martes, 20 de junio de 2017

Jorge Riechmann y un sabio sabiendo

Entre una desesperanza lúcida que todavía no llega a desesperación y la esperanza voluntariosa de quien quiere "hacer algo" para evitar lo peor se mueve el discurso de Jorge Riechmann.

La versión más escéptica la encontramos aquí, mostrando la futilidad del propósito de la enmienda en unos seres dados permanentemente al olvido de lo pasado:

1918, termina la primera guerra industrial con más de diez millones de muertos. Mucha gente se dice: esto lo cambia todo.
1945, proyecto Manhattan, bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. Mucha gente se dice: esto lo cambia todo.

1972, debate mundial sobre Los límites del crecimiento (el “informe Meadows”). Mucha gente se dice: esto lo cambia todo.


2014, Naomi Klein –estremecida por la dinámica del calentamiento global- nos grita: esto lo cambia todo.
Todo hubiera tenido que cambiar, sí. Hace muchos decenios…

En este otro lugar aunque mantiene la duda sobre la capacidad humana de aprendizaje cuando no apetece aprender, apunta una medida radical de emergencia, que cada vez más gente está percibiendo, si bien (si mal) entre nosotros los humanos sea más sencillo refugiarse en un (¿cómodo? ¿de veras?) "no me amargue usted el día".


No hay otra salida a la crisis ecológico-social que una contracción económica de emergencia
Las compañeras de Opcions me invitan a una colaboración regular con la revista. He dudado bastante antes de aceptar. ¿Por qué? Creo que las reflexiones que puedo aportar contrarían bastante las expectativas que la mayoría de la sociedad alberga sobre el terrible nudo con que hemos atado las cuestiones de producción, consumo, ecología y sustentabilidad. Son verdades (aproximaciones a la verdad) que la sociedad esencialmente no quiere oír. “Usted no se lo cree”, tituló Ferran Puig Vilar su benemérito blog sobre cambio climático. “Usted quizá no quiera leer esta columna”, podría yo acaso titular esta sección.
En una de tantas páginas de publicidad corporativa con que las grandes empresas intentan su greenwashing (lavado de cara verde) lee uno toda esta sarta de imperativos: “Reutiliza y recicla. Cuida el agua. Conecta personas. Apuesta por la innovación. Consume responsablemente. Respeta la biodiversidad. Promueve la eficiencia. Impulsa la investigación. Mueve talento. Usa energía limpia. Fomenta la economía circular. Trabaja en red. Emprende sostenible”, etc. No se trata solo de que el funcionamiento ordinario del capitalismo, sobre todo en la variante de capitalismo clientelista neocaciquil que prevalece en nuestro país, discurra en sentido contrario a toda esta ristra de buenos consejos (y por consiguiente los esfuerzos individuales de muchas personas bienintencionadas choquen contra barreras sistémicas más pronto que tarde). Ocurre además que el paradigma de “desarrollo sostenible” y “capitalismo verde” en el que se sitúan esos imperativos se ha quedado ya muy, muy viejo –en apenas un cuarto de siglo de recorrido.

La extralimitación (overshoot dicen los anglosajones) de nuestras sociedades con respecto a los límites biosféricos ha alcanzado tal magnitud, el sobreconsumo de recursos es tan inmenso, la degradación de la biosfera tan rápida, la velocidad del calentamiento global va aumentando tanto, que hoy no hay otra salida a la crisis ecológico-social que una contracción económica de emergencia. Asunto sobre el cual nuestra sociedad –y usted, probablemente, que me está leyendo– no quiere ni oír hablar.

De esto intentaré hablar en los meses que siguen.

Un amigo y compañero de aventuras, el científico de sistemas Carlos de Castro, concluye la mayoría de sus escritos con esta frase profunda: todo se realimenta. A mí me gustaría conservar ese final, añadiendo: cultivemos la compasión hacia todas las criaturas.
Incluyamos a las criaturas humanas, añado yo, principales culpables (unos muchísimo más que otros), siguiendo la máxima de Concepción Arenal "odia el delito y compadece al delincuente".

Podría pensarse que el buen radicalismo de Riechmann es un maximalismo, pero la urgente llamada de atención tiene que atender también a la real evolución política, y en ese sentido no se puede abandonar el camino porque la meta aún no esté a la vista. Por eso, con ánimo más optimista, recoge un artículo del que entresaco un párrafo:

La verdad que se nos oculta:
Yorgos Mitralias
(...)
Corbyn les es insoportable no porque sea un “bolchevique”, sino simplemente porque no acepta las pretendidas “evidencias” del neoliberalismo. Porque él es la negación viviente -y ganadora (¡!)- del tristemente famoso TINA (There Is No Alternative), su “teoría” de que las políticas de austeridad neoliberales eran inevitables y no había otra alternativa para la humanidad. Y, por supuesto, porque rebate esa idea fija de todos los demás, incluyendo a tres cuartas partes de los diputados de su propio Partido, de que los ciudadanos actuales sienten horror de su Manifiesto “obsoleto”, y que se burlan de sus reclamaciones y utopías “obsoletas” y “poco realistas” en contra de la guerra y del armamento, y en favor de la solidaridad y del internacionalismo de “los de abajo”, por los derechos de los pobres, las minorías y los inmigrantes. El resultado de las elecciones, y la enorme respuesta de los trabajadores y, especialmente, de los jóvenes a la llamada de Corbyn, ha sido como una gran bofetada a esos agoreros y ha demostrado que todo lo que decían no era más que pura propaganda. O, más bien, un intento de lavado de cerebro de las víctimas del capitalismo neoliberal. Es decir, de todos nosotros.
(...)

Ir arrinconando el neoliberalismo es un gran paso para luchar contra este capitalismo (sea verde o de colores) del que aquel es tan solo la última fase. Aunque habrá qe darse prisa...

Y hablando de inmediatez, ahí va esa joya oratoria, de una lucidez digna del mítico primo de Rajoy:



¡Vaya un zabio zabiendo!

La expresión gráfica en la ingeniería (5-a)

La obtención de un poliedro es como la talla de una gema. Sobre la piedra informe creamos una superficie plana, luego otra. Harán falta cuatro para obtener de ella el sólido más simple, un tetraedro. En la joya eso supondría un gran desperdicio, pérdida de peso y de valor, y las caras iniciales raramente se encontrarán en una arista. El proceso, a través de muchos recortes, acabará por crear un poliedro de muchas caras. La habilidad del tallista, la transparencia y la refracción harán de él un objeto bello y valioso.


Continuando la edición de este libro, luego de acabar su cuarto capítulo, vamos a por el quinto, que puede descargarse en PDF. (En tal documento se podrán apreciar finísimas líneas auxiliares, perdidas en estas imágenes).

Siguiendo el ejemplo de la gema, tallaremos el espacio como si fuera una piedra en bruto.


Del espacio en bruto empezamos tallando un poliedro de cuatro caras, Si limamos un vértice, aumentará en tres el número de aristas, en dos el de vértices y en uno el de caras. En el tetraedro se cumplía la fórmula C+V=A+2, (4+4=6+2). Ahora tendremos (4+1)+(4+2)=(6+3)+2, (5+6=9+2), que sigue cumpliendo la Formula de Euler, siendo el "2" final la llamada característica de Euler-Poincaré.


Si ahora limamos una arista creando una cara nueva, el número de vértices aumentará en dos, el de aristas en tres, y el caras, naturalmente, en una. Comprobamos que (5+1)+(6+2)=(9+3)+2, 6+8=12+2. Y si tontamente rebanamos toda una cara no variará el número de caras y aristas ni el de vértices (solo que el zafiro perderá valor).

Cualquier gema poliédrica puede ser obtenida reiterando este procedimiento, y siempre  se mantendrá ese valor característico 2. Característico, precisamente de los poliedros convexos ("sin agujeros").


Si en lugar de eliminar material lo aumentamos, añadiendo caras nuevas a partir de una dada, podemos obtener poliedros no convexos, también "sin agujeros", que conservan la característica 2


Estas yuxtaposiciones de poliedros conservan la característica de cada uno de los que las forman. Al unirlos desaparece una cara en cada uno, y tantas aristas como vértices. La fórmula permanece intacta: (C-2)+(V-n)=(A-n), o lo que es lo mismo        C+V -n = A-n +2.

En las figuras que siguen hay caras en prolongación. En este caso, al yuxtaponerlas desaparecen una cara y una arista más, pero con eso no cambia la fórmula.


Variaciones sobre el mismo tema:


Ahora el poliedro se busca a sí mismo. La fórmula no cambia.


Pero al cerrarse sobre sí mismo y dejar un agujero cambia la característica euleriana, como puede comprobarse. En este caso pasa a ser 1, en otros 0. Y dejamos de lado el caso de más de un agujero.


Centrémonos en los poliedros sin agujeros, convexos o no. Si se prolongan las caras no contiguas de uno convexo, "añadiendo material", se obtiene los estrellados.


¿Podemos cambiar caras por vértices, conservando las aristas?  Si en cada cara elegimos un punto como vértice de otro poliedro, las caras contiguas que se cortan en una arista darán paso en el nuevo a vértices contiguos unidos por una arista. Los vértices en que concurren varias caras y otras tantas aristas del primero se corresponderán en el nuevo con otras tantas caras limitadas por un número igual de vértices y aristas. De este modo, el número de caras y vértices se invierte, permaneciendo igual el de aristas. Esta propiedad se llama dualidad entre ambos poliedros. No depende de los puntos elegidos para cada cara, que ni siquiera necesitan situarse sobre ella. Solo del número y de la correspondencia mutua.


Estas propiedades topológicas (de relación entre elementos) para nada dependen de la medida. Figuras aparentemente muy distintas tienen la misma topología.

En cualquier poliedro podemos "estirar" una cara hasta que todos los demás elementos del mismo puedan proyectarse dentro de ella, y luego sustituirla por el resto de su propio plano. Esto, en los poliedros sin agujero, equivale a abrirle uno a esa cara y abrirla, estirando, estirando, dándole la vuelta, hasta el infinito.


Las propiedades topológicas  no dependen de la dimensión ni de la forma, y por eso las figuras pueden distorsionarse a nuestra conveniencia. Cojamos un poliedro, convexo o estrellado, "inflémoslo" hasta que coincida con una esfera. Elijamos una cara, practiquemos un agujero en ella y abramos por él la esfera, agrandando el agujero hasta que ese punto convertido en circunferencia llegue al infinito. Todos los demás puntos de la superficie así distorsionada conservarán la continuidad, por estirados que queden entre sí.

Entonces habremos convertido la superficie poliédrica en un plano, y las aristas y vértices formarán un grafo plano.

Ahora podemos estudiar cómodamente la dualidad entre poliedros, transformada en una dualidad entre grafos.

Emplearé un símil topográfico.

Imaginad un conjunto de países ("caras") con fronteras entre sí ("aristas"). Varias fronteras pueden coincidir en un punto ("vértice"). Las capitales de los países que comparten frontera están unidas por autopistas.

Las autopistas están protegidas de la invasión de la fauna, como es habitual. Un animal no puede atravesarlas. En cambio puede cruzar las fronteras, que podemos suponer constutuidas por una tierra de nadie de setos y maleza. los humanos, en cambio, podrán cruzar únicamente por los puntos de control fronterizo de las vías.

Habrá entonces "países humanos" con fronteras que serán vías para los animales, y "paises animales", en que las vías serán los setos fronterizos que los unen y las fronteras las autopistas que los separan. Establecerán los animales su centro en los frondosos vértices.

Lo que para unos son fronteras, para otros son vías. Estas aristas (vías y fronteras) existen en igual número para esta estructura dual, mientras a cada vértice de un red le corresponde una cara de la otra, y viceversa.


Ahora aprovecharemos lo que aprendido en la parte final de esta entrega (4.25 y 4.26) para conocer la verdadera forma y magnitud de una cara cualquiera de un poliedro. En la vista 2 hay un plano de canto, que está de frente en 1, y que corta a la cara que queremos medir en una recta, también de frente en 1. Esa recta de frente queda de punta en 3, y con eso queda de canto el plano que la contiene. Finalmente, la cara que hemos puesto de canto en 3 queda de frente en 4, y con ello en verdadera magnitud.


También con este método podemos obtener secciones planas de un poliedro. Bastará poner de canto el plano que la produce para luego ponerlo de frente. El plano está dado por tres puntos, y bastará poner de frente, como ya sabemos, el triángulo que forman.

Para eso lo cortamos por otro plano, de frente en 2 y de canto en 1. La recta de intersección está de frente en 1 y de punta en 3, en donde está de canto el plano cortante, que finalmente quedará de frente en 4.



Con estas armas, estamos en condiciones de continuar el estudio de los poliedros.


lunes, 19 de junio de 2017

La industria del medicamento ¿negocio saludable?

Dentro de la Semana Galega de Filosofía, pronunció esta conferencia el doctor Germán Velásquez, que fue director hasta mayo de 2010 del departamento de la Organización Mundial  de la Salud sobre "Salud pública, innovación y propiedad intelectual", representando a este organismo de la ONU en el "acuerdo sobre los aspectos de los derechos de propiedad relacionados con el comercio" de la OMC, desde 2001 hasta 2010.

Se trata, por lo tanto, de una persona perfectamente informada del tema de que habló, y asombran algunos de los datos que ilustraron su discurso.

¿Podréis creer que el precio de un tratamiento puede ser mil veces mayor que su costo de producción? En este enlace hallaréis la presentación que acompañó el discurso, con muchos datos casi increíbles, de no proceder de persona tan conocedora.

Tras la presentación, en gallego, sigue desde el minuto 5 la conferencia.

 

domingo, 18 de junio de 2017

¿A qué llamamos financiarización?

Cuando la moneda era una cristalización del valor, porque el trabajo de obtenerla podía equipararse al de elaborar lo que se cambiaba por ella, su empleo no conllevaba un riesgo mayor que la confianza en su utilidad, porque siempre sería aceptada por alguien como un medio cómodo de pago. Desde el momento en que se avanzó en su sustitución por el dinero fiduciario, simple promesa de pago en "moneda real", la confianza en el valor cristalizado se convirtió en confianza en la promesa.

Yo no llegué a ver circulando aquellos billetes que llevaban el rótulo "certificado de plata":


Pero sí recuerdo los billetes en que se leía "el Banco de España pagará al portador cien pesetas". Yo, niño, me preguntaba ¿para qué quiero que me pague cien pesetas, si ya las tengo en la mano?


El primer paso hacia la trampa monetaria se dio cuando los bancos comenzaron a utilizar los depósitos de sus clientes para realizar préstamos con interés. Basándose en lo improbable de que todos los depositantes reclamaran a un tiempo su dinero, comenzó el lucro con lo ajeno que ha caracterizado a la banca desde entonces. La sustitución del dinero metálico (todavía se llama así aunque ya no lo es) por promesas de pago hizo el resto.

Para que el dueño del dinero tenga alguna garantía de su depósito en situaciones críticas, se exige un "coeficiente de caja", bastante exiguo por cierto, del que el banco debe disponer en todo momento. Bien se ve que cuando cunde el pánico y se produce un intento masivo de recuperación, la entidad ha de suspender pagos o declararse en quiebra.

En estos casos el Estado garantiza una cantidad limitada al depositante frustrado, con un "fondo de garantía de depósitos" que solo los cubre hasta una cierta cantidad. Pero también los Estados pueden quebrar, aunque si conservan alguna autonomía financiera (no es el caso de la "zona euro") pueden emitir papel sin respaldo.

Estos mecanismos permiten crear dinero de la nada. Lo hacen los gobiernos emitiendo papel, y los bancos cada vez que conceden un préstamo sobre un dinero que no les pertenece. En todos los casos el dinero fiduciario, basado en la confianza de quienes lo emplean, tiene mucho de ficticio.

En el primer día de este blog publiqué este vídeo básico que explica cómo los préstamos crean dinero de la nada, que funciona como un lubricante de la actividad económica. No podría existir la gran producción sin el crédito a las empresas, ni sostenerse sin el crédito, hasta niveles insostenibles (valga la paradoja), la demanda de los particulares. En este proceso, como cada cantidad prestada ha de devolverse con creces, la cantidad de dinero debe aumentar de forma indefinida, por lo menos nominalmente.

Claro que para que el dinero "crezca", debe crecer la economía real, la riqueza total a la que representa. En caso de depresión o de simple estancamiento se devaluará ese dinero hasta su valor "real" (con más dinero nominal compraremos menos bienes).

Mientras el dinero que se crea de la nada aumenta sin cesar, los límites planetarios del crecimiento imponen su inexorable ley. La hipertrofia del dinero financiero se ha distanciado ya tanto de la economía real que solamente sirve para succionar de ella en beneficio de los más ricos. 

Lo que sigue es parte de la exposición de su autor en el marco de la jornada “Financiarización y consumo: el asalto de las finanzas a la vida cotidiana”, organizada por AICEC-ADICAE y realizada el 12 de noviembre de 2016.


Rebelión
“Barcelona se ha convertido en el laboratorio del mercado de alquiler del futuro. El sector inmobiliario está alborotado por la entrada masiva de dinero de los llamados fondos buitres y por la avalancha turística. Todo empezó con la máquina de creación de dinero bancario que inició la Reserva Federal de los EE.UU (la llamada expansión cuantitativa). Ahora, “el bazooka monetario” lo tiene el BCE que dispara compras masivas de deuda bancaria y corporativa. Hay dinero a raudales mientras las autoridades monetarias propulsan artificialmente los precios de los activos para evitar una nueva caída de todo el tinglado financiero internacional. Pero todos sabemos quién sale beneficiado”.
Salva Torres
(...)

El papel del sistema bancario es el secreto mejor guardado de la realidad económica. Los paraísos fiscales, el fraude de las preferentes y la corrupción rampante copan el ruido mediático mientras la colosal expropiación financiera que realiza la banca privada queda sumida en la más absoluta penumbra. Sin embargo, como refiere Michael Hudson: “La realidad es que el derecho monopolístico de crear crédito bancario productor de intereses es una transferencia de la sociedad a una élite privilegiada”. Jordi Llanos describe la ceremonia de la confusión: “No resulta extraño que el poder económico, con la inestimable colaboración de la mayor parte de la profesión académica, se haya empeñado en echar tierra sobre la creación de dinero y el funcionamiento del sistema bancario. Lo impresionante es que se trata de una máquina de generar desigualdad, canalizando rentas hacia el sistema financiero a una escala enormemente superior a la corrupción o el fraude fiscal”. Alejandro Nadal resume la simplicidad del proceso: “En el mundo real los bancos proveen financiación mediante la creación de dinero. Los bancos ofrecen préstamos, pero no necesitan tener en sus bóvedas los fondos necesarios para otorgar crédito. La causalidad se invierte: los préstamos hacen a los depósitos, no a la inversa. Se estima que el 97% del dinero es creado por la banca privada a través de la generación de préstamos”.

Ello explica asimismo la virulencia de las crisis. Los bancos originan enormes cantidades de deuda en la fase álgida del ciclo –como explicaban Minsky y Keen– y cierran bruscamente el grifo en la fase descendente provocando la implosión de las burbujas generadas por su voracidad prestamista. El resumen que hace el economista marxista griego Costas Lapavitsas –autor del espléndido texto: “Capitalismo financiarizado: crisis y expropiación financiera”– del proceso es inmejorable: “Para los bancos comerciales, involucrarse en expropiación financiera se traduce primariamente en créditos hipotecarios y de consumo propulsados por la titulización y la adopción de técnicas de banca de inversión. Las hipotecas se originaban pero no se mantenían en la hoja de balance”. Este maravilloso descubrimiento fue llamado el modelo bancario de “originar y distribuir”, que levantó el castillo de naipes de productos financieros “creativos” basados en préstamos subprime hasta su estrepitoso colapso en 2007. 

La función de la banca es, en conclusión, sostener la tasa de ganancia del capital a través de la creación de dinero-deuda dirigiendo la financiación y la planificación económica no a la inversión productiva sino hacia el sector inmobiliario. 

No hay mayor dogma de fe de la ortodoxia neoliberal que el principio de la independencia de la banca central. Lapavitsas resume el fondo del asunto: “Los bancos centrales han cobrado más prominencia, reforzados por una independencia tanto legal como práctica. Miran con benevolencia el exceso especulativo financiero mientras movilizan recursos sociales para rescatar a los financistas de la crisis”. 

La pionera fue la Ley de la Reserva Federal que en una modificación de 1981 impedía a la FED comprar deuda del tesoro obligándolo a financiarse en los mercados. El mecanismo se repite por doquier: la “máquina de succión” de la deuda pública volcando ‘masas colosales de riqueza’ real al sector financiero –los intereses de la colosal deuda española representan un 10% del gasto público estatal-. Las implicaciones de este aséptico “golpe de Estado” son fabulosas. Como explica Nadal: “La separación en compartimentos estancos de la política fiscal y de la política monetaria pone de rodillas al Estado frente a los caprichos de los mercados financieros”. 

La surrealista QE (expansión cuantitativa), la mayor inyección de dinero público a la banca de la historia, ha llevado la transferencia de rentas al capital financiero al paroxismo. El rescate masivo de la quebrada banca global, la hipertrofia del casino financiero y el dopaje de las burbujas de activos –como mencionaba la cita inicial– son los resultados de la ingente dádiva de los –para esto sí– manirrotos bancos centrales. Incluso las grandes multinacionales, cada vez más financiarizadas, –que también reciben su parte del pastel en la última QE–, se apuntan al casino a través de recompras de acciones y demás trucos especulativos orillando su tradicional función “de hacer cosas útiles para la gente”.

(...)

Dejo para acabar un breve apunte polémico: ¿Existe alguna posibilidad de revertir tales procesos de aguda expropiación financiera a través de las palancas institucionales?  Carlos Fernández Liria, uno de los fundadores de Podemos, piensa que sí: “Algunos pensamos que a ese caudillismo del capital financiero es posible aún pararle los pies por vía parlamentaria”. Desgraciadamente, y lo anterior debería servir de fundamentación de la divergencia, no comparto en absoluto éste optimismo. La apelación a “pararle los pies” al capital con reformas legales choca de lleno con el “talón de hierro” con el que la dictadura de la “renta financiera” ha triturado las palancas de la soberanía nacional. En las sabias palabras de Miren Etxezarreta del Seminari Taifa de Economía Crítica: “No mandan los políticos, hay poderes fácticos mucho más importantes detrás. Hay que innovar en las maneras de hacer política y de transformar la sociedad. Crear partidos nuevos no supone otra cosa que volver a lo viejo, a las formas de los siglos XIX y XX, y a reforzar la dinámica del capitalismo que queremos cambiar”. 

Pugnar por arrancar migajas al poder real a través de las instituciones sólo puede ser fuente de frustración y de desactivación de las potenciales efervescencias populares, anestesiadas con la falsa expectativa de realizar cambios en el statu quo. Implica asimismo ignorar la evidencia de la desaparición definitiva del capitalismo keynesiano, fenecido cuarenta años atrás, cuando el embate neoliberal hizo saltar por los aires el sueño reformista-socialdemócrata de pacto social basado en la redistribución de rentas, el pleno empleo y la ampliación del Estado del bienestar. 

Habrá que buscar pues otras vías, ya que debería resultar meridianamente claro que sin un sistema económico radicalmente diferente será imposible evitar el lúgubre pero certero diagnóstico del filósofo greco-francés Cornelius Castoriadis: “La sociedad capitalista es una sociedad que corre hacia el abismo, desde todos los puntos de vista, porque no sabe autolimitarse. Y una sociedad verdaderamente libre, una sociedad autónoma, debe saber autolimitarse”. 

sábado, 17 de junio de 2017

Una aclaración pertinente

Hay un error muy habitual de interpretación cuando se habla de suprimir la propiedad privada de los medios de producción (mayor aún es el que se comete cuando se habla de eliminar la propiedad privada, así, en general).

La frase completa y precisa debería ser: hay que abolir aquella propiedad privada de los medios de producción que explota mano de obra asalariada, comprando fuerza de trabajo a un precio inferior a su valor para extraer plusvalía.

El primer enemigo que esta clase de propiedad tiene que eliminar es el de los medios de producción en manos del propio trabajador, porque si los trabajadores poseen medios, y con ellos capacidad de producir por sí mismos, no necesitarán de un empleador que pueda aprovechar su trabajo en beneficio propio. 

Lo deja claro Joaquín Miras Albarrán en la entrevista sobre Praxis política y Estado republicano. Crítica del republicanismo liberal.

Cuando la gran propiedad capitalista desarticula la producción artesanal ya no es posible la vuelta atrás. El trabajo por cuenta propia queda como una actividad residual, al margen de la gran producción. La economía de escala solo permite a los "emprendedores" que no le estorban, o que complementan tareas marginales que no son de su interés.

Al trabajador que no encaje en estas categorías le queda la opción del trabajo asalariado, sea como contratado o como "falso autónomo".

Un poco más abajo se toca otra cuestión, la dejación de la actividad política en manos de representantes a los que se elige para que se ocupen ellos de todo "y me dejen en paz". Esta dejación transforma la política en una ficción en que el ciudadano queda al margen y la representación no representa nada.

En ambos casos, una mayoría desinformada opta por "dejarse llevar".

Aunque algunos protesten en vano.


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Rebelión
(...)

A tener en cuenta una cosa sobre la que nos advierte el propio Marx, tal como ya hemos referido, en el capítulo último de su obra clásica: tener propiedad privada no es ser capitalista; el capitalismo no es poseer los medios de producción que permiten trabajar sin estar inmediatamente supeditado a los capitalistas. El capitalismo es un proceso en que el poseedor de los medios de producción los emplea como recursos para comprar una mercancía llamada fuerza de trabajo. Y para ello, necesita liquidar la otra forma de propiedad, dado que mientras esa existe, no hay fuerza de trabajo disponible. Un tendero es, también, un subalterno, aunque él no se quiera concebir como tal y la envidia ajena de los otros subalternos lo hostilice.
(...)

Dejamos de entender la política como actividad organizada de la gente, para dedicarnos a la política como representación electoral y como acción institucional.
(...)

Se abre una nueva época, sin embargo. Poco a poco, desde el 2008, todo va mostrando ser nuevo; y hay que tener esperanza en que se recobre la iniciativa política de los subalternos. Sin ellos, sin todas esas gentes no activas políticamente ahora, no podrá haber una praxis política liberadora, porque los necesitamos, nos necesitamos, todos a todos, si queremos tratar de crear una alternativa de mundo, de cultura de vida. Pero además, y esa es otra parte de la paradoja, no se puede denominar política a una actividad de ingeniería institucional, desarrollada por una minoría, que se elabora al margen de la deliberación e intervención política de la mayoría. Si la mayoría de la gente no es, no son sujetos políticos porque no intervienen en la política, y dejan, además, fuera de deliberación tanto las decisiones sobre el gasto institucional, como la vida cotidiana y su vivir en común, en ese caso, la actividad de gestión institucional, a falta de sujetos sociales que intervengan, eso, no es política. Porque donde no hay actividad de ciudadanos, deliberación, acción en común, no hay ciudadanos, y donde no hay actividad de los polites –es el término griego para "ciudadano"- , no hay política. Es un embeleco. No existen sujetos de política donde los sujetos no intervienen en política y no existe política si los sujetos no intervienen y actúan dando lugar a lo que es política: praxis ciudadana en común, praxis intersubjetiva.
 
(...)

viernes, 16 de junio de 2017

Crisis del capital (I)

Con frecuencia, para un lector perezoso, resulta abstracta y difícil de interpretar la descripción marxiana del modo de producción capitalista. La precisión conceptual obliga a memorizar conceptos como: 
Composición en valor del capital, composición orgánica del capital, capital constante y variable, gastos de inversión y de producción, medios de producción, fuerza de trabajo, productividad, ganancia, plusvalía (absoluta, relativa, extraordinaria...), tasa de ganancia, tasa de plusvalía, etc. etc. etc.
Esto echa para atrás a muchos, que cortan en seguida el hilo conductor sustituyendo el análisis reposado por juicios rápidos. Unos, por el escepticismo, otros, por la fe del carbonero. Aunque en su mayor parte el gran libro de Marx resulta apasionante, en muchos pasajes no basta la lectura, sino que hay que pasar al estudio.

Por eso nunca están de más resúmenes que intenten explicar estas cosas en pocas palabras, aunque luego resulte que no son tan pocas...

Esta consideración me lleva a dividir este largo artículo encontrado en Marx desde Cero en varias entregas. Creo que así se facilita su lectura (y su digestión). Pero no hay que asustarse, porque el punto de partida es muy sencillo.

En cualquier proceso productivo hay que emplear unos medios de producción (capital fijo, el que permanece durante el proceso y después de cada fase del mismo, y circulante, lo que se consume en él) y unos salarios que compran la fuerza de trabajo. El valor añadido a la inversión efectuada luego de descontar esos costes será lo que se ha ganado.

Pero esa ganancia no es lo más importante, sino la tasa de ganancia, cociente entre lo ganado y la inversión total que se ha hecho. De poco sirve ganar mucho si para ello hay que gastar muchísimo. El capitalista que invierte intentará maximizar esa tasa, e invertirá siempre en aquello que le pueda dar más con menos gastos, intentando ganar en productividad y abandonndo los procesos menos rentables.

De esta dinámica, siempre en busca y captura de ganancia (y sobre todo de optimización de la tasa de ganancia) derivan todos los movimientos del capital. Algunos factores están claros: pagar sueldos altos reduce la ganancia, a no ser que haga aumentar la productividad en mayor medida que el aumento del salario. Aumentar la productividad de nada sirve si no se realiza la venta de las mercancías, pero reducir los salarios reduce la capacidad de compra de las mismas.

Las contradicciones son muchas. La tasa de ganancia tiende a disminuir, a pesar de los movimientos con que el capital se opone a ello, y el propio montaje del sistema entero conduce a una sobreexplotacion de recursos limitados, muchos al borde ya del agotamiento.

Conviene enterarse de estas cosas, porque nos va  mucho en ellas.



AGOTAMIENTO DE LAS POSIBILIDADES DEL REFORMISMO EN EL CAPITALISMO TARDÍO

Andrés Piqueras

De las contradicciones: tendencias, contratendencias y huidas 

El capital es capaz, y así lo ha mostrado históricamente, de aumentar los niveles de vida de unas u otras poblaciones mediante la elevación general de la productividad y de la riqueza total generada en una sociedad. La única condición es que obtenga más ganancia que el Trabajo con cada aumento de la producción (en realidad, de la productividad): esta es la plusvalía relativa, e implica una participación cada vez menor de los salarios en el total del ingreso en cada formación social.

Sin embargo, para el capital hay un problema vital en toda esta relación, del que nunca puede escapar y que marca su carácter intrínsecamente contradictorio.

Por una parte, como se ha dicho, está obligado a producir de forma continua plusvalía relativa. Por otra, debe convertirla en ganancia. Sin embargo ésta depende de dos factores:

1/ de la plusvalía apropiada a costa de la fuerza de trabajo comprada, y

2/ de la composición en valor del capital (CVC), esto es, de los gastos de inversión y de producción [los medios de producción de los que se dispone y que son gastados], dentro de los cuales contamos los insumos y materias primas consumidos en dicha producción (“capital circulante”) más la inversión en tecnología o mecanización que se haya hecho (composición técnica del capital -CTC- o “capital fijo”), y los gastos en salarios (“capital variable”). Este último factor (el de la CVC) resta al primero (el de la plusvalía), de manera que la fórmula, simplificada, sería:

g (ganancia) = p (plusvalía) / CVC

Donde CVC (composición en valor del capital) es el cociente entre capital constante [= capital circulante (materias fungibles en el proceso productivo) + capital fijo (tecnología e instalaciones)] y capital variable (salarios de la fuerza de trabajo).

A esto hay que añadir que cuanto más aumenta la composición técnica del capital (cuanto más se invierte en maquinaria y tecnología) más productividad se puede conseguir, pero menos plusvalía proporcional (ya que ésta sólo se extrae de los seres humanos). Por tanto, con la sustitución de seres humanos por máquinas, o lo que es lo mismo, al aumentar la proporción de “capital fijo” (máquinas) sobre el “capital variable” (asalariados), y en igualdad de condiciones de explotación, va disminuyendo la tasa de ganancia capitalista. Tampoco la plusvalía aumenta proporcionalmente a la explotación de la fuerza de trabajo, sino de forma decreciente. Lo explicamos a través del ejemplo (cuadro A):

La composición orgánica del capital ha seguido aumentando a pesar del creciente recurso a la explotación intensiva y también extensiva de fuerza de trabajo. El incremento de la proporción de maquinaria en relación a la mano de obra ha tenido lugar en todos los sectores vinculados a la actividad de las empresas transnacionales. Especialmente responsable de ello ha sido la informatización de los procesos productivos.

Las tecnologías intensivas en capital hacen que la utilización de fuerza de trabajo por unidad de capital invertido sea significativamente menor, provocando una tendencia hacia la eliminación de empleos y lo que es realmente grave para el funcionamiento capitalista, una sobreacumulación de capital invertido por unidad de valor que se es capaz de generar. La sobreproducción de capital es una sobreproducción de mercancías como medios de producción cuando el valor producido por el capital invertido no incrementa lo suficiente o incluso llega a ser menor que el producido antes de la inversión. La consecuente desinversión contrae también la compraventa entre empresas capitalistas (los pedidos que unas se hacen a otras), rompe la cadena de cobros y pagos que se resuelve normalmente en la quiebra y cierre de empresas, incremento de la desocupación y depreciación del capital en funciones, incluido el capital variable, esto es, los salarios. Todo ello arroja una creciente cantidad de “capitales excedentes” que en buena parte o bien buscan su valorización en otros territorios, o bien adquieren la forma de activos financieros en búsqueda de mayor rentabilidad.

En la primera opción la competencia por atraer aquellos capitales excedentes se transforma en competitividad de los más exitosos, que no es otra cosa que su eficacia en explotar en mayor grado a su fuerza de trabajo. De manera que si en una formación social se incrementa la tasa de explotación, se prevé que en principio aumente también su capacidad para atraer flujos internacionales de capitales productivos (y financieros). Tal suposición comienza a tener menos probabilidades de realizarse, sin embargo, cuando todas las formaciones sociales “compiten” por lo mismo en los mismos términos.

Además, la inversión externa directa de capitales tiende a trasladar parecidos problemas de sobreacumulación a zonas periféricas que hasta entonces se hallaban fuera de esa contradicción. Más adelante veremos a qué conduce la segunda opción, la financiera.

Digamos, por ahora, que la automatización o, en general, la tendencia al desarrollo de las fuerzas productivas, que es inherente a la acumulación capitalista (y que conlleva la permanente mudanza de las condiciones de vida en cualquier formación social), presenta dos grandes procesos contradictorios.

1. Por una parte y en general, la automatización tiende a reducir el trabajo en la producción directa y a reestructurar las cualificaciones de la fuerza de trabajo. Proceso que lleva implícita la desvalorización de la fuerza de trabajo, sustituyendo el saber obrero por la máquina. Pero al reducir significativamente el trabajo manual, la automatización redefine las demandas sociales del trabajo en dirección al trabajo intelectual, vinculando la productividad al aumento del valor de la fuerza de trabajo, que pasa a depender del aumento del tiempo de formación del trabajador y del avance del saber social en su conjunto  1 . Esta contradicción tiende a ser resuelta por el Capital, en cuanto que sujeto de clase, a través de la sobre-explotación de la fuerza de trabajo, mediante el desempleo estructural, para reducir los precios de la fuerza de trabajo por debajo de su valor (de esta manera, el valor de la fuerza de trabajo, lo que es capaz de producir a cambio del coste de lo que consume, quedará muy por encima de su precio, esto es, el salario que recibe a cambio de lo que produce). Dentro de ese proceso el esfuerzo presente está encaminado a disminuir el precio de la fuerza de trabajo intelectual, a través de la reestructuración educativa que se lleva a cabo en todo el planeta y que en el espacio europeo cobra cuerpo en el denominado “proceso de Bolonia”.

2. La otra contradicción de la automatización es que al reducir la masa de valor representada por la fuerza de trabajo, restringe cada vez más los impactos de los aumentos de la productividad en la elevación de la tasa de plusvalía, y limita también la conversión de plusvalía extraordinaria en ganancia extraordinaria, que es el objetivo básico de la inversión capitalista. Además, la eliminación de fuerza de trabajo de los procesos productivos (desempleo masivo estructural), generada de manera decisiva por la automatización y respaldada por el desplazamiento espacial del capital, se une a estos factores en la significación del aumento de la composición orgánica del capital y la correspondiente caída relativa de la tasa de ganancia. 

Sin embargo, el Capital ha sido capaz hasta ahora de contrarrestar estas tendencias mediante todo un entramado de medidas

  • Aumentando significativamente la tasa de explotación de la fuerza de trabajo, (difusión generalizada de la sobreexplotación).
  • Abaratando el coste de las materias primas (mediante la incorporación de alta composición de capital para su obtención, fabricación sintética, apropiación directa de las mismas ya sea mediante implantación de las transnacionales o a través de invasiones militares…).
  • Efectuando una desvalorización, si bien insuficiente, de capitales obsoletos a través de bancarrotas, anexiones y fusiones (a pesar del salvataje estatal de grandes empresas no competitivas, o la inyección de dinero público para reflotarlas).
  • Abaratado el empleo de capital constante: 
a) aumentando el volumen de producción (p.e. a través de la prolongación del tiempo de trabajo, con turnos ininterrumpidos, horas extras…); 
b) utilizando más racionalmente materias primas y energía, o ahorrando en medidas de protección laboral (seguridad social, condiciones de seguridad laboral…)
  • Reduciendo en sus sectores más avanzados el tiempo de rotación del capital y de su renovación, acortando eficazmente el tiempo entre la producción y la venta.
  • Buscando nuevas localizaciones para la valorización de los capitales excedentes (movimiento tendencial hasta ahora de los centros a las periferias).
  • A todo ello se ha sumado el intento de “inmaterialización” de la economía  2 .

Paradójicamente, los intentos de sobreponerse a sus crisis de valoración, consiguiendo aumentar la plusvalía o generación de ganancia potencial, conducen al movimiento del capital a crecientes dificultades para convertir aquélla en ganancia real, mediante la venta de lo producido. Lo que hace enfrentarse al sistema con crisis de realización.

Veamos, el modelo neoliberal desatado con la transnacionalización del capital y basado en la depresión de la demanda o deterioro del poder adquisitivo de las poblaciones (reducción de los salarios reales –y a menudo nominales-, enorme aumento de la precariedad laboral, expansión del desempleo, fuerte incremento de la concentración de capital con su correlato de exacerbación de la pobreza o pérdida de la capacidad de reproducción de una creciente proporción de la fuerza de trabajo mundial), no puede conducir sino a serios problemas de realización de la plusvalía en ganancia. Es decir, una sobreproducción de mercancías que no pueden ser vendidas.

De hecho, la competencia universal por reducir los costos salariales no ha llevado sino a la profundización de la brecha entre el incremento de la producción y la capacidad de consumo en la mayor parte de formaciones sociales. Con ello no sólo se evidencia como falsa la salida a través de la competitividad en la exportación de mercancías, sino que se acentúan los motivos de desinversión capitalistas, generando una masa mayor de capitales excedentes.

En la búsqueda de valorización los consiguientes desplazamientos de capital van a incrementar notablemente la competencia intercapitalista. La disolución de las fronteras económicas arrojará a la mutua competencia a capitales antes confinados en los límites estatales, o bien hasta entonces ocupados en un solo sector. Este ha podido ser el más importante contrapeso durante la globalización ascendente al carácter agencial coordinado transnacionalmente de la propia clase capitalista.

Sin embargo, pese a tales obstáculos estructurales esa propia clase capitalista transnacional ha logrado dar importantes pasos en su articulación como sujeto en su acción de clase  3 , consiguiendo también en el plano de la realización imponer medidas contratendenciales de relativa eficacia, en cuanto que respuestas insertas en la reordenación de la producción y el consumo. Los principales dispositivos han sido:

  • Recurso a mecanismos impulsores al máximo de la utilización decreciente de las mercancías como bienes de consumo. Obsolescencia física programada y acortamiento artificial de la vida media de productos básicos (a través, por ejemplo, de las “fechas de vencimiento” arbitrarias de ciertos productos, como los alimenticios). A lo que se unía la obsolescencia psicológica de otros, a través de la publicidad y las modas y la constante generación de necesidades derivadas de ellas.
  • Acrecentamiento del porcentaje de subutilización crónica y el acortamiento artificial del ciclo de amortización de las maquinarias e instalaciones. Se estimula la fiebre de la “innovación” y consiguiente “renovación tecnológica”, atendiendo a los requerimientos de la competencia en el mercado, por encima de las necesidades reales de la población.
  • Aumento del endeudamiento a corto y largo término como sustitutivo del deterioro de los ingresos. Lo cual además refuerza el disciplinamiento de la fuerza de trabajo (un trabajador endeudado es un trabajador debilitado en su capacidad antagónica, más fácilmente dominable o más tendente al autodisciplinamiento).
  • Canalización del ahorro popular hacia las inversiones en bonos o acciones, activos cuyos precios terminan influyendo decisivamente sobre el consumo.
  • Orientación de una mayor parte de la producción hacia el consumo sofisticado, o lo que es lo mismo, potenciación del consumo de las capas con medio-alto y alto poder adquisitivo de las sociedades centrales, así como de las tradicionales burguesías compradoras de las sociedades periféricas. Medidas que se complementan con la generación de nuevos sectores consumistas de las periferias “emergentes”.
  • Expansión del complejo industrial-militar para sustraer cada vez más producción del mercado (el Estado es en este punto un comprador seguro), lo que además de ser una fuente de continua inflación termina realizando la identificación del consumo (de la mercancía producida) con la destrucción.

Aquí nos encontramos con la contradicción resultante devenida del intento de resolución de las dos anteriores, que resultará clave en el capitalismo actual o tardocapitalismo. Los denodados y hasta cierto punto exitosos intentos por contrarrestar las tendencias que en la valorización y en la realización del capital tienden a bajar su tasa de ganancia, van agotando la capacidad del capital de desarrollar fuerzas productivas o hacerlo sólo a costa de la un creciente incremento de las fuerzas destructivas (con una gran entropía social y ecológica), acentuando los siguientes procesos concomitantes:

  • Uso intensivo de la naturaleza. Creciente depredación de recursos.
  • Uso intensivo de capital en procesos de creación destructiva, acortando la vida de los bienes de consumo y los bienes de equipo.
  • Expansión del valor de cambio, cada vez más contradictorio con los valores de uso (es decir, con las necesidades humanas).
  • Creciente proporción de seres humanos sobrantes o desechados  4 .

Esto supone que el capitalismo se muestra crecientemente como un sistema histórico que agota sus posibilidades en cuanto que fuerza progresista para la humanidad, medida por la capacidad de desarrollo de las fuerzas productivas (o si se quiere, de la generación de riqueza material e inmaterial).

Esa incapacidad parece proporcional al aumento de la importancia que adquiere su componente “ficticio”, que viene primero de la mano de la sustitución de capital productivo por capital financiero, y después por la vertiente especulativa y parasitaria de este último  5 .

Los pasos en que se produce esta nueva fase de financiarización del sistema capitalista aparecen detallados en el Cuadro B  6 .



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Bibliografía citada

Berterretche, J.L. (2009). “De la gran quema de capital ficticio a la depresión”, en http://correosemanal.blogspot.com/2009/02/de-la-gran-quema-de-capital-ficticio-la.html.

Bidet, J. y Duménil, G. (2007). Altermarxismo. Otro marxismo para otro mundo. El Viejo Topo. Barcelona.

Carcanholo, R, y Sabadini, M. (2009). “Capital ficticio y ganancias ficticias. Dos visiones críticas sobre el futuro del capitalismo”, en Observatorio Internacional de la Crisis, La gran depresión del siglo XX. Causas, carácter, perspectivas. DEI. San José.

Chesnais, F. (dir.) (2004). La finance mondialisée: racines sociales et politiques, configuration, conséquences. Editions La Découverte. Paris.

Chesnais, F. (2008). “El fin de un ciclo. Alcance y rumbo de la crisis financiera”, en Herramienta, nº 37. Buenos Aires.

Fernández Durán, R. (2003). Capitalismo [financiero] global y guerra permanente. Virus. Barcelona.

Martins, C.E. (2009). “A teoria da coyuntura e a crise contemporânea”, en Polis, nº 24. Universidad Bolivariana de Chile. Santiago.

Naredo, J.M. (2006). Raíces económicas el deterioro ecológico y social. Siglo XXI. Madrid.

Piqueras, Andrés (2002). Movimientos sociales y capitalismo. Historia de una mutua influencia. Germania. Alzira.
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NOTAS

 1  La ciencia va más allá del trabajo colectivo para establecer el trabajo universal, que se acumula infinitamente a través de generaciones, configurando un stock de conocimiento gratuito que interviene crecientemente en la producción (ver Martins, 2009). Algunos autores, como Negri, han hablado de que disminuye la participación del trabajo inmediato en la cadena de producción general del valor, a favor del obrero social como complejo de relaciones de cooperación en los procesos de trabajo no necesariamente vinculados de forma directa a la producción (extensión de la producción de valor al conjunto de la sociedad). Por lo tanto, el saber social (o general intellect) se desprendería en alguna medida también del capital fijo, al que en principio Marx le había vinculado definiendo aquél como una fuerza productiva Inmediata en desarrollo, proporcional al incremento de éste. 

 2  Estos dos últimos procesos descritos están comenzando a alterar la división internacional del trabajo. Efectivamente, la meta de rebajar la composición orgánica del capital (del capital fijo, en este caso) ha motivado que se introduzca la softwarización como elemento punta de la industria en las sociedades centrales más poderosas, al tiempo que se da un desplazamiento productivo a las formaciones periféricas (a las que se lleva las fases productivas que requieren menor incorporación tecnológica), con la consiguiente reestructuración de las relaciones productivas centros-periferias. 

 3  Quizás una de las circunstancias que más hay que tener en cuenta a la hora de referir el carácter contradictorio del Capital como clase es que actúa cada vez más de manera coordinada a escala planetaria por lo que se refiere a la extracción de plusvalía (es decir, en cuanto a su acción de clase frente al Trabajo), mientras que entra en feroz competencia entre sí por lo que toca a la obtención de ganancia.

Esa competencia se expresa no sólo entre capitales de un mismo tipo sino que adquiere una expresión decisiva en la manera en que se reparte la plusvalía total generada: entre el beneficio, el interés y la renta. 

 4  Ver sobre estos puntos Berterretche (2009). 

 5  El capital a interés promueve la idea de que toda suma de dinero genera una remuneración, pero también la ilusión contraria, que toda remuneración regular tiene como origen la existencia de un capital. Esto en sí no tendría más importancia si no fuera porque a menudo el derecho a tal remuneración está representado por un título que puede ser comercializado, vendido a terceros. Se entra así en el terreno del capital ficticio. Éste puede tener 3 orígenes: a) la transformación del capital a interés en títulos negociables; b) aumento aparente del valor del capital a interés a través de acciones y títulos públicos; c) valorización especulativa de los diferentes activos. Ver sobre esto, Carcanholo y Sabadini (2009). 

 6  Puede seguirse la explicación de muchos de estos puntos en, entre otros, Fernández Durán (2003), Chesnais (dir.) (2004), Chesnais (2008).