sábado, 31 de enero de 2026

Imaginar el futuro para cambiar el presente

Con este título intervenía Jorge Riechmann el pasado 26 de enero en el Congreso Catalán de Educación Ambiental que se celebra estos días. En la misma fecha publicaba en su blog tratar de comprender, tratar de ayudar un amplio artículo sobre un tema bien conocido por los preocupados y bien informados. Nunca sobra la insistencia.

En estos tiempos de individualismo exacerbado se presenta la acción individual como la única forma de combatir el desastre planetario, y erre que erre se Recomiendan cinco acciones clave, orientadas al consumo Responsable: Rechazar, Reducir, Reutilizar, Reparar y Reciclar. 

Nada que objetar a esta actitud personalizada que todos deberíamos practicar, pero de poco vale si no se toman medidas a otro nivel, el estructural. La escala a que se toman las grandes decisiones escapa a la buena voluntad de cada uno. Se traslada la culpa al productor-consumidor, humilde pieza del engranaje, camuflando así al sistema depredador, nada interesado, por cierto, en que rechacemos o reduzcamos sus ofertas. Un sistema disuasorio de la reparación y la reutilización y que solo admite un insuficiente reciclado.

Mientras se recomienda la buena conducta individual, la actuación colectiva es reprimida con dureza. Ahora mismo Riechmann acaba de ser convocado al primero de sus dos juicios penales por protestas climáticas:

(...) se nos acusa falsamente (a Paco del Pozo, Marina Martínez y a mí) de resistencia grave a la autoridad (artículo 556.1 del Código Penal español), castigada con penas de prisión de tres meses a un año o multas (de 6 a 18 meses). Toda nuestra 'resistencia' consistió en tratar de que no nos lesionaran al retirarnos del puente ocupado –algunos compañeros y compañeras sí resultaron heridas, incluso con algún hueso roto–. 
En realidad, el asunto tendría un par de aspectos paradójicos. El bien jurídico que se supone protege este artículo del Código Penal y otros cercanos es el buen funcionamiento de los servicios y funciones públicas; pero apenas cabe imaginar mayor amenaza contra ellos que el agravamiento del cambio climático, precisamente aquello frente a lo que protestábamos. De hecho, el caos climático hacia el que avanzamos amenaza casi todos los bienes jurídicos que el Código Penal quiere proteger. Aquella mañana otoñal de 2019, quienes defendían un mundo habitable donde pudieran desarrollarse vidas dignas de ser vividas éramos los y las desobedientes civiles, no los policías. 
Por otra parte, el delito que se nos imputa es “resistir o desobedecer gravemente a la autoridad o sus agentes”. Ahora bien, el artículo 550 de nuestro Código Penal estipula que se considerarán actos de atentado los cometidos contra los funcionarios docentes o sanitarios que se hallen en el ejercicio de las funciones propias de su cargo, o con ocasión de ellas”. Pero sucede que yo soy un funcionario docente (profesor titular en la Universidad Autónoma de Madrid), y cabría argumentar que, como profesor universitario de ética y filosofía política, al protestar contra el ecocidio y genocidio climático que se está gestando me hallaba en el pleno ejercicio de las funciones propias de mi cargo (algunas de mis estudiantes participaron en la protesta, codo con codo y mostrando un coraje ejemplar). Desde esta perspectiva, la paradoja es evidente: el atentado podría imputarse antes a quienes me detuvieron a mí. Aunque me temo que no resultará sencillo convencer a la jueza de este razonamiento (...)

La educación ambiental es el tema del artículo. En estos tiempos de confusión, cuando se retuerce el uso correcto de los conceptos, la neolengua orwelliana debe ser rigurosamente desmontada. Educar pasa actualmente por un necesario 'deseducar', desmontar un tinglado destinado a confundir y ocultar lo que deberíamos tener siempre presente: lo evidente.

Como escribió Confucio hace tanto tiempo:

“Si los conceptos no son exactos, los discursos no concuerdan; si los discursos no concuerdan, las obras no se producen; si las obras no se producen, la moral y el arte no florecen. (…) El noble no soporta que en sus discursos haya nada que sea impreciso. Esto es lo principal.” 

Está claro que el sistema capitalista en el que respiramos (cada vez peor...) se opone con toda la fuerza de sus aparatos (mediático, policial, judicial... y el militar como último recurso) a toda acción coordinada. Hemos de recordar que la unión hace la fuerza. En el combate entre Horacios y Curiacios, el único Horacio superviviente logró vencer a los tres Curiacios... separándolos en la carrera por perseguirlo.

Termina Riechmann:

Hoy no necesitamos (prioritariamente) más avances técnicos, aunque algunos de ellos puedan ser bienvenidos, sino otra praxis social. Necesitamos construir movimiento social. Tiene razón el economista Jean-François Noubel cuando apunta que los mayores retos de la humanidad no son el hambre, la pobreza, el desarrollo sostenible, la paz, la salud, la educación, etc., sino nuestra capacidad de organizarnos colectivamente para poder resolverlos” (...)
¿Vamos a ser capaces de ir a contracorriente –de la necropolítica, del ecocidio, de la economía capitalista en guerra contra la vida, de la destrucción de la democracia, del rechazo a los derechos humanos, del militarismo, del racismo, del androcentrismo –del antropocentrismo…? (...)
Ni basta con tratar de permanecer donde estamos, porque el mundo que fantaseamos estable no lo es. Hemos de resistir para cambiar a fondo, buscando ser mejores… Necesitamos una enorme confianza –no ciega, sino lúcida– en las opciones de la calidad frente a la cantidad para no desfallecer en este tiempo de Gran Desproporción.

algunas ideas sobre educación ecosocial







H.G. Wells (en su Esquema de la historia universal, 1920): la historia humana es “una carrera entre la educación y la catástrofe”.

Es muy correcto, sobre todo si entendemos educación en sentido amplio, como paideía, como autoconstrucción (colectiva y personal) a lo largo de la vida entera.

Somos simios averiados, somos vasijas resquebrajadas… pero contamos con una potente caja de herramientas para la autorreparación: la construcción cultural. Fingir que no disponemos de esa caja de herramientas es pura mala fe.

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Ahora bien: no siempre nos basta con nuestros esfuerzos basados en la buena fe. En la “carrera entre la educación y la catástrofe”, hoy caben pocas dudas de que está ganando la catástrofe.

Vivimos un momento histórico absolutamente excepcional: una desquiciada huida hacia adelante que conduce a una Tierra inhabitable.

La obscenidad del plan New Gaza, presentado por Jared Kushner, yerno del presidente Donald Trump, en una ceremonia de firma de la propuesta “Junta de la Paz” (¡más neolengua orwelliana!), durante el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, el jueves 22 de enero de 2026.

Pero no hay que ir tan lejos para encontrar aplicaciones de ese “modelo Dubai” (¡sobre los huesos de los muertos en un espantoso genocidio!) más cerca. En Cercedilla, donde vivo, casi igual de demenciales son “Navacerrada 365” y “proyecto Blanca”, presentados en el verano de 2025. [1] Y este tipo de ejemplos podrían multiplicarse.

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Desquiciada huida hacia adelante que conduce a una Tierra inhabitable, decíamos. Trump es la encarnación de un fascismo fósil, sin duda; pero Mark Carney, el primer ministro de Canadá, en quien muchos ven ahora la defensa del orden liberal mundial contra los trumpismos tras su celebrado discurso en Davos el 20 de enero de 2026, aunque trabajó en tiempos como enviado especial de la ONU para la Acción Climática, al llegar a primer ministro de Canadá retiró el impuesto sobre las emisiones de dióxido de carbono. [2]

Tampoco para los políticos que se atreven a plantar cara al fascismo trumpista es la ecología una prioridad… cuando la crisis ecológico social se está acelerando hacia la catástrofe. Ni las elites fascistas ni las elites liberales van a sacarnos las castañas del fuego.

Y quizá lancemos un suspiro de alivio cuando leemos titulares como “la energía renovable marca máximos pese a las embestidas de Trump” (El País, 24 de enero de 2026), pero el alivio no tiene justificación: estamos añadiendo capacidad de generación eléctrica con renovables sin doblegar las emisiones de GEI ni realizar una verdadera transición energética –que para merecer llamarse tal tendría que impulsar una fuerte reducción del consumo. Leamos a Jean-Baptiste Fressoz[3]

El Global Carbon Project ha dado a conocer hace poco que en 2025 las emisiones de dióxido de carbono han seguido creciendo: +1’1% este año. [4] Con estas emisiones de GEI en crecimiento (¡cuando deberían estar descendiendo en picado desde hace años!), no superar +1’5ºC (con respecto a las temperaturas preindustriales promedio) se convierte en un imposible, advierte Pierre Friedlingstein, climátologo de la Universidad de Exeter que ha dirigido el estudio.

También en España, según hemos sabido en enero de 2026: nuestro país ha aumentado sus emisiones en 2025 al menos un 0’6% (hasta 270.043’11 ton. CO2 eq. según los datos estimados en diciembre de 2025, con datos de consumo de combustibles hasta octubre de 2025). Así, España se aleja, año tras año, del objetivo climático al que se ha comprometido con la Comisión Europea, a pesar de la retórica del Gobierno. El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) estableció como meta que las emisiones cayeran un 32% en 2030 respecto a los niveles de 1990. Pero en 2025 son sólo un 5’8% menores que las de 1990… [5] 

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No tiene sentido seguir discutiendo sobre si hay que llamar fascismo al régimen actual en EEUU: con el segundo mandato de Trump, lo que está cuajando en el país es fascismo. Varios analistas han señalado que se cumplen todos los criterios: [6]

  • Ultranacionalismo.
  • Culto al líder y concentración del poder.
  • Supremacía del Estado (y sobre todo de sus instituciones represivas) sobre el individuo.
  • Rechazo del pluralismo y la democracia liberal.
  • Normalización de la violencia como herramienta política.
  • Creación constante de enemigos internos y externos.
  • Uso del miedo como mecanismo de cohesión social.
  • Anti-intelectualismo, elogio de la fuerza y desprecio por la complejidad.
  • Control o instrumentalización de la cultura y el relato histórico.
  • Estética del orden, la fuerza y la movilización de masas.
  • Promesa de renacimiento nacional tras una supuesta decadencia…

Ay, amigos y amigas: por desgracia, sí, se cumplen todos esos criterios. EEUU se está deslizando hacia el fascismo, con resistencias, pero por desgracia no las suficientes; y está alentando además ese corrimiento en todos los lugares donde llega su influencia (particularmente, en Europa y en América latina).

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Tim Morton (en una entrevista) expresa bien algo básico: “Un fascista es alguien que está seguro de ser el bueno de la película. Pero ser una buena persona implica estar preocupado por si en realidad resulta que eres el malo”.

O depredadores, o cuidadores (léase la disyuntiva con el matiz recién expresado, que la relativiza un poco). Depredador se puede decir en alemán Raubtier: literalmente, “bestia de rapiña” (era un término elogioso en el nazismo). Pero, a pesar de que las bestias de rapiña terminan canibalizándose a sí mismas (comenzando por ese “hiperobjeto”Tim Morton– llamado capitalismo que tendría que ser el más analizado de todos los hiperobjetos, aunque, por lo que sea, no sucede así), mucha gente parece seducida por estas bestias…

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Según recientes encuestas, en España tienen intención de votar a Vox el 40% de los hombres jóvenes, entre 18 y 34 años (y el 21% de las mujeres jóvenes). [7] Y también triunfan entre los adolescentes, por las preocupantes noticias que llegan desde los institutos de enseñanza media…

Varones jóvenes desestabilizados por el feminismo y las redes (anti)sociales, [8] con un futuro oscurísimo (Vivir peor que nuestros padres, el ensayo de Azahara, se publicó hace ya tres años), se dejan encandilar por el mágico crecepelo securitario de Abascal y los suyos. Nostalgia de un mundo (más bien imaginario) donde su lugar no fuese cuestionado, y donde la promesa de prosperidad fuera creíble…

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Por cierto: llamar “fascismo ecológico” o “ecofascismo” al fascismo fósil antiecologista (y antiecológico) no es buena idea.

Daniela Zyman introduce el concepto de Silicon Reich:Asistimos al colapso de una forma de vida que se ha vuelto insostenible, llámese globalismo neoliberal, capitalismo extractivo o modernidad neocolonial. Y la derecha lo sabe. La Nueva Derecha intelectual, el Silicon Reich, la clase tecnoautoritaria, entienden lo que pasa a la perfección. Sus soluciones son terroríficas: cerrar fronteras, esquilmar recursos, desmantelar gobiernos, aplastar la disidencia, privatizar los bienes comunes”. [9]

En una Carta a la Directora, un lector de prensa se pregunta: “Me miro en el espejo y no me reconozco. ¿Soy yo el de antes, el de siempre?”, sigue desarrollando la indiferencia con que nuestras sociedades contemplan el genocidio palestino, y concluye: “la historia nos juzgará”. [10] Pero ¿habrá continuación de la historia humana? La apuesta nihilista del Ragnarok-fascismo, el fascismo de fin de mundo que gana posiciones, es que no: no quedará nadie para contar tanta crueldad, tanta indignidad, tanta infamia.

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La política de apaciguamiento no funciona frente a dictadores como Trump o Hitler (que son narcisistas malignos, seres psicopáticos, ha diagnosticado más de un psiquiatra), y la política de decir muchas veces “sostenible” y de “hacer como si” no funciona frente a los procesos físicos, químicos y biológicos de la naturaleza.

El mundo donde vivíamos, que era malo, se desmorona —y emerge un mundo peor. Retengamos una fecha: 6 de enero de 2021, el día en que Trump incitó a asaltar el Capitolio tras perder unas elecciones que había intentado amañar. Tendría que haber sido juzgado y encarcelado por ello, pero eso no ocurrió.

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Bien: la historia humana, a cuyo final quizá nos estemos aproximando, es “una carrera entre la educación y la catástrofe”, decíamos con Wells, y en 2026 la catástrofe va ganando. ¿Qué podemos hacer en favor de la educación?

Necesitamos formular propuestas de sentido, porque la crisis ecológico-social es, quizá antes que otra cosa, una crisis de sentido (sentido de la vida para las personas, y un sentido que tiene que ver con el entrelazamiento de miríadas de vidas: somos holobiontes en un planeta simbiótico). Pero hemos de ser conscientes de que estas propuestas de sentido en el mundo de hoy, si son honestas, van a ser dolorosas: van a llevar consigo muchos duelos.

No deberíamos engañar ni engañarnos al respecto. Hagamos caso en eso al primer ministro canadiense Mark Carney, quien en su discurso de Davos, apoyándose en Vaclav Havel, rechazaba vivir en la mentira; y exhortaba a aceptar la realidad y a vivir en la verdad. [11]

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“El secreto principal del gobierno” —explicaba el abogado antibonapartista francés Maurice Joly en 1864— “consiste en debilitar el espíritu público, hasta el punto de desinteresarlo por completo de las ideas y los principios con los que hoy se hacen las revoluciones. En todos los tiempos, los pueblos al igual que los hombres se han contentado con palabras. Casi invariablemente les basta con las apariencias; no piden nada más. Es posible entonces crear instituciones ficticias que responden a un lenguaje y a ideas igualmente ficticios.” [12]

Es sabido que una parte esencial de la doctrina confuciana se refería al uso adecuado de los conceptos y la rectificación de los nombres. Si las denominaciones de la realidad no son correctas, la acción no podrá tampoco ser adecuada, ni la comunidad humana alcanzar florecimiento. “Si los conceptos no son exactos, los discursos no concuerdan; si los discursos no concuerdan, las obras no se producen; si las obras no se producen, la moral y el arte no florecen. (…) El noble no soporta que en sus discursos haya nada que sea impreciso. Esto es lo principal.” [13]

En nuestra época, o por mejor decir en la que inmediatamente la antecedió, Aldous Huxley insistía en este punto de vista confuciano, anticipando algo que se parece mucho a la pareja de conceptos Homo sapiens / Homo demens de Edgar Morin: “El lenguaje ha permitido que el hombre progrese de la animalidad a la civilización. Pero el lenguaje ha inspirado también esa continua locura y esa sistemática y genuinamente diabólica perversidad que no son menos características del comportamiento humano (…). De un modo del que no tenemos plena conciencia, el sistema reticular del cerebro selecciona de una incontable multitud de estímulos esas pocas experiencias que tienen importancia práctica para nosotros. De estas experiencias inconscientemente seleccionadas, extraemos de modo más o menos consciente un reducido número, al que marcamos con palabras de nuestro vocabulario y luego clasificamos dentro de un sistema a la vez metafísico, científico y ético que está formado por otras palabras de un nivel de abstracción más alto. En los casos en que la selección y la extracción hayan sido dictadas por un sistema que no sea demasiado erróneo como opinión de la naturaleza de las cosas, y en que los marbetes verbales hayan sido inteligentemente elegidos y su naturaleza simbólica claramente comprendida, nuestro comportamiento tenderá a ser realista y tolerablemente decoroso. En cambio, bajo la influencia de palabras mal elegidas y aplicadas —sin comprensión alguna de su carácter meramente simbólico— a experiencias que han sido seleccionadas y extraídas a la luz de un sistema de ideas erróneas, tenderemos a comportarnos con una diabólica y organizada estupidez, de la que los animales mudos (precisamente porque son mudos y no pueden hablar) resultan beatíficamente incapaces.

En su propaganda antirracional, los enemigos de la libertad pervierten sistemáticamente los recursos del lenguaje, con objeto de atraer o empujar a sus víctimas hacia el modo de pensar, sentir y obrar que ellos, los manipuladores de la mente, desean. Una educación para la libertad (y para el amor y la inteligencia que son, a un mismo tiempo, las condiciones y los resultados de la libertad) debe ser, entre otras cosas, una educación para el uso correcto del lenguaje.” [14]

Si la red es inadecuada, la pesca será mala, necesariamente. Esto lo sabe cualquier pescador: ¿puede permitirse ignorarlo el político, el intelectual, el ciudadano? Sin hacer frente a la perversión del lenguaje de forma organizada y consciente, sin una rectificación de los nombres adecuada para la era de internet y la “posverdad”, no hay posibilidad de edificar un orden democrático de convivencia. Por no hablar de sustentabilidad (en el recto uso de tal concepto)…

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Fernando Broncano en Twitter/X: “Negar la ciencia, negar las evidencias, asfixiar a las universidades. Huir hacia adelante, crear un mundo de preppers privilegiados, negar el futuro, el presente y el pasado. Trump, Milei, Ayuso. Habría que pensar en categorías psicoanalíticas: Todestrieb, pulsión de muerte”. [15]

Curtis Yarvin: “Es absolutamente esencial para el éxito de cualquier cambio de régimen que todas las universidades acreditadas sean liquidadas física y económicamente”. J.D. Vance: la educación superior en EEUU es “el corazón de la bestia”. [16] En este mundo nos encontramos ahora: de nada sirve fantasear que seguimos en el mundo de ayer.

Es en este mundo donde hemos de replantear la educación ambiental y ecosocial.

Se atribuye a Bravo Murillo esta respuesta a los primeros proyectos culturales inspirados en España por un socialismo más bien tirando a utópico: “Aquí no necesitamos gente que piense, sino bueyes que trabajen”. El tipo de formación que propician los gestores y gestoras del capitalismo tardío (en nuestro país y en otros) parece guiarse también por esa máxima.

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Bien, ya no estamos en 1972, cuando en la Cumbre de Estocolmo se plantearon objetivos para una educación ambiental que se integrase plenamente en el sistema escolar y en la educación no formal; que desarrollase programas para tomadores de decisiones de los sectores público y privado; que colaborase con los gobiernos para que incluyeran la dimensión ambiental en las políticas públicas; a la formación de las personas docentes; que elaborase materiales didácticos y medios audiovisuales; que impulsase la investigación, la experimentación y la evaluación, así como establecer un sistema de intercambio y difusión de la información.

Ni estamos en 1977, cuando tuvo lugar la famosa Conferencia de Educación Ambiental de Tbilisi, donde se enunció que el proceso de desarrollo debe tomar en consideración el medio ambiente y servir para satisfacer las necesidades fundamentales de la población. Se realizó una crítica a un crecimiento económico que redundaba en beneficio de un sector privilegiado de la población mundial. Se instó a evitar la explotación abusiva de unos ecosistemas y los daños acarreados a otros por la contaminación y se exigió la búsqueda de nuevas fórmulas de ordenación del territorio (interesándose, en particular, por las modalidades de apropiación social).

Ha pasado medio siglo. Atención a la autocrítica de un educador ambiental profundamente comprometido con su actividad: “Cuántos talleres, charlas, materiales, campañas… dirigidas a mostrar lo importante que es reciclar papel, cerrar el grifo o preferir el autobús. Ante crisis globales, crisis que —no nos hemos cansado de repetir— son el resultado de formas ‘equivocadas’ de establecer las reglas del juego de la sociedad, las fórmulas que hemos puesto en marcha han estado dirigidas al individuo, convencidos de que en él está la virtud del cambio. Nos ha preocupado la suma de miles de esfuerzos para dar lugar a cambios ambientales. Aunque no lo reconocemos, hemos querido crear culpables ambientales ante culpas de las que no tienen apenas responsabilidad. El paso a la acción, que reivindicamos como imprescindible, se ha quedado demasiadas veces en un recetario de sugerencias de consumo

(…) En la educación ambiental también aplicamos, quizá de forma inconsciente, un modelo político a nuestra actividad. Hay educación ambiental neoliberal, ya lo dijo Pablo Neira hace unos años, pero no sólo porque es apadrinada por entidades de dudosa conciencia ambiental, sino porque promueve la resolución individual de los problemas: cierra el grifo, recicla tus basuras, no consumas productos sobreenvasados… y alégrate de que vas a mejorar el mundo. Cierra los ojos al resto. Y que no te interese de dónde viene el agua de tu grifo. Estamos haciendo educación ambiental neoliberal. Pero ya es hora de encarar el reto social de la sostenibilidad: o nos enfrentamos a la tarea colectiva de cuestionar lo insostenible y [avanzar hacia] la solución compartida de los problemas, o nos quedamos haciendo talleres de papel reciclado. Si fuéramos paranoicos podríamos pensar que la educación ambiental no es sino un bonito decorado para la institución, un entretenimiento para que el ciudadano tenga la conciencia tranquila, y un motivo para tener a activistas atareados.

(…) Hace unos meses leí que el altruismo, el trabajo para el otro, da lugar en nuestro organismo a una explosión de endorfinas, las hormonas del placer. O sea que ayudar, además de dar buen rollo, es bueno para el cuerpo. ¿Vamos a privar de ello a nuestros sufridos ‘destinatarios’?” [17]

A los peligros de una educación ambiental puesta al servicio de una política maquilladora, centrada en acicalar los efectos destructivos más visibles del progreso (entendido en sentido convencional), se refirió en repetidas ocasiones Fernando González Bernáldez (1933-1992), maestro de ecólogos y ecologistas en nuestro país a partir de los años sesenta del siglo XX. [18]

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Algo básico pero que no está de más recordar: no debemos entender la educación sólo como el aprendizaje formal que se imparte en las escuelas, los institutos y luego en las universidades. Los contextos educativos son los contextos sociales generales, y creo que la forma de autoconstrucción, de autoformación, de educación, de paideía más importante, sin menospreciar la educación ambiental en sentido estricto y formal, es la que se da en los movimientos sociales. Es ahí donde la gente se autoorganiza para actuar y, mientras lo hace, aprende en el recorrido. Nos educamos en lo ecosocial, sobre todo, luchando por el bien común en los conflictos ecosociales.

Lo que sucede es que, mientras en los años setenta y ochenta esa clase de procesos iban hacia adelante, pese a todas las dificultades, hoy estamos en tiempo de dolorosos retrocesos…

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Pese a lo cual, diría que no debemos contemporizar ni rebajar nuestras aspiraciones. De nada servirá tratar de hacernos simpáticos ante los “descreadores de la Tierra” (por emplear una fórmula que propuso Manuel Sacristán). Necesitamos una educación ambiental, o mejor dicho ecosocial, valiente y a la altura de las circunstancias. A la altura del excepcional tiempo histórico que es el nuestro.

No cabe pensar, a estas alturas, en una educación ambiental confortable ni aséptica: la alfabetización ecológica nos plantea un reto especial, porque tomarte en serio ese conocimiento te llevaría a cambiar tu forma de vivir.

Y hay que hablar de capitalismo, porque su dinámica autoexpansiva es la causa principal de la crisis ecológico-social. Me parece necesario recuperar la siguiente reflexión de Cornelius Castoriadis en 1992: “La ecología es subversiva porque cuestiona el imaginario capitalista que domina el planeta. Ella recusa su motivo central según el cual nuestro destino es aumentar sin cesar la producción y el consumo. Muestra el impacto catastrófico de la lógica capitalista en el medio ambiente natural y en la vida de los seres humanos. Esta lógica es absurda en sí misma y conduce a una imposibilidad física a escala planetaria puesto que desemboca en la destrucción de sus propias presuposiciones. No es solamente la dilapidación irreversible del medio y de los recursos no renovables. Es también la destrucción antropológica de los seres humanos transformados en bestias productoras y consumidoras, en zapeadores embrutecidos. Es la destrucción de sus medios de vida. Las ciudades, por ejemplo, maravillosa creación de fines del Neolítico, se destruyen al mismo tiempo que la selva amazónica, dislocadas en guetos, barrios residenciales en las afueras y barrios de oficinas muertos después de las ocho de la tarde. No se trata entonces de una defensa bucólica de la ‘naturaleza’, sino de una lucha por la salvaguardia del ser humano y su hábitat. Es claro, en mi opinión, que esta salvaguardia resulta incompatible con el mantenimiento del sistema existente y que ella depende de una reconstrucción política de la sociedad, que haría de esto una democracia en la realidad y no en palabras.” [19]

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Por tanto: no educación ambiental funcional al capitalismo, sino educación ecosocial anticapitalista, decrecentista y pacifista. No una escuela / instituto / universidad para generar lealtades al Estado y al Mercado, sino el compromiso con los objetivos de una humanidad libre y justa en una Tierra habitable.

No sólo protección de la naturaleza (que es importante) o reciclaje (que también)…

  • Economía inclusiva
  • Nueva Cultura de la Tierra
  • Cultura de paz
  • Transiciones ecosociales justas
  • Democracia deliberativa
  • Ética de la autocontención, la responsabilidad y el cuidado.

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Escribió Benjamin en Dirección única, un libro de apuntes, fragmentos y agudezas publicado en 1928: “Dominar la naturaleza, enseñan los imperialistas, es el sentido de toda técnica. Pero ¿quién confiaría en un maestro que, recurriendo al palmetazo, viera el sentido de la educación en el dominio de los niños por los adultos? ¿No es la educación, ante todo, la organización indispensable de la relación entre las generaciones y, por tanto, si se quiere hablar de dominio, el dominio de la relación entre las generaciones y no de los niños? Lo mismo ocurre con la técnica: no es el dominio de la naturaleza, sino dominio de la relación entre naturaleza y humanidad”. [20]

Se trataría entonces de dominar no la naturaleza sino la relación entre naturaleza y humanidad. Dominar nuestro dominio: creo que esta idea sigue siendo inmensamente fecunda en el siglo XXI. Se trata, de alguna manera, de llevar la enkráteia que encomiaban Sócrates y Aristóteles del ámbito personal al socioecológico, transformando el autodominio del varón prudente en autocontención civilizatoria. Todas las relaciones humanas entrañan ejercicio de poder: insistía en ello un filósofo como Michel Foucault (en la estela de Nietzsche). Pero si, en un ejercicio de reflexividad guiado por los valores de la compasión, trato de dominar no al otro sino mi relación con el otro, si trato de dominar mi dominio, de autocontenerme, se abren impensadas posibilidades de transformación. De verdadera humanización para esos inmaduros homínidos que aún seguimos siendo.

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Aprender, sí; pero también la importancia de desaprender.

Carlos Taibo (en su prólogo a El pensamiento militarista de Fernando Hernández Holgado): “Si desde hace tres lustros, y a efectos de ilustrar lo que reclama la perspectiva del decrecimiento, he asociado ésta con seis verbos –decrecer, desurbanizar, destecnologizar, despatriarcalizar, descolonizar y descomplejizar–, en los últimos tiempos he decidido agregar, creo que con razones que no precisan mayor explicación, un séptimo: desmilitarizar”. [21]

Y todavía habría que añadir algunos verbos más en des-, ¿no? ¿Quizá desdigitalizar, o desempantallar? ¿Desturistificar? Y desde luego desacelerar y desfosilizar, pero también desnuclearizar

Tantos desaprendizajes necesarios.

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Volvamos para ir concluyendo a la cuestión del sentido, antes evocada. Ahora necesitamos cambiar radicalmente el sentido de nuestra existencia. El sentido de pertenencia —a un territorio, a la naturaleza, a la Madre Tierra / Gaia / Gea— es “el alimento más vital de todos”, nos dice Robin Wall Kimmerer en El guillomo. [22] Pero precisamente esa fuente de sentido es muy débil en los entornos urbano-industriales, salvo que la cuidemos y nutramos mediante prácticas específicas. Éste es un importante desafío para la educación ecosocial.

Los centenares de millones de personas que hoy buscan este sentido de la vida en la capacidad de provisión de cada vez más mercancías, deberían quizá considerar que una existencia plena tiene mucho más que ver con actividades satisfactorias en el terreno de la creación y de la relación con los demás. Ahí es donde tanto el arte como la educación y la ciencia podrían desempeñar un papel fundamental, y con ello señalamos otro importante desafío para la educación ecosocial.

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Vale la pena reflexionar sobre las motivaciones positivas que podrían impulsar el cambio ecosocial que necesitamos desesperadamente. Recupero para ello un par de páginas de un texto mío anterior, “El colapso no es el fin del mundo”.

Una parte del movimiento ecologista (y su expresión política —permítaseme aquí simplificar un poco—, los partidos verdes) se extravió en los años ochenta-noventa del siglo XX, cediendo ante el empuje del neoliberalismo. Depuso su crítica antisistema (esto es, su crítica sistémica del capitalismo) y se limitó a intentar encontrar soluciones pragmáticas a una situación que se agravaba constantemente. Se concentró en tratar de conseguir mejoras marginales dentro de los estrechos márgenes de acción que permitía el sistema. Y perdió parte de su alma en alianzas con el poder corporativo de las grandes empresas. Como señalaba Paul Kingsnorth, esta clase de ambientalismo se ha mostrado “demasiado dispuesto a adoptar la noción de ‘desarrollo sostenible’ que a menudo se parece al business as usual con menos emisiones de carbono”. [23] Aquí sería ilustrativa la historia de desnaturalización de Die Grünen, los Verdes alemanes… [24]

Hoy no necesitamos (prioritariamente) acumular más datos sobre la crisis multidimensional, o frangollar nuevos modelos científicos: necesitamos sobre todo construir movimiento social. Los problemas ecológicos son, esencialmente, asuntos sociopolíticos y culturales. Presentarlos como cuestiones técnicas –así lo hace sistemáticamente la cultura dominante– es un reduccionismo que trabaja a favor de la ilusión de un “capitalismo verde” –pero esa expresión es un oxímoron. [25] Hoy no necesitamos (prioritariamente) más avances técnicos, aunque algunos de ellos puedan ser bienvenidos, sino otra praxis social. Necesitamos construir movimiento social. Tiene razón el economista Jean-François Noubel cuando apunta que los mayores retos de la humanidad no son el hambre, la pobreza, el desarrollo sostenible, la paz, la salud, la educación, etc., sino nuestra capacidad de organizarnos colectivamente para poder resolverlos”. [26]

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Lo “verde” no es el coche eléctrico, pongamos por caso: es caminar, pedalear y usar transporte colectivo. Darnos cuenta de esto resulta fundamental. Ahora bien, no hay que insistir en que, criados como estamos dentro de la cultura de expansión de la Modernidad, pedir contracción y decrecimiento no resulta de entrada una opción muy popular. Hoy no luchamos por construir la brillante utopía, sino para evitar las distopías peores. Y sabemos además que hay ciertos factores psicológicos –como la aversión a la pérdida– que todavía dificultarán más nuestro empeño. [27] ¿De dónde, entonces, el atractivo para la transformación socioecológica necesaria? ¿Cómo proporcionarnos motivación ético-política suficiente, en nuestras sonámbulas e infantilizadas sociedades? ¿A qué podemos recurrir como perspectiva positiva? Diría que sobre todo a estos siete elementos:

  1. El amor por los hijos e hijas, las nietas y nietos (y me refiero al amor concreto, no a un abstracto “instinto de supervivencia” humano en cuya solidez sería necio confiar).
  2. Libertad real (no nuestro fantasear con ella desde una profunda enajenación), fuera del horizonte de consumismo totalitario que se nos ofrece como casi única opción: libertad para vivir la propia vida de acuerdo con decisiones y valores personales. Tomar nuestro destino en nuestras propias manos. Esta libertad real se coimplica con la igualdad, como he argumentado en otros lugares.
  3. Comunidad –y este vivir en comunidad (en comunidades) resulta esencial para los simios supersociales que somos los seres humanos. [28] Podemos resumir los dos puntos anteriores en una vida con mucha menos enajenación que las que hoy vivimos, una existencia humana menos alienada.
  4. De esa existencia menos alienada formaría parte el trabajo con sentido, que puede convertirse en un placer –incluso cuando se trata de duro trabajo físico, en el campo por ejemplo– cuando se evita una excesiva parcelización del mismo y la privación de los frutos de ese trabajo. William Morris formuló vívidamente el objetivo de esa recuperación de un trabajo semiartesanal o artesanal no divorciado de la producción de belleza. Hacer bellos los objetos cotidianos y los entornos vitales es necesario “para impedir que los seres humanos sean un pegote feo y degenerado que se adhiere a la superficie terrestre”. [29]
  5. Riqueza en tiempo y en vínculos sociales, capaz de compensar las pérdidas de riqueza material que se seguirán de la renuncia al extractivismo. [30] Por aquí enlazaríamos con la socialidad del Sur que, a partir de Pier Paolo Pasolini y Michel Maffesoli, nos propone Amador Fdez. Savater. [31]
  6. Una existencia de resonancia con la vida y conexión con el cosmos. La resonancia (en el sentido que dio a este término el filósofo canadiense Charles Taylor) es en cierta forma lo contrario de la alienación. Como señala Hartmut Rosa, “la vida buena se obtiene resonando con nuestro entorno, viviendo conectados con el mundo. En las relaciones, en el arte, en la naturaleza… buscamos estar en contacto con la existencia, que nos emocionen y emocionar a los otros.” [32]
  7. Un nuevo sentido de la vida (vida buena con dignidad humana y tratando bien a la Tierra, reconciliando natura y cultura) que puede proporcionar buenos mimbres para tejer el cesto de la “autorrealización” (vida lograda o cumplida). La sensación de vivir una vida con sentido (incluso si tiene aspectos duros y comprometidos) es una de las motivaciones más fuertes que podemos experimentar los seres humanos.

***

El mundo ha de ser para los seres humanos un hogar con el que conectemos emocionalmente –no un reservorio inanimado de recursos para explotar. [33] Parece haber, sugiere Hartmut Rosa, dos grandes formas o sistemas culturales para establecer esa clase de conexiones profundas con el mundo, entrando en una suerte de conversación con él: la religión y el arte (“que, al decir de los románticos, despierta el mundo para que responda con cantos”). [34] Ahora bien, la religión —sugiere la gran analista de las religiones Karen Armstrong— puede considerarse en realidad una forma de arte. [35]

Tendríamos entonces el arte, en ese sentido antropológico muy amplio (que incluiría la religión)… y también la ciencia, como una forma privilegiada de diálogo con la realidad. (En la base de la ciencia, en efecto, se halla el respeto por la realidad y por la alteridad. La realidad –las realidades– existe como algo diferente al yo o al grupo humano: la reconozco, la aprecio como lo otro, la investigo sin pretender reducirla a mí –o a mi grupo humano–. Es cierto que aquí se abre una disyuntiva: investigar la realidad –las realidades– puede hacerse en el modo de la dominación y la tortura o en el modo de la contemplación, la admiración y el respeto.) [36] Necesitamos al arte y necesitamos a la ciencia para conversar con el mundo, y sentirnos en él como nuestro hogar. Esa sensación de conexión que expresa el poema HOY del poeta afrobrasileño Solano Trindade:

“Hoy estoy exuberante,
estoy poroso de poesía.
Como el liberto
recién salido de la cárcel,
canto,
aprecio el sol,
aprecio la lluvia,
aprecio al hombre que pasa;
hay gracia en todo,
en el colorido de los vestidos de las mujeres,
en el caminar de los niños,
en las frutas de los puestos,
en todo hay gracia;
en el jardín de la plaza,
en las flores del jardín.
Hoy estoy exuberante,
estoy poroso de poesía…” [37] 

***

¿Qué hacemos, amigos y amigas, en un mundo que se desmorona?

¿Vamos a ser capaces de ir a contracorriente –de la necropolítica, del ecocidio, de la economía capitalista en guerra contra la vida, de la destrucción de la democracia, del rechazo a los derechos humanos, del militarismo, del racismo, del androcentrismo –del antropocentrismo…?

No basta con dejarnos llevar, pues la corriente nos impulsa con fuerza hacia abajo:

“¡qué difícil es
cuando todo baja
no bajar también!”. [38]

Ni basta con tratar de permanecer donde estamos, porque el mundo que fantaseamos estable no lo es. Hemos de resistir para cambiar a fondo, buscando ser mejores… Necesitamos una enorme confianza –no ciega, sino lúcida– en las opciones de la calidad frente a la cantidad para no desfallecer en este tiempo de Gran Desproporción. 

La versión hispana del “pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad” de Gramsci se la debemos a Giner de los Ríos (que escribió antes que Gramsci): “esperar bien poco y trabajar como si esperásemos mucho” (carta a José Castillejo en 1906).

***

Para terminar, cuatro preguntas:

Volvemos una y otra vez a la idea de la salvación a través de una educación mejorada, pero ¿tenía razón Rafael Sánchez Ferlosio cuando sugería que “el imponente poder pedagógico de la publicidad tiene ya derrotado de antemano cualquier otro intento educativo”? [39] (Hoy la situación ha empeorado mucho más, con los smartphones, la producción industrial de fake news, las IA generativas…)

¿Habría que pensar la educación ambiental / ecosocial en términos de guerra cultural?

¿No serían requisitos básicos para una educación moral prácticas como: aprender a llamar las cosas por su nombre; aprender a decir no; aprender inacción?

¿Qué papel podemos conceder a la pedagogía de la catástrofe que invoca a menudo un sabio como Joaquim Sempere? [40]

_________________________________

NOTAS

[1] Julio Vías: “Nace Navacerrada 365, según sus promotores un proyecto de desarrollo deportivo sostenible. Tan ‘sostenible’ que contempla la construcción en el #PuertodeNavacerrada de una instalación de innivación artificial tipo Xanadú de 30.000 m²…”

(https://x.com/JulioVias/status/1940658070214111255)

Véase también: 

https://www.lugaresdenieve.com/?q=es/noticia/nace-navacerrada-365-un-proyecto-integral-desarrollo-sostenible-y-deportivo#google_vignette

https://aquienlasierra.es/navacerrada/una-propuesta-ciudadana-busca-preservar-y-revitalizar-el-puerto-de-navacerrada-durante-todo-el-ano

https://periodicosierramadrid.es/index.php/municipios/item/14049-navacerrada-nace-navacerrada-365-un-ambicioso-proyecto-para-impulsar-el-puerto-de-navacerrada-como-enclave-deportivo-y-turistico-todo-el-ano

[2] El 14 de marzo de 2025, en su primer día como primer ministro de Canadá, Mark Carney firmó una orden para eliminar el impuesto federal al carbono sobre el consumo (gasolina, gas) a partir del 1 de abril de 2025, respondiendo así a la impopularidad de la medida. Véase:

https://www.swissinfo.ch/spa/el-nuevo-primer-ministro-canadiense-cancela-el-impuesto-a-las-emisiones-de-carbono/89013453

[3] Jean-Baptiste Fressoz, Sin transición, Arpa, Barcelona 2024. Se puede ver esta reseña:

https://blogs.sindominio.net/colapsando/resena-del-libro-sin-transicion/

[4] También en España, según hemos sabido después, en enero de 2026: nuestro país ha aumentado sus emisiones en 2025 al menos un 0’6% (hasta 270.043’11 ton CO2 eq según los datos estimados en diciembre de 2025, con datos de consumo de combustibles hasta octubre de 2025). Así, España se aleja, año tras año, del objetivo climático al que se ha comprometido con la Comisión Europea, a pesar de la retórica del Gobierno. El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) estableció como meta que las emisiones cayeran un 32% en 2030 respecto a los niveles de 1990. Pero en 2025 son sólo un 5,8% menores que las de 1990… Veáse el informe de estimación de las emisiones del año 2025 del Observatorio de Sostenibilidad;

https://www.observatoriosostenibilidad.org/informes

(y también

https://acrobat.adobe.com/id/urn:aaid:sc:EU:32640109-54db-4636-b638-528ca184b0aa).

[5] Veáse el informe de estimación de las emisiones del año 2025 del Observatorio de Sostenibilidad;

https://www.observatoriosostenibilidad.org/informes

(y también

https://acrobat.adobe.com/id/urn:aaid:sc:EU:32640109-54db-4636-b638-528ca184b0aa).

[6] https://www.theatlantic.com/ideas/2026/01/america-fascism-trump-maga-ice/685751/ 

[7] B. Andrino y Kiko Llaneras, “Estos son los perfiles de los nuevos votantes del partido de Abascal”, El País, 14 de septiembre de 2025.

[8] Entre los “pánicos morales” que ha logrado ir introduciendo la guerra cultural de la ultraderecha, estos últimos años, en la sociedad española: ser acusado falsamente de violencia de género, y sufrir “ocupación” en tu propia casa (o segunda residencia), o “inquiokupación” en tu piso de rentista que alquila. Y por supuesto la inmigración…

[9] Daniela Zyman, “Diseñar un planeta en transición”, Icon Design 17, verano de 2025, p. 20. 

[10] Emilio Gómez-Caminero, “La historia nos juzgará”, El País, 31 de mayo de 2025.

[11] https://youtu.be/S5KXh26_nKI?si=kK_UkH_Lz5CSQLcs;

https://legrandcontinent.eu/es/2026/01/21/construir-algo-mejor-el-discurso-completo-de-mark-carney-en-davos-x/

[12] Maurice Joly, Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, Barcelona, Muchnik Editores 1987, p. 57.

[13] Confucio citado en Ricardo Wilhelm, Kungtsé, Revista de Occidente, Madrid 1926, p. 111. 

[14] Aldous Huxley, Nueva visita a Un mundo feliz, Sudamericana, Buenos Aires 1973, p. 131. (El original inglés es de 1958.) 

[15] https://x.com/FernandoBroncan/status/1862400545878585360

[16] Naief Yehya, “Curtis Yarvin, el profeta de la nueva reacción”, ctxt, 30 de mayo de 2025;

https://ctxt.es/es/20250501/Politica/49334/Naief-Yehya-Curtis-Yarvin-EEUU-extrema-derecha-tecnofascismo-neorreacionarismo.htm

[17] Santiago Campos, “Uno contra todos o todos para uno: la educación ambiental se hace política”, Ihitza 13, primavera de 2004. El trabajo científico al que se refiere es probablemente: James K. Rilling / David A. Gutman / Thorsten R. Zeh / Giuseppe Pagnoni / Gregory S. Berns / Clinton D. Kilts, “A neural basis for social cooperation”, Neuron 35 (2002), donde se muestra que la cooperación conduce a la activación de regiones cerebrales implicadas en la liberación de dopamina y en el comportamiento del placer. Como señala Antonio Damasio, al menos en casos como éste la virtud es su propia recompensa.

[18] AA.VV., Figura con paisajes. Homenaje a Fernando González Bernáldez, Fundación Fernando González Bernáldez, Madrid 2002, p. 167.

[19] Cornelius Castoriadis, Una sociedad a la deriva. Entrevistas y debates (1974-1997), Katz Editores, Buenos Aires 2006, p. 265-266.

[20] Walter Benjamin, Dirección única, Alfaguara, Madrid 1987, p. 97.

[21] https://www.carlostaibo.com/articulos/texto/?id=717

[22] Robin Wall Kimmerer, El guillomo, Capitán Swing, Madrid 2025, p. 16.

[23] Paul Kingsnorth, “Cuarenta días” (2013), traducido por Sara Plaza en su blog Civallero & Plaza, 5 de marzo de 2018;

http://civalleroyplaza.blogspot.com.es/2018/03/retirarse-para-llegar-ser.html

[24] La abordé en mi libro Los Verdes alemanes: historia y análisis de un experimento ecopacifista a finales del siglo XX (prólogo de Francisco Fernández Buey). Editorial Comares, Granada 1994.

[25] No cabe ecologizar una megamáquina de producción y consumo que sólo puede funcionar bien destruyendo cada vez más naturaleza… Una economía ecológica no puede ser capitalista. En los decenios últimos, las curvas de crecimiento de la “conciencia ecológica” medida demoscópicamente van en paralelo con las curvas de aumento del uso de energía y recursos naturales. “Capitalismo verde” es un oxímoron. Lo ha vuelto a argumentar exhaustivamente Richard Smith en Green Capitalism –The God that Failed, World Economics Association Book Series vol. 5, College Publications 2016.

[26] Citado por Félix Riera, “La revolución pendiente”, Culturas/ La Vanguardia, 27 de mayo de 2017.

[27] “En determinadas situaciones el miedo a perder algo puede ser una motivación mucho más poderosa que la esperanza de ganar algo, en parte porque una vez que poseemos algo (un objeto, un valor ético, etc.) empezamos a valorarlo mucho más. (…) La aversión a la pérdida también influye en nuestras decisiones sobre el estilo de vida. Aumentar el consumo cuando las personas tienen dinero para ello es psicológicamente muy sencillo. Reducir de cualquier manera significativa (por ejemplo, mudarse a una casa más pequeña o reducir la cantidad de electrodomésticos que uno tiene) parece doloroso, incluso cuando en el pasado esa persona haya sido completamente feliz con un nivel más bajo de consumo.” Nick Cooney, Cambio en el corazón –Cómo puede enseñarnos la psicología a generar el cambio social, Plaza y Valdés, Pozuelo (Madrid) 2015, p. 58 y 59.

Daniel Kahneman y Amos Tversky han estudiado este fenómeno en profundidad. Véase por ejemplo Kahneman y Tversky, “Choices, values and frames”, American Psychologist vol. 39 num. 4, 1984; y Daniel Kahneman, Pensar rápido, pensar despacio, Debate 2012, p. 367-371.

[28] En el capítulo 10 de mi libro La habitación de Pascal (Ensayos para fundamentar éticas de suficiencia y políticas de autocontención) (Catarata, Madrid 2009), titulado “Sobre socialidad humana y sostenibilidad”, argumenté que dos de los deseos básicos de los seres humanos (bienestar personal y potencia de obrar) pueden actuar intensamente contra nuestras perspectivas de sostenibilidad. Para contrarrestar estas tendencias –que, extremadas, desembocan en un nada improbable colapso donde se combinarían ecocidio y una suerte de antropocidio– habría que apoyarse sobre todo en otro deseo fundamental, en de vínculos sociales, tratando de reforzar y enriquecer la socialidad básica del ser humano.

Un autor contemporáneo que explora la fuerza de lo comunitario es Sebastian Junger (en Tribu, Capitán Swing 2016). Comentando este libro, y resumiendo una de sus tesis, Manuel Jabois escribía: “Cuando la moderna sociedad estadounidense invadía un mundo, el de los indios, que no había mejorado tecnológicamente en 15.000 años, se encontró con que los prisioneros preferían quedarse en las tribus cuando eran rescatados. Franklin escribió que a pesar de educar a un niño indio y habituarle a sus costumbres, si se le dejaba cinco minutos con sus parientes no volvía. Un emigrante escribió en 1782: ‘Miles de europeos son indios, y no tenemos un ejemplo de que indio haya elegido convertirse en europeo’…” (“Tribu”, El País, 25 de enero de 2017;

http://elpais.com/elpais/2017/01/24/opinion/1485280565_272926.html).

En una jugosa entrevista Junger lo explicaba así: “Un amigo vivió un año escondido en unas cuevas de las montañas cuando los alemanes entraron en su pueblo. Eran unas 150 personas. Juntas buscaban comida. Los nazis no sabían que estaban ahí. El abuelo de mi amigo dice que fue el mejor momento de su vida y siempre le ha pesado que terminara. También fue obviamente el peor momento de su vida. ¿Cómo se explica eso? Mi libro trata de explicar esta contradicción…” (Sebastian Junger: “Competir con un grupo rival nos hace sentir bien”, El País, 11 de junio de 2017;

http://cultura.elpais.com/cultura/2017/06/09/actualidad/1497007904_425225.html).

[29] William Morris, La Era del Sucedáneo y otros textos contra la civilización moderna, Pepitas de Calabaza, Logroño 2016, p. 77.

[30] Como ha señalado Manfred Linz, “debemos describir el bienestar como un compuesto de tres elementos: riqueza en bienes, riqueza en tiempo y riqueza relacional. La riqueza en bienes y la riqueza en tiempo no precisan de demasiada aclaración. La riqueza o bienestar relacional se orienta al espacio social donde me muevo, e intenta lograr situaciones en las cuales me sienta acogido, reconocido; situaciones en las que las relaciones sociales sean satisfactorias y tenga para esas relaciones atención y tiempo suficiente. El aspirar a cada vez más bienes, a cada vez más cantidades de todo lo que me pueda permitir, suele ir en detrimento del tiempo libre y de las relaciones logradas. Y cuando me importa demasiado lo que desearía poseer, eso menoscaba la satisfacción derivada de disponer de mi propio tiempo y vincularme con otras personas.” Manfred Linz en Jorge Riechmann (coord.), Vivir (bien) con menos, Icaria, Barcelona 2007, p. 12. 

[31] “Según el sociólogo (de la vida cotidiana) Michel Maffesoli, siempre ha existido, insistido y resistido una socialidad del sur. Una socialidad difusa, sumergida y oculta, difícil de ver pero presente, capaz de rebelarse y activarse si resulta amenazada. Una dinámica informal (formas de vínculo, de pertenencia subjetiva, de hacer práctico) determinante en la vida diaria, como substrato o ‘manto freático’ de la existencia colectiva.

¿En qué consiste esta socialidad del sur? En primer lugar, es un impulso vital, a-racional. Una voluntad de vivir, un querer vivir. Pero no vivir de cualquier modo, sino afirmando un tipo de vínculo, un tipo de existencia, una cierta idea de felicidad: un estar-juntos antropológico. Es también un conjunto de saberes y estrategias para reproducir esos vínculos, esas formas de vida.

Ese ‘sur’ se refiere original e históricamente a los países mediterráneos y latinoamericanos, pero se convierte enseguida en la obra del autor en una noción más movediza que apunta a ‘valores’ y ‘climas afectivos’ más que a una localización geográfica. En ese sentido, hay ‘sur en el norte’, como también hay ‘norte en el sur’. Colonia (vividora, alegre, habladora, proletaria) sería el ‘sur’ en Alemania y la financiera Frankfurt, el ‘Norte’. Podemos entresacar ahora cinco ‘valores’ (lo que vale) para esta socialidad del sur:

—en primer lugar, el presente: la vida no se proyecta ‘hacia adelante’ (un futuro de salvación, de perfección), sino que se afirma ‘ahora’. Esa cierta despreocupación hacia el mañana no excluye (¿paradójicamente?) una obstinación por reproducirse y durar. La temporalidad de la socialidad del sur es intensa y no extensa, pero ella se empeña en ‘perseverar en su ser’.

—en segundo lugar, el vínculo: La vida se da en continuidad con otros, entramada con otros, enredada con otros. No solamente por necesidad, sino también por el placer de compartir. El vínculo más apreciado es el vínculo cercano, próximo, al alcance de la mano (lo táctil como valor). Este ‘aquí’ no nos separa de lo que está ‘allí’ (lo lejano), sino al revés: a partir de lo que vivimos ‘aquí’ nos puede resonar algo ‘allí’.

—en tercer lugar, lo trágico: la asunción de la anarquía de lo que hay, de lo que es. No se trata de ‘solucionar’ o ‘superar’ lo dado (incierto, oscuro, múltiple), sino más bien de saber ‘componérselas’ con ello. Otra relación pues con el mal, el riesgo o la muerte, que no son algo a erradicar (según las lógicas imperantes del control, la securización y la previsibilidad total), sino un costado de la vida (y también pueden ser fuerza, palanca, si nos sabemos componer). 

—en cuarto lugar, lo dionisíaco: no la vida encerrada en uno mismo (trabajo, éxito, progreso), sino la vida ‘extática’ que busca salir de sí a través del goce del cuerpo, el gusto por la máscara y el disfraz (las apariencias), la fusión con el otro en las celebraciones colectivas (musicales, deportivas, religiosas), etc. Exceso, derroche, vértigo, entrega, destrucción: lo ‘dionisíaco’ son tanteos con la alteridad.

—por último, el doble juego: no la pasión por lo recto, lo frontal y lo explícito, sino por el desvío, la astucia, el apaño, el rebusque, la brega, la duplicidad, el disimulo, el juego con la ley y la norma, las estrategias informales de conservación y supervivencia (mía y de los míos). No la pasión por corregir y enderezar, sino por sortear, regatear, driblar y burlar.”

Amador Fernández Savater,“Una vida que se basta a sí misma: la revancha de los valores del sur”, eldiario.es, 30 de junio de 2017;

http://www.eldiario.es/interferencias/capitalismo-crisis-revolucion_cultural_6_660094029.html

[32] Continúa el sociólogo y filósofo alemán: “Las experiencias de conexión siempre tienen una calidad transformadora. La mala vida es una vida alienada, puedes tener mucho dinero y relaciones, pero si pierdes la resonancia, acabas quemado. (…) Cuando en las encuestas preguntamos a la gente cuál fue la última vez que se sintió feliz, suele contarnos una historia que acaba con “…eso realmente me emocionó”: conectividad. (…) En el mundo moderno neoliberal no existe ningún refugio en el que podamos decir “ya tengo suficiente”. En cuanto permaneces en el mismo peldaño te vas para abajo, pierdes tu posición. (…) La energía que mueve esa enorme rueda proviene del propio sistema, pero también de nosotros. Hay que comprender cómo funciona el capitalismo. (…) Nuestro deseo básico de conexión se ha enmascarado en un deseo de bienes y objetos. Quiero un móvil para estar conectado con mis amigos, pero acabo atrapado en el consumo del último modelo, por eso los objetos siempre nos decepcionan. (…) Así funciona el capitalismo: hemos de sentirnos lo suficientemente decepcionados para no estar satisfechos, pero no lo suficiente como para dejar de comprar. Si lo entiendes, podrás hacer algo al respecto…” Hartmut Rosa, “La sociedad moderna necesita crecer para permanecer igual”, entrevista en La Vanguardia, 3 de mayo de 2016;

http://www.lavanguardia.com/lacontra/20160503/401523102929/la-sociedad-moderna-necesita-crecer-para-permanecer-igual.html

En otra entrevista, este sociólogo alemán declara que “necesitamos una nueva concepción de qué es vivir bien, una visión más cultural. Sólo podemos llevar esto a cabo de forma colectiva. Creo que el gran error de nuestra era es la firme creencia de que el crecimiento, la aceleración y la innovación hacen la vida mejor. En muchos sentidos, nos hacen cada vez más miserables. Así que pensemos en ello de otra forma: creo que podemos determinar el punto en el que el crecimiento perpetuo conlleva la alienación -de la gente, de los lugares, de las cosas, de nuestras actividades, de nuestros cuerpos, etc. El opuesto a esta alienación es, creo yo, la resonancia. Somos felices cuando sentimos que el mundo resuena con nosotros: cuando responde y vibra a nuestro contacto. Tenemos este tipo de experiencias cuando interactuamos con los demás, pero también gracias al arte, la música, la naturaleza, el océano o las montañas, y para mucha gente, también gracias a la religión. Pero en cada caso la resonancia sólo puede desarrollarse cuando gozamos del tiempo necesario para que cada uno pueda hacer suyos los lugares, los libros, la gente. Así, al final, podemos re-conquistar el mundo, y obtendremos una vida mejor para todos. Esa es, al menos, mi visión” (“Cuanto más rápido vivimos, menos tiempo tenemos”, entrevista en El Confidencial, 17 de marzo de 2012;

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2012-03-17/cuanto-mas-rapido-vivimos-menos-tiempo-tenemos_501839/).

Bueno, ya se sabe que los Beach Boys encomiaban las good vibrations. Y mi difunta tía Enriqueta, cuando tenía reunidos en torno a sí a sus seres queridos, en la sobremesa de una buena comida: “Qué bien se está cuando se está bien…” 

[33] “Con el advenimiento del industrialismo y el colonialismo se produjo un quiebro conceptual. Los ‘recursos naturales’ se transformaron en aquellas partes de la Naturaleza que eran requeridas como insumos para la producción industrial y el comercio colonial. (…) La Naturaleza, cuya naturaleza es surgir nuevamente y rebrotar, fue transformada por esta concepción del mundo originariamente occidental en materia muerta y manejable. Su capacidad para renovarse y crecer ha sido negada. Se ha convertido en dependiente de los seres humanos.” Vandana Shiva citada en Alberto Acosta y Ulrich Brand, Salidas del laberinto capitalista, Icaria, Barcelona 2017, p. 64.

[34] Hartmut Rosa, Alienación y aceleración. Hacia una teoría crítica de la temporalidad en la modernidad tardía, Katz, Madrid/ Buenos Aires 2016, p. 180.

[35] “Creo que todas las religiones tienen unos elementos particulares positivos y una serie de defectos. No hay una religión mejor que otra. La gente siempre ha luchado por encontrar sentido a la vida. Veo la religión como un tipo de arte. Los humanos caemos muy fácilmente en la desesperación y buscamos consuelo en cosas como el arte o los sueños de belleza y justicia…” Armstrong entrevistada en El País, 1 de junio de 2017;

http://cultura.elpais.com/cultura/2017/05/31/actualidad/1496216971_762655.html

[36] En la primera perspectiva (dominación), son famosas algunas formulaciones de Francis Bacon (1561-1626) que compara la experimentación sistemática con la violación y la tortura de la naturaleza, concebida como una hembra. La epistemóloga feminista Carlyn Merchant sostiene que la filosofía de Bacon “trata a la naturaleza como una hembra a la que hay que torturar con inventos mecánicos”, al modo de “los instrumentos mecánicos empleados para torturar a las brujas”. ¿Fue Bacon tan malo como a veces lo pintamos? Una defensa en Lothar Schäfer, Das Bacon-Projekt. Von der Erkenntnis, Nutzung und Schonung der Natur. Suhrkamp, Frankfurt am Main 1993.

Hegel y Schelling consideraron la experimentación científica como un acto de violencia contra la naturaleza (punto de vista que retoman, en el siglo XX, Adorno y Horkheimer).

La alternativa sería la praxis de Alexander von Humboldt, quien encarnó como nadie la idea de una ciencia concebida como interminable diálogo con la naturaleza, ciencia orientada no por la dominación sino por la aspiración al disfrute de la vida… No en balde suele verse en él la síntesis lograda entre Ilustración y Romanticismo (otros pensadores y artistas que se sitúan en ese interesante lugar: Leopardi, Hölderlin, Mozart)… Alexander von Humboldt (1769-1859) es uno de los precursores (o quizá habría que decir más bien uno de los fundadores) de la ecología, las “ciencias de la Tierra) y los esfuerzos por comprender las totalidades que en la segunda mitad del siglo XX desembocarán en la teoría de sistemas y los enfoques de la complejidad.

[37] Solano Trindade, Poemas antológicos (edición de Bethania Guerra de Lemos y Juan Bautista Rodríguez Aguilar), Rapsoda Editorial, Pozuelo (Madrid) 2015, p. 45.

[38] Antonio Machado, Los complementarios, CLXXVII.

[39] Rafael Sánchez Ferlosio, “Educar e instruir”, El País, 29 de julio de 2007.

[40] “Hemos llegado tarde: los avisos ecologistas de hace más de medio siglo se han ignorado y estamos en una situación en gran medida irreversible. Aunque se tomen medidas de rectificación, parece prácticamente imposible evitar al menos un genocidio de magnitudes incalculables.

El dilema antropocentrismo-ecocentrismo dibuja el fondo del problema. Pero el antropocentrismo está demasiado arraigado en las mentes para que pueda ser objeto de una reconsideración operativa a corto plazo. La situación límite en que vivimos obliga a tomar iniciativas, aunque lleguemos tarde, y aunque pensemos que no lograremos lo deseable: por lo menos hay que plantearse minimizar los daños. Luego se verá cómo seguir adelante.

Si no se logra una masa crítica de personas para un cambio profundo y radical, los convencidos seguiremos siendo una secta impotente, por mucha lucidez que tengamos. Por eso hay que pensar en términos operativos. Sólo en esos términos lograremos la pedagogía necesaria. La catástrofe es inevitable; pero probablemente será una catástrofe por etapas y con multitud de formas. Hay que aprovechar esta circunstancia en sus vertientes didácticas: la pedagogía de la catástrofe será insustituible.

Estamos convencidos de que hay que frenar las dinámicas económicas expansivas, y para eso, ante un enemigo muy poderoso como es el poder económico capitalista de hoy, hay que ‘superar el capitalismo’ o prepararse para un ‘poscapitalismo sin crecimiento’. No tenemos fórmulas alternativas bien construidas para avanzar, pero sí experiencias históricas que nos pueden indicar cómo avanzar y qué hay que evitar.

Pero hay que evitar los doctrinarismos y los debates nominalistas estériles. Por ejemplo, propiedad privada y mercado son instituciones que pueden funcionar, y funcionan; pueden ser parte de la solución, siempre que se sitúen en un contexto de regulación política de la economía (con un poder político capaz de sobreponerse al gran capital), con elementos de planificación democrática. Otro ejemplo: lo peor, hoy por hoy, es un capitalismo depredador que sólo se satisface con tasas desmesuradas de ganancia, que prioriza la economía financiera, que sobreexplota el personal y los ecosistemas, que reclama un crecimiento indefinido, etc. En cambio, tal vez es posible colaborar con un capital privado que acepte tasas moderadas de ganancia y regulaciones públicas para mantener a raya las prácticas depredadoras de los recursos naturales, etc. Anticapitalismo, sí; pero sabiendo qué es lo esencial y qué lo accesorio.

Aunque hayamos ya llegado tarde, hay que trabajar para minimizar los daños. No creo que baste decir: ‘sólo nos queda un trabajo humanitario de curar las heridas’. Hay que tener la ambición de (re)construir lo que se pueda. Las incertidumbres son demasiado grandes para que podamos afirmar que ya no hay nada que hacer.

Lo que podamos hacer aún, lo tenemos que hacer con la gente, con el máximo número de personas. Para movilizarlas no basta predicar: las inercias y rutinas, así como las expectativas productivistas-consumistas, son demasiado poderosas. Hay que tratar de movilizar a las mayorías con propuestas practicables a corto plazo (como la transición energética), y que sean las personas mismas las que vayan topando con los obstáculos y vayan comprendiendo, sobre la marcha, que la era de las vacas gordas se acabó, que hay que vivir con menos, que hay que asumir una visión de la Tierra y de la vida completamente distinta, etc. Hay que hablar, sí, de decrecer, no ocultar la magnitud de los cambios y de las renuncias necesarias; pero a la vez trabajar para que la gente misma se vaya convenciendo con su propia experiencia y acción práctica.

Finalmente, ante la magnitud de las incertidumbres, no hay que poner el acento en fórmulas alternativas acabadas, sino en una educación (teórica y práctica y lo más masiva posible) en principios ético-políticos que permitan ir encontrando sobre la marcha las soluciones concretas en colaboración con la gente. Estos principios son del tipo: libertad, igualdad, fraternidad, suficiencia, amor y respeto por la Tierra, consciencia de los límites, prioridad del cuidado a las personas, etc. ¿Podremos evitar la barbarie y los ecofascismos con eso? Lo ignoramos, pero debemos intentarlo. (No ignoro lo difícil que es asumir estos principios ético-políticos en un contexto de catástrofe planetaria. La resistencia de la gente en los campos de exterminio nazis nos puede dar pistas.)”

Joaquim Sempere, comunicación personal, hace ya algunos años.

jueves, 22 de enero de 2026

Naranjito de Triana

Nuestro Flamenco estuvo dedicado el pasado 8 de septiembre a un cantaor que no se menciona mucho en estos tiempos, Naranjito de Triana. Con este apodo era conocido José Sánchez Bernal. Ahora el nombre de Naranjito evoca más al muy posterior heredero futbolístico de la calabaza Ruperta

En cualquier disciplina artística hay virtuosos de los que admiramos su arduo trabajo. Otros logran que nos parezca fácil, y en vez de hacernos sufrir con su esfuerzo nos hacen gozar relajados, ante el prodigio de su difícil facilidad.

Mi apreciación personal es que un maestro como Mairena pertenece al primer grupo. Naranjito sería del segundo. Cantar así parece fácil hasta que intentas hacerlo tú.

Comentarios aparte, estos fueron los cantes del programa:

03:33, petenera de la Niña de los Peines, caracoles de Chacón

12:58, seguiriyas, fandangos del Gloria

25:01, soleares del Zurraque, homenaje a la Niña de los Peines

37:00, malagueña de la Trini, tangos de Triana

Aquí las soleares, rematadas con un polo:

domingo, 18 de enero de 2026

La difícil cuadratura del círculo

Hace un año, el artículo que comento ahora avisaba de la futilidad de la estrategia petrolera de Trump cuando apenas empezaba su segundo y terrible mandato. No ha dejado desde entonces de sorprendernos con sus ¿imprevisibles? fechorías. La posible pérdida de control sobre la producción mundial de petróleo era una de sus obsesiones.

Encabezaba el artículo esta advertencia:

Donald Trump pretende promover la producción de petróleo, acabar con el impulso a las renovables y reducir la regulación ambiental. Sin embargo, las medidas afectarán a las energéticas si les implica vender más barato y a varios estados republicanos. También van a disparar la contaminación e incluso beneficiarían a China.

El petróleo de alta rentabilidad se acaba. Cada vez es más difícil y caro de extraer. Las compañías solo lo harán si pueden subir los precios, pero eso paraliza la demanda, y con ella el conjunto de la economía. La única posibilidad es subvencionarlas con recursos públicos, que se detraerán de otras partidas, lo que también perjudica la demanda.

Apoderarse del petróleo venezolano, aunque tenga también otras motivaciones estratégicas, no resuelve el problema. La producción tardará años en recuperarse, y además se trata de un petróleo no fluido que debe mezclarse para su manejo con otros ligeros que habría que importar.

Por eso las compañías que han acudido a negociar su explotación muestran poco entusiasmo para invertir si no son fuertemente subvencionadas.

Este problema financiero es el único freno real para alguien a quien le importa un bledo el medio ambiente y el futuro de la humanidad.

La estrategia petrolera de Trump le saldrá cara al mundo, pero también a Estados Unidos

28 enero, 2025 

 Donald Trump en la refinería Andeavor (Dakota del Norte) en 2017. Fuente: Casa Blanca (Picryl)

Lo dejó claro en campaña: “Drill, baby, drill” (‘perfora, cariño, perfora’). El objetivo de Donald Trump es reducir los precios de la energía a la mitad en doce meses y, con ello, reducir también la inflación. Para ello, el presidente estadounidense ha anunciado su intención de aprobar nuevas concesiones de perforación petrolera, detener los litigios ambientales, aliviar la presión fiscal sobre las energéticas y revertir las recientes regulaciones de emisiones.

Ya en su primer mandato, Trump apostó por alcanzar lo que llamó el “dominio energético estadounidense”. Para ello permitió la construcción del oleoducto Keystone XL y reinició el Dakota Access, revirtió la prohibición de perforar en el Ártico y el Atlántico y revocó el Plan de Energía Limpia de Barack Obama, que buscaba reducir las emisiones en el sector eléctrico. Como guinda del pastel, retiró a Estados Unidos del Acuerdo de París, medida que ha replicado tras volver a tomar posesión.

Las promesas de Trump se recogen en la llamada Agenda 47. Se trata de una lista de prioridades que comparte algunas ideas con el Proyecto 2025 creado por organizaciones conservadoras afines al republicano y que incluye medidas como acabar con todo tipo de protección climática. Sin embargo, Trump tendrá obstáculos a nivel nacional para sacarlas adelante y, en caso de conseguirlo, sus políticas perjudicarán no sólo al planeta, sino a Estados Unidos a nivel económico y geopolítico.

La agenda petrolera y energética de Trump

Trump ya ha empezado a poner en marcha sus iniciativas. Ha firmado una orden ejecutiva para sacar a Estados Unidos del Acuerdo de París, que además incluye una orden para retirar al país de cualquier acuerdo, pacto o similar bajo la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Esto implica que Estados Unidos no presentará las “contribuciones nacionales determinadas”, los compromisos que adquiere cada país para reducir sus emisiones y colaborar al objetivo de limitar el calentamiento global...

*****

Un año después, esto escribe Albert Recio:

PETRÓLEO

Por si alguien tenía dudas sobre Venezuela, la convocatoria de una reunión de jerarcas del petróleo en la Casa Blanca sirve para aclararlas. Petróleo y guerras tienen una larga relación. El petróleo y el carbón son las energías básicas de las modernas economías capitalistas (ahora todas lo son). Y cómo los yacimientos de petróleo se reparten de forma desigual en el planeta, los territorios donde existen son objeto de una importante presión política. Unas veces en forma de guerras, otras de dictaduras insoportables, como las monarquías que controlan la Península Arábiga. Estados Unidos, el país que consume y derrocha más petróleo del mundo, ha sido especialmente activo en intervenciones armadas cuando ve sus intereses amenazados. Venezuela es sólo una más de una larga lista de tropelías cometidas con cualquier excusa, pero con el petróleo de argumento central (o cualquier otra materia prima interesante).

Hay en toda esta política trumpista un doble crimen. El primero es el obvio, el abuso de poder, el tomar los países como rehenes, el intervenir sin medida, sin respetar un atisbo de normas internacionales. Imponer la ley del más bruto. Pero, aún siendo todo muy grave, se solapa con otra cuestión peor. Es el empeño en mantener, cueste lo que cueste, el uso intensivo de los combustibles fósiles, en seguir alimentando el calentamiento global generando toda una serie de graves consecuencias, desde las locales – como las danas, o las sequías- hasta sus efectos globales. Hace años que los científicos naturales vienen advirtiendo de estas amenazas, vienen constatando que sus previsiones se están cumpliendo. Y recuerdan que la crisis climática global sólo se podrá evitar con medidas drásticas de eliminación de los combustibles fósiles. De evitar extraerlos de forma más o menos rápida.

La corte de hombres trajeados que se reunieron con Trump no sólo negociaban el reparto de un botín más o menos suculento (Venezuela es el país con más reservas petrolíferas del mundo, pero su petróleo es de una calidad inferior y requiere de innovaciones técnicas para hacerlo eficiente). Estaban también acordando perpetuar la extracción masiva de petróleo, profundizar la crisis climática. No es casualidad que esta misma semana Trump haya ordenado retirar al país de 66 organismos internacionales, incluyendo todos los que tienen que ver con cuestiones ecológicas. Empezando con el Panel Internacional sobre el Cambio Climático. No quieren que se siga aportando información veraz sobre los males que genera su negocio petrolífero. El autoritarismo de Trump del que practican la mayoría de grandes líderes económicos. Su política energética y ambiental, está al servicio de esta fracción del gran capital empeñada en mantener sus negocios a costa de poner en peligro al conjunto de la humanidad y al ecosistema que ha hecho posible su existencia.

Y Marcelí Peres Jove comenta:

Hace ya un tiempo leí en la Vanguardia que Trump tenía un campo de golf en Irlanda y había pedido al gobierno irlandés que le dejara levantar un muro alrededor del campo para protegerlo cuando subiera el nivel del mar... El fascismo de Hitler tenía la mirada puesta en la revolución rusa. El enemigo principal que atenta hoy al capitalismo es la ciencia ecológica. El tecnofascismo es muy consciente de la crisis ecológica terminal que amenaza al capitalismo y su proyecto oculto es que sobra una gran parte de la humanidad:

A) Mantener el dólar como moneda de intercambio mundial.

B) Aislar China economicamente como principal enemigo.

C) Expoliar política y económicamente a los países americanos y Canadá (Un proyecto que hubiera sido la admiración del antiguo imperio romano).

D) Armar a Israel como punta de lanza de su imperialismo en África...

Es una política de dominación que se sustenta en su superioridad armamentista y atómica. La diferencia con el fascismo del pasado es que el capitalismo ya dominó y sometió a todas las culturas y hoy está establecido en todo el mundo. La era colonial es cosa del pasado y no es fácil convertir a los otros países capitalistas en colonias extractivas como quiere hacer con Venezuela. El principal talón de Aquiles de Trump es su propio país: para una política colonial mundial, sin reglas entre países y donde la ley la marque USA, lo primero: es necesario dar un golpe de estado en su país y establecer una dictadura fascista. El nuevo capitalismo feudal de multimillonarios (por decirlo con Varoufakis) es más trasparente a los ojos de la gente: el rey está desnudo.. Trump tiene su principal talón de Aquiles en USA. Hoy por hoy no existe un movimiento de masas fascista en el mundo, como sí lo hubo en Alemania e Italia.

domingo, 11 de enero de 2026

¡Peligro: precipicio!

Del cuaderno de notas de Jorge Riechmann copio dos pinceladas, dos brochazos en plena cara para hacernos despertar.

La primera constata la apología de la razón de la fuerza y el desprecio hacia la menguada fuerza de la razón que se encarna en la figura de Donald Trump. Él no necesita, como Groucho, engañarnos con otros principios si no nos gustan los suyos. Recordemos el "quien pueda hacer que haga" de otro famoso sociópata que no se refería precisamente a "hacer el bien".

La santificación de la ley de la selva sigue una serie de pasos que llevan desde la justificación creíble basada en argumentos convincentes hasta la falaz que con argumentos falsos justifica lo injustificable. Después ya no importa que los argumentos sean increíbles. Por último, ¿para qué argumentar?

Las primeras etapas del proceso se dirigen a una sociedad a la que hay que engañar, porque opone resistencia seria. Cuando ya no hay que ocultar nada es porque se considera que la sociedad está vencida, o peor aún, que está lo suficientemente corrompida como para aceptar esta moral de canallas.

Es peligrosísimo que aceptemos como natural el argumento supremo de la fuerza como único derecho, porque anula la resistencia siempre posible y nos deja inermes a los pies de los caballos.

El fascismo sin careta está aquí. Que nadie se sienta seguro.

El último emperador


















La otra nota toma como punto de partida la polémica surgida tras la publicación de La vida cañón, un libro de Analía Plaza que en cierto modo culpabiliza a los menos jóvenes de la precariedad de los más jóvenes.

La nota de Jorge Riechmann culpabiliza a la anterior generación; pero no por esa "vida cañón" excluyente que los propagandistas del capitalismo traen al primer plano para dividir a sus víctimas, sino por el error cometido en el referéndum que nos encadenó la OTAN, cuando el PSOE "renovado" traicionaba sus anteriores proclamas e imponía sus políticas neoliberales.

Con un recuerdo al añorado Julio Anguita, entonces tachado de loco quijotesco y alabado, como tantos otros, cuando ya no era peligroso.

Siguen las dos notas:

9 de enero de 2026

Si algo han ido revelando los inenarrables meses de la segunda presidencia de Trump es la facilidad con que sociedades enteras, igual que individuos tomados de uno en uno, se dejan caer a lo peor de sí mismas.[1]

Si cada uno de los seres despreciables en que nos vamos convirtiendo tuviese que explicarle a su madre cómo se ha llegado a esto, ¿soportaríamos tanta miseria moral?

“Se veía venir”, decimos a veces. Pero si se veía venir el horror, es porque en realidad ya estaba ahí. Y nuestra falta fue apartar la mirada, y no combatir ese horror cuando aún era posible hacerlo.[2]

A las nuevas anormalidades se suman las nuevas subnormalidades y las nuevas normopatías, mientras seguimos cayendo, cayendo, cayendo… Pero a estas alturas (o más bien bajuras) deberíamos saberlo: debajo de cada círculo del infierno todavía se encuentra otro peor.

El mal empieza, y también acaba, en la crueldad.

__________

[1] Resumo (con la ayuda de Brenda Estefan) los principales puntos de la entrevista con Trump que el The New York Times ha publicado el 8 de enero de 2026, pocos días después del ataque militar contra Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa: 

  • Trump afirma que su poder como comandante en jefe está limitado únicamente por “su propia moral” y “su propia mente”.
  • Desestima el derecho internacional como un freno real: dice que no lo necesita y que él decide cuándo se aplica.
  • Sostiene que la fuerza nacional —y no las leyes, tratados o convenciones— debe ser el factor decisivo entre potencias.
  • Afirma que la OTAN es esencialmente inútil sin Estados Unidos y admite que podría tener que elegir entre preservar la alianza u obtener Groenlandia.
  • Califica las normas del orden posterior a la Segunda Guerra Mundial como cargas innecesarias para una superpotencia.
  • Deja claro que, en su visión, el poder de Estados Unidos es el factor determinante y que presidentes estadunidenses anteriores fueron demasiado cautelosos para utilizarlo con fines políticos o económicos.
  • Defiende la “propiedad” territorial —en particular sobre Groenlandia— como psicológicamente necesaria para el éxito, y sostiene que ofrece ventajas que no se obtienen mediante arrendamientos, tratados o la simple firma de documentos.
  • La conversación deja claro que, para Trump, la soberanía y las fronteras nacionales son secundarias frente al “papel de EE.UU. como protector de Occidente”. Entrevista:
Trump lays out a vision of power restrained only by ‘my own morality’The New York Times, el 8 de enero de 2026;

[2] En el caso de Trump: ¿cómo explicar que no fuese juzgado y encarcelado después del asalto al Capitolio, el 6 de enero de 2021?

***

Si han de hacerse (hacérsenos) reproches generacionales a los búmers/boomers, mucho antes de hablar de pensiones o vivienda —si atendemos a la gravedad de los asuntos, más allá de lo inmediato—, habría que preguntar: ¿por qué dejasteis al país dentro de la OTAN —referéndum de 1986—, y tolerasteis la desastrosa conducción de esta alianza militar por EEUU (desaprovechando el «momento Gorbachov» a finales de los ochenta)? ¿Por qué dejasteis al PSOE neoliberalizar nuestra sociedad? ¿Por qué no construisteis con la IU de Julio Anguita una izquierda a la altura de las circunstancias en los noventa? Y sobre todo ¿por qué habéis consentido, e incluso impulsado, la deriva ecocida que ahora pone en tela de juicio la habitabilidad de la Tierra?

martes, 6 de enero de 2026

Poemas de antes que son de ahora

A su blog Escombros con hoguera trae Conrado Santamaría dos poemas. Tan viejos, tan nuevos...

En estos momentos de saña guerrera salta por los aires la cáscara hueca de unas relaciones internacionales basadas en reglas.

No es decir mucho hablar de reglas. Reglas feudales, reglas sangrientas, reglas del sátrapa que las maneja. Cada tirano tiene sus reglas.

Callados y obedientes los súbditos babean. El que tenga valor que salga a la palestra, que yo allí lo acribillo. Humíllate, venera mi culo pestilente y luego me lo besas.

(¿Qué más puedo deciros, prudente patulea?)

SON VENEZOLANO

Con mi tres o con su cuatro,
cante, Juan Bimba,
yo lo acompaño.

—Canto en Cuba y Venezuela,
y una canción se me sale:
¡qué petróleo tan amargo,
caramba,
ay, qué amargo este petróleo,
caramba,
que a azúcar cubano sabe!

¡Cante, Juan Bimba,
yo lo acompaño!

—La misma mano extranjera
que está sobre mi bandera,
la estoy mirando en La Habana:
¡pobre bandera cubana,
cubana o venezolana,
con esa mano extranjera,
inglesa o americana
mandándonos desde fuera!

¡Cante, Juan Bimba,
yo lo acompaño!

—Zamora, véngase acá,
tráigase sus huesos juntos,
y dejando a los difuntos
camine y despierte ya.
Aquí este bojote está
muy parecido al sesenta:
el que puede, se calienta,
el que no, se pone a enfriar,
y a la hora de contar
todos enredan la cuenta.

¡Cante, Juan Bimba,
yo lo acompaño!

—Ando a pie, bebo parado,
me buscan cuando hago falta,
y mi cobija es tan alta
que duermo sobre ella echado.
Éste es mi canto cerrado,
que en vez de cantar recito;
ahora lo digo pasito,
porque es cosa suya y mía,
pero así que llegue el día,
en vez de cantar, ¡lo grito!

¡Grite, Juan Bimba,
yo lo acompaño!

Nicolás Guillén. El son entero / Canto para soldados y sones para turistas. Losada, 2005.
Imagen: Monero Rapé

El Sur también existe

Con su ritual de acero
sus grandes chimeneas
sus sabios clandestinos
su canto de sirenas
sus cielos de neón
sus ventas navideñas
su culto de dios padre
y de las charreteras
                            con sus llaves del reino
                            el norte es el que ordena

pero aquí abajo abajo
el hambre disponible
recurre al fruto amargo
de lo que otros deciden
mientras el tiempo pasa
y pasan los desfiles
y se hacen otras cosas
que el norte no prohíbe
                    con su esperanza dura
                    el sur también existe

 con sus predicadores
sus gases que envenenan
su escuela de chicago
sus dueños de la tierra
con sus trapos de lujo
y su pobre osamenta
sus defensas gastadas
sus gastos de defensa
                    con sus gesta invasora
                    el norte es el que ordena

pero aquí abajo abajo
cada uno en su escondite
hay hombres y mujeres
que saben a qué asirse
aprovechando el sol
y también los eclipses
apartando lo inútil
y usando lo que sirve
                    con su fe veterana
                    el Sur también existe

con su corno francés
y su academia sueca
su salsa americana
y sus llaves inglesas
con todos su misiles
y sus enciclopedias
su guerra de galaxias
y su saña opulenta
                        con todos sus laureles
                        el norte es el que ordena

pero aquí abajo abajo
cerca de las raíces
es donde la memoria
ningún recuerdo omite
y hay quienes se desmueren
y hay quienes se desviven
y así entre todos logran
lo que era un imposible
                    que todo el mundo sepa
                    que el Sur también existe

Mario Benedetti. Preguntas al azar, 1985-1986. En Antología poética. Introducción: Pedro Orgambide. Alianza, 2008.
Imagen: Carlos Cruz-Diez

lunes, 5 de enero de 2026

Salir de la ratonera

Los últimos acontecimientos (y los anteriores, desde luego) auguran un desenlace bastante funesto. ¿Quién y cómo podrá frenar el desastre que se acerca a toda velocidad?

Los que no fumamos los opiáceos religiosos sabemos que la vida de cada cual es un viaje a ninguna parte. También la vida humana en su conjunto, y la vida en su más amplio sentido, tienen su plazo, que suponemos lejano. Mientras tanto, esperamos que tarde mucho ese final, aunque desde que conocemos las leyes de la termodinámica somos conscientes de una muy lejana muerte térmica de nuestro universo. Más cercano está el agotamiento del combustible solar, apenas unos miles de millones de años. ¡Cuán largo me lo fiáis!

Nos preocupan nuestros hijos, nuestros nietos, y confiamos en que seguirán naciendo otros descendientes a los que nunca conoceremos. Pero, ¿y si hay un final más cercano de lo que queremos creer?

Lo que estamos viendo es que el agotamiento de los recursos energéticos y otros, en lugar de frenarse, se acelera, como lo hace el calentamiento global. Cuando más necesario es guardar lo que queda, más se gasta en fruslerías superfluas.

Pero mucho más en lo que mata. Guerras que destruyen aceleradamente lo que queda y acaban envenenándolo todo, por tierra, mar y aire.

Salvamento marítimo tiene previsto un detallado protocolo de abandono de buque en caso de naufragio como único modo de minimizar pérdidas humanas. Si esto falla el afán por escapar lleva a los náufragos aterrorizados a matarse entre sí, confiando cada uno en su propia salvación. Algo de esto está ocurriendo, y aún hay locos que confían en escapar del planeta de los simios.

¡Qué inteligente fue Berlusconi, qué clarividente Felipe González!

Honra y prez les dedica Jorge Riechmann:

Desmotivaciones

El 31 de diciembre de 2025 escribía esto en el cuaderno de notas de su blog:

sobre fascismo y televisión

Europa es la mejor idea del siglo pasado, ha dicho Olga Tokarczuk. Lo mejor para una mejor idea sería no quedarse en mera idea: pero no parece que eso, en el caso de Europa, esté a nuestro alcance. El neoliberalismo, y algunas otras catástrofes existenciales, se cruzaron en nuestro camino…

En 2002 Claudio Magris advertía: “Los italianos fuimos pioneros del fascismo en Europa. No quisiera que ahora, con Berlusconi, lo fuéramos de alguna otra perversión… Observo que están desapareciendo las antiguas convenciones sobre la decencia y emerge una nueva clase sin referencias morales de ningún tipo”.[1] Pero sucedió efectivamente lo temido: aquella clase de nihilismo infectó como un veneno a un país tras otro. Seguimos hoy en duelo por la Europa que podría haber sido.

Juan Gabriel Vásquez incurre en un considerable latinocentrismo cuando, evocando la novela de Mario Vargas Llosa Conversación en La Catedral, sentencia: “¿Qué es un latinoamericano? Es alguien que se pregunta, cada cierto tiempo, en qué momento se jodió su país. ¿Qué es un escritor latinoamericano? Es alguien que intenta contestar a esa pregunta mediante construcciones de palabras”.[2] Como si ese mal fuese exclusivo de América Latina… Pero no es así: también desde Italia o España nos hacemos la “pregunta J” de Vargas Llosa (de su personaje Zavala, en rigor): en qué momento se jodió Europa, o el conjunto de Occidente…

Quizás habría que verlo de esta forma: se permitió la degradación de la televisión pública, al mismo tiempo que irrumpían las privadas con su programa de enmerdamiento de la psique humana; por esa grieta se coló el resto de la debacle antropológica que hemos ido viviendo en los decenios últimos. Y aquí también Italia –la Italia de Berlusconi– resultó pionera.

_______________

[1] Claudio Magris, “Lo moral debe impregnar la vicisitud narrada” (entrevista), El País, 8 de noviembre de 2002.

[2] Juan Gabriel Vásquez, “Regreso a La Catedral”, El País, 8 de noviembre de 2025.

***

Y el 3 de enero añadía:

en qué momento se jodió Europa (o el conjunto de Occidente)

 …en qué momento se jodió Europa, o el conjunto de Occidente… Añado algo a las reflexiones de hace unos días:

Un momento clave fue cuando EEUU y Europa decidieron desaprovechar el «momento Gorbachov» (segunda mitad de los años ochenta), que hubiera permitido construir estructuras de paz y seguridad en buena parte del mundo, y en vez de ello apostar por la desintegración de la URSS y luego la expansión de la OTAN (años noventa). Ése fue uno de los vectores clave que ha conducido de forma bastante directa a la guerra en Ucrania, y empujado hacia el mundo brutalmente siniestro donde nos encontramos hoy.

Y en esa dinámica, como país, nos atañe también una parte de responsabilidad. Fue un error inmenso votar a favor de la permanencia de España en la OTAN en marzo de 1986 (el trabajo que desarrollamos desde los movimientos pacifistas en 1984-85 no fructificó lo suficiente), y lo ha sido permanecer después en esa agresiva alianza militar, haciendo seguidismo a unos EEUU imperialistas y después, con Trump, fascistas.

Hay un gobernante español especialmente culpable en esa desdichada secuencia de acontecimientos: Felipe González. La historia (si hay historiografía democrática en el futuro) le pedirá cuentas.

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lunes, 29 de diciembre de 2025

El flamenco y la lucha antifranquista

El documental Se prohibe el cante alude a la frase que en otros tiempos expulsaba el flamenco de los bares, aunque no de famosos cafés cantantes. Se quería evitar que el borracho de turno se pusiera pesado cantando de mala manera...

De niños cantábamos las coplas de moda siguiendo unos cancioneros de a perra gorda que vendían en los quioscos. ¿Cantan así los niños de ahora? Entonces se cantaba más aunque no hubiera karaokes. Hoy en la calle solo cantan los que ponen la gorra para pedir.

No fue Franco el que prohibió el cante, aunque eso sí, intentó ponerlo de su parte fomentando un nacional-flamenquismo que hizo de lo andaluz la quintaesencia de lo español. Una Andalucía de coros y danzas y de sentimentales 'canciones para después de una guerra'. Mucho utilizó esto el cine, antes de la memorable revisión crítica de Basilio Martín Patino, con películas folclóricas, españoladas, que crearon la caricatura tan del gusto de los turistas aún ahora.

Lo recuerda Paco Vargas en Ático Izquierda:

Durante los primeros años del franquismo se miró con recelo al mundo del flamenco; los nuevos gobernantes no tenían muy claro si esa manifestación cultural podría derivar en una conciencia nacionalista, aspecto este que tanto significaba para las autoridades del nuevo régimen. Con el tiempo se adoptó una actitud conciliada por la cual a la copla andaluza, género muy emparentado con el cante flamenco surgido a partir de la adopción y desarrollo de determinados estilos, se la acabó denominando copla española, y terminó por imponerse como género musical dominante en todo el país. De ahí, la visión estereotipada del llamado “nacional-flamenquismo” franquista, que en el mejor de los casos durante la postguerra y la mayor parte de la dictadura significó la exclusión y la escasez, cuando no la muerte y el exilio, para no pocos artistas flamencos. La depuración y la represión por parte del franquismo determinaron asimismo el punto de partida de un notable rechazo hacia el flamenco profesionalizado, que agravaría la crisis del género en la época, pues si exceptuamos a las grandes figuras la gran mayoría malvivía de las fiestas de los señoritos en las que cantaban por lo que les quisieran dar, generalmente tarde y mal.

Andalucía se utilizaba como encarnación de España, pero rara vez las coplas exultaban ese ardor patriótico reflejado en las canciones falangistas. Era siempre una España abstracta la que cabía en la copla, sin concretar mucho ese idealizado sentimiento identitario.

Andando el tiempo afloraron otros cantes, que venían de lejos y que habían sido proscritos, como ocurría con el cante de las minas. Eran cantes más de denuncia que proclamas revolucionarias, pero reflejaban realidades que solo el terror había podido ocultar:

De la entraña de la mina
sube el rico mineral
para que tengan berlina
los hijos de don Pascual.

Minero, ¿pa’ qué trabajas
si pa’ ti no es el producto?
Pa’ el patrón son las alhajas,
para tu familia el luto
y para ti la mortaja.

En el tardofranquismo renace el flamenco como arma de lucha. Se recupera su carácter de clase, con una expresión más combativa como correspondía al momento histórico.

Un reciente libro de Tyler Barbour hace historia de este momento en el que la queja tan característica del cante de todos los tiempos se convertía en llamada a la acción.

Tyler Barbour explora las intersecciones entre la palabra escrita, el flamenco y la resistencia durante el tardofranquismo y la transición. En aquellos años, los colegios mayores madrileños, como el mítico San Juan Evangelista, «el Johnny», se convirtieron en el principal punto de encuentro entre literatos subversivos y cantaores rebeldes. En estos espacios se representaron obras de la compañía de teatro La Cuadra, dirigida por Salvador Távora. Del mismo modo, jóvenes cantaores como Enrique Morente, José Menese o Diego Clavel pusieron voz a las letras de poetas como Miguel Hernández, Alberti, Moreno Galván o Caballero Bonald. Eran tiempos convulsos, marcados por la represión y la censura, como lo demuestra el hecho de que varios de los escritores analizados acabaran en la cárcel de Carabanchel. Para la elaboración de este libro, el autor se ha nutrido tanto de fuentes orales como escritas. Ha realizado entrevistas a protagonistas directos de la época como José Luis Ortiz Nuevo, Manuel Gerena, Diego Clavel, Lola Hisado y Paco Moyano. Además, ha analizado textos teatrales y artículos periodísticos de la época, en especial de la revista Triunfo, donde publicaron destacados periodistas como Paco Almazán, Antonio Burgos, José Monleón o Ramón Chao. También se incluyen intercambios epistolares entre Caballero Bonald y Diego Clavel, y entre Andrés Raya y José Luis Ortiz Nuevo. Como complemento, el libro incorpora un anexo con documentos históricos y la transcripción de las entrevistas realizadas por el autor.

Sobre este libro versó la entrevista que desde el minuto 24 de su programa Nuestro Flamenco dedicaba hace unos días José María Velázquez Gaztelu a su autor, acompañado de algunas muestras significativas de aquellos cantes comprometidos.

Minuto a minuto:

Prólogo guitarrístico:

Paco Cepero

02:20, soleares 'Castillo de Alcalá'

07:48, bulería 'Sueños de Jerez'

11:20, taranta 'Castillete minero'

14:42, zapateado 'Caireles'

Cantes y entrevista:

18:29, Manuel Gerena, taranto

29:08, Enrique Morente, romance 'Sentado entre los muertos'

39:31, José Menese, martinete 'Romance de Juan García'

43:08, Manuel Moneo, seguiriyas

Manuel Gerena sigue en la brecha: