miércoles, 27 de marzo de 2013

Derivados de crédito: el corazón de las tinieblas

Lenin escribió que durante el comunismo una cocinera debería estar en condiciones de administrar los problemas más complicados del Estado.

Suena tan fantástico como la imagen, atribuída a San Agustín, del niño angélico tratando de meter el agua del mar en un hoyito hecho en la arena.


O como mi triste figura trepando y saltando un muro de tres metros de altura.

Imposible.

Salvo si me persigue un toro bravo.

Igual de imposible que interesar a la gente en los sagrados misterios de la economía especulativa.

Salvo si la economía especulativa te viene pisando los talones.

La realidad cotidiana de unas y otros demuestra que las cocineras son mejores administradoras (y desde luego más de fiar) que los capitalistas.

Para que los perseguidos por el fantasma de humo que recorre Europa y el mundo puedan descifrar lo que está pasando, dejo este enlace. Sobre el capital ficticio. Ahora todos podemos entender estas cosas...

Interesa a cualquier afectado (a todo el mundo) estudiar el artículo entero.


Derivados de crédito: el corazón de las tinieblas 
¿Qué son? ¿Cuántos billones son? ¿Dónde están? 

Juan Luis Berterretche 
Rebelión
(...)
El origen del Capital Ficticio

En el capítulo III del libro I del Capital, Marx describe como a partir de la circulación mercantil simple, se forma la función del dinero como medio de pago y la relación entre el productor de mercancías como acreedor del comerciante y éste como deudor del productor. El desarrollo del comercio y del modo de producción capitalista expande el sistema crediticio. Con el sistema crediticio que en su origen relaciona a productores y comerciantes, la mercancía deja de venderse a cambio de dinero y la transacción se hace por medio de la promesa de pagar la mercancía en una fecha determinada. Todas estas promesas de pago –y las variedades de ellas son innumerables- tienen el origen en las denominadas letras de cambio.

“Así como estos adelantos recíprocos de productores y comerciantes entre sí constituyen el fundamento real del crédito, así también su instrumento de circulación, la letra de cambio, constituye la base del dinero crediticio, propiamente dicho, de los billetes de banco, etc.”.
El desarrollo del comercio y del modo de producción capitalista expandió el sistema crediticio como forma de “facilitar los negocios”. Pero la historia del capitalismo nos demuestra que “Todo cuanto facilite los negocios, facilita asimismo la especulación. En muchos casos, los unos y la otra están tan estrechamente ligados, que resulta difícil decir dónde termina el negocio y donde comienza la especulación.”

Todos los tipos de papeles que tienen origen en las letras de cambio se expanden en el capitalismo de forma incontrolable. “Es imposible decidir cuánto proviene de transacciones reales, por ejemplo de compras y ventas reales, y que parte ha sido creación artificial (fictitious) producida y sólo consiste”...”en capital ficticio por fabricación de simples medios de circulación.”
(...)

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