sábado, 2 de abril de 2022

La Geopolítica de la Guerra en Ucrania

El pasado 30 de marzo el Ateneo de Pontevedra organizó una mesa redonda, seguida de un breve coloquio, sobre la guerra de Ucrania, en la que tuve el honor de participar (¡en la mesa, no en la guerra!). Pocos pudieron asistir a la primera, por razones de aforo en la Casa das Campás, pero todos estamos dentro de la segunda, querámoslo o no.

Para huir de las pasiones que suscita el tema quise centrar mi intervención en aspectos poco cuestionables, porque en casos tan dramáticos el sentimiento suele eclipsar a la razón y muchas veces se confunden los verbos explicar y justificar. Pero nada es justificable o injustificable sin una previa explicación.

No pudo ser muy larga la mía, en parte por el tiempo disponible y también por la dinámica "televisiva" del debate. Balbín en La Clave animaba a los contertulios a interrumpirse, y lo hacían con mesura, pero habréis notado que hoy estas interrupciones son constantes y entorpecen el discurso.

Algunos amigos me han pedido que desarrolle con mayor detalle lo que allí se expuso. Comentaré los mapas utilizados. Todos están en internet, y ni mucho menos agotan el tema.

La geopolítica y las geoestrategias consiguientes pueden ayudarnos a entender mejor el origen y el desarrollo de estos conflictos, de los cuales este es el más preocupante en la actualidad, y en él se pone el foco de las noticias. Pero no es el único, ni siquiera, por ahora, el más sangriento.

En este mapa podemos ver los principales conflictos bélicos actuales, sin que en él figuren otros más o menos latentes, como los de Palestina o el Sahara Occidental.



Se distinguen fácilmente dos tipos de conflictos.

Los más numerosos, de los que apenas llegan confusas noticias de vez en cuando, se sitúan sobre todo, aunque no únicamente, en África. Son guerras cuyo motor es la apropiación de recursos naturales. Se dan además en países que fueron colonias, todavía sometidos a las intervenciones eufemísticamente calificadas como "humanitarias" de sus antiguas metrópolis.

Pero hay guerras que obedecen a otra causa, también evidente, que es el control de zonas fronterizas entre grandes potencias. Cada una puede decir, e incluso pensar y sentir, que se trata de contener el avance de otras, pero el resultado en estos casos suele ser una guerra entablada en países que tienen la desgracia de estar situados entre ellas.

Desde que han existido imperios, las guerras se han desatado sobre todo para apoderarse de recursos ajenos. Al estar en otros territorios, era y es imperativo el control de las vías que conducen hasta ellos. De modo que indisolublementeguerras por los recursos se entremezclan sin solución de continuidad con guerras por el control de las rutas de acceso.

El comercio es inseparable del transporte de las mercancías, y aún hoy, pese a que exista un importante comercio aéreo, la mayor cantidad de todo lo que circula por el planeta lo hace por mar o por tierra.

Los imperios de la antigüedad eran necesariamente terrestres, aunque ya el Imperio Romano se creó en torno a un mar. Es con el desarrollo, no por casualidad paralelo, del capitalismo y la navegación cuando portugueses y castellanos comienzan a utilizar los océanos como medio para construir sus imperios ultramarinos. La sed nunca saciada de recursos, consustancial al capital que muere si no crece, llevó la colonización a una escala nunca antes vista.

Pronto aparecieron nuevas potencias marítimas, como Inglaterra y Holanda, que eclipsaron a los imperios en decadencia. No es casual que los motores de su actividad fueran empresas capitalistas privadas, las "Compañías de Indias".

Un imperio insular capaz de dominar los mares puede sentirse inexpugnable. Ese fue el caso de Inglaterra, aunque se halla demasiado cerca del continente eurasiático. Mucho mejor situados están los Estados Unidos, gran isla estratégica a efectos prácticos, sin enemigos a que temer por norte y sur y separados del resto del mundo por vastos océanos a este y oeste.

Aunque los mares sean también espacios a explotar, la mayor parte de los recursos se extraen de las tierras emergidas, por lo que las rutas marítimas son útiles cuando se controlan las costas. El acceso a las costas determina la hegemonía de las potencias de ambos tipos.

Las potencias continentales intentarán dominar todas las rutas terrestres que puedan. Las marítimas los mares. La costa es el espacio de encuentro, y con ello de fricción.

Una ojeada al mapa permite analizar la localización de los nudos estratégicos, potenciales cuellos de botella que estrangulen las rutas y por ello lugares eventualmente conflictivos. En tierra, son los istmos, en el mar, los estrechos.

Un territorio con límites bien definidos, si alcanza una estabilidad interna, está de entrada mejor protegido que otro de fronteras inciertas, Nuestra península o la escandinava, si no hay conflictos internos, tienen límites mucho más estables que el resto de Europa. No ocurre lo mismo más allá de los Pirineos.



Aunque existan otras cadenas montañosas que definen fronteras, hay un espacio continuo desde Francia hasta el Pacífico. La división entre Europa y Asia en los Urales es más simbólica que real, porque no son una barrera significativa sino una cordillera sin grandes cumbres y sin una continuidad que dificulte el acceso. Lo demostraron primero las sucesivas oleadas conquistadoras de pueblos asiáticos, y luego la expansión del Imperio Ruso.

Aunque puede pasar inadvertido si no nos fijamos bien, hay un Gran Istmo en este continente único, y se sitúa entre el mar Báltico y el Negro. No hay en él Himalaya o Pirineos, ni siquiera Urales, y por eso ha sido una frontera incierta entre imperios. Las dos guerras mundiales tuvieron en él un trágico escenario.

Dos ciencias son las bases de la visión geopolítica del mundo, la Geografía, su soporte espacial, y la Historia, cimiento temporalCiencias en el sentido más amplio, que engloban variables muy complejas que no hay que perder de vista.

Las especialidades de la Geografía definen en cada momento los equilibrios y desequilibrios en campos de fuerzas contrapuestas. Geografía física, humana, política, económica... definen el valor potencial de los territorios. El relieve, el clima, la población, y sobre todos ellos los recursos; minerales, agrícolas, ganaderos, forestales, incluso turísticos a día de hoy.

Si en cada momento es la Geografía la que calibra estos aspectos, a lo largo de todo el tiempo la Historia describe su evolución, y sus variables, que no se ciñen tan estrictamente a la base material. Incluyen la experiencia (¡y la memoria!) de conflictos pasados nunca resueltos para siempre; y la forma en que se crean las identidades étnicas y nacionales que cohesionan los Estados: estructuras sociales, lenguas, religiones, ideologías y todo aquello que las culturas en general añaden a sus bases materiales.

Todo esto sigue presente en la guerra actual. Los recursos y el control de las rutas de acceso a ellos están en el fondo, pero las identidades más o menos electivas sirven de apoyatura moral en la contienda. Y además del pasado real que gravita en las naciones, los mitos fundacionales, más o menos reales, son importantes para construirlas.

La Rusia imperial, potencia continental en disputa con los imperios centroeuropeos, abrió por el oeste las ventanas al mar Báltico en tiempos de Pedro el Grande, se extendió por Siberia hasta el extremo oriente, incluso saltó a América por algún tiempo. Por el sur, en disputa bélico-religiosa con el imperio turco, acabó dominando el mar Negro. Era el Imperio Continental buscando sus salidas al mar, nunca perfectas por el oeste y el sur, porque más allá los estrechos estaban fuera de su control.

La Unión Soviética heredó aquel imperio. Tras vencer los revolucionarios la resistencia de los zaristas y expulsar a los ejércitos de las potencias extranjeras que los apoyaban se encontraron con un conjunto de pueblos cuyo único lazo era el zar. 

Esto era común a las monarquías anteriores a la Revolución Francesa. Francia era un conjunto de provincias diversas, unidas por el poder real. Su consolidación surgió de la lucha contra el cerco de las monarquías europeas, como la de España, otro conjunto de reinos nada homogéneos, con un patriotismo que se apoya en la guerra contra los franceses. ¿Podría nacer ahora un fuerte patriotismo ucraniano? No olvidemos que dentro de las "patrias" del presente siguen latentes las del pasado.

El poder soviético se encontró con aquel conjunto de pueblos y construyó una unión de repúblicas basada en el derecho de autodeterminación. Nunca se ejerció porque en la cúspide estaba, como antes los reyes, un Partido Comunista de vocación unitaria. El "socialismo en un solo país" mantuvo la Unión Soviética hasta la demolición del PCUS, momento en que, encabezados por los dirigentes ex-comunistas de Rusia, Bielorrusia y Ucrania, todas las repúblicas acabaron por separarse.

Este fue el mapa de las repúblicas soviéticas, luego de las pérdidas por el oeste de territorios del imperio, precio pagado por la paz en Brest-Litovsk. 




La Segunda Guerra Mundial modificó las fronteras occidentales de la URSS. Recuperó algunos territorios perdidos en aquel tratado, pero no incorporó a nuevas repúblicas a la Unión. Cuando esta se disolvió se conservaron las repúblicas en su extensión última, que incluía zonas que entre guerras habían pertenecido a Alemania (la Prusia Oriental), Polonia, Checoslovaquia, Hungría y Rumanía. La Ucrania por primera vez independiente había incorporado ya territorios de varios de estos estados.




La OTAN se creó en 1949. Todavía tardó seis años en constituirse su contraparte, el Pacto de Varsovia. La zona de fricción directa entre ambas organizaciones militares se limitaba sobre todo a la Alemania dividida y Checoslovaquia, a una extraña pareja de aliados, Grecia y Turquía, y a una minúscula frontera entre Rusia y Noruega, único punto que se enfrentaban directamente la URSS y la OTAN.



Contrariamente a lo prometido a Gorbachov cuando se disolvió el pacto del este, el del oeste, que no se disolvía, pero sí se comprometía verbalmente a no ampliarse, comenzó a aproximarse continuamente a las fronteras de Rusia.




En el mapa anterior faltaban todavía las últimas incorporaciones, Montenegro y Macedonia, que dejan, a falta de la posible de Bosnia-Herzegovina, aislada a la rusófila Serbia.



He aquí las fechas de incorporación al Tratado del Atlántico Norte de sus actuales miembros. Procuremos recordar las fechas, el modo y las condiciones de la entrada "sí" o "no" de España. Pero sobre todo entendamos el carácter geoestratégico de la actual configuración, mapa en mano.


Volvamos a la "teoría de los imperios", marítimo y continental. La metrópoli estadounidense, corazón de la OTAN, está muy alejada de las guerras que mantiene en su periferia, en otros continentes. Rusia, y en menor medida también China, están rodeadas por sus potenciales enemigos.

El mapa que sigue tiene una lectura doble, según se quiera interpretar. Por una parte se considera la "amenaza rusa sobre Europa", pero también de la búsqueda por parte de Rusia de un "espacio de seguridad".

La eventual entrada de Ucrania en una alianza fundamentalmente creada contra Rusia la dejaría, a voluntad de sus enemigos, sin acceso, ya limitado por el control de los estrechos, al Mediterráneo y al Canal de Suez, esto es, al comercio marítimo con el sur de Asia. Además, el corazón político y administrativo ruso, que ya tiene muy cerca los misiles norteamericanos, quedaría a muy poca distancia desde Ucrania. En cambio, el Pentágono queda muy, muy  lejos.



Veamos otra vez el mapa de la OTAN.









Y especialmente el de las principales bases militares que el Imperio Marítimo mantiene por todo el globo, protegiendo sus dominios económicos y bien cerca, en todos los continentes de sus enemigos reales o potenciales.

¿Dónde y por qué se han producido las intervenciones en tantos países? ¿Por qué son aliados de "Occidente" Israel, Egipto, Marruecos, las democracias del Golfo, Colombia? Lo dicho: control de los recursos mundiales, de las rutas, y especialmente de las costas y los estrechos, por parte del autoproclamado gendarme mundial.



Volvamos a Ucrania y su historia. Si nos vamos a un pasado más remoto, fue una invasión a lo largo del Gran Istmo, la de los varegos, pueblos del Báltico que llegaron al mar Negro y que se cristianizaron en contacto con la Iglesia de Oriente del Imperio Bizantino (otra religión geopolítica, porque la separación entre iglesias se correspondió con la del imperio romano). El Rus de Kiev está en el origen de todas las Rusias: la Gran Rusia, la Pequeña Rusia (Ucrania), la Rusia Blanca (Bielorrusia) nunca tuvieron una existencia separada, mas allá de las estructuras feudales. De Kiev gravitó el poder hacia Moscovia, proceso que culmina con Iván el Terrible. El reconocimiento de Ucrania como república nace con los bolcheviques, y paradójicamente la Ucrania que gravita hacia Occidente transforma la estatua de Lenin en la de Darth Vader.

Cuatro mapas de Ucrania hablan por sí solos. Si en España es un problema latente el choque entre el nacionalismo central y los periféricos, especialmente en Euskadi y Catalunya, aunque también en Galicia, y cuando convino a quien todos sabemos lo fue el canario (algo tuvieron que ver con la estrategia norteamericana la cesión del Sahara y la entrada en la OTAN, como ahora el giro de Pedro Sánchez en el tema marroquí), en Ucrania el problema es mucho mayor. La etnolingüística como arma de guerra, en poblaciones muy mezcladas pueden ser una bomba que explote cuando alguien tenga suficiente interés en accionar la espoleta.



Ha sido una constante el comportamiento electoral de los territorios, en función de su mayor o menor afinidad y aproximación a Rusia. En la de 2010 fue elegido por estrecho margen un presidente más cercano a Rusia. Tres años después se produce una revolución naranja, seguida de un golpe de Estado. Victoria Nuland tuvo algo que ver.



Siempre que una sociedad es bilingüe es difícil decir categóricamente cual es la lengua materna, cual la más usada en la práctica y cual la que se querría usar más. Por eso hay que coger con pinzas las encuestas sobre el tema, cambiantes además por diversas circunstancias del momento.



Lo que es innegable es que Crimea, que era rusa hasta que Kruschev la incorporó a Ucrania en un momento en que eso poco cambiaba, no quiso seguir perteneciendo a la Ucrania posterior al  Maidán. Que una fuerte represión se extendió contra lo ruso, incluida la lengua, que hubo matanzas de comunistas como la de Odesa, y que el Donbass se proclamó independiente y fue invadido. La guerra no empieza ahora. ¡Ojalá ahora termine!

Este mapa de las dos repúblicas populares muestra lo que quedaba de ellas antes de la intervención rusa. De la guerra que dura ya ocho años y de sus víctimas nada se dice. Tampoco se cuenta que, siendo "repúblicas populares", el anticomunista Putin no las ha reconocido hasta ahora. Y parece "normal" que batallones que se reconocen a sí mismos como nazis formen parte del ejército ucraniano. ¿Qué estarán haciendo con quienes consideran enemigos de la Patria?



Añadí en mi intervención un último mapa, tan inseguro y poco actualizado como los anteriores, dado el carácter cambiante de la guerra y de quien se puede considerar "ruso" o "ucraniano". En estas situaciones bélicas, se mezclan, como he dicho en otro lugar, atractores diferentes entre identidades en conflicto.

Como recordatorio de la importancia de los recursos en las guerras que en definitiva se hacen por ellos, este mapa de las principales fuentes de gas natural de Rusia que tanto la condicionan. Pero eso escapaba ya al propósito de mi intervención.



Los defensores del giro de Pedro Sánchez en relación con Marruecos dicen que ya son demasiados años inoperantes frente a la actitud del reino alauita. Se me ocurre replicar, si hemos podido esperar tanto tiempo para hacerlo ¿por qué se hace precisamente ahora?

Toda esta guerra de Rusia y la OTAN obedece a bloqueo de rutas y control de recursos, que viene a ser lo mismo.

La única diferencia es formal: Rusia interviene con armamento propio, algunos combatientes irregulares y tropas regulares en una guerra civil para impedir que le cierren el Mediterráneo y el Canal de Suez. La Alianza lo hace con armas propias y tantos contratistas modelo Blackwater como le sean precisos. Nosotros estamos metidos en este lío sin comerlo ni beberlo.

Europa tiene mucho que perder; en cambio, Estados Unidos gana, porque está lejos, y además vende su energía y su armamento a una UE que tendría más que ganar con una alianza euroasiática estable que con la trasatlántica.

De la carta de Pedro Prieto que con su permiso publiqué en la guerra está aquí, dejo otra vez estos párrafos, para terminar:

Sabemos que hay cada vez más oposición interna, que es ferozmente reprimida. Miles de especialistas occidentales comparan a Putin con Hitler y dudan de su estabilidad mental. 
Todo eso y más sabemos por nuestros medios. Por parte de los medios rusos no sabemos nada, pero como sabemos que mienten en todo, no nos hacen falta, para hacernos una idea de la situación. 

1 comentario:

  1. Más datos sobre lo mismo:
    https://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2022/04/04/teoria-do-heartland-xeopolitica-ucraina/0003_202204G4P15993.htm

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