domingo, 11 de enero de 2026

¡Peligro: precipicio!

Del cuaderno de notas de Jorge Riechmann copio dos pinceladas, dos brochazos en plena cara para hacernos despertar.

La primera constata la apología de la razón de la fuerza y el desprecio hacia la menguada fuerza de la razón que se encarna en la figura de Donald Trump. Él no necesita, como Groucho, engañarnos con otros principios si no nos gustan los suyos. Recordemos el "quien pueda hacer que haga" de otro famoso sociópata que no se refería precisamente a "hacer el bien".

La santificación de la ley de la selva sigue una serie de pasos que llevan desde la justificación creíble basada en argumentos convincentes hasta la falaz que con argumentos falsos justifica lo injustificable. Después ya no importa que los argumentos sean increíbles. Por último, ¿para qué argumentar?

Las primeras etapas del proceso se dirigen a una sociedad a la que hay que engañar, porque opone resistencia seria. Cuando ya no hay que ocultar nada es porque se considera que la sociedad está vencida, o peor aún, que está lo suficientemente corrompida como para aceptar esta moral de canallas.

Es peligrosísimo que aceptemos como natural el argumento supremo de la fuerza como único derecho, porque anula la resistencia siempre posible y nos deja inermes a los pies de los caballos.

El fascismo sin careta está aquí. Que nadie se sienta seguro.

El último emperador


















La otra nota toma como punto de partida la polémica surgida tras la publicación de La vida cañón, un libro de Analía Plaza que en cierto modo culpabiliza a los menos jóvenes de la precariedad de los más jóvenes.

La nota de Jorge Riechmann culpabiliza a la anterior generación; pero no por esa "vida cañón" excluyente que los propagandistas del capitalismo traen al primer plano para dividir a sus víctimas, sino por el error cometido en el referéndum que nos encadenó la OTAN, cuando el PSOE "renovado" traicionaba sus anteriores proclamas e imponía sus políticas neoliberales.

Con un recuerdo al añorado Julio Anguita, entonces tachado de loco quijotesco y alabado, como tantos otros, cuando ya no era peligroso.

Siguen las dos notas:

9 de enero de 2026

Si algo han ido revelando los inenarrables meses de la segunda presidencia de Trump es la facilidad con que sociedades enteras, igual que individuos tomados de uno en uno, se dejan caer a lo peor de sí mismas.[1]

Si cada uno de los seres despreciables en que nos vamos convirtiendo tuviese que explicarle a su madre cómo se ha llegado a esto, ¿soportaríamos tanta miseria moral?

“Se veía venir”, decimos a veces. Pero si se veía venir el horror, es porque en realidad ya estaba ahí. Y nuestra falta fue apartar la mirada, y no combatir ese horror cuando aún era posible hacerlo.[2]

A las nuevas anormalidades se suman las nuevas subnormalidades y las nuevas normopatías, mientras seguimos cayendo, cayendo, cayendo… Pero a estas alturas (o más bien bajuras) deberíamos saberlo: debajo de cada círculo del infierno todavía se encuentra otro peor.

El mal empieza, y también acaba, en la crueldad.

__________

[1] Resumo (con la ayuda de Brenda Estefan) los principales puntos de la entrevista con Trump que el The New York Times ha publicado el 8 de enero de 2026, pocos días después del ataque militar contra Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa: 

  • Trump afirma que su poder como comandante en jefe está limitado únicamente por “su propia moral” y “su propia mente”.
  • Desestima el derecho internacional como un freno real: dice que no lo necesita y que él decide cuándo se aplica.
  • Sostiene que la fuerza nacional —y no las leyes, tratados o convenciones— debe ser el factor decisivo entre potencias.
  • Afirma que la OTAN es esencialmente inútil sin Estados Unidos y admite que podría tener que elegir entre preservar la alianza u obtener Groenlandia.
  • Califica las normas del orden posterior a la Segunda Guerra Mundial como cargas innecesarias para una superpotencia.
  • Deja claro que, en su visión, el poder de Estados Unidos es el factor determinante y que presidentes estadunidenses anteriores fueron demasiado cautelosos para utilizarlo con fines políticos o económicos.
  • Defiende la “propiedad” territorial —en particular sobre Groenlandia— como psicológicamente necesaria para el éxito, y sostiene que ofrece ventajas que no se obtienen mediante arrendamientos, tratados o la simple firma de documentos.
  • La conversación deja claro que, para Trump, la soberanía y las fronteras nacionales son secundarias frente al “papel de EE.UU. como protector de Occidente”. Entrevista:
Trump lays out a vision of power restrained only by ‘my own morality’The New York Times, el 8 de enero de 2026;

[2] En el caso de Trump: ¿cómo explicar que no fuese juzgado y encarcelado después del asalto al Capitolio, el 6 de enero de 2021?

***

Si han de hacerse (hacérsenos) reproches generacionales a los búmers/boomers, mucho antes de hablar de pensiones o vivienda —si atendemos a la gravedad de los asuntos, más allá de lo inmediato—, habría que preguntar: ¿por qué dejasteis al país dentro de la OTAN —referéndum de 1986—, y tolerasteis la desastrosa conducción de esta alianza militar por EEUU (desaprovechando el «momento Gorbachov» a finales de los ochenta)? ¿Por qué dejasteis al PSOE neoliberalizar nuestra sociedad? ¿Por qué no construisteis con la IU de Julio Anguita una izquierda a la altura de las circunstancias en los noventa? Y sobre todo ¿por qué habéis consentido, e incluso impulsado, la deriva ecocida que ahora pone en tela de juicio la habitabilidad de la Tierra?

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