sábado, 23 de marzo de 2013

La nueva Edad Media

Desde el trompeteado y muy pronto ajado y mustio "final de la historia" vengo pensando que el tal no era un punto final. En todo caso un paréntesis abierto. Pero lo que ese parénteis de incierto cierre encerraba era algo parecido a la edad media feudal. Trabajemos para que no dure, como aquella, mil años.

Pincelo aquí el párrafo final de un artículo de Carlos Fernández Liria incluído en el libro Educación Pública: de tod@s para tod@s, recientemente publicado por la Editorial Bomarzo, coordinado por Javier Diez y Adoración Guamán. Como indica su subtítulo, Las claves de la marea verde, el libro intenta ser una herramienta para las mareas ciudadanas que se enfrentan hoy día a la ofensiva neoliberal contra la educación y la sanidad públicas. En él han participado quince autores, profesores de primaria, secundaria y universidad. Los distintos artículos recogidos muchas veces no están en absoluto de acuerdo entre sí, pero todos tienen la voluntad de ser un instrumento útil para la movilización social en defensa de enseñanza pública.



Es importante resaltarlo. Si decimos que esto que vivimos, por ejemplo en Europa, no es un Estado de derecho no lo hacemos para expresar nuestra opinión de furibundos comunistas antisistema. Tampoco porque seamos unos idealistas que hablan de quimeras sin querer mirar a los ojos la cruda realidad de los “estados de derecho” realmente existentes. Lo que decimos es que son los propios filósofos gracias a los cuales hemos entendido lo que significa esa fórmula -“estado-de-derecho”- los que se negarían a reconocerla en esos estados realmente existentes. Sócrates, Platón, Rousseau, Kant, Hegel, creemos que se escandalizarían al ver a nuestros políticos afirmar que en España, Francia, Alemania o Grecia vivimos bajo el “imperio de la ley”, en “estado de derecho”. Y no es porque seamos estados de derechos muy imperfectos, es que no tenemos nada que ver con ese proyecto político. Vivimos en una sociedad capitalista. El capitalismo es un sistema de producción en el que la población en general carece de medios de producción para subsistir por su cuenta o, lo que no es sino la otra cara de la moneda, un sistema en el que la mayor parte de la población tiene que buscarse la vida –vender su fuerza de trabajo- en el mercado laboral, a cambio de un salario. En este mercado laboral, la gente se ve obligada a trabajar en lo que sea, al precio que sea, para producir lo que sea, en la cantidad que sea y de la manera que sea, es decir, la gente está vendida a vida o muerte a una lógica de producción que se determina a sus espaldas y, además, actualmente, de forma cada vez más misteriosa incluso para los economistas más pretenciosos, en ese mundo del sinsentido y lo imprevisto al que llaman “los mercados”. Esto no es un “imperio de la ley”, sino una dictadura capitalista. Esto no es la realización del monstruo soñado por la Ilustración. Es la pesadilla a la que nos vimos abocados cuando la Ilustración fue derrotada. Institucionalmente, hemos regresado a la Edad Media. Antropológicamente -es lo que Santiago Alba y yo intentábamos explicar en El naufragio del hombre (*), en cambio, hemos ido más allá: hemos regresado a la prehistoria anterior a la Revolución Neolítica.
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(*) Santiago Alba y Carlos Fernández Liria: El naufragio del hombre, Hiru, 2010.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Los siete momentos del cuerpo político como conjunto de actividades y prácticas

El capitalismo globalizado ha demostrado ya su peligrosa inviabilidad a medio plazo. Se necesitaría un movimiento capaz de oponerse a él a su misma escala global. La geografía abarca esta escala. Por eso ha debido constituirse como una ciencia sintética tanto en su extensión como en sus contenidos. Aspira a ser la ciencia total del planeta, del mismo modo que la antropología pretende ser la ciencia total del hombre.

Seguramente por esta visión amplia, ha tenido que ser David Harvey, geógrafo y urbanista británico mundialmente reconocido, quien aborde el problema en varios escritos. En uno de ellos, Organizarse para la transición anticapitalista, señala la necesidad absoluta de una gran confluencia de movimientos. Casi todos los que tienen de algún modo carácter anticapitalista son parciales, tanto por los temas sectoriales que les interesan como por su extensión grupal y territorial. Los cambios de sistema siempre se han producido cuando han confluido simultáneamente contradicciones irresolubles en los siete momentos del cuerpo político que evolucionan conjuntamente, como ya reconocía Marx en el capítulo XIII del primer libro de El Capital.


David Harvey


Una política revolucionaria que enfrente la acumulación ilimitada de capital compuesto y que finalmente la desactive como el principal motor de la historia humana requiere una comprensión sofisticada de cómo se produce el cambio social. El fracaso de esfuerzos anteriores para construir un socialismo y comunismo duraderos debe ser evitado y las lecciones de esa historia, enormemente complicada, deben ser aprendidas. Sin embargo, también debe ser reconocida la necesidad absoluta de un movimiento revolucionario anticapitalista coherente. El objetivo fundamental de dicho movimiento social es asumir el mando tanto de la producción como de la distribución de excedentes.

Necesitamos urgentemente una teoría revolucionaria adecuada a nuestros tiempos. Propongo una “teoría co-revolucionaria” derivada de la comprensión de lo postulado por Marx acerca de cómo el capitalismo surgió del feudalismo. El cambio social emerge mediante el despliegue dialéctico de las relaciones entre los siete momentos del cuerpo político del capitalismo visto como un conjunto, o como un conjunto de actividades y prácticas:
  • las formas tecnológicas y organizacionales de la producción, intercambio y consumo
  • las relaciones con la naturaleza
  • las relaciones sociales entre las personas
  • las concepciones mentales del mundo que abarcan conocimientos, saberes culturales y creencias
  • los procesos específicos de trabajo y producción de bienes, geografías, servicios o afectos
  • los convenios institucionales, legales y gubernamentales
  • y la conducta en la vida cotidiana que sustenta la reproducción social

Cada uno de estos momentos es internamente dinámico y está intrínsecamente marcado por tensiones y contradicciones (basta pensar en las concepciones mentales del mundo), pero todos ellos son co-dependientes y co-evolucionan interrelacionadamente. La transición al capitalismo implica un movimiento de apoyo mutuo a través de los siete momentos. Las nuevas tecnologías no pudieron ser identificadas y practicarse sin nuevas concepciones mentales del mundo (incluidas aquellas en relación con la naturaleza y las relaciones sociales). Los teóricos sociales tienen la costumbre de tomar sólo uno de los momentos y vislumbrarlo como la “bala de plata” que causa todo cambio.

Tenemos los deterministas tecnológicos (Tom Friedman), deterministas ambientales (Jarad Diamond), deterministas de la vida cotidiana (Paul Hawkins), deterministas de los procesos de trabajo (autonomistas), los institucionalistas, y así sucesivamente. Todos están equivocados. Es el movimiento dialéctico a través de todos estos momentos lo que realmente cuenta, aun cuando haya un despliegue desigual en ese movimiento.

viernes, 15 de marzo de 2013

¡Una casita!

Como las de los cuentos. La casita del bosque, la casita de turrón. Gran tejado a dos aguas, ventanas abuhardilladas bajo él, disposición convencional de sus espacios...

Tiene más, mucho más de treinta años, y no ha nacido.

No llegó a construirse. Quien la encargó quería sólo "unos papeles" para obtener la licencia de obra. Luego, hizo lo que quiso. El ayuntamiento, como ahora se dice, "miró para otro lado".

¿Por qué se habrá salvado este diseño de entre los otros muchos perdidos? Mi casita de papel.

Humilde, vulgar, tiene algo que me gusta. Ordena y protege su contenido. Casa para vivir un invierno triste y lluvioso, como este. Para ocupar su espacio y su tiempo con libros y buena música.

El espacio y el tiempo del verano es otro. Para el verano y su alegría ya tenemos el aire libre, el sol. Y el paseo.

¡Ah, si yo pudiera regalar esta casita a los que están perdiendo la suya, que es perder la vida!

Sótano, garaje. Ventanas apaisadas pegadas al techo. Comienza el ascenso.

Zona de día. Simetría estructural. Dos ejes, dos mundos. Pecho y espalda. El norte, a la derecha.

Zona de reposo


La casita ideal del emigrante retornado


¿Fachada principal?


Suban, señores. Están en su casa. En la mitad de su casa.

 Y ahora en el extremo. ¡Casi nos salimos!

miércoles, 13 de marzo de 2013

Somos lo que comemos

Por eso los peces de nuestros ríos no tienen buen sabor.

¡Pobres peces! ¿Cómo culparlos?  No tienen otra opción y se adaptan a lo que está a su alcance.

¿Qué alimento informativo (o deformativo: formativo a fin de cuentas) nos entra por todos los poros, todos los días, a través de todos los medios? Todos, porque en España, para ciertos temas, no hay excepciones entre los que de verdad pueden llamarse medios de comunicación masiva.

Pero es molesto admitir, y hasta nos ofende oírlo, que nuestro criterio no es nuestro, que somos dóciles e ingenuos. Reconocerse débil y vulnerable no es fácil.
 
Hay que hacer un esfuerzo para buscar y contrastar informaciones, opiniones, análisis. No podemos estar seguros de que no somos influídos por los sesgos de lo que nos llega. Acabamos buscando, confundida con la ecuanimidad, la mera equidistancia, pretendiendo situarnos en un punto medio en el que muchas veces no está la virtud.

A personas de buen criterio oigo comenzar, preventivamente: "no seré yo quien defienda la actuación (o el discurso, o las formas, o...) de (colóquese aquí el demonio prefabricado de turno, o el payaso, o el tirano del momento), pero..." Y aquí comienza el resto del discurso, por lo general en un sentido divergente de la entradilla.

Por eso, vigilemos nuestras ideas, seamos críticos y autocríticos, sin considerarnos dueños absolutos de nuestro discurso, tantas veces tragado sin querer. Para vuestra reflexión, y como nadie está libre de pecado, publico aquí este comentario de Belén Gopegui, incluido en Hasta siempre, Comandante. Diez voces sobre la impronta generacional de Hugo Chávez:

En la edición impresa de 20 Minutos del jueves 7 de marzo se habla de lo que llaman herencia controvertida de Chávez. Entre las llamadas sombras se dice textualmente: «Dividió a los venezolanos entre sus fervientes seguidores y sus acérrimos detractores. Sufrió un golpe de Estado». Casi once años después del revelador editorial de El País en donde se legitimaba el golpe, hoy, en un periódico que no forma de parte de la derecha recalcitrante, y en lo que no deja de ser un pequeño texto menor, se asume, como al pasar, que la culpa de sufrir un golpe de Estado es de quien lo padece y no de quien lo da. Es apenas un ejemplo entre cien mil, especialmente significativo porque no creo que obedezca, como sí era el caso del editorial citado, a una voluntad deliberada de adulterar los hechos. No hay paredes de cristal, y la lluvia constante, minuciosa, de lo que es falso, nos cala los huesos.
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Un breve apunte, otro homenaje a Goebbels:



lunes, 11 de marzo de 2013

La fuerza subliminal de los mensajes


Diseccionando a El País y a otros medios es un blog que se dedica a eso, a la anatomopatología de la información.

Se ha puesto en duda la eficacia de la publicidad subliminal. Sin embargo, parece que los que la utilizan creen en ella. He aquí algunas imágenes (y también titulares) de nuestra prensa que parecen acreditarlo.

Y para desengrasar, este vídeo:



LA TUERKA. Hasta siempre, Comandante Chávez...

La propaganda no pasa de moda: Goebbels, Carromero y The Washington Post

Goebbels era un genio. Aunque fuera un genio del mal.
Sus principios no cayeron en saco roto.  En este artículo de Pedro Pablo Gómez en La pupila insomne lo de menos son las malandanzas de Carromero. Lo relevante es la vigencia, la pervivencia de Joseph Goebbels más allá de sí mismo, en la prensa libre de ahora. Libre como el Washington Post.



El periódico “liberal” norteamericano parece basarse en los manuales de propaganda de principal teórico de estos temas en el nazi-fascismo, Joseph Goebbels y aplicar en sus mentiras contra Cuba algunos de los cínicos “principios” planteados por éste:
  • Principio de la vulgarización. Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Las masas tienen gran facilidad para olvidar.
  • Principio de la orquestación. La propaganda debe limitarse a un grupo pequeño de ideas y repetirlas constantemente, desde diversas perspectivas.
  • Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que cuando el adversario responda, el público ya esté interesado en otra cosa.
  • Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de diversas fuentes.
  • Principio de la silenciación. Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen al enemigo.
  • Principio de la transfusión. Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales.
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Tanto el poder político como las agencias de publicidad tienen muy en cuenta esto y operan en consecuencia.

Más sobre los métodos y técnicas, y sus 19 principios, aquí

miércoles, 6 de marzo de 2013

Biografía de Hugo Chavez

Los sueños llegan como la Lluvia



Lo vi esta mañana en TeleSur.

Muy humano. Cercano.

¡Qué lejos del estereotipo goriláceo que estos monstruos que tan bien vamos conociendo presentan a los que aún carecen de anticuerpos contra sus virus!