viernes, 5 de junio de 2015

En construcción. Unidad Popular

Miguel Riera, en el último número publicado de El Viejo Topo, escribe este editorial sermón, poco antes de las elecciones municipales y autonómicas, sobre Las máscaras de la política. Con la campaña avanzada, los tics y los trucos habituales en las campañas electorales resplandecían a la vista de todos, pero, sin que deje de sorprendernos, todavía funcionan.


(sin máscara: aquí no hace falta)



En el momento en que se escriben estas líneas todavía no se han llevado a cabo las elecciones municipales y autonómicas españolas; los partidos aún están en la fase de defender las propuestas que contienen sus programas, por desgracia ocultando a veces sus verdaderas intenciones. Antes de los pactos –aparentemente inevitables– las máscaras, los disimulos, cuando no las mentiras, son flagrantes. Antes de los pactos todo el mundo está por la igualdad, por los derechos sociales, por las libertades, por la transparencia, por la protección de los más débiles... Después... veremos.
Algunas de las máscaras que hemos visto en la campaña ofrecían la promesa de un futuro amable e inverosímil. Ahí tenemos al PP, por ejemplo, prometiendo bajar los impuestos por un lado y comprometiéndose por otro con la UE a un nuevo recorte de 18.000 millones, y sin tocar ni sanidad ni educación; algo huele a podrido en esa promesa. Eso por no citar alguna ocurrencia de Ciudadanos, o de algunos candidatos a las alcaldías que parecen haberse levantado un buen día con la imperiosa necesidad de decir la primera estupidez que les pasara por la cabeza. Algunas de esas ocurrencias tienen poco que ver con el enmascaramiento; son simples bufonadas de quien tiene poco que decir.

De modo que aquí no quería yo sacar a relucir pequeñas miserias como esas, sino llamar la atención de algún enmascaramiento notable que merece una atención mayor y más profunda que la que hasta ahora le han dado los medios de comunicación. Me refiero a Podemos y Ciudadanos, y su posicionamiento en relación con los ejes izquierda-derecha y arriba-abajo.
La maniobra de Podemos, al desplazar el tradicional eje horizontal derecha-izquierda al vertical arriba-abajo, ha cambiado en buena parte el terreno de juego de la izquierda. Este ya no está marcado –o al menos eso es lo que le gustaría a Podemos– por cuestiones de naturaleza ideológica, aunque sí por lo que a fin de cuentas también es lucha de clases. Podemos es un proyecto que no quiere situarse en el eje izquierda-derecha, pero que el propio Pablo Iglesias ha definido como populismo de izquierdas. Y no puede olvidarse que el impulso inicial que catapultó a esa formación hasta convertirla en primera en intención directa de voto en las encuestas, provenía claramente del campo de la izquierda. Es decir, que Podemos se sitúa en la izquierda. Oh, pero no, que solo está con los de abajo. Pero sí, que los de abajo son de izquierda. Pero no, que ser de izquierda ya no mola. Pero sí, que Pablo insiste en que él sí que es de izquierda (entonces, ¿quién no lo es en Podemos?). Pero no, que hay que ser posibilista, y ganar. Pero sí, que hay que ser fiel a los principios... En fin, un lío, sobre todo para los que andamos flojos de neuronas para la comprensión de sofismas y alambiques, como es mi caso.

Pero para enmascaramiento, el de Ciudadanos. He aquí que en sus estatutos se define como una formación de centro-izquierda. Y para celebrarlo, le encarga el programa económico a uno de los economistas más brillantes de... la derecha neoliberal. Y para completar el desplazamiento a la izquierda (permítaseme la ironía) el programa fiscal se lo redacta un asesor de la FAES. Hay, me parece a mí, demasiado camuflado suelto. Y el camuflaje puede funcionar durante un tiempo, pero colar colar, no cuela.

Ahora, queridos lectores, llega el momento de la verdad: el momento de los pactos. Quién está con los de abajo y quien contemporiza con los de arriba. Quién se aferra a un supuesto sentido de la responsabilidad para sus pactos contra natura. Quien piensa desde la izquierda y quien piensa desde la derecha.

Veremos también quién traiciona a sus votantes y cómo lo justifica.

Veremos quién llevaba máscara y quién hablaba con verdad. Empieza el baile.
 Miguel Riera 
La certeza de las críticas está fuera de toda duda, pero las sospechas que suscita habrá que dejarlas por ahora en cuarentena. El momento de la verdad que las confirme (o no) está muy cerca, y no se reduce a los pactos de gobernabilidad inminentes, sino a lo que se prepare para las elecciones generales. En esta perspectiva se escribe, después de las elecciones, este otro artículo:


Rebelión

1. Tras las elecciones municipales y autonómicas la correlación de fuerzas sólo ha cambiado algo en lo institucional. La debilidad de la población en nuestras sociedades sigue siendo extrema. El capitalismo monopólico global genera posibilidades de movilidad del capital y de utilización de un ejército de reserva mundial que no para de crecer. El poder social de negociación en la arena laboral se resiente drásticamente de ello, mientras que el poder del empresariado crece sin cesar.
La capacidad tránsfuga del capital, el casi omnímodo poder de sus brazos transnacionales y sus grandes centros de comando globales, dejan pocas posibilidades de transformación social desde la gestión y administración públicas a escala estatal y micro-estatal.
2. Por otra parte, y sin ser contradictorio con lo anterior, el capitalismo seguirá su marcha degenerativa, cerrando cada vez más la opción reformista o la posibilidad de reformarlo desde dentro. Es decir, que será cada vez más difícil desarrollar políticas neokeynesianas. Una re-regulación capitalista a escala regional es cada vez más difícil. A escala estatal es prácticamente imposible.

Esto desacreditará las opciones de gobierno de las coaliciones de las antiguas y nuevas izquierdas integradas en el orden capitalista.

Las viejas izquierdas integradas, que terminaron por subordinar la lucha social a la vía electoral, han perdido presencia y peso en favor de formaciones que buscan salirse del eje izquierda-derecha.

Pero la trayectoria de estas últimas se prevé corta ante la falta de posibilidades del reformismo. Además hay que contar con el sistemático boicot del capital (que puede darse en forma de “huelga de capitales”, falta de inversión, cierre del crédito, presión sobre la deuda, recrudecimientos de la ofensiva mediática, etc.; por eso es tan importante lo que está en juego en Grecia ahora mismo). Dicho de otra manera, aunque hubiera un corto periodo de “éxitos socialdemócratas” contra las políticas de austeridad llevadas a cabo hasta ahora, en breve esas formaciones sociopolíticas no podrán aplicar políticas reformadoras de calado, y al no hacerlo perderán credibilidad y legitimidad. Máxime si tenemos en cuenta que deben contar para ello en la mayoría de los lugares con el apoyo de una de las vertientes del Bipartido que instauró el Capital como mecanismo de relevo electoral: el PSOE.

Con poca implantación social organizada de base, con nula implicación sindical y laboral en general, y con escasísima experiencia de combate de clase, tampoco parece muy fácil que estas “nuevas izquierdas” puedan contribuir al empoderamiento social de las grandes mayorías ante la combinación de la ofensiva del Capital y la profundización de la crisis del capitalismo.

3. No hay que decir que frente a este panorama el Sistema siempre tiene a mano el golpe de timón fascista o parafascista, preparado para atraer hacia sí el descontento, desorientación y desánimo generalizados de las poblaciones.

4. De ahí la necesidad imperiosa de construir estructuras flexibles de articulación popular que abarquen los ámbitos de lo político, lo laboral, lo social y, en general, de lo común. Es decir, construir en, y unir sujetos de, las esferas de la Explotación y la Desposesión.
El modelo tipo sería la organización-movimiento con una estrategia rupturista a medio plazo. Lo que quiere decir que ha de estar preparada para el enfrentamiento anticapitalista, al que en breve conducirán los juegos de suma cero de un Sistema en franca degeneración.
En este sentido, sí nos unimos a las palabras del editor y miembros del Consejo de Redacción de sinpermiso sobre el panorama postelectoral:

“La crisis del bipartidismo y del estado de las autonomías es irreversible sin una reforma constitucional profunda. Pero el PP y el PSOE no cuentan ya con una mayoría institucional capaz de llevarla a cabo de forma controlada. El ascenso de Podemos y el éxito de las candidaturas de unidad popular bloquean por el momento un posible acuerdo post-electoral del PP y el PSOE, que produciría una rápida erosión de legitimidad de este último, después de perder más de un tercio de su electorado desde 2007. Pero la capacidad de condicionar en un frente de izquierdas al PSOE, obligando a su dirección a un giro de su política económica y social, exige un equilibrio de fuerzas más favorable a la izquierda agrupada en la unidad popular. Ello implica una serie de alianzas de las izquierdas alternativas, federalistas y soberanistas, que aúnen en su programa la defensa de los derechos sociales con el derecho de autodeterminación, como base de un nuevo pacto territorial y constitucional. No existe en este momento la correlación de fuerzas necesaria para abrir procesos constituyentes: se trata de construirla en la movilización social y electoral, cuyo primer eslabón táctico es la derrota del PP en las elecciones generales de este año. Pero para la acumulación de fuerzas es necesario un horizonte estratégico de la izquierda, voluntad unitaria y un método de participación democrática que aliente y estructure la movilización popular.

[…] Una verdadera “crisis de régimen nunca tiene un desenlace rápido. Ni fácil. Ni cómodo. Suelen ser procesos históricos prolongados, difíciles y peligrosos y aun infernales, en los que proliferan –como advirtió sabiamente el manoseado Gramsci hace muchos años— “monstruos” políticos de todo tipo: ¡también entre las propias filas!” (en http://www.sinpermiso.info/articulos/ficheros/edit26.pdf).                  [El subrayado es nuestro (nota de los autores)].

5. En definitiva, urge la creación de candidaturas de Unidad Popular como primer movimiento táctico de cara a la siguiente cita electoral, ante todo con las entidades políticas que ya nacen “abiertas” a la inclusión popular, y que se han ido conformando en torno a la dinámica electoral municipal y, en algunos casos, autonómica.

Pero no basta con ello. Urge además comenzar la construcción de una Fuerza Popular (integrada por muchas fuerzas populares) como movimiento estratégico que aspire a revertir la profunda correlación de fuerzas sociales (más allá del campo electoral) de cara a la soberanía popular.

Para ello es necesario también levantar organizaciones que contemplen esos objetivos en distintos territorios, ámbitos de acción y campos de lucha, para coaligarse entre sí. Organizaciones que alberguen además una marcada proyección internacionalista, es decir, con intención de coaligarse también más allá del Estado (en nuestro caso, imprescindiblemente a escala europea).

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