viernes, 7 de febrero de 2025

Expolio y exterminio como solución final

La barbarie sigue aquí, viva en muchos lugares, más o menos latente en el nuestro, donde cierta estabilidad, por parcial e injusta que sea, nos mantiene sedados. De vez en cuando estalla con fuerza en alguna parte, pero la costumbre normaliza lo que no ocurra demasiado cerca de nosotros y lo apartamos pronto de la memoria.

Súbitamente, algo que parecía insólito en este tiempo pudibundo nos es lanzado  impúdicamente a la cara. Todavía nos cuesta aceptar la idea de expulsar a una población para establecer un espacio de placeres banales para unos pocos. No es todavía aceptable un exilio por la vía rápida, como sí parece serlo para muchos el exterminio a cámara lenta.

Todo se andará.

Dejo aquí completo un artículo de Rafael Poch al que ya me he referido en ecofascismo del fin del mundo a través de una cita breve de Jorge Riechmann. Nos recuerda que el genocidio, el exterminio que puede ir más allá de la exclusión, es una solución "ecológica" para los dueños de todo, en pleno desarrollo de dos crisis (¿terminales?), la del imperialismo y la climática, bajo las que subyace el agotamiento del planeta, del sistema y de su alimento energético.

La idea lanzada por este monstruo, físicamente semejante al mucho más humano creado por Mary Shelley, aupado a lomos de ignorantes, tiene precedentes históricos. Sobre uno de ellos estamos sentados los descendientes de quienes expulsaron sin piedad a judíos y moriscos. Seguro que también ese despojo enriqueció a muchos y supuso buenas oportunidades de negocio.

Que el Frankenstein malo y el Nosferatu peor se lleven bien no es cosa rara. Yanquis e israelitas coinciden en la fea costumbre de robar territorios a sus ocupantes:

Evolución de la desposesión de los pueblos nativos en Palestina y en el territorio de los Estados Unidos. / Jewish Voice for Peace



Lo malo malísimo es que a estas alturas normalicemos este proceder bárbaro. Desmitifiquemos glorias pasadas, llenas de comportamientos feísimos, y veámonos como el resultado de hechos execrables. No somos responsables de lo que hicieron otros antes, pero sí lo seremos de lo que soportemos impávidos ahora.


Consideraciones sobre el futuro y el pasado del actual mundo peligroso

20/12/2024

Destrucción causada por los bombardeos israelíes sobre Gaza a principios de 2023. / Mohammed Hajjar

















Cuando personajes prudentes como el secretario general de la ONU o el exdiplomático español Miguel Ángel Moratinos dicen que la humanidad ha abierto las puertas del infierno al ignorar el calentamiento global e incumplir los objetivos impuestos, y que nos encontramos “al borde de la Tercera Guerra Mundial”, expresan el mero sentido común de cualquier persona despierta.

Efectivamente, en comparación con situaciones del pasado, el mundo de hoy es peligroso por la combinación y correlación de dos crisis, la una dentro de la otra: la crisis del declive occidental y la crisis del Antropoceno, o mejor dicho del capitalismo antropocénico. Es decir, todo lo vinculado al cambio global y que científicos como Antonio Turiel han expuesto aquí con gran claridad.

¿Cómo se lee lo de Gaza a la luz de la combinación de estas dos crisis?

Espejo de futuro y retrovisor del pasado

¿Qué mensaje lanza la complicidad occidental con la evidente y criminal negación del principio de igualdad entre seres humanos en el siglo XXI que se observa allá? Sin duda un mensaje y un aviso sobre cómo la parte privilegiada de este mundo pretende “solucionar” el callejón sin salida al que nos ha conducido el sistema capitalista. Es decir: la “solución” de mantener islas de libertad y derecho estrictamente protegidas por ejércitos y armadas para, digamos, el 20% de la población mundial, y excluir, recluir, y si es necesario exterminar, al resto en zonas, humana y ambientalmente, desastradas. El sociólogo Immanuel Wallerstein decía que esto podía no ser muy diferente del orden pregonado por Hitler y los nazis.

En nuestro futuro inmediato, grandes cantidades de personas van a ser desplazadas por el cambio climático. Así que hay que preguntarse ¿qué pasará con el impulso, la complicidad y el consenso genocida de los gobiernos euroamericanos y sus medios de comunicación que se está viendo en el caso de Gaza, en la perspectiva de una crisis que destruye grandes zonas habitadas del planeta?

En la cumbre COP 28 de Dubai el presidente colombiano, Gustavo Petro, dijo: “El desencadenamiento del genocidio y la barbarie sobre el pueblo palestino es lo que le espera al éxodo de los pueblos del Sur desatado por la crisis (…) lo que el poder militar bárbaro del norte ha desencadenado sobre el pueblo palestino es la antesala de lo que desencadenará sobre todos los pueblos del sur cuando por la crisis climática quedemos sin agua; la antesala de lo que desencadenará sobre el éxodo de las gentes que por centenares de millones irán del sur al norte”.

"El racismo colonial es el nexo cultural e ideológico de las potencias occidentales con Israel"

A juzgar por lo que estamos viendo en Gaza, es muy poco probable que la violencia, mucho más prolongada y lenta, que experimenta (y experimentará en una medida mucho mayor en el inmediato futuro) la mayoría mundial como consecuencia del colapso ecológico y el cambio climático suscite algún tipo de simpatía por parte del establishment occidental. Esto no es solo una predicción. Es también un ejercicio de memoria histórica.

Esta brutalidad tiene precedentes en las sociedades europeas más sofisticadas y cultas. Caracterizó la colonización euroamericana del “Nuevo Mundo” en la que los colonos europeos mataron a más de 55 millones de indígenas en América del Norte, Central y del Sur a lo largo de cien años, hasta el “periodo civilizador” de los siglos XIX y XX, durante el cual Occidente llevó a cabo las más brutales y salvajes campañas de violencia y exterminio en todo el mundo bajo la bandera de la modernidad y el desarrollo, particularmente en África y Asia, pero también incluso dentro de las propias fronteras europeas. Hacer en Europa algo que en los territorios coloniales no era nada excepcional fue lo que convirtió a los nazis en criminales, como observó el fundador de la India moderna Jawāharlāl Nehru en un libro escrito en 1942 en una prisión colonial británica.

El racismo colonial de Occidente es el nexo cultural e ideológico de las potencias occidentales con Israel, el “valor europeo”, si se quiere, que explica la complicidad y la evidente negación del principio de igualdad entre seres humanos en el siglo XXI.

La comprensión ante el “derecho a defenderse” de Israel en países como Alemania, Francia o Inglaterra es resultado directo de la común historia colonial. Al fin y al cabo ¿qué está haciendo Israel en Palestina que no hiciera Francia en Argelia e Indochina cuando los de mi generación éramos niños? ¿O Inglaterra en la India de lo que Mike Davis llama el “holocausto tardovictoriano”? ¿O Alemania con el genocidio herero y namaqua en la actual Namibia a principios de siglo, cuando nuestros abuelos eran niños?

“Gaza”, dice Petro, “es el espejo de nuestro futuro inmediato”. Y me permito añadir: también el retrovisor de nuestro pasado.

El día 10 intervino en la Universidad de Girona Raji Sourani, fundador del Centro Palestino para los Derechos Humanos, y dijo que la lucha contra el genocidio de Gaza es la lucha por el futuro de la humanidad. No se si Sourani pensaba en el escenario de una Gaza planetaria, pero su afirmación es indiscutible.

Declive y solución militar

Entremos ahora en el segundo aspecto, la mencionada “crisis del declive occidental”. ¿Qué contiene ese concepto?

Esa crisis consiste en el intento del Norte Global (categoría que incluye a Rusia) de solventar su pérdida de peso en el mundo por medios militares. Todos sabemos, por ejemplo, que la economía de Estados Unidos, que en 1945 representaba casi la mitad de la economía mundial, hoy solo representa el 15% del PIB mundial. Y que toda una serie de países que entonces no contaban nada, hoy son potencias emergentes que van a más.

En ese contexto veamos la reacción de quienes van a menos.

–Rusia. Es obvio que pese a su recuperación de los últimos años, la tendencia le afecta de pleno, porque todo el mundo entiende que por muy bien que le vayan las cosas nunca volverá a tener la potencia que alcanzó con la URSS, cuando entre los ríos Elba y Mekong había regímenes inspirados en el soviético. En 1991, poco antes de morir, el extraordinario etnógrafo soviético Lev Gumiliov, hijo de dos de los mayores poetas rusos del siglo XX, Nikolái Gumiliov y Anna Ajmátova, expuso la cuestión con gran claridad al anunciar el inicio de “la gradual decadencia de la etnos rusa, y, transcurrido cierto tiempo, su salida de la escena de la historia, pero, afortunadamente, tenemos algunos siglos por delante para construir y moldear”. Gumiliov sugería con ello que, en cualquier caso, el futuro de Rusia sería la administración de su ocaso. En la Rusia de hoy creo que eso es algo comúnmente aceptado y precisamente por eso, se busca administrar el declive reformulando su posición en el mundo.

"La élite rusa ya no quiere integrarse en Europa, sino vincularse a la pujante China y al Sur Global emergente"

La élite rusa ya no quiere integrarse en Europa, donde solo le ofrecían un papel subalterno incompatible con su identidad de gran potencia, sino vincularse a la pujante China y al Sur Global emergente. Cree que mediante una alianza con Pekín y potenciando el movimiento de los Brics y las relaciones con el Sur global que estuvo en buena sintonía con la URSS, logrará mantener mucho mejor su soberanía a medio y largo plazo en un mundo multipolar con varios centros de poder.

La guerra de Ucrania rompe una tendencia de 300 años en la historia de Rusia, la del enfoque hacia Europa de Pedro el Grande, en el siglo XVIII, y al mismo tiempo otorga a la crisis de su régimen bonapartista una prórroga para transformarse, mediante un nuevo contrato social con su población que está siendo formulado bajo la certeza de un endurecimiento del autoritarismo y la promesa de una mayor nivelación social.

–La Unión Europea. Fue una fórmula en la misma lógica de preservación: una serie de antiguas potencias coloniales venidas a menos que se unen para poder seguir siendo dominantes. Pero, de momento, el experimento solo ha logrado situarlas en el papel de “ayudante del sheriff”.

La guerra de Ucrania fortalece su dependencia, política, militar y económica de Estados Unidos, pero las incertidumbres del segundo mandato de Trump siembran el desconcierto entre los vasallos. En el orden interno sus Estados miembros pierden igualdad social, soberanía y sustancia representativa por haber delegado competencias a instituciones oligárquicas no electas que gobiernan el conjunto: el Banco Central Europeo, en política económica y monetaria, la OTAN, en política exterior y de defensa, y la Comisión Europea en casi todo lo demás relativo a la gobernanza. Lo menciono para comprender de paso que la distancia de todo esto con los regímenes autoritarios, autocráticos, de partido único, o como se quiera definir, es mucho menor de lo que nos explican.

–Estados Unidos. Aunque algunos de sus mandatarios digan que quieren “hacer América grande de nuevo”, MAGA –lo que sugiere cierto reconocimiento de decadencia–, básicamente no aceptan el propio enunciado del problema –el declive– y quieren mantener mediante la guerra la ilusión de dominio unipolar en solitario soñada tras el fin de la Guerra Fría. Ven a China como el enemigo principal y el pulso con Rusia y la sumisión de la Unión Europea como parte de ese combate con China. En el orden interno hay división en el establishment de Washington sobre la táctica a seguir, pero no en el objetivo estratégico de preservarse como número uno, y continuar sirviendo a los intereses de los más ricos.

Como denominador común a los tres, diremos que el impulso guerrero une todos estos propósitos en los tres escenarios: Europa, Oriente Medio y Asia Oriental.

Si en el caso de Rusia y Estados Unidos, se entiende la lógica de sus respectivos objetivos y ambiciones, en el caso europeo todo parece mucho menos racional. Y eso pese a que es en Europa, de donde partieron dos guerras mundiales, donde el escenario bélico está ahora más candente.

En los tres escenarios están implicadas potencias nucleares. En Europa: Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Rusia. En Oriente Medio, Estados Unidos e Israel. En Asia Oriental, Estados Unidos, China, Corea del Norte y Rusia. Eso define un peligro aún mayor que el de aquella época en la que las superpotencias capaces de destruir el mundo solo eran dos.

Como recuerda el reloj del juicio final, del Bulletin de los físicos nucleares de la Universidad de Chicago, asistimos a las tensiones nucleares más peligrosas desde la crisis de los misiles de Cuba, en 1962. Después de aquella crisis se estableció un cuerpo de normas y acuerdos –firmados o implícitos– sobre conductas y zonas de influencia entre las dos superpotencias nucleares que contribuyeron a evitar el desastre de una guerra nuclear. Hoy todo ese entramado argumental y diplomático, tratados de control de armamentos y desarme, o se ha desmontado en las últimas décadas (siempre a iniciativa de Estados Unidos), o es ignorado con gran ligereza por responsables políticos que ya carecen de experiencia biográfica generacional de guerra. Estamos asistiendo a la ruptura del canon de la Guerra Fría en materia de relaciones entre superpotencias nucleares, sin que nada lo haya sustituido. 

"Estamos asistiendo a la ruptura del canon de la Guerra Fría en materia de relaciones entre superpotencias nucleares"

Principios importantes de aquel canon eran no colocar junto a las fronteras del adversario nuclear recursos militares capaces de anular su disuasión y no avanzar alianzas militares hostiles. Ambos se han violado en Europa.

A partir de 1992, los neocon estadounidenses proclamaron que habían ganado la Guerra Fría, pensaron que podían afirmar un poder hegemónico exclusivo y sin cortapisas en el mundo y se lanzaron a reordenarlo. Muchos estrategas de Estados Unidos dijeron que era un error y los hechos demostraron que tenían razón: el resultado fue un gran desorden en Oriente Medio que ahora se extiende como guerra en Europa y gran aumento de las tensiones con China en Asia Oriental. Hablo de “desorden” pero las cifras sugieren que se debe emplear un término más próximo a lo criminal: desde el 11 de septiembre de 2001 neoyorkino, la guerra continua desatada por Estados Unidos y sus aliados –en Afganistán, Irak, Libia Yemen, Siria, etc.– ha gastado 8 billones de dólares (dos veces el PIB de Alemania) para ocasionar entre 4,5 y 4,7 millones de muertes (directas e indirectas) y 38 millones de desplazados. En Ucrania tenemos centenares de miles de muertos, en su inmensa mayoría soldados, y en ambos bandos, dos ejércitos de mutilados, viudas y huérfanos. Obviamente en el caso de Ucrania, como en el de Siria, no toda, pero sí la principal responsabilidad es de Estados Unidos. Podemos escribir un libro sobre las responsabilidades rusas y ucranianas en el conflicto y discutir el reparto, pero lo que es indiscutible es que la iniciativa, el vector principal, es americano, euroamericano si se considera el seguidismo de la Unión Europea.

Ahora, entre el nerviosismo europeo por la victoria de Trump y ante la posible perspectiva del envío de tropas de la OTAN a Ucrania, asistimos a la reformulación de la política nuclear rusa. Se constata que la condición de Rusia como superpotencia nuclear ya no da miedo, ese miedo que evitó la guerra nuclear en el pasado, y que, por tanto, para Rusia es imperativo recuperarlo para evitar una catástrofe mayor. En ese contexto se sitúa el uso demostrativo de nuevas armas hipersónicas que no pueden ser interceptadas como el misil “Oreshnik”. Hay que tener en cuenta, además, que la historia del pulso nuclear entre las superpotencias de la Guerra Fría estuvo llena de situaciones que escapaban a la voluntad de sus líderes y que se resolvieron por el azar o el sentido común de personajes insignificantes. Por todo ello es imperativo preguntarse hoy por este tipo de peligros.

Guerra, tiempo y estupidez

Con todo este peligro nuclear, al igual que con muchos otros problemas globales, como la desigualdad social y regional, o la superpoblación, se puede convivir. Convivir peligrosamente, podríamos decir. Pero se puede. De hecho, medio siglo de Guerra Fría bajo la amenaza de la Destrucción Mutua Asegurada (Mad), así lo demuestra. Pero a diferencia de la amenaza que supone el arma nuclear, la crisis del calentamiento global es algo que conforme no haces nada para atajarla, aumenta. No se puede convivir con ella sin entrar en desastres como la hipótesis genocida del presidente Gustavo Petro.

Así que, ahora, cuando los tiempos exigen una estrecha y urgente concertación internacional, en primer lugar entre Estados Unidos y China para atajar la crisis climática, la guerra, el guion de los imperios combatientes, ya no es el desastre criminal que siempre fue, sino que además es una estupidez. Mientras se hace la guerra se pierde un tiempo del que no disponemos como especie. Por eso siempre digo que si un extraterrestre observara nuestra situación, concluiría que los dueños de este mundo peligroso han perdido la razón.

El texto sigue las notas de la charla impartida el 13 de diciembre en el Ateneo de Figueres.

miércoles, 5 de febrero de 2025

El gran poder de la mentira

A un conflictivo grupo de "corazón partío" pertenece Ángel Horacio Teper, y en su página de Facebook encuentro una interesante exposición de la teoría goebbelsiana sobre la eficacia de la mentira sistemática en la comunicación masiva.

Este decálogo de once mandamientos está hoy más vigente que nunca. Si el fascismo del siglo XX elaboró tan eficaz doctrina, ahora es la propia doctrina la que puede arrastrarnos al fascismo del siglo XXI.



Por afán simplista o pereza intelectual, suele citarse a Joseph Goebbels (1897-1945, ministro para la Ilustración Pública y Propaganda de Hitler desde 1933 hasta la hora final en el bunker de Berlin en 1945), solo para citar hasta el infinito su idea sobre el efecto de la mentira sistemática en la comunicación masiva. 

El concepto goebbelsiano fue repetido tantas veces que finalmente quedó reducido a una frase que parece salida de un papelito de caramelo: "Miente, miente, que algo quedará".

Es un poco más que eso.

Goebbels era un hombre bajo ‒medía 1,65‒, rengo, tenía mirada gélida, cabeza de escritor frustrado y hábitos de seductor con éxito con las mujeres.

Su decálogo básico de 11 puntos fue escrito durante el ascenso al poder del nazismo en Alemania hace casi un siglo y jamás dejó de aplicarse.

Vaya si lo sabemos.

(Cualquier asociación con los medios oficiales y privados que continúan comunicando la triste fábula del manicomio liderado por los hermanos Milei, no es casualidad).

Conviene repasarlos. Ahí van:

1) PRINCIPIO DE SIMPLIFICACIÓN Y DEL ENEMIGO ÚNICO. Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.

2) PRINCIPIO DEL MÉTODO DE CONTAGIO. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.

3) PRINCIPIO DE TRANSPOSICIÓN. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras noticias que los distraigan”.

4) PRINCIPIO DE LA EXAGERACIÓN Y DESFIGURACIÓN. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.

5) PRINCIPIO DE LA VULGARIZACIÓN. “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar”.

6) PRINCIPIO DE LA ORQUESTACIÓN. “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras, sin dudas” (de este principio deriva la famosa idea jibarizada: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”).

7) PRINCIPIO DE LA RENOVACIÓN. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de las acusaciones.

8) PRINCIPIO DE LA VEROSIMILITUD. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.

9) PRINCIPIO DE LA SILENCIACIÓN. Acallar sobre las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario con la ayuda de medios de comunicación afines.

10) PRINCIPIO DE LA TRANSFUSIÓN. Por regla general la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.

11) PRINCIPIO DE LA UNIDAD. Llegar a convencer a mucha gente que se piensa “como todo el mundo”, creando impresión de unanimidad.

………………………….........

¿No tienen la sensación de que cada principio nos es espantosamente familiar? ¿Podemos imaginar el efecto de esta idea multiplicada hasta el infinito en las redes sociales?

martes, 4 de febrero de 2025

El fascismo, fase suprema del capitalismo

Una canción de Luis Pastor explicita la fórmula que los dominadores han usado siempre para someter a la clase subalterna: servirse de una parte de ella para sojuzgar al resto. La inmensa mayoría de la fuerza armada es en todas partes pueblo llano, disponible para reprimir a su propia gente si los poderosos así lo deciden.

El imperialismo ha sido y sigue siendo la fase superior del capitalismo, y el fascismo es su última expresión, necesaria para disciplinar a la población y dirigirla contra sí misma. No aparece hasta la decadencia de esta forma social. Ahora que el capitalismo se está ahogando en su propia expansión y llega al límite emplea este recurso.

Decíamos ayer...

Hay que llevar a una parte de la población a ver el problema en los otros. Ocultar la lucha de clases tras otras luchas, raciales, nacionales, religiosas. La patria y la religión son viejos señuelos. Añadamos un sentimiento de superioridad racial, con falsos argumentos pseudocientíficos. Se mezcla todo bien y tenemos un cóctel apropiado.

El inmigrante que viene a quitarnos el pan (y comerse con él el perro, si hace falta) es en este momento el enemigo más visible. El fascista pobre se convierte así en aliado fiel del amo si se le inocula el odio al extraño.

Hay tres formas de asegurar la fidelidad del jenízaro, el cipayo, el esbirro. La primera y más simple es asegurar su manutención, pero como eso no es suficiente para estar seguro de su lealtad, hace falta además dotarlo de una ideología que le haga sentir que cumple con su deber, que su papel es la defensa gloriosa de la patria, la sociedad, la civilización, frente a unos peligrosos bárbaros que quieren acabar con todo ello.

Esta fórmula es de geometría variable. La religión funciona bien todavía en algunos lugares, la raza sirve con otros colectivos. En todas ellas, el miedo al otro se transmuta en odio, mucho más movilizador.

La tercera forma es la orgullosa identificación con el amo. Simbólicamente, el esbirro comparte la fortaleza, la riqueza y el poderío del que lo alimenta. El placer de dominar estimula a las fuerzas de choque de los grupos fascistas. Matones de gimnasio o discoteca, adoradores de su propia fuerza, mercenarios, todos ellos están orgullosos de su papel.

(A otro nivel, la identificación con las clases altas, los "famosos", es el alimento que nutre los programas y las revistas "del corazón"; mucho efecto debe tener la identificación simbólica, dado su éxito). 

Con la madera del pueblo se construye la jaula que lo mantiene encerrado.

Se llamaba Frank Stein

Se llamaba Frank Stein.
Nació pobre, como un árbol,
sembrado estuvo en la tierra…
después lo desarraigaron
para hacer de su madera
la jaula donde encerrarlo.

Vino el niño Frank al mundo
para ser precio barato
cuando pusiera a la venta
su fatiga en el mercado,
mas, como creció tan recio
y eran de acero sus brazos,
los que con él traficaban
pensaron utilizarlo
también como vigilante
del sudor de sus hermanos.

Por eso, cuando contemplan
desde arriba lo de abajo,
se hacen guiños los planetas
y bailan alborozados
al ver cómo en las ciudades,
junto a la mar y en los campos,
hay un orden inmutable
para siempre asegurado,
pues tiene Frank la herramienta
y Stein un rifle en la mano.

lunes, 3 de febrero de 2025

Ecofascismo del fin del mundo

La exaltación de la naturaleza fue un tema fuerte del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán. Los nazis estaban en la vanguardia del conservacionismo y crearon algunas de las primeras reservas silvestres protegidas legalmente. Puede sorprendernos que su legislación fuese la primera en reconocer a la naturaleza y los animales como sujetos de derecho en vez de objetos.

En 1934, Ernst Lehmann, que un año más tarde sería nombrado por Hermann Göring   director de la Deutsche Zeppelin Reederei, dejaba estas hermosas palabras en la publicación Voluntad biológica. Caminos y objetivos del trabajo biológico en el nuevo Reich:

Reconocemos que separar la humanidad de la naturaleza, de la vida toda, conduce a la propia destrucción de la humanidad y la muerte de las naciones. Sólo a través de una nueva integración de la humanidad en toda la naturaleza puede nuestro pueblo hacerse más fuerte. Ese es el punto fundamental de las tareas biológicas de nuestra época. La humanidad sola ya no es el foco del pensamiento, sino más bien la vida como un todo... Este esfuerzo hacia la conexión con la totalidad de la vida, con la propia naturaleza, una naturaleza en la que hemos nacido, este es el significado más profundo y la verdadera esencia del pensamiento nacional-socialista.

Lo que no quedaba claro en esta propuesta es hasta dónde extendían los nazis el concepto de "humanidad". Y todas estas proclamas pasaron a un segundo plano puramente retórico cuando la Alemania de Hitler abandonó rápidamente su doctrina ecológica a fines de la década de 1930, para recurrir al productivismo y la industria pesada.

Lo que podía considerarse un precedente del moderno ecofascismo quedaba reducido a fascismo a secas.

La esencia del fascismo es la exclusión del "otro", de ahí que todas sus proclamas humanistas (que ni siquiera se dan en todas sus versiones) reducen la humanidad a un grupo excluyente de todo lo extraño a él. Una gran contradicción del fascismo internacional es precisamente esta. Acaba siendo siempre un fascismo "de clase" más que de "patria", porque dentro de ella no se incluye a toda la población. Solo los "buenos españoles" son españoles. Por algo aquel grupo de militares fascistas deseaba exterminar a más de la mitad de la población.

Esa es su visión ecológica: para mantener un cierto equilibrio planetario sin renunciar a nuestro nivel de bienestar, aquí sobra gente. Hay que excluir de nuestra sociedad a los sobrantes, y eliminarlos cuando sea necesario. El fascismo nunca se ha planteado que el problema es el capitalismo, inevitablemente crecentista. Acumulación creciente y menor capacidad de crecimiento llevan a esta conclusión.

Los grandes beneficiarios son muy pocos, y siempre necesitan productores, pero en la cantidad necesaria para su ecosistema. Hay que llevar a una parte de la población a ver el problema en los otros. Ocultar la lucha de clases tras otras luchas, raciales, nacionales, religiosas. La patria y la religión son viejos señuelos. Añadamos un sentimiento de superioridad racial, con falsos argumentos pseudocientíficos. Se mezcla todo bien y tenemos un cóctel apropiado.

El inmigrante que viene a quitarnos el pan (y comerse con él el perro, si hace falta) es en este momento el enemigo más visible. El fascista pobre se convierte así en aliado fiel del amo si se le inocula el odio al extraño.

Mientras se reduce el pastel, los más ricos, sabedores de la ruina a que conducen a este mundo, sueñan estúpidamente con escapar a otros. Con lo bien que echan las cuentas en sus inversiones, qué poco saben de auténtica ecología. Y al parecer, nada en absoluto de termodinámica.

Dejo aquí esta tierna imagen de un humanísimo führer, capaz de poner todo su cariño en los tiernos animalitos, sobre todo con una cámara delante. Y unas reflexiones de Jorge Riechmann sobre texto de Rafael Poch, que me llevan a la definición a mi entender más exacta: ecofascismo del fin de mundo. A fin de cuentas, hasta un cadáver es un ecosistema, en equilibrio altamente dinámico.

Adolf Hitler con dos cervatillos.











Fue un error optimista hablar de ecofascismo

Fue un error optimista hablar de ecofascismo, pensando que se asumiría de alguna forma la crisis ecosocial para darle una salida fascista. Lo que tenemos es fascismo a secas: negacionismo hasta el final, más la afirmación de que prevalecerá un sector de elegidos.

(Si se insiste en llamar ecofascismo a las corrientes actuales, entonces habrá que llamar a lo de Hitler y Mussolini también ecofascismo…)

(Y si se quiere puntualizar sobre lo de ahora: llamémoslo fascismo de fin de mundo, Ragnarok-fascismo o Armagedón-fascismo.)

***

“Cuando personajes prudentes como el secretario general de la ONU o el ex diplomático español Miguel Ángel Moratinos dicen que ‘la humanidad ha abierto las puertas del infierno’ al ignorar el calentamiento global e incumplir los objetivos impuestos, y que nos encontramos ‘al borde de la Tercera Guerra Mundial’, expresan el mero sentido común de cualquier persona despierta. Efectivamente, en comparación con situaciones del pasado el mundo de hoy es peligroso por la combinación y correlación de dos crisis, la una dentro de la otra: la crisis del declive occidental y la crisis del Antropoceno, o mejor dicho del capitalismo antropocénico. (…) ¿Cómo se lee lo de Gaza a la luz de la combinación de estas dos crisis? ¿Qué mensaje lanza la complicidad occidental con la evidente y criminal negación del principio de igualdad entre seres humanos en el siglo XXI que se observa allá? Sin duda un mensaje y un aviso sobre cómo la parte privilegiada de este mundo pretende ‘solucionar’ el callejón sin salida al que nos ha conducido el sistema capitalista. Es decir: la ‘solución’ de mantener islas de libertad y derecho estrictamente protegidas por ejércitos y armadas para, digamos, el 20% de la población mundial, y excluir, recluir y si es necesario exterminar al resto en zonas, humana y ambientalmente, desastradas. El sociólogo Immanuel Wallerstein decía que esto podía no ser muy diferente del orden pregonado por Hitler y los nazis…”

Esto escribía Rafael Poch de Feliu, en “Un genocidio entre dos crisis. Consideraciones sobre el futuro y el pasado del actual mundo peligroso”, en contexto, el 20 de diciembre de 2024.

Escribe también Poch de Feliu:

Esta brutalidad tiene precedentes en las sociedades europeas más sofisticadas y cultas. Caracterizó la colonización euroamericana del ‘Nuevo Mundo’ en la que los colonos europeos mataron a más de 55 millones de indígenas en América del Norte, Central y del Sur a lo largo de cien años, hasta el «periodo civilizador» de los siglos XIX y XX, durante el cual Occidente llevó a cabo las más brutales y salvajes campañas de violencia y exterminio en todo el mundo bajo la bandera de la modernidad y el desarrollo, particularmente en África y Asia, pero también incluso dentro de las propias fronteras europeas. Hacer en Europa algo que en los territorios coloniales no era nada excepcional, fue lo que convirtió a los nazis en criminales, como observó el fundador de la India moderna Jawāharlāl Nehru en un libro escrito en 1942 en una prisión colonial británica. El racismo colonial de Occidente es el nexo cultural e ideológico de las potencias occidentales con Israel, el ‘valor europeo’, si se quiere, que explica la complicidad y la evidente negación del principio de igualdad entre seres humanos en el siglo XXI. La comprensión ante el ‘derecho a defenderse’ de Israel en países como Alemania, Francia o Inglaterra es resultado directo de la común historia colonial. Al fin y al cabo ¿qué está haciendo Israel en Palestina que no hiciera Francia en Argelia e Indochina cuando los de mi generación éramos niños? ¿O Inglaterra en la India de lo que Mike Davis llama el ‘holocausto tardo-victoriano’? ¿O Alemania con el genocidio herero y namaqua en la actual Namibia a principios de siglo, cuando nuestros abuelos eran niños? ‘Gaza’, dice Gustavo Petro, ‘es el espejo de nuestro futuro inmediato’. Y me permito añadir: también el retrovisor de nuestro pasado.”

martes, 28 de enero de 2025

Poesía culta y poesía popular en el cante flamenco

El flamenco pasó, de ser menospreciado por la baja extracción social de los que malvivían de él cantando y bailando, a la entusiasta exaltación con que lo descubrieron los poetas de la generación del 27. Bajo lo que antes parecía vulgar latón aparecieron pepitas de oro.

Claro que esos mismos poetas no apreciaban por igual todo el cante, porque distinguían entre su gran variedad los cantes "puros", los "cantes jondos" de vena trágica, y el "flamenco", más alegre por lo general y relacionado con formas folclóricas anteriores.

Esta radical dicotomía es hoy insostenible. Sabemos del carácter híbrido de todas las culturas, y el flamenco es una de estas formas culturales mestizas y cambiantes. Entronca con la cultura popular campesina, y sus orígenes se pierden en el tiempo, con raíces insondables en las muchas civilizaciones que han pasado por el sur peninsular. Insondables en lo musical, porque muchas letras de la cultura popular sí han sido recogidas. Pero de su música poco podemos saber antes de los primeros registros sonoros. Recordemos la nostálgica pregunta que se hacía Lorca: "entre italiano y flamenco, ¿cómo cantaría aquel Silverio?"

Pero es seguro que una de las fuentes que imprimieron su carácter al cante primitivo andaluz está en el pueblo gitano. No en todo el pueblo gitano, sino en aquellos que se asentaron en Andalucía hace siglos y que mezclaron sus aires ancestrales con las demás influencias de la música popular.

Hace cinco años que Nuestro flamenco, dedicó uno de sus programas a El flamenco y la generación del 27. Recientemente ha vuelto sobre el tema de la poesía en el cante, ahora en busca de la autoría de muchas de las letras en dos programas sucesivos, Los poetas y las letras flamencas (I) y (II). Presentábanse en ellos sendos libros, Antología poética de la copla flamenca y Las letras del cante.

Corrí ávido en su busca y puedo decir que no me han decepcionado.

Fue Demófilo, el padre de los poetas Manuel y Antonio Machado, uno de los primeros estudiosos del arte flamenco, fuente para muchos de los que luego se dedicaron a investigar el tema. Sin embargo, el Primer cancionero de coplas flamencas lo compuso un ecijano semianalfabeto llamado Manuel Balmaseda y González. Su tristísima vida se refleja en las letras de estas canciones, obras de un verdadero poeta bastante olvidado, aunque da nombre a una calle en la Ronda del Ferrocarril, en el que trabajó y que ya no pasa por Écija.

De esta y otras muchas cosas me he enterado con estas lecturas, pero lo más importante para mí ha sido la reflexión sobre esa distinción entre poesía culta y poesía popular, que como esa otra que diferencia entre cante grande y cante chico, contiene un error de base, porque así como no hay cantes grandes y chicos, sino cantaores de distinto tamaño, toda obra poética ha tenido un autor, conocido o anónimo, y el carácter popular, aunque pueda modularlo el pueblo con sus interpretaciones y variantes, procede de un autor, aunque no lo conozcamos.

Manuel Machado es autor de letras flamencas y abunda en esto que digo:

LA COPLA

Hasta que el pueblo las canta, 
las coplas, coplas no son,
y cuando las canta el pueblo,
ya nadie sabe el autor.

Tal es la gloria, Guillén,
de los que escriben cantares:
oír decir a la gente
que no los ha escrito nadie.

Procura tú que tus coplas
vayan al pueblo a parar,
aunque dejen de ser tuyas
para ser de los demás.

Que, al fundir el corazón
en el alma popular,
lo que se pierde de nombre
se gana de eternidad.



jueves, 23 de enero de 2025

Un dedo bien colocado puede tapar la Luna

Recientemente, una nave espacial ha podido acercarse al Sol hasta una distancia abrasadora para fotografiar su atmósfera tan detalladamente como nunca antes fuera posible. Se protegía con un escudo cuya pequeña superficie tapaba el enorme disco.

Se trata del mismo procedimiento usado para tapar la Luna con un dedo. De una cosa a otra, no está de más recordar que en este caso "el idiota mira el dedo".

Muchas son las ocasiones en que nos quieren toman por idiotas (y en muchos casos lo logran) tapando los grandes temas con cosas menores para distraer nuestra atención.

Es el caso de los grandes esfuerzos de cierto juez, de cuyo nombre no quiero acordarme, destinados a culpar al Fiscal General de una revelación de... "secretos a voces", mientras pasa a segundo plano la corrupta actividad delictiva de un delincuente confeso y la trama de relaciones que ha hecho posible su rápido y obsceno enriquecimiento.

Se ha comparado el "escudo solar" que ampara a ese sujeto con la investigación del robo de un automóvil que se centrara en si el vehículo había pasado la ITV.

El artículo que reproduzco a continuación parte de otra forma de distraer la atención, que con expresión de moda un tanto manida se llama "mirar para otro lado". A veces lo hacemos por despiste, otras veces somos realmente cómplices: como lo eran los protagonistas de la película La zona de interés.

El recurso funciona tanto si nos distraen con imágenes placenteras como si lo hacen con agigantadas y dudosas nimiedades. Con sospechas de incierta certeza, con informaciones parciales que se nos presentan como lo único indiscutible...

Un caso flagrante y reciente, que la vorágine desinformativa ha dejado pronto atrás, es el de las elecciones venezolanas. Guaidó se había autoproclamado presidente y fue reconocido por los que ahora no reconocen a Maduro y lo acusan de autonombrarse, pese a que quien lo nombra es la Asamblea Legislativa de su país. Lo acusan de ocultar las actas, pero la oposición que dice haber ganado las elecciones las tiene. Y no las hace públicas: 

"Si las 30.000 actas que tienen María Corina Machado y Edmundo González les dieran como ganadores, hace tiempo que las hubieran publicado el Washington Post, El País, Clarín, Mercurio, Semana y la CNN. No las hemos visto porque no han ganado." 

Pero claro, se exige que lo haga al gobierno venezolano.

El resto de esta historia poco importa. Se pasan por alto las duras condiciones que se imponen a los pueblos que se enemistan con el patrón yanqui para ablandar su moral y su capacidad de resistencia. Al final, la culpa es de los que no se pliegan a la voluntad del emperador. Tontos ellos: mejor les iría haciendo la pelota a quien manda. Pero a los explotados de los países que se someten tampoco es que les vaya muy bien, aunque sí a los beneficiarios de la explotación que comparten con el amo.

Esto me recuerda a algunos familiares de represaliados por el franquismo que aún ahora echan la culpa de su propia desgracia a la digna conducta de los que se opusieron a los sublevados, aquellos rebeldes bien armados que los condenaron por "rebelión armada".


De dictaduras y frivolidades: Maduro, Venezuela y un poco de purpurina

Juan Carlos Monedero

Nicolás Maduro, durante su investidura.Ronald Peña R. / EFE











El Oscar a la mejor película internacional en 2024 fue para La zona de interés, una película de Jonathan Glazer sobre el Holocausto donde no aparece por ningún lado el Holocausto. Esa es precisamente su magia. Porque, aunque no lo ves, hacer como que no está ahí sería una canallada o una frivolidad, que en este caso sería lo mismo.

Narra la vida cotidiana de Rudolf Höss, comandante de Auschwitz-Birkenau, un ario convencido de que los judíos y los enemigos del Reich no eran seres humanos con derechos. La película no cuenta las tareas del CEO del konzentrationslager, un centro de exterminio que apenas es una intuición inquietante a lo lejos. La película transcurre en el chalet adosado del campo, donde Höss vivía junto a su familia, en una vivienda idílica con música, flores, sirvientes, armonía e incluso libros. Allí, Hedwig, su esposa, se dedica a cuidar el jardín y atender a los niños. Cuando el honrado padre de familia regresaba del duro trabajo, salía a pasear con sus rubios hijos, los llevaba a pescar y a nadar en el río, mientras los educaba en las verdades nazis de la vida.

Parte de la cotidianeidad de la familia consistía en repartirse los bienes robados a los prisioneros. No sale en la película, pero Hermann Josef Abs, quien fungiera como portavoz internacional de los derechos de propiedad en los años cincuenta del siglo pasado, presidente de la Sociedad Alemana y jefe de Deutsche Bank, fue bajo el régimen nazi el supervisor de la expropiación de los bienes de los judíos. Para qué desperdiciar esa experiencia.

Al otro lado del muro se oyen a veces disparos, algún que otro grito ahogado, ruido de trenes, puertas de metal que se cierran. Nada que perturbe la idílica tranquilidad del hogar. Es verdad que también se ve el humo a lo lejos, más allá del muro. De hecho, la madre de Hedwig, de visita, se horroriza y antes de marcharse le deja una carta a su hija. Pero la mujer del comandante del campo prefiere prenderle fuego a la carta. Ojos que no ven, corazón que no siente.

En los campos de concentración no cabía la posmodernidad. Era todo muy estructuralista. ¿Cómo frivolizar en un campo de concentración? ¿Cómo no ver la contundencia de lo material en una dictadura? La posmodernidad vive en el escepticismo hacia la objetividad, piensa que la verdad es algo fragmentado y que lo relativo y lo plural son cosas esenciales. Nada que objetar cuando se estaba discutiendo con los manuales de marxismo-leninismo soviéticos. Pero el énfasis en la relatividad y la fragmentación terminan desactivando los proyectos emancipatorios colectivos. Al final se diluyen los marcos para entender las opresiones globales y para imaginar transformaciones sociales profundas. La purpurina es divertida, pero nadie se suicida con sombrero. Mucha gente del mundo LGTBIQ ha olvidado las luchas de quienes ganaron sus derechos y hoy vota a la derecha y a la extrema derecha. Coinciden también en condenar lo que el discurso neoliberal dice que son dictaduras.

Hay una izquierda que toca de oído (es decir, que construye su ideología con lo que escucha en los medios de comunicación). El riesgo de que terminen sirviendo en la casa de al lado del campo de concentración es muy alto. Aunque dejen algunos alimentos en el bosque para que algún prisionero los encuentre.

Este día 10, una banda paramilitar entró en un campamento del Movimiento Sin Tierra de Brasil, matando a dos personas e hiriendo a otras seis. En el mundo hay muchos campos de concentración, aunque no los veas. Millones de seres humanos están en alguna suerte de campo de concentración, condenados a la miseria, a una menor esperanza de vida, a la enfermedad, a la marginación, a la violencia. Sufren todo tipo de agresiones. De clase, de género, de raza, de religión. Quien frivolice con esto es un imbécil. Los multimillonarios del mundo no lo serían si no existieran tantos pobres.

En las casas de al lado de los campos de concentración, como si no pasara nada, viven diferentes personajes. Ahí están los altos mandos nazis y sus familias, que, obviamente, se benefician de los prisioneros. Los ignoran como personas, pero se quedan con sus bienes y tienen ese buen puesto para gestionar su exterminio y su esclavitud. También están los empleados de los nazis, que son los que se encargan de que todo esté en orden. Hay alguna gente valiente. Como decía, en La zona de interés, dentro de la casa, hay una mujer que esconde en el bosque alimentos para que los prisioneros puedan encontrarlos y alimentarse. Se juega la vida. Aunque no cambia las cosas. Algo es algo.

En América Latina, en África, en Asia y también en Europa, hay líderes que viven en la casa de al lado del campo de concentración. No se les ve siempre, pero también viven de los respectivos campos de concentración. Son personas respetables que no se manchan las manos, van bien vestidas, son elegantes, han estudiado en colegios y universidades elegantes, comen elegantemente, hablan elegantemente, se divorcian elegantemente y toman decisiones elegantemente a través de elegantes y caros bufetes de abogados. Sin los campos de concentración financiándoles la elegancia, no serían tan elegantes.

Están, por lo común, al servicio de los EEUU y de su propio statu quo. El entramado es complejo. Zuckerberg acaba de arrodillarse ante Donald Trump y le ha prometido que se va a notar menos el campo de concentración que esconden Facebook e Instagram. Que no va a ser menos que Elon Musk. José Raúl Mulino, el presidente de Panamá, dice que va a ayudar todo lo que pueda a Trump para eliminar a cualquier rebelde, aunque EEUU le quite la soberanía a su país. Y Trudeau, antes de marcharse, dice que los EEUU son amigos, aunque Trump quiera anexionarlos como la provincia 51. ¿Han dicho algo los que criticaban el anexionismo ruso? Son los que condenan a Venezuela al tiempo que te dicen que el integrista del ISIS que hace unos meses cortaba cabezas a machetazos, ahora, con traje y barba recortada, es un hombre de bien.

Fuera del campo de concentración y de la casa adosada, están los que quieren asaltar el campo de concentración y liberar a los presos. No se les ve en la película. Polonia ha celebrado el aniversario de la liberación del campo de Auschwitz-Birkenau y no ha invitado a los rusos, que fueron quienes lo liberaron. Los que cuestionan el discurso oficial son catalogados de enemigos de la democracia y de la libertad por los jerarcas nazis, por el comandante del campo y su familia e, incluso, por alguno de los sirvientes de la casa.

El mundo enfrenta grandes retos: los conflictos por los bienes comunes y la creciente desigualdad; el colapso medioambiental y la transición energética; los cambios geopolíticos, las guerras consecuentes y el impacto del narco-colonialismo; el vaciamiento de las democracias representativas; la deuda financiera, que tiene la última palabra cuando las cárceles del lawfare –la guerra jurídica–, y el control de los medios de comunicación no son suficientes.

Hay una solución de derecha a estos retos, pero lleva al campo de concentración. Hay otra, que lleva a la emancipación. Las trincheras solo tienen dos lados. Aunque la táctica sea más flexible y necesitemos ser también reformistas, además de revolucionarios y rebeldes. Si no sabes a dónde vas, te pierdes.

¿Es realmente tan importante lo que pasa en Venezuela? ¿Los que dicen estupideces sobre Venezuela saben, por ejemplo, lo que está haciendo con la democracia Noboa en Ecuador? Venezuela molesta porque se ha convertido en un símbolo que hace que se vea lo que han levantado los elegantes con mucho palo y alguna zanahoria: los campos de concentración neoliberales, el humo, los hornos y los trenes del modelo capitalista, especialmente en su fase extrema, la que representan los Trump, los Netanyahu, los Ayuso, los Milei, los Bolsonaro, los Kast, los Abascal, Meloni, Orban, Noboa y todos esos soldados de los campos de concentración. Además, le cuenta al mundo que hay que asaltar el campo, acabar con los nazis y liberar a los prisioneros.

Hay países resignados que aceptan que no pueden hacer nada o muy poco, dirigidos por líderes que prefieren vivir en el adosado al campo de concentración. Algunos, incluso, se juegan la vida dejando un trozo de pan o unas frutas escondidas para que las encuentren los prisioneros. Pero eso no cambia mucho las cosas.

Con el horizonte del 10 de enero, en Venezuela, los EEUU, de la mano de Biden, el que ha financiado todas las bombas que han caído sobre Palestina, junto con Trump y Elon Musk –que sueñan con prenderle fuego a todos los desobedientes y huir luego a Marte–, junto a los líderes que comandan sus respectivos campos de concentración, junto a los que prefieren vivir junto al campo sin problemas, junto a los que tocan de oído para que los medios de comunicación no se metan con ellos y ellas, han cavado una trinchera. Son los mismos que antes de las elecciones en Venezuela dijeron que no aceptaban el resultado del Consejo Nacional Electoral, los que hackearon el sistema de transmisión de datos del CNE, y, cuando el presidente Maduro presentó un contencioso electoral ante el Tribunal Supremo, se negaron a presentar las actas que obran en su poder (tenían testigos en las 30.000 mesas). Si las 30.000 actas que tienen María Corina Machado y Edmundo González les dieran como ganadores, hace tiempo que las hubieran publicado el Washington Post, El País, Clarín, Mercurio, Semana y la CNN. No las hemos visto porque no han ganado. Y el CNE da por terminado el proceso porque ante su descalificación, dejó al Tribunal Supremo que hablara. Como en cualquier otro país. Los golpistas venezolanos son los que dicen que Venezuela es una dictadura. Es de frívolos, ignorantes o cobardes repetir esa mentira.

En ese lado de la trinchera, aunque no lo veas, están los que levantan campos de concentración, los que pagan sicarios para asesinar gente o desestabilizar países, los que negocian con los narcos, los que organizan guerras para venderles armas, los que invaden países para robarles sus riquezas o usar su territorio. Los mismos que pierden elecciones y recurren al golpe de Estado.

El presidente legítimo de Venezuela es Nicolás Maduro, más legítimo de lo que lo es Donald Trump (delincuente condenado), elegido porque un milmillonario compró Twitter y lo puso al servicio del que le ha devuelto el favor multiplicando su riqueza. Es igualmente estúpido decir que Maduro se ha "autoproclamado", cuando quien lo ha nombrado, como dice la Constitución, es la Asamblea Legislativa. En Venezuela quien se autonombró fue Guaidó, reconocido en su momento por los que hoy hablan de dictadura. Frívolos y frívolas que se olvidan de la dictadura de Franco, de Hitler, de Pinochet o de la Junta Militar argentina.

La tarea de los demócratas, te gusten más o menos los líderes, es respetar la autodeterminación de los pueblos, ayudar a acabar con las trincheras y con los campos de concentración de los que se creen dueños del mundo. Aunque eso enfade a los jerarcas y a los que viven sirviendo en la casa adosada. Le pongan más o menos purpurina o cobardía a sus renuncias.

martes, 21 de enero de 2025

Rafa Nadal, Doctor Honoris Causa


Doctor es el higo chumbo,
estudia ciencia de espinas
y en el ilustre birrete
le sale borla amarilla


Rafa Nadal será 'honoris causa' por la Universidad de Salamanca con el insólito rechazo de uno de cada tres doctores

La USAL nunca había concedido un título con el 34% de los votos en contra




Una distinción que “nunca suscita polémica”, según el profesor de Filosofía en la Universidad de Salamanca, José Sarrión Andaluz.

Otro doctor, en concreto el profesor del departamento de Informática y Automática, Rodrigo Santamaría, ha puesto en duda que haya habido “alguna propuesta” de 'honoris causa' con mayor rechazo. Entre las críticas, que se haya tratado de enlazar el nombramiento de Nadal con la Escuela de Salamanca y su grupo de profesores y teólogos que “hace 500 años que sentaron las bases de muchos valores y de los derechos humanos”.

“Tratar de relacionar a Nadal, embajador del deporte de Arabia Saudí, con los derechos humanos, es hiriente. Arabia Saudí, que descuartizó vivo a un periodista en su embajada en Turquía, donde la homosexualidad es delito, las mujeres no tienen derechos y hay pena de muerte”, ha apuntado el doctor.