sábado, 6 de julio de 2019

Informe desde el siglo XX

Tan importante como la resolución presentada por el ponente Pedro Marset, proponiendo al Parlamento Europeo una política comunitaria de investigación y desarrollo sostenible, es la exposición de motivos que la apoya y justifica.

Prosigo la publicación del documento completo con la primera parte de dicha exposición.
























EXPOSICIÓN DE MOTIVOS


1. LA CONTRIBUCIÓN DE LA I+D AL CRECIMIENTO ECONÓMICO.

A partir de la Segunda Guerra Mundial, la ciencia, bajo la forma de I+D, constituye un factor esencial en el crecimiento económico (Big Science (*), Revolución Científico-Técnica (*)), de forma que, en el proceso de la producción de mercancías, el período que transcurre entre que se concibe la idea de una nueva mercancía y aparece en el mercado de forma competitiva ha ido reduciéndose desde pocos años (unos 6) a meses (unos 3), gracias a la correspondiente innovación tecnológica que ahorra tiempo de trabajo y aporta valor añadido. La actividad científica nunca ha sido una tarea neutra social o políticamente, pero en estos momentos y circunstancias su responsabilidad alcanza dimensiones extraordinarias al prefigurar parte importante de la conducta y estructura de la futura sociedad. En la empresa de hacer realidad un modelo de Desarrollo Sostenible, diferente sustancialmente del actual, la actividad en I+D puede y debe desempeñar un papel de primera magnitud, aunque el impulso definitivo sea de naturaleza social, político.



El proceso actual de introducción creciente y acelerada de innovación tecnológica lleva a unos resultados paradójicos en dos esferas, la social y la de la naturaleza. En la social por coincidir el crecimiento económico exponencial en la producción de mercancías, y consecuentemente en el consumo de las mismas, con un aumento del PIB en los países OCDE entre 1973 y 1993 de un 2.5% anual, con la reducción de las horas de trabajo necesarias para tal producción, pues la hora trabajada cada vez es más eficaz merced a la innovación tecnológica, el paro pasó del 3% en 1970 al 11% en 1994, (crecimiento sin empleo (*)), y con la simplificación del uso de la fuerza de trabajo en las tareas productivas. Y en la esfera de la naturaleza por aumentar igualmente esta multiplicada eficacia y productividad la extracción y uso de los elementos de la Naturaleza (materia prima, agua, atmósfera) y la expulsión a la misma de desechos de todo tipo, altamente perjudiciales (Raubwirtschaft) (*), con las alteraciones irreversibles en los equilibrios y dinámicas naturales (*). El primer efecto mencionado, el socioeconómico, lleva, a causa del modelo de economía liberal en el que tiene lugar, por una parte a la reducción de la mano de obra, al paro estructural y a las consecuencias de ello derivadas (menor base recaudatoria, disminución proporcional de los ingresos públicos, reducción de la masa salarial global, recortes en las prestaciones sociales, justo cuando más se necesitan, crisis del Estado de Bienestar (*), etc.), y por otra, por la simplificación y automación tecnológica, favorece el trasladar a regiones de mano de obra muy barata los procesos productivos (nomadismo del capital o deslocalización de la industria), con el consecuente dumping social. La multiplicación y coincidencia de estas iniciativas tanto en Europa como en el resto del mundo obliga a que este proceso esté sometido a una continua aceleración en aras de la competitividad. El resultado último es aumentar la desigualdad entre unos países y otros, aumentando la diferencia Norte-Sur. El PIB global crece, coincidiendo con el incremento de la deuda nacional en los países del Tercer Mundo (*). El segundo efecto mencionado, el acaecido en la naturaleza, supone un deterioro de las condiciones medioambientales por la necesidad de acelerar la consecución de materia prima, el uso de la energía, la emisión de contaminantes, y el transporte de las mercancías. Hay que señalar a este respecto que no tenían por qué ser las tecnologías usadas duras, sino que podían ser "blandas", con menor ataque a la Naturaleza. Las modificaciones una vez desencadenadas devienen irreversibles y suponen tanto las conocidas, cambio climático y efecto invernadero, disminución de la capa de ozono, etc., como la eliminación de la biodiversidad, reducción de las masas forestales (*) y de suelo fértil y recursos vivos (desertificación), eliminación de recursos naturales, desregulación patógena de la biodiversidad, aumento de contaminantes potencialmente patógenos (cancerígenos) y residuos tóxicos, etc..

2. LA PROPUESTA DE DESARROLLO SOSTENIBLE FRENTE A LA DE CRECIMIENTO ECONÓMICO.

La dinámica del modelo económico actual, de crecimiento económico, fruto de la lógica de las fuerzas individuales del mercado en aras del máximo beneficio (políticas neoliberales), congruente con la interpretación kantiano-positivista de la creciente e ilimitada eficacia de la especialización científica (*), precisa, no solamente del consumo acelerado de mercancías cada vez más efímeras, sino de la reinversión creciente de los beneficios obtenidos. La concentración creciente del capital y del proceso de trabajo lleva al control mayoritario de grandes cuotas del mercado; la concentración en las autopistas de la información lleva a que un tercio de la sociedad controle a los otros dos tercios; asimismo a que la tecnología en lugar de ser instrumento para la emancipación humana sea un instrumento al servicio del mercado. Todo ello agrava las consecuencias descritas anteriormente de ataque al medio ambiente, paro creciente y nomadismo del capital (especulaciones financieras en los flujos internacionales) o deslocalización empresarial, con la consiguiente inestabilidad social, económica y política.

Ante tal panorama aparecen múltiples voces reclamando un cambio del rumbo socioeconómico, para oponer al actual modelo de crecimiento económico (CE) dominado por las fuerzas del mercado esquilmadoras de los recursos naturales, el de desarrollo sostenible (DS) guiado por dos principios, el de la solidaridad generacional con el futuro de la humanidad y el de respeto al medio ambiente, a la naturaleza. Esto ya no se puede hacer exclusivamente por el mero juego de las fuerzas del mercado (*) sino que hay que introducir cierto grado de intervención consciente, pública, democráticamente decidida y gestionada, y en este sentido el papel del Parlamento Europeo puede ser crucial y ejemplar. No se puede pensar en un crecimiento ilimitado, puesto que casi todos los componentes que intervienen en la producción y distribución de mercancías son limitados (*). También resulta claro que la alternativa no puede ser una brusca interrupción de la dinámica actual, inasumible por significar empobrecimiento e imposibilidad de satisfacer las necesidades sociales (individuales y colectivas) de la sociedad occidental y de parte de toda la humanidad.

Desde el punto de vista de la expresión global de la humanidad, la toma de conciencia sobre esta cuestión se ha traducido en exigencias de iniciar tales transformaciones para lograr un modelo de desarrollo sostenible. De esta forma es clásico el Informe Meadows (MIT) del Club de Roma sobre los Límites del Crecimiento de 1972, así como la llamada a la necesidad de iniciar la "Gran Transición" hacia un modelo Sostenible por Alexander King y Bertrand Schneider (*). De la misma forma se interpreta en el ámbito más oficial, institucional, el informe "Un programa para sobrevivir" de Willy Brandt (ONU, 1980), el Informe "Nuestro Futuro Común" de Gro Harlem Brundtland de la Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo (1987), que introduce oficialmente el concepto de Desarrollo Sostenible, aunque con sus dos acepciones contradictorias, la de crecimiento (económica) y la de desarrollo sostenible (ecológica), la Conferencia de Río de Janeiro (1992), que no pudo incluir decisiones globales sobre el Clima y sobre otras materias, la de El Cairo (1994), y la última de Copenhague (1995) sobre El Derecho a una Sociedad Sostenible.

Desde un punto de vista abstracto, se trataría de hacer compatible una visión del mundo y de la realidad como un conjunto íntimamente interrelacionado, en el que no se puede actuar sobre una de las partes sin que se vea afectada la totalidad. Es decir pasar de una visión kantiano-positivista de irreversible crecimiento del mercado con sus protagonistas individuales y de la eficacia de la especialización científica a una visión aristotélica, holística, de armonía y equilibrio social y científico y de participación y justicia sociales (*). Para este objetivo el esfuerzo en I+D puede y debe desempeñar un papel crucial. Ello es así por, 
1) la aceleración de los procesos de cambio y de reorganización social y ecológica, 
2) la creciente interconexión entre los sistemas sociales y ecológicos (a nivel local y global), 
3) el creciente impacto de las acciones humanas en los procesos sociales y ecológicos, 
4) la interdependencia mundial entre naciones y entre procesos locales y globales, 
5) la creciente complejidad de los sistemas sociales, económicos y políticos a nivel nacional e internacional.
Los puntos básicos del nuevo modelo serían:
a) sistema fiscal solidario y ecológico,
b) planificación democrática, participativa e integradora de recursos (vinculación territorial, local),
c) regulación socioambiental del mercado (reutilización),
d) reorientación del gasto público hacia actividades socialmente rentables,
e) reconversión ecológica de la política industrial (bienes robustos),
f) control democrático del sistema financiero,
g) política de defensa no agresiva,
h) política energética, de transportes y de infraestructura alternativa basada en la austeridad y eficiencia,
i) política exterior solidaria con el Sur.
Estos puntos básicos de la alternativa (DS) inciden en cada uno de los elementos cruciales del proceso, el productivo, consumo, distribución, los aspectos financieros, y de formación e información ciudadana (*).

En concreto la comunidad internacional en el informe citado de la Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo (1987) postuló 10 puntos estratégicos para la progresiva instauración del modelo de Desarrollo Sostenible (*). La propia Agencia Europea del Medio Ambiente también sugiere 12 iniciativas de envergadura para aplicar el nuevo modelo de DS (*).

Se puede resumir el papel inmediato de la I+D con vistas a la instauración de DS señalando que su contribución más importante será la de diseñar la etapa intermedia de tal proceso. Es decir, no resignarse a que la I+D aporte paulatinas mejoras tecnológicas, de eficacia y eficiencia en el respeto al medio ambiente, siendo esto importante, ni tampoco pensar que bastarán medidas disuasorias del tipo de las ecotasas o similares siendo también, claro está, importantes, sino llevar a cabo la configuración del proceso intermedio de paso del actual modelo al del futuro. En definitiva se trata de tener en cuenta los componentes que caracterizan la lógica del actual modelo de crecimiento económico (CE) y de tomar en consideración las que constituyen el objetivo del modelo de DS para proponer las transformaciones necesarias con el fin de que la evolución no sea ni traumática ni regresiva, sino beneficiosa.

3. CONDICIONES PARA QUE LA I+D PUEDA INCIDIR EFICAZMENTE EN LA CONFIGURACIÓN DE UN MODELO DE DS.

Se puede afirmar que, a la vista de la experiencia tenida hasta la fecha por la actividad de I+D en Europa, en Estados Unidos de Norteamérica y en Japón, por sólo mencionar los enclaves más significativos, el desarrollo de esta actividad, en sus componentes diversos, ya sobre la naturaleza de los temas o líneas de investigación, como sobre sus prioridades, prefigura, en sus grandes rasgos, lo que más tarde será realidad industrial y económica (*). Por ello, para una cuestión de tanta trascendencia como la de la contribución que puede aportar la I+D europea a la configuración de un modelo socioeconómico de DS, la respuesta ha de ser decidida y contundente. Decidida en cuanto que debe pretender ir a la raíz del modelo de DS a instaurar, y contundente por intentar al menos que de su intervención se deriven las consecuencias deseadas.

Hay que tomar en consideración las conclusiones que señalan en su estudio Christian Hey y Uwe Brendle del European Environment Bureau (1994) (*) sobre el retraso en la adopción de decisiones favorables a un modelo de DS: 
A) el bloqueo en el proceso de toma de decisiones por parte de los "perdedores", 
B) la falta de consideración sobre las dimensiones globales del tema
C) la interpretación del principio de subsidiariedad
D) la falta de atención a las dimensiones sociales del problema, 
E) la falta de apoyo a otros protagonistas sociales que no sean los representantes de la industria.
A la vista de las consideraciones anteriores se pueden formular como condiciones para que la I+D pueda incidir eficazmente en la configuración de un modelo de DS, yendo de las más globales a las más concretas, las siguientes:

1ª. Pacto social, o Consenso Social sobre la centralidad de la I+D en la transición de un modelo económico a otro.

Hay que recordar que la I+D no ocurre en una torre de marfil ni en un contexto neutral sino que se desenvuelve en medio de una determinada estructura institucional social y gracias a un conjunto de decisiones y normas que la condicionan, en donde han participado diversos agentes sociales. Por ello la primera cosa a dilucidar es si se reducirá la actuación para estos fines a la promoción e incentivación de iniciativas de equipos de investigación que traten de conseguir descubrimientos en los distintos aspectos de la producción, distribución y consumo económicos o se llevará a efecto una acción de envergadura, múltiple, coordinada, que afecte por igual a todos los países de la UE. Es decir, para una tarea tan importante no basta con la continuación de las políticas al uso de fomento de la I+D aplicadas hasta la actualidad, que han demostrado su limitada, escasa eficacia, sino que se precisa de un Pacto Social, de un consenso que garantice la voluntad y comprensión de la inmensa mayoría sobre lo que se desea, y en donde cobren sentido las actuaciones de I+D decididas. Habrá que averiguar si tal como está el Tratado de Maastricht permite tal intervención consciente de la UE o habrá que modificar dicho Tratado, en la oportuna revisión, en el sentido deseado.

Ello es así porque el modelo de DS implicará:
a) un uso diferente de la tecnología, con un reparto del trabajo y una disminución de la jornada laboral,
b) unas pautas de consumo totalmente diferentes, con menor ritmo del mismo, y con suministro de productos duraderos, robustos,
c) moderación, austeridad en el uso de la energía, independientemente de la mejora en su eficiencia,
d) ligazón del capital humano a los enclaves locales, naturales en los que radiquen las actividades económicas, con fomento en la participación y toma de decisiones de las entidades locales (municipios, regiones, gobiernos nacionales, entidades financieras públicas y privadas, etc.) y de los protagonistas sociales (sindicatos, ONGs, etc.),
e) igualmente modificación de las decisiones en relación a los productos a fabricar, los procesos a utilizar, las materias primas y procedimientos energéticos, etc.
Parece obvio que sin consenso o pacto social no hay posibilidad de avanzar en la dirección señalada.

2ª. Planes integrales de I+D por sectores de actividad económica.

Como consecuencia de lo indicado en el párrafo anterior, la plasmación de esa voluntad de avance se llevaría a cabo con la puesta a punto de planes de trabajo en I+D integrales, a gran escala, para cada uno de los sectores productivos, con abundantes recursos, y con la participación de equipos e instituciones de todos los países de la UE, así como de países terceros. El ejemplo pertinente del proyecto Manhattan, tan tristemente (*) de moda, demuestra cabalmente la eficacia de una tal acción para un fin considerado muy importante.

3ª. Centralidad de la conducta social en el paso de un modelo a otro.

Precisamente, el que se trate en realidad del paso de un modelo económico a otro, le confiere relevancia a las cuestiones relativas a las conductas sociales implicadas. Ello es así por entrar en colisión las dos dimensiones del desarrollo económico (la economicista y la ecológica (*)) y al no poder simultanear en todas sus acepciones el crecimiento económico con los actuales ritmos, con la configuración de un modelo de DS (*). Es decir, la transición de un modelo de desarrollo económico cuantitativo a otro de desarrollo sostenible, caracterizado por la mejora cualitativa (condiciones de vida, extensión a toda la población y a toda la humanidad, responsabilidad intergeneracional con el respeto a la naturaleza, austeridad en el consumismo, dimensión colectiva de algunas conductas como la del transporte, adaptación a las condiciones naturales del medio ambiente local y comarcal, etc.) sitúa en el centro las pautas de conducta de consumo y de trabajo que tenemos ahora en Europa. De ahí que en los temas de I+D de la transición de un modelo de CE a otro de DS deban incluirse no solamente los aspectos tecnológicos, sino que deben tener un lugar central los sociales, relativos a la transición del modelo de consumismo de productos cada vez más efímeros a otro de austeridad y consumo de productos robustos, duraderos, de un modelo de individualidad pretendidamente autosuficiente a partir de obtener del mercado la satisfacción de todas las necesidades a otro de complementación del mercado con otras fórmulas de colaboración social en la satisfacción de dichas necesidades, de un modelo de trabajo competitivo individualista a otro de menor duración de la jornada, de trabajo en equipo y coparticipación en las decisiones (y beneficios) y mayor tiempo libre en la comunidad donde se reside. No será resultado la instauración de un nuevo modelo económico de DS de un descubrimiento tecnológico "maravilloso", "definitivo", sino de un convencimiento individual y colectivo de los beneficios "cualitativos" del nuevo modelo.

4ª. Análisis de los grandes problemas medioambientales europeos y mundiales.

La necesidad de concienciación sobre lo que supone el actual modelo de "Raubwirtschaft" es imprescindible si se desea favorecer la conveniencia del nuevo modelo de DS. Para ello se precisa un esfuerzo sostenido, superior al actual en medios y perspectivas, y centrado en los grandes temas, tanto desde un punto de vista científico y técnico como desde el social y jurídico: 
a) cambio climático (sequía, inundaciones, crecimiento de la temperatura media, etc.), 
b) situación de contaminación y degradación en los mares, en concreto el Mediterráneo y el Báltico, 
c) deforestación, lluvias ácidas, 
d) desertificación, pérdida de suelo fértil, 
e) agotamiento de recursos pesqueros, 
f) aspectos jurídicos y fiscales de cada proceso productivo, 
g) subsidiariedad, tasas ecológicas, 
h) análisis económico del DS, acepción de capital humano, capital natural, flujos y movimientos de capitales financieros, actuaciones especulativas, competitividad, formas de participación de los agentes sociales en cada una de las fases del proceso productivo, capital local frente a capital transnacional.

5ª. Análisis de los aspectos tecnológicos de los procesos productivos con vistas a la adopción de un modelo de DS.

La actividad productiva requiere un esfuerzo mantenido encaminado a introducir en cada uno de los componentes del proceso productivo modificaciones que eviten el deterioro de la naturaleza y promuevan la implicación social en el nuevo modelo. De esta forma hay que recordar que mientras una opción por la energía nuclear supone una sociedad centralizada y jerarquizada, con menor democracia, debido a la naturaleza de la fuente, su escasez y su control, una decisión a favor de las energías renovables significa, al ser fuentes difusas, casi omnipresentes, el optar por una sociedad descentralizada, plural y participativa, con mayor democracia, con profundización de la misma. Se vislumbra un nuevo papel para la ciudadanía, los municipios, los poderes locales. En este sentido son pertinentes, de acuerdo con los principios del DS, las investigaciones relativas a: 
a) la mejora en la eficacia y eficiencia en la extracción de materiales, 
b) el uso de la energía, las energías renovables, la eficiencia energética, 
c) la producción de mercancías según unas características determinadas (durabilidad, resistencia, reúso, aditamentos, emisiones, etc.), 
d) la distribución y comercialización de las mismas, 
e) agricultura de bajos insumos, no intensiva, ecológica, 
f) materiales duraderos (robustos), 
g) reducción de contaminantes
h) las tecnologías blandas.

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