El sufrimiento que la guerra causa a los niños, intencionado a veces, otras despreciándolos como "daño colateral", es la máxima expresión de la infamia. En las últimas entradas de este blog recogí dos poemas, uno sobre la vieja herida mal curada de España, otro sobre la persistente y ya casi tan vieja como aquella de Palestina. Poemas dirigidos a niños que no las han padecido con la intención de educar sus sentimientos, algo que debería importar mucho más que instruir en conocimiento utilitario. Pensad que a una especie solo la salva el amor a sus pequeños.
Pablo Neruda conocía el valor de la palabra, la fuerza que contiene cuando resuena en el cerebro. Sabía bien lo mucho que inmediatamente evoca la palabra 'amapola' o 'los dientes agudos del chacal'. Por eso la fuerza de su poema reside en la palabra 'niños'. Abandona lilas, amapolas, pájaros, lluvia, para que nada distraiga nuestra atención de la atrocidad que denuncia.
Este poema suyo, que comienza lleno del color y la vida del barrio, lo rompe bruscamente el terror de los bombardeos sobre Madrid, y todo su dolor se concentra en estos versos:
...venían por el cielo a matar niños,
y por las calles la sangre de los niños
corría simplemente, como sangre de niños...
...Venid a ver la sangre por las calles...
«…Hay una estrella más abierta
que la palabra amapola?
Hay dos colmillos más agudos
que las silabas de chacal?»
PN
PREGUNTARÉIS: Y dónde están las lilas?
Y la metafísica cubierta de amapolas?
Y la lluvia que a menudo golpeaba
sus palabras llenándolas
de agujeros y pájaros?
Os voy a contar todo lo que me pasa.
Yo vivía en un barrio
de Madrid, con campanas,
con relojes, con árboles.
Desde allí se veía
el rostro seco de Castilla
como un océano de cuero.
Mi casa era llamada
la casa de las flores, porque por todas partes
estallaban geranios: era
una bella casa
con perros y chiquillos.
Raúl, te acuerdas?
Te acuerdas, Rafael?
Federico, te acuerdas
debajo de la tierra,
te acuerdas de mi casa con balcones en donde
la luz de junio ahogaba flores en tu boca?
Hermano, hermano!
Todo
eran grandes voces, sal de mercaderías,
aglomeraciones de pan palpitante,
mercados de mi barrio de Argüelles con su estatua
como un tintero pálido entre las merluzas:
el aceite llegaba a las cucharas,
un profundo latido
de pies y manos llenaba las calles,
metros, litros, esencia
aguda de la vida,
pescados hacinados,
contextura de techos con sol frío en el cual
la flecha se fatiga,
delirante marfil fino de las patatas,
tomates repetidos hasta el mar.
Y una mañana todo estaba ardiendo
y una mañana las hogueras
salían de la tierra
devorando seres,
y desde entonces fuego,
pólvora desde entonces,
y desde entonces sangre.
Bandidos con aviones y con moros,
bandidos con sortijas y duquesas,
bandidos con frailes negros bendiciendo
venían por el cielo a matar niños,
y por las calles la sangre de los niños
corría simplemente, como sangre de niños.
Chacales que el chacal rechazaría,
piedras que el cardo seco mordería escupiendo,
víboras que las víboras odiaran!
Frente a vosotros he visto la sangre
de España levantarse
para ahogaros en una sola ola
de orgullo y de cuchillos!
Generales
traidores:
mirad mi casa muerta,
mirad España rota:
pero de cada casa muerta sale metal ardiendo
en vez de flores,
pero de cada hueco de España
sale España,
pero de cada niño muerto sale un fusil con ojos,
pero de cada crimen nacen balas
que os hallarán un día el sitio
del corazón.
Preguntaréis por qué su poesía
no nos habla del sueño, de las hojas,
de los grandes volcanes de su país natal?
Venid a ver la sangre por las calles,
venid a ver
la sangre por las calles,
venid a ver la sangre
por las calles!
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