martes, 5 de julio de 2011

Grecia. Aviso a la Troika, a los bancos y a los futuros inversores

Así aparece en real-democracy.gr una advertencia a los especuladores que pretendan adquirir las propiedades públicas que el gobierno se propone malvender para aplazar (sólo aplazar) la bancarrota del país (y más tarde la muerte de la Europa de los mercaderes).

Ellos, y nosotros también, debemos tomar nota de la reversibilidad de situaciones supuestamente irreversibles.


Aviso a la Troika, a los bancos y a los futuros inversores tanto griegos como extranjeros que tienen en el punto de mira la propiedad pública griega.

Un gobierno depuesto y dictatorial, que no representa al pueblo griego, acaba de aprobar una propuesta de ley con la intención de vender a precio de coste el suelo y la propiedad pública, contra la voluntad de la mayoría de los ciudadanos.

Comunicamos a cuantos tienen los ojos puestos en una futura oportunidad de inversión que no tardaremos en derrocar este gobierno, que en breve tendrá que dar cuenta de sus crímenes en contra del pueblo y del país. Sus firmas y sus proyectos de ley son papel mojado. No los ha aprobado el pueblo griego, que por supuesto no los reconoce.

A todos los aspirantes a inversores les advertimos que no se les ocurra acercarse a las ventas y subastas de nuestro suelo y nuestra propiedad pública, mucho menos comprarlos. En cuanto el pueblo reconquiste la soberanía del país, no sólo perderán todo lo comprado, sino que no se les devolverá el dinero pagado por ello. 

Advertimos también que, hasta el momento en que recuperemos el control del país, haremos cuanto esté en nuestras manos, mediante la autoorganización, por impedir y sabotear las posibles inversiones, y lo haremos en defensa de nuestros derechos, según se desprende tanto de la Constitución griega como de los derechos de los seres humanos y de los pueblos reconocidos internacionalmente.

Que ningún aspirante a inversor se atreva a participar en las rebajas de suelo y propiedad pública de Grecia sin ser consciente del alto riesgo que corre su inversión. En el caso de que dicha inversión se lleve a cabo, recibirá la "bienvenida" en un país que cuando se ve privado de su libertad, sabe engendrar Canaris y reducir a escombros puentes sobre el Gorgopótamo.*

La asamblea popular de la plaza de Síntagma, 3/7/2011

* Canaris fue un almirante griego de la guerra de independencia (1821-1830) que consiguió destruir la flota turca en 1822. La destrucción del puente sobre el Gorgopótamo (25-11-1942) fue una de las hazañas heroicas de los partisanos griegos contra la ocupación alemana.

lunes, 4 de julio de 2011

"Tenemos que eliminar el sistema y poner en marcha otro, para empezar a pensar en otra cosa"

Entrevista a Santiago Niño Becerra, Catedrático de Estructura Económica en la Universidad Ramón Llull. En Pluràlia.tv




La entrevista, como casi todo, puede tener dos lecturas.

Corrijo: la lectura es única ("no hay más cera que la que arde"), pero las actitudes que la siguen son dos:

1. No hay nada que hacer. El futuro lo harán los que ya lo hacen. Siéntate, pues a la puerta de tu casa, a ver pasar la procesión. Tal vez veas pasar el cadáver de tu enemigo.

En este caso, lo más probable es que en el desfile tu cadáver pase mucho antes que el suyo. Él también se sabe mortal, pero prefiere cerrar personalmente la cabalgata.

2. Hay que reaccionar, y pronto. Y de forma colectiva.

Quiero puntualizar algunas cosas, en la línea de este blog:
  • El dinero es deuda, deuda significa aplazamiento. Aplazar ha sido y es la clave de las soluciones del momento y de los problemas del futuro. Huida hacia adelante. Confiar al futuro los problemas de hoy. Crédito es creencia, confianza, fe. Si la creencia se muestra falsa, la fe se tambalea. Es tarea básica que los creyentes abran los ojos. No más esperanza en la recuperación del sistema, o como dicen, en la "recuperación de la senda del crecimiento". Imprescindible otra fe y otra esperanza. De caridad mejor no hablar, por ahora (¡ah, la semántica!).
  • Un problema constante: meter en un espacio lo que no cabe. Mundo lleno. Meter en el tiempo actual lo que no cabe. Solución: nuevamente aplazar. Véase en este blog la etiqueta "tiempo y espacio".
  • Una convicción: tenemos que encontrar soluciones a tiempo. Parar a tiempo el tren de los hermanos Marx (*). Encarrilarlo por otra vía antes de que llegue al cambio de agujas por donde va a la vía muerta.
  • Las soluciones son colectivas, pero nuestro colectivo no es el capital, aunque nos parasite hasta un punto próximo a la simbiosis.
  • Planificar las soluciones colectivamente requiere herramientas colectivas. La primera, conocimiento colectivo. Valores colectivos, sin caer en el horror del "individualismo colectivo". El fascismo es precisamente eso.
  • Redefinir las "clases sociales", que en parte deben ser construidas (pasar de la clase "en sí" a la clase "para sí" requiere autoconciencia y voluntad).
  • Santiago Niño habla del recuerdo de tiempos mejores como consuelo de futuros menos esplendorosos. Esto me trae a la memoria la película "Tierras de penumbra"(**). De acuerdo, pero esto sólo es válido para los que tuvieron esos tiempos mejores.
(*) Freno de emergencia: los análisis que fundamentó el hermano Marx.
(**) "...el dolor de entonces es parte de la felicidad de ahora". Y después: “el dolor de ahora es parte de la felicidad de entonces”.

    sábado, 2 de julio de 2011

    El sastre de Ulm


























    No puedo reproducir aquí todas las reflexiones de Lucio Magri en este largo artículo. Debe leerse entero, y nunca (nada debe leerse así, y Lucio tampoco lo escribe así) como el carpetazo final a una polémica que, como todas, como el futuro, comienza siempre ahora mismo.
    La primera tarea de la nueva era es hacer un balance, con un espíritu de búsqueda de la verdad, cualesquiera que sean las convicciones con las que uno empieza y las conclusiones a las que uno llega; sin fabricar hechos, sin ofrecer excusas ni separar las experiencias vividas de su contexto. La meta debe ser distinguir las contribuciones hechas a los avances históricos permanentes y decisivos; considerar los tremendos costes que supusieron, las verdades teóricas alcanzadas y los disparates intelectuales cometidos. Necesitamos clarificar las diversas fases de la evolución del comunismo y, dentro de cada una, examinar no sólo los errores degenerativos sino sus causas objetivas y subjetivas, qué oportunidades había para adoptar un camino diferente hacia el fin deseado. En resumen, recomponer el hilo de una empresa titánica y de un declive dramático, sin buscar concesiones o perseguir una neutralidad imposible, sino dirigiéndose a una aproximación hacia la verdad. Para abordar esta agenda, tenemos el extraordinario privilegio de conocer cuál fue el curso final de los acontecimientos, así como el estímulo de encontrarnos a nosotros mismos, una vez más, en una crisis de la civilización. Debemos hacer uso del presente para entender mejor el pasado, y entender el pasado para orientarnos mejor en el presente y en el futuro.

    Malestar, violencia y cohesión social

    Esto lo escribió hace dos semanas Albert Sales i Campos en Rebelión.

    Pero la vigencia no desaparece en dos semanas.

    Ojalá desapareciera, pongamos, en dos años...

    acordem.org

     Los conflictos sociales tienen estos inconvenientes. Son conflictivos. Buena parte de los que hoy se muestran airados con las protestas de las personas indignadas, explican aún batallitas de mayo del 68 con manifiesta nostalgia. Y, si echamos de hemeroteca, las manifestaciones y los enfrentamientos con la autoridad democrática del Estado francés en el París de finales de los sesenta no fueron precisamente un baño de paz, amor y sustancias psicoactivas. En momentos convulsos y con movilizaciones como las que hemos estado viviendo lo más destacable es que un movimiento asambleario y espontáneo haya podido controlar la violencia de forma tan efectiva. La fe en la no violencia como única estrategia legítima y el convencimiento de que cualquier acto agresivo será utilizado para criminalizar las movilizaciones, ha hecho que en todas las acciones ciudadanas llevadas a cabo desde el 15 de mayo, en medio de las tensiones, las manos en alto y las voces llamando a la calma y a la resistencia pacífica se hayan convertido en la norma. 

    Cuando Artur Mas aparece ante los medios "visiblemente enfadado" olvida que las personas desempleadas, las familias desahuciadas, el nuevo precariado, gente joven, con estudios y capacidades pero sin estabilidad ni futuro, también tienen razones para estar enfadados pero no disponen de micrófonos y cámaras para hacer visible su indignación. Y si los políticos profesionales les preocupa que acciones pacíficas de desobediencia civil se conviertan en violentas, más los tendría que preocupar a la violencia que se está gestando en los barrios, día tras día, con el endurecimiento de la vida cotidiana de las personas y con la violencia estructural que se ejerce sobre amplios sectores de la población.

    Recortar la renta mínima de inserción, único ingreso de las familias más empobrecidas del país, mientras desaparece el impuesto de sucesiones es violencia estructural. Reducir los recursos destinados a la educación pública es hipotecar el futuro de todos y todas y destruir la política redistributiva más importante de nuestra sociedad. Empujar la sanidad pública a la privatización es malvender un patrimonio de todos y de todas y convertir necesidades en lujos. Derogar un centenar de leyes de una tacada con la ley omnibus es un atropello a la democracia.

    Las medidas que, sin ningún tipo de vergüenza, se presentan como inevitables profundizarán en las desigualdades sociales minando la ya deteriorada cohesión social. Y justificar las crecientes desigualdades sociales en base al trabajo, la preparación, la buena fortuna o el mérito, tiene un límite. En estos momentos, ¿quien se cree que la prosperidad económica está asociada al esfuerzo? Cuando los causantes de la crisis vuelven a ocupar sus puestos directivos cobrando salarios y bonos, ¿quien tiene la cara dura de justificar las crecientes desigualdades sociales en el mérito? Para mantener un alto nivel de tolerancia frente a las desigualdades y la injusticia social se debe garantizar que la pobreza y la exclusión son fenómenos de minorías. Pero la extensión de la precariedad y del riesgo de pobreza despierta el cuestionamiento de las bases de las desigualdades. Quizás alguien pensaba que la destrucción de nuestro modesto estado del bienestar se haría sin ruido y con la oposición de no más de diez diputadas y diputados, pero el malestar sólo acaba de empezar.

    Para compensarlo, en los próximos años tendremos que ver cómo se intensifica la criminalización de las capas más desfavorecidas de la sociedad. La persecución y la estigmatización de los más vulnerables que ha comenzado con las personas inmigrantes se ampliará a otros colectivos en situaciones de marginalidad a fin de marcar la frontera entre los ciudadanos y las ciudadanas de bien y las personas caídas en desgracia por su "falta de previsión" o por su "inadaptación social y cultural". Veremos como se centra el debate público en cómo reprimir la conflictividad social derivada de la destrucción de la cohesión y de la extensión de la pobreza y, por supuesto no se aportará ninguna solución más allá de la represión, haciendo lecturas interesadas y electoralistas de la situación. Exactamente lo mismo que sucede hoy con los enfrentamientos y las acciones violentas derivadas puntualmente de las protestas. Debatir la conveniencia de la represión y sus formas no soluciona nada, sólo sirve para evitar discutir sobre los problemas centrales que han generado el movimiento. 

    Albert Sales i Campos es profesor de sociología de la UPF de Barcelona

    viernes, 1 de julio de 2011

    ¿En qué sentido es el tiempo una sucesión infinita? (XVIII)

    Créelo: ¡con su pelo empuja el agua a la piscina!     de10.com.mx

    Ya hace algún tiempo (¡caramba, casi dos meses!) que dejé de escribir capítulos de este extraño serial: ¡no he tenido tiempo! El hilo conductor de este blog es el tiempo. Si los economistas plantean su labor como la óptima (para unos) o justa (para otros) producción y distribución de bienes escasos, el empleo del tiempo es claramente un tema económico.

    La economía temporal es con seguridad la más dramática de las economías. Por su carácter trágicamente irreversible. De hecho, el tiempo es la fuente de toda irreversibilidad.

    Una de las distinciones fundamentales de la Física se establece, al modo dicotómico a que nos obliga nuestra mente binaria, entre las transformaciones reversibles y las irreversibles. Sin perjuicio de volver sobre el tema con más rigor (y más tiempo), para visualizar la diferencia basta imaginar dos escenas cinematográficas en que se pase la película al revés. En una de ellas un explorador avanza sigilosamente entre la maleza; en la otra, un vaso lleno de agua cae al suelo, se rompe y el líquido se derrama. Tras la inversión del tiempo de las imágenes, podremos creer que el explorador retrocede con cautela. Pero la afluencia del agua y la reunión de los vidrios rotos, seguidas del mágico ascenso del recipiente reconstruido, sólo podrá creerla quien crea en milagros. Esto nos da una primera aproximación al concepto de irreversibilidad.

    teescrachoya.blogspot.com














    Hay imágenes estroboscópicas en que una bala atraviesa una bombilla, o un globo, pulveriza una fruta o parte en dos un naipe. En ellas, el efecto se manifiesta retrasado en relación con la causa. Esto se aprecia mejor si lo que se obtiene es una sucesión de imágenes y se pasan como una película animada. Al ver sumamente ralentizada la acción apreciamos mejor cómo en las transformaciones irreversibles se produce un retraso del efecto respecto a la causa.

    versus21.blogspot.com
























    Cuando el coyote, persiguiendo al correcaminos, cae a un abismo, la animación retrasa el efecto hasta que el perseguidor “se da cuenta” de la causa de lo que vendrá. Tal pareciera que ocurre en todas las situaciones desequilibradas.














    La ilusión del equilibrio se produce cuando en un cierto tiempo no pasa nada. Si una balanza permanece equilibrada durante horas, podemos considerar la situación como perfectamente reversible. Con un automóvil estacionado ocurre lo mismo. Si el coche topa con una pared a muy pequeña velocidad podemos revertir la situación sin daño alguno. ¿Y si la colisión se produce a 150 km por hora?

    Vemos así que la reversibilidad depende del tiempo. El reposo equivale al equilibrio. Los procesos muy lentos tienden a ser aproximadamente reversibles, porque en cada instante hay una situación de cuasi equilibrio. Y hay desequilibrio creciente al aumentar la velocidad de los cambios.

    hastalosjuegos.es




    La dictadura terrorista y totalitaria


    Vicenç Navarro, en Público:

    A la vuelta de un largo exilio, uno de los hechos que más me sorprendieron de la vida política española fue la percepción –ampliamente aceptada por el establishment político, y promovida por los medios de mayor difusión– de que la Transición de la dictadura a la democracia había sido modélica, creando una democracia que era homologable a las existentes en la Europa occidental. La realidad, sin embargo, mostraba con toda su crudeza una democracia muy incompleta y un bienestar muy insuficiente, realidad que continúa hoy, 33 años después.

    España continúa teniendo el gasto público social (que financia al Estado del bienestar) per cápita más bajo de la UE-15. Y políticamente acabamos de ver cómo las fuerzas conservadoras han intentado prohibir la participación en el proceso democrático de un partido político, Bildu, debido a su origen, enraizado en una fuerza terrorista, ETA, y ello a pesar de que tal partido se ha distanciado de la violencia y ha aceptado las reglas del proceso democrático. Pero esto parece no ser suficiente para el Partido Popular, que desea que este partido condene tal pasado terrorista, intentando llevar a la cárcel a todos aquellos que todavía hoy defienden a ETA.

    Este comportamiento sancionador del terrorismo contrasta, sin embargo, con el comportamiento del propio Partido Popular, que nunca ha condenado explícitamente y por su nombre a la mayor fuerza terrorista que existió en España durante el siglo XX, responsable del mayor número de asesinatos políticos que haya ocurrido en la historia del país. Ningún otro régimen ha asesinado a tantos españoles como la dictadura iniciada por un golpe militar, liderado por el general Franco, en contra de un sistema democrático, la II República. Fue un régimen basado en el terror, con asesinatos políticos (por cada asesinato político que cometió Mussolini, Franco cometió 10.000), torturas (sistemáticamente realizadas en sus cárceles), campos de concentración y exilio. Aquel golpe fue realizado por los que falsamente se autodefinieron como los nacionales (la mayoría de sus tropas de ataque eran mercenarios y extranjeros, y su victoria se debió única y exclusivamente al apoyo extranjero de Hitler y Mussolini) que estaban en una “cruzada” (cuyas tropas de choque, paradójicamente, eran musulmanas) y que supuestamente defendían a la patria (imprimiendo un enorme retraso económico, político, cultural y social al país). En realidad, era una minoría en contra de la mayoría de las clases populares de los distintos pueblos y naciones de España, lo cual requería el terror para su propia supervivencia. El terror fue sustancial en la existencia de aquel régimen hasta su último día.

    Sin pretender establecer categorías, el número de víctimas de aquel terror (asesinatos políticos) fue de casi 200.000, una cifra mucho mayor que la realizada por ETA (839). Las víctimas de aquel régimen terrorista continúan ignoradas durante el periodo democrático, sin que el Estado las haya homenajeado como se merecen. El contraste entre el comportamiento del Estado hacia las víctimas de ETA y las víctimas de la dictadura es vergonzoso e ilustra no sólo la diferente vara de medir el terrorismo, sino la baja calidad del estado democrático, cuyo Tribunal Supremo, por cierto, está enjuiciando al único juez que ha intentado en España que el Estado se responsabilizara de encontrar a los desaparecidos en aquella dictadura y de enjuiciar a los responsables de tanto dolor y terror.

    La entrada dedicada a Franco del Diccionario Biográfico Español –publicado por la Real Academia de la Historia, e iniciado y financiado por el Gobierno del PP dirigido por José María Aznar– es una alabanza y una apología del responsable del mayor terror que haya existido en España. A pesar de ello, un dirigente del PP alabó la biografía de tal terrorista, presentándola como obra ejemplar. Utilizando el mismo criterio que tal partido aplica a ETA, el autor de tal biografía debiera estar en la cárcel y la Real Academia de la Historia tendría que haberse cerrado. Y, al propio portavoz del PP que hizo tal alabanza, se le hubiera tenido que llevar a los tribunales.

    El hecho de que todo esto no ocurra muestra el enorme poder de las fuerzas conservadoras que hegemonizaron el proceso de la Transición y el periodo democrático. ¿Cómo, si no, puede explicarse que incluso hoy, en los libros de texto de la asignatura obligatoria de cultura cívica se sostengan posturas dignas de la ultraderecha del Tea Party de EEUU, tales como definir al feto como ser humano, considerar el aborto voluntario como un asesinato, o definir al darwinismo como una doctrina sospechosa? ¿Y, cómo, si no, pueden explicarse la visión tan sesgada y negativa que se da de la II República y el silencio sobre el terror del régimen que la derrocó que están presentes en los libros de texto de las escuelas públicas?

    Pero la represión de aquel régimen fue también psicológica e ideológica, precisamente debido al carácter totalitario del mismo. La ideología que imponía era el nacionalcatolicismo, mezcla de un nacionalismo españolista extremo e imperialista, con características racistas (el día nacional se llamaba el Día de la Raza, y la película que realizó el dictador se llamó Raza) y de un catolicismo reaccionario en extremo que, junto con su caudillismo, un machismo muy acentuado y una hostilidad al mundo obrero y sindical, constituyó una ideología totalizante, pues quería cambiar “al hombre”, penetrando en las áreas más íntimas de las personas, desde el sexo hasta la lengua, todo ello normatizado. Tal régimen tuvo pleno control de los medios y de las instituciones. Considerar aquel régimen como meramente autoritario es ignorar la asfixia intelectual, política, económica y cultural que la mayoría de las clases populares sufrieron para mantener la “placidez” de aquellos que se beneficiaron de tal terror.

    Breve explicación para gente con prisas: ¿Qué es la democracia real?


    José López, en Rebelión y en su blog, resume, para gente con prisas (bueno, con prisas, pero no demasiadas, ¿eh?), algunas premisas de la democracia que no cumple "esto":   


    ¿Por qué en España no tenemos una democracia real? 
     
    La democracia es mucho más que depositar una papeleta en una urna cada X años. El sufragio universal sirve de bien poco, como ya hemos comprobado en la práctica durante todos estos años, si no se ve acompañado de otras cosas. Como dijo en su día Abraham Lincoln: La democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.  

    Lo llaman democracia y no lo es

    Como explico más detalladamente en el capítulo Los defectos de nuestra “democracia” del libro Rumbo a la democracia, cualquier ciudadano puede percibir directamente que lo llaman democracia pero no lo es porque:

    1) Su única participación es a través del voto.

    2) Su voto no vale igual dependiendo de desde dónde vote y a quién vote. El clásico principio de la teoría del Estado democrático “una persona, un voto” no se cumple. El número de votos necesario por cada escaño depende del partido votado y de la provincia desde la que se haya votado.

    3) Tiene cada vez menos opciones que elegir para votar. Porque si vota a algún partido minoritario que no consigue un mínimo número de votos en su provincia (doble requisito), su voto va la basura. Su voto no es libre, es “útil”. Tendemos a un bipartidismo con dos opciones que no son diferentes en lo sustancial.

    4) Tiene poca o mala información para votar. Vota a un candidato que prácticamente no ha explicado su programa electoral y que simplemente se ha limitado a hacer ciertas promesas puntuales, los debates son cada vez más superficiales y excluyentes del resto de fuerzas políticas distintas de los dos grandes partidos, sólo puede oír lo que dicen los partidos mayoritarios porque al resto se les excluye de los medios de comunicación o se les margina a horarios intempestivos, sólo puede ver carteles en la calle de los partidos mayoritarios, etc.

    5) No tiene ninguna participación en la elección de los candidatos de los partidos. Normalmente, ni siquiera los militantes de los partidos deciden qué candidatos van en la lista de su partido. La democracia ni siquiera existe dentro de los partidos políticos.

    6) No tiene ningún control sobre lo que ha votado. No puede exigir que los gobernantes elegidos cumplan con lo prometido, ni tiene capacidad para revocar su mandato hasta las siguientes elecciones. No existe separación de poderes al no ser éstos independientes entre sí (el poder judicial depende del político, el poder ejecutivo depende del legislativo, el poder político depende del económico, etc.) y por tanto no hay control mutuo de los mismos, ni por supuesto control por parte del pueblo.

    7) No puede elegir al jefe de Estado, que además está por encima de la ley y sin ningún control (ver el artículo 56 de nuestra actual Constitución).

    8) No ha podido opinar sobre el modelo de Estado. Nadie le ha preguntado explícitamente si desea una monarquía o una república.

    9) No tiene casi ninguna posibilidad de presentarse a unas elecciones y ser elegido, a no ser que lo haga dentro de los partidos mayoritarios, o bien tenga mucho dinero, o a alguien que le financie. Realmente no todos los ciudadanos tenemos derecho a acceder en condiciones de igualdad a los cargos públicos.

    10) No puede acceder a información libre, plural y veraz porque los medios de comunicación están manipulados y controlados por el poder económico. No existe verdadera libertad de prensa.

    11) No puede expresar públicamente su opinión porque los medios de comunicación más importantes aplican censura y se reservan el derecho de publicarla o no. No existe verdadera libertad de expresión. Realmente no todos los ciudadanos tenemos derecho a expresar nuestras ideas públicamente en condiciones de igualdad.

    12) No tiene ni voz ni voto en su lugar de trabajo, en el que pasa gran parte de su vida. Las empresas son dictaduras puras y duras, o se acepta sus condiciones o uno se va, y además cada vez se tiene menos derechos y menos protección social.

    13) No tiene en realidad derecho a la justicia porque ésta defiende a los poderosos y se ceba con los débiles, porque en realidad no somos todos iguales ante la ley. No puede esperarse justicia de un sistema cuya ley de leyes pone al jefe de Estado por encima de la ley. 

    14) No tiene verdadera libertad porque piensa como el sistema desea que piense, a través de los medios de comunicación que en realidad son medios de dominación ideológica, creadores de opinión. No tiene ni siquiera poder sobre sí mismo. Apenas tiene margen de maniobra para actuar. 

    En definitiva, nuestro actual sistema político no es realmente democrático porque el ciudadano medio es un mero espectador (en todo caso una marioneta), no tiene en realidad ningún poder, ninguna autoridad. En nuestro sistema el poder no es del pueblo. Y la única participación del ciudadano en esta “democracia” es a través del voto que en realidad sólo sirve para legitimar el sistema. A éste sólo le interesa que el ciudadano vote ciegamente para perpetuarlo. El ciudadano corriente se siente impotente simplemente porque no tiene en verdad ningún poder.

    La democracia actual no es real porque el pueblo participa de manera desigual (no todos los votos valen igual), porque participa mínimamente (los ciudadanos sólo depositan una papeleta cada X años en una urna), porque participa infructuosamente (el voto no vale de nada, las cosas siguen igual, los gobiernos que se suceden aplican esencialmente las mismas políticas, sobre todo en lo económico). Una democracia es real cuando es el pueblo el que gobierna, cuando el pueblo participa suficientemente, cuando lo hace de tal manera que se cumple (por lo menos en cierto grado suficiente) el principio elemental de igualdad de oportunidades entre ideas, entre partidos, entre personas, cuando su participación sirve de algo, cuando no es meramente simbólica. En una democracia real hay pluralidad. En una democracia real el ciudadano puede acceder fácilmente a todo tipo de ideas y de informaciones. En una democracia real los gobernantes responden ante los gobernados, con lo que no tienen más remedio que gobernar de acuerdo con el interés general. Una democracia real no es la democracia de los cinco minutos que se tarda en depositar una papeleta en una urna. Papeleta que, en la práctica, es un cheque en blanco, que se queda en papel mojado. La democracia real es una democracia permanente donde el pueblo tiene el control de la situación en todo momento, donde los ciudadanos eligen a sus representantes, y donde, además, los controla para que cumplan con el mandato popular, para que gobiernen de acuerdo con los programas en base a los cuales han sido elegidos. En una democracia real los ciudadanos participan directamente en los asuntos que les incumben, allá donde sea posible. Una democracia real es la suma de la democracia representativa, verdaderamente representativa, en los ámbitos globales, y la democracia directa en los ámbitos más locales. En una democracia real los gobiernos toman las medidas que benefician al conjunto de la sociedad, y no al contrario, al mismo tiempo que respetando los derechos elementales de cada individuo. En una democracia real la libertad, y su inseparable hermana gemela la igualdad (pues en la vida en sociedad no hay libertad sin igualdad de oportunidades), no son sólo bellas palabras, son realidades. En una democracia real los derechos humanos no son sólo formales.

    Afortunadamente, poco a poco, Internet está empezando a romper el monopolio de la información y de la opinión que ostentan los grandes medios de comunicación de masas. Gracias a la Red, el ciudadano medio puede, poco a poco, ir conquistando su libertad intelectual, primer paso necesario para adquirir mayor conciencia y pasar a la acción.

    Cómo avanzar hacia la democracia real

    Como explico en detalle en mi artículo La separación de poderes, no sólo es necesaria una reforma de la ley electoral o que los referendos sean siempre vinculantes (ahora no lo son siempre, son simplemente, normalmente, consultivos, el gobierno no está siempre obligado a acatar sus resultados), además de ser más utilizados para las cuestiones de mayor importancia, son también imprescindibles varias medidas de cierto calado. La revocabilidad permitiría que los gobiernos no tuviesen carta blanca para hacer lo que les da la gana hasta las siguientes citas en las urnas. Gracias a ella, por ejemplo, España no hubiera entrado en la guerra de Irak. Gracias a ella, por ejemplo, hubiera sido posible quitar ya al gobierno actual para que otro intente atajar la crisis de manera más eficiente y ética. Cuando un gobierno actúa en contra de la opinión pública general, el pueblo puede quitarlo de en medio inmediatamente gracias a la revocabilidad. El mandato imperativo hace que los gobiernos estén obligados a aplicar las políticas prometidas en base a las cuales fueron elegidos. Si un gobierno está obligado a cumplir con su programa electoral, éste volvería a tener el protagonismo perdido, la política volvería a ser política, a tener contenido. La revocabilidad y el mandato imperativo aumentan y mejoran notablemente el control popular sobre los gobiernos. Simplemente gracias a estas dos medidas, los ciudadanos ejercerían presión, desde abajo hacia arriba. Esta presión podría ejercerse en cualquier momento. Con una presión suficiente y constante desde abajo, los políticos no tendrían más remedio que servir a la sociedad, en vez de servirse de ella.

    Pero, por encima de todo, es imprescindible una eficaz separación de todos los poderes, especialmente del económico. Mientras el resto de poderes dependan, de manera más o menos directa, del poder económico, no podremos tener una democracia real, sólo tendremos una oligocracia (el poder de unos pocos), en verdad una plutocracia (el gobierno de los ricos). Es imposible que un gobierno político actúe en contra del poder económico (y por tanto a favor del pueblo) si aquél depende de éste, si aquél es financiado por éste. Los poderes no pueden controlarse mutuamente si dependen unos de otros, de una u otra manera. No sirve de nada unos poderes independientes unos de otros (por ejemplo, el ejecutivo, el legislativo y el judicial), si todos ellos dependen directa o indirectamente del poder económico. Hay que separar todos los poderes. Con una prensa independiente será posible una prensa libre. No hay democracia real sin una prensa libre. En el capítulo El desarrollo de la democracia de mi libro Rumbo a la democracia desarrollo todas estas ideas, a él remito para no extenderme demasiado.

    Por consiguiente, para lograr una democracia real debemos empezar por establecer un sistema político donde se lleven a la práctica de manera eficaz las siguientes medidas, entre otras: elegibilidad de todos los cargos públicos, revocabilidad de todos ellos, ley electoral donde se busque la mayor igualdad posible entre los votos, separación de todos los poderes (ejecutivo, legislativo, judicial, prensa, eclesiástico, sindical, y sobre todo económico), mandato imperativo, referendos vinculantes y más frecuentes, máxima transparencia de la gestión pública, libertad de prensa, autofinanciación de partidos y sindicatos, democracia interna en los partidos y en los sindicatos, etc., etc., etc. En definitiva, se trata de que el pueblo participe más y mejor en los asuntos públicos que le incumben, de que además controle a los representantes elegidos y de llevar a la práctica el principio elemental de la democracia, su ADN: la igualdad. Todas estas medidas se sintetizan en un único concepto: regeneración democrática. El objetivo de la lucha por la democracia en España debe ser la realización de un proceso constituyente. La búsqueda de la democracia real equivale a la construcción de una nueva Constitución. El pueblo debe participar activamente todo lo posible en la realización de la nueva Constitución. El hito que debe buscar el movimiento 15-M es un referéndum para que el pueblo elija la nueva Constitución, lo cual debe implicar forzosamente también la elección del régimen: Monarquía o República. Hasta ahora esta elección no ha sido posible. Al pueblo se le obligó a elegir en su día entre Monarquía o nada. Este proceso de regeneración democrática debe ser acompañado de debates públicos y plurales donde todas las opciones tengan las mismas posibilidades de ser conocidas por la opinión pública. Sin miedo, sin chantajes, sin limitaciones, sin tabúes. La democracia sólo podrá alcanzarse democráticamente. La democracia es al mismo tiempo el fin y el medio del movimiento democrático.

    La democracia es esencial. Sin ella es imposible que los gobiernos gobiernen para satisfacer el interés general, que tomen las medidas adecuadas para combatir las crisis. La democracia es la base del sistema político de una sociedad soberana. No será posible una sociedad más libre, más justa, sin la democracia real. No podremos transformar la sociedad sin la infraestructura política imprescindible, sin una democracia suficiente, sin una democracia que merezca tal nombre.