sábado, 22 de marzo de 2025

Un muerto muy vivo

El catorce de marzo se cumplieron 142 años de la muerte de Marx. Los medios habituales no lo recordaron, pero Fernando Verduzco hizo un breve resumen de sus aportaciones, más actuales hoy si cabe que cuando fueron formuladas.

Aunque hayan querido sepultarlas en el olvido (para que las ignoren los perjudicados por el sistema), han penetrado como evidencias en la mente de sus mayores enemigos. "Hay una guerra de clases y la estamos ganando los ricos", ha dicho sin cortarse un pelo Warren Buffet.

Por lo menos desde Aristóteles somos animales sociales, y desde Cicerón la Historia es maestra de la vida, pero es obra de Marx poner ambas cosas en relación directa con los sucesivos modos de producción y todo ello con las formas de pensamiento y las prácticas correspondientes de cada época y lugar.

Sobre todo dejó claro que, aunque el ser determina la conciencia, en los seres pensantes es inseparable de ella, que modifica a su vez el ser, manifestándose a través de la praxis como acción consciente.

"Histórico" y "dialéctico" son los adjetivos que se utilizan corrientemente para caracterizar el materialismo de Marx. Ambos ponen de relieve dos características que lo separan de lo que vulgarmente se conoce como "materialismo", contrapuesto a lo que de modo igualmente tosco se considera "idealismo".

Para entender el origen de esta interpretación habría que remontarse, por lo menos, a Platón y la forma en que se ha contado, por razones históricas, el mito de la caverna.

En ningún momento de la Historia ha sido tan fácil como hoy dar a ese pasaje otra interpretación. Lo que nos dejan ver, atados a una falsificada interpretación del mundo, no son ya las sombras proyectadas de la realidad, sino las luces de las pantallas. A mi modo de ver, que es inseparable de mi tiempo y de mi experiencia, lo que quiso mostrar Platón no fue la realidad suprema de un fantasmagórico "mundo de las ideas", sino al contrario, iluminar con ellas las sombras de la manipulación.

Fueron las religiones las que separaron materia y espíritu, y el cristianismo triunfante hizo su interpretación de la filosofía griega a través del neoplatonismo, consolidando la idea del ser humano como un compuesto de cuerpo mortal y alma inmortal. Incluso el racionalista Descartes tuvo que buscar, no sabemos si de grado o por un lúcido temor a ser considerado hereje, un punto de apoyo físico en la silla turca para sentar en ella el alma de la que carecían los demás animales. Era la forma de trascender su concepción mecanicista de la naturaleza, haciéndola compatible con una religión a la que no pudo enfrentarse.

Fue Spinoza quien con su famosa frase "Deus sive Natura" realizó la primera fusión de los campos material e ideal. Y lo que hizo en realidad era mostrar las dos caras de la misma moneda: la materia inerte como algo inseparable de la actividad, el pensamiento como motor y al tiempo resultado de la acción, el alma como manifestación del cuerpo vivo.

Al carácter histórico de las interpretaciones del mundo añade Marx esta dialéctica, que antes incluso de Hegel barruntaba el filósofo sefardí. La dialéctica marxista se aplica al ser individual, pero de modo importantísimo al ser social, porque el individuo es conformado por el conjunto de relaciones que establece con los demás y con la naturaleza, a la par que influye en la transformación de esta y en la conformación de las sociedades. 

El materialismo filosófico se opone a la concepción dual de la filosofía idealista de raíz religiosa y emerge como un monismo abarcador, muy diferente de la concepción peyorativa que se adjudica vulgarmente a la palabra "materialista".

La sentencia "el ser determina la conciencia", interpretada en un sentido absoluto, está lejos de su interpretación dialéctica. Sería un determinismo negador de cualquier intento de que la conciencia pudiera cambiar la realidad. Los propios autores de la frase se encargaron de refutar esta interpretación, tanto puntualizándola como desde su propia conducta práctica.

A partir de su concepción del mundo material, del papel transformador de la conducta y del carácter social de las relaciones humanas se abría la posibilidad de concebir otra sociedad y luchar por ella. La lucha de clases, motor permanente en la historia de las relaciones humanas, era desenmascarada y solo quedaba ser consecuente y tomar partido.

Tal es la Filosofía de la Praxis que muestra un camino, difícil pero posible, para superar el capitalismo, la posible fase final preocupante de la Historia, y no precisamente como la entendió Francis Fukuyama. Aunque este autor, vistas las consecuencias, haya modificado después sus precipitadas afirmaciones, como declaró en 2018 en una entrevista para New Statesman:

«Este período extendido, que comenzó con Reagan y Thatcher, en el que se estableció un cierto conjunto de ideas sobre los beneficios de los mercados no regulados, en muchos sentidos tuvo un efecto desastroso».

Fukuyama también expuso que aunque la democracia representativa moderna «proporciona paz y prosperidad», él aseguró que «la gente quiere más que eso». Asimismo, señaló que las distintas variedades de este sistema político «ni siquiera tratan de definir lo que es una buena vida, sino que la dejan en manos de individuos que se sienten alienados». De igual manera, afirmó que «ciertas cosas que dijo Karl Marx están resultando ser ciertas».


FILOSOFÍA MARXISTA: UN MUERTO QUE NO PARA DE NACER

En el aniversario de su fallecimiento, comparto una síntesis de las cinco principales ideas de antropología filosófica que son base de toda la producción teórica de Karl Marx:

1. Ser social: Marx consideraba que los seres humanos son fundamentalmente seres sociales, es decir, que nuestra existencia y desarrollo están inseparablemente ligados a la sociedad y las relaciones con los demás: la cooperación es uno de los signos distintivos de nuestra especie.

2. Ser histórico: Marx sostenía que los seres humanos somos seres históricos, es decir, que nuestra existencia y conciencia están condicionadas por la historia y las circunstancias sociales y económicas en las que vivimos, que configuran relaciones de poder en las que estamos inmersos y de las que somos producto.

3. Ser productivo: Marx consideraba que la producción y el trabajo son esenciales para la existencia humana. Los seres humanos producimos y transformamos la naturaleza para satisfacer nuestras necesidades y deseos, con la capacidad distintiva de poder proyectarnos en ella.

4. Conciencia y praxis: Marx sostenía que la conciencia humana no es solo una reflexión de la realidad, sino que también es una fuerza activa que puede transformarla. La praxis, o la acción consciente, es esencial para el desarrollo humano autónomo.

5. Alienación y emancipación: Marx consideraba que, bajo el capitalismo, los seres humanos estamos alienados/enajenados, es decir, estamos separados de nuestra verdadera naturaleza y potencial. La emancipación, o la liberación de la alienación, es posible a través de la revolución y la creación de una sociedad comunista.

Si actualizamos su pensamiento integrándolo a los avances actuales en los distintos campos de las ciencias, se comprueba la vigencia de sus tesis principales que, en general y con obvios matices históricos, continúan vigentes.

Su método dialéctico basado en el análisis concreto de la situación concreta permitió, como decía Engels, que Marx haya logrado aquello que tanto admiraba en su maestro Hegel: "ser la mente más universal de su tiempo". Ese, es también nuestro desafío.

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