miércoles, 12 de mayo de 2021

La razón de la sinrazón

El pontevedrés Valentín Tomé es profesor de enseñanza secundaria en Navalmoral de la Mata, concejal por Unidas Podemos en ese municipio y coordinador comarcal de Izquierda Unida. Cada semana viene publicando un artículo en Pontevedra Viva, bajo el epígrafe Res publica.

Nada más convocarse las elecciones madrileñas, en el titulado Ayuso, Gabilondo y Platón enumeraba punto por punto las desastrosas decisiones del gobierno de esa comunidad, patentes para quien quiera enterarse de los hechos. Ahora, pasadas las elecciones sin que esa gestión haya mermado, antes al contrario, la popularidad de los responsables, el autor ofrece algunas reflexiones sobre, el en apariencia, sorprendente resultado.

El votante medio recibe prácticamente toda la información de periódicos, radios y cadenas de televisión políticamente (y económicamente) comprometidas con el capital. No solo se tergiversan contenidos, sino que se potencian algunos y se ocultan otros. La repetición es más eficaz si procede de distintas fuentes y se dispersa, porque inunda las mentes que no pueden distinguir que algunas opiniones unánimes proceden del mismo lugar.

Las redes sociales son un medio eficaz. Nos confirman lo que ya creíamos saber. Son el eco millones de veces repetido de las voces dominantes. Bulos y mitos se propagan entre esa población que, además, se suele considerar bien informada. Las precisiones y los desmentidos solamente circulan entre una parte menor de las audiencias.

Porque las redes reciben una enorme cantidad de datos sobre cada participante, y la inteligencia artificial, con sus algoritmos diseñados para ello, crean un perfil para cada participante, que recibe casi exclusivamente las informaciones que le confirman lo que ya creía (y quería) saber.

De esta manera, la red funciona en los dos sentidos que el diccionario otorga al término: como facilitadora de la comunicación entre sus nudos y como malla que atrapa y encierra a los semejantes en círculos cada vez más aislados entre sí. Siempre resulta gratificante que "te den la razón", aunque esa razón te haya sido previamente inoculada sin que casi nunca te des cuenta. El principio del placer se impone entonces al principio de realidad.

Mitos de la inteligencia artificial










Res publica: El 4M desde el mito y la inteligencia artificial

Valentín Tomé

La Filosofía surgió, según indican todos los manuales al uso, a partir del momento en que salimos de la primitiva oscuridad en la que los seres humanos acudíamos a los mitos para explicar los sucesos del universo y nuestro lugar en el mismo a hacer uso de la Razón para dar respuesta tanto a esas antiguas preguntas como a otras de nuevo cuño. Se trata del denominado "paso del mito al logos".

El ejemplo paradigmático y actual de aquellas sociedades donde el pensamiento mítico se convierte en el eje principal sobre el que se organizan todas las relaciones es el de las sociedades "primitivas", es decir, aquellas que aún se resisten a conocer los poderes de la Razón, y por lo tanto de la civilización, y viven en un eterno Neolítico, apegados a una perpetua cadena de ritos y costumbres que no son cuestionados. Pareciera entonces que la especie humana se encuentra fragmentada en dos categorías: el hombre que sabe frente al hombre salvaje.

Sin embargo, la mayor parte de los antropólogos que se dedicaron al estudio de estas sociedades "primitivas" observaban que si bien algunos de los principios doctrinales que las regían podríamos calificarlos de naturaleza mítica, las pautas de comportamiento que se desprendían de la asunción de esos principios respetaban los cauces de la lógica o la racionalidad. Así, si una tribu o banda creía en la existencia de un alma o principio vital en todos los fenómenos de la naturaleza era perfectamente racional que una persona de esa tribu, normalmente el brujo o chaman, interpelara con cánticos a las nubes para que estas hiciesen llover; de la misma manera que se considera lógico en nuestras sociedades modernas que una persona que cree en la existencia de un ser superior, hacedor de todas las cosas, y que además interfiere en los asuntos humanos se dirija a ese ente a través, por ejemplo, de la oración para implorar su ayuda o su intercesión o su perdón de cara a un posible castigo futuro según el caso.

Incluso en el campo de la antropología cultural se llegó mucho más allá gracias sobre todo a la labor realizada por Marvin Harris, demostrando que algunos principios que siguen vigentes en la actualidad en determinadas religiones tienen incluso un origen tan inequívocamente racional que es incluso materialista.  Según sus investigaciones, decir que los musulmanes no comen cerdo porque Alá se lo prohíbe es decir mucho o demasiado poco. Más allá de aquellos que en el pasado interpretaron la prohibición por motivos de salud (dado el alto número de enfermedades trasmitidas por el cerdo), la razón última de la prohibición, según Harris, se debe a que la cría de cerdos "constituía una amenaza a la integridad de los ecosistemas naturales y culturales de oriente medio". Los cerdos eran competidores directos del hombre en una región donde la supervivencia dependía de un control estricto de los recursos. La actitud más racional, cualesquiera motivos religiosos que a posteriori quisieran aducirse, era mantener a los cerdos alejados del paladar, y centrarse en la cría de ovejas y cabras, quizá mucho menos suculentas, pero con un rendimiento de costes y beneficio mucho más alto.

Sirva esto como introducción para intentar indagar en las razones sobre la inapelable victoria electoral de Ayuso en las elecciones del 4M. Si bien como apuntábamos en una anterior columna, Ayuso, Gabilondo y Platón, desde el punto de la racionalidad y la justicia sobraban motivos para justificar no ya su derrota electoral sino incluso su procesamiento judicial, es evidente que deben existir algunas razones, y además perfectamente lógicas, que, aunque procedan del campo del pensamiento mítico, deberían dar cuenta de lo ocurrido en las urnas. Si, como anunciábamos anteriormente, damos por hecho que el ser humano, aunque en una primera impresión pueda parecer lo contrario, tienen una tendencia natural al comportamiento racional, habrá que intentar indagar en los principios míticos de los que se desprende racionalmente que un votante medio madrileño apueste por Ayuso. Por supuesto, esos principios no tienen por qué guardar relación alguna con la verdad o representar un cuadro completo de la realidad. Como en todo relato se pueden hallar en él elementos que formen parte de lo factual mezclados con interpretaciones de carácter subjetivista junto con otros de naturaleza inventada que ayuden a crear un cuadro sesgado que acentúe aquellos aspectos destinados a derivar racionalmente de ellos el apoyo electoral de un ciudadano cualquiera a su presidenta.

En una suerte de antropólogo neófito me he adentrado estos días en foros y redes sociales pobladas de Ayusers para intentar reconstruir ese relato a partir de las manifestaciones allí encontradas. Recordemos que no estamos buscando las razones de un votante de una clase social particular o de una determinada condición sino las de un teórico votante medio, aquel que ha asumido acríticamente ese relato, el cual le permite justificar de manera lógica su voto por Ayuso. Antes de esa incursión, era consciente también de que la naturaleza de ese relato, dada las características de nuestros tiempos posmodernos, debía a su vez evitar la complejidad y resultar fácilmente digerible por su lógica simple pero aplastante.

El relato dice más o menos así: "Había una vez un país gobernado por un atajo de socialcomunistas trasnochados cuyo modelo era Venezuela. Ese país un día sufrió una pandemia, y como no podía ser de otra manera, cayó en el caos ante la nefasta gestión de sus gobernantes. Pedro el sepulturero y su amigo "el chepas" se mostraron como unos inútiles, daban órdenes contradictorias mientras el país amontonaba miles de cadáveres. Por si esto fuese poco, a la catástrofe humana había que sumar la económica; el país se derrumbaba pues actuaban como enemigos de la libertad. Pero en esto llegó Ayuso, la presidenta de la única región que se rebeló ante estos inútiles, y decidió desafiar sus órdenes. Mientras en las demás partes del país los ciudadanos vivían de las limosnas y las "paguitas" del gobierno socialcomunista, ella puso a su región otra vez a trabajar, activó la economía, hizo de ella un territorio abierto que seguía recibiendo turistas extranjeros, negándose a aplicar cual medida de confinamiento que atentaba contra los principios de libertad que para ella eran sagrados frente al totalitarismo del Gobierno. Mientras el resto del país descansaba, su región trabajaba… y disfrutaba también de la vida. Había muertos también, es verdad, pero todo eso era culpa de la nefasta gestión del Gobierno; ella, entre otras muchas cosas, había construido solita el mejor hospital de pandemias de Europa. Madrid resistió… y venció".

Es indudable que cualquier persona que tenga como única fuente de información sobre lo acontecido un relato como éste también apostaría electoralmente por Ayuso. Sería una conclusión basada además en una inapelable racionalidad. Ahora bien, vivimos en la era de la información, ¿cómo es posible entonces que un relato de esta naturaleza mítica tan deliberadamente sesgado, descaradamente simple para describir una situación llena de complejidad y matices, y cargado de medias verdades sino directamente falsedades, haya podido colonizar las mentes de tantas personas? Hoy en día no resulta complejo acceder a cualquier tipo de información; sin salir de casa y a golpe de click disponemos de múltiples fuentes con las que poder contrastar la información que recibimos.

Si bien es cierto que los canales generalistas clásicos de comunicación, televisiones, radio y prensa, están en manos de grandes intereses económicos que propagan ese relato pues el neoliberalismo predicado y aplicado por Ayuso en su acción política es afín a sus intereses, también es cierto que su poder de influencia ha menguado con la aparición de las nuevas tecnologías. De hecho, muchos de ellos se hayan sumergidos en graves problemas económicos. Pueden seguir siendo la principal fuente de información para muchas personas, pero desde luego no es la única, y tampoco es la principal para la población más joven.

¿Cuál sería entonces la otra principal fuente de información, y prácticamente la única para los jóvenes? Pues las redes sociales. Sí, la mayor parte de los ciudadanos usan Facebook, Twitter, Instagram… para informarse. ¿Y qué ocurre en ellas?

Todas estas aplicaciones funcionan mediante algoritmos diseñados según los principios de la inteligencia artificial. Su objetivo fundamental es la búsqueda de patrones a través del manejo de ingentes cantidades de información. Cada vez que usted da un "me gusta" o accede a determinada página, el algoritmo va generando un perfil propio sobre ese usuario: sus aficiones, intereses… y por supuesto, también, perfil ideológico. Si nos encontramos ante una persona no excesivamente politizada (la cual es la amplia mayoría) tenderá a informarse, cuando lo haga, por las versiones digitales de los grandes canales clásicos. Esta tendencia en seguida se convierte en patrón dominante por los efectos de retroalimentación con los que están diseñados estos algoritmos. Por ejemplo, si usted visita un medio con determinada línea editorial, en seguida, el sistema para otra futura ocasión le sugerirá otro medio del mismo perfil ideológico, aunque incluso usted no sea consciente de ello.  Así, se va generando de manera totalmente algorítmica un discurso en líneas generales único sobre cualquier aspecto de la realidad, aunque este proceda en teoría de diversas fuentes.

Todo esto en el caso del ciudadano "apolítico". Si el ciudadano en cuestión tuviese ya de por sí un perfil ideológico definido, además del "empuje" algorítmico hacia su propio nicho ideológico, entraría en juego además la propia tendencia natural en el ser humano hacia el sesgo cognitivo, es decir, a ver, en la realidad que experimenta, confirmadas sus propias ideas o expectativas. Sin necesidad incluso de echar mano de las sugerencias de la aplicación, él mismo iría configurando su red social para ver o leer solo aquello que concuerde con su visión de las cosas.

En definitiva, al menos en el plano de lo político, las redes sociales potencian aún más la polarización ideológica, y dificultan enormemente el acceso a otras visiones de la realidad u otras opiniones que cuestionen nuestras creencias de serie. Ya no digamos a establecer un debate racional sobre las diferentes posturas en juego. Se logra así un efecto paradójico: en la era de la abundancia de la información multitud de sujetos se reúnen en torno al mismo fuego para contarse las mismas historias.

Todo, esto sobra decir, perjudica enormemente a la izquierda, ya que como hemos visto el ciudadano despolitizado, el sujeto mayoritario en nuestra sociedad, tiene una alta probabilidad de recibir la información por los canales mainstream, los cuales, por su propia configuración empresarial, son adalides del neoliberalismo.

Quizás el mejor ejemplo de esto que acabamos de exponer sea un hecho que pasó desapercibido para la mayor parte de la ciudadanía. Me refiero a la carta remitida a Pablo Iglesias con cuatro balas en su interior donde se le amenazaba de muerte a él y a su familia. En ella, el remitente le acusaba de haber matado a sus padres y abuelos durante la pandemia. Desde la izquierda se pensaba que no había necesidad de desmontar ese bulo que circulaba incluso entre algún gran medio de masas y que decía que el vicepresidente había sido el principal responsable de las muertes en las residencias madrileñas. Se pensaba que con un primario conocimiento sobre las competencias sanitarias y la publicación de las órdenes dadas por la Consejería de Sanidad era más que suficiente.

Sin embargo, al otro lado de la trinchera, en esa otra isla ideológica creada desde la inteligencia artificial, el bulo seguía corriendo como la espuma; y cuando en contadas ocasiones lograba cruzar el campo de batalla digital, desde la otra trinchera se decía que ni caso, que eso ya estaba lo suficientemente claro y que además con fascistas no se discute (adiós al carácter revolucionario de la verdad). Así una gran parte de los votantes de Ayuso fueron a las urnas convencidos, además de las otras muchas cosas recogidas en el relato, de que Pablo Iglesias había sido el principal responsable del senicidio.

2 comentarios:

  1. Sigo aplaudiendo.Certero e iluminador.

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  2. Esta manipulación generalizada que sustituye la información por desinformación o mera propaganda, está aconteciendo en estos momentos en Colombia. Hay hechos que cuando no son tergiversados, son simplemente ignorados, y así pues "no existen".

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