viernes, 3 de noviembre de 2023

Hasta aquí llegué...

Es de suponer que a un alto funcionario de un organismo internacional, acostumbrados como están a aguantar carros y carretas, le costará tomar una decisión así. El director de esta oficina de ACNUDH renuncia a su puesto ante la imposibilidad de que ese organismo de las Naciones Unidas sirva para resolver las cuestiones que tiene encomendadas.

En realidad, ¿para qué están sirviendo las Naciones Unidas?

En esta carta explicita diez medidas que ese vacuo escaparate internacional no tomará.

Aplaudimos su determinación, que honra a quien la toma.




Esta será mi última comunicación oficial como Director de la Oficina de Nueva York de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH).
Le escribo en un momento de gran angustia para el mundo, incluidos muchos de nuestros colegas. Una vez más, somos testigos de un genocidio que se desarrolla ante nuestros ojos, y la Organización a la que servimos parece impotente para detenerlo. Como alguien que ha investigado los derechos humanos en Palestina desde la década de 1980, vivió en Gaza como asesor de derechos humanos de la ONU en la década de 1990 y llevó a cabo varias misiones de derechos humanos en el país antes y después de esos períodos, esta situación me afecta personalmente.

También fue en estas oficinas de la ONU donde trabajé durante los genocidios contra los tutsis, los musulmanes bosnios, los yazidíes y los rohinyás. En cada caso, a medida que se asentaba el polvo sobre los horrores perpetrados contra poblaciones civiles indefensas, se hizo dolorosamente evidente que habíamos fallado en nuestro deber de cumplir con los imperativos de prevenir atrocidades masivas, proteger a los vulnerables y hacer que los perpetradores rindan cuentas. Lo mismo ha ocurrido con las sucesivas oleadas de asesinatos y persecución de palestinos a lo largo de la existencia de las Naciones Unidas.

Alto Comisionado, estamos fracasando una vez más.

Como abogado de derechos humanos con más de treinta años de experiencia en este campo, soy muy consciente de que el concepto de genocidio ha sido a menudo objeto de abusos políticos. Pero la actual matanza del pueblo palestino, arraigada en una ideología colonial etnonacionalista, una continuación de décadas de persecución y limpieza sistemáticas, basadas enteramente en su condición de árabes, y junto con declaraciones explícitas de intenciones por parte de los líderes del gobierno y el ejército israelíes, no deja lugar a dudas ni debates. En Gaza, hogares, escuelas, iglesias, mezquitas e instalaciones médicas están siendo atacados sin motivo y miles de civiles están siendo masacrados. En Cisjordania, incluida la Jerusalén ocupada, las viviendas son confiscadas y reasignadas únicamente en función de la raza. Además, los pogromos violentos perpetrados por los colonos van acompañados de unidades militares israelíes. En todo el país reina el apartheid.

Este es un caso de genocidio de manual. El proyecto colonial europeo y etnonacionalista de colonización en Palestina ha entrado en su fase final, hacia la destrucción acelerada de los últimos vestigios de la vida palestina autóctona en Palestina. Lo que es más, los gobiernos de los Estados Unidos, el Reino Unido y gran parte de Europa son totalmente cómplices de este horrible asalto. Estos gobiernos no solo se niegan a cumplir con sus obligaciones de "garantizar el cumplimiento" de las Convenciones de Ginebra, sino que arman activamente la ofensiva, brindan apoyo económico, inteligencia y encubren política y diplomáticamente las atrocidades de Israel.

De acuerdo con todo esto, los medios corporativos occidentales, cada vez más a instancias de los gobiernos, están violando completamente el artículo 20 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, deshumanizando incesantemente a los palestinos para justificar el genocidio y difundiendo propaganda de guerra y llamamientos al odio nacional. declaraciones raciales o religiosas que constituyan incitación a la discriminación, la hostilidad y la violencia. Las empresas de redes sociales con sede en Estados Unidos ahogan las voces de los activistas de derechos humanos mientras amplifican la propaganda pro-Israel. Los policías de Internet del lobby israelí y GONGOS acosan y difaman a los defensores de los derechos humanos, y las universidades y los empleadores occidentales colaboran con ellos para castigar a quienes se atreven a denunciar las atrocidades. A raíz de este genocidio, estos actores también tendrán que rendir cuentas, como fue el caso de Radio des Milles Collines en Ruanda.

En tales circunstancias, nuestra organización está más llamada que nunca a actuar de manera eficaz y basada en principios. Pero no estuvimos a la altura de ese desafío. El poder protector del Consejo de Seguridad ha sido bloqueado una vez más por la intransigencia de los Estados Unidos, el Secretario General está siendo atacado por sus mezquinas protestas, y nuestros mecanismos de derechos humanos están siendo objeto de ataques calumniosos apoyados por una red organizada en línea que defiende la impunidad.

Décadas de distracción por las promesas ilusorias y en gran medida decepcionantes de Oslo han distraído a la Organización de su deber esencial de proteger el derecho internacional, los derechos humanos y la propia Carta. El mantra de la "solución de dos Estados" se ha convertido en una broma abierta en los pasillos de las Naciones Unidas, tanto por su absoluta imposibilidad en la práctica como por su total fracaso a la hora de tener en cuenta los derechos humanos inalienables del pueblo palestino. El llamado "Cuarteto" no es más que una hoja de parra para la inacción y la sumisión a un statu quo brutal. La referencia (escrita por Estados Unidos) a "acuerdos entre las propias partes" (en lugar del derecho internacional) siempre ha sido un evidente juego de manos, destinado a fortalecer el poder de Israel contra los derechos de los palestinos ocupados y desposeídos.

Señor Alto Comisionado, me incorporé a esta Organización en el decenio de 1980 porque encontré una institución basada en principios y normas que estaban decididamente del lado de los derechos humanos, incluso en los casos en que los poderosos Estados Unidos, el Reino Unido y Europa no estaban de nuestro lado. Mientras mi propio gobierno, sus instituciones subsidiarias y gran parte de los medios de comunicación norteamericanos seguían apoyando o justificando el apartheid sudafricano, la opresión israelí y los escuadrones de la muerte centroamericanos, las Naciones Unidas defendían a los pueblos oprimidos de esos países. Teníamos el derecho internacional de nuestro lado. Teníamos los derechos humanos de nuestro lado. Teníamos los principios de nuestro lado. Nuestra autoridad estaba arraigada en nuestra integridad. Pero ese ya no es el caso.

En las últimas décadas, importantes miembros de las Naciones Unidas han cedido ante el poder de Estados Unidos y el miedo al lobby israelí, abandonando estos principios y renunciando al propio derecho internacional. Hemos perdido mucho en este abandono, incluida nuestra propia credibilidad global. Pero es el pueblo palestino el que ha sufrido las mayores pérdidas a causa de nuestros fracasos. Irónicamente, la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH) fue adoptada el mismo año en que se perpetró la Nakba contra el pueblo palestino.

Al conmemorar el 75º aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, haríamos bien en abandonar el manido mito de que la DUDH nació de las atrocidades que la precedieron, y admitir que nació al mismo tiempo que uno de los genocidios más atroces del siglo XX, el de la destrucción de Palestina. En cierto modo, los autores de la Declaración prometieron derechos humanos a todos, excepto al pueblo palestino. Tampoco olvidemos que las Naciones Unidas cometieron el pecado original de facilitar el despojo del pueblo palestino al ratificar el proyecto colonial europeo que se apoderó de tierras palestinas y las entregó a los colonos. Tenemos mucho por lo que disculparnos.

Pero el camino de la expiación es claro. Tenemos mucho que aprender de la postura de principios adoptada en los últimos días en ciudades de todo el mundo, donde millones de personas se manifiestan en contra del genocidio, incluso a riesgo de ser golpeadas y detenidas. Los palestinos y sus aliados, los activistas de derechos humanos de todas las tendencias, las organizaciones cristianas y musulmanas, y las voces judías progresistas que dicen "no en nuestro nombre", están liderando el camino. Todo lo que tenemos que hacer es seguirlos.

Ayer, a pocas cuadras de aquí, la Grand Central Station de Nueva York fue completamente invadida por miles de defensores judíos de los derechos humanos, que se solidarizaron con el pueblo palestino y exigieron el fin de la tiranía israelí (muchos de los cuales corren el riesgo de ser arrestados). Al hacerlo, barrieron en un instante el argumento propagandístico de la hasbara israelí (y el viejo cliché del antisemitismo) de que Israel representa de alguna manera al pueblo judío. Este no es el caso. Y, como tal, Israel es el único responsable de sus crímenes. A este respecto, vale la pena repetir, a pesar de las calumnias del lobby israelí, que las críticas a las violaciones de los derechos humanos por parte de Israel no son antisemitas, como tampoco las críticas a las violaciones saudíes son islamófobas, las críticas a las violaciones de Myanmar son antibudistas o las críticas a las violaciones indias son antihindúes. Cuando buscan silenciarnos calumniándonos, en lugar de silenciarnos, debemos alzar la voz. Espero que esté de acuerdo, Sr. Alto Comisionado, en que esta es la esencia de decir la verdad al poder.

Pero también encuentro esperanza en todos los miembros de las Naciones Unidas que, a pesar de las enormes presiones, se han negado a comprometer los principios de derechos humanos de la Organización. Nuestros relatores especiales independientes, comisiones de investigación y expertos de los órganos creados en virtud de tratados, así como la mayoría de nuestro personal, han seguido defendiendo los derechos humanos del pueblo palestino, incluso cuando otros miembros de las Naciones Unidas (incluso al más alto nivel) se han inclinado vergonzosamente ante los poderosos. En su calidad de guardián de las normas de derechos humanos, el ACNUDH tiene el deber especial de velar por ellas. Nuestra tarea, creo, es hacer oír nuestra voz, desde el Secretario General hasta el último recluta de la ONU y horizontalmente, en todo el sistema de la ONU, insistiendo en que los derechos humanos del pueblo palestino no se debatan, negocien o comprometan en ningún lugar bajo la bandera azul.

Entonces, ¿cómo sería una posición basada en las normas de la ONU? ¿En qué estaríamos trabajando si fuéramos fieles a nuestras exhortaciones retóricas sobre los derechos humanos y la igualdad para todos, la rendición de cuentas de los delincuentes, la reparación de las víctimas, la protección de los vulnerables y el empoderamiento de los titulares de derechos, todo ello en el marco del Estado de Derecho? La respuesta, creo, es simple: si tenemos la lucidez para ver más allá de las cortinas de humo propagandísticas que distorsionan la visión de justicia a la que hemos hecho un juramento, el coraje para abandonar el miedo y la deferencia a los Estados poderosos y la voluntad de levantar la bandera de los derechos humanos y la paz. Es cierto que se trata de un proyecto a largo plazo y de un camino empinado. Pero debemos empezar ahora, a menos que nos rindamos a un horror indescriptible. Veo diez puntos clave:

1. Acción legítima: En primer lugar, en las Naciones Unidas debemos abandonar el paradigma fallido (y en gran medida falaz) de Oslo, su ilusoria solución de dos Estados, su Cuarteto impotente y cómplice, y la subversión del derecho internacional a los dictados de sus supuestos méritos políticos. Nuestras posiciones deben basarse inequívocamente en los derechos humanos y en el derecho internacional.

2. Una visión clara: Debemos dejar de fingir que se trata simplemente de un conflicto territorial o religioso entre dos partes enfrentadas y admitir la realidad de la situación, que es que un Estado con un poder desproporcionado está colonizando, persiguiendo y despojando a una población indígena por su etnia.

3. Un Estado único basado en los derechos humanos: Debemos apoyar el establecimiento de un Estado único, democrático y laico en toda la Palestina histórica, con igualdad de derechos para cristianos, musulmanes y judíos, y, en consecuencia, el desmantelamiento del proyecto colonialista profundamente racista y el fin del apartheid en todo el territorio.

4. Lucha contra el apartheid: Debemos reorientar todos los esfuerzos y recursos de la ONU a la lucha contra el apartheid, como hicimos con Sudáfrica en las décadas de 1970, 1980 y principios de la de 1990.

5. Retorno e indemnización: Debemos reafirmar e insistir en el derecho al retorno y a la plena indemnización para todos los palestinos y sus familias que viven actualmente en los territorios ocupados, el Líbano, Jordania, Siria y la diáspora en todo el mundo.

6. Verdad y justicia: Debemos exigir un proceso de justicia transicional, que aproveche al máximo las décadas de investigaciones, investigaciones e informes acumulados por la ONU, con el fin de documentar la verdad y garantizar la rendición de cuentas de todos los criminales, la compensación de todas las víctimas y la reparación de las injusticias documentadas.

7. Protección: Debemos insistir en el despliegue de una fuerza de protección de la ONU con recursos suficientes y un mandato firme para proteger a los civiles desde el río hasta el mar.

8. Desarme: Debemos abogar por la retirada y destrucción de los arsenales masivos de armas nucleares, químicas y biológicas de Israel, evitando así que el conflicto conduzca a la destrucción total de la región y, quién sabe, más allá.

9. Mediación: Debemos reconocer que Estados Unidos y otras potencias occidentales no son mediadores creíbles, sino partes en el conflicto, que son cómplices de Israel en la violación de los derechos palestinos, y debemos enfrentarlos como tales.

10. Solidaridad: debemos abrir nuestras puertas (y las de la Secretaría General) a las legiones de defensores de los derechos humanos palestinos, israelíes, judíos, musulmanes y cristianos que se solidarizan con el pueblo de Palestina y sus derechos, y poner fin al flujo incontrolado de grupos de presión israelíes a las oficinas de los líderes de la ONU, donde abogan por la continuación de la guerra. la persecución, el apartheid y la impunidad, al tiempo que denigran a nuestros defensores de los derechos humanos por su postura de principios sobre los derechos palestinos.

Tardará años en llegar allí, y las potencias occidentales lucharán contra nosotros en cada paso del camino, por lo que tenemos que ser firmes. Debemos trabajar por un alto el fuego inmediato y el fin del asedio de Gaza, oponernos a la limpieza étnica de Gaza, Jerusalén, Cisjordania (y otros lugares), documentar el ataque genocida contra Gaza, ayudar a proporcionar a los palestinos ayuda humanitaria masiva y reconstrucción, cuidar a nuestros colegas traumatizados y sus familias, y luchar con todas sus fuerzas para garantizar que el enfoque de las oficinas políticas de las Naciones Unidas se base en principios.

El fracaso de las Naciones Unidas en Palestina hasta ahora no es razón para que nos demos por vencidos. Por el contrario, debería alentarnos a abandonar el paradigma del pasado que ha fracasado y a adoptar plenamente un curso de acción más basado en principios.

Como ACNUDH, unámonos con valentía y orgullo al movimiento contra el apartheid que está creciendo en todo el mundo, añadiendo nuestro logotipo a la bandera de la igualdad y los derechos humanos del pueblo palestino. El mundo está mirando. Todos tendremos que rendir cuentas de nuestra posición en este momento crucial de la historia. Pongámonos del lado de la justicia.

Gracias, Alto Comisionado Volker,, por escuchar este último llamamiento de mi oficina. Dentro de unos días dejaré la Oficina por última vez, después de más de tres décadas de servicio. Pero no dude en ponerse en contacto conmigo si puedo ser útil en el futuro.

Le ruego acepte, señor Presidente, la expresión de mis distinguidos saludos,

“Estados Unidos, Reino Unido y gran parte de Europa son cómplices de este genocidio”

Ferocidad bíblica

La palabra "religión" se deriva de "religare", que significa crear lazos sólidos entre quienes la comparten, así que el proceso de formación del pensamiento mágico-religioso y su evolución posterior acompañan al de las comunidades humanas. La religión aparece como un poderoso vínculo que proporciona cohesión al grupo, al tiempo que lo dota de una defensa imaginaria frente a la naturaleza hostil. Hay espíritus "buenos" y "malos" y los primeros nos defienden de los segundos. Con el tiempo, cuando distintas comunidades se enfrentan por los medios de subsistencia los espíritus que defienden al enemigo son considerados demonios, y los nuestros, dioses.

Como sintetizó Nietzsche, "el hombre hizo a Dios a su imagen y semejanza". Las cualidades atribuidas a los dioses son siempre cualidades humanas elevadas a un grado superior. Los dioses se alegran o se enojan, con consecuencias muchas veces terribles. Así lo explica el investigador iraní-estadounidense Reza Aslan:

Como es de esperar, este impulso natural de humanizar lo divino conlleva ciertas consecuencias. Porque cuando dotamos a Dios de atributos humanos, esencialmente divinizamos esos atributos, de modo que todo lo bueno o lo malo de las religiones no es más que un reflejo de todo lo que hay de bueno o de malo en nosotros. Nuestros deseos se convierten en los deseos de Dios, pero sin límites. Nuestras acciones se convierten en acciones de Dios, pero sin consecuencias. Creamos un ser sobrehumano dotado de rasgos humanos, pero sin nuestras limitaciones. Modelamos las religiones y culturas, las sociedades y los gobiernos, de acuerdo con nuestros propios impulsos humanos, al mismo tiempo que nos convencemos de que dichos impulsos son divinos.

Eso, más que cualquier otra cosa, explica por qué a lo largo de la historia de la humanidad la religión ha sido una fuerza motriz tanto para el bien infinito como para el mal más indescriptible; ¿por qué la misma fe en el mismo Dios inspira amor y compasión en un creyente, pero odio y violencia en otro? ¿por qué dos personas pueden examinar las mismas escrituras al mismo tiempo y extraer de ellas dos interpretaciones radicalmente opuestas? De hecho, la mayoría de los conflictos religiosos que continúan trastornando nuestro mundo surgen de nuestro deseo innato e inconsciente de convertirnos en la apoteosis de lo que es Dios y lo que Dios quiere, a quien ama Dios y a quien odia Dios.

El Olimpo o el Cielo de cualquier religión reproduce la estructura social del colectivo que la crea. En todas hay un dios por encima de los otros. Los politeísmos no replican una república de iguales sino una corte celestial, con un Dios más poderoso que los demás. El paso de ahí al monoteísmo es proclamarlo como Dios Único y dividir al resto en dos bandos, el de los que Él ampara porque acatan su voluntad y el de los inamistosos, espíritus malos que hay que combatir.

Jehová, un dios exterminador










El monoteísmo israelita fue la primera de las religiones del Libro. El Antiguo Testamento es compartido en lo básico compartido por todas ellas. Contiene textos heterogéneos, entre los que las distintas tradiciones han decidido aceptar unos u otros. Así, la tradición judaica se ampara en el Talmud, que considera además diversas tradiciones rabínicas, pero cuyo núcleo es la Torá, el conjunto de cinco libros atribuidos a Moisés que el cristianismo helenizante llamó Pentateuco.

Son las luchas reales entre grupos humanos las que, acompañadas de luchas ideológicas, han ido determinando la creación de innumerables sectas religiosas de las que unas pocas han tenido éxito mientras otras han desaparecido sin dejar rastro o solo algunas referencias históricas. Frente a la tendencia de los poderosos a favorecer las religiones de la dominación siempre hubo corrientes más o menos subterráneas (y subversivas) hacia religiones del amor y la fraternidad, abrazadas por los oprimidos, pero que solamente triunfaron cuando los dominadores las aceptaron como instrumentos útiles para sus fines.

Así ocurrió con el cristianismo, al que consolidó la aceptación imperial. Su oficialización cristaliza en un Nuevo Testamento que, expurgado de los llamados evangelios apócrifos, definirá el núcleo de las futuras interpretaciones.

Cuando la lectura literal de los textos canónicos se vuelve demasiado inaceptable para el sentido común de una sociedad queda el recurso de otra interpretación que eluda los aspectos más crudos del texto. Se dice entonces que el texto quería señalar otras cosas y que no hay que tomarlo al pie de la letra. Sucesivos "aggiornamentos" logran la supervivencia de las religiones monoteístas.

Estudiando sus historias hallaremos muchos sincretismos, influencias mutuas y creencias curiosamente emparentadas, aunque todas las religiones, con exclusión quizá del bahaísmo, pretendan ser la única verdadera.

El árbol de la evolución de las especies, con ramificaciones exitosas y caminos sin salida, es perfectamente aplicable a la historia de las religiones. El tronco que hunde sus raíces en el Pentateuco produjo las tres ramas principales, judaísmo, cristianismo e islam. Compiten entre sí para ver cual de ellas es más monoteísta. El cristianismo es acusado por las otras como politeísta, por admitir "tres dioses", cosa que las iglesias cristianas niegan, trasladando a la región del Misterio un problema que otrora fue causa de duros choques internos.

Los que en las religiones anteriores eran dioses menores, "dioses buenos", ¿no tienen un claro paralelismo con los ángeles y los santos de las nuevas religiones? Podríamos extendernos en eso, añadiendo las interpretaciones sincréticas de dioses paganos presentes en nombres de santos y vírgenes cristianos, fiestas paganas transformadas y lugares de culto transfigurados...

Pero a lo que vamos: 

La estructura del pensamiento religioso necesita tanto ideas humanistas de amor al prójimo como elementos destructivos hacia quienes no participan del grupo. De la coyuntura histórica y política depende el empleo de ambos. Si los seres del más allá se ordenan jerárquicamente, sus intérpretes terrenos autorizados lo hacen también, y el mayor peligro es todo lo que socava esa distribución. Uno de los ejemplos (y hay muchos más) es la aniquilación de los albigenses, cuyo humanismo, que los llevaba a rechazar las crueldades presentes en el Antiguo Testamento, ponía a su vez en peligro la autoridad del papado:

Este fue uno de los casos más flagrantes de "solución final" mediante el exterminio total de un grupo humano. Contra los cátaros, uno de los pocos colectivos, si no el único, que rechazaba por completo, desde el cristianismo, las crueldades procedentes de la vieja tradición judaica.

Textos legendarios tomados como artículo de fe fundamentan hoy un Estado confesional como Israel, que incluso toma el nombre de un personaje mitológico sin otra constatación histórica que lo escrito en la Biblia.

Porque más allá del año mil antes de nuestra era no hay otros testimonios que confirmen la existencia de los protagonistas bíblicos. La arqueología y otras fuentes fiables han confirmado hasta hoy la existencia de tan solo unos cincuenta de estos personajes, todos posteriores a esa fecha. A pocos textos legendarios se ha concedido tanto crédito, y son los más arcaicos de la colección, aquellos "cinco libros", los que siguen fundamentando la existencia de Israel como "Estado Judío".

El sionismo no nació como movimiento de carácter religioso, sino como un nacionalismo sin Estado que buscaba un territorio donde crearlo. Fue ante todo una reacción al antisemitismo, creciente en muchos países, sobre todo en la Europa oriental. Los pogromos forzaron a emigrar hacia otros lugares a muchos judíos del Imperio Ruso, y aunque muchos se dirigieron a América otros comenzaron a instalarse en Palestina.

De este modo, un movimiento político de huida se reencontró con su base religiosa. A fin de cuentas, la religión era el único lazo que mantuvo unido a este pueblo a lo largo de muchos siglos. Y por eso cuando los tibios acuerdos de Oslo repartieron, si bien desigualmente, lo que los fundamentalistas israelíes consideraban suyo por designio divino, eso dinamitaba la base religiosa del Estado de Israel, así que fueron considerados por el fundamentalismo judío como una traición.

Privaban a la ocupación de aquella base religiosa-religante, y con ella la propia justificación de la existencia de un Estado Judío. Para el fanatismo religioso el único soporte de la ética es la voluntad divina, como ejemplifica el bárbaro ejemplo bíblico del sacrificio de Isaac.

Frente a la destrucción de esa base ideológica, se impuso la destrucción de la solución de dos Estados para la tierra palestina. Isaac Rabin fue asesinado por quien aún hoy se siente orgulloso de su crimen. Con toda probabilidad también eliminaron al otro negociador, Yasser Arafat, cuya muerte nunca se quiso aclarar.

Ahora únicamente un solo Estado, aconfesional, sería la verdadera solución, dificilísima tras la desconfianza y el odio sembrado entre las dos poblaciones.

La psicopatía bíblica de Israel lo ha conducido a lo que por ahora es un callejón sin salida. Sería falso pensar que todos los israelíes comparten el fanatismo bíblico de sus creyentes ortodoxos, esos que se dan cabezazos contra el Muro de las Lamentaciones, pero la mayoría ha sido convencida del peligro de construir un Estado laico que los pusiera en pie de igualdad con los palestinos, que de facto habitan ya un territorio irreversiblemente unificado.

martes, 31 de octubre de 2023

Infamia y doble rasero

El 27 de diciembre de 2008, Israel lanzó la Operación Plomo Fundido, un ataque militar masivo de 22 días contra la Franja de Gaza. La ferocidad de la operación no tuvo precedentes en los más de 60 años de conflicto entre israelíes y palestinos y en la misma murieron alrededor de 1.400 palestinos, la mayoría de ellos civiles. Vemos ahora que son capaces de hacer mucho más daño.

El nombre que, con eco de torturas medievales, dieron a esta gran hazaña guerrera,  mostraba crudamente la psicopatía bíblica de Israel. La actual ofensiva multiplica, no sabemos aún por qué factor, aquella atrocidad y demuestra que esta gente no conoce más límites que los de su propia impunidad.

Eduardo Galeano escribió entonces un artículo sobre la causa palestina, las tragedias de Gaza y el plomo impune de "Israel". Desgraciadamente quince años no han sido tiempo suficiente para que lo que entonces dijo el escritor uruguayo pierda vigencia.

Operación plomo impune

Eduardo Galeano 



Para justificarse, el terrorismo de Estado fabrica terroristas: siembra odio y cosecha coartadas. Todo indica que esta carnicería de Gaza, que según sus autores quiere acabar con los terroristas, logrará multiplicarlos. Desde 1948, los palestinos viven condenados a humillación perpetua. No pueden ni respirar sin permiso. Han perdido su patria, sus tierras, su agua, su libertad, su todo. Ni siquiera tienen derecho a elegir sus gobernantes. Cuando votan a quien no deben votar, son castigados. Gaza está siendo castigada. Se convirtió en una ratonera sin salida, desde que Hamas ganó limpiamente las elecciones en el año 2006. Algo parecido había ocurrido en 1932, cuando el Partido Comunista triunfó en las elecciones de El Salvador. Bañados en sangre, los salvadoreños expiaron su mala conducta y desde entonces vivieron sometidos a dictaduras militares. La democracia es un lujo que no todos merecen.

Son hijos de la impotencia los cohetes caseros que los militantes de Hamas, acorralados en Gaza, disparan con chambona puntería sobre las tierras que habían sido palestinas y que la ocupación israelita usurpó. Y la desesperación, a la orilla de la locura suicida, es la madre de las bravatas que niegan el derecho a la existencia de Israel, gritos sin ninguna eficacia, mientras la muy eficaz guerra de exterminio está negando, desde hace años, el derecho a la existencia de Palestina.

Ya poca Palestina queda. Paso a paso, Israel la está borrando del mapa. Los colonos invaden, y tras ellos los soldados van corrigiendo la frontera. Las balas sacralizan el despojo, en legítima defensa.

No hay guerra agresiva que no diga ser guerra defensiva. Hitler invadió Polonia para evitar que Polonia invadiera Alemania. Bush invadió Irak para evitar que Irak invadiera el mundo. En cada una de sus guerras defensivas, Israel se ha tragado otro pedazo de Palestina, y los almuerzos siguen. La devoración se justifica por los títulos de propiedad que la Biblia otorgó, por los dos mil años de persecución que el pueblo judío sufrió, y por el pánico que generan los palestinos al acecho.

Israel es el país que jamás cumple las recomendaciones ni las resoluciones de las Naciones Unidas, el que nunca acata las sentencias de los tribunales internacionales, el que se burla de las leyes internacionales, y es también el único país que ha legalizado la tortura de prisioneros. ¿Quién le regaló el derecho de negar todos los derechos? ¿De dónde viene la impunidad con que Israel está ejecutando la matanza de Gaza? El gobierno español no hubiera podido bombardear impunemente al País Vasco para acabar con ETA, ni el gobierno británico hubiera podido arrasar Irlanda para liquidar a IRA. ¿Acaso la tragedia del Holocausto implica una póliza de eterna impunidad? ¿O esa luz verde proviene de la potencia mandamás que tiene en Israel al más incondicional de sus vasallos?

El ejército israelí, el más moderno y sofisticado del mundo, sabe a quien mata. No mata por error. Mata por horror. Las víctimas civiles se llaman daños colaterales, según el diccionario de otras guerras imperiales. En Gaza, de cada diez daños colaterales, tres son niños. Y suman miles los mutilados, víctimas de la tecnología del descuartizamiento humano, que la industria militar está ensayando exitosamente en esta operación de limpieza étnica.

Y como siempre, siempre lo mismo: en Gaza, cien a uno. Por cada cien palestinos muertos, un israelí. Gente peligrosa, advierte el otro bombardeo, a cargo de los medios masivos de manipulación, que nos invitan a creer que una vida israelí vale tanto como cien vidas palestinas. Y esos medios también nos invitan a creer que son humanitarias las doscientas bombas atómicas de Israel, y que una potencia nuclear llamada Irán fue la que aniquiló Hiroshima y Nagasaki.

La llamada comunidad internacional, ¿existe? ¿Es algo más que un club de mercaderes, banqueros y guerreros? ¿Es algo más que el nombre artístico que los Estados Unidos se ponen cuando hacen teatro?

Ante la tragedia de Gaza, la hipocresía mundial se luce una vez más. Como siempre, la indiferencia, los discursos vacíos, las declaraciones huecas, las declamaciones altisonantes, las posturas ambiguas, rinden tributo a la sagrada impunidad. Ante la tragedia de Gaza, los países árabes se lavan las manos. Como siempre. Y como siempre, los países europeos se frotan las manos. La vieja Europa, tan capaz de belleza y de perversidad, derrama alguna que otra lágrima, mientras secretamente celebra esta jugada maestra. Porque la cacería de judíos fue siempre una costumbre europea, pero desde hace medio siglo esa deuda histórica está siendo cobrada a los palestinos, que también son semitas y que nunca fueron, ni son, antisemitas. Ellos están pagando, en sangre contante y sonante, una cuenta ajena. 

Este artículo está dedicado a mis amigos judíos asesinados por las dictaduras latinoamericanas que Israel asesoró.

Eduardo Galeano

sábado, 21 de octubre de 2023

La distribución del voto, la de la riqueza y su modulación política

Desde otra entrada de este blog, sobre voto y conciencia de clase, traigo aquí esta gráfica. Muestra la relación, en las pasadas elecciones, entre nivel de renta o de riqueza e intención de voto. Junto a tendencias generales en los extremos de la pobreza y la riqueza aparecen influencias que alteran lo que se esperaría en principio, debidas seguramente a las diferencias de nivel de conocimientos que se asocian a la prosperidad, como la que hace que el voto de Sumar aumente hasta alcanzar un máximo entre la clase media más acomodada.

El eje de ordenadas muestra el porcentaje de voto mientras el de abscisas ordena a la población según su creciente nivel económico. Nada dice sin embargo sobre cuál es ese nivel para cada percentil de esa población. Para eso se necesita otro diagrama, en el que se considere la riqueza que va acumulando a cada paso la población así ordenada. Esa es la Curva de Lorenz que analizo a continuación.

Esta gráfica refleja los ingresos que va acumulando la población contabilizada, al avanzar un recuento que empieza por los más pobres, hasta que al final la población total recibe la totalidad de los ingresos:

En una sociedad hipotética con una absoluta igualdad económica, toda la población ingresaría lo mismo. No tendría sentido ni sería posible ordenarla con el criterio establecido. A lo largo de todo de recuento la riqueza creada sería proporcional a la población recontada. La línea azul refleja esta utópica situación.

Pero en las sociedades realmente existentes, al empezar por los más pobres, la curva se descuelga, en diferente medida según el grado de desigualdad. Al avanzar el recuento aumenta el descuelgue, hasta llegar a un punto en que empezamos a incluir a gente más próspera, y al totalizar la población totalizamos también su enriquecimiento.

Frente a la total igualdad de esta línea azul tendríamos la total desigualdad en que un único individuo lo acumularía todo y nadie más obtendría nada. Es la otra línea azul del diagrama siguiente:









Todas las sociedades reales presentan gráficas contenidas en la superficie que encierran las dos situaciones extremas. Consideremos la superficie A comprendida entre la línea de igualdad absoluta y la situación estudiada. Si tomamos como unidad el área del triángulo comprendido entre las líneas extremas, el área de A será el coeficiente de Gini.

El valor cero corresponde a la igualdad absoluta y el uno a la extrema desigualdad. El coeficiente toma siempre valores intermedios, tanto más bajos cuanto más igualitaria es la sociedad.

Pondré otros ejemplos tan irreales como los casos extremos pero ilustrativos de los valores que puede alcanzar el coeficiente en situaciones reales. Sea una sociedad compuesta por esclavos sin riqueza alguna, una clase libre totalmente igualitaria y un monarca absoluto que reserva para sí mismo gran parte de la riqueza.

Si la mitad de la población es esclava y el rey se queda con la mitad del producto total, la situación será ésta, y el coeficiente de Gini alcanzará un valor de 0,75:




Si los esclavos fueran un tercio y el rey se quedase un tercio de la riqueza, el coeficiente sería 0,555...:




A una cuarta parte de esclavos y un rey que se conformase con la cuarta parte le correspondería el índice 0,4375:




Y si el soberano se reserva un quinto y los libres e iguales son el 80%, el índice bajará a 0,36:




(Los ejemplos han sido elegidos por su facilidad de cálculo. Los indices obtenidos corresponden a las fracciones 3/4, 5/9, 7/16, 9/25. Curiosamente el criterio nos ha conducido a la serie de cocientes entre los primeros impares y los primeros cuadrados. Interesante propiedad geométrico-aritmética: cada cuadrado puede obtenerse sumando al anterior el correspondiente número impar, formando una progresión aritmética de segundo orden. Pero dejemos eso y pasemos a lo que ha motivado este análisis, que es el problema de la desigualdad). 

Está claro que ninguna de estas situaciones es real: la desigualdad se da también, como mínimo, en los hombres libres. 

Aunque siempre puede haber un solo individuo que se reserve una parte considerable e indigentes absolutos, en la práctica totalidad del diagrama tendremos curvas parecidas a estas, tomadas de un estudio de la Universidad de Granada sobre las Curvas de Lorenz:




Solamente las primeras podrían corresponder a situaciones reales estables. Por encima del índice 0,4 las sociedades se vuelven cada vez más inestables. La siempre presente lucha de clases altera continuamente la situación, y nunca veremos dos diagramas absolutamente iguales.

En la página 107 del libro de Andreu Escrivà Contra la sostenibilidad hay algunos datos interesantes sobre estos cambios:

El Reino Unido había sufrido un incremento rampante de la desigualdad tras los sucesivos gobiernos de Margaret Thatcher (pasaron de un coeficiente de 0,25 a 0,345 de 1979 a 1990), y fue incapaz de redistribuir el incremento de su PIB de 1990 a 2020 para revertir los efectos de la desigualdad: el coeficiente apenas se movió hasta el 0,344. En Estados Unidos, que también vio escalar la desigualdad durante los años ochenta y los mandatos de Ronald Reagan, el coeficiente pasó de 0,382 a 0,415. Pese a que las políticas aplicadas consiguieron disminuir las emisiones aunque no lo suficiente y generar riqueza, se han demostrado incapaces de redistribuirla, y por tanto la aspiración a la sostenibilidad queda más que comprometida.

Volviendo al principio, no existe una relación automática entre la distribución del voto y la de la riqueza. De igual modo que la lucha de clases es compleja, también es manipulable, y quienes tienen poder, que son precisamente los que tienen riqueza, tienen medios a su alcance para que un panorama de por sí distorsionado lo sea todavía más.

¡Pero por favor, que esto no suene a fatalismo!

martes, 17 de octubre de 2023

Para entender Palestina

Los mismos que consideran complicidad criminal el no estar recordando continuamente los atentados de ETA, nos exigen que olvidemos los crímenes de la dictadura, en nombre de la reconciliación.

Los que estuvieron de acuerdo con una amnistía asimétrica, forzada por una correlación de debilidades que exculpaba por igual a represores y reprimidos, nos dicen ahora que otra amnistía es ilegal e intolerable porque equivale a traición.

Amnistía y amnesia son selectivas. Quienes pasan por alto comportamientos atroces se espantan y rasgan las vestiduras en otras ocasiones, aunque las situaciones no sean comparables.

En muchos casos de gran asimetría, quienes controlan los medios recurren a una falsa simetría para equiparar lo que solo hipócritamente puede ser equiparado. El discurso dominante obliga muchas veces a partir de esas comparaciones que nos da hechas. Si no las aceptamos se dirá que no somos ecuánimes. Por eso se demoniza a personajes o grupos a los que se quiere destruir. Siempre habrá sombras en las que poner el foco. Sadam Husseín o Gadafi son ejemplos clarísimos. Cualquiera que quisiese condenar las invasiones de Irak y Libia tenía que decir previamente: "yo no pretendo defender a este cruel dictador, pero...".

Lo mismo ocurre ahora con Hamás. Antes de cualquier protesta contra las barbaridades de Israel hay que poner por delante la condena de sus incursiones en territorio enemigo, el mismo que los bombardea continuamente, que no ha dejado nunca de hacerlo cada vez que lo considera oportuno. Hasta que ellos mismos no hablan de guerra, guerra que nunca ha cesado, lo que hay en Palestina es un "conflicto". No se habla así del "conflicto" ucraniano.

Acabar con las guerras, con todas las guerras, es la meta. Pedir que callen las armas debe ser un clamor. Pero no se nos debe olvidar que muchas guerras son impuestas, y no por eso el atacado tiene la obligación de rendirse incondicionalmente.

Los pueblos colonizados han luchado en guerras de liberación que eran la respuesta a situaciones intolerables. La Asamblea General de la ONU, en numerosas ocasiones, ha considerado legítima "la lucha de los pueblos por liberarse de la dominación colonial y la subyugación extranjera por todos los medios disponibles, incluida la lucha armada".

Claro que el acreditado doble rasero habitual pondrá sordina o altavoz "según quién y según cómo" la practique.

Un vídeo que ¡oh casualidad! "no está disponible" en la página de la BBC (como tampoco lo está la televisión rusa en este mundo de la libre expresión), deja patente la respuesta más oportuna ante las exigencias de condena previa de los "terroristas" (aún he podido verlo aquí).Transcribo también la entrevista, un diálogo entre un periodista de la BBC y el embajador palestino:

¿Apoya usted lo que Hamas lanzó el Sábado por la mañana?

Bueno, esta no es la pregunta correcta, Louis, de verdad.

Es una pregunta importante.

No es una pregunta importante, porque...

¿Usted apoya su acción o no? Es una pregunta importante.

¡No, no, no, no! No es una pregunta importante! Hamas es un grupo militante y usted está hablando con el representante palestino. Nuestra posición es muy conocida y clara. 

¿En eso apoya las acciones de Hamás? 

No se puede igualar. No se trata de si apoyo o no apoyo. Estoy aquí para representar a mi pueblo, el pueblo palestino, por lo que está pasando. No estoy aquí para condenar a nadie, y si hay alguien que necesita ser condenado es eso que usted llama "la única democracia de Medio Oriente", es decir Israel, que está haciendo lo que usted acaba de informar, apuntando a civiles. Esto no ha ocurrido solo las últimas 48 horas. Le diré una cosa: Hamás no es el pueblo palestino ¿de acuerdo? 
El gobierno israelí está dando órdenes a un ejército bien organizado, así que por favor no trace una simetría aquí, no equipare. No hay forma de trazar simetrías y equiparar a ocupado y ocupante. No es justo hacer esto para comprender la situación real. 
Para su audiencia y espectadores, desde su creación Israel ha tenido esta doctrina militar: cuando pelea, pelea contra civiles. Mata civiles, y eso presiona a los combatientes desde 1948. Y volvamos a los registros. 
Esto se ha repetido en Gaza y se seguirá repitiendo, por lo que la comparación no es un juego de culpas. No estoy de acuerdo en culpar a la víctima aquí. La verdadera conversación es como podemos detener este círculo vicioso y mortal. 

Acaba de condenar a Israel por matar civiles y no condenara a Hamás por matar civiles. 

¿Cuántas veces ha entrevistado a ciudadanos israelíes, Louis? Cientos de veces, cientos de veces. ¿Cuántas veces Israel ha cometido crímenes de guerra en directo, ante sus propias cámaras? Empieza pidiendo que se condenen a sí mismos. ¡Lo ha hecho, lo hace! Y por eso me niego a responder esta pregunta, porque rechazo la premisa. 
Porque en el fondo hay una tergiversación en todo el asunto. Porque siempre se espera que sean los palestinos los que se condenen a sí mismos. Vamos, este es un conflicto político. Se nos han negado nuestros derechos desde hace mucho tiempo, así que el punto de partida está equivocado. El punto de partida correcto es centrarse en las causas fundamentales, tratar de salir de este túnel extremadamente oscuro. 
A este lugar de negocio de la BBC y de los principales medios de comunicación, durante 75 años, nos traen cada vez que hay israelíes asesinados. Hay muchos palestinos asesinados en Cisjordania, más de 200 en los últimos meses. ¿Me invitan cuando hay provocaciones israelíes en Jerusalén y en otro lugares? 
Lo que los israelíes han visto, que comenzamos diciendo que es trágico, en las últimas 48 horas, los palestinos lo ven todos los días durante los últimos 50 años. ¿Usted conoce la situación en Gaza? La acaba de describir: esta es la mayor prisión al aire libre. Esas personas, dos millones, han sido tomadas como rehenes por Israel durante los últimos 16 años. Digo esto para decir, Louis, que tal vez sea hora de que abandonemos esta retórica muy peligrosa, este marco, y comencemos a decirle a la gente la verdad, realmente fea a veces. 

¿Cual es la solución desde su punto de vista? 

Ley internacional. Solo eso.  

¿Qué significa eso?  

La aplicación equitativa de las resoluciones internacionales. El derecho y la legitimidad, como hacen en Ucrania. ¿Traería al embajador de Ucrania aquí y comenzaría a pedirle que condene a algunos de sus combatientes? 
Necesitamos aplicar plena y equitativamente las reglas creadas por las Naciones Unidas después de los horrores de la segunda guerra mundial. Necesitamos asegurarnos de que Israel no sea la excepción que ha sido durante los últimos 75 años. Asegurarnos de que nadie esté por encima de la ley. 
Gran Bretaña es famosa, Louis, por el estado de derecho. Creo que esa es la solución. Israel es una fuerza ocupante. Es responsable de brindar protección a las personas bajo su ocupación. 
Si cometen crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad en las próximas horas y semanas, deben rendir cuentas a la Comunidad internacional y al sistema judicial internacional. 

Sr. Husam Zomlot, muchas gracias por asistir al programa.

Gracias.

Una bandera de Palestina en una manifestación por su liberación, en Estrasburgo, Francia, a 13/10/2023. Mathilde Cybulski / Hans Lucas / AFP.













Todo está en el contexto: cinco claves históricas y actuales para entender Palestina

JORGE RAMOS TOLOSA

Nada puede comprenderse sin contexto. Y cualquier análisis sobre Palestina-Israel que desfigure o ignore el contexto histórico ni puede comprender, ni puede analizar. Hoy más que nunca, en medio del genocidio israelí en Gaza, sigue siendo necesario destacar que todo está en el contexto:

1. El origen y la explicación clave: el colonialismo de asentamiento sionista contemporáneo que no representa al judaísmo

El contexto fundamental para comprender el conflicto Palestina-Israel no se retrotrae 2.000 años atrás. Tampoco remite a un conflicto religioso, aunque posee un contenido religioso considerable, debido a que se ubica en Tierra Santa y distintos actores utilizan la religión como elemento legitimador y movilizador. El contexto histórico clave para comprender Palestina-Israel es el colonialismo europeo contemporáneo.

La cuestión de Palestina-Israel comienza en Europa, a finales del siglo XIX, en uno de los momentos de mayor auge colonial de la contemporaneidad. Fue en este contexto de efervescencia del imperialismo-colonialismo, el nacionalismo y el racismo biologicista cuando surgió el movimiento sionista en Europa. Después de barajar diferentes territorios, el proyecto político sionista fue una expresión nacionalista que pretendía crear un Estado, exclusiva o mayoritariamente judío, en el mayor territorio posible de Palestina.

Todo ello a través del colonialismo de asentamiento, una modalidad de colonialismo en el que un gran número de colonos blancos –frecuentemente perseguidos en sus lugares de origen– se asienta en un territorio para quedarse y asimilar, discriminar, desplazar y aniquilar a la población nativa, como ocurrió en Australia, Canadá, Estados Unidos o Nueva Zelanda, y como acabó fracasando en Argelia o Sudáfrica. El colonialismo de asentamiento contemporáneo es inseparable del racismo y de la deshumanización de los pueblos colonizados, como se ha estudiado en el pasado y como estamos viendo estos días en Palestina.

Pero el movimiento sionista sólo era una propuesta minoritaria (entre otras opciones como el asimilacionismo, el autonomismo o el bundismo –esta última claramente socialista y antisionista–) para abordar el racismo antijudío en Europa. Así, el sionismo no representaba ni representa al judaísmo, ni a las comunidades judías. Desde su creación en 1948, el Estado de Israel tampoco representa al judaísmo, ni a las comunidades judías. Había y hay colectivos e individuos judíos no sionistas y antisionistas. Tanto laicos como religiosos, y tanto dentro como fuera del Estado de Israel.

En las últimas décadas del siglo XIX, Palestina no era una entidad diferenciada. Formaba parte del Sultanato Otomano y tenía un carácter multirreligioso desde hacía más de mil años. Por entonces, aproximadamente un 85% de su población era musulmana, un 11% cristiana y menos de un 5% judía. Y aquí llega la clave del pasado y del presente. El objetivo fundamental del movimiento sionista era crear un Estado exclusiva o mayoritariamente judío en el mayor territorio posible de Palestina. ¿Cómo conseguirlo, si menos de un 5% de su población era judía? Aunque la historia no es lineal, nunca está escrita y siempre está sujeta a incalculables contingencias, difícilmente podría conseguirse este objetivo sionista sin la segregación colonial y la expulsión masiva de la población nativa no judía. El movimiento sionista impulsó varias oleadas colonizadoras, fue aumentando el porcentaje de población judía en Palestina y recibió el apoyo del Reino Unido desde que este territorio fue incorporado al Imperio Británico al final de la Primera Guerra Mundial.

2. El Estado de Israel colaboró con el nazismo y con dictaduras, y se creó y se mantiene a través de crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad

El objetivo principal del movimiento sionista era establecer un Estado colonial en el máximo territorio posible de Palestina. Para ello, necesitaba sustituir al mayor número posible de personas nativas palestinas por colonos judíos –desde su establecimiento en 1948, el régimen israelí también persigue el propósito de dominar el máximo territorio posible con el mínimo de población palestina posible–. Con tal finalidad, el movimiento sionista no dudó en aliarse o colaborar con el III Reich, mientras que, tras la creación del Estado israelí, este contrató a criminales de guerra nazis de la Segunda Guerra Mundial y cooperó con numerosas dictaduras militares latinoamericanas. Aun así, todavía sigue siendo poco conocido que, en la década de 1930, la Federación Sionista Alemana firmó un pacto de colaboración con el nazismo (Acuerdo Haavará de agosto de 1933) y la organización paramilitar sionista Haganá también colaboró con el III Reich.

El régimen nazi no quería a judíos en Alemania ni en Europa y el movimiento sionista los quería en Palestina. Hasta Adolf Eichmann,​ que, según escribió Hannah Arendt en Eichmann en Jerusalén se "convirtió" al sionismo, siendo una "doctrina de la que jamás se apartaría", visitó la Palestina del Mandato Británico en 1937 de la mano de sionistas como Feivel Polkes. Durante la Guerra Fría, el jerarca nazi Otto Skorzeny (apodado 'el hombre más peligroso de Europa' y acogido por la dictadura franquista) trabajó para el Mossad israelí, como también lo hizo Walter Rauff (inventor de la cámara de gas móvil, que también trabajó en la Argentina y vivió durante décadas en Chile). 

Además, el régimen israelí vendió armas y entrenó a fuerzas militares de la dictadura chilena, instruyó a paramilitares colombianos, apoyó a escuadrones de la muerte de El Salvador y Guatemala –incluyendo durante el genocidio maya ixil– y colaboró estrechamente con la Sudáfrica del apartheid, régimen colonial con el que cada vez más estudios trazan similitudes con Israel.

Para conseguir el máximo territorio posible con el mínimo de población nativa no judía, dentro del marco de proyecto sionista de colonialismo de asentamiento, el Estado de Israel se creó en 1948 a través de lo que conocemos en la actualidad como crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad. En 1948, las tropas sionistas-israelíes perpetraron una limpieza étnica que supuso la expulsión de unas 800.000 personas palestinas, la destrucción o el desalojo de 615 localidades y el desmembramiento de Palestina. En términos del Estatuto de Roma del Tribunal Penal Internacional, esto significa que Israel se creó a través de crímenes de guerra (como la "destrucción y la apropiación de bienes [...] a gran escala" o la "deportación") y crímenes de lesa humanidad (como el "traslado forzoso de población", es decir, la limpieza étnica) y que se construyó, se ha sostenido y se sostiene gracias al mantenimiento de más crímenes contra la humanidad contra la población palestina, como el apartheid y la persecución. Históricos informes de 2021 y 2022 de Human Rights Watch y Amnistía Internacional, respectivamente, detallan cómo las autoridades israelíes son culpables del crimen de apartheid.

3. Al contrario que en el caso de los pueblos colonizados como el palestino, no existe el 'derecho a la autodefensa' de las potencias ocupantes como Israel, sino su obligación de proteger a la población ocupada

Si desde 1948 el régimen colonial israelí se ha construido y se ha mantenido a través de la limpieza étnica y el apartheid, a partir de 1967 también se convirtió en una potencia ocupante al conquistar y no retirarse –violando así la resolución 242, de carácter vinculante, del Consejo de Seguridad de la ONU– de Cisjordania, Jerusalén Este y la Franja de Gaza. Desde entonces, como potencia ocupante, adquirió la obligación internacional de proteger a la población colonizada y ocupada.

Por tanto, como explica la investigadora chilena-palestina Nadia Silhi, en Derecho Internacional Humanitario no existe el 'derecho a la autodefensa' de las potencias coloniales y ocupantes como Israel, sino su obligación de defender a la población colonizada y ocupada, es decir, a la población palestina de Cisjordania, Jerusalén Este y la Franja de Gaza. Algo que, por cierto, no varió por la firma de los Acuerdos de Oslo (1993-1995), aquella trampa israelo-estadounidense que, aunque fuese un fracaso, fue utilizada por el régimen israelí como cortina de humo para avanzar en su colonización y apartheid. Un deber de la potencia ocupante de proteger a la población ocupada que, por cierto, Israel ha violado sistemática y masivamente, al igual que los Derechos Humanos del pueblo palestino. El Consejo de Derechos Humanos de la ONU ha condenado oficialmente a Israel en más ocasiones que a cualquier otro Estado del mundo.

Por su lado, también debe quedar claro que las resoluciones de la Asamblea General de la ONU 3070 (1973), 3246 (1974), 35/35 (1980), 37/43 (1982) y 45/130 (1990) "reafirman la legitimidad de la lucha de los pueblos por liberarse de la dominación colonial y la subyugación extranjera por todos los medios disponibles, incluida la lucha armada", mencionando aquí explícitamente la legitimidad de todas las formas de lucha de liberación del pueblo palestino.

4. Un desequilibrio tan abismal y un doble rasero tan indignante que supone "el mayor escándalo moral de nuestro tiempo"

Para el intelectual camerunés Achille Mbembe, Palestina es "el mayor escándalo moral de nuestro tiempo". Lo es si tenemos en cuenta la historia y la operación genocida de estos días. Fijándonos en la infancia, no sólo lo es porque según Save the Children "la infancia palestina es la única en el mundo enjuiciada sistemáticamente por un procedimiento militar en lugar de civil". No sólo lo es porque tropas israelíes detienen a menores a diario y han llegado a detener a niños de 3 años (como en Hebrón el 27 de marzo de 2018), acusados de lanzar piedras. No sólo porque en julio de 2021, por ejemplo, asesinaron en Beit Ummar a Mohammed al-Alami, un niño palestino de 12 años, y en su funeral no solo atacaron a las personas asistentes, sino que asesinaron a otro joven de 20 años, Shawkat Awad. No sólo porque entre el año 2000 y el 6/10/2023, el apartheid israelí asesinó a 2.287 niñas y niños palestinos. No sólo por este infanticidio del siglo XXI, sino porque, como escribió el poeta palestino Mahmud Darwish, hacemos "memoria del principio / olvido del final". La Nakba palestina no sólo ocurrió hace 75 años, sino que lleva sucediendo 75 años ininterrumpidamente. Es un presente eterno. 

Hoy más que nunca, es insoportable comprobar el doble rasero entre Ucrania, que recibe todo el apoyo de los gobiernos del Atlántico Norte, y Palestina, que sólo recibe criminalización y complicidad con la potencia colonizadora y ocupante que le oprime. La Unión Europea de Radiodifusión tardó solo un día en expulsar a Rusia de Eurovisión tras invadir Ucrania en febrero de 2022. Mientras tanto, Israel participa en Eurovisión desde hace décadas.

Hoy más que nunca, también es insoportable comprobar –aunque sea frecuentemente censurado en grandes medios euroamericanos– cómo década tras década el apartheid israelí asesina impune y sistemáticamente a personas adultas y a menores, a personal sanitario y a periodistas, en nombre de la democracia y en nombre del victimismo. No existe otro régimen colonial creado y mantenido a través de crímenes de guerra y de lesa humanidad que se presente al mundo como la víctima perpetua. Y todo ello con la estrecha colaboración de Estados Unidos, la Unión Europea y sus países, y otros Estados del Norte Global. De hecho, las complicidades académicas, culturales, económicas, militares y políticas son las que permiten el mantenimiento del apartheid israelí.

Los cuerpos y territorios palestinos son un laboratorio de pruebas de la industria armamentística y tecnológica mundial. Lo que se testea allí es exportado y comprado por todo el mundo: las técnicas policiales que aprenden fuerzas de seguridad del Estado español con israelíes, las tanquetas de agua israelíes que reprimen manifestaciones en Barcelona o Santiago de Chile o los drones israelíes que luego vigilan la Frontera Sur de la UE o los campos saharauis. Todo está interconectado, como las tiranías y los tiranos, por eso Netanyahu ha sido un estrecho aliado y amigo de Jair Bolsonaro, Donald Trump o Viktor Orbán.

Israel es el mayor exportador de armas per cápita del mundo. Ahora mismo, numerosas industrias de la muerte están subiendo en bolsa y obteniendo pingües beneficios, porque el Ejército israelí está demostrando en directo, una vez más, que las armas y tecnologías que utiliza funcionan, están tested in combat. Por eso, hay grandes intereses capitalistas en que el apartheid israelí y sus crímenes continúen. Por eso, la campaña global de BDS es la máxima esperanza del pueblo palestino: porque es la mayor coalición de la sociedad civil palestina, porque una campaña similar contribuyó en el pasado a la caída del apartheid sudafricano, porque acabar con las complicidades es la clave, y porque saben que no se puede confiar en el poder, y son los pueblos y los movimientos sociales quienes tienen que marcar el rumbo de la lucha contra las injusticias.

Así, a diferencia de Israel, Palestina no ha cometido una limpieza étnica para crear un Estado. A diferencia de Israel, Palestina no ha colonizado ningún territorio. A diferencia de Israel, Palestina no practica el apartheid. A diferencia de Israel, Palestina no tiene Estado, ni Ejército. A diferencia de Israel, la población de Gaza no tiene refugios, ni puede refugiarse, ni siquiera tiene pasaportes. A diferencia de Israel, la población de Gaza no roba la tierra a nadie. El 70% son refugiados expulsados de su tierra (que ahora es Israel) y todavía un mayor porcentaje depende de la ayuda exterior.

Gaza es uno de los lugares más densamente poblados del mundo, más del 90% de su agua está contaminada, y desde 2006 está bloqueada por tierra, mar y aire. Lo que significa que Israel no permite que entre ni salga nada ni nadie sin su permiso. Gaza se ha definido como un 'gueto', como 'la mayor cárcel al aire libre del mundo' o como un 'campo de concentración'

En ocasiones, las autoridades israelíes han impedido que entren folios de papel, lápices o garbanzos a Gaza por 'cuestiones de seguridad'. También, periódicamente, impiden salir a niñas y a niños palestinos enfermos de cáncer u otras enfermedades graves para que sean tratados. A diferencia de Israel, Palestina no tiene armas nucleares, ni bombardea con fósforo blanco (un arma química prohibida). A diferencia de Israel, Palestina no lleva más de medio siglo siendo apoyada por la mayor potencia militar mundial. Pero, al mismo tiempo, la mayor potencia mundial cada vez lo es menos, y el 7 de octubre de 2023 las guerrillas del gueto de Gaza humillaron a la potencia colonial, ocupante y nuclear de Israel, cuyo servicio secreto parecía ser de los más avanzados y temidos del mundo...

¿Por qué lo ocurrido el 7 de octubre ha hecho poner el grito en el cielo a personas que nunca habían puesto el grito en el cielo cuando, por ejemplo, los militares y colonos del apartheid israelí asesinaron a 2.287 niñas y niños palestinos, entre el año 2000 y el 6 de octubre de 2023 –ahora ya son más de 3.000 desde el año 2000–? Como pasó con gran parte de la prensa y la opinión pública del Atlántico Norte con la descolonización de Argelia, lo que no perdonan, como escribiría Aimé Césaire, no es el crimen en sí, el crimen contra personas, sino el crimen contra personas blancas. Por tanto, es por racismo. El racismo, y en concreto el racismo islamófobo, que sigue marcando el día a día de las personas musulmanas o percibidas como musulmanas y las imágenes y representaciones que se proyectan sobre ellas.

5. El 7 de octubre de 2023: ¿un antes y un después en la descolonización de Palestina?

El colonialismo moderno-contemporáneo tiene como base la deshumanización, el racismo, la subyugación y la violencia, tal y como explicó el intelectual afrocaribeño Frantz Fanon. Y la historia del siglo XX enseña que todo proceso de descolonización, ya sea en Angola, en Argelia, en la India, en Sudáfrica o en Vietnam, combina la resistencia no violenta y la lucha armada. Y ambas, según las resoluciones de la Asamblea General de la ONU, son legítimas para acabar con la dominación colonial.

En mayo de 2021, los bombardeos israelíes sobre Gaza asesinaron a 256 personas palestinas. El apartheid israelí no necesitaba esgrimir ninguna justificación. Sólo que, en un barrio de Jerusalén, Sheikh Jarrah, las palestinas y los palestinos estaban negándose a sufrir una limpieza étnica. Así, quien volvió a bombardear Gaza (como en 2018, en 2014, en 2012, en 2008-2009...) no utilizó ningún casus belli. Los regímenes coloniales como Israel no necesitan casus belli, se crearon a través de crímenes de guerra y de lesa humanidad, y actúan con total impunidad en el entramado del sistema internacional, como estamos viendo estos días.

Pero el 7 de octubre de 2023 será recordado durante mucho tiempo. Los guerrilleros palestinos del gueto de Gaza, de más de diez facciones políticas diferentes y mayoritariamente refugiados, no sólo no habían conseguido destruir nunca tan eficaz ni rápidamente los sistemas de vigilancia y la 'valla inteligente' de tecnología punta, que les ha separado 75 años de sus tierras de origen, sino que nunca habían conseguido penetrar tan adentro en el territorio del que sus ancestros fueron expulsados. Algunos de ellos lloraron al llegar a la Palestina del 48. La prensa israelí tituló lo ocurrido el 7 de octubre de 2023 como un "fracaso colosal [israelí]", una "catástrofe nacional", "el mayor fallo de inteligencia en la historia israelí" o "el momento más difícil desde 1948".

Innumerables analistas internacionales y militares coincidieron. "Pase lo que pase en esta [nueva] ronda de la guerra Israel-Gaza", escribía Chaim Levinson en Haaretz, el 8 de octubre, "ya hemos perdido". Las guerrillas palestinas marcan el tempo. Y se abre un nuevo escenario, en el que se ha demostrado que Israel es más vulnerable de lo que parecía. Puede ser atacado y derrotado –aunque sea temporalmente– y su posición no sólo internacional, sino también del territorio que controla, puede alterarse.

El 7 de octubre de 2023 no sólo fue sabbat, lo que suele comportar menor actividad judía israelí en numerosos ámbitos. Fue el día siguiente al 50º aniversario de la Guerra del Yom Kippur, iniciada por sorpresa y con un fallo de inteligencia israelí por parte de las fuerzas egipcias y sirias para recuperar el Sinaí y los Altos del Golán, territorios de Egipto y Siria, respectivamente, ocupados por el Ejército israelí en 1967. Años después, Egipto consiguió recuperar el Sinaí a cambio de reconocer a Israel, pero los Altos del Golán continúan estando ocupados militarmente.

¿Por qué esta nueva fase en el proceso de descolonización de Palestina? Por varios factores. Desde el final de la pandemia, la resistencia palestina ha conseguido un alto nivel de coordinación, eficacia y planificación interna y externa. Algo que se ha podido comprobar especialmente en ciudades del norte de Cisjordania como Nablus y Yenín. Allí, ha surgido una nueva generación de jóvenes guerrilleros palestinos, hastiados de 75 años de colonialismo y apartheid, y muy críticos con la Autoridad Nacional Palestina, totalmente desacreditada, sin ninguna competencia real y obligada a colaborar con el régimen israelí. La primera semana del pasado mes de julio, el Ejército israelí invadió el campo de refugiados y refugiadas de Yenín, incluyendo fuerza aérea, en un despliegue militar de ocupación sin precedentes desde la Segunda Intifada (2000-2005).

Además, si se tienen en cuenta otros factores, la operación palestina Inundación de Al-Aqsa puede haber llegado en un momento apropiado para poder abrir una nueva ventada de oportunidad de cambio. El Gobierno israelí es el más ultraderechista de la historia, y con ministros abiertamente racistas (uno de ellos, Bezalel Smotrich, afirmó ser un "fascista homófobo" en enero de 2023) que incitan a cometer crímenes, y que han participado en linchamientos contra personas palestinas. La sociedad judía israelí está muy fragmentada y, desde enero de 2023, se suceden masivas protestas contra la destrucción de la separación de poderes de la etnocracia israelí.

Además, esta operación de descolonización intenta descarrilar los avanzados contactos entre la diplomacia israelí y saudí para establecer un reconocimiento mutuo, algo clave para el apartheid israelí, que siempre ha buscado desesperadamente su reconocimiento internacional. Aquí cabe enmarcar los denominados Acuerdos de Abraham entre Israel, por un lado, y Baréin, Emiratos Árabes, Marruecos y Sudán, por otro, entre agosto y diciembre de 2020. Estos pactos provocaron una gran indignación en el pueblo palestino y en el resto de pueblos árabes. Operaciones como esta pretenden que estos acuerdos no se puedan ampliar a más países. De hecho, Arabia Saudí ya ha afirmado que congela su proceso de normalización de relaciones con Israel y, en una noticia histórica, autoridades de dos grandes rivales del golfo Pérsico –el príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman y el presidente iraní Ebrahim Raisi– han tratado por el teléfono sobre la situación actual en Palestina.

De hecho, también puede tratarse de un momento oportuno si tenemos en cuenta los cambios geopolíticos recientes. El pasado marzo, Irán y Arabia Saudí restablecieron sus relaciones diplomáticas. Ambos países, junto a otros, como Argentina o Egipto, se incorporan el 1 de enero de 2024 a los BRICS (originalmente, la asociación entre Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). El primer día del próximo año, los BRICS superarán no sólo en población sino también en porcentaje del PIB global al G7 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y el Reino Unido).

Aunque los BRICS tienen acuerdos con el Estado y empresas israelíes, su perspectiva general es mucho más propalestina que la de los miembros del G7, como se está comprobando desde el pasado 7 de octubre. Si aquel día se demostró que Israel no puede defender ni su propio territorio, en medio de la reconfiguración geopolítica global, en el que por primera vez en mucho tiempo el centro del mundo está dejando de estar en el Atlántico Norte, puede perder su valor como gendarme regional estadounidense. Múltiples escenarios están abiertos...

Por último, quiero acabar con un recuerdo que atraviesa el pasado, el presente y el futuro, que ya recogí en mi artículo anterior en Público y que, hoy, sigue siendo más necesario que nunca, ante el genocidio israelí en Gaza: "Durante los bombardeos israelíes contra Gaza de verano de 2014, que acabaron con la vida de más de 2.200 personas, entre ellas más de 500 niñas y niños, centenares de supervivientes y víctimas judías del genocidio nazi publicaron una carta entonado el 'no en mi nombre', condenando 'la masacre en Gaza' y pidiendo el boicot (BDS) a Israel. Al final de su escrito se pudo leer: ''Nunca más' ha de significar nunca más para nadie'".