jueves, 31 de marzo de 2022

Los tres cuerpos (y muchos más)

El problema de los tres cuerpos consiste en determinar, en cualquier instante, las posiciones y velocidades de tres cuerpos, de cualquier masa, sometidos a atracción gravitacional mutua y partiendo de unas posiciones y velocidades dadas (sus condiciones iniciales son 18 valores, consistentes para cada uno de los cuerpos en: sus tres coordenadas de posición y las tres componentes de su velocidad).

Imaginemos para empezar dos cuerpos aislados en el espacio, sometidos a cualquier fuerza atractiva (gravitatoria, eléctrica, magnética...). Si ambos están inmóviles, o se mueven al unísono, tenderán a acercarse hasta chocar. Si se mueven en diferentes direcciones habrá una interacción entre la tendencia atractiva y la inercia que a partir de algún momento tenderá a alejarlos. Puede que acaben perdiéndose de vista; o chocando, si están suficientemente próximos y son voluminosos; o girando en un equilibrio estable alrededor de un punto intermedio. Doce variables, seis de posición (tres para cada uno) y otras seis componentes de los vectores velocidad de ambos, nos darán el resultado de la interacción.

Mientras que el problema de los dos cuerpos tiene solución mediante el método de las cuadraturas integrales, el problema de tres cuerpos no tiene solución general por dicho método y en algunos casos su solución puede ser caótica en el sentido físico del término, lo que significa que pequeñas variaciones en las condiciones iniciales pueden llevar a destinos totalmente diferentes.

Cuando el número de cuerpos a considerar aumenta resulta imposible determinar qué ocurrirá al cabo de cierto tiempo. En los sistemas planetarios con un gran astro central y cuerpos menores girando alrededor se produce un cierto equilibrio que hace las órbitas relativamente estables. Imaginad la compleja relación de las órbitas planetarias en un sistema estelar binario. Cuanto crece el número de cuerpos relativamente similares se instala el caos.

Me vino a la memoria esta comparación asistiendo a una de las sesiones del curso de Filosofía que en la Biblioteca Pública de Pontevedra imparte el profesor Domingos García. La sesión analizaba los populismos del siglo XX y actuales.

La participación en un movimiento, religión, ideología o club de fútbol se apoya en la identificación con el mismo de quienes se adhieren a él, que en parte es racional, pero que sobre todo es sentimental. Las identidades posibles son múltiples, y alguna debe predominar para que la adhesión preferida tenga suficiente fuerza atractiva.

Me vino a la memoria el concepto de afinidad electiva. Y este comentario de Michael Löwy: "naturalmente, la afinidad electiva no se da en el vacío ni en el cielo de la pura espiritualidad: es favorecida (o desfavorecida) por condiciones históricas y sociales". 

En un mundo de identidades múltiples podemos establecer una comparación con los sistemas planetarios. La atracción resulta de la doble influencia de la proximidad y la fuerza atractiva de cada propuesta. De ahí que muchas de las elecciones tengan que ver con la fuerza carismática de un individuo o de una idea.

Cuando alguna de las identidades arraiga fuertemente en quien orbita alrededor de ella, difícilmente dejará de hacerlo. Religión, cultura, lengua, entre otras muchas identificaciones, pueden unir más o menos fuertemente. En ocasiones las identidades coexisten en paz. En otras, sobre todo cuando la que aparece como fundamental peligra, todas las demás pasan a ser estorbos que hay que arrancar de raíz.

¿Son tan electivas las afinidades que producen las identidades? No todas están a nuestro alcance. La fuerza gravitatoria es muy diferente. La elección, como las elecciones políticas y los dados de los tahures, suele venir cargada, sin necesidad de que haya pucherazo en el sentido técnico del término coloquial.

La amistad solo se da entre iguales. La que se da entre señor y vasallo está teñida de condescendencia o servilismo. La democracia, de modo similar, solo es efectiva si todos los participantes son iguales, además de en el valor del voto, en conocimiento, información y la libertad real que da la independencia, sobre todo económica.

La estabilidad de las órbitas alrededor de una identidad dominante (sea patriótica, religiosa o cultural) está limitada por la capacidad de mantener el dominio en el tiempo. Mucho duró el imperio egipcio. Modernamente, otros astros interactúan para hacerla efímera, y las inestables órbitas son poco previsibles. ¡Demasiados cuerpos en presencia!

martes, 29 de marzo de 2022

La guerra está aquí


"Cuando la guerra entra por la puerta, la verdad sale por la ventana". La guerra no es que haya entrado ahora, pero sí lo hace una fase inédita. En Ucrania comenzó hace ocho años, y esperemos que ahora no se prolongue demasiado.

La guerra también está aquí. Somos parte de ella, porque también es una guerra de la OTAN y de la Unión Europea, aunque por ahora no envíen (menos mal) tropas regulares. Lo notamos por sus consecuencias sobre nuestra situación política y nuestra economía. Ahora otra vez el mundo se divide en dos, y cuesta mucho saber algo sobre la otra parte.

Hace dos días podía verse con toda normalidad el vídeo que he colocado al final de esta entrada, junto al texto que lo transcribe. Ahora parece tener restricciones, aunque aún es accesible en este momento. Lo encontré en un enlace de arrezafe, que lo tomó de la pupila insomne. Un total de 104 (ciento cuatro) enlaces de internet avalan todo su contenido. Un contenido muy estimulante.

También estimulante es la respuesta recibida de Pedro Prieto después de que se lo envié, como a otros amigos. Con su permiso, la transcribo:

Aquí, en el Occidente cristiano, ya sabemos por los medios, que el gobierno ruso miente vergonzosamente a sus ciudadanos. Sabemos que Putin es un criminal de guerra y un carnicero, puesto que lo dice Biden. Sabemos que bombardea civiles a mansalva y a sabiendas. Sabemos que esta haciendo muy mal la guerra, que está estancado, que le fallan las cadenas de suministro de las tropas y que incluso los heroicos soldados ucranianos los están haciendo retroceder en algún frente. Que los ucranianos están destrozando sus tanques y vehículos militares. 
Sabemos que hay cada vez más oposición interna, que es ferozmente reprimida. Miles de especialistas occidentales comparan a Putin con Hitler y dudan de su estabilidad mental. 
Todo eso y más sabemos por nuestros medios. Por parte de los medios rusos no sabemos nada, pero como sabemos que mienten en todo, no nos hacen falta, para hacernos una idea de la situación. 
Sobre los corresponsales extranjeros y los 15 años de prisión, la mayoría, si no la totalidad de los que decidieron marcharse, operaban en Moscú y eran grandes agencias occidentales. Si uno se refiere a corresponsales de guerra, esos que están en el frente de batalla con casco, chaleco antibalas y letrero de "press", entre los que hay jóvenes "freelances" haciendo méritos, no se ven los que están en el lado ruso. Y debe haberlos, aunque todos hablen bien del ejército ruso y Putin, como en el frente ucraniano, todos hablan bien de los ucranianos y ninguno de ellos sufre prisión por ello, supongo que en ningún lado. Aunque alguno que ha ido al frente ucraniano, puede terminar como el periodista de Público, enchironado sin fecha y sin asistencia, aunque está por ver todavía si era agente ruso. Sucede que lo mismo que en Rusia hablar mal de la acción rusa está penalizado, en el frente occidental o ucraniano, está igualmente mal y tiene riesgo hablar mal de los ucranianos o de la OTAN. Se podrá decir que en ningún caso supondría 15 años de cárcel, hablar mal de los ucranianos nacionalistas o de la OTAN, pero desde luego supone exclusión de los grandes medios, cuando menos. 
Couso fue asesinado por informar desde el lado del tenebroso Sadam Hussein, pero no por la seguridad de Sadam, sino por un carro de combate invasor. O como Juantxu Rodríguez en Panamá, que fotografió la morgue llena de cadáveres de civiles panameños provocados por la invasión estadounidense de Panamá, trabajando para El País (entonces El País era otra cosa) y al día siguiente soldados del ejército estadounidense le dieron un tiro casual de gracia, junto a Maruja Torres, seguramente por fotografiar la realidad desde donde nadie le había pedido. 
Había mucha más diversidad informativa en la guerra civil española, que es lo que echo de menos. 
Aun así hay cosas que a los grandes medios occidentales, con miles de corresponsales en el lado ucraniano y ninguno en el lado ruso, a veces se les escapan algunas cosas y que a mi me resultan paradójicas. 
Por ejemplo, veo a los corresponsales de guerra occidentales en Kiev, Odesa, Lvyv, Leopolis y hasta Jarkov y muchas otras grandes ciudades ucranianas y noto que disponen de electricidad, agua, comunicaciones e Internet por banda ancha (con excepción quizá de Mariupol). 
Y me pregunto, ¿cómo es que el criminal de guerra y carnicero de Putin, insensible al sufrimiento de civiles, yéndole tan mal en la guerra, no ha hecho exactamente lo que hizo Javier Solana cuando era Secretario General de la OTAN?: Esto es, bombardear los estudios de la televisión yugoslava y aparte de lanzar bombas a diestro y siniestro como hace Putin, ordenar el bombardeo de unos cuantos nodos grandes de subestaciones eléctricas con bombas de grafito, que al estallar crean un cortocircuito brutal. 
Solana dejó Yugoslavia a oscuras en cinco minutos y de forma permanente. 
El país entero, se rindió a los pocos días, porque un país moderno sin electricidad, es el caos. Y nadie lo llamó ni carnicero, ni criminal de guerra, salvo quizá unos pocos millones de yugoslavos que no cuentan. 
¿Qué podría perder Putin con los adjetivos que ya le han colgado si bombardea y tumba la red eléctrica ucraniana? 
¿Alguien se cree que es que no tienen bombas de grafito?; es más, aunque no las tuvieran, ¿no pueden destruir las subestaciones eléctricas claves con misiles guiados, teniendo toda la supremacía aérea? 
¿Qué le impide a Putin "hacerse un Solana" y tumbar la red eléctrica ucraniana y la de telecomunicaciones e Internet, hasta que se rindan? ¿Qué más insultos le podrían dedicar a Putin por ello? 
De hecho, el 28 de marzo hay medios occidentales que anuncian que parte de Ucrania se queda sin Internet tras el mayor ciberataque desde el inicio de la guerra. Por supuesto, se cita a "múltiples servicios de inteligencia, especialmente (de) EE.UU. llevan semanas avisando de posibles ciberataques masivos, no solo de Rusia a Ucrania sino también a Intereses en EE.UU. y Europa. Veamos: ¿alguien cree que los servicios de inteligencia rusa no saben donde se encuentran los principales nodos y servidores de alto tráfico de Internet en Ucrania, para tener que recurrir a un ciberataque, cuando pueden liquidarlos desde el día 1 con misiles guiados? ¿No se le ha ocurrido a ningún medio occidental, antes de soltar este bulo sin contrastar, que si los rusos tiran abajo toda la red eléctrica ucraniana, Internet y todas las telecomunicaciones van detrás sin energía eléctrica? 
Y no se crean, he pensado en las centrales nucleares y en su seguridad, pero luego me he acordado que Solana reventó la red yugoslava sin importarle mucho que Yugoslavia tuviese un reactor nuclear funcionado y cuya falta de electricidad externa podría haber provocado un Fukushima. Cómo se las apañaron los yugoslavos entonces, no lo se. Se que la central nuclear no se fundió. Seguramente, porque se activaron los generadores diésel de emergencia para mantener refrigeradas las barras de combustible, hasta darles tiempo a organizar una parada y levantar las barras, separarlas y evitar que se fundiesen. 
Ucrania es más complicado, con 15 reactores, pero ya seis de ellos en Zaporoziya están en manos rusas y el resto podrían seguir los procesos de patada en emergencia. 
Por tanto, me sigue sorprendiendo cómo los rusos y el criminal de guerra y carnicero Putin siguen dejando a sus enemigos chatear entre si, hacer teleconferencias con sus familias y luego calentarse el café en el microondas, pudiendo bajarles a los infiernos de una sociedad a oscuras en cinco minutos. 
Agradeceré sugerencias sobre esta actuación con guante de seda del carnicero y criminal de guerra del Kremlin con sus enemigos.

Pedro Prieto

jueves, 24 de marzo de 2022

Para evitar la barbarie

La coincidencia de dos fenómenos nos hace sospechar que estén relacionados entre sí. En el origen de las supersticiones más comunes están algunas coincidencias, puramente casuales, que cuando se dan confirman la falsa creencia del supersticioso.

Claro está que cuando dos sucesos se dan juntos con una frecuencia mayor que la previsible  podemos pensar que hay una relación entre ellos. Puede estudiarse esta correlación utilizando métodos estadísticos. Si varios factores coinciden en una situación que se repite, la observación de un número grande de casos permite obtener el coeficiente de correlación de dos de ellos.

La correlación examina la relación entre dos variables. Sin embargo, observar que dos variables se mueven conjuntamente no significa necesariamente que una variable sea la causa de la otra. Por eso solemos decir que "la correlación no implica causalidad".

¿Hay correlación entre la pandemia y la guerra y la crisis? Indudablemente. Pero la crisis es multifactorial. Son muchas las variables concurrentes y entrelazadas, y únicamente un análisis riguroso puede establecer causalidades que no son precisamente casualidadesDe modo parecido a considerar que la causa de un accidente fue la fecha del martes y trece en que ocurrió, atribuir los graves problemas actuales exclusivamente a la guerra, como antes a la pandemia, es, empleando el lenguaje de los teólogos, un acto de vana observancia

Son muchos los datos que demuestran que la crisis ya estaba en marcha, si bien la hace más patente el desabastecimiento de vectores energéticos, que redunda en desabastecimiento generalizado. No es la guerra la causa de la crisis, porque en último término es la crisis la causa de la guerra.

Hasta el aburrimiento se ha dicho que los límites planetarios imponen el decrecimiento, que ya está aquí, de muchas formas. Falta y faltará energía, y faltarán materiales estratégicos cada vez más escasos. Si detrás de la pandemia están las aglomeraciones urbanas y las controvertidas macrogranjas, detrás de las guerras está la lucha por los recursos, que ha causado y sigue causando guerras de rapiña a lo largo de la Historia. Pero ahora las exacerba la escasez creciente. Esta de Ucrania es una más. Que la emprenda una Rusia acorralada solo es incomprensible si se la saca del contexto mundial.

Justo cuando más habría que economizar recursos, paradójicamente se despilfarran en el ya insoportable gasto militar. En lugar de conservar lo que queda, se destruye lo que había. Y en vez de tratar de concluir la guerra se trata de prolongarla lo más posible. Desgastar al enemigo, aunque nos desgastemos nosotros, si calculamos que él perderá más. A mayor gloria de una de las industrias más rentables, la armamentística.

Tras la era irrepetible de constante expansión material y la creciente disponibilidad de materiales y energía, llega el momento del aterrizaje. Tres conocedores del tema responden a la pregunta: ¿qué debería suceder para que el aterrizaje no se resuelva en un palpable descenso a la barbarie?





Rebelión

Es poco menos que imposible comprender el presente como momento histórico: en el presente la historia no ha operado aún. Con todo, si pudiéramos adoptar algo parecido a un punto de vista histórico respecto del presente, el nuestro se nos perfilaría como el momento histórico decisivo: ése en el que comenzamos a dejar atrás la excepcionalidad histórica a la que hoy llamamos «normalidad»; el momento previo al aterrizaje tras la era irrepetible de la constante expansión material y la creciente disponibilidad de materiales y energía. Se trata también, claro, de un momento aterrador, en muy buena medida porque nuestra cultura y muestras sociedades parecen pretenderse ajenas a la inevitabilidad del aterrizaje, mostrándose incapaces de ponerse frente a la idea de que quizá estemos aterrizando ya y quizá esté resultando el aterrizaje, de hecho, extraordinariamente dramático. Con la intención de invitar al abandono de esa tibia y siniestra impavidez, preguntamos: ¿qué debería suceder para que el aterrizaje no se resuelva en un palpable descenso a la barbarie? Responden Antonio Turiel, Emilio Santiago Muíño y Jorge Riechmann.

Antonio Turiel (Institut de Ciències del Mar, CSIC):

La mejor manera de evitar la barbarie es que la mayoría de la población comprenda en qué momento nos encontramos. A día de hoy, la inmensa mayoría de la población de los países fuertemente industrializados cree que una solución tecnomágica va a resolver todas las crisis de sostenibilidad causadas por el choque con los límites planetarios, y por ese motivo no se reacciona como sociedad. La promesa de tecno-remedios todopoderosos (en forma de implantación masiva de sistemas renovables eléctricos, coches eléctricos, hidrógeno verde y demás tecnoquimeras) hace que los ciudadanos claudiquen en la urgente y objetiva responsabilidad personal de participar en la discusión social sobre el inevitable decrecimiento y el reparto de los recursos. Mientras sigamos adormecidos con las promesas que no se podrán cumplir justamente por la escasez de recursos y la falta de eficacia real de las falsas soluciones propuestas, la creciente miseria y conflictividad social se interpretarán como fallos pasajeros o pequeños contratiempos, hasta que el edificio social colapsase, fruto de sus insalvables contradicciones.

Lo más paradójico de la situación actual es que es técnicamente factible garantizar un estándar de vida similar al que actualmente se disfruta en Europa con un consumo energético y material diez veces inferior a la actual, a través de cambios en el estilo de vida y la implementación de tecnologías apropiadas. Y si no se adoptan estos cambios es porque el cambio del sistema social se considera imposible por cuanto comporta el abandono del capitalismo. Por tanto, aunque se ponga el foco en la búsqueda de soluciones técnicas, el problema es en realidad social. Aceptando la necesidad de vivir dentro de los límites del planeta se podría evitar el caos.

Emilio Santiago Muíño (Instituto de Lengua, Literatura y Antropología, CSIC):

Aterrizar dentro de los límites planetarios no es un proceso de ajuste automático con una realidad biofísica. Es una batalla política que, dentro de los márgenes y los límites genéricos que impone este nuevo régimen material que podríamos llamar Antropoceno, por usar un concepto ideológicamente problemático pero que resume lo esencial y está de moda, ofrece muchas posibilidades diferentes en función de la enorme diversidad de respuestas humanas posibles. La crisis ecológica es un examen evolutivo que admite muchas respuestas, y las propias respuestas modifican la pregunta. Del mismo modo que, por usar un ejemplo clásico, los daños de un terremoto pueden ser un castigo de un Dios vengativo, un fenómeno geológico azaroso, o una negligencia en las políticas de ordenamiento del territorio, interpretaciones con efectos sociales muy distintos (y su significado no está inserto objetivamente en el movimiento sísmico), con el choque con los límites biofísicos ocurre algo análogo. Lo que desde el ecologismo social interpretamos como un problema de extralimitación vinculado a un sistema económico expansivo desde otras coordenadas políticas podría interpretarse (de hecho, se interpreta así) como un obstáculo impuesto por la ideología igualitarista y el cosmopolitanismo, que impide a nuestras sociedades combatir en serio por acaparar la escasez de recursos o el espacio ecológico del mundo en una lucha darwiniana. Que una u otra interpretación se imponga depende del significado social imperante y del control de los procesos de poder. Esto es, depende en última instancia, como afirmaba al principio, de una batalla política y moral.

Lo decisivo es que la compleja batalla política que hoy está en marcha, y cuyo curso va a terminar de configurar la crisis ecológica como problema de época, la vayamos ganando y decantando (conjugo en gerundio porque no hay una línea de meta final, no habrá un día de la victoria, será siempre un proceso abierto) las opciones que apostamos por aterrizar dentro de los límites planetarios desde coordenadas comprometidas con los valores fuertes del proyecto emancipador: igualitarismo, libertad republicana, fraternidad cooperativa, democracia. Y para ello, lo que nos enseña la historia es que la construcción del movimiento popular que pueda protagonizar algo así no responde tanto a una toma de conciencia, al revelamiento de una verdad científica que se impondría por sí misma, sino a la articulación y desarrollo de horizontes colectivos deseables, plausibles (este segundo factor es clave) y que tengan traducciones prácticas, parciales pero tangibles, en la vida cotidiana. Por concretar, en nuestro contexto la ventana de oportunidad fundamental se nos ofrece en un doble movimiento que debe converger en una misma agenda política: la derrota socioeconómica y antropológica del paradigma neoliberal y el decantamiento de los programas de transición ecológica que hoy ya están en marcha hacia fórmulas poscrecentistas.

Jorge Riechmann (Facultad de Filosofía y Letras, UAM):

Se da una gran desproporción entre las luchas concretas que podemos plantear hoy (pongo dos ejemplos de nuestra cotidianidad en Ecologistas en Acción Sierras: contra el disparate de una pista para vehículos en la ladera sur de La Peñota, o contra la aberración de desdoblar la carretera M-600 en El Escorial y otros municipios serranos) y las transformaciones sistémicas que necesitaríamos (socializar la banca privada y las empresas eléctricas, diríamos para empezar). ¿Qué debería suceder para salvar esa gran desproporción, de resultar posible tal cosa? Si dejamos por un momento de lado el condicionante más angustioso de nuestra situación (la falta de tiempo, el hallarnos en un tiempo de descuento), volvemos a la reflexión de Joaquim Sempere sobre acciones intersticiales: intervenciones modestas para construir desde hoy embriones de futuro en los intersticios de la sociedad existente. Experiencias que pueden parecer insignificantes hoy, pero acaso resulten decisivas mañana, si a medida que se vayan agravando las crisis entrelazadas nuestras sociedades no se decantan por el lado peor. Las sociedades muy igualitarias, muy cooperativas y muy resilientes podrán responder mejor a los colapsos que vienen. Si hubiera que evocar un solo sustantivo diríamos: amor.

martes, 22 de marzo de 2022

Juan Valderrama

Con la que está cayendo, casi no me atrevo a hablar de otra cosa que no sea esta macrocrisis, pero también conviene desconectar de vez en cuando y dar algo de paz al espíritu.

El pasado 15 de marzo en nuestro flamenco, el conductor del programa recordó un disco histórico, grabado en directo el 13 de agosto de 2000 en el Festival Internacional del Cante de las Minas de La Unión. Entonces, un Juanito Valderrama de 84 años, ya por entonces don Juan Valderrama, interpretaba el flamenco como nunca; esto es, como siempre.

Esto es lo que de ese disco ofreció el programa:

-44:05 Malagueñas

-36:02 Soleares, polo y soleá grande de Triana

-27:44 Tanda de estilos mineros 

-15:50 Seguiriyas 

Para finalizar con unos fandangos dedicados a otros cantaores que fueron sus contemporáneos y amigos:

-07:44Pepe Pinto

-05:28 a Manolo Caracol

-04:36 a El Peluso

-03:09 a Manuel Vallejo

Terminando con uno suyo:

-02:16 Juanito Valderrama

Así cantaba en 1990:

Y así en el año 2000:

sábado, 19 de marzo de 2022

"Plan C"

Jorge Riechmann y Adrián Almazán reflexionan sobre el "Plan B, 100 % renovables"  que ilusiona a muchas organizaciones ecologistas, y que vemos desmoronarse día a día, cuando se acepta que "la energía nuclear puede admitirse como energía verde", o se vuelve a tirar del carbón o el fracking, entre otras maravillas, en cuanto una urgencia apremia.

En un escrito no muy largo (lo digo para no desanimar de su lectura a los lectores telegráficos) se plantean la pregunta ¿cómo caminamos hacia el plan c? La respuesta es durilla, porque los opiáceos de una buena vida a la occidental hacen difícil desengancharse de ellos, como ocurre con todas las drogas.

Pero tengan presente quienes se ilusionan, e ilusionan, con soluciones fáciles y cómodas,  que los ilusionados de hoy se volverán contra ellos, porque se sentirán engañados, en cuanto descubran que esas soluciones no funcionan.

Tengo una certeza casi absoluta de que las élites, no todos los que viajan cómodamente instalados en ellas, sino sus cabezas pensantes, tienen otro plan, que podríamos llamar "Plan Omega".

Dicen los autores del artículo:






¿No hay salida? Sí, aunque nada fácil de encarar. Se trataría de un decrecimiento rápido con niveles inéditos de igualación social: lo que desde hace años venimos llamando un ecosocialismo descalzoSer capaces de asumir, por ejemplo, que el automóvil privado o el turismo de masas fueron lujos pasajeros (para apenas una parte de la humanidad) que resultan incompatibles con horizontes de igualdad, justicia y autonomía para toda la humanidad. Por ahí iría el plan C que realmente necesitaríamos: un plan que se haga cargo de la realidad (energética, ecológica, social) para articularse en torno a la agroecología, la relocalización de la economía, la reinserción de los sistemas humanos en los sistemas naturales, el uso parsimonioso de los recursos, el artesanado, el reparto del trabajo de cuidados o las técnicas sencillas. Modos de vida menos exuberantes metabólicamente hablando, para los que necesitamos sobre todo transformaciones políticas, económicas e imaginarias (y no tanto tecnológicas).

Insistimos: no puede haber una “buena” transición ecológica que no sea fuertemente decrecentista e igualitaria. 

viernes, 18 de marzo de 2022

El precio de la energía

Cuando un producto escasea en el mercado y el precio sube, quien pueda producirlo a un costo más bajo y venderlo a un precio alto obtendrá beneficios extraordinarios. Esos superbeneficios puede reinvertirlos para fomentar su exitoso procedimiento. O simplemente embolsárselos.

Quienes diseñaron el sistema marginalista de fijación de precios de la energía debieron pensar que permitiría financiar la investigación en las fuentes de energía renovable. Si se encarecen las no renovables, saldrá a cuenta invertir en renovables, y también en la investigación sobre ellas. Hay una curiosa tendencia a pensar que los resultados de la investigación mantienen cierta proporcionalidad con la cantidad invertida. Parece en principio razonable, y es totalmente cierto cuando el proceso es "a la baja": la reducción de los presupuestos para la investigación la daña sin duda. En sentido contrario la cosa es diferente, porque como ocurre con cualquier crecimiento, hay límites que impiden que se mantenga la ansiada proporcionalidad.

Pero cuando una cantidad relativamente menor del producto caro que se utiliza para cubrir la demanda eleva a muy alto nivel el precio de los baratos, se produce un beneficio disparatado en quienes producen estos últimos. Nada garantiza que se reinvierta con éxito en un crecimiento imposible, pero es fácil que llene los bolsillos de los especuladores.

Entonces, algunos comprenden por fin que este exitoso modo de fijar los precios mayoristas de la energía no beneficia a nadie, salvo a sus beneficiarios.

Antonio Turiel, conocedor del tema (buen conocedor, no uno de esos "expertos" que okupan los medios), ha sido entrevistado últimamente sobre la enfermedad energética que la guerra ha hecho pasar de crónica a una fase aguda. Encuentro una entrevista en arrezafe, que la toma de La Haine, y otra en Público.

En la primera entrevista, realizada por Josep Rexach, avisa de que "si se toman medidas contra Rusia, la crisis de 1929 parecerá una broma al lado de ésta"En la segunda Marc Font es quien pregunta, y Turiel responde categóricamente que "solo un gran descenso del consumo reduciría la importación de gas ruso, pero implicaría una crisis económica".

El ejemplo sobre el sistema marginalista de fijación de precios es demoledor. ¿Debemos pagar las manzanas o el calabacín al precio del azafránDejo a continuación el fragmento de la primera entrevista en que aparece esta comparación.

Hace años unos señores economistas dijeron que el mejor sistema para fijar el precio de la electricidad era a partir del precio del último kilovatio/hora que entra en cada momento. Es una subasta. Red Eléctrica Española pide quién puede producir electricidad. Los generadores ofrecen los kilovatios/hora que pueden ofrecer a un precio. Primero se compran los más baratos y después se cogen los caros, hasta que llega el último. Y este último, el más caro que entra, es el que fija el precio de todo. Esto se hace así porque unos señores economistas creyeron que con este sistema llamado "marginalista", se incentivaría la introducción de nuevas tecnologías y fuentes de energía. Pero pasa que la física no tiene la misma opinión y no aparecen nuevas tecnologías, posiblemente porque no hay, ni nuevas fuentes de energía, porque no hay. Con este sistema, de obligado cumplimiento en toda la UE, ocurre que cada vez que se produce electricidad con gas, aunque que sea muy poca, acaba fijando el precio de todo. Y pagas toda la electricidad al precio carísimo del gas.

— Pagamos la electricidad a precio de gas, pues.

— Sí. Es como si vas a la verdulería y pides un kilo de zanahorias que va a un euro el kilo, un kilo de manzanas que cuesta 1,5 euros el kilo, un kilo de calabacín que va a 0,80 el kilo y finalmente pides un poco de azafrán. Pero el azafrán va a 45.000 euros el kilo. Pero coges solo un gramo. En total compras tres kilos de verdura y un gramo de azafrán y te lo cobran todo al precio del azafrán.

martes, 15 de marzo de 2022

La perspectiva geopolítica, en el espacio y en el tiempo

La Geografía y la Historia son soportes indispensables para cualquier análisis de la realidad global. Sin una perspectiva abarcadora y dilatada en el espacio corremos el peligro de confundir lo cercano con lo grande e importante; un punto de vista demasiado próximo agranda los objetos y nos hace perder el sentido de la proporción. No valoramos igual un accidente a la puerta de casa que en un país exótico.

Lo mismo sucede en el tiempo. Hacia el futuro, por el difícilmente evitable Descuento Temporal: al fin y al cabo no somos eternos. Además, cualquier prospectiva dilatada se desdibuja y torna más incierta y menos precisa. Hacia el pasado, mirando hacia atrás también perdemos detalles que podrían ser importantes, y juzgamos con ojos de "aquí y ahora" lo que tuvo otro "aquí" y otro "ahora".

La ignorancia de experiencias pasadas puede inducir a apreciaciones erróneas, sobre todo si al análisis anteponemos las emociones. El desconocimiento no nos salva de juicios de valor que tienen que ver con nuestro medio y nuestra cultura. Es difícil evitar visiones inexactas de otras culturas y otras visiones, conformadas también, como la nuestra, en un inconsciente colectivo propio, más fragmentado que el sustrato humano básico considerado por el psicoanálisis.

Por estas razones, el análisis geopolítico debe alejarse del inmediatismo espaciotemporal y echar una mirada amplia y todo lo desapasionada que pueda ser, para bucear en la Geografía en todas sus ramas: física, política, económica, social... y en la Historia, con las suyas: sociológica, religiosa, cultural, artística, científica, económica...

Y, naturalmente, por debajo de todas estas visiones está la base material, ecológica. Pero ese es otro tema en este momento, aunque sea determinante.

Y es una pena que la situación de decadencia ideológica de gran parte de la izquierda y la propia inmediatez de las identidades nacionales dispares y muchas veces disparatadas haya arrinconado, además, el análisis de clase, que también subyace, como el ecológico, en todos los enfrentamientos.

Para aprender mucho sobre la actual guerra desatada en Ucrania, dejo a continuación dos vídeos no demasiado cortos, y ese es un hándicap en estos tiempos del mensaje telegráfico y con frecuencia falaz. Pero el que no los vea, por lo menos que se tiente la ropa antes de sumarse sin mucho conocimiento a coros unánimes.

La Crisis de Ucrania - Florentino Portero

Visión Geopolítica: Ucrania, Guerra en Europa