Con frecuencia, para un lector perezoso, resulta abstracta y difícil de interpretar la descripción marxiana del modo de producción capitalista. La precisión conceptual obliga a memorizar conceptos como:
Composición en valor del capital, composición orgánica del capital, capital constante y variable, gastos de inversión y de producción, medios de producción, fuerza de trabajo, productividad, ganancia, plusvalía (absoluta, relativa, extraordinaria...), tasa de ganancia, tasa de plusvalía, etc. etc. etc.
Esto echa para atrás a muchos, que cortan en seguida el hilo conductor sustituyendo el análisis reposado por juicios rápidos. Unos, por el escepticismo, otros, por la fe del carbonero. Aunque en su mayor parte el gran libro de Marx resulta apasionante, en muchos pasajes no basta la lectura, sino que hay que pasar al estudio.
Por eso nunca están de más resúmenes que intenten explicar estas cosas en pocas palabras, aunque luego resulte que no son tan pocas...
Esta consideración me lleva a dividir este largo artículo encontrado en Marx desde Cero en varias entregas. Creo que así se facilita su lectura (y su digestión). Pero no hay que asustarse, porque el punto de partida es muy sencillo.
En cualquier proceso productivo hay que emplear unos medios de producción (capital fijo, el que permanece durante el proceso y después de cada fase del mismo, y circulante, lo que se consume en él) y unos salarios que compran la fuerza de trabajo. El valor añadido a la inversión efectuada luego de descontar esos costes será lo que se ha ganado.
Pero esa ganancia no es lo más importante, sino la tasa de ganancia, cociente entre lo ganado y la inversión total que se ha hecho. De poco sirve ganar mucho si para ello hay que gastar muchísimo. El capitalista que invierte intentará maximizar esa tasa, e invertirá siempre en aquello que le pueda dar más con menos gastos, intentando ganar en productividad y abandonndo los procesos menos rentables.
De esta dinámica, siempre en busca y captura de ganancia (y sobre todo de optimización de la tasa de ganancia) derivan todos los movimientos del capital. Algunos factores están claros: pagar sueldos altos reduce la ganancia, a no ser que haga aumentar la productividad en mayor medida que el aumento del salario. Aumentar la productividad de nada sirve si no se realiza la venta de las mercancías, pero reducir los salarios reduce la capacidad de compra de las mismas.
Las contradicciones son muchas. La tasa de ganancia tiende a disminuir, a pesar de los movimientos con que el capital se opone a ello, y el propio montaje del sistema entero conduce a una sobreexplotacion de recursos limitados, muchos al borde ya del agotamiento.
Conviene enterarse de estas cosas, porque nos va mucho en ellas.
AGOTAMIENTO DE LAS POSIBILIDADES DEL REFORMISMO EN EL CAPITALISMO TARDÍO
Andrés Piqueras
De las contradicciones: tendencias, contratendencias y huidas
El capital
es capaz, y así lo ha mostrado históricamente, de aumentar los niveles
de vida de unas u otras poblaciones mediante la elevación general de la
productividad y de la riqueza total generada en una sociedad. La única
condición es que obtenga más ganancia que el Trabajo con cada aumento de
la producción (en realidad, de la productividad): esta es la plusvalía
relativa, e implica una participación cada vez menor de los salarios en
el total del ingreso en cada formación social.
Sin embargo,
para el capital hay un problema vital en toda esta relación, del que
nunca puede escapar y que marca su carácter intrínsecamente
contradictorio.
Por una
parte, como se ha dicho, está obligado a producir de forma continua
plusvalía relativa. Por otra, debe convertirla en ganancia. Sin embargo
ésta depende de dos factores:
1/ de la plusvalía apropiada a costa de la
fuerza de trabajo comprada, y
2/ de la composición en valor del capital
(CVC), esto es, de los gastos de inversión y de producción [los medios
de producción de los que se dispone y que son gastados], dentro de los
cuales contamos los insumos y materias primas consumidos en dicha
producción (“capital circulante”) más la inversión en tecnología o mecanización que se haya hecho (composición técnica del capital -CTC- o “capital fijo”), y los gastos en salarios (“capital variable”). Este último factor (el de la CVC) resta al primero (el de la plusvalía), de manera que la fórmula, simplificada, sería:
g (ganancia) = p (plusvalía) / CVC
Donde CVC
(composición en valor del capital) es el cociente entre capital
constante [= capital circulante (materias fungibles en el proceso
productivo) + capital fijo (tecnología e instalaciones)] y capital
variable (salarios de la fuerza de trabajo).
A esto hay
que añadir que cuanto más aumenta la composición técnica del capital
(cuanto más se invierte en maquinaria y tecnología) más productividad se
puede conseguir, pero menos plusvalía proporcional (ya que ésta sólo se
extrae de los seres humanos). Por tanto, con la sustitución de seres
humanos por máquinas, o lo que es lo mismo, al aumentar la proporción de
“capital fijo” (máquinas) sobre el “capital variable”
(asalariados), y en igualdad de condiciones de explotación, va
disminuyendo la tasa de ganancia capitalista. Tampoco la plusvalía
aumenta proporcionalmente a la explotación de la fuerza de trabajo, sino
de forma decreciente. Lo explicamos a través del ejemplo (cuadro A):

La
composición orgánica del capital ha seguido aumentando a pesar del
creciente recurso a la explotación intensiva y también extensiva de
fuerza de trabajo. El incremento de la proporción de maquinaria en
relación a la mano de obra ha tenido lugar en todos los sectores
vinculados a la actividad de las empresas transnacionales. Especialmente
responsable de ello ha sido la informatización de los procesos
productivos.
Las
tecnologías intensivas en capital hacen que la utilización de fuerza de
trabajo por unidad de capital invertido sea significativamente menor,
provocando una tendencia hacia la eliminación de empleos y lo que es
realmente grave para el funcionamiento capitalista, una sobreacumulación
de capital invertido por unidad de valor que se es capaz de generar. La
sobreproducción de capital es una sobreproducción de mercancías como
medios de producción cuando el valor producido por el capital invertido
no incrementa lo suficiente o incluso llega a ser menor que el producido
antes de la inversión. La consecuente desinversión contrae también la
compraventa entre empresas capitalistas (los pedidos que unas se hacen a
otras), rompe la cadena de cobros y pagos que se resuelve normalmente
en la quiebra y cierre de empresas, incremento de la desocupación y
depreciación del capital en funciones, incluido el capital variable,
esto es, los salarios. Todo ello arroja una creciente cantidad de “capitales excedentes”
que en buena parte o bien buscan su valorización en otros territorios, o
bien adquieren la forma de activos financieros en búsqueda de mayor
rentabilidad.
En la
primera opción la competencia por atraer aquellos capitales excedentes
se transforma en competitividad de los más exitosos, que no es otra cosa
que su eficacia en explotar en mayor grado a su fuerza de trabajo. De
manera que si en una formación social se incrementa la tasa de
explotación, se prevé que en principio aumente también su capacidad para
atraer flujos internacionales de capitales productivos (y financieros).
Tal suposición comienza a tener menos probabilidades de realizarse, sin
embargo, cuando todas las formaciones sociales “compiten” por lo mismo en los mismos términos.
Además, la
inversión externa directa de capitales tiende a trasladar parecidos
problemas de sobreacumulación a zonas periféricas que hasta entonces se
hallaban fuera de esa contradicción. Más adelante veremos a qué conduce
la segunda opción, la financiera.
Digamos, por
ahora, que la automatización o, en general, la tendencia al desarrollo
de las fuerzas productivas, que es inherente a la acumulación
capitalista (y que conlleva la permanente mudanza de las condiciones de
vida en cualquier formación social), presenta dos grandes procesos
contradictorios.
1. Por una
parte y en general, la automatización tiende a reducir el trabajo en la
producción directa y a reestructurar las cualificaciones de la fuerza de
trabajo. Proceso que lleva implícita la desvalorización de la fuerza de
trabajo, sustituyendo el saber obrero por la máquina. Pero al reducir
significativamente el trabajo manual, la automatización redefine las
demandas sociales del trabajo en dirección al trabajo intelectual,
vinculando la productividad al aumento del valor de la fuerza de
trabajo, que pasa a depender del aumento del tiempo de formación del
trabajador y del avance del saber social en su conjunto 1 .
Esta contradicción tiende a ser resuelta por el Capital, en cuanto que
sujeto de clase, a través de la sobre-explotación de la fuerza de
trabajo, mediante el desempleo estructural, para reducir los precios de
la fuerza de trabajo por debajo de su valor (de esta manera, el valor de
la fuerza de trabajo, lo que es capaz de producir a cambio del coste de
lo que consume, quedará muy por encima de su precio, esto es, el
salario que recibe a cambio de lo que produce). Dentro de ese proceso el
esfuerzo presente está encaminado a disminuir el precio de la fuerza de
trabajo intelectual, a través de la reestructuración educativa que se
lleva a cabo en todo el planeta y que en el espacio europeo cobra cuerpo
en el denominado “proceso de Bolonia”.
2. La otra
contradicción de la automatización es que al reducir la masa de valor
representada por la fuerza de trabajo, restringe cada vez más los
impactos de los aumentos de la productividad en la elevación de la tasa
de plusvalía, y limita también la conversión de plusvalía extraordinaria
en ganancia extraordinaria, que es el objetivo básico de la inversión
capitalista. Además, la eliminación de fuerza de trabajo de los procesos
productivos (desempleo masivo estructural), generada de manera decisiva
por la automatización y respaldada por el desplazamiento espacial del
capital, se une a estos factores en la significación del aumento de la
composición orgánica del capital y la correspondiente caída relativa de
la tasa de ganancia.
Sin embargo, el Capital ha sido capaz hasta ahora de contrarrestar estas tendencias mediante todo un entramado de medidas
- Aumentando significativamente la tasa de explotación de la fuerza de trabajo, (difusión generalizada de la sobreexplotación).
- Abaratando el coste de las materias primas (mediante la incorporación
de alta composición de capital para su obtención, fabricación sintética,
apropiación directa de las mismas ya sea mediante implantación de las
transnacionales o a través de invasiones militares…).
- Efectuando una desvalorización, si bien insuficiente, de capitales
obsoletos a través de bancarrotas, anexiones y fusiones (a pesar del
salvataje estatal de grandes empresas no competitivas, o la inyección de
dinero público para reflotarlas).
- Abaratado el empleo de capital constante:
a) aumentando el volumen de
producción (p.e. a través de la prolongación del tiempo de trabajo, con
turnos ininterrumpidos, horas extras…);
b) utilizando más racionalmente
materias primas y energía, o ahorrando en medidas de protección laboral
(seguridad social, condiciones de seguridad laboral…)
- Reduciendo en sus sectores más avanzados el tiempo de rotación del
capital y de su renovación, acortando eficazmente el tiempo entre la
producción y la venta.
- Buscando nuevas localizaciones para la valorización de los capitales
excedentes (movimiento tendencial hasta ahora de los centros a las
periferias).
- A todo ello se ha sumado el intento de “inmaterialización” de la economía 2 .
Paradójicamente,
los intentos de sobreponerse a sus crisis de valoración, consiguiendo
aumentar la plusvalía o generación de ganancia potencial, conducen al
movimiento del capital a crecientes dificultades para convertir aquélla
en ganancia real, mediante la venta de lo producido. Lo que hace
enfrentarse al sistema con crisis de realización.
Veamos, el
modelo neoliberal desatado con la transnacionalización del capital y
basado en la depresión de la demanda o deterioro del poder adquisitivo
de las poblaciones (reducción de los salarios reales –y a menudo
nominales-, enorme aumento de la precariedad laboral, expansión del
desempleo, fuerte incremento de la concentración de capital con su
correlato de exacerbación de la pobreza o pérdida de la capacidad de
reproducción de una creciente proporción de la fuerza de trabajo
mundial), no puede conducir sino a serios problemas de realización de la
plusvalía en ganancia. Es decir, una sobreproducción de mercancías que
no pueden ser vendidas.
De hecho, la
competencia universal por reducir los costos salariales no ha llevado
sino a la profundización de la brecha entre el incremento de la
producción y la capacidad de consumo en la mayor parte de formaciones
sociales. Con ello no sólo se evidencia como falsa la salida a través de
la competitividad en la exportación de mercancías, sino que se acentúan
los motivos de desinversión capitalistas, generando una masa mayor de
capitales excedentes.
En la
búsqueda de valorización los consiguientes desplazamientos de capital
van a incrementar notablemente la competencia intercapitalista. La
disolución de las fronteras económicas arrojará a la mutua competencia a
capitales antes confinados en los límites estatales, o bien hasta
entonces ocupados en un solo sector. Este ha podido ser el más
importante contrapeso durante la globalización ascendente al carácter
agencial coordinado transnacionalmente de la propia clase capitalista.
Sin embargo,
pese a tales obstáculos estructurales esa propia clase capitalista
transnacional ha logrado dar importantes pasos en su articulación como
sujeto en su acción de clase 3 ,
consiguiendo también en el plano de la realización imponer medidas
contratendenciales de relativa eficacia, en cuanto que respuestas
insertas en la reordenación de la producción y el consumo. Los
principales dispositivos han sido:
- Recurso a mecanismos impulsores al máximo de la utilización decreciente
de las mercancías como bienes de consumo. Obsolescencia física
programada y acortamiento artificial de la vida media de productos
básicos (a través, por ejemplo, de las “fechas de vencimiento” arbitrarias
de ciertos productos, como los alimenticios). A lo que se unía la
obsolescencia psicológica de otros, a través de la publicidad y las
modas y la constante generación de necesidades derivadas de ellas.
- Acrecentamiento del porcentaje de subutilización crónica y el
acortamiento artificial del ciclo de amortización de las maquinarias e
instalaciones. Se estimula la fiebre de la “innovación” y consiguiente “renovación tecnológica”, atendiendo a los requerimientos de la competencia en el mercado, por encima de las necesidades reales de la población.
- Aumento del endeudamiento a corto y largo término como sustitutivo del
deterioro de los ingresos. Lo cual además refuerza el disciplinamiento
de la fuerza de trabajo (un trabajador endeudado es un trabajador
debilitado en su capacidad antagónica, más fácilmente dominable o más
tendente al autodisciplinamiento).
- Canalización del ahorro popular hacia las inversiones en bonos o
acciones, activos cuyos precios terminan influyendo decisivamente sobre
el consumo.
- Orientación de una mayor parte de la producción hacia el consumo
sofisticado, o lo que es lo mismo, potenciación del consumo de las capas
con medio-alto y alto poder adquisitivo de las sociedades centrales,
así como de las tradicionales burguesías compradoras de las sociedades
periféricas. Medidas que se complementan con la generación de nuevos
sectores consumistas de las periferias “emergentes”.
- Expansión del complejo industrial-militar para sustraer cada vez más
producción del mercado (el Estado es en este punto un comprador seguro),
lo que además de ser una fuente de continua inflación termina
realizando la identificación del consumo (de la mercancía producida) con
la destrucción.
Aquí nos
encontramos con la contradicción resultante devenida del intento de
resolución de las dos anteriores, que resultará clave en el capitalismo
actual o tardocapitalismo. Los denodados y hasta cierto punto exitosos
intentos por contrarrestar las tendencias que en la valorización y en la
realización del capital tienden a bajar su tasa de ganancia, van
agotando la capacidad del capital de desarrollar fuerzas productivas o
hacerlo sólo a costa de la un creciente incremento de las fuerzas
destructivas (con una gran entropía social y ecológica), acentuando los
siguientes procesos concomitantes:
- Uso intensivo de la naturaleza. Creciente depredación de recursos.
- Uso intensivo de capital en procesos de creación destructiva, acortando
la vida de los bienes de consumo y los bienes de equipo.
- Expansión del valor de cambio, cada vez más contradictorio con los valores de uso (es decir, con las necesidades humanas).
- Creciente proporción de seres humanos sobrantes o desechados 4 .
Esto supone
que el capitalismo se muestra crecientemente como un sistema histórico
que agota sus posibilidades en cuanto que fuerza progresista para la
humanidad, medida por la capacidad de desarrollo de las fuerzas
productivas (o si se quiere, de la generación de riqueza material e
inmaterial).
Esa incapacidad parece proporcional al aumento de la importancia que adquiere su componente “ficticio”,
que viene primero de la mano de la sustitución de capital productivo
por capital financiero, y después por la vertiente especulativa y
parasitaria de este último 5 .
Los pasos en que se produce esta nueva fase de financiarización del sistema capitalista aparecen detallados en el Cuadro B 6 .
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Bibliografía citada
Berterretche,
J.L. (2009). “De la gran quema de capital ficticio a la depresión”,
en http://correosemanal.blogspot.com/2009/02/de-la-gran-quema-de-capital-ficticio-la.html.
Bidet, J. y Duménil, G. (2007). Altermarxismo. Otro marxismo para otro mundo. El Viejo Topo. Barcelona.
Carcanholo,
R, y Sabadini, M. (2009). “Capital ficticio y ganancias ficticias. Dos
visiones críticas sobre el futuro del capitalismo”, en Observatorio
Internacional de la Crisis, La gran depresión del siglo XX. Causas,
carácter, perspectivas. DEI. San José.
Chesnais, F.
(dir.) (2004). La finance mondialisée: racines sociales et politiques,
configuration, conséquences. Editions La Découverte. Paris.
Chesnais, F. (2008). “El fin de un ciclo. Alcance y rumbo de la crisis financiera”, en Herramienta, nº 37. Buenos Aires.
Fernández Durán, R. (2003). Capitalismo [financiero] global y guerra permanente. Virus. Barcelona.
Martins,
C.E. (2009). “A teoria da coyuntura e a crise contemporânea”, en Polis,
nº 24. Universidad Bolivariana de Chile. Santiago.
Naredo, J.M. (2006). Raíces económicas el deterioro ecológico y social. Siglo XXI. Madrid.
Piqueras, Andrés (2002). Movimientos sociales y capitalismo. Historia de una mutua influencia. Germania. Alzira.
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NOTAS
1 La ciencia
va más allá del trabajo colectivo para establecer el trabajo universal,
que se acumula infinitamente a través de generaciones, configurando un
stock de conocimiento gratuito que interviene crecientemente en la
producción (ver Martins, 2009). Algunos autores, como Negri, han hablado
de que disminuye la participación del trabajo inmediato en la cadena de
producción general del valor, a favor del obrero social como complejo
de relaciones de cooperación en los procesos de trabajo no
necesariamente vinculados de forma directa a la producción (extensión de
la producción de valor al conjunto de la sociedad). Por lo tanto, el
saber social (o general intellect) se desprendería en alguna medida
también del capital fijo, al que en principio Marx le había vinculado
definiendo aquél como una fuerza productiva Inmediata en desarrollo,
proporcional al incremento de éste.
2 Estos dos
últimos procesos descritos están comenzando a alterar la división
internacional del trabajo. Efectivamente, la meta de rebajar la
composición orgánica del capital (del capital fijo, en este caso) ha
motivado que se introduzca la softwarización como elemento punta de la
industria en las sociedades centrales más poderosas, al tiempo que se da
un desplazamiento productivo a las formaciones periféricas (a las que
se lleva las fases productivas que requieren menor incorporación
tecnológica), con la consiguiente reestructuración de las relaciones
productivas centros-periferias.
3 Quizás una
de las circunstancias que más hay que tener en cuenta a la hora de
referir el carácter contradictorio del Capital como clase es que actúa
cada vez más de manera coordinada a escala planetaria por lo que se
refiere a la extracción de plusvalía (es decir, en cuanto a su acción de
clase frente al Trabajo), mientras que entra en feroz competencia entre
sí por lo que toca a la obtención de ganancia.
Esa
competencia se expresa no sólo entre capitales de un mismo tipo sino que
adquiere una expresión decisiva en la manera en que se reparte la
plusvalía total generada: entre el beneficio, el interés y la renta.
4 Ver sobre estos puntos Berterretche (2009).
5 El capital
a interés promueve la idea de que toda suma de dinero genera una
remuneración, pero también la ilusión contraria, que toda remuneración
regular tiene como origen la existencia de un capital. Esto en sí no
tendría más importancia si no fuera porque a menudo el derecho a tal
remuneración está representado por un título que puede ser
comercializado, vendido a terceros. Se entra así en el terreno del
capital ficticio. Éste puede tener 3 orígenes: a) la transformación del
capital a interés en títulos negociables; b) aumento aparente del valor
del capital a interés a través de acciones y títulos públicos; c)
valorización especulativa de los diferentes activos. Ver sobre esto,
Carcanholo y Sabadini (2009).
6 Puede
seguirse la explicación de muchos de estos puntos en, entre otros,
Fernández Durán (2003), Chesnais (dir.) (2004), Chesnais (2008).