Durante una década, Enrique Javier Díez Gutiérrez, catedrático, ensayista y educador, fue coordinador del área de educación de Izquierda Unida. Desarrolla ahora su labor docente e investigadora en la Facultad de Educación de la Universidad de León, dentro del Departamento de Didáctica General, Específica y Teoría de la Educación.
Antes de esta última actividad en la educación superior trabajó como educador de calle, maestro de primaria, profesor de secundaria y orientador en institutos, y sigue participando activamente en movimientos sociales y educativos.
El conocimiento práctico y directo de todas las etapas de la educación, tanto la reglada como la que destilan los medios, le confiere autoridad para la crítica de las ideas que moldean un peligroso "sentido común" en esta época de oligopolios informativos.
La escuela, que tanto tiempo ocupa en el día a día de los jóvenes, debería estar formando conciencias críticas para mantener a raya las peligrosas ideologías y prácticas sociales fomentadas desde el poder mediático. Por ello, de entre sus numerosos libros, quiero destacar la reciente Pedagogía Antifascista. Tarea urgente es desenmascarar el nuevo auge del fascismo, nunca erradicado porque es la bala en la recámara del capitalismo.
Reseñé este libro en la entrada de este blog Neofascismo y redes sociales. Ahora, una nota a pie de página hallada en él me hace volver sobre los once principios de la propaganda de Goebbels.
Principios de propaganda de los nazis
(...)
Goebbels es seguramente uno los personajes más enigmáticos de la historia reciente. En su haber cuenta con una estrecha amistad con el dictador Adolf Hitler, gracias al cual ocupó en los años del régimen nazi el cargo de ministro de Ilustración y Propaganda. Su aspecto físico peculiar (padecía de una cojera permanente y una estatura muy baja), junto a los ardientes discursos que protagonizaba, son dos de sus características mejor recordadas. No obstante, de él debería resaltarse que era un antisemita convencido, y que fue uno de los escasísimos cargos públicos que reconoció expresamente (con orgullo) el genocidio del pueblo judío.
Su actitud de odio salvaje, condimentada con un muy notable talento para la oratoria y para el arte (sobre todo la literatura), componía una mezcolanza indigesta de la que surgían obras de ensalzamiento sobre la muerte. Uno de los objetivos que persiguió hasta su defunción (un día después de la de Adolf Hitler) consistía en la construcción de una moral alemana basada en los principios del régimen, y que precisaba del exterminio de quienes fueran considerados sus enemigos. Todo ello requería, sin duda, un aparato propagandístico sin parangón.
Una de las primeras tareas que desarrolló en su rol político fue censurar a cualquier medio que se opusiera a las ideas de su partido, así como fomentar el arte y la información que se alinearan con él. Tuvo un gran interés por los recursos audiovisuales (cine, música, etc.) en cuanto a herramientas útiles para dispersar su ideario entre la población alemana de aquellos años. Fue un censor y un promotor abnegado al propósito fundamental de construir un país sumido en el belicismo, por lo que una enorme cantidad de carreras artísticas (en todo tipo de disciplinas) nacieron y murieron estando él en el cargo ministerial.
(...)
El éxito de estos principios está fuertemente ligado a la capacidad de saturación de la información, y en ello estriba la capacidad de una propaganda sin escrúpulos para imponer un "sentido común" favorable a sus intereses, tanto en los regímenes totalitarios como en las llamadas "democracias liberales".
Pero mientras en los primeros se instalan más fácilmente el escepticismo y la sospecha ante tanta unanimidad, la aparente diversidad de las segundas enmascara más fácilmente lo que se presenta como "pluralidad de opiniones".
Lo estamos viendo en estos momentos en nuestro país. Los medios privados, y hasta una parte de los públicos, imponen una bien orquestada "opinión plural" que cala en muchos, que precisamente culpan al actual gobierno de coalición de un monolitismo que en ellos aparece bien camuflado. Si se analizan esos intereses coaligados se ve la misma confluencia de intereses. Ante todo, intereses de clase.
Vuelvo a recordar los once principios de la propaganda. Aplicad cada uno a la situación actual y seguramente me daréis la razón. ¿Quién es hoy el "enemigo personificado"? ¿Dónde "anida la corrupción"? Etc. etc.
Cuando aparece el virus de la rebeldía ante la crisis sistémica, el capitalismo recurre a la fuerza. Se adelgaza el Estado asistencial y se refuerza el represivo. Las ideas fascistas ganan terreno, aupadas por un aparato de propaganda bien orquestado que reconduce el pensamiento de mucha gente hacia su propia perdición.
Urgente y necesaria es la Pedagogía Antifascista.
Ahí van esos "principios". Me temo que a algunos hasta les gusten:
Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.
Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.
Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan.
Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.
Principio de la vulgarización. Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.
Principio de orquestación. La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. De aquí viene también la famosa frase: "Si una mentira se repite lo suficiente, acaba por convertirse en verdad".
Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.
Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sonda o de informaciones fragmentarias.
Principio de la silenciación. Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.
Principio de la transfusión. Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.
Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente de que piensa "como todo el mundo", creando una falsa impresión de unanimidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario