viernes, 17 de mayo de 2013

Abundancia. ¡Y un cuerno!


Si bien se mira, la economía del crecimiento se basa en una fe irracional en el porvenir, dando por segura la prolongación del ahora, al menos durante cierto tiempo. Lo que ha venido dando resultado puede seguir dándolo. Se puede sacar más de lo que se invierte, por un extraño mecanismo que trae la riqueza del futuro al presente. No durará eternamente, pero aguantará lo suficiente para vender más caro lo que se compró barato.

Especular es reflejar el pasado en el futuro, como en un espejo. La imagen es nebulosa, se desvanece progresivamente al alejarse en el tiempo, pero la sensación de continuidad es tranquilizadora.

Pero estos sistemas piramidales son insostenibles. Su base no se puede expandir indefinidamente, y paradójicamente es al chocar contra el suelo cuando cae todo el edificio. No existe el perpetuum mobile, salvo en la música.

El mundo es cerrado y limitado. La tierra parece plana sólo cuando se abarca una pequeña porción.

La especulación, sea con los tulipanes o los pisos o las acciones de Rumasa, se desmorona cuando se acerca a sus límites. Y además lo hace con gran estrépito. Hay un último día en que se constata que el mecanismo no va a dar más fruto. En ausencia de creyentes ya no se puede vender más la moto; y ¡cataplúm! se ha roto la cadena.

La peseta de San Martín era la versión ingenua. Llegaba dentro de una carta con un mensaje piadoso. Si tú enviabas una peseta al primero de la lista y diez copias a otras personas en poco tiempo te llovería la calderilla. Recuerdo copias y fotocopias repetidas que de vez en cuando caían en mi buzón con su correspondiente pesetita, además de una simpática mención amenazante, sobre lo que le pasó a un (in)cierto "general Ospitos" por no hacer caso al mensaje...

En el origen de los intercambios está el do ut des. El honrado comercio comienza con el don que espera respuesta. La mitología simbolizó este intercambio en las tres gracias (*), una de las cuales da, la otra recibe y la tercera devuelve el beneficio. Será de bien nacidos no quedarse cortos en la devolución. Como se ve, siempre está la fe, la confianza tanto en el prójimo como en el tiempo futuro. Con el tiempo, esta generosa actitud devendrá en inversión interesada.

Periódicamente surgen iniciativas piramidales. Parece que ahora se ha lanzado la que se denuncia en este enlace:

 
El crecimiento geométrico, que siempre deviene exponencial, lleva pronto a estos resultados:


Para concluir mi melancólica reflexión, he aquí un aviso para ingenuos maliciosos:



Que los hay, porque aún se sigue dando el timo de la estampita.
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(*) No me resisto a reproducir el siguiente texto de Sebastián de Covarrubias en su Tesoro de la Lengua Castellana (1611):
"Fingieron los poetas aver tres doncellas dichas Gracias [...] La razón que huvo para que fuessen tres, es porque la una hazte la gracia y da el don, la otra le recibe, y la tercera buelve la paga del beneficio recebido. Pintávanlas jóvenes donzellas, porque la memoria del beneficio recebido por ningún tiempo se ha de envejecer; riéndose, por el gozo, contento y alegría con que hemos de dar; y como las dos dellas estén bueltas de rostro para quien las mira, la otra está de espaldas, dándonos a reconocerla manifiestamente, y del beneficio y gracia que nosotros hiziéremos hemos de olvidarnos, por no dar en rostro con que el al que le recibe. Están desnudas, porque lo que se da ha de ser sin cobertura ni disfraz, pretendiendo interiormente en nuestro ánimo alguna recompensa; están todas tres travadas de las manos, dando a entender que el hazer gracias y recebirlas entre los amigos ha de ser con perpetuydad y con una travazón indisoluble, acudiendo siempre en las ocasiones a lo que obliga la amistad."

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