domingo, 24 de mayo de 2020

¿Y si fuera cierta?

A este presentador, y seguramente a muchas personas más, les parecerá increíble esta encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas. Si es difícil sentirse satisfecho, encerrado en casa, sin libertad de movimientos, sin poder ver a amigos o familiares, relacionándose solamente por medios electrónicos, ¿cómo es que pueden verse ahora en mejor situación económica, cuando nos acechan tantas incertidumbres sobre el futuro? 

Yo añadiría otras preguntas: ¿Qué interés oscuro podría tener el CIS en falsear los datos de la encuesta, precisamente cuando pueden parecer increíbles? ¿Presiones de un gobierno al que tanto cuesta gobernar? ¿No están llenos los organismos públicos de funcionarios que simpatizan más con la oposición? ¿Cerrarían los ojos ante un fraude colosal, además de estúpido, porque no modificaría la posición de nadie?

No es lo mismo estar cómodo que sentirse seguro. El comportamiento de la mayoría demuestra que valora esa seguridad. Como dice uno de los comentarios que acompañan a la noticia:
Pero le voy a decir por qué puede ser cierta: estamos midiendo lo que opina la gente, no la economía. Pues puede que la gente antes del coronavirus sienta que quiere más o se merezca más; una vez que empieza la pandemia estás en casa que no trabajas, o sí, y que aun así cobras, pues puede pensar que no esta tan mal, que hay gente que lo esta pasando peor. Pueden haber 1000 motivos por lo que te haga pensar que tienes una situación buena en una época mala, y lo contrario también.
La satisfacción tiene mucho que ver con el cumplimiento de expectativas. En condiciones normales, y en una sociedad de consumo, se aspira a muchas cosas que no se pueden conseguir, y eso crea frustraciones. El correspondiente sobreesfuerzo crea ansiedad. No hay tiempo para todo lo que se quiere hacer.

En esta situación de frenazo nos damos cuenta de cuales son realmente las necesidades esenciales, lo menos necesario se aplaza. Los gastos superfluos desaparecen por un tiempo, y vemos que se puede vivir bien con menos. La economía actual, basada en el beneficio empresarial, es momentáneamente sustituida por la producción de lo indispensable. Por más que para muchos las situaciones duras supongan nuevas "oportunidades de negocio". Algo habrá que corregir en esta economía.

El confinamiento enlentece el tiempo frenético. No disfrutamos de las salidas, pero vemos la mejoría del ambiente, menos contaminación, menos ruido, menos carreras hacia ninguna parte. Más, mucho más tiempo libre.

Hablo en nombre de los realmente confinados. De los cómodamente confinados, lo reconozco. Son mayoría los que siguen en sus duras labores, en las tareas esenciales, más duras si cabe por las circunstancias. Pero el sentimiento de esfuerzo solidario también cuenta. Si las expectativas de todos han bajado, las de quienes siguen ocupados también: mantener el empleo en estos momentos de crisis ya es mucho.

Por no hablar del sentimiento de dignidad que adquieren al sentir que son los verdaderamente útiles, los indispensables. Muy por encima de esos ricos que, a la vista está, son los más insatisfechos.

Es una buena ocasión para plantearse otra sociedad más austera, que los tiempos venideros auguran. Más austera, en un sentido diferente al que le dieron los recortadores de la crisis anterior.

Pero mucho menos frágil.



"Es una magnífica noticia, si fuera cierta": la frase más crítica de Vicente Vallés se hace tendencia
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(…)

El periodista califica el dato en cuestión como “curioso” o “increíble”. “Según el CIS de marzo, sólo el 35,8% de los españoles decía que su situación económica personal era buena o muy buena. Sorprendentemente, después de que la economía española se haya hundido en estas semanas de confinamiento, el CIS de abril señala que el 69% de los españoles consideraba que su situación económica era buena o muy buena. Se había doblado el número de españoles satisfechos con su economía personal”, relata el presentador.

“Y en este barómetro de mayo ha mejorado todavía más, hasta el 70%. Por tanto, según el CIS, conforme empeora la economía de España mejora la economía de los españoles. Es una magnífica noticia, si fuera cierta”, zanja Vallés.

(...)

sábado, 23 de mayo de 2020

"Me debo a mi público"

En el mundo del espectáculo es una frase que se repite. De su público depende su vida. También los profesionales liberales y los comerciantes se deben a quien compra sus servicios o sus productos: "primero mis clientes que mis parientes". En otra versión se dice "mis dientes". Viene a ser lo mismo.

La política basada en la elección periódica de representantes, a los que la dedicación que merecen sus representados obliga a profesionalizarse (recordemos que sin remunerar a los representantes solo los rentistas podían representar, y es obvio a quién representaban), hace que también ellos se deban a sus electores. Hasta aquí, nada que objetar. Es lícito representar los intereses de un grupo social. Incluso vivir de ello, si eres un profesional de la política.

La política profesional, si el plato es apetitoso y no predomina la batalla de ideas (inevitable y conveniente, porque las discrepancias ideológicas dentro de un partido son parte de su vida interna) conduce al juego innoble de los navajazos y las puñaladas traperas. Puede combatirse con la limitación salarial y temporal de los cargos (aunque esto último no siempre es beneficioso, si la valía del representante lo hace difícil de sustituir). La hibridación de lo público con lo privado, las puertas giratorias y otras prácticas corruptas pueden hacer que el político "se deba a su público", que no tiene por qué coincidir con el que supuestamente representa.

Si eso ocurre individualmente, también ocurre a la escala de las organizaciones. Los partidos que se encuentran cómodos en medio de esto tienen dos públicos. Uno de ellos es el que los elige. Otro, el que los alimenta. A los segundos hay que "con-formarlos", en el doble sentido de "tenerlos contentos" y "darles forma". Batalla ideológica necesariamente basada en la ocultación y deformación, para poder "tener contentos" a los primeros si los intereses de ambos públicos no coinciden.

La democracia superpuesta al capitalismo tiene esas cosas. A más capitalismo, menos democracia real.

Una vez creado el rebaño de fieles con la ideología de cada partido, hay que darles alimento espiritual. Es importante que se sientan grupo. Aunque los intereses del colectivo pueden ser de distinta índole (nacionales, étnicos, religiosos o de clase) en el imaginario de los votantes deben prevalecer los que alimentan al partido que dice representarlos.

El tremendo espectáculo que están representando en las sucesivas prórrogas del estado de alarma muestra a cada partido, como a cada comunidad autónoma, cultivando a toda costa, unos, sus intereses de clase, otros, sus señas de identidad. Lo que menos les importa son las consecuencias de suprimir las limitaciones a la movilidad. Lo importante es tumbar al gobierno en beneficio propio.

Partidos que unas veces apoyan, otras se abstienen, otras votan en contra, en función de un juego que trata de demostrar que cada uno de ellos es imprescindible y responsable (cuando apoya) y defensor de su público (cuando no). Juego irresponsable que más que al sesudo ajedrez se parece al farolero póker. Entre tahúres del Misisipi. Muy profesionales, como decía Manquiña en Airbag.

En mayor o menor medida, todos los gobiernos han establecido compartimentos estancos en sus jurisdicciones. Una de las más sangrantes es la que contiene a las migraciones. A los "contentos" no les ha parecido mal, por aquello del "efecto llamada". La pandemia ha multiplicado la limitación de los movimientos, que ahora no abarca solo a los Parias de la Tierra. Aunque a ellos mucho más.

En los buques, la existencia de compartimentos estancos previene que en caso de vía de agua esta invada por completo y hunda la embarcación.

Sin el estado de alarma no hay modo de mantener la vía de virus cerrada.



Hay que ver la polvareda mediática montada, y que no cesa, por el apoyo de Bildu al gobierno, con la promesa de derogar la reforma laboral.

Las matizaciones y desmentidos sobre su alcance, la zapa que desde la prensa cautiva de su(s) público(s) se ceba en ello, el chantaje que estúpidamente hacen partidos "patrióticos" de todas las orillas, con ese infantil discurso de "con esos no m'ajunto" deja en evidencia que lo único que se juegan es posicionarse ante unas elecciones.

Los sectores derechistas del PSOE, el PP, Ciudadanos, etc. han aprovechado esas vacilaciones para hacer cada uno su propia labor de zapa. Ahora parece que el gobierno deja claras algunas cosas:
  • La derogación de la reforma laboral es irrenunciable, forma parte de los acuerdos de gobierno, y se pondrá en marcha sin presiones de Bildu.
  • Sería absurdo plantearla para ahora mismo, con el parlamento menguado en su capacidad de debate y el gobierno apabullado por el día a día.
  • Algunas de las medidas para suavizar los aspectos más sangrantes ya se han tomado, y otras se tomarán, en medio además de una crisis económica que habrá que lidiar con cuidado.
En mi página de Facebook dejé estos comentarios a la noticia que prematuramente afirmaba que una ministra aclaraba y un ministro decía que "prevalece la aclaración sobre lo firmado" (pero eso no se debió decir, porque pacta sunt servanda):
Creo que todo ha sido un error de coordinación. Lo firmado con Bildu no añadía nada nuevo a lo acordado previamente sobre la reforma laboral en el acuerdo entre PSOE y Unidas Podemos. Bildu se quiso anotar lo que ya figuraba. Pero no hubo transacción. Tampoco se había de tratar AHORA la reforma total, aunque desde luego hay aspectos que sí son de ahora mismo. Así que tuvo razón Calviño diciendo que ahora no toca una nueva ley que derogue las reformas del PP. Eso es obvio, cuando el Congreso no se puede reunir al completo y lo único que hay que hacer, y ya es mucho, son medidas inmediatas sobre la "desescalada". Bildu se apunta el tanto y la carcada se escandaliza. Puro RUIDO, que es lo que saben hacer. 
María Jesús Montero lo ha aclarado. Es indecente, por parte de TODOS (menos del gobierno, claro, que es el que tiene que sostener el techo para que no se caiga) el perpetuo chantaje para contentar a la clientela propia. 
Lo de un "plan B" del PP y otros reconocidos reaccionarios es sencillamente absurdo: limitar la movilidad, que es imprescindible, choca con los derechos constitucionales, salvo en los estados de alarma, excepción y sitio. ¿Quién sabe si ellos habrían aplicado este último?

jueves, 21 de mayo de 2020

¡Una hora como no hay dos!

"Utópico" y "maestro" eran dos adjetivos que usaron en otro tiempo para desacreditar a Julio Anguita. Hace bastantes años, cuando era coordinador de Izquierda Unida (¡él, no yo!), doce periodistas afilaron sus plumas (bueno, sus lenguas) en un programa de Antena Tres.

Viendo de nuevo aquella rueda de preguntas y los exordios que las acompañaron, no me he fijado tanto en las respuestas de mi utópico maestro como en la seguridad, a veces campanuda, con que los entrevistadores afirmaban cosas que ahora se tambalean. El pensamiento neoliberal cabalgaba triunfante sobre las ruinas del socialismo real.

La entrevista que dejo a continuación es mucho más reciente. Es, además, un repaso histórico que abarca toda una época perdida en el olvido y los tópicos. Destila conocimiento y experiencia. Magisterio, sobre todo, pedagogía de la buena.

Yo, que también he sido un poco maestro, como la pedagogía es inseparable de la didáctica, os dejo una recomendación. Para destilar hasta la última gota de la sabiduría que contiene, oídla con detenimiento, dadle más de una vuelta. Parad el vídeo y reflexionad sobre lo que enseña a cada momento.

Mi agradecimiento a Manolo Peña-Rey por hacerme llegar la entrevista.



miércoles, 20 de mayo de 2020

Lo que dijo Yolanda Díaz, lo que dijo Alberto Garzón



Como fieras se han lanzado los poderes económicos y mediáticos contra dos ministros del gobierno, naturalmente los ministros más adecuadamente calificados de comunistas.

A Yolanda la acusan de ¡querer llevar la inspección de trabajo al campo! Lo sorprendente es que la legislación actual no lo contemple. Pero los agricultores que necesitan mano de obra muy barata no pueden permitir que el trabajo de los braceros sea vigilado por nadie que no sean ellos mismos. Los agroindustriales de ahora, como los terratenientes de otro tiempo que fueron la columna vertebral de la sublevación fascista del 36 practican obviamente con mucha fuerza la lucha de clases.

Pues bien, lo que encocora a estos señores se encuentra en dos minutos (4:50 a 6:50) de este audio.

En cuanto a Alberto, si queréis saber todo lo que dijo, donde lo dijo y por qué lo dijo, no busquéis en este enlace ni en este otro. Solo contienen fragmentos sacados del contexto, "sabiamente" condimentados además, que ni siquiera tienen en cuenta el lugar y el motivo: responder preguntas en una sesión de control del gobierno. De lo que se trata, como en el caso anterior, es de defender intereses, mal que bien. Porque el sector turístico y la hostelería tienen un grave problema, que no agrava el análisis del ministro, cuando el tiempo del turismo de masas parece haber pasado por mucho tiempo, quién sabe si definitivamente. Pero los virginales empresarios sienten herida su dignidad.

Entrad entonces en este otro enlace, que contiene todo el discurso. Para mayor comodidad, lo he transcrito al final.

Si el sector no es de bajo valor añadido, ¿por qué los bajos salarios y la temporalidad? Se me ocurre, siguiendo sus razones, que el alto valor añadido y las bajas remuneraciones se corresponderán con altos beneficios.

También el campo añade poco valor, sobre todo si en la cadena del suministro lo que se paga en origen es una mínima parte del precio de venta. Con márgenes reducidos, el propietario agrícola "no tiene más remedio que exprimir" lo más posible a una mano de obra, esclava de su necesidad, a extremos que chocan con cualquier legislación laboral. ¿Cómo no inspeccionar los sangrantes casos que el relator de la ONU detalla?


El  discurso de Alberto Garzón


El problema de la Unión Europea no es solo que haya globalizado la regulación financiera  (por decirlo de alguna manera, que sería más bien desregulación financiera) y no homogeneizar o armonizar la política fiscal, sino que también se construyó sobre la tesis de las ventajas comparativas de David Ricardo, y básicamente a un país como España, que se incorpora en el 1986, pues se encuentra con que tiene menos capacidad de ganar en un mercado competitivo que países como Alemania o países del norte con una estructura productiva, con sectores de alto valor añadido, especializados en productos tecnológicos que permiten mejores salarios, que permiten mejores condiciones económicas... 
En definitiva, estructuras productivas mucho más desarrolladas. 
España en el 86, con todos los esfuerzos que se hicieron, pues todavía no estaba con capacidad de competir. Y el diseño institucional de la Unión Europea tiene una falla muy grave y es que eso no lo corrige, sino que incluso lo agudiza y nos lleva a un país que se ha especializado en sectores de bajo valor añadido, la hostelería, el turismo, la exportación de productos poco manufacturados, estacionales, precarios... 
Por ejemplo, el turismo: seis meses de hotel abierto y los otros seis meses no, y al final eso nos ha llevado a una situación de debilidad estructural que, cuando ocurren cosas como ésta, pues tenemos menos instrumentos para salir adelante en política fiscal, pero también política industrial. 
Y yo creo que esa reflexión debería alumbrar todas las comisiones de este Congreso y debería ponernos más de acuerdo de lo que parece, porque tiene que ver con un proyecto de país y tiene que ver con el lugar de España en la división internacional del trabajo. Y yo creo que esto es algo que va más allá de las disputas y dimes y diretes porque el día que queramos cambiarlo no va a ser de la noche a la mañana, van a ser planes generacionales y si ese día llega tendremos que estar bastante de acuerdo. 
Esta es un poco la filosofía que subyace al Plan de Reconstrucción Nacional  que explica, por ejemplo, pues por qué la estructura productiva del País Vasco, con la misma normativa laboral, tiene menos desempleados que otras estructuras productivas del resto de España, con la misma normativa laboral, que tienen más desempleados. Pues, lógicamente, la estructura productiva, el valor añadido, todo eso es el debate central y cuando llega esto y no tienes empresas con capacidad de producir elementos básicos, pues nos ocurre lo que nos está ocurriendo. 
Y esto es un problema estructural, a pesar de que la portavoz del PP diga que es cosa del Gobierno actual de coalición; es un problema estructural, ni siquiera solo del PP el problema, ni mucho menos; no es ni siquiera de los últimos diez años. Por lo tanto aquí no atribuyo a nadie la responsabilidad exclusiva, pero es una reflexión que debemos acometer.

martes, 19 de mayo de 2020

Comparaciones (odiosas)

Hace menos de dos meses, el primer ministro portugués António Costa hizo la mejor defensa de España en la Comisión Europea.

Se ha elogiado mucho la respuesta portuguesa a la crisis. Algunos aprovechan para compararla con la española. Sin embargo, una alta representante del sistema de respuesta portugués (he perdido el enlace y no recuerdo el nombre ni las palabras exactas) vino a decir que "Portugal aprendió mucho de los fallos y los aciertos de España porque le llegó el contagio más tarde. Pero la respuesta española, en su conjunto, fue todo lo buena que pudo ser".

Dos ejemplos de actitud honesta que honran a su país, como honra a su oposición política la colaboración prestada en estos duros tiempos.

No podemos decir lo mismo de la oposición de este país, ni de los medios de opinión, empeñados en el acoso y derribo del gobierno. Y (¿todos...?) sabemos por qué.

Una de las acusaciones al gobierno de "los medios de la derecha", a coro con la derecha parlamentaria y la social, es la de los cambios sucesivos de criterio, cuando lo que sería imperdonable sería empecinarse en sostener lo que se ha dicho o hecho cuando cambian el conocimiento, las circunstancias y las expectativas del momento de la decisión.

El tema de las mascarillas es uno de los que dan mucho juego. Cuando había escasez, no era prudente recomendarlas a quienes las necesitaban menos. Había que reservarlas para aquellos para los que eran de absoluta necesidad. No era cosa de que las acapararan quienes, además, debían permanecer en sus casas para minimizar los contagios.

Los tipos de mascarilla tienen diferentes aplicaciones. Unas aíslan completamente. Otras sirven para no contagiarse, otras protegen a los demás. Sobre su necesidad, no es lo mismo el confinamiento riguroso que el relajado, una persona sana que otra con dificultades respiratorias, en reposo o haciendo ejercicio, un contacto esporádico en la calle o en un medio de transporte atestado, en un local cerrado, al aire libre...

Tampoco es igual la oportunidad de recomendar algo de lo que no se dispone, ni dejar de recomendarlo a quién y cuándo lo necesite. Pero todo vale para destruir la imagen de quien tiene las certezas que tiene, cuando las tiene y cuyos criterios va modificando la experiencia. Que es la madre de la ciencia.

"Actualidad viral" (y tanto):







Roberto Jiménez   18 mayo, 2020


El presentador de ‘Antena 3 Noticias 2’ desmontó el discurso de uno de los encargados de la crisis del coronavirus.
Han pasado varios días desde que lo hizo, pero Vicente Vallés se ha vuelto viral este fin de semana por sus palabras sobre Fernando Simón en pleno informativo de Antena 3 Noticias.

Así, el director y presentador de la segunda edición de las noticias de la cadena de Atresmedia no dudó en recopilar los cambios de criterio de Fernando Simón durante la crisis del coronavirus.

En este sentido, Vallés recuerda como para el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, al comienzo de la crisis en marzo no era efectivo el uso de las mascarillas. «Ahora se nos dice que sí es muy conveniente que las llevemos en espacios cerrados e incluso en lugares abiertos donde haya más personas», asegura el periodista.

Pero va más allá y pone sobre la mesa que ahora el debate está en qué tipo de mascarilla es la más correcta para usarse entre la población a raíz de la entrega de la Comunidad de Madrid de mascarillas FPP2. Y es que para Simón ese tipo de mascarillas estaba indicado sólo para personas sanas y que las que tienen sintomatología deberían utilizar las quirúrgicas.

«Pero ayer cambió de criterio. El ministerio de Consumo, dirigido por Alberto Garzón, de Unidas Podemos, emitió una nota en la que se decía que las mascarillas FPP2 están recomendadas para profesionales y para colectivos vulnerables, pero que las personas sanas deben utilizar el modelo de mascarilla higiénica», explica Vallés.

«La conclusión es que no hay conclusión. Cuesta saber si ese tipo de mascarilla está recomendada o no está recomendada o si está recomendada o no recomendada al mismo tiempo», concluye Vicente Vallés en este repaso en el que desmonta los supuestos cambios del Ministerio de Sanidad en los últimos meses.

La forja de la comunidad



Esta es la cuarta "hoja de ruta" que publica en su blog Antonio Turiel. Fueron las anteriores:




Motivadas todas ellas por la búsqueda de soluciones, paliativas al menos, a la inminente caída de la producción de combustibles fósiles, que tendrá consecuencias muy graves para la actual estructura socioeconómica de nuestras sociedades. A las tres primeras hice referencia en mi entrada Tiempo corto, tiempo medio, tiempo largo. Comentaré brevemente esta.

Muestra el autor una desconfianza total a las posibilidades de respuesta del Estado ante esta emergencia de "tiempo medio"
Es completamente inútil esperar que desde las instancias estatales se pueda dar una respuesta efectiva a estos problemas. El Estado funciona bajo unas premisas de continuidad en la actividad, y no está en absoluto preparado para hacer frente a una verdadera transición de fase como la que estamos experimentando. En Física, una transición de fase sucede cuando el sistema analizado experimenta un cambio tan brusco y tan marcado que sus propiedades físicas son completamente diferentes tras la transición: es, por ejemplo, el paso de hielo a agua líquida, o de agua a vapor.  Lo que estamos viviendo no es un simple bache, primero por la crisis sanitaria y después por la económica, sino que realmente muchas cosas no podrán volver al punto de partida, ni siquiera a algo medianamente cercano.
Y más abajo propone:
Porque, sí, necesitamos constituir comunidades, para nuestro apoyo mutuo, y lo necesitamos con urgencia. Necesitamos crear comunidad para dotarnos de resiliencia en medio de los cambios profundos y terribles que se van a dar en los próximos años. Necesitamos crear cohesión y unión, y en medio de todas las dificultades tenemos que encontrar modos de supervivencia, sí, pero también modos de vida. Y tenemos que hacerlo por nosotros mismos, sin esperar a que venga nadie de fuera o "de arriba" a resolvernos este problema.
¿Cómo no estar de acuerdo? El Estado, sobre todo el realmente existente, no es capaz de afrontar estos problemas. Puede dar respuestas, mejores o peores, en las crisis de "tiempo corto". Es lo que vemos actualmente con el afrontamiento de la pandemia. Seguramente no es capaz de respuestas eficaces ante las de "tiempo largo": El retraso entre políticas actuales y efectos futuros impide al Leviatán ("mastodonte") moverse con agilidad. Hoy mismo lo hemos visto en la presentación de la "ley de medidas contra el cambio climático" y los plazos propuestos.

Sin embargo, tampoco las comunidades se pueden construir con esa "urgencia" que se exige. Ninguna de las dos instancias, que toscamente podemos relacionar con la "sociedad política" y la "sociedad civil", es la panacea que puede resolver el difícil camino a "sociedades de supervivencia".

¿Entonces?

En este tipo de crisis que yo he llamado de "tiempo medio", los dos polos de este par dialéctico son necesarios. Su interacción es vital. Si el Estado, incluso con la mejor intención, liberándose de ataduras de clase e ideología, encuentra una población pasiva, no podrá implementar cambios de envergadura. Por muy seriamente que se lo plantee. La presión popular es así imprescindible.

Pero si las únicas estructuras válidas son esas comunidades por construir, deberán articularse entre sí, so pena de construir un "caos de comunidades", tan inestable y conflictivo que colisionarán unas con otras, ante la ausencia de poderes que arbitren enfrentamientos. De la guerra entre Estados pasaríamos a la guerra entre tribus.

La Historia de las civilizaciones ha sido la trabajosa y conflictiva construcción de comunidades, en general cada vez más grandes, hasta que las ha derribado su propia insostenibilidad. Mientras no seamos capaces de deconstruir los Estados habrá que contar con su existencia. Difícil tarea, que los teóricos del socialismo planteaban para el "tiempo largo" y los del anarquismo para el "corto". En este "tiempo medio" hay que construir comunidad y desmontar Estado al mismo tiempo. Desmontar, que no es dejar caer. Conquistarlo sin dejar de crear sociedad.

La construcción de otra arquitectura global, mucho más modesta, ha de hacerse (¡y pronto!) a todos los niveles, del planetario al local.

«Hay cosas más importantes que vivir»

Eso dijo Dan Patrick vicegobernador del Estado de Texas. Literalmente: «there are more important things than living». Unos días atrás se arrogaba la representación de los viejos de su país: «los abuelos están dispuestos a sacrificarse» para salvar la economía.



Cuando las religiones han abandonado hace tiempo los sacrificios humanos, la religión del capital sigue exigiéndolos.

Religión que por desgracia tiene entre sus fieles a muchas personas ya condenadas inapelablemente por su Dios.

Una concentración en protesta contra las restricciones para hacer frente al coronavirus acordadas por el gobernador del Estado de Massachusetts, Charlie Baker, frente a su casa en la localidad de Swampscott. REUTERS/Brian Snyd


Juan Torres López
(…)

El Premio de Economía del Banco de Suecia (equiparado al Nobel) Paul Krugman se preguntaba hace unos días en uno de sus artículos en The New York Times sobre las razones que podrían explicar que la derecha estadounidense propugne medidas que claramente van a provocar la muerte de miles de compatriotas y daba tres posibles respuestas.

La primera es que Trump está obsesionado con el mercado de valores y tiene la firme creencia de que la lucha contra la covid-19 le afecta negativamente, de modo que está dispuesto, dice Krugman, a dejar morir a miles de estadounidenses por el Dow Jones, el índice bursátil de las 100 más grandes empresas y equivalente a nuestro Ibex-35.

La segunda posible explicación podría ser que los republicanos crean que las personas armadas que han invadido la sede de los parlamentos en diferentes Estados o las que piden en las calles libertad y el fin del encierro son «la verdadera América», a pesar de que las encuestas sugieren que sólo una parte reducida de la población defiende las medidas tan peligrosas de reactivación que va a poner en marcha la Administración de Donald Trump.

La tercera razón que, según Krugman, puede explicar el sacrificio de vidas humanas que se va a producir en Estados Unidos tiene que ver con el fundamentalismo ideológico de la derecha. Dice Krugman que los republicanos no tienen otra agenda que la de los recortes de impuestos y la desregulación y que, fuera de eso, no saben hacer otra cosa: «no saben cómo responder a las crisis que no se ajustan a su agenda habitual».

Las tres respuestas me parece que son complementarias y perfectamente extrapolables a los demás países donde la derecha se aferra a los dogmas neoliberales en plena pandemia, entre ellos, por supuesto, el nuestro.

Lo que está ocurriendo con la derecha en casi todo el mundo es una verdadera paradoja. Se arroga la defensa del derecho a la vida como algo propio y lleva años batallando contra las mujeres que deciden abortar, acusándolas de destruir la vida de seres indefensos. Sin embargo, ahora nos dicen que los abuelos y cientos de miles de personas más jóvenes que igualmente están amenazados por el virus son población prescindible que se pueden sacrificar, pues vale la pena que mueran si así se salva la economía.

Es otro de los efectos del coronavirus: desnuda a las ideologías y deja ver lo que realmente hay detrás de ellas.
(…)