sábado, 5 de marzo de 2022

Ligeros de equipaje

Cuando más falta hace economizar energía y materiales, la guerra, con su racionalidad propia, los derrocha en abundancia. No solo en la batalla, sino en la lógica de las represalias. Para hundir económicamente al enemigo se hunde de paso la economía propia.

El número 156 de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global aborda en profundidad la crisis múltiple en curso, ahora agravada por otra guerra más, que se añade a todas las que, no lo  podemos ignorar, ya estaban en pleno desarrollo:

El sueño de los combustibles fósiles se agota. Los hidrocarburos han permitido en los últimos dos siglos una mejora de las condiciones de vida y confort sin precedentes. Pero esta excepcionalidad llega a su fin, tanto por el lado de la extracción –así lo muestra el pico del petróleo y de otras sustancias y materiales–, como, sobre todo, por el lado de las emisiones –el continuado despliegue del cambio climático y sus impactos condiciona la realidad actual–. Estos hechos amenazan con convertir el sueño en pesadilla.

Son muchos los interrogantes sobre qué vendrá y cómo incorporarlo. La esperanza de las energías renovables e hipertecnológicas a la que aspira la Transición Verde impulsada por las instituciones para “cambiar sin que nada cambie” presenta no pocas brechas, pero dos son suficientes para cuestionar el modelo: una, la tasa de retorno energético (TRE) de las renovables no puede sostener ni remotamente el tamaño del sistema económico actual; y dos, estas tecnologías, además de ser demandantes de energías fósiles en su proceso de fabricación, requieren numerosos minerales y elementos cuyo pico de extracción se contempla alcanzar a lo largo del siglo XXI.

La electricidad por sí misma tampoco es un sustituto directo de los fósiles, a lo que se une el carácter oligopólico de los mercado de suministros energéticos –aunque no solo ellos– en España. Como asegura Santiago Álvarez Cantalapiedra en la INTRODUCCIÓN del número:

«La necesidad de cambiar el marco institucional en el que operan los actores implicados en la producción, el comercio y el consumo de la energía emerge como la conditio sine qua non para poder definir democráticamente el rumbo de la transición energética».

El debate sobre la insoslayable transición energética debe realizarse entre las constricciones que imponen los límites naturales y los apremios temporales. Todo ello anuncia la magnitud y carácter de las dificultades a las que nos enfrentamos ante una crisis de energía y materiales.

Poco espacio y poco tiempo tenemos. Habrá que aprovecharlos.

Ante la escasez, se impone la sobriedad, Los más privilegiados no estamos acostumbrados a eso. Los marginados de la prosperidad aspiran más que nada a incorporarse a la abundancia y tampoco les hace mucha gracia el mundo decreciente que viene.

Para este viaje habrá que sacrificar la impedimenta, viajar ligeros de equipaje, como Antonio Machado. Como el estoicismo no está de moda, queriendo salvar el campamento podemos perder la batalla.

El también poeta Jorge Riechmann se acordó estos días de otra poeta (nadie dice ya poetisa: suena a la tópica mujer débil), que se vio obligada a viajar ligera de equipaje. Pero se trata de una mujer muy fuerte. El poema que nos trae podría interpretarse como aceptación de un destino fatal. Yo lo veo más bien como la búsqueda de la serenidad necesaria para la  lucha, la única que puede evitar lo peor de lo que parece inevitable. Lo presenta así:

En tiempos de tanto desasosiego, se puede releer esta RECETA de Masha Kaleko (1907-1975), una gran poeta centroeuropea nacida en la antigua Galitzia, judía de lengua alemana, para quien el exilio fue una experiencia duradera. Lo traduzco del alemán desde Mascha Kaléko, La rue s’apelle “Reste fidèle” & autres poèmes (edición bilingüe de Jean-Marc Couvé), colección “Le Tire-langue”, eds. À L’INDEX, Le Havre 2020, p. 42-44.


Deshazte de los miedos
y de tanto miedo al miedo.
Para los años que quedan
bastará con lo que tienes.
El pan en la panera
y en el armario el traje.

No digas esto es mío:
todo te ha sido prestado.
Vive al día y comprueba
cuán poco necesitas.
No despilfarres,
ten la maleta lista.

Es verdad eso que dicen:
lo que tiene que llegar llega.
Si el sufrimiento avanza,
no le salgas al encuentro.
¿Ahí lo tienes ahora?
Míralo a la cara con calma.
Es pasajero como lo es la dicha.

No esperes nada.
Y guarda tu secreto con cuidado.
Incluso el hermano traiciona,
si la cosa va de o él o tú.
Que tu propia sombra sea
la compañera de viaje.

Bien barrido has de tener tu cuarto.
Y no dejes de saludar al vecino.
Repara la cerca si hace falta
igual que el timbre del portón.
La herida en ti mantenla en vela
bajo techo mientras sea posible.

Olvídate de tus planes,
y acopia inteligencia
para atenerte a los milagros.
Están previstos desde hace mucho
en el Plan Grande.
Deshazte de los miedos
y de tanto miedo al miedo.

Acopiemos inteligencia, deshagámonos de los miedos, pero cuidado: ese Plan Grande no está tan previsto como nos dice. Nosotros lo tendremos que escribir.

jueves, 3 de marzo de 2022

Viaje al fin de la noche

A menor escala, la trayectoria de Céline recuerda a la de Pétain. De héroes a villanos, aunque sin la derrota del nazismo podrían haber pasado de héroes a superhéroes. Las glorias militares es lo que tienen. Si pierdes, estás perdido, valga la redundancia.

El "héroe" de la Primera Guerra Mundial fue en la Segunda un "traidor colaboracionista". En los países conquistados por las potencias del Eje había muchos más de lo que la Historia Oficial reconoce, También, hasta estallar la guerra, eran muchos los simpatizantes nazifascistas en los países de Occidente, que luego pusieron "sordina a sus desvaríos".

La categoría de su obra es indudable, como la de Ezra Pound, otro notorio fascista. No son casos aislados. Procedentes de la turbulenta revolución de las artes a comienzos del siglo XX, muchos intelectuales se pasaron luego al fascismo, y en ocasiones no solo con la pluma.

Viaje al fin de la noche tiene mucho de experiencia autobiográfica. Se publicó en 1932, por lo que es anterior a su papel durante la ocupación alemana. Su protagonista, Ferdinand Bardamu, enrolado en un momento de estupidez en el ejército francés y asqueado en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, decide desertar haciéndose pasar por loco. Presenta toda suerte de personajes pintorescos, y el absurdo y la brutalidad de la guerra. 

La Gran Guerra ha inspirado novelas, y películas basadas en ellas. Recordemos la fama alcanzada por Los cuatro jinetes del Apocalipsis (a ello contribuyó sin duda la simpatía aliadófila de Blasco Ibáñez). Ejemplo terrible de esta locura bélica fue la Ofensiva de Nivelle, que se saldó con un fracaso, siendo además de un gran coste en vidas humanas: los Aliados perdieron 350.000 hombres (100.000 de ellos franceses) a cambio de unas ganancias territoriales misérrimas. Tan sólo en el primer día de la batalla, el Ejército francés tuvo 40.000 muertos.​ Este hecho fue el desencadenante de los famosos Motines de 1917 en el Ejército francés, cuya represión se saldó con un elevado número de soldados franceses fusilados.

Estos hechos los recogió Stanley Kubrik en la película  Senderos de gloria. Copio de Wikipedia:

Tanto la película como la novela original están parcialmente inspiradas en acontecimientos reales: la ejecución durante la Primera Guerra Mundial, por insubordinación, de cuatro soldados de la Brigada 119 de infantería del Ejército francés. Las ejecuciones fueron declaradas improcedentes, y los soldados rehabilitados en 1934, tras la reclamación de sus familias, dos de las cuales recibieron una indemnización de un franco, mientras que las dos restantes no recibieron reparación alguna.​ El comandante de la brigada, general Géraud Réveilhac,​ dio evidentes muestras de desprecio por la vida de sus hombres.​ En febrero de 1915, después de tres intentos fallidos de tomar una posición enemiga, ordenó a la artillería bombardear las trincheras francesas para obligar a sus tropas a atacar, a lo que el comandante de las baterías se negó sin una orden por escrito; más tarde, ordenó repetir un ataque aduciendo que ese día no se había alcanzado el porcentaje de bajas considerado como aceptable.

Durante la guerra, el ejército francés, como los de la mayoría de los beligerantes, llevó efectivamente a cabo fusilamientos por cobardía. Sin embargo, el armazón central de la película es la práctica de ejecutar a soldados seleccionados aleatoriamente, como castigo a las faltas de toda su unidad. Dicha práctica retrotrae a la empleada en las legiones romanas, en las que diezmar consistía en dar muerte a uno de cada diez legionarios como medida disciplinaria. Aunque fue un hecho aislado, también se adoptó en el Ejército francés: la Décima Compañía del Batallón número 8 del Regimiento Mixto de Tiradores Argelinos fue diezmada, el 15 de diciembre de 1914 en Zillebeke (Bélgica), por haber desobedecido la orden de atacar.

(Se puede suponer que, al ser argelinos, la cosa fue más fácil. Es de notar el desprecio que los colonialistas sienten por sus cipayos).

Al mostrar de forma descarnada la sucia realidad de la guerra, en la que a menudo la muerte de seres humanos sirve para satisfacer ambiciones personales y ascensos en la jerarquía de mando, la película resultaba extremadamente incómoda y fue prohibida en muchos países, y desde luego en la España de entonces: no se estrenó hasta octubre de 1986.

Mi experiencia militar fue corta y leve, pero recuerdo a oficiales que defendían estas conductas y otras si cabe peores.

Recojo a continuación el comienzo (¡pero qué comienzo!) de la obra de Céline: es una bofetada a la irracional exaltación patriótica. Los tres últimos párrafos del fragmento no tienen desperdicio.


Viaje al fin de la noche

Louis-Ferdinand Céline

La cosa empezó así. Yo nunca había dicho nada. Nada. Fue Arthur Gánate quien me hizo hablar. Arthur, un compañero, estudiante de medicina como yo. Resulta que nos encontramos en la Place Clichy. Después de comer. Quería hablarme. Lo escuché. «¡No nos quedemos fuera! -me dijo-. ¡Vamos adentro!» Y fui y entré con él. «¡Esta terraza está como para freír huevos! ¡Ven por aquí!», comenzó. Entonces advertimos también que no había nadie en las calles, por el calor; ni un coche, nada. Cuando hace mucho frío, tampoco; no ves a nadie en las calles; pero, si fue él mismo, ahora que recuerdo, quien me dijo, hablando de eso: «La gente de París parece estar siempre ocupada, pero, en realidad, se pasean de la mañana a la noche; la prueba es que, cuando no hace bueno para pasear, demasiado frío o demasiado calor, desaparecen. Están todos dentro, tomando cafés con leche o cañas de cerveza. ¡Ya ves! ¡El siglo de la velocidad!, dicen. Pero, ¿dónde? ¡Todo cambia, que es una barbaridad!, según cuentan. ¿Cómo así? Nada ha cambiado, la verdad. Siguen admirándose y se acabó. Y tampoco eso es nuevo. ¡Algunas palabras, no muchas, han cambiado! Dos o tres aquí y allá, insignificantes...» Conque, muy orgullosos de haber señalado verdades tan oportunas, nos quedamos allí sentados, mirando, arrobados, a las damas del café.

Después salió a relucir en la conversación el presidente Poincaré, que, justo aquella mañana, iba a inaugurar una exposición canina, y, después, burla burlando, salió también Le Temps, donde lo habíamos leído. «¡Hombre, Le Temps ¡Ése es un señor periódico! -dijo Arthur Gánate para pincharme-. ¡No tiene igual para defender a la raza francesa!»

«¡Y bien que lo necesita la raza francesa, puesto que no existe!», fui y le dije, para devolverle la pelota y demostrar que estaba documentado.

«¡Que sí! ¡Claro que existe! ¡Y bien noble que es! -insistía él-. Y hasta te diría que es la más noble del mundo. ¡Y el que lo niegue es un cabrito!» Y me puso de vuelta y media. Ahora, que yo me mantuve en mis trece.

«¡No es verdad! La raza, lo que tú llamas raza, es ese hatajo de pobres diablos como yo, legañosos, piojosos, ateridos, que vinieron a parar aquí perseguidos por el hambre, la peste, los tumores y el frío, que llegaron vencidos de los cuatro confines del mundo. El mar les impedía seguir adelante. Eso es Francia y los franceses también.»

«Bardamu -me dijo entonces, muy serio y un poco triste-, nuestros padres eran como nosotros. ¡No hables mal de ellos!...»

«¡Tienes razón, Arthur! ¡En eso tienes razón! Rencorosos y dóciles, violados, robados, destripados, y gilipollas siempre. ¡Como nosotros eran! ¡Ni que lo digas! ¡No cambiamos! Ni de calcetines, ni de amos, ni de opiniones, o tan tarde, que no vale la pena. Hemos nacido fieles, ¡ya es que reventamos de fidelidad! Soldados sin paga, héroes para todo el mundo, monosabios, palabras dolientes, somos los favoritos del Rey Miseria. ¡Nos tiene en sus manos! Cuando nos portamos mal, aprieta... Tenemos sus dedos en torno al cuello, siempre, cosa que molesta para hablar; hemos de estar atentos, si queremos comer... Por una cosita de nada, te estrangula... Eso no es vida...»

«¡Nos queda el amor, Bardamu!»

«Arthur, el amor es el infinito puesto al alcance de los caniches, ¡y yo tengo dignidad!», le respondí. «Puestos a hablar de ti, ¡tú es que eres un anarquista y se acabó!»

Siempre un listillo, como veis, y el no va más en opiniones avanzadas.

«Tú lo has dicho, chico, ¡anarquista! Y la prueba mejor es que he compuesto una especie de oración vengadora y social. ¡A ver qué te parece! Se llama Las alas de oro...» Y entonces se la recité:

Un Dios que cuenta los minutos y los céntimos, un Dios desesperado, sensual y gruñón como un marrano. Un marrano con alas de oro y que se tira por todos lados, panza arriba, en busca de caricias. Ése es, nuestro señor. ¡Abracémonos!

«Tu obrita no se sostiene ante la vida. Yo estoy por el orden establecido y no me gusta la política. Y, además, el día en que la patria me pida derramar mi sangre por ella, me encontrará, desde luego, listo para entregársela y al instante.» Así me respondió.

Precisamente la guerra se nos acercaba a los dos, sin que lo hubiéramos advertido, y ya mi cabeza resistía poco. Aquella discusión breve, pero animada, me había fatigado. Y, además, estaba afectado porque el camarero me había llamado tacaño por la propina. En fin, al final Arthur y yo nos reconciliamos, por completo. Éramos de la misma opinión sobre casi todo.

«Es verdad, tienes razón a fin de cuentas -convine, conciliador-, pero, en fin, estamos todos sentados en una gran galera, remamos todos, con todas nuestras fuerzas... ¡no me irás a decir que no!... ¡Sentados sobre clavos incluso y dando el callo! ¿Y qué sacamos? Nada! Estacazos sólo, miserias, patrañas y cabronadas encima. ¡Que trabajamos!, dicen. Eso es aún más chungo que todo lo demás, el dichoso trabajo. Estamos abajo, en las bodegas, echando el bofe, con una peste y los cataplines chorreando sudor, ¡ya ves! Arriba, en el puente, al fresco, están los amos, tan campantes, con bellas mujeres, rosadas y bañadas de perfume, en las rodillas. Nos hacen subir al puente. Entonces se ponen sus chisteras y nos echan un discurso, a berridos, así: "Hatajo de granujas, ¡es la guerra! -nos dicen-. Vamos a abordarlos, a esos cabrones de la patria n.° 2, ¡y les vamos a reventar la sesera! ¡Venga! ¡Venga! ¡A bordo hay todo lo necesario! ¡Todos a coro! Pero antes quiero veros gritar bien: '¡Viva la patria n.° 1!' ¡Que se os oiga de lejos! El que grite más fuerte, ¡recibirá la medalla y la peladilla del Niño Jesús! ¡Hostias! Y los que no quieran diñarla en el mar, pueden ir a palmar en tierra, ¡donde se tarda aún menos que aquí!"»

«¡Exacto! ¡Sí, señor!», aprobó Arthur, ahora más dispuesto a dejarse convencer.

Pero, mira por dónde, justo por delante del café donde estábamos sentados, fue a pasar un regimiento, con el coronel montado a la cabeza y todo, ¡muy apuesto, por cierto, y de lo más gallardo, el coronel! Di un brinco de entusiasmo al instante. «¡Voy a ver si es así!», fui y le grité a Arthur, y ya me iba a alistarme y a la carrera incluso.

«¡No seas gilipollas, Ferdinand!», me gritó, a su vez, Arthur, molesto, seguro, por el efecto que había causado mi heroísmo en la gente que nos miraba.

Me ofendió un poco que se lo tomara así, pero no me hizo desistir. Ya iba yo marcando el paso. «¡Aquí estoy y aquí me quedo!», me dije.

«Ya veremos, ¿eh, pardillo?», me dio incluso tiempo a gritarle antes de doblar la esquina con el regimiento, tras el coronel y su música. Así fue exactamente.

Después marchamos mucho rato. Calles y más calles, que nunca acababan, llenas de civiles y sus mujeres que nos animaban y lanzaban flores, desde las terrazas, delante de las estaciones, desde las iglesias atestadas. ¡Había una de patriotas! Y después empezó a haber menos... Empezó a llover y cada vez había menos y luego nadie nos animaba, ni uno, por el camino.

Entonces, ¿ya sólo quedábamos nosotros? ¿Unos tras otros? Cesó la música. «En resumen -me dije entonces, cuando vi que la cosa se ponía fea-, ¡esto ya no tiene gracia!

¡Hay que volver a empezar!» Iba a marcharme. ¡Demasiado tarde! Habían cerrado la puerta a la chita callando, los civiles, tras nosotros. Estábamos atrapados, como ratas.

*****

miércoles, 2 de marzo de 2022

¿Nos metemos en Ucrania?

Estamos en guerra contra Rusia, aunque sea por organizaciones interpuestas en las que nos han empotrado, casi sin preguntarnos, o manipulando las preguntas. Enviamos armas que sólo pueden prolongarla. Nuestro Gobierno trata de capear la situación, mal que bien, como puede. No creo que les apetezca mucho lo que hacen, ni a ellos ni a sus socios.

Mientras tanto, cabalgan los peores nacionalismos. Habrá que desactivarlos, si se puede, antes de que todos se vuelvan fascistas.

¡Cuidado! Aquí, de momento, los nacionalismos independentistas están más calmados, porque la política se ha desplazado (un poco) hacia "las cosas de comer". Pero cuando la geoestrategia lo encuentre oportuno pueden resurgir, incluso armados hasta los dientes, como en Ucrania.

Cuando las poblaciones viven entremezcladas, la "solución final" conduce a políticas genocidas. la solución principal ("principial"), desde luego, es otra, y pasa por llevar a primer plano la "lucha de clases" frente a la "lucha de etnias". Y un futuro (ya presente) de enormes migraciones no puede encararse por la "vía patriótica".

"Puedo prometer y prometo..." que próximamente traeré aquí el comienzo de la novela de Louis-Ferdinand Céline Viaje al fin de la noche, para enfriar entusiasmos bélicos.

De la realidad ucraniana actual dicen mucho estos mapas:
















Otro mapa, más detallado (y más subjetivo, porque se basa en una encuesta y no sabemos cómo se realizó):












Y el mapa que muestra la Reconquista del Donbass por la Ucrania del Oeste (casi escribo "del Lejano Oeste...), hasta la invasión rusa:


Recibo de un buen amigo este mensaje, con el comentario sucinto:

"Os copio de Facebook. Muy esclarecedor. A ligazón deste artigo é censurada por Facebook. Ler a seguir":

Y esta carta, que copio íntegra:

La hipocresía de un “No a la guerra” que llega muy tarde
2022-02-26 
Ramiro durante su viaje a Lugansk

Artículo de Ramiro Gómez, miembro de la Brigada Rubén Ruiz Ibarruri y participante en la Caravana Antifascista de Banda Bassotti

Me pongo a escribir esto tratando de contener la rabia y la indignación que me producen las reacciones de la izquierda occidental y de la sociedad en general sobre el contraataque ruso contra Ucrania.

La verdad es que no espero gran cosa con esto. Tengo de sobra comprobado que no hay más ciego que el que no quiere ver, y que por mucho que todos repitáis mil veces que la tele manipula, seguís bailando al ritmo que os marcan desde los medios de masas de occidente. Desde ayer he visto las redes sociales llenas de cartelitos de NO A LA GUERRA a los que habéis quitado los casi 20 años de telarañas desde la guerra de Irak.

Podría decir que esos mismos carteles han estado olvidados en el fondo del cajón de la infamia, mientras Israel masacraba Palestina. Mientras EE.UU. arrasaba Afganistán, o Libia, en bombardeos masivos que han causado la muerte de mas de 150.000 personas, incluyendo miles de niños. Muertes que EE.UU. se ha negado a investigar. Pero decir todo esto, sería demasiado fácil. Podría decir que cuando los medios os dijeron otra vez, que al igual que con Libia había que intervenir en Siria, os habéis mantenido callados mientras USA atacaba a un país soberano y saqueaba sus reservas de petróleo.

También podría decir que en lo que va de mes de febrero del 2022 , ha habido muertos en Palestina, en Damasco por bombardeos de Israel, al igual que en Yemen o en Somalia. Y vuestros cartelitos seguían olvidados.

También podría decir que las políticas occidentales han causado un genocidio constante en las aguas mediterráneas, pero seria poner en bandeja el que 4 caraculos me tachen de demagogia. Se ve que hay muertos que importan, y otros que no.

Como decía Malcolm X, tened cuidado con los medios de comunicación porque si no vais a acabar defendiendo a los opresores.

Pero quiero centrarme en la guerra que estalló en Ucrania en el año 2014, a la cual, vuestros insulsos carteles están llegando 8 años tarde. Todo el mundo puede despistarse, todos podemos cometer errores, pero también es posible que haya algo más perverso en según qué “descuidos”.

Tener memoria es algo muy importante, y más en una sociedad que fabrica conflictos de usar y tirar para los que la mayoría de personas sólo actúan poniendo un avatar de moda en su foto de perfil, y que días después con la aparición de cualquier noticia de la prensa rosa, del futbol o de cualquier gilipollez caduque en un suelo infértil.

Antes de nada hay que entender que una guerra hoy en día no aparece de la nada y que muchos de nosotros entendemos que la guerra global comenzó hace mucho tiempo. Otra cosa es que los medios de comunicación de los que nos alimentamos , decidan qué tiempo hace, o qué conflictos existen o no existen, pero son muchísimos rincones del mundo los que desde hace años están en guerra y son invisibilizados debido a que los interés económicos que hay detrás favorecen a la alianza occidental USA-OTAN.

Desde hace años OTAN-USA ha ido faltando a su compromiso y levantando base militares estableciendo allí sus tropas por toda la frontera rusa, con la intención de debilitar, y asediar a los países euroasiáticos que podían hacer competencia al dólar y al euro.

Es tan fácil como buscar en un mapa las bases de la OTAN por el mundo y veréis como los movimientos militares de acoso llevan años sucediendo.

La Guerra de Ucrania es sólo un capitulo más de una serie mucho más extensa y es esencial tenerlo en cuenta a la hora de analizar los hechos de los últimos días.

Antes de nada, y para prevenir a los niños rata que aparezcan, diré que Putin me da asco, y que Rusia no es la URSS y sus políticas nada tienen que ver con su pasado soviético, pero me niego a poner el foco en Rusia, porque considero que es poner el eje de la balanza en un lugar erróneo y que sólo puede dar pie a posiciones manipuladas.

Voy a centrarme en mi querido pueblo del Donbass.

Cuando en el 2013 surgió el movimiento Maidan como una supuesta respuesta social a la corrupción política, los obreros y mineros del Donbass lo veían con simpatía, pese a que ellos estaban inmiscuidos en una huelga del carbón, de unas ciudades abandonadas desde hace tiempo por las administraciones, que quedaba muy lejos de la vida de la capital.

Desde aquí también vimos las imágenes de las manifestaciones multitudinarias en Kiev y de cómo se enfrentaban con mucha violencia contra la policía.

Hasta ahí todo iba bien. Las banderas rojinegras le daban el toque guapo para que para una sociedad del espectáculo como la nuestra se pusiera a aplaudir los símbolos y apoyar esos movimientos.

La cosa empezó a torcerse cuando los manifestantes que atacaban a la policía iban uniformados paramilitarmente y empezaron a aparecer símbolos nazis en sus escudos. Algo empezaba a oler mal. La bandera rojinegra resultó ser el símbolo del ejército insurgente ucraniano del nazi Stepan Bandera, que se alió a los nazis alemanes en la Segunda Guerra Mundial, llevando acabo matanzas de sus compatriotas ucranianos judíos, que llegaron a escandalizar a los propios alemanes.

Es curioso ver cómo si alguien tira una piedra a la policía en Euskadi, Catalunya o Madrid, es poco menos que un terrorista, y cuando alguien quema vivo a un policía en Venezuela o Ucrania, es un activista por la libertad.

El caso es que los sucesos de después fueron por todos conocidos. El presidente Yanukovich (otro corrupto más, como cualquier otro) abandonó Ucrania y el golpe de estado colocó a un fascista reconocido como Poroshenko. Los nazis tomaron las calles. Poco a poco iría descubriéndose que tales protestas eran sostenidas por maletines de dólares americanos que insuflaban para levantar ese monstruo de la guerra.

La violencia desde entonces ha sido salvaje y diaria. Lo primero que hicieron fue acudir a las sedes comunistas y antifascistas y destrozarlas. Los grupos nazis armados llegaron a todas las asambleas, y dijeron, o con nosotros u os matamos. Muchos huyeron y se alejaron, otros supuestos compañeros se unieron a las filas nazis en pos de la Unidad de Ucrania. Un esperpento, pero así fue.

La población de Ucrania es muy heterogénea, con un 20% de gente de ascendencia rusa, principalmente establecida en el este del país, en la cuenca minera del Donbass. También hay tártaros, bielorrusos, rumanos, moldavos, polacos húngaros, gitanos, judíos etc.

En el este de Ucrania, cuando Stalin mando a miles de obreros rusos a poblar la abandonada zona del Donbass, rica en carbón, para que explotasen las minas, se fusionaron las familias rusas y ucranianas creando una convivencia sana con más amor fraternal que odio. Las familias de padre ruso y madre ucraniana y viceversa eran de lo más normal allí.

Pero siniestramente, años atrás, algo estaba fraguándose.

En primer lugar, desde la educación se empezó a lavar la cara del ejército insurgente de Stepan Bandera, que habían sido considerados como proscritos antipatriotas, y empezaron a venderles en las escuelas como “héroes por la patria” (a día de hoy es fácil encontrar libros de primaria con niños dibujados con los emblemas rojinegros de estos salvajes asesinos).

Por otro lado, desde las principales tertulias políticas de la televisión ucraniana, empezó a crearse el caldo de cultivo de odio étnico muy bien diseñado y cocinado, en el que se vendía a la población rusa como la culpable de todos los males económicos que sufría el pueblo ucraniano. Todo esto enrevesado por la política local de Yanucovich que se decantaba por unas relaciones comerciales hacia Rusia, en vez de hacia la “próspera Europa”.

En estas tertulias empezaron a vender a la población del Donbass casi como monos subhumanos que solo servían para picar las minas de carbón, en contraste con la población ucraniana de Kiev con su universidad y su mundo moderno. Eso fue un bombardeo constante de odio étnico.

Hay un video por internet en el que se ve a un famosísimo tertuliano ucraniano diciendo “Es una verdad dura de aceptar, pero esa gente es un lastre, que nos empobrece, y ocupa un espacio que los verdaderos ucranianos necesitamos. Es duro decirlo, pero hay gente en Donbass que debe morir”. Así, sin vaselina. Durante años, mientras además paralelamente, el Pravy Sektor y Svoboda, los principales partidos nazis de Ucrania, formaban paramilitarmente con dinero occidental a sus militantes en técnicas de guerra y combate.

Volviendo al Maidan, el efecto de toda esta estrategia dio los frutos que esperaban. El odio nazi, y racista se tradujo en linchamientos por Kiev de las personas racializadas, homosexuales, de izquierdas, o nostálgicos del pasado soviético. Los asesinatos se sucedían cada día. En ese momento es cuando los grupos paramilitares de extrema derecha, se conforman como batallones militares oficiales, pagados con un buen sueldo directamente de las carteras de oligarcas locales como Kolomoski entre otros. Estos batallones se dirigen al Donbass.

Mientras estas formaciones marchan emulando en simbología y uniformes a los grupos nazis alemanes, los civiles de Kiev les aplauden mientras corean “muerte a los rusos”,  “Gloria a Ucrania, gloria a los héroes”. Se mascaba la tragedia.

Mientras las unidades nazis se dirigían a arrasar al pueblo del Donbass, los civiles exaltados ultranacionalistas empezaron a imponer su ley en todas las ciudades. Lo primero que hicieron fue derribar todas las estatuas de Lenin (en el este hay una en cada pueblo) y a linchar a todos a los que consideraban enemigos de la patria.

Sin ir más lejos, hay muchas imágenes de sucesos distintos, en los que grupos de jóvenes y no tan jóvenes patean sin piedad la cabeza de ancianos que llevan flores a las estatuas de Lenin.

La mayor parte de esas palizas descontroladas acaban en muerte.

Las personas del este, de procedencia rusa, se ven obligados a reaccionar. Viendo la que se les viene encima, se empiezan a reunir en torno a las plazas y estatuas de Lenin para demostrar su postura, y organizar su autoprotección.

Llega el día fatídico que nos cambió la vida a miles de personas de muchos países. El 2 de Mayo de 2014.

La liga de futbol, “casualmente” en mitad de ese caldo de cultivo, organiza un partido amistoso “por la patria” entre dos equipos de futbol con hinchadas grandes fascistas. Antes del partido todos se unen en una manifestación por la unidad de la patria ucraniana.

Cerca del recorrido de esa manifestación se había establecido en la puerta de la Casa de los Sindicatos, un campamento de manifestantes anti-Maidan, de ascendencia rusa.

En Rusia su “semana santa” esta marcada por la historia soviética, y desde el 1 de Mayo, Día de la Clase Obrera, hasta el 9 de Mayo, conmemorando el Día de la Victoria contra el III Reich alemán, son días de fiesta, y la gente aprovecha para visitar a familiares y hacer excursiones. Por lo que el campamento anti-Maidan sólo tiene varios cientos de personas, en su mayoría jubilados y chavalillos.

En un momento determinado de la marcha fascista, se desvían del recorrido y se dirigen en masa hacia la Casa de los Sindicatos. Habría mucho que hablar de cómo sucedió todo y de que agentes estaban involucrados, pero si me meto en eso ahora, no acabo nunca.

El resultado ya lo sabemos tod@s. La gente del campamento viendo a esa masa enfurecida de nazis con banderas ucranianas, tuvo que refugiarse dentro del edificio.

Los nazis rodearon el edificio y lo prendieron fuego con todo el mundo dentro. Más de 50 victimas, incluyendo chavales de 16 años, murieron calcinados. Hay imágenes al alcance de cualquiera de una mujer embarazada estrangulada por los nazis con un cable de teléfono mientras el resto de manifestantes gritaban “muerte a los rusos”.

La gente que trataba de huir de las llamas y se tiraba desde un tercer piso a la calle, eran recibidos con barras de acero y golpeados hasta la muerte por la turba de “civiles inocentes”.

Los datos reales es que además de esas 50 personas quemadas, hay otras 150 que desaparecieron sin saber nunca dónde habían acabado.

La infamia no terminaría ahí, pues las autoridades, que estaban presentes en ese ataque sin hacer nada, incluso colaborando. A las únicas personas que detuvieron por esos hechos, fueron precisamente a algunos de los atacados. Mientras, los políticos ucranianos, aplaudían públicamente en redes los hechos sucedidos. Las imágenes de los cuerpos de las y los compañeros calcinados son terribles.

También son terribles las imágenes de muchas chavalas y chavales ucranianos de veintipocos años, rellenando los cocteles molotov con los que quemarían vivos a los compañeros. O las imágenes de la líder de FEMEN en Ucrania celebrando la masacre con el edificio en llamas a su espalda (es tan fácil como poner en Google “Femen, Odessa”)

Aquí, en nuestro país, los mismos medios que os están diciendo lo malos que son los rusos y que debéis salir a la calle a protestar contra esta guerra a día de hoy, son los mismos que tras esos hechos publicaban los siguientes titulares : “MAS DE 50 MUERTOS EN CHOQUES CON LOS SEPARATISTAS PRORRUSOS”

Hay que ser profundamente despreciable y criminal para publicar eso, vendiendo a las víctimas de verdugos, nada nuevo bajo el sol.

Los hechos que siguieron a esto eran de esperar.

Los nazis linchando, ahorcando, enterrando vivos a civiles rusos, violando mujeres, crucificando a personas a las que después prenderían fuego. Me sería muy fácil adjuntar las fotos de todo esto, pero no quiero caer en el morbo amarillista, y por respeto a las personas amigas y compañeras de las víctimas, que bastante tendrán con tener grabadas esas imágenes en la cabeza como para ponérselas continuamente delante de los ojos.

Pero ya digo, esas imágenes son públicas y están al alcance de cualquiera que se moleste en buscarlas. A los que se nieguen y sólo prefieran tragar la mierda que le cagan los medios en la boca tampoco pretendo hacerles cambiar de opinión. Bastante tienen con sus despreciables existencias.

Ante el discurso ucraniano que llama a tomar Donbass y a exterminar a ese 20% de su población en el este, muy a su pesar, (porque los rusos del Donbass no querían ninguna guerra) se ve obligados a reaccionar para defender sus familias, y sus casas.

Se hacen sendos referéndums en los que se decide independizarse de Ucrania y pedir ayuda a Rusia. En Crimea, sin ir mas lejos, el 97% de la población es rusa, y los resultados de dichos referéndums eran de esperar. Nadie quiere quedarse en una casa en la que te quieren matar.

Se declaran una serie de Republicas Populares independientes de Ucrania.

El ejercito ucraniano declara la guerra y encabezados por los batallones nazis (Azov, Aidar, etc..) comienzan a rodear y bombardear las ciudades pro-rusas mas representativas.

Hay que decir, que toda esta guerra civil y étnica, lo que escondía eran los planes de la OTAN para apoderarse de un enclave importantísimo en su guerra fría económica encubierta (y no tan encubierta) contra Rusia. Dan un golpe de estado, colocan un títere occidentalista y establecen bases militares en las puertas de Rusia. Para eso, una pieza importantísima estratégica era la península de Crimea con sus bases navales y el control del mar negro.

Rusia no es tonta, y se lo ve venir, e inmediatamente respalda el referéndum de Crimea anexionándosela.

Tanto Kramatorsk como Járkov, no están preparadas para aguantar el asedio militar de la artillería y sucumben muy pronto. Las escenas de violencia nazis que se sucederían esos días son sobrecogedoras.

Pero Lugansk y Donetsk se hacen fuertes. Los obreros, mineros, civiles, y también algunos policías y soldados de ascendencia rusa, se organizan , toman cuarteles y se arman formando las milicias populares de autodefensa. No están dispuestos a dejarse matar.

Los batallones nazis y el ejército ucraniano las rodea, creando un cerco que incomunica dichas ciudades y comienzan a bombardear sin piedad a la población civil saltándose todas las convecciones y pactos de derechos humanos.

Lo primero que hacen es bombardear las plantas de agua, electricidad y energía. Dejando a la población sin agua, sin electricidad, sin comunicaciones, radio, teléfono y televisión. Después destrozan las principales vías de comunicación para evitar que puedan abastecerse de víveres.

Vuestros cartelitos de No a la Guerra dormían plácidamente en el armario polvoriento de vuestras conciencias. La comunidad internacional guarda silencio.

Durante meses estas ciudades son golpeadas de la manera más cruel. Miles de personas, ancianos, niños, etc, mueren desmembrados saltando por los aires en una carnicería sangrienta.

Los hospitales, colegios, guarderías, no se salvan de las bombas. Las ciudades y pueblos de alrededor son destruidas. Se genera un éxodo de cientos de miles de personas que son recibidos en Rusia para protegerse de los bombardeos.

El sadismo de los fascistas emula a la España de Franco con el bombardeo de La Desbandá. En la última carretera que queda sin tomar de Lugansk y que la comunica con Rusia, sucede algo terrible. El ejército ucraniano comunica a los civiles del Donbass que pararían el fuego durante 24 horas para que todos los civiles que quisieran huir a Rusia lo hicieran de inmediato.

Caravanas de autobuses comienzan el camino por dicha carretera.

El ejército ucraniano abre fuego y masacra la carretera reduciendo a escombros de hierros humeantes retorcidos entre cuerpos calcinados. Ese mismo ejército que ahora esta siendo castigado por Rusia. Quien a hierro mata, a hierro muere.

El suceso del 2 de mayo, he dicho que a muchos nos marcó para siempre, y entre lágrimas de rabia y deseos de justicia muchas personas decidieron dejarlo todo y acudir a poner su pecho como escudo y sus manos como herramientas a defender al pueblo de Donbass de la carnicería fascista. Yo fui una de las personas que dejaron todo y cogí un avión solo, entre lágrimas de miedo, para atravesar miles de kilómetros, atravesar el cerco del ejército ucraniano y plantarme en Lugansk a ayudar a un pueblo olvidado por todas vosotras y vosotros.

Lo que allí pude ver, muchos lo tachan de propaganda rusa. Mucho tiempo me costará y muchas más sesiones de psicólogo me harán ir superando las terribles imágenes y vivencias que allí viví. Tuve que esforzarme con todas mis fuerzas, y mi agilidad física y mental para no morir en enésimas ocasiones. A mi alrededor, sin tanta suerte, pude contemplar los cuerpos mutilados, y las vísceras esparcidas de niños, ancianos, hombres y mujeres inocentes. Ese olor, esa sangre, esas imágenes no se me olvidarán en la vida.

Han pasado 8 años en los que el ejército ucraniano ha masacrado sin piedad y sin interrupción al pueblo del Donbass. 8 putos años en los que todos habéis guardado silencio cruel y cómplice. Desde los medios, hasta los que ahora sacáis vuestros ofensivos cartelitos de No a la Guerra.

Las victimas civiles “oficiales” que son infinitamente más cortas que las reales, reconocen 14.000 personas asesinadas.

Los batallones nazis a su vez, tomaban pueblos enteros, violaban a placer a todas las mujeres y niñas, saqueaban las casas, torturaban a los hombres e incluso celebraban orgías en las que violaban a bebes delante de sus madres. Podéis comprobar quién era el Batallón Tornado.

En el tiempo que viví con ellos pude comprobar como sufrían a 40º de calor, sin una gota de agua, sin poder comer, ni asearnos, durmiendo en rincones, sótanos e incluso alcantarillas para evitar el continuo machaque de las bombas ucranianas.

El presidente Poroshenko era aplaudido por todos los ucranianos cuando decía “nuestros niños podrán ir a la escuela mientras los niños del Donbass tendrán que esconderse en sótanos como ratas”. Todo su pueblo le aplaudía. El mismo pueblo que concedió la cartera de Ministerio de Defensa en tiempos de guerra a los líderes nazis del Pravy Sektor. Ser un civil inocente no te exime de darle el poder a auténticos psicópatas para que torturen maten y violen sin piedad.

Ahora, Rusia, que lleva tiempo advirtiendo de que no permitiría que se le siguiese asediando y poniendo en peligro, se ha decidido a actuar. Evidentemente, lo hacen para proteger sus intereses y evitar que la OTAN siga armándose y rodeándola con misiles y tropas. No seré yo quien simpatice con Putin ni con la Rusia actual. Nada más lejos de la realidad. Pero me niego a participar de esta infamia poniendo el foco en Rusia. Me parece de estar completamente ciegos. En primer lugar porque estas consecuencias del enfrentamiento geoestratégico de grandes bloques tiene muchos responsables que llevan años bombardeando otras tierras y moviendo fichas para seguir extendiendo su dominio, y veo completamente legítimo que otros países que ven la que se les viene encima muevan también sus fichas.

Por otro lado, porque como ya digo, esta guerra que de pronto a todos os preocupa por que lo esta dictando el telediario, no ha empezado el 23 de febrero del 2022. Esta guerra lleva 8 años asesinando sin piedad a una población inocente mientras todos os poníais de perfil o mirabais para otro lado. Vuestros cartelitos de No a la guerra, llegan cruelmente muy tarde y al servicio indirecto de los intereses OTANistas.

Os quieren convertir en otros cómplices manipulados de la barbarie que lleva un pueblo sufriendo durante 8 interminables años, en los que Ucrania se ha pasado por el forro todos los puntos de los acuerdos de Minsk.

Me gustaría que hicierais el esfuerzo por un momento de entender la rabia e indignación que me produce ver que ahora saltáis todos.

Independientemente de las intenciones reales de Rusia, lo cierto es que por fin, el pueblo de Donbass va a dejar de sufrir y vivir escondidos entre sótanos de ruinas regadas por sangre.

Lo cierto es que ese ejército terrorista y asesino de Ucrania, está siendo desmilitarizado a base de destrozar sus bases, sus polvorines y almacenes de armas y bombas que ya no podrán seguir lanzando sobre el Donbass.

Lo cierto es que los batallones de neonazis ultra salvajes como el batallón Azov no volverán a violar y torturar porque ayer murieron por miles en su base militar de Mariupol. Sus líderes nazis han sido eliminados y hay una lista larguísima de criminales de guerra que están siendo capturados y serán juzgados ante el pueblo del Donbass.

Los “inocentes civiles de Kiev” llevan un día asustados por las sirenas, escondidos en sótanos, y en los andenes del metro, llorando en imágenes que nos repiten todos los enviados especiales en Kiev que nunca han querido pisar las ciudades masacradas del Donbass. Todos os habéis indignado ante esto en 24 horas. ¿Acaso las vidas de los niños y niñas del Donbass no valen lo mismo?

Vuestro No a la guerra se vería satisfecho si Rusia se retirara de Ucrania. Y volveríais a guardar los cartelitos obedientes a los medios, para volver a callar y enterrar con vuestras propias paladas a los hijos e hijas del Donbass. La verdad es que os desprecio.

Me gustaría acompañaros a los orfanatos que hemos visitado en Donbass, de niños que han quedado solos para siempre en una tierra destruida. Esos orfanatos de los que salí llorando de rabia y tristeza al ver cómo estaban acostumbrados con 5 años a tirarse al suelo hechos una bolita a una orden de la maestra para protegerse de las bombas. Y como día a día, esos niños han ido siendo diezmados.

No me esperéis con vosotros ahora clamando contra la guerra.

La guerra siempre es y será una mierda de ricos que pagan los pobres. Pero esta guerra ha destruido muchísimas vidas que os miran desde el olvido mientras tratáis de proteger a sus verdugos.

No estoy diciendo que todo esto haga que sea legítimo que mueran civiles en Ucrania. No voy a ser hipócrita, alguno morirá y es imposible evitarlo en un escenario así. Aunque lo cierto, es que a diferencia del ejército ucraniano, que sistemáticamente mata civiles, y que hasta esta misma mañana ha matado a dos profesoras en un colegio de Gorlovka, el ejército ruso esta procurando causar bajas sólo entre los militares, aunque en la tele te digan lo contrario usando imágenes de archivo de bombardeos en Siria u otros países. La maquinaria propagandística está trabajando a todo trapo. Lo que sí que digo, es que es infame que habléis de eso cuando son decenas de miles de muertos entre niños, ancianos hombres y mujeres que no han merecido ni vuestro apoyo ni vuestra solidaridad.

No me pidáis que sienta pena. No voy a ser tan cínico de decir que es que casi me matan. Yo asumí todo el riesgo para acudir allí con mi corazón como escudo para parar las balas contra el pueblo. Pero en mi corazón están muchas personas a las que vi morir, muchos niños a los que vi llorar (y morir también), muchos ancianos que no merecían acabar sus vidas desmembrados o muertos de hambre y sed en sus escondites olvidados. Me debo a ellos, y me debo a la justicia.

La OTAN, USA y Europa son criminales y asesinos. Las guerras de potencias entras las que incluyo a Rusia deberían ser frenadas todas de inmediato. Los y las trabajadoras del mundo deberíamos estar unidos contra sus guerras, contra todas sus guerras, y contra los oligarcas de un lado y otro. Eso sería ideal. Obreros ucranianos y rusos expropiando a los oligarcas y construyendo un entorno de apoyo mutuo y solidaridad.

Pero estamos a años luz de eso y a mi lo que me importa ahora, es que la gente del Donbass podrá salir de sus refugios y jugar en un parque con sus hijos, sin miedo a saltar por los aires, por primera vez en 8 años.

NI GUERRA ENTRE PUEBLOS NI PAZ ENTRE CLASES

martes, 1 de marzo de 2022

Sobre energía y transiciones ecosociales

Achacar a la pandemia en curso o a la guerra en Ucrania la culpa de los problemas de suministro de energía y materiales es atribuir a circunstancias que se consideran pasajeras lo que es un problema de fondo. Tiene el efecto de proporcionar tranquilidad para que sigamos creyendo que "cuando esto pase" volveremos "a la senda del crecimiento" como si tal cosa.

El complicadísimo ajuste de suministros necesario para encajar correctamente la producción de cualquier cosa, hace que el mecanismo de optimización "just in time", paralizado por cualquier emergencia "inesperada" (¡pero esperable!) cree cuellos de botella que paralizan sectores enteros. La actual complejidad es sumamente frágil. El enredo económico mundial es ya absolutamente insostenible.

La ley de Liebig es fácil de entender: "el crecimiento no es controlado por el monto total de los recursos disponibles, sino por el recurso más escaso". Según esto, cuanto más elementos sean necesarios para producir los eficacísimos artefactos tecnológicos actuales y las redes de transporte o comunicación de las que depende la producción y suministro de todo lo que consumimos, más seguro será que cualquier carencia pueda dar al traste con todo.

Por poner un ejemplo, en los teléfonos inteligentes se pueden encontrar 70 de los elementos químicos existentes (son 118 si se incluyen los transuránidos, que no se encuentran en la naturaleza, pero excluidos estos nos quedan 92). Algunos son muy escasos, su obtención requiere el empleo de enormes cantidades de energía. Después hay que aplicar tecnologías muy sofisticadas con una coordinación que fácilmente se desequilibra.

Aquí hallaréis un análisis en profundidad sobre los problemas que ha ocasionado la CoVid-19 a la producción de microchips. Añadamos ahora el desbarajuste ocasionado por las sanciones en curso a Rusia.

Cuando los problemas no son puntuales ni coyunturales sino claramente sistémicos, la huida hacia adelante no sirve. Con un gran caudal de datos inobjetables ha publicado Jorge Riechmann en la revista Papelesque edita la FUHEM, un artículo cuya versión en PDF puede descargarse aquí. Recomiendo su atenta lectura.

Comienza así el artículo de Riechmann:

Hablar de energía es hablar de casi todo lo demás, desde la fuerza vital que mueve nuestros cuerpos (energía endosomática) a la organización de casi todas las actividades humanas (energía exosomática). Por eso, se considera con razón que las posibles transiciones energéticas están en el meollo de las transiciones ecosociales que necesitaríamos (y de los colapsos ecosociales que se dibujan en el horizonte). 

En cuanto dejamos de pensar a corto plazo, los términos del debate ecosocial cambian drásticamente. (Por eso la dimensión generacional de este debate es tan importante)Pero sobre todo desde los retrocesos de los años ochenta, que solemos llamar (contra)revolución neoliberal y neoconservadora, nuestras sociedades no han hecho otra cosa que pensar desde la atomización individual y a cortísimo plazo… 

En un artículo reciente, Estanislao Cantos señalaba atinadamente que la transición energética va mucho más allá del sistema eléctrico: las cuatro quintas partes de la energía final consumida no son electricidad. Por ello, una transición energética hacia una sociedad sustentable implica un cambio muy profundo del conjunto de las estructuras y dinámicas sociales. Y el ingeniero aeronáutico (y militante de Anticapitalistas) identificaba «cuatro grandes retos para esa transición, ya sea desde una perspectiva neoliberal, social-liberal o ecosocialista». A saber: 

1) agotamiento de los combustibles fósiles;  
2) escasez de materiales para la transición;
3) almacenamiento de energía; 
4) electrificación de los consumos. 
Es una buena forma de comenzar a plantear el problema. Habría al menos otro gran reto, pero no lo abordaré aquí: la dependencia respecto de los combustibles fósiles de los dispositivos de alta tecnología que nos sirven para captar la energía del sol o el viento.

El artículo de Estanislao Cantos, «Los retos de una transición ecosocial», se publicó en Viento Sur el 30 de octubre de 2021.

Comenta este autor:

«El almacenamiento es de las cuestiones más estratégicas en el ámbito de la energía en el medio plazo, porque, en última instancia, es lo que va a marcar la disponibilidad energética. Las distintas tecnologías renovables se complementan entre sí, pero aun así habrá huecos por la noche y en invierno que deberán ser cubiertos: bien quemando fósiles, aprovechando la energía almacenada en las horas de excedente o bien racionalizando la energía; o, lo que es lo mismo, asumiendo que haya cortes. Si el almacenamiento está en manos públicas, podrá ser gestionado de forma democrática, pero si está en manos privadas, será una gran fuente de lucro para una minoría y de privación de derechos básicos para la mayoría. Por eso es tan importante la creación de una empresa pública que gestione el almacenamiento. El gran problema es que el almacenamiento de energía no es fácil de conseguir. Y cuanto más consumo haya, mayor será la necesidad de almacenamiento. Por tanto, si se quiere un escenario 100% renovable, es imperativo reducir el consumo de forma drástica».

«Del actual consumo energético final en el Estado español, solo el 23% es electricidad y el 7% renovable directa. Esto quiere decir que el otro 70% procedente de fuentes fósiles, principalmente derivados del petróleo y gas, hay que hacerlo renovable. Y eso implica electrificar los consumos (por ejemplo, el coche eléctrico), emplear renovables directas (por ejemplo, los viejos molinos para moler el trigo), y reducir el consumo energético de esos sectores. Aquí el problema es que ni todos los procesos son electrificables (o al menos no son sencillos de electrificar) ni tampoco es posible emplear renovables directas en muchas ocasiones. Por ello, cuando se habla de un escenario 100% renovable, aun con propuestas de reducciones drásticas de consumo energético, es mucho más fácil enunciarlo que ponerlo en práctica».

Sobre la dependencia de los combustibles fósiles comentaba Daniel Gómez Cañete en Crisis energética el 1 de noviembre de 2021, hablando de «Cincuenta años de crisis energéticas»:

«Esto es quizás el aspecto más contraintuitivo de la llamada transición verde: no es realmente posible una sustitución de los combustibles fósiles por flujos renovables sin ponerle un tope al consumo total de energía primero, y forzar su descenso después. Cabe recordar que cuando hablamos de un sistema energético basado en flujos renovables, lo único realmente renovable (al menos en términos humanos) es el flujo de radiación solar que llega a la Tierra. El resto, generadores eólicos, placas fotovoltaicas, líneas de transmisión, transformadores, subestaciones, paneles de control, baterías y demás infraestructuras necesarias no son realmente renovables. Para extraer los materiales necesarios para su construcción y mantenimiento se utilizan combustibles fósiles y minerales que han de ser extraídos, procesados y transportados. Y toda esa infraestructura debe ser sustituida cuando acabe su vida útil y sus residuos procesados de alguna manera. Y de momento, todas esas actividades necesarias para el despliegue renovable dependen de los combustibles fósiles, especialmente en todo lo que concierne a la obtención, procesamiento y transporte tanto de las propias infraestructuras, como de los materiales necesarios para construirlas».

ATTAC publicó el año pasado Pour la justice climatique. Stratégies en mouvement. Dice en la página 47:

«Cada innovación tecnológica, cada nuevo mecanismo de mercado crea problemas que sus promotores se niegan a ver. Así, la tercera generación de agrocombustibles no ha resuelto el problema de la tierra necesaria para su producción, y siguen compitiendo con la producción de alimentos. Las inversiones en árboles de crecimiento rápido para crear sumideros de carbono de ninguna manera evitan la destrucción continua de los bosques antiguos donde viven los pueblos indígenas. Los vehículos eléctricos, ese nuevo El Dorado de los fabricantes de automóviles, son una forma de plantear una nueva era del automóvil, sin modificar la movilidad y los modos de transporte. Las promesas de aviones libres de carbono solo están destinadas a permitir el crecimiento del sector aéreo, etc».

La energía solar, la eólica o los agrocombustibles no pueden sustituir a la superconcentrada de los combustibles fósiles, acumulada a lo largo de cientos de millones de años. Este es un regalo geológico irreemplazable, pero es un regalo envenenado.

La razón de esto la explica clara y brevemente Antonio Turiel en «Energía, entropía y exergía». Exergía es la cantidad de trabajo útil que puede conseguirse a partir de cierta cantidad de energía. Es lo que queda después de las pérdidas causadas por el aumento de la entropía.

Ahora nos venden la moto una vez más (perdón, quería decir el coche eléctrico). Estos vehículos son, y serán, más caros y con peores prestaciones que los movidos con gasolina o diésel. Sus impactos ecológicos resultan probablemente mayores, incluso  en cuanto a las emisiones de GEI, considerando todo el ciclo de vida del vehículo, con sus elevadísimos requerimientos de materiales. Véase lo que nos cuenta en El Salto Leire Regadas, «El mito de los coches eléctricos en la transición verde». Véase también el extenso documento de Pedro Prieto Consideraciones sobre la electrificación de los vehículos privados en España. Y también: «La demanda mineral de la movilidad electrificada ¿El lado oscuro de este tipo de movilidad?».

¿Cuánta energía renovable sería necesaria para mantener el actual sistema económico? Pedro Prieto se puso a hacer cuentas (a escala planetaria) y le resultaba una potencia de entre 44 y 97 TW. Ahora mismo el conjunto de los que proporcionan solar y eólica apenas supera 1 TW. Véase Descarbonización al 100% con sistemas de energía 100% renovable mediante la conversión de energía en gas y la electrificación directa.

Recoge Riechmann unos datos contrastados, tomados de la conferencia telemática celebrada en la Universidad Politécnica de Valencia el 20 de mayo de 2021 con el título «Transición energética, una perspectiva realista»:

Antonio Turiel, experto confiable para estos asuntos, establece algunas fechas. 
  • Cénit del petróleo crudo: 2005. 
  • Cénit de todos los “petróleos”: 2018. 
  • Cénit del carbón: 2014. 
  • Cénit del gas: 2020-25  
  • Cénit del uranio: 2016. 
  • Cénit conjunto de todas las formas de energía no renovable: 2018-2020. 
  • Porcentaje de nuestro uso de energía hoy que podrían proporcionar las fuentes renovables: 30-40%.
Y no se puede querer todo a la vez.

Muy gráficamente lo expresa Antonio Aretxabala en su extenso artículo «Volatilidad del petróleo: la enorme piedra en el camino hacia la Transición Energética»: 

«No se puede luchar contra el colapso ni contra el cambio climático y al mismo tiempo “querer limpiarse el culo con toallitas húmedas”. La economía decrece con la menor disponibilidad de energía, es lo que nos enseña la historia y es también su última lección. El desacoplamiento del crecimiento de PIB de la quema de combustibles fósiles –afortunada o desafortunadamente– es pura fantasía»

Casi todo el espectro político, incluida la mayor parte de la izquierda, no acaba de entender que el decrecimiento no se refiere a ese artificial constructo, el PIB, que mezcla en un totum revolutum la producción de trigo y la de coches deportivos, sino  a nuestro uso de energía y materiales, el “flujo metabólico” o throughput. Véase por ejemplo Kenta Tsuda, «Preguntas ingenuas sobre el decrecimiento».

Manuel Sacristán escribió, presentando la edición castellana del libro de Wolfgang Harich ¿Comunismo sin crecimiento?, que el auto privado era un siniestro vehículo del apocalipsis:

«No se ve por qué los Volksfiatovich fabricados en Togliattigrado han de contaminar menos o ser más comunistas que los Fiat hechos en Turín o los Volkswagen de Wolffsburg. Mientras eso no se demuestre, hay que seguir pensando que el Asno del Apocalipsis es igual de siniestro si se llama Seat que si se llama Trabant, y que el quinto jinete que lo cabalga es un pobre hombre tan alienado en un caso como en el otro». 

Escrito en 1978, puede encontrarse completo en Intervenciones políticas (Panfletos y materiales III), Icaria, Barcelona, 1985.

Alicia Valero, en la undécima edición de la Universidad Socioambiental de la Sierra celebrada en Collado Villalba el 28 de junio de 2021, pronunció una conferencia sobre «La escasez de recursos minerales y otros problemas del modelo extractivista». Al hilo de los datos que dio en ella comenta Riechmann:

Lo que los movimientos ecologistas apenas se atreven a musitar es: renovables sí pero empobreciéndonos materialmente (porque usaríamos mucha menos energía, aunque ello no implica que no podamos organizar una vida buena dentro de los límites del planeta Tierra). Alicia Valero suele insistir sobre lo siguiente: por unidad de electricidad generada, la eólica necesita 25 veces más materiales que las centrales térmicas convencionales (de gas o carbón). 

Y ¡la cantidad ni siquiera es lo más importante en estos dispositivos de alta tecnología para captar energía renovable! Se usa neodimio, disprosio, cobalto… casi toda la tabla periódica de los elementos, entre ellos muchos metales escasos y “tierras raras” –con los enormes impactos asociados a su extracción.

Un estudio analiza estos materiales imprescindibles: «Analysis of the material requirements of global electrical mobility»Es en otro estudio de Alicia Valero (en Antonio y Alicia Valero, Thanatia. Los límites minerales del planeta, Icaria, Barcelona 2021, p. 19-20), donde leemos:

«La demanda de materiales de las centrales de producción de energía renovable es muy elevada. Una potencia eléctrica de 1.000 MW, instalada con 200 aerogeneradores de 5 megavatios (MW), necesita actualmente unas 160.000 toneladas de acero, 2.000 de cobre, 780 de aluminio, 110 de níquel, 85 de neodimio y 7 de disprosio. Si comparamos los materiales necesarios para producir esa misma cantidad de energía usando gas natural como combustible obtenemos unas 25 veces menos cantidades de metales: 5.500 toneladas de acero, 750 toneladas de cobre y 750 de aluminio aproximadamente. En el caso de la energía fotovoltaica el problema es similar. Los nuevos modelos, que han conseguido eficiencias más elevadas que las del silicio, requieren, además de cobre y plata, indio, galio y selenio, o teluro y cadmio dependiendo de la tecnología utilizada. En mayor o menor medida, por tanto, todas las energías renovables necesitan elementos no frecuentes en la naturaleza. Y no solamente para su producción. En el sector renovable la producción de energía es inseparable de su almacenamiento. Al no tener control de los flujos de producción, que vienen determinados por las propias fuerzas naturales (sol, agua viento), se hace imprescindible poder acumular energía que se utilizará después. Y si, como es el caso, dicho almacenamiento de energía se realiza en baterías, eso implica el uso de cantidades masivas de litio, grafito y cobalto junto con níquel, manganeso y aluminio entre otros. De nuevo, materiales muy escasos en la corteza terrestre, excepto, de momento, el aluminio».

Alice J. Friedemann, en el libro Life After Fossil Fuels. A Reality Check on Alternative Energy (Springer, Lecture Notes in Energy, Cham (Suiza), 2021, p. 69), informa:

«A mediados de siglo [XXI], los minerales y metales necesarios para la alta tecnología podrían escasear, incluidos acero inoxidable, cobre, galio, germanio, indio, antimonio, estaño, plomo, oro, zinc, estroncio, plata, níquel, tungsteno, bismuto, boro, fluorita, manganeso, selenio y otros (Kerr 2012, 2014; Barnhart y Benson 2013; Bardi 2014; Veronese 2015; Sverdrup y Olafsdottir 2019; Pitron 2020 Apéndice 14). Según el crecimiento proyectado de la energía solar y eólica, para 2050 las turbinas eólicas y los paneles solares necesitarán 12 veces más indio del que el mundo entero produce ahora, siete veces más neodimio y tres veces más plata (Van Exter et al. 2018)».

Añade Riechmann:

Luis González Reyes resume un extensísimo estudio finlandés reciente de esta forma lapidaria: «Harían falta 221.594 nuevas plantas eléctricas para un mundo como el actual 100% sin combustibles fósiles. En 2018 había 46.423 plantas. Reemplazar a los combustibles fósiles por renovables sin decrecer (mucho) es imposible».

Sin autocontención y frugalidad, el abismo. La Unión Europea en su conjunto, con menos del 10% de la población mundial, por sí sola ya ocupa probablemente todo el espacio ecológico disponible en la Tierra.

Muchas más investigaciones apuntan en la misma dirección. Dejo aquí algunos enlaces de Internet contenidos en el documento:

«Environmental sustainability of European production and consumption assessed against planetary boundaries»

«¿Es inevitable el regreso de la humanidad a la barbarie?»

«An open letter to the 1 percent: Climate change is here, and you’re fucked too»

«El fin de la gasolina con plomo evitará 1,2 millones de muertes anuales, según la ONU»

«Vivimos en un sistema irracional y la Tierra no puede soportarlo»

«Cero neto, un gran engaño»

«Ecosocialismo: la necesidad de una alternativa revolucionaria»

«El distanciamiento social no amenaza de muerte» 

«Nuestra lucha es la de una fuerza contra otra, no la del conocimiento contra la ignorancia»

«Los líderes mundiales encaran la última oportunidad para controlar el clima»

«Almost one in three of Republicans say violence may be necessary to ‘save’ US» 

Según esta noticia de The Guardian, en EEUU un tercio de los votantes republicanos (casi un 20% de la población adulta) creen que será necesario recurrir a la violencia armada para “salvar” el país. Clima de alarma tan mal dirigido  refleja la irracionalidad cultivada por las élites para desviar el descontento popular, ¿Hacia qué o quién, pues?

Una cita final de Daniel Gómez Cañete:

«Han pasado cinco décadas después de la primera crisis energética y el sistema ha cambiado, pero para peor, pues en busca de su supervivencia ha empeorado las desigualdades y sus elites se han refugiado en el casino que son hoy en día las finanzas globales, que se ha situado por encima de la soberanía de los estados. El capitalismo que padecemos hoy es el resultado de las transformaciones sufridas en su huida para zafarse de la disminución de las tasas de crecimiento y de las tasas de ganancia. Los precios de prácticamente todo lo imprescindible para el funcionamiento de la economía real (materias primas, alimentos, energía) vienen dados por los mercados de futuros, donde reina la especulación. Y sorprendentemente, y pese a que solo sobrevive asistido por la continua inyección de dinero fiduciario y el aumento de la deuda, nadie se atreve a señalarlo como el principal obstáculo para la reforma del sistema socioeconómico. Aun, al contrario, los estados se siguen plegando a las necesidades del “mercado” pese a la sucesión de burbujas, precariedad y desigualdades que sigue generando. Las heridas que el capitalismo provoca en el cuerpo social en forma de desempleo, reducción de la calidad de vida, privatización de los bienes y servicios comunes son ya insoportables. Son el resultado de un capitalismo sin crecimiento real. ¿A qué esperamos, entonces? No parece, al menos atendiendo a los resultados de los sistemas de representación política, que se discuta la desaparición del capitalismo. Más bien al contrario, asistimos a un enroque de este capitalismo terminal disfrazado de reforma verde, cuando no un ejercicio represivo y reaccionario que vuelve a buscar enemigos exteriores e interiores para afrontar la escasez futura desde perspectivas nacional-autoritarias. Si necesitamos una verdadera revolución global, transgeneracional y descolonial, ¿no está el mundo preparándose para justo lo contrario? ¿No estamos previendo volver a esquilmar el Sur global en busca de los recursos minerales que requiere esa transición verde crecentista? ¿No son los resurgimientos de los movimientos populistas reaccionarios de corte fascista señal de que no nos preparamos para la cooperación global sino para cruentos enfrentamientos?».

Termina así este documento, que juzgo definitivo para establecer un juicio sobre lo que nos está pasando, y que no nos apetece conocer. Pero es mejor saber que no saber, y es imprescindible para gestionar correctamente la ESPERANZA:

La cuestión no es decrecimiento sí o no; hay que optar, pero entre decrecimiento genocida o decrecimiento igualitario. Y no cabe ignorar que implícitamente estamos eligiendo lo primero. «Todos somos conscientes de las alertas científicas», dice la economista costarricense Christiana Figueres (máxima responsable de NN.UU. en materia de cambio climático en 2015, cuando se celebró la Cumbre de París), «pero los cambios de hábitos y los estructurales no se dan de la noche del domingo a la mañana del lunes».

«…Moloch cuyo pecho es una dínamo caníbal”, señalaba el poeta Allen Ginsberg en Aullido. Vivimos en el seno de una cultura ecocida, donde los seres vivos no importan y todo se subordina a las “cadenas de valor” y el dinero que engendra dinero. No va a haber un “buen Antropoceno”, pero tampoco un “buen colapso”.

Son tiempos de tragedia. Pero podemos hacer mucho por frenar la deriva hacia los escenarios peores.