viernes, 22 de marzo de 2019

La teoría económica es el discurso del capital

"Dime de qué presumes y te diré de lo que careces".

Por algo se ha sospechado que "el caballero de la mano en el pecho" era manco. Tanto afán por enseñarnos su fina mano nos lleva a pensar que no tenía otra.

La mano que nos muestran continuamente los economistas es la del equilibrio oferta-demanda, que se regula solo, y mucho mejor si no intervenimos en su desarrollo. La otra mano oculta es el desequilibrio permanente que la realidad de los mercados nos impone.

¿Sería esa la famosa "mano invisible" de la que habló Adam Smith?



Brueghel el Joven. La oficina del recaudador de impuestos (c. 1615) 
Art Gallery of South Australia





















Alejandro Nadal

Hace muchos años la economista Joan Robinson señaló que tan pronto alguien cuestiona la idea de equilibrio, los economistas acuden presurosos a defender el concepto, como enjambre de abejas dispuestas a reparar el daño sufrido por su panal. Ese comportamiento propio de un insecto social es algo extraño y abre la puerta a una pregunta importante.

¿Quién toma la palabra cuando habla la teoría económica?

(…)

En lugar de preguntar ¿cómo funciona el mercado y qué consecuencias tiene?, la teoría económica se fue trazando la misión de demostrar que el mercado es socialmente benéfico. Para avanzar en este sesgo apologético del mercado buscó demostrar que las fuerzas del mercado son capaces de conducir a la sociedad a una asignación de equilibrio. Hoy sabemos que en esa tarea la teoría económica fracasó. Ese punto de vulnerabilidad es lo que provoca que, como bien observó Joan Robinson, los economistas acudan como enjambre de abejas a reparar el panal cada vez que el concepto de equilibrio es objeto de crítica.

Cabe señalar que existen varias corrientes que se consideran heterodoxas por no ajustarse a los cánones de la teoría dominante. La teoría poskeynesiana y el análisis de inspiración sraffiana son buenos ejemplos de lo anterior y no hacen la apología del capital. Al análisis de inspiración marxista la teoría dominante lo ha satanizado, porque es Marx el primero en haber hecho la crítica del capital y su discurso.

El sesgo apologético de la teoría económica respecto de la sociedad capitalista de mercado es lo que hoy permite contestar la pregunta inicial. Es el capital el que toma la palabra cuando habla la teoría económica. Marx es el primero en responder correctamente a la pregunta que planteamos al principio: la teoría económica es el discurso del capital.

viernes, 15 de marzo de 2019

María Terremoto

Nunca fue el flamenco actividad vetada a la mujer: siempre hubo en el cante grandes figuras femeninas. Pero seguramente es ahora el tiempo en que hay más cantaoras.

MARÍA FERNÁNDEZ BENÍTEZ, “María Terremoto”, prolonga la saga de la familia “Terremoto” de Jerez de la Frontera. Es nieta del genio del cante Fernando Fernández Monge, “Terremoto de Jerez” e hija de Fernando Fernández Pantoja “Fernando Terremoto”, galardonado con todos los premios posibles del flamenco y nominado en 2004 a los premios "Goya" por la canción que interpretó para la película "Carmen", de Vicente Aranda.

Ahora emprende una gira por Estados Unidos: Nueva York, Chicago, Miami, Washington. 

Estuvo recientemente en nuestro flamenco, con motivo de la presentación de su disco "La huella de mi sentío", en un programa ilustrado con la interpretación de soleares (minuto 15:30), seguiriyas (26:45), malagueña (39:33), fandango abandolao (46:20) y bulerías de Jerez (51:40).




martes, 12 de marzo de 2019

¿La cosa va lenta?




Sobre el peligro de poner plazos al previsible colapso civilizatorio que causaría la falta de combustibles fósiles, Emilio Santiago Muiño ha escrito el artículo Futuro pospuesto: notas sobre el problema de los plazos en la divulgación del Peak Oil. Como las profecías "con fecha fija" pueden desacreditar a quienes las hacen y convertir en escépticos a sus destinatarios, el autor vive con cierto desasosiego la lentitud del proceso en curso, comparada con sus postulados de hace un decenio.

Jorge Riechmann no ve que "la cosa" vaya tan lenta como puede parecer a quien se fíe de la "recuperación" de la economía tras la crisis. Sin entrar en qué aspectos se han recuperado y cuales no, y a costa de qué, puntualiza:
Creo que Emilio tiene toda la razón en esta parte de su análisis: 
“Hubo dos equívocos, uno menor y otro mayor. El menor es haber tomado por absolutamente certero el estado de la cuestión energética del presente. Donde sin duda tenemos seguridad científica para hablar de tendencias. Pero todavía no se conoce lo suficiente como para aventurarnos, como hicimos, a realizar cálculos prospectivos tan ambiciosos como para señalar fechas. El segundo tiene que ver con instalarnos en análisis muy unilaterales y muy unifactoriales sobre el papel de la energía en la evolución social. La conexión entre el pico de petróleo convencional de 2005 y el crack de 2008 alimentó nuestras ilusiones de estar en lo cierto. Pero como la energía no era ni muchos menos el único factor que explicaba el crack económico, aunque tuviera un peso que los economistas convencionales nunca quisieron admitir, la gestión política de otros muchos factores ha ayudado a prolongar la normalidad incluso abrir espacio para el crecimiento (a un costo social y ambientalmente oneroso claro, pero funcional al fin y al cabo para las lógicas del capital). Y esto, sin duda, volverá a pasar. El gran problema de fondo es que, por muchas razones, nuestra mejor ciencia empírica es y será altamente imperfecta para predecir con exactitud procesos socionaturales. Lo que implica un enorme obstáculo cuando además se pretende hacer política anticipatoria con márgenes de incertidumbre tan amplios. En este sentido, tenemos precedentes que hay que revisitar. La famosa apuesta entre Ehrlich y Simon sobre el encarecimiento de algunos productos naturales provocados por su escasez ha sido explotada hasta la saciedad por neoliberales para deslegitimar los vaticinios ecologistas. Y esto es fundamental: en política por desgracia no importa tanto la verdad sino el uso de las percepciones sociales.” 
Y opino, como Emilio, que
“hemos entrado en el escenario tecnomarrón de David Holmgren: atenuación a corto plazo del problema energético a costa de intensificar a medio plazo el problema del cambio climático”; 
dije esto mismo hace algún tiempo. Con el matiz (enorme) de que no es a medio plazo (la intensificación del calentamiento global), sino a corto plazo, ya; y que no es sólo la intensificación del apocalipsis climático hacia el que vamos, sino el desplome de todo el mundo vivo.
Pues donde discrepo es en pensar que la cosa va lenta. Sólo se puede afirmar algo así intramuros: encastillados tras los muros de la ciudad humana, ciegos a lo que está ocurriendo en el mundo natural. Las cosas no “van mucho más despacio de lo que habíamos previsto”. En cuanto uno mira por encima de los muros de la ciudad, es al revés: el ritmo del calentamiento global, la muerte de los arrecifes de coral, el desplome del fitoplancton, la hecatombe de los insectos, la destrucción del mundo vivo en general… todo va más rápido que (casi) en nuestras peores previsiones. El ritmo del cambio climático, por ejemplo, es de una rapidez que corta el aliento si la referencia son los cambios climáticos anteriores que ya han acaecido en el planeta Tierra. Si nuestro marco de referencia, más allá de Móstoles o Cercedilla y la Comunidad de Madrid, es Gaia.

viernes, 8 de marzo de 2019

Carga mental

El tema de la salud laboral es motivo de preocupación, no solo para los trabajadores, sino también para las empresas, porque incide directamente en la productividad.

Por esta razón, el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo ha editado un documento, la carga mental de trabajo, cuyas autoras son Olga Sebastián García y María Ángeles del Hoyo Delgado, del Centro Nacional de Nuevas Tecnologías.

Seguramente no es casual que se trate de dos mujeres, porque de carga mental las mujeres saben un rato.

Explican las autoras:
En cualquier trabajo, el trabajador tiene que poner en funcionamiento mecanismos o procesos tanto físicos como mentales. Estos mecanismos son los que determinan la CARGA DE TRABAJO, que podemos definir como “el conjunto de requerimientos psicofísicos a los que se somete al trabajador a lo largo de su jornada laboral”. 
[La carga mental es] el nivel de actividad mental o de esfuerzo intelectual necesario para desarrollar el trabajo.
Y más adelante:
En un puesto de trabajo deberemos tener en cuenta distintos tipos de exigencias mentales, relacionadas con:  
La información recibida: cantidad de señales que llegan, velocidad a la que llegan, diversidad de las señales, número, dispersión y diversidad de fuentes de las que proceden, variabilidad de los canales sensoriales a través de los cuales se perciben las señales (interferencias, redundancias, lagunas,…), etc. 
El análisis de dicha información: grado de elaboración de la información que se requiere, complejidad de los razonamientos, grado de libertad en las acciones, exigencias de atención, de memorización, de cálculo numérico, de razonamiento lógico, de solución de problemas y toma de decisiones, etc. 
La respuesta: rapidez de respuesta que se exige, libertad en la toma de decisiones, número de alternativas entre las que se ha de seleccionar la respuesta, etc.  
El contenido del trabajo está en función, además, del factor tiempo, es decir, de la organización del tiempo de trabajo, cuya incidencia sobre la carga mental hay que considerar desde dos puntos de vista:  
• El tiempo de que se dispone para elaborar la respuesta.  
• El tiempo durante el cual debe mantenerse la atención.
El documento se centra en la carga mental, aunque no debemos olvidar la carga del trabajo físico. La primera se da especialmente en las tareas creativas y organizativas, la segunda, que también se ve afectada en alguna medida por la primera, en los trabajos ya organizados.

Un fenómeno digno de analizarse es el hecho de que mientras en los trabajos inmersos en el mercado laboral las tareas organizativas están mayoritariamente en manos de hombres, en el ámbito doméstico son desempeñadas casi exclusivamente por mujeres.

¿Por qué un varón que fuera del hogar es capaz de tener en la cabeza toda una compleja trama de responsabilidades entrelazadas se convierte al entrar en su casa en un perfecto inútil, que en el mejor de los casos puede contribuir soportando una carga física, colaborando y compartiendo lo que se le encargue, pero en modo alguno adquiere responsabilidades que le supondrían una fuerte carga mental?

La estructura social capitalista ha heredado de los sistemas que la precedieron la segregación entre las tareas "productivas" que la sostienen y aquellas otras "reproductivas", invisibles para el mercado y por ello "sin valor de cambio". Pero son tareas imprescindibles y están en la base, por debajo de las primeras.

Esta viñeta explica muy bien la situación. Obedecer a "la jefa" y compartir tareas solicitadas no la descarga de la compleja labor de organizar toda la máquina doméstica. Porque la intendencia de una casa es comparable a la de una empresa cualquiera, con la diferencia de que un gerente suele disponer de personal cualificado en el que delegar parcelas de responsabilidad.





La autora de este dibujo, Emma Clit, tiene una página web en la que se pueden encontrar ejemplos muy ilustrativos de la carga mental de las mujeres, incluidas las que además, trabajan en tareas "productivas", sin poder librarse de las reproductivas, a no ser que las deleguen… en otras mujeres, que a su vez en su casa tendrán el mismo problema.

En una entrevista reciente, lo explica:


"Al sistema le interesa que las mujeres sigan haciendo gratis
el trabajo doméstico"
Usted ha puesto imagen a la carga mental. ¿Quién habló por primera vez del concepto? 
Surge en el contexto laboral, y en los años 80 la socióloga feminista Monique Haicault lo retoma para hablar de la carga mental en el hogar. El trabajo de la casa no está remunerado y esa carga no permite emanciparse. Hace que perdamos independencia, libertad y poder. 
Si no hay nada biológico que lleve a las mujeres a ejercer ese papel, ¿por qué lo asumen? 
La primera razón es porque interesa que las mujeres sigan haciendo ese trabajo gratis. Es lo que permite mantener el sistema. La crianza de los hijos y el trabajo doméstico sitúan a la mujer en ese esquema. De hecho, a menudo la mujer aparece en los medios en su rol de madre y de ama de casa, mientras que a los hombres se les ve en contextos más valorados. Luego está el márketing capitalista: hay juguetes para niños y para niñas y así se vende el doble. Y luego está el modelo que mostramos a nuestros hijos. 
¿Su objetivo es ofrecer herramientas para salir de ese modelo? 
Primero, intento mostrar la importancia de los estereotipos, porque solo se busca una solución cuando se entiende que hay un problema. No es inocente educar a una niña como a una niña y a un niño como un niño, porque de adultos sufrimos las consecuencias. Después doy pistas para una educación no sexista, pero siempre a través de situaciones concretas. No doy soluciones universales. 
Dice que la mujer es la "titular" de la responsabilidad doméstica. ¿Quién le ha dado este título? 
El patriarcado. No son los hombres a título individual, es una sociedad dominada por la clase masculina, que ha tenido el poder político y religioso durante siglos y ha mantenido el control sobre las mujeres, especialmente sobre su capacidad reproductiva, que es un poder esencial.
En este día de la mujer trabajadora traigo esto aquí para señalar algunas cuestiones preocupantes, muy relacionadas entre sí:

  • El trabajo reproductivo, sustraído al mercado, es una gran estafa contra la mitad de la humanidad. Porque es la mayor de las plusvalías, entendiendo como tal, en términos marxistas, la parte de trabajo no pagado en la jornada laboral, que en este caso es la totalidad.
  • La división del trabajo, origen de las desigualdades, separó, desde antes de los tiempos históricos, el trabajo productivo del reproductivo, repartiendo las tareas, incluyendo las organizativas, en dos grandes campos.
  • Los varones casi nunca somos conscientes de ello, y pensamos que la igualdad se reduce a un reparto justo de tareas concretas en el hogar, mientras damos esquinazo a la carga mental que suponen las tareas organizativas.
  • Por último, una pregunta que plantea el economista Manolo Lago: ¿por qué las mujeres cobran menos? Y en efecto, si comparamos los sectores feminizados, como la conserva o la confección, encontramos grandes diferencias salariales con otros de predominio masculino y de complejidad igual o menor, como el cárnico o el metal. ¿Añade la mujer menos valor al producto, o alguien se apropia de unas plusvalías más que jugosas?
Termino con otro artículo sobre el tema:




La labor de planificación, organización y toma de decisiones en el hogar la asumen mayoritariamente ellas. Un trabajo no reconocido que puede aumentar el estrés, la ansiedad y que es la base de muchos conflictos de pareja. 


Rita Abundancia 


Hay un chiste que circula por ahí en el que un marido le dice a otro: “Yo también lavo los platos, hago la compra y paso la aspiradora, pero mi mujer aún pretende que sea a mí a quien se le ocurran esas estúpidas ideas!”. Sí, algunos hombres ya ayudan (o así lo sienten al hablar sobre la corresponsabilidad de las tareas) en casa, pero la mayoría se limita a ejecutar órdenes que, a menudo, deben ser verbalizadas más de una vez y de forma convincente.

En el mundo laboral los hombres siguen siendo, en mayoría, los que ostentan el poder, los que planifican y dictan estrategias. Esos directivos y cabezas pensantes de las empresas, en casa, ese género masculino en las parejas heterosexuales tiene alergia al mando y a la toma de grandes decisiones que deja, casi siempre, en manos de las mujeres. Si comparamos el hogar con una gran compañía veremos que, en la gran mayoría de los casos, ellas son las que programan, prevén, diseñan planes, adelantan posibles fallos o problemas y tienen en cuenta todos los detalles y la interacción de las partes. Pero, además ,de esta labor de ejecutivo, las amas de casa realizan también los trabajos reservados a los empleados, a la mano de obra: cocinan, limpian, cuidan a otros, ponen lavadoras, hacen la compra o bajan la basura

Una labor invisible y poco valorada hace que las cabezas de las féminas no paren de trabajar mientras sus parejas se relajan frente al televisor. La carga mental, es decir, la cantidad de esfuerzo no físico y deliberado que debe realizarse para conseguir un resultado concreto, la asumen casi siempre ellas. La marca de productos para el hogar, Procter & Gamble acaba de publicar una encuesta sobre el tema con datos muy reveladores. En España, 3 de cada 4 mujeres sufre carga mental, aunque un 40% de ellas desconoce el concepto y el 45% nunca ha hablado de con nadie de este asunto.

“El problema está en que hay una falta de conciencia absoluta respecto a esta cuestión”, afirma Violeta Alcocer, psicóloga con consulta en Madrid, que ha supervisado este estudio. “Dentro de esta investigación se incluye un experimento en el que se le pide a varias parejas reales que apunten en sus teléfonos móviles todas las tareas de casa que han hecho durante una semana. Aunque el 46% de las parejas creen que comparten estas labores, el resultado es revelador porque los hombres hacen muy pocas anotaciones. Son muchos y muchas los que nunca han oído hablar de este concepto y se sorprenden cuando descubren que sobre ellas recae no solo la mayor parte de las tareas, sino también la labor de estrategia”, afirma esta psicóloga.


Una carga silenciosa, doblemente pesada

La carga mental es silenciosa, y esa cualidad la hace doblemente pesada. La sociedad no la reconoce porque no valora ni remunera los cuidados domésticos, a pesar de ser un pilar fundamental de la economía. Históricamente, además, la gestión del hogar ha sido entendida como algo esencialmente femenino, que ellas hacen casi por instinto. Y la reciente asunción de tareas domésticas por parte de los varones, les ha proporcionado la coartada perfecta para demostrar su corresponsabilidad y dar el tema por zanjado.

La ilustradora francesa Emma Clit fue una de las primeras en poner el dedo en la llaga con su cómic Me lo podías haber pedido, en el que habla de esta asignación, casi bíblica, de tareas femeninas. En una entrevista a El Periódico Clit declaraba, “no hay nada biológico que lleve a las mujeres a ejercer ese papel, pero interesa que sigan haciendo ese trabajo gratis. Es lo que permite mantener el sistema. La crianza de los hijos y el trabajo doméstico sitúan a la mujer en ese esquema gracias al patriarcado. Una sociedad dominada por la clase masculina, que ha tenido el poder político y religioso durante siglos y ha mantenido el control sobre las mujeres, especialmente sobre su capacidad reproductiva, que es un poder esencial”.

Maite (40 años) pareja de Toni (42), es madre de dos niños, de 6 y 4 años, y vive en Palma de Mallorca. Aunque ambos desconocían el término de carga mental, estaban al tanto de la problemática, solo que con términos distintos. Era “el runrún obsesivo” de ella, la “master & commander”, en palabras de Toni, y “la habilidad innata para el escaqueo” o, directamente, “el morro” de él, según Maite. Pero la cosa estalló con el nacimiento de su segundo hijo. “Entonces yo tenía más responsabilidad en el trabajo y se me juntó todo”, cuenta Maite, “tenía mucho estrés, me sentía sola pero pensaba: no debe ser para tanto. Hay muchas madres que también trabajan. Tras peleas y disputas, la solución pasó por el reparto, no solo de tareas sino también de asuntos. Creamos unos ‘ministerios’ y cada uno se ocupaba de todo lo relativo al mismo. Por ejemplo, el ministro de salud debía gestionar los asuntos médicos de los miembros de la familia. Estar al tanto de visitas, revisiones, compra de medicinas, etc. Aunque si alguien necesitaba ayuda, por supuesto, podía pedirla. Otro de los aspectos que no me gustaba del régimen anterior es que el hombre se suele quedar con las faenas más glamurosas, que yo siempre ejemplifico con el símil de la barbacoa. La organización recaía siempre sobre mi (invitar a la gente, hacer comida, comprar, limpiar), mientras que él se limitaba a cocinar la carne. Resultado: él siempre recibía elogios; yo jamás, porque mi trabajo era invisible”, cuenta Maite.

Madres, las campeonas en levantamiento de carga 

En opinión de Alcocer, “la carga mental está detrás de muchas peleas, crisis de pareja y hasta rupturas, ya que genera mucha desigualdad y descontento. Sentimientos de angustia que no se saben muy bien de dónde vienen. En parejas sin hijos, es común que estas disputas se tapen contratando a una persona que venga a limpiar unos días a la semana. Es una forma de ocultar el problema, pero cuando llegan los niños es ya más complicado, porque es más difícil delegar en otro la crianza y educación de los hijos. Hay momentos clave en la vida de las personas donde la carga mental se hace evidente. La post-maternidad, o cuando los padres se hacen mayores y requieren más cuidados, o incluso vienen a vivir a casa. No es casualidad que las mujeres consuman más antidepresivos y ansiolíticos que los hombres”.

En el equipo femenino, las madres son el grupo que más carga mental soporta. Según el estudio anterior, el 63% de las mamás españolas afirman que todos los días tienen en mente un listado infinito de cosas por hacer, frente al 25% de padres que experimentan esta misma sensación. Un 87% de las madres se pintan como las principales responsables de que todo fluya adecuadamente en la casa, y un 69% reconoce que sus parejas colaboran, pero que hace falta pedírselo. Los hijos perciben también de forma inconsciente esta desigualdad de tareas; ya que solo un 12% de los padres afirman que son las personas de referencia para las necesidades diarias de sus hijos, frente al 70% de las madres. Otro dato curioso es que solo el 14% de los padres están en el chat del colegio, frente al 65% de las mamás.

“La carga mental de las madres hace que el verbo conciliar sea más difícil de conjugar para ellas, e influye en la desigualdad por géneros del mundo laboral”, apunta Maite Egoscozabal, socióloga del Club de Malasmadres. “Según nuestro estudio Somos Equipo (2017), que ahonda en las causas de la imposibilidad de conciliar”, continúa Maite, “el 58% de las mujeres, después de ser madres, toman decisiones que implican una cierta renuncia (reducción de la jornada laboral, excedencia o abandono del trabajo) en su carrera profesional, frente al 6,2% de los hombres. Y en estas actitudes hay dos causas, los factores externos, sociales y legales, que favorecen que la mujer aparque su trabajo en aras de sus hijos; y las barreras internas, que ellas mismas se autoimponen. Porque, incluso antes de tener hijos, ya saben que ellas son las que van a cuidarlos y, aunque los dos ganen igual (siempre está la excusa de que mi marido gana por, por eso renuncio yo a mi trabajo), es casi siempre ella la que recorta su vida profesional”.

Estrategias para repartir el peso

Antes que nada, hay que sacar del armario a ese peso invisible, esa labor incorpórea que vaga como un fantasma, ensombreciendo la vida del que la soporta. “En su mayoría mujeres, aunque también hay casos de hombres que son los que llevan la carga mental, pero en menor medida”, señala Violeta Alcocer. Un ejercicio útil, como propone el estudio de Procter & Gamble, “es visualizar el hogar como una empresa en la que hay diferentes departamentos: de ropa, comida, limpieza, educación o decoración. Acto seguido hay que cuestionarse quién dirige y coordina cada uno (aunque luego todos aporten su granito de arena en el ejercicio de las tareas), quién conoce lo que se hace en ellos y quién es más probable que diga cosas como: “He pensado que hay que hacer esto”, “¡Acuérdate de comprar tal o cual cosa!” o “¿Hiciste lo que te pedí?”.

“Una vez que se ha detectado a la persona que soporta más carga mental, el primer paso lo debe dar el que está más cómodo y comprometerse a ser más activo en la parte estructural y organizativa”, señala Alcocer. “Pero esto va a necesitar de un periodo de ajuste y, es probable que la persona que entra en juego se equivoque y cometa fallos, por lo que hay que tener paciencia y darle su tiempo”.

Saber delegar es una cualidad que no todo el mundo posee. Según el estudio anterior, solo un 24% de las mujeres son capaces de olvidarse de la tarea que han dejado para otros, mientras que el 72% declara que critica y supervisa cómo los demás hacen las cosas. “¡Déjalo!, ya lo hago yo, que acabo antes”, “me voy, pero os he dejado comida preparada en la nevera”, “ si no sabes dónde está algo, llámame” deberían se frases prohibidas en el vocabulario de cualquier aspirante a tirar por la borda su carga mental. “Aunque también hay mujeres que pueden ver en la equidad una pérdida de poder. Al menos, en la casa mandan ellas. Pueden ser perfiles de gente con trabajos poco gratificantes o valorados; que sienten que, al menos en casa, son imprescindibles”, señala esta psicóloga.

sábado, 23 de febrero de 2019

La magna convocatoria

"El canto del grillo, de tanto sonar, se ha perdido", escribió Juan Ramón Jiménez.

Nuestro canto, tan débil, de Pepito Grillo, apenas se oye. Y cuando lo repetimos una y otra vez, la atención se cansa y el canto se pierde.

En cambio, el poderoso rebuzno (que me perdone Platero) de estos elementos llegará a todos los oídos, proclamando la justicia de la heroica lucha contra un tirano, y el carácter profundamente humano de los que, desinteresadamente por supuesto, se han unido a esa coral, en absoluto polifónica.

Los grandes altavoces del oligopolio de la comunicación se encargan de dejar claro que  estos cantantes solidarios y altruistas trabajan por la recuperación democrática de Venezuela.

¿Tendrá algo que ver en tan generosa contribución el importante papel de Richard Branson en la industria discográfica? De Virgin Records a Universal Music Group hay un pequeño paso para un hombre, pero un gran paso para la música...

¡Adelante mis muchachos!

Mi modesta contribución al coro se limita a recoger algunos datos encontrados en arrezafe sobre los entresijos de este magno acto.




¿QUIÉN ES RICHARD BRANSON?

¿Pero quién es el hombre que organiza todo este tinglado conspirativo-musical en el que participa en figuras mediáticas de los grandes medios de comunicación mundial? Branson es un conocido personaje de negocios, creador de la marca Virgin, que abarca desde el transporte aéreo a la producción de discos.

Su patrimonio se calcula en 5 mil millones de dólares. Cada acción suya de “interés social”, va acompañada de una aureola propagandística truculenta, previamente difundida por los medios, como cuando decidió que los 170 empleados de élite de su casa matriz tomaran vacaciones a gusto siempre que cumplan eficazmente con sus tareas –beneficio, por supuesto, jamás extendido a los 50 mil trabajadores de sus 400 empresas–. O cuando auspició un centro de orientación sobre aborto y sexualidad para jóvenes, o lanzó la iniciativa Virgin Earth Challenge, a fin de hallar soluciones para reducir la emisión de gases tóxicos.

Nadie debe llamarse a engaño: Branson es un voraz tiburón empresarial de nuevo cuño. Se lo traga todo, deglutiendo tan sólo aquello que se traduce en millones de dólares.

Desde el punto de vista ideológico tiene muy claro a qué deben de responder sus percepciones. A un corresponsal español en Londres, le confesó en 2011:
«Tenemos que “reinventar” el capitalismo, al que sigo considerando como el mejor de los sistemas. Creo realmente que el capitalismo ha ayudado a mucha gente a mejorar sus vidas, lo que ocurre es que en los últimos tiempos ha perdido el camino».
Parece claro que él está contribuyendo a que el sistema económico del que se sirve, encuentre su verdadero camino.


¿QUIÉNES SON LOS COMPINCHES DE BRANSON?

Branson y sus émulos sudamericanos estarán en Cúcuta animando a los artistas convocados para el concierto. Por ahí tropezarán con el mandatario chileno Sebastián Piñera, un pinochetista hasta los mismos tuétanos, quien en un tuit comprometió a su anfitrión el presidente colombiano Iván Duque:
«Venezuela y su pueblo necesitan apoyo internacional para recuperar su libertad y democracia. Con el presidente Iván Duque estaremos este viernes en Cúcuta entregando ayuda humanitaria a quienes llevan años sufriendo crisis causada por la dictadura.»
Pero el protagonista de los compases previos del evento “musical” ha sido Marco Rubio, el ultraderechista senador estadounidense, nacido en en los Estados Unidos, pero hijo de un matrimonio cubano que huyó a los Estados Unidos cuando comenzó la lucha en Sierra Maestra en contra del dictador Fulgencio Batista. Marco Rubio, asimismo, ha pertenecido a la corriente más derechista del Partido Republicano, internacionalmente conocida como “Tea Party” 

Como no podía ser de otra manera, ya Rubio estuvo supervisando el futuro teatro de los acontecimientos en Cúcuta, proporcionándole a la “operación” los últimos “toques” organizativos. Su odio contra la revolución bolivariana venezolana se ha terminado convirtiéndose en una psicopatía obsesiva. Y si no, presten atención a este párrafo de una reciente intervención suya:
“Sé que la democracia va a regresar a Venezuela, lo único es que ahora hay que ver si será con la cooperación de algunos de los que están en el gobierno o si ellos también van a pasar el resto de sus vidas como presos o fugitivos”
El evento organizado por Branson se efectuará justo un día antes del anuncio emitido por el diputado de la Asamblea Nacional de Venezuela, en desacato desde 2016, el autoproclamado Juan Guaidó, quién informó que se prevé para este jueves el ingreso al territorio venezolano de insumos enviados por EE.UU., y otros países. 

Por su parte, el Gobierno de Venezuela anunció la realización del “Gran Concierto por la Paz”, para los días viernes 22 y sábado 23 de febrero, como respuesta a la operación de Washington, en el puente internacional Simón Bolívar, en la frontera con Colombia.






El hombre de las alas virginales planea ¡y cómo planea! por los cielos del arte musical.






Sus socios en estas lides, plenamente convencidos, acuden a su entusiasta convocatoria.

Claro que siempre hay alguien que desafina




sábado, 9 de febrero de 2019

Comprar, comprar, comprar...

Me encuentro en el blog el otro algunos fragmentos de La formación de las necesidades, obra de Günther Anders, certero análisis de la sociedad de consumo.

"Compro, luego existo" estaba escrito, según me contó una persona confiable, en las bolsas de un centro comercial estadounidense. En una espiral sin fin (pero con final previsible a corto plazo), el consumo es la salida momentánea para una producción siempre en aumento. Producción a costa de lo que sea para mantener los beneficios crecientes de una minoría.

              "Vamos a hacerle una oferta que no podrá rechazar"

El consumo como sumidero perfecto para una fuente que se va secando.



Comprar, comprar, comprar…

“…con el deber, según Kant, hay que cumplir también cuando va en contra de las inclinaciones de uno, y sobre todo entonces, así es que hoy se ha de cumplir también, y sobre todo, cuando el deber entra en contradicción con el propio “haber”. También los mandamientos de las ofertas son categóricos, y cuando ellas proclaman su must, alegar la precaria situación del deber y haber de uno es puro sentimentalismo.”
(Günther Anders)


En la sociedad de consumo capitalista el que se resista a la estandarización consumista lo lleva claro. De momento se convierte en un enfermo social, en situación de pecado, y se ve obligado a consumir remordimientos prefabricados por los aparatos oficiales de propaganda y adoctrinamiento. Los consume, los remordimientos, porque, una vez que ha pecado, no puede permitirse, por segunda vez, desobedecer otro mandamiento. O sea, y para entendernos, otra oferta categóricamente irrechazable… entiéndase que salvo para locos, o enfermos, estólidos o elementos antisociales. Ya digo, el que se resista o disienta del ‘mandamiento de la oferta’, en este orden social lo lleva claro.

Con la mercancía se puede jugar, con la adquisición de la mercancía no se juega. Pagar a plazos es un juego que resulta caro pero si no se tienen mejores naipes, que no se suelen tener, no queda otra. De todos modos el cliente disfruta de la tenencia y uso de la mercancía ‘antes de pagar’. De tal manera que acaba ‘usando’ la mercancía (‘de tontos es comprar pan y no comerlo’), porque la tiene: ‘con lo cual ésta se convierte en su criatura’. Y por ahí se desarrolla la trampa llamada fetichismo de la mercancía, mediante lo cual el sujeto que la adquiere y la consume (la utiliza, y no solamente la utiliza sino que, ya que la tiene, también acaba por necesitarla –y de ese modo es utilizado, ya que las ‘órdenes’ de las mercancías, incluso en estado de inservibles, no admiten objeciones. En resumidas cuentas el comprador se vende con cada compra.), aunque no la haya pagado en su totalidad, pierde definitivamente la posibilidad de, como supuesto ser autónomo,  encontrarse a sí mismo ‘fuera de esa relación de necesaria obediencia y sumisión’ que exige circular continuamente por el mismo carril: comprar-consumir-comprar-consumir…: ‘al final, uno no acaba teniendo lo que necesita, sino necesitando lo que tiene’:

“En cierto sentido, la “adicción” es el modelo de las necesidades actuales; con lo cual queda dicho que las necesidades deben su existencia y su modo de ser al hecho de que existan determinadas mercancías.

Pues bien: entre esas mercancías, las más refinadas son las que, por su cualidad, producen necesidades acumulativas. Que Dios o la naturaleza hayan implantado en el hombre un basic need, una necesidad elemental de consumir Coca-Cola, es cosa que nadie sostendría, ni siquiera en el país que la produce; pero el caso es que allá, al otro lado del charco, la sed se ha adaptado a la Coca-Cola, y eso –y aquí llegamos al meollo del asunto
a pesar de que la función última y secreta de dicha bebida no es apagar la sed, sino producirla: esto es, producir, en concreto, una sed específica de Coca-Cola. Aquí resulta, pues, que la demanda es un producto de la oferta y la necesidad un producto del producto, mientras la necesidad producida por el producto sigue funcionando como garantía de la ulterior producción acumulativa del producto.”

(…)

“Nadie puede permitirse abrir brechas en el sistema del que, como hijo de nuestro tiempo, participa, lo quiera o no, pues con ello quedaría privado del sistema entero. El hecho de que cada mercancía que, según está mandado, se nos ofrece y se compra, encierra a su vez otras necesidades que se convierten en nuestras necesidades, representa la culminación del fenómeno de los moldes, ya que nuestras necesidades ya no son más que las improntas o reproducciones de las necesidades de las mercancías mismas.”

lunes, 4 de febrero de 2019

La lengua y la mano, o viceversa

En la hominización concurrieron dos herramientas que podemos calificar como hardware y software, desarrolladas en tiempos y con ritmos diferentes. El software es la lengua, el hardware, el cerebro como CPU, con la mano como periférico esencial. En la entrada anterior del blog me refería a la primera, nuestro "lenguaje universal de programación". Hablo ahora de la segunda, soporte material de la creación del ser humano, y de la relación entre ambas.

De l
a estrecha relación entre la mano y el cerebro se ocupa el libro La mano que piensa. Su autor, el arquitecto finlandés Juhani Pallasmaa, ahonda en los procesos relativamente autónomos e inconscientes del pensamiento y el obrar en la escritura, la artesanía o en la producción de arte y arquitectura. Analiza la esencia de la mano y su papel crucial en la evolución de las destrezas, la inteligencia y las capacidades conceptuales del hombre. La mano no es solo un ejecutor fiel y pasivo de las intenciones del cerebro, sino que tiene intencionalidad y habilidades propias.


Recalco la relación entre pensamiento y obra, que viene a ser la tantas veces citada relación dialéctica entre teoría y práctica.

Mano y cerebro forman parte de un todo inseparable, salvo en una sala de disección. Por eso, cuando en mi oposición a la universidad uno de los miembros del tribunal me preguntó si veía futuro en el dibujo a mano, ante el avance del diseño por ordenador, contesté que la inmediata relación entre mano y cerebro lo hacía insustituible en muchos momentos de la actividad creadora.

La marcha bípeda liberó la mano, que se hizo hábil a la par que el cerebro. Aparece el trabajo y con él la cooperación. Y la cooperación encuentra el elemento clave que la facilita en el lenguaje simbólico.

El lenguaje humano, el único de propósito universal, está en la base de todos los lenguajes específicos. Ha propiciado el progreso exponencialmente acelerado de los últimos milenios, hasta llegar a una actualidad potencialmente explosiva.


El resultado ha sido una capacidad mayor para transformar la naturaleza. Una capacidad un tanto peligrosa.


Friedrich Engels escribió en 1876 el artículo El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre. Darwin había publicado El origen de las especies en 1859, pero hasta 1871 no vio la luz El origen del hombre. Esta tardanza se explica por sus temores a enfrentarse con sus contemporáneos en medio de la opresiva y reaccionaria atmósfera victoriana.


En 1857, antes de dar a la imprenta el primero de estos libros, Darwin había recibido una carta de Alfred Russel Wallace en que le preguntaba si el libro trataría la cuestión del origen del hombre. Contestó que evitaría el tema al estar «tan rodeado de prejuicios».


Así que la gestación de la obra de Darwin fue lenta y a veces dolorosa. Cinco años de observaciones en el viaje del Beagle, veintitrés entre este viaje y la publicación del primer libro, doce entre el primero y el segundo. 

Marx y Engels siguieron con gran interés las ideas evolucionistas, que extendieron a la evolución de las sociedades. Este escrito engloba en un solo proceso los elementos citados, mano, cerebro y lenguaje. Aún más, contiene una visión ecológica y notablemente actual de la naturaleza, de la que forma parte la humanidad, frente al orgullo positivista que situaba al hombre, al hombre occidental, desde luego, como dueño y señor del mundo natural, en lugar de ser una pieza más, inseparable de él; peligrosa por su capacidad pensante y actuante cuando no es capaz de ir más allá de su interés inmediato.

Por eso mismo incluyo a continuación la mayor parte del artículo de Engels.


El escabel de Kant



El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre
F. Engels


El trabajo es la fuente de toda riqueza, afirman los especialistas en Economía política. Lo es, en efecto, a la par que la naturaleza, proveedora de los materiales que él convierte en riqueza. Pero el trabajo es muchísimo más que eso. Es la condición básica y fundamental de toda la vida humana. Y lo es en tal grado que, hasta cierto punto, debemos decir que el trabajo ha creado al propio hombre.

(…)
Todos los monos antropomorfos que existen hoy día pueden permanecer en posición erecta y caminar apoyándose únicamente en sus pies; pero lo hacen sólo en caso de extrema necesidad y, además, con suma torpeza. Caminan habitualmente en actitud semierecta, y su marcha incluye el uso de las manos. La mayoría de estos monos apoyan en el suelo los nudillos y, encogiendo las piernas, hacen avanzar el cuerpo por entre sus largos brazos, como un cojo que camina con muletas. En general, aún hoy podemos observar entre los monos todas las formas de transición entre la marcha a cuatro patas y la marcha en posición erecta. Pero para ninguno de ellos ésta última ha pasado de ser un recurso circunstancial. 


Y puesto que la posición erecta había de ser para nuestros peludos antepasados primero una norma, y luego, una necesidad, de aquí se desprende que por aquel entonces las manos tenían que ejecutar funciones cada vez más variadas. Incluso entre los monos existe ya cierta división de funciones entre los pies y las manos. Como hemos señalado más arriba, durante la trepa las manos son utilizadas de distinta manera que los pies. Las manos sirven fundamentalmente para recoger y sostener los alimentos, como lo hacen ya algunos mamíferos inferiores con sus patas delanteras. Ciertos monos se ayudan de las manos para construir nidos en los árboles; y algunos, como el chimpancé, llegan a construir tejadillos entre las ramas, para defenderse de las inclemencias del tiempo. La mano les sirve para empuñar garrotes, con los que se defienden de sus enemigos, o para bombardear a éstos con frutos y piedras. Cuando se encuentran en la cautividad, realizan con las manos varias operaciones sencillas que copian de los hombres. Pero aquí es precisamente donde se ve cuán grande es la distancia que separa la mano primitiva de los monos, incluso la de los antropoides superiores, de la mano del hombre, perfeccionada por el trabajo durante centenares de miles de años. El número y la disposición general de los huesos y de los músculos son los mismos en el mono y en el hombre, pero la mano del salvaje más primitivo es capaz de ejecutar centenares de operaciones que no pueden ser realizadas por la mano de ningún mono. Ni una sola mano simiesca ha construido jamás un cuchillo de piedra, por tosco que fuese. 

(…)

Vemos, pues, que la mano no es sólo el órgano del trabajo; es también producto de él. Únicamente por el trabajo, por la adaptación a nuevas y nuevas funciones, por la transmisión hereditaria del perfeccionamiento especial así adquirido por los músculos, los ligamentos y, en un período más largo, también por los huesos, y por la aplicación siempre renovada de estas habilidades heredadas a funciones nuevas y cada vez más complejas, ha sido como la mano del hombre ha alcanzado ese grado de perfección que la ha hecho capaz de dar vida, como por arte de magia, a los cuadros de Rafael, a las estatuas de Thorwaldsen y a la música de Paganini. 

Pero la mano no era algo con existencia propia e independiente. Era únicamente un miembro de un organismo entero y sumamente complejo. Y lo que beneficiaba a la mano beneficiaba también a todo el cuerpo servido por ella; y lo beneficiaba en dos aspectos. 

Primeramente, en virtud de la ley que Darwin llamó de la correlación del crecimiento. Según ésta ley, ciertas formas de las distintas partes de los seres orgánicos siempre están ligadas a determinadas formas de otras partes, que aparentemente no tienen ninguna relación con las primeras. Así, todos los animales que poseen glóbulos rojos sin núcleo y cuyo occipital está articulado con la primera vértebra por medio de dos cóndilos, poseen, sin excepción, glándulas mamarias para la alimentación de sus crías. Así también, la pezuña hendida de ciertos mamíferos va ligada por regla general a la presencia de un estómago multilocular adaptado a la rumia. Las modificaciones experimentadas por ciertas formas provocan cambios en la forma de otras partes del organismo, sin que estemos en condiciones de explicar tal conexión. Los gatos totalmente blancos y de ojos azules son siempre o casi siempre sordos. El perfeccionamiento gradual de la mano del hombre y la adaptación concomitante de los pies a la marcha en posición erecta repercutieron indudablemente, en virtud de dicha correlación, sobre otras partes del organismo. 

Sin embargo, ésta acción aún está tan poco estudiada que aquí no podemos más que señalarla en términos generales. Mucho más importante es la reacción directa -posible de demostrar- del desarrollo de la mano sobre el resto del organismo. Como ya hemos dicho, nuestros antepasados simiescos eran animales que vivían en manadas; evidentemente, no es posible buscar el origen del hombre, el más social de los animales, en unos antepasados inmediatos que no viviesen congregados. Con cada nuevo progreso, el dominio sobre la naturaleza, que comenzara por el desarrollo de la mano, con el trabajo, iba ampliando los horizontes del hombre, haciéndole descubrir constantemente en los objetos nuevas propiedades hasta entonces desconocidas. Por otra parte, el desarrollo del trabajo, al multiplicar los casos de ayuda mutua y de actividad conjunta, y al mostrar así las ventajas de ésta actividad conjunta para cada individuo, tenía que contribuir forzosamente a agrupar aún más a los miembros de la sociedad. En resumen, los hombres en formación llegaron a un punto en que tuvieron necesidad de decirse algo los unos a los otros. La necesidad creó el órgano: la laringe poco desarrollada del mono se fue transformando, lenta pero firmemente, mediante modulaciones que producían a su vez modulaciones más perfectas, mientras los órganos de la boca aprendían poco a poco a pronunciar un sonido articulado tras otro. 

(…)

¿Y qué es lo que volvemos a encontrar como signo distintivo entre la manada de monos y la sociedad humana? Otra vez el trabajo. La manada de monos se contentaba con devorar los alimentos de un área que determinaban las condiciones geográficas o la resistencia de las manadas vecinas. Trasladábase de un lugar a otro y entablaba luchas con otras manadas para conquistar nuevas zonas de alimentación: pero era incapaz de extraer de estas zonas más de lo que la naturaleza buenamente le ofrecía, si exceptuamos la acción inconsciente de la manada, al abonar el suelo con sus excrementos. Cuando fueron ocupadas todas las zonas capaces de proporcionar alimento, el crecimiento de la población simiesca fue ya imposible; en el mejor de los casos el número de sus animales podía mantenerse al mismo nivel. Pero todos los animales son unos grandes despilfarradores de alimentos; además, con frecuencia destruyen en germen la nueva generación de reservas alimenticias. A diferencia del cazador, el lobo no respeta la cabra montés que habría de proporcionarle cabritos al año siguiente; las cabras de Grecia, que devoran los jóvenes arbustos antes de que puedan desarrollarse, han dejado desnudas todas las montañas del país. Esta «explotación rapaz» llevada a cabo por los animales desempeña un gran papel en la transformación gradual de las especies, al obligarlas a adaptarse a unos alimentos que no son los habituales para ellas, con lo que cambia la composición química de su sangre y se modifica poco a poco toda la constitución física del animal; las especies ya plasmadas desaparecen. No cabe duda de que ésta explotación rapaz contribuyó en alto grado a la humanización de nuestros antepasados, pues amplió el número de plantas y las partes de éstas utilizadas en la alimentación por aquella raza de monos que superaba con ventaja a todas las demás en inteligencia y en capacidad de adaptación. En una palabra, la alimentación, cada vez más variada, aportaba al organismo nuevas y nuevas substancias, con lo que fueron creadas las condiciones químicas para la transformación de estos monos en seres humanos. Pero todo esto no era trabajo en el verdadero sentido de la palabra. El trabajo comienza con la elaboración de instrumentos. ¿Y qué son los instrumentos más antiguos, si juzgamos por los restos que nos han llegado del hombre prehistórico, por el género de vida de los pueblos más antiguos que registra la historia, así como por el de los salvajes actuales más primitivos? Son instrumentos de caza y de pesca; los primeros utilizados también como armas. Pero la caza y la pesca suponen el tránsito de la alimentación exclusivamente vegetal a la alimentación mixta, lo que significa un nuevo paso de suma importancia en la transformación del mono en hombre. El consumo de carne ofreció al organismo, en forma casi acabada, los ingredientes más esenciales para su metabolismo. Con ello acortó el proceso de la digestión y otros procesos de la vida vegetativa del organismo (es decir, los procesos análogos a los de la vida de los vegetales), ahorrando así tiempo, materiales y estímulos para que pudiera manifestarse activamente la vida propiamente animal. Y cuanto más se alejaba el hombre en formación del reino vegetal, más se elevaba sobre los animales. De la misma manera que el hábito a la alimentación mixta convirtió al gato y al perro salvajes en servidores del hombre, así también el hábito a combinar la carne con la dieta vegetal contribuyó poderosamente a dar fuerza física e independencia al hombre en formación. Pero donde más se manifestó la influencia de la dieta cárnea fue en el cerebro, que recibió así en mucha mayor cantidad que antes las substancias necesarias para su alimentación y desarrollo, con lo que su perfeccionamiento fue haciéndose mayor y más rápido de generación en generación. Debemos reconocer -y perdonen los señores vegetarianos- que no ha sido sin el consumo de la carne como el hombre ha llegado a ser hombre; y el hecho de que, en una u otra época de la historia de todos los pueblos conocidos, el empleo de la carne en la alimentación haya llevado al canibalismo (aún en el siglo X, los antepasados de los berlineses, los veletabos o vilzes, solían devorar a sus progenitores) es una cuestión que no tiene hoy para nosotros la menor importancia. 

El consumo de carne en la alimentación significó dos nuevos avances de importancia decisiva: el uso del fuego y la domesticación de animales. El primero redujo aún más el proceso de la digestión, ya que permitía llevar a la boca comida, como si dijéramos, medio digerida; el segundo multiplicó las reservas de carne, pues ahora, a la par con la caza, proporcionaba una nueva fuente para obtenerla en forma más regular. La domesticación de animales también proporcionó, con la leche y sus derivados, un nuevo alimento, que en cuanto a composición era por lo menos del mismo valor que la carne. Así, pues, estos dos adelantos se convirtieron directamente para el hombre en nuevos medios de emancipación. No podemos detenernos aquí a examinar en detalle sus consecuencias indirectas, a pesar de toda la importancia que hayan podido tener para el desarrollo del hombre y de la sociedad, pues tal examen nos apartaría demasiado de nuestro tema. 

El hombre, que había aprendido a comer todo lo comestible, aprendió también, de la misma manera, a vivir en cualquier clima. Se extendió por toda la superficie habitable de la Tierra siendo el único animal capaz de hacerlo por propia iniciativa. Los demás animales que se han adaptado a todos los climas -los animales domésticos y los insectos parásitos- no lo lograron por sí solos, sino únicamente siguiendo al hombre. Y el paso del clima uniformemente cálido de la patria original, a zonas más frías donde el año se dividía en verano e invierno, creó nuevas necesidades, al obligar al hombre a buscar habitación y a cubrir su cuerpo para protegerse del frío y de la humedad. Así surgieron nuevas esferas de trabajo y, con ellas, nuevas actividades que fueron apartando más y más al hombre de los animales. 

Gracias a la cooperación de la mano, de los órganos del lenguaje y del cerebro, no sólo en cada individuo, sino también en la sociedad, los hombres fueron aprendiendo a ejecutar operaciones cada vez más complicadas, a plantearse y a alcanzar objetivos cada vez más elevados. El trabajo mismo se diversificaba y perfeccionaba de generación en generación extendiéndose cada vez a nuevas actividades. A la caza y a la ganadería vino a sumarse la agricultura, y más tarde el hilado y el tejido, el trabajo de los metales, la alfarería y la navegación. Al lado del comercio y de los oficios aparecieron, finalmente, las artes y las ciencias; de las tribus salieron las naciones y los Estados. Se desarrollaron el Derecho y la Política, y con ellos el reflejo fantástico de las cosas humanas en la mente del hombre: la religión. Frente a todas estas creaciones, que se manifestaban en primer término como productos del cerebro y parecían dominar las sociedades humanas, las producciones más modestas, fruto del trabajo de la mano, quedaron relegadas a segundo plano, tanto más cuanto que en una fase muy temprana del desarrollo de la sociedad (por ejemplo, ya en la familia primitiva), la cabeza que planeaba el trabajo era ya capaz de obligar a manos ajenas a realizar el trabajo proyectado por ella. El rápido progreso de la civilización fue atribuido exclusivamente a la cabeza, al desarrollo y a la actividad del cerebro. Los hombres se acostumbraron a explicar sus actos por sus pensamientos, en lugar de buscar ésta explicación en sus necesidades (reflejadas, naturalmente, en la cabeza del hombre, que así cobra conciencia de ellas). Así fue cómo, con el transcurso del tiempo, surgió esa concepción idealista del mundo que ha dominado el cerebro de los hombres, sobre todo desde la desaparición del mundo antiguo, y que todavía lo sigue dominando hasta el punto de que incluso los naturalistas de la escuela darviniana más allegados al materialismo son aún incapaces de formarse una idea clara acerca del origen del hombre, pues esa misma influencia idealista les impide ver el papel desempeñado aquí por el trabajo. Los animales, como ya hemos indicado de pasada, también modifican con su actividad la naturaleza exterior, aunque no en el mismo grado que el hombre; y estas modificaciones provocadas por ellos en el medio ambiente repercuten, como hemos visto, en sus originadores, modificándolos a su vez. En la naturaleza nada ocurre en forma aislada. Cada fenómeno afecta a otro y es, a su vez, influenciado por éste; y es generalmente el olvido de este movimiento y de ésta interacción universal lo que impide a nuestros naturalistas percibir con claridad las cosas más simples. Ya hemos visto cómo las cabras han impedido la repoblación de los bosques en Grecia; en Santa Elena, las cabras y los cerdos desembarcados por los primeros navegantes llegados a la isla exterminaron casi por completo la vegetación allí existente, con lo que prepararon el suelo para que pudieran multiplicarse las plantas llevadas más tarde por otros navegantes y colonizadores. Pero la influencia duradera de los animales sobre la naturaleza que los rodea es completamente involuntaria y constituye, por lo que a los animales se refiere, un hecho accidental. Pero cuanto más se alejan los hombres de los animales, más adquiere su influencia sobre la naturaleza el carácter de una acción intencional y planeada, cuyo fin es lograr objetivos proyectados de antemano. Los animales destrozan la vegetación del lugar sin darse cuenta de lo que hacen. Los hombres, en cambio, cuando destruyen la vegetación lo hacen con el fin de utilizar la superficie que queda libre para sembrar cereales, plantar árboles o cultivar la vid, conscientes de que la cosecha que obtengan superará varias veces lo sembrado por ellos. El hombre traslada de un país a otro plantas útiles y animales domésticos modificando así la flora y la fauna de continentes enteros. Más aún; las plantas y los animales, cultivadas aquéllas y criados éstos en condiciones artificiales, sufren tales modificaciones bajo la influencia de la mano del hombre que se vuelven irreconocibles. Hasta hoy día no han sido hallados aún los antepasados silvestres de nuestros cultivos cerealistas. Aún no ha sido resuelta la cuestión de saber cuál es el animal que ha dado origen a nuestros perros actuales, tan distintos unos de otros, o a las actuales razas de caballos, también tan numerosas. 

(…)

Sin embargo, no nos dejemos llevar del entusiasmo ante nuestras victorias sobre la naturaleza. Después de cada una de estas victorias, la naturaleza toma su venganza. Bien es verdad que las primeras consecuencias de estas victorias son las previstas por nosotros, pero en segundo y en tercer lugar aparecen unas consecuencias muy distintas, totalmente imprevistas y que, a menudo, anulan las primeras. Los hombres que en Mesopotamia, Grecia, Asia Menor y otras regiones talaban los bosques para obtener tierra de labor, ni siquiera podían imaginarse que, al eliminar con los bosques los centros de acumulación y reserva de humedad, estaban sentando las bases de la actual aridez de esas tierras. Los italianos de los Alpes, que talaron en las laderas meridionales los bosques de pinos, conservados con tanto celo en las laderas septentrionales, no tenía idea de que con ello destruían las raíces de la industria lechera en su región; y mucho menos podían prever que, al proceder así, dejaban la mayor parte del año sin agua sus fuentes de montaña, con lo que les permitían, al llegar el período de las lluvias, vomitar con tanta mayor furia sus torrentes sobre la planicie. Los que difundieron el cultivo de la patata en Europa no sabían que con este tubérculo farináceo difundían a la vez la escrofulosis. Así, a cada paso, los hechos nos recuerdan que nuestro dominio sobre la naturaleza no se parece en nada al dominio de un conquistador sobre el pueblo conquistado, que no es el dominio de alguien situado fuera de la naturaleza, sino que nosotros, por nuestra carne, nuestra sangre y nuestro cerebro, pertenecemos a la naturaleza, nos encontramos en su seno, y todo nuestro dominio sobre ella consiste en que, a diferencia de los demás seres, somos capaces de conocer sus leyes y de aplicarlas adecuadamente. 

En efecto, cada día aprendemos a comprender mejor las leyes de la naturaleza y a conocer tanto los efectos inmediatos como las consecuencias remotas de nuestra intromisión en el curso natural de su desarrollo. Sobre todo después de los grandes progresos logrados en este siglo por las Ciencias Naturales, nos hallamos en condiciones de prever, y, por tanto, de controlar cada vez mejor las remotas consecuencias naturales de nuestros actos en la producción, por lo menos de los más corrientes. Y cuanto más sea esto una realidad, más sentirán y comprenderán los hombres su unidad con la naturaleza, y más inconcebible será esa idea absurda y antinatural de la antítesis entre el espíritu y la materia, el hombre y la naturaleza, el alma y el cuerpo, idea que empieza a difundirse por Europa a raíz de la decadencia de la antigüedad clásica y que adquiere su máximo desenvolvimiento en el cristianismo. 

Mas, si han sido precisos miles de años para que el hombre aprendiera en cierto grado a prever las remotas consecuencias naturales de sus actos dirigidos a la producción, mucho más le costó aprender a calcular las remotas consecuencias sociales de esos mismos actos. Ya hemos hablado más arriba de la patata y de sus consecuencias en cuanto a la difusión de la escrofulosis: Pero, ¿qué importancia puede tener la escrofulosis comparada con los efectos que sobre las condiciones de vida de las masas del pueblo de países enteros ha tenido la reducción de la dieta de los trabajadores a simples patatas, con el hambre que se extendió en 1847 por Irlanda a consecuencia de una enfermedad de este tubérculo, y que llevó a la tumba a un millón de irlandeses que se alimentaban exclusivamente o casi exclusivamente de patatas y obligó a emigrar allende el océano a otros dos millones? Cuando los árabes aprendieron a destilar el alcohol, ni siquiera se les ocurrió pensar que habían creado una de las armas principales con que habría de ser exterminada la población indígena del continente americano, aún desconocido, en aquel entonces. Y cuando Colón descubrió más tarde América, no sabía que a la vez daba nueva vida a la esclavitud, desaparecida desde hacía mucho tiempo en Europa, y sentaba las bases de la trata de negros. Los hombres que en los siglos XVII y XVIII trabajaron para crear la máquina de vapor, no sospechaban que estaban creando un instrumento que habría de subvertir, más que ningún otro, las condiciones sociales en todo el mundo, y que, sobre todo en Europa, al concentrar la riqueza en manos de una minoría y al privar de toda propiedad a la inmensa mayoría de la población, habría de proporcionar primero el dominio social y político a la burguesía y provocar después la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado, lucha que sólo puede terminar con el derrocamiento de la burguesía y la abolición de todos los antagonismos de clase. Pero también aquí, aprovechando una experiencia larga, y a veces cruel, confrontando y analizando los materiales proporcionados por la historia, vamos aprendiendo poco a poco a conocer las consecuencias sociales indirectas y más remotas de nuestros actos en la producción, lo que nos permite extender también a estas consecuencias nuestro dominio y nuestro control. 

Sin embargo, para llevar a cabo este control se requiere algo más que el simple conocimiento. Hace falta una revolución que transforme por completo el modo de producción existente hasta hoy día y, con él, el orden social vigente. Todos los modos de producción que han existido hasta el presente sólo buscaban el efecto útil del trabajo en su forma más directa e inmediata. No hacían el menor caso de las consecuencias remotas, que sólo aparecen más tarde y cuyo efecto se manifiesta únicamente gracias a un proceso de repetición y acumulación gradual. La primitiva propiedad comunal de la tierra correspondía, por un lado, a un estado de desarrollo de los hombres en el que el horizonte de éstos quedaba limitado, por lo general, a las cosas más inmediatas, y presuponía, por otro lado, cierto excedente de tierras libres, que ofrecía cierto margen para neutralizar los posibles resultados adversos de ésta economía positiva. Al agotarse el excedente de tierras libres, comenzó la decadencia de la propiedad comunal. Todas las formas más elevadas de producción que vinieron después condujeron a la división de la población en clases diferentes y, por tanto, al antagonismo entre las clases dominantes y las clases oprimidas. En consecuencia, los intereses de las clases dominantes se convirtieron en el elemento propulsor de la producción, en cuanto ésta no se limitaba a mantener bien que mal la mísera existencia de los oprimidos. Donde esto halla su expresión más acabada es en el modo de producción capitalista que prevalece hoy en la Europa Occidental. Los capitalistas individuales, que dominan la producción y el cambio, sólo pueden ocuparse de la utilidad más inmediata de sus actos. Más aún; incluso ésta misma utilidad -por cuanto se trata de la utilidad de la mercancía producida o cambiada- pasa por completo a segundo plano, apareciendo como único incentivo la ganancia obtenida en la venta. 


***

La ciencia social de la burguesía, la Economía Política clásica, sólo se ocupa preferentemente de aquellas consecuencias sociales que constituyen el objetivo inmediato de los actos realizados por los hombres en la producción y el cambio. Esto corresponde plenamente al régimen social cuya expresión teórica es esa ciencia. Por cuanto los capitalistas aislados producen o cambian con el único fin de obtener beneficios inmediatos, sólo pueden ser tenidos en cuenta, primeramente, los resultados más próximos y más inmediatos. Cuando un industrial o un comerciante vende la mercancía producida o comprada por él y obtiene la ganancia habitual, se da por satisfecho y no le interesa lo más mínimo lo que pueda ocurrir después con esa mercancía y su comprador. Igual ocurre con las consecuencias naturales de esas mismas acciones. Cuando en Cuba los plantadores españoles quemaban los bosques en las laderas de las montañas para obtener con la ceniza un abono que sólo les alcanzaba para fertilizar una generación de cafetos de alto rendimiento, ¡poco les importaba que las lluvias torrenciales de los trópicos barriesen la capa vegetal del suelo, privada de la protección de los árboles, y no dejasen tras sí más que rocas desnudas! Con el actual modo de producción, y por lo que respecta tanto a las consecuencias naturales como a las consecuencias sociales de los actos realizados por los hombres, lo que interesa preferentemente son sólo los primeros resultados, los más palpables. Y luego hasta se manifiesta extrañeza de que las consecuencias remotas de las acciones que perseguían esos fines resulten ser muy distintas y, en la mayoría de los casos, hasta diametralmente opuestas; de que la armonía entre la oferta y la demanda se convierta en su antípoda, como nos lo demuestra el curso de cada uno de esos ciclos industriales de diez años, y como han podido convencerse de ello los que con el «crac» han vivido en Alemania un pequeño preludio; de que la propiedad privada basada en el trabajo de uno mismo se convierta necesariamente, al desarrollarse, en la desposesión de los trabajadores de toda propiedad, mientras toda la riqueza se concentra más y más en manos de los que no trabajan; de que... 

(aquí se interrumpe el manuscrito)