mal", que la filósofa banalizó en su famoso escrito, con el mismo ejemplo en que ella se basaba: el holocausto.

Cuando Alemania, potencia terrestre, perdió por completo el dominio de los mares, carente de petróleo y necesitándolo para su ofensiva blindada recurrió al carbón para obtener gasolina sintética. El proceso requería una gran cantidad de mano de obra, que precisamente estaba movilizada en los frentes, y expeditivamente recurrió a trabajadores de los países ocupados. Las condiciones, de semiesclavitud, se agravaron progresivamente. Al ser insuficiente el trabajo más o menos voluntario, se recurrió al forzado y esclavo de presos comunes y políticos, prisioneros de guerra y, como no, de los demonizados judíos.

Un caso particularmente ilustrativo es el de los judíos húngaros. Solicitaron al gobierno vasallo que les enviara trabajadores, y llegaron al acuerdo de que Hungría exportara a los judíos en condiciones de trabajar. El problema era que a partir de entonces sus familias, carentes de ingresos, tendrían que ser alimentadas por el Estado húngaro. Al final, llegaron a un acuerdo económico para que Alemania se hiciera también cargo de ellos. Las familias enteras entraban en el lote, pero Alemania, con perfecta racionalidad económica y militar, solo quería trabajadores explotables. Los demás sobraban...

Esa racionalidad llegó a los extremos conocidos y escalofriantes de aprovechar grasa humana, cabellos y todo lo que pudiera servirles. Las carencias de la guerra y la deshumanización de aquella gente llevaron a lo que conocemos.

Así que la racionalidad no puede separarse de su contexto de ideas y sentimientos, buenos y malos. Cada uno tendrá que averiguar cuales son los "buenos" y los "malos".

Entonces, es en los laberintos de la mente donde hay que encontrar las causas racionales. Y como el análisis profundo solamente puede hacerlo la mente misma, desde dentro, el psicoanalista no es más que un ayudante en un proceso de autoanálisis.

La mente de Don Quijote, el loco, que es la de Cervantes, su intérprete psicoanalista, tiene mucho que revelarnos sobre los procesos que unen o separan la realidad percibida y la imaginada, las motivaciones de las conductas que consideramos racionales y también de las que no lo parecen tanto. Se muestra el personaje como un ser contradictorio, capaz de los juicios más atinados, de disparates e interpretaciones juiciosamente absurdas. Capaz de creer y no creer, engañar y engañarse.

El artículo en cuestión rebusca en el libro el pensamiento de Cervantes, y extrae ricas conclusiones sobre lo que dice y lo que disimula, obligado por la represiva época que le tocó (mal)vivir. La comicidad y la atribución a un individuo atrabiliario le permiten expresar ideas que así pudieron superar la censura y la persecución.

A continuación copio algunos párrafos del artículo, subrayando aspectos que no quiero alargar en esta introducción. Pero no dejaré pasar algunos de ellos:

  • El "sentido de la vida": a través de su paso a la acción, Don Quijote supera el "vivir para sí", aquella vida de hidalgo vacía e insulsa, y pretende "vivir para los demás". A esto se añade la búsqueda del ideal que crea a Dulcinea. La utopía, cuya sola posibilidad debe hacernos buscarla aunque no la alcancemos.
  • El "sentido del honor": la "honra", en su tiempo, era un don que concedían los otros, como revela el teatro del Siglo de Oro. Podía ser una gran mentira, siempre que se cubrieran las apariencias: el honor era lo mismo que la fama. Sin renunciar a ella, Don Quijote se convierte en el supremo juez de su conducta: el honor pasa de concesión externa a sentimiento interno. La fama cambia de sentido, y de poco me vale si "yo" no creo merecerla.
  • La religión como sumisión: de expresar una creencia interior, la represión inquisitorial la convierte en aparente conformidad con la autoridad religiosa. El arrepentimiento, real o fingido, significa acatamiento de las normas dictadas.

Algo de esto perdura en nuestra España. La Historia siempre deja huellas y cicatrices. Lo vemos ahora mismo, cuando se pretende que el arrepentimiento sea factor determinante en la concesión del indulto a los independentistas condenados por sedición.

El dogma católico distingue entre contrición, un sincero cambio en la forma de sentir y pensar, y atricción, por temor a las consecuencias. Puedo arrepentirme del paso dado por el mal que me ha traído o por que ahora soy consciente de que obré mal. Pero también puedo fingir el arrepentimiento. El problema ético quedará siempre escondido en el sujeto.

Pero al poder, político o religioso, eso le importa poco. Lo que de veras le interesa es confirmar "su" orden, doblegar al disidente y que su "confesión" desmoralice, disuada y desarme a otros posibles díscolos.

En este sentido, puede afirmarse que la actual política está, todavía, impregnada de esa religión.

Siguen algunos fragmentos del artículo.






El dar sentido al sin sentido es una tarea esencial tanto de psicoanalistas como de poetas, por ejemplo poniendo orden en el aparente caos del mundo interno. Esto significa: buscar el significado, e insistentemente preguntarte por él, justo ahí donde el “sentido común”, “la mente sana”, “la razón”, es decir, el pensamiento convencional, tropiezan con sus propios límites. Estas cuestiones se plantean para poder reconocer, tras el fenómeno de lo que parece una locura, su profunda estructura de significado. Cuanto más se acerquen a la verdad del alma y de forma precisa presenten las conexiones escondidas del significado, de modo que el lector o el que lo escucha puedan percibirlas, más grande es el escritor y mejor es el analista. A lo que escribe el poeta el analista le da una estructura teórica.

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La paridad entre la realidad interna o subjetiva y la realidad externa (aparentemente objetiva) y sus diferentes formas de legitimidad anticipa la comprensión de Freud y el psicoanálisis moderno. También se ha señalado hasta qué punto Freud mismo estuvo influido en su desarrollo intelectual desde su adolescencia por la lectura de Cervantes y cómo el “Coloquio de los perros”, (en las “Novelas ejemplares”), anticipó aspectos esenciales del método psicoanalítico (...). De hecho, en sus amistades de adolescente, Freud tomó la identidad de Cipión, mientras que su amigo Silberstein tomó la de Berganza (los dos perros). El último se convirtió en el nombre del perro de Freud, y el “coloquio” tiene algo en común con el inicio del tratamiento analítico.

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Por supuesto, biográficamente tenemos que plantear la cuestión de que parte de la vida de Cervantes se refleja en estos pasajes. Al estudiar la historia de su vida nos conmueve profundamente el constatar que su biografía consiste en una incesante cadena de humillaciones severas, intentos de rebelarse contra tal desgracia, y de nuevo otra derrota: primero la penuria crónica de su familia y la vergüenza familiar de toda la vida por tener que pedir nuevos préstamos por la ineptitud mercantil de su padre; luego la huida de Miguel en su juventud hacia Italia (probablemente para evitar que le cortaran la mano como castigo por un duelo); luego la mutilación de su brazo izquierdo durante la batalla marítima de Lepanto (1571), de donde surge el mote burlón “el manco de Lepanto”; luego la desesperada existencia como esclavo bajo diversos amos extremadamente crueles en Argelia, después de haber sido capturado en alta mar por piratas junto a su hermano; luego, después de su liberación tras el pago de su rescate la degradante búsqueda de ingresos y su ulterior trabajo como recaudador de impuestos para la marina real a campesinos pobres y a la Iglesia, siendo excomulgado a causa de esto; luego las repetidas acusaciones de haber defraudado a la hacienda real que condujeron a diversos encarcelamientos (la tesorería real desconsideró un estado de cuentas muy exacto de recaudaciones y gastos); también la falsa sospecha de que había matado a un hombre al que había ido a ayudar delante de su casa, la constante pobreza de su familia de origen, de su mujer y de su hija, los muy dudosos lazos de sus hermanas y su hija y sus subsiguientes pleitos contra los demandantes...

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A lo que habría que añadir la aserción recurrente de la “limpieza de sangre”, por sus más que probables, y extremadamente peligrosos, ascendentes judíos. De nuevo, no es de extrañar que el cura conociera a Cervantes como una persona que es “más versado en desdichas que en versos”

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¿Cómo era de arriesgado despertar sospechas de estar relacionado con la comunidad de conversos? Y más generalmente, ¿hasta qué punto contribuyen las vivencias traumáticas de Cervantes en el trasfondo dinámico de su trabajo?

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“Refiriéndose al letargo cultural y científico característico de España después del siglo XVI, Américo Castro escribe: ‘La razón fue realmente sencilla: casi todo el pensamiento científico y gran parte de la tecnología más refinada había sido el trabajo de los judíos españoles de la casta hebreo-española, primeramente integrada por judíos declarados y a partir de 1492 por Nuevos Cristianos’. La razón por la qué no participaban españoles en los movimientos científicos y culturales que ocurrían en el resto de Europa, no fue la política de un particular monarca ni el miedo a la reforma sino el evitar ser percibido como “Judío”: ‘La regresión cultural de los españoles a partir del siglo XVI no fue el efecto de un [movimiento de] contrarreforma, ni una fobia anticientífica de Felipe II, sino, sencillamente, el terror a ser tomado por judío. La población de viejos cristianos no tenía tradición de trabajo o productividad, y por tanto ser productivo o creativo era lo mismo que ser judío’ (...). Y sobre todo se refería a las actividades intelectuales: ‘Los viejos cristianos consideraban a las actividades intelectuales, propias únicamente de los judíos, como nefastas... esta fue la única razón del retraso cultural de los españoles que es visible hasta nuestros días en tantos aspectos’ ”

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Como seudo caballero y dudoso hidalgo Don Quijote invita a la burla y pone en cuestión la misma idea de la España Imperial y los códigos aristocráticos de honor, la hidalguía (...), con su culto a la pureza de la sangre y de la raza y el absolutismo de los conceptos de la honra, la que es aún más importante que la vida: “el hombre sin honra peor es que un muerto” palabras de Lotario en la historia del curioso impertinente. Pero también forma parte de tal honor el hecho que uno no dependa del trabajo. El imperio entero vivía de esta ideología, con unas consecuencias históricamente enormes para el mundo: se regalaba con las riquezas de los demás, a través de la opresión y el despojo, y de un genocidio de los más terribles (...).

El poder y la apariencia externa eran, como veremos más adelante, los objetivos principales en la vida, es decir, una cultura completamente orientada hacia la evitación de la ecuación: debilidad=vergüenza: es decir, la cultura de la vergüenza por excelencia. Al romantizarlo en algo fantástico y bizarro, y por tanto haciéndolo ridículo, Don Quijote reduce esta filosofía a lo absurdo –él es una figura de protesta a través de su ridiculez y su absurdez. Sin embargo, lo contrario está contenido en su interior, y de esta manera, es mucho más que una caricatura: se pone el objetivo de su misión y de su honor no en el poder en sí, sino en la protección de los necesitados, los abusados y los explotados (que son simbolizados y caricaturizados una y otra vez por la bella mujer encarcelada y anhelante).

De esta manera, esta fantasía de rescate es propuesta como un gran contrapeso y a la vez complementaria a la afirmación del honor. El ideal del conquistador está reemplazado por el del salvador, del caballero errante, y se busca el honor a través de la liberación de la dama encadenada y la protección de los niños atormentados, y no en la subyugación y la expulsión de otras comunidades. Sin embargo, estos dos ideales, de rescate y honor, se exageran en algo grandioso y por tanto irrisorio; ambos ilustran en su misma inmoderación y infinidad, el lema de Castilla: “¡Plus Ultra!”, es decir “¡Más allá de los límites!” –la intención es una contradicción al clásico: “non plus ultra”, no ir más allá de los Pilares de Heracles (Gibraltar).

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La interpretación del convertir la vergüenza de pasiva en activa puede aplicarse a la primera parte de la novela. O, más exactamente, le pertenece a la mitad de su identidad. Pero no nos lleva lo suficientemente lejos, especialmente cuando proseguimos la historia. Toda la concepción de la caballería y el honor de la caballería queda reformulada y puesta al servicio de aspiraciones éticas, en lugar de las aspiraciones del orgullo, el honor y la dignidad tal como eran entendidos tradicionalmente. El verdadero conflicto va siendo cada vez más entre los valores cortesanos de poder y esplendor y los valores del outsider que toma sobre sí la vergüenza, la dificultad y la deprivación con el fin de ganar otro tipo de honor. Es el coraje personal, la “loca” audacia del extranjero, del que se posiciona fuera de la sociedad resplandeciente y recompensada por la realeza, “en el brezo solitario”, en las soledades y desiertos, montañas y bosques.

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Sí, Don Quijote responde al Caballero del Verde Gabán que es posible que deba considerársele absurdo y loco si sólo se atiende a sus proezas, pero que en realidad no está tan loco como le pudiera parecer a la gente. Cierto, se considera un alto honor cuando un caballero contiende y brilla en alegres justas, en plazas de toros y en ejercicios militares, y así entretiene a sus príncipes y reyes. Pero lo compara con la tarea del caballero andante: “pero sobre todos éstos parece mejor un caballero andante, que por los desiertos, por las soledades, por las encrucijadas, por las selvas y por los montes anda buscando peligrosas aventuras, con intención de darles dichosa y bien afortunada cima, sólo por alcanzar gloriosa fama y duradera”

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Es este ideal de la moralidad convencional, y los valores cortesanos del poder y el esplendor y su forma de honor, lo que es cuestionado radicalmente y reemplazado por el ideal del extranjero comprometido a ayudar a los necesitados. Ciertamente, la fidelidad a este ideal también comporta honor y fama, pero esta ganancia “narcisista” no parece nuclear.

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Los ensayos psicoanalíticos asumen como factor desencadenante la depresión por el paso de los años –Don Quijano tiene unos 50 años– y el hecho de acercarse al final de su vida. Enfrentado a esa melancolía, se habla de que ha caído en el frenesí, es decir lo “maníaco”, leyendo las populares pero también menospreciadas novelas de caballerías. Repetidamente, Don Quijote indica que son en verdad recomendables como un antidepresivo. Así, él promete al canónigo de Toledo “… lea estos libros, y verá cómo le destierran la melancolía que tuviere, y le mejoran la condición, si acaso la tiene mala” (...). Pero, sin embargo, esta “defensa maníaca” mediante la lectura, a él no le fue suficiente. Tuvo que buscar entonces un camino hacia la acción, las aventuras, para escapar a través la denegación del conflicto vital en que la muerte nos pone a todos y cada uno.

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Hasta ahora, él ha vivido de lo que ha heredado y ha llevado la típica vida de los grandes e hidalgos españoles para los que el trabajo era tabú: era una vida de un parasitismo de grandiosidad imperial y que se consideraba como el máximo honor –un valor filosófico que históricamente contribuyó poderosamente a la ruina de España. Este es, sin embargo, creo yo, un motivo enormemente importante de vergüenza internaal menos, por la herida narcisista y los sentimientos de inferioridad. Que este sentimiento de insignificancia continuara aumentando al enfrentarse al declinar el camino de la vida es por supuesto muy comprensible. Más todavía, no se había casado nunca ni había tenido hijos y familia, y tan sólo había vivido con una sobrina y con el ama de llaves. Por lo tanto, yo consideraría que la conflictiva fundamental es la profunda vergüenza que él trata de resolver con los grandiosos proyectos de aventuras, y, aunque sus desenlaces sólo hacen que ahondar aún más su vergüenza una y otra vez, esto se contrapesa, por un lado, por su transformación en batallas contra peligros externos aplastantes, todos aquellos gigantes y hechiceros y el Diablo encarnado, y, por otro lado, es puesto al servicio de un elevado ideal externo, esto es, la incomparable beldad de Dulcinea.

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Aún así, me pregunto si no se esconde aquí un conflicto todavía más profundo, esto es, relacionado con la posición del Converso y la del Judío en la cultura española. Sólo entraré en ello brevemente. Me he referido antes a las repetidas alusiones al “verdadero ser”, “el ser auténtico”, el propio ser, o al deber de ser tal como uno es. Observemos esto con mayor amplitud y veamos la moral radicalmente personal de Don Quijote que está en conflicto con la Corte y la Iglesia, en su defensa de una responsabilidad universal; añadámosle la defensa que hace de la “libertad de conciencia”, más aún: la referencia a países más tolerantes y, yendo más allá, visualicemos toda la obra como un postulado de humanidad que también incluye el respeto por y la comprensión hacia el dementevemos que todo esto se encuentra en el conflicto más fundamental con una visión del mundo y de la religión que había llegado a dominar España en los 200 años previos, y que la había gobernado los últimos 100 años, una visión, sin embargo, procedente de la Edad Media. “’Por virtud de su baptismo y consiguiente incorporación a la Iglesia’ el individuo cristiano ‘no tenía carácter autónomo’. Así, el individuo deviene un fidelis (fiel) y un subditus (sujeto), y como tal debe obediencia sin vacilar a la autoridad”, Faur cita a Walter Ullman (...). El fidelis Christianus “’no sólo carecía de derechos, sino que ni siquiera tenía una posición autónoma dentro de la misma Iglesia ni de la sociedad.’ El obstáculo principal para la total absorción del fiel era el concepto de humanitas. El concepto de humanitas concierne al self natural, a los aspectos corrientes del ser humano y de su individualidad; se alza en oposición a la idea básica del bautismo de que uno renuncia a su humanidad para devenir miembro constitutivo del corpus Christi… La tesis subyacente en el concepto de humanitas era la validez de la comprensión humana y la absoluta autonomía del individuo” (...). Eso, sin embargo, era una ideología por la que abogaban los Judíos y a la que no renunciaron los Conversos. La persecución y expulsión de ambos difundió la ideología de la humanitas por toda Europa, prestó gran ímpetu al humanismo del Renacimiento y así contribuyó considerablemente a la Reforma. En España la crueldad de la persecución devino incluso más drástica y arrasadora: “La vieja ideología cristiana demandaba una total supresión del individuo y la sumisión absoluta a la jerarquía del establishment. Esta ideología se mostraba en el peculiar concepto español de honor y honra (honor y dignidad). Para el español, el honor y la honra los determina exclusivamente la opinión pública –no el mérito personal. Como escribió Lope de Vega (1562-1635), nadie es honrado por sí mismo; tener honor no es lo mismo que ser virtuoso y meritorio. Más bien, es la manifestación de la aprobación del cuerpo político, eclesiástico y social –la corporación– de sus miembros y subordinados particulares. Para los Judíos y Conversos, honor y autoestima dependían exclusivamente de los méritos individuales –no de la opinión pública. En el plano de lo espiritual, ello significaba que la salvación no podía depender del linaje, lo que los viejos Cristianos llamaban la “pureza de la sangre”, sino de los méritos personales y de las buenas acciones” (...). Estos últimos puntos de vista son considerados subversivos, y fue contra ellos que, en 1481, se estableció la Inquisición, que intervino de forma si cabe más brutal y masiva contra ese espíritu de individualidad y auto-responsabilidad. Y todo ello fue muy decisivo en tiempos de Cervantes.

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Para él y para Don Quijote, honor y honra son verdaderamente conceptos centrales, pero de ningún modo en el sentido de sumisión a la autoridad de la Iglesia y el estado, sino más bien al contrario, al servicio de la humanitas. Así, Don Quijote postula de forma determinante “como es muerta la fe sin obras” (...). Ambas ideologías se oponen entre sí aguda pero veladamente, y así repiten la vieja y acerada pugna entre Santiago, el apóstol de Jesús, que retuvo el punto de vista de los judíos, y San Pablo, su mortal enemigo, que invirtió la prioridad de sus valores. Y sin embargo este conflicto sólo podía ser confrontado por un loco, un insensato, un ridículo extranjero –ciertamente no un Lope de Vega, sino únicamente un Cervantes en el Caballero de la Triste Figura. Independientemente de si fue o no un Converso, su actitud, su conflicto, es el de un humanista ante la jerarquía del Corpus Christi como la Iglesia se veía a sí misma, un conflicto interno a su propia alma, con su propia conciencia, interno a Cervantes, interno a Don Quijote. Sancho es por entero el representante de los viejos Cristianos; si Don Quijote es o no un nuevo Cristiano, eso no nos lo dicen; pero, diga lo que diga de sí mismo, su visión no encaja en el mundo de los cristianos viejos, ni la de Cervantes. Se precisaba por tanto un inmenso coraje para escribir esta obra. Es un diálogo trágico bajo la máscara de una sátira, incluso en tiempos de farsa.

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Sus ideales se hallan trágicamente fuera de lugar a pesar de ser, de hecho, los de los oficialmente mantenidos pero en verdad traicionados evangelios. En eso se asemeja al Converso y al humanista que ha creído en las seguridades dadas al ser aceptado en la comunidad de la fe y la sociedad civil y luego se siente expelido y mortalmente traicionado. Es y sigue siendo el extranjero, el eterno paria –el peregrino andante, como se le llama en el poema de otro Converso, Luís de Góngora. El Caballero andante es el Judío o Converso o humanista que vaga errando de un sitio a otro en su exilio, doblemente desarraigado, doblemente deprivado de su hogar, y estafado en su esperanza de liberación y de dignidad. Tan a menudo los tres pueden haberse mezclado en una sola identidad. Así es como veo a Don Quijote.

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Claramente, Don Quijote acaba siendo derrotado, humillado y ridiculizado una y otra vez. Pero también podríamos decir que, después de una comprensión más profunda, esto no es cierto. John A. Crow (“Spain. The Root and the Flower”) enfatiza la dimensión trágica de Don Quijote: “Don Quijote debe mantener una lucha sin fin contra los defensores de la razón, las personas del sentido común que son cautivas de la realidad física. Observar las leyes incluso cuando se está amenazado por la muerte... [es] la quintaesencia del honor español en su nivel más elevado; no se trata aquí del honor del teatro de la Edad de Oro, en donde el honor del hombre tiene que ser recuperado a través de la venganza de sangre, sino el honor en el sentido más profundo de la dignidad humana como método para sobrevivir, como un medio hacia la bondad, como el camino a la inmortalidad”.

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Para el bueno de Don Quijote idealismo significa una lucha a muerte contra las peores fuerzas de la injusticia y de la maldad sin tener en cuenta ni las propias posibilidades de sobrevivir ni las consecuencias que pudiera acarrear. Lo práctico no tenía cabida en esta lucha; el hombre ponía su alma entera en esta lucha sin soluciones de compromiso, ni huidas, ni apaciguamientos. De esta manera la religión de Don Quijote, que por ello es una religión, se aproxima a la de Jesús, quien también murió por sus creencias. Si bien, al final de la novela, encontramos un héroe derrotado, debe quedar claro para los inteligentes lectores que la derrota del héroe significa la supervivencia del ideal del héroe. En literatura la gran tragedia siempre consiste en esto. Cuando vemos un personaje noble derrotado, tanto en el escenario de un teatro como en una novela, la esencia y la realidad de su lucha sobrevive en el corazón de sus espectadores, y esto es precisamente lo que el autor, de forma consciente o inconsciente, intenta conseguir. Es más, ¿no se requirió la muerte de Cristo para establecer la religión cristiana?”

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En relación a la dimensión cómica-humorística, podemos recurrir a los comentarios de Freud sobre Don Quijote: “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha es, al contrario [a diferencia de Sir John Falstaff] una figura que no posee humor en sí mismo pero que a través de su seriedad nos ofrece un placer que bien podría ser calificado de humorístico, aunque su mecanismo nos muestra una diferencia importante respecto al humor. Don Quijote es originariamente una figura cómica pura, un niño grande; las fantasías de sus libros de caballería le han sorbido el seso. Es bien conocido que al principio el autor no pretendía nada más de él y que su creación fue creciendo gradualmente mucho más allá de las primeras intenciones de su creador. Pero como el autor equipó a esta ridícula figura con la sabiduría más profunda y con los propósitos más nobles y lo convirtió en el representante simbólico de un idealismo que cree en la realización de sus objetivos, y que toma sus obligaciones muy en serio y se toma sus promesas de forma literal, esta figura dejó de tener un efecto cómico. Tal como sucede en otros casos, el placer del humor surge del impedimento de una emoción, en este caso a partir de la interferencia con el placer cómico”.

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Cervantes inaugura la novela moderna a través de impureza, del mestizaje de todos los géneros. Criticado a menudo por ignorar los requerimientos de la novela bien hecha (personajes reconocibles, un buen argumento, una narrativa lineal), Cervantes nos ofrece de forma audaz en su libro, en primer lugar y como lo más importante, el diálogo entre la épica (Don Quijote) y la picaresca (Sancho Panza). Pero luego introduce el cuento dentro del cuento, lo morisco, lo pastoral, lo bizantino, y por supuesto, la historia de amor. La novela moderna nace como un encuentro de diversos géneros y como rechazo a la pureza”. Esto, sin embargo, significa que “en un mundo de certezas dogmáticas, Cervantes introduce un universo donde nada es seguro”. Todos los nombres cambian y permanecen inciertos. Todas las ilusiones se acaban desintegrando. “No es de extrañar que Dostoyevsky, en su diario, llama al Don Quijoteel libro más triste que se ha escrito nunca’. Puesto que es, añade Dostoyevsky, ‘la historia de una desilusión’.”

Básicamente, se trata de la dialéctica que domina la vida entre la tragedia por un lado y el humor, misticismo, realidad, e ironía por el otro lado.

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Reducir algo al absurdo es en definitiva hacer un chiste de este algo. La obra del Quijote es una rebelión disfrazada con la forma de chiste, una protesta disfrazada de sátira, una profundidad y una multiplicidad de verdades escondidas tras la máscara de la locura, la visión mística de que detrás de lo que es obvio y externo hay profundos secretos, secretos que se tornan visibles para el marginado, el perseguido, el apaleado, pero que en cambio son inaccesibles para el avaricioso de poder, el injusto, y el cruel, así como para aquel que desea solo riquezas o gratificación sensual. Es la historia de sufrimiento de un individuo en el mundo de la mayoría, de una persona que se cubre a sí mismo de ridículo para cumplir con su misión de rescate. Y finalmente, esta historia es la representación disfrazada de la búsqueda de un sentido de la vida nuevo y comprensivo, que lo podría explicar todo, y de la búsqueda de una identidad sólida, de un self que intenta dar la espalda al parasitismo deshonesto que le rodea. El claro fracaso de estas intenciones no devalúa la nobleza de esta visión nueva del ser humano y de la búsqueda mística, sino que paradójicamente confirma su dignidad.

Al mismo tiempo, Don Quijote es el paradigma del hombre en conflicto. ¿Significa esto que es el paradigma del hombre moderno? No y sí. No, porque la conciencia del conflicto interno es algo que viene de muy lejos, de Homero y Platón, de la Biblia y de San Agustín. Pero también sí, ya que este conflicto interno se estudia y se convierte en el centro de consideración, casi siempre de una forma externalizada. Don Quijote es, como Hamlet y Lear, como Fausto, Dimitry Karamazov, Versílov, y Nechlyudov, el hombre de doble identidad, del doble self, el representante de la trágica “Selbstentzweiung des Sittlichen” (la contradicción interna de la moralidad), y por ello de una enorme significancia como emblema del psicoanálisis.

jueves, 27 de mayo de 2021

El tiempo ensimismado

Para celebrar la Semana del Libro de este año, El laboratorio de ideas para el comunismo del Partido Comunista de Castilla-la Mancha presentó esta novela. A través de la videoconferencia, el autor explicó, desde su conocimiento como historiador de la Unión Soviética, algunas claves importantes para entender acontecimientos históricos, más allá de interpretaciones interesadas que el tiempo transcurrido debería dejar atrás.

Las vicisitudes que rodearon el traslado a la URSS del "oro de Moscú", para desde allí negociar su venta, en el despiadado mundo especulativo de las finanzas internacionales, como único medio posible para adquirir armamento y suministros, ante el aislamiento internacional (que solo afectaba a la República, porque los sublevados contaban con todo el apoyo de Alemania e Italia), están presentes a lo largo del relato.

Se entremezclan estas intrigas con los enfrentamientos, dentro del campo republicano, entre anarquistas, trotskistas y comunistas, cuando cada grupo tenía prioridades sin duda incompatibles: ganar la guerra o hacer la revolución. La hipótesis es que todos querían gestionar ese oro para su causa.

No cabe duda de que existió una lucha entre agentes de todas las partes, unos por razones ideológicas, otros como negociantes sin escrúpulos. Operación Cicerón, El Tercer Hombre o El espía que surgió del frío debieron ser muy reales en aquel tiempo de guerra y preguerra (como en este mismo, desde luego).

Los documentos que aparecen intercalados en el relato, fieles o novelados, son muy plausibles, sobre todo teniendo en cuenta el acceso del autor a los archivos desclasificados tras la desaparición de la URSS.

La novela se desarrolla en tres planos: el fantástico de la casa de Pepín o las misteriosas cabras blancas, el de los personajes de ficción y sus particulares enfrentamientos y el histórico, con actores reales e hipotéticos. Todos ellos interactúan en capítulos que podrían ser relatos separados. El lector los debe enlazar y tendrá una visión de un tiempo y de un país.

En su charla, Antonio dejó muy claro que ya es hora de abandonar cualquier explicación sectaria de la Historia. El tiempo transcurrido pone a cada uno en su lugar, explica sus razones y permite entender la complejidad de los hechos, los aciertos y los errores que ya no podemos cambiar.

En El Mono Azul, suplemento cultural de Mundo Obrero, aparece este mes una reseña de Gema Delgado que copio a continuación.



Donde transitan los vivos y viven los muertos

o la física elástica de Espartal

Gema Delgado

Realismo mágico en un pueblo de Murcia, Espartal, tierra limítrofe entre arterias que lo unen con el resto del mundo y senderos que acaban en montes y riscos. Espartal no tiene límites, es universal. En este pueblo tan peculiar cabe toda la geografía del mundo y las gentes que la pueblan, ya sean vivos o muertos. Limítrofe entre lo que pasó, lo que pudo haber pasado, lo que el autor recrea con sus personajes históricos y autóctonos, reales y ficticios, y lo que juega con nosotros cuando intentamos despejar la ficción de la vasta documentación que maneja un historiador que lleva tres décadas viviendo en Moscú, de donde provienen algunos personajes de la historia: conocidos consejeros, espías, corresponsales de prensa como Koltsov y Ehrenburg y hasta el embajador Rosenberg. Hechos, fantasía, intrigas, juegos y guiños de humor en un mundo de revolución, de sueños truncados y tragedias. Todo eso y más es "El tiempo ensimismado".

Y es que por Espartal pasó mucha gente y muchas cosas: Las Grandes Princesas rusas, la Segunda República, el Quinto Regimiento, los anarquistas, los comunistas, el golpe de Estado, la guerra, los convoyes cargados con las reservas de oro del Banco de España con las que Negrín quería intentar salvar la República, los espías soviéticos, los corresponsales de guerra, los fantasmas, los falangistas, los arribistas, la venganza y la codicia, los traidores, los sindicalistas que no torcieron su brazo y los amos de las fábricas, de los campos, de las vidas y las muertes... que fueron muchas, y todas prematuras y violentas. Por eso los muertos se reúnen en casa de Pepín el de las Cartas a la espera de hablar con los vivos sobre aquellos asuntos que les quedaron pendientes. Mientras charlan, se reencuentran y desvelan historias inconclusas que sólo ellos saben y que ya no necesitan ocultar.

Allí, a la casa de Pepín, llegó, después de salir por última vez de la cárcel, Juan el Lagarto, el comunista que cuando comenzó la guerra se unió al Quinto Regimiento. Fue a que el visionario del pueblo le leyera el porvenir, como hacían los vivos, pero se quedó sorprendido cuando Pepín le contó que ya no tenía porvenir porque estaba muerto. Resulta que, después de haber burlado tantas veces a la muerte, se había muerto sin darse cuenta, o al menos él no recordaba ni cuándo, ni cómo, ni dónde. Andaba desmemoriado porque llevaba poco tiempo muerto, según decía Pepín. Pero poco a poco fue recordando y sumando con los otros muertos pedazos de vida con los que se ha construido esta historia coral de héroes, heroínas y anti héroes.

El escritor e historiador Antonio Fernández Ortiz nació en Cieza (Murcia), en una comarca que vivía del esparto y en una familia que subsistía con la agricultura. Estudió Historia y se fue con una beca a Moscú, en 1991. Desde entonces vive allí sin olvidar su pueblo. En 2008 escribió Historias de Espartania, sobre la vida en aquellas tierras, con unos paisanos que vuelven a salir ahora en su última novela "El tiempo ensimismado" ubicada ahora en Espartal.

Especialista en Rusia, Antonio ha recreado también la trama de conspiraciones entre trotskistas y comunistas de Stalin en la España de la guerra civil y la implicación de todos en el traslado de las reservas de oro del Banco de España a Moscú y poder comprar armas, municiones y alimentos para salvar la República. Con este fantástico libro Antonio nos invita a emprender un viaje a través de la física elástica hasta Espartal y a compartir tertulia en casa de Pepín, donde transitan los vivos y viven los muertos.

Antonio Fernández Ortiz colabora en Mundo Obrero, desde las páginas culturales de El Mono Azul, con la sección Literatura y Revolución. Desde ellas hace un recorrido por la literatura y la implicación política de los escritores rusos, porque, como nos explica cada mes, la literatura rusa y después soviética del siglo XIX y XX está marcada por la revolución.