lunes, 6 de junio de 2022

Tres Secretarias distintas y una sola Política verdadera

La desaparición de una de ellas me ha traído la memoria de las otras dos. Una Trinidad non sancta que, entre otras cosas, confirma que el feminismo auténtico no se reduce a la presencia femenina en según qué estructuras de la sociedad.

El pasado marzo murió la implacable Madeleine Albricht, Secretaria de Estado de 1997 a 2001, durante la presidencia de Bill Clinton. Antes había sido embajadora en las Naciones Unidas.

Como representante permanente de los EE.UU. ante la ONU, evitó describir los asesinatos en Ruanda como "genocidio" hasta que fue imposible negar la evidencia. Más tarde comentó que «fue un momento muy, muy difícil, y que la situación no estaba clara. Usted sabe, en retrospectiva, todo parece muy claro. Pero en ese momento, no estaba claro qué ocurría en Ruanda».

También consideró «difícil» la decisión de imponer a Irak sanciones económicas que costaron la vida a medio millón de niños iraquíes. Pero cuando le comentaron que habían muerto allí más niños que en Hiroshima, respondió tajante que “el precio valió la pena”.

¡Pobre mujer, cuántas decisiones difíciles tuvo que tomar!

Otra figura prominente de la política exterior estadounidense es Victoria Nuland. Fue portavoz del Departamento de Estado de 2011 a 2013, durante la presidencia de Obama​, y de 2013 hasta enero de 2017 responsable de la política exterior para asuntos europeos y euroasiáticos. Ahora es Subsecretaria de Estado para asuntos políticos. La historia reciente de Ucrania que ha llevado a la situación actual debe mucho a su intervención. Los Estados Unidos llevan décadas desestabilizando la zona para debilitar a Rusia, con las consecuencias fatales de todos conocidas. Victoria Nuland había acudido personalmente al Maidan para apoyar a nacionalistas y europeístas. Sabido es que los EE.UU. invirtieron 5000 millones de dólares en Ucrania para fomentar sus aspiraciones europeas.

También tiene esta dama su frase célebre, registrada en una conversación telefónica entre Nuland y el embajador Pyatt. Ocurrió en 2014. Muestra, entre otras cosas, la manipulación norteamericana en los nombramientos posteriores a la defenestración de Yanukóvich. Pyatt sugirió que antes de proponer a Yatseniuk (que desairaba a otros líderes de la oposición) sería conveniente hacer algunas consultas con la Unión Europea. La respuesta de Nuland fue terminante, y así quedó registrada y difundida por todo el mundo: “¡al carajo con la Unión Europea!” Los sumisos gobiernos de la región, indignos vasallos de Washington según Zbigniew Brzezinski, aceptaron mansamente el insulto.

Efectivamente, el vasallaje no desapareció con el feudalismo medieval. Las mafias que te "protegen" de ellas mismas han persistido, y no solo en las zonas oscuras de la sociedad.

La sinceridad aflora en los diálogos privados. Vemos como los interlocutores de Villarejo, en sus conversaciones telefónicas, no emplean el mismo tono y vocabulario a que nos tienen acostumbrados en las liturgias públicas. Hacia fuera, discursos y declaraciones se modulan según sus destinatarios.

Estos pueden consistir en un selecto club de expertos, un partido político o una congregación religiosa. Los fieles a que va destinado un discurso pueden ser desde aficionados al deporte a preocupados por el cambio climático, y el argumentario excluirá probablemente aquello que pueda disgustarles e insistirá en lo que los une.

A la luz de este principio podemos distinguir declaraciones de carácter estratégico, didáctico o propagandístico, y debemos ser capaces de interpretarlas correctamente.

Las de carácter estratégico suelen estar dirigidas a colectivos presuntamente fieles a los que que se quiere consolidar. Públicos de extensión y significación extremadamente variados, y en función de ellos la argumentación puede ser más o menos sincera o claramente falaz.

La estrategia básica la expresó John Quincy Adams, sexto presidente de Estados Unidos, cuando dijo que «Estados Unidos no tiene amistades permanentes, sino intereses permanentes». No fue el primer político en confesarlo, ni será el último, en este y otros países.

Volvamos a nuestras Secretarias para completar la terna. Condoleezza Rice lo fue durante la administración de George W. Bush. Jugó un papel importante apoyando la invasión a Irak de 2003 y apareció en varios medios tratando de convencer a la población estadounidense de que Irak poseía armas de destrucción masiva. Esta y otras mentiras fueron muy pronto descubiertas, como reconocía el diario El País en 2004:

Los datos que se van conociendo indican que la decisión de invadir Irak fue muy anterior a la desautorización de las inspecciones de la ONU, y a la puesta en escena de Colin Powell ante el Consejo de Seguridad; anterior incluso a los atentados del 11 de septiembre de 2001, y presumiblemente no fue decidida en el contexto de la seguridad nacional, sino en el de la elaboración del Plan Energético Nacional que Bush encomendó a su vicepresidente, Dick Cheney, en enero de 2001, nada más llegar a la Casa Blanca.

"Necesitamos un enemigo común para unirnos", había dicho esta buena mujer, en consonancia con la estratégica creación de sucesivos "ejes del mal", cuando el comunismo soviético ya no fue más una excusa válida y hubo que sustituirlo por un "terrorismo internacional" de amplio espectro.

Tal como Nuland mostraba su desprecio a la Unión Europea, Condolezza confesó el suyo hacia esa "comunidad internacional" (a veces concretada en alguna "coalición de los dispuestos"), que suele servir de paraguas a las intervenciones norteamericanas, cuando dijo en la campaña electoral del 2000 que deberíamos proceder sobre la base firme del interés nacional y no del interés de una comunidad internacional ficticia(dato extraído de una tesis a la que enlazo, pág. 65):

“La Construcción del Enemigo, Estados Unidos y su nuevo Eje del Mal”

Estudio descriptivo desde la Epistemia Constructivista sobre las motivaciones que llevaron a Estados Unidos a intervenir en Afganistán e Irak. 

Profesor Guía: Dr. Eduardo Araya Leupin 

Alumna: Fabiana Rodríguez-Pastene Vicencio 

VIÑA DEL MAR, 17 DE MARZO DE 2006

Manifiesto

La guerra moderna pone en juego la utilización institucionalizada de una parte de las características personales, tales como obediencia ciega o el idealismo, y por otra, aptitudes sociales tales como el lenguaje; finalmente implica planteamientos racionales tales como la evaluación de los costes, la planificación y el tratamiento de la información.

La imagen del enemigo es una construcción artificial más que un rasgo humano constante.

Manifiesto de Sevilla, 1989. 

(...)

Para mandar a personas a la guerra, para enviarlas a pelear, para generar desde hostilidades hasta exterminio, se requiere de la figura del enemigo. Pues bien, después de la desaparición del “fantasma comunista”, algunos se preguntan si acaso la hegemonía de los Estados Unidos es tan completa que ya ha pasado a una suerte de invención, a la construcción del enemigo. Esto supondría el diseño de un enemigo elegido y estructurado como tal, y desde luego, moralmente reprobable.

Tras la caída del Muro de Berlín y el consiguiente término de la Guerra Fría, Estados Unidos perdió gran parte de sus referentes en Política Exterior. En efecto, al finalizar la Guerra Fría, los pilares de la legitimidad estadounidense de “contención” se desplomaron junto con el Muro de Berlín y las estatuas de Lenin. Desde entonces, como afirma Kagan, no ha existido mucho con qué reemplazarlos. “El islamismo militante radical, no importa cuán poderoso sea cuando se manifiesta como Terrorismo, no reemplaza al comunismo como amenaza ideológica para la democracia liberal occidental. Así como tampoco las más difusas y opacas amenazas de la Posguerra Fría reemplazaron a la amenaza soviética masiva como fuente de legitimidad para el poderío estadounidense”.

La afirmación de Kagan resulta aún más interesante cuando se considera que la identidad (de los individuos, pero también de las naciones, los estados en fin, todo actor internacional) es, en muchos sentidos, resultado de la contraposición de los opuestos, de la alteridad. Se hace entonces necesario, tras el nuevo orden mundial, buscar renovados referentes y misiones que ayuden a definir o reforzar el lugar de Estados Unidos en el mundo globalizado. 

(...) 

2 comentarios:

  1. En el etnocéntrico "mundo libre", el burka no se impone solamente a las mujeres. Hábilmente tejido por los llamados medios de información, se impone un único burka a toda la población, tan eficazmente que en realidad el género es lo de menos.

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