lunes, 11 de julio de 2016

Pienso, luego insisto: razones ecosistémicas para el fin del capitalismo

Luis González Reyes, miembro de Ecologistas en Acción, tiene claro que esto se acaba. La salida puede ser mejor o peor, pero edificio que no puede aguantar su peso se cae.

Es tan exhaustivo el análisis que poco queda que añadir, y tan escueto que resulta difícil resumirlo más. Lo esencial es la necesidad absoluta que tiene el capital de crecimiento del beneficio, porque sin beneficio no puede sobrevivir. Pero no hay beneficio sin crecimiento. Como he recogido muchas veces en este blog, sólo puede ya el sistema practicar la autofagia, devorando partes de sí mismo mientras el cuerpo aguante (el cuerpo social y la naturaleza de la que forma parte).

¿Por qué insisto en estas cosas una y otra vez? Pues porque los factores parlantes y escribientes distractivos también insisten una y otra vez en hablar (hipotéticamente) de "cuando pase la crisis", "cuando vuelva el crecimiento", "cuando mejore la productividad", "cuando se sustituyan las fuentes fósiles por energías limpias y renovables", etc...

Si ellos convierten lo falso en verdadero al modo goebbelsiano, si sacan del sombrero un falso sentido común (y bien impuesto que lo tienen), nosotros tendremos que seguir machacando con la verdad irrefutable, aunque de momento el hierro esté bastante frío.

Pienso, luego insisto.

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Rebelión

¿Qué es el capitalismo?
 
El capitalismo es un sistema económico que persigue la reproducción del capital. Esta reproducción se realiza mediante la inversión de dinero (D) en mercancías, maquinaria, materias primas, energía y fuerza de trabajo que generan bienes y servicios (M), con el objeto de conseguir con su venta más dinero (D'). Por lo tanto es obvio que, para que exista reproducción del capital, tiene que haber materia, energía y trabajadoras/es por una lado [1] y consumidoras/es por el otro.

Otra posible circulación sería D-D', en la que el dinero se invertiría en operaciones financieras para conseguir un beneficio mayor. En realidad, la circulación D-D' se apoya sobre la D-M-D'. La economía financiera lo que hace es detraer parte de la plusvalía de la economía productiva y multiplicarla aparentemente (crea más dinero, pero no más capital).

La cantidad que D' excede a D es la plusvalía. La primera forma de obtenerla es consiguiendo que los/as empleados/as trabajen produciendo más ingresos que los gastos. El capitalismo consigue esto por cuatro vías: alargar la jornada laboral, reducir los salarios, aumentar la cantidad de personas que trabajan e incrementar la productividad. Como las tres primeras tienen límites claros (los cuerpos humanos), el elemento central a largo plazo es el aumento de la productividad.

El incremento de la productividad se consigue con una mejor organización de los/as trabajadores/as (lo que podemos hacer en colectivo es mucho más que lo que conseguimos de forma individual y, por lo tanto, genera más plusvalor). También cuenta la intensidad/eficiencia del proceso de trabajo. Finalmente, es fundamental el uso de máquinas, que requieren consumos crecientes de materia y energía. Nuevamente, los cuerpos humanos ponen límites a las dos primeras formas de incremento de la productividad, por lo que históricamente ha sido imprescindible un incremento del uso de máquinas.

Hay otras formas de conseguir plusvalía que no es el trabajo asalariado. Se puede robar el trabajo ajeno mediante lo que se ha denominado “acumulación por desposesión”. En este caso, el capitalismo no crearía el valor de forma interna, sino que se lo arrancaría a quienes lo han creado fuera del sistema. Por ejemplo, el patentado de conocimientos colectivos y la apertura a los mercados capitalistas de economías que funcionaban bajo otras lógicas serían formas de acumulación por desposesión. Esto implica una extensión del capitalismo a más territorios y ámbitos de la vida.

El trabajo humano produce valor porque modifica la materia usando energía y conocimiento. Esto también lo hace la naturaleza produciendo por tanto valor. Así, la plusvalía también se consigue mediante la apropiación del trabajo de la naturaleza. Por ejemplo, el trabajo de fotosíntesis es enajenado por el propietario de la plantación de caña, o el de concentración de minerales es usurpado a través de la minería.

Para que todo esto sea posible es necesario que los seres humanos puedan trabajar en la reproducción del capital. Es decir, que las sociedades sean capaces de sostener la vida. Esto supone una ingente cantidad de trabajos de cuidados (higiene, alimentación, sostén emocional, crianza) que en muchos casos no generan plusvalía, pero sin los cuales es imposible que esta se produzca. El grueso de estas labores las realizan las mujeres en nuestro sistema patriarcal. Además, este sostenimiento de la vida requiere de unos ecosistemas que puedan realizar sus funciones (depuración del agua, sostenimiento del equilibrio climático, fertilización del suelo). Estos trabajos, además, son imposibles de retribuir por el capital. [2]

De este modo, se pueden resaltar cinco condicionantes para el funcionamiento del capitalismo: 
i) materia y energía por un lado y consumidores/as por otro;
ii) aumento de la productividad, lo que requiere un incremento del uso de máquinas, que a su vez necesita un mayor consumo de materia y energía;
iii) extensión continuada del capitalismo;
iv) explotar el trabajo realizado por la biosfera; y
v) tener garantizada la reproducción de la vida.

¿Se está deteniendo la reproducción del capital?

Como se aprecia en la figura, se está produciendo un descenso en la tasa de ganancias mundial, lo que señala dificultades crecientes para sostener la reproducción del capital.





Hasta los años 80, la ralentización de los incrementos de productividad había sido la causa principal del descenso en la tasa de beneficios. Esto se produjo por un periodo de exitosas luchas sociales en todo el mundo y, coyunturalmente, por el alza del precio del petróleo. Después, durante la fase neoliberal, el capitalismo logra sostener la tasa de beneficio aumentando la explotación en el trabajo asalariado (reducción de sueldos, aumento de la jornada, impuestos regresivos, desmantelamiento de servicios públicos, incorporación de más personas al mundo asalariado) y de la naturaleza (lo que incluye su mayor mercantilización). También fue determinante la fagocitación de más territorios en el sistema-mundo (entre los que destacaron Rusia y China), la inclusión de más facetas de la vida en la lógica del mercado capitalista, y la extensión de los ámbitos de actuación a nuevos espacios [3] y más funciones ecosistémicas.

Además, el sostenimiento de los beneficios requirió de una expansión gigantesca del crédito (de la deuda) para conseguir que el consumo siguiese aumentando. Esto permitió también crear la ilusión de que todo iba cada vez menor gracias al encadenamiento de burbujas especulativas. Pero, en realidad, esta especulación financiera no creó capital.

A pesar de todo, la productividad continuó descendiendo. En parte, porque la actividad empresarial se desvió a la compra de activos financieros y el pago de dividendos, en lugar de en maquinaria, pues esto era cada vez menos rentable. Pero también porque, desde 2005, se ha alcanzado el pico del petróleo convencional y esto ha conllevado un dificultad creciente de conseguir materia y energía abundante y barata.


¿Es posible una reactivación de la creación de valor?

La crisis del 2007/2008, que abre la Gran Recesión y que tiene como trasfondo central la creciente incapacidad de reproducir el capital, se ha encarado con cuatro estrategias fundamentales que están chocando con límites insoslayables.

El intento neoliberal de extender el capitalismo a más ámbitos de la vida y a más territorios está llegando a su máximo, pues no quedan espacios suficientemente significativos que meter dentro de la lógica del capital. El “capitalismo de los pobres” [4] o tratados como el TPP, el TTIP, el CETA o el TISA se pueden leer como un desesperado intento de introducir dentro de la rueda de reproducción del capital los últimos reductos que quedan fuera. Aún si llegasen a tener éxito, no significarían un alivio real, pues el volumen del problema excede con mucho a las posibilidades de negocio que estas vías podrían abrir [5]. Además, para que exista un mercado globalizado hace falta petróleo abundante, barato y ligero, tres características que, está dejando de tener el crudo [6]. Un mercado global es central para permitir una mayor reproducción del capital, pues permite tener una economía de escala, y aumentar la especialización, la explotación laboral, el consumo y la capacidad de financiación.

Una medida característica de la Gran Recesión está siendo la creación ingente de dinero (deuda) mediante políticas como la quantitative easing. Lo que se persigue es sostener los niveles de consumo de las clases altas y de los grandes capitales. Pero esta medida está llegando a su límite. Primero porque, después de la creación de una cantidad nunca vista de dinero (deuda), no solo no se ha conseguido la reactivación, sino que las medidas están terminándose, pues no está nada claro que tenga sentido bajar los tipos de interés por debajo de 0%, que es básicamente donde están. Segundo, porque la deuda ha adquirido un volumen tan grande que es imposible que puedan generarse nichos de negocio suficientes para restituir una parte significativa [7]. De manera profunda, esto no es posible porque estamos en un “mundo saturado”, donde la biosfera ha sido ya ampliamente colonizada. Por lo tanto, lo que hay por delante es el sonoro estallido de nuevas burbujas.

Una tercera estrategia está siendo el aumento de los grados de explotación de las personas mediante una rebaja mayor en las condiciones laborales. Esto está produciendo la laminación de la clase consumista. Es decir, se aumentaría la productividad a costa de reducir el consumo, lo que impide recuperar la tasa de beneficios.

El cuarto grupo de medidas consiste en recrudecer la explotación de la naturaleza. Sin embargo, esto es cada vez más complicado pues, por ejemplo, los petróleos que quedan son los que están en el Ártico, embebidos en rocas duras, en aguas ultraprofundas y/o de peor calidad. El capitalismo ya se ha apropiado de gran parte del trabajo realizado por la naturaleza.

Finalmente, una vía que no está explorando el capitalismo global más que parcialmente en China e India es la creación de un nuevo “Estado del Bienestar” que sostenga a otra clase consumista. Y no lo está haciendo porque esto es imposible. La construcción del “Estado del Bienestar” se produjo en un contexto de fuertes luchas sociales y, sobre todo, de un incremento fuerte de la productividad gracias a la explotación masiva de petróleo (pero no solo). Así, pudo haber altas tasas de benéfico y que parte de él recayera en las clases medias de los Estados centrales. Esto ahora es imposible

Por si todo esto fuera poco, los mecanismos de reproducción de la vida están seriamente comprometidos. Estamos viviendo una crisis de los cuidados como consecuencia de la incorporación masiva de las mujeres al mundo asalariado en sociedades patriarcales (entre otros factores). También se está produciendo una pérdida de funciones ecosistémicas básicas.


¿Cuáles son los posibles escenarios futuros?

Por lo tanto, si el capitalismo se caracteriza por la reproducción del capital y esta puede detenerse en un futuro cercano, los sistemas socioeconómicos que tengamos por delante podrían ser otros. En ellos, no habrá casi creación de riqueza y la base de la acumulación será el despojo. En todo caso, también serían factibles (aunque difíciles) nuevos capitalismos regionales.

En este escenario poscatpitalista, las estrategias de sostenimiento social de tipo “goteo” no son posibles. Estas abogan por un crecimiento y concentración de la riqueza y que, por efecto goteo, esto acabe redundando en toda la sociedad. Tampoco lo son las que buscan aumentar el tamaño de la tarta y remodelar algo el reparto de los trozos para conseguir una mejora social.

Solo hay dos opciones factibles en un contexto de fuerte reducción de la tarta. Una es que unas pocas personas consigan la fuerza suficiente para arrebatar a grandes masas los bienes de supervivencia básicos. Sería una opción que requiere un genocidio. La segunda es conseguir una redistribución real y profunda de la riqueza desposeyendo de ella a las clases altas.

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Notas

[1] No existe nada parecido a la economía desmaterializada. Todos los datos empíricos muestran como el crecimiento económico requiere un incremento del consumo material y energético.

[2] El trabajo humano no pagado de sostenimiento de la vida puede rondar el 70-80% del PIB mundial. El de la biosfera podría ascender al 70-250% del PIB mundial.

[3] Como la estratosfera, las aguas ultraprofundas, los genes o la nanotecnología.

[4] En este paquete entrarían, por ejemplo, los microcréditos.

[5] Entre otras cosas, porque muchas (como los servicios públicos) ya están en gran parte dentro de la lógica del mercado capitalista.

[6] El transporte depende en un 95% del petróleo y es una fuente prácticamente imposible de sustituir en este sector.

[7] Desde 2007, la acumulación de deuda en el mundo ha crecido al 5,3% (mucho más que el PIB). Para recuperar una tasa de crecimiento del 3%, en 2010, 1,6 billones de dólares debían encontrar nichos de mercado. En cambio, en 1950 esta cifra era de 150.000 millones y en 1973 de 420.000 millones.

domingo, 10 de julio de 2016

Marxismo y ciencia (y VII)

Como final del artículo de Monserrat Romero Alarcón, siguen a la sexta parte las conclusiones.

Si bien Marx es hoy un clásico, no hay que dejar de lado que en su tiempo fue un polemista, que aprendía de los científicos y economistas de entonces a la vez que diseccionaba sus ideas con una crítica implacable. El marxismo de hoy (un hoy que empieza a ser un ayer. pero que no lo era cuando escribía Manuel Sacristán) es ahora (o era) en su mayor parte una burbuja aislada de unas ciencias sociales y de una economía que, pese a su hegemonía, no dejan tampoco de ser burbujas. Ahora que empiezan a saltarles las costuras por sus cuatro costados, cuando esas burbujas estallan, deben liberar su contenido y necesariamente volver a considera a un autor que jamás separó sus investigaciones de un fin explícito: hallar salida a las contradicciones del capitalismo, que lo conducen a su final, para liberar a los humanos de las servidumbres de la alienación y la explotación.

S trata ahora de enfrentar al marxismo, no con las ideas y saberes del siglo XIX, contra las que se pueden ganar batallas del siglo XIX, sino con los problemas que plantea nuestro tiempo.

El marxismo es ahora más que nunca, en este tiempo de saberes fragmentados, la búsqueda de un pensamiento totalizador. Que además es inseparable de sus fines liberadores, y no una simple constatación de realidades amargas.




Una clarificación epistemológica desarrollada por Manuel Sacristán

Monserrat Romero Alarcón

Desde el punto de vista político-moral, la ciencia es ambigua, por así decirlo, si no queremos usar la palabra “neutral”, lamentablemente satanizada en los ambientes de izquierda (en los cuales se recuerdapoco quien fue el autor que propuso llamar“canalla” al que practica la ciencia con un interés que no sea puramente el científico,a saber, Karl Marx; y no algún positivista).
Sacristán, 1983c

Conclusiones

La clarificación de algunos tópicos que aborda el marxismo como los conceptos de ciencia, dialéctica, método, metódica, economía, crematística, etcétera. permite no caer en confusiones triviales al momento de leer a Marx. Las obras de este gran científico social para cualquier economista o filosófo lo convierten en un clásico, dejando fuera todos los adjetivos que cada uno de éstos le quiera, libremente, añadir. No obstante, ha de reconocerse que la situación por la que atraviesa el estudio del marxismo en algunas partes del mundo es una señal de que esta corriente de pensamiento ya no está “de moda” y que, por tanto, Marx ha perdido relevancia e interés en muchas partes de la comunidad de las ciencias sociales. [25]

Al respecto Sacristán, el alma de la revista mientras tanto, afirma que “en el mejor sentido de la palabra resulta oportuno ocuparse de Marx, ahora que ya este autor va siendo abandonado por la solicitud fantasiosa de que fue objeto durante los dos últimos decenios. En este último período de moda marxista, centrado en torno a 1968, dominaron el horizonte unos espejismos particularmente engañosos (…). Eso contribuye a explicar el que, desde hace aproximadamente dos años, la discusión sobre la calidad científica del trabajo de Marx, o su falta de calidad científica, se sitúe bastante en el centro del cuadro de la crisis que están atravesando los movimientos políticos explícitamente marxistas y varias corrientes de pensamiento de esa misma tradición” (Sacristán, 1978).

Al abandono de las ideas de Marx se le agrega la deficiencia por parte de algunos marxistas en cuanto a tratar de catalogar el pensamiento del científico social en algún género literario. Por su parte, el espistemólogo español aborda este problema de la siguiente forma: “la relación del «género literario» praxeológico y el de la teoría pura (en sentido fuerte o formal) no es de antagonismo, sino de supraordinación: para la clarificación y la fundamentación de una práctica racional; la teoría es el instrumento más valioso, aparte de su valor no instrumental, de conocimiento. Marx lo ha sabido muy bien (…) y eso hace de él, precisamente, una figura única en la galería de los grandes revolucionarios de la historia” (Sacristán, 1968b).

Es importante precisar que el olvido de las ideas de Marx obedece, en cierta forma, a la inexistente incorporación de nuevas herramientas explicativas a su método dialéctico. La relevancia del pensamiento totalizador marxista en su época se debió a que Marx incorporaba críticamente el pensamiento de los economistas de su época y los avances científicos que en ese momento se le presentaban. Sin embargo, hoy en día no existe ese constante debate entre los seguidores de las ideas de Karl Marx y los economistas del siglo XXI. Si esta situación permanece, entonces la tradición marxista sólo seguirá ganado batallas del siglo XIX, lo cual se contrapone con el objetivo último de Marx: entender y encontrar las debilidades del capitalismo para poder crear una sociedad donde no exista la lucha de clases. Otro de los problemas es el panideologismo y el neopositivismo que existen en la enseñanza de una de las ciencias sociales que nos interesa, a saber, la economía.

Los múltiples trabajos de nuestro autor, Manuel Sacristán Luzón, son de gran utilidad para entender la situación por la que atraviesa el marxismo y sus posibles puntos de debilidad. Es decir, Sacristán, con su formación epistemológica logró tener una visión acerca del marxismo que iba más allá de establecer una posición política; más bien expuso todas las argumentaciones de Marx, Engels y otros autores que a través de sus obras se posicionaron en aquel entonces como los principales autores que creaban una tradición de pensamiento totalizador. Finalmente, cabe destacar para todos los seguidores de Marx lo que Sacristán afirma: “Marx era comunista, no fiel de ninguna escolástica” (Sacristán 1973)

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NOTA

[25] Al respecto Sacristán dice que “las páginas de Marx que pueden sobrevivir como clásicas ofrecen textos de varias clases: científicos sistemáticos, históricos, de análisis sociológico y político, de programa. Por otra parte, ninguno de esos textos −tal vez con la excepción del Manifiesto Comunista y de algunos trozos de El Capital− es tan bueno literariamente como para perdurar por su sola perfección” (Sacristán, 1983b).

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Bibliografía

(Sacristán, 1978). “El trabajo científico de Marx y su noción de ciencia”, en MSL, 1983a.

(Sacristán, 2004). Escritos sobre El capital (y textos afines), editan Fundación de Investigaciones Marxistas / El Viejo Topo, Barcelona.

— (1968b), “¿A qué «género literario» pertenece El Capital de Marx?”, en MSL, 2004.

— (1973), “Karl Marx”, en MSL, 1983a.

— (1983a), Sobre Marx y marxismo. Planfetos y materiales I, Icaria Editorial, Barcelona.

El dibujo en la ingeniería (II-d)

Lo que sigue es otra entrega del manual de Expresión Gráfica que difundo desde aquí. Continúa lo visto antes sobre coordenadas gaussianas.

Imaginábamos unos manojos de "fibras" continuas, infinitamente delgadas e infinitamente apretadas, líneas, por las que circulaban unos móviles sin dimensión, que formaban varios haces entrecruzados. En sus nudos podíamos encontrar los puntos de un espacio cuya dimensión era el número de esos haces (dos para una superficie, tres para un espacio tridimensional gaussiano).

Hay que imaginar el espacio gaussiano como un espacio "ondulado". Si la referencia de la rectitud es la trayectoria de un rayo de luz, en él no sería recta. A una cierta escala sideral sabemos que es así, pero en nuestra vida cotidiana el espacio es relativamente más uniforme (aunque hay fenómenos en que la luz no sigue una línea recta, como la refracción y los espejismos).

Sigamos la trayectoria de uno de esos canales gaussianos viajando en un vehículo  "puntual" (no me refiero a un autobús, desde luego).

Mientras mi vehículo está parado su velocidad es nula y no se puede hablar de trayectoria. Si se mueve, habrá un desplazamiento en función del tiempo que vaya transcurriendo, a una cierta velocidad, que puede ser constante (aceleración nula) o variable (aceleración no nula). La aceleración, si la hay, puede ser longitudinal, que hace variar la velocidad en la dirección de avance, o transversal, que desvía lateralmente la ruta a seguir.

Tanto el desplazamiento como la velocidad siguen la dirección del movimiento, pero la aceleración puede ser una combinación de longitudinal (freno y acelerador, para entendernos) y transversal (volante).

Hay para el desplazamiento, dos posibilidades: que sea nulo y que no. Para la velocidad, que sea nula, constante o variable. También la aceleración puede ser nula, constante o variable. Entre las posibilidades hay tres casos notables:
  • movimiento rectilíneo y uniforme: velocidad constante, aceleración nula
  • movimiento rectilíneo uniformemente acelerado: velocidad variable, aceleración longitudinal constante, aceleración transversal nula
  • movimiento circular uniforme: velocidad constante, aceleración longitudinal nula, aceleración transversal constante
El factor esencial que rige los movimientos es la aceleración. En estos tres movimientos simples la aceleración es, o bien nula en sus dos componentes, o bien nula en una y constante en la otra. 

Los movimientos reales son más complejos, con variaciones tanto de dirección como de velocidad y aceleración. Sin que estas variables permanezcan fijas, todos ellos son continuos (ni siquiera los catastróficos dejan de ofrecer una mínima continuidad). 

Esto quiere decir que en un tiempo nulo el desplazamiento debe ser nulo, y también el cambio de dirección. Si ese cambio de dirección sigue siendo nulo en un tiempo mayor, el movimiento será rectilíneo. Ese cambio de dirección nulo, la trayectoria rectilínea, implica que no haya aceleración "centrípeta", transversal a la dirección del movimiento. La relación entre esa aceleración y el giro del móvil es clara. Basta ver que a mayor desviación del volante de un coche corresponde menor radio de giro, esto es, mayor curvatura de su trayectoria. Si el cambio de dirección es brusco, la aceleración centrípeta es enorme. Recordemos el accidente de Angrois...



Si faltan ambas aceleraciones el movimiento es rectilíneo y uniforme, con velocidad constante.

Si no hay aceleración lineal, pero sí transversal, la velocidad es constante. Si también es constante esa aceleración también lo es el cambio de dirección. Trayectoria circular, como ya hemos visto, con aceleración dirigida hacia el centro, por eso se llama aceleración centrípeta.

En lugar de abarcar un espacio amplio, vayamos reduciéndonos y abarcando cada vez menos extensión, siendo cada vez más pequeños, cada vez más insignificantes, mientras nuestro espacio crece y crece alrededor....

Al restringirnos, dentro de ese espacio gaussiano, al entorno de un punto, cuanto más pequeño sea el ámbito más se parecerán las trayectorias a líneas rectas, porque menores serán los tiempos y los recorridos, y con ellos los cambios de velocidad y de ambas aceleraciones, lineal y centrípeta. Tenderemos a seguir localmente un movimiento uniforme, rectilíneo o circular, aunque ambos casos tienden a confundirse en lo instantáneo.

En el movimiento circular uniforme, con tiempos decrecientes, tendentes a cero, la curvatura, magnitud inversa del radio de la trayectoria, permanece constante. Como a mayor radio hay menor curvatura, cuando el arco recorrido disminuye su longitud tiende a parecerse a un segmento de recta. Esto es importante para la creación de modelos poligonales o circulares de cualquier movimiento, ambos tanto más ajustados al movimiento real (o a la línea real) cuanto más pequeños sean los intervalos de tiempo (y de recorrido) considerados.

Si en un entorno muy reducido las "fibras" del espacio gaussiano tienden a ser rectas es que se parece localmente a un espacio de líneas totalmente rectas, el espacio euclídeo:


Aquí dejo esos movimientos básicos (con aceleración total nula y con aceleración sólo transversal y constante) con los que puede aproximarse cualquier trayectoria utilizando una sucesión de segmentos de recta o de arcos de circunferencia, en un modelo poligonal o circular de movimeinto  El ajuste es tanto mejor cuanto menores son esos segmentos o arcos, y ambos modelos coinciden en el límite en que los recorridos tienden a cero:


Considerando porciones de espacio cada vez más reducidas, todo ámbito gaussiano tiende a la uniformidad. Entonces, las trayectorias serían cada vez más rectilíneas y uniformes. Un espacio que cumpla estas condiciones es un espacio euclídeo. En tal espacio, las líneas de referencia son rectas y las superficie son planos:


Así es la malla euclídea, y las ecuaciones del movimiento en función del parámetro vectorial t, de tantas componentes como imponga la dimensión del espacio, serán ecuaciones lineales (de primer grado):


La comparación que sigue entre un espacio de Gauss y uno de Euclides estriba precisamente en la linealidad de las ecuaciones del segundo:



Nuestro vehículo ideal, tan pequeño como un punto, no está afectado por una posibilidad a la que está sometido un móvil real: que la carretera tenga alabeos (¡menos mal si son peraltes bien calculados!) y se incline lateralmente a un lado u otro, e incluso tanto que nos haga volcar, girando el vehículo sobre su eje longitudinal. Además de la desviación hacia los lados de la trayectoria tenemos que contar con su torsión. El recorrido en ese caso se parecerá al de un tornillo que se enrosca: la dirección del vector "aceleración transversal" puede girar en un plano perpendicular a la trayectoria.

Dejemos eso por ahora, pero conviene no olvidarlo, dado que las líneas gaussianas no tienen por qué ser planas en un espacio de tres dimensiones.

Por otra parte, si viviéramos en un espacio gaussiano, ¿cómo podríamos saberlo? Estaríamos tan deformados como él, y sus líneas deformes serían para nosotros tan rectas como las rectas de un espacio euclídeo ideal.

Estaremos pues más tranquilos y seguros, y nos complicaremos menos la vida, si creemos vivir en un espacio euclídeo. Es una aplicación del principio antrópico. El universo es así (para nosotros), porque así lo vemos, y sus leyes son las mismas en cualquier punto. No sabemos nada, salvo conjeturas, sobre aquellos puntos singulares o regiones en que el espacio deje de ser homogéneo, gaussiano o euclídeo, que tanto nos da:
 

Otra gran ventaja del espacio euclídeo. El origen de coordenadas, ese punto de referencia para situarnos, puede trasladarse sin problemas de coherencia, nada más que situándolo en otro punto cualquiera, cambiando los términos independientes de las ecuaciones.


En este modelo móvil del espacio hemos llegado a un concepto, el de homogeneidad, en que suponemos tres direcciones con móviles que se cruzan coincidiendo en un momento dado en el punto de nuestro interés. Su movimiento es rectilíneo y uniforme, pero nos queda una duda: ¿es igual la velocidad en cada una de las rutas? Porque cuando no sea así, el tal espacio será homogéneo, pero no podemos llamarlo isótropo, porque sus propiedades no son las mismas en todas direcciones.

Aparece ahora otro concepto a mayores, el de isotropía, y a él ligado el de ortogonalidad:


Como para muestra basta un botón, un ejemplo gráfico. El espacio no ortogonalizado es, como se ve, un espacio "estirado" o "achatado":


Aunque, de habitar en él, nosotros también estaremos achatados o estirados, y no habrá manera de saberlo. Pero ¿por qué no imaginarnos en ese espacio homogéneo e isótropo de la experiencia diaria?

Nos complicaremos menos la vida.