viernes, 13 de febrero de 2026

Xesús Alonso Montero: "cando sexa maior serei comunista"

Esta frase suya que nos recuerda el camarada Rubén pone de relieve la difícil tarea de llegar a ser un buen comunista. 

Ayer falleció en la ciudad que lo vio nacer. Hoy es día de obituarios. Semblanzas y elogios más o menos protocolarios. Se prodigan cada vez que se nos va alguna persona de relieve. En el caso de Xesús son bien merecidos.

Aquí podéis leer el comunicado oficial del PCG.

El mejor apelativo que se le puede dedicar es el de Maestro. Quienes asistieron a sus amenísimas conferencias, al tiempo diáfanas e instructivas, pueden corroborar su labor de gran pedagogo. Maestro e incansable luchador.

"Eu son... un criticón"




















El 14 de marzo del año pasado el Ateneo de Pontevedra organizó la conferencia 'Castelao en los años de la Guerra Civil, viaje a la Unión Soviética, prosovietismo y filocomunismo', que impartida por él se celebró en el Espacio Nemonon.

Como buenos amigos que fuimos me eligió para presentarla. Esta fue mi intervención: 

Buenas tardes:

Bienvenidos al acto que tengo el honor de presentar. Bastarán unas breves palabras, porque las que importan las dirá enseguida el profesor Alonso Montero.

Conocida por todos es la trayectoria académica y política de Xesús Alonso Montero. Quiero sobre todo dar fe de su trayectoria humana. Xesús nació en Vigo pero creció en Ventosela, Ribadavia, la tierra de sus padres. Como para Castelao, del que nos hablará, la cercanía a la tierra y al paisanaje fue determinante para su trayectoria vital. Ver de cerca la vida de los pobres de Galicia afianzó en ambos la convicción de la necesidad de cambiar este estado de cosas.

Castelao vivió los años vertiginosos del final de la monarquía, la república, la guerra y la posguerra. Su implicación en tantas luchas explica su evolución ideológica, pasando de su inicial visión tradicionalista a otra mucho más progresista y revolucionaria. Pero en todo momento su trayectoria estuvo presidida por su profunda humanidad, su sentido de la justicia y su compromiso con ella.

También en Xesús el compromiso de luchar por un mundo más justo explica su vida y su obra. Pero a diferencia de quien, como Castelao, había vivido etapas de libertad, este amigo y camarada que hoy nos acompaña atravesó de cabo a rabo la longa noite de pedra y en ella desarrolló una lucha constante, jamás abandonada tras el final, nunca del todo concluso, de aquellos duros tiempos.

La coherencia de este profesor hace que siga en la brecha a día de hoy. Allí donde lo llaman acude para explicar con su verbo convincente y ameno la realidad que otros camuflan. Son muchos los que después de la dictadura han modulado su verbo para adaptarlo a la corriente dominante. Jamás lo ha hecho Xesús.

Alonso Montero ha recorrido toda la escala de la docencia. Profesor en Escuelas de Magisterio, institutos de Enseñanza Media y en la Universidad, en todos los casos se ha esforzado para transmitir ideas nobles y educar las conductas. Y ha dejado impresa su huella en discípulos como Rafael Bárez, Perfecto Conde Muruáis, Carlos Dafonte, Anxo Guerreiro “Geluco”, Miguel Anxo Murado, Arturo Reguera… Sin olvidar, en su etapa palentina, al inolvidable Paco Fernández Buey, que lo mencionaba con admiración y cariño.

Xesús recuerda con emoción su estancia en el Instituto de Lugo como una de las más gratas de su carrera; y Lugo también lo recuerda a día de hoy, nombrándolo hijo predilecto, mal que le pese, incomprensiblemente, a alguno.

En esa etapa lucense, en plena dictadura y desde su cátedra de literatura, su batalla ideológica se centró en cultivar sentimientos nobles e inculcar en las mentes de sus alumnos la lucha por la justicia, a través del análisis crítico de los autores, con especial dedicación a Cervantes y la figura de don Quijote. Este y su escudero representaban para él superar la especulación teórica, poniendo en práctica los valores a través de la lucha.

Esta es precisamente la razón última de la posterior valoración, que aún permanece viva, de este libro inmortal. Podemos ver en él un verdadero antecedente de la filosofía de la praxis, y así lo vieron los marxistas, empezando por el propio Marx.

Muy explícito en esta evocación fue Ernesto «Che» Guevara. En marzo de 1965, poco antes de partir hacia el Congo, Guevara escribió a sus padres: «Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante; vuelvo al camino con mi adarga al brazo». Y en su última carta desde Bolivia escribió: «Entre el polvo que levantan los cascos de Rocinante, con la lanza en ristre para alcanzar los brazos de los gigantescos enemigos que me enfrentan…».

Otro de los ejemplos, y hay muchos, de la admiración de nuestro profesor por quienes abrazan causas nobles y lejos de quedarse en frases vacuas se comprometen para llevarlas a la práctica es Antonio Machado, a cuya figura ha dedicado un hermoso libro.

A su firmeza en mantener sus ideales contra viento y marea une Xesús un discurso llano y ameno que le da una enorme capacidad de convicción, por lo que entre sus muchos títulos me atrevo a darle el aparentemente humilde, pero que considero más valioso que todos los títulos académicos, de Maestro.

Maestro: ilústranos y revélanos esta faz del mejor Castelao que algunos, reputados “dueños del adjetivo”, dejan de lado.

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