domingo, 10 de febrero de 2013

El reto para los movimientos sociales en Asia




Walden Bello es director ejecutivo de Focus on the Global South, profesor de Sociología y Administración Pública de la Universidad de Filipinas e investigador asociado del Transnational Institute.

Su exposición se estructura en estos apartados:
  • La nueva normalidad es el cambio climático.
  • El jaque mate mundial. El mundo se encuentra en curso de pasar de los 2 grados a los que les gustaría confinar el aumento de la temperatura media mundial, y ya está en una trayectoria de un aumento de temperatura de 4 a 5 grados, lo que sería calamitoso
  • La crisis económica mundial.
  • El fracaso de las soluciones del Establishmen.
  • Alternativas progresistas. Con el descrédito del neoliberalismo y las limitaciones del keynesianismo, otros sectores han visto la crisis como algo que proporciona la oportunidad de movernos, de simplemente apagar fuegos, a proponer una reestructuración económica más fundamental.
  • Alternativas desde el Sur.

En este último expone las iniciativas de Vía Campesina sobre soberanía alimentaria, que nuestro "seminorte" en declive debería tener en cuenta:
No son solo los ecologistas radicales del Norte quienes han iniciado el reto de promover una visión de una reestructuración radical de la economía. Una de las más conocidas es el paradigma de Soberanía Alimentaria de La Vía Campesina, que ofrece un programa completo de transformación social y económica.

Permítanme extenderme con alguna amplitud sobre la Soberanía Alimentaria, puesto que este es uno de los esfuerzos más atrevidos para proporcionar una alternativa completa al neoliberalismo. Tal como yo lo entiendo, los pilares clave de la soberanía alimentaria son los siguientes:

Primero, el objetivo de la política agrícola debería ser una autosuficiencia alimentaria en la que los campesinos dentro del país produzcan la mayor parte de los alimentos consumidos internamente -una condición no cubierta por el concepto de "seguridad alimentaria", que los representantes de las empresas estadounidenses han definido como la capacidad de cubrir las necesidades alimentarias de un país mediante la producción interna o la importación. Las implicaciones radicales de esta premisa son destacadas por Jennifer Clapp: "Al sacar a los campesinos completamente del sistema de comercio mundial, el movimiento de soberanía alimentaria se centra en las necesidades lcoales y en los locales alimentarios locales, liberando así a los pequeños agricultores de las normas injustas y desequilibradas del comercio que defienden los Acuerdos de Agricultura de la OMC."

Segundo, un pueblo debería tener el derecho a determinar sus pautas de producción de alimentos y consumo, tomando en consideración la "diversidad rural y productiva", y no permitir que estas esten subordinadas a un comercio internacional desregulado.

Tercero, la producción y el consumo de alimentos deberían estar guiados por el bienestar de los campesinos y los consumidores, no por las necesidades de beneficios de los agronegocios internacionales.

Cuarto, los sistemas nacionales de alimentos producen "alimentos sanos, de buena calidad y culturalmente apropiados principalmente para el mercado doméstico" [xiii] y evitan lo que Bové ha denominado malbouffe o "comida basura" estandarizada internacionalmente."

Quinto, se debe conseguir un nuevo equilibrio entre agricultura e industria, el campo y la ciudad, para dar la vuelta a la subordinación de la agricultura y el campo a la industria y las élites urbanas, que han dado como resultado un campo arruinado y barrios de chabolas enormes de refudiados rurales.

Sexto, se debe dar marcha atrás a la concentración de tierras por parte de los terratenientes y las empresas transnacionales y se debe promover la equidad en la distribución de tierras mediante una reforma agraria, aunque el acceso a la tierra debería ser posible más allá de la propiedad individual, permitiendo más formas comunales y colectivas de propiedad y producción que promuevan un sentido de administración ecológica.

Séptimo, la producción agrícola debería ser llevada a cabo principalmente por pequeños campesinos o cooperativas o empresas estatales, y la distribución y el consumo de alimentos deberían estar gobernados por unos esquemas de precios justos que tomen en consideración los derechos y el bienestar tanto de campesinos como de consumidores. Entre otras cosas, esto significa terminar con el dumping por parte de las empresas transnacionales de mercancías agrícolas subvencionadas, que han hundido artificialmente los precios dando como resultado la destrucción de pequeños campesinos. También debería significar, según el especialista y activista Peter Rosset, "una vuelta a la protección de la producción alimentaria nacional de los países ... reconstrucción de reservas nacionales de grano ... presupuestos del sector público, precios mínimos, créditos y otras formas de ayuda" que "estimulen la recuperación de la capacidad de producción alimentaria [de los países]".[xv]

Octavo, la agricultura industrial basada en la ingeniería genética y la Revolución Verde original intensiva en productos químicos debería ser desaconsejada porque monopoliza el control sobre las semillas, acelera la agenda corporativa y porque la agricultura industrial es medioambientalmente insostenible.

Noveno, las tecnologías agrícolas tradicionales campesinas e indígenas contienen una gran parte de sabiduría y representan la evolución de un equilibrio mayormente benigno entre la comunidad humana y la biosfera. Por tanto, la evolución de la agro-tecnología para que cubra las necesidades sociales debe tener a las prácticas tradicionales como punto de partida en lugar de considerarlas prácticas obsoletas a eliminar.

Falsas dicotomías


"La nefasta división entre lo social y lo político" es el título de un artículo de Juan Luis Berterretche, en Rebelión.

Señalaré con el autor dos falsas divisiones que han lastrado y siguen lastrando los movimientos emancipatorios, particularmente el movimiento obrero, pero que también esterilizan otras luchas, cuando establecen campos separados de actuación.

Resalto la idea de separación, dialécticamente inseparable (valga la paradoja) de su polo antagónico unión. 

Porque los diferentes momentos de toda lucha (nótese el sentido de "momento", "instante que se singulariza subjetivamente") pueden congelarse fácilmente, deviniendo en realidades no solamente separadas, sino antagonizadas.

El lenguaje funciona por oposiciones, porque lo hace el pensamiento. La precisión conceptual, mal entendida, aísla entre sí campos de actuación complementarios, convirtiéndolos en territorios rivales. A mayor gloria de un enemigo común.

El comienzo del artículo hace historia de la división partido / sindicato, que separó la lucha política de la sindical y redujo a esta última al inocuo economicismo, funcional al sistema, privando a las fuerzas políticas transformadoras de su brazo más poderoso:
En un primer momento pudo pensarse que las crisis de las centrales obreras que se arrastraban desde fines del siglo anterior, tenían que ver con la “acumulación flexible” al decir de Harvey /1. Es decir con la aplicación de la “globalización” y el “neoliberalismo” y la producción en masa de trabajadores superfluos e informales a partir de los 70, que debilitaban la sindicalización. Pero hay razones más profundas. Nos referimos a la aceptación, desde hace más de un siglo, de un paradigma que la historia de los fracasos del siglo XX ha demostrado funesto. Se trata de la división entre “brazo político” y “brazo sindical” que inició la socialdemocracia a fines del siglo XIX y que continuó en los partidos obreros reformistas o no, sean socialdemócratas, comunistas, del trabajo, etc

El precio pagado por esa división sindicato-partido fue el debilitamiento de la potencialidad de lucha de los trabajadores, causado por la aceptación del parlamento como el único ámbito donde enfrentar la dominación del capital. En términos prácticos, significó la división catastrófica del movimiento de los trabajadores en los denominados “brazo político” y “brazo sindical” con la ilusión de que el “brazo político” podría representar, en su acción legislativa, los intereses de la clase trabajadora organizada en las empresas industriales capitalistas en sindicatos de cada rama del “brazo sindical”. Pero, con el pasar del tiempo, todo resultó de forma opuesta. El “brazo político”, en vez de usar su mandato político en defensa de los intereses de los trabajadores representando al “brazo sindical”, subordinó los sindicatos al parlamento, lo que en los hechos significó someterlo a la mecánica de las instituciones burguesas y a través de éstas a la política estratégica del Capital /2
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1/ Harvey, David The Condition of Postmodernity - Basil Blackwell Ltd. 1989.
2 /Mészáros, István, Para Além do Capital, p. 833-834. 
Más adelante, citando a Bensaid, apunta a otro falso antagonimo entre la sectorialidad de los movimientos y la universalidad de los objetivos. La primera da fuerza a cada uno, y no la quita al conjunto si es consciente de la necesaria articulación:
Bensaid no renuncia al horizonte de unificación de lo social y lo político. Por el momento nos describe un panorama contradictorio: “¿Movimientos acéfalos, reticulares, rizomáticos, obligados por las derrotas a quedar acorralados en una interiorización subalterna del discurso dominante? Pero también redespliegue del movimiento social en los diferentes ámbitos de la reproducción social, multiplicación de espacios de resistencia, afirmación de su autonomía relativa y de su temporalidad propia. Todo esto no es negativo si se va más allá de la simple fragmentación y se piensa en la articulación
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De ahí el proclamado anhelo de Izquierda Unida de llegar a ser un verdadero movimiento político-social.

viernes, 8 de febrero de 2013

Buitres

  1. m. Nombre común de diversas aves rapaces carroñeras falconiformes de aproximadamente 2 m de envergadura alar, pico fuerte, cuello largo y desnudo con un collar de plumas más claras.
  2. com. Persona que se aprovecha de los demás y, en especial, de su desgracia.
El buitre es ave carroñera, que no mata, sino que espera a que llegue la muerte para intervenir. Se beneficia de la muerte.

Pero este pajarraco de mal agüero es más comensal que depredador. Eso mismo es lo que hacen algunos connotados escribidores.


Leo en Rebelión el texto de Andrés Martínez Lorca "Venezuela, la revolución bolivariana y los buitres que acechan".

"Cui prodest scelus, is fecit", o lo que es lo mismo: "aquel a quien aprovecha el crimen es quien lo ha cometido". Es prudente atenuar la radicalidad de la frase añadiendo "presuntamente", pero para detectar sospechosos la idea es fundamental. Sobre todo para estar alerta antes de que el crimen se consume.

Sólo personas muy ingenuas o desinformadas pueden ignorar a quienes podría beneficiar la desaparición de Hugo Chavez, y mutatis mutandis, el fracaso de la revolución bolivariana.

Tomo nota de dos citas de este artículo, una de un notorio liberal, la otra de un sedicente progresista.

Reflexión sobre la primera:

Miguel Ángel Belloso tiene las ideas claras. Hay que favorecer a los triunfadores a costa de los derrotados. Pensamiento muy propio de los ricos y sus palafreneros. Sólo a ellos ellos beneficia esta idea (mucho más al rico, pero algo comerá o can).

Basándose en la creencia interesada de que la riqueza puede crecer indefinidamente, los super-ricos (y su-perrico) apuestan por acaparar toda la que puedan, tratando de consolar a los más tontos de su mal de muchos (no mal de los ricos, sino de los tontos), y magnificando el banquetazo que, dicen, se podría dar Lázaro si las migajas cayeran de la mesa de Epulón. En realidad las migajas le caen más bien al plumífero desde la mesa del financiero.

Reflexión sobre la segunda:

Otro Miguel Ángel, supuestamente de izquierdas, muestra sus vergüenzas en dos tiempos:

Primeramente, da pábulo interesado a rumores no bien fundados sobre la salud de Hugo Chávez; inmediatamente, revuelve en la batidora a personajes de muy diferentes trayectorias, para que el oyente o lector ingenuo los identifique a todos como crueles tiranos. También este lazarillo come de la mesa, ya no tan bien provista, del grupo Prisa.



Primera píldora, en clave ideológica: 

Un insensato neoliberal, exdirector de los diarios económicos Expansión y Actualidad Económica, se ha atrevido a decir en alto lo que, semana tras semana, hace el gobierno del PP: “Hay que arrasar con el Estado del Bienestar (…). El Gobierno debe aprovechar el choque actual para impulsar una revolución. (…) Hay que reformar por completo nuestro sistema político y económico para limpiar el paísHay que extirpar el tumor [de lo público] desde la raíz[1]. Como se ve, todo un programa reaccionario que hace suspirar a los ideólogos de la FAES, con Aznar a la cabeza.

Segunda infumable grajea:

No se crea que los enemigos declarados de la revolución bolivariana se encuentran en España sólo dentro de la derecha tradicional y entre los nostálgicos del franquismo. Muchos de sus más fieros críticos proceden de la desteñida socialdemocracia, del neoliberalismo rampante y del acomodaticio progresismo hispano que floreció entre rosas y flores en la transición. Uno de estos últimos ha vomitado en días pasados su odio hacia Chávez a través de las ondas de la cadena SER, perteneciente al grupo PRISA [2]. Miguel Ángel Aguilar ha mostrado una vez más por qué, tras haber sido director de la agencia EFE durante el gobierno de Felipe González, está ligado desde su creación a Telecinco (mejor llamada Telecirco), perteneciente al grupo italiano Mediaset propiedad de Silvio Berlusconi, como jefe de programas, comentarista político y tertuliano, además de seguir siendo colaborador habitual del diario global El País, de la Cadena SER y de Televisión Española (TVE).

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[1] Miguel Ángel Belloso, “Sin compasión”, diario Expansión, 18-7-2012. En un texto anterior este propagandista neoliberal definió con claridad su posición clasista en el título mismo del artículo: “Estoy, naturalmente, con los ricos”, Expansión, 3-10-2011. Esperanza Aguirre, lideresa del PP y estrecha colaboradora del exilio cubano en Miami, siendo presidenta de la Comunidad de Madrid reconoció sus méritos por la causa─ capitalista, por supuesto─, al nombrarlo representante de dicha Comunidad en el Consejo Económico Social (CES) junto a otros ilustres miembros del “radicalismo rampante de los ideólogos del ultraliberalismo” (en expresión del historiador Eric Hobsbawm), como Luis de Guindos, actual ministro de Economia y Amando de Miguel.

[2] “Telegrama de Miguel Ángel Aguilar a Hugo Chávez. Señor presidente de la República de Venezuela, difícil será que le llegue este mensaje en la situación de coma inducido en que se encuentra, sala de tránsito hacia lo desconocido, qué difícil retirarse, designar sucesor y abdicar sin haber sido coronado. La suerte del chavismo será tan perecedera como la del stalinismo, el maoísmo o el franquismo. Vino la desestalinización, la desmaoización, la desfranquización, se adivina la deschavización y está cantado el final del castrismo. Sólo perdura el peronismo para desgracia interminable de los argentinos y medro personal de Cristina Fernández y sus afines. Venezuela merece más.”

miércoles, 6 de febrero de 2013

¿Cómo interpretar la crisis y la realidad actual del capitalismo?

Más claro que el caldo de un asilo, decía mi padre. Lo que los magnates (¿o será mangantes?) de Davos pretenden es aumentar la productividad... de sus cuentas. Para ello no sólo deben quemar el tren de los hermanos Marx, sino también a los pasajeros.

Para, en definitiva, acabar despeñando la propia locomotora.

Alberto Rabilotta en ALAI, América Latina en Movimiento.

Alá vai a locomotora...
¿Letargo económico o implantación de una economía rentista a escala planetaria? Desde hace tiempo el economista estadounidense Michael Hudson viene alertando que la dominación del capital financiero y de los monopolios ha sustituido el capitalismo industrial por un “neofeudalismo” que lleva directo a un régimen de servidumbre (1).

Esto se confirma por lo que el periodista Ryan McCarthy de la agencia Reuters, en su crónica “A handy guide to Davos-speak” (25 de enero 2013), escribe sobre esas frases típicas de Davos (La impaciencia por el crecimiento realmente necesitará de paciencia; No crecimiento, dinero fácil ¿la nueva normalidad?), señalando que cuando constantemente la elite de Davos habla de un “plan de crecimiento” o de “restaurar el crecimiento”, lo que están diciendo es que “ninguno de ellos ve una industria en particular que aumentará el ritmo de crecimiento para hacerse más ricos. Y que, como resultado, habrá menos trabajos para el resto de nosotros”.

Y reproduce lo que dijo Ray Dalio, que dirige Bridgewater, el más importante fondo de cobertura de riesgo (hedge fund): en una economía global que ha pasado la crisis y está muy endeudada, el crecimiento económico no puede sustentarse en deuda, como lo fue durante las pasadas décadas. Las economías están en proceso de desendeudarse, la deuda no aumentará más rápido que los ingresos, y la manera primaria mediante la cual las grandes económicas pueden crecer es aumentando la productividad.

McCarthy nos dice que Dalio amplió un poquito lo que quería decir: la gran conversación en política y economía será sobre cómo extraer más de los trabajadores –en otras palabras, el crecimiento no vendrá de la próxima Internet, del próximo auge en el mercado inmobiliario o de cualquier nuevo activo. Esto significa, dijo Dalio, duras decisiones a tomar sobre cuestiones como “¿Cuán larga deben ser las vacaciones?, o ¿Qué es una buena vida?”. Traducido este “lenguaje de Davos” al lenguaje común, según McCarthy, lo que Dalio está diciendo es particularmente terrible para el resto de nosotros. Cuando los más exitosos inversores del mundo nos dicen que el crecimiento económico dependerá de si tomamos o no nuestras vacaciones, es tiempo de preocuparse.

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1.-  Michael Hudson, The Financial War against the Economy at Large, 31 diciembre 2012, NakedCapitalism.com

martes, 5 de febrero de 2013

Descenso al vicioso medio de los bancos

Esta historia, imaginaria, pero repetida en innumerables casos reales, remata un artículo de Eric Toussaint, el cuarto de una serie titulada “Bancos contra Pueblos: Los entresijos de una partida amañada”.


¡Pobre Fernández!


Epílogo: Una historia puramente imaginada

No es nada fácil ponerse en la piel de los dirigentes de un gran banco, ya sea como gran accionista o como un alto directivo designado, para comprender la visión del business. La gran mayoría de las personas que tienen una cuenta en un banco |59| dificultosamente pueden imaginar cómo actúan los que dirigen ese banco, su manera de pensar y las ventajas que obtienen de todo ello. Comprender en concreto lo que es el rendimiento sobre fondos propios (ROE) es particularmente difícil, ya que numerosos son aquellos que no pueden ni siquiera imaginar lo que esconde la respuesta a esa pregunta.

Tratemos de hacer las cosas más accesibles mediante la comparación entre una familia como tantas otras y los patrones de los grandes bancos, que no son tantos.

Imaginemos el Sr. y la Sra. Fernández en España en 2007, próximos a la cincuentena, que acumularon en 30 años de actividades un ahorro de 100.00 euros (que ellos consideran su capital). Deciden comprarse un inmueble de 500.000 euros que está formado por tres apartamentos. Aportan sus 100.000 euros de fondos propios, o sea el 20 % del precio de la compra. Los Fernández ocuparán uno de los apartamentos y alquilarán los otros dos. Para ello, piden una hipoteca de 400.000 euros a reembolsar en 20 años, con un tipo de interés del 5,12 % anual (supongamos un interés fijo) lo que representa 18.780 euros por año de intereses (la media sobre los primeros cuatro años del préstamo) a los que se ha de añadir 12.898 euros de amortización anual del capital (la media de los cuatro primeros años del préstamo) o sea, 31.678 euros a pagar cada año. Lo que les origina una cuota mensual de 2.639 euros. Y hacen el cálculo siguiente: «Si alquilamos cada apartamento por 1.000 euros mensuales, eso nos aportará 12.000 euros por apartamento, o sea 24.000 por año, sacando los gastos de mantenimiento y otras cargas diversas nos pueden quedar 20.000 euros por año. Por lo tanto tendremos un déficit de 11.678 euros anuales, pero eso corresponde sólo a un 11,7 % del alquiler que hemos estado pagando hasta ahora. Por lo tanto tendremos que reservar una mayor parte de nuestros ingresos para el reembolso del préstamo, pero al final, cuando tengamos 70 años, seremos propietarios de esta casa que nos procura una renta y un día se la podremos legar a nuestros tres hijos.»

Por otro lado, imaginemos que, el mismo año, el banco Cresus decide también comprar el mismo tipo de inmueble que los Fernández. De hecho compra centenares para aumentar su patrimonio inmobiliario en un contexto en el que el precio de las casas aumenta aceleradamente. Un bien inmobiliario de un valor de 500.000 euros puede alcanzar los 600.000 euros dos años más tarde. Por lo tanto, es una buena operación. ¿Cómo financiará el banco su compra? Para ello construye el siguiente esquema: aportará un 4 % de fondo propios, o sea 20.000 euros. Para los 480.000 restantes utilizará 180.00 euros de los depósitos efectuados por los clientes del banco —depósitos de salarios y otros ingresos que el banco no remunera, aunque recibe ese dinero en préstamo y lo utiliza como quiere—. Finalmente financia el saldo de 300.000 euros pidiendo un préstamo en el mercado interbancario a un tipo de interés del 3,26 % (la media de los tipos interbancarios europeos «Euribor» de los años 2007 a 2010). Además del gasto de sus fondos propios de 20.000 euros (que el banco Cresus efectúa sólo una vez, evidentemente) el coste anual de su compra se eleva a 9.780 euros en intereses pagados a otros bancos. Si como los Fernández alquila cada uno de los tres apartamentos a 1.000 euros por mes, deducidos los gastos de mantenimiento, eso le reportará cerca de 30.000 euros por año, de los que habrá que retirar 9.780 euros por los gastos del préstamo. El ingreso neto se elevará a 20.220 euros o sea el 101 % de rendimiento de los fondos propios que aportó al comienzo. Si calculamos el rendimiento con respecto a la inversión total, o sea, 20.220 sobre 500.000 y esto por 100, vemos que es del 4,4 %.

La diferencia de la situación entre la familia Fernández y el banco Cresus salta a la vista. Ya que lo que hace el banco para financiar un bien está muy lejos del alcance de la gente común. En el cerrado mundo de los grandes bancos (recordemos que de los 8.000 bancos de la UE, los 20 mayores disponen de la mitad de los 46 billones de activos), lo que se pide prestado de alguna manera no se reembolsa ya que sólo se pagan los intereses. En efecto, cada vencimiento en el que el capital debe ser reembolsado, los bancos recurren a un nuevo préstamo para reembolsar al precedente. Y esto es inimaginable para la mayoría de la población que pide un préstamo. Hay que añadir que, como lo hemos visto, los bancos no remuneran los depósitos en cuentas corrientes mientras que utilizan el dinero allí depositado. Esta situación se prolongará mientras los grandes bancos tengan un acceso continuo y barato (de preferencia inferior a la tasa de inflación) al crédito. Evidentemente, si los depositantes retiran su dinero o/y si los diversos prestamistas pierden la confianza y cierran el grifo del crédito, el banco se encontrará en cesación de pagos puesto que su jueguito habrá terminado. En ese caso, hay muchas posibilidades de que los poderes públicos intervengan para salvar al banco si consideran que éste es demasiado grande para quebrar (too big to fail).

Hemos imaginado que esta situación se desarrolla en 2007. Viajemos en el tiempo y saltemos cinco años: estamos en 2012. La burbuja inmobiliaria había estallado en España (también en Irlanda y Estados Unidos) y tiene efectos devastadores. Centenares de miles de trabajadores de la construcción se han quedado sin empleo, la actividad económica decae y todos los otros sectores de la economía se ven afectados. El número de desempleados aumenta exponencialmente. |60| El matrimonio Fernández se queda sin trabajo y en la incapacidad de continuar pagando el préstamo hipotecario de 400.000 euros. El banco Filemón (el que había otorgado la hipoteca) se queda con el inmueble. |61| Los Fernández se quedan sin casa y piden a sus hijos que los alojen. El banco vende el inmueble en 300.000 euros, ya que el precio de los inmuebles se ha desplomado. Esta gente había reembolsado en 4 años 75.120 euros de intereses y 51.591 euros del capital pedido. |62| Quedan por lo tanto 348,409 euros de capital a reembolsar. En virtud de las leyes españolas, el banco Filemón exige al matrimonio Fernández, sin empleo y sin casa, 48.409 euros (o sea el capital restante que se debe reembolsar después de liquidar 300.000 euros como producto de la venta).

Ahora, observemos qué le pasa al banco Cresus, que había comprado un bien similar al del matrimonio Fernández. Sin embargo, este banco puede continuar en 2012 con sus operaciones de compra, eso sí con una modificación en su modo de financiación: los otros bancos no quieren prestarle más dinero —los bancos desconfían unos de otros debido a las acreencias dudosas que muchos de ellos poseen—, pero, felizmente, los poderes públicos están allí para ayudarlo, a éste y a otros bancos. El BCE les presta dinero a tipos de interés netamente inferiores a la inflación. Una verdadera felicidad para los banqueros.

¿Y qué hace el banco Cresus? Pues compra el inmueble de los Fernández por la suma de 300.000 euros. Para ello, invierte 18.000 euros de fondos propios (o sea el 6 % del precio del inmueble), utiliza 132.000 euros de los depósitos no remunerados de los clientes, pide 100.000 euros al BCE por 3 años con un tipo de interés del 1 % y 50.000 euros también al BCE pero a corto plazo, con un interés del 0,75 %. El coste anual en intereses para el banco es de 1.375 euros. Luego alquila los tres apartamentos al mismo alquiler que antes y tendrá una entrada de 30.000 euros, que menos los 1.375 de los intereses a pagar, le quedan 28.625 euros. El rendimiento de sus fondos propios (ROE) es del 159 %, el beneficio sobre el total de la inversión del 9,5 %.

Aunque todo esto es imaginario, no está muy lejos de la realidad ¿no es cierto?

lunes, 4 de febrero de 2013

Estímulo moral y estímulo material

Agotamiento de recursos y acumulación de residuos. Cambio climático. Contaminación "por tierra, mar y aire".

Ya es un lugar común que el crecimiento exponencial es un suicido a medio plazo. O no tan medio. Ante el inevitable frenazo económico, los que están al timón aprovechan para recomendar austeridad. Y al mismo tiempo buscan estímular el crecimiento.

No es una contradicción. Es su crecimiento, a costa de nuestra austeridad. Último intento de salir a flote mientras hunden a los trabajadores y a la naturaleza. Antes tocó zanahoria, ahora palo.

No nos confundamos. Esa austeridad de los más para el beneficio de los menos no es lo que sería austeridad racional en una sociedad justa.

Las experiencias socialistas también han buscado el crecimiento. Cosa natural, cuando se parte de un gran subdesarrollo. Lo hizo la Unión Soviética y lo adoptó el conjunto de países socialistas. Y el socialismo del siglo XXI, enfrentado a la pobreza, busca incentivos para aumentar la producción. Como en nuestros estados neoliberales, muchos estímulos siguen siendo ventajas para las empresas, ayudas a la inversión, estímulos fiscales, en suma, atracción de capitales. Y hay también incentivos para los trabajadores. Aquí se sustituye el palo por la zanahoria.


La diferencia fundamental es que, mientras el liberalismo económico planifica automáticamente con el exclusivo criterio de la máxima ganancia, la dirección socialista de la producción debe planificar para lograr una buena vida, la mayor igualdad y un futuro sostenible.

Pero si el productivismo capitalista avanza devorando el mundo y sus habitantes, la acomodación  de los trabajadores a una vida más segura en el socialismo puede paralizar la producción y hacer inalcanzables las metas proyectadas. Aunque sepamos que el progreso indefinido es mortal, la comparación entre ambas rutas y el escaparate de prosperidad de los países capitalistas, aunque sea una prosperidad insostenible, desigual e injusta, desmoraliza a las poblaciones. En un mundo globalizado y en competencia esto lleva a la ruina.

Además de dirigir la producción a objetivos racionales, es necesario estimularla.

Hay dos formas de hacerlo. Si la conciencia de la clase trabajadora es alta, mientras la esperanza de un mundo nuevo permanezca viva, el entusiasmo colectivo puede, durante un tiempo, ser estímulo suficiente.

Pero ante las dificultades y el aplazamiento para más adelante de los frutos de este trabajo, el entusiasmo se enfría. Y vuelve a aparecer la necesidad de estimular directamente a los trabajadores con incentivos, que si son exclusivamente materiales. tienen dos efectos contraproducentes: por una parte, al enfrentar entre sí a los productores, minan la solidaridad; por otro lado, reproducen la desigualdad y la posibilidad de acumulación privada.

Estímulos no materiales, como "cuadros de honor", menciones y consideración social, tienen un efecto limitado. Una cultura popular un tanto cínica puede incluso hacer burla de las buenas personas honradas y generosas. El sistema ha fomentado un feroz individualismo y llevará tiempo crear una conciencia cívica suficiente.


La toma de conciencia debe surgir de un lúcido conocimiento de la realidad. En la actual situación es urgente sustituir los estímulos productivistas a un imposible crecimiento material por estímulos morales para el desarrollo humano.

Considerando esto, en un artículo publicado en Rebelión bajo el título "Los lineamientos de Cuba a la luz de la crítica de El Che a la economía de la URSS", Sirio López Velasco extrae algunas citas de este autor.

Los textos de referencia son:
  • Apuntes críticos a la economía política, La Habana, 2006.
  • Manual de Economía Política de la Academia de Ciencias de la URSS, Praga, 1966.
Del largo artículo extraigo y subrayo:
(...)

El interés material individual era el arma capitalista por excelencia y hoy (N.B. en la URSS) se pretende elevar a la categoría de palanca del desarrollo, pero está limitado por la existencia de una sociedad donde no se admite la explotación” (ACEP, p. 10). Como sabemos, el Che pensaba que el estímulo material individual en la construcción del socialismo debía ser indirecto (en su crítica al Manual soviético insiste varias veces en este punto, defendiendo la idea de que el trabajador que superase la norma establecida debería recibir como premio un curso de capacitación, que luego le permitiese reinsertarse en la actividad laboral en un puesto donde recibiría un salario mayor al hasta entonces percibido; el estímulo material individual directo, consiste, por el contrario, en el simple hecho de que el trabajador que sobrecumple una meta o norma, recibe una cantidad mayor de dinero que el que corresponde a su salario habitual). En su carta dice Guevara que dos son las líneas fundamentales para llegar al comunismo: la conciencia, y la técnica. El comunismo es un fenómeno de conciencia y hay que desarrollar esa conciencia en el hombre, de donde la educación individual y colectiva para el comunismo es una parte sustancial de él” (ACEP, p. 12).

(...)

En su crítica al Manual, tras registrar la afirmación de Stalin de que ‘La NEP instaurada con vistas al triunfo de las formas socialistas de la economía, había conseguido el fin que se proponía’, retruca el Che: “ La referencia a la NEP es escueta pero constituye uno de los pasos atrás más grandes dados por la URSS. Lenin la comparó a la paz de Brest-Litovsk. La decisión era sumamente difícil y, a juzgar por las dudas que se traducían en el espíritu de Lenin al fin de su vida, si este hubiera vivido unos años más hubiera corregido sus efectos más retrógrados. Sus continuadores no vieron el peligro y así quedó constituido el gran caballo de Troya del socialismo, el interés material directo como palanca económica. La NEP no se instala contra la pequeña producción mercantil, sino como exigencias de ella” (ACEP, p. 112). Y a propósito de Stalin, dirá el Che en sus críticas finales al Manual: “…el tremendo crimen de Stalin: el haber despreciado la educación comunista e instituido el culto irrestricto a la autoridad” (ACEP, p. 195). En nuestras reflexiones acerca del socialismo del siglo XXI en perspectiva ecomunitarista hemos alertado una y otra vez contra la tentación del culto a la personalidad (visible en países latinoamericanos que intentan avanzar hacia aquel socialismo), y hemos abogado incansablemente en favor del papel central que debe caberle a la educación en la construcción de la nueva sociedad poscapitalista.

(...)

Una sección muy interesante de esas reflexiones es la que el Che dedica, en el contexto de su crítica al Manual, al tema del valor de la fuerza de trabajo, cuestionando nada menos que el llamado principio de distribución socialista que reza A cada uno según su trabajo; y dice: “…¿Cuánto trabajo invierte un mariscal y cuánto un maestro?, ¿cuánto un ministro y cuánto un obrero? Lenin en El Estado y la Revolución tenía una idea (marxista) que luego desechó de la equiparación de sueldos de funcionarios y obreros pero no estoy convencido de que su marcha atrás sea correcta” (ACEP, p. 103). Por nuestra parte y sin saberlo, coincidíamos con el primer cuestionamiento del Che cuando (en López Velasco 2010, p. 71-72) observábamos: “…Marx sostiene que el valor de la fuerza de trabajo está determinado por el valor de los medios necesarios para su reproducción; y cuando advierte que las ‘fuerzas de trabajo’ son muy disímiles según las especialidades y estudios requeridos por cada labor, avanza la hipótesis de que el valor de la fuerza del ‘trabajo complejo’…sería reductible/calculable a/en unidades de ‘trabajo simple’ (el no calificado, realizado por cualquier obrero sin especialización, como por ejemplo, por aquél que debe levantar y bajar una manivela para hacer funcionar o parar una máquina)…; ahora bien, que yo sepa, Marx nunca nos legó una fórmula precisa que nos permitiera realizar esa reducción/cálculo”. Comentando las diferencias salariales que el Manual reconoce y justifica dentro de la URSS (en especial en zonas de especial importancia económica, o muy remotas), dirá el Che: “Todo esto se produce porque han fallado los estímulos morales; es una derrota del socialismo” (ACEP, p. 154); y cuando el Manual aconseja ‘elevar el papel de las primas para estimular la introducción de la nueva técnica, la elevación de la productividad del trabajo y la reducción del precio de costo de los productos’, el Che replica: “Sostengo que esta es una de las graves fallas del sistema soviético pues los estímulos morales son olvidados o relegados” (ACEP, p. 155).

sábado, 2 de febrero de 2013

Políticamente incorrecto (V)

Dejo a un lado el sexismo lingüístico para abordar otros aspectos de la corrección política en el lenguaje.

Ninguna palabra está libre de connotaciones. Todas tienen un grado de ambigüedad si se aíslan de su contexto. Esta natural plasticidad hace que el empleo preferente en el discurso de un término frente a otro acabe por alterar el significado de ambos.

El origen de muchas palabras es metafórico, imaginativo. El uso prolongado de la metáfora acaba por hacer olvidar ese origen. La rotunda palabra "cojones" se descarga de agresividad si se emplea en su lugar "testículos". No hay conciencia al usarlas de que "coleo" significa bolsa de cuero y "testiculus" pequeño testigo (de la virilidad). Al neutralizarse el significado original, un nuevo desarrollo metafórico da el mismo significado a "huevos", que acaba contagiada de rudeza, hasta el punto de que en Guatemala, Honduras y México, y posiblemente en otros lugares, para referirse a los huevos de gallina se los llama "blanquillos", evitando un término considerado malsonante. Pues bien, en esos países ¡también "blanquillos" ha acabado por significar, otra vez, "cojones"!

Y ya no es posible despojar de la connotación "sucio" al cerdo, aunque lo llamemos puerco, gorrino, marrano, guarro, cocho, cochino. Casi es peor reiterar los sinónimos. Tanto es así que en ambientes pacatos y monjiles he oído nombrarlo como "el animal de la vista baja", y aún con el simpatiquísimo eufemismo "el animalito rosa", excluyendo así al cerdo ibérico.



Expresiones con carga ideológica (a veces podría hablarse de "carga de profundidad") las emplean preferentemente sus creyentes, de un modo casi litúrgico. Son aceptados por otros con la intención de no crear una polémica estéril sobre algo que no se considera pertinente. Y en ocasiones llegan a formar parte del uso habitual, incluso por parte de personas que no tienen conciencia clara de que se han alterado los conceptos. Tarde o temprano, el uso se encargará de reconstruir el campo semántico en función de las necesidades.

El término "Ameríca española" se asocia hasta tal punto a la derecha reaccionaria que técnicamente, para ser preciso, se debe decir "América hispanohablante". "Iberoamérica" es más amplio, al incluir a Brasil, pero como ambos estados ibéricos coincidieron en un largo fascismo, contaminaron también el término. Todos decimos ahora "América latina" aunque allí no hablen el latín clásico. Al fin y al cabo hay allí algunos países francófonos, y las lenguas romances son las formas actuales del latín, como las gallinas son los dinosaurios de ahora mismo. Hoy la geopolítica aconseja la definición más inclusiva de "América latina y el Caribe". Así ya estamos todos.

Pese a esto, la contraposición con el mundo anglosajón ha introducido la palabra "hispanos". Que curiosamente no incluye a los españoles. C'est la vie!

Pero a veces, precisamente el contexto delata al que introduce una expresión con clara intención, frente al que la emplea sin ella, bien sea por impregnación, por simple mimetismo o por no discutir. Y como para muestra basta un botón, tras mi habitual y palicesca introducción paso a exponer el desencadenante de la precedente perorata.


Con ocasión de la cumbre CELAC-UE, Eduardo Tamayo G. entrevistó a Tom Kucharz, integrante de Ecologistas en Acción. Bajo el título "Transnacionales en la mira" aparece en Alainet. Comparto su visión. Por eso el motivo de mi comentario es otro, una expresión que desliza casi al final de la conversación:
"...necesitamos solidaridad para la lucha que tenemos en Europa, la lucha de los movimientos populares en Grecia, Portugal, el estado español, Italia, Irlanda, Bélgica..."
Nunca deja de llamarme la atención el empleo de la expresión "estado español". El estado es una institución, o un conjunto de instituciones, que no debemos confundir sin más con un territorio ni con su población. Aunque los domine a veces tiránicamente.Y el empleo del término referido exclusivamente a un país (no sé que otro término puedo emplear; quizá "trozo de mundo") delata una intención: proclama que España no existe, ni siquiera como realidad discutible.

¿Por qué Tom no habla de estado portugués, o belga? Desde luego, Portugal es un país mucho más homogéneo y menos fracturado que España. En cambio, Bélgica es un conglomerado más artificial, de origen reciente, que no es la tierra de los belgas de Julio César, sino una entidad determinada por luchas y repartos en la reciente historia de Europa. Cuenta con dos comunidades muy delimitadas, una de las cuales podría ser asimilada a Francia sin gran problema y la otra a Holanda, con no mucha mayor dificultad que la que identificaría como realidad política a los països catalans

Por supuesto, quien emplea estas expresiones intencionadas tiene perfecto derecho a hacerlo. A no creer que un ente al que podríamos llamar España tenga realidad alguna. A buscar una independencia. Del mismo modo hay derecho a pensar y a decir otra cosa. Y a puntualizar. 

En muchos contextos puede y debe hablarse de estado español, que no es lo mismo que España. Tiene un sentido preciso decir "la estructura del estado español", frente a un incierto "estructura de España". ¿Se trataría de la estructura física del territorio, de la estructura viaria? 

Menéndez Pelayo, en un célebre discurso que casi provocó un incidente diplomático, se empeñó en llamar españoles a los portugueses. Históricamente se habían considerado así ellos mismos, como recordó el erudito en tal ocasión, citando textos inequívocos del mismísimo Camões. Sólo el imperialismo castellano, aunque entonces se disfrazara de derecho dinástico, distanció a Portugal de la idea de ser parte de España, palabra que entonces carecía de sentido político. No me voy a alinear con el erudito cántabro (¿se hubiera reconocido él como tal?). Y no por reaccionario, sino porque la historia ha consolidado que Portugal no es ya España. Incluso los partidarios de una Federación Ibérica, como prácticamente todo el mundo, entienden que aquella vieja entidad, geográfica y no política, hoy debe ser llamada Iberia o "península ibérica". Y dejo aquí otro de mis barrocos incisos: ibérico remite a los iberos y al Ebro, con un sentido original todavía más restringido que "España". ¡Ah, la semántica política! 

Puedo asegurar que no soy españolista, ni galleguista, andalucista, etc. etc. Todos albergamos emociones, que nunca deberían ser excluyentes, hacia paisajes, gente y cultura de diversos pueblos. Es natural, palabra que viene de nacer.  Nadie deja de ser lo que la nacencia y la crianza han hecho de él sin desgarrarse, Somos animales sociales, siempre en alguna sociedad concreta.

Qué dolor de tierra mía
nunca está mejor un árbol
que en tierra donde se cría

Estos cálidos sentires se me enfrían cada vez que los convierten en armas ofensivas. Así, me siento más galleguista en algunos ambientes (no generalizo) de Madrid o de Andalucía, algo andalucista entre ciertos catalanes y algo "españoleiro" cuando oigo a algunos nacionalistas gallegos.

Si nos ponemos a poner etiquetas, me considero internacionalista. A nadie se le puede negar el derecho de autodeterminación. Mientras haya estados, podrá haber minorías más o menos forzadas a ser considerados lo que no quieren ser. Malo es que ocurra, no es malo poderlo denunciar.

En alguna entrada futura de este blog tengo intención de desarrollar con más detalle conceptos como nación, nacionalidad, nacionalismo, autodeterminación. Y los problemas que acarrea el esquematismo con que suelen tratarlos los nacionalistas, sea de gran potencia, de pueblo oprimido o de alguno de los muchos casos intermedios entre ambos extremos.

Aquí solamente he pretendido denunciar la frecuente mistificación que mezcla en una misma enumeración elementos no homogéneos, con la intención de hacerlos pasar por tales, o de destacar por el contrario la supuesta singularidad que el hablante desliza con vaselina para que cuele. Y como quien calla otorga, ni callo ni otorgo.