sábado, 11 de mayo de 2013

Shylock y los contratos hipotecarios

canadianshakespeares.ca
Como imagen mental consolidada, en la figura de Shylock, qurase o no, son difícilmente separables la figura del usurero y la del judío.

La historia y la proscripción cristiana ( y luego islámica) del préstamo con interés, redujeron en un tiempo la práctica de la usura a miembros de este pueblo.

Evidentemente, la mayoría de los judíos no son prestamistas, ni necesariamente sionistas, ni siquiera religiosos. Si me apuráis, ni siquiera creyentes.

Y probablemente, ni siquiera semitas. 

Desterrada de nuestra mente, pese a lo recurrente del arquetipo, la figura del Shylock hebreo, me interesa su perfil usurario.


En El Mercader de Venecia, Antonio pide un préstamo a Shylock, que acepta con la condición de que, si la suma no es devuelta en la fecha fijada, Antonio tendrá que dar una libra de su propia carne de la parte del cuerpo que Shylock dispusiera. Al no lograr Antonio devolver la cantidad, Shylock reclama su libra de carne, exigiendo que sea de la parte más próxima al corazón.

Literalmente, el contrato obligaba a darle lo ofrecido en prenda, pero la interpretación justa, más literal aún, excluía los "daños colaterales" que necesariamente implicaría esa entrega:

"Una libra de carne pero ni una gota de sangre"

Trasladémonos a nuestros días: cuando los bancos exigen a quienes desahucian su libra de carne, ¿cuántas gotas de sangre se derraman?

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