miércoles, 13 de julio de 2022

Antonio Turiel lo tiene claro y lo dice igual de claro

El problema es tan grave y tan inminente que ni nos lo cuentan ni queremos enterarnos. Los cambios necesarios son enormes, y el sistema económico no es capaz de hacerlo sin suicidarse. Así que sólo les queda "recortar por abajo", a costa de la vida (en el sentido más literal) de la mayoría de la población.

Lo que se publicó hace cincuenta años y no se hizo nada, se "resolverá" por sí solo en unos meses. Dice Antonio Turiel:

«El colapso llegará en dos o tres años, como ha pasado en Líbano o en Sri Lanka, que han caído en dos meses. Hace diez días la Agencia Internacional de la Energía dijo que este verano  faltarán combustibles en todo el mundo»


«El plan RepowerEU, que considera necesario acabar con toda la dependencia de los hidrocarburos rusos, dice que si los países del norte racionan, nosotros tendremos que racionar también y darles nuestro excedente. nos vamos a quedar a dos velas» 

«Si las cosas se degeneran demasiado rápido, a lo que iríamos es a un neofeudalismo. El Estado se divide y en cada uno habrá un pequeño reino de taifas gobernado por un señor de la guerra»

Sri Lanka es el ejemplo de país que ha colapsado. EFE



ENTREVISTA A ANTONIO TURIEL, FÍSICO DEL CSIC
"Empieza a haber probabilidades de sufrir el colapso en pocos años"

Antonio Turiel no pone anestesia en un discurso para el que casi ninguno de nosotros está preparado. Advierte que nuestro modo de vida está a punto de desaparecer y ve con asombro cómo la sociedad prefiere seguir de espaldas a la realidad. «Hay cuatro posibilidades: ecofascismo,  neofeudalismo, el colapso o vivir con un 90% menos de lo que tenemos». Añade que hay que elegir ya.

CRISTINA FANJUL

3 DE JULIO DE 2022, 8:39


Hace 50 años ya se avisó de que llegaríamos al máximo de los combustibles fósiles y de uranio. «Ya hemos llegado». El físico Antonio Turiel advierte antes de estrecharme la mano: «¿Estás segura de que quieres mantener esta conversación?». No lo dice en balde. De hecho, si siguen leyendo a partir de ahora, las expectativas que durante todo el año han acumulado para este mismo verano se verán alteradas de manera decisiva.  


El científico leonés es un poco Casandra, la figura troyana. La única diferencia es que sus pronósticos los dicta la ciencia, no la fatalidad concedida por los dioses. «Las fuentes de energía se acaban; el gas está a punto de comenzar a caer y las renovables no tienen ni de coña la capacidad que se pretende decir que tienen. Además, necesitan muchos materiales y combustibles fósiles»...

—¿Entonces?


—Es que lo que estamos haciendo en Europa es dar la ilusión de que vamos hacia una transición suave cuando hay que hacer una brusca que conlleve un cambio de modelo social.
Antonio Turiel, investigador del CSIC en el Instituto de Ciencias del Mar, es el autor de obras como Petrocalipsis y lleva un decenio estudiando la situación de los recursos energéticos. Tiene, por lo tanto, ventaja frente a todos nosotros porque ha viajado al futuro y ha regresado.

¿Qué nos dice a termodinámica de lo que nos espera de aquí a diez años?


—Las leyes de la termodinámica son neutras, pero imponen limitaciones. Te dicen qué no vas a hacer, así que lo que hagamos o no hagamos va a depender de nuestras propias decisiones. Lo que sí dice la termodinámica es que no vamos a seguir creciendo porque hay una imposibilidad que es física, geológica e incluso me atrevería a decir biológica, porque tiene que ver con el funcionamiento de los ecosistemas.

Más adelante, el experto se referirá a las crisis energéticas que han puesto a varios países en una situación semejante a la de la distopía de Mad Max, como Sri Lanka, y de otros que están a punto de vivir una situación parecida.

—Ya, pero somos como los tiburones, que si no avanzan, mueren...


—Es que este es un modelo económico orientado hacia el crecimiento. No paramos de escuchar lo de que tiene que crecer el PIB un país para crear empleo. Además, está tan metido en el discurso que los sindicatos también lo hacen suyo.


—¿Ya no es posible crecer?


—No. La primera ley de la termodinámica, lo que te dice es que la energía ni se crea ni se destruye.


—Pero se transforma.


—Pero es que la gente no entiende lo que eso significa. Te dicen: ¿Entonces por qué se pierde la energía? Porque hay una diferencia entre la energía y exergía, que es la energía útil, la que puedes aprovechar para hacer cosas. Lo que pasa cuando utilizas una fuente de energía es que se convierte en trabajo inútil, en energía inútil, en calor, energía anárquica que no puedes utilizar.


—¿Cómo funciona el sistema capitalista con la primera ley de la termodinámica?


—Jajaja. Pero qué preguntas tan sencillas ¿no? El capitalismo es un sistema lineal, abierto, que se basa, como hemos dicho en el crecimiento continuo.


—O sea, que científicamente, el capitalismo caducó hace medio siglo.


—Es que el capitalismo asume que siempre va a haber una cantidad infinita de energía disponible. Entonces, cuando la termodinámica te dice que no, que la energía es finita, pues lo lleva mal.


—Sin embargo, ha tenido crisis y ha salido invicto. ¿Por qué en esta ocasión será diferente?


—El capitalismo ha tenido crisis recurrentes que incluso han sido provocadas por el capitalismo mismo cuando la producción supera la capacidad de consumo, pero esta es diferente. Ya tuvimos un aperitivo en 2008 y ahora se hace más intenso.


—O sea, que los economistas no se quieren enterar de lo que pasa.


—Es que ellos lo siguen viendo como un problema entre la oferta y la demanda. Se basan en una hipótesis que no es una ley pero que se toman como tal: el principio de infinita sustitubilidad de los factores de producción, que quiere decir que cuando algo falta siempre se encontrará un sustituto adecuado a un precio razonable. Ahora, son perfectamente conscientes de que eso lleva a un colapso del sistema. 

—¿Puede el capitalismo adecuarse a las nuevas circunstancias o el sistema debe cambiar de manera absoluta?


—Contrariamente a lo que se dice, lo que caracteriza al capitalismo es el hecho de que el capital tiene una tasa de ganancia, es decir, tú tienes un dinero y tienes derecho a que te den una cantidad extra de dinero por invertirlo. Las tasas históricas de ganancia del capital son del 3% anual. Esto es lo que no se puede mantener, es decir, el crecimiento infinito no es posible.

 

—¿No hay salida?


—No si seguimos como hasta ahora. Una posible sería evolucionar hacia un ecofascismo, un sistema autoritario en el que se imponga un autoritarismo compatible con los límites del planeta, pero de una manera represiva. Creo que vamos en esa dirección. No olvidemos que vivimos un proceso de militarización de las conciencias con la guerra de Ucrania con la vista puesta en el norte de África.


—Espera, ¿Lo que dices es que el aumento del gasto en Defensa está destinado a invadir el norte de África para quedarnos con sus recursos?


Si, de hecho ya hemos hecho muchas cosas en ese sentido. Un ejemplo es la guerra de Malí, que estaba dirigida no hacia ese país sino hacia Níger y las tropas francesas se han retirado de allí para centrarse exclusivamente en Níger, por las minas. A medida que otros países tengan problemas, como Argelia o Nigeria, vamos a meter las narices sin ninguna duda.


—¿Qué pasa con Argelia


—En 2016 escribí un post en mi blog que se llamaba Tres preguntas. Una de ellas era si íbamos a invadir Argelia. Si necesitamos gas es buena idea decir que vamos a llevarles la democracia.


—¿Cuál es la opción al ecofascismo?

El colapso y empieza a haber probabilidades de sufrirlo en unos pocos años.


—¿Cuántos?

No muchos, dos o tres años, como ha hecho Líbano o en Sri Lanka, que se ha caído en dos meses. Puede que no lo sepas porque de eso no se habla y, sin embargo, estamos en una situación en la que la Agencia Internacional de la Energía acaba de decir —hace diez días— que este mismo verano va a faltar combustibles en todo el mundo y particularmente en Europa.


—¿La energía renovable, ahora que el dinero europeo va a servir para llenar España de aerogeneradores no es una posibilidad real?


—No, y además los parques no se van a poder terminar porque no hay materiales suficientes. El destrozo de los ecosistemas lo van a hacer, por supuesto, y en sitios que son vitales para la supervivencia de la gente. ¿Qué va a pasar cuando veamos que las promesas no se han cumplido? ¿Qué, cuando se den cuenta de que no tiene combustible, de que todo es tan caro que no podrán acceder a nada? Muy contentos no vamos a estar. El resultado será la aprobación de decretos de excepción, que darán atribuciones adicionales, especiales al poder.


—Ya pasó con la pandemia.


—Sí, ya está ahí. Esa es la ruta más probable a la cual nos dirigimos.


—No sé si preguntarte por la tercera.


—Pregunta, pregunta. ¿La quieres escuchar?


—Siempre es mejor conocer lo que nos espera.


—Si las cosas se degeneran demasiado rápido, a lo que iríamos es a un neofeudalismo. El Estado se divide y en cada uno habrá un pequeño reino de taifas, cada uno de ellos gobernado por un señor de la guerra.


—¿Cuál es tu propuesta para que ninguna de ellas se haga realidad?


Un sistema democrático de decrecimiento fuerte con unos principios diferentes: ecofeminismo, socialismo o como lo quieras llamar.


—¿Qué implicaciones tiene?

—Habría que ocupar un espacio cultural al que resulta difícil acceder porque el capitalismo tiene la hegemonía del discurso.


—Eso es desmontar nuestra percepción de la vida, nuestra cultura...


—Sí, es cierto. Es que el capitalismo decide de qué se puede y de qué no se puede hablar. Es un tabú. Y nosotros mismos nos autocensuramos porque si criticas el capitalismo no vas a ligar mucho. Aprendemos bastante pronto que no está bien criticar el capitalismo. Una pequeña crítica, vale, pero a partir de un determinado pronto, ya no vale.


—¿Cómo se hace una transición si no nos queda tiempo?


Nadie lo sabe y por eso estamos donde estamos. Lo único que sabemos es que si seguimos por este camino, acabaremos colapsando hacia un ecofascismo en el mejor de los casos y hacia un neofeudalismo en el peor. Ya hay ejemplos.


—¿Cuáles?


—Libia, por ejemplo.


—¿Cómo afectará el petrocalipsis al racionamiento de comida?


—Está pasando ahora mismo. La pandemia detuvo el proceso, nada más. En este momento hay muchas cosas que están funcionando muy mal. La primera es la producción de diésel. Por sus características, no se puede producir tan fácilmente. El petróleo llegó a su máximo de producción en 2005.


—¡Hace 17 años!


—Exacto. Lleva estancada con una ligera tendencia a la baja que ahora va más deprisa. Para compensarlo, se han metido los biocombustibles, que gastan tanta energía en producirlo como la que luego te devuelve.


—¿No hay energía neta disponible?


—No, porque se gasta tanto como lo que sale. Se hacía simplemente por la subvención y ahora, por un mandato que marca que un 7% del poder carburante tiene que ser biocombustible. Era una alternativa imbécil porque, además, si destinásemos todas las cosechas a producir biocombustibles sólo podríamos llegar a 15 millones de barriles diarios frente a los cien que se consumen hoy en día. Y eso, quedándonos sin comer.


—¿Hay otra posibilidad?


—Las arenas bituminosas del Canadá y petróleos extrapesados de Venezuela.


—¿Qué es eso?


—Una especie de alquitrán mezclado con tierra. Se arrasó un bosque boreal en Canadá para sacar ese alquitrán que luego combinan con gas natural en un proceso carísimo que consume un montón de agua para convertirlo en petróleo.


—¿Tiene más rendimiento que el biocombustible?


—No. Es muy bajo y además tiene límites y es muy corrosivo. El tercero es el fracking, con el que siempre se ha perdido dinero. Era una burbuja porque se pusieron demasiadas expectativas. En el 2015 ya se dieron cuenta de que no había manera de ganar dinero con eso.


—Pero se siguió explotando ¿verdad?


—Si, porque en 2016 ganó Donald Trump y por nacionalismo energético empieza a dar exenciones fiscales y el fracking remonta hasta que las grandes empresas quiebran, deja 300.000 millones de dólares en pasivos, en deuda.


—¿Qué ocurre a partir de 2018?


—Tocamos máximos, con 88,5 millones de barriles diarios, sin contar el gas natural. Ha ido bajando y la OPEP dice que no puede producir más. Y, además, desde 2014 las compañías petrolíferas y gasísticas han reducido un 60% la inversión en busca de nuevos yacimientos. Al año se encuentra el equivalente a cinco mil millones de barriles pero se consumen unos 36.000 millones.


—¿Qué va a pasar?


—Pues que a principios del año que viene se quedarán sin despensa y no queda nada más. Además, a esto se suma la guerra, con lo que caeremos un 6 o un 7%.


—¿Qué dice la Agencia Internacional de la Energía?


—En sus últimos informes, asegura que si falta inversión, la producción de petróleo podría caer hasta 2025 un 50% respecto a los máximos. Esto, en el peor de los escenarios. En el mejor, a lo mejor es un 20%, una caída que no hemos visto desde la Segunda Guerra Mundial.


—Dices que el diésel se acaba este verano.


—Es que falta petróleo de calidad y las empresas no invierten porque saben que no lo van a rentabilizar. En toda la costa este de Estados Unidos calculan que se quedarán sin diésel ni queroseno para los aviones de aquí a dos semanas. En el Reino Unidos ya están racionando y en Hungría, pero esto no sale en los periódicos. Además, en una veintena de países ya no hay gasóleo y hay revoluciones, como en Sri Lanka. Faltan alimentos, medicinas y la gente está muriendo. También pasa en Laos, en Pakistán, con la bomba atómica. Tienen cortes de electricidad de diez horas al día. Kazajistán, octavo exportador de trigo del mundo y el 42% del uranio del mundo, y ha dejado de exportar, igual que la India. En Irán, la gente quema las tiendas porque no hay pan. Senegal, Nigeria ha suspendido sus vuelos domésticos porque no tiene diésel. A estos se unen Perú, Argentina, Bolivia... Y en este contexto, llega la guerra. Todo escasea porque no hay diésel para extraer materiales.


—¿Ya hay crisis alimentaria?


La falta de diésel ha provocado un parón en la producción de fertilizantes. En octubre, la FAO ya anunció que íbamos a una crisis alimentaria de proporciones globales. Hace dos meses, el Banco Mundial dijo que habíamos pasado de crisis a catástrofe alimentaria que iba a afectar este mismo año, probablemente hacia el otoño, al 40% de la población del mundo y queda trigo para ocho semanas, que coincidirá con el final de la cosecha.


—Esto va a crear tensiones graves.


—Por supuesto. Recordemos la Primavera Árabe. Pagaremos más por el grano, pero ¿Qué pasará con Egipto y el Canal de Suez? ¿Y con Argelia y Marruecos? Son países muy poblados y, en el caso de Argelia, armado hasta los dientes.


—Y aquí, una inflación disparada.


El encarecimiento fuerte será sobre los alimentos más básicos: plan, leche y verdura fresca. La UE vive muy ensimismada, pero ahora no puede sustituir el gas ruso y Rusia está cortando el cordón umbilical con muchos países europeos y dirigiéndolo hacia China.


—¿La nuclear es una solución?


- No. Podemos fijarnos en Japón, donde el gobierno ha dicho a las familias que se junten en una habitación para ver la televisión para ahorrar energía. No les va a llegar porque no hay uranio, con lo que la producción nuclear, de la que dependen, también se acaba.


—¿Por qué defienden la creación de mini centrales nucleares?


—Eso lo dice Francia con toda la caradura del mundo porque tiene un problema de aprovisionamiento de uranio y la mitad de sus centrales están paradas.


—¿Por eso ahora hablan de la solución española?


—España está bombeando gas como nunca hacia Francia porque está con el agua al cuello. Ahora dicen que van a construir 14 reactores que es una manera de subvencionar a EDF para que no quiebre y estos reactores no se van a construir nunca.


—Y en este momento, Bruselas aprueba el plan RepowerEU.


—Si, y en ese paquete la UE dice que vamos a incrementar el uso del carbón para suplir el gas ruso. Será sólo durante los próximos 15 años, dicen con toda la hipocresía del mundo, cuando tendríamos que cerrar todo en ocho y, al mismo tiempo dejan de hablar de lucha contra el cambio climático para hacerlo de seguridad energética.


—¿Habrá apagón este verano?


—Si. Y, si no, en invierno.


—¿A España le afectará?


—Si Red Eléctrica hace bien su trabajo, no. España está poco interconectada y si se corta en los Pirineos se podría parar. Pero eso podría crear más inestabilidad en el norte.


—¿Nos van a dejar?


—Ya veremos.


—Lo digo por las medidas del plan europeo de abastecer al norte con los países bien abastecidos, nosotros.


—El plan RepowerEU, que considera necesario acabar con toda la dependencia de los hidrocarburos rusos, dice que si ellos racionan, nosotros tendremos que racionar también y darles nuestro excedente.


—¿Llenar toda la cordillera cantábrica de aerogeneradores puede paliar el problema?


—No pueden hacerlo porque no tienen materiales. Además, la energía producida no se podrá meter en la red, con lo que tendrán que poner fábricas de hidrógeno. Van a intentarlo, gastarse una millonada y construirán la cuarta parte de lo que tienen pensado antes de que todo se vaya a la mierda. Mientras, destrozarán la montaña. La UE reconoce que no tiene suficiente capacidad renovable como para producir hidrógeno. España tendría que multiplicar por 25 su producción actual de electricidad con medios renovables, lo cual es imposible, no se puede hacer de ninguna manera. ¿Y estamos hablando de exportar fuera? Pues nos vamos a quedar a dos velas.


—De eso hablas en el artículo sobre colonialismo energético.


—Exactamente.


—¿Qué nos darán a cambio de convertirnos en colonia?


—Esa no es la pregunta. La pregunta es a quién se lo van a dar. A ti y a mí, desde luego que no.

viernes, 1 de julio de 2022

Ruptura global

En este mundo totalmente sujeto a intercambios de materias primas y bienes de todo tipo, nadie es autosuficiente. La ruptura global provocada por el choque entre distintos órdenes económicos desequilibra completamente los flujos. Cuando el gran poder norteamericano impuso el dólar como referencia obligada al comercio mundial, la emisión incontrolada de esta moneda (incontrolada por los demás. no por el emisor) constituyó la herramienta de pagos sin garantía real que permitió a los Estados Unidos exportar su enorme déficit al resto del mundo.

Por otra parte, el libre comercio a escala mundial, con la circulación incontrolada de capitales, ha desindustrializado sectores clave de los países desarrollados, trasladando la producción a otros "más baratos". El intercambio desigual les ha permitido mantener cierta prosperidad, a costa del empobrecimiento del resto del mundo, y en definitiva, del mundo entero.

Pero la economía real, basada en la producción de bienes tangibles, no puede ser sustituida eternamente por la especulación financiera.

La diferencia entre esta nueva Guerra Fría y la anterior está en que la enorme superioridad estadounidense sobre el resto de las economías mundiales está desapareciendo. El ascenso de China es hoy la principal preocupación de "Occidente".

Observad atentamente los acuerdos estratégicos de esta última cumbre de la OTAN. Fijaos incluso, con la mosca tras la oreja, en el aire de fiesta fraternal entre grandes amigos que se le ha querido dar. Huele a chamusquina.

España puso la mesa. Europa paga la vajilla.

Entrevista publicada el 19 de junio en Observatorio de la crisis















La inminente ruptura global provocada por el choque entre distintos órdenes económicos

«El costo de las sanciones europeas contra el petróleo y los productos alimenticios rusos, en beneficio de los proveedores de gas de EE UU amenaza con crear una oposición europea a la estrategia global unipolar de EE UU. Es probable que se desarrolle un nuevo movimiento del tipo yankee go home».

En esta importante entrevista a Michael Hudson, el economista estadounidense nos ofrece su visión de los gran conflicto que enfrenta hoy día todo el mundo.

 

Profesor Hudson, en su nuevo libro «El destino de la civilización», usted habla de un conflicto ideológico y material entre países financiarizados y desindustrializados como Estados Unidos con las economías mixtas de China y Rusia. ¿En qué consiste este conflicto y por qué el mundo en este momento está en un “punto de fractura”, como dice su libro?

La globalización actual está dividiendo al mundo entre dos filosofías económicas diferentes: en los EEUU / OTAN / Occidente, el capitalismo financiero está desindustrializando las economías y ha desplazado la industria manufacturera hacia el liderazgo euroasiático, especialmente China, India y otros países, junto con Rusia, que suministra productos básicos. materias primas y armas.

Estos países son una extensión básica del capitalismo industrial que está evolucionando hacia el socialismo, es decir, hacia una economía mixta con fuertes inversiones gubernamentales en infraestructura para brindar educación, salud, transporte y otras necesidades básicas, tratándolos como servicios públicos con servicios públicos subsidiados o gratuitos.

En el occidente neoliberal de los Estados Unidos y la OTAN, sin embargo, estas infraestructuras básicas se privatizan para extraer rentas.

El resultado es que EEUU / OTAN / Occidente ha seguido siendo una economía de alto costo, con gastos de vivienda, educación y salud cada vez más financiados por deuda, dejando cada vez menos ingresos personales y comerciales para invertir en nuevos medios de producción (formación de capital).

Esto plantea un problema existencial para el capitalismo financiero occidental: ¿cómo puede mantener el nivel de vida frente a su desindustrialización, a la deflación de la deuda y a la búsqueda permanente de rentas financiarizadas que empobrecen al 99% para enriquecer al 1%?

El principal objetivo de Estados Unidos es evitar que Europa y Japón acrecienten sus lazos comerciales y de inversión con Eurasia y la Organización de Cooperación de Shanghái (SCO). EE UU requiere mantener a Europa y Japón como economías satélites, los diplomáticos estadounidenses están construyendo un muro económico de sanciones para bloquear el comercio entre Oriente y Occidente.

Durante muchas décadas, la diplomacia estadounidense se ha entrometido en la política interna europea y japonesa, favoreciendo a funcionarios neoliberales al frente de los gobiernos. Estos funcionarios sienten que su destino (y también su fortuna política personal) está estrechamente ligado al liderazgo estadounidense. Mientras tanto, la política europea se ha convertido básicamente en la política de una OTAN, dirigida por Estados Unidos.

El problema para EE UU es cómo mantener al Sur global –América Latina, África y muchos países asiáticos– en su órbita. Las sanciones contra Rusia tienen el efecto de dañar la balanza comercial de estos países, aumentando drásticamente los precios del petróleo, el gas y los productos alimenticios (así como muchos metales) que tienen que importar.

Mientras tanto, el aumento de las tasas de interés de EE UU está atrayendo ahorros financieros y préstamos bancarios a valores denominados en dólares. Esto ha provocado que el tipo de cambio del dólar suba, lo que dificulta mucho más que los países de la OCS y el Sur global paguen el servicio de la deuda en dólares que vence este año.

Esto obliga a estos países a elegir: quedarse sin energía y alimentos para pagar a los acreedores extranjeros –anteponiendo así los intereses financieros internacionales a su supervivencia económica interna– o dejar de pagar la deuda, como sucedió en la década de 1980 después que México anunciara en 1982 que era incapaz de pagar a los tenedores de bonos extranjeros.


¿Cómo ve la guerra actual en Ucrania? ¿Qué consecuencias económicas prevé?

Rusia ha asegurado el este de Ucrania de habla rusa y la costa sur del Mar Negro. La OTAN continuará «provocando al oso» con sabotajes y nuevos ataques, especialmente por parte de combatientes polacos.

Los países de la OTAN enviaron sus armas obsoletas a Ucrania y ahora tienen que gastar sumas inmensas para modernizar su equipo militar. Los pagos al complejo militar-industrial de EE UU ejercerán una presión a la baja sobre el euro y la libra esterlina, además de unos crecientes déficits de energía y alimentos. Por lo tanto, el euro y la libra se encaminan hacia la paridad con el dólar estadounidense. El euro está casi allí (alrededor de $ 1,07). Esto significa un fuerte aumento de la inflación en Europa.


He leído y escuchado información contradictoria sobre las nuevas sanciones. Algunos expertos, tanto en el Este como en el Oeste, creen que esto dañará a la economía de la Federación Rusa. Otros expertos tienden a creer que serán contraproducentes o tendrán un gran efecto boomerang en los países occidentales.

La política estadounidense es luchar contra China, con la esperanza de separar las regiones occidentales de los uigures y dividir China en estados más pequeños. Con este fin, es necesario eliminar el apoyo militar y de productos básicos de Rusia a China y, a su debido tiempo, dividir a Rusia en varios estados pequeños (grandes ciudades en la zona occidental, otros países en el norte de Siberia, un flanco sur, etc.).

Las sanciones se impusieron con la esperanza de hacer que las condiciones de vida de los rusos fueran tan duras como para empujarlos a cambiar su régimen. El ataque de la OTAN contra Ucrania fue diseñado para vaciar militarmente a Rusia.

El efecto fue aumentar el apoyo ruso a Putin, justo lo contrario de lo que se pretendía. Hay una creciente desilusión con Occidente, después que los rusos vieron lo que los Harvard Boys le hicieron a Rusia durante el gobierno de Yeltsin. Los Harvard Boys lograron crear una clase cleptocrática con las privatizaciones de servicios públicos y la CIA financió los conflictos bélicos en Georgia y Chechenia.


¿Está haciendo Rusia un giro hacia el este en lugar de hacia el oeste?

El efecto de las sanciones de EE UU y la obstrucción militar a Rusia ha sido, por lo tanto, imponer una cortina de hierro política y económica. Esta política tiene como objetivo obligar a Europa a depender de EE UU, al tiempo que ha empujado a Rusia a unirse a China.

Hoy, el costo de las sanciones europeas contra el petróleo y los productos alimenticios rusos, en beneficio de los proveedores de gas LNG de EE UU y de sus exportaciones agrícolas, amenaza con crear una oposición europea a la estrategia global unipolar de EE UU. Es probable que se desarrolle un nuevo movimiento “yankee go home”.

Para Europa, sin embargo, el daño ya está hecho y es probable que ni Rusia ni China confíen en que los funcionarios de la Unión Europea puedan resistir la corrupción y la presión personal ejercida por la interferencia estadounidense.


El nuevo ministro de Economía alemán, Robert Habeck del Partido Verde, habla de activar la «emergencia por gas» y pide petróleo a los Emiratos (este «acuerdo» parece haber fracasado ya, según las noticias). Al final estamos comprobando la enorme dependencia de Berlín y Bruselas de los recursos energéticos rusos. ¿Cómo acabará todo esto?

De hecho, los funcionarios estadounidenses han pedido a Alemania que cometa un suicidio económico y provoque una depresión, un aumento de los precios al consumidor y un nivel de vida más bajo. Las empresas químicas alemanas ya han comenzado a cerrar la producción de fertilizantes, ya que Alemania al aceptar las sanciones no debería comprar gas ruso, la materia prima de la mayoría de los fertilizantes). Y las empresas automotrices alemanas, también, están sufriendo cortes de suministro.

Estas deficiencias económicas europeas son una gran ayuda para los EE UU, que está obteniendo enormes beneficios del petróleo más caro (que está controlado en gran medida por empresas estadounidenses, seguidas por las empresas petroleras británicas y francesas). El suministro de armas que Europa ha donado a Ucrania también es una bendición para el complejo militar-industrial de Estados Unidos, cuyas ganancias están aumentando.

Pero Estados Unidos no está reciclando estas ganancias económicas a Europa, que parece ser la gran perdedora.

Los productores de petróleo árabes ya han rechazado las demandas estadounidenses de extraer más petróleo para que cueste menos. Se espera que los árabes del golfo sean los primeros en beneficiarse de la agresión planificada por la OTAN en Ucrania.

Parece muy poco probable que Alemania permita hacer funcionar el gasoducto Nord Stream 2. La confianza mutua ha fracasado. Y Rusia teme que el pago por el gas y el petróleo se haga en los bancos europeos tras el robo de 300.000 millones de dólares de sus reservas de divisas. Europa ya no es económicamente segura para Rusia.


La pregunta es cuándo Rusia dejará de abastecer a Europa.

Parece que Europa se está convirtiendo en un apéndice de la economía de los EE UU, de hecho, está soportando la carga fiscal de esta Guerra Fría 2.0. Se ha llegado a un extremo de dependencia política de Washington. Un poco en broma y un poco en serio muchos piensan que la solución lógica es que Europa se integre a los Estados Unidos, renunciando a sus estados soberanos, pero obteniendo a lo menos algunos parlamentarios europeos en el Senado y la Cámara de Representantes.


¿Qué papel juegan en la nueva guerra fría el capitalismo financiero neoliberal en la actual guerra entre Rusia y Ucrania?

La guerra de EE UU y la OTAN en Ucrania es la primera batalla en lo que parece ser un intento de 20 años de dominio del dólar occidental en Eurasia y el Sur global. Los políticos estadounidenses prometen mantener la guerra en Ucrania indefinidamente, con la esperanza de que se convierta en el «nuevo Afganistán» para Rusia.

Pero, esta táctica ahora parece amenazar con convertirse en “un nuevo Afganistán” de Estados Unidos. Es una guerra de poder, su propósito es asegurar la dependencia de Europa de los Estados Unidos con una oligarquía cliente y, con el euro como moneda satélite del dólar.

La diplomacia estadounidense ha tratado de noquear a Rusia de tres formas principales. Primero, aislándola financieramente excluyéndolo del sistema de compensación bancaria SWIFT. Rusia respondió cambiando sin problemas al sistema de compensación bancaria de China.

La segunda táctica fue apoderarse de los depósitos y valores financieros rusos en bancos estadounidenses. Rusia respondió recobrando las inversiones estadounidenses y europeas en Rusia. Lo hizo a bajo costo porque Occidente abandonó estas actividades comerciales.

La tercera táctica fue evitar que los miembros de la OTAN comercien con Rusia. El efecto fue que las importaciones rusas desde Occidente disminuyeron, mientras que las exportaciones de petróleo, gas y alimentos aumentaron. Esto provocó que el tipo de cambio del rublo aumentará en lugar de dañar a esta moneda.

Mientras las sanciones bloquean las importaciones rusas de Occidente, el presidente Putin ha anunciado que su gobierno invertirá en la sustitución de importaciones. El efecto será una pérdida permanente de los mercados rusos para los proveedores y exportadores europeos.

Entretanto, los aranceles de Trump sobre las exportaciones europeas a los Estados Unidos siguen vigentes, lo que deja a la industria europea con oportunidades comerciales cada vez más reducidas. El Banco Central Europeo podría seguir comprando acciones y bonos europeos para proteger la riqueza en un 1%, pero lo que seguramente hará en breve será recortar el gasto social interno para respetar el límite del 3% de déficit presupuestario que se ha impuesto la eurozona.

Por lo tanto, a medio y largo plazo, las sanciones de EE UU y la OTAN están dirigidas principalmente a Europa. Y los europeos ni siquiera parecen darse cuenta de que son las primeras víctimas de esta nueva guerra económica estadounidense por la energía, los alimentos y las finanzas.


En Alemania, detener el proyecto energético Nord Stream II sigue siendo un tema político importante. En un reciente artículo escribió: “Ahora está claro que la escalada de la nueva guerra fría fue planeada hace más de un año. El plan de Estados Unidos para bloquear Nord Stream 2 era en realidad parte de su estrategia para evitar que Europa Occidental encontrara cierta prosperidad a través del comercio y la inversión con China y Rusia». ¿Puedes explicar esto a nuestros lectores?

Lo que usted llama el «bloqueo de Nord Stream 2» es en realidad una política destinada a favorecer los productos estadounidenses. Washington convenció a Europa para que no compre al precio más bajo, sino que pague hasta siete veces más por el gas de los proveedores estadounidenses. También los europeos gastarán, a lo menos, 5.000 millones de dólares para expandir su capacidad portuaria para recibir este gas, que no estará disponible hasta dentro de un año.

Esto amenaza con un interregno muy incómodo para Alemania y otros países europeos. En esencia, los gobiernos nacionales europeos ahora están subordinados a la OTAN, cuyas políticas están a cargo de Washington.

El precio que pagará Europa, es la caída del tipo de cambio frente al dólar estadounidense. Es probable que los inversores europeos transfieran sus ahorros e inversiones de Europa a los Estados Unidos para maximizar las ganancias de capital y simplemente evitar la caída de los precios de sus acciones y bonos medidos en dólares.


Echemos un vistazo a Alemania. En mayo, el parlamento alemán aprobó la posibilidad de expropiar a las empresas energéticas. Sin embargo, la ley aún no ha sido aprobada por la cámara alta, pero podría aplicarse por primera expropiando a la empresa de petróleo PCK que es propiedad de la empresa estatal rusa Rosneft.

Parece que Europa y Estados Unidos confiscarán las inversiones rusas en sus países y venderán (o harán que Rusia confisque) las inversiones de la OTAN en Rusia. Esto significa un desacople de la economía rusa de Occidente y un vínculo más estrecho con China, que parece ser la próxima economía sancionada por la OTAN, ya que esta última se convertirá en una Organización del Tratado del Pacífico Oriental que involucrará a Europa en los conflictos del Mar de China.

Me sorprendería que Rusia reanude la venta normal de petróleo y gas a Europa sin que se le reembolse lo que Europa (y Estados Unidos) se han apoderado. Esta crisis energética debería ayudar a Europa a presionar a Estados Unidos para que devuelva los 300.000 millones de dólares en reservas de divisas que ha incautado.

Pero, incluso después de un acuerdo de “devolución y compensación”, es poco probable que se reanude el comercio. Ha habido un cambio de fase, un cambio de conciencia acerca de cómo el mundo se está dividiendo bajo las agresiones económicas de EE UU tanto a sus aliados como a sus adversarios.


El socialismo es un tema importante en su nuevo libro. ¿Cuál es su opinión sobre las medidas que ahora adopta un país capitalista como Alemania?

Hace un siglo se pensaba que la «etapa final» del capitalismo industrial era el socialismo. Había diferentes tipos de socialismo: socialismo de estado, socialismo marxista, socialismo cristiano, socialismo anarquista, socialismo libertario. Pero lo que sucedió después de la Primera Guerra Mundial fue la antítesis del socialismo. Era el capitalismo financiero y un capitalismo financiero militarizado.

El denominador común de todas las políticas sociales, de derecha a izquierda del espectro político, fue el fortalecimiento del gasto público en infraestructura. La transición al socialismo estuvo impulsada, sin proponérselo (en Estados Unidos y Alemania) por el propio capitalismo industrial, que buscaba minimizar el costo de vida (y por ende el salario básico) y el costo de la actividad económica a través de la inversión estatal en infraestructura básica, cuyos servicios debían proporcionarse gratuitamente o, al menos, a precios subvencionados.

Este objetivo habría evitado que los servicios básicos se convirtieran en oportunidades de renta monopólica. La antítesis era la doctrina neoliberal de privatización de la Thatcher. Los gobiernos cedieron servicios públicos a inversores privados. Las empresas fueron compradas a crédito, agregando intereses y otros cargos financieros a las utilidades y a los pagos.

El resultado ha sido transformar la Europa y a los Estados Unidos en economías neoliberales de alto costo, incapaces de competir en precios de producción con países que persiguen políticas socialistas en lugar del neoliberalismo financiarizado. Este contraste entre los sistemas económicos es la clave para entender la brecha global actual.


Especialmente el petróleo y el gas rusos están en el centro de atención en este momento. Moscú sólo exige pagos en rublos y está ampliando su abanico de compradores con China, India y otras naciones. Pero parece que los compradores occidentales aún pueden pagar en euros o dólares. ¿Cuál es su opinión sobre esta guerra de recursos en curso? El rublo parece ser el ganador.

El rublo ciertamente está subiendo. Pero eso no convierte a Rusia en «ganador» si su economía se ve afectada por las sanciones que bloquean las importaciones necesarias para que sus cadenas de suministro funcionen correctamente.

Rusia tendrá éxito si es capaz de organizar un programa de sustitución de las importaciones industriales y recrear la infraestructura pública para reemplazar las que fueron privatizadas bajo la dirección de los Estados Unidos por los Harvard Boys en la década de 1990.


¿Veremos el fin del petrodólar y el surgimiento de una nueva arquitectura financiera, acompañada por el fortalecimiento de los BRICS y la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS)?

Todavía habrá petrodólares, pero también una serie de bloques de áreas monetarias. Será un proceso en que el mundo se desdolariza mediante acuerdos internacionales que incluirán instituciones para el comercio y la inversión. A fines de mayo, el canciller Lavrov dijo que Arabia Saudita y Argentina quieren unirse a los BRICS. Como señaló recientemente Pepe Escobar, BRICS+ podría expandirse para incluir MERCOSUR y la Comunidad de Desarrollo de Sudáfrica (SADC).

Es probable que estos acuerdos requieran una alternativa no estadounidense al FMI para crear crédito y proporcionar un vehículo para las reservas oficiales de divisas a los países no pertenecientes a la OTAN. El FMI aún sobrevivirá, pero ya no podrá imponer la austeridad en los países satélites de EE UU, mientras subsidia la fuga de capitales de los países del Sur global y crea mecanismos para financiar el gasto militar de EE UU. en el extranjero.

El verano de 2022 puede llegar a ser un momento importante. Los países del Sur global experimentarán una crisis de sus balanzas de pagos debido al aumento del petróleo y de los alimentos y al aumento de las deudas en dólares. El FMI podría ofrecerles nuevos DEG (Derechos especiales de giro) para pagar a los tenedores de bonos en dólares y para mantener la ilusión de solvencia.

Pero los países de la OCS pueden ofrecer petróleo y alimentos; entonces, los países podrían garantizar pagar las deudas en otras monedas pero, repudiando estas deudas en dólares con Occidente.


En una reciente entrevista sobre Ucrania y Rusia usted afirma: “La guerra no es contra Rusia. La guerra no es a favor de Ucrania. La guerra es contra Europa y Alemania”. ¿Podría explicar este punto?

Como expliqué anteriormente, las sanciones comerciales y financieras de EE UU están obligando a Alemania a depender de las exportaciones de GNL (gas licuado) de EE UU. y de la compra de armas estadounidenses para transformar a la OTAN en una autoridad de facto en Europa.

El efecto es destruir cualquier esperanza europea de ganancias mutuas en el comercio y la inversión con Rusia. Europa se está convirtiendo en un socio menor (muy menor) en estas nuevas relaciones comerciales con unos Estados Unidos, cada vez más proteccionistas.


El verdadero problema para Estados Unidos parece ser este: «Si no se puede crear en casa la única forma de mantener la prosperidad es obtenerla del exterior». ¿Cuál es la estrategia de Washington?

Mi libro Superimperialismo explica cómo, en los últimos 50 años (desde que Estados Unidos abandonó el oro en agosto de 1971) el estándar de los bonos del Tesoro de Estados Unidos le ha dado a Estados Unidos “comidas gratis” a expensas del exterior.

Los bancos centrales extranjeros han facilitado el déficit de la balanza de pagos de EE UU con la compra de bonos del Tesoro. Esta política financiera permitió a Estados Unidos tener recursos para mantener sus 800 bases militares en Eurasia sin tener que depreciar el dólar ni gravar a sus ciudadanos. El costo fue asumido por los países cuyos bancos centrales acumularon bonos en dólares al Tesoro de los Estados Unidos.

Pero ahora, que se ha vuelto peligroso para los países mantener depósitos bancarios o bonos del Tesoro norteamericano o inversiones denominados en dólares estadounidenses, ¿cómo puede Estados Unidos seguir teniendo “comidas gratis?

De hecho, ¿cómo puede importar materiales básicos de Rusia para las cadenas de suministro industrial y económicas que se ha visto interrumpida por las sanciones?

Este es el desafío más candente para la política exterior de Estados Unidos. De una forma u otra, pretende gravar a Europa y convertir a otros países en satélites económicos. La explotación puede no ser tan flagrante como la apropiación (robo) estadounidense de las reservas venezolanas, afganas y rusas, es un ejemplo que produce una profunda desconfianza en todos los países.

Es probable que la autosuficiencia estadounidense pretenda obligar a otros países a depender económicamente de Estados Unidos, de modo que este último pueda amenazar con sanciones si los países del Sur Global intentan anteponer sus intereses nacionales a lo que los estadounidenses quieren que hagan.


¿Cómo afectará esto a la balanza de pagos de Europa Occidental y por tanto al tipo de cambio del euro frente al dólar? ¿Y por qué cree que la Unión Europea va camino de convertirse en un nueva “¿Panamá, Puerto Rico y Liberia”?

El euro ya es una moneda satélite de los Estados Unidos. Sus países miembros son incapaces de gestionar los déficits presupuestarios internos para hacer frente a la inminente depresión inflacionaria resultante de las sanciones patrocinadas por Estados Unidos y la ruptura global resultante.

La dependencia militar está resultando ser la clave. Este es un «costo compartido» impuesto por los EE UU. para su Guerra Fría 2.0. Este reparto de costes es lo que ha llevado a los diplomáticos estadounidenses a darse cuenta de que necesitan controlar la política interna europea para evitar que las poblaciones y las empresas actúen en su propio interés. La crisis económica europea es un «daño colateral» de la actual Nueva Guerra Fría.


A mediados de marzo, el filósofo suizo Tove Soiland criticó a la izquierda internacional por su comportamiento actual respecto a la crisis ucraniana y la gestión del Covid. La izquierda, dijo, está demasiado a favor de gobiernos/estados autoritarios, copiando así los métodos de los partidos tradicionales de derecha. ¿Compartes este punto de vista?

El Departamento de Estado y la CIA se concentraron en hacerse con el control de los partidos socialdemócratas y laboristas de Europa, prediciendo que la gran amenaza para el capitalismo financiero de Estados Unidos sería el socialismo. Esto ha incluido a los partidos «verdes», hasta el punto que su afirmación de oponerse al calentamiento global ha resultado hipócrita a la luz de la enorme huella de carbono y la contaminación de la guerra militar de la OTAN en Ucrania y los ejercicios aéreos y navales relacionados. ¡No se puede estar a favor del medio ambiente y de la guerra al mismo tiempo!

Esto ha hecho que los partidos nacionalistas de derecha estén menos influenciados por la intromisión política de Estados Unidos. De ahí viene la oposición a la OTAN, como en Francia y Hungría.

Y en los propios Estados Unidos, los únicos votos en contra de la nueva contribución de 30.000 millones de dólares al gasto militar contra Rusia provinieron de los republicanos. Todo el «equipo de izquierda» del Partido Demócrata votó a favor de los gastos de guerra.

Los partidos socialdemócratas son básicamente partidos burgueses cuyos seguidores esperan ingresar a la clase rentista, o al menos convertirse en pequeños inversionistas en acciones y bonos. Este es la consecuencia del neoliberalismo liderado por Tony Blair en Gran Bretaña y los “socialistas” en otros países. Enfrento esta alineación política en The Destiny of Civilization.

Los propagandistas estadounidenses llaman «autocráticos» a los gobiernos que mantienen monopolios naturales como los servicios públicos. Ser «democrático» significa dejar que las corporaciones estadounidenses controlen estos servicios públicos, dejar «libre de la regulación gubernamental y los impuestos» al capital financiero. Así que, «izquierda» y «derecha», «democracia» y «autocracia» se han convertido en un vocabulario orwelliano en un lenguaje fomentado por la oligarquía estadounidense.


¿Será la guerra de Ucrania un referente para mostrar un nuevo mapa geopolítico del mundo? ¿O está en ascenso el Nuevo Orden Mundial neoliberal?

El mundo se está dividiendo en dos partes. El conflicto no es solo nacional, sino que es un conflicto de sistemas económicos: capitalismo financiero depredador contra socialismo industrial que apunta a la autosuficiencia de Eurasia y la OCS.

Los países no alineados no pudieron «ir solos» en la década de 1970 porque no tenían una masa crítica para producir alimentos, energía y materias primas de forma independiente. Pero ahora que EE UU ha desindustrializado su economía (y subcontratando la fabricación a Asia) estos países tienen la opción de no seguir dependiendo de la diplomacia del dólar estadounidense.