martes, 26 de marzo de 2013

Algo de dialéctica lingüística



Este señor de limpia barbilla, mostachudo pero dentro de un orden, es Ferdinand de Saussure. Madre más que padre, pues concibió, aparentemente sin pecado, una hija, y se llamó Lingüística.

Su comprensión de la estructura de las lenguas es uno de los mejores ejemplos de interpretación dialéctica, y por lo tanto evolutiva, de una parte significativa (el término es lingüístico) de la realidad.

La lingüística establece muchos pares dialécticos. No sólo conceptos en oposición. Ningún elemento de la lengua tiene sentido sin conocer los que se le contraponen, en una compleja articulación. La propia estructura fonológica es un conjunto de oposiciones fonéticas.

Algunas dicotomías que hizo notar:
Señalo en especial esta última, que debería clausurar, al menos en este campo, las visiones irreconciliadas, que no irreconciliables, de conservadores y revolucionarios.

Porque muchos reaccionarios son iconoclastas, algunos revolucionarios somos conservadores.
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Sobre toda lengua actúan dos fuerzas de efecto contrario simultáneamente:
  • El espíritu de campanario es fuertemente tradicionalista, localista y cerrado, y ocasiona la resistencia por parte de los hablantes a todo uso ajeno a su propia tradición.
  • La fuerza de intercambio es la que propaga los cambios lingüísticos a partir del punto en que se producen para evitar que se produzca el bloqueo comunicativo, que sería inevitable si cada subgrupo de hablantes se limitara a sus propios hábitos o transformaciones.
Gracias a estas dos fuerzas contrarias, la lengua mantiene su equilibrio y estabilidad a lo largo del tiempo. Tanto el tradicionalismo como la capacidad de aceptación de novedad son necesarios para que las lenguas desempeñen su papel en las sociedades humanas.

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