viernes, 18 de enero de 2013

¿Reducir emisiones para combatir el cambio climático?

Pues depende, responde Ferran P. Vilar en Mientras Tanto. Reproduzco parte del artículo tal como aparece en Rebelión. 

Todo el número de la revista es de sumo interés.

El dramatismo de lo que aquí se plantea está en algo que no me canso de repetir en este blog: el inevitable retraso de los efectos frente a sus causas, derivado de la irreversibilidad absoluta de los procesos, porque nunca se vuelve exactamente a una situación anterior. 

A escala planetaria, son rápidos muchos cambios que para la experiencia cotidiana parecen lentísimos, situaciones que llegan a parecer completamente estables. Pero los efectos acaban maifestándose, a veces cuando no hay vuelta atrás. Por eso es tan importante tener en cuenta el principio de precaución, fundamental en cualquier experimento científico, y mucho más cuando no se experimenta en las (¿cerradas? pues tampoco totalmente) condiciones de un laboratorio. 

Llamaré la atención sobre este gráfico, que aproxima las cifras del calentamiento global con rectas de regresión, referidas a distintos intervalos de tiempo:


Obsérvese que en las últimas décadas el proceso se acelera.

Aviso a navegantes.

Un sistema puede tener uno o varios estados de equilibrio (o ninguno). En esa situación, el sistema se mantiene estable medido en sus variables de estado. Por ejemplo, distintas combinaciones de concentración de GEI (gases de efecto invernadero), temperatura, nivel del mar y cantidad de vapor de agua en la atmósfera pueden suponer estados de equilibrio distintos. Pero es importante tener en cuenta que no todos los estados de equilibrio que uno pueda imaginar son posibles, lo que puede demostrarse matemáticamente de forma inequívoca.
Por su parte, cada estado de equilibrio tiene su margen de estabilidad, a saber, la cantidad de perturbación que puede soportar alrededor del estado de equilibrio en cuestión. Dentro del margen de estabilidad, el sistema acabará volviendo al estado de equilibrio si cesa la perturbación, o fijado en un valor algo distinto al de equilibrio, pero alrededor de él. Pero si esa perturbación es superior al margen de estabilidad, el sistema, autónomamente, cambiará de estado de equilibrio, adquiriendo vida propia durante el régimen transitorio de paso de un estado a otro. En la analogía del Titanic, un estado de equilibrio es el navío a flote antes del impacto contra el iceberg, y otro estado de equilibrio es el navío en el fondo del mar. No hay estados de equilibrio intermedios.
La analogía con el Titanic permite además evidenciar el comportamiento exponencial. Una vez desestabilizado, el navío comienza a capotar de una forma que, al principio, parece proporcional al tiempo. Sin embargo, el hundimiento se va acelerando hasta que se hunde por completo con gran rapidez. Junto a la lentitud del fenómeno climático, que no estamos atávicamente programados para percibir como amenazante, el hecho de que los comportamientos exponenciales sean casi proporcionales en sus inicios dificulta enormemente la percepción de la magnitud del problema por parte del público.
Una de las principales dificultades del pensamiento sistémico es la definición de los contornos del sistema. De forma general, cuanto más se amplía el ámbito en el que ocurren los sucesos, se advierte la participación de un mayor número de variables. Siguiendo con la analogía, en el ‘sistema Titanic’ el umbral de estabilidad, según señaló el ingeniero jefe, era la inundación de cuatro camarotes. Con cuatro camarotes se podía resistir, estableciendo un sistema de control que, por ejemplo, contuviera la entrada de agua mediante compuertas u organizando un comando que la achicara a medida que el agua iba embarcando. Pero se inundaron cinco, lo que le llevó a predecir el hundimiento subsiguiente en términos de certeza matemática (5). Pero si en lugar de considerar el navío aisladamente tomamos en consideración el sistema navío + océano + iceberg, conviene darse cuenta de que, incluso antes del momento en que la tripulación advirtiera el peligro, es posible afirmar que el Titanic, dada su velocidad, estructura y sistema de control, se iba a hundir irremediablemente. De alguna forma, ya estaba hundido. La superación de los umbrales de estabilidad suele tener lugar de forma totalmente silenciosa.
No es posible, hoy por hoy, afirmar categóricamente que el umbral de estabilidad del sistema climático de la Tierra haya sido ya superado. Tampoco es posible afirmar lo contrario. Como veremos más adelante, es incluso arriesgado afirmar que el planeta se haya encontrado en un estado de equilibrio climático, inherente al sistema, durante los últimos 10.000 años, aunque bien es cierto que sus parámetros se han mantenido notablemente estables. De haberse perdido esta estabilidad, a lo único que podemos aspirar es a analizar la viabilidad de diseñar e implementar un sistema de control que mantenga constante algún parámetro, por ejemplo la temperatura media. Pero hay que hacerlo a tiempo.

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