martes, 21 de abril de 2020

Miopía temporal y praxis filosófica

Doble alerta de Jorge Riechmann. Evitemos caer en
  • el presentismo que agiganta lo más cercano y desprecia lo que queda un poco más allá
  • el recurso a los expertos para descansar en sus criterios sin hacer uso de la propia reflexión
Es claro el primer aviso sobre la miopía temporal. La miopía es tan temporal como espacial. En ambas dimensiones nos encierra en mundos que ignoran lo que hay más allá. Esto es válido tanto para el tiempo físico como para el histórico, y para el espacio material y el del conocimiento.

Tomo del inquieto Gustavo Bueno una precisión sobre la filosofía, "saber abarcador de la totalidad de lo real, demostrativo y racionalmente ordenado". Las ciencias particulares ("saber científico") carecen de ese carácter totalitario propio del "saber filosófico".

Si la filosofía no puede parcelar el ámbito de la teoría, tampoco debe parcelar su práctica. La ciencia puede ser tema de especialistas. La filosofía no debe serlo. Si descansamos en los expertos para que nos resuelvan problemas aportarán su sesgo y muchas veces sus intereses ocultos. La filosofía, que no acota la realidad, no debe quedar en manos de especialistas ni parcelar a sus practicantes.



La diferencia relevante entre la covid-19 y el calentamiento global (que sólo es la manifestación más aparatosa de la crisis ecológico-social, no nos cansaremos de repetirlo) es que la primera mata mucho más rápido. Más de veinte mil personas fallecidas ya en España, en apenas mes y medio.

Es nuestra mala relación con el tiempo (miopía temporal) y con los sistemas (dificultades para el pensamiento complejo), dentro de una cultura dominante fatalmente errada (casi todo puesto de cabeza, del revés), lo que está privando de futuro a la humanidad. (No entro aquí en el espinoso asunto de nuestros numerosos sesgos cognitivos, patologías grupales y hybris tecnólatra: EXPERTOS EN DISEÑAR UN PLANETA MEJOR, proclama con orgullo la propaganda de una gran empresa de infraestructuras. Si estuviésemos dentro de una cultura normal, intervendría de oficio la Fiscalía General del Estado).

Y ¿no hay especialistas en corregir ese rumbo letal, homicida y suicida? En realidad se supone que sí: los y las filósofas, esas expertas en racionalidad que se esfuerzan en desarrollar visión de conjunto (synoptikós, diría Platón).

La solución ¿sería entonces platónica: que gobiernen esos (sedicentes) especialistas? No parece buena idea. Más bien se trata de despertar a la filósofa, al filósofo que llevas dentro -a la manera de John Dewey y Antonio Gramsci…

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