lunes, 10 de marzo de 2014

Preguntas que hacen dudar

Sumergidos en los medios pantanosos, nos queda el beneficio de la duda. Dudemos, pues.




El sacerdote jesuita panameño Jorge F. Sarsaneda Del Cid formula en la red 15 preguntas obviadas por la gran prensa que ponen en tela de juicio las motivaciones de la violencia desatada por la derecha fascista en Venezuela.
1. ¿Por qué se dice que en Venezuela se sufre tan grave falta de alimentos que justifica destrozos e incendios, si fue uno de los cuatro países con menos hambre de América Latina en 2012 (de acuerdo con FAO y OMS), esto es inferior al 5 por ciento, y uno de los países con mayor índice de niños y jóvenes obesos?

Siguiendo la lógica dominante, ¿por qué no hay peores desmanes en un país hermano como Colombia, en el cual el hambre fue sufrida por el 12.6 por ciento de la población, es decir casi el triple que en Venezuela?

2. ¿Por qué si las causas de los destrozos, incendios y manifestaciones es la escasez de productos básicos, se observan acciones de tipo político y no saqueos de tiendas y almacenes, que es lo normal y esperable cuando de carencia generalizada se trata? ¿Por qué uno de los dirigentes opositores, Henrique Capriles, afirma que se debe a "falta de medicinas" si los avances en salud en Venezuela están entre los más destacados de la región?

3. ¿Por qué tanta violencia por supuesta "ausencia" o falta de acceso a comida si The Economist publicaba esta semana que la escasez sólo ha afectado a un 28 por ciento de los productos? ¿Por qué los mismos analistas no prevén algo igual en República Dominicana, país en el cual el Latinobarómetro detectó que alrededor del 70 por ciento de la población no tiene dinero suficiente para comprar la comida del mes?

4. ¿Por qué el epicentro de las protestas por la "escasez" es Plaza Altamira, en medio de urbanizaciones de clases acomodadas y habitantes con piel tan blanca, y no como es más lógico en barrios pobres y población mestiza, siendo Venezuela el país con mayor proporción de afrodescendientes de Sudamérica, exceptuando Brasil?

5. ¿Por qué Unesco reconoce a Venezuela como el quinto país con mayor matrícula universitaria del mundo, que ha crecido en más de un 800 por ciento, siendo alrededor del 75 por ciento educación superior pública, y sin embargo no se conoce una sola lucha del "movimiento estudiantil" actual para lograrlo, mientras hay "estudiantes" marchando contra "torturas" y por "comida"?

6. ¿Por qué si los estudiantes de la educación superior en Venezuela ya superan los dos millones 600 mil (es decir, alrededor de 20 veces lo que existe en Panamá) las manifestaciones que se observan son más bien en forma de focos o grupos de decenas o, a lo sumo, cientos de personas?

7. ¿Por qué si lo habitual y normal es que los estudiantes o sindicatos marchen por más bienes y servicios públicos, y leyes más democráticas y equitativas, los "estudiantes" que marchan en Venezuela lo han hecho por papel higiénico, defendiendo la propiedad privada sobre medios de prensa o negocios de consumo?

8. ¿Por qué no se conoce aún el nombre de ninguna federación u organización estudiantil, ningún pliego de demandas ni el nombre de ninguno de sus más importantes dirigentes o miembros de directivas, y sí se conocen los nombres de connotados y antiguos líderes de la oposición partidista y electoral, involucrados en las acciones golpistas de 2002 y 2013?

9. ¿Por qué y quiénes producen las imágenes falsas de torturas, asesinatos y vejaciones posteriores a los confusos hechos del 12 de febrero de 2014, manipulando fotos de Chile, Europa o Siria para que aparezcan en las redes sociales y hasta en medios como CNN como si ocurriesen en Venezuela? ¿Qué liderazgo democrático y civilista se ha valido de algo así en la historia universal?

10. ¿Por qué si los bolivarianos y sus aliados han ganado las elecciones de 2012 y 2013, incluidas las municipales de diciembre recién pasado cuando obtuvieron el 55 por ciento de los votos y el 76 por ciento de las alcaldías, se habla de que el oficialismo es hoy "minoría? ¿Por qué se propone su renuncia como salida a "la crisis" o un referéndum revocatorio, fuera de todos los plazos y procedimientos legalmente establecidos para ello en la Constitución hecha con el propio liderazgo bolivariano?

11. ¿Por qué se invoca la falta de diálogo si hace apenas dos meses se dio en Venezuela un encuentro histórico entre el Ejecutivo nacional y todos los alcaldes recién electos, incluyendo oficialistas y opositores, y por tanto con la participación de todos los partidos y posiciones? ¿Con quién se dialoga, quién dirige o lidera "la crisis"?

12. ¿Por qué el principal -y prácticamente único- vocero de las manifestaciones, supuestamente pacíficas y alentadas por la "ineficiencia" del gobierno, es Leopoldo López, persona que no cuenta con ninguna representación salvo la de su minúsculo partido, y su llamado más importante es, desde hace meses, "sacar a quienes gobiernan"? ¿Qué tiene que ver el Tea Party (ultraderecha de EE. UU.) con esto, ya que se conoce la relación muy cercana con López?

13. ¿Por qué no usan las gobernaciones, alcaldías y curules en las Asambleas nacional y estatales para proponer un curso de acción pacífico y político, y por qué no canalizan a través de su enorme incidencia mediática las denuncias de "corrupción", "fraude", "totalitarismo", "hambre y "represión" con pruebas contundentes e irrefutables -no por twitts ni cápsulas de Youtube- como sí hacían las oposiciones a Trujillo, Balaguer, Pinochet o Videla?

14. ¿Por qué se protesta si en Venezuela más de 42 por ciento del presupuesto del Estado se destina a las inversiones sociales? Según datos internacionales, cinco millones de personas han salido de la pobreza, entonces ¿quiénes protestan?, ¿por qué se protesta si se erradicó el analfabetismo?, ¿de qué se quejan los estudiantes si se multiplicó por cinco el número de maestros en las escuelas públicas (de 65 mil a 350 mil) y se crearon 11 nuevas universidades?

15. ¿Por qué?

Podríamos seguir añadiendo preguntas. Lo cierto es que mientras entre latinoamericanos nos insultamos, acusamos y descalificamos, los "grandes del mundo" hacen sus cálculos para quitarnos el petróleo, el cobre, el litio, el agua y tantas riquezas como tenemos. Ahí es donde tenemos que poner nuestra atención.

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Y una noticia de última hora. ¿Quién dispara y mata, y a quién? Y no os perdáis la justificación de la barricada por la prensa. ¿Qué prensa? ¿Y quiénes están armados?

Murió mujer en una barricada en Mérida


La víctima se encontraba en horas de la madrugada de este domingo con un grupo de personas retirando una barricada que obstruye el paso hacia el sector Pie del Tiro de la avenida Los Próceres.

NORA SÁNCHEZ |  EL UNIVERSAL
lunes 10 de marzo de 2014  01:21 AM

Mérida.- La noche de este domingo falleció en la sala de trauma shock del Hospital Universitario de Los Andes (Hula), Gisela Rubilar Figueroa, de 47 años de edad y de nacionalidad chilena, quien en la madrugada fue herida de bala al intentar derribar una barricada.

Rubilar, simpatizante del oficialismo, se encontraba en horas de la madrugada de este domingo con un grupo de personas retirando una barricada que obstruye el paso hacia el sector Pie del Tiro de la avenida Los Próceres.

Mientras realizaba la acción, según las primeras versiones, presuntos manifestantes encapuchados y con armas de fuego, arremetieron en contra de quienes querían quitar la barricada.

En el momento se escucharon varias detonaciones, según el relato de vecinos del sector.

Gisela Rubilar recibió un impacto de bala a nivel facial, en el ojo izquierdo y fue llevada al centro de salud por una comisión policial.

La hoy occisa se había graduado de Licenciada en Educación en la Universidad de Los Andes (ULA) el pasado mes de diciembre.

Con la muerte de Gisela Rubilar, son dos las víctimas fatales que dejan las barricadas instaladas en Mérida desde hace casi un mes y que tienen como objetivo, proteger a las comunidades que las colocan de ataques de grupos de motorizados armados.

domingo, 9 de marzo de 2014

Recuperar el debate estratégico

Estar preparados para la violencia no es buscarla, ni desearla. Pero esconder la cabeza y evadirse de preverla no resuelve el problema de que te la impongan. Es desagradable pensar en estas cosas, y siempre esperamos que el simple sonido de las trompetas derribe las murallas de Jericó. Por otra parte, es innegable la imposibilidad actual de oponer otra violencia a la violencia sistémica.

Lo cierto es que el mecano que ha funcionado hasta ahora se descompone. Pero los tripulantes del Mazinger Z no lo dejarán caer sin hacer mucho daño. La megamáquina es inerte y ciega, pero su tripulación tiene planes. Y todo el tinglado a su servicio

Mientras tanto, si como reflexiona el autor la hegemonía se consigue naturalmente, por contagio, empatía o resonancia, con modos de hacer que convencen y entusiasman, hagamos pedagogía, tanto para librarnos de falsas ilusiones como para evitar la caída en el fatalismo (muerte dulce y cómoda), suponiendo pasivamente que "cualquier tiempo futuro será peor".

Esto no lo montan cuatro héroes indignados...


Raúl Zibechi
La Jornada

Parece evidente que estamos ante un recodo de la historia. Lo que suceda en los próximos años, sumado a lo que ya está sucediendo, tendrá efectos de largo plazo. Lo que hagamos, o lo que dejemos de hacer, va a tener alguna influencia en el destino inmediato de nuestras sociedades. Sabemos que es necesario actuar, pero no está claro que seamos capaces de hacerlo en la dirección adecuada.

Los recientes sucesos en Ucrania y Venezuela intensificaron la sensación de que estamos ante momentos decisivos. Esta coyuntura devela que la violencia jugará un papel decisivo en la definición de nuestro futuro. Guerra entre estados, lucha entre clases, conflictos violentos entre los más diversos grupos, desde pandillas hasta organizaciones de narcotraficantes. Como sucedió en otros periodos de la historia, la violencia empieza a decidir coyunturas y crisis.

La violencia no es la solución, y cuanto más tiempo podamos aplazarla, tanto mejor. Sin violencia no podemos lograr nada. Pero la violencia, por muy terapéutica y eficaz que sea, no resuelve nada, escribió Immanuel Wallerstein en el prefacio del libro de Frantz Fanon Piel negra, máscaras blancas (Akal, 2009). Estar preparados para la violencia, pero subordinarla al objetivo del cambio social, es parte de los debates estratégicos necesarios.

Menciono la cuestión de la violencia porque de eso se trata en Venezuela y en Ucrania, en Bosnia, Sudán del Sur, Siria y cada vez más lugares. Nos guste o no, los conflictos no se están resolviendo en las urnas, sino en las calles y en las barricadas, mediante artes insurreccionales que las derechas están aprendiendo a utilizar para sus fines, apoyadas por las grandes potencias occidentales, Estados Unidos y Francia en lugar muy destacado. La llamada democracia languidece y tiende a desaparecer.

No me canso de leer y reproducir la visión que trasmitió el periodista Rafael Poch de la plaza Maidán de Kiev: En sus momentos más masivos ha congregado a unas 70 mil personas en esta ciudad de 4 millones de habitantes. Entre ellos hay una minoría de varios miles, quizá cuatro o cinco mil, equipados con cascos, barras, escudos y bates para enfrentarse a la policía. Y dentro de ese colectivo hay un núcleo duro de quizás mil o mil 500 personas puramente paramilitar, dispuestos a morir y matar, lo que representa otra categoría. Este núcleo duro ha hecho uso de armas de fuego (La Vanguardia, 25/2/14).

Multitudes protestando y pequeños núcleos decididos y organizados enfrentándose a los aparatos estatales a los que suelen desbordar. Lo consiguen por tres motivos: porque hay decenas de miles en las calles que representan el sentir de una parte de la sociedad, que legitima la protesta; porque hay una vanguardia a menudo entrenada y financiada desde fuera, y porque el régimen no está en condiciones de reprimirlos, ya sea por debilidad, falta de convicción o porque no tiene un plan para el día siguiente.

Que las derechas hayan fotocopiado las formas de hacer de los revolucionarios y las utilicen para sus fines, y que cuenten con abundante apoyo del imperialismo, no hace a la cuestión central: ¿cómo enfrentar situaciones en las que el Estado es desbordado, neutralizado o usado contra los de abajo?

Mi primera hipótesis es que las fuerzas antisistémicas no estamos preparadas para actuar sin el paraguas estatal. Casi todos los gobiernos progresistas del continente fueron posibles gracias a la acción directa en las calles, pagando un alto precio por poner el cuerpo a las balas, pero esa dinámica queda demasiado lejos y ya no es patrimonio de los movimientos. Poner el cuerpo dejó de ser el sentido común de la protesta, sobre todo desde que reapareció el escudo estatal con los gobiernos progresistas.

La segunda es que la confianza en el Estado paraliza y desarma moralmente a las fuerzas antisistémicas. A mi modo de ver, la peor consecuencia de esta confianza es que hemos desarmado nuestras viejas estrategias. Este punto tiene dos pliegues: por un lado, no está claro por qué mundo luchamos, toda vez que el socialismo estatista dejó de ser proyección de futuro. Por otro, porque no está a debate si nos afiliamos a las tesis insurreccionales o a la guerra popular prolongada, o sea a las tipologías europea y tercermundista de la revolución.

No quiero detenerme en la cuestión electoral porque no la considero una estrategia para cambiar el mundo, ni siquiera un modo de acumular fuerzas. Entiendo que hay gobiernos mejores y peores, pero no podemos tomar en serio el camino electoral como una estrategia revolucionaria. En suma, no estamos debatiendo el cómo. En tanto, las derechas sí tienen estrategias, en las que lo electoral juega un papel decorativo.

Entre la insurrección y la guerra popular, el zapatismo inaugura un nuevo camino, que combina la construcción de poderes no estatales defendidos armas en mano por las comunidades y bases de apoyo, con la construcción de un mundo nuevo y diferente en los territorios que esos poderes controlan.

Puede argumentarse que se trata de una variable de la guerra popular esbozada por Mao y Ho Chi Minh. No lo veo de esa manera, más allá de alguna similitud formal. Creo que la innovación radical del zapatismo no puede comprenderse sin asimilar la rica experiencia del movimiento indígena y del feminismo, en un punto crucial: no luchan por la hegemonía, no quieren imponer sus modos de hacer. Hacen; y que los demás decidan si acompañan o no.

En este argumento hay una trampa. No se puede luchar por la hegemonía porque sería trasmutarla en dominación, algo que las revoluciones triunfantes olvidaron muy pronto. La hegemonía se consigue naturalmente, por usar un término afín a Marx: por contagio, empatía o resonancia, con modos de hacer que convencen y entusiasman. Me parece que recuperar el debate estratégico es más importante para cambiar el mundo que la enésima denuncia contra el imperialismo. Que sigue siendo necesario firmar manifiestos, pero no alcanza.

Patrias a la carta

Desde El País traigo aquí un conjunto de mapas temáticos de Ucrania. Espero que un mínimo análisis confirme lo que vengo diciendo en este blog sobre los nacionalismos.

Cuando las poblaciones están mezcladas, que es siempre, pretender unificarlas por la lengua, la cultura (entendida como una panoplia de usos y costumbres) o la religión, por una historia común de filias y fobias, etc, es sólo una fuente de conflictos.

Estos conflictos son azuzados por grupos de interés, externos e internos. No cuesta nada hacerlo a quien tiene medios para ello. Estoy absolutamente convencido de que nuestro país, cuando pueda representar un problema para nuestros soberanos (que no somos nosotros), será lanzado (si no nos damos cuenta a tiempo de ello y reaccionamos) a enfrentamientos muy serios.

Ejemplos no faltan en la historia, lejana o cercanísima, tanto en el tiempo como en el espacio. Dejo el recuento al que leyere.

El problema son los desequilibrios y las desigualdades, empezando por las económicas. Mientras haya clases poseedoras, habrá luchas entre ellas por la posesión. Y luchas entre los poseedores y los desposeídos. Todo entremezclado, enredado.

Por eso es necesario desenredar la madeja. Entender que la lucha necesaria es la lucha por la igualdad. De derechos, empezando por el derecho a una vida digna. Y de libertades, nunca para coartar la de los otros.

Lo demás me recuerda aquellas películas de Charlot en que el pequeñín daba un sopapo por detrás al grandote y se escabullía, dejándolo enzarzado con el guardia. Ni el gordo ni el de la porra son capaces de ver la jugada y se culpan mutuamente. Claro que Chaplin era  pequeñín y los que lanzan ahora sopapos no tan subrepticios son Bien Grandes.

Patrias y naciones a la carta, dentro de estados multinacionales. Tendré la nacionalidad que me dé la gana. Cada uno tendrá los derechos de los demás, sin prohibiciones homogeneizadoras. Los estados actuales de ciudadanos y no ciudadanos, de imposiciones para serlo o no, son un reflejo de la desigualdad fundamental. La batalla por la igualdad es la única que merece la pena.

Mirad bien estos mapas. Tratad de encontrar otra solución...


sábado, 8 de marzo de 2014

De maldición a derecho; de derecho a privillegio

Se comprende que en otros tiempos algunos esclavos no quisieran ser liberados, porque eso los dejaría en absoluto desamparo. La manumisión sin garantías significaba la indigencia. Una especie de despido libre.

El trabajo fue la maldición de Dios a Adán, condenándolo a ganar el pan con el sudor de su frente. Hasta que algunos entendieron que quería decir con el sudor del de enfrente...

Así ganaban el pan los dueños de esclavos, y así lo hacen aún todos los que compran a bajo precio la fuerza de trabajo de otros.

Como ese precio depende de la oferta y la demanda, las condiciones de trabajo pueden volver a ser leoninas. Vuelta a la esclavitud.

Por eso la maldición bíblica pasó de serlo a convertirse en un derecho. Derecho a ser explotado, porque es peor no serlo.
 
Y si hay pocas plazas de esclavo, el que consigue una es un privilegiado.

Para ese viaje no hacían falta alforjas.




Gamonal y el SIDA social

El SIDA no es una enfermedad. Pero causa muchas enfermedades. Por definición, es un síndrome, un conjunto de síntomas. Lo ocasiona un virus que por sí solo no ocasiona otro daño que debilitar las defensas del organismo.

Pero esta bajada de las defensas es suficiente para que numerosas infecciones oportunistas ataquen al organismo que no es capaz de reaccionar ante ellas.

Ese es el peor daño que causa el síndrome de inmunodeficiencia adquirida:
El sida es expresión de una inmunosupresión que aumenta las probabilidades de que un portador del VIH desarrolle enfermedades causadas por infecciones que, en personas con sistemas inmunes normales, no se presentarían.
Una sociedad fuerte se defendería inmediatamente de las agresiones que pudiera sufrir. Si sus defensas están débiles será atacada por muchas infecciones oportunistas. Desde luego, nuestras defensas son débiles. Por razones históricas, sobre todo. La pérdida de sangre (y no es metáfora) ha mermado nuestras fuerzas. La memoria historica dominante ha sido y es el miedo.

La adaptación a esa enfermedad crónica ha sido convertir en ideología inmovilista la inmovilidad forzosa. Y especialmente convertir la experiencia de vivir en una sociedad corrupta en adaptación a ella. Creemos mayoritariamente que la sociedad está condenada a no llegar a ser nunca mejor de lo que es. Ese es el SIDA social que mantiene bajas nuestras defensas.

Por eso, en vez de grandes proyectos de futuro tenemos pequeñas aspiraciones. Sobre todo personales, rara vez colectivas. 

Aunque algunas veces la evidencia de lo inicuo, el malestar compartido y una meta común, generalmente de corto alcance, genera una solidaridad de grupo, y la gente reacciona. Y como la meta es cercana y atacable, a veces gana la partida. Batallas menores, no decisivas, pero que pueden fortalecer el organismo social, si éste es capaz de profundizar en la etiología del mal.

La batalla de Gamonal puede no ser más que una escaramuza, como lo fue Nunca Máis, el 15 M, las mareas de colores y tantas otras batallas. Si persiste el SIDA social. Por eso es tan necesario un rearme moral e ideológico. Y una confluencia de las luchas capilares.

Tres apuntes sobre esa batalla. En algunas de las ideas vertidas en la prensa anida el virus, en los hechos, el antiviral.

Los hechos desencadenantes:

Gamonal, un proyecto urbanístico bajo sospecha


La batalla de Burgos se ha convertido ya en mucho más que protesta vecinal contra un proyecto urbanístico polémico. Puede llegar a ser el símbolo de un triunfo de la ciudadanía frente a los poderes públicos. Mientras los vecinos acampaban y se hacían fuertes en la calle contra la construcción de una zona peatonal y un aparcamiento subterráneo, el alcalde del PP, Javier Lacalle, había hecho oídos sordos a la oposición hasta ahora pese a las batallas campales. El alcalde prefiería mantener contra todos los elementos el proyecto concedido al empresario Antonio Miguel Méndez Pozo, constructor y magnate de la comunicación en Castilla y León, dueño del principal periódico local, 'El Diario de Burgos'. Mayorías contra minorías. Para aliñar todavía más la polémica y las sospechas, Méndez Pozo fue condenado por corrupción en 1992 a siete años de prisión por el llamado 'caso de la construcción', aunque cumplió nueve meses ya que se benefició en tiempo récord del tercer grado.

Indignación y logro

Mientras los vecinos de Burgos reclaman por todos los medios más plazas de aparcamiento gratuitas, la concepción de ciudad de Lacalle es radicalmente distinta y pensaba hacerla valer esgrimiendo el permiso legal que le dieron los votos. Sin embargo, la ciudadanía se ha encolerizado a ritmo de indignación y los métodos y tesis del Movimiento 15-M. Por ahora, los ciudadanos movilizados han parado el proyecto.

El que debía ser el gran beneficiado de la jugada urbanística de Gamonal (Méndez Pozo) es considerado una persona próxima al expresidente José María Aznar. El auge de Méndez Pozo se consolidó de la mano del anterior alcalde José María Peña (PP), condenado a 12 años de inhabilitación por el mismo 'caso de la construcción' y que recibió el indulto de Aznar.

En los papeles de Bárcenas

Para liar todavía más el asunto de las relaciones entre el actual alcalde, Peña y el constructor, resulta que los denominados papeles de Bárcenas apuntan a que se realizó un presunto pago de una compensación a Peña de 188.000 por la pérdida del cargo tras ser condenado. El paso por la cárcel de Méndez Pozo tampoco supuso un varapalo a su posición socioeconómica ni un lastre a la hora de conseguir el concurso para la construcción del párking de pago de Gamonal.

Las principales críticas

Las principales críticas al proyecto se basan en que supondrá la venta a 19.000 euros de plazas de garaje en un momento de crisis. El proyecto es además costoso, ya que el párking subterráneo se hace sobre un rio. En cualquier caso supone una actuación sobre una vía que transformaría la calle principal y eje vertebrador de toda la ciudad.

Apoyo del PP al alcalde

Burgos, con una población de 180.000 habitantes, no está acostumbrada a muestras de indignación colectiva a las registradas en los últimos días. El barrio que rodea Gamonal supone el 35% de la población y hasta ahora la mayoría de los votantes eran del PP. El partido ha mantenido hasta ahora una posición firme junto a su alcalde. El secretario general del PP en Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, ha responsabilizado a un grupo minoritario de extrema izquierda de los violentos incidentes ocurridos en Burgos desde la madrugada del sábado, en las protestas vecinales contra el proyecto del bulevar en el barrio de Gamonal.

Protesta y crisis

Fernández Mañueco, en declaraciones a la Agencia EFE este martes, ha considerado injustificable e inadmisible este "desafío al Estado de derecho" por parte de un "grupo minoritario de extrema izquierda" interesado en radicalizar una protesta vecinal que, en su opinión, "no debe extrapolarse a la situación de crisis" que atraviesa España. Sobre Lacalle, Fernández Mañueco ha destacado su "capacidad de gestión, eficacia, cercanía y diálogo con el ciudadano", y recordado que el bulevar diseñado, origen del conflicto, "iba en el proyecto de legislatura del PP y de otras fuerzas políticas". Ahora deberá ser replanteado.

Aquí se siembran virus:

El alcalde de Burgos paraliza de forma definitiva las obras de Gamonal


El regidor ha asegurado en rueda de prensa que el bulevar "ha sido la excusa y no el problema" y que "las obras han sido aprovechadas por algunos para otros fines".

Esta decisión se toma después de que esta mañana el PP municipal de Burgos, con mayoría absoluta en el Pleno del Ayuntamiento de esta ciudad, rechazara las mociones de PSOE, UPyD e IU que pedían la paralización definitiva de las obras, y mantuviera la apuesta del consistorio de paralización temporal mientras que se abría un proceso de negociación.

Las obras para convertir un tramo de la calle Vitoria en un bulevar han provocado protestas desde el pasado viernes -que derivaron en varias jornadas de incidentes- porque los vecinos consideran que estos trabajos no son prioritarios.

En la rueda de prensa para anunciar su decisión, el alcalde ha argumentado que esta mañana, en el pleno municipal, ha mantenido la paralización temporal porque se había comprometido a abrir una mesa de diálogo para sacar adelante el proyecto que sigue considerando "necesario para la zona". Lacalle ha precisado además que había mantenido contactos los pasados miércoles y jueves con grupos políticos y con organizaciones vecinales, incluso contrarias al proyecto.

Sin embargo, esta mañana en el pleno, el PSOE y UPyD han modificado las propuestas que habían formulado por escrito en las que pedían la paralización temporal y han exigido la paralización definitiva, ha asegurado Lacalle.

El alcalde ha agregado que los tres grupos de la oposición -PSOE UPyD e IU- le habían comunicado que no estaban dispuestos a participar en una mesa negociadora. Ha añadido que a esto se ha sumado que los representantes de la asamblea vecinal han subrayado al término del pleno de esta mañana su decisión de no participar tampoco en ninguna negociación que no partiera de la paralización total y definitiva de la obra. En este sentido ha insistido en que la convivencia en la ciudad está por encima de cualquier obra y la única salida en este momento es la paralización total.

El alcalde ha anunciado también que el próximo lunes comenzará el acondicionamiento del espacio donde se habían iniciado las obras para volver a la normalidad de forma que, "de producirse algún incidente, nadie podrá achacarlo a decisiones municipales".

En cuanto a la postura del PP nacional y autonómico en este asunto, Lacalle ha afirmado que comprende "el silencio de Rajoy" -quien ha sido preguntado por este asunto esta tarde durante una conferencia de prensa- porque en el ámbito estatal "hay muchos otros asuntos" y ha dicho que ha recibido en todo momento el apoyo de la directiva del Partido Popular de Castilla y León. El alcalde ha asegurado que no dimitirá por lo ocurrido en los últimos días, porque "si todos los alcaldes tuvieran que dimitir cada vez que se para una obra no quedaría ninguno".

Ha añadido que los grupos de la oposición han venido reiterando peticiones de dimisión prácticamente en todos los plenos municipales. Mientras, los vecinos se encuentran ahora reunidos en la calle a la espera de tomar una decisión, aunque el ambiente es festivo y todo apunta a que se desconvocará la movilización.

Miembros de la asamblea han detallado que el regidor debería dimitir por el error que, a su juicio, ha cometido antes y durante las movilizaciones.

La asamblea vecinal permanece reunida en la calle para analizar el anuncio de paralización total de las obras y miembros de la organización han anunciado que será mañana cuando se decida en asamblea el futuro de las movilizaciones originadas estos días.

Aquí, la rabia y la viruela:




Ucrania, patria querida

¿Y lo pronto que fue Jonh Kerry a homenajear a las víctimas de las protestas? ¿Siempre acude a ofrecer sus condolencias, con la de víctimas que producen sus patrocinados por aquí y por allá?

Por los enlaces que deja el socrático autor casi acaba de estar claro quién causó las víctimas, porque las hubo a ambos lados, y algunas con las mismas balas.

Parece que se trató de un golpe de estado, basado en elementos de ideología explícitamente nazi, sobrepuesto a unas protestas probablemente justificadas. Cuando ya había acuerdos para hacer reformas en un sentido democrático, concedidas por un gobierno de cuyas bondades yo tampoco sé nada, pero que había sido elegido en las urnas, y cuyos posibles hábitos cleptómanos no eran muy diferentes de quienes los precedieron. Me temo que quienes los sucedan van a subir a más altas cotas cleptocráticas.

En nombre de su patria querida pueden causar su división, y hasta una guerra civil. ¡Tanto aman a su país estos salvadores, que son capaces de reducirlo a cenizas!

De los paladines occidentales de la democracia y los derechos humanos prefiero no hablar.

Cuando acaben de remodelar el mundo no quedarán ni los rabos. 

Isaac Rosa
Eldiario.es
 
John Kerry rinde homenaje a las víctimas de las protestas en Kiev. Foto: EFE

Lo confieso: no sé nada de Ucrania. Pero sí sé mucho de lo que pasó en Irak, y en Kosovo, y en Afganistán, y en todas las guerras lanzadas por Estados Unidos y/o la OTAN desde finales del siglo pasado hasta hoy.

No sé nada de Ucrania, aunque algo voy sabiendo. Por ahora hay conjeturas, unas pocas certezas, muchas sospechas. Pero no quiero que dentro de unos años, cuando ya no tenga remedio, acabe sabiendo lo que en otras guerras supimos a toro pasado: que en Irak no había armas de destrucción masiva, que en Kosovo no había un genocidio en marcha, que en Afganistán lo de menos era la “lucha contra el terrorismo”. O que en Ucrania no hubo pacíficos ciudadanos masacrados por policías represores.

La máquina bélica de desinformación trabaja a pleno rendimiento en Ucrania y alrededores desde hace meses. Ya no sirve el viejo tópico de que la primera víctima de la guerra es la verdad: en las guerras actuales, cuando empiezan los disparos la verdad es un cadáver del que no quedan ni los huesos. Y el caso de Ucrania no parece una excepción.

Una vez más, nos encontramos con un país que para su desgracia es pieza fundamental en el tablero geopolítico. Lo de menos es la libertad de los ucranianos, pues las ganancias o pérdidas de EEUU, la Unión Europea, la OTAN o Rusia son de otro nivel.

Una vez más, como en casos anteriores, nos encontramos con un escenario propicio, donde aparecen oprimidos y opresores (que los hay en Ucrania, aunque cada uno trace la línea divisora según sus intereses), oligarquías manejables (e intercambiables), agravios históricos, divisiones étnicas y potencias extranjeras metiendo dinero y manejando peones locales. El terreno perfecto para la intoxicación informativa que necesita toda guerra hoy.

Por tener, tenemos hasta a Rusia, contra la que ya traemos de casa la rusofobia puesta, esos pérfidos rusos que en las pelis hablan arrastrando mucho las erres. No hace falta que me convenzan de lo malo que es Putin. Pero si de injerencias militares hablamos, no es peor que cualquier presidente norteamericano o que no pocos primeros ministros británicos y europeos.

Aunque desde aquí no podamos hacer mucho, yo me conformo con no dejarme engañar. Y no es poco. Me conformo con no olvidar cómo en todas las guerras anteriores hubo publicistas dedicados a vendernos la necesidad de guerra, y cómo nos sirvieron pruebas falsas, masacres sin autoría clara, paripés diplomáticos, retorcimientos de la legalidad internacional, y mucha emoción, intriga, dolor de barriga, que el espectáculo siempre ayuda.

¿Por qué Ucrania iba a ser la excepción? Precisamente Ucrania, que pone en juego un movimiento de fichas de alto voltaje, tan grande que seguramente no terminará en guerra porque ninguna de las partes desea una guerra así, no ahora.

Pero si hubiera guerra, aunque fuese a escala controlada, yo no me resigno a ser de nuevo espectador de bombardeos en prime time, ni a ver de nuevo “daños colaterales”, ni que el resultado final sea, como en las guerras precedentes, otro país condenado a la violencia y la miseria por décadas, sin rastro de la libertad prometida. Estoy seguro de que hay muchos ucranianos hartos de ser gobernados por delincuentes y que aspiran a algo más que sobrevivir. Pero no entran en los planes de la OTAN, la UE ni el FMI que ahora ofrecen rescatarlos.

No sé nada de Ucrania, y hago lo posible por saber, leyendo a quienes sí saben. Y asumo que algunas las sabré después. Cuando sea demasiado tarde.

Si ustedes tampoco saben nada de Ucrania, al menos están a tiempo de saber lo que pasó en guerras anteriores, si es que no lo saben ya. Y créanme: lo que descubran sobre Irak o Kosovo les será muy útil para entender qué pasa en Ucrania.

martes, 4 de marzo de 2014

Todos al suelo: todos somos gilipollas

Hay que ver la polvareda que levantó en el patinillo Jordi Évole el 23 de febrero, con su reportaje falso y revelador. Revelaba y velaba. Y falsificaba.

Revelaba cosas ya reveladas, aunque nunca demostrables ante un tribunal, salvo, a título póstumo, el espectral de la Historia: porque las pruebas han desaparecido, o duermen un sueño de ¿cien? años. Pero a la Historia le bastan los indicios abrumadores.

Velaba a la vez la causa principal, que no era la defensa de la democracia frente al golpismo, sino la consolidación prevista de la monarquía, el bipartidismo y la "defensa de Occidente".

La verdadera falsificación no era la caricatura, pronto evidente. Ni Garci ni su Óscar de agradecimiento eran creíbles. Falsificaba el motivo, que no era el sentido de la responsabilidad del rey, el gobierno y otras comparsas oportunistas, sino consolidar un posfranquismo "blando", presentado como defensa de un franquismo "duro". El miedo obró el milagro. Agitar el espantajo bastó para apaciguar a cualquier díscolo.

Quedan en el aire muchas dudas, y algunas sí las desempolvó nuestro follonero amigo. Lo extraño de la falta de control de los medios, con un golpe retransmitido en directo, descontrol parcial de radios, prensa y televisión, ocupación del congreso, pero no de las comunicaciones radioeléctricas. Desde la "Técnica del golpe de estado" de Curzio Malaparte son prácticas de manual.

Dejo aquí algunos fragmentos publicados en Rebelión a raíz del programa de la Sexta, junto a la entrevista a un testigo privilegiado, el entonces capitán y hoy coronel Diego Camacho, además del vídeo de una conferencia suya.

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Armando B. Ginés

Nos toman el pelo todos los días y tragamos con las mentiras como si nada. Sin falsedades no podría mantenerse el tinglado capitalista. Y cuando nos mienten, pero acto seguido nos descubren la falsedad, clamamos al cielo. Estamos tan acostumbrados a las mistificaciones cotidianas de la realidad que no soportamos la verdad cruda y llana.

Hablamos de la polvareda que ha levantado Jordi Évole con su programa de ficción sobre los sucesos golpistas del 23F de 1981 en España, en el que jugaba con la tesis de que la asonada militar ultraderechista habría sido provocada a conciencia para fortalecer la democracia. En sentido estricto, se trata de un guión blando y políticamente correcto, otra cosa hubiera sido que la tesis de ficción defendida hubiese tomado a Juan Carlos de Borbón como protagonista estelar e instigador en la sombra del fallido golpe de Estado. Esta perspectiva sí hubiera sido valiente, habiéndose podido especular con la trama y sus derivaciones en los poderes financieros y la clase alta presuntamente responsables y avalistas del acontecimiento histórico relatado.

Évole y La Sexta no pueden ir tan lejos, sus límites, más allá de los temas tratados, se inscriben dentro del bipartidismo, con tendencia manifiesta al PSOE y una actitud crítica de estética alternativa muy posmoderna copiada de los eslóganes del movimiento 15M. Salvados y su director, a pesar de su audiencia masiva, simplemente se instalan en un nicho marginal que deja el régimen para que otras voces formalmente disidentes representen informativamente un amplio espectro de izquierdas desencantado con el sistema nacido en la transición posfranquista. Ese es su cometido: rellenar la ausencia de medios de comunicación de izquierdas y fijar a su potencial electorado en el interior del orden establecido...
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Évole y compañía
La estafa del 23F y la televisión de Estado
Mikel Angulo Tarancón


I

Que la televisión es un medio perverso, aliado del lucro y socio del poder, es un lugar común. Claro que no por ello el juicio es menos cierto. Tiene que ver con la idiosincrasia de los medios, con el signo bajo el que surgieron y se desarrollaron como tales. Uno desearía al punto que hubiera habido más cámaras dispuestas a rodar la guerra de Vietnam, la primera “televisada”, como se sabe. Uno desearía incluso que el conflicto por las colonias entre Estados Unidos y España hubiera gozado de una cobertura más amplia, con más Hearsts y más Pulitzers dispuestos a vendernos sus preciosos reportajes sobre el caso, incluido el famoso Maine, en una especie de adaptación del Nostromo de Conrad. En todo caso, haría falta sólo una pequeña cantidad de flashes y reporteros para convencernos de inmediato y mediante un simple relato de que la política colonialista persigue fines emancipadores y libertarios.

Pero en fin. Parece que Jordi Évole, reconocido por su labor periodística, ha venido a parar a este y no otro lugar común del mundo de los medios, y precisamente para reflexionar sobre el asunto: sobre el carácter paradójico de los medios de comunicación de masas. Paradójico por lo siguiente: porque por un lado puede dar cabida a una cierta mentira y, por el otro, porque jamás abarca toda la verdad. Pues bien: hay quien dirá que esa es, no obstante, la constante de todo conocimiento humano, de su estructura misma y de sus límites. Y en efecto, pero solamente si se parte de la suposición previa de que existen mentiras y verdades y ya está, es decir, de que existen tanto los relatos falsos como los veraces, pero nada más. En lo que nos concierne, tenemos que vérnoslas, no obstante, con la ficción: un relato que no aspira a ser una mentira, sino que se conforma con insinuar una verdad, una verdad posible.

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II

De alguna manera, la emisión del falso documental revela una sofisticación artística y un gusto muy refinado por la crítica de la política historiográfica, es cierto. Tiene todas las trazas de la ironía propia del extracto más sutil de un panfleto anti-ideológico y polémico. Pero a pesar de todo, hay que imaginarse una intención bastante débil de fondo, y probablemente truncada. ¿Por qué? Pues porque el ejercicio periodístico de Évole incorpora al discurso usos a su vez ideológicos. Es el caso del término “democracia”. ¿Qué uso se hace del mismo? Sería interesante, de hecho, reflexionar sobre el peso y la envergadura de la palabra, sobre todo en los círculos de tensión política del Estado y, por qué no, también de la Unión Europea, en cuya defensa se enarbolan tantas y tantas banderas, hasta el punto de que ya no hay sitio para más. El uso que se hace de la “democracia” no es menos interesado que el que se hace de la “Constitución”, y en cierto modo viene a apestar de igual manera.

Tan basto y crudo uso de “lo constitucional”, de ese sagrado símbolo de todo y de nada, consigue enervar sin lugar a dudas a la audiencia, avergonzarla o, mejor dicho, “indignarla”. Toda una serie de apariciones televisivas patéticas y despreciables muestra la infinita frivolidad y el entusiasmo con que se emplea el concepto, sin reparar en sus implicaciones inmediatas, por parte de la clase política. Ni siquiera es ya ortodoxia, dicho uso: es simple y llano abuso. Y queda claro con ello que “en lo que llevamos de democracia” se ha abusado con unánime furor de la Constitución, de esa “norma suprema del ordenamiento jurídico del Reino de España”; en realidad, no es sino el fetiche predilecto del Estado, esto es, aquello que parece estar dotado de vida propia, y que hace que las relaciones entre hombres parezcan relaciones entre cosas, cuando es a la inversa.


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Ahora bien, faltaría tan sólo saber qué papel juega en el conjunto del metraje ese debate posterior, a cuatro bandas, entre Évole, Iñaki Gabilondo, el ex-ministro de Defensa bajo el gobierno de Aznar Eduardo Serra y Garbiñe Biurrun, presidenta de la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco. Deberíamos preguntarnos, sin reparos, a qué se debe la discusión, qué objetivo la impulsa, qué finalidad persigue el moderador de la cháchara, que parece ser Évole. Porque es obvio que el enemigo a las puertas es un determinado representante del pasado inmediato, vicario del mal y de la muerte. De semblante grosero y furibundo, es seguro que no hay un solo telespectador, por joven o inconsciente que sea, que no haya dado al instante con tan funesta presencia.

III

Pero podemos decirlo ya de manera abierta y sin escrúpulos: el moderador invisible, la mano que mueve las fichas del tablero, no es ningún periodista, ni ningún artista, ni ningún sujeto movido por inclinaciones sociales o de clase. No puede ser tan difícil dar con ello: salta a la vista. Es la arbitrariedad de un juego inútil, de una mesa en ruinas y exenta de vida. Con la gracia y el desparpajo con que dos computadoras se enfrentan en una partida de ajedrez, así se desenvuelve este debate; y si es que existe alguna conciencia superior y guía del mismo, entonces no es la de agente político alguno, sino aquella que la lógica del Estado de derecho impone. Un Estado para cuya perpetua parodia el fetiche de la Constitución es el garante último de ese sistema político y económico viciado, corrupto y de esencia autoritaria, que no de herencia. Un Estado que, de hecho, no es de derecho, y que además es retratado del revés.

Así pues, Serra, de mirada torva y reacia, haciendo las veces de rey negro por la gracia y los dones de la televisión; Biurrun, como la reina blanca, envuelta en un aura de victoria; y a ambos lados, frente a frente, la pareja feliz de mediadores, la perfecta síntesis crítica, autoconsciente y en gris de esos tonos tan claros, francos y dramáticos –esos son los actores de la auténtica, obscena farsa, no ya la del acontecimiento del 23F, sino de la llamada “democracia”. Quienes se hacen llamar superadores del régimen franquista, representantes de la opinión pública y de la nación españolas, subordinados a los intereses y el bien del pueblo, esos mismos dan pábulo al Estado en tanto que coquetean con la falacia de lo nuevo, y como abanderados de este ídolo, abren las puertas electorales a incursiones de tipo recurrente, tanto del afán ciego de Pablo Iglesias como del oportunismo de Ynestrillas.

En resumidas cuentas, mientras Gabilondo invoca el espíritu de la transición y Évole, por su parte, trata de ahuyentar su espectro, ¿qué hacemos los demás? Más que el falso documental, insistamos, lo que habría de analizarse es la modélica discusión siguiente. Lo ventajoso de un detallado análisis de la misma resultaría ser el desvelamiento de la autoridad del Estado como mera fachada, de tintes justos y legítimos, pero de instintos represivos y criminales. El llamado “experimento audiovisual” sobre el 23F perdería así relevancia frente a la vana contumacia de las partes, en una mesa donde, por desgracia, el mapa de coordenadas seguiría ausente, y el coraje crítico, polémico y verdaderamente subversivo brillaría igualmente por su ausencia.

La inepcia de la clase mediática española y su inherente incapacidad para reflejar las pulsiones transgresoras de ciertos sectores de la población queda perfectamente a las claras. Nadie pone en cuestión el escenario político-económico del Estado, de índole socialmente defectuosa, hostil al cambio y, por si fuera poco, deficitario y decadente. Nadie lo pone en duda. Se clama, con fervor, por un “proyecto común”, se apela continuamente a él con ahínco; pero no se indaga en qué constituye eso común, ni en qué hace de nosotros susceptibles de ser comunitarios. Esto parece quedar a expensas de una iniciativa privada, con lo que ello conlleva de contradictorio.

El terror de Estado y la absoluta sumisión del individuo a una improductiva y alienante política económica no salen a la luz. La emisión de la Sexta sólo aporta herramientas para un debate obsoleto, armas sin filo y palabras sin sentido. Se olvida que, por definición, el monopolio en el uso de la violencia lo posee el Estado, más allá de toda herencia autoritaria y toda transición de régimen; y se ignora por completo, además, que hay más formas de violencia que aquellas que el Estado ejerce. Ninguna contribución a la crítica del mercado, de ese Estado represor ni de sus instituciones más controvertidas y violentas. Nada, por lo tanto, que no se haya dicho antes en el editorial de cualquier periódico ni de cualquier revista que sea leído, como se dice, por leer.


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 ...vivimos en un mundo de engaño y autoengaño universal...

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Por eso el programa de Évole nos ha engañado con tanta facilidad, porque en una visión ex-post detectamos que se nos iban dando suficientes pistas para poder dudar. 

Pero aparte de esta ingenuidad existencial soportada en la soberbia de especie, lo que nos contaban resultaba verosímil viniendo de nuestra pinochesca clase política. ¿Por qué no nos iban a haber engañado una vez más? Y más en tratándose de darle a esta corona una legitimidad que nunca ha tenido, desde su juramento de fidelidad a los principios de la dictadura [...], y de su cooptación por el dictador, hasta nuestros días (aciagos para la corona) ¿Por qué no un nuevo esperpento ibérico? 

De los políticos de la partitocracia empresarial, hemos dicho, se puede esperar de todo menos que puedan decir una verdad completa (a medias muchas, que son muy efectivas en tratándose de justificación posterior), e incluso se puede esperar esa impasibilidad con la que convertidos en actores (lo hacían muy bien) contaban sus presuntas felonías con un desparpajo asombroso, sin la menor mala conciencia de haber engañado a todo el pueblo en momentos tan delicados. Hasta eso era verosímil. 

Pero la olla se ponía a presión y, como ya hemos mencionado, las redes sociales y los teléfonos hervían de indignación. Iba a pasar algo si esa verdad que estábamos engullendo estupefactos se hubiese consolidado. Fue un atrevido experimento, pero fácil de vehicular porque de alguna manera lo estábamos esperando (y lo seguimos haciendo pues como se dijo ni siquiera el Tribunal Supremo se atreve a desclasificar sus papeles, ¿quizás aparecerán algún día en WikiLeaks?) 

Y aunque las hojas de las altas selvas sigan cayendo, nosotros a porfía seguimos inmóviles en nuestros engaños. 

¿Será el 22 de marzo el principio del fin? 

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La entrevista radiofónica:

Verdades y mentiras sobre “operacion Palace” y el 23-F

 

La conferencia:


Conferencia en la facultad de sociología de Madrid sobre el 23-F