sábado, 4 de noviembre de 2017

Cuando teníamos las respuestas...

...nos cambiaron las preguntas.





Poco importa si la frase era del gran Benedetti o la tomó de algún otro. Hasta la Edad Moderna no surgió la idea de la autoría como propiedad, y se copiaban unos a otros como leones. Y mucho después, como una defensa ante los editores sin escrúpulos, la propiedad intelectual cristalizó en los derechos de autor. Lo malo fue que, como propiedad, es enajenable en el mercado, y acaba en manos del editor, como ocurre con las patentes y con las naranjas. ¡Ah, el Mercado...!

Pero no era mi propósito entrar en este tema, sino centrarme en el contenido de la frase.

Porque laboriosamente fuimos construyendo repuestas a las cuestiones más importantes, y ahora resulta que las cuestiones candentes son otras. Y las polarizaciones de primer plano se retiran por el foro, para dar paso a otra polarización que baja bruscamente, como un telón que tapa la escena. Asistimos apasionados a un teatro estúpido, embobados con las mediocres pinturas que decoran la tela pintarrajeada, mientras la función transcurre detrás.

El telón centra ahora la atención de la platea, aunque sospecho que en los palcos hay quien ve mucho más, por encima de él.

El choque estúpido de los nacionalismos tapa otras cuestiones de mucho mayor calado, de las que hablamos muy poco. Por cuestiones tácticas, las izquierdas se dividen, y cuesta mucho no alinearse, olvidando el fracaso histórico de los partidos socialdemócratas en la Primera Guerra Mundial, que disciplinadamente se alinearon con las burguesías de sus patrias para defenderlas, enviando a los frentes a los trabajadores para que se mataran unos a otros.

Me será muy difícil ordenar por su importancia cuáles son esas cuestiones que tapa el trapo en cuestión, ese gran trapo en forma de bandera. Lo intentaré:

  • La cuestión ecológica y el futuro de la humanidad, en un mundo que se empeña en crecer cuando ya está decreciendo inexorablemente ¡y muy deprisa!, sin ver que es el sistema capitalista el que no puede abandonar ese camino suicida, porque sin crecimiento no hay beneficio, sin beneficio no hay inversión, sin inversión no hay producción, sin producción no hay consumo, sin consumo...
  • La cuestión de la desigualdad, que tampoco puede dejar de crecer en este sistema competitivo. Desigualdad que en pleno decrecimiento equivale a exterminio progresivo de los más débiles.
  • La cuestión importantísima del papel de la lucha de clases en la producción, siendo el ciclo producción-consumo-reproducción el que precisa de una coordinación regional e internacional para regular lo que no pueden regular los mercados capitalistas.
  • La cuestión ligada de la absoluta libertad de movimientos del (gran) Capital, que mientras regula a su conveniencia los flujos migratorios humanos. Algo que el egoísmo de grupo que está en la base de los particularismos nacionalistas no puede o no quiere ver. Es la cooperación ordenada la única que puede salvar a los que están en medio de una catástrofe. Sálvese el que pueda y no se salvará nadie: "¡recuerden el incendio del Novedades!.
Me parece oportuna la comparación. Es quizá la mejor metáfora que se puede emplear.

El telón que causa el incendio, los actores que escapan, como los ocupantes de los palcos, y los espectadores del patio de butacas que sufren las consecuencias...

jueves, 2 de noviembre de 2017

Calentamiento global en marcha

Ya es innegable. Pero sus efectos, difícilmente reversibles, pueden pasar de problema serio a "solución final". Claro que los partidarios del "que me quiten lo bailao" están dispuestos, por arriba y por abajo, a no enterarse hasta que les duela directamente.

A fin de cuentas, no faltan placeres baratos (o carísimos...) con los que solazarse mientras tanto: "edamus et bibamus, cras enim moriemur".

Ni faltan "oportunidades de negocio". Hace poco oí decir que si las empresas se marchaban de Cataluña esa podía ser una ocasión para que Galicia prosperara, porque podrían caer por aquí.

También la lotería turística que nos ha tocado ahora se debe a las revueltas y guerras en muchos países. ¡Menudo futuro si ponemos nuestra esperanza en problemas ajenos!

La cuestión es que el calentamiento, como el decrecimiento, está ya aquí, que ambos son globales (nos afectan a todos) y que la transición puede hacerse algo mejor o mucho peor.


  • Los compromisos de reducción de emisiones de los países cubren solo un tercio de todo lo que debería recortarse y es precisa "más ambición" antes de 2020 
  • El informe sobre emisiones establece 2030 como fecha límite para revertir la situación si se pretende cumplir el objetivo del Acuerdo de París 
  • Los países del G20 precisan "nuevas políticas" para alcanzar sus planes de rebaja de emisión de CO2 a la atmósfera

La lucha para contener el calentamiento global en los 2ºC, el margen diseñado por los científicos para evitar consecuencias irremediables por culpa del cambio climático, está a punto de perderse. El ritmo actual de emisiones de gases de efecto invernadero hace "extremadamente improbable" alcanzar ese objetivo para final de siglo, según el último informe del programa medioambiental de la ONU. La fecha límite para revertir la tendencia es 2030.

El informe insiste en que los compromisos de reducción de los estados solo cubren un tercio de lo que se necesita. Incluso si todas las partes cumplieran con los planes, en 2030 se habría lanzado ya a la atmósfera el 80% de todo lo que podría emitirse para contener el calentamiento global en 2ºC para el final del siglo XXI. Para los anhelados 1,5ºC, ya se habría gastado todo el margen.

Los análisis de la ONU explican que tanto el sector privado como los gobiernos locales y regionales tienen todavía un papel importante que jugar. De hecho, el documento afea a los sectores privados que no hayan contribuido significativamente a la contención de emisiones "a pesar de tener un significado potencial para ello". La conclusión es que los compromisos nacionales (NCD), es decir, las previsiones de rebaja que cada estado adoptó en virtud del Acuerdo de París tendrán que ser "más ambiciosos para 2020", si se pretender de verdad atajar el cambio climático.

Que las soluciones están siendo insuficientes queda refrendado por el último informe de la Organización Meteorológica Mundial sobre concentración de CO2 en la atmósfera: en 2016 se batió de nuevo el récord de registros y se colocó por encima de las 403 partes por millón. Un nivel que no se veía desde hace 800.000 años.

Algunos casos concretos

Los cálculos, tanto gubernamentales como independientes, reflejan que algunos de los estados más contaminantes precisan "mayor acción". Señalan a Canadá, México, Corea del Sur, Suráfrica y EEUU. "La mayoría de los países del G20, incluida la Unión Europea, deben adoptar nuevas políticas y acciones para cumplir sus compromisos de emisiones. Al producir alrededor de las tres cuartas partes de los gases de efecto invernadero, su contribución es crucial.

Lo que subraya la ONU  es que los datos muestran una "distancia significativa entre las ambiciones actuales y lo que se necesita para cumplir los objetivos de temperatura del Acuerdo de París". Para los 2ºC, la brecha es de más de 11 gigatoneladas de CO2. Para los 1,5, el exceso se va a más de 16. Cada gigatonelada es un billón de toneladas de gas de efecto invernadero.

martes, 31 de octubre de 2017

Por el atajo a la barranquilla

"No hay atajo sin trabajo", dice un refrán. El atajo fácil es una quimera, aunque por algún tiempo mueva a las masas indignadas, que luego caen fácilmente en la apatía y el fatalismo.

Cierto que la ilusión es un motor de arranque poderoso, pero ¿cómo mover el coche utilizando solamente el motor de arranque? Yo lo intenté una vez para salir de un lugar en que estorbaba. No funcionó.

Cualquier movimiento se consolida únicamente con trabajo y organización. Las instituciones no son un medio despreciable ni mucho menos, pero lo que le duele al sistema ocurre en el mundo de la producción, que se descuida lastimosamente con la política institucional aislada.

Es lastimosa la ignorancia atrevida de los que están descubriendo, sin conocerlo, lo que ya estaba descubierto. "Lo nuevo" no es necesariamente valioso. Los recién llegados (por el atajo) están condenados a repetir los errores que creían superar con su ilusión.

(Aunque constituyen un revulsivo necesario para sacar de su somnolencia a sindicatos y partidos cuando han puesto en segundo plano lo más importante para centrarse en lo que les parece más urgente, a veces a costa de olvidar su razón de ser).

Centrémonos en la política de lo prioritario más que en lo coyuntural. Y establecidas las prioridades proclamémoslas sin rubor. Y sin descuidar las luchas reales por estar en las mediáticas (y aquí entono un mea culpa personal...)

Celebración en la Puerta del Sol de Madrid del quinto aniversario del 15M



















Ya llevamos dos desplomes del régimen del 78 mientras gobiernan los mismos

Pascual Serrano


En política son muchas las ocasiones en que, los que presuntamente lideran revoluciones y rebeliones, terminan frenándolas con la excusa de que hay que ir más despacio por razones tácticas. “Todavía no es el momento”, “si hacemos eso perderemos todo lo avanzado” y expresiones similares son utilizadas por quienes en lugar de empujar a los pueblos hacia su liberación usan su prestigio para contenerlos. Sin embargo, ahora quisiera escribir del caso contrario: de movimientos ingenuos y espontáneos que, sin partir de trayectoria ni organización, creen haber encontrado el atajo para llegar al paraíso. Aclaremos que no es mi objetivo combatirlos, en primer lugar porque sus intenciones son buenas y, en segundo, porque, solo son el reflejo de una sociedad. Una sociedad que se moviliza por impulsos de clicks en Internet, se ideologiza con tuits y se une mediante grupos de Whatsapp y Facebook.

Sucedió el 15M. Hastiados de partidos políticos, sindicatos y parlamentos pensaron que unidos en una plaza habían encontrado el atajo para la democracia. Los diputados o sindicalistas, fueran del signo que fueran, eran piezas (cuando no casta) de un viejo mundo que se derrumbaba. Recuerdo que las primeras movilizaciones se iniciaron pocos días antes de unas elecciones autonómicas y municipales pero nadie les prestaba atención y ganaron los de siempre. Pasaron los años y nada se derrumbó, algunos han podido comprobar que las leyes con las que se regula nuestra vida se deciden en los parlamentos; y los parlamentos los integran cargos públicos que la gente vota tras presentarse a unas elecciones. Las plazas, las asambleas y los grupos de debate en Internet poco pintan. El atajo, tan bien intencionado como ingenuo, no iba a ningún lado. Muchos se dieron cuenta y se incorporaron a la lucha. Allí vivieron en carne propia lo que tanto habían criticado: conflictos en su organización, dilemas entre el trabajo en la calle y el trabajo institucional, grupos de poder dentro del partido, visiones contrapuestas y enfrentadas según territorios, obligación de posicionarse en cuestiones concretas con alto coste político o, al contrario, estrategia electoral de ambigüedades que despertaban indignación en quienes exigían posicionamiento claro. En realidad no era nada malo, era, simplemente, lo que había antes de que ellos llegaran pero que tanto odiaban y tan ajeno consideraban. Y algunos han acabado olvidando nacionalizar eléctricas para evitar que la gente se muera de frío y concediendo desde sus ayuntamientos medallas a la virgen.


Ahora en Catalunya se ha vuelto a repetir algo similar. No nos gusta Rajoy, no queremos una monarquía, y como no hemos conseguido cambiarlo hemos descubierto un atajo: nosotros nos vamos y ahí os quedáis los españoles con Rajoy y el Borbón. Se trata de algo tan ilegal (esto podría ser incluso lo menos importante, las grandes revoluciones siempre fueron ilegales), imposible e inviable como pensar que se cambia la sociedad en la plaza de un pueblo mientras la derecha votaba a sus diputados y concejales para que hicieran las leyes. Hay una novedad, y es que hay un Gobierno, o quizás dos, a los que les interesa a corto plazo la jugada. De modo encuentran una revolución -un atajo- que, además es tan cómodo y sencillo que cuenta a su lado con un Gobierno autonómico que convoca paros laborales pagados, policías que se han convertido en buenos, televisiones autonómicas públicas que dan apoyo total a las manifestaciones. Los revolucionarios vivían con euforia la facilidad con la que se puede romper sentencias judiciales, poner rabiosa a la derecha española, ganar en el parlamento autonómico todo lo que nunca han conseguido...

Cuanto más furiosa está la derecha nacional más tiene la percepción de ir avanzando en su revolución, aunque sea liderada por quienes han aprobado recortes, reformas laborales y privatizaciones, acompañados de los mismos policías que hace unos años les reventaban ojos con pelotas de goma y sin que nadie hable de nacionalizar bancos o sectores estratégicos, subir salarios mínimos o dedicar más presupuestos a prestaciones sociales. No se han parado a pensar que cuando atacas a la serpiente pero no la aplastas, su reacción puede convertirla en mucho más peligrosa. Es verdad que las revoluciones francesa, rusa o cubana contenían una gran dosis de utopía e ingenuidad, pero allí la unidad popular era sólida, básicamente porque les unía el grito de la aristocracia nos roba, el zar nos roba o Batista nos roba. Con el grito de “España nos roba” difícilmente se puede conseguir una unidad popular.  

Como sucedió en el 15M, quienes seguíamos pensando en aumentos de salarios mínimos, propiedad pública de sectores estratégicos de la economía y derechos sociales y renegábamos de liderazgos neoliberales o de misa diaria y compañeros policías, éramos unos agoreros incapaces de ver la inminente toma de La Bastilla. En el 15M éramos políticos y sindicalistas caducos que no veíamos la nueva política y ahora una casposa izquierda españolista. Mientras tanto, los recién aterrizados en la movilización política que iban a desplomar el régimen del 78 y el bipartidismo en las plazas del 15M lo vuelven a desplomar ahora en Catalunya.

Ya llevan dos desplomes del régimen del 78 mientras gobiernan los mismos, pero los fracasados siguen siendo los sindicatos que van arañando mejoras laborales y convenios colectivos y los viejos izquierdistas que siguen señalando como objetivo el pan y el trabajo.

viernes, 27 de octubre de 2017

Quijotadas

¿Dicotomía o dialéctica?

Una mente computacional y un lenguaje que no lo es menos nos mantienen atados a las dicotomías. Casi todos los conceptos que nos importan aparecen dicotomizados, con unos opuestos (o contrarios, que ahora no quiero entrar en puntillismos lógicos) que se consideran mecánicamente como contradictorios.

La dialéctica es otra cosa. Los opuestos son polos inseparables, no existe uno sin el otro. Unidos indisolublemente por una tensión productiva que enriquece el análisis y conduce a la síntesis creativa.

El empobrecimiento de las opciones que lleva a rechazar lo opuesto de modo mecánico es destructivo por naturaleza. Lo vemos ahora mismo, cuando el choque de nacionalismos deja en tierra de nadie (la más peligrosa) a quienes no se alistan en uno u otro polo.

El valor del Quijote reside en esa tensión dialéctica entre lo real y lo (¿im?)posible. Continuamente la narración pasa de uno a otro mundo. Y siempre nos quedamos sin saber en cual de ellos se sitúa el autor, que para colmo se disfraza y distancia, aunque siempre sospechamos que la realidad en que vivió le resultaba opresiva e incómoda.

La tensión del héroe para no soportar lo insoportable es lo que nos hace amar al personaje. Por eso siempre vuelven a él los que quieren cambiar la realidad (¿será eso algo malo?).

Sobre la doble dinámica cervantina escribí recientemente, recordando un artículo de otro blog.

He aquí otra negativa a aceptar la dicotomía sin buscar su superación dialéctica y creativa, revolucionaria.





Gustavo Martín Garzo

(...)

Nos dan a elegir entre la justicia y el amor, escribe Elías Canetti. Yo no quiero, yo quiero las dos cosas. Es justo eso lo que hace don Quijote. Por eso libera a los galeotes, da la razón a la pastora Marcela, defiende a un pobre criado de la brutalidad de su dueño y devuelve con sus palabras la dignidad a venteros, prostitutas y pastores. Y no me cabe duda de que de haber contemplado este invierno las filas de refugiados sirios bajo la nieve, don Quijote habría arremetido sin dudarlo contra los guardianes de las fronteras de Europa, porque ¿acaso la ley que se ha invocado como justificación de esas fronteras es algo sin el amor que permite ver en el desamparo de tantos una muestra más de nuestra propia humanidad herida? El corazón de una sociedad es la ley, dijo Roberto Rossellini, el de una comunidad es el amor.


(...)

La expresión gráfica en la ingeniería (8-b)

Sigue a continuación la parte final del capítulo octavo del libro que he venido haciendo público desde aquí hasta aquí. Este capítulo y el anterior han presentado las curvas alabeadas, aquellas que no pueden sumergirse en un espacio de dos dimensiones.

En la entrega anterior especulaba, luego de analizar algunas curvas más o menos definidas por movimientos predecibles, curvas más o menos helicoidales, con las trayectorias no deterministas de las infinitas trayectorias posibles de un punto móvil. Vuelvo ahora a mostrar algunas curvas de desarrollo perfectamente determinado, y en particular algunas de las que tienen interés en los mecanismos, porque permiten acoplamientos que modifican movimientos, como este tornillo sin fin, que transmite el movimiento de un eje a otro que se cruza con él, cambiando su dirección, al tiempo que multiplica la fuerza a costa de disminuir la velocidad de giro:


Veamos cómo una rueda puede acoplar su movimiento a una hélice. Puede materializarse si el surco del tornillo está dentado y la rueda también, engranándose ambos. El plano de la rueda coincidirá entonces en cada momento con el plano osculador de la hélice, aquel en que se aprecia la curvatura:


Tornillo sin fin. El giro de la hélice obliga a la rueda a girar también sobre su eje:

 
Cualquier movimiento puede expresarse en función de un parámetro, una variable cuya forma más intuitivamente perceptible es el tiempo. En cada momento el punto móvil ocupará una posición, y estas posiciones formarán una línea, generalmente no plana. Estas posiciones pueden (o no) expresarse mediante funciones matemáticas. La posición de cada punto puede expresarse mediante coordenadas, tantas como dimensiones tenga el espacio considerado.


Para cada dimensión el tiempo define una posición, y pueden representarse por separado como funciones dependientes del parámetro "tiempo".

 
Pero como cada "tiempo" es único, en él podremos situar las tres componentes (en el espacio tridimensional) de la posición.


Seguramente en una vista plana no es fácil apreciar el alabeo de la curva. Por eso añado algunas imágenes desde distintos puntos de vista.


Y otras dos más, para terminar:


Dspués de asomarnos a la incertidumbre, hemos vuelto al mundo mecanicista...


martes, 24 de octubre de 2017

Jordi Évole entre dos fuegos, en tierra de nadie

Aunque realmente solo haya una Tierra de Todos.

¿Pero es realmente de todos? ¿O es de estos?:





Quiero dejar de vivir días históricos. Quiero levantarme sin sobresaltos. Quiero que cada hora no haya una «Última hora». Quiero dejar de etiquetar y de que me etiqueten. Quiero que no haya presos políticos. Quiero volver a desayunar con Jordi Cuixart en la Diagonal. Quiero que no me llamen unionista por no ser independentista. Quiero volver a creer que no han fracturado la sociedad catalana. Quiero no seguir engañándome. Quiero sobremesas hablando de bricolaje con mi cuñado. Quiero que los teatros se vuelvan a llenar y los hemiciclos se vacíen de teatro. Quiero que el 155 vuelva a ser un número sin efectos legales. Quiero que DUI signifique «Dejémonos de Unilateralidades Inútiles».

Quiero relatos menos épicos. Quiero manifestaciones donde los convocantes den menos asistencia que la policía. Quiero que no me digan lo que tengo que hacer. Quiero que los observadores internacionales nos dejen de observar. Quiero que no nos flipemos si salimos en el Washington Post. Quiero que dejemos de perder tanta energía en un solo tema. Quiero votar en muchos referéndums, y no principalmente sobre temas territoriales. Quiero que la represión se le aplique a los represores. Quiero dejar de vivir semanas decisivas. Quiero aburrirme. Quiero calles sin banderas. Quiero dejar de entrar en el bar y escrutar si alguien me mira mal. Quiero que haya  más celos que recelos. Quiero que no me utilicen hoy los que me insultaban la semana pasada. Quiero que la astucia no sea la virtud de los que mandan. Quiero que dejen de velar por nuestros intereses.

Quiero que protestemos ante los bancos cuando los rescatan, tengan la sede social donde la tengan. Quiero que las teles públicas y privadas dejen la propaganda relegada a las pausas para la publicidad. Quiero que vuelva a haber más programas de televisión normales que especiales. Quiero más autocrítica. Quiero menos prietas las filas. Quiero pasos atrás. Quiero que nos dejen en paz. Quiero que los muy cafeteros entiendan que no a todo el mundo le gusta el café (ni el que es para todos). Quiero que se vuelva a hablar de refugiados. Quiero no pensar que vivo en el mejor país del mundo ni que somos los mejores ni que a por ellos oé.

Quiero que mi patria no supere las fronteras de mi barrio. Quiero que mi patria sean mis amigos. Quiero que los salvapatrias se salven ellos solos, que es lo que ya acostumbran a hacer a hacer. Quiero no dar vivas a las patrias. Quiero que vivan los novios. Quiero que nacer en un sitio sea una casualidad y no te dé derecho a ser más que nadie. Quiero no cabrearme en los grupos de whatsap. Quiero volver a emborracharme con colegas que piensan diferente. Quiero abrazarme con el rival.

Quiero que pase todo esto. Quiero que Goytisolo me perdone por haberle intentado copiar. Quiero que resucite Federico Luppi y me recuerde que existe el lugar en el mundo que quiero, aunque ahora quede muy lejos.

lunes, 23 de octubre de 2017

La expresión gráfica en la ingeniería (8-a)

Como siempre hago, recordaré que esta serie gráfica comenzó aquí, y que su última entrega publicada fue esta.

Y al iniciar este nuevo capítulo proporciono el enlace para su descarga en PDF.

Prosigo con las curvas alabeadas, aquellas que no se pueden inscribir en un plano. En la sesión anterior, a partir de la poligonal regular, analizamos el caso de la hélice cilíndrica, una curva en que la flexión dentro de un plano es constante y la torsión que la saca del mismo también lo es. Es el caso de los muelles y tornillos.

Pero lo más general es que tanto la flexión como la torsión cambien, y si lo hacen de forma continua producirán curvas suaves en el espacio.

En un comentario reciente se me ocurrió comparar la trayectoria de los seres que evolucionan con la de una trayectoria en el espacio, que puede permanecer en un mismo plano, reproduciendo situaciones anteriores con mejor o peor fortuna, o salir de él. En el plano se produce (o no) la reproducción de situaciones anteriores, el paso por los mismos puntos. Si salimos del plano, las trayectorias difícilmente volverán a pasar por el mismo lugar.

Este era el párrafo a que me refiero:
Se habla de sistemas complejos adaptativos, pero se olvida a veces ese carácter evolutivo ("adaptativo") que impide la vuelta mecánica a situaciones anteriores. Los ciclos reproductivos nunca vuelven al punto de partida, y no solo por la imposible economía circular, incapaz de volver al punto inicial, una economía cuyos límites mostraba Alicia Valero en el reciente curso El siglo de la Gran Prueba, construyendo en realidad no un círculo sino una espiral decreciente. Pero tampoco están obligados a permanecer en el plano de un mismo modo de producción y organización social. Puede y suele producirse, en estos sistemas adaptativos, un movimiento helicoidal de avance hacia formas nuevas de organización más eficientes. Con un símil mecánico, en un tornillo cada vuelta implica un avance. Me viene la imagen de otra entrada (esta geométrica) de este blog, Si la curvatura de flexión (ciclo reproductivo) tiende al punto de partida, la de torsión (transformación evolutiva) nos saca del plano y convierte el movimiento en un avance.
Avance ciertamente impredecible, que no garantiza cómo será la evolución posterior del sistema, pero que niega la repetición mecánica del pasado.



Veremos en este capítulo algunas líneas diferentes de la hélice cilídrica de paso constante, en las que la curvatura de flexión, la de torsión, o ambas, no permanecen constantes.


En esta hélice el paso aumenta vertiginosamente. La curvatura de flexión disminuye con gran rapidez. En seguida la línea tiende a ser indistinguible de una recta, y el punto móvil se aleja infinitamente:


Aquí la trayectoria acaba en el polo. Contrariamente a lo que afirmé, esta línea no es una loxodromia, porque aunque la longitud y la latitud crezcan uniformemente, la primera se mide con radios cada vez menores:


Otra trayectoria semejante:


Esta otra hélice frena la torsión, y tiende a un ciclo constante. La evolución desaparece, no así la constancia reproductiva de la situación:


Hélice sobre un cono, con final rápido de la trayectoria:


Y otra en que jamás se alcanzará el vértice:


Cuando la trayectoria es mucho menos predecible, la línea deja de parecerse en modo alguno a una hélice. El determinismo desaparece, porque lo vivo no es mecánico.