viernes, 1 de mayo de 2015

¡Cambiad el coco, que queda poco!

Pedro Prieto escribe un impresionante artículo en Crisis Energética, de nuevo con formato de blog (¡qué difícil de mantener es una página web si no se dispone de un buen colchón financiero!). Sus apabullantes argumentos no obtienen eco en los medios habituales, y me siento moralmente obligado a contribuir a difundirlos con mis modestísimas fuerzas.

Pedro compara la situación de nuestro mundo con un condensador eléctrico. Un poderoso dieléctrico aísla entre sí dos placas cargadas de electricidad de signo opuesto. La tensión entre ellas no se libera porque el aislante lo impide. Esa diferencia de potencial puede ser utilizada para producir una corriente eléctrica controlada y así se puede aprovechar esa energía potencial a voluntad del que manipula ese sistema.

Pero por mucho aislante o dieléctrico que se coloque, si la diferencia de potencial entre ambos lados es lo suficientemente grande, podrán los electrones saltar la barrera.

En nuestras sociedades desiguales también hay una tensión entre dos mundos, y tambien hay barreras que los separan, de modo que los flujos de recursos, y también de personas, pueden ser canalizados por circuitos que extraen las riquezas sin control, pero en cambio aprovechan la fuerza de trabajo de forma controlada. Para esto necesitan muros y sistemas de contención que impidan el libre paso de los seres humanos (electrones), al margen de los canales establecidos.

Pero, dice el autor, al igual que con los condensadores, por mucho aislante o dieléctrico que se coloque, si la diferencia de potencial entre ambos lados es lo suficientemente grande, seguirán saltando los electrones en el condensador y los seres humanos en las fronteras entre enriquecidos y empobrecidos. Siempre terminarán los electrones perforando el dieléctrico o los seres humanos rompiendo vallas y muros y eludiendo a las patrullas.

El artículo se extiende con varios diagramas muy ilustrativos que no voy a reproducir. Como facilito el enlace, me limitaré a dejar aquí la introducción y las conclusiones.

Entre ambas partes he copiado un único único gráfico muy revelador. En su eje de abscisas se muestra la huella ecológica, en el de ordenadas, el índice de desarrollo humano. El gráfico no está actualizado y desconozco la situación actual, pero es suficiente para ver una clara relación inversa: Los países con mayor desarrollo tienen una insostenible huella ecológica; en cambio, los países con muy baja huella tienen un desarrollo humano menor. Una línea vertical separa lo sostenible de lo insostenible. Otra horizontal separa el desarrollo del subdesarrollo. La intersección de las franjas humanamente desarrollada y ecológicamente sostenible nos deja un pequeño "cajón de sostenibilidad". En su estrecho ámbito quedan las posibilidades de obtener un desarrollo humano digno y a la vez una huella ecológica soportable.

Añado, al final del escrito de Pedro Prieto, un gráfico inquietante, también econtrado en CrisisEnergética, que refleja cuán rápido puede ser el colapso energético predecible. Cuando la tasa de retorno energético se aproxime a la unidad, todos lo países situados a la derecha de la línea vertical del gráfico se irán desplazando a la izquierda, y entrarán forzosamente, quieran o no, en la franja de sostenibilidad, pero al mismo tiempo se desplazarán hacia abajo, fuera de la franja de desarrollo humano aceptable. Espero que, si se toma conciencia, aún quede tiempo para evitarlo. De ahí el título dado por mí a esta entrada.

Comienza nuestro autor mostrando la fotografía impresionante de una patera llena de gente, que descontada la vida, no tiene nada que perder si no son sus cadenas. Estos son los más auténticos proletarios de hoy.




"Tiemblen, si quieren, las clases gobernantes, ante la perspectiva de una revolución comunista. Los proletarios, con ella, no tienen nada que perder, como no sea sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo entero que ganar.

¡Proletarios de todos los países, uníos!"

Karl Marx. El Manifiesto comunista




Lejanos ya aquellos días del internacionalismo proletario, denostado hasta la saciedad (en el opulento Occidente, que también aumenta sus desigualdades internas), el intento marxista de unir a los proletarios en condiciones de vida dignas y asomados hoy a la realidad espantosa de unas desigualdades crecientes, vemos una brecha cada vez más insalvable.


El intento utópico marxista de principios del siglo XX no cuajó finalmente, aunque su primer golpe (parto doloroso, sin duda) fundió en una igualdad considerable distintas repúblicas al hacerse soviéticas. No trata este artículo de volver a hurgar en las causas o incluso logros de aquel fallido intento, ni tampoco aceptaría que nadie denostase y tachase de imposible la visión de un mundo más igualitario y justo que originalmente se proponía.

De otra forma, no tendrían sentido, salvo el de un cinismo galopante, las voces que hoy gritan escandalizadas por los miles de ahogamientos en el Mediterráneo y los portavoces que se rasgan las vestiduras y claman que hay que hacer algo por estos desheredados, los nuevos proletarios que surgen como zombis de la nada, cuando occidente ya creía superado el propio concepto de proletariado.

Aquí no me rasgaré las vestiduras por estas enormes desgracias humanas, sino que trataré de ofrecer una visión más “marxista”, en el sentido de “materialismo histórico”, que trataba de analizar el mundo con un método científico. Van pues, los datos para ayudar a conocer nuestra triste realidad...


(...)

Figura 6. http://en.wikipedia.org/wiki/Sustainability



















(...) la figura 6, (...) muestra la relación existente entre el desarrollo humano (bienestar human)o que tienen o disfrutan los ciudadanos de algunos países y la huella ecológica que generan estos mismos países. De nuevo, se observa que para vivir bien o con un mínimo de dignidad o bienestar humano, no es necesario consumir desaforadamente.

(...)

CONCLUSIONES


Hablemos claro y dejémonos de cinismos:

La principal causa de la inmigración africana a Europa o latinoamericana a EE.UU. y similares, es la desesperación de los empobrecidos que no alcanzan un nivel mínimo de dignidad humana y la perversa y engañosa visión de la opulencia y el derroche en el otro lado. Es la creciente diferencia de potencial, el aumento de la tensión y de las desigualdades entre ricos y pobres. Los proletarios están al otro lado de la valla. También están en nuestros soportales, durmiendo en cajas de cartón, aunque no los veamos.

La creciente y vergonzosa diferencia de potencial no se va a poder resolver con engaños falsos prometiendo a los empobrecidos que si se liberalizan alcanzarán nuestro nivel de vida. No hay energía, no hay recursos materiales ni recursos naturales para que todos vivamos como los norteamericanos; ni siquiera como los europeos. Si los hay para alcanzar niveles de vida mínimamente dignos. Ver de alcanzar el cuadrante superior izquierdo de la figura 6 como modelo deseable; un modelo que alcanza un Índice de Desarrollo Humano suficiente para toda su población, pero en un nivel de huella ecológica que no destroza el planeta.

Pero antes de proponer a los empobrecidos (países en el tramo inferior izquierdo de la figura 6) que aspiren a ese modelo austero y difícil y no al modelo consumista y depredador de Occidente, es el opulento Occidente (países en el tramo superior y hacia la derecha de la figura 6), el que tiene que renunciar a esos niveles indecentes de consumo insostenible y proponerse un movimiento hacia el cuadrante superior izquierdo. Esta es la parte más difícil y utópica de la propuesta, porque se trata de los países beneficiados (a costa de la sostenibilidad planetaria y del destrozo y contaminación de nuestro soporte de vida común), se trata de los que poseen la ventaja, el control del comercio, de las finanzas, los que tienen el poder militar; los que muy previsiblemente no quieran, ni sus dirigentes políticos, ni siquiera los más conscientes de sus ciudadanos.

A todos ellos, a todos nosotros, los del lado de la acumulación de cargas positivas, del llamado Estado del Bienestar (a costa de otros y del planeta) un par de sugerencias:
1. Por un lado, a mi no me engañáis con las caridades del 0,7% o con las lágrimas de cocodrilo y los minutos de silencio cada vez que 700 empobrecidos se ahogan o prometiendo presupuestos siempre ridículos para mantas y para acoger en centros a los electrones y humanos que siguen saltando a pesar del dieléctrico. No es suficiente y lo sabéis. No tenéis vergüenza hablando del efecto de llamada, como si los principios físicos se pudiesen vulnerar o las criminales diferencias sociales que hemos creado se pudiesen ignorar o tapar con vallas, con muros, con aviones y barcos, o negociando con gobiernos peleles y crápulas en el otro lado para que hagan las tareas de policía malo y contengan la marea humana lejos de nuestra vista en sus propios países a bastonazos y tiros. Esto solo se arregla rebajando literal y físicamente las diferencias de tensión entre unos y otros y ya sabéis el camino.

2. Os pongáis como os pongáis, el modelo está agotado. Los enriquecidos tienen o tenemos también el destino de terminar en la zona izquierda del cuadro 6, sea por decisión voluntaria o sea por la fuerza de los hechos, cuando los dieléctricos o aislantes terminen por no servir de nada y las tensiones se igualen. Que sea en la parte superior del lado izquierdo, con un nivel aceptable de dignidad humana para todos o que sea el caos completo para todos y todos terminemos en el lado inferior izquierdo, sólo depende de si somos capaces de tomar conciencia de este problema y actuar de forma diferente a una bacteria o a un gen egoísta, como hemos venido haciendo hasta ahora.
Los intentos tradicionales de los poderosos o enriquecidos de frenar la marea humana, esos miles de millones de proletarios del mundo que solo tienen las cadenas por perder y que se empiezan a rebelar serán imparables, mientras haya diferencias onerosas e insultantes y ellos se estén muriendo en la miseria.

Los intentos realizados en las dos últimas décadas para intentar mantener el control de los recursos del planeta, especialmente los energéticos, mediante el uso de la fuerza militar, han probado no sólo que no se han conseguido los objetivos de mantener los privilegios y acallar a los esquilmados, sino que han acelerado el agotamiento del modelo, del que la crisis sistémica y global que padecemos desde hace ya más de siete años es el exponente más visible. Los intentos de controlar el crudo en Oriente Medio han provocado un desastre humanitario sin precedentes en Irak, Siria. También en el norte de África en Libia, lo que ha supuesto este aluvión humano de desesperados lanzados directamente a la edad de piedra desde un nivel de relativo bienestar que antes tenían. Avalancha humana de la que ahora nos lamentamos, con cínicos rasgados de vestiduras de los incapaces de reconocer esta responsabilidad en el desaguisado. Nigeria es otro país que aporta muchos desesperados, mientras seguimos impertérritos extrayendo sus recursos de forma salvaje y sin conciencia. Mientras, en el enriquecido occidente, nos construimos argumentos ridículos que puedan seguir justificando nuestra intervención en defensa del expolio tradicional. La geografía del petróleo ya lo he dicho varias veces, coincide cada vez más sospechosamente con la del terrorismo y especialmente con la del terrorismo islámico.

Depende de nosotros, si. Sobre todo, de nosotros los occidentales.

Pedro Prieto. Madrid, 21 de abril de 2015

El precipicio de la energía neta

















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