lunes, 19 de abril de 2021

El tiempo se echa encima

La semana pasada Antonio Turiel compareció en la Comisión de Transición Ecológica del Senado para defender la necesidad de una transformación drástica de nuestro modelo productivo, proponiendo unas alternativas que "no iban a gustar".

Antes había concedido esta entrevista a El Salto, cuya esencia podría resumirse en esta frase:

“Necesitamos un cambio cultural que requiere décadas; el problema es que no tenemos décadas”












Antonio Turiel comparece este lunes día 12 en el Senado, ante la Comisión de Transición Ecológica, para debatir sobre la inevitable y drástica transformación energética que casi cualquier país ha de acometer. Este doctor en Física Teórica, autor del reciente y contundente Petrocalipsis (2020, Alfabeto) y del blog TheOilCrash, es experto en oceanografía y uno de los referentes divulgativos sobre energía y clima. Hemos hablado con él unos días antes para esta entrevista.

Según cuentas en tu libro –y ha reconocido la propia agencia internacional de la energía-, el pico del petróleo de mayor calidad ocurrió en 2005. Y si le añadimos otros sucedáneos parecidos al petróleo, ocurrió con toda probabilidad en 2018, el del carbón también pasó y al del gas le quedan quizá unos pocos años. Estamos hablando del 85% de la energía que consume el mundo. ¿Cómo esto no es un tema de debate diario?

Es un tema bien conocido por las instancias públicas, es bien conocido en la Comisión Europea, es bien conocido en Francia, Reino Unido o Estados Unidos, donde tienen comisiones creadas específicamente para hablar del pico del petróleo. Con ese nombre. Ahora es tan evidente con la desinversión que han hecho las compañías petroleras, que negar el pico del petróleo es una batalla perdida.

Los resultados del proyecto MEDEAS, que llevaba mi compañero Jordi Solé y en el que participé, se presentaron en Bruselas, y allí se habla del pico del petróleo. Hace décadas, de hecho. Hay casos de ir a dar una conferencia hace quince años, y decirle al ponente, “esto no hace falta que nos lo cuentes, pasemos a las alternativas”, lo cual es mucho más complejo, porque las “alternativas” posibles no les suelen gustar.

Sobre por qué no se habla más de esto, bueno, evidentemente, desde el punto de vista político, reconocer la inevitabilidad del peak oil o pico del petróleo implica abrir un debate que no se quiere abrir: que es el del fin del capitalismo. Es inevitable. Además, es la razón por la que no se está actuando como debería respecto al cambio climático, pese a que también se sabe hace décadas, reaccionar era también atentar contra las bases del capitalismo. Además, hay un desconocimiento de la realidad científica, y se sigue esperando que aparezca una tecnología disruptiva, un milagro.

¿Y cuáles son las alternativas posibles, pero que no suelen gustar?

Hay que buscar alternativas sociales más que tecnológicas, y todas ellas pasan por el decrecimiento, la redistribución. Asumir los límites. Aunque algunos sigan diciendo que con el decrecimiento no se ganan votos. Quizá, desgraciadamente, necesitemos algún susto más para espabilar y abrir de verdad el debate.

Afortunadamente, la comunidad científica está llegando a este convencimiento, se está extendiendo. Lo noté por ejemplo en la COP25. Hay políticos que también son conscientes y tenemos que ayudarles a abrir ese melón, porque el coste político de abrir ese melón es muy alto.

Estamos en una situación de urgencia según las propias previsiones de la AIE, que sitúan hasta en un 50%, el descenso de la producción de petróleo según las inversiones que se realicen en los próximos cinco años, ¿es esto –entre otras cosas- una llamada de auxilio que podría justificar posibles nacionalizaciones a posteriori? ¿Quizá rescates encubiertos?

Yo de hecho veo inevitable la intervención estatal para hacer frente a este pico del petróleo tan drástico e inmediato. Entre líneas es una llamada de atención muy fuerte. Y va a ser difícil de explicar, por ejemplo si Biden se ve obligado a nacionalizar una parte del sector de hidrocarburos, ¡imagínate!, esto no va a ser bien entendido por algunos de sus partidarios, pero va a ser probablemente imprescindible para evitar la caída pronosticada y al menos amortiguar el golpe. En el mejor escenario, caídas del 20%, en el peor del 40%-50%. No sé cómo se lo harán. Lo veo complicado.

Ahora se está hablando por fin de renovables, también de biocombustibles e hidrógeno, pero son apuestas que esconden una cara más amarga que la que se suele contar.

Claro, una por sus limitaciones y sus impactos ambientales, la segunda por sus contrapartidas y baja rentabilidad, y la tercera por muchas otras razones técnicas, sobre todo las pérdidas energéticas en el proceso de conversión de entre el 50% y el 80%. Aunque dependiendo de cada contexto, habrá que usarlas todas.

Una de esas caras es que la electricidad supone sólo el 20% de la energía consumida, la que más fácilmente puede ser asumida por las “renovables”, pero ¿y el restante 80%?

Es muy difícil electrificar una gran parte de ese 80%, así que hay que decidir estratégicamente qué se puede mantener y qué no. Hay que garantizar la producción y distribución de alimentos, el suministro de agua, la sanidad. Mantener las infraestructuras críticas. De cara al futuro sólo podremos contar con las energías renovables. En contextos concretos tendremos que usar baterías, sí. En contextos concretos habrá que utilizar hidrógeno, sí. Pero estos contextos no deben ser en absoluto mayoritarios. Tenemos que entender que vamos a ir a un descenso del consumo total de energía. Una cantidad que no sabemos cuánta va a ser, pero sí sabemos que va a ser bastante más pequeña.

Hay que ir caminando también a un tema que apenas se plantea, el aprovechamiento no eléctrico de la energía renovable. Más eficiente y más simple. Un aprovechamiento local, molinos, sistemas hidráulicos, termosolar para calentar el agua, etc. El modelo actual, oligopólico, es el que no se puede mantener. Ahí volvemos a topar con el problema sistémico de basarse en un crecimiento perpetuo imposible de adaptar a los ciclos de la naturaleza.

Por el fracking ni pregunto, ya es evidente sus costes ecológicos y que ha sido una burbuja. Vamos a la nueva moda: ¿el hidrógeno es una receta neocolonial? ¿Por qué?

Para empezar, como ya he dicho la eficiencia de la conversión de electricidad en hidrógeno es muy baja, ya que entre el 50 y el 80% se pierde en todo el proceso. El hidrógeno es una mala idea para uso masivo. Si se habla tanto de ello es porque es la única alternativa para mantener en marcha los vehículos pesados, sobre todo los camiones. Teniendo en cuenta que al gas no le queda mucho ya para llegar a su pico, la única alternativa que queda es el hidrógeno. Europa no tiene capacidad para producir suficiente hidrógeno para mantener su maquinaria pesada en marcha.

¿En qué está pensando Europa? Está pensando en África. Esquilmar y expoliar el enorme potencial eléctrico africano. Como el proyecto alemán en el Congo, en el río Inga. Lo cual además genera el problema de que el hidrógeno desde que lo produces hasta que lo consumes, no puede pasar mucho tiempo, porque incluso en los mejores depósitos se escapa. Sí, se está yendo hacia un neocolonialismo energético que es además, extremadamente frágil. ¿Qué puede salir mal? Se me ocurren una docena de cosas que pueden salir mal.

¿Qué te parecen los planes de rescate los fondos Next Generation? Parece que son todo menos un rescate a la “next generation”.

Los fondos Next Generation son la apuesta desesperada de Europa para mantener el modelo tecno-industrial actual. Se está intentando mantener la matriz industrial al máximo aunque se hable de digitalización, electrólisis y transición ecológica principalmente.

No podemos olvidar que el diésel es la sangre del sistema económico, y ha empezado a disminuir antes que el petróleo porque no todos los petróleos sirven para hacer diésel. Se está buscando un combustible sustituto con prisa y claramente ese combustible es el hidrógeno. Y evidentemente con lo que se va a producir en Europa no va a bastar. Se está intentando buscar un desarrollo científico-técnico rápido porque es que la tecnología incluso falta. Me parece una locura, pero es a lo que vamos.

Para aprovechar mejor el rendimiento de un combustible en un vehículo es mejor ir más despacio, ¿es una metáfora que vale también para nuestra sociedad hiperacelerada?

Sí, es muy curioso porque muchas veces hablamos del problema energético, pero el problema es más de potencia: una de las consecuencias del segundo principio de la termodinámica es que cuanto más rápido se hacen las cosas, más ineficiente se es, más energía se desperdicia. Sí, esta sociedad, acelerada y acelerándose, genera muchísima ineficiencia en el uso de la energía y acabará frenando por la fuerza, por las malas, chocando contra los límites biofísicos.

Siendo conscientes de que un frenazo demasiado brusco puede ser también contraproducente.

Es cierto que no podemos hacer un cambio radical de golpe, porque se dejaría a muchas personas en la estacada, y generaría un problema social brutal, que de hecho es lo que está pasando ya, por empeñarnos en seguir acelerando cuando es casi imposible.

Hay que intentar hacer un aterrizaje lo más gradual y progresivo. Sobre todo de la organización del sistema socioeconómico. Se suele identificar que tiene que haber crecimiento para poder generar empleo, y si hubiera decrecimiento se dice: eso es imposible. Pues no, eso es imposible dentro de tu paradigma capitalista. Hay que crear empleo sin que se necesite seguir creciendo eternamente en un planeta finito, porque eso sí es físicamente imposible.

Y se necesita un cambio cultural, que requiere tiempo. Los procesos de cambio social –para que sean ordenados- requieren décadas; el problema es que no tenemos décadas. Esto nos aboca inevitablemente a un cambio de sistema desordenado. Por eso es tan urgente abrir este debate. Para evitar caer en estados de desorden de los que luego es mucho más complicado salir, en los que alguien propone soluciones sencillas, populares –y equivocadas- y se le sigue, aunque sea derechos al abismo. Ecofascismos y neofeudalismos.

Las renovables están basando su evolución en las llamadas economías de escala, para abaratar costes y hacerse más competitivas, ¿no es esto imposible de sostener en un mundo que necesariamente camina hacia la desglobalización –y por tanto hacia el fin de las fantasías de la desmaterialización-, lo cual hará precisamente imposible las actuales economías de escala? Creo que tienes un ejemplo concreto que has abordado recientemente en tu blog… referente a la escasez de plásticos y chips. ¿Qué está pasando?

Efectivamente, la economía de escala llevada a sus últimos extremos cuenta con que la energía es abundante y barata, lo cual ya sabemos que no es así. Y además es tremendamente frágil. Y la desmaterialización teórica ha sido más bien una deslocalización en toda regla. El ejemplo de los microchips es particularmente revelador de que toda economía de escala tiene límites, y con energía menguante y relocalización tocara más bien desescalada. Ahora mismo hay sólo dos factorías capaces de hacer chips de menos de 10 nanómetros. Ya no puedes escalar más. Basta que se estrangule un input y la capacidad productiva cae, y si hay un accidente...

Estamos en el Peak Chip –que diría Félix Moreno- también, por los límites físicos de la economía de escala. Y el modelo renovable cuya producción está ya mayoritariamente en China, también es muy frágil, depende del petróleo barato y abundante, y eso se va a acabar.

¿Qué le dirías a aquellos que defienden a partidos que siguen pensando en bloques y naciones cuando los problemas que enfrentamos son planetarios y culturales?

El problema es el concepto de progreso que se entiende hoy. Y esto es compartido por la izquierda y la derecha. Yo quiero que se entienda que ser conservador, no tiene por qué significar ser reaccionario. Yo quiero conservar a mis hijos, a mi mujer, un planeta sano, etc. Si la dirección a la que vamos es el abismo, ser progresista, es un error. El problema con muchas ideologías reaccionarias que aparecen ahora es que son antiguas, regresivas en materia de derechos humanos, con la mujer, la diversidad, etc. Se retorna a un pasado idealizado y se pretende coger todo el pack de ideas, tanto las buenas como las malas. Tanto la izquierda como la derecha han de cuestionar “el progreso”, han de ser críticas y discriminar bien qué es progreso y qué abismo. Falta profundidad en el debate político y nos hace desesperadamente falta.

¿Podrían las asambleas ciudadanas por sorteo, que demandan los movimientos climáticos, ayudar con esa profundidad? Asesoradas por expertos independientes podrían ampliar las posibilidades de acción, ahora encorsetadas por los partidos, y estos a su vez por los lobbies.

Claro, si vemos que quienes están al cargo no están haciendo lo que tiene que hacer, pues nosotros tendremos que empoderarnos y hacer las cosas. Tienen limitaciones porque pueden ser cooptadas, pero sin duda serían un avance, porque relocalizan la toma de decisiones, y la relocalización no tiene que ser solo material, tiene que ser política. Cuanto más acerquemos el poder al ciudadano, eso irá en la dirección positiva.

viernes, 16 de abril de 2021

Transición ecológica. Antonio Turiel comparece en el Senado

Y en un apretado resumen explica lo que sus lectores habituales ya sabemos y tememos, pero que la mayoría (silenciosa y silenciada) no sabe ("ni quiera Dios que me enseñen", decía una muchacha a la que preguntaron si sabía leer).

Ni él ni yo queremos sin embargo ser fatalistas.

Copio de su blog The Oil Crash:

Comparecencia en el Senado de España


Queridos lectores:

Como muchos de Vds. sabrán, ayer comparecí delante de la Comisión de Transición Ecológica del Senado de España. Fue una comparecencia un poco atropellada por la falta de tiempo y la incomodidad nada despreciable de la mascarilla FP2, pero que espero que haya contribuido a crear un debate necesario - el tiempo lo dirá. Si tienen 54 minutos, juzguen Vds. mismos.

Mi agradecimiento al grupo parlamentario EH Bildu - Esquerra Republicana de Catalunya y a los parlamentarios que me propusieron para comparecer; no deja de ser curioso que dos partidos considerados como "enemigos del Estado" han demostrado una altura de miras que otros no les suponen, proponiendo a alguien pensando en la importancia del mensaje y no en su proximidad ideológica.

Salu2.

AMT

P. Data: Tengo previsto sacar algunas contribuciones de otros autores en los próximos días, si consigo sacar un rato para respirar.

jueves, 15 de abril de 2021

14 de abril: 90 años

En medio de la hojarasca mediático-aposentada que manifiestan los habituales tertulianos, en diez minutos, entre el 59:40 y el 1:10:18, el historiador Julián Casanova ofrece en el programa de TVE "la noche en 24 horas", en apretada síntesis, un resumen de lo que fue la II República, para enmarcarla en el contexto del siglo XX y de la Historia de España en general.

Algunos puntos a destacar:

  • La llegada de la República coincide con el momento histórico del ascenso de los fascismos, en medio de una Europa profundamente fragmentada. 
  • Se abre un proceso de reformas profundas, que chocan con los diversos intereses de las viejas estructuras sociales. Algunas de ellas son:
    • sufragio universal masculino y femenino desde 1931, cuando en otros países europeos sólo llega después de 1945
    • primeros intentos serios de reforma del ejército  
    • reforma agraria
    • educativa 
    • laicismo 
    • la educación y la cultura como ejes de la emancipación

  • Por las resistencias a estos cambios, de la fiesta popular se pasa pronto a un conflicto de clases, como ocurría también en toda Europa. 
  • Cuando cae la Republica tras enconada lucha en 1939, ya habían caído todas las repúblicas aparecidas después de 1918: Weimar, Austria, Hungría, Checoslovaquia... sustituidas por dictaduras fascistas o filofascistas; en todos los demás casos, sin resistencia. 
  • Ni fascistas ni comunistas constituían partidos de masas en 1936, aunque sí había una derecha fascistizada y un anarquismo con gran tradición histórica. 
  • Es falso el mito de la bipolaridad, simplificado en "las dos Españas". Más que bipolarizada, la sociedad era multipolar. La bipolarización surge como una interpretación posterior, en todo caso fruto de la propia contienda. Como ahora mismo ocurre, varios conflictos se entrelazan y confluyen de distintas formas: 
    • el conflicto centros-periferias
    • anticlericalismo-clericalismo
    • la lucha de de clases en sus diversos frentes
    • nacionalismos, centrípeto y centrífugos
  • El golpe de estado fracasa y conduce a la guerra, que es la que define "las dos Españas", pero la realidad es más compleja.
  • En el 36 era muy difícil que la Republica sobreviviera, con Hitler y Mussolini en su apogeo y la bota nazi invadiendo Europa.
  • No es posible separar la guerra en España de las invasiones anteriores sin resistencia de otros países y las posteriores que ya se consideran parte de la Segunda Guerra Mundial, que comienza realmente mucho antes de la invasión de Polonia, guerra que ya se preparaba casi inmediatamente después de terminada la Primera.

Siendo los desencadenantes multifactoriales, no es, por lo tanto un único conflicto de clase lo que desemboca en el golpe y la guerra que sigue a su fracaso inicial. Por una parte está la lucha de clases entre los grupos privilegiados y los desposeídos, pero también hay otros factores.

La mano ejecutora del golpe fue un sector muy importante de la cúpula militar. Sin embargo, el ejército no obedeció en bloque a los sublevados, y algunas de los primeros asesinados por ellos fueron altos cargos militares. El malestar extendido en las fuerzas armadas, aparte de ideologías reaccionarias y nostalgias monárquicas, se nutrió de los que se sintieron agraviados por las reformas de la Ley Azaña y del espíritu corporativo, acompañado de resentimiento, de los militares africanistas frustrados, los mismos que durante la guerra aplicaron en la península los criminales métodos aprendidos y practicados impunemente durante la guerra colonial de Marruecos.

Las imprevisiones de los gobiernos republicanos, que debieron estar al tanto de las conexiones con las potencias fascistas de los conspiradores (ya desde el principio hubo intentonas), y en particular la desidia de Casares Quiroga, que los mantuvo en puestos clave a pesar de las advertencias, hicieron más fácil la sublevación.

Claro que en ella confluyeron también los intereses de las clases dominantes, que  financiaron además el golpe, los sentimientos religiosos (y también los intereses de la Iglesia) y la nostalgia monárquica.

Como queda dicho, lo que comenzó como guerra civil acabó en guerra internacional. Es artificial tratar el caso español separado de las grandes luchas universales del momento. Sin ellas no se podrá entender el fenómeno de las Brigadas Internacionales, nada comparable a los grupos de "combatientes ilegales" que ahora nutren el fundamentalismo islamista.

Sin duda, la inacción de las potencias occidentales, por razones de cálculo geopolítico y de temor a una revolución en España, y con la esperanza de desviar hacia la Unión Soviética la agresión del fascismo, hizo pensar a Hitler que tenía el camino abierto para posteriores aventuras.

Recapitulando, la Guerra Civil no fue sino una de las etapas de la Guerra Mundial.

miércoles, 14 de abril de 2021

De techos y alquileres

Publicado originalmente en gallego en la página de vella a bella, dejo aquí la versión en castellano.

Hay techos y sin techo. Sin techo, los que se quedan en la calle y se suman a los que ya estaban en ella. Sin techo, los beneficios especulativos. Con techo los gobiernos que no pueden limitar la libertad, según a qué nivel. Libertad de mercado.

En las ayudas para el alquiler, como en los incentivos a la jubilación retrasada, paga la colectividad lo que disfrutan particulares. Claro que no es lo mismo que se trate de propietarios o de proletarios.

Este último caso, que se tantea ahora mismo, me resulta sospechoso. Si te dan dinero por no jubilarte me temo que es para no darte más cuando te jubiles. Debe salirle a cuenta a quien lo propone. Al fin y al cabo, cada día que no te paguen la jubilación es un día que en tu vida finita no cobrarás jamás.

Vecinos y activistas evitan el desahucio de anciano de 92 años en Barcelona








Sobre los alquileres

Aunque la especulación inmobiliaria llegó a su apogeo con los gobiernos de Aznar, fue durante el de Zapatero cuando se empezaron a tomar medidas para intentar paliar sus peores efectos. Eso fue antes de que el pánico que invadió a aquel gobierno socialista frenara en seco las políticas sociales, llegando a poner por delante de cualquier consideración el pago de la deuda. Así, la reforma nocturna y alevosa de la Constitución, hasta entonces tan sagrada e intocable, limó los derechos humanos para reforzar los del dinero.

En las zonas turísticas especialmente, los precios del alquiler repercutieron tan desfavorablemente que muchos funcionarios desistían de ocupar sus puestos en Baleares porque el alquiler reducía sus salarios a la mínima expresión.

La solución de aquel gobierno no fue desde luego limitar el precio, sino ayudar al inquilino a pagarlo y conceder ayudas fiscales al propietario para mantenerlo. Huelga decir que lo primero, en condiciones de desequilibrio entre oferta y demanda, solo podía conducir a que aumentara la posibilidad de pago, y con ella el precio. Estaba claro que en realidad la ayuda era para el propietario. En cuanto a lo segundo, se subvencionaba a los propietarios con dinero público. Es decir, en ambos casos se empleaba el dinero de todos en beneficio del dinero de los propietarios.

Vinieron luego los peores años, la imposibilidad de pagar alquileres e hipotecas, los desahucios, implacables, dejaban sin techo tanto a deudores insolventes como a inquilinos empobrecidos. Sin cobijo ni amparo, niños, ancianos, discapacitados físicos o psíquicos, quedaban en la acera. Sus muebles, sus recuerdos, toda su vida, en la acera, sin tener muchas veces donde reconstruir ese pasado perdido, donde dejar sus pobres trastos, llenos de sentimientos ya sin anclaje posible.

Surgió todo un movimiento antidesahucios, mientras jueces y policías cumplían implacables con su deber.

Claro que siempre podía darse el caso del okupa delincuente que impedía a la pobre anciana complementar su mísera pensión… Pero ¿no sería más frecuente el caso del banco que expulsaba al desesperado que ya no podía pagar su deuda leonina? ¿o el fondo buitre que se había hecho con viviendas sociales y hacía impagable la renta?

Escenas sangrantes se repetían a centenares, a millares, cada día. Y se siguen dando, en tanto no se cambie toda una legislación hecha a la medida de la propiedad; solo que ahora estos casos diarios están fuera de foco.

Por eso, cuando los números electorales no daban para más, el nuevo gobierno de coalición incluyó, entre sus acuerdos, este artículo:

2.9.3.- Frenaremos las subidas abusivas del alquiler. Para ello:

  • Se impulsarán las medidas normativas necesarias para poner techo a las subidas abusivas de precios de alquiler en determinadas zonas de mercado tensionado. Se habilitará a las comunidades autónomas y/o ayuntamientos para que a partir del Sistema Estatal de Índices de Referencia de Precios del Alquiler de Vivienda que está desarrollando el Ministerio de Fomento puedan establecer su índice de precios de acuerdo a una metodología objetiva y sujeto a revisión periódica. Se tomarán en cuenta los avances de aquellas comunidades autónomas que tengan definido un sistema Referencia de Precios del Alquiler, agilizando los mecanismos que hagan posible su puesta en marcha.

Hay que destacar la moderación extrema, que se refiere solamente a ciertas zonas de mercado tensionado, lo que deja abierto campo a interpretaciones restrictivas, y que se habla, no de poner techo a los sin techo, sino solo a las subidas abusivas.

¿Y cómo se pone ese techo? Es difícil interpretar que un techo no signifique un límite, porque si salto en mi casa y doy contra el techo no puedo aparecer más arriba.

Por eso, la interpretación de que ese techo no puede contravenir las reglas del mercado, la oferta y la demanda, porque la vivienda, además de un derecho, es un bien de mercado, como ha dicho el ministro Ábalos, solo puede significar que el único techo lo tiene el gobierno, y ese techo se lo imponen los bancos y quienes especulan con los derechos humanos, ese negocio siempre redondo.

Cuando las hipotecas se vinieron abajo por la incertidumbre sobre el futuro (incertidumbre que ya no nos abandonará), la venta de pisos también lo hizo, e inmobiliarias y bancos se encontraron con un enorme parque de viviendas invendibles. Entonces, la especulación saltó al alquiler.

La periodista y escritora Cristina Fallarás habla en primera persona en su artículo Qué sabrá usted, Ábalos, de un techo:

Una no se recupera de un desahucio. Al menos yo era adulta, tenía entonces 44 años. UNA NO SE RECUPERA DE UN DESAHUCIO y lo sé seguro porque corría el putísimo año 2008 cuando el director del diario ADN y su consejero delegado me echaron a la puta calle preñada de 8 meses. Supe que no volvería a encontrar trabajo, que pasarían cuatro años sin pagar el piso, que me lo quitaría el banco, en mi caso el BBVA, en mi caso en 2012. 
Pero, igual que no se recupera del desahucio, una no puede imaginárselo si no lo ha vivido. Resulta ABSOLUTAMENTE imposible. 
Venga, JOSÉ LUIS ÁBALOS MECO, venga colega socialista, tengo entendido que tiene usted varios hijos. Venga, vamos allá: 
Yo, Cristina Fallarás, periodista, escritora, activista, personaje televisivo incluso le admito que políticamente excéntrico, tengo dos: a la pequeña la echaron de casa cuando acababa de cumplir los 4; al mayor, recién cumplidos los 10.

El argumento de la necesidad de que la ley de la oferta y la demanda regule los alquileres se cae por completo, porque desde la antigüedad se han regulado los precios. Organismos reguladores se han utilizado y se siguen utilizando cada vez que los Estados lo han considerado conveniente. El artículo ¿El mercado es así? recuerda algunos casos “de palpitante actualidad”: 

¿Podemos creernos que en verdad la sociedad y el Estado dejan que el mercado sea así, esto es, que sea la ley de la oferta y la demanda quien asigne y distribuya racionalmente los recursos en todos los casos? Pues no. La solución a la crisis sanitaria y económica generada por la Covid 19 no se ha dejado en manos del mercado, al albur del juego ciego y libre de la oferta y la demanda. La sociedad por medio del Estado ha empleado varios mecanismos económicos para solucionar los graves problemas sanitarios y económicos generados por la pandemia. Se han empleado los ERTES, que permite a las empresas reducir de manera significativa sus costes laborales; se han empleado los préstamos ICO, que han permitido a las empresas financiar sus deudas, con tipos de interés bajos, con dos años de carencia y seis años de pago; se han empleado o se emplearán cuantiosas ayudas directas para que las empresas no se ahoguen por los préstamos ICO; y se está vacunando a la población de forma gratuita. Por lo tanto, es obvio que la sociedad por medio del Estado no ha dejado en manos del mercado y del libre y ciego juego de la oferta y la demanda que resolviera la grave crisis sanitaria y económica provocada por la pandemia. Repetimos: La sociedad por medio del Estado no ha permitido que el mercado sea así, esto, libre y ciego.

Parece claro que la diferencia, en este caso, está en la exigencia de los grandes tenedores de viviendas y su inmenso poder. De nuevo se ofrecen ventajas fiscales a los dueños, hasta el punto de que una modesta rebaja del 10%, que poco resuelve al inquilino, recompensa al arrendador con una rebaja fiscal del 90%.

Otra vez el partido hegemónico en el gobierno muestra el techo que el capitalismo pone a sus buenos propósitos y a lo acordado en el pacto de investidura.

Juan José Guirado

martes, 13 de abril de 2021

La desmemoria brutal: del Estado del bienestar a la sociedad del egoísmo

Este artículo nos recuerda algunas cosas importantes que la desmemoria fomentada y la ensordecedora saturación de gilipolleces que nos inunda oculta y envuelve en su fétida niebla.

En primer lugar, que si en la Segunda Guerra Mundial se enfrentaron liberalismo, comunismo y fascismo, antes de ella el liberalismo había consentido y tolerado (y en ocasiones ayudado abiertamente) a los fascistas. Con toda claridad había expresado Winston Churchill públicamente su admiración por Mussolini y el fascismo, al que consideraba "la mejor vacuna contra la revolución de los obreros". 

En segundo lugar, que el Estado de Bienestar no fue una graciosa concesión liberal, sino que su implantación reflejaba una correlación de fuerzas que obligaba a la burguesía a hacer concesiones. No debería sorprendernos que en Gran Bretaña quien venciera en la guerra perdiera inmediatamente las elecciones frente a un laborismo mucho más combativo que el que vino después. La clase trabajadora recordaba el papel de los conservadores y la burguesía antes de la guerra, quería un mundo diferente y deseaba algo más que volver a esa democracia que habían defendido a pesar de haber sido ciudadanos de segunda, explotados y ninguneados bajo su bandera. Los laboristas eran su esperanza de lograrlo. Además de eso, los que habían luchado en la guerra sabían usar las armas.

Aquel laborismo fue capaz de nacionalizar sectores esenciales de la economía. Luego, pasado el susto, la burguesía se lanzó a recuperar lo que había cedido, porque lo fundamental nunca lo soltó. Necesitó para ello rearmarse ideológicamente. Había perdido el miedo a la clase obrera pero conservaba el instinto de acumulación cuando cada vez le era más difícil acumular.

En España todo esto ocurrió mucho después y de una manera diferente. Nunca los socialistas llegaron a proponerse lo que habían hecho los laboristas en 1945. El espadón de Damocles sigue pendiendo sobre sus cabezas y las nuestras. Los que saben usar las armas son aquí otros.

Buena muestra de sumisión fue la aciaga reforma de la constitución, con nocturnidad y alevosía, impuesta por los poderes económicos, externos, pero también internos. Y son los internos los que han propiciado hechos tan escandalosos como el del llamado "banco malo", al que los bancos aportaron menos del 5% del capital y se quedaron más de la mitad del accionariado y el Estado financió el resto quedándose menos de la mitad. Mecanismo perverso, porque a cualquiera se le ocurre que si el poder financiero puede hacer suya por un euro una empresa, ¿por qué no puede hacerlo la colectividad?

Todo esto nos lleva al mismo lugar de partida, pero por el camino se nos han quedado virtudes cívicas y se ha ido encanallando una plebe ignorante cuyo número medra en la medida en que merma el pueblo soberano. Y que no se me dé por aludido nadie que se considere pueblo, porque el que se pica...


La desmemoria brutal: del Estado del bienestar a la sociedad del egoísmo

Daniel Bernabé

Mil novecientos cuarenta y cinco fue uno de esos años donde todo cambió, donde empezó la segunda parte del siglo XX. La sentencia requiere de explicaciones, especialmente, como siempre suelo insistir, porque las palabras, sobre todo aquellas manidas, requieren siempre de apellidos. Con ese "todo" nos referimos a la sociedad entera, especialmente a la europea, y no a la sociedad como un bodegón superficial de actores inconexos que comparten lienzo, sino a una maquinaria estructurada cuyos engranajes no se comprenden los unos sin los otros. Con "cambio" no nos referimos a una evolución de las costumbres, sino a una reconfiguración de todas esas estructuras que conforman una sociedad, especialmente la económica, que en último término conforma los cimientos y vigas maestras sobre lo que se construye lo demás.

Ese cambio fue el resultado no simplemente de una voluntad transformadora, sino el producto de una serie de durísimas contradicciones que se habían acabado dirimiendo en la Segunda Guerra Mundial. De un lado, ese enfrentamiento fue la culminación y fin del sistema imperial del siglo XIX, un combate irresuelto en la Gran Guerra de 1914 que tuvo un segundo episodio, aún más trágico y destructivo, que dio comienzo el 1 de septiembre 1939 cuando la Wehrmacht invadió Polonia. Pero, sobre todo, en aquella guerra se enfrentaron los tres hijos ideológicos de la modernidad, liberalismo, comunismo y fascismo, para lograr el triunfo definitivo sobre sus contendientes. Aunque en nuestros días, de una forma ruin y cobarde, se intente equiparar el saludo romano y el puño en alto, lo cierto, es que fue el liberalismo el que consistió y toleró a los fascistas.

Cuando los ejércitos británico y francés estaban sitiados en Dunkerque, París estaba a punto de ver la cruz gamada ondeando en sus avenidas y Londres iba a ser presa de las bombas de la Luftwaffe, la democracia liberal se pretendió resistencia épica a través de los micrófonos de la BBC. Lo cierto es que cuando esas mismas bombas habían asolado Alicante, Málaga, Madrid, Barcelona o Guernika, esos mismos liberales miraban para otro lado. Antes de que el fascismo convirtiera España en una fosa, Churchill expresaba su admiración pública por Mussolini y el fascismo, al que consideraba la mejor vacuna contra la revolución de los obreros. El premier británico dejó grandes frases para la historia y 43000 víctimas en suelo inglés por unas bombas nazis que quizá nunca hubieran caído sobre las islas si la II República española no hubiera perecido de inanición diplomática liberal. Los brigadistas internacionales comunistas entendieron antes que nadie lo que se jugaba en la península.

El 2 de mayo de 1945 la Bandera Roja se alzaba sobre el Reichstag con un Berlín ruinoso y humeante en el horizonte. El fascismo había sido derrotado. Aquella bandera era la enseña de la Unión Soviética, es decir, de una federación de naciones socialistas, pero, como novedad histórica, aquella bandera representaba a la clase trabajadora de todo el mundo. Una de las ideas de la modernidad, la de que la clase era una casa común por encima de las naciones había conseguido derrotar al nacionalismo exacerbado interclasista que los industriales alemanes, y en general la burguesía europea, había financiado generosamente como respuesta al movimiento obrero. Los Estados Unidos respondieron, a principios de agosto de 1945, con las bombas atómicas sobre Japón, la metáfora más terrible de la historia, como advertencia no sólo a la URSS, sino a aquella idea, el socialismo. Una nueva guerra estaba a punto de empezar, aquella que se apellidó "fría".

Pero en aquel 1945, el cinco de julio, tuvo lugar otro hecho que casi nunca se menciona: las elecciones en el Reino Unido, en las que se impuso el Partido Laborista. Churchill y los Conservadores fueron derrotados en lo que casi siempre se califica de gran sorpresa inexplicable, ¿Cómo es posible que el estadista que salvó a Inglaterra de los nazis, según se nos ha contado, perdiera en los primeros comicios que tuvieron lugar con las ruinas aún humeando? Quizá la sorpresa deja de serlo si atendemos a que en ese momento la clase trabajadora no sólo tenía memoria de cuál había sido el papel de los Conservadores y su burguesía antes de la guerra, sino que quería un mundo diferente al de antes del horror, deseaba que el enfrentamiento a sangre y fuego con los fascistas sirviera para algo más que para volver a esa democracia que habían defendido a pesar de haber sido ciudadanos de segunda: explotados y ninguneados bajo su bandera. Los laboristas eran su esperanza de lograrlo. Clement Atlee, el nuevo primer ministro, fue de las pocas figuras que había pedido, unos años antes, que su país apoyara al bando republicano en la Guerra Civil española.

Y algo cambió en el Reino Unido. Entre 1945 y 1951 se nacionalizaron todos los sectores estratégicos del país: el Banco de Inglaterra, las industrias energéticas, el ferrocarril, la aviación y la siderurgia con la intención de lograr el pleno empleo. Además el Estado se implicó en la construcción de viviendas asequibles, en el refuerzo de un sistema de educación y en la creación del sistema público de salud. Del Estado de Guerra impuesto por Hitler, se pasó al Estado del Bienestar impuesto por los trabajadores. Aquel cambio, que pareció desterrar la impudicia social victoriana para siempre, no fue producto tan sólo de unas elecciones. Han leído bien, "impusieron": las papeletas decidieron el resultado de las elecciones, pero lo que hizo posible que ese resultado diera sus frutos fue la clase trabajadora organizada en su partido y sus sindicatos. Y algo más que siempre se obvia entre una mezcla de pudor y miedo. Aquellos trabajadores sabían pegar tiros. De hecho habían estado matando nazis cinco años y, cuando te has enfrentado a las SS, un policía con porra te infunde poco respeto.

Aquella remodelación a gran escala de la sociedad británica no se hizo con el beneplácito de sus ricos, se hizo por su miedo e incapacidad: su país era uno de los vencedores de la guerra, su clase la había perdido. También, es cierto, que a diferencia de la URSS, otros muchos sectores siguieron siendo privados, que los que perdieron algo fue a cambio de una cuantiosa indemnización estatal y de que, quien vivía en una mansión antes de 1945 siguió viviendo en esa misma mansión después. Los ricos tan sólo dieron un paso atrás, repartieron obligados algo de su gigantesco festín y esperaron: es lo que tiene el dinero, que te da la posibilidad de ser paciente. En 1947 una banda de sociópatas con título de economista fundó en Suiza la Sociedad Mont Pelerin: eran la resistencia silenciosa de aquellos ricos. En 1979, Margaret Thatcher llegó al poder para desmontar todo aquello que fue producto del espíritu de 1945. Y lo logró, sobre todo porque el siguiente laborista que llegó a Downing Street tenía mucho más que ver con ella que con Clement Atlee.

Cuando en 2008 se desató la Gran Recesión, una crisis que no fue más que la explosión de esa restauración conservadora impulsada por Thatcher, entre otros, parecía que una época había finalizado. En Europa se escucharon de nuevo grandes palabras e incluso, algún político habló de reformar el capitalismo, palabra tabú entre las élites: lo que no se nombra no existe, y lo que no existe, aún existiendo, es imposible de cambiar. A diferencia de 1945, la respuesta a aquella crisis no consistió en ninguna reforma del sistema económico, sino en su dopaje, en levantar a un muerto a base de anfetaminas. La droga, por si no lo recuerdan aunque esto sucedió tan sólo una década atrás, la pagamos entre todos recortando aún más ese Estado del Bienestar, ese espíritu de 1945 del que nadie tenía ya constancia. Alemania, esta vez, no mandó a sus panzers: tenía a Wolfang Schäuble. Y sí, algo cambió al final, a pesar de todas las resistencias de los de arriba y desmemorias de los de abajo. En algunos países como Grecia, Portugal o España hubo destellos de aquella mitad del siglo XX, a pesar de que la mayoría de hilos se habían roto.

Y en 2020 pasó lo que pasó. Un virus nos puso la vida patas arriba y, ese proyecto de restauración victoriana que había sobrevivido a la Gran Recesión de 2008, a costa de nuestros sacrificios, se mostró absolutamente incapaz de responder a lo que estaba ocurriendo. En 2020, quizá lo recuerden, las infalibles cadenas comerciales de la globalización se rompieron, el Estado tuvo que tomar el timón en la tormenta y la sociedad, esa que había llegado a ser negada por aquella banda de codiciosos, se reveló como aquello que es indispensable para que un accidente genético no convierta tu calle, tu barrio, tu ciudad en un jodido escenario de Mad Max. Como en 2008, la Unión Europea se puso a rescatar al sector privado, pero esta vez no se atrevió a socializar la cuenta despidiendo médicos. Hasta se habló de profesiones esenciales, esas de las que nadie se acuerda, esas que son las peor pagadas, porque hacía falta un eufemismo para que la sociedad siguiera funcionando aún cuando parecía que nada funcionaba. Alguien, aún sabiendo que apuntaba demasiado alto, habló de "El Espíritu de 2020".

Un año después, aquella suspensión del neoliberalismo, una que se hizo a sotto vocce no sea que alguien se diera cuenta del truco, se empieza a levantar. Alemania, que transigió con unos fondos europeos que, aunque bajo examen, no conllevaban hombres de negro dando tijeretazos a lo público, los paraliza tirando de un socorrido legalismo que sólo es interés nacional y de clase hecho toga. Aquí, en España, después un año donde lloramos por las noches, solos, cuando la videollamada había finalizado, después de aplaudir a los sanitarios, que se han dejado la piel salvando a los que podían, perdiendo a muchos otros, se nos ocurrió que era una gran idea discutir sobre si los impuestos eran necesarios, todo porque una banda de niñatos digitales quería tener dos Ferraris en vez de uno.

Este fin de semana el Eurostat ha cargado a la deuda pública española los 35000 millones de euros del SAREB, el organismo creado en 2012 para liberar a la banca de sus "activos tóxicos", los inmobiliarios. El SAREB, denominado con un pueril eufemismo como "banco malo", fue el encargado de limpiar los restos de la resaca de la década de la especulación del ladrillazo. Los bancos aportaron menos del 5% del capital y se quedaron más de la mitad del accionariado. El Estado, o sea, usted, financió el resto quedándose menos de la mitad: se fingió que no era una empresa pública pese a serlo. No sólo pagamos el rescate recortando servicios públicos, sanitarios entre otros, sino que ahora vamos a añadir a la deuda pública su coste. La UE nos lo ha recordado ahora, justo cuando íbamos a recibir los fondos contra la crisis provocada por la pandemia, esos que, también justo ahora, Alemania ha paralizado. La memoria es oportuna cuando se trata de que la banca siempre gane.

Puede que, reescritura de la historia mediante, también de una educación que nos hace excelentes técnicos pero pésimos ciudadanos, nadie supiera del Espíritu de 1945. Puede que la crisis de 2008 fuera un despertar brusco de una ensoñación aspiracional y que por eso llegamos a indignarnos pero no a discernir qué era lo fundamental y lo accesorio. Puede que, si en vez de llevar en primera plana la estafa del SAREB, el debate mediático sigue centrado en el chalet de Iglesias y Montero, sea difícil que nadie saque conclusiones. Puede que Pedro Sánchez no sea Clement Atlee. Puede que si quisiera serlo se jugara la celda, o algo peor, viendo los avisos de los militares sin haberse ni acercado al inglés. Puede que sin clase trabajadora organizada da igual lo que queramos creernos ser porque en lo fundamental no somos nada. Puede que todo esto sea cierto, pero dejen que les diga algo antes de terminar este artículo que, como la mayoría, no valdrá absolutamente para nada.

Exacerba, por no decir que jode, que después de todo esto, los analistas políticos, probablemente con razón descriptiva, nos digan que Ayuso acierta al declararse defensora de la libertad porque conecta con las "ganas de vivir" de la gente. Una libertad que no es más que convertir Madrid en el meadero de Europa, una libertad que es pronunciada por los hosteleros mientras que hacen un bocadillo de calamares en un emotivo anuncio. Los mismos hosteleros que se han tirado llorando un año, los mismos que fomentan en su sector una precariedad recalcitrante, los mismos que no han recibido un euro de la administración Ayuso pero no tendrán reparos en pillar, como buitres, las ayudas directas impulsadas por Unidas Podemos dentro del Gobierno "social-comunista". Sí, aquello de "somos el 99%" era una auténtica gilipollez.

El lenguaje, que no es más que el cronista de la realidad, tiene en el idioma castellano un registro de expresiones brutales porque, sencillamente, este ha sido un país brutal. Una de ellas describe perfectamente por qué no ha existido un renacer del espíritu de 1945, por qué nos cuelan el cambalache indecente del banco malo sin que arda Troya, por qué el espíritu de 2020 se ha quedado tan sólo en un fantasma pisoteado por una banda de turistas borrachos en el centro de Madrid, mientras que pringamos la libertad en aceite requemado: encima de puta, poner la cama.

Creo que no hay mucho más que decir.

lunes, 12 de abril de 2021

Chocolate

Desde Nuestro Flamenco traigo aquí a Antonio Núñez Montoya, Chocolate, atraído por la extraordinaria perfección con que manejaba los tiempos y las notas, hasta lograr lo que constituye un verdadero canon del cante más clásico.

En los duros años en que le tocó crecer y abrirse camino, el cante estaba sometido al mecenazgo de unas clases altas para las que el cantaor era, como en otros lugares el cantor de jazz, un criado más, precariamente contratado para sus fiestas, al que más tarde, cuando le llegaba la fama, un público menos pudiente iba a escuchar a los teatros. Pero aún en ese contexto de cantar para vivir, el arte nunca ha sido ajeno al sentir profundo.

Chocolate vocaliza de forma muy abierta. Otros cantaores, como Antonio Mairena, cantan más para adentro. Son formas diferentes de transmitir la emoción. En ambos, lo más notable es la fijación, casi definitiva a mi modo de ver, de las formas tradicionales.

Comenzaba el programa con tres solos de guitarra de Melchor de Marchena y Niño Ricardo, que acompañaron su cante en numerosas ocasiones:

02:56, Melchor de Marchena, soleares 
06:35, Niño Ricardo, zapateado en do mayor
10:37, Niño Ricardo y Melchor de Marchena, bulerías "aires de Triana"

Seguían luego estas interpretaciones, en las que indico los guitarristas que las apoyan:

14:00, seguiriyas, con Melchor de Marchena
19:45, serranas, con Melchor de Marchena
25:27, la caña, con Niño Ricardo
29:44, tientos, con Niño Ricardo
34:32, tarantos, con Manolo Franco
40:54, soleares, con Manolo Franco
46:12, fandangos, con Manolo Franco
50:42, seguiriya cabal, con Antonio Carrión

sábado, 10 de abril de 2021

Vacuna social

El profesor Joan Benach analiza en esta entrevista algunas de las causas y consecuencias de esta pandemia. Señala que sobre las causas que se aducen sobrevuelan problemas sociales. No se puede poner en duda que la desigualdad y el abandono de las políticas públicas hacen que las poblaciones desatendidas sean las más vulnerables y castigadas.

Por eso, además de las vacunas biológicas (cuya fabricación y distribución dificulta enormemente una industria farmacéutica altísimamente lucrativa), se precisa vacunar a la sociedad contra este sistema económico, más que brutal, letal.

Estas son algunas de las ideas expuestas por el entrevistado:

El sistema de salud no estaba preparado

  • Por la dinámica de corto plazo de gobiernos que actúan en forma reactiva.
  • Por la mercantilización y precarización de la sanidad pública y los servicios sociales, facilitada por una visión de la salud neoliberal y las presiones del complejo farmacéutico empresarial.
  • Porque se nos ha repetido que teníamos uno de los mejores sistemas de sanidad pública del mundo, bueno si lo comparamos con muchos países, pero biomédico y reduccionista, “hospitalocéntrico” y medicalizador.

La salud depende de la política

  • Las ideologías y las desiguales relaciones de poder político condicionan las políticas públicas.
  • Siendo el paro consustancial al capitalismo, los parados tienen más probabilidad de estar deprimidos y abusar del alcohol
  • Esta y las demás adicciones que perjudican a la salud encadenan al consumo y son una fuente de beneficio seguro para el capital, que siempre sigue la lógica del máximo lucro.
  • La lógica del lucro no se detiene ante la toxicidad de productos empleados en la industria, la agricultura o la ganadería.

Estas deberían ser acciones prioritarias ante una pandemia

  • Lograr una visión sistémica e integrada a través de un mejor conocimiento de la salud pública y las ciencias sociales.
  • Mejor gestión, más liderazgo y coordinación, y una visión más preventiva que reactiva.
  • Una acción transparente y democrática, campañas educativas comunitarias, con temas clave como la prevención, el riesgo, la estigmatización, evitar las fake news, etc.
  • Fortalecer de forma urgente y contundente las residencias, la salud comunitaria, servicios sociales, la atención primaria y la salud pública, con la contratación masiva de rastreadores y pruebas diagnósticas, en lugar de seguir mercantilizando la sanidad con subcontrataciones a empresas privadas.
  • Luchar contra las desigualdades, invirtiendo en la protección social y económica de la población, “vulnerada” más que vulnerable, de las poblaciones y barrios abandonados y de quienes viven sin hogar.
  • Una participación más activa de la comunidad, fomentando acciones solidarias y de apoyo social colectivas.

Tres estrategias que se han seguido en el mundo

  • Modelo "preventivo-institucional" de países que, alertados por anteriores pandemias, han actuado radicalmente para eliminar la transmisión comunitaria y han hecho intervenciones rápidas y contundentes: pruebas y rastreo masivos, aislamiento de contactos, controles fronterizos, mensajes y un importante refuerzo de la salud pública, con menor impacto en la salud y crisis económica inferior. También en Cuba o Kerala la acción colectiva comunitaria ha jugado un papel relevante.
  • Modelo "reactivo-empresarial" de los países occidentales y americanos, centrado en un permanente bloqueo/liberación de actividades y confinamientos para minimizar los daños económicos, tratando de reducir el impacto en la salud solamente cuando el sistema sanitario, colapsado para atender a las necesidades de la población, llegaba a una situación límite.
  • Modelo "necrofílico" de Trump y Bolsonaro (también Boris Johnson al principio), caracterizado por haber recortado y desmantelado todo lo que tuviera que ver con la salud pública, con una estrategia autoritaria de corte neofascista muy asociada a los intereses del capital financiero y las empresas farmacéuticas, y con un fuerte desprecio por la vida de aquellos que "no son dignos de vivir", si lo queremos decir a la manera como lo decían los nazis.

Cambios necesarios del marco que prioriza el beneficio del capital

  • Experimentar cómo vivir de una manera diferente, con cooperativas de producción y consumo, nuevas formas de vida y relaciones donde la libertad de unos no dependa del sufrimiento de los demás. Como dijo José Saramago, si no cambiamos de vida no cambiaremos la vida. 
  • Aumentar la conciencia de la crisis sistémica que nos rodea y que es posible vivir bien de otra manera, con menos consumo, de forma más saludable, humana y realmente sostenible. Esto significa una reeducación ciudadana política y cultural muy profunda. 
  • Crear grupos de análisis (think tanks) potentes que hagan análisis críticos y propuestas de actuación políticas más adecuadas.
  • Juntarse y movilizarse continuamente con movimientos sociales a la vez descentralizados y coordinados, que conecten todas las luchas, que sean "glo-locales", capaces de crear formas colectivas para presionar y cambiar la política institucional. Hacer estos cambios nos costará mucho, pero no hacerlos nos costará más.

Rafael Cañas / EFE



Necesitamos una “vacuna social”

Joan Benach

¿Cuáles son las causas de la salud? ¿Por qué enfermamos y se crean desigualdades?

Las causas fundamentales que determinan la salud de una población no son, como muchos piensan, la biología y genética, los "estilos de vida" o la atención sociosanitaria sino las causas sociales. ¿Por qué? Pues porque los factores biológicos y genéticos casi siempre se "activan" o no según el entorno, porqué las conductas asociadas con la salud, como los hábitos alimentarios o fumar, son condicionadas por la familia y el ámbito social, y porqué la atención sanitaria, a pesar de ser un servicio fundamental cuando enfermamos, contribuye relativamente poco a la salud de la población y también depende de factores socio-políticos. ¿Por qué enfermamos pues? Sobre todo a causa de los "determinantes ecosociales": la precarización laboral, la vivienda, o la contaminación ambiental por mencionar tres factores solamente. Estos factores inciden desigualmente en los distintos grupos sociales según su clase social, género, etnia, situación migratoria y lugar donde se vive, generando desigualdades en salud. Pongamos un ejemplo. Las mujeres de las clases sociales populares tienen más obesidad debido a que, por razones sociales e históricas, sufren más discriminación y explotación laboral. Con el tiempo, muchas de estas mujeres expresarán la situación de desigualdad social en forma de trastornos metabólicos, diabetes y muerte prematura. Es por eso que decimos que la sociedad entra desigualmente dentro de nuestros cuerpos expresándose biológicamente en forma de enfermedad.

¿Los determinantes sociales de la salud se vinculan de forma intrínseca con el capitalismo?

El factor crucial que origina todo el encadenado causal de porqué estamos sanos, enfermamos o morimos prematuramente es la política. ¿Por qué? Pues porqué las ideologías y las desiguales relaciones de poder político condicionan las políticas públicas que se realizan con respecto a las políticas fiscales, el empleo, la vivienda, el medio ambiente, la sanidad, o los servicios sociales, entre otras. Cada una de estas políticas está interrelacionada y genera cambios en las formas de vivir, trabajar, consumir, relacionarnos y el entorno que, por una u otra vía, aunque no lo vemos o no seamos conscientes, afectarán nuestra vida y finalmente la salud. Además, las decisiones políticas se asocian al sistema económico y cultural que vivimos. Como ha apuntado Lula da Silva: "todo depende de la política". Pongamos un ejemplo para comprender la causalidad sistémica e histórica que va desde el capitalismo a la salud. Los parados tienen más probabilidad de estar deprimidos y abusar del alcohol. Si la situación se prolonga tienen más probabilidad de suicidarse o de sufrir una enfermedad hepática. Ahora bien, como dejaron claro los estudios de Marx o Kalecki, el paro es consustancial al capitalismo, por lo que hay un hilo más o menos directo desde la salud al capitalismo. La salud colectiva es pues un producto social muy ligado a la economía política.

Me parece una visión tan interesante como poco conocida. ¿Podría poner más ejemplos?

Sí claro, hay muchos ejemplos relacionados con la historia y evolución del capitalismo, como el neo-colonialismo, las prácticas mercantiles de los grandes oligopolios o el patriarcado. Un ejemplo es como, en pocos años, el uso masivo de azúcares añadidos a la producción industrial de alimentos "basura" realizado por las grandes corporaciones de la llamada Big Food ha creado una epidemia de sobrepeso y obesidad mundial (tal vez 1.500 millones de personas), a la vez que esto convive con el hambre y la malnutrición (alrededor de 1.000 millones de personas). Otro ejemplo es la epidemia de tabaquismo surgida durante el siglo XX, muy estrechamente relacionada con prácticas comerciales, de relaciones públicas y marketing de las corporaciones de la Big Tobacco, y el impacto criminal que desgraciadamente siguen teniendo: se estima que en el siglo XXI habrá alrededor de 1.000 millones de muertes relacionadas con el tabaco, sobre todo en los países pobres y las clases más empobrecidas del planeta. Un tercer ejemplo son las alteraciones hormonales y los cánceres producidos por la masiva exposición a productos químicos sintéticos generados y comercializados por la industria química. Y más recientemente tenemos la pandemia del coronavirus, que hace que muchas mujeres vivan bajo una crisis de salud permanente, con semanas laborales -dentro y fuera de casa- interminables que, como dice Silvia Federici, es casi equiparable a las obreras de la revolución industrial.

En el contexto de la pandemia, ¿dónde hay que situar el discurso tan reiterado por las autoridades desde el inicio de la pandemia sobre la "responsabilidad individual" para evitar el contagio? ¿Es una manera de desplazar el peso de los determinantes sociales de la salud sobre el estilo de vida personal?

El discurso hegemónico, fomentado por el poder político y reproducido por los principales medios de comunicación, habla de virus, atención médica, hospitales, tratamientos, y vacunas. En cambio, se habla menos de la prevención, y cuando se hace casi siempre tiene que ver con la responsabilidad personal. Cuando hablamos de un problema colectivo como la pandemia, con causas estructurales asociadas a la salud pública, hacer hincapié en los factores personales "culpabiliza" y no es suficientemente efectivo. Además, el individualismo nos aísla y no soluciona los problemas. ¿Qué diríamos si para hacer frente a la crisis ecológica y climática estructural que padecemos dijéramos que la solución fundamental es que cada uno recicle y ahorre algo de energía en casa? ¿Qué diríamos si para hacer frente a la epidemia tabáquica existente dijéramos que es un "problema personal" en lugar de poner leyes restrictivas, controlar los precios del tabaco o prohibir su publicidad, entre otras medidas de salud pública? Tener responsabilidad individual ante un riesgo es siempre algo importante, pero cuando hablamos de temas poblacionales como la salud pública, es imprescindible una mirada colectiva que permita comprender y actuar ante las causas sociales de fondo.

Hacía años que muchos expertos avisaban que se produciría una pandemia así. ¿Por qué el sistema de salud no estaba preparado? ¿Era demasiado hospitalocéntrico?

Desde hace al menos cuatro décadas muchos especialistas advertían que los cambios socio-ecológicos globales estaban generando un aumento de enfermedades infecciosas. Los científicos lo dijeron en sus artículos, divulgadores como Bill Gates lo comentaron, muchas instituciones internacionales, incluida la OMS, lo advirtieron. Me parece que hay tres razones principales. Primero, por la dinámica tuerta, de corto plazo, de gobiernos que demasiado a menudo actúan en forma reactiva. Es decir, se preocupan cuando truena santa Bárbara y ya tenemos un desastre encima, pero lo hacen mucho menos en planificar y anticipar problemas que pueden o no pasar. Y es que la prevención es mucho menos visible y agradecida que una actuación inmediata y a menudo se la califica de ser una acción poco o nada eficiente. Segundo, por la progresiva mercantilización y precarización durante décadas de la sanidad pública y los servicios sociales, facilitada por una visión de la salud neoliberal y las presiones del complejo farmacéutico empresarial. Tras la crisis de 2008, las políticas de "austeridad" han ido agravando la situación. Y tercero, porque se nos ha repetido que teníamos uno de los mejores sistemas de sanidad pública del mundo, y es cierto que es bueno si lo comparamos con muchos países, pero es un modelo biomédico y reduccionista, “hospitalocéntrico” y medicalizador, que se fija mucho en las enfermedades, los órganos y la tecnología y demasiado poco en el ser humano, la atención primaria, los servicios sociales, los determinantes sociales, las desigualdades y la salud pública, donde se ubican disciplinas tan esenciales como por ejemplo la salud mental, la salud laboral o la salud ambiental, entre otras muchas. Conviene repetirlo tantas veces como sea necesario: la "sanidad pública" no es igual a la "salud pública", una disciplina que tiene como objetivo vigilar y prevenir la enfermedad, y proteger, promover y restaurar la salud de toda la población pero que cuenta con muy pocos recursos (1,5 a 2% del presupuesto de salud). Paradójicamente, por tanto, la salud pública ha sido la gran ausente de esta pandemia.

Un gran número de países europeos han apostado por hacer confinamientos y restricciones, mientras que en muchos países asiáticos y Oceanía se ha apostado por la estrategia "COVID-0". ¿Cuáles han sido las diferentes estrategias que se han puesto en práctica en el mundo? ¿Por qué se ha actuado de forma tan diferente?

Si lo decimos en forma muy esquemática, podemos decir que ha habido tres modelos principales para hacer frente a la pandemia. Existe el modelo "preventivo-institucional" de muchos países asiáticos y Oceanía, como Taiwán o Nueva Zelanda, previamente alertados por anteriores pandemias. Han actuado radicalmente para eliminar la transmisión comunitaria con la estrategia 'COVID-0' y han hecho intervenciones rápidas y contundentes: pruebas y rastreo masivos, aislamiento de contactos, controles fronterizos estrictos y mensajes y un importante refuerzo de la salud pública. Aparte de tener un impacto en salud muy pequeño, la crisis económica debida a la pandemia también ha sido inferior. Señalemos también el éxito de Cuba o la región de Kerala en la India donde la acción colectiva comunitaria ha jugado un papel relevante. El segundo modelo es el "reactivo-empresarial" de los países occidentales y americanos, que se han centrado en un permanente bloqueo/liberación de actividades y confinamientos para minimizar los daños económicos, tratando de reducir el impacto en la salud solamente cuando el sistema sanitario, colapsado para atender a las necesidades de la población, llegaba a una situación límite. Y el último modelo es el que podemos llamar "necrofílico" representado por Trump y Bolsonaro (también Boris Johnson al principio), caracterizado por haber recortado y desmantelado todo lo que tuviera que ver con la salud pública, con una estrategia autoritaria de corte neofascista muy asociada a los intereses del capital financiero y las empresas farmacéuticas, y con un fuerte desprecio por la vida de aquellos que "no son dignos de vivir", si lo queremos decir a la manera como lo decían los nazis.

Usted ha criticado la gestión de la pandemia por parte de los Gobiernos en relación a que ha llevado a cabo acciones reactivas y deficientes. ¿Cree que se podía haber hecho mejor?

Creo que el gobierno español y el catalán (y otras comunidades autónomas, especialmente Madrid) han hecho frente a la pandemia de manera deficiente. Al principio, se pudo aducir con razón que cogió por sorpresa, y que no había, como ha reconocido el ex secretario de salud catalán Joan Guix, ni la preparación ni los recursos humanos y materiales para actuar ante un riesgo que casi todo el mundo había minimizado. Se ha abusado de eslóganes publicitarios ("hay que parar juntos al virus" o "ganar esta guerra"), se ha repetido que se estaba haciendo todo lo posible para controlar la pandemia haciendo hincapié en la responsabilidad individual, improvisando, haciendo políticas reactivas, con poco liderazgo y un ojo siempre puesto en las presiones empresariales. Pero pasados ​​los meses, parece claro que ha faltado humildad y previsión, y que ha habido una incapacidad de actuar con diligencia y efectividad ante una situación de emergencia, sin que haya habido inversiones masivas en sanidad y salud pública (atención primaria, servicios sociales, rastreadores, tests, etc). Siempre es más fácil hablar que hacer, y hay que decir que en algunos lugares se han hecho bastantes acciones, como por ejemplo el Ayuntamiento de Barcelona, ​​que ha hecho un esfuerzo social importante, pero creo que en general, en una situación de grave emergencia y de colapso de los servicios sanitarios y sociales, ha faltado planificación, coraje, y capacidad de decisión para actuar ante una situación de emergencia poblacional. Esto quiere decir que se ha hecho hincapié en la "solución" de hacer confinamientos y restricciones, total o parciales, cuando la pandemia se acelera y crece, en lugar de poner en marcha una estrategia radical, utilizando con rapidez y eficiencia todos los instrumentos de que dispone la salud pública y comunitaria: planificación, vigilancia y análisis epidemiológico, educación sanitaria comunitaria, análisis de los determinantes sociales y equidad, implicación masiva de la comunidad, entre otras herramientas y estrategias. En definitiva, los países occidentales optaron por una visión de "convivir con el virus" con confinamientos y restricciones, en lugar de querer controlarlo y eliminarlo con una estrategia integral de salud pública "COVID-0". Esto ha producido un desastre social y de salud pública, con numerosas consecuencias que sólo empezamos a conocer.

¿Cuáles deberían haber sido a su juicio las acciones más prioritarias? ¿Qué decir del futuro?

Con el paso del tiempo espero que tendremos una evaluación crítica e integral de lo que se ha hecho, pero creo que hay seis puntos prioritarios. Primero, ha faltado una visión más sistémica e integrada de la pandemia, con un conocimiento de salud pública y las ciencias sociales más adecuado y profundo de lo que se ha tenido. Segundo, una mejor gestión con más liderazgo y coordinación, y con una visión más preventiva que reactiva. Tercero, una acción más transparente y democrática, con campañas educativas comunitarias desde el principio, con temas clave como la prevención, el riesgo, la estigmatización, evitar las fake news, etc. Cuarto, haber fortalecido de forma urgente y contundente las residencias, la salud comunitaria, servicios sociales, la atención primaria y la salud pública, con la contratación masiva de rastreadores y pruebas diagnósticas, en lugar de seguir mercantilizando la sanidad con subcontrataciones a empresas privadas. Quinto, había que haber pensado más en las desigualdades, invirtiendo masivamente en la protección social y económica de población “vulnerada” más que vulnerable, sobre todo en las poblaciones y barrios más desfavorecidos y quienes viven sin hogar. Se han hecho cosas, claro, pero ha sido muy insuficiente. Y sexto, había que haber ayudado a generar una participación más activa de la comunidad fomentando acciones solidarias y de apoyo social colectivas, tal y como ha sucedido en algunos países. Cara al futuro, además de una evaluación detallada de los impactos de la pandemia, habrá fortalecer y desarrollar una agencia nacional de salud pública capaz de prevenir y controlar las muchas amenazas a la salud pública existentes y las futuras pandemias que muy probablemente vendrán. En este sentido, habrá que invertir mucho más en recursos materiales y disponer de personal entrenado en salud pública, mejorando y ampliando los programas de formación y los sistemas para vigilar y responder frente nuevas pandemias.

¿Será la vacuna la solución a la crisis sanitaria? ¿A quién favorece el "modelo hegemónico de salud" al que se ha referido? ¿Cómo se podría garantizar un acceso equitativo si, en último término, está en manos de las farmacéuticas?

Las vacunas disponibles son seguras y efectivas a corto plazo, pero hay muchas preguntas que aún debemos hacer sobre la duración de su inmunogenicidad y su efectividad ante las variantes y posibles mutaciones del coronavirus. Ahora bien, la vacunación del mundo no es un tema científico o sanitario sino sobre todo geopolítico. A inicios de marzo, se habían puesto en el mundo unas 4 dosis por cada 100 personas, con una gran desigualdad, ya que en muchos países no había todavía vacunados. El mismo director de la OMS dijo que "el mundo se encuentra al borde de un fracaso moral catastrófico". ¿Por qué? Pues porque las inversiones en la investigación de vacunas han sido sobre todo públicas, pero la producción y comercialización está en manos privadas debido al acuerdo de 1995 sobre los "Derechos de propiedad intelectual relacionados con el comercio" de la OMC (TRIPS), que impone los intereses de las multinacionales farmacéuticas sobre los estados, en especial del sur, que son dependientes de patentes y licencias sobre productos, vacunas y fármacos. Las grandes farmacéuticas gastan mucho en publicidad y no en medicamentos y vacunas que no les son rentables pero que son absolutamente vitales para la sociedad. La geopolítica sanitaria que impone el complejo médico farmacéutico financiero global (el Big Pharma) controla el consumo masivo de fármacos y tecnologías sanitarias, defiende sus intereses con una gran influencia sobre los estados, y genera enormes beneficios. La India, Sudáfrica y 90 países más han tratado de suspender los acuerdos de propiedad durante la pandemia, pero la Unión Europea, EE.UU. y otros países anglosajones se opusieron. De esta dinámica sólo escapan Rusia, China y Cuba, pero algunas de sus vacunas también se encuentran mercantilizadas y asociadas a laboratorios privados nacionales de la India, Brasil, Argentina, entre otros.

¿Puede poner más ejemplos del poder corporativo de esas empresas?

El 60% de la financiación de la Alianza para las Vacunas (GAVI) proviene de las corporaciones farmacéuticas y de donantes de países ricos que, al estar presentes en los comités de expertos, defienden los intereses de la industria. La "Coalición para las Innovaciones en la Preparación ante Epidemias" (CEPI) creada en el año 2015 por el Foro Económico de Davos con la ayuda de la Fundación Gates y el Fondo Wellcome Trust (un fondo de la corporación GlaxoSmithKline), anunció un plan de vacunación global. El Fondo de Acceso Global para Vacunas COVID-19 de la OMS llamado COVAX, junto con la GAVI y la CEPI, hace que los derechos de "patentes" de las vacunas sigan una lógica mercantil, por lo que sólo suministran vacunas en forma limitada en los países pobres, y no como "un derecho", sino como una forma geopolítica caritativa de tipo colonial donde los países compiten por separado para conseguir cuotas de dosis. No es extraño pues, que la inmensa mayoría de vacunas disponibles hayan ido a parar a los países occidentales ricos (y dentro de ellas a menudo los más privilegiados). Cabe decir también que el 80% del presupuesto de la propia OMS depende de donaciones y no de los Estados (la Fundación Gates por ejemplo paga el 90% de su programa de medicamentos), lo que muestra su grado de dependencia de los intereses de la industria y medios privados. Es fundamental democratizar la vacunación, convirtiéndola en un bien común de toda la humanidad. Y para hacer esto, habrá que generar una respuesta geopolítica que libere las patentes, creando una asociación de países del sur con soberanía para producir y distribuir vacunas para todos.

Esto quiere decir que hacer un cambio social y político, radical y profundo, sería "la vacuna" más eficaz y que es fundamental democratizar la vacunación, convirtiéndola en un bien común de toda la humanidad. Habrá que generar una respuesta geopolítica que libere las patentes, y crear una asociación de países del sur con soberanía para producir y distribuir vacunas para todos. Algunos casos que pueden ir en esta dirección son la posible distribución de vacunas fabricadas en la India (el país que más fabrica), el desarrollo de la vacuna cubana "soberana 02" para la población, turistas y otros países o que, bajo el ALBA, Cuba y Venezuela quieren crear un banco de vacunas para los países pobres. En definitiva, necesitamos una “vacuna social”.

En su último libro "La salud es política" (Icaria), profundiza en que hay que impulsar un cambio de modelo a gran escala para hacer frente a las crisis que vendrán, derivadas en buena parte del colapso ecológico. ¿Pero cómo empezar a hacer ese cambio dentro de un marco capitalista que prioriza los beneficios por encima de todo?

La pandemia es un baño de humildad que nos debería hacer comprender que somos parte de la naturaleza, y que cuando la dañamos también nos dañamos a nosotros. Somos frágiles, y somos dependientes. Ahora bien, esto no es suficiente para hacer los cambios que necesitamos ya que las inercias económicas, políticas y culturales existentes hacen que sea muy difícil cambiar. El neoliberalismo destruye la vida, pero también "infecta" nuestras mentes dificultando comprender lo que sucede. Esto significa que, si queremos cambiar, la conciencia social sobre las causas y efectos profundos de la pandemia debe aumentar. Con el fin de lograr un cambio profundo, será necesario, como casi siempre en la historia humana, hacerlo con lucha social. La emergencia climática y la crisis ecosocial y energética que padecemos -y padeceremos- serán infinitamente peores que la pandemia. Y es que la constante acumulación, crecimiento ilimitado y despojo de bienes comunes del capitalismo es nuestro peor "virus". Las reformas son cruciales, pero habrá que realizar cambios sistémicos muy profundos. O bien cambiamos radicalmente, o vamos camino de la extinción humana, o en todo caso un genocidio y ecocidio masivos.

En un mundo sometido a múltiples y casi inevitables crisis ecosociales sistémicas, hay que "cambiarlo todo", dicen las feministas. Debemos reinventar -y debemos hacerlo pronto- la organización de la producción y la reproducción social haciendo una revolución económica, política y cultural. ¿Cómo hacer este cambio? Propongo cuatro de los elementos que creo esenciales. Primero, experimentar como vivir de una manera diferente, con cooperativas de producción y consumos, nuevas formas de vida y relaciones donde la libertad de unos no dependa del sufrimiento de los demás. El gran escritor portugués José Saramago dijo: si no cambiamos de vida no cambiaremos la vida. Segundo, aumentar la conciencia de la crisis sistémica que nos rodea y que es posible vivir bien de otra manera, con menos consumo, de forma más saludable, humana y realmente sostenible. Esto significa una reeducación ciudadana política y cultural muy profunda. Tercero, crear grupos de análisis (think tanks) potentes que hagan análisis críticos y propuestas de actuación políticas más adecuadas; Y cuarto, juntarse y movilizarse continuamente con movimientos sociales a la vez descentralizados y coordinados, que conecten todas las luchas, que sean "glo-locales", capaces de crear formas colectivas para presionar y cambiar la política institucional. Hacer estos cambios nos costará mucho pero no hacerlos aún nos costará más.