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El presidente finlandés, Alexander Stubb, recibe al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, antes de su reunión en el Palacio Presidencial. DPA vía Europa Press |
Falacia armamentista: La UE dice temer el peligro ruso, pero su presupuesto militar triplica al de esta potencia venida a menos. Es sorprendente (o quizá no tanto) que tanta gente haya podido ser engañada y siga creyendo en "el peligro que viene del este", cuando en las últimas centurias las invasiones siempre han sido al revés y la Rusia actual tampoco está ya para aventuras imperialistas, carísimas y problemáticas.
Nadie con visión a medio plazo emprendería tales aventuras, en un mundo menguante, si no fuera para apoderarse de lo ajeno. La guerra es con mucho la mayor fuerza destructiva. Despilfarra recursos ya escasos y agrava el cambio climático que ya está aquí.
Cuando hay que repartir lo que no abunda hay dos posibilidades: racionarlo para que todos reciban algo o excluir del reparto a los más débiles. Si se resisten los eliminas y punto, porque los muertos no muerden. Mientras el crecimiento es posible algo puede llegar a los más pobres sin que los más ricos dejen de ganar, pero hay claros límites. Aunque ya son innegables, la voracidad capitalista no los puede soportar.
El militarismo tiene entonces dos razones para imponerse. Por una parte, asegurar por la fuerza el acceso a recursos que poseen otros; por otra, invertir en una industria que no obedece a las leyes del mercado, porque no necesita, como otras, de una demanda sostenida para alimentar la oferta.
Rusia, como dijo Churchill, sigue siendo “un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma”. Tan misterioso que en 2022 Ursula von der Leyen aseguraba que el ejército ruso estaba tan hecho polvo que sacaba chips de los lavaplatos, y ahora, después de tres años de combates, dice que se ha convertido en un peligro tan grande para el continente que necesitamos 800.000 millones de euros para hacerle frente.
Militarización de los espíritus: verde, que te quiero verde...
...ningún grupo ha cambiado tanto en tan poco tiempo como los Verdes. Fundado como un partido contra la guerra, en los últimos años se han convertido en fervientes defensores del rearme y la militarización europea. De hecho, ante la propuesta de rearme de Von der Leyen, los Verdes argumentaron la "necesidad de inversiones urgentes en defensa" y aplaudieron que "por fin haya propuestas concretas". Unas declaraciones que son como la noche y el día si las comparamos con su manifiesto fundacional.
El pacifismo hoy se ve atrapado por una supuesta realpolitik incuestionable, que arrastra a gran parte de la izquierda al marco belicista, haciéndola tragar con todo lo que implica aceptar este relato. Pensar que el refuerzo de esta doctrina, de todo lo militar y securitario, no va a repercutir en otras esferas de la vida sí que es ser inocente. También lo es no cuestionar este negocio, cada vez más útil para los autoritarismos, que, en esta Europa, ni siquiera están ya fuera de sus fronteras. Tampoco es pecado preguntar quién sacará tajada, de qué exactamente y por qué siempre hay tanto dinero para armas y tan poco para reforzar servicios públicos y mejorar la vida de las personas.
Optimismo inversor y gasto militar:
La valoración prevista a futuro de una cesta de acciones de empresas de defensa en Europa ha subido mucho en las últimas semanas y ha igualado el PER medio de los fabricantes europeos de lujo, escribe Bloomberg citando datos de Goldman Sachs. Las acciones del fabricante alemán de tanques y municiones Rheinmetall AG casi han duplicado su precio desde principios de 2025. Esto ha provocado un aumento récord de la valoración prevista de las acciones de la empresa, que por poner un ejemplo, ahora se sitúa entre el líder del mercado de lujo LVMH y la histórica firma francesa Hermès, según informa Bloomberg.
En este sentido, la comunidad andaluza constituye uno de los polos más importante de esta rama en España, con una industria que, en términos de impacto económico, contribuye con 2.566 millones de euros al PIB autonómico y genera 25.174 puestos de trabajo, teniendo en cuenta tres áreas de actividad: aeronáutica, espacio y defensa-seguridad. Concretamente en este último campo, las cifras alcanzan los 1.672 millones de euros y 15.928 empleos.
Enrique Santiago, secretario general del PCE y portavoz de Izquierda Unida en el Grupo Parlamentario Plurinacional de SUMAR, contrapone la verdadera seguridad que necesitamos a la falsa seguridad que nos quieren colar; al parecer con éxito, dado que según una encuesta reciente tres de cada cuatro españoles han sido abducidos por la propaganda belicista.
Seguridad alimentaria, educación, atención sanitaria, protección de los ecosistemas y una ya incierta seguridad climática, componen la seguridad humana que desprecian los apóstoles de la guerra, como este otro trío de la bencina, que con ella pretende apagar el fuego.
Volodímir Zelenski, Emmanuel Macron y Donald Trump después de una reunión en el Palacio del Elíseo el pasado mes de diciembre de 2024. Julien De Rosa / DPA vía Europa Press |
Si Europa quiere paz, no debe preparar la guerra
“Si quieres paz, prepárate para la paz, no para la guerra” decía don Federico Mayor Zaragoza, recordando que los avances tecnológicos nos permiten vivir con seguridad alimentaria, educación y atención sanitaria, además de proteger los ecosistemas y reforzar la seguridad climática. Esta es la seguridad que necesitamos. Una “seguridad humana” que destine los recursos a desarrollo social y ambiental, además de garantizar la paz. Esto es incompatible con un modelo de (in)seguridad basada en la carrera armamentística, en la guerra como forma de resolución de conflictos y en la aplicación asimétrica del derecho internacional, con trágicas consecuencias como las que sufre el pueblo palestino.
El fin de la guerra fría trajo la oportunidad de construir ese nuevo modelo de seguridad humana, pero la potencia vencedora, Estados Unidos, opta a menudo por la unilateralidad e ignora el derecho internacional cada vez que considera que su respeto no le favorece. En consecuencia, se han debilitado las instituciones multilaterales como Naciones Unidas o la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), ambas ausentes en las recientes crisis internacionales de Ucrania o Palestina.
La permanente expansión de la OTAN hacia el este, en contra de lo acordado entre EE.UU. y la Unión Soviética con ocasión de la unificación alemana, ha sido un factor de desestabilización estratégica, una amenaza a la paz y a la seguridad en Europa. La decisión de la OTAN de incorporar a Ucrania ya hace más de quince años, fue vista por Rusia como un paso más en la vieja aspiración europea de bloquear su salida al Mar Negro y al Mediterráneo oriental. Recordemos que franceses, británicos, estadounidenses y alemanes han invadido Rusia en algún momento en los últimos 200 años. Actualmente no existe un sistema de tratados sobre control de armas nucleares en vigor. EE.UU. abandonó unilateralmente el Tratado de Misiles Antibalísticos (ABM) en 2002, mientras aceleraba la ampliación de la OTAN en el este. A partir de 2010 comenzó a instalar sistemas de misiles Aegis en Polonia y más tarde en Rumanía. En 2019 se retiró del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF), procediendo a continuación Rusia de la misma forma. El nacionalismo ruso arguye así motivos para sentirse acosado por la permanente expansión de una alianza militar que le negó la entrada cuando ya había perdido su razón de ser tras desaparecer la Unión Soviética. Añadamos a esta suma de riesgos que la calidad democrática es cada vez más baja en los Estados Unidos, en Rusia o en muchos países de la Unión Europea (UE).
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