viernes, 11 de septiembre de 2020

Del neoliberalismo al fascismo

La gran estafa. Espejitos de cuentas a cambio de oro. Defiende tus pequeñas libertades adorando la Gran Libertad que acabará con ellas. El individualismo ("no existe la sociedad, tan solo individuos"), era pregonado por quien gobernaba una "sociedad inexistente", y desmentido por la existencia de "individuos colectivos", las personas jurídicas. Esta ilusión de libertad propicia conductas insolidarias, como la que lleva a muchos a no respetar las normas de prudencia sanitaria en tiempos de pandemia (¿quién puede dictarme lo que tengo que hacer?).

Admitir que hay derechos colectivos rechaza el individualismo extremo, lo que no es mala cosa. El problema surge cuando esos colectivos son empresas privadas y grandes corporaciones que entran en conflicto con otros colectivos. El liberalismo y su última versión conceden a estas organizaciones el poder de litigar con los Estados, e incluso hacer valer sus derechos de igual a igual con la sociedad entera. Y entre derechos iguales decide la fuerza:
“El capitalista, cuando procura prolongar lo más posible la jornada laboral y convertir, si puede, una jornada laboral en dos, reafirma su derecho en cuanto comprador (…) el obrero reafirma su derecho como vendedor cuando procura reducir la jornada laboral a determinada magnitud normal. Tiene lugar, aquí, pues, una antinomia: derecho contra derecho, signados ambos de manera uniforme por la ley del intercambio mercantil. Entre derechos iguales decide la fuerza. Y de esta suerte, en la historia de la producción capitalista la reglamentación de la jornada laboral se presenta como lucha (…) entre el capitalista colectivo, esto es, la clase de los capitalistas, y el obrero colectivo, o sea la clase obrera” (Marx, El Capital. Libro primero, Capítulo 8).
Esta ley del intercambio mercantil, a la escala global de hoy, no es ya solo entre el trabajador y el empresario, sino entre la coalición del capital y la sociedad en su conjunto.

Cuando esa Libertad abstracta que teme perder la sociedad pasa de ser libertad concreta de la mayoría a libertad de unos pocos, para mantener la ficción de su universalidad solo quedan soluciones autoritarias. No faltan los ejemplos, ni antes ni ahora.

No es pues extraño que el neoliberalismo iniciara su andadura práctica en la dictadura de Pinochet.

Habrá que concretar entonces las libertades individuales y colectivas, preguntándose: derechos iguales ¿entre desiguales?  Libertad ¿para quiénes? ¿y para qué la quieren?


Como todo auténtico revolucionario, Lenin tenía numerosos enemigos que se esforzaron siempre en tergiversar su pensamiento y actuación. Más sorprendente es la incomprensión de quienes no se hallaban tan alejados de él ideológicamente. Prototipo típico de tal incomprensión, fue la que el dirigente socialista español Fernando de los Ríos reflejó en su libro sobre la URSS. Tanto en tal obra, como en las numerosas citas que de ella se han hecho, se interpreta la frase de Lenin «¿Libertad? ¿para qué?» –que Lenin utilizó en su conversación con Fernando de los Ríos– como un desprecio de la libertad, producto de un talante autoritario y unas convicciones despóticas. Empero, quien conozca debidamente el pensamiento de Lenin, no puede aceptar tal interpretación. Para Lenin, la esencia del marxismo estribaba «en el análisis concreto de las situaciones concretas». Por ello, rehusaba hablar de libertad con mayúscula y en abstracto. Lenin trataba siempre de concretar: libertad, ¿para quién? (para qué clase o grupo social) y libertad, ¿para qué? (¿para qué finalidad?: para explotar a los semejantes o para emanciparlos). No debe olvidarse que Lenin rechaza la concepción escolástica de libertad, basada en el libre albedrío, para situarse en la concepción hegeliano-marxista de la libertad como conciencia de la necesidad. Es decir, de una libertad basada en el dominio consciente por el hombre de la naturaleza, de la sociedad y de sí mismo. 


El exconsejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid Manuel Lamela reclamará indemnizaciones al Estado por los daños que conllevó el cierre de empresas y establecimientos de la sanidad privada durante el estado de alarma, según ha avanzado la Cadena Ser. Lamela lo trasmitió en un acto virtual celebrado por el despacho Acountax Madrid del que es socio principal y presidente. 
En el acto, que fue publicitado como una charla dirigida "a interesados en reclamar indemnizaciones derivadas de la pandemia", Lamela animó al sector de la sanidad privada a demandar indemnizaciones en concepto de "prestaciones obligatorias de establecimientos sanitarios privados". 
Según la opinión del que fuera artífice de la privatización sanitaria en Madrid durante los Gobiernos de Esperanza Aguirre, "como consecuencia del mando único, la sanidad privada ha estado a disposición de la Administración Central, y los servicios forzosos prestados durante ese periodo deben compensarse una vez calculado el lucro cesante y el daño emergente producido". 
Del mismo modo, Lamela habló de "incautaciones y requisas de material sanitario durante la crisis", invitando a los empresarios a abordar legalmente estos casos como "expropiaciones" que "deben ser indemnizadas sí o sí". En la misma línea, Lamela recomendó reclamar al Estado "cuanto antes mejor", ya que a su juicio la fecha límite para hacerlo "es un año desde que se declaró el estado de alarma".










El neoliberalismo como teoría económica siempre fue un absurdo. Tenía tanta validez como otras ideologías dominantes del pasado, véase el derecho divino de los reyes o la creencia del fascismo en el Übermensch (Superhombre). Ninguna de sus esperanzadoras promesas eran ni remotamente posibles. Concentrar la riqueza en manos de una élite oligárquica global (ocho familias tienen ahora tanta riqueza como el 50% de la población mundial), y demoler a la vez los controles y las regulaciones gubernamentales no podía sino conducir inexorablemente a la desigualdad de ingresos, a la creación de monopolios, al extremismo político y a la destrucción de la democracia. No hace falta ir a las 577 páginas de «El capital en el siglo XXI» de Thomas Piketty para darse cuenta de esto. Pero la racionalidad económica nunca fue el asunto. El asunto era la restauración del poder de clase.

Como ideología dominante, el neoliberalismo tuvo un éxito brillante. A partir de la década de 1970, los principales críticos keynesianos fueron expulsados ​​de la academia, las instituciones estatales, organizaciones financieras como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, así como de los medios de comunicación. Cortesanos e intelectuales petulantes que cumplían con los requisitos, léase por ejemplo Milton Friedman, fueron formados en lugares como la Universidad de Chicago y recibieron plataformas prominentes y lujosos fondos corporativos. Difundieron el mantra oficial de teorías económicas desacreditadas y marginales que popularizaron Friedrich Hayek  y la escritora de tercera categoría Ayn Rand. Y en cuanto nos arrodilláramos ante los dictados del mercado y se levantaran las regulaciones gubernamentales, se recortaran los impuestos a los ricos, se permitiese el flujo de dinero a través de las fronteras, se destruyeran los sindicatos y se firmaran acuerdos comerciales que enviaban puestos de trabajo a las explotaciones en China, el mundo sería un lugar más feliz, libre y rico. Fue una estafa. Pero funcionó.

«Es importante reconocer los orígenes de clase de este proyecto, gestado en la década de 1970 cuando la clase capitalista se encontraba en problemas, los trabajadores estaban bien organizados y tenían la capacidad de hacer retroceder a los empresarios», me dijo David Harvey, autor de «Una Breve historia del neoliberalismo», en una conversación que tuvimos en Nueva York. «Como cualquier clase dominante, necesitaban ideas dominantes. Por lo tanto, las ideas dominantes fueron que la libertad de mercado, la privatización, el espíritu empresarial, la libertad individual y todo lo demás deberían ser las ideas dominantes de un nuevo orden social, y ese fue el orden que se implementó en los años 80 y 90».

«Como proyecto político, fue muy inteligente», dijo. «Obtuvo un gran consenso popular porque hablaba de la libertad individual y de la libertad de elección. Pero en realidad se refería a la de mercado, principalmente. El proyecto neoliberal dijo a la generación del 68, “Ok, ¿quieres ser libre y tener libertad?” De eso trataba el movimiento estudiantil. “Te lo daremos, pero será la libertad del mercado. La otra cosa que buscas es la justicia social, olvídalo. Te vamos a dar la libertad individual, olvídate de la justicia social. No te organices”. El intento fue desmantelar esas instituciones, que no eran otras sino las instituciones colectivas de la clase trabajadora, particularmente los sindicatos y poco a poco los partidos políticos que representaban algún tipo de preocupación por el bienestar de las masas».

«Lo mejor de la libertad de mercado es que parece ser igualitaria, pero no hay nada más desigual que el trato igualitario de los desiguales», continuó Harvey. «Promete la igualdad de trato, pero si eres extremadamente rico, significa que puedes hacerte más rico. Si eres muy pobre, es más probable que te empobrezcas. Lo que Marx mostró brillantemente en el volumen uno de ‘El Capital’ es que la libertad de mercado produce niveles cada vez mayores de desigualdad social».

La difusión de la ideología del neoliberalismo fue organizada por la clase capitalista. Las élites capitalistas financiaron organizaciones como Business Roundtable y la Cámara de Comercio y think tanks como “The Heritage Foundation” para vender el producto al gran público. Ellos financiaron a las universidades con donaciones, siempre y cuando las universidades pagaran y contribuyeran con su lealtad a la nueva ideología dominante. Utilizaron su influencia y riqueza, así como sus plataformas de medios de comunicación, para transformar a la prensa en su portavocía. Y silenciaron a los herejes o les hicieron difícil encontrar empleo. El aumento del valor de las acciones bursátiles en lugar del aumento de la producción se convirtió en la nueva medida de la economía. Todo y todos fueron financiarizados y mercantilizados.

«El valor se fija por cualquier precio que se concrete en el mercado», dijo Harvey. «Entonces, Hillary Clinton es muy valiosa porque dio una conferencia a Goldman Sachs por 250.000 dólares. Si doy una conferencia a un grupo pequeño en el centro de la ciudad y obtengo 50 dólares por ella, obviamente ella vale mucho más que yo. La valoración de una persona, de su contenido, se infiere de lo que puede obtener de ello en el mercado».

«Esa es la filosofía que se encuentra detrás del neoliberalismo», continuó. «Tenemos que poner precio a todas las cosas, aun cuando algunas de ellas no deberían ser consideradas como tales y tratadas como productos básicos. Por ejemplo, el cuidado de la salud, en el mismo momento en que se convierte en una mercancía. La vivienda para todos es otro ejemplo. Y la educación. Por lo tanto, los estudiantes tienen que pedir prestado dinero para obtener la educación que les permita obtener un empleo en el futuro. Esta es la estafa. Básicamente dice que si te comportas como un empresario, si sales ahí afuera y te entrenas, obtendrás tus justas recompensas. Pero si no las obtienes, es porque no te entrenaste bien. O porque tomaste un camino equivocado. Porque te dedicaste a estudiar filosofía o a leer a los clásicos en lugar de inscribirte en un curso de habilidades autopersonales de gestión».

La estafa del neoliberalismo es a día de hoy ampliamente comprendida en casi todo el espectro político. Es cada vez más difícil ocultar su naturaleza depredadora, incluida sus enormes exigencias de cuantiosos subsidios públicos (Amazon, por ejemplo, solicitó y recibió beneficios fiscales multimillonarios de Nueva York y Virginia para establecer centros de distribución en esos estados). Esto ha obligado a las élites gobernantes a establecer alianzas con demagogos de derechas que utilizan las crudas tácticas del racismo, la islamofobia, la homofobia, la intolerancia y la misoginia para canalizar la creciente rabia y frustración de la sociedad lejos de las élites, canalizándola hacia los vulnerables. Estos demagogos aceleran el saqueo de las élites globales y, al mismo tiempo, prometen proteger a los trabajadores y trabajadoras. La administración de Donald Trump, por ejemplo, ha abolido numerosas regulaciones, desde las emisiones de gases de efecto invernadero hasta la neutralidad de la red, y ha recortado los impuestos a las personas y corporaciones más ricas, impidiendo el ingreso público de 1.500 millones de dólares durante la próxima década. Todo esto estableciendo al mismo tiempo un lenguaje autoritario y otras formas de control.

El neoliberalismo genera poca riqueza. Más bien, la redistribuye hacia arriba hacia las manos de las élites gobernantes. Harvey llama a esto “acumulación por desposesión”.

«La lógica principal de la acumulación por desposesión se basa en la idea de que cuando las personas se quedan sin la capacidad de fabricar cosas o prestar servicios, siga siendo posible establecer un sistema que extraiga su riqueza restante», dijo Harvey. “Esa extracción se convierte entonces en el centro de sus actividades. Una de las formas en que puede ocurrir esa extracción es creando nuevos mercados de productos básicos donde antes no existían. Por ejemplo, cuando era más joven, la educación superior en Europa era esencialmente un bien público. Cada vez más -este y otros servicios- se han convertido en una actividad privada. Servicios de salud. Muchas de estas áreas que usted consideraría que no son productos comerciales en el sentido ordinario se convierten en tales tipos de productos. La vivienda para la población de bajos ingresos a menudo era vista como una obligación social. Ahora todo tiene que pasar por el mercado».

«Cuando era niño, el agua en Gran Bretaña se proporcionaba como bien público», dijo Harvey. «Al cabo de un tiempo, por supuesto, se privatizó. Comienzas a pagar los gastos de agua. Han privatizado el transporte (en Gran Bretaña). El sistema de autobuses es caótico. Existen todas esas compañías privadas corriendo de aquí para allá, en todas partes. No hay manera de encontrar un sistema que necesites realmente. Lo mismo sucede con los ferrocarriles. Pero una de las cosas que suceden en este momento en Gran Bretaña es interesante: el Partido Laborista dice:Vamos a tomar todo eso de nuevo en propiedad pública porque la privatización es totalmente insana y tiene consecuencias insanas y no está funcionando bien en absoluto’. La mayoría de la población ahora está de acuerdo con esto».

Bajo el neoliberalismo, el proceso de «acumulación por desposesión» está acompañado por la financiarización.

«La desregulación permitió que el sistema financiero se convirtiera en uno de los principales centros de actividad redistributiva a través de la especulación, la depredación, el fraude y el robo», escribe Harvey en su libro, tal vez el mejor y más conciso relato de la historia del neoliberalismo. «La promoción de acciones cotizadas, los esquemas de Ponzi, la destrucción estructurada de activos a través de la inflación, la desmantelación de activos a través de fusiones y adquisiciones, la exponencial elevación de los niveles de deuda tal que reducen poblaciones enteras incluso en los países capitalistas avanzados al peonaje de la deuda. Por no decir nada del fraude corporativo, la devaluación de activos, el ataque a los fondos de pensiones, su aniquilación por la inducción de colapsos corporativos a través de la manipulación de créditos y acciones, en todo esto se ha convertido el sistema financiero capitalista».

El neoliberalismo, blandiendo su tremendo poder financiero, es capaz de diseñar crisis económicas para deteriorar el valor de los activos y luego aprovecharse de ellos.

«Una de las maneras en que se puede crear una crisis es cortando el flujo de crédito», dijo. “Esto se hizo en el este y sureste de Asia en 1997 y 1998. De repente, la liquidez se agotó. Las principales instituciones no prestaban dinero. Había habido un gran flujo de capital extranjero en Indonesia. Cerraron el grifo. El capital extranjero fluyó hacia afuera. Lo cerraron en parte porque una vez que todas las empresas se declararon en bancarrota, podían pasar a ser compradas con grandes descuentos. Vimos lo mismo durante la crisis de la vivienda aquí (en los Estados Unidos). Las ejecuciones hipotecarias posibilitaron posteriores recompras de pisos a precios muchísimo más baratos. Es cuando entra Blackstone, compra todas las viviendas y pasa a convertirse en el propietario más grande de todos los Estados Unidos. Tiene 200.000 propiedades o algo así. Ahora se encuentra esperando que el mercado gire. Cuando el mercado gire, que lo hará brevemente, entonces podrá vender o alquilar y cometer el crimen. Blackstone ha conseguido el pelotazo del siglo gracias a las ejecuciones hipotecarias a partir de las que todo el mundo perdió. En esencia se trata de una transferencia masiva de riqueza».

Harvey advierte que la libertad individual y la justicia social no son necesariamente compatibles. La justicia social, escribe, requiere solidaridad social y «la voluntad de sumergir los deseos, las necesidades y los deseos individuales en la causa de una lucha más general como, por ejemplo, la igualdad social y la justicia ambiental». La retórica neoliberal, con su énfasis en las libertades individuales, puede efectivamente «separar el libertarismo, las identidades políticas, el multiculturalismo y, finalmente, hacer oscilar hacia el consumismo narcisista a las fuerzas sociales que persiguen la justicia social a través de la conquista del poder estatal».

El economista Karl Polanyi entendió que hay dos tipos de libertades. Existen las malas libertades para explotar a quienes nos rodean, obteniendo así enormes ganancias sin tener en cuenta el bien común, incluido lo que se hace con el ecosistema y las instituciones democráticas. Estas malas libertades hacen que las corporaciones monopolicen las tecnologías y los avances científicos para obtener enormes ganancias, incluso cuando, como sucede con la industria farmacéutica, un monopolio implique que las vidas de quienes no pueden pagar precios exorbitantes sean puestas en peligro. Las buenas libertades -la libertad de conciencia, la libertad de expresión, la libertad de reunión, la libertad de asociación, la libertad de elegir el trabajo- se extinguen finalmente por la primacía de las malas libertades.

«La planificación y la regulación están siendo atacadas como si implicasen una negación de la libertad», escribió Polanyi. «La libertad de empresa y la propiedad privada se asocian con las esencias finales de la libertad. Se dice que ninguna sociedad construida sobre otras bases merece ser llamada libre. La libertad que la regulación ofrece es denunciada como falta de libertad; La justicia, la libertad y el bienestar que posibilita la regulación se asocia a la esclavitud».

El concepto de la libertad degenera así en una mera defensa de la libertad de empresa, que significa “plenitud de libertad para aquellos cuyos ingresos, ocio y seguridad no necesitan ser mejorados, y una simple miseria de libertad para las personas, que en vano pueden intentar ‘hacer uso de sus derechos democráticos para obtener refugio del poder de los dueños de propiedades’, escribe Harvey, citando a Polanyi. «Pero si, como siempre es el caso, ‘no es posible una sociedad en la que el poder y la coerción estén ausentes, ni un mundo en el que la fuerza no tenga ninguna función’, entonces la única forma en que esta liberal visión utópica podría sostenerse es por la fuerza, la violencia y el autoritarismo. El utopismo liberal o neoliberal está condenado, en opinión de Polanyi, a derivar en el autoritarismo, e incluso en el fascismo absoluto. Las buenas libertades se pierden, las malas prosperan».

El neoliberalismo transforma la libertad de la mayoría en la libertad de unos pocos. Su resultado lógico es el neofascismo. El neofascismo suprime las libertades civiles en nombre de la seguridad nacional y califica a grupos enteros de la sociedad como traidores y enemigos del pueblo. Es el instrumento militarizado utilizado por las élites gobernantes para mantener el control, dividir y desgarrar a la sociedad y acelerar aún más el saqueo y la desigualdad social. La ideología dominante, ya nunca más creíble, está mutando en abuso y totalitarismo.

martes, 8 de septiembre de 2020

Así escriben la historia los que mandan. Donde mandan

En el imaginario de nuestros países ¡hay tantas mentiras consolidadas!



Para pensar y discutir. A modo de conclusiones (y VII)

Con estas conclusiones termina el artículo-propuesta de debate sobre transiciones al socialismo que he venido despiezando estos días, desde esta entrada del blog hasta esta otra, en el que, a la luz de los últimos avances y retrocesos, se analizan debilidades y carencias, pero también enseñanzas, de los procesos políticos recientes en los países de América Latina. 

Muy cuesta arriba son las luchas cuando triunfos electorales, siempre reversibles, y no solo ni especialmente por vías democráticas, dejan en manos de las oligarquías bien organizadas los resortes del poder económico, mediático y como se ha visto también en muchos casos el judicial.

Ahora esos "tribunales de justicia" tratan de impedir la presencia en próximas elecciones de personajes como Lula, Correa o Evo. Es muy difícil luchar en campo enemigo con mecanismos elaborados y manipulados por el enemigo.

En tales condiciones hay que fortalecer las dinámicas de autoorganización popular, pero también, muy especialmente, la lucha ideológica. Combatir el sentido común que ve el sistema como "natural", y por ello insustituible, mostrando que no solo es una construcción, sino una construcción inestable en sí misma, que si lleva a alguna parte es a la ruina global, a una escala que la mayoría prefiere ignorar. Y en esa voluntaria ignorancia reside el mayor problema.

La ideología neoliberal del emprendedurismo






















A modo de conclusiones

En el recorrido realizado, para pensar y discutir la transición del capitalismo al socialismo, hemos intentado dar cuenta de tres aspectos que incluían las interrogantes que nos propusieran para este artículo. Una remite a cuestiones relativas a la «conflictividad», otra a la «mercantilización» y, finalmente, las «lecciones» a sacar sobre las experiencias gubernamentales recientes que en términos generales recuperaron la perspectiva de lucha por el socialismo.

Pensar en los conflictos entre la tendencia creciente a la mercantilización en el ámbito mundial y un propósito por la transformación estructural de la sociedad supone pensar en varios aspectos.

Uno se asocia al proyecto del capital más concentrado, que siempre empuja el proceso de valorización y por ende la mercantilización capitalista exacerbada. No solo el capital actúa en ese sentido, sino también los propios Estados nacionales, claro, los más poderosos, y también su injerencia en los organismos internacionales. Por ende, el Capital como tal, los Estados hegemónicos y los Organismos Internacionales imponen condiciones políticas, jurídicas e ideológicas para hacer avanzar el mercado capitalista, expresado en una creciente mercantilización de otrora derechos sociales.

Ir contra esa tendencia dominante en el mundo constituye un gran desafío, en especial si se intenta desde un territorio de la dependencia como son los países de Nuestramérica.

Más aún, el interés de la tríada de sujetos mencionados, el Capital, los Estados y los Organismos Internacionales, asumen al territorio regional como un gran proveedor de mercancías, por lo que transforman constantemente nuestros bienes comunes en materias primas para el desarrollo de sus fuerzas productivas, aun a costa del planeta Tierra. Se trata en definitiva del gran conflicto entre el capital y el trabajo, entre aquel y la naturaleza, tanto como el capital contra la sociedad en su conjunto. Es parte del conflicto global que supone la explotación del trabajo humano, el saqueo de los bienes comunes y el consumismo como cultura civilizatoria.

El resultado es el empobrecimiento social ampliado, la destrucción de los bienes comunes y la configuración de una ideología del sálvese quien pueda y el individualismo. En rigor, se trata de subordinar a la región en la lógica de la política exterior de la principal potencia del sistema capitalista, involucrando a sus gobiernos en las tendencias agresivas y militaristas empujadas desde Washington, para lo cual, cualquier prédica por el socialismo resulta inconveniente y un objetivo a vencer. Sea por el mecanismo de la subordinación económica, política o militar, la expectativa del poder mundial es sumar a la región como soldado de una causa para la superación de la crisis capitalista, con desigualdad y miseria extendida.

Ejemplos de sobra nos presenta el bloqueo contra Cuba por más de medio siglo, o los golpes de Estado asociados al manejo de los bienes comunes, el emblemático caso de Chile en 1973 y el cobre, territorio donde se ensayó por primera vez lo que luego se extendería como políticas «neoliberales». Más recientes son los ejemplos de Venezuela, Ecuador o Bolivia con los hidrocarburos, por solo mencionar los casos más expresivos a los que podríamos sumar la historia recurrente de la intervención estadounidense y en muchos casos asociados a países europeos, para intervenir de variadas formas en el continente.

A la dominación capitalista le preocupa cualquier intento de independencia y autonomía, imposible en el marco del capitalismo, cuya tendencia mundial se presenta hoy bajo la forma de la mundialización y la liberalización, más allá de cualquier discurso proteccionista. Por eso las amenazas y el conflicto permanente para evitar cualquier proceso de construcción alternativa, menos si es explícito en su orientación por la transición del capitalismo al socialismo.

En ese marco, la disputa geopolítica mundial interviene en la región, como conflicto de intereses considerados propios por la potencia hegemónica, dicho en tiempos de creciente participación de China como socio comercial, económico y financiero de buena parte de los países de la región. La disputa mundial se presenta como conflicto en la región y claro, vinculado a intereses económicos sobre el excedente socialmente generado en nuestros países.

La perspectiva por la desmercantilización en los procesos que pregonan el tránsito al socialismo resulta limitada, por el peso cultural de las relaciones monetario-mercantiles. Los intentos de regulación de los mercados no terminan siendo exitosos porque no son parte constitutiva de una cultura de conciencia social ampliada para ir en contra y más allá del régimen del capital, de la Ley del valor y, por ende, de la apropiación del excedente económico socialmente generado.

Más aún, estas experiencias no solo ocurren en tiempos de extensión de la mercantilización a escala mundial, sino de un proceso de cambio de las funciones de los Estados nacionales y su capacidad de intervenir en los procesos productivos y económicos, caso de las privatizaciones de empresas públicas. Las reformas de los Estados fueron impulsadas en todo el mundo desde una fuerte prédica de la hegemonía política y cultural mundial, en especial desde los Organismos Internacionales.

Bajo estas condiciones, fueron limitadas las capacidades de los procesos políticos en el gobierno para innovar en la regulación de los mercados o, incluso, en el establecimiento de límites para la mercantilización de la vida social. Es sin dudas una cuestión de poder, que se juega más allá de la economía y tiene que ver con la capacidad de generar consenso por medios ideológicos o en forma directa por la coerción de los mecanismos de la violencia y la intervención militar.

Aun así, resulta interesante estudiar y verificar los desplantes diplomáticos, políticos y económicos desarrollados por estos países. Solo a modo de ejemplo están las expropiaciones a empresas extranjeras en el caso cubano, o las expulsiones de diplomáticos estadounidenses en Venezuela o Bolivia. En ese plano, la gran amenaza para el imperialismo fue el aliento a un conjunto de iniciativas que aspiraban a constituirse en alternativa en materia de integración y articulación productiva y financiera. La sola construcción del ALBA-TCP, Petro-Caribe, o la propuesta irresuelta del Banco del Sur, fueron suficientes para frenar el empuje de una nueva dinámica de construcción del orden socioeconómico.

En ese plano puede mencionarse el rumbo de las «misiones» en Venezuela, contrastando con la tendencia a la mercantilización, pero también en contra de la burocratización en la resolución de necesidades sociales.

En ese plano se inscribe la construcción del orden comunal y más aún la potencia de la economía comunitaria contenida en la Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia.

Quizás no sea tanto el avance contra la tendencia a la mercantilización, pero las experiencias dejan un cúmulo de ideas y propuestas que constituyen «programa» para pensar la perspectiva de la transición del capitalismo al socialismo. En rigor, es parte de las «lecciones» que nos deja este tiempo y las experiencias gubernamentales de este proceso de creatividad que sufre hoy el embate agresivo de la política imperialista y las clases dominantes.

Junto a estas enseñanzas, debe incluirse la ausencia de un trabajo cultural de conformación del hombre y la mujer nueva, en el sentido de las reflexiones del Che en los inicios de la Revolución cubana. Es mucho lo que se ha sostenido contra el voluntarismo, sin embargo, la cuestión cultural ideológica en la construcción de la subjetividad consciente para el cambio social resulta fundamental y no existe posibilidad de sustraerse a esa gigantesca tarea por ganar la conciencia social de la mayoría de las poblaciones. Hay ahí una cuestión no resuelta para los procesos de cambio y de transición sistémica.

Otra lección podemos asociarla a la subestimación de la lucha de clases y más específicamente a la estrategia e iniciativa del poder capitalista, que no resigna con facilidad su poder. El capitalismo se reproduce en la lógica de la ganancia, por eso es irreformable y no cede posiciones, sino de manera transitoria, derivado de la correlación de fuerzas, que no son eternas. Es algo que no siempre se comprende desde las clases subalternas y la revolución.

No alcanza con la toma del poder y menos si se accede al gobierno por medios electorales, con resortes de poder económico e ideológico en manos de quienes boicotearán el proceso de cambio por todos los medios posibles, incluso acudiendo a la corrupción, medio privilegiado de funcionamiento del capitalismo criminal contemporáneo.

Construir el nuevo poder para la transición supone fortalecer el consenso social masivo a escala local y la conformación de alianzas internacionales amplias para derrotar al poder global. Son consensos necesarios para asegurar la sostenibilidad de la desmercantilización en relación con las posibilidades de la reproducción de la sociedad alternativa. Se trata de un objetivo sin el cual se limitan las fuerzas y posibilidades de avanzar en los cambios. Son aspectos internos y externos que operan siempre de manera simultánea.

El conjunto de aspectos considerados son unas primeras aproximaciones a un balance que requiere mayor estudio y profundidad. El socialismo y, con mayor precisión, el periodo de transición tiene el límite del carácter mundial del orden capitalista, instalado por siglos en los propios territorios y poblaciones con pretensión de revolucionar la realidad. Lo que pretendemos señalar es que no alcanza con la disputa política e incluso los consensos sociopolíticos para transformaciones profundas, que lo que se requiere es una inmensa disputa de sentidos entre millones de personas más allá de las realidades nacionales.

Lo interesante de las experiencias consideradas es que confluyeron en un tiempo que hacían pensar en una coordinación temporal y espacial para encarar procesos integrados de transformación en un camino de transición contra y más allá del capitalismo. Queda para futuros análisis el saldo en términos de acumulación de poder popular para seguir pensando la transición del capitalismo al socialismo en Nuestramérica.

lunes, 7 de septiembre de 2020

Para pensar y discutir. Aprendizajes y lecciones para seguir pensando (VI)

El artículo sobre transiciones al socialismo que he venido desmenuzando desde esta entrada del blog hasta esta otra se ocupa especialmente de la transición en los países de América Latina. En el apartado que comento ahora quiero destacar dos ideas, una de carácter universal, la necesaria articulación entre cambios sociales y personales, otra, también aplicable universalmente, pero dependiente de cada historia particular, que atañe a la memoria histórica latente en toda sociedad y que condiciona los procesos subsiguientes. En el caso americano, tres fechas marcan la resistencia a la imposición opresiva del capital, siempre de la mano de los imperios.

La primera idea es que nada cambiará realmente sin el avance hacia "un hombre y una mujer de nuevo tipo".

El himno de los trabajadores suena con una sola música, pero tiene muchas letras, y no solo por las diferentes lenguas en que se entona. En una de ellas se dice:
soplemos la potente fragua
que al hombre nuevo ha de forjar

Es vieja la idea del "hombre nuevo". San Pablo, en sus epístolas, habló de la necesidad de "abandonar la piel del hombre viejo". Veía la salvación en la transformación humana producida por intervención divina. La esperanza cristiana se basa en creer en tal intervención. Sin embargo, la transformación no se produciría sin la voluntad del sujeto.

Pero la aspiración racional a otra sociedad no puede basarse en ninguna redención sobrenatural: es necesaria la voluntad basada en el conocimiento.Todo movimiento emancipatorio necesita creer y querer. "El comunismo es una meta de la humanidad que se alza conscientemente"En palabras del Che Guevara:
"Marx pensaba en la liberación del hombre y veía el comunismo como la solución de las contradicciones que produjeron su enajenación, pero como un acto consciente (...). El hombre es el actor consciente de la historia. Sin esta conciencia como parte de este proceso; no puede haber comunismo."
Si bien Marx trató de expresar la idea del comunismo incluyendo a la consciencia como elemento dentro de su explicación; no llegó a ser lo suficientemente preciso, por lo que se puede legar a considerar que Guevara realiza una de las contribuciones más ricas y significativas al desarrollo del humanismo marxista.

La Revolución no es únicamente una transformación de las estructuras sociales, de las instituciones del régimen; es además una profunda y radical transformación de los hombres, de su conciencia, costumbres, valores y hábitos, de sus relaciones sociales.

Una Revolución sólo es auténtica cuando es capaz de crear un "Hombre Nuevo", porque los procesos sociales son inseparables de los cambios en los individuos.

(Nota marginal: hoy día parece que el término "hombre" excluya a la mujer; salvaría las suspicacias hablar de "humanidad nueva", pero este término colectivo expresa mal la importancia de la conducta de cada individuo y se contrapone mal a "sociedad nueva" porque viene a expresar lo mismo; para evitar el repetitivo "hombre y mujer" ¿valdría "persona nueva"? para mí, la idea pierde fuerza expresiva...).

Vuelvo al tema. Sobre la memoria histórica americana, tres fechas marcan puntos de apoyo para centrar el sentido de la lucha secular contra la colonización, pero también por décadas por la autonomía e independencia, entendiendo que ambas se dan en el marco del desarrollo capitalista.
Pensar en términos de transición supone recuperar ambas dimensiones históricas, la lucha contra el colonialismo (de 1492 en adelante) y la desplegada por la independencia (de 1804 en adelante), para resumirla en una historia común por la transición, en contra y más allá del capitalismo (desde 1959 para acá).

Aprendizajes y lecciones para seguir pensando

Parte del aprendizaje que van dejando las experiencias consideradas es la importancia de lograr una comprensión acabada de las categorías de transición y emancipación; imperialismo, capitalismo y poder hegemónico; tanto como Estado «capitalista» y aparato institucional preexistente a los procesos de cambio. Categorías estas que acompañan y envuelven a los procesos de cambio, más aún si se presentan con perspectiva de pensarse en la transición del capitalismo al socialismo en Nuestramérica.

Del estudio de estos casos particulares hay varios aspectos que, nos parece, se deberían revisar y profundizar, entre otros, para encontrar maneras articuladas para avanzar en la limitación de la mercantilización de la vida social y comprender el grado de conflictividad que implica movilizar prácticas en dirección a otro modo de organización económica y social, por fuera y más allá de la lógica del capital.

Queremos resaltar en ese sentido las especificidades de las políticas de transición. Estamos convencidos que las diferentes experiencias de época en época pueden tener rasgos comunes, pero la especificidad de cada proceso y su momento histórico son aspectos relevantes para su comprensión.

Eso nos lleva a destacar la importancia de construir una teoría desde la crítica de la economía política, que contenga los problemas de la transición, su complejidad, los limites y avances. Es un asunto que sigue estando pendiente.

No es solo una cuestión económica, sino cultural, política y social. Ahora bien, esta teoría debe contener y comprender el aprendizaje de las experiencias de los diferentes procesos con pretensión de transición, los que requieren ser estudiados a fondo, considerando que sus logros y deficiencias son producto de la práctica revolucionaria.

La severidad y criminalidad de la clase dominante nos debe llevar a comprender que hay mucho por aprender, ya que muchos de los déficits deben anotarse a la cuenta del accionar de las clases dominantes. En ese marco, ir a fondo en el estudio de las prácticas de los procesos que se asumen por el rumbo de la transición antisistémica.

Resulta indispensable identificar esas prácticas para nutrirnos de todo lo que pasó y pasa en cada una de las experiencias, incluso los errores o fallos para analizar el proceso en dinámica histórica.

Es necesario interpretar el fenómeno de manera integral y articulada, pensando a cada experiencia en su dinámica de integración regional, recuperando la vieja tradición de unidad separada por los proyectos de «naciones burguesas» constituidas en el proceso de lucha por la independencia contra la colonia española o portuguesa.

Unir las prácticas de los distintos procesos de cambio político y las experiencias a nombre de la transición del capitalismo al socialismo, apunta a comprender el proceso histórico en la lucha por la emancipación. Es también rescatar los múltiples liderazgos que la historia dejó en el anonimato, al tiempo de habilitar interpelarnos y saber responder, qué es lo que falta, qué hay que superar, qué hacer.

Es una convocatoria a sistematizar los estudios de esos procesos, lo que consideramos aun una asignatura pendiente.

Son todos temas complejos, que pueden aparecer tratados con imprecisión, sin embargo, estamos convencidos que es la manera de intentar superar lecturas dogmáticas o simplistas.

El tema no se resuelve en la simplicidad de enemigo-amigo, sino en la capacidad de indagar a fondo en una trama compleja que define la organización social capitalista.

Imprescindible resulta avanzar en el conocimiento de las regularidades inherentes a los avances y retrocesos de estas experiencias. Se trata de incorporarlas como parte de la crisis de las alternativas, más aún luego de impugnado el socialismo desde la caída del este europeo.

Así como Marx y Engels tuvieron que redefinir la nominación de la alternativa bajo el título del «comunismo», con crítica detallada de los variados socialismos en su tiempo, tal como hicieron en la redacción del Manifiesto, ahora se requiere volver a designar el propósito para la transición en contra y más allá del capitalismo.

Las regularidades tienen que ver con identificar cuáles han sido o son las acciones y reacciones, entre las partes antagónicas en cada caso, frente a las prácticas políticas implementadas. Podría ponerse en estos términos: al momento de querer cambiar/alterar el curso capitalista, el ritmo y/o la dirección del desarrollo capitalista, ¿qué regularidades generales y específicas se pueden identificar?

El tema se asocia a comprender y entender al desarrollo de la sociedad en forma dialéctica, tanto en el orden local, como regional y global. También respetar y tener en cuenta de aquellas regularidades de ayer que fueron parte del fracaso o de no haber podido avanzar en la dirección propuesta.

Por ello, los logros y fracasos como parte del legado de cada proceso son producto de una lucha por la resistencia a la dominación imperialista y al régimen del capital.

Nuestramérica en su historia nos enseña que sus protagonistas son y han sido miles de personas que han trabajado y siguen haciéndolo con gran esfuerzo, con una extraordinaria dignidad por encontrar y hacer posibles los caminos de las alternativas contra el poder hegemónico.

Esto nos debe invitar a saber aprender de los logros, aun siendo pequeños y también de los fracasos. Tener presente y saberlos en detalle contribuye a comprender la complejidad de la crisis de las alternativas.

Se trata de pensar una conciencia colectiva que acompañe y se comprometa con las alternativas. La construcción y el desarrollo de una conciencia colectiva para transformar la actual sociedad capitalista en un desarrollo alternativo al vigente, es parte esencial en los procesos de transición.

Es en el mediano y largo plazo que se mide la división entre el éxito o fracaso del cambio propuesto, más allá que la historia muestra que hay experiencias en que la superioridad militar hegemónica no permite avanzar en los cambios. Del estudio realizado de los procesos de transición, en parte se ha subestimado la importancia y urgencia en ser incorporado este tema en la cotidianidad del proceso de cambio. Esto hace a la esencia en la formación de cuadros políticos para actuar en la transición.

Estamos pensando en la necesaria lectura de largo plazo en la región, que a grandes trazos supone la lucha por siglos contra la colonización, pero también por décadas en función de afirmar un proceso de autonomía e independencia en el marco del desarrollo capitalista.

Pensar en términos de transición supone recuperar ambas dimensiones históricas, la lucha contra el colonialismo (de 1492 en adelante) y la desplegada por la independencia (de 1804 en adelante), para resumirla en una historia común por la transición, en contra y más allá del capitalismo (desde 1959 para acá).

Es una dimensión histórica que trasciende a las experiencias de los últimos años, pero en las que debe apoyarse para dimensionar un proyecto estratégico de emancipación social.

Apuntamos a pensar el interés y el accionar del poder hegemónico del capitalismo. El poder en sus diferentes facetas ha logrado penetrar en el sentido común de la población en muchas direcciones, y hasta ahora, con mucho éxito. Las formas y los momentos de su instrumentación son permanentes.

El objetivo de ese poder es mostrar a cada proceso de cambio como una derrota para la sociedad. De allí que la categoría de resistencia y acción es parte de la respuesta para enfrentar el poder establecido. Este no se retira ni abandona sus objetivos, es parte de la vitalidad capitalista. En las alternativas de los procesos de transición hay que avanzar en consolidar una vitalidad superior. Ahí tiene que estar nuestro destino.

Se trata de salir del encapsulamiento de prácticas políticas funcionales al capitalismo. Es preciso repensar cómo salir del «encapsulamiento» en sus posturas primogénitas y partidarias de la política tradicional. Es un gran desafío por resolver: cómo hacer para que el pensamiento crítico y prácticas populares articulen acciones que permitan una salida de «la cápsula» de las posturas partidarias o de movimientos sociales que, en muchos casos, no permiten abrirse a la construcción de puentes con lo nuevo que va surgiendo de cada uno de estos procesos y momentos y, de esa manera, poner en discusión al capitalismo, más allá de las limitaciones.

Un ejemplo interesante es cómo Venezuela, a partir del año 1998, rompió con el sistema tradicional denominado de punto fijo. [12] Es el punto de partida para entender la experiencia bolivariana, su presencia en resistencia pese a la agresión imperialista y de las clases dominantes locales, pese a las inmensas dificultades del presente.

En rigor, no hay proceso de transición y emancipación que trascienda sin la práctica del «hombre y la mujer de nuevo tipo».

Todas las acciones y prácticas en la búsqueda de salir del actual sistema serán insuficientes, si en las prácticas políticas de los procesos de transición no se vuelve a incorporar la concepción del hombre y la mujer de nuevo tipo a la par del desarrollo material de la sociedad.

Desde la Revolución cubana hasta el presente la categoría de «hombre y mujer de nuevo tipo», tuvo diferentes mutaciones entre quienes han sido protagonistas en procesos de transición.

En varios de los procesos analizados, donde han existidos pequeños intersticios en los cuales han estado presentes valores inherentes a esta categoría, los logros por pequeños son ejemplificadores.

Creer en la viabilidad de limitar o cambiar la mercantilización de la vida social sin tener en cuenta la construcción de un hombre y mujer nueva, es desconocer entre otros aspectos al capitalismo y su hegemonía cultural.

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Nota:

[12] En 1958, tras el derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez, los dirigentes de Acción Democrática y Unión Republicana Democrática, firman un acuerdo de gobernabilidad. Surge la IV República, que inicia su quebrantamiento con el Caracazo en 1988, que lleva al advenimiento de Chávez. A partir del año 2000, luego de haber aprobado por referéndum la nueva constitución, surge la V República.

viernes, 4 de septiembre de 2020

Para pensar y discutir. El socialismo y la crisis de las alternativas (V)

El desmantelamiento de la URSS y el consecutivo desguace de la estructura económica que se mantenía en su entorno unificó el mundo como mercado global. Ningún Estado ha podido sustraerse a esta realidad. Paralelamente se desmoronaba en el imaginario colectivo la esperanza en la transformación socialista. Todo quedó subsumido en el gran bazar planetario.

Pero al tiempo que se aleja la esperanza se acentúa la necesidad. El capitalismo no puede dejar de concentrar la riqueza, a la vez que se apoya en la pobreza creciente de países enteros y de las clases trabajadoras de cada país. Ahora que le es cada vez más difícil crecer perfecciona la explotación, lo que fomenta la lucha de clases por todas partes, aunque esta adopte formas muy diversas.

De diferentes maneras pervive la idea de que es necesario superar la actual estructura socioeconómica. Hay quienes piensan que el problema no es el capitalismo, sino esta última fase neoliberal. Siguen creyendo en la posibilidad de restaurar políticas socialdemócratas que mantuvieron en algunos países centrales un relativo bienestar social. Otros perciben que aquello no volverá y son abiertamente anticapitalistas.

Y a las visiones diversas de los individuos y grupos sociales se añaden las diferentes estrategias de los países en que se intenta una salida del sistema que los arruina.

Aunque los problemas de base sean los mismos, no es fácil armonizar estadios de desarrollo o soportes productivos diferentes. Algunos países conservan ciertas estructuras socialistas, en otros se intenta crearlas, con distintos niveles de concreción. La falta de una sólida coordinación internacional pone las cosas muy difíciles.

En el ámbito latinoamericano han surgido, siempre con el ejemplo de la resistente Cuba, distintas tentativas de transición al socialismo. Lo más difícil es coordinar esfuerzos, unificar objetivos y librar la batalla ideológica contra el sentido común dominante.

Siguiendo lo iniciado aquí e interrumpido aquí, se analizan a continuación algunas debilidades, materiales e ideológicas, que dificultan no solo los procesos sino el planteamiento mismo de metas compartidas.


Neoliberalismo




















El socialismo y la crisis de las alternativas

Aludimos antes a que lo distintivo en los procesos de transición al socialismo es la «modificación sustancial de las relaciones sociales de producción», involucrando tanto los aspectos materiales como la consciencia social. En este sentido, la categoría «socialismo» supone un concepto en disputa y de permanente revisión. Las prácticas e iniciativas de los últimos años, a nombre del «socialismo», tienen nuevos componentes y particularidades, los que responden a contextos diferentes, además de incorporar lo subjetivo de los nuevos liderazgos. Puede haber más acuerdo teórico o ideológico en torno al socialismo que en la comprensión en sí de cada proceso. Por ello se requiere ser muy específico a la hora de balancear avances, logros y/o limitaciones.

Entre los avances y logros se les puede vincular con políticas que contribuyeron o no a la modificación de las relaciones sociales. Puede ayudarnos en ese sentido la recuperación de El Capital de Carlos Marx para estudiar en forma crítica el régimen del capital y comprender el proceso de producción y reproducción capitalista. De allí la importancia de discutir la categoría de socialismo con los obstáculos en avanzar en contra y más allá del capitalismo, ya sea, por las políticas elegidas o en su defecto, por el peso del poder hegemónico de manera estructural, o de ambas a la vez. Esto es lo que genera, en parte, la crisis de las alternativas que es la característica esencial del momento actual.

La aseveración está asociada a que la contradicción durante la bipolaridad mundial –que confrontó desde 1945 al capitalismo y al socialismo– más allá de cualquier consideración sobre una categoría o la otra. Con la caída del socialismo en el este de Europa se instaló la ausencia de alternativa al capitalismo en el imaginario social mundial.

Por ello es que la transición del capitalismo al socialismo deber ser ubicada y analizada en simultáneo con la categoría «socialismo». Por transición se suelen tener diferentes visiones, en nuestro caso compartimos el análisis que hace Rajland, [11] quien señaló que «no existe una teoría de la transición. Hay prácticas de la transición que luego pueden hacerse teoría», agregando que «el tema es tener en claro si sabemos de dónde partimos y a dónde queremos llegar, por ende, discutir los niveles de ruptura que puedan procesarse».

La recreación de la esperanza por el socialismo se relaciona con la experiencia de los procesos de cambio político en la región latinoamericana y caribeña a comienzos del siglo XXI, y muy en especial con los que se identificaron bajo la denominación de «Socialismo del siglo XXI» o similar, en articulación con el ejemplo, constancia y fortaleza generadas por la Revolución cubana. Por eso nos interesa considerar la propuesta por el socialismo del siglo XXI o similar denominación y su gravitación regional.

Pensar la transición en Nuestramérica remite en primer lugar a la experiencia cubana, el proceso de más larga duración en la región, junto a otros procesos emergentes a comienzos del siglo XXI. Cuba y esos procesos articulados orientaron un nuevo tiempo en el debate de la crítica al capitalismo en Nuestramérica. Es un tiempo donde se recupera el debate por el socialismo y, por ende, la transición del capitalismo al socialismo. Se trata de una experiencia diversa y compleja, de cambio político en la región, lo que supuso procesos en confrontación con las políticas neoliberales hegemónicas en la región desde los setenta, las que fueron exacerbadas en los noventa bajo la inspiración del Consenso de Washington. Pero también, otros que se inspiraron en una prédica de contenido anticapitalista. Para algunos el problema era el neoliberalismo y para estos últimos el capitalismo.

Entre estos últimos identificamos aquellos procesos que instalaron las categorías del «Socialismo del siglo XXI» o del «Socialismo Comunitario», con un posicionamiento de contenido anticolonial, antiimperialista y anticapitalista. Venezuela y Bolivia en particular, aun cuando con matices, pueden asociarse a Ecuador con estos posicionamientos, en especial Bolivia y Ecuador con sus formulaciones constitucionales por el «vivir bien» o el «buen vivir». En un similar sentido puede incluirse en esta categoría a Nicaragua a partir del año 2007, con su antecedente del periodo 1978–1990.

La propuesta por el Socialismo, bajo nuevas concepciones a comienzos del siglo XXI, articula en un sentido transformador a este conjunto de iniciativas, insistamos, con especificidades y diferencias. Entre los temas a destacar por lo que se insinúa como transformación estructural está el proceso de «nueva integración», de carácter alternativa y no subordinada. Recuperemos que el eje de los ochenta y los noventa está marcado por la propuesta del ALCA, que excluía a Cuba y condenaba a la región a la hegemonía estadounidense en una concepción de «libre comercio», tendencia hegemónica de la ofensiva capitalista desde los 80´s del siglo pasado.

Destacamos en ese sentido que una nueva relación internacional emerge en la región con la construcción del ALBA-TCP entre fines del 2004 y comienzos del 2006, entre Cuba y Venezuela primero, y luego, la incorporación de Bolivia, tanto como las propuestas de articulación energética promovidas desde Venezuela, caso de Petro-Caribe. Son intentos con un grado de materialidad que instalaron un programa posible de relaciones internacionales de nuevo tipo en la región, que hoy constituyen programa de acción a futuro.

En ese camino se escriben varios «Foros» de debate y articulación, con intentos de organizar una nueva institucionalidad de la integración donde se destacan, con matices, Unasur o la Celac, que excluyen del proceso integrador a Norteamérica.

Más allá de los mencionados matices, lo común fue el intento por poner límites a las políticas hegemónicas de corte neoliberal, habilitando un debate que bajo ciertas condiciones se proponía en contra y más allá del capitalismo.

La ampliación de derechos y de la política social fue un elemento común en la perspectiva anticapitalista como en la antineoliberal, tanto como una revalorización de la intervención en la economía del sector estatal.

Recordemos que la prédica neoliberal se concentró en el desarme del Estado en su actividad económica directa vía privatizaciones.

El mayor aporte en materia de política económica en estos procesos de cambio político está en la recomposición del sector público, de manera especial en la apropiación estatal de la renta energética, válido de forma significativa para Venezuela, Bolivia y Ecuador. Fue la base material para el desarrollo de propuestas económicas de orientación alternativa.

Dos menciones especiales haremos con la inclusión de la «economía comunitaria» como parte de la «economía plural» en la nueva Constitución de Bolivia, como el caso de las «misiones venezolanas» para atender problemas específicos de salud o educación, entre otros.

Ambas cuestiones trascienden al sector estatal y confluyen en búsquedas de transformación social que recuperan formas de organización social en la economía y de satisfacción de necesidades sociales para acceder a derechos.

Son aspectos que actúan más allá de la lógica mercantil tradicional y apuntan a transitar rumbos y búsquedas por la desmercantilización.

Estos elementos comentados generan desafíos y tensiones, ya que somos conscientes que el socialismo es una asignatura pendiente en el ámbito mundial, por lo que nos interesa el proceso de transición, o toda búsqueda con ese propósito.

Por eso nos centramos en considerar aspectos generales que condicionan el proceso de transición con relación a las experiencias que intentaron recientemente asumir el proyecto del socialismo. Son consideraciones que excluyen al caso cubano.

Entre ellas se destacan: 
a) el escaso espacio dejado a la construcción ampliada de una subjetividad que se permita reflexionar la posibilidad de concebir otro orden social;
b) baja prioridad en el sistema educativo, cultural y científico como parte del proceso de cambio;
c) inconsecuencia a la hora de definir las alianzas regionales o extraregionales; 
d) subestimación de la fuerza y accionar del poder hegemónico.
Varios fueron los conflictos manifestados entre las relaciones mercantiles existentes y el desarrollo de las nuevas políticas. En un inicio podemos señalar al menos tres niveles de conflictos:
a) el grado de dependencia tecnológica y limitaciones de insumos básicos para la reproducción de la vida cotidiana;
b) la magnitud de la exclusión social preexistente en el seno de estas experiencias, con la presencia ininterrumpida y renovada de la política global de bloqueo económico, financiero y comercial de parte de EE.UU. y sus países asociados; 
c) la insuficiencia de espacios regionales o mundiales en los cuales se puedan articular políticas asociativas, de cooperación y solidaridad, que sean sostén de procesos de desmercantilización.
Vale remarcar que este tipo de relaciones mercantiles, son parte de un proceso sustancial de las relaciones de producción y reproducción del capitalismo, teniendo una dimensión que traspasa a lo económico y lo nacional.

Las relaciones mercantiles ampliadas son la base constitutiva y primaria del capitalismo, siendo el neoliberalismo la política de avanzada y más representativa del poder hegemónico mundial en la actualidad. Es decir, los tres aspectos señalados integran parte de este conflicto, conformando el núcleo de la dependencia y debilidad al que están sometidos todos aquellos procesos que pretendan la transición anticapitalista en tiempos de dominación transnacional de la economía mundial capitalista.

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Nota:

[11] Beatriz Rajland (2018). «Relación Estado-derecho desde el pensamiento crítico». Intervención en video conferencia para el Programa de Actualización de Posgrado Crítica y Transición. Fundamentos para la Crítica de la Economía Política. Teoría y Práctica de la Transición, en el marco del bicentenario de Carlos Marx. Realizado en el segundo semestre del 2018 en la Universidad Nacional de San Luis, por la Especialización en Estudios Socioeconómicos Latinoamericanos.