jueves, 19 de julio de 2018

Para interpretar la Historia hay que conocerla

El profesor emérito de Derecho de la Universidad de Niza Sophia-Antipolis Robert Charvin es especialista en relaciones internacionales y Derecho Internacional. Autor del libro Rusofobia. ¿Hacia una nueva guerra fría?, con prólogo de Michel Collon.

El prólogo ¿Hay que odiar a Rusia o reflexionar? incluye de los siguientes apartados:

El robo de la Historia
Cuatro silencios culpables
¿Para qué sirve la diabolización?
El miedo se fabrica
¿A quién le concierne esto?
¿En qué se transformará la "pequeña" guerra?

El blog Arrezafe ha publicado el segundo de los apartados, donde Collon plantea varios interrogantes, que seguramente no han considerado siquiera las mayorías que ignoran la Historia, sumergidas como están en la atmósfera narcótica de los medios de embrutecimiento masivo.

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Robert Charvin acusa a la información y la historiografía occidentales de negacionismo y revisionismo.
1. La rehabilitación del fascismo en Letonia. ¿Por qué ningún medio de comunicación occidental señala que en Letonia (nuestro querido y nuevo aliado de la Unión Europea), se demoniza a la resistencia antinazi y se rehabilita discretamente a los fascistas colaboradores de la Segunda Guerra mundial? El aparato judicial de ese país se ha ensañado con un héroe de la resistencia letona, llegando incluso a encerrarle en la cárcel a pesar de tener 75 años. Pero esto ha sido completamente silenciado. ¿Por qué? 
2. La utilización por Occidente de pronazis antisemitas en Ucrania. ¿Por qué nuestra nueva aliada rehabilita a los antiguos colaboradores de Hitler? Peor aún: ¿por qué los introduce en una administración nacida de un golpe de Estado y en puestos clave? Y todo ello en medio del silencio de los medios de comunicación, que los bautizan de nuevo como simples “nacionalistas”. 
3. La negación del genocidio que Hitler intentó llevar a cabo contra la URSS. Sin embargo, el programa estaba claramente expresado en los textos nazis: considerando a los eslavos como “infrahumanos”, el “Plan Ost” preveía exterminar al 40% de los rusos para dejar el espacio libre al traslado de diez millones de colonos alemanes y germanizados. Aquel programa fue puesto en práctica, pero la resistencia de todo un pueblo lo hizo fracasar. ¿Por qué actualmente se presenta la Segunda Guerra mundial como un asunto entre Hitler y los judíos cuando en realidad hubo varios genocidios? 
4. La desvalorización de los verdaderos vencedores de la Segunda Guerra mundial. Esto comienza con la falsificación de la preguerra: ¡se acusa a la URSS de haber sido cómplice de Hitler! Sin embargo, no había dejado de proponerle a los occidentales que se aliaran para cortar el paso al nazismo; pero esta alianza fue rechazada por Londres y París, que pactaron con Hitler en Múnich, aprobaron su alianza con Polonia y le cedieron Checoslovaquia; incitándolo de esta manera para que atacara Europa del Este, y dejar las manos libres en Europa occidental. ¡Cómo se han invertido las responsabilidades!
Y eso continúa con la negación de las víctimas: ¿quién recuerda en Occidente que la URSS perdió 23 millones de ciudadanos, China 20 millones y que las pérdidas británicas representan un 1,8% del total, las pérdidas francesas un 1,4% y las de Estados Unidos un 1,3%? Y esto se concluye en una valorización etnocéntrica y engañosa del desembarco en Normandía o “Día D”, que se presenta como un acontecimiento decisivo, mientras que en realidad Hitler ya había perdido la guerra en 1941, cuando fracasó en la toma de Moscú y se enredó en la trampa soviética, ¡lo que confirmó su derrota en Stalingrado en el invierno de 1942-43!

Debería quedar claro que no se trata de defender a ultranza a Rusia, y mucho menos a la actual Rusia capitalista. Se trata de otra cosa. Si la Primera Guerra Mundial fue un encontronazo entre imperios por la defensa de los intereses de sus grandes corporaciones, la Segunda dio un extraño giro, cuando la URSS pactó una tregua con Alemania. Las potencias occidentales interpretaron esto como una "alianza entre totalitarismos" que desbarataba sus planes de lanzar a Alemania sobre Rusia, y nuevamente se produjo una guerra entre imperialismos con un "invitado" anómalo. Al final, las alianzas se reconvirtieron, y Alemania y Japón se convirtieron en firmes aliados contra "la anomalía".

Con unos países que fueron socialistas y ya no lo son, de nuevo la lucha, ahora ya totalmente geoestratégica, vuelve a ser entre potencias capitalistas, como en la Primera.

Aunque ahora, como en la Segunda, haya un Imperio al ataque y otro bloque más o menos coyuntural a la defensiva.

Por mi parte, dejo aquí también la parte final del artículo, donde se atisba la posibilidad real de una Tercera, tan "inverosímil" como las dos anteriores: 

¿En qué se transformará la “pequeña” guerra?

Con esto ya tenemos una razón suficiente para escuchar atentamente a Charvin. Pero también podemos profundizar en la reflexión.
¿Qué es lo que alborotó el avispero en Ucrania? Pues la negativa del presidente Yanukovich de firmar con la Unión Europea un acuerdo de libre comercio desfavorable, dado que este habría destruido una gran parte de las empresas ucranianas. Entonces prefirió acercarse a Moscú. De modo que parecería que un país como Ucrania ya no tiene derecho a escoger libremente a sus socios, lo cual contradice el concepto de libre comercio. Este, ¿existe realmente en la actualidad? ¿Hay un libre intercambio entre el lobo y el cordero? 
Tomemos un poco de perspectiva. ¿No fue el desarrollo del capitalismo en Estados Unidos y Europa (primero en su versión de libre comercio, luego en su fase de monopolios conquistadores que se han hecho omnipresentes) lo que produjo una concentración fenomenal de la riqueza y el poder entre las manos de un puñado de dirigentes de multinacionales, industriales o bancarias? ¿No fue esta concentración la que provocó un crecimiento igualmente vertiginoso de la brecha entre ricos y pobres? 
¿No es esta brecha la que hunde a la economía en una crisis fundamental desde hace décadas: unos, siendo capaces de vender cada vez más y los otros incapaces de comprar lo que producen? ¿No es por esta razón por lo que tantos capitales inutilizados en el Norte luchan por encontrar salida en otra parte, con el propósito de conquistar el Sur y sus materias primas, sus mercados en expansión, y también su muy rentable mano de obra? ¿No es esta la causa esencial de todas las guerras a las que asistimos actualmente y que son fundamentalmente guerras de recolonización y/o de repartición del mundo entre las potencias? 
El problema es que este engranaje podría conducirnos hacia una Tercera Guerra Mundial, por una razón muy simple que no tiene nada que ver con los sentimientos de unos o la moral de otros. Cuando usted dirige una multinacional que domina un sector de la economía mundial, cuando usted ya no logra hacer “suficientes beneficios” (según los criterios de la bolsa) y sus competidores lo amenazan con hacerlo desaparecer, ¿no hará lo que sea por salvar su pellejo y sus privilegios? Por ejemplo, ¿una “pequeña guerra local” para controlar con toda seguridad la materia prima con la que usted trabaja: energía, mineral u otra? Pero, si usted se lanza por el camino de las “pequeñas guerras” que solo son peligrosas para las poblaciones locales, naturalmente sus rivales tendrán la misma idea que usted. Entonces, ¿cómo hará para salirse de este peligroso camino? Imaginemos que de repente decidiera hacerlo en base a principios morales o mediante un acuerdo entre usted y sus competidores… Entonces la cuestión será: ¿cuál de los dos se comerá al otro? 
Antes de la Primera Guerra Mundial, casi todos los observadores pensaban que se alcanzaría un acuerdo y que podría detenerse a tiempo o que la guerra sería muy breve. Resultado: diez millones de muertos. Antes de la Segunda Guerra Mundial, la situación fue similar. Resultado: cincuenta millones de muertos. 
¿Y usted piensa que los dirigentes de las multinacionales de hoy son mejores personas que los de ayer? 
¿Está usted listo para asumir ese riesgo?

miércoles, 11 de julio de 2018

¿Qué cosa es el post-marxismo? (X)

Esta es la última entrega de mi disección del artículo de James Petras sobre el post-marxismo; dejo aquí los enlaces a la primera y la penúltima.

Los cuidados paliativos que se imparten a enfermos terminales buscan aliviar el dolor insoportable. Aplicados a una sociedad buscan más bien aliviar la presión que pueden ejercer los perjudicados por políticas insoportables. Sustituyen la rebeldía por la esperanza puesta en una ayuda que en parte procede de las buenas gentes, pero en gran parte de los causantes de los problemas que de modo hipócrita dicen querer resolver.

Los pueblos en situación de miseria buscan sus propios procedimientos de autoayuda y, en la mejor tradición del emprendimiento, crean sus propias microempresas: venta ambulante, trapicheos varios... y otras como la que se anuncia en esta bella publicidad:

Micro-empresas y auto-ayuda

Este es el criterio empresarial, de ayuda técnica y financiera a proyectos parciales y concretos:

10. Los líderes de las organizaciones populares no deben estar orientados exclusivamente hacia la organización de los pobres y el compartir sus condiciones. La movilización interna debe estar basada en el financiamiento externo. Los profesionales deben diseñar programas y asegurar el financiamiento externo para organizar grupos locales. Sin ayuda externa, los grupos locales y las carreras profesionales colapsarían.
Y esta es la crítica:

Dos perspectivas de transformación social: la Organización de Clase y las ONG

Para avanzar, la lucha contra el imperialismo y sus colaboradores neo-compradores nacionales pasa a través de un debate ideológico y cultural con los post-marxistas dentro y en la periferia de los movimientos populares. El neo-liberalismo opera hoy en dos frentes: el económico y el político-cultural; y en dos niveles: el régimen y las clases populares. En la cima las políticas neo-liberales se formulan y se implementan por los personajes conocidos: el Banco Mundial, el FMI trabajando con Washington, Bonn y Tokio asociados con los regímenes neo-liberales y los exportadores nacionales, y los conglomerados de los grandes negocios y los banqueros.

A principios de los años 1980 los sectores más perceptivos de las clases dominantes neo-liberales se dieron cuenta de que sus políticas estaban polarizando la sociedad y provocando un gran descontento a escala social. Los políticos neo-liberales comenzaron a financiar y a promover una estrategia paralela promoviendo “desde abajo” las organizaciones de base con una ideología “antiestatal” para intervenir entre las clases potencialmente conflictivas, y crear así un “cojín social”. Estas organizaciones eran, financieramente dependientes de fuentes neo-liberales y estaban directamente involucradas en competir con los movimientos socio-políticos por la lealtad de líderes locales y comunidades activistas. En los años 1990 estas organizaciones descritas como “no-gubernamentales” eran miles y estaban recibiendo del mundo entero cerca de 7 billones de dólares.

La confusión relacionada con el carácter político de las ONGs brota desde sus inicios en los años 1970 durante los días de las dictaduras. En aquel período ellas fueron activas en proveer ayuda humanitaria a las víctimas de las dictaduras militares y denunciando las violaciones de los derechos humanos. Las ONGs apoyaron las “sopas familiares” que permitió a las familias víctimas sobrevivir a la primera ola de tratamiento de choque administrados por las dictaduras neo-liberales. Este período creó una imagen favorable de las ONGs incluso en la izquierda, fueron consideradas parte del “terreno progresivo”. Incluso entonces, sin embargo, los límites de las ONGs eran evidentes. Mientras ellas atacaban las violaciones de los derechos humanos de los dictadores locales raramente denunciaron a sus patrones norteamericanos y europeos que los financiaban y asesoraban. Tampoco había un esfuerzo serio para vincular las políticas económicas neo-liberales y las violaciones de los derechos humanos para los que estaban de turno en el sistema imperialista. Obviamente las fuentes externas de financiamiento limitaban la esfera de crítica y la acción de los derechos humanos.

A medida que la oposición al neo-liberalismo crecía en los años 1980, los gobiernos de EE.UU. y Europa y el Banco Mundial incrementaban el financiamiento de las ONGs. Hay una relación directa entre el crecimiento de los movimientos sociales retando al modelo neoliberal y el esfuerzo para subvertirlo creando formas alternativas de acción social a través de las ONGs. El punto básico de convergencia entre las ONGs y el Banco Mundial era su oposición común al “estatismo”. En la superficie las ONGs criticaban el Estado desde una perspectiva de “izquierda” defendiendo la sociedad civil, mientras que la derecha lo hacía en nombre del mercado. En realidad, sin embargo, el Banco Mundial, los regímenes neo-liberales y las fundaciones occidentales coptaron  y animaron a las ONGs para minar el Estado de bienestar nacional brindando servicios sociales para compensar a las víctimas del ajuste. En otras palabras, a medida que los regímenes neo-liberales en la cima desbastaban comunidades inundando el país de importaciones baratas, pagos de la deuda externa y aboliendo la legislación laboral, creando una masa creciente de trabajadores mal pagados y desempleados, las ONGs eran apoyadas económicamente para ejecutar proyectos de “auto-ayuda”, “educación popular”, entrenamientos de trabajo, etc. para absorber temporalmente, pequeños grupos de pobres, para cooptar líderes locales y minar las luchas en contra del sistema.

Las ONGs se convirtieron en la “cara de la comunidad” del neo-liberalismo íntimamente relacionadas con los de la cima y complementando su labor destructiva con proyectos locales. En efecto, los neo-liberales organizaron una operación  “pinza” o una estrategia dual. Desafortunadamente muchos en la izquierda se concentraron sólo en el “neo-liberalismo” visto desde arriba y el exterior del FMI y el Banco Mundial y no en el neo-liberalismo desde abajo (ONGs, micro-empresas). Una razón principal para esta visión general era la conversión de muchos ex-marxistas en la práctica de la fórmula ONG. El post-marxismo fue el boleto de tránsito ideológico de las clases políticas al “desarrollo de la comunidad”, del marxismo a las ONGs.

Mientras que los neo-liberales estaban transfiriendo propiedades estatales lucrativas a la riqueza privada, las ONGs no formaban parte de la resistencia de los sindicatos. Por el contrario, ellas fueron activas en los proyectos privados locales, promoviendo el discurso de la empresa privada (auto-ayuda) en las comunidades locales centrándose en las micro-empresas. Las ONGs construyeron puentes ideológicos entre los pequeños capitalistas y los monopolios que se beneficiaban de la privatización -todos en nombre del “anti-estatismo” y la construcción de la sociedad civil. Mientras que los ricos acumulaban vastos imperios financieros de la privatización, los profesionales de las ONGs de clase media obtuvieron pequeñas sumas de fondos para financiar oficinas, transporte y una actividad económica a pequeña escala. El punto político importante es que las ONGs despolitizaron a sectores de la población, minando su compromiso con los empleados públicos, y cooptando a potenciales líderes para trabajar en pequeños proyectos. Las ONGs se abstuvieron de participar en las luchas de los maestros de escuelas, a medida que los regímenes neo-liberales atacaban la educación pública y a los educadores públicos. Raramente, si alguna vez lo hicieron, las ONGs apoyaron las huelgas y protestas contra los bajos ingresos y los cortes al presupuesto. Como su financiamiento educacional venía de los gobiernos neo-liberales ellos evitaron la solidaridad con los educadores públicos en su lucha. En la práctica, “no-gubernamental” se traduce en actividades de gasto anti-público, liberando la mayoría de los fondos para los neo-liberales para subsidiar a los capitalistas exportadores mientras que pequeñas sumas se escurrían del gobierno a las ONGs.

En realidad las organizaciones no-gubernamentales no son no-gubernamentales. Ellas reciben fondos de gobiernos extranjeros o trabajo como subcontratos privados de gobiernos locales. Frecuentemente, ellos colaboran abiertamente con agencias gubernamentales nacionales o internacionales. Esta “sub-contratación” mina a los profesionales (con contratos fijos) remplazándolos con profesionales de grupos. Las ONGs no pueden ofrecer extensos y comprensibles programas que sí puede ofrecer un Estado de bienestar. En vez de ello, ellos ofrecen unos servicios limitados a pequeños grupos de comunidades. Más importante, sus programas no se pueden contabilizar a personas nacionales sino a donantes internacionales. En ese sentido las ONGs minan la democracia quitando programas sociales de las manos de personas locales y de sus funcionarios elegidos y creando dependencia sobre lo no-elegidos, funcionarios internacionales y sus untados funcionarios locales.

Las ONGs distraen la atención y las luchas del pueblo del presupuesto nacional hacia la auto-explotación para garantizar los servicios sociales locales. Esto permite a los neo-liberales recortar los presupuestos sociales y transferir los fondos del Estado para subsidiar los déficits de bancos privados, préstamos a exportadores, etc. La auto-explotación (auto-ayuda) quiere decir que, además de pagar impuestos al Estado y no obtener nada a cambio, los trabajadores tienen que trabajar horas extra con recursos marginales, gastando las escasas energías para obtener servicios que la burguesía recibe del Estado. Más profundamente, la ideología de las ONGs de “actividad voluntarista privada” mina el sentido de lo público: la idea de que el gobierno tiene la obligación de velar por sus ciudadanos y garantizarles la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que la responsabilidad política del Estado es esencial para el bienestar de los ciudadanos. En contra de esta noción de responsabilidad pública las ONGs incentivan la idea neo-liberal de la responsabilidad privada para los problemas sociales y la importancia de los recursos privados para resolver estos problemas. En efecto, ellos imponen una doble carga sobre los pobres; pagando impuestos para financiar el Estado neo-liberal para servir a los ricos; la autoexplotación privada para satisfacer sus necesidades.

Las ONGs y los Movimientos Político-Sociales


Las ONGs apoyan proyectos, no movimientos; ellas “movilizan” personas para producir marginalmente, no a que luche para controlar los medios básicos de producción y riqueza; ellos se concentran en la asistencia técnico-financiera de proyectos no sobre las condiciones estructurales que conforman la vida diaria de la gente. Las ONGs cooptan el lenguaje de la izquierda: “poder popular”, “otorgar poder”, “igualdad sexual”, “desarrollo sostenible”, “liderazgo de los de abajo”,etc. El problema es que este lenguaje está unido a un marco de colaboración con donantes y agencias gubernamentales que subordinan la actividad práctica a las políticas de no-enfrentamiento. La naturaleza local de la actividad de las ONGs que significa “dar poder” nunca va más allá de la influencia de pequeñas áreas de la vida social con recursos limitados dentro de las condiciones permitidas por el Estado neo-liberal y la macroeconomía.


Las ONGs y su personal profesional post-marxista compiten directamente con los movimientos socio-políticos por la influencia entre los pobres, las mujeres, los excluídos raciales, etc. Su ideología y práctica desvía la atención de las fuentes y soluciones de la pobreza (mirando hacia abajo y hacia adentro en vez de hacerlo hacia arriba y hacia afuera). El hablar de microempresas en lugar de hacerlo de la explotación de los bancos extranjeros como soluciones está basado en la idea de que el problema es de iniciativa individual más que de la transferencia de ingresos extranjeros. La ayuda de las ONGs afectan a pequeños sectores de la población, estableciendo la competencia entre comunidades rivales socavando así la solidaridad de clase. Lo mismo es cierto entre los profesionales: cada uno establece su ONG para solicitar financiamiento extranjero. Ellos compiten presentando propuestas cercanas a los gustos de los donantes extranjeros a precios inferiores, mientras que dicen que hablan por muchos seguidores. El efecto neto es una proliferación de ONGs que fragmenta las comunidades pobres en grupos sectoriales y subsectoriales que no pueden ver el amplio cuadro social que los aflige y son menos hábiles aún para unirse en la lucha contra el sistema. La experiencia reciente también demuestra que los donantes extranjeros financian proyectos durante las “crisis”: retos políticos y sociales al status quo. Una vez que los movimientos han amainado, ellos cambian el financiamiento a las ONGs: “colaboración” con el régimen, adecuando los proyectos de las ONGs dentro de la agenda neo-liberal. El desarrollo económico compatible con el “mercado libre” más que con la organización social para el cambio social se convierte en el artículo dominante de la agenda financista. La estructura y naturaleza de las ONGs  con su postura “apolítica” y su enfoque de auto-ayuda despolitiza y desmoviliza a los pobres. Ellas refuerzan el proceso electoral apoyado por los partidos neo-liberales y los medios de comunicación. Se evita la educación política acerca de la naturaleza del imperialismo, la base clasista del neo-liberalismo y la lucha de clases entre explotadores y trabajadores temporales. En vez de eso, las ONGs discuten “los excluidos”, los “sin poder”, la “extrema pobreza”, la “discriminación racial o de sexo” sin ir más allá de los síntomas superficiales, para comprometerse con el sistema social que produce estas condiciones. Al incorporar a los pobres en la economía neo-liberal a través de una pura “acción privada voluntaria” las ONGs crean un mundo político donde la aparición de la solidaridad y la acción social ampara una conformidad conservadora con las estructuras de poder nacional e internacional.

No es una coincidencia que, como lo han hecho las ONGs, a medida que ellas se vuelven dominantes en ciertas regiones la acción política de la clase independiente va declinando y el neo-liberalismo no tiene contestatario. El límite inferior es que el crecimiento de las ONGs coincide con un incremento del financiamiento del neoliberalismo y la profundización de la pobreza en todas partes. A pesar de sus clamores de muchos éxitos locales, el poder total del neo-liberalismo se mantiene sin reto y las ONGs buscan nichos en forma creciente en los intersticios del poder. El problema de formular alternativas se ha impedido en otra forma. Muchos de los antiguos líderes de la guerrilla y los movimientos sociales, los sindicatos y las organizaciones femeninas populares han sido cooptados por las ONGs. La oferta es tentadora: altos salarios (ocasionalmente en moneda dura), prestigio y reconocimiento por donantes extranjeros, conferencias en el extranjero y redes, personal de oficina y una seguridad relativa contra la represión. En contraste los movimientos socio-políticos ofrecen escaso beneficio material pero mayor respeto e independencia y más importante aún, la libertad para retar al sistema económico y político. Las ONGs y los bancos extranjeros que las financian (Banco Inter Americano, Banco Mundial) publican boletines destacando historias exitosas de microempresas y otros proyectos de autoayuda –sin mencionar las altas tasas de fracasos a medida que el consumo popular disminuye, las importaciones a bajos precios llenan el mercado y aumentan los intereses– como en el caso actual de México.

Hasta los “éxitos” afectan solamente a una pequeña fracción del total de pobres y sólo salen adelante mientras otros no puedan entrar en el mismo mercado. El valor de la propaganda del éxito de la microempresa individual es importante, sin embargo, en incentivar la ilusión de que el neoliberalismo es un fenómeno popular. Las frecuentes y violentas explosiones sociales que tienen lugar en las regiones donde se promueve la microempresa nos sugiere que la ideología no es hegemónica y que las ONGs todavía no han desplazado a los movimientos de clase independientes.

Finalmente, las ONGs incentivan un nuevo tipo de colonialismo cultural y hegemónico y la dependencia. Los proyectos se diseñan o al menos se aprueban dentro de las  “prioridades” de los centros imperiales o en sus instituciones. Ellos son administrados y “vendidos” a las comunidades. Las evaluaciones se hacen por y para las instituciones imperiales. Los cambios en el financiamiento de las prioridades, o una mala evaluación resultan en el dumping de grupos, comunidades, fincas y cooperativas. Esto ayuda a que todo el mundo sea más disciplinado para cumplimentar las demandas de los donantes y sus evaluadores de proyectos. Los nuevos virreyes supervisan y aseguran la conformidad con los objetivos, valores e ideologías del donante como también del uso adecuado de los fondos. Donde hay “éxitos” éstos son altamente dependientes del apoyo extranjero continuado, de otra forma ellos colapsarían.

Mientras que la masa de ONGs se convierte cada vez más en instrumento del neo-liberalismo, hay una pequeña minoría que trata de desarrollar una estrategia alternativa que se apoye en las clases y en la política antimperialista. Ninguna de ellas recibe fondos del Banco Mundial o bancos europeos ni de las agencias gubernamentales norteamericanas. Ellas apoyan los esfuerzos para vincular el poder local a las luchas por el poder estatal. Ellas vinculan proyectos locales a movimientos socio-políticos nacionales que ocupan grandes extensiones de tierra, defendiendo la propiedad pública y la propiedad nacional en contra de las transnacionales. Ellas brindan solidaridad política a los movimientos sociales envueltos en luchas para expropiar la tierra. Ellas apoyan la lucha de las mujeres vinculadas a perspectivas de clase. Ellas reconocen la importancia de la política dominante al definir las luchas locales e inmediatas. Ellas creen que las organizaciones locales deben luchar a nivel nacional y que los líderes nacionales deben ser responsables de activistas locales. En una palabra ellas no son post-marxistas.

viernes, 6 de julio de 2018

¿Qué cosa es el post-marxismo? (IX)

Duras críticas de Petras a los intelectuales post-marxistas. Empecé a desglosarlas aquí, y este ha sido el último comentario.

Nos quieren convencer de que imperialismo y colonialismo son cosas del pasado, pero la supuesta independencia política está lastrada por una brutal dependencia económica. La proclamada ayuda al tercer mundo está más que compensada por la brutal explotación del trabajo y de los recursos que en esos países ejercen las multinacionales de los antiguos y nuevos imperios económicos.

Y no sólo hay una brutal dependencia económica, sino una si cabe más importante dependencia militar. La posibilidad (la realidad) de intervenciones depende tanto de estructuras militares externas como de la implicación de los ejércitos propios en el dominio imperial. Paradigmático es el caso del imperio republicano de Francia.

No deberían sorprendernos las oleadas de refugiados y de "inmigrantes económicos" que intentan llegar a los países del norte. Tampoco, naturalmente, las barreras de todo tipo, administrativas y físicas, que los ricos les oponen. ¿A qué disfrazar de defensivas medidas que pretenden mantener una situación tan injusta? ¡fuera caretas!

Los imperios de hoy mismo ni siquiera tienen la responsabilidad de soportar la carga del hombre blanco que los obligaba a asumir la administración y el mantenimiento de las colonias. Ahora son responsables de su buen o mal funcionamiento las oligarquías locales, en perfecta simbiosis con las metrópolis.

Las "ayudas al desarrollo", aparte de la corrupción que las desvía de sus fines pregonados y de su funcionalidad con los intereses de las grandes empresas transnacionales, representan una mínima parte del transvase de riqueza que la explotación neocolonial desplaza al primer mundo.

Y si el imperialismo no ha muerto, el antiimperialismo tendrá que seguir vivo.


El argumento post-marxista:
El antimperialismo es otra expresión del pasado que ha sobrevivido a su época. En la economía globalizada de hoy, no hay posibilidad de confrontación con los centros económicos. El mundo es más interdependiente cada día y en él hay una necesidad de una mayor cooperación internacional en la transferencia de capitales, tecnologías y know-how de los países “ricos” a los países “pobres”.
La contraargumentación:
¿Está Muerto el Anti-Imperialismo?

En los años recientes el antimperialismo ha desaparecido del léxico político de los post-marxistas. Las ex-guerrillas de América Central se convirtieron en políticos electorales y los profesionales que llevan las ONGs hablan de cooperación internacional e interdependencia. Pero los pagos de la deuda continúan transfiriendo grandes sumas de los pobres de América Latina a los bancos europeos, norteamericanos y japoneses. Las propiedades públicas, los bancos, y sobre todo los recursos naturales se están obteniendo a precios muy baratos por las multinacionales europeas y norteamericanas. Hay más billonarios latinoamericanos con sus fondos en los bancos norteamericanos y europeos que nunca. Los EE.UU. tiene más asesores militares, oficiales de la droga y policía federal dirigiendo la “política” de América Latina que nunca antes en la historia. Pero nos dicen algunos antiguos sandinistas y ex-farabundistas que el antimperialismo/imperialismo desapareció con el fin de la guerra fría. El problema, nos dicen, no son las inversiones extranjeras o la ayuda extranjera sino su ausencia y piden una mayor ayuda imperial. La miopía política y económica que acompaña esta perspectiva es el abaratamiento de la fuerza de trabajo, la eliminación de legislaciones sociales y la transformación de América Latina en una gran plantación, un gran campo minero, una gran zona de libre comercio al que les han arrancado sus derechos, su soberanía y su riqueza.

El énfasis marxista en la profundización de la explotación imperial tiene sus raíces en las relaciones sociales de producción y las relaciones estatales entre el capitalismo imperial y el dependiente. El colapso de la URSS ha intensificado la explotación imperial. Los post-marxistas (ex-marxistas) que creen que el mundo unipolar resultará en una mayor “cooperación” han leído mal la intervención de EE.UU. en Panamá, Irak, Somalia y en otros lugares. Más fundamentalmente, la dinámica del imperialismo está impregnada en la dinámica interna del capital no en la competencia externa con la Unión Soviética. La pérdida del mercado doméstico y el sector externo de América Latina es un regreso a la fase “pre-nacional”. Las economía latinoamericanas empiezan a parecerse a su pasado “colonial”.

La lucha contra el imperialismo hoy en día se relaciona con la reconstrucción de la nación, el mercado doméstico, la economía productiva y una clase obrera vinculada hacia la producción y el consumo social. 

lunes, 2 de julio de 2018

¿Qué cosa es el post-marxismo? (VIII)

"Que seáis buenos". Era la despedida nocturna de un amigo mío al irse a la cama. Igualmente, es la recomendación adormecedora que tranquiliza las conciencias ante los desmanes que arrasan el mundo. La confrontación es mala: confiad en la colaboración de las buenas gentes. Porque los poderosos lo son demasiado y no conduce a nada enfrentarse a ellos.

Esa ha sido desde siempre la válvula de escape de la caridad, aunque ahora se ponga el acento en la cooperación.

En las épocas de reflujo revolucionario, cuando parecen cerrarse las posibilidades de cambio radical, se revisan las estrategias. Entonces llega la hora del consuelo reformista. Como las bayonetas sirven para todo, menos para sentarse sobre ellas, por ambas partes se cultiva la cara amable de una estructura social que se entiende más o menos consolidada. Y "se hace lo que se puede" (es decir, se puede lo que se hace).

Continúa aquí la crítica de Petras a los intelectuales post-marxistas. La he venido comentando desde este lugar y el último comentario fue este otro.



Argumentación post-marxista:
8. La lucha de clases y la confrontación no producen resultados tangibles; sino que provocan derrotas y fracasan en la solución de los problemas inmediatos. La cooperación gubernamental e internacional en torno a proyectos específicos provoca un incremento de la producción y el desarrollo.
Comentario:
La Lucha de Clases y la Cooperación

Los post-marxistas frecuentemente escriben de “cooperación” de todos, cercanos y lejanos, sin hurgar muy profundamente en el precio y las condiciones para asegurar la cooperación de regímenes neo-liberales y agencias finacistas extranjeras. La lucha de clases se ve como un atavismo a un pasado que ya no existe. Hoy nos dicen que los “pobres” están intentando construir una nueva vida. Ellos se alimentan con la política, las ideologías y los políticos tradicionales. Hasta ahora, todo está bien. El problema es que los post-marxistas no son tan aventurados en describir su papel como mediadores y brokers, apresurándose en obtener fondos en el extranjero y acoplándolos a proyectos aceptables para los donantes y los receptores locales. Los inversionistas de la fundación están involucrados en un nuevo tipo de política similar a los “contratistas de trabajo” (enganchadores) del pasado no tan lejano: movilizando a las mujeres conjuntamente para ser “entrenadas”, estableciendo microfirmas subcontratadas por grandes productores o exportadores. La nueva política de los post-marxistas es en esencia la política de los compradores: ellos no producen productos nacionales sino que más bien ellos vinculan a financistas extranjeros con la fuerza de trabajo local (microempresas de auto ayuda) para facilitar que el régimen neo-liberal continúe. En este sentido los post-marxistas en su papel de dirigentes de ONGs son fundamentalmente actores políticos cuyos proyectos, entrenamiento y talleres no producen ningún impacto económico significativo ni en el PNB o en términos de disminución de la pobreza. Pero sus actividades sí tienen un impacto en desviar a la gente de la lucha de clases en formas inofensivas e inefectivas de colaboración con sus opresores. La perspectiva marxista de lucha de clases y el enfrentamiento es construido sobre las reales divisiones de clase de la sociedad: entre aquellos que extraen ganancias, intereses, rentas e impuestos regresivos y aquellos que luchan para maximizar los salarios, los gastos sociales y las inversiones productivas. Los resultados de la perspectiva post-marxista son evidentes hoy en día dondequiera que la concentración de ingresos y el crecimiento de las desigualdades son mayores que nunca, después de una década de predicar la cooperación, las microempresas y la autoayuda. Hoy los bancos como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) funda las agroempresas de exportación que explotan y envenenan a millones de trabajadores agrícolas mientras que provee fondos para financiar pequeños micro-proyectos. El papel de los post-marxistas en los micro-proyectos es neutralizar la oposición política en la base mientras se promueve el neo-liberalismo en la cima. La ideología de “cooperación” vincula al pobre a través de los post-marxistas neo-liberales en la cima. Intelectualmente los post-marxistas son los policías intelectuales que definen una investigación aceptable, distribuyen los fondos para la investigación y filtran los temas y las perspectivas que proyectan un análisis de clase y una perspectiva de lucha. Los marxistas están excluidos de las conferencias y estigmatizados como “ideólogos” mientras que los post-marxistas se presentan a sí mismos como “científicos sociales”. El control de la moda intelectual, las publicaciones, las conferencias, los fondos de la investigación proveen a los post-marxistas con una importante base de poder -pero que por último debe evitar el conflicto con sus patrones financistas extranjeros.

Los intelectuales marxistas críticos tienen su fuerza en el hecho que sus ideas resuenan con el desarrollo de la realidad social. La polarización de las clases y los violentos enfrentamientos están aumentando, como predecían sus teorías. Es en este sentido que los marxistas son tácticamente débiles y están estratégicamente equivocados frente por frente a los post-marxistas.


jueves, 28 de junio de 2018

Kafka y el espacio-tiempo pegajoso

Una de las obsesiones de Kafka era el espacio-tiempo. En él estamos todos atrapados. Cada uno es hijo de su espacio y de su momento histórico. El suyo fue de grandes cambios en la cosmovisión, porque también hubo entonces grandes cambios en la sociedad y en la conciencia. La teoría de la relatividad, que también se produce en ese entorno espacial y temporal, no sería concebible en otra circunstancia.

No solamente se pusieron en cuestión anteriores certezas sobre el tiempo físico, sino que también se alteró el tiempo psicológico. El surrealismo y el psicoanálisis son hijos de esa alteración. Buscan con desazón en los sueños una realidad alternativa. También Kafka busca, atrapado en la existencia, la vía de escape.

El sueño construye una realidad trastocada que distorsiona los sucesos y mezcla de forma extraña tiempos y lugares, pero las situaciones absurdas que en él nos asaltan reflejan a su modo, transfiguradas, las inquietudes del día. Al contar un sueño se desdibuja y transforma de nuevo, y la recreación no es más que un pálido reflejo de aquel extraño mundo onírico. Un viaje de ida y vuelta.

El tiempo histórico que le tocó a Kafka vivir fue, como el nuestro, kafkiano, plagado de incertidumbres. El mundo se tambaleaba y las certezas se fundían. Es probable que esos monstruos que surgen, al decir de Gramsci, cuando lo viejo no acaba de morir ni lo nuevo de alumbrarse, sean, más que la excepción, la regla de cualquier tiempo. La conciencia, al hacernos lúcidos, nos hace responsables. Por eso nos sentimos muchas veces culpables. La razón no es capaz de destruir esa culpa que anida en lo subconsciente.

Interpreto a Kafka, a partir de mis propias vivencias. En ocasiones, después del último sueño, un brusco despertar nos sobresalta, queda la incerteza como resultado no deseado de lo que prometía ser un descanso plácido. La página que cerramos la noche anterior se abre otra vez, llena de cansancio e indecisión. Esperamos alarmados la posible llegada de un accidente que alteraría la cómoda rutina previsible. Además, no sabemos de qué lado puede llegar.

Es característica del sueño la disparatada distorsión del tiempo y el espacio, distorsión que es a la vez es reflejo y fuente de nuestra percepción del mundo. Incapaces de representarnos lo infinito como un más allá que está fuera de nuestro recorrido espacio temporal, queremos movernos y permanecer, que  el tiempo pase y que no pase, que el acontecimiento llegue y que no llegue.

La responsabilidad de llevar el inmenso mundo a cuestas nos abruma. La esperanza de dominarlo se nos desgasta y nos invade la flojedad y la desesperanza. La muralla china es un ejemplo claro de esa sensación melancólica de no poder abarcar lo inabarcable, como nos exige un propósito prometeico que nada más desechado vuelve a importunarnos. Lo infinito nos abruma.



Compárese la infinitud desesperanzada del relato de Kafka con la estoicamente aceptada de Borges en La biblioteca de Babel o El jardín de senderos que se bifurcan. Mientras el primero espera angustiado, porque no sabe, el segundo se siente invulnerable, porque sabe. Pero ambos son seres melancólicos.

Sobre el universo de Borges publiqué hace tiempo estos comentarios:
Los cuatro ciclos, el eterno retorno.
A quien está leyéndome, la eternidad, presente absoluto.
Las cosas, lo fugaz enfrentado a lo perdurable.
La lluvia, persistencia de lo efímero.
En este enlace está esa biblioteca que es el infinito:
Entre otros cuentos:
http://doctorpolitico.com/wp-content/uploads/2012/12/Textos-de-Borges.pdf


Volvamos a Kafka.

Leer a este autor es leernos el alma. El relato vuela de forma arbitraria de lo cercano a lo lejano, de lo vertiginoso a la parálisis. Pessoa escribió un libro del desasosiego. Kafka vivió el desasosiego en sus libros, hasta el punto de haber deseado destruirlos ¿por inútiles?

Kafka es por eso intemporalmente actual. Sus relatos se mueven en un molesto espacio-tiempo pegajoso, del que no podemos desprendernos porque lo llevamos puesto, pero que no dominamos.

Sobre la obsesión temporal de Kafka, este enlace.

Sus cuentos completos, en la misma línea:
http://www.cronopios.com.gt/javier/europeaii/cuentos
Siguen cuatro relatos cortos, en la misma línea:



Cuando por la noche uno parece haberse decidido terminantemente a quedarse en casa; se ha puesto una bata; después de la cena se ha sentado a la mesa iluminada, dispuesto a hacer aquel trabajo o a jugar aquel juego luego de terminado el cual habitualmente uno se va a dormir; cuando afuera el tiempo es tan malo que lo más natural es quedarse en casa; cuando uno ya ha pasado tan largo rato sentado tranquilo a la mesa que irse provocaría el asombro de todos; cuando ya la escalera está oscura y la puerta de calle trancada; y cuando entonces uno, a pesar de todo esto, presa de una repentina desazón, se cambia la bata; aparece enseguida vestido de calle; explica que tiene que salir, y, además, lo hace después de despedirse rápidamente; cuando uno cree haber dado a entender mayor o menor disgusto de acuerdo con la celeridad con que ha cerrado la casa dando un portazo; cuando en la calle uno se reencuentra, dueño de miembros que responden con una especial movilidad a esta libertad ya inesperada que uno les ha conseguido; cuando mediante esta sola decisión uno siente concentrada en sí toda la capacidad determinativa; cuando uno, otorgando al hecho una mayor importancia que la habitual, se da cuenta de que tiene más fuerza para provocar y soportar el más rápido cambio que necesidad de hacerlo, y cuando uno va así corriendo por las largas calles, entonces uno, por esa noche, se ha separado completamente de su familia, que se va escurriendo hacia la insustancialidad, mientras uno, completamente denso, negro de tan preciso, golpeándose los muslos por detrás, se yergue en su verdadera estatura. Todo esto se intensifica aún más si a estas altas horas de la noche uno se dirige a casa de un amigo para saber cómo le va.

Un problema cotidiano, del que resulta una confusión cotidiana. A tiene que concretar un negocio importante con B en H, se traslada a H para una entrevista preliminar, pone diez minutos en ir y diez en volver, y en su hogar se enorgullece de esa velocidad. Al día siguiente vuelve a H, esa vez para cerrar el negocio. Ya que probablemente eso le insumirá muchas horas. A sale temprano. Aunque las circunstancias (al menos en opinión de A) son precisamente las de la víspera, tarda diez horas esta vez en llegar a H. Lo hace al atardecer, rendido. Le comunicaron que B, inquieto por su demora, ha partido hace poco para el pueblo de A y que deben haberse cruzado por el camino. Le aconsejan que aguarde. A, sin embargo, impaciente por la concreción del negocio, se va inmediatamente y retorna a su casa. 
Esta vez, sin prestar mayor atención, hace el viaje en un rato. En su casa le dicen que B llegó muy temprano, inmediatamente después de la salida de A, y que hasta se cruzó con A en el umbral y quiso recordarle el negocio, pero que A le respondió que no tenía tiempo y que debía salir enseguida. 
Pese a esa incomprensible conducta, B entró en la casa a esperar su vuelta. Ya había preguntado muchas veces si no había regresado todavía, pero continuaba aguardando aún en el cuarto de A. Contento de poder encontrarse con B y explicarle lo sucedido, A corre escaleras arriba. Casi al llegar, tropieza, se tuerce un tobillo y a punto de perder el conocimiento, incapaz de gritar, gimiendo en la oscuridad, oye a B -tal vez ya muy lejos, tal vez a su lado- que baja la escalera furioso y desaparece para siempre.

Al comienzo no faltó el orden en los preparativos para construir la Torre de Babel; orden en exceso quizá. Se preocuparon demasiado de los guías e intérpretes, de los alojamientos para obreros, y de vías de comunicación, como si para la tarea hubieran dispuesto de siglos. En aquella época todo el mundo pensaba que se podía construir con mucha calma; un poco más y habrían desistido de todo, hasta de echar los cimientos. La gente se decía: lo más importante de la obra es la intención de construir una torre que llegue al cielo. Lo otro, es deseo, grandeza, lo inolvidable; mientras existan hombres en la tierra, existirá también el ferviente deseo de terminar la torre. Por lo cual no tiene que inquietarnos el porvenir. Por lo contrario, pensemos en el mayor conocimiento de las próximas generaciones; la arquitectura ha progresado y continuará haciéndolo; de aquí a cien años el trabajo que ahora nos tarda un año se podrá hacer seguramente en unos meses, más durable y mejor. Entonces ¿Para qué agotarnos ahora? El empeño se justificaría si cupiera la posibilidad de que en el transcurso de una generación se pudiera terminar la torre. Cosa totalmente imposible; lo más probable será que la nueva generación, con sus conocimientos más perfeccionados, condene el trabajo de la generación anterior y destruya todo lo construido, para comenzar de nuevo. Esas lucubraciones restaron energías, y se pensó ya menos en construir la torre que en levantar una ciudad para obreros. Mas cada nacionalidad deseaba el mejor barrio, lo que originó disputas que terminaban en peleas sangrientas. Esas peleas no tenían ningún objeto; algunos dirigentes estimaban que demoraría muchísimo la construcción de la torre, y otros, que más convenía aguardar a que se restableciera la paz. Pero no solo ocupaban el tiempo en pelear; en las treguas embellecían la ciudad, lo que a su vez daba motivo a nuevas envidias y nuevas polémicas. Así transcurrió el tiempo de la primera generación, pero ninguna de las otras siguientes tampoco varió; solo desarrollaron más la habilidad técnica, y unido a eso, la belicosidad. A pesar de que la segunda o tercera generación comprendió lo insensato de construir una torre que llegara al cielo, ya estaban todos demasiado comprometidos para dejar abandonados los trabajos y la ciudad. 
En todas sus leyendas y cantos, esa ciudad tiene la esperanza de que llegue un día, especialmente vaticinado, en el cual cinco golpes asestados en forma sucesiva por el puño de una mano gigantesca, destruirán la mencionada ciudad. Y es por eso que el puño aparece en su escudo de armas.

“El Emperador, tal va una parábola, os ha mandado, humilde sujeto, quien sois la insignificante sombra arrinconándose en la más recóndita distancia del sol imperial, un mensaje; El Emperador desde su lecho de muerte os ha mandado un mensaje para vos únicamente. Ha comandado al mensajero a arrodillarse junto a la cama, y ha susurrado el mensaje; ha puesto tanta importancia al mensaje, que ha ordenado al mensajero se lo repita en el oído. Luego, con un movimiento de cabeza, ha confirmado estar correcto. Sí, ante los congregados espectadores de su muerte –toda pared obstructora ha sido tumbada, y en las espaciosas y colosalmente altas escaleras están en un círculo los grandes príncipes del Imperio– ante todos ellos, él ha mandado su mensaje. El mensajero inmediatamente embarca su viaje; un poderoso, infatigable hombre; ahora empujando con su brazo diestro, ahora con el siniestro, taja un camino a través de la multitud; si encuentra resistencia, apunta a su pecho, donde el símbolo del sol repica de luz; al contrario de otro hombre cualquiera, su camino así se le facilita. Mas las multitudes son tan vastas; sus números no tienen fin. Si tan sólo pudiera alcanzar los amplios campos, cuán rápido él volaría, y pronto, sin duda alguna, escucharías el bienvenido martilleo de sus puños en tu puerta. Pero, en vez, cómo vanamente gasta sus fuerzas; aún todavía traza su camino tras las cámaras del profundo interior del palacio; nunca llegará al final de ellas; y si lo lograra, nada se lograría en ello; él debe, tras aquello, luchar durante su camino hacia abajo por las escaleras; y si lo lograra, nada se lograría en ello; todavía tiene que cruzar las cortes; y tras las cortes, el segundo palacio externo; y una vez más, más escaleras y cortes; y de nuevo otro palacio; y así por miles de años; y por si al fin llegara a lanzarse afuera, tras la última puerta del último palacio –pero nunca, nunca podría llegar eso a suceder–, la capital imperial, centro del mundo, caería ante él, apretada a explotar con sus propios sedimentos. Nadie podría luchar y salir de ahí, ni siquiera con el mensaje de un hombre muerto. Mas os sentáis tras la ventana, al caer la noche, y os lo imagináis, en sueños.”