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jueves, 23 de abril de 2026

¿Dejar de comer animales?

¿Propuesta "buenista" de los que sufren como propio el maltrato animal? ¿Tabú religioso de creyentes en la reencarnación? Hay algo más en ella que solo es desdeñado por defensores del carnivorismo a ultranza que soslayan argumentos muy preocupantes.

Recuerdo que cuando el entonces ministro Alberto Garzón propuso reducir el consumo de carne, en medio de la batalla contra las macrogranjas, lo pusieron como ropa de pascua. Hasta Pedro Sánchez evocó entonces el "imbatible chuletón al punto" ante el que se nos hace la boca agua...

La batalla se daba en el contexto de la lucha ecologista contra los daños de la ganadería intensiva. La industria cárnica se defendía, argumentando que la extensiva es insuficiente para alimentar a la población.

El hambre ha sido siempre una amenaza, tanto más hoy, ante el rapidísimo crecimiento de la población en la últimas décadas. Por eso el Aula Castelao ha dedicado este año la XLII Semana Galega de Filosofía al tema del alimento.

Pronunció una conferencia clave en la Semana la profesora de la Universidad Autónoma de Barcelona Marta Tafalla, con el título Dejar de comer animales. El vegetarianismo suele verse como una debilidad sentimental, pero la charla utilizó datos muy convincentes que avalan lo que había dicho el entonces Ministro de Consumo, provocando virulentos ataques y sarcásticas burlas.

Consideraciones éticas aparte, el hecho es que hay motivos serios para abordar el tema.

La energía solar, a través de la fotosíntesis, crea toda la biomasa terrestre. Solo una pequeñísima parte de ella es aprovechada por las plantas verdes, de las que se alimentan los animales herbívoros, que de esa energía aprovechan solo una fracción, pongamos la décima parte, porque el resto lo ha consumido la propia planta en su mantenimiento. Es algo comparable a la plusvalía que el patrono extrae del trabajador, que obviamente es también solo una parte del producto total.

Esta energía concentrada en el herbívoro es aprovechada con menos esfuerzo fisiológico por el carnívoro, que halla ya procesados muchos de los componentes necesarios para la vida. Claro que nuevamente la plusvalía no es el producto total, y solo se aprovecha una fracción de la energía concentrada en el mismo, pongamos otra décima parte. De modo que el aprovechamiento energético posible se reduce a la centésima parte de lo que la planta tomó del sol.

Esto explica la desproporción entre la masa viva de los carnívoros y la de los herbívoros. Frente a las grandes manadas de búfalos de la sabana nunca se ha visto una gran manada de leones. Claro que la energía concentrada obtenida en la caza permite al depredador una vida más plácida, con siestas prolongadas, mientras el animal vegetariano emplea casi todo su tiempo pastando. Algo parecido a lo que ocurre en las sociedades humanas en las que el rico dispone de mucho más tiempo libre que el proletario.

La pirámide alimenticia expresa gráficamente esta realidad.

Para alimentar hoy a la enorme población humana hace falta una aún más enorme población herbívora, concentrada en esas macrogranjas, y a su vez una mayor aún superficie agrícola. Esto se ha logrado a costa de una drástica reducción de la vida salvaje, tanto vegetal como animal, con el enorme daño causado a la biodiversidad que mantiene el ecosistema global. Y esto ha sido además posible por el empleo de la energía fósil acumulada durante cientos de millones de años y dilapidada ahora en un tiempo millones de veces más corto.

Pero cuéntale esto a entes como el actual presidente norteamericano, cuya propuesta para una alimentación saludable da la vuelta a la pirámide y coloca en cabeza los alimentos de origen animal.














En un futuro más que previsible, una población humana sin combustibles fósiles debe equilibrar su número con las proporciones, al menos, de la revolución agrícola del neolítico. No digamos ya a las originadas con la revolución industrial.

Las "soluciones" clasistas de Malthus parecen relativamente humanas si las comparamos con las que sin duda se plantean los grandes capitalistas. Su necesidad de crecimiento constante no se detiene ante el exterminio de poblaciones enteras. Racismo, odio al diferente y aporofobia son virus inoculados a las poblaciones para "ir recortando por abajo". Por no hablar de "pueblos elegidos" con un "destino manifiesto" que no dudan en extinguir a toda una civilización.

A fin de cuentas, según el Apocalipsis, "When the Saints Go Marching in", serán protegidos doce mil elegidos de cada una de las doce tribus. Judíos ortodoxos, mormones y otras hierbas toman esto al pie de la letra y no les importa el fin del mundo.

Sin duda hay otras soluciones para un decrecimiento controlado, pero es difícil explicarlas a quienes a toda costa prefieren ¿preferimos? mantener el actual estilo de vida.

Aquí dejo el vídeo de la conferencia:

lunes, 20 de abril de 2026

Para entender la actual crisis (¡energética, desde luego!)

Por recomendación de Pedro Prieto publiqué hace unos días La gran simplificación, con un vídeo de Nate Hagens, último de la serie Trilogía del petróleo. Jorge Riechmann la completa y los reúne en una sola entrega. Sigo su recomendación y aquí va todo junto.

Las malas mañas de las "redes" (más bien "enredos") sociales, con mensajes cortos en que cuesta distinguir la verdad entre tanto bulo, nos apartan del análisis pausado, para el que se necesita un tiempo del que no disponemos.

Dos fuerzas contrapuestas con el mismo origen me hacen dudar sobre la duración de los mensajes. Sometidos a un bombardeo constante no solemos dedicar mucho tiempo a casi nada. ¿Atendemos mejor a tres sesiones cortas o a una larga? ¿Habrá continuidad después de la primera sesión?

(Si no veis los subtítulos, id a: herramientas --> subtítulos en inglés --> traducir al español).

(Otra "trilogía del petróleo" es la serie de documentales El Reventón, en este caso referida al de Venezuela)

«Trilogía del petróleo»
Tres vídeos breves de Nate Hagens

«What You Actually Need to Know About Oil: Frankly 135, 136 & 137».

Imprescindible para entender el capitalismo fosilista y qué está pasando en Oriente próximo (ahora, la guerra contra Irán). Geopolítica y Gaia-política…

Lo que debes saber sobre el petróleo:

Lo que pasa si deja de fluir:

El mundo después de la energía barata:

lunes, 13 de abril de 2026

La gran simplificación

El alimento ha sido tema para la XLII Semana Galega de Filosofía que acaba de celebrarse en Pontevedra. Tema acertado, considerando que la nutrición es tanto mental como física y en ambas abunda hoy la comida basura. Dedicaré algún comentario a conferencias muy pertinentes de la Semana.

El tema estaba previsto con antelación, pero la última patada del loco del Capitolio al tablero de la racionalidad lo ha hecho aún más oportuno. Si la extracción de los combustibles fósiles de los que nos alimentamos ("comemos petróleo", decía Marvin Harris hace ya décadas) es tarea cada vez más ardua, el bloqueo de un punto clave para su distribución es el aldabonazo que nos enfrenta a la cruda realidad de la crisis energética.

Acabo de recibir un correo de Pedro Prieto. Manda un vídeo de Nate Hagens acompañado del escueto comentario "agarrarse que vienen curvas".

Aquí lo dejo. (Si no veis los subtítulos, id a: herramientas --> subtítulos en inglés --> traducir al español).

(El subtitulado interpreta "Horus" donde debe entenderse "Ormuz". Cosas de la IA).

La gran simplificación

El programa «La Gran Simplificación» con Nate Hagens explora la ciencia de sistemas que subyace a la problemática humana. Los temas de conversación abarcarán el comportamiento humano, los sistemas monetarios y económicos, la energía, la ecología, la geopolítica y el medio ambiente.

***

El artículo de hoy de Frankly es la entrega final de una serie de tres partes sobre el papel del petróleo en la civilización moderna, motivada por las recientes interrupciones en el flujo y el conflicto geopolítico en torno al Estrecho de Ormuz. Estructura toda la serie a través del concepto del pulso de carbono: una herencia única de luz solar almacenada en el pasado que la humanidad está consumiendo en unos pocos siglos. Destaco cómo las economías modernas, ahora aproximadamente mil veces mayores que hace cinco siglos, se basan en la suposición de que la abundancia de energía en la cima de esta curva es permanente, cuando en realidad no lo es. Analizo cómo el dinero funciona como un derecho sobre el trabajo físico, no como un sustituto del mismo, y cómo la estructura financiera que hizo viable el petróleo de esquisto depende de capital barato que podría no ser duradero. Conecto esto directamente con lo que denomino ceguera energética: la ausencia de la realidad biofísica en el análisis económico y político convencional.

También establezco una conexión directa entre la crisis energética y la crisis ecológica, considerándolas dos caras de la misma moneda. El aumento repentino de emisiones de carbono generó tanto el daño ecológico derivado de la quema excesiva de combustibles fósiles como la crisis de agotamiento provocada por su rápida disminución. Explico cómo los bosques, la vida silvestre y los sistemas alimentarios se enfrentan a un riesgo creciente debido a la alteración climática y la desesperación humana, y cómo las alianzas geopolíticas se están fracturando en función del acceso a la energía, más que de la ideología. El episodio concluye con mi planteamiento de la Gran Simplificación no como un colapso, sino como una posible reorientación, así como una invitación a reflexionar sobre lo que realmente produce bienestar humano: conexión, propósito, comunidad y servicio. Estas son satisfacciones que existían antes del aumento repentino de emisiones de carbono y que no requieren un barril de petróleo.

¿Qué significa construir una civilización sobre una herencia energética única y luego planificar como si fuera a perdurar? ¿Cómo podrían los individuos y las sociedades reorientarse hacia lo que realmente importa, antes de que las circunstancias externas obliguen a tomar una decisión? Y cuando el consumo de carbono alcance su punto máximo, ¿quiénes queremos ser en el declive?

lunes, 30 de marzo de 2026

Una entrevista imprescindible

Inmersos en esta "civilización" de la premura, nos cuesta mantener la atención más allá de unos cuantos minutos. Pasamos de largo por lo que nos va a robar el tiempo que sin embargo derrochamos en mil frivolidades. 

Pero frente al bombardeo de banalidades, y lo que es mucho peor, de falsedades bien pagadas, creo necesario recomendar esta conversación de Pablo Iglesias con el presidente cubano Miguel Díaz-Canel.

Cuatro de cada cinco cubanos han nacido después de la revolución. El propio presidente es uno de ellos. En todo momento esta población se ha visto sometida a un brutal bloqueo, y en todo momento el país ha brindado su ayuda desinteresada a los más necesitados de todo el mundo. Es excepcional la resiliencia que han mostrado siempre los cubanos en las circunstancias más adversas.

Resiliencia no es simple resistencia pasiva, porque incluye además "la capacidad para volver a las condiciones iniciales tras la acción de un agente externo". Referida a las personas, implica afrontar situaciones adversas y recuperarse, como en el caso cubano, una y otra vez. Invasiones, sabotajes, embargos, coacciones, no han sido capaces de derrotarlos.

Y en medio de todas las adversidades los cubanos han sido capaces de montar una sanidad ejemplar, muy superior a la de su vecino del norte (por reconocer este hecho el atrabiliario Trump ha abandonado la Organización Mundial de la Salud, una más entre sus otras muchas barbaridades). Cuba posee unas instituciones investigadoras de primer nivel, y ha alcanzado una esperanza de vida comparable a la de países mucho más ricos.

Para los Estados Unidos, haber perdido la colonia que una vez fue suya es una permanente frustración, pero es que además es un ejemplo permanente. El imperio americano, que ha destrozado tantos países, todavía no ha podido cobrarse esta codiciada pieza. Crucemos los dedos para que no lo logre.

El llamado "periodo especial" condujo a una dramática carestía, pero Cuba supo adaptarse, hasta ocupar una posición particular en el contexto de los límites planetarios y la sostenibilidad, siendo reconocida en el pasado por la WWF como el único país del mundo que cumplía con un desarrollo sostenible. Este reconocimiento se basa en la combinación de un alto índice de desarrollo humano con una huella ecológica por debajo del límite de seguridad planetaria.



Con lo que presumiblemente se avecina, haremos bien en tomar nota.

Dejo aquí una entrevista cargada de razones.

domingo, 8 de marzo de 2026

La inconsistencia del gasto militar

Drones y misiles hipersónicos están poniendo en jaque la estrategia norteamericana e israelí en su ataque a Irán. Si para destruir un dron necesitas un Patriot sesenta veces más caro es que no haces bien las cuentas. Los que las hacen bien son los fabricantes que se forran con ese tremendo gasto militar.

David Bollero hace las cuentas en su artículo EEUU se estrella con su estrategia de drones:

Sencillamente, estas aeronaves no tripuladas han cambiado las reglas del juego. Fabricarlas no alcanza ni los 50.000 dólares y abatirlas, alrededor de 3 millones. Dicho de otro modo, aunque no alcancen su objetivo, el desgaste que supone para las defensas es una victoria, tal y como está demostrando Irán estrangulando aún más la economía estadounidense. En los casos en los que alcanzan su objetivo, el retorno es aún mayor, como demostró Ucrania en su Operación Telaraña el pasado verano, cuando con drones a los que se atribuye un valor de unos 120.000 dólares destruyó activos rusos por valor de más de 7.000 millones, incluido el 30% de su flota de bombarderos estratégicos.

Es evidente que muchos alcanzan su objetivo, dada la destrucción causada. ¿Contaban realmente con esto los estrategas del Pentágono? Si es así, es en la Casa Blanca donde reside el problema.

El economista norteamericano Richard D. Wolff hace un análisis parecido en el vídeo El imperio americano sangra.

Por primera vez se ha reconocido la muerte de varios marineros del portaaviones Abraham Lincoln. Habrá que relacionar esto con los ataques que Irán dice haber realizado con éxito contra esta ciudad flotante, por mucho que Estados Unidos lo desmienta. Si esto es así se demuestra que los buques no son invulnerables para esos misiles hipersónicos que Irán posee y que los norteamericanos no han logrado aún tener operativos.

En tal caso se desmorona la certeza de su dominio absoluto de los mares, pieza clave en la confianza de los mercados y un torpedo en la línea de flotación de toda la estructura económica mundial.

Sigue el vídeo:

jueves, 13 de noviembre de 2025

Una música maravillosa

Tenía muchas ganas de asistir a este concierto de la Sociedad Filarmónica de Pontevedra pero sufrí una amarga decepción. Y no fue que me defraudara la calidad del intérprete.

Desde hace tiempo sufro una pérdida auditiva que me distorsiona la música sinfónica. En un concierto anterior se interpretó la quinta sinfonía por antonomasia, y pensé que siendo una pieza que sé de memoria podría seguiría sustituyendo mentalmente las notas no percibidas. ¡Pues de eso nada! Los fuertes piporrazos del acompañamiento me tapaban las notas de la melodía principal que no podían sustituir mis mudas notas mentales.

En este caso, al tratarse de un solo instrumento, pensé que no ocurriría esto. Error profundo. Fue mucho peor, porque no percibí una sola nota. Además de mi sordera (verdadera, no como la de Vicente Soto) tenía un catarrón de aquí te espero, así que pasé un rato de lo más aburrido. No salí de allí por no molestar.

Me consolé decidiendo escuchar el concierto en casa, a través de internet y con los auriculares adecuados. Y he aquí que ¡oh maravilla! buscando encontré un vídeo que me ha entusiasmado, porque recorre la partitura nota a nota y acorde tras acorde. Antes de oírlo entero he querido transmitir a mis amigos la buena noticia del contenido hallado.

Como demuestra el cine, arte total, la imagen y el sonido se complementan. Leer la partitura y oír la melodía al mismo tiempo es algo a incorporar en la didáctica musical.

Entre las siete "artes liberales" (que los antiguos ponían por encima de las despreciadas "artes manuales", impropias de las clases ociosas), el Quadrivium (numerus, tonus, angulus, astra) complementaba al Trivium (tropus, lingua, ratio). Con buen criterio reunieron la música y la astronomía con las matemáticas.

Matemática, imagen y sonido relaciona Douglas R. Hofstadter en su libro Gödel, Escher, Bach: Un Eterno y Grácil Bucle. El músico elegido no podía ser otro.

Johann Sebastian Bach tocando el órgano, c.1881
El programa detallaba las muy estructuradas Variaciones Goldberg que no pude oír en el concierto y que ahora me dispongo a disfrutar:


Del intérprete Diego Ares son estos útiles comentarios, también incluidos en el programa de mano:

«Estas variaciones están maravillosamente organizadas: partimos de un Aria de 32 compases a la que siguen 30 variaciones que nos devuelven al Aria inicial. En total tenemos 32 piezas, tantas como compases tenía el Aria. Pero este es solo el comienzo para descubrir que nos encontramos ante todo un cosmos: las 30 variaciones se pueden dividir en dos grupos de quince (comenzando la segunda parte con una Obertura a la francesa); y en 10 grupos de 3 (terminando cada uno de ellos con un canon, a excepción del último grupo). La voz canónica entra siempre en el intervalo que corresponde al lugar que el cánon ocupa: al unísono en el primer canon, a la segunda en el segundo, a la tercera en el tercero, etc... Pero este sistema rompe en el ultimo momento: allí donde deberíamos encontrar un canon a la décima (décimo grupo de tres variaciones) nos encontramos con un Quodlibet (antigua forma musical en la que distintas melodías populares se entrelazan contrapuntísticamente) ¿Por qué abandona Bach la estructura que el mismo se impuso?

Que Bach otorgase a un Quodlibet el lugar de honor que estaba reservado al esperado canon debe hacernos reflexionar. ¿qué significado tenía para Bach este Quodlibet? Cuando Forkel escribe sobre Bach y su familia nos cuenta como esta se divertía improvisando Quodlibets durante sus reuniones. Si para Bach este Quodlibet evocase a su familia y los momento felices vividos con ella, no cabe duda de que este ciclo cobraría un significado transcendental. ¿Serán pues estas variaciones la representación de un viaje con retorno en el que al final nos reciben nuestros seres queridos y no un canon a la décima?

Sea como sea, esta obra no dejará de hacernos soñar. de admirarnos con su manantial inagotable de originalidad, y de consolar nuestras angustias, como las del conde aquel, que, durante las interminables noches, repetía a su clavicembalista: "toca, querido Goldberg, alguna de mis variaciones".»

domingo, 3 de agosto de 2025

La vertiginosa caída hacia lo infinito

Es una obviedad que todo conjunto se contiene a sí mismo, dado que todos sus elementos están contenidos en él. Decir esto no es sino afirmar la identidad de todo ente consigo mismo. Así lo dijo Gabriel Celaya: "como mágica evidencia, lo real se nos convierte en lo idéntico a sí mismo".

Más difícil resulta pretender que alguno de sus componentes pueda contener al conjunto en su totalidad. Yo, ser pensante, puedo pensar que estoy pensando. De inmediato se me hace evidente que pienso que pienso que pienso... ¿Hacia dónde me lleva este camino sin fin?

¿Puede un sistema comprenderse a sí mismo? Si esta pregunta se refiere a la mente humana, entonces nos encontramos ante una cuestión clave del pensamiento científico. Y de la filosofía. Y del arte.

Investigar este misterio es una aventura que recorre la matemática, la física, la biología, la psicología y muy especialmente, el lenguaje. Las definiciones que nos da un diccionario no dejan de dar vueltas sobre sí mismas. Por eso es imposible aprender una lengua utilizando solo su propio diccionario.

Todo lenguaje, todo sistema formal, todo programa de ordenador, todo proceso de pensamiento, llegan, tarde o temprano, a la situación límite de la autorreferencia: de querer expresarse sobre sí mismo. Surge entonces la emoción del infinito, como dos espejos enfrentados y obligados a reflejarse mutua e indefinidamente.

Gödel, Escher, Bach: un eterno y grácil bucle, libro de Douglas R. Hofstadter, es una buena puerta de entrada a esta ardua cuestión. Sorprendentes paralelismos ocultos entre los grabados de Escher y la música de Bach nos remiten a las paradojas clásicas de los antiguos griegos y a un teorema de la lógica matemática moderna que ha estremecido el pensamiento del siglo XX: el de Kurt Gödel. Podéis encontrar el libro aquí.

El artista holandés exploró este tema en sus escaleras o saltos de agua sin fin, o en aquel grabado en que entramos en un museo y descubrimos el propio museo en uno de los cuadros, para volver a entrar en él en una regresión infinita.

En la Ofrenda musical que dedicara a Federico II, el inmenso compositor alemán dejó algunos cánones dignos de explorar, junto a la enigmática inscripción Quaerendo invenietis ("buscando encontraréis"):

Uno de estos cánones, Canon in augmentationem (la duración de las notas aumenta progresivamente), está indicado Notulis crescentibus crescat Fortuna Regis (que la fortuna del rey aumente de la misma forma en la que lo hacen estas notas), mientras que en el canon denominado Canon per Tonos Bach va modulando a partir de la tonalidad de do menor para terminar de forma imperceptible en la tonalidad más alta de re menor y enlazando con el comienzo. De esta forma, el intérprete puede empezar de nuevo y, a medida que la tonalidad va ascendiendo, puede llegar de nuevo a la tonalidad de do menor, cerrando el círculo de modulaciones una octava más arriba. La indicación en este canon es Ascendenteque Modulationis ascendat Gloria Regis ("que la gloria del rey aumente como asciende esta modulación").

La regresión infinita ha encontrado su expresión más precisa en los conjuntos denominados fractales. La búsqueda iniciada por Gaston Julià alcanzó su mayoría de edad cuando Benoit Mandelbrot utilizó medios informáticos para su más perfecta representación.

A partir de cualquier punto del fractal podemos penetrar una y otra vez en la estructura completa del conjunto, en sucesivas ampliaciones sin fin. La naturaleza nos presenta un asombroso ejemplo en la compleja estructura del brécol romanesco.

El hermoso conjunto de Mandelbrot es una estructura plana. ¿Qué tal si le añadimos una tercera dimensión? Esto es lo que podemos ver en esta vertiginosa caída hacia el infinito (o hacia el infinitésimo) En este vídeo que me envía mi querida e infatigablemente curiosa hermana Marilina.

Sumergíos en el largo misterio: merece la pena. Para nada necesitamos psicodélicos paraísos artificiales. Sentiréis el vértigo de lo indescriptible en esa imposible y eterna autorreferencia.

jueves, 3 de julio de 2025

14ª Universidad Socioambiental de la Sierra de Guadarrama

Se celebró del 21 al 28 de junio en el Ateneo Popular de Collado Villalba. Este año se habló de los recientes terremotos geopolíticos y de las causas tectónicas que los producen, de un capitalismo «verde» que ahora se presenta como verde oliva con la estrategia de rearme europea, de los apagones recientes y los desafíos energéticos y climáticos mundiales, del nuevo ciclo inmobiliario y de la degradación de los servicios públicos y la forma de enfrentarlos...

Olga Rodríguez, Miguel Urbán y Antonio Turiel fueron algunos de los ponentes.

Este fue el cierre, a cargo de Jorge Riechmann:


Conferencia de clausura

Jorge Riechmann
28 de junio de 2025

domingo, 18 de mayo de 2025

Nestor Kohan en la Semana de Filosofía

Filosofía y Nihilismo fue el tema elegido para la XLI edición de la Semana Galega de Filosofía. Elección oportuna, ahora que el término está "de moda", dicho sea con la trivialidad, propia de este tiempo de espera, que la expresión transmite. Si "nihil" significa algo objetivo, la negación del ser, el nihilismo sugiere cierta adhesión, cierto apego a la nada. Afección contradictoria porque implica la consideración de la "nada" como "algo" a lo que agarrarse.

Se utiliza el nihilismo teórico de los filósofos para justificar el nihilismo práctico de hoy día. Perezoso respaldo del nihilismo político suicida, muy alejado de lo que fue el nihilismo político ruso que rechazaba a los valores tradicionales, defendía al individuo libre y buscaba un cambio social y político a través de la crítica y el cuestionamiento de la autoridad.

Dostoyevski no era nihilista. De hecho, sus obras buscan contrarrestar la filosofía nihilista que consideraba una enfermedad del alma destructiva tanto del individuo como de la sociedad. Sus personajes, como Iván Karamazov en "Los Hermanos Karamazov", exploran las consecuencias de la falta de fe y valores absolutos, mostrando cómo la creencia en "si Dios no existe, todo está permitido" puede conducir a la violencia y el caos.

El nihilismo hunde sus raíces filosóficas muy atrás. La filosofía surge al dejar a un lado los mitos religiosos y plantearse explicaciones distintas para lo desconocido. Es la duda su base, y lo primero es limpiar las creencias del miedo y la sumisión a los dioses. Cuando triunfan las religiones monoteístas, la base moral de la sociedad se apoya en la voluntad divina. El bien y el mal lo son porque Dios así lo quiere. Sin esa barrera todo estaría permitido. Débil barrera, como demuestra la experiencia de tantas atrocidades supuestamente ordenadas por ese Dios.

Los epicúreos enseñaron a perder el miedo a dioses caprichosos. Borrar la pizarra era el primer paso. Una vez liberados de ataduras religiosas, los filósofos enseñaron a dudar. Platón, a dudar de sombras que no eran reales. Sócrates partió de reconocer que no sabía nada. Era una forma de nihilismo como punto de partida para construir algo más sólido.

Pero el triunfo del cristianismo vuelve a anclar el pensamiento libre en la voluntad de Dios. Nuevas interpretaciones de la filosofía anterior reconducen a él.

Descartes, con su duda metódica, vuelve a revisar las creencias ciegas. Poco a poco la episteme va ganando terreno a la doxa, hasta que Nietzsche lanza su "Dios ha muerto", metáfora que expresa la crisis de la fe religiosa y la pérdida de los valores morales tradicionales que la sociedad occidental había construido sobre la base de la religión.

Esta desnudez de valores siempre existió en los círculos del poder. El miedo a los poderosos acompañaba al miedo a la condenación eterna. Pero nunca como hoy la religión es una cáscara vacía, una costumbre más o menos folclórica. De los que todavía se dicen católicos, ¿cuántos no reinterpretan a su medida los dogmas y las normas? Los seis días de la creación, la existencia misma del infierno "como lugar físico", la transubstanciación, etc, etc. son explicados como imágenes de contenido impreciso, acomodable a la voluntad de cada uno.

El nihilismo de hoy es sobre todo manga ancha que cabe dentro de la religión verdadera del liberalismo económico y su único Dios verdadero.

Pero si interpretamos el concepto como un punto de llegada que borra creencias falsas, podemos convertirlo en punto de partida para un saber que sustituya la vieja moral religiosa por una ética basada en el conocimiento de la realidad.

Entre las conferencias de la Semana la de Néstor Kohan me interesó especialmente. Ya ha sido publicada aquí y aquí, pero hacerlo de nuevo me permite recomendar su largo desarrollo, que incluye el coloquio que la siguió y que dio al conferenciante ocasión para desarrollar una idea fundamental.

Se trata de establecer una dicotomía en el pensamiento filosófico, que tiene que ver con el nihilismo interpretado, no como "haz lo que quieras" sino como "borrón y cuenta nueva". Se trata de las dos formas de situarse ante la realidad.

Hay una filosofía que se la plantea como un hecho consumado, con lo que, por activa o por pasiva, se convierte en defensora del statu quo y por consiguiente del sistema que padecemos. Pero la verdadera filosofía no es conformista sino crítica, y tiene que echar por tierra muchas "verdades" falsamente consolidadas que atentan contra nuestro sentido de la justicia y contra la vida misma.

Néstor Kohan (Buenos Aires, 1967) es Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Investigador del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) y el IEALC (Instituto de Investigaciones de América Latina y el Caribe). Profesor de la materia “Filosofía” en la Carrera de Sociología, Facultad de Ciencias Sociales, UBA. Autor de varias decenas de libros y artículos especializados.

Así presentaba el autor su conferencia:

En las historias convencionales de la filosofía, en los diccionarios y manuales escolares, suelen distinguirse diversas dimensiones o ángulos del “nihilismo”. Habría un nihilismo gnoseológico-epistemológico, uno metafísico, otro ético-moral y finalmente uno existencial. Esas distinciones se presentan cómo tajantes y excluyentes. Habitualmente responden a las materias académicas dedicadas a esta disciplina.

En nuestra exposición sostenemos que a partir del “giro lingüístico”, el postestructuralismo, el posmodernismo, el posmarxismo y sus derivados incurren en una hipóstasis metafísica otorgando a los discursos, el lenguaje y las narrativas el carácter de demiurgo absoluto de toda realidad social. De este modo el nihilismo (acompañado de relativismo, escepticismo extremo y el abandono de todo sentido histórico) se expandió sin límites, contaminando un segmento importante de las ciencias sociales y el pensamiento teórico de nuestros días, pretendiendo deslegitimar cualquier crítica al sistema capitalista actual.

Según la teoría crítica marxista, el nihilismo de las metafísicas “post” confunde groseramente y sin rigor algún relativismo con dialéctica histórica; fragmentando al movimiento popular y esforzándose por neutralizar o directamente cancelar cualquier posible resistencia frente al auge de las nuevas-viejas derechas extremas, contrainsurgentes y neofascistas.

miércoles, 1 de mayo de 2024

El espíritu y el tiempo

La conferencia así titulada clausuró la XL Semana de Filosofía de Pontevedra, estando a cargo del profesor Arturo Leyte, un estudioso del idealismo alemán.

Si después de la "historia de la filosofía", la filosofía pudiera decir algo sobre el tiempo, solo podría ser que no hay de él un significado natural; ni siquiera neutral: lo que sea el tiempo presupone en cada caso una comprensión previa y hasta una decisión sobre como entenderlo. Así las sucesivas concepciones del tiempo no dejaron de ser equivocaciones, aunque algunas resultaran tan magníficas y decisivas que sin ellas sería imposible interpretarnos. Hablar, en consecuencia, de la "verdad sobre el tiempo", lejos de acercarnos a él, se vuelve una figura reflexiva más, incluso cuando pretende no serlo.

La conferencia quiso mostrar la relación y el simultáneo conflicto entre dos concepciones extremas: la idealista de Hegel en su Fenomenología del espíritu y la de Heiddeger en Ser y Tiempo.

Abundando en su huidizo carácter, dice George Kubler en La configuración del tiempo:

El tiempo, como la mente, no es cognoscible como tal. Solamente conocemos el tiempo indirectamente por lo que sucede en él, por la observación del cambio y lo que permanece, por la señalización de la sucesión de acontecimientos entre marcos estables e indicando el contraste de varias clases de cambios. (...) En su mayoría el conocimiento de los tiempos antiguos se basa en la evidencia de la duración física y biológica. Las series tecnológicas de todas clases y las secuencias de obras de arte en cualquier grado de distinción proporcionan una escala temporal más precisa que la del testimonio escrito. (...) Así, pues, nuestra prueba operacional de la existencia de casi todos los pueblos antiguos se da en el orden visual, y existe en la materia y en el espacio más que en el tiempo y en el sonido.

Por eso la música del pasado, como arte en el tiempo, nos es inalcanzable si pretendemos ir más allá del momento en se la pudo fijar, más o menos perfectamente, en el espacio de la partitura. Y de aquellas viejas músicas solo podemos hacer conjeturas, comparando las influencias recíprocas de las melodías populares que conocemos ahora mismo. Es lo que intentaron los hermanos Pedro y Carlos Caba en su evocador libro Andalucía.

Esto me trae a la memoria aquellos nostálgicos versos de García Lorca en su Poema del Cante Jondo, evocando a Silverio Franconetti, una de las últimas leyendas del flamenco de que no hay registros sonoros:

Entre italiano
y flamenco,
¿cómo cantaría
aquel Silverio?
La densa miel de Italia
con el limón nuestro,
iba en el hondo llanto
del siguiriyero.
Su grito fue terrible.
Los viejos
dicen que se erizaban
los cabellos,
y se abría el azogue
de los espejos.
Pasaba por los tonos
sin romperlos.
Y fue un creador
y un jardinero.
Un creador de glorietas
para el silencio.
Ahora su melodía
duerme con los ecos.
Definitiva y pura
¡Con los últimos ecos!

Imposible saberlo, en un tiempo sin espacio. Por algo también la Historia comienza con la escritura.

Con esta última conferencia, que como remate no fue seguida de coloquio, culminaba una apasionante semana, de la que he dejado mis impresiones sobre otras dos conferencias.

La primera fue La noción de Tiempo en la Historia de la Filosofía. En ella, tras unas consideraciones sobre diferentes ciclos temporales, entre ellos ciclos vitales, se distinguía el tiempo ideal, continuo, uniforme e independiente de los fenómenos, y el tiempo finito de los procesos, el tiempo real que llena el tiempo de los sujetos que lo experimentan.

La segunda, Tiempo, muerte, abstracción, basándose en aquella finitud que atañe tanto a los procesos como a los sujetos que los experimentan o conocen, destruía la noción de futuro de la modernidad en este cibercapitalismo desbocado, cuando un ciberespacio sin límites choca con un limitado cibertiempo que acaba colapsando las capacidades mentales para abarcarlo.

Finalmente, esta conferencia de clausura, El espíritu y el tiempo, reafirmaba muchas de estas ideas, contrastando la visión idealista y esencialista de Hegel y la existencialista de Heiddeger, para quien un Ente, determinado por su existencia, solamente en su actuar y comportamiento nos lleva a la comprensión de su Ser. Es la que yo llamaría Filosofía del Estar, frente a la Filosofía del Ser:

lunes, 29 de abril de 2024

¿Se acaba el "tiempo"? ¿Qué "tiempo" es ese?

No es esta una llamada desesperada porque se acabe el tiempo para reaccionar ante la que se nos viene encima (que también...), como tantas que retóricamente circulan y que más bien entumecen las mentes, sino la continuación de mis reflexiones sobre el tema Filosofía y Tiempo que ha ocupado la XL Semana Galega de Filosofía.

En esta ocasión el desencadenante es la conferencia del escritor Franco "BiFo" Berardi titulada de forma muy sintética Tiempo, muerte, abstracción.

¿Cuál es el hilo conductor que pone en relación estas tres entidades? La abstracción, desde luego, siempre estará presente en el lenguaje, porque preside todos los conceptos universales. Elegidas una o más connotaciones, se las aplica a un conjunto de objetos, reales o imaginados, que entendemos incluibles en una categoría.

Los conceptos más despojados de connotaciones, los más universales, son los más abstractos. Especialmente dos son ineludibles en cualquier análisis: el tiempo y el espacio. Si el segundo es más objetivable, porque permanece sin prisas ante nosotros, el tiempo, como ya hemos visto, es huidizo y lo dejamos continuamente atrás. Se va, se escapa dejando una abstracción sobre algo que existe solamente durante un instante sin duración; atrás queda un tiempo que ya no existe más y nos internamos vertiginosamente en un futuro que no existe todavía.

Este es el tiempo intuitivo, uniforme e indefinido, sin origen ni final conocido, y por ello conceptualmente eterno. Y absolutamente abstracto e ideal.

Para objetivarlo, y siempre hay que hacerlo, necesitamos de otro tiempo mensurable, un tiempo que mida movimientos, sobre todo movimientos que tienen límites, un principio y un final. Estos movimientos son necesariamente cíclicos, repetibles, y se basan en un conjunto de ciclos naturales (día, año...) o vitales (respiración, metabolismo...) interiorizados por todos y considerados estables y permanentes. Movimientos que admiten, y esto es importante, múltiplos y submúltiplos, al superponer a los ciclos naturales movimientos que consideramos simultáneos, uno de los cuales (el reloj) sigue un ritmo uniforme, o unos ciclos cortos suficientemente estables.

Este tiempo medible es el que utilizan la ciencia y la vida cotidiana, y se contrapone al tiempo ideal en el que lo insertamos.

¿Y qué pinta la muerte en todo esto? Precisamente la duración de todo movimiento real está destinada a un término, y así es la vida humana en la que se inserta todo conocimiento, toda actividad personal.

Que sepamos, el ser humano es el único que puede representarse su tiempo en estos términos. Otros animales están sujetos a ciclos vitales, y los siguen. Su futuro se inserta siempre en estos ciclos, pero su experiencia de la propia muerte futura se limita a tratar de conservar su vida presente.

Por eso todas nuestras expectativas, todo lo que llena nuestras vidas, sabemos que tiene un tiempo limitado para realizarse. Su duración real está sometida a la siempre problemática duración de este límite.

Por eso, Heidegger distinguió, en Ser y Tiempo, dos formas de "ser" en el tiempo, que en alemán denomina sosein (ser así) y dasein (ser ahí).

En nuestra lengua tenemos dos verbos que, con las debidas precauciones, podrían traducir estos conceptos: ser y estar. El ser define la simple existencia, sin más. Los animales "son", y punto. Están situados en el tiempo ideal de la duración sin límites aparentes. Cuando el hombre se plantea "estar", y no puede dejar de hacerlo, tiene siempre un proyecto de vida más o menos rico, lleno de episodios finitos que sabe finitos. Los comienza y, si puede, los termina. Y siendo siempre un "estar para" contingente, en último término sabe que es un ser destinado a su acabamiento.

Esta distinción entre Ser y Estar la había utilizado Marx en otro contexto, cuando distinguió en las clases sociales dos momentos de diferente lucidez: si en todo caso la clase obrera es una clase "en sí", la conciencia de pertenecer a esta clase la transformará en una clase con un proyecto emancipatorio, una clase que está aquí "para sí".

Vemos así, en dos planos diferentes, el del individuo y el de los colectivos, la misma distinción. En realidad, siendo el individuo inseparable de sus relaciones, ese impulso hacia la participación y la acción se realiza siempre en el seno de un colectivo. Para Heidegger el colectivo en que se implica es "el pueblo alemán". Para Marx, "la clase obrera", como representante genuina de un grupo más amplio, "el género humano".

Volvamos a nuestra reflexión. La implicación de estos límites temporales, frente a la vasta extensión de los contenidos posibles y las expectativas que generan, llevan a BiFo a hablar del fin del tiempo, de la aniquilación del futuro tal como lo entendíamos.

La conferencia me llevó hasta su libro Después del futuro, sobre el agotamiento de la modernidad. El corto siglo XX comienza con una exaltación de la velocidad, de la expansión sin límites: había futuro. Termina en un agotamiento convulso que destruye estas expectativas hasta el punto de que solo espíritus obcecados pueden seguir manteniéndolas. Hace ya mucho que sabemos que esta "sostenibilidad" es insostenible, y mucho menos sostenible es aquel futuro de expansión exultante.

Un momento crucial en la conformación de las mentes es el paso del dominio de la máquina física al de la máquina virtual. La atención, y en gran medida el trabajo que crea el valor, se ha desplazado al ciberespacio, y el tiempo de atención, en enorme grado, al cibertiempo.

El tiempo finito lleno de posibilidades infinitas contiene en sí un conflicto, una terrible contradicción: mientras el espacio real, y también el ciberespacio, se llena más y más de posibilidades, el tiempo disponible para el análisis de los datos se circunscribe al ciclo diario que no se puede estirar. Con esto se produce un déficit de atención que daña irreparablemente la capacidad de reflexión. Y la salud mental.

Os pido que sigáis leyendo esta selección de contenidos del libro, y que atendáis al vídeo que dejo para el final, en la que para mí ha sido la conferencia clave de esta Semana.

Vayamos al libro. El salto crucial, el que da origen a este desbocado sistema económico, es el que pasa del ciclo mercancía-dinero-mercancia, en que la finalidad del dinero es el intercambio de mercancías, al capitalista dinero-mercancía-más dinero. A partir de aquí, la mercancía, incluida en ella la fuerza de trabajo, pasa a ser un simple medio para la acumulación de dinero.

Pero BiFo se plantea el agotamiento del modelo cuando la realidad pone un límite físico a esta cadena sin fin:

El antiguo modelo industrial de acumulación estaba basado en el ciclo D-B-D (Dinero, Bienes, más Dinero). El nuevo modelo financiero de acumulación se basa en el ciclo D-D-D (Dinero-Depredación-más Dinero), que implica lo siguiente: Dinero-Hundimiento social-más dinero.

Este es el origen del agujero negro que está disipando rápidamente el legado del trabajo industrial y de las estructuras propias de la civilización moderna.

Una grieta se está abriendo en nuestra percepción del tiempo y estamos tratando de rehuirla. Es como una falla tectónica en la superficie de nuestras expectativas, una incisión profunda en nuestra idea de futuro.

(...)

Un siglo después de la publicación del Manifiesto futurista, la velocidad se ha desplazado del ámbito de las máquinas externas al ámbito de la información. Eso significa que la velocidad se ha interiorizado, se ha transformado en automatismo psico-cognitivo.

(...)

Mientras la máquina externa podía concebir nuevos territorios para su explotación, existía un futuro que conquistar, porque el futuro no es solo una dimensión del tiempo, es también una dimensión del espacio. Futuro son los espacios que aún no conocemos y que debemos descubrir, explotar. 

Una vez colonizado cada milímetro del espacio terrestre, dio comienzo la colonización de la dimensión temporal, es decir, de lo vivido, de la mente, de la percepción. Es entonces cuando comenzó el siglo sin futuro. Se abre aquí la cuestión de la relación entre la expansión ilimitada del ciberespacio y los límites del cibertiempo. El cibertiempo es tiempo mental, la atención de que la sociedad es capaz. 

El ciberespacio, punto de encuentro virtual de las proyecciones generadas por innumerables emisores, es ilimitado y se expande continuamente. El cibertiempo, es decir, la capacidad de elaboración mental en el tiempo, no es ilimitado: sus límites son los de la mente humana, y se trata de límites orgánicos, emocionales, culturales.

(...) 

Como dijimos, en la modernidad el futuro tenía dos características tranquilizadoras: de algún modo se podían conocer sus líneas de tendencia y prever su evolución; en cierta medida, era influenciable. 

Sin embargo, en tanto que los movimientos del capital financiero, de la economía y de la producción se han desvinculado de cualquier elemento cuantificable, de una masa más o menos compacta y evaluable de tiempo de trabajo, ya no es posible previsión alguna, conocimiento fiable alguno. Y mucho menos se puede creer en la eficacia de la acción humana.

(...)

El presente es tan denso que el cerebro no puede apartarse de él, no puede proyectar su experiencia más allá del momento presente. Para proyectar la profundidad temporal, la mente necesita disponer de objetos mentales en perspectiva, elaborar su relación, sucesión, potencialidad. La saturación del cerebro social por los estímulos informativos tiende a impedirlo. El futuro se vuelve inimaginable. 

El estrato de la infoesfera se torna cada vez más denso, y el estímulo informativo invade cada átomo de la atención social. El tiempo mental no es infinito, ni expandible de forma ilimitada.

(...)

Más allá de cierto umbral, la aceleración de la experiencia provoca una reducción de la conciencia del estímulo, una pérdida de intensidad que afecta a la esfera de la estética, de la sensibilidad y también a la esfera de la ética.

(...)

La escuela y la universidad están cada vez menos orientadas a la formación de personas libres y cada vez más orientadas a la producción de terminales humanos compatibles con el circuito productivo. El objetivo cada vez más explícito de la formación es someter a los humanos al proceso de producción del valor: la interacción fluida de la máquina productiva requiere suavizar las asperezas (diferencias culturales, históricas, estéticas).

(...)

En la net economy la flexibilidad ha evolucionado hacia una forma de fractalización del trabajo. Fractalización quiere decir fragmentación del tiempo de actividad. Ya no existe el trabajador como persona. Es solo un productor intercambiable de microfragmentos de semiosis recombinante que entra en el flujo continuo de la red. El capital ya no paga la disponibilidad del trabajador para ser explotado durante un periodo de tiempo largo. Ya no paga un salario que cubra todas las necesidades económicas de una persona que trabaja. Al trabajador (máquina que posee un cerebro utilizable por fragmentos de tiempo) se le paga por su prestación puntual, ocasional, temporal. El tiempo de trabajo resulta fractalizado y celularizado. Las células de tiempo están a la venta en la red y las empresas pueden comprar las que quieran sin comprometerse de manera alguna con la protección social del trabajador. El trabajo cognitivo es un océano de fragmentos microscópicos de tiempo, y la celularización es la capacidad de recombinar esos fragmentos de tiempo en el marco de un semiproducto singular. Podemos considerar el teléfono móvil como la cadena de montaje del trabajo cognitivo.

(...)

La economía de la atención se ha convertido en un sujeto importante a lo largo de los últimos años. Los trabajadores virtuales tienen cada vez menos tiempo disponible, pues están involucrados en un número creciente de tareas mentales que ocupan cada espacio de su tiempo de atención, ya no tienen tiempo para dedicar a sus vidas, al amor, a la ternura, al afecto. (...) El resultado de esto es una psicopatologización de la relación social.

(...)

Una verdadera ola de comportamientos psicopáticos parece dominar el escenario de los primeros años del nuevo milenio. El fenómeno de los suicidios se extiende mucho más allá de los confines del fanatismo islámico. Desde el 11 de septiembre de 2001, el suicidio se ha convertido en el acto político crucial de la escena política global. No debemos ver el suicidio agresivo solo como un fenómeno de desesperación y agresión, sino como una declaración del fin. La ola de suicidios parece sugerir que el género humano está totalmente fuera del tiempo, y la desesperación se ha convertido en el modo prevaleciente del pensamiento sobre el futuro. 

Esta última reflexión la expresa perfectamente el mismo Franco Berardi en este poema, contenido en Se agota el tiempo. Rebelión poética por el clima y contra la crisis ecosocial en apoyo de Rebelión Científica y los ecologistas criminalizados. VV. AA. Coordinación: Militancia Poética y Antonio Orihuela. La Vorágine, 2024.

Poema muy oportunamente publicado en el blog Escombros con hoguera:


VALE. EL APOCALIPSIS LO HACEMOS NOSOTROS

Vale, lo hemos entendido.
Nos forzaste a venir a este mundo sin preguntarnos
si estábamos de acuerdo.
Lo hicisteis porque creéis que tener hijos es divertido,
pero para nosotros no lo es. Nuestro hermano Zain,
que aparece en la película de Nadine Labaki
Cafarnaúm, denunció a sus padres por haberle
dado a luz en un campo de refugiados sirios,
y todos nos unimos a él.
Vale, nos habéis convocado a este mundo de mierda
donde el aire nos asfixia
en Taranto y Nueva Delhi,
donde hay que besar el culo a algún mierda
con corbata si quieres tener un salario de mierda.
Vale, ustedes nos han traído a esta mierda de mundo
de mierda donde para ir a la escuela
tengo que vender veinte años de la vida que tendré
si la tendré
y verás que no la tendré
porque nos trajiste a un mundo
donde los estados asesinos tienen la bomba nuclear
y casi todos los líderes que vosotros habéis elegido
son como Hitler Modi Hitler Trump
Hitler Dutarte Hitler Erdogan Hitler Putin Hitler
Xi Jing Ping Hitler Netanjahu Hitler Macron Hitler
y sigue tú si te apetece.

Entonces Greta Thunberg está en huelga
buena chica buena chica un poco ingenua
pues aún cree que los poderosos de la tierra
le hacen caso.
Pero no hay más poderosos en la tierra
hay un monstruo inexpugnable y abstracto
que nos ha atrapado y nos está sofocando.
Un millón de niños buenos han seguido a Greta,
la mayoría blancos pero son como nosotros:
no son culpables de lo que pasó en el siglo pasado
no son culpables de la extracción y explotación
no son culpables de las partículas finas
que nos provocan el asma y el cáncer
no son culpables de las inundaciones
y de los drones que bombardean
no son culpables de los niños asesinados
por los israelíes en el gueto de Gaza.
No tienen la culpa ni memoria de las promesas
tontas de las esperanzas tontas
de las tontas palabras progresistas y esperanzadoras
que se creían nuestros ingenuos coetáneos de hace
medio siglo en milnovecientossesentayocho.
Vale, lo entendimos, no hay posibilidad de reducir
el polvo fino que nos causa el cáncer
antes de treinta años.
Un impuesto sobre el plástico colapsaría
los beneficios de las empresas de embalaje
de Emilia, así que no se puede poner un impuesto
sobre el plástico y el plástico ha invadido los mares,
ya no podremos nadar.
Vale, no hay ninguna posibilidad de desmantelar
las bombas nucleares que pronto explotarán
en Karachi e Islamabad.
Bosques en llamas en California
Bosques en llamas en Siberia
Bosques en llamas en Amazonia
Bosques en llamas en Australia
Y todo este fuego no lo prendimos nosotros.
Vale, lo hemos entendido, no tendremos
un salario suficiente para irnos de vacaciones
como hacía el abuelo
trabajador de Italsider
que ahora se está muriendo de cáncer, al menos
a sus 30 años podía irse a la playa
diez días al año
con toda la familia
hace 40 años.

Entonces sabes qué te digo:
hemos entendido que el espectáculo se llama
Apocalipsis
y que el Apocalipsis es un espectáculo excitante
pero solo si yo soy el director, solo si los actores
son mis compañeros
que tienen 16 años
que tienen 13 años
que tienen 12 años y queman la escuela
y queman la iglesia
y queman la casa
y queman toda la ciudad
sabes qué te digo
mejor el apocalipsis iluminado por los fósforos
que compré en el estanco
mejor el apocalipsis que puedo grabar
con mi cámara Samsung 340
armada con los últimos programas de Sony
y transmitida por doquier en las memorias
olvidadizas de Instagram.
Arde chico arde
que sea un final eufórico
nadie se salvará
atraparemos al hijo del amo
ya le gustaría fugarse con la nave espacial Tesla
hacia un planeta lejano
le atraparemos antes de que pueda subir
a su starship interestelar.

Vale, lo hemos entendido con vuestra obsesión
por las ganancias y el banco
habéis creado condiciones de extinción inevitable.
La extinción me vale
mientras sea una explosión
no una muerte lenta, dolorosa y agotadora
y aburrida
como la vida de mi padre que trabaja en un banco
que trabaja en la fundición
que trabaja para la compañía
que le provoca el cáncer
y el asco.


Termino esta larga disertación con el vídeo de la conferencia que la ha motivado: