martes, 15 de enero de 2013

¿Qué democracia económica para el decrecimiento?

Con este título, y seguido de "algunos comentarios sobre la contribución de los modelos socialistas y la agroecología cubana", encuentro en Rebelión un artículo de Sébastien Boilla, Julien-François Gerber y Fernando R. Funes-Monzote.

El decrecimiento, entendido en términos cuantitativos, referido a materiales, energía y recursos naturales en general, y considerando no sólo las fuentes, sino también los sumideros, ya no es una opción, sino un hecho incontrovertible.

El problema ahora es el modelo de decrecimiento que mantenga lo alcanzado sin dejar de proyectarse hacia un verdadero desarrollo cualitativo. Si el sistema se ha vuelto inestable, ¿cómo estabilizarlo?

Los modelos socialistas propuestos y ensayados hasta la fecha no siempre han estado a la altura del reto a que ahora nos enfrentamos. Seguramente no era su momento. Ahora lo es. Aquí se propone un modelo de David Schweickart, en parte inspirado en la autogestión yugoslava y en las cooperativas de Mondragón.

Reproduzco parte del artículo. Las notas pueden encontrarse en el documento de partida.
 

Lentitud ahora, porque corre prisa. mi-megafono.blogspot.com


El socialismo de mercado es una economía competitiva en la que los trabajadores poseen los medios de producción. Sus partidarios parten de la siguiente idea básica: los mercados son una gran herramienta para producir y procesar información y para asignar recursos, pero el capitalismo genera tanta desigualdad, falta de democracia y destrucción socio-medioambiental que los desperdicios son sencillamente enormes [14]. Los capitalistas deben usar una cantidad considerable de recursos solo para controlar y disciplinar el trabajo [15]. Para Roemer [14], el hecho de que los beneficios del crecimiento estén concentrados en las manos de una minoría lleva a estos últimos a olvidar la mayor parte de los “males públicos” (contaminación, pobreza, criminalidad, etc.). Estos resultados adversos no son un problema para la élite siempre que sea capaz de protegerse de ellos mediante altos ingresos, viviendo por ejemplo en áreas seguras, etc. Según Roemer, un igualitarismo basado en los activos estimularía a los trabajadores y evitaría muchas de las ineficiencias del capitalismo. También promovería un mejor equilibrio social entre crecimiento económico y males públicos. Tales modelos van mucho más allá del desarrollo del reparto de acciones con los empleados e implican una descentralización radical de las acciones, una de las formas más concentradas hoy en día de propiedad.

Las críticas a los modelos de mercado socialista se centran a menudo en su intento de establecer la “competencia perfecta” que se encuentra en los libros de texto neoclásicos. De hecho, utilizan las herramientas y suposiciones estándar –y cuestionables- neoclásicas. El modelo de Roemer [14] por ejemplo, está basado en un sistema institucional sofisticado que maximiza los beneficios mediante la competencia de mercado impidiendo al mismo tiempo cualquier reconcentración de capital en las manos de los más hábiles tras unas pocas décadas. Pero como señala Coutrot [9], “los modelos de socialismo de mercado están todos sujetos a la crítica de Einstein (y de Marx): al mantener el trabajo asalariado y la competencia generalizada, siguen promoviendo el individualismo y socavan la solidaridad social” así como la comunidad [16]. Es más, al imitar el crecimiento capitalista, estos modelos están también sujetos a la crítica decrecentista. Personifican la ceguera medioambiental que todavía se puede encontrar en el trabajo de muchos teóricos marxistas. La gran ventaja de los modelos de autogestión de los trabajadores se basa en su naturaleza democrática: democracia no solo presente en la esfera política sino también dentro de la empresa, como veremos a continuación.

En una economía autoregulada, del tipo descrito por Schweickart [17], los trabajadores asociados controlan las empresas: deciden libremente, mediante elecciones democráticas, quién las gestionará y discuten la organización y proyectos de sus empresas. Sin embargo, no son los propietarios de la empresa, que sigue perteneciendo a la comunidad. Por tanto no habría mercado de los títulos de propiedad: a nadie se le permitiría comprar, vender o poseer una empresa en la que trabajen otras personas. Este modelo no tendría por tanto trabajo asalariado, sinónimo de dominación. Como defendía Marx [18], los trabajadores empleados por un salario no pueden controlar su trabajo ni el producto de su trabajo; deben someterse a una jerarquía sobre la que no tienen ninguna influencia. En una empresa autogestionada, por el contrario, son los trabajadores mismos quienes contratan capital: en el modelo de Schweickart, pagarían un interés fijo a organizaciones crediticias por préstamos usados como capital y pagarían los equipamientos y las materias primas necesarias para mantener las capacidades productivas y vender en el mercado. Los ingresos servirían principalmente para reembolsar los préstamos y pagar impuestos mientras el saldo constituiría la remuneración de los trabajadores, asignada de acuerdo a una escala de salarios democráticamente establecida. Más aún, el modelo de Schweickart incluye un original “control social de la inversión” que se articula así: las empresas autogestionadas pagan impuestos para proveer a un fondo de inversión democráticamente controlado y jerárquicamente distribuido entre diferentes niveles (nacional, regional, comunal bancos públicos). Estos fondos financiarían las inversiones de las cooperativas de trabajadores y los servicios públicos, al nivel geográfico apropiado, según un conjunto criterios basados en el valor de uso, la rentabilidad, la justicia social y las condiciones medioambientales.

Los modelos económicos autogestionados no suponen un cambio radical de la naturaleza humana. Algunos de los elementos clave de una economía de mercado se mantienen –la elección de los consumidores, la competencia entre productores y su motivación mediante la remuneración de sus esfuerzos-. Se dice que estas características promueven la eficiencia y las innovaciones. No obstante, la diferencia con el capitalismo es doble: prohibición de autofinanciación y apropiación privada del capital; y prohibición de contratar trabajo. De esta forma, nadie puede acumular privadamente poder económico. Además, a diferencia de los modelos de socialismo de mercado, los sistemas basados en la autogestión de los trabajadores generan nuevas dinámicas que superan las conductas puramente egoístas: el igualitarismo y el sentimiento de comunidad están encarnados en sus instituciones, igual que la desigualdad y el individualismo están grabados en las instituciones del capitalismo. Más aún, la socialización de la inversión supone que los ciudadanos pueden decidir democráticamente qué hacer con el crecimiento económico.

Para resumir, los modelos de socialismo autogestionado permiten una síntesis realista entre la democracia económica y el potencial para una transición decrecentista a gran escala. De hecho, una reducción del tamaño de la economía, en consumo de energía y material, parece mucho más probable en una sociedad en la que: (1) el sentido de comunidad sea más fuerte, lo que implica que no pueda haber una clase privilegiada que tenga el poder de presionar para su enriquecimiento personal en detrimento de la sociedad y su medio ambiente; (2) la inversión esté socializada, lo que implica que los costes sociales y medioambientales se reduzcan drásticamente y por tanto las industrias dañinas estén limitadas; y (3) la información pueda circular mucho más libremente que en el capitalismo, lo que significa dos cosas. Primero, no habría agresivas campañas de publicidad empujando a la población a consumir más, esto es, a proyectar necesidades inmateriales en bienes materiales y de ahí a satisfacer ilusiones más que necesidades. Todo lo contrario, fuera de tal sociedad de consumo de masas, la gente podría estar más cerca de sus verdaderas necesidades, muchas de las cuales son inmateriales [19]. Segundo, por la implicación general de los trabajadores y los ciudadanos, libres del obstáculo de una clase dominante, la sociedad en su conjunto sería mucho más reactiva al estado de sus recursos naturales porque estaría estrechamente conectada con ellos. Una vía orientada al decrecimiento sería por tanto una opción muy real. El mismo Schweickart [17] escribió que “el crecimiento económico no es la respuesta” y distinguía cuidadosamente entre indicadores cuantitativos y cualitativos de “desarrollo”.

sábado, 12 de enero de 2013

Una pequeña-gran enciclopedia de la teoría del imperialismo

¿Quién dice que la rapacidad no tiene límites? Pues ya están aquí.



Recojo algunas cuestiones planteadas por Renan Vega Cantor en la presentación del libro de Claudio Katz, Bajo el Imperio del Capital, Ediciones Luxemburg, Buenos Aires, 2011.


No voy a mencionar todos los importantes aportes de este libro. Simplemente quiero plantear, para concluir, dos elementos de discusión con Claudio Katz. Un primero está referido a lo que decía al comienzo de estas palabras, que el libro recoge casi todos los aportes, pero creo que le faltó uno, que en este momento es muy importante, como es el relacionado con el imperialismo ecológico, propuesto por autores como John Bellamy Foster y por mi persona. La importancia de este concepto estriba en que, a mi parecer, ayuda a replantear algunos aspectos de la teoría marxista del imperialismo, como los referidos, por ejemplo, al establecimiento de otros límites que van más allá de los límites económicos, a los que hace referencia Katz. Sin embargo, el imperialismo ecológico plantea el problema de los límites en otra dimensión, recalcando que el agotamiento de los bienes comunes, la destrucción de los ecosistemas, el agotamiento de las fuentes hídricas, el calentamiento global, el descongelamiento de los casquetes polares, la desaparición de especies, las distintas formas de contaminación no son algo secundario sino fundamental, hasta el punto que todos esos asuntos ponen en riesgo la misma reproducción de la acumulación de capital, al considerar el problema del agotamiento de los bienes comunes de tipo natural (lo que Marx denominaba condiciones de producción) como resultado de la lógica misma de crecimiento infinito. Este hecho no se sustenta en futurología especulativa, que con razón le gusta criticar a Katz, sino en la constatación de datos empíricos incontrastables (aunque a menudo ocultados por las clases dominantes de Estados Unidos y sus propagandistas y que gran parte de los economistas no suelen considerar), sobre el agotamiento irreversible de materias primas indispensables para el funcionamiento del capitalismo, empezando por el petróleo. Esto sitúa la discusión en otro plano, en lo relativo por ejemplo al estancamiento. Porque, obviamente, en un planeta de recursos limitados resulta insostenible el crecimiento ilimitado, lo que pone en cuestión el mismo modelo chino, de un crecimiento del 15% anual o tasas semejantes. Y aquí se plantea, de paso, otro asunto que menciona Claudio de manera tangencial como es el relativo al modelo energético basado en el petróleo, en el sentido que vale hacerse la pregunta si es posible construir otro patrón energético que tenga la misma efectividad que las energías fósiles y que permita que el capitalismo energivoro siga funcionando tal y como lo conocemos.

En ese contexto, la cuestión del estancamiento alcanza otra dimensión, que ya se ve en algunos lugares del mundo (como Haití), que consistiría en mantener amplios sectores de la población de miseria, hambre y subconsumo de materiales y energía, al tiempo que cada vez se achicarían más los guettos invertidos de sectores minoritarios de la población –formados por las clases dominantes y algunos sectores de las clases medias- que mantendrían su consumo energético despilfarrador, que les permite mantener su estándar de vida al estilo estadounidense. Visto así el asunto, el estancamiento no se vería solamente en la perspectiva que critica Claudio Katz de una especie de regresión y parálisis de las fuerzas productivas, sino como la expresión de un quiebre civilizatorio.

El otro punto que quiero dejar planteado en la discusión y que no me quedó claro es el relativo al ciclo económico, o más exactamente a las ondas largas. Las crisis periódicas indican la permanencia del ciclo, y eso lo enfatiza Claudio, pero lo que dice sobre las ondas largas no es del todo claro. A ese respecto cabría preguntar en donde nos encontramos, o en una fase de expansión (similar a la de los treinta gloriosos) o en la misma fase descendente que se inició en 1967-1973. Esta creo que no es una pregunta formal, de periodización, sino que tendría que ver con el análisis estructural y de larga duración de la crisis actual como una crisis de sobreproducción y no como una cuestión financiera o inmobiliaria meramente coyuntural.

Una reivindicación del Marx ecologista

En una entrevista a Michael Löwy, investigador del Centre National de la Recherche Scinentifique, publicada en Viento Sur bajo el título “Sin indignación, nada grande y significativo ocurre en la historia de la humanidad”, aparece esta puntualización, siempre necesaria para contrarrestar ideas equivocadas pero que forman parte del imaginario colectivo:
Muchos ecologistas critican a Marx por considerarlo un productivista, tanto como los capitalistas. Tal crítica me parece completamente equivocada: al hacer una crítica al fetichismo de la mercancía, es justamente Marx quien hace la crítica más radical a la lógica productivista del capitalismo, la idea de que la producción de más mercancías es el objetivo fundamental de la economía y la sociedad. El objetivo del socialismo, explica Marx, no es producir una cantidad infinita de bienes, sino reducir la jornada de trabajo, dar al trabajador tiempo libre para participar en la vida política, estudiar, jugar, amar… Por lo tanto, Marx nos dota de las armas para una crítica radical del productivismo y, en concreto, del productivismo capitalista. En el primer volumen de El Capital, Marx explica como el capitalismo agota no sólo las energías del trabajador, sino también las propias fuerzas de la Tierra, esquilmando las riquezas naturales, destruyendo al propio planeta. Por lo tanto, esa perspectiva, esa sensibilidad está presente en los escritos de Marx, aunque no haya sido suficientemente estudiada.

Sobre este tema recomiendo leer el libro de John Bellamy Foster "La ecología de Marx", publicada por El Viejo Topo.


viernes, 11 de enero de 2013

Brochacillo sintético

Por sintético resalto este párrafo, tomado de una reseña leída en Rebelión sobre el libro Del reencuentro de Marx con América Latina, de Jorge Veraza

lostransgenicos.blogspot.com



















"...no estamos ante una “crisis general del capitalismo” pero sí, mientras el capitalismo siga acumulando, ante una crisis para la humanidad. La respuesta –asegura– debe provenir no del capital sino de la humanidad, pues es ella quien está amenazada de manera integral."
No se puede engordar indefinidamente, pero si fuera posible, ¿seguiríamos usando la misma ropa?

sábado, 5 de enero de 2013

Déficit y democracia local

Últimamente circulan en la red correos con propuestas radicales dirigidas a regenerar la política. Como la que copio a continuación, por ejemplo, muchos de cuyos puntos suscribiría cualquier persona honesta.
Ley de Reforma del Congreso de 2012
(enmienda de la Constitución de España)

1. El diputado será asalariado solamente durante su mandato. Y tendrá jubilación proveniente solamente por el mandato realizado.
2. El diputado contribuirá al Régimen General de la Seguridad Social como el resto de ciudadanos. El fondo de jubilación del Congreso pasará al régimen vigente de la Seguridad Social. El diputado participará de los  beneficios del régimen de la Seguridad Social exactamente como todos los demás ciudadanos. El fondo de jubilación no puede ser usado para ninguna otra finalidad.
3. El diputado debe pagar su plan de jubilación, como todos los españoles.

4. El diputado dejará de votar su propio aumento de salario.

5. El diputado dejará su seguro actual de salud y participará del mismo sistema de salud que los demás ciudadanos españoles.
6. El diputado debe igualmente cumplir las mismas leyes que el resto de los españoles
7. Servir en el Congreso es un trabajo, no una carrera. Los diputados deben cumplir sus mandatos (no más de 2 legislaturas) y luego reincorporarse a la vida laboral previa a su etapa de Servicio Público.
8. Reducir un 30% el número de componentes políticos de las instituciones. (concejales de ayuntamiento, diputados nacionales, diputados regionales, etc).
9. Eliminar instituciones obsoletas o duplicadas: senado, diputaciones provinciales.
10. Reducir un 50% el número de asesores de cargos políticos, así como limitar racionalmente sus retribuciones.
No parece que una constitución deba descender a detalles que son más propios de leyes específicas. Pero dejando a un lado esta cuestión formal, conviene que aprendamos a separar el grano de la paja.

La limitación de mandatos puede establecerse, aunque a veces es un arma de doble filo que deja en la cuneta a personas muy válidas. Y no olvidemos que en la constitución existe una figura, no ya de mandato ilimitado, sino hereditaria. De la que esta propuesta no se acuerda

Es a partir del punto 8º donde se cuela de rondón la antipolítica de derechas. Tendencialmente, nos aproxima a las soluciones elitistas y autoritarias. Porque no dice nada de modificar la ley electoral, y con la actual la disminución del número de representantes redundará en una notable pérdida de calidad representativa. De la democracia.

Seguramente existen instituciones obsoletas y duplicadas, pero sobre todo inoperantes y corruptas. Puede discutirse si sobra el senado o las diputaciones, aunque lo pernicioso de una administración no es el número de peldaños, sino el conflicto de competencias y la injusta distribución de recursos y tareas.

Tampoco parece que haya que limitar drásticamente el número de asesores, sino racionalizar y fiscalizar tanto su función como el presupuesto destinado a retribuirla.

Propuestas como las sibilinamente deslizadas en el escrito comentado se encaminan a deteriorar la democracia.

Con parecidos argumentos demagógicos, van en el mismo sentido las dirigidas contra los funcionarios, así en general, incluyendo como si tal cosa a los encargados de la salud y la educación públicas. Pretenden adelgazar el estado, para en virtud de la dialéctica de los vasos comunicantes, engordar negocios privados sustitutorios.

Muchos de los ahorros que se quieren hacer son ahorros de personal. Y no se trata de eliminar personas (¿o sí?), sino de racionalizar, repartir el trabajo y dotar de funciones a los "servidores públicos".

Hasta que la gigantesca burbuja especulativa ha estallado, siendo la causante del desastre, no se han acordado para nada del "chocolate del loro" que supondrían, por ejemplo, tres o cuatro traductores de lenguas vernáculas en el senado. Razones de ideología nacionalista aparte, ¿no serían también "puestos de trabajo"?

Los más ricos, los asquerosamente ricos, incluso con obscenas retribuciones, no reciben la mayor parte de los ingresos pòr sus salarios (que también), sino de los beneficios del capital. No desviemos la atención  de este hecho. Sin menoscabo de la absoluta necesidad de establecer "salarios máximos". 

Para ver el peso relativamente exiguo del costo de las administraciones en el déficit que se trata de reducir, termino con un escrito reciente que denuncia las verdaderas razones de la citada "reforma de la constitución":

El gasto del concepto presupuestario «órganos de gobierno» que afecta a municipios y a los capítulos 1 (personal) y 2 (compra de bienes y servicios), fue en España (ejercicio 2010) de 1.074,2 millones de euros, cifra equivalente al 0,1% del PIB, a 22,8 euros por habitante y año y a 16.243 euros por electo y año. Un gasto que también incluye salarios y bienes utilizados por personal no electo (asesores, administrativos, técnicos).

La gran mayoría de concejales en municipios con población menor a 20.000 habitantes no reciben retribución alguna, si exceptuamos las dietas por asistencia a plenos, desplazamientos, etcétera;

Existen diferencias notables entre las retribuciones que reciben los concejales, que se justifican por razones diversas: estar en el gobierno o en la oposición, vivir en municipios prósperos o deprimidos, etcétera.

O sea, el coste del gobierno municipal no tiene dimensión cuantitativa suficiente para explicar el déficit púbico, ni la reducción parcial de su cuantía tendría consecuencia alguna en las políticas estabilizadoras.

Por otro lado, adelgazar el déficit reduciendo concejales bajo el criterio electoral de la ley D'Hondt genera efectos perversos, ya que la reducción de concejales recaería sobre partidos minoritarios dañando así al pluralismo político y a la calidad democrática.

Finalmente, alterar el mapa municipal para introducir racionalidad y eficiencia es tarea urgente en Galicia. Pero el municipio solo subsiste con solvencia demográfica y base económica suficiente. Agrupar municipios para reducir concejales ignorando esos requisitos es fracaso garantizado.

La situación de la clase trabajadora en España

Dos extractos y una apostilla.

Sobre algo que escribe Vicenç Navarro en Público.es:

Primer extracto:
La pobreza de EEUU es, junto con la de España, de las más elevadas hoy en aquel grupo de países, y ello se debe, además de la pobreza de los salarios en ambos países, a la escasa capacidad redistributiva de sus Estados. Así en EEUU, el 27% de la población sería pobre si no interviniera el Estado federal y estatal (equivalente este último al autonómico en España). Una vez este Estado interviene, la pobreza baja a un 17,3%, es decir un bajón de 9,7 puntos. En España, tal reducción es algo mayor. Debido a la intervención del Estado, la pobreza baja 13,2 puntos, siendo una de las reducciones más limitadas y más bajas, junto a la de EEUU, entre los países estudiados. Como punto de comparación, el Estado francés reduce la pobreza 25,4 puntos, Alemania 23,6 puntos, Finlandia 22,1 puntos, y así un larga lista. El Estado redistribuye muy poco tanto en EEUU como en España. De ahí que sean los países más desiguales dentro del grupo de países analizados.
Segundo extracto:
Hoy, la situación de la clase trabajadora española se está empeorando resultado de las políticas iniciadas por el gobierno Zapatero y acentuadas mucho más por el gobierno Rajoy, y que incluyen unas reformas laborales que tienen como objetivo la reducción de los salarios y unas políticas de austeridad que están recortando el gasto público social, incrementando incluso más su regresividad y escasa vocación redistributiva. Tales políticas se están promoviendo para aumentar la “competitividad” de la economía española y poder estimular las exportaciones que supuestamente sacarán a España de la crisis.

Tal argumento, ampliamente aceptado también por la sabiduría convencional económica neoliberal, olvida que durante estos años de crisis las exportaciones españolas han ido aumentando a la vez que los salarios han ido bajando sin que ello haya repercutido en reavivar y estimular la economía. Y ello como consecuencia de que la recesión existente en España se debe precisamente a la escasa capacidad adquisitiva de la población (resultado de la bajada de los salarios) y a la reducción del gasto público (que contribuye al descenso de la necesaria demanda). La sabiduría convencional que siempre reproduce la visión de los grupos poderosos (tanto en las esferas económicas y financieras, como en las culturales y mediáticas) que dominan la vida política y mediática del país, está profundamente equivocada.
Apostilla:
Esa sabiduría convencional está equivocada en dos sentidos.
Se equivocan los trabajadores si aceptan recortes con la idea de que aumentar la competitividad nos hará salir de la crisis; ¿a quiénes? La prosperidad que les pregonan es la otra cara de su explotación.
A los capitalistas lo que les importa es su beneficio. No se equivocan, es que engañan. Ahora mismo salvan la situación, y si esa salida no tiene futuro, confían en seguir reinventando la economía, como han hecho hasta ahora.
Pero se equivocan en esto último, porque ni siquiera en el presente puede funcionar. Los costos salariales no pueden bajar más allá de un punto. El tiempo de trabajo no puede aumentar mas allá de un límite. Ni el mucho consumo de pocos puede compensar el poco consumo de muchos.

Nunca el aumento de la capacidad exportadora, aumento debido a los bajos salarios, podrá compensar la bajada del consumo interno, bajada debida a los bajos salarios.

Como lo mismo intentan hacer todos los países en situación precaria (en el fondo, todos), tendremos a muchos intentando exportar lo que ninguno puede consumir. Crecimiento de oferta mundial sin demanda solvente posible. Contradictorio intento global de aumentar la producción bajando el consumo.

El único resultado es la exclusión social generalizada. La lógica del sistema conduce a una radical división de la sociedad en tres sectores:
  • una masa creciente de excluídos de la producción y del consumo
  • una más o menos estabilizada de superexplotados
  • una minoría decreciente de sobreconsumidores de bienes de lujo
Además, en un sistema cerrado, sin aportes exteriores, sin entradas ni salidas, el mecanismo se para.

Pura TERMODINÄMICA.

¡No existe el móvil perpetuo!

jueves, 27 de diciembre de 2012

Neoliberales, extraterrestres y el test de Turing

Máximo Luffiego García y Julio Soto López, en Rebelión. Un brochacillo nada más. Dejo para otro momento (ya está en otras entradas de este blog) cómo el desfase entre causa y efecto puede explicar parcialmente la pasividad reinante entre las mayorías. La inercia...

Si este control ideológico, económico y político global que realiza el neoliberalismo fuera establecido de manera imperceptible por extraterrestres de apariencia humana tras la invasión de la Tierra, no cabe duda de que, tan pronto como un pequeño grupo de seres humanos se percatara del mismo, se formaría, a pesar de su dominio sobre los grandes medios de comunicación, un estado de opinión mundial que los desbancaría del poder rápidamente.

¿Hay alguna forma de diferenciar a los neoliberales de los extraterrestres? Alan Turing, matemático británico del que celebramos este año el centenario de su nacimiento, propuso un test para diferenciar la inteligencia humana de la artificial. Si ante las preguntas del test no hubiera forma de diferenciar las respuestas de una máquina de las de un ser humano, entonces concluiríamos que tal máquina es tan inteligente como un ser humano

El Roto intuyó esta idea en su chiste. Si los neoliberales se comportan de manera semejante a la de unos invasores alienígenas y, a juzgar por su desapego hacia la humanidad y el Planeta, así es, entonces no podríamos diferenciar unos de otros. ¿Qué más da que sepamos que tienen un padre y una madre terrestres? Lo que cuenta es si sus acciones ponen o no en riesgo a la humanidad y a la especie humana.