martes, 16 de abril de 2019

¡Luz, más luz!

En los años cincuenta y sesenta salíamos en las noches de verano a ver el cielo desde los descampados entonces cercanos al madrileño barrio del Pacífico. Veíamos pasar el satélite Echo, y aún lucía espléndida la Via Láctea. A pesar de ello, el observatorio astronómico del Retiro ya era solamente una valiosa joya arquitectónica.

En los ochenta me gustaba contemplar el cielo nocturno desde las playas de la ría de Pontevedra. Entonces era ya difícil ver la Vía Láctea, pero pude aún aprender a distinguir las constelaciones con ayuda de algunos libros de astronomía, y a apreciar el desplazamiento progresivo del Zodiaco. El inexorable corrimiento, noche a noche, de Scorpio y Sagitario me recordaba que el verano se iba acabando...

Recuerdo una frase leída en uno de aquellos libros: ¡devolvednos el cielo que nos habéis robado! La contaminación de los cielos avanzaba pareja con el afán de cada alcalde por demostrar lo bien iluminada que estaba su ciudad.

Ahora, desde Sanxenxo, solo alcanzo a ver Venus, Júpiter y Marte, y unas pocas estrellas de primera magnitud, tan desligadas de sus invisibles constelaciones que resulta difícil conjeturar cuáles son.

¡Menos mal que todavía se ve la Luna!

Hace mucho tiempo empezaron los problemas de visualización en Madrid, pero ahora la contaminación lumínica llega a Calar Alto, a más de 2000 metros de altura en la Sierra de los Filabres.

(Mientras tanto, noche tras noche, las gaviotas surcan los cielos, graznando sin cesar).




Bilbao, Valencia y Barcelona tienen los focos más intensos y algunos pueblos cuentan con la mayor potencia por kilómetro cuadrado

Vicente Aupí Royo

Mires hacia donde mires no tiene remedio: la contaminación lumínica en España se ha disparado de tal forma en los últimos 10 o 15 años que Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza, Bilbao y muchas otras ciudades manchan el horizonte con su luz parásita a distancias de centenares de kilómetros. Lo demuestran los últimos estudios científicos, con impactantes imágenes en las que el resplandor de las urbes peninsulares contamina el cielo inexorablemente. Canarias es la excepción gracias a la legislación protectora que mantiene a salvo el patrimonio natural de sus noches estrelladas.

La contaminación lumínica en las ciudades

Madrid y las poblaciones de su entorno, por el tamaño de la aglomeración urbana, conforman el gran monstruo de luz que se ve desde cualquier punto de la Península, pero Bilbao es la que tiene el alumbrado más contaminante, según el estudio de un equipo liderado por el astrofísico español Alejandro Sánchez de Miguel, actualmente investigador de la Universidad de Exeter (Reino Unido), con la participación de Rebeca Benayas Polo, de la empresa GEASig, para SaveStars Consulting SL.

La situación es tan alarmante que ya no se trata únicamente del deterioro de la calidad del cielo para los observatorios astronómicos, sino de uno de los problemas de mayor impacto ambiental en España, ya que el exceso de luz afecta directamente a la salud humana y a la flora y fauna, fundamentalmente a insectos polinizadores y aves, que han visto alterada su existencia por la distorsión que causa el derroche de luz nocturna. “No somos los únicos astrónomos del reino animal, por lo que el impacto va más allá y es actualmente un enorme problema ambiental", subraya Sánchez. El estudio, titulado Ranking de la contaminación lumínica en España, acaba de ser publicado en el repositorio científico europeo Zenodo.

El trabajo de investigación analiza la situación en 2.000 municipios españoles, de los que se evalúan numerosos aspectos relacionados con la contaminación lumínica: potencia total emitida hacia el cielo, número de luminarias, densidad de farolas por kilómetro cuadrado, potencia emitida por persona y por superficie, así como otros parámetros con los que se han elaborado varios rankings. En el de potencia total emitida no hay duda: Madrid es la que más luz lanza al espacio y encabeza la lista merced a su tamaño. Sin embargo, el resto del grupo de cabeza no se ajusta exactamente a su población y envergadura, ya que le siguen, por este orden y hasta el décimo puesto, Zaragoza, Sevilla, Barcelona, Valencia, Murcia, Málaga, Cartagena, Vitoria y Córdoba.

Contaminación lumínica en una imagen tomada desde Calar Alto.


Contaminación lumínica en una imagen tomada desde Calar Alto.






















Asimismo, la investigación ha permitido obtener un listado total que puede considerarse como patrón de referencia, ya que se formula a partir de todos los parámetros (no solo tamaño y población), conformando un perfil tipo de los municipios con alumbrado más contaminante. En este caso, curiosamente, Madrid mejora y el peor resultado (la medalla de oro entre los focos más intensos de contaminación lumínica) es para Bilbao, seguida por Hospitalet de Llobregat (Barcelona), Barakaldo (Bizkaia), Valencia, Cádiz, Melilla, San Fernando (Cádiz), Puertollano (Ciudad Real), Parla (Madrid) y Badalona (Barcelona). Por tanto, el problema no atañe solo a capitales de provincia, sino que otros municipios de menor población también tienen alumbrados muy contaminantes.

En cualquier caso, Bilbao, Valencia y Barcelona son las estrellas del estudio, ya que puntúan mal en casi todos los parámetros analizados. En estas tres ciudades se juntan los problemas propios de su gran tamaño con los malos resultados relativos al tipo y número de farolas y a la potencia emitida al cielo por kilómetro cuadrado. En este último caso, los primeros puestos corresponden a municipios comparativamente pequeños: Perafort (Tarragona), Palos de la Frontera (Huelva), Teo (A Coruña), Gozón (Asturias) y Ascó (Tarragona), pero en cuanto se avanza un poco en el listado vuelven a aparecer Valencia, Bilbao y Barcelona.

La temperatura de color contaminante

El estudio de Alejandro Sánchez se ha elaborado con datos del año 2012, ya que los actuales no sirven. El radiómetro VIIRS (acrónimo de Visible Infrared Imaging Radiometer Suite), un instrumento de detección instalado en satélites internacionales, con el que se obtienen muchas de las mediciones actuales sobre contaminación lumínica, es ciego a la luz azul, lo cual presupone que no puede captar una gran parte de las emisiones contaminantes de las luminarias de tipo led que han proliferado extraordinariamente en España en los últimos cinco años. Por ello, para obtener un análisis realista se ha optado por evaluar los datos de 2012, antes de la implantación del led, siempre desde la evidencia de que la situación actual es mucho peor, a pesar de que los datos del VIIRS, al no ser sensible a la luz azul, parezcan sugerir erróneamente una visión más optimista.


El problema del led reside en la creencia generalizada de su mayor eficiencia energética, que se contradice con el extraordinario gasto que supone para las arcas públicas de los municipios que apuestan por él. Y su impacto ambiental es notable, ya que la gran mayoría de bombillas instaladas tienen una temperatura de color muy contaminante, entre el blanco y el azul, que suele superar los 4.000 grados Kelvin.

El Joint Research Centre de la UE recomienda que, si se utilizan luces led, las bombillas sean de temperaturas de color inferiores a los 3.000 grados Kelvin, aunque la comunidad científica recomienda reducirlas a 2.200, es decir, ámbar en vez de blancas, ya que son mucho menos contaminantes. Pese a ello, pocos municipios las instalan y la mayoría opta por led blanco sin tener en cuenta algunas buenas experiencias, como las realizadas en Canarias con bombillas ámbar de baja temperatura, muy eficientes y no contaminantes.

El cambio a led por el que han apostado cientos de municipios españoles implica inversiones de unos 600 euros por farola. Alejandro Sánchez opina que en lugar de eso sería mucho más aconsejable rehabilitar las luminarias con bombillas de sodio, ya que solo implica un gasto de 12 euros por cada una, son igual de eficientes y no contaminan si se regula correctamente el haz de luz hacia abajo. Evidentemente, esta opción es mucho menos rentable para las empresas proveedoras. Sea como sea, se estima que el gasto anual en alumbrado público en España es desorbitante: en torno a 1.600-1.800 millones de euros anuales en los últimos ejercicios. Hasta hace poco se conocían los datos globales de consumo eléctrico, pero estas cifras específicas sobre el alumbrado constituyen una importante novedad para precisar el derroche en esta materia, sobre todo si se compara dicho desembolso con las cuantías que se destinan a otros capítulos necesarios de la inversión pública.

Horizontes demasiado brillantes


Fotografía tomada con una cámara con un objetivo especial del tipo ojo de pez, que obtiene encuadres de horizonte a horizonte.
Fotografía tomada con una cámara con un objetivo especial del tipo ojo de pez, que obtiene encuadres de horizonte a horizonte. Joan Manuel Bullón






















Alejandro Sánchez, autor de una de las primeras tesis doctorales sobre contaminación lumínica, también es el impulsor del proyecto Cities at night, una iniciativa internacional para concienciar sobre el impacto de la contaminación lumínica mediante el uso y procesado de las fotografías nocturnas de la Estación Espacial Internacional (ISS). Precisamente, las fotos de la Tierra que realizan los astronautas de la ISS podrían servir para lograr la verdadera medida de ese impacto, ya que, a diferencia de las imágenes del VIIRS (acrónimo de Visible Infrared Imaging Radiometer Suite), sí son sensibles a las emisiones de las farolas de led, por lo que constituyen una referencia más fiable y útil.

Desde tierra, no obstante, la fotografía también está contribuyendo a ese objetivo. Joan Manuel Bullón, uno de los astrónomos españoles no profesionales más involucrados en la defensa del cielo nocturno, trabaja actualmente en la elaboración de un atlas sobre contaminación lumínica en España y en un proyecto denominado Horizontes perdidos versus cielos oscuros.

Algunas de sus fotografías recientes son impactantes, como las tomadas este invierno, que ilustran esta información y corroboran los peores augurios. Para medir la calidad de los cielos estrellados, Bullón hace fotos desde diferentes puntos de España mediante una cámara con un objetivo especial del tipo ojo de pez, que obtiene encuadres de horizonte a horizonte.

Estas fotografías constituyen un extraordinario documento, ya que ha conseguido situar con ellas en el mapa los enormes arcos de contaminación lumínica de numerosas ciudades españolas. Aunque parezca asombroso, el contaminante alumbrado de las grandes capitales asoma en los bordes del círculo de la imagen como una inquietante aureola, incluso a distancias de 500 kilómetros.


martes, 9 de abril de 2019

Feminismo de clase

Isabel Valdés entrevista a Nancy Fraser. 

La explotación tiene muchas caras, pero en esta sociedad solo parece contar cuando la existencia de un salario (y la correspondiente plusvalía) la saca a la luz. Pero por debajo del trabajo asalariado ("productivo", al menos a veces) está el que reproduce la estructura social. Trabajo que no se limita a la gestación y crianza de la futura fuerza de trabajo, sino que en realidad mantiene y cohesiona, a través de los cuidados no remunerados, a toda la sociedad.

Entonces, la mujer puede considerarse de pleno derecho como una clase social explotada. Salvo que...

Salvo que una parte de las mujeres no pertenece a esa clase, y se permite derivar su trabajo de cuidados a otras personas, en su inmensa mayoría mujeres. Y estas mujeres, entonces, realizan además su correspondiente trabajo de cuidados no asalariados, en una doble explotación.

Nancy Fraser lo deja muy claro:

“Para mí, el feminismo no es simplemente un asunto de poner un puñado de mujeres individuales en puestos de poder y privilegio dentro de la actual jerarquía social. Es ir más allá y superar estas jerarquías. Esto requiere desafiar las fuentes estructurales de la dominación de género en la sociedad capitalista, sobre todo, la institucionalización de supuestamente dos tipos de trabajo: por un lado, aquella llamada trabajo productivo, históricamente asociado con hombres y remunerado a través de salarios; por el otro lado, las actividades de cuidar, habitualmente no remuneradas y aún ejecutadas principalmente por mujeres. Desde mi punto de vista esta división jerarquizada y generizada de la producción y la reproducción es una estructura que define la sociedad capitalista y una fuente profunda de asimetrías de género imbricada en ella. No puede haber emancipación de la mujer mientras estas estructuras se mantengan intactas"

El feminismo de clase tiene que deslindarse de ese feminismo formal que no tiene en cuenta la explotación, tantas veces doble, de muchas mujeres. El feminismo de las que trasladan a otras su cuota de explotación. No basta con que haya mujeres gobernantes ni en la presidencia de los grandes bancos. Mujeres que no sostienen las bases de la sociedad sino que apuntalan las estructuras que mantienen sometidas a sus compañeras.


Nancy Fraser en Madrid, el pasado viernes 22 de marzo.


“El feminismo es la respuesta a esta crisis del capitalismo”

La filósofa y teórica feminista Nancy Fraser habla sobre un cambio en el sistema político y económico a través de un movimiento feminista para el 99% de la población


Cuando Nancy Fraser (Baltimore, 1947) recuerda el pasado 8 de marzo, visualiza calles y plazas repletas en ciudades de todo el mundo, pero también una oportunidad para establecer una coordinación entre organizaciones de mujeres de diferentes países. Eso, apunta la filósofa y teórica feminista, es algo relativamente nuevo, “el comienzo de una base para internacionalizar el feminismo, desde abajo”. Alega que el movimiento está experimentando un renacimiento y es una alternativa a este “capitalismo en crisis”. Pero no de cualquier forma. El pasado 5 de marzo, la editorial Herder publicó Feminismo para el 99%, que Fraser firma junto a Cinzia Arruzza y Tithi Bhattacharya y en el que repasan dos visiones del feminismo. Una liberal que ve “el feminismo como una criada del capitalismo”, encarnada por mujeres como Sheryl Sandberg [la número dos de Facebook] o Hillary Clinton. La otra apunta “a un mundo justo, cuya riqueza y cuyos recursos naturales sean compartidos por todos, en el que la igualdad y la libertad sean condiciones de vida reales, no solo aspiraciones”.
La profesora de Filosofía en The New School de Nueva York —que estuvo el pasado fin de semana en Madrid en una visita organizada por el Museo Reina Sofía y Medialab-Prado en coordinación con el Grupo de Estudios Críticos— habla sobre el momento "realmente extraordinario" para el feminismo y la política, sobre la necesaria ruptura con la corriente anterior, el neofeminismo liberal, y sobre los ingredientes de la reconversión del movimiento: anticapitalista, antirracista, ecologista, conectado con los derechos de la clase trabajadora y los emigrantes. Y que ha de poner fin a la jugada clave del capitalismo, una valoración perversa de la reproducción social: separar la producción de seres humanos de la producción de beneficios, asignando la primera tarea a las mujeres y subordinándolas a la segunda.
···

Los dos últimos 8 de marzo han reflejado el crecimiento del feminismo, algo que no siempre se traduce en cambios en el sistema. ¿Cuál debería ser el siguiente paso del movimiento?
Este feminismo está intentando dibujar un nuevo camino, reconociendo que los modelos políticos establecidos no nos ayudarán, que han alcanzado ya un límite, que han llevado a un terrible deterioro de nuestras condiciones de vida. Se trata de superar el feminismo corporativo de élite hacia uno que habla por la mayoría abrumadora de mujeres, recogiendo las preocupaciones de los pobres, la clase trabajadora, las mujeres racializadas, queer, trans, lesbianas, trabajadoras sexuales, amas de casa, mujeres con trabajos precarios... Estamos hablando de grupos sociales mucho más amplios, con muchas más inquietudes que exceden a aquellas del feminismo liberal, por lo que se podría llamar a esto una forma de feminismo de las clases trabajadoras, siempre que se defina esta idea de una manera mucho más amplia.
¿Hará eso que nos enfrentemos por otro lado a un crecimiento de ese feminismo de élite?
Hemos pensado en la clase de una manera demasiado estrecha en el pasado, porque la hemos identificado con el trabajador varón blanco, que pertenece a una nacionalidad mayoritaria, con los trabajadores de las grandes fábricas industriales. Esa ha sido nuestra imagen de la clase trabajadora durante el siglo XX. Pero hay que entender la importancia vital de la reproducción social para el sistema capitalista. El capital se basa en la reproducción social del trabajo no asalariado, algo que realizan las mujeres: la crianza, la creación de lazos y vínculos sociales y afectivos, los cuidados, la educación de niños y niñas que sustentan la fuerza del trabajo. Así que las relaciones de clase no se forman solo en la fábrica, se forman en y a través de los espacios de este trabajo reproductivo social. Eso significa que las mujeres son parte integrante de lo que llamamos la clase trabajadora, que no reciban un salario por ello no significa que no estén trabajando. Están trabajando en lo absolutamente esencial, sin lo que no se puede pensar en la idea estándar del trabajador asalariado o el capitalismo. Hablando de la reproducción social desde el feminismo para el 99% estamos desarrollando una imagen más amplia de lo que significa ser parte de la clase trabajadora.
¿Cómo puede el feminismo lograr su objetivo en un mundo en el que las desigualdades no desaparecen?
Esas fuerzas del capitalismo financiarizado que destruyen las vidas de las mujeres, que promueven la violencia, el cambio climático o empobrecen con la austeridad no son realmente manejables a nivel nacional. Tienen que ser abordadas en última instancia a nivel transnacional e incluso global. Es obviamente el caso del cambio climático o la especulación financiera y el aumento de la deuda, que están engullendo la capacidad de los gobiernos para resolver los problemas de su propia ciudadanía.
¿Tiene el movimiento la oportunidad o la responsabilidad de luchar por la erradicación de todas las desigualdades?
Las luchas nos son impuestas por la situación en la que vivimos. No se eligen. Creo que el feminismo del 99% debe enfrentarse a las desigualdades actuales producidas por el neoliberalismo y la actual forma de capitalismo financiarizado mediante un proceso de aprendizaje a través de la experiencia de las nuevas luchas feministas para que lo que parece estar separado en la superficie se perciba como realmente conectado a través del sistema social capitalista y patriarcal en el que vivimos y, por consiguiente, se convierte en objeto de disputa política.
¿Cómo puede encajar el feminismo en este capitalismo?
El contexto en el que emerge es en el de una crisis de este capitalismo neoliberal, agresiva, que está agotando nuestras energías y nuestro tiempo para hacer el trabajo social reproductivo necesario, que está consumiendo y destruyendo sus propias condiciones de fondo, la naturaleza, la capacidad de nuestros gobiernos para defendernos, para resolver nuestros problemas; están quemados por la deuda, que utilizan como una excusa para decir que no se pueden implantar determinadas políticas sociales urgentes, para liberalizar la economía y detener el gasto social. La gente siente que los partidos y la narrativa política dominante les ha fallado y nos han traído esta situación. Este feminismo del 99% es la respuesta a esa crisis, su objetivo es identificar claramente quién es el enemigo —y es esta forma de capitalismo—, y es el movimiento más ambicioso, comprometido a reimaginar una nueva sociedad que se construirá sobre bases totalmente nuevas.
Que incluyan discursos y necesidades plurales...
Este feminismo tiene una agenda muy amplia, cubre todos estos temas de la reproducción social, la violencia contra las mujeres, la situación de las trabajadoras sexuales o el acoso, que se ha convertido en un tema candente en parte gracias al estallido del movimiento MeToo. Creo que la gente olvida que el MeToo es, en efecto, un movimiento de clase, una lucha por un lugar de trabajo libre de acoso, de agresión sexual, libre de coacción por parte de superiores a sus subordinados. Aunque los medios de comunicación ponen la atención sobre las actrices glamurosas de Hollywood, el problema que el movimiento aborda está muy extendido y es muy agudo entre las trabajadoras agrícolas, las de los hoteles o las empleadas domésticas en casas privadas donde nadie está mirando y los jefes pueden hacer lo que quieran e imponen relaciones abusivas de poder sobre sus trabajadoras. Todo esto está relacionado con problemas de clase, poder y capitalismo. Podríamos hablar del alquiler de vientres y también estaríamos hablando de mercantilización y trabajo sexual. Ambas historias se refieren a la ausencia de buenas opciones para las mujeres pobres de las clases trabajadoras que tienen que alimentar a sus familias y tienen pocas opciones y pocos recursos para hacerlo por otros medios. 
¿El movimiento es lo suficientemente fuerte como para luchar contra las adversidades externas y al mismo tiempo lidiar con las internas?
No tenemos más opción que atender a ambas. Aquí estamos, el momento de crisis que ha hecho posible nuestro propio crecimiento y nuestra propia radicalización, es el mismo que ha hecho posible el crecimiento y la radicalización de la derecha. Estamos ofreciendo nuestro movimiento como alternativa. Tenemos un vacío de liderazgo político, ya que los principales partidos están colapsando, la gente está buscando un cambio, hay muchos actores que saltan a este vacío y ofrecen diferentes propuestas. Estamos y debemos estar ahí, ofreciendo las nuestras. Por supuesto tendremos que luchar contra quienes tienen otras, pero somos fuertes y estamos creciendo. No veo por qué no deberíamos tener una buena oportunidad de prevalecer.
¿Cómo percibe la evolución política de esa derecha (y ultraderecha) y la composición social de la situación electoral del momento en España?
No debería hablar sobre Vox porque no lo conozco mucho. Pero podría decir mucho acerca de [Donald] Trump y lo que hizo posible su victoria: el neoliberalismo progresista. Es la alianza del capitalismo simbólico —Wall Street, Silicon Valley y Hollywood—, con parte de los nuevos movimientos sociales y fuerzas progresistas, que ahora quieren afianzar de nuevo el proyecto neoliberal agitando el miedo ante un fascismo inminente y amenazador, que en sentido estricto no es todavía real. El capital financiero de esta unión precarizó el trabajo, destruyó los sindicatos y redujo los salarios, destruyendo los estándares de vida de la clase trabajadora. La gente dijo que no quería más ese modelo. En 2016, en Estados Unidos solo hubo dos opciones: eligieron a Trump. No fue una buena opción. Pero Hillary Clinton tampoco lo era, representaba la continuidad con las fuerzas neoliberales progresistas, las mismas que habían desencadenado el actual escenario de profunda crisis social.
La estrategia, ahora, es tratar de recuperar a estratos importantes de las clases trabajadoras que ahora se sienten atraídas por Trump en Estados Unidos o por Vox aquí en España, o cualquier otro partido de derecha o extrema derecha. No creo que debamos descartarlos y decir que se han perdido para siempre, tienen que ser parte de una masa antisistema, un movimiento anticapitalista que incluya al feminismo para el 99%, a los movimientos obreros, ecologistas, antirracistas, en defensa de los emigrantes, la reproducción social y las clases trabajadoras. Si no tenemos una alternativa por supuesto que parte de estos grupos sociales van a virar políticamente hacia la derecha, pero ¿por qué deberíamos ceder a la derecha el monopolio sobre las grandes ideas para el cambio?
¿Un movimiento feminista podría producir una ruptura en este panorama político?

No creo que el feminismo pueda hacerlo por sí mismo, pero creo que, por razones coyunturales, es la fuerza más visible, creciente y radical que vemos. Pero tiene que aliarse con las corrientes antisistema de otros movimientos sociales y con los partidos de izquierda que están en escena y abiertos a ampliar su idea de la lucha de la clase trabajadora, a rechazar el dogmatismo sectario y a poner a las mujeres en el centro.

sábado, 6 de abril de 2019

Deudocracia

Este articulo de hace siete años sigue siendo por desgracia muy actual. Su autor es el economista Joan Martínez Alier, catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona que trabaja en el Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de esa universidad.

La deuda aplaza el pago a un futuro en que se espera poder pagarla. Lo habitual es adquirirla por insolvencia temporal, aunque también puede contraerse para especular con ella; por ejemplo, pidiendo un préstamo a interés muy bajo para prestar luego a un interés mayor. En todo caso, supone un interés, y el interés supone crecimiento del capital que requiere acumulación de excedentes.

Si llegado el momento de devolver no se han cumplido las expectativas, la deuda no se puede pagar. Por eso suele establecerse una garantía material o el aval de una persona o entidad considerada solvente para que responda por ella. En todos los casos se pone la esperanza en el futuro.

Si para pagar una deuda en plazo hay que endeudarse más, crecerá exponencialmente. Esta espiral de la deuda solo puede sostenerse si la acompaña el crecimiento de la riqueza. En otro caso, la bancarrota es inevitable.

Los economistas keynesianos tienen razón cuando dicen que para poder pagar hay que crecer. Porque si no se crece no se puede pagar.

Los financieros defienden que para poder crecer hay que pagar primero las deudas, y así ellos podrán ofrecer créditos (crear nuevas deudas) para poder crecer para pagar.

Cuando la economía se estanca, esto es, cuando la producción no crece al ritmo de la deuda, esta es impagable. Por eso la Historia antigua y reciente está llena de bancarrotas, incumplimientos, moratorias, reestructuraciones, condonaciones...

Y de confiscaciones, esclavitud por deudas, pobreza.

Llegados a los límites del crecimiento, la deuda es impagable. Y hasta la fecha el prometido crecimiento inmaterial de la economía no se separa del muy real crecimiento material. A costa, como se ha dicho, de las dos fuentes de toda riqueza, ambas con límites muy claros: la naturaleza y el trabajo humano. "Estruja, que algo queda".

Por eso, y no solo ahora, lo más corriente es la acumulación por desposesión. Hasta donde sea posible.






Tanto el estado español como varias de sus regiones autónomas lanzan emisiones de deuda pública prometiendo intereses de no menos de cinco por ciento anual. Debería estar prohibido porque no hay garantía alguna que se puedan pagar esos intereses y devolver esos créditos.

Eso solo sería posible si hay bastante inflación (si el dinero vale menos) o si la economía crece. O si se aprieta más el cinturón a la gente, hasta que haya una revuelta.

En los debates sobre la crisis actual y las deudas financieras, hay tres posiciones distintas.

La primera posición es la de economistas keynesianos como Krugman y Stiglitz. Para poder pagar las enormes deudas creadas (en Estados Unidos, en Europa, en Japón), tanto públicas como privadas, hay que crecer.

La economía debe crecer, los bancos centrales deben impulsar el gasto, ha de haber crecimiento en términos nominales (es decir, un poco de inflación) y también en términos reales.

Debe crecer lo que llaman la economía productiva de fabricación de automóviles, de producción de cemento para infraestructuras, de producción de servicios de enseñanza y sanidad… Hemos de regresar al crecimiento, para así poder pagar las deudas.

La política de austeridad es suicida económica y socialmente. No les falta razón, excepto que ellos se olvidan de la economía real-real.

Más crecimiento implicará inmediatamente más demanda de petróleo y de gas, más producción de dióxido de carbono, en el caso que las economías ricas salgan de la crisis actual.

La segunda posición es la de los financieros acreedores, los bancos, los tenedores de bonos, la “Deudocracia”, quienes quieren a toda costa que se paguen todas las deudas pendientes.

El poder de la banca es grande en España y en el mundo. Del gobierno se pasa a dirigir el FMI y del FMI a la banca privada. O al revés. No hay misericordia con los desahuciados por deudas hipotecarias y no debe haberla con los estados manirrotos.

Una razón que se esgrime es que si no se pagan las deudas, la próxima vez nadie dará crédito a nadie al haber sido escarmentados los acreedores. Pero vemos en la historia que muchas empresas no pueden pagar, suspenden pagos, después vuelven a la carga. Lo mismo ha ocurrido con los estados.

El caso de Argentina en el 2000 está en el recuerdo de todos. Se endeudan, declaran moratorias o defaults parciales, la economía se recupera después (en el caso argentino, a costa de aumentar enormemente los pasivos ambientales de la minería, de la agricultura de soja y de la industria petrolera, sea dicho de paso).

La insistencia de la “Deudocracia” en que se paguen las deudas refleja los intereses del capitalismo financiero. Pero tal vez hay algo más detrás de eso.

Escuchando el intenso ruido de helicópteros de la policía en el cielo de Barcelona vigilando e intimidando a los manifestantes en los días en que el directorio del Banco Central Europeo se reunió en la ciudad, pensé en la doctrina del shock de Naomi Klein.

Ustedes han de pagar sin rechistar, les bajamos salarios, les negamos pagos a los desempleados, les obligamos a pagar medicinas, les bajamos pensiones y subimos impuestos, no solo para poder pagar deudas (que son impagables) sino para que aprendan.

No se les ocurra protestar. Den gracias por estar vivos. No reclamen derechos. La crisis de la deuda sirve para introducir miedo y rebajas sociales, para poder despedir a los trabajadores empleados con más facilidad, para culpabilizar a los ciudadanos de la crisis de un sistema. Bien decían los indignados del 15-M, “nosotros no somos anti-sistema, el sistema es anti-nosotros”.

La primera posición (de economistas keynesianos) es la de Crecer para pagar la Deuda. La segunda posición es primero Pagar la Deuda para después poder Crecer a base de endeudarse más, volver al 2007.

El triunfo de Hollande en Francia, reforzará un poco en Europa la primera posición. Pero para el Reino de España es ya demasiado tarde, la Deuda acumulada es tan grande (la privada y la pública), los intereses que hay que pagar para colocar emisiones son tan cuantiosos, que con razón las agencias de riesgo van bajando la clasificación de la deuda española, adivinando que no se podrá pagar en su integridad.

Hay una tercera posición, que apenas se oye ni se lee en los medios, una posición que el movimiento de los indignados pudiera haber expresado claramente hace ya un año. No se puede ni se debe pagar la deuda enteramente. Hace falta una moratoria, un default parcial, una reestructuración, una condonación. Hagamos un concurso para encontrar el eufemismo más agradable.

En primer lugar, una moratoria de la deuda privada de los que están a punto de ser desahuciados. Pero mucho más allá, una moratoria o default parcial de las deudas del estado español y de las regiones autónomas en apuros, como Cataluña y algunas otras.

Contra el poder de la Deudocracia y contra las ilusiones de los keynesianos. Aunque un default español lleve a la vergüenza del recuerdo de Felipe II.

Lo que le ocurrió a Alemania tras la segunda guerra mundial, cuando el banquero Herman Abs negoció en Londres pausados pagos parciales de la deuda externa alemana (tras una enorme tragedia auto-infligida), lo que le ha ocurrido el año pasado a Grecia que tuvo que dejar de pagar (con ribetes de farsa por el origen de las deudas pero también de tragedia social por las inmisercordes exigencias sociales de la Deudocracia), debe ocurrir ya ahora en España. Mejor pronto que tarde. Mejor en junio que en julio o agosto.