martes, 15 de febrero de 2011

Las ideas y las conductas; paradojas y consistencias


Dos películas, dos personas, dos conductas...

Cajas chinas, muñecas rusas. Historias dentro de historias, personajes dentro de personajes. El Quijote, La saga/fuga, También la lluvia.


Balada triste de trompeta. Sin compromiso, o con otro compromiso. Políticamente tibia. Como Berlanga, parte de la neutralidad crítica. En la guerra civil no hubo lucha de clases, sino testicular e irremediable idiosincrasia. Por eso no es legible como un panfleto. Eso, por otra parte, aumenta su poder persuasivo (lo que creo positivo) en este pueblo sin memoria y con escaso conocimiento histórico.

También la lluvia, Película valiente, comprometida. Dos películas, una dentro de otra. En la envuelta, unos héroes de ficción, que en el envoltorio son cobardes verdaderos. Y viceversa. Parábola de unos seres íntimamente contradictorios. Planteamiento lúcido. Lucha de clases evidente. Referida a un espacio ajeno y a un tiempo más cercano, el panfleto, en este caso, lo admite el espectador español.

Historia dentro de otra y las dos dentro de una historia real: la ley Sinde.

Icíar Bollaín tiene las ideas claras. Las de la película 1 / 2 y las de la película 3. Si ha entendido bien la lucha de clases en el contexto de la conquista y en el de la moderna Bolivia, también la tiene clara en el contexto de la ley de descargas. Y opta por la defensa del mundo en el (y del) que vive. Su contradicción en las ideas presentadas no es contradictoria en el mundo real, aunque lo parezca.

(Un radical ingenuo daría un 10 a su película y la suspendería a ella, ¿por poco consecuente?)

Alex de la Iglesia, de planteamiento menos radical, tampoco opta radicalmente en el contexto de la ley. Pide conciliación y defiende a los internautas. Desde su falta de criterio político, es consecuente en el mundo real, en el que no toma partido explícito, pero pide más diálogo. No hay contradicción, porque en ambos casos sufre la contradicción de no tomar partido.

(Este radical ingenuo aprobaría mejor al hombre que al artista).

Y no entro en valoraciones de cinéfilo.

lunes, 14 de febrero de 2011

El impuesto que deslizó a Ronald Reagan a la derecha

Sorprendentes cifras las que nos revela Sam Pizzigati en este texto. ¡Con la que está cayendo y un gran paliativo de la desigualdad queda tan lejos que no osamos acercarnos ni de lejos a esas propuestas!

Que llegaron a ser realidad en gran parte en pleno corazón del capitalismo, aunque fuese en el marco de una guerra patriótica.

Mucho terreno queda por recuperar; y seguimos retrocediendo...


La guerra es racismo por otros medios

En los enlaces (este en inglés y este en español) que os propongo encontraréis un artículo de David Swanson que debería hacernos recelar de los estereotipos que nos presentan a diario para deshumanizar a los enemigos de... de... ¿de quién? ¿nuestros, realmente?

Una mente crítica debe estar siempre alerta, porque un momento de inocente distracción hace que entren en nosotros ideas que acabamos aceptando como si hubieran surgido de nosotros mismos.

La memoria rebusca en un cajón "desastre" en que casi todas las ideas vinieron de fuera. ¿Quién las puso allí? Lo peor es que muchos no lo admitimos, porque nos creemos demasiado inteligentes para ser manipulados...


sábado, 12 de febrero de 2011

¿Es necesario un foro social en América Latina?


De este artículo de Raúl Zibechi quiero destacar algunas ideas de interés estratégico.

La compleja realidad incluye muchas contradicciones. No son iguales los tiempos de lo  inmediato para sobrevivir hoy, (condición necesaria pero no suficiente para ganar batallas mañana) y lo venidero que debemos anticipar. Pero no hay que escandalizarse por ello.

Lo inmediato es la inmersión en el sistema-mundo, con un día a día que se mueve en los mercados, incluido el laboral. Y que como algo ya dado no depende de nosotros.

Lo venidero está abierto. La paradoja: diseñarlo sin saber. Pero lo haremos tanto mejor cuanto más claro tengamos que en todo caso sí depende de nosotros

(...)

El problema más importante (...) es la confusión en torno a quiénes son los sujetos de los cambios, aunque debe decirse que esta confusión está presente en toda la izquierda y en buena parte de los movimientos. Muchos intelectuales, dirigentes políticos y de movimientos sostienen que ahora son los gobiernos los encargados de construir un mundo nuevo o el otro mundo posible. No es lo mismo la competencia interestatal para transitar de un mundo unipolar a otro multipolar que la lucha por la emancipación y la autonomía de los oprimidos. En el primer escenario es posible considerar a Petrobras como un aliado, pero en el segundo es un enemigo, se lo mire por donde sea.

El segundo problema es la división entre lo político y lo social. No es cierto que los movimientos sean sociales. Son esencialmente políticos, y en esa confusión tienen un papel muy considerable los intelectuales que se han rendido al eurocentrismo y repiten las más trilladas teorías académicas sin atenerse a la realidad de lo que sucede en el abajo que se organiza y se mueve. El concepto de movimiento está en disputa, no sólo por la cuestión de si son sociales o antisistémicos, sino por la concepción misma de lo que es un movimiento: si se trata de un aparato, una estructura organizativa o algo más complejo y abarcativo. Comprobar que muchos movimientos han devenido en meras organizaciones sociales, con dirigentes separados de las bases, con locales bien equipados y prácticas similares a las de las ONG, debería llevarnos a reflexionar acerca de qué hablamos cuando decimos movimientos.

La tercera cuestión que debemos zanjar es cómo entendemos el patrón actual de acumulación de capital. Si los problemas se reducen a los países del norte, como señaló Lula días atrás en Dakar, dejamos de lado nada menos que el extractivismo, que es la forma que asume el modelo neoliberal en el periodo actual. Y omitimos problemas como la explotación de la Amazonia por nuestras multinacionales y por nuestros gobiernos, con emprendimientos hidroeléctricos como Belo Monte y Río Madera, entre muchos otros, que sacrifican pueblos enteros en el altar del desarrollo.

Por último, desde los movimientos debe admitirse que no tenemos un modelo alternativo y viable al extractivista pero debe forzarse un debate abierto, que no excluya a los gobiernos, sobre los caminos posibles para salir del modelo actual, como primer paso para comenzar a pensar estratégicamente. La filosofía del buen vivir aún no se ha convertido en alternativa política, no ha encarnado en la vida real, y las más de las veces se reduce a discursos que encubren prácticas afines a la acumulación de capital.

Un gran error de UGT y Comisiones Obreras

Juan Torres López, catedrático de economía aplicada y miembro del Consejo Científico de ATTAC España, ha publicado recientemente en este sitio de internet el artículo que transcribo a continuación, y del que subrayo, para una más fácil lectura, las ideas principales:


Desde hace meses vengo colaborando codo con codo con todos los sindicatos de nuestro país que me han pedido apoyo porque creo que siempre, pero mucho más en estos momentos, son una pieza fundamental para defender los derechos de las clases trabajadoras. Cualquier diferencia que hubiera podido tener con sus posiciones y propuestas la he aparcado porque estaba y estoy convencido, como he escrito en varios artículos, que aprovechar la crisis para tratar de acabar con ellos es una de las estrategias que se han propuesto llevar a cabo los grandes poderes financieros y los políticos que están a su servicio. Y, sobre todo, los he apoyado porque he tenido la íntima convicción de que las diferencias entre quienes aspiramos a conseguir una sociedad más justa se deben resolver fraternalmente y no tratando de acabar unos con otros, como tantas veces ha ocurrido en el seno de las izquierdas.

Ahora, sin embargo, debo manifestar que Comisiones Obreras y UGT han cometido, en mi modesta opinión, un gran error que van a pagar caro no solo las clases trabajadoras sino esos mismos sindicatos. Aunque, al mismo tiempo, quiero también advertir del gravísimo peligro de responder al error con otro semejante que busca desde hace tiempo la derecha y el poder económico: demonizarlos y hacer caer sobre ellos toda la responsabilidad de lo que ha pasado.

Un error múltiple

A mi juicio, tanto UGT como Comisiones Obreras se han equivocado pactando con el gobierno la reforma de las pensiones públicas por varias razones:

En primer lugar, porque esta reforma significa sencillamente un recorte de derechos de los trabajadores y tendrá como efecto que, en los próximos años, muchos millones de ellos no puedan percibir una pensión pública digna al jubilarse, si es que alguna vez llegan a hacerlo, lo que para su inmensa mayoría significará no poder tenerla porque sus niveles de renta no les van a permitir disponer de ahorro privado suficiente. El pacto significa, sin ninguna duda, que a partir de ahora el sistema de pensiones públicas español será más injusto (porque hace recaer en mayor medida su mayor insuficiencia sobre las clases de renta más baja) y de menor alcance (porque proporcionará menos pensiones y más precarias).

En segundo lugar, creo que se han equivocado también porque han entrado en el juego del doble razonamiento falso que se viene utilizando para justificar el sistema. Uno, el de su insostenibilidad a largo plazo, que nadie ha podido demostrar rigurosamente como hemos expuesto en multitud de ocasiones los economistas críticos. Y otro, en el de aceptar que para hacer frente al desequilibrio financiero que pueda provocar esa pretendida insostenibilidad lo que hay que hacer es solo actuar por la vía de reducir el gasto, y no aumentando los ingresos, es decir, mejorando la distribución de la renta para que así haya más salarios y más cotizaciones, el empleo decente, sobre todo el femenino, la productividad y, en última instancia, los ingresos a través de los Presupuestos Generales del Estado. Es decir, poniendo en marcha políticas justamente contrarias a las que se están aplicando y que han provocado la crisis y luego, como en Irlanda, que se vuelva a recaer en ella. Para haber defendido de verdad el sistema público de pensiones, UGT y Comisiones Obreras deberían haberse cerrado en banda y haber propuesto, en todo caso, un pacto social sobre el horizonte de estos otros factores de los que también depende su equilibrio financiero a largo plazo. Al no hacerlo, simplemente han aceptado que la pauta de distribución de la renta siga siendo tan desigual como hasta ahora y que eso impida financiar mejor al sistema.

En tercer lugar, me parece que se están equivocando igualmente en explicar el pacto diciendo que se trata de una solución positiva a la crisis de las pensiones e incluso a la situación económica general. Les pasará lo mismo que le ocurre al gobierno: nadie los va a creer porque han aceptado lo contrario de lo que decían y simplemente se pensará que son un instrumento inútil para conseguir lo que dicen que quieren lograr. Se podría aceptar que argumentasen que no ha habido otra opción, que no se ha dispuesto de más fuerza para torcer la imposición de un gobierno esclavo de los poderes financieros, que se ha conseguido lo más que se pudo conseguir… pero empeñarse en presentar este pacto como positivo es algo que nunca van a entender los trabajadores que sean mínimamente conscientes de que con él, como es evidente, van a tener menos pensiones y menos cuantiosas.

En cuarto lugar, creo que se han equivocado aceptando esta reforma, que contradice lo que venían diciendo en los últimos meses, porque al hacerlo muestran que es posible extorsionarlos y todo el mundo sabe que quien acepta un chantaje termina por aceptar, como le está pasando al gobierno, todos los que vengan detrás y eso, lejos de fortalecerlos, los va a debilitar aún más. Dentro de unas semanas, cuando de nuevo se amenace con la intervención inminente de la economía si no se firma, como ha estado haciendo el gobierno durante toda la negociación, se pondrá en la mesa la reforma de la negociación colectiva, luego la de los servicios públicos y así hasta que la definitiva sea la que se quite de en medio a los propios sindicatos que ahora se mostraron sumisos.

En quinto lugar, también creo que ha sido un error ceder al gobierno sin haber intentado ni siquiera hacerle frente, tal y como se había anunciado, con nuevas movilizaciones porque eso ha frustrado a sus propias bases y a los trabajadores que confiaban en ellos para no perder más derechos.

Pero un error que no es culpa solo de los sindicatos

Dicho todo lo anterior, que me parece que es grave y que va a traer consecuencias bastante negativas para todos, creo que al mismo tiempo hay que poner sobre la mesa otras cuestiones que a mí me parecen posiblemente tan relevantes y decisivas como el propio gran error de los sindicatos.

En primer lugar, que el principal responsable de lo que está ocurriendo es el partido socialista y sus militantes que no frenan la deriva neoliberal del gobierno ni su discurso falso que presenta las medidas que están imponiendo la banca y las grandes empresas como si en realidad beneficiasen al conjunto de los ciudadanos.

En segundo lugar, que es cierto que si no se hubiera producido ese pacto el gobierno hubiera tomado una medida aún más dañina para el sistema de pensiones y para el conjunto de los trabajadores. Lo que significa que los sindicatos han cumplido en cierta medida su función que es la de defender a los trabajadores hasta donde efectivamente puedan hacerlo

En tercer lugar, que si se ha llegado a esta situación en la que el gobierno ha podido hacer ceder a los sindicatos ha sido porque la ciudadanía no ha sido capaz o no ha estado dispuesta a darle a los sindicatos la fuerza necesaria para que éstos hubieran podido hacer frente con más decisión al gobierno. Si los sindicatos llaman a las movilizaciones y éstas son insuficientes, minoritarias o a veces incluso simplemente anecdóticas, no podemos hacer recaer luego la responsabilidad de los fracasos únicamente en los sindicatos. Esto tiene que ver, en gran medida, con la baja afiliación sindical que existe en España. Si no participamos en sus discusiones, si no hacemos nada por cambiar la correlación de fuerzas que pueda haber en su seno, si no les damos mucha más fuerza con nuestra presencia ¿con qué derecho podemos decir después que los sindicatos son simplemente unos traidores? Pero lo ocurrido creo que no tiene que ver solo con la baja afiliación sindical.

En cuarto lugar, me parece que lo que acaba de suceder tiene relación con el hecho de que en los últimos tiempos los sindicatos han venido desempeñando un papel que en realidad no es a ellos a quien le corresponde. El partido socialista, que según su declaración de intenciones ante la ciudadanía se supone que debería ser la organización mayoritaria que se enfrentase a la derecha y a los poderes económicos, simplemente ha desaparecido sin apenas combatir y el gobierno de su secretario general se limita a aplicar las recetas que le dictan, actuando como un partido más de la derecha económica, mientras la inmensa mayoría de sus militantes guarda un silencio cómplice y que ya empieza a producir, además de terribles consecuencias, incluso vergonzoso porque no son capaces de decir en público ni en sus agrupaciones lo que dicen en privado.

Y, más allá del PSOE, simplemente existe una izquierda debilitada durante años por sus rencillas internas, por la presencia de mucho discurso caduco, fragmentada y detrás de la cual hay una minoría muy militante pero un ejército de personas cansadas, frustradas, desmovilizadas y que, a lo sumo, se limitan a pontificar frente a las pantallas de su ordenador pero que a la hora de la verdad ni siquiera votan a quienes podrían ser la expresión de su radicalidad y descontento. Quiero decir con esto que se le está pidiendo a los sindicatos que asuman el papel de referentes de la izquierda política y que actúen como tales enfrentándose constantemente al gobierno, que resuelvan desde la lucha sindical lo que debería resolver la izquierda política, y eso es sencillamente imposible.

Por ello, yo creo que en estos momentos hay que hacerle ver a los sindicatos que se han equivocado pero siempre que al mismo tiempo nos hagamos ver a nosotros mismos que también erramos cuando nos dejamos llevar por la pasividad, por el sectarismo o por un radicalismo que nada tiene que ver con la realidad en la que estamos. Y eso significa actuar en varios frentes, y no solo en el de la crítica a CCOO y a UGT. Significa movilizarse para explicar a la gente lo que de verdad ocurre con la crisis y las pensiones.

Significa afiliarse en mayor medida a los sindicatos para poder influir de verdad en las decisiones que tomen las dos grandes centrales. Significa no dedicar ni un minuto a reproducir el discurso antisindical de las derechas y combatirlo en cualquier sitio para evitar que su omnipresencia termine por asumirse generalizadamente. Significa pedirle a los sindicatos que rectifiquen pero hacerlo fraternalmente y no produciéndoles un mayor debilitamiento.

En definitiva, esta a mi juicio errónea cesión de los sindicatos es una muestra más de que la crisis que estamos viviendo, en lugar de hacer que el capitalismo se hunda, como muchos creían que iba a suceder, está reforzando el poder de quienes lo mantienen. Por eso me gustaría terminar esta reflexión con unos párrafos de mi último libro La crisis de las hipotecas basura. ¿Por qué se cayó todo y no se ha hundido nada?, en el que precisamente trato de explicar por qué está ocurriendo todo esto. "Hacer frente a la crisis desde posiciones alternativas no consiste solo en ofrecer propuestas diferentes a las de los poderosos (…) Es necesario disponer de ellas pero además, y quizá de forma prioritaria, hay que hacer frente a este fracaso de interlocución entre las izquierdas y la gente, para lo cual hay que llevar a cabo en primer lugar un gran proyecto de convergencia muy sincero y fraternal, con gran lucidez y, sobre todo, sin un ápice de sectarismo sino anteponiendo a cualquier otra cosa los elementos transversales que permitan hacer mallas y construir redes para religar y coordinar lo local y lo disperso y para traducir a una única lengua los diferentes voces y discursos de la transformación social.

Por eso, quizá si la izquierda y los movimientos alternativos en general comenzaran a trabajar para poner en marcha prácticas políticas de este otro signo, fraternales, de emociones y afectos, de reunión, de deliberación y debate para fomentar el conocimiento, la indignación, la rebeldía y el sabotaje pacífico en lugar de dedicarse simplemente a gestionar o simplemente a radicalizar sobre el papel sus programas, las salida a la crisis que vivimos y a las que vendrán serían diferentes y conseguiríamos hundir para siempre en los vertederos de la historia las prácticas sociales que crean tanta frustración y dolor innecesarios."

Es el momento de criticar pero también el de unir, no el de autodestruirse. Y, sobre todo, es el momento de avanzar hacia el fortalecimiento político. Si queremos que los sindicatos no vuelvan a dejarnos tirados, como ahora, hagamos todo lo posible para que en España exista una alternativa política de izquierdas fuerte y unitaria que les de fuerza a los sindicalistas honestos, que tengo la seguridad de que son la inmensa mayoría, e incluso a tantos socialistas que también sienten la frustración de ver cómo su partido se suicida haciendo la política de la derecha.

31 enero 2010

El espacio dentro del tiempo (IV)

SOBRE LA SAGA/FUGA DE J.B.

Pues ya que estamos en el espacio de los espacios, el espacio del cableado sin límite, paseemos por él. Señalemos que el paseo es libre en el espacio pero no en el tiempo. El único modo posible de que mi conciencia lo recorra es que esté en cada instante en un solo lugar.
Esta es por necesidad una característica del discurso: su linealidad. Una vez recitado y grabado en el tiempo, cada palabra tiene su sitio exacto en la eternidad. Pero ese discurso, que también en un relato escrito mantiene su carácter lineal, admite sin embargo en él otros paseos, imposibles para el relato oral. Hasta la invención del sonido grabado, en una audición no se podía volver atrás; aún después, los medios de reproducción, obligadamente unidimensionales para el sonido, dificultan la libertad de movimiento por el espacio del discurso.
Pero muy otro es el caso de la escritura: la escritura convierte el tiempo del discurso en el espacio de la lectura. Sobre un texto puedo, si soy el lector, demorarme, volver atrás y releer, introducir acotaciones, hacer pausas, intercalar otras lecturas. Si soy un escritor en pleno proceso de elaboración, mi marcha sobre el discurso va a ser bastante más complicada, puedo (y suelo) reescribir, tachar, repetirme, desdecirme y hasta contradecirme: se dice a veces con sorna que el papel lo aguanta todo.
De manera que en la escritura existen infinitos paseos posibles. En primer lugar, los inextricables caminos que recorre el autor hasta que por fin los congela en su versión definitiva. El que ésta ofrece, que en general está bien establecido, aunque no siempre sea así. Y luego estarán todos los paseos que haga cada lector, cuando vuelva atrás, se salte páginas, intercale la consulta de otro texto, comente algún pasaje si la lectura es colectiva; o cuando, en su fuero interno, discuta con el autor o un personaje, al toparse con una situación que le resulte indignante.
Todo ello sin contar con que cada palabra, cada descripción, cada personaje, deben ser recreados en la mente de un lector específico, con materiales suyos, extraídos de su propia experiencia vital, cultural, personal y también lectora. Así, no es que podamos dudar si todos los lectores leen el mismo libro: podemos estar seguros de que cada uno recrea un libro distinto, y aún el mismo lector hará cada vez una lectura diferente.
Esta es la mayor riqueza de la literatura. Por eso hablar de espacio en ella es referirnos a un espacio riquísimo, absolutamente personal y creado en cada instante a la medida, primero del autor, del lector después. La facilidad de la imaginación y de la palabra para recorrer los caminos largos en un segundo, o demorar fugaces recorridos durante horas, convierte el espacio literario en algo inmensamente plástico.
Arte milenario, los grandes escritores modernos no son ingenuos. El autor sabe mucho, y utiliza todo su saber. Además de encadenar relatos, o de encapsularlos, contando unos desde el interior de otros (ambas técnicas son ya antiguas), recoserá espacios, personajes y acciones con retales procedentes de otras fuentes, reales o de ficción. Se sabe libre, y saltará de los espacios conocidos a los sólo imaginados, del cielo a la tierra, de lo posible a lo prodigioso. Saltará en el tiempo, hacia el futuro o el pasado.
Y también sabe el autor que el lector sabe. Y entre ambos se establecerá un juego de complicidades, una dialéctica de interpretaciones. El juego llegará a extenderse a los personajes (¿y por qué no, si la conciencia de éstos es la del autor, una y múltiple? Víctimas impotentes antes de un autor todopoderoso y omnisciente, dejarán de ser muñecos cuando sus criterios lleguen a imponerse a los de su creador. A partir de aquí, el escritor encarna en el personaje, que cobra verdadera vida propia. De este modo, Cervantes o Torrente Ballester pueden hacer que unos personajes inventen a otros. Unamuno, que sus criaturas se rebelen contra él. Pirandello, que los personajes busquen al autor.
Y ya que hemos citado a Torrente, veamos como, en Fragmentos de Apocalipsis, nos dice con toda claridad cuán consciente es de esa capacidad para crear tanto espacios narrativos como personajes y acciones, con “sólo” juntar palabras:
Las viejas de mi tierra, en otros tiempos, obraban, con retazos, mantas multicolores que llaman farrapeiras, como tejidas de harapos que eran. Eso, harapos, es lo mío, harapos que fueron telas suntuosas y brillantes, rasgadas ahora y hasta podridas antes de alcanzar forma. (...) Ahora mismo las veo, algunas de ellas, caras y cuerpos olvidados (...) una mano gigante con una bomba encendida, la torre de una iglesia.
Esa bomba, y la torre... Empiezo a recordar. El grupo de anarquistas que se reunía en casa de Ramiro, el sastre de la Torre Berengaria (...) El nombre de la torre me lleva a Villasanta de la Estrella (...) Una de las historias que no llegué a escribir pasaba en Villasanta (...) era una buena historia de las de antes, de las que se cuentan solas, sin narrador visible; una de esas en las que el autor no participa sino, todo lo más, como testigo, pero ejerciendo su omnisciencia cacareada, su petulante y engallado saber universal. «Pero, oiga, amigo, ¿cómo es que sabe usted lo que sus personajes piensan, o lo que hacen a solas?» «Porque yo los invento, ni más ni menos». ¿Habrá presunción mayor? «Porque yo los invento». ¡Como si no estuviera demostrado ya que nadie inventa nada, lo que se dice nada, ni las palabras, ni las figuras, ni los acontecimientos! Por eso, yo que lo sé, no puedo recaer en más errores. Me siento comprometido.
(...)
...¿Estallará la bomba? Y, si estallara, ¿qué? No hay nada a su alrededor. Además, para que estalle, tengo que decirlo, y para que destruya la Torre Berengaria tengo antes que levantarla con palabras. Hasta ahora no hice más que nombrarla, y eso no basta. Sin embargo, si escribo: «Estalló la bomba y derribó la torre», pues se acabó: adiós torre, y capitel, y todo lo que está en él. Por eso no lo escribo. Entre otras razones, porque la torre me es necesaria. Si asciendo hasta el campanario, puedo, desde sus cuatro ventanas, contemplar la ciudad hacia los cuatro puntos cardinales: la ciudad entera. Será cosa de hacerlo, a falta de otra mejor. ¿Cómo son las escaleras? ¿De caracol quizá? (...) Si las subo, me canso. Pero ya están ahí, ya las nombré, ya trepan hasta la altura encajonadas en piedra (...). Si yo fuera de carne y hueso, y la torre de piedra, podría cansarme, y resbalar, y hasta romperme la crisma. Pero la torre y yo no somos más que palabras. Sus, y arriba. Voy repitiendo: piedra, escaleras, yo. Es como una operación mágica, y de ella resulta que subo las escaleras.
(...)
He nombrado la torre, y ahí está. Ahora, si nombro la ciudad, ahí estará también. Entonces, digo: catedral, monasterios, iglesias (...) y digo: rúas, plazas, travesías (...) digo: columnas, pórticos, bóvedas, (...) No te olvides de que eres un conjunto de palabras, lo mismo da tú que yo, si te desdoblas somos tú y yo, pero puedes también, a voluntad, ser tú o yo, sin otros límites que los gramaticales. Gracias a eso, respondo, puedo, si quiero, descender de la torre, atravesar las plazas, guarecerme de la lluvia bajo los soportales y preguntar qué hora es al sereno de comercio...

viernes, 11 de febrero de 2011

La frontera

¿Por dónde pasa la delgada línea que separa a la izquierda transformadora del reformismo cómplice?
Ni todo vale para armar mayorías, ni un izquierdismo de libro cambia nada. Es el dilema de todas las revoluciones.
Por poner un ejemplo de ahora mismo: ¿hasta dónde puede llegar la revolución egipcia?

El Nuevo Partido Anticapitalista intenta superar su crisis en París