El mismo día en que se cumplían noventa años del comienzo en Melilla del Golpe de Estado fascista publicaba yo en este blog cartas marcadas. Me refería a cuatro departamentos gubernamentales que siguen férreamente controlados por los sucesores de aquel evento. Da igual que gobiernen unos u otros, los correspondientes ministros acatan las directrices que les imponen los poderes fácticos.
Comparaba yo estas cartas marcadas con los palos de la baraja, y les adjudicaba el uso de estos palos (uso bastante literal, por cierto) de la forma siguiente:
1. Oros: Justicia, por ser en la práctica el que puede hacer y deshacer por encima de quien gobierne, contando para ello con el Supremo Hacedor.
2. Copas: Exteriores; entre cócteles y francachelas diplomáticas, acata lo que deciden los organismos internacionales, especialmente la Alianza Militar a la que nos mantienen enganchados.
3. Espadas: Ejército. Ver a la ministra rodeada de uniformes da la impresión de que la mantiene secuestrada por un ejército que sigue siendo el mismo que se sublevó, sin solución de continuidad.
4. Bastos: Interior. Propiamente es el Ministerio de la Porra.
El número dos obedece lo que deciden fuera, los otros tres ordenan hacia adentro.
Hace cuatro días publicaba Eneko una viñeta que titulaba El amo. El tal amo era, naturalmente, el Gran Capital.
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Aquí los reyes han sido despojados de sus atributos, y el gordo de chistera y bigote pisa fuerte el oro en que se apoya mientras sujeta con firmeza la porra y el espadón.
Mi hermana tiene otra interpretación: la moneda de oro es la economía y la copa el goce que proporciona al amo. Por eso echa en falta el palo de los jueces y el de la Iglesia.
Para mí, la Iglesia ha sido el Ángel Tutelar que siempre ha extendido sus alas protectoras sobre el amo y su espada de fuego sobre el díscolo. Ahora, perdido en gran parte su lustre y su poder temporal, es una más de las estructuras económicas a las que se aferra con todas sus fuerzas, manteniendo sus privilegios, especialmente crematísticos.
Tal vez habría que adjudicarle el Copón.

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