miércoles, 7 de octubre de 2026

Comunismo cervantino y el problema de la vivienda

Vaya por delante que en modo alguno pretendo con estas reflexiones enfriar un movimiento absolutamente imprescindible, cuyo fracaso nos conduciría al precipicio por la vía más rápida.

Lo que quiero dejar claro es que la construcción de nuevas viviendas es un falsa solución que no nos sacará del callejón sin salida que reconduce el problema a la espiral crecentista e inalcanzable oferta-demanda, cuando la única solución es redistributiva.

Miles de personas se manifiestan en Madrid para pedir una solución a la crisis de la vivienda. Chema Moya / Efe











Vuelvo a Cervantes:

Entre las actividades de hace una década del Instituto Castelao de Vigo hubo un trabajo sobre este texto cervantino:

«Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío. Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes...»

Ignoro si la elección del texto tuvo alguna malsana intención comunistoide, pero sospecho de la intención de Cervantes. ¿Por qué puso en voz de un loco cosas muy peligrosas si las decía un cuerdo? ¿Qué quería decir "con la Iglesia hemos topado"?

¿Miente Cide Hamete cuando jura "como católico cristiano"? La contradicción pone en duda su fe, tanto si miente como si dice verdad. Su justificación de como "debería jurar" un creyente implica que muchos juran en falso.

¿Era tal vez Cervantes comunista? En todo caso, el comunismo que describe es presentado como algo deseable.

El término "comunista", muy anterior a lo que se etiqueta habitualmente en nuestros días como tal, es polisémico. Aplicable tanto a un futuro hipotético como a un proceso intencional. A sistemas puestos en práctica como a utopías nunca exploradas.

Marx y Engels, en La Ideología Alemana, llaman comunismo al movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual, no a un modelo ideal de sociedad que deba inventarse ni a una utopía futura a la que se quiera llegar. Pero debe quedar claro que este "movimiento real" necesita en cada momento un "modelo ideal" que dirija sus pasos. Y también que este modelo no es un objetivo embalsamado sino que la propia realidad de cada momento lo modifica, como no podía ser de otro modo.

Es la incesante lucha de clases la que va modelando el proceso histórico. Lucha real que ahora mismo moviliza la vivienda, enfrentando a los dueños de capital inmobiliario rentista con sus inquilinos, trabajadores para los que es insostenible el alquiler e inalcanzable la propiedad.

Precisamente aquí aparece la falacia patronal de que la huelga general que se propone no es legal porque no es una lucha por el salario. ¿No tendrá el salario algo que ver?

Cervantes califica como "inútil razonamiento" el discurso de Don Quijote ante los ignorantes cabreros. Algo de eso ocurre hoy con muchos receptores de parecidos discursos actuales.

Ignorantes son de que el capitalismo es la forma más rápida de ir a tomar viento, porque se opone a realidades fáciles de entender si sabemos un mínimo de Matemáticas o de Física.

No hay capitalismo sin crecimiento, pero no hay crecimiento sin límites.

La Matemática impone el límite del crecimiento exponencial, la Física añade las leyes de la termodinámica. Por eso aquel ideal comunista de prosperidad ilimitada que dibujaba Don Quijote ha cambiado. El modelo ahora tiene más bien que dirigirse hacia la sobriedad compartida.

Pero eso choca con otro modelo que puebla las mentes: el de la abundancia inalcanzable.

Dejarse engañar por quienes mienten como los católicos cristianos que dicen ser sustituye a otro opio del pueblo, en esta época de falsos incrédulos.

Negar la realidad es más cómodo. Ofrecer mentiras tranquilizadoras. Y si los fascistas niegan descaradamente, los socialdemócratas ponen la sordina de sus soluciones sostenibles.

Por eso no es popular ni movilizadora la cruda verdad.

Y por eso Jorge Riechmann escribe en su blog:

intramuros, extramuros y las elecciones generales del 29 de noviembre 

Con la impresionante movilización en torno a la vivienda de estos días (incluida la acampada en Sol desde el 26 de septiembre), catalizada por el Sindicato de Inquilinas, se muestra otra vez algo decisivo que no deberíamos olvidar nunca: en lo que se refiere a la política intramuros (que es, para la mayoría, la única política que hay y tiende a resolverse en mera cratología), la acción decidida de un número muy pequeño de personas, llevada a cabo en el momento decisivo (kairós), logra grandes cosas. Según lo que se ha leído estos días en prensa, en Madrid el Sindicato de Inquilinas lo componen entre cien y doscientas personas, aunque el núcleo activo (quienes militan de forma regular, días tras día) son entre sesenta y setenta. 

Habrá elecciones generales el 29 de noviembre. “Son, seguramente, los comicios más decisivos desde las elecciones de 1977. Lo que aquel año España dejó atrás fue la extrema derecha. Medio siglo después, la historia ha girado y lo que tenemos delante no parece una alternancia democrática al uso, sino la posibilidad real de que la extrema derecha vuelva al poder”.[1] 

Y antes de esas elecciones habrá huelga general (convocada por el Sindicato de Inquilinas, CGT, CCOO, UGT y otras organizaciones). Salarios, vivienda, coste de la vida son lo que está llevando ahora a cientos de miles de personas (¡jóvenes sobre todo!) a las calles. Pero, ay, intramuros y extramuros: en lo macro y en lo que se desarrolla más allá de los muros de la ciudad, los precios baratos se logran (sin desmerecer los efectos de la desigualdad social, tan importantes) con la externalización masiva de daños y costes –comenzando por el uso de la atmósfera como cubo de basura de los GEI (Gases de Efecto Invernadero) y la tragedia climática. 

Se puede ver estos días con la pugna política en Brasil, donde Lula ha perdido (por dos puntos) la primera ronda de las elecciones presidenciales frente a Flavio Bolsonaro. De lo que me duelo, como cualquier persona con dos dedos de frente que no pertenezca a la clase dominante. Pero la opción es entre destruir la selva amazónica y el clima de la Tierra con socialdemocracia (algo más lentamente, y con ciertos elementos de justicia social) o destruir la selva amazónica y el clima de la Tierra con fascismo (a ritmo acelerado y con furiosa, criminal exasperación nihilista).

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[1] Toño Fraguas en la newsletter para suscriptores de eldiario.es, 6 de octubre de 2026.