sábado, 26 de marzo de 2011

¿En qué sentido es el tiempo una sucesión infinita? (VII)


Los números naturales nos enseñan a ordenar elementos discretos. Los racionales, si se representan como fracciones, se pueden numerar, y por tanto ordenar. Recordemos aquel orden posible 1/1, 2/1, 1/2, 3/1, 2/2, 1/3, 4/1, 3/2, 2/3, 1/4… que habíamos establecido ya y que no deja ninguna fracción sin su lugar.

Analizaré este mecanismo de ordenación por si no quedó claro. Partimos de los números naturales, representados como fracciones de denominador unidad: 1/1, 2/1, 3/1, 4/1…

En cada uno de los casos sumamos numerador y denominador, y descomponemos la suma en dos sumandos de todos los modos posibles: 2+1 = 3 nos da los pares (2,1) y (1,2), que considerados como fracciones dan 2/1 y 1/ 2.

3+1 = 4 equivale a cuatro sumas posibles: 3+1 = 2+2 = 1+3; y nos da las fracciones 3/1, 2/2, 1/3. Para evitar duplicidades, eliminamos 2/2, porque es lo mismo que 1/1, que ya estaba en la lista.

4+1 = 5 equivale a: 4+1 = 3+2 = 2+3 = 1+4, y origina las fracciones 4/1, 3/2, 2/3, 1/4.

Si proseguimos indefinidamente, cualquier m/n estará en la lista en su lugar preciso, con su número natural de orden, dentro del grupo de fracciones ordenadas por los pares de números que suman m+n, siendo el primero del par (numerador) decreciente a partir de m+n-1 y el segundo (denominador) creciente a partir de 1

De manera que si m = 71n = 32, encontraremos el lugar de 71/32 (que en notación decimal sería 2'21875) en la tanda del 103: 102/1, 101/2, 100/3, ... , 72/31, 71/32, 70/33, ... , 3/100, 2/101, 1/102.

Esta fracción ocupa por lo tanto un lugar exacto en la fila, cuyo número de orden no me apetece calcular ahora. Quede como ejercicio para quien se atreva (os advierto que es bastante lioso, porque una vez compuesta la lista habría que ir tachando las fracciones que se pueden simplificar, para no repetir un mismo valor racional en dos posiciones).

El sargento de la brocha podría ir pincelando todos estos números sucesivos hasta el límite físico dado por sus instrumentos (un finísimo pincel y una enorme lata de pintura). Para cada tanda dada por m+n tendría que avanzar hasta un número m+n y luego ir retrocediendo hasta llegar a 1/(m+n). Agotador, sobre todo si se tiene en cuenta que el primero de la tanda se alarga infinitamente y el último se acerca indefinidamente al cero.

Este orden saltarín nos desconcierta. Seguramente los antiguos, antes de la invención de los sistemas numéricos posicionales, como el nuestro decimal, no podían traducir fácilmente a magnitudes comparables esta forma de ordenar los números racionales. Para nosotros, la lista para dar los brochazos en su sitio quedaría así: 1, 2, 0’5, 3, 0’3333…, 4, 1’5, 0’6666…, 0’25, y así sucesivamente.

Es un gran avance nuestro, que nos coloca cuantitativamente sobre una recta racional, preludio de la recta real continua.

¿Os imagináis a un decurión romano tratando de comparar y ordenar de buenas a primeras las fracciones MCCXII / MDVIII y CMXXV / MCCCI?

colegiomatalinares.blogspot.com

Siglo XXI: Un mito que muere

En crisisenergetica.org hallo este recordatorio de aquellas expectativas ilusorias que ahora mismo se desmoronan ante nuestros ojos. Lo publico aquí, aunque sea de tercera mano.


El autor del blog Enfoque Digital publica un artículo en el periódico en español La Oferta de San José, California, una reflexión sobre cómo creíamos que iba a ser el siglo XXI visto por la ciencia, cultura popular y el cine, y como está siendo realmente:
Son los principios de los años 70. Hemos llegado a la luna el año anterior. El optimismo es general. Tras la luna vendrá Marte, y tras Marte, el Universo. Nos imaginamos el siglo XXI con hombres que viven en el espacio, noticias que llegan de otros planetas, y robots por todas artes. Estamos ya en el siglo XXI y no hay ni rastro de estas predicciones. El Universo sigue grande e inalcanzable. No hemos pisado Marte. De hecho, no se ha vuelto a la luna.
El artículo habla de las creencias que teníamos sobre la carrera espacial, el hambre, la energía, la psicología, la igualdad social,etc. y como ninguna parece haberse cumplido. En partícular, sobre la energía:
En este nuevo siglo veríamos coches eléctricos que volarían por los aires. Venceríamos las fuerzas de la gravedad. Sacaríamos energía metiendo unas mondas de patatas en un reactor de fusión casero. Pero aún tenemos coches a gasolina. No se han descubierto nuevas fuentes de energía, y cada vez hay menos yacimientos de petróleo. La fusión sigue tan lejos como ha estado siempre, y la fisión tras Chernobil, y ahora Fukushima, da más miedo que esperanza.
Las enfermedades
El siglo XXI nos traería una existencia libre de enfermedades. Venceríamos el cáncer y estaríamos a un paso de la inmortalidad. Pero el cáncer sigue ahí, junto con las enfermedades del corazón y la diabetes. No hemos logrado curarlas, y los avances son bien pequeños. El SIDA, también parece muy lejos de erradicarse. El siglo XXI libre de enfermedades parece inalcanzable.
El hambre
El siglo XXI sería el siglo de la derrota definitiva del hambre, y con él la de Malthus. Pero las recientes crisis de comida, y los problemas de la nueva agricultura, en forma de polución, pérdida de biodiversidad y desertificación, parecen indicar que será el hambre quien nos derrote al final. El mar se muere por exceso de sobrepesca, los corales sufren por aumento global de temperaturas, y la acidificación del océano se cierne como una nueva amenaza.
Para concluir con su veredicto sobre el siglo XXI
El siglo XXI ha empezado igual, o peor que el XX. Tenemos hambre, injusticia, guerras, terremotos, tsunamis, radiación nuclear... y un mundo con cinco mil millones más de personas. pero menos bosques, peces, glaciares, y más carreteras, vertederos, manchas de petróleo y desiertos. El siglo XXI es un desastre sin excusas, y la previsión es que va a peor.
El autor, sugiere, no obstante, que la revolución radica en cambiar la forma de pensar sobre nosotros mismos y nuestro "progreso"
Pero no obstante, en la mente colectiva no hemos logrado erradicar el mito del siglo XX: Que el hombre todo lo puede, que todo mejora, que las épocas de sangre, sudor y lágrimas, de esfuerzo y tener poco, quedaron superadas para siempre. 
Si algo es la semilla de una revolución que nos desvíe de donde estamos y a donde vamos, es cambiar la mentalidad y reconocer que el futuro del hombre no es la ciencia ficción del siglo pasado, sino más bien la visión catastrofista de finales del XIX. Necesitamos grandes dosis de humildad y volver a mirar el mundo con asombro y con respeto si queremos salir de ésta.
¿Créeis que existe aún el mito del siglo XX y que es un callejón sin salida, como la foto del artículo original parece sugerir?
 

Manifiesto del Partido Comunista. Parte 3 de 9.

Tercera entrega:



Continuará...

viernes, 25 de marzo de 2011

Los cangrejos corren por la isla (I)

Encontré este relato,  hace cerca de cuarenta años, en un ejemplar de la revista Triunfo, el número 489 extra, de 12 de febrero de 1972, dedicado a la ciencia ficción.  Todos sus artículos los encontraréis digitalizados aquí.

La versión que os ofrezco la tenéis en este sitio. Pero leed la mía. La cuelgo por entregas, para facilitar la lectura (y la intriga).

Por varias razones que dejo a vuestra consideración, este viejo relato soviético, una versión más del aprendiz de brujo, merece la pena.


Los cangrejos caminan sobre la isla
Anatoli Dneprov
I
- ¡Eh! ¡Vayan con cuidado! - les gritó Cookling a los marineros. Estos estaban con el agua hasta la cintura, y después de haber metido por la borda de la barca un pequeño cajón de madera, intentaban arrastrarlo a lo largo de la borda. Era el último cajón de los diez que había traído el ingeniero a la isla.
- ¡Vaya calor! Es un infierno - se lamentó Cookling secándose el rollizo y rojo cuello con un pañuelo de colores. Después se quitó la camisa empapada de sudor y la echó sobre la arena.
- Desnúdese, Bad, aquí no hay ninguna civilización.
Yo miré melancólicamente la ligera goleta, que se mecía lentamente en las olas a unos dos kilómetros de la costa. Debería volver por nosotros al cabo de veinte días. 
- ¿Para qué demonios nos hemos metido con sus máquinas en este infierno solar? - le dije a Cookling cuando me quitaba la ropa -. Con este sol, mañana se podrá liar tabaco con su piel.
-No importa. El sol nos hace mucha falta. A propósito, mire, ahora es exactamente mediodía y lo tenemos verticalmente sobre la cabeza.
-En el ecuador siempre es así- mascullé sin apartar los ojos de la «Paloma» -, según lo describen todos los libros de geografía.
Se acercaron los marineros y se pararon en silencio ante el ingeniero. Este, pausadamente, metió la mano en el bolsillo del pantalón y sacó un fajo de billetes.
- ¿Basta? - preguntó alargándoles unos cuantos. Uno de ellos asintió con la cabeza.
- En este caso, están libres. Pueden regresar a la nave. Recuérdenle al capitán Gale que lo esperamos dentro de veinte días.
- Manos a la obra, Bad - me dijo Cookling -. Estoy muy impaciente por empezar.
Yo lo miré fijamente.
- Hablando claramente, no sé para qué hemos venido aquí. Comprendo que allá en el Almirantazgo usted quizá tuviese ciertos reparos en decírmelo todo. Ahora creo que lo puede hacer.
El rostro de Cookling se contrajo en una mueca y miró al suelo.
- Claro que se puede... Y allá se lo habría dicho, de tener tiempo.
Presentí que mentía, pero no dije nada. Mientras tanto Cookling, de pie, se frotaba el cuello rojo púrpura con la rolliza palma de la mano.
Sabía que cuando él iba a mentir, siempre hacía esto.
Ahora me lo confirmaba.
- Vea usted, Bad, se trata de un divertido experimento para verificar la teoría de ese, cómo se llama... - se interrumpió y clavó sus ojos en los míos con mirada penetrante.
- ¿De quién?
- De sabio inglés... Caramba, se me ha ido de la cabeza su apellido... ¡Ah, lo recuerdo! de Charles Darwin.
Me acerqué a él hasta tocarlo y le puse la mano en el hombro desnudo.
- Oiga, Cookling. Usted seguramente cree que soy un idiota de remate y que no sé quién es Charles Darwin. Déjese de mentiras y dígame claramente para qué hemos desembarcado en esta parcela de arena ardiente en medio del océano. Y le ruego que no me mencione más a Darwin.
Cookling soltó una carcajada, abriendo la boca y mostrando sus dientes postizos. Se separó unos cinco pasos y dijo:
- Y a pesar de todo usted es un estúpido, Bad. Precisamente vamos a comprobar aquí la teoría de Darwin.
- ¿Y para ello ha traído aquí diez cajones llenos de hierro? - le pregunté acercándome de nuevo a él. Me quemaba la sangre el odio hacia este gordiflón reluciente de sudor.
- Sí - dijo cesando de sonreír -. Y en lo que se refiere a sus obligaciones, antes que nada tiene que abrir el cajón número uno y sacar la tienda de campaña, el agua, las conservas y los instrumentos necesarios para abrir los demás cajones.
Cookling me habló como lo hizo en el polígono cuando me presentaron a él. Entonces iba de uniforme militar y yo también.
- Está bien - musité entre dientes y me acerqué al cajón número uno.
En dos horas levantamos allí mismo, a la orilla, la tienda de campaña. Introdujimos en ella la pala, la barra, el martillo, varios destornilladores, un punzón y otros instrumentos de herrería. Allí mismo colocamos cerca de un centenar de latas de diferentes conservas y los recipientes con agua dulce.
A pesar de ser jefe, Cookling trabajaba como un buey. En verdad estaba impaciente por empezar. Trabajando no advertimos cómo la «Paloma» levó anclas y desapareció tras el horizonte.
Después de cenar la emprendimos con el cajón número dos. En él había una carretilla común de dos ruedas parecida a las que se usan en los andenes de las estaciones ferroviarias para transportar el equipaje.
Me acerqué al tercer cajón, pero Cookling me detuvo:
- Examinemos primeramente el mapa. Tendremos que distribuir y llevar a diferentes sitios el resto de la carga.
Yo lo miré con asombro.
- Es necesario para el experimento - me explicó. 

Pincelada: educomunicación

Comunicación, conflictos y derechos humanos

Andrea Gago Menor. Revista Pueblos, 22 de marzo de 2011

Si la vida es del color del cristal con que se mira, ¿de qué color es El País? ¿Y Público, Intereconomía, la COPE? ¿Qué gafas nos ponemos día tras día para enterarnos de lo que pasa en Palestina, en Honduras, en Brasil o en un país del que no habíamos oído nunca hablar? Son preguntas muy básicas para comenzar a pensar en comunicación, libertad de prensa y derechos humanos. Quizás por ser tan básicas nos olvidamos de ellas en numerosas ocasiones y quizás por eso también volvemos a recuperarlas cuando la realidad nos da una buena sacudida.

Pincelada haitiana



Amy Goodman, en Democracy Now!
Estados Unidos continuó impidiendo el regreso del Presidente Aristide durante los siete años siguientes. Precisamente la semana pasada el Presidente Barack Obama llamó al Presidente sudafricano Jacob Zuma para expresar su “profunda preocupación” ante el posible regreso de Aristide, y presionó a Zuma para que impidiera que viajara. Zuma tiene el mérito de haber ignorado la advertencia. Cables diplomáticos estadounidenses publicados por WikiLeaks revelan que durante muchos años hubo maniobras consensuadas para impedir el regreso de Aristide a Haití, entre ellas el castigo diplomático a cualquier país que ayudara a Aristide, e incluso la amenaza de bloquear el ingreso de Sudáfrica en el Consejo de Seguridad de la ONU.

jueves, 24 de marzo de 2011

Breath

S. Beckett, Breath (1969)

Esta pieza teatral de S. Beckett fue estrenada en New York en 1969, con el título de Breath, a instancias de Kenneth Tynan, quien había solicitado al dramaturgo una contribución para su revista Oh! Calcutta! Sin embargo, el texto original se publicó en la revista Gambit (vol.4, núm. 16, 1970). Estrenada en el Eden Theatre de New York, el 16 de junio de 1969, esta obra fue representada posteriormente en Inglaterra, en el Close Theatre Club de Glasgow, en octubre del mismo año.


Breath

 

Curtain

            1. Faint light on stage littered with miscellaneous rubbish. Hold about five seconds.
            2. Faint brief cry and immediately inspiration and slow increase of light together reaching maximum together in about ten seconds. Silence and hold about five seconds.
            3. Expiration and slow decrease of light together reaching minimum together (light as in 1) in about ten seconds and immediately cry as before. Silence and hold about five seconds.

Curtain

             Rubbish. No verticals, all scattered and lying.
             Cry. Instant of recorded vagitus. Important that two cries be identical, switching on and off strictly synchronized light and breath.
             Breath. Amplified recording.
             Maximum light. Not bright. If 0 = dark and 10 = bright, light shouldmove from about 3 or 6 and back[1].

[1] Cfr. S. Beckett (1969), Breath, en The Complete Dramatic Works, London and Boston, Faber and Faber Limited, 1986, pág. 369; reed. in 1990. Vid. la trad. esp. de C. Oliva y F. Torres Monreal (1990), de esta “farsa en cinco actos”, de treinta segundos de duración, en su Historia básica del arte escénico, Madrid, Cátedra, pág. 395: “Se alza el telón sobre una oscuridad casi total: unos instantes de negro. De repente, una iluminación muy débil deja ver una especie de descampado cubierto de basuras y deshechos diversos. La luz permanece fija durante cinco segundos de silencio. Se oye una breve fracción del vagido de un recién nacido, seguida de una inspiración humana amplificada, que dura diez segundos, durante los cuales la luz va aumentando progresivamente. El máximo de luz coincide con el final de la inspiración. Siguen luego cinco segun­dos de silencio y de iluminación estable. Se oye después una espiración amplifi­cada que dura diez segundos, durante los cuales la luz va subiendo. El máximo de la luz coincide con el final de la espiración. La iluminación coincide con el final de la espiración y es seguida inmediatamente de una fracción de vagido idéntica a la anterior en longitud y volumen. Cinco segundos de silencio y luz fija. La ilumina­ción débil se apaga de súbito. Tras unos instantes de oscuridad absoluta cae el telón”. 



Con toda probabilidad, el comentario puede ser más largo que la obra. Intentaré que no falte ninguna interpretación posible. Esas interpretaciones deberían incluir la hipotética intención del autor y las reacciones posibles del público; también haría falta conocer el contexto del estreno.

En relación con lo primero, se puede interpretar como experimento audiovisual, como símbolo de la vida humana en un mundo caótico, como provocación, como estafa. Y el público puede reaccionar con respetuoso asombro, con sesuda meditación, con protesta airada, con alborozo (poco probable).

En cuanto al contexto del estreno, que no conozco, pudo ser en solitario o junto a otras obras. Gratuito, oneroso o muy oneroso. Ante un publico juvenil o adulto, vanguardista o conservador.

Las combinaciones de tantas variables producirán las interpretaciones más variadas: experimento audiovisual gratuito ante un público que reacciona con alborozo,  estafa muy onerosa con bronca, etc.

Por mi parte, prefiero pensar que se trata de un experimento serio. Me gustaría comprobar el efecto escénico que imagino: entre los dos gritos idénticos, la simetría perfecta de la respiración; el efecto de patetismo creciente y luego decreciente en la caótica escena; el acompañamiento que la luz hace del clímax y la consumación; los silencios perfectamente medidos. Seguramente eso producirá sensaciones dignas de ser experimentadas, y algún sentimiento asociado, que dependerá de cada espectador.

Los simbolismos quedan abiertos: la vida es un suspiro, luz entre dos sombras, el mundo es basura... Estas interpretaciones son obvias, pero podría haber otras. ¿Por qué la luz es antimétrica si el sonido es simétrico? ¿Es la muerte el instante más lúcido? ¿Y por qué se apaga la luz antes de bajar el telón? ¿Hay una segunda muerte tras la muerte, si es esa la interpretación?

Algo perplejo, pero no muy mosqueado, a estas alturas

                                                                       Juan José Guirado
Mayo de 2003