sábado, 7 de junio de 2014

La imposibilidad del crecimiento

Cuando nació Jesús, los Reyes Magos, siempre bondadosos y previsores, si bien algo tacaños, le abrieron una cartilla en la Caja de Ahorros de Belén. Iniciaron dicha cuenta imponiendo un sextercio de plata, al interés del 1% anual.

Su Divina Majestad olvidó la cartilla, y esta mañana, acordándose milagrosa y súbitamente, se dirigió a la sucursal más próxima, celestialmente trasladada a la galaxia Andrómeda, a recuperar el importe. Quedó gratamente sorprendido al comprobar que era poseedor de casi 505 millones de sextercios de plata.

Entonces pensó que mejor hubiera sido llevar el dinerín al Banco de Jerusalén, al 2% anual, en cuyo caso tendría ahora más de 209 mil billones de sextercios.

Y si lo hubieran impuesto en el Banco de Roma, que rentaba un 3% anual, sería el feliz propietario de más de siete cuatrillones.

Son las bromas que gasta la función exponencial, esa que tanto gusta a los banqueros y demás fauna depredadora.

¿Lemmings?


Por qué colapso y salvación son difíciles de distinguir el uno del otro

CommonDreams

Imaginemos que en 3030 A.de C. las posesiones totales del pueblo de Egipto llenaban un metro cúbico. Propongamos que esas posesiones crecieron 4,5% por año. ¿Qué tamaño hubiera tenido esa pila al llegar la Batalla de Actium en 30 A.de C.? Es el cálculo hecho por el banquero de inversiones Jeremy Grantham (1). La trayectoria de la tasa de crecimiento compuesto muestra que la erosión del planeta solo acaba de comenzar. Simplemente no podemos seguir por el mismo camino.

Continuemos, adivina. ¿Diez veces el tamaño de las pirámides? ¿Toda la arena del Sahara? ¿El océano Atlántico? ¿El volumen del planeta? ¿Un poco más? Es 2.500 trillones (1018) de sistemas solares (2). No precisa mucho tiempo, al considerar ese resultado, para llegar a la paradójica posición de que la salvación reside en el colapso.

Tener éxito es destruirnos. Fracasar es destruirnos. Es el aprieto que hemos creado. Ignora si es necesario el cambio climático, el colapso de la biodiversidad, el agotamiento del agua, del suelo, de los minerales, del petróleo; incluso si todos estos problemas se desvanecieran milagrosamente, la matemática de la tasa de crecimiento compuesto hace que la continuidad sea imposible.

El crecimiento económico es un artilugio del uso de combustibles fósiles. Antes de que grandes cantidades de carbón fueran extraídas, cada aumento en la producción industrial iba acompañado por una caída en la producción industrial, ya que el carbón vegetal o los caballos de fuerza requeridos por la industria reducían la tierra disponible para cultivar alimentos. Cada revolución industrial anterior colapsó, ya que el crecimiento no podía ser sustentado (3). Pero el carbón rompió este ciclo y posibilitó –durante algunos siglos– el fenómeno que ahora llamamos crecimiento sostenido.

No fue ni el capitalismo ni el comunismo lo que posibilitó el progreso y las patologías (guerra total, la concentración sin precedentes de la riqueza global, destrucción planetaria) de la modernidad. Fue el carbón, seguido por el petróleo y el gas. La meta-tendencia, la narrativa madre, es la expansión alimentada por el carbono. Nuestras ideologías son meros argumentos secundarios. Ahora, a medida que las reservas más accesibles han sido agotadas, tenemos que saquear los rincones ocultos del planeta para sustentar nuestra imposible proposición.

El viernes, unos pocos días después que científicos anunciaron que el colapso del hielo de la Antártida poniente es ahora inevitable (4), el gobierno ecuatoriano decidió que la perforación por petróleo continuaría en el corazón del parque nacional Yasuní (5). Había hecho una oferta a otros gobiernos: si le daban la mitad del valor del petróleo en esa parte del parque, dejaría su suelo intacto. Puede ser interpretado como chantaje o como comercio justo. Ecuador es pobre, sus depósitos de petróleo son ricos: ¿por qué, argumentó el gobierno, debiera dejarlos intactos sin compensación cuando todos los demás están perforando hasta el último círculo del infierno? Pidió 3.600 millones de dólares y recibió 13 millones. El resultado es que Petroamazonas, una compañía con un pintoresco historial de destrucción y derrames (6), penetrará ahora uno de los sitios con mayor biodiversidad del planeta, en el cual se dice que una hectárea de selva tropical contiene más especies que las que existen en todo el continente de Norteamérica (7).

La compañía petrolera Soco del Reino Unido espera ahora penetrar el parque nacional más antiguo de África, Virunga, en la República Democrática del Congo (8); uno de los últimos baluartes del gorila de montaña y el okapi, de chimpancés y elefantes de bosque. En Gran Bretaña, donde acaban de ser identificados potenciales 4.400 millones de barriles de petróleo de esquisto (shale) en el sudeste (9), el gobierno fantasea con la idea de convertir los frondosos suburbios en un nuevo delta del Níger. Con este fin está cambiando las leyes de trasgresión para posibilitar la perforación sin consentimiento y generosos sobornos a gente local (10, 11). Estas nuevas reservas no solucionan nada. No terminan nuestra hambre de recursos; la exacerban.

La trayectoria del crecimiento compuesto muestra que la erosión del planeta acaba solo de comenzar. A medida que el volumen de la economía global se expande, todo sitio que contenga algo concentrado, poco usual, precioso, será buscado y explotado, sus recursos extraídos y dispersados, las diversas y diferenciadas maravillas del mundo reducidas al mismo rastrojo gris.

Alguna gente trata de resolver la imposible ecuación con el mito de la desmaterialización: la afirmación de que a medida que los procesos se hacen más eficientes y los artefactos son miniaturizados, usamos, en suma, menos materiales. No hay señales de que esto esté sucediendo. La producción de mineral de hierro ha aumentado 180% en diez años (12). El organismo comercial Forest Industries nos dice que “el consumo global de papel se encuentra a un nivel alto récord y seguirá aumentando”. (13) Si, en la era digital, no reducimos siquiera nuestro consumo de papel, ¿qué esperanza existe para otros productos de consumo?

Consideremos las vidas de los súper ricos, que fijan el ritmo del consumo global. ¿Están reduciendo el tamaño de sus yates? ¿Sus casas? ¿Sus obras de arte? ¿Su compra de maderas finas, de peces raros, de piedras raras? Los que cuentan con los medios necesarios compran casas cada vez más grandes para almacenar la creciente acumulación de cosas que no vivirán lo suficiente para usar. Por acumulación inadvertida, se usa cada vez más superficie del planeta para extraer, fabricar, y almacenar cosas que no necesitamos. Tal vez no sea sorprendente que hayan vuelto a aparecer fantasías sobre la colonización del espacio – que nos dicen que podemos exportar nuestros problemas en lugar de resolverlos (14).

Como señala el filósofo Michael Rowan, las inevitabilidades del crecimiento compuesto significan que si la tasa de crecimiento predicha el año pasado para 2014 (3,1%) se mantiene, incluso si fuésemos a reducir milagrosamente el consumo de materias primas en un 90% retardamos lo inevitable en solo 75 años (15). La eficiencia no resuelve nada mientras el crecimiento continúa.

El fracaso inescapable de una sociedad basada en el crecimiento y en su destrucción de los sistemas vivos de la Tierra son los hechos apabullantes de nuestra existencia. Como resultado casi no son mencionados en ninguna parte. Constituyen el gran tabú del Siglo XXI, los temas garantizados para enajenar a amigos y vecinos. Vivimos como si estuviésemos atrapados dentro de un suplemento dominical: obsesionados por la fama, la moda y los tres elementos básicos aburridos de la conversación de clase media: recetas, innovaciones y centros turísticos. Cualquier cosa que no sea el tópico que demanda nuestra atención.

Declaraciones de lo exageradamente obvio, los resultados de una aritmética básica, son tratados como distracciones exóticas e imperdonables, mientras la proposición imposible según la cual vivimos es considerada como tan sana y normal y poco interesante que no vale la pena mencionarla. Es como se mide la profundidad de este problema: según nuestra incapacidad de llegar a discutirla.

Referencias: 
 
2. Grantham expresó este volumen como 1057 metros cúbicos. En su trabajo We Need To Talk About Growth, Michael Rowan lo tradujo como 2.500 trillones (1018) de sistemas solares. (http://persuademe.com.au/need-talk-growth-need-sums-well/). Esta fuente menciona el volumen del sistema solar (si es considerado como una esfera) como 39.629.013.196.241,7 kilómetros cúbicos, lo que es aproximadamente 40 x 1021 metros cúbicos. Multiplicados por 2.500 trillones (1018), esto da 1041 metros cúbicos. Por lo tanto, a menos que tenga la cifra equivocada para el volumen del sistema solar o haya confundido mis unidades, lo que es eminentemente posible, la traducción de Michael Rowan parece estar subestimada. Sin embargo, me basaré en su cifra, ya que no tengo mucha confianza en la mía. Agradecería cualquier mejora, comentario o corrección.
 
3. EA Wrigley, 2010. Energy and the English Industrial Revolution. Cambridge University Press.
 
12. Philippe Sibaud, 2012. Opening Pandora’s Box: The New Wave of Land Grabbing by the Extractive Industries and the Devastating Impact on Earth. The Gaia Foundation. http://www.gaiafoundation.org/opening-pandoras-box
 
15. Michael Rowan, 2014. We Need To Talk About Growth (And we need to do the sums as well.) http://persuademe.com.au/need-talk-growth-need-sums-well/


George Monbiot es autor de los éxitos de ventas The Age of Consent: a manifesto for a new world order y Captive State: the corporate takeover of Britain. Escribe una columna semanal para el periódico The Guardian. Visite su sitio en la web en www.monbiot.com.

viernes, 6 de junio de 2014

El modelo económico de oferta/demanda que reemplazó al de recursos/necesidades,

Efectivamente, hubo sociedades igualitarias, sin clases sociales, durante casi toda la historia de la humanidad. La acumulación no era posible y la distribución tenía que ser rigurosamente equitativa. Con la prosperidad cambió el modelo. Se generó una sociedad polarizada, en que un grupo más o menos amplio acaparó la riqueza. Los intercambios se monetizaron y las ventajas iniciales de los mejor situados se multiplicaron. La democracia de los antiguos no era posible si no se hacía abstracción de clases excluidas. Como ahora mismo.

Naturalmente, no era democracia en el sentido actual.

Ahora mismo, no hay democracia sino en el sentido de los antiguos. Los desfavorecidos no cuentan en la práctica, y hay un continuo forcejeo entre los que pugnan por lograr la democracia y los que defienden sus privilegios a toda costa.

Se ha dicho que la amistad sólo se da entre iguales. Pues eso mismo ocurre con la democracia. Como los intercambios de mercado siempre se basan en desequilibrios (basta con fijarse en los significados de "especulación" o "acaparamiento"), la correlación de fuerzas derivada de ellos hace imposible la democracia tal como idealmente la concebimos hoy.

Si nuestro mundo de la abundancia se encoge, como parece inevitable, habrá que volver a algo parecido a las sociedades pre-mercado.

Ahora tenemos la ventaja del conocimiento acumulado y de la experiencia de una historia que no deberíamos olvidar. Aprovechemos ambas cosas.


Rebelión

El vocablo democracia fue acuñado por los griegos en el siglo V a.C.: gobierno del pueblo; pero los propios griegos limitaron su uso al excluir a los esclavos, a las mujeres y a los extranjeros. De esa manera el término nace con serias imperfecciones. Ya para esa fecha en esa parte del planeta se implementaba el modelo económico de oferta/demanda que reemplazó al de recursos/necesidades, propio de nuestros antepasados recolectores cazadores que empezaron a poblar la Tierra desde hacía aproximadamente 250.000 años. Ellos distribuían los recursos de acuerdo a las necesidades del grupo. No había jerarquías. Eran nómadas. Desde hace 10-12 mil años se fueron sedimentando con el dominio de la agricultura y los animales de pastoreo, lo que fue creando las bases para el surgimiento del Estado y con él, la propiedad privada y las clases sociales. Unas clases controlan y explotan a las otras. La historia de la humanidad está llena de tiranos, pero, igualmente, de una lucha casi permanente por obtener la libertad, con la limitante de que esas victorias han sido fugaces y las clases dominantes, ora como esclavistas, ora como señores feudales, ora como capitalistas, permanecen inamovibles, como inamovible permanece el modelo de oferta/demanda. Es, dentro de esta concepción, que debemos formularnos la pregunta: ¿Es posible la democracia en el marco de ese modelo?

A lo más que se ha llegado en el día de hoy es a la Democracia Representativa. Periódicamente se realizan elecciones para elegir a los conductores de los gobiernos de los estados, de una oferta que nos ofrecen los partidos políticos. Una vez electos, los gobernantes sienten que se les entrega un cheque en blanco para hacer y deshacer lo que a bien tengan, siempre movidos por sus intereses particulares. En algunos países se realizan consultas populares cuando se trata de temas álgidos; pero en la mayoría el pueblo carece de voz y voto en la tomas de decisiones y menos en la fiscalización en el manejo del estado. Resulta que el modelo oferta/demanda está casado con los de la democracia representativa, la que se blinda para la participación de la población. Pero si ahondamos más, nos encontramos con otra frustrante realidad: la cuasi inexistencia de nuestros Estado Nación, cuyos gobernantes han pasado a ser socios obedientes de esa minoría que hoy controla los destinos de la humanidad y que ya se ubicó en el Club de Bilderberg, la Trilateral y en Consejo de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos. Ellos, los Amos del Mundo, disponen de todo el poder inimaginable, tanto financiero, como mediático y militar para mantener a toda costa su modelo de oferta/demanda e insistir en las noblezas de la democracia representativa. Ya se ha probado hasta la saciedad que el mantenimiento de este modelo no sólo va a destruir a la humanidad, sino al ambiente y hasta al propio planeta.

A los recolectores/cazadores se les tilda de “primitivos” y “barbaros”, sin embargo, nos dieron una lección, que duró más del 98% del tiempo que tenemos de vivir en este mundo: se puede ser libre, igual y solidario. Se puede vivir sin Estado, sin propiedad privada y sin dinero. Esto es, se puede ejercer la Democracia Absoluta, sin poderes de ninguna clase. Esto suena a utopía o si se quiere de radicalismo extremo; pero los pueblos han fracaso al pretender estirar la democracia representativa hasta llegar a la distribución equitativa de las riquezas con el respeto al ambiente. Tenemos que ser honestos con nosotros mismos: la democracia representativa fracasó, porque el modelo oferta/demanda no se puede mantener. Las disimetrías sociales cada vez se acentúan más. Por más esfuerzos que haga el Club de Roma, una de las filiales del los bilderberg, de reducir la población mundial a menos de la mitad, las contradicciones intrínsecas del modelo están por explotar. Entonces, debemos mirar el horizonte con objetividad y valentía y luchar para construir un frente global que luche por abolir el modelo de oferta/demanda y construir la democracia absoluta, la que sería inviable si se pretende llevar a cabo dentro de un solo país. De pretender continuar con las políticas reformistas, lo único que lograremos es consolidar al sistema, ya que bien sabido es que cuando al modelo se le arranca una conquista reacciona con bríos aún más destructores.

jueves, 5 de junio de 2014

Portugal, un país sin abrigo

Portugal, como Grecia y nosotros mismos, está en una encrucijada de muy difícil salida. De haber sido centro, pasa a ser periferia discriminada. Europa siempre fue muy celosa de sus centros, que idolatró, y desdeñosa de las periferias, que demonizó.

Primero hubo un centro mediterráneo. Duró siglo y medio, suplantado por otro que duró mucho más y con un mayor impacto estructural. Enraizado en la Liga Hanseática y orientado hacia el Atlántico norte, hacia el mar del Norte y el Báltico, abarcó el norte de Italia, Francia, Países Bajos y más tarde, Alemania. Rodeado de periferias: en el norte, los países nórdicos; en el sur, la Península Ibérica; en el sureste, los Balcanes; en oriente, el Imperio Otomano y Rusia. Después de cinco siglos, únicamente las periferias del norte accedieron al centro que hoy es el corazón de la Unión Europea.

Boaventura de Sousa lanza una mirada melancólica al pasado tratando de vislumbrar las posibilidades del futuro. Y analiza las dificultades que las ideologías secularmente arraigadas en la idiosincrasia europea añaden al problema económico y financiero. Porque a éste se une el cultural y sociopsicológico. El dualismo centro-periferia y su visión etnocéntrica y discriminatoria, que ahora sufrimos, es una marca europea permanente.

Cultura discriminatoria compartida, en la que cada cual tuvo y tiene sus "negros". Recuerda el autor cómo los relatos de viajeros del norte de Europa de siglos pasados sobre portugueses y españoles les atribuyen las mismas características que, por la misma época, los colonizadores portugueses y españoles atribuían a los pueblos “primitivos” y “salvajes” de sus colonias:
“El portugués es perezoso, nada industrioso, no aprovecha las riquezas de su tierra, ni tampoco sabe vender las de sus colonias”; “los portugueses son altos, agraciados y robustos, en su mayor parte muy morenos, lo que resulta del clima y más aún del cruce con negros”.
El mestizaje, que los portugueses consideraban parte positiva de su colonización, se volvía en su contra mediante el prejuicio colonial y racista. Pero eso no es cosa del pasado: hoy mismo leemos en la prensa alemana noticias y comentarios sobre el sur de Europa que demuestran la presencia actual del prejuicio colonial y racista.

Portugal, hoy, y nosotros, y los griegos, y cuando se den cuenta cabal, también los italianos, tienen como destino ser periferia, atados a un centro que los desprecia, y que como mucho ofrece una "sopa humanitaria". Atados por la cuerda del euro y del tratado presupuestario, no iremos lejos. Recurre el autor portugués a la metáfora de otro gran portugués, Saramago; la balsa de piedra ibérica se desprende del continente y navega libre.
 
Es la esperanza de que podamos romper la cuerda, o al menos haya fuerza para aflojarla, y tengamos margen de libertad.

Todos los países de esa periferia, juntos, tenemos más posibilidades de lograrlo.

Tal vez un principio de esa unidad sea un renacimiento del "iberismo", difícil hoy por hoy, por esa misma inercia cultural y sociopsicológica de que hablamos antes. No estaría mal, y que a nadie asuste el nombre que le doy, una "Unión de Repúblicas Socialistas Ibéricas". Como un paso federal o confederal a la construcción de otra Europa.

Cuando las fuerzas centrífugas que los centros desean para las periferias aparecen por todas partes (¿cuántos estados se están disolviendo ante nuestros ojos, con fracturas a veces incurables?), no sería mala idea empezar a unirnos por las periferias.

Y esto no es nacionalismo, ni españolista ni de ninguna clase.



Página 12

Portugal sale seguro de Europa sujeto por la cuerda del euro y del tratado presupuestario. No puede ir muy lejos. Ocupará un pequeño lugar en el umbral de las puertas de Europa, un país sin abrigo por donde pasarán regularmente las furgonetas de la sopa humanitaria. ¿Es digno de nosotros, como portugueses y europeos, que no haya alternativas a este estado de cosas? Por supuesto que no. ¿Está el actual sistema político-partidario en condiciones de explorar estas alternativas? Claro que no. Como en democracia siempre hay alternativas, ¿el actual régimen es democrático? No. ¿Hay alternativas democráticas, ya sea a escala nacional o europea, a este régimen autoritario? Claro que . Para ello, es necesario que la “Balsa de piedra” de Saramago, tan premonitoria, se desvíe lo suficiente para romper la cuerda o forzarla a dar más margen de libertad al movimiento de la balsa. No hay que olvidar que los perros son los mejores amigos del hombre. El perro de Saramago, Constante, en el momento crucial de decidir, optó por la Península Ibérica.

miércoles, 4 de junio de 2014

Abismo entre lucha política y pragmatismo

Marx veía el proceso económico como un silogismo. La producción sería el término universal; la distribución y el cambio el término particular; y el consumo el término singular con el cual el todo se completa.

Cierto es que la producción y el consumo son los extremos del proceso económico. La primera, sometida a las leyes de la naturaleza, es la "fuente", y el consumo, objetivo final, el "sumidero".

Pero ambos extremos están mediados por la distribución y el cambio. El (inter)cambio es una relación social que regula la distribución. Esta última es esencial en el proceso, y depende de la contingencia social. Por eso muchas veces una nueva forma de redistribución de los bienes estimula el consumo y con ello la producción. Y crea problemas, desde luego, como vemos en muchos países de América Latina, en los que la mayor prosperidad de una masa de desfavorecidos estimula un consumo difícil de satisfacer sin aumentar la producción.

En esta coyuntura, la prioridad  productivista puede chocar con la naturaleza (término universal), al tiempo que deja en un segundo plano la distribución, actuando como una "corriente de Foucault" retardataria del proceso.

Aparte de las barreras naturales a los aumentos de producción, el énfasis productivista puede debilitar el propio proceso, fomentando la "productividad" del trabajo con métodos que fomentan las desigualdades y empeoran la redistribución. Así pueden enfrentar a los gobiernos con sus bases naturales y echarlos en brazos de las oligarquías que detentan los medios de producción.

La distribución es olvidada con frecuencia, y desde luego que lo es en el discurso de los políticos de las variopintas derechas, que destacan siempre las cifras del crecimiento económico sin referirse siquiera al progresivo deterioro en el salario real. Así es como el ínclito Felipe González, en una pretendida crítica a los pensadores de la izquierda, definió a los izquierdistas como quienes pretenden distribuir la riqueza que no se ha producido.

La ultraderecha toma acción sobre la producción y el consumo cuando entiende urgente frenar proyectos de redistribución del ingreso y la riqueza, es decir, cuando entiende que el avance político amenaza sus privilegios. Claramente, su actuación en América Latina se dirige a mediatizar las posiciones de izquierda y condicionar el ejercicio de los gobiernos progresistas.

Por eso hay que continuar apoyando a los gobiernos, entendiendo la necesidad en que se encuentran de aumentar su producción, mientras se les sigue recordando que dicha producción no es un fin en sí misma, sino que se dirige a satisfacer necesidades según prioridades, distribuyendo sobria y equitativamente el consumo, al tiempo que se respeta la naturaleza, sin cuya colaboración es imposible tanto seguir como estamos como cambiar a mejor.



Rebelión


Los diálogos que tienen lugar entre gobierno y oposición en Venezuela, son calificados por James Petras como un acto de conciliación de clases, pero no por ello el teórico marxista estadounidense ha retirado su apoyo al gobierno que encabeza Nicolás Maduro. Por el contrario, considera que los dirigentes venezolanos deben tomar en cuenta que es preciso derrotar el fascismo antes de que sea tarde. El apoyo a los gobiernos progresistas en este continente, hay que asumirlo como un deber de conciencia, no como un acto de pragmatismo. Por tanto, no se puede renunciar a plantear la necesidad de profundizar los cambios y estimular el avance político en sentido general.

Poner entre comillas el apoyo al gobierno constitucional de Venezuela, es condicionar a lo imposible el rechazo a las acciones de los sectores retrógrados de ese país, y eso es inaceptable.

El predominio de la ultraderecha

"No me pide, porque él tiene la inteligencia de no pedir lo que no le van a dar", declaró el presidente de Uruguay, José Mujica, al término de la reciente reunión con su homólogo estadounidense. No dijo (en ese contexto) que, cuando el poder estadounidense se abstiene de pedir, diseña planes para arrebatar.

La consecuencia inmediata de la acción de la ultraderecha en América Latina es la mediatización en las posiciones de izquierda y el condicionamiento en el ejercicio de los gobiernos progresistas.

Es posible citar variados ejemplos, como la calificación de Rafael Correa a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, pero, en su reciente viaje a Estados Unidos, el mismo Mujica presenta como iniciativa propia el estímulo a la inversión extranjera en Uruguay y destaca que, por esta actitud, ha recibido críticas de figuras de su entorno político.

La velocidad con que se producen los cambios en la estructura de consumo, obliga, en cada entorno nacional, a aumentar la producción de bienes de consumo y la disponibilidad de determinados servicios.

Conocer esta realidad, es imprescindible para todo gobernante, pero conocerla auténticamente, tomando en cuenta todos y cada uno de sus componentes.

Sobre la producción, Carlos Marx dice: “A saber, toda forma de producción engendra sus propias instituciones jurídicas, su propia forma de gobierno, etc. La rusticidad e incomprensión consisten precisamente en no relacionar sino fortuitamente fenómenos que constituyen un todo orgánico, en ligarlos a través de un nexo meramente reflexivo”. (Pág. 8, edición del año 2007. Editorial Siglo XXI).

Llamar la atención en este sentido, corresponde a los sectores conscientes, revolucionarios y progresistas. La derecha asume, de más en más, posiciones de ultraderecha, y, por su misma naturaleza, está ocupada en abortar todo proceso de avance político en América Latina y en otras partes del mundo.

Todos los estadios de la producción, advierte Marx tras señalar que el capitalismo también usa la fuerza, tienen caracteres comunes que el pensamiento fija como determinaciones generales, pero las llamadas condiciones generales de toda producción no son más que esos momentos abstractos que no permiten comprender ningún nivel histórico concreto de la producción”.

La distribución

Los gobernantes que se asumen como aliados de la derecha, han pretendido excluir de toda discusión el tema de la distribución.

En República Dominicana, Leonel Fernández (hay que citarlo, porque es el jefe del sistema político en la actualidad) destacó siempre las cifras del crecimiento económico sin referirse siquiera al progresivo deterioro en el salario real.

En la Fundación Global, invitado por Leonel Fernández, Felipe González (el desacreditado exgobernante español), en una pretendida crítica a los pensadores de la izquierda, definió a los izquierdistas como quienes pretenden distribuir la riqueza que no se ha producido.

Es notorio, sin embargo, que la ultraderecha toma acción sobre la producción y el consumo cuando entiende urgente frenar proyectos de redistribución del ingreso y la riqueza, es decir, cuando entiende que el avance político amenaza sus privilegios.

No es criticable que Mújica, Rafael Correa o cualquier presidente progresista, asuma como prioritario el aumento en la producción, pero la acción política es preciso dirigirla a la economía en todos sus aspectos. Y toda medida táctica debe ir dirigida a crear las condiciones para desmontar la sociedad de clases, no a apuntalar los elementos creados para eternizarla.

Tiene vigencia lo dicho por Marx:

“Producción, distribución, cambio y consumo forman así un silogismo con todas las reglas: la producción es el término universal; la distribución y el cambio son el término particular; y el consumo es el término singular con el cual el todo se completa. En esto hay sin duda un encadenamiento, pero no es superficial. La producción está determinada por leyes generales de la naturaleza; la distribución resulta de la contingencia social y por ello puede ejercer sobre la producción una acción más o menos estimulante; el cambio se sitúa entre las dos como un movimiento formalmente social, y el acto final del consumo, que es concebido no solamente como término, sino también como objetivo final, se sitúa a decir verdad fuera de la economía, salvo cuando a su vez reacciona sobre el punto de partida e inaugura nuevamente un proceso”. (Op. Cit. Pág. 9).

En alianza con el gran capital y en amistosa convivencia con Barack Obama, no es preciso, pues, lograr una economía que produzca y distribuya.

Los elogios que, en términos diplomáticos y a favor de su propia imagen política, Barack Obama dirige a Pepe Mujica, y el intercambio de docentes de inglés y de informática entre Estados Unidos y Uruguay, no implican una renuncia del poder estadounidense a frenar el avance político en Uruguay (y ni siquiera a dirigir alguna acción contra el propio Mujica, como nunca dejó de ocurrir en el caso de Hugo Chávez). Aunque los representantes del poder imperialista utilicen palabras hermosas, la naturaleza del imperialismo no ha cambiado. El imperialismo es violador consuetudinario de acuerdos y transgresor de normas elementales.

La acción política del Gobierno de Uruguay tiene que ir dirigida, por tanto, a preservar y profundizar las conquistas sociales y a priorizar los objetivos básicos en cada coyuntura.

El apoyo a los gobiernos de izquierda en América Latina (incluyendo los de tendencia más moderada), tiene que resultar de la identificación con los sectores mayoritarios de la población, y es preciso dirigirlo a la búsqueda de la justicia y la equidad, que es lucha permanente contra el gran capital y contra la oligarquía petrolera, armamentista y saqueadora que coloca presidentes en las grandes potencias en general y en Estados Unidos en particular… La misma que colocó a Obama y le puso al lado al estratega guerrerista Joe Biden.

Al capítulo de la lucha de clases, no se le puede colocar el punto final mientras exista la sociedad de clases.

lunes, 2 de junio de 2014

Por un comunismo de la vida cotidiana

Manolo Monereo presentó el libro “Por Europa, contra el sistema euro” en las jornadas estatales del Frente Cívico.

Para él (y para mí) el comunismo existe. No es una abstracción. Y existe porque en las sociedades capitalistas se continúa dando una contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción. Según Monereo, “podríamos reducir la jornada laboral y repartir el trabajo pero, en lugar de hacerlo, construimos sociedades en las que los individuos se devoran”. Con todo, el socialismo continúa siempre ahí, filtrándose en las contradicciones de la economía capitalista.

Unas cuantas citas sobre nuestro concepto, encontradas en este otro lugar:
Tratar de la democracia implica a abordar, de manera indirecta, el comunismo“.

Gilles Dauvé y Karl Nesic, Más allá de la democracia, 2009.

Para nosotros, el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que haya que sujetar la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual“.

Karl Marx y Friedrich Engels, La ideología alemana, 1846.

No trataremos de engalanar las derrotas sufridas con el oro de las falsas ilusiones. El partido democrático ha sufrido algunas derrotas; los principios proclamados tras la victoria son cuestionados mientras le disputan palmo a palmo el terreno realmente conquistado; ya ha perdido mucho y pronto se planteará la cuestión de saber qué le queda“.

Heinrich Burgers y Karl Marx, Nueva gaceta renana, 1 de julio de 1848.

El movimiento proletario es el movimiento espontáneo de la inmensa mayoría en provecho de la inmensa mayoría. Las proposiciones teóricas de los comunistas no se fundan de ningún modo en ideas y principios inventados o descubiertos por tal o cual reformador del mundo. No son sino la expresión de conjunto de las condiciones reales de una lucha de clases existente, de un movimiento histórico en constante evolución“.

Karl Marx y Friedrich Engels, Manifiesto comunista, febrero de 1849




Rebelión

Le preguntan al politólogo Manolo Monereo por el “sujeto de la revolución” en las jornadas estatales del Frente Cívico celebradas este fin de semana en Valencia. “Se construye en el mismo proceso de la revolución”, explica, “no está predeterminado”. ¿Ha sustituido el “precariado” a la “clase obrera”? “Que la clase obrera no tenga conciencia de serlo no implica que no exista”, responde. Monereo ha presentado en las jornadas su último libro, “Por Europa, contra el sistema euro” (El Viejo Topo).

En las últimas décadas se han dado transformaciones sustantivas en la estructura y composición de la clase trabajadora, así como en su nivel de conciencia. En España, por ejemplo, todo ello aparece vinculado a los procesos de desindustrialización. Pero no debe olvidarse un fenómeno global: desde 1989, con la caída del campo socialista, se produce la denominada “gran duplicación”, es decir, 2.000 millones de trabajadores aparecen “de golpe” y dispuestos a valorizarse en el mercado mundial. Esa mano de obra es empujada al mercado global con el fin de que la clase trabajadora compita entre sí. Es un fenómeno en el que se insiste poco. “Por eso, a la hora de proponer alternativas, es importante la inserción de la clase obrera en el propio territorio”, apunta Monereo.

El comunismo existe. No es una abstracción. Y existe porque en las sociedades capitalistas se continúa dando una contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción. Entonces, ¿dónde hallar el sujeto revolucionario? Una gran reserva estratégica para cualquier opción emancipadora esta en los jóvenes (hoy, desde los 15 a los 40 años), hijos de las capas medias y la clase trabajadora, muchos de ellos con buena formación pero sin empleo ni horizonte vital. “Esto será decisivo cara al futuro”. Según Monereo, “podríamos reducir la jornada laboral y repartir el trabajo pero, en lugar de hacerlo, construimos sociedades en las que los individuos se devoran”. Con todo, el socialismo continúa siempre ahí, filtrándose en las contradicciones de la economía capitalista.

En el análisis debe considerarse que la izquierda se enfrenta aún a la gran derrota cultural de los años 90. Y por eso, ahora, “se trata de convencer a gran parte de los trabajadores de que esta sociedad no ofrece alternativa”. La gran cuestión: ¿Cómo se protegen las clases trabajadoras, desamparadas ante la crisis? O dicho de otro modo, ¿cómo despertar y reconstruir el imaginario socialista? El fascismo está al acecho, presto para proporcionarles identidad. Además, a la izquierda se le ha dejado inerme frente al capitalismo. “Y en ello tiene la socialdemocracia la responsabilidad principal”, concluye el politólogo.

Lo importante para Monereo es que la resistencia contra la dictadura, los partisanos, el maquis, los viejos militantes obreros y campesinos “se jugaban la vida, morían por un proyecto de transformación social”. Porque el comunismo es, en el fondo, “una religión popular laica” (como venía a considerar Gramsci). “Nosotros hemos de ser profundamente creyentes en que hay que cambiar esta sociedad”. Y, así, construir el socialismo, una forma de organización social que tiende a desmercantilizar el conjunto de las relaciones sociales, y sobre todo: la fuerza de trabajo (que ha de quedar al margen de las leyes de la oferta y la demanda); la naturaleza (“estamos construyendo un mundo donde nuestra vida no es posible”); la moneda (decía Lenin que la unidad monetaria es “poder concentrado”; por ello, los bancos deberían ser públicos); y el trabajo doméstico, que debería socializarse. Sumadas estas cuatro tendencias, se alcanza la democracia de la vida cotidiana.

En pocas palabras, “fe, voluntad, organización, proyecto y lucha”. Para atravesar el desierto y construir el socialismo. La clave es que durante el trayecto, durante la larguísima transición, “nos vamos cambiando como seres humanos, es decir, para ser libres e iguales nos hemos de construir libres e iguales en el proceso de lucha por la liberación”. Mientras, hasta que llega la nueva sociedad socialista, habrían de construirse redes de autosolidaridad y autoorganización, que nos vayan liberando de los procesos de mercantilización. Al final, decía Lukacs, el socialismo es la democracia de la vida cotidiana. También, una ciudadanía (a lo Robespierre) con derechos y deberes, “aunque en España siempre hayamos sido súbditos”, recuerda Manolo Monereo.

“Necesitamos un socialismo que le diga a la gente que va a vivir mejor que en el capitalismo, y que va a ser protagonista”. Sabiendo, de nuevo, que hay que afrontar una larga transición para cambiarnos a nosotros como seres humanos (“fue esta la gran verdad del Che”, introduce Monereo). Que los hombres y las mujeres se conviertan en dueños de sus destinos en la fábrica, en el tajo y en los hogares. Es cierto, por tanto, que la sociedad capitalista está preñada, impregnada de comunismo, que penetra por todas las contradicciones. “Pero no hay socialismo sin que cambiemos nosotros un poco cada día; esto lo aprendí de Jesús de Nazaret, pero también de Anselmo Lorenzo, de Pablo Iglesias, Dolores Ibárruri y Pepe Díaz, que se la jugaron por eso que se dio en llamar socialismo y comunismo”.

El libro “Por Europa, contra el sistema euro” (El Viejo Topo) cuenta con un cuerpo de reflexiones de Manolo Monereo, un prólogo del portavoz estatal del Frente Cívico, Héctor Illueca, y una entrevista del periodista Enric Llopis al politólogo. El texto se compone de tres grandes bloques. El primero, con reflexiones sobre los cambios geopolíticos que están produciéndose actualmente en el mundo; un segundo gran apartado sobre la Unión Europea y el tercero sobre España, que incluye reflexiones en torno a la identidad nacional. Son tres “nudos” para situarnos “a la altura de los tiempos”, afirma Monereo parafraseando a Ortega y Gasset.

“Vivimos una época terrible, en la que contamos con una ingente cantidad de información y muy poca opinión”. En ese contexto, “uno de los grandes problemas de la izquierda es la falta de una visión/interpretación del mundo capaz de orientar sus políticas y sus alianzas”, explica Manolo Monereo, que se remonta a los clásicos y a sus análisis: Puede que muchos de los datos y las informaciones que Lenin aportaba en su obra “El Imperialismo, estadio superior del capitalismo” no fueran acertados, pero lo importante es que de estos datos sacaba prospectivas. “Contra lo que afirman Kautsky/Negri, la globalización existe”. Y con una tendencia al conflicto, a la guerra y las revoluciones. “Lenin ofreció una perspectiva histórica que se cumplió al detalle hasta 1945”. “Hoy echo esto en falta”. ¿Cuál es la prospectiva?

Monereo observa en el mundo actual grandes focos de tensión, conflicto y posibilidades de revolución y contrarrevolución (lo que sucede en Ucrania y Venezuela no resulta ajeno a estos procesos). Retornan las grandes potencias, pero también las posibilidades para las clases populares, ya que “lo verdaderamente insoportable era el mundo unipolar”. En el núcleo de la crisis actual convergen diferentes “nudos”. Primero, una crisis sistémica del capitalismo; En segundo lugar, una gran transición geopolítica internacional que cuestiona la hegemonía de Estados Unidos como imperio, es decir, la multipolaridad. En ese contexto, retornan los estados-nación, “que nunca se fueron; en el neoliberalismo, el estado es enormemente intervencionista, como ocurre, por ejemplo, con el ordoliberalismo alemán”.

Otro “nudo” lo constituye la crisis del Occidentalismo. El mismo día del descubrimiento de América, según Aníbal Quijano, se inauguró el occidentalismo, la modernidad, el capitalismo y el racismo. En esa crisis se inserta la Unión Europa, “una máquina imperialista en las relaciones internacionales”, subraya Monereo, “en cuyo diseño ya está implícita la condición subalterna respecto a Estados Unidos, y la agresión a otros pueblos y potencias”. Ejemplo reciente de ello es el Tratado de Libre Comercio e Inversiones entre los bloques europeo y estadounidense. A estos factores se agrega una crisis ecológico-social del planeta.

Lo que subraya la crisis actual es el fracaso de la segunda globalización capitalista, iniciada tras la crisis de los años 70; la primera globalización (1870-1914), promovida por una potencia en declive -Gran Bretaña-, se saldó con la guerra de los 30 años (1914-1945). En términos de Karl Polanyi, y en una interpretación que puede trasladarse al presente, a una etapa llamada A (de “globalización feliz” y “mercado autorregulado”), le sucede una etapa B, que implica la reacción de la sociedad al intento del capitalismo de imponer su utopía liberal. Pero esa reacción de la sociedad puede adquirir forma revolucionaria o fascista. Hoy, señala Monereo, “las poblaciones del Sur de Europa reclaman que alguien les proteja del mercado, de los capitalistas, de los políticos, de los ladrones, pues todos son iguales en el imaginario colectivo de la gente”.

Todo ello tiene mucho que ver con el euro. Así, ¿Qué rol va a desempeñar España (y el Sur de Europa) en la nueva división internacional del trabajo que configura la hegemonía alemana? Por primera vez desde que la Unión Europea existe como “artefacto”, se da una gran estrategia estatal (por parte de Alemania) que compite con los demás países de la Unión por mantener y consolidar su hegemonía. El proceso comienza con la caída del Muro de Berlín y la Reunificación alemana. En términos más simples, “hay un estado-nación que impone un proyecto de desarrollo hegemónico a costa de los demás estados”. Para ello, “los demás hemos de ser el protectorado de Alemania”. Por eso la Unión Europea es “irreversible” e “irreformable” a la vez.

¿Es casualidad que este proceso lo haya impulsado la socialdemocracia alemana con la Agenda 2010?, se pregunta Manolo Monereo. Y responde: “En Alemania se ha producido una alianza de clases entre los poderes económicos, la clase bipartidista y el apoyo de una parte sustancial de los sindicatos”. “¿Por decir esto nos pueden llamar germanófobos?”, agrega. “La política neomercantilista alemana se basa en algo muy simple, arruinar al vecino; esto acaba con cualquier posible proyecto de integración”. Hasta este punto, los intereses del estado-nación alemán, pero la siguiente cuestión es por qué se acepta el “diktat” germano en países como España.

El proceso enunciado no puede desarrollarse sin corrupción, afirma el politólogo. “La corrupción es hoy el sistema”, añade. Y hace falta asimismo un “control salvaje de los medios de comunicación” (En España se da un duopolio en manos de Lara y Berlusconi). ¿Es casualidad la liquidación de los directores de La Vanguardia, El Mundo y El País?, se pregunta Monereo. Hoy, “caminamos por una Transición política dirigida por los poderosos”. “No es casualidad que Pilar Urbano, supernumeraria del Opus Dei y amiga personal de la reina, salga ahora con su libro justo en un momento en que el monarca no quiere abdicar; y que ese libro lo publique José Manuel Lara. Además, la economía española se verá directamente afectada por la nueva división del trabajo en Europa que se está construyendo con la crisis. Y que se basa en servicios hipertrofiados, sin ningún tipo de industria y con una agricultura residual (sobre ello hay un pacto de clases acordado por las burguesías española, catalana y vasca, que han suscrito todos los tratados europeos; un pacto que garantiza el capital alemán).

Alternativas. Tiene claro Manolo Monereo que la Unión Europea no es “renovable” ni “refundable”; además, “Europa no es lo mismo que la Unión Europea”. Y afirma, frente a esta situación de hecho: “voy mucho más allá de romper con el euro”. Se muestra partidario de “desglobalizar”, “desmundializar”, “reconstruir el estado” (un estado “fuerte”) y así constituir una República soberana, de base municipal, democrática y federalista. Que se enfrente al actual régimen oligárquico. Una República con soberanía política, económica y cultural, que apunte a la construcción del socialismo (“para que no se nos olvide”) y a una Europa confederal, parte de una Europa euroasiática, que se enfrente al imperialismo talasocrático de predominio anglosajón. Defiende Monereo una alianza euroasiática (que incluya a Rusia y China) dentro de un mundo multipolar. Más favorable para que los pueblos puedan liberarse.

domingo, 1 de junio de 2014

Conciencia de especie

Hace un año, Jorge Riechmann, en unas conferencias sobre la vida y la obra de Francisco Fernández Buey, explicaba la importancia de este filósofo como humanista marxista ("sin ismos") y verdadero comunista.

Me interesa destacar la afirmación (por ambos autores) de la necesidad de hacer confluir lo diverso en un movimiento unitario de supervivencia y emancipación. Nada más necesario y más actual. Por la necesidad de confluencia de ambos movimientos ya es imposible tratarlos como realidades separables de salvación de la naturaleza y de liberación de los no-libres (¿y quién es libre en este sistema?).

De esas conferencias quiero destacar un apartado por la claridad con que se expone la necesidad de crear conciencia de especie. Cualquier individualismo de grupo es hoy una forma de fascismo.

Dejando a salvo que la solidaridad de los explotados no es un individualismo de grupo, porque se trata de un "grupo" cuya liberación real no es posible sin la de toda la especie...


Jorge Riechmann
Conciencia de especie

En la naturaleza hay tanto competición como cooperación (aunque estas últimas dinámicas tiendan a verse oscurecidas por la ideología dominante). Todos los mamíferos sociales hemos desarrollado elaboradas estrategias de cooperación. Nuestro problema hoy es que estas dinámicas cooperativas «naturales» lo son dentro de grupos cercanos (los «endogrupos» de los que hablan los sociólogos, diferenciándolos de los «exogrupos»): y hoy tendríamos que ser capaces de dar un salto cualitativo más allá de los grupos cercanos… «A la globalización de la economía tiene que corresponder una ética mundial basada en la conciencia de especie (…). Sólo que la conciencia de especie está aún por construir» (Fernández Buey...). En efecto, un concepto clave que el ecologismo elaboró desde los años setenta, y que recogieron Manuel Sacristán y sus colaboradores, es el de conciencia de especie. No se trata solo de la milenaria aspiración políticomoral a superar el tribalismo (aspiración que nos acompaña al menos desde la «Época Axial» que teorizó Karl Jaspers), sino de algo más, que tiene que ver con la peligrosidad de la tecnociencia y con la evolución hacia «una sola humanidad» en la Edad Moderna:
Entiendo por conciencia de especie la configuración culturalmente elaborada de la pertenencia de todos y cada uno de los individuos humanos a la especie Homo sapiens y, por tanto, no sólo la respuesta natural reactiva de los miembros de la especie humana implicada en el hecho biológico de la evolución. En este sentido, se podría decir que la configuración de una conciencia de especie corresponde a la era nuclear –o mejor aún: de las armas de destrucción masiva– y a la época de la crisis ecológica global y de las grandes migraciones intercontinentales, como la conciencia nacional correspondía a la época del colonialismo y la conciencia de clase a la época del capitalismo fabril...

sábado, 31 de mayo de 2014

Lo existente no es ningún orden

Los "dueños del adjetivo" (y del sustantivo) han creado falsos significados en el imaginario general. Es la confusión organizada. También y prioritariamente la del lenguaje, como denunció Orwell, que tal vez sin sospecharlo fue mucho más profeta del capitalismo que de lo que se llamó "socialismo real".

Desorden es orden. Orden es desorden.

Pues bien: lo existente no es ningún orden. En tiempos de desorden nada debe parecer natural e imposible de cambiar.

«El comunismo no es radical. Lo radical es el capitalismo», recordaba Walter Benjamin evocando este poema de su amigo Brecht.




EL COMUNISMO ES EL TÉRMINO MEDIO


Llamar a derrocar el orden existente
parece espantoso.

Pero lo existente no es ningún orden.

Recurrir a la fuerza
parece malo.

Pero dado que la fuerza se pone en práctica
de modo rutinario, no es nada del otro mundo.

El comunismo no es lo extremo
que sólo puede realizarse en una pequeña porción
sino que antes de que esté realizado del todo
no hay ninguna situación soportable
ni siquiera para los insensibles.

El comunismo es en realidad la exigencia mínima
 lo más inmediato, moderado, razonable.

Quien se opone a él no es un pensador discrepante
sino un irreflexivo o quizá alguien
que sólo piensa en sí mismo
un enemigo del género humano
espantoso
malo
insensible
alguien que quiere lo extremo, eso que si se realiza incluso en una mínima porción
arruinará a la humanidad entera.

Bertolt Brecht (1933)