Los últimos acontecimientos (y los anteriores, desde luego) auguran un desenlace bastante funesto. ¿Quién y cómo podrá frenar el desastre que se acerca a toda velocidad?
Los que no fumamos los opiáceos religiosos sabemos que la vida de cada cual es un viaje a ninguna parte. También la vida humana en su conjunto, y la vida en su más amplio sentido, tienen su plazo, que suponemos lejano. Mientras tanto, esperamos que tarde mucho ese final, aunque desde que conocemos las leyes de la termodinámica somos conscientes de una muy lejana muerte térmica de nuestro universo. Más cercano está el agotamiento del combustible solar, apenas unos miles de millones de años. ¡Cuán largo me lo fiáis!
Nos preocupan nuestros hijos, nuestros nietos, y confiamos en que seguirán naciendo otros descendientes a los que nunca conoceremos. Pero, ¿y si hay un final más cercano de lo que queremos creer?
Lo que estamos viendo es que el agotamiento de los recursos energéticos y otros, en lugar de frenarse, se acelera, como lo hace el calentamiento global. Cuando más necesario es guardar lo que queda, más se gasta en fruslerías superfluas.
Pero mucho más en lo que mata. Guerras que destruyen aceleradamente lo que queda y acaban envenenándolo todo, por tierra, mar y aire.
Salvamento marítimo tiene previsto un detallado protocolo de abandono de buque en caso de naufragio como único modo de minimizar pérdidas humanas. Si esto falla el afán por escapar lleva a los náufragos aterrorizados a matarse entre sí, confiando cada uno en su propia salvación. Algo de esto está ocurriendo, y aún hay locos que confían en escapar del planeta de los simios.
¡Qué inteligente fue Berlusconi, qué clarividente Felipe González!
Honra y prez les dedica Jorge Riechmann:
El 31 de diciembre de 2025 escribía esto en el cuaderno de notas de su blog:
sobre fascismo y televisión
Europa es la mejor idea del siglo pasado, ha dicho Olga Tokarczuk. Lo mejor para una mejor idea sería no quedarse en mera idea: pero no parece que eso, en el caso de Europa, esté a nuestro alcance. El neoliberalismo, y algunas otras catástrofes existenciales, se cruzaron en nuestro camino…
En 2002 Claudio Magris advertía: “Los italianos fuimos pioneros del fascismo en Europa. No quisiera que ahora, con Berlusconi, lo fuéramos de alguna otra perversión… Observo que están desapareciendo las antiguas convenciones sobre la decencia y emerge una nueva clase sin referencias morales de ningún tipo”.[1] Pero sucedió efectivamente lo temido: aquella clase de nihilismo infectó como un veneno a un país tras otro. Seguimos hoy en duelo por la Europa que podría haber sido.
Juan Gabriel Vásquez incurre en un considerable latinocentrismo cuando, evocando la novela de Mario Vargas Llosa Conversación en La Catedral, sentencia: “¿Qué es un latinoamericano? Es alguien que se pregunta, cada cierto tiempo, en qué momento se jodió su país. ¿Qué es un escritor latinoamericano? Es alguien que intenta contestar a esa pregunta mediante construcciones de palabras”.[2] Como si ese mal fuese exclusivo de América Latina… Pero no es así: también desde Italia o España nos hacemos la “pregunta J” de Vargas Llosa (de su personaje Zavala, en rigor): en qué momento se jodió Europa, o el conjunto de Occidente…
Quizás habría que verlo de esta forma: se permitió la degradación de la televisión pública, al mismo tiempo que irrumpían las privadas con su programa de enmerdamiento de la psique humana; por esa grieta se coló el resto de la debacle antropológica que hemos ido viviendo en los decenios últimos. Y aquí también Italia –la Italia de Berlusconi– resultó pionera.
_______________
[1] Claudio Magris, “Lo moral debe impregnar la vicisitud narrada” (entrevista), El País, 8 de noviembre de 2002.
[2] Juan Gabriel Vásquez, “Regreso a La Catedral”, El País, 8 de noviembre de 2025.
***
Y el 3 de enero añadía:
en qué momento se jodió Europa (o el conjunto de Occidente)
…en qué momento se jodió Europa, o el conjunto de Occidente… Añado algo a las reflexiones de hace unos días:
Un momento clave fue cuando EEUU y Europa decidieron desaprovechar el «momento Gorbachov» (segunda mitad de los años ochenta), que hubiera permitido construir estructuras de paz y seguridad en buena parte del mundo, y en vez de ello apostar por la desintegración de la URSS y luego la expansión de la OTAN (años noventa). Ése fue uno de los vectores clave que ha conducido de forma bastante directa a la guerra en Ucrania, y empujado hacia el mundo brutalmente siniestro donde nos encontramos hoy.
Y en esa dinámica, como país, nos atañe también una parte de responsabilidad. Fue un error inmenso votar a favor de la permanencia de España en la OTAN en marzo de 1986 (el trabajo que desarrollamos desde los movimientos pacifistas en 1984-85 no fructificó lo suficiente), y lo ha sido permanecer después en esa agresiva alianza militar, haciendo seguidismo a unos EEUU imperialistas y después, con Trump, fascistas.
Hay un gobernante español especialmente culpable en esa desdichada secuencia de acontecimientos: Felipe González. La historia (si hay historiografía democrática en el futuro) le pedirá cuentas.