jueves, 20 de noviembre de 2014

El cambio climático y su impacto en el bienestar

Ya hacía tiempo que se había publicado aquel informe del Club de Roma, cuando en 1981 Miguel Ríos, en su canción "Llega el año 2.000" (y aún faltaba bastante) decía:

"Este es el tiempo del cambio,
el futuro se puede tocar.
Nacen cronistas, brujos y sabios
y alucinan con lo que vendrá.

Dicen que el fin del milenio
aumentará el mogollón.
Si no ponemos remedio hoy,
tendremos hambre, palo y polución.

Esta es la era de Mister Chip,
micro ordenador de tu porvenir,
que por lo pronto te quita el curro
además de ser tu ficha sin fin.

Alguien dicta su sentencia,
diciéndote que es por tu bien,
y entre el consumo y la represión
la violencia nos agobiará.

Año dos mil,
llega el año dos mil
y el milenio traerá
un mundo feliz,
un lugar de terror,
simplemente no habrá
vida en el planeta,
vida en nuestra tierra.

Me hacen sentirme pequeño aquí,
impotente y sin salvación.
Y sé que pensar en un orden nuestro
es utópico y de ciencia ficción.

Pero hay que cambiar el sistema,
entramos en la cuenta atrás,
si no ponemos remedio
el ser humano nunca vencerá..."

Mister Chip estaba aún en mantillas, pero lo que pasa ahora ya se veía venir.

Pues el año 2.000 ya llegó y pasó de largo, y ahora al tema se añade el calentamiento global, del que entonces se sabía menos. Pero la cuestión sigue siendo la misma: "Hay que cambiar el sistema".

Y hay otro problema más, que seguramente hará más difícil aún la solución si no nos tomamos en serio que "estamos en la cuenta atrás" y que ya corre prisa: el agotamieno de los recursos, empezando por la energía. Que ya había sido observado mucho antes.. ¿Habrá medios para poner en práctica el ambicioso plan que esboza el profesor Navarro? Para hacer el esfuerzo necesario, debemos creer que .

 
Este artículo señala las consecuencias que el irreversible cambio climático tendrá en los sistemas económicos y políticos dominantes en el mundo occidental.

Publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” del diario PÚBLICO, 13 de noviembre de 2014.


http://www.vnavarro.org

Uno de los fenómenos que definirá con mayor intensidad el siglo XXI será el impacto que los cambios irreversibles del clima tendrán en el bienestar de las poblaciones (y muy en particular de las poblaciones urbanas). Frente a esta realidad es urgente subrayar que:
1. Tales cambios no son solo amenazantes para el futuro, sino que los estamos sufriendo ya ahora mismo, afectándonos no solo a medio y largo plazo, sino en este momento.

2. Es obvio que las sociedades, tanto las más desarrolladas económicamente como las menos desarrolladas, no están preparadas para responder a dicha amenaza.

3. Tales cambios climáticos exigirán (y ya están exigiendo) transformaciones muy sustanciales en nuestras sociedades, que significarán cambios en la manera como están organizadas y gobernadas. Dichas modificaciones significarán una reflexión colectiva sobre el tipo de sociedad en el que deseamos vivir. Ello implicará una lucha de intereses que se asemejará y multiplicará las luchas generadas para resolver las crisis económicas y financieras actuales.

4. El sistema económico vigente en la mayoría de países desarrollados y en vías de desarrollo, caracterizado por el sistema de propiedad privada de los mayores medios de producción, distribución y financiación está dificultando la respuesta necesaria para responder a la amenaza que representa el cambio climático, requiriéndose un cambio sustancial en las relaciones de poder derivadas de este sistema económico y de su gobernanza económica y política. Para prevenir la agudización del problema, así como para alcanzar la reducción del daño, y conseguir su adaptación a los cambios climáticos, se requerirá una democratización de dicha gobernanza, con cambios en los tipos de producción, consumo y distribución.

5. Estos cambios exigirán una transformación también en los partidos políticos y movimientos sociales –como los sindicatos- comprometidos con el bienestar de las clases populares, que serán los grupos sociales probablemente más afectados negativamente por estos cambios climáticos irreversibles.

6. Las áreas de mayor conflicto serán las que se centren en los cambios en los sistemas de producción, consumo y distribución de recursos. La enorme concentración de recursos (incluido de capital y de renta) en manos privadas es incompatible con el proyecto reformador de protección de las clases populares frente a los daños climáticos.

7. Tales cambios no significan necesariamente una disminución de la actividad económica, sino un cambio sustancial de dicha actividad, con una considerable redistribución del tiempo de trabajo y un cambio de los tipos de producción y consumo.

8. En el mundo hay un enorme déficit de actividades que se requieren para desarrollar el enorme potencial de los seres humanos, actividades que pueden o no ser remuneradas. No puede aceptarse el principio de que deben dejarse, sin cubrir, las necesidades de desarrollo humano a fin a proteger a las poblaciones de los cambios climáticos. La creatividad humana ha mostrado históricamente que puede desarrollar una compatibilidad entre recursos y necesidades humanas, sin afectar negativamente al clima.

9. No se puede aceptar que algunas poblaciones y algunos trabajadores tengan que llevar la carga de prevenir el deterioro climático mediante marginación o desempleo. Los cambios necesarios tienen que ir juntos, y decidirse democráticamente. En realidad, la corrección del cambio climático y la preparación de las sociedades frente a esta amenaza requerirán una gran cantidad de empleo y actividad económica, incluso después de la necesaria distribución del tiempo de trabajo y del tipo de trabajo.

10. El establecimiento de una sociedad sostenible significa una expansión de actividades económicas existentes, como más y mejor transporte público, el rediseño y mantenimiento de formas de energías renovables (habidas y por haber), el mantenimiento y rediseño de las viviendas, la creación de nuevas formas de utilización de energías no contaminantes, la reducción del CO2 y otros productos contaminantes, el rediseño de los puestos de trabajo para que sean menos estresantes y más satisfactorios, y otras actividades.

11. Todas las formas de regulación de los cambios para reducir el cambio climático que se han basado en el mercado han fracasado estrepitosamente. La prevención de la contaminación a base de la compra y venta de los derechos de contaminación ha sido un enorme desastre (y no hay otra manera de definirlo). Ninguno de los principales avances conseguidos en la historia reciente de la humanidad se ha basado en mecanismos mercantiles. El desarrollo de derechos políticos, sociales y laborales (con conquistas para los movimientos obreros, feministas o ecológicos) se ha conseguido históricamente como resultado de acciones políticas e intervenciones públicas.

12. Como consecuencia, se requiere que, de forma urgente e inmediata, se establezca una amplia alianza de fuerzas políticas, sociales y sindicales para alcanzar la necesaria democratización de las instituciones políticas, que abarcan desde las instituciones representativas a las de participación masiva y directa, que relacione todas las problemáticas que tienen una causa común, cuestionando un sistema económico, político y social que antepone los intereses de acumulación de la riqueza y de las rentas a la satisfacción de los derechos humanos, de los cuales la pervivencia en un mundo mejor es primordial.
(Estas notas están basadas –aunque modificadas y/o expandidas- en las notas presentadas por Asbjørn Wahl, asesor de la Norwegian Union of Municipal and General Employees, debatidas en la reunión del Left Labor Project, en la ciudad de Nueva York, 18.09.14).

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